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--- LA HIJA DEL HOKAGE --- (TP) 26/12/13

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--- LA HIJA DEL HOKAGE --- (TP) 26/12/13

Mensaje por Eva2.0 el Vie Dic 27, 2013 9:51 am

Resubo este shot navideño que por sorpresa se ha convertido, de algún modo, en autobiográfico.
Hoy hace exactamente 5 meses que supe con certeza que mi papá iba a morir. Después de la noticia, fue solo cuestión de horas. Estas navidades el regalo que de verdad deseo sería que todo volviera a ser como antes, pero no es posible. Así que ahora estoy en ese punto de la historia donde discuto con mi madre y veo que la gente alrededor solo mira por su propio  beneficio.  
Pero sé que dentro de algunos años (muchos, muchos años), volveré a encontrarme con él y nuestro amor seguirá intacto. Mientras tanto, seguirá siendo el espejo en el que me miro cuando pienso en quién quiero llegar a ser.
Un abrazo.



LA HIJA DEL HOKAGE:

Mi nombre es Kii.  Kii Uzumaki.

Les suena el apellido, ¿eh?

Pues sí… soy hija de Naruto Uzumaki: el héroe de Konoha, el sexto Hokage, el Jinchurikii del Kiuubi... Ya conocen aquél enorme jaleo de la cuarta guerra ninja. Pero por si no saben de qué les hablo,  está todo en los libros de historia. No pretenderán que les cuente yo todo, ¿verdad? Vayan a la biblioteca, carajo. Culturícense un poquillo.  De todas formas no pensaba hablarles de nada de eso.

La cosa es que hoy es veinticuatro de diciembre. Además de ser Nochebuena, es mi cumpleaños.
Y resulta que odio la Navidad.

De niña me encantaba, tengo que admitirlo.  Lo que ocurre es que desde que papá no está, todo se fue a la mierda.

Cuando yo era pequeña la Nochebuena era algo genial.  Mamá y  yo cocinábamos durante la mañana, decorábamos la casa y envolvíamos los regalos.  Aunque era una celebración nueva en Konoha, toda la aldea la disfrutaba mucho. Papi había descubierto esta festividad cuando visitó el país de la nieve y le había parecido una idea fantástica, así que la importó. En realidad importó todas las fiestas que pudo. Le encantaban las fiestas.

Él llegaba del despacho con una sonrisa de oreja a oreja y mi regalo escondido bajo el abrigo.  En cuanto se quitaba el sombrero picudo yo me lanzaba sobre él y empezaba a manosearlo y a hacerle cosquillas hasta que lo soltaba. ¡Era tan divertido! La cosa siempre comenzaba con un acertijo escrito en un pequeño pergamino, y cuando lo adivinaba, me daban el verdadero regalo. Yo me pasaba la cena devanándome los sesos,  pero siempre conseguía encontrar la respuesta. Soy una chica lista. Dice mamá que menos mal que en eso he salido a ella.

Después de cenar venían muchos amigos, con sus hijos y todo, y cantábamos villancicos, y bailábamos, y papá nos contaba unas historias magníficas sobre Jiraia y Pain y ranas gigantes y un millón de cosas más. Los niños le escuchábamos con los ojos como platos, tumbados en una alfombra al lado de la chimenea.  Después dejábamos que los mayores charlaran y jugábamos a que éramos Kurama o Gamabunta o cualquier otro monstruo de los que luchó en la guerra. Lo pasábamos pipa.

Cuando los invitados se marchaban llegaba mi momento favorito: mi último regalo.  En nuestro patio trasero el gran Naruto Uzumaki me enseñaba algún jutsu alucinante de los suyos, y yo dedicaba el resto del año a practicarlo hasta que me salía perfecto. De hecho, sé hacer el kage-bunshin desde que tengo memoria. Me he pasado la infancia volviendo loca a mi madre con eso: siempre que podía enviaba a algún clon a la escuela y yo me iba al Ichiraku, o a pescar, o a cualquier otro sitio más interesante.

El resultado de tener a Naruto Uzumaki como entrenador personal es que aunque todavía no llego ni a chuunin, conozco un montón de técnicas mortíferas. Se me da bien pelear, la verdad.  Por lo visto heredé el exquisito control del chakra de mamá y el nivel de energía desbordante de papá, así que mejor no estén cerca cuando me enfado.  Soy temible.

Pero centrémonos en la historia: un mal día hace ya ocho años, mi padre partió en misión diplomática y nunca regresó.  Él y quienes le acompañaban simplemente se desvanecieron por el camino. Muchísimos equipos fueron enviados a investigar, pero jamás encontraron nada. Costaba creerlo, pero el gran Naruto Uzumaki había desaparecido.

Para mí fue devastador. Sólo tenía siete añitos, así que imagínense...  Adoraba a mi padre: era mi maestro, mi cómplice, mi mejor amigo. El espejo en el que aún me miro cuando pienso en quién quiero llegar a ser.  

Me negué a aceptar que no estaba. ¡No era justo! ¡Yo le necesitaba tanto! No sé cómo fue, pero poco a poco pasé de estar triste a estar enfadada con todo el mundo. La verdad es que empecé a ser un problema para mamá, porque siempre estaba peleándome.  Solo con oír a alguien murmurar que mi padre estaba muerto me hervía la sangre. Quien fuera que dijera eso se arrepentía inmediatamente. Le agarraba del pescuezo y le retaba a que repitiera lo que acababa de decir.  Me daba igual si era un ninja de élite o una vieja.  Y como lo repitiera…pobre de él...

Pero la peor de mis peleas no era nada comparada con la ira de mi madre.
Oh, mi madre.
Ella sí que da miedo.

En aquella época no era capaz de apreciarlo, pero para mamá fue todavía más duro que para mí. Con el tiempo he llegado a  darme cuenta de que Sakura es una madre formidable, que me crió y me educó lo mejor que pudo. Nuestro único problema es que ambas tenemos el mismo carácter “dulce y delicado”. Debido a eso discutimos a todas horas. Cuando nos enfadamos de verdad, se escuchan nuestros gritos hasta en el palacio del emperador. En serio.

Aunque nos queramos matar de vez en cuando, mi madre es una gran mujer. Sólo  ella estuvo a la altura cuando hizo falta un Hokage provisional. Estaba deshecha por el dolor y aún así decidió tomar las riendas de la aldea antes de que cundiera el pánico. El consejo la aceptó hasta que encontraran a mi padre. Porque todos dimos por sentado que antes o después le encontraríamos.

Pero no. No fue así. Lentamente pasaron semanas, meses, años… y nunca supimos nada de él.

Bueno, pues volviendo al presente… hoy voy a cumplir dieseis años, y mamá sigue siendo Hokage. Debido a sus múltiples compromisos nos hemos distanciado bastante. Apenas le queda tiempo para una hija adolescente que se mete en peleas día sí y día también. No la culpo: sé que su ánimo está hecho polvo. Ya no le quedan ganas de luchar por nada, pero ahí sigue, cuidando de la aldea. Es admirable.

Esta mañana desperté de mal humor, como siempre en Nochebuena. Mis cumpleaños de ahora son un asco: mi madre siempre trabaja por la mañana, así que amanezco sola. Recojo la casa, preparo algo para la cena, me visto y acudo al almuerzo de gala que se organiza  en honor a mi padre. Al principio se ideó para mantener viva la celebración que a él tanto le gustaba. Desgraciadamente, con los años ha derivado en pura fanfarria política. Ya saben: discursos sobre el gran hombre que era, el legado que nos dejó… Cuando dicen eso todo el mundo me mira de reojo, esperando que yo diga unas palabras emocionadas o algo así, pero me hago la loca y nunca hablo. No saben cuánto odio esas cosas. Voy porque mi madre me obliga, que si no…

Normalmente después del show volvemos a casa, cenamos las dos solas y abrimos algún regalillo. No hay mucho que celebrar en realidad, y debido a nuestro ambiente taciturno, los amigos han dejado de venir a visitarnos. Nos quedamos mirando el fuego en silencio, recordando inevitablemente cómo eran las Nochebuenas de antes, y  poco a poco se nos forma dentro del corazón un triste vacío.  Algo frío y oscuro, que no se va y no se calienta por mucho que nos acerquemos a las llamas  o nos metamos en la cama tapadas con mantas hasta las orejas.

Como decía, desperté de mal humor. Hice lo de siempre y fui al edificio del consejo. Mi madre me estaba esperando allí.  Al entrar en la sala de reuniones la vi al fondo, conversando con alguien bajo el gran abeto decorado para la ocasión.  

- Llegas tarde otra vez – me regañó en un susurro.
- Cuanto menos tiempo pase aquí mejor – repliqué. – Sabes que odio esta mierda.
- ¡Kii! ¿¡Qué forma de hablar es esa!? – escupió.  ¿Ven lo que les decía? Apenas tres frases y ya estamos discutiendo.
-       ¡Sé más respetuosa! – siguió chillándome - ¡Esto es un homenaje a tu padre!  
- Mi padre también odiaría toda esta parafernalia… - suspiré mientras echaba un vistazo al panorama: las viejas momias del consejo, algunos aldeanos que solo venían a almorzar, amigos con la misma expresión de aburrimiento que yo…

Y ahí estaba él.
Solo de verle se me erizaron los pelos de la nuca.
Itachi Uchiha, el hijo de Sasuke.
Le odio tanto…
Cómo, ¿no le conocen?
¡Es el tipo más engreído de todo el país! No niego que es buen luchador, pero es orgulloso, antipático y solo piensa en sí mismo. Lo único que me frena las ganas de matarle es que él también perdió a su padre hace años en circunstancias extrañas, y su madre Karin está encerrada en el psiquiátrico. En eso le compadezco un poco. Por eso no le asesiné aún. Bueno, por eso, y porque se defiende bien el maldito.  

Aunque no siempre fue mi enemigo. Fueron los ancianos consejeros quienes le acogieron en su regazo cuando se quedó técnicamente huérfano y le convirtieron en el narcisista egocéntrico que es hoy. Se cree mejor que el resto y eso no lo soporto.

- Por cierto, ¿te gustó el regalo que dejé sobre tu mesa?

Mamá distrajo momentáneamente mi instinto asesino.

- ¿Hum? – recapacité mirando el techo. Recordaba un bulto cilíndrico envuelto en papel de colores. – Ah, lo ví, sí… - asentí distraída. La verdad es que apenas me importan los regalos.
- Pero no lo abrí, mami.
- ¿Ah, no…?  - parecía decepcionada. – Es un regalo muy especial.  
- ¿De veras…? – pregunté por decir algo. Estaba más concentrada en vigilar al Uchiha.
- Es algo que me dio tu padre hace años…

Mi cabeza giró como si se me fuera a independizar del cuerpo.

- ¿¿¡¡Qué!!?? ¿¿De papá?? ¿¡Por qué no lo dijiste antes!? ¿Qué es? ¿Qué es? ¿Qué eeeeesss? – Di un montón de saltitos y la agarré del brazo. Mi mal humor se había esfumado.
- No lo sé, hija. ¡Y deja de saltar! ¡Ya eres una mujer, no una niñita!

Me estuve quieta. No era cuestión de enfadarla en aquellas circunstancias.

- Pero, mamá… si lo tienes desde hace tanto, ¿por qué has esperado hasta ahora para dármelo?

Ella suspiró y se quedó callada.  Estaba recordando algo.

- El día de tu primer cumpleaños, Naruto me dijo que si alguna vez le pasaba algo, tenía que darte esto – comenzó. – Me pidió que lo guardara y no quiso explicarme nada más. Ya sabes que le encantaban las sorpresas… solo especificó que esperara hasta que tuvieses dieciséis años por lo menos.

Mi ojitos brillaban. ¡Un regalo de mi padre! ¡Qué noticia tan maravillosa!¡Seguro que sería algo genial!

- Buenos días a todos y gracias por venir…

La voz de un anciano del consejo me sacó de mis felices pensamientos.

- Nos hemos reunido hoy aquí para recordar a un gran hombre…

Ya estábamos. La misma murga de cada año. Blablablablah…
No hice caso al discurso y seguí intentando imaginar qué sería aquél paquete que me esperaba en casa. Sin embargo, al rato noté que mi madre adquiría una expresión preocupada, así que volví a escuchar.

- … aunque corran tiempos de paz, Konoha no puede verse como una nación débil. No es bueno que se nos identifique como un pueblo que no sabe afrontar los cambios. Nuestra Hokage actual ha realizado un excelente papel y le estaremos eternamente agradecidos por su dedicación y valentía, pero…

Mamá apretó el puño. Oh, oh…cuidado con lo que dices, viejo…

- …pero ahora es necesario un gobierno acorde con el mundo de hoy. Necesitamos sangre  joven y consideramos que hay un candidato que se adaptaría mucho mejor a estas premisas. Alguien que ha sido adiestrado en la lucha pero también en la política. ¡Queremos proponer como próximo Hokage a Itachi Uchiha!

El silencio asombrado que siguió a eso duró hasta que el imbécil de Itachi se colocó en el centro del cuarto y comenzó a saludar cual miembro de la realeza. Algún idiota comenzó a aplaudir y otros idiotas le imitaron. Yo no daba crédito a lo que estaba pasando, y cuando miré a mamá vi que ella tampoco. Intentaba que el enfado no se le notase, pero igualmente le temblaban los puños de ira.  

- ¿Cómo no lo vi venir…? – masculló entre dientes. – Itachi siempre fue su títere…

Comprendí que mamá estaba obligada a fingir que no pasaba nada: la Hokage no podía contradecir al consejo en público ya que se suponía que esa decisión la habían tomado entre todos. Qué hijos de puta. Como no podían dominarla a su antojo, querían colocar en su lugar a este cachorrillo amaestrado. ¿Así le pagaban todos sus años de servicio? Pues que no pensaran que se iban a salir con la suya. No saben cómo las gasta mi mamá. Cambiarla por ese niñato… que  idea tan estúpida…

- Quiero agradecer al consejo su candidatura…- comenzó Itachi -…y también a la Hokage por saber hacerse a un lado cuando la ocasión lo requiere… -  dijo sonriendo a mi madre. ¡Qué tipo tan falso!  – Sin duda, el trabajo de Sakura ha sido excelente desde que Naruto murió…

Mi paciencia tiene un límite ¿saben? Y es justamente ese.  Antes de darme cuenta mis manos ya estaban apretándole el pescuezo.

- ¿Te atreverías a repetir eso, desgraciado? – gruñí.

Como estaba azul de asfixia no pudo responderme.

- ¡¡Kii!! ¡Suéltale inmediatamente!
- ¡Pero mamá…!
- ¡He dicho que le sueltes!

Dudé entre obedecer o doblegar al niñato.

- ¡¡No!! ¡Quiero que se disculpe primero!
- ¡Deja de decir tonterías!
- ¿¿Tonterías?? – bramé - ¡¡Papá no está muerto!!

Jamás se me hubiera ocurrido que alguna vez mi madre me abofetearía en público.

Pero eso fue lo que hizo exactamente.

Me costó unos segundos reaccionar. No me hizo mucho daño físico en realidad. Pero el orgullo me lo machacó. Mamá siempre me había apoyado hasta ahora.

Agaché la cabeza en silencio muy despacio, y finalmente solté al imbécil.

- Os ruego que perdoneis a mi hija… - se disculpó  mamá en voz baja. – Itachi… después del almuerzo firmaremos los documentos pertinentes. A partir de mañana te mostraré todo lo que debes saber como Hokage.

Levanté los ojos dolida de verdad. ¿Así de simple? ¿Le dejaba vía libre?
Ella comprendió mi mirada y se me acercó.

- Si están decididos a quitarme de en medio, de un modo u otro lo acabarán consiguiendo- susurró  poniendo una mano sobre mi hombro. – No merece la pena pelear contra esta gente. Que hagan con  la aldea lo que les dé la gana. De todas formas estoy harta de esto.

Me sonrió con aspecto cansado, y yo quise llorar de pura frustración.

Pero en lugar de eso salí corriendo.

Fui directa a casa. Sentí un impulso terrible de recoger mis cosas y largarme. Konoha ya me había decepcionado bastante. Mamá incluida. Oh, si papá pudiera viera esto…

Entonces recordé su regalo y comencé a buscarlo. Lo encontré sobre la mesa de mi habitación. Rasgué el papel y descubrí que, como suponía, era un pergamino. Al desenrollarlo, un sobre oculto en su interior cayó al suelo. Lo recogí con cuidado y leí las tres palabras que tenía escritas:

“Para mi pelirroja”

Ahí fue cuando empecé a llorar de verdad.
Mi pelirroja. Hacía ocho años que nadie me llamaba así.
¿No lo mencioné antes? ¡Soy pelirroja, como mi abuela Kushina! A papá le encantaba mi pelo. Por eso lo llevo largo. La melena y los ojos verdes de mi madre son lo único que me da cierto aire femenino.
Abrí el sobre mientras me secaba las lágrimas con la chaqueta y seguí leyendo.

“Querida hijita:
Mañana cumplirás tu primer año de vida, y hay tanto que quiero decirte…
Recuerdo cuando tu madre me dijo que estaba embarazada. ¡Me puse nerviosísimo! ¿Padre yo? ¡Si crecí huérfano! ¿Y si no sabía ser buen padre? Nadie me enseñó como se hacía eso...
Pero cuando vi por fin tu carita se me pasó la preocupación. Me convertí en el hombre más feliz del mundo. Nunca creí que pudiera amar a otra persona tanto como a Sakura, pero contigo descubrí que sí.
Estos días estoy tratando de enseñarte a decir “papá”. ¡No sabes la ilusión que me hace! De  momento solo consigo que me sonrías con algún diente de leche que te ha salido, pero no desisto. Tu madre opina que aún eres demasiado pequeña para hablar. Quizás yo soy muy impaciente, ¡pero es que quiero enseñarte un millón de cosas!
Lo principal es que aprendas a defenderte, porque yo no podré estar siempre contigo. Algún día tendrás que volar sola, y por eso he decidido hacerte este regalo. Quizás lo necesites cuando yo no esté.
El pergamino que te entrego es un contrato de sangre. Gracias a él podrás llamar a todas las ranas que quieras. Hay varias cosas que debes saber sobre ellas, pero lo más importante es que les gusta ser tratadas con respeto. De lo contrario se vuelven muy rebeldes. En fin, ya las irás conociendo. Si os haceis amigas, te defenderán hasta la muerte.  
No creo que te acepten como invocadora hasta que domines unas cuantas técnicas fuertes, así que primero tendremos que trabajar en eso. Pero no te preocupes, yo me encargo. Sé que serás increíble. De hecho, ya lo eres. Verte crecer es alucinante.
Solo espero que estés contenta con el torpe padre que te tocó en suerte. Ojalá con el tiempo pienses que fui un buen papá. Al menos me esfuerzo en serlo.
Te quiero, pelirroja. Nunca lo olvides.”

No veía prácticamente nada cuando leí el final. Tenía diez años de lágrimas que sacarme del alma, y al parecer todas quisieron salir de golpe. Solo pude sollozar y temblar entre hipos durante mucho tiempo, abrazada a aquél pequeño papel.

¿Un buen papá? Qué baka. Era el padre más maravilloso del mundo. ¿Por qué demonios tuvo que desaparecer? Me hacía una falta inmensa tenerle a mi lado en esos momentos.

Finalmente extendí el pergamino sobre el suelo. Tenía escritos los sellos de la invocación y un círculo donde debía firmar. Sentí curiosidad y decidí intentarlo, así que moví las manos despacio y me concentré en enfocar correctamente mi chakra con cada sello. Mordí la base de mi dedo pulgar y dejé que la sangre se extendiera por mi palma.  Respiré hondo, y mientras golpeaba el suelo grité:

- ¡¡KUCHIOSE NO JITSU!!


¡¡BOOOOOOOMM!!

Una nube de humo llenó el cuarto, haciéndome toser como loca.  Conforme se disipaba entreví una rana naranja del tamaño de una vaca, con un chaleco azul y una katana al cinto. Por lo que recordaba de las historias de papá, debía ser Gamakichi, el hijo listo de Gamabunta.

- ¡Encantado de conocerte, Kii! – saludó en tono alegre
- ¿Sa…sabes mi nombre? – murmuré bastante sorprendida.
- ¡Como para olvidarlo! ¡No sabes lo pesado que se pone Naruto-kun cuando presume de su niña!

Eso ya fue un shock total.

- ¿Qué? – atiné a decir.
- ¡Has tardado mucho en invocarme! ¡Tu padre está desesperado por verte!
- ¿Qué queeeeee?
- No eres muy lista, ¿verdad? Era de esperar. Los humanos sois tan lentos… – Sacó un pergamino y lo extendió frente a mí.
- Venga, tenemos que irnos. Firma esto para que pueda invocarte yo a ti. – Me indicó.

Yo seguía sin entender nada.

- ¿Invocarme? – repetí.
- ¡Claro! ¿Cómo voy a llevarte al monte Myoboku si no?
- ¿¿A dónde??
- Tú firma y calla. – me dio un empujoncito, así que obedecí. Mejor seguirle la corriente.
- Muy bien – sonrió después de tragarse el contrato. – Ahora espera quietecita aquí.

¡Pof! Hizo un sello y se largó.

Todavía estaba procesando el significado de sus palabras cuando sentí que el cuarto se difuminaba a mi alrededor. En cuestión de segundos me encontré al aire libre, de pie entre varias ranas de piedra. No muy  lejos de allí vi una extraña cascada, pequeña y oleosa. Frente a ella había alguien sentado con las piernas cruzadas, meditando de espaldas a mí.  Alguien rubio.

Oh, Dios mío…

- ¿Pa…papá…? – tartamudeé tímidamente.

Él giró la cabeza al oírme.

Y entonces vi esa sonrisa.
Esa sonrisa tan suya, capaz de derretir todo el hielo del planeta.
Y volví a temblar. Era imposible…

- Cuánto has crecido, pelirroja...  – saludó observándome de arriba abajo mientras se ponía en pie.

De un salto me lancé hacia él, le abracé con todas mis fuerzas y me apreté contra su pecho. Feliz como nunca antes en mi vida.

- Hija….- rió – no…respiro…
- ¡Perdón!

Me separé un poco, pero no le solté. No pensaba soltarlo por nada del mundo.

- ¡Estás vivo! – grité. - ¿Por qué…? ¿Cómo…? – mil preguntas se agolpaban en mi mente con la fuerza de una catarata.
- Bueno, es largo de explicar…- murmuró él mientras me acariciaba el pelo.
- ¿¡Por qué no has vuelto!? – le recriminé enseguida. - ¡Lo hemos pasado tan mal mamá y yo…! ¡Tienes que regresar ya para evitar que Itachi se convierta en Hokage!
- No puedo volver… - respondió apagadamente. - Estoy atrapado aquí.
- ¿Atrapado?

Asintió en silencio.

- El día de mi desaparición caí en un genjutsu ocular. Una especie de vórtice, un agujero negro que me envió a otra dimensión.
- ¿Cómo lo que hacía Obito?- recordé.
- Sí, algo así… aunque no era tan potente. El caso es que no pude escapar. Una vez dentro del vórtice traté de salir por todos los medios que se me ocurrieron, pero nada funcionó. Finalmente pensé en invocar a Gamabunta. Él me tragó y de esa forma consiguió transportarme aquí, dentro de su estómago.  Ahora solo puedo moverme desde este monte al vórtice y viceversa. Es un bucle que no soy capaz de romper. A no ser…

Yo era toda oídos.

- A no ser que mi teoría sea correcta. – terminó en tono meditabundo.
- ¿Qué teoría, papi?

Su expresión se enterneció al escucharme llamarle así.

- Hijita, necesito tu ayuda…


Minutos después yo corría desesperada hacia el edificio del consejo. Llegué jadeando a la puerta principal y miré por la ventana para confirmar que los invitados todavía estaban almorzando. Genial. Había llegado a tiempo.

Extendí el pergamino en el suelo y realicé los sellos mientras me concentraba al máximo para reunir la mayor cantidad de chakra posible. Era importantísimo que lo hiciera de la forma que me había explicado papá. Aquella invocación no era ninguna tontería. Tardé bastante en calmarme, pero al fin sentí que tenía toda mi energía bajo control. Así que mordí mi pulgar con rabia, suplicando al cielo para que aquello saliera bien.

- ¡¡ KUCHIOSE NO JITSU !!

¡¡¡¡¡ BRRRROOOOOOOOMMMM !!!!!

La explosión sonó como un terremoto, y la nube que se formó era tan enorme que no pude ver nada durante un buen rato. Pero supe que lo había conseguido, y mientras sonreía crucé la puerta corriendo en dirección a la sala de reuniones.

Gamabunta, el gigantesco jefe sapo, había acudido a mi llamada.  Emitió un sonido como si se aclarase la garganta, y acto seguido escupió con fuerza contra el ventanal. El proyectil atravesó la cristalera y aterrizó  rodando en mitad de la mesa donde almorzaban todos.  Llegué justo a tiempo para ver la expresión de asco y sorpresa de los viejos cuando identificaron aquella silueta humana envuelta en saliva de anfibio.

- ¿Se reúnen a comer y no me invitan? – rió el recién llegado. Se sacudió como un perro, mojando a todo el mundo a su alrededor.

Miré sonriente a mamá y vi que estaba a punto de darle un ataque al corazón.

- Esa voz… - susurró atónita – No puede ser…
- ¡Sakura-chan! ¡Estás preciosa! – gritó mi padre bajando de la mesa de un salto.
- Na…Naruto… - murmuró ella.

Y después se desmayó.

Papá estuvo rápido ahí. La sostuvo en sus brazos antes de que cayera al suelo. La cargó suavemente, y sin soltarla se giró hacia los viejos.

- Por lo que me ha contado mi hija, tienen ustedes bastante prisa por cambiar de Hokage, ¿no? Creo que mañana deberíamos discutir ese tema en profundidad – rió mirando a Itachi. – No creo que este niño quiera realmente medirse conmigo ¿Cierto?

Itachi tragó saliva claramente asustado.

- También quiero hablar con ustedes de ese genjutsu ocular que me atrapó hace años. He tenido tiempo para pensar ¿saben? Y tengo una teoría de la conspiración que les va a hacer mucha gracia…

Ahí fueron los viejos los que se alarmaron.  Papá les estaba poniendo a todos en su sitio sin dejar de sonreir. Cómo disfruté viéndolo.

- Pero no se preocupen ahora. Eso será mañana. ¡Hoy es nochebuena! ¡Hay que celebrarlo!

Se giró hacia mí.

- Y más importante aún… - su sonrisa se ensanchó -. Tengo muchos cumpleaños perdidos que recuperar.

El corazón volvió a darme un vuelco de alegría. ¡¡Amo a mi papá!!

- Vamos a casa Kii – me ordenó. - ¡Me muero por probar un plato casero otra vez! ¡Llevo diez años comiendo insectos!

Salimos de allí sin mirar atrás. ¡Yo no podía dejar de sonreir! ¡Era como un sueño!

Mamá despertó al poco rato en brazos de mi padre y dio un grito. Durante algunos segundos le observó como si se le fueran a salir los ojos de las órbitas.

- ¿Eres tú…de verdad, Naruto?

Él soltó una pequeña carcajada al verla tan descompuesta, y ahí fue cuando mamá reaccionó por fin. Se abrazó con fuerza al cuello de mi padre como si no existiera nadie más en el universo. Casi al mismo tiempo, comenzó a llorar a mares.

- Sa…Sakura-chan… - papá se volvió azul – No… respiro…
- ¡Oh, perdón! – aflojó ella. Luego se miraron intensamente, como dos tortolitos.  Aproximaron sus labios poco a poco con los ojos entrecerrados hasta darse un profundo beso. De los de tornillo, ¿eh? A lo salvaje…¡hala! ¡Como si no hubiese niños delante!
- ¡Ahg! – grité tapándome la cara por la vergüenza.- ¡Mamá, espera a que se duche! ¡Que está lleno de babas!

Pero me ignoraron.

Esa noche todo volvió a ser como antes. Cenamos y reímos sin parar de hablar. ¡Teníamos que ponernos al día de tantísimas cosas! Más tarde empezó a llegar un montón de gente. La noticia del regreso del verdadero Hokage había corrido como la pólvora por la aldea y todo el mundo quiso confirmar que era real. Estuvimos celebrando, cantando y bailando hasta las tantas de la madrugada.

Yo estaba feliz. Feliz hasta la idiotez.
Sentí como si volviera a tener siete años.

Finalmente se marcharon todos, y después de ayudar a mamá a recoger un poco, me acosté.  Estaba rendida.

Toc, toc.

- Adelante. – respondí.

Papá vino a arroparme a mi cama.

- ¿Eres demasiado mayor para esto? – preguntó. Se le notaba un tanto inseguro.
- Nunca – Sonreí, y le di un beso.

Luego llegó mamá.

- ¿Me lo prestas un rato, hija?

No hubo opción a decirle que no en realidad. Lo agarró del cuello de la camisa y lo arrastró a su cuarto.  Al poco, comencé a escuchar sonidos sospechosos de muelles y gemidos. Estuve a punto de gritarles que aquello era asqueroso y que no hicieran ruido, pero cambié de opinión.  En lugar de eso, lo que hice fue esconder la cabeza bajo la almohada.

Que hicieran tanto ruido como quisieran. ¡Como si se enteraba toda la aldea!

Pensándolo bien, creo que me gustaría tener un hermanito.
Un hermanito…
Seeeeh…


¡¡¡ Gracias por leer y feliz navidad !!!


Última edición por Eva2.0 el Vie Dic 22, 2017 11:49 pm, editado 4 veces
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Re: --- LA HIJA DEL HOKAGE --- (TP) 26/12/13

Mensaje por Dyna el Vie Dic 27, 2013 11:54 am

aaaaaaaaaahhhhhhhhhhhhhhhhhh.

Este shot, me hizo sentir tantas cosas:

Al principio me dio ternura la forma en que la hija de Naruto (Kii) se expresaba de su familia y lo mucho que difruto su niñez.

Tristeza cuando Naruto desaparecio y lo mucho que sufrio cuando eso sucedio y como cambio la forma en que se relacionaba con mu mamá.

Admiración porque Sakura,  tomo el control de las cosas y se hizo a cargo de la aldea y se volvio Hokage.

Frustración cuando querian nombrar a Itachi, como Hokage y esos del consejo cada vez se vuelven unas de las personas más odiadas en el mundo.

Alegria cuando todo se resolvio y naruto regreso a su hogar.
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Re: --- LA HIJA DEL HOKAGE --- (TP) 26/12/13

Mensaje por hikari uzumaki el Vie Dic 27, 2013 2:21 pm

Esta historia fue mi favorita en el concurso, me fascino y llego al corazon. Excelente ya completa.

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Re: --- LA HIJA DEL HOKAGE --- (TP) 26/12/13

Mensaje por Zenx el Sáb Dic 28, 2013 4:09 pm

Me encanto la historia, hace tiempo que no leía una de tanta calidad. Aunque debo admitir, que más que la trama, me encanto la forma en la que narras. Escribes demasiado bien, tal vez mi único consejo seria que el final sentí que se diera muy rápido, pero lo demás, esta fantástico. Saludos.
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Re: --- LA HIJA DEL HOKAGE --- (TP) 26/12/13

Mensaje por alex666 el Lun Nov 24, 2014 11:31 am

Gran shot...

Magnifica narración, como no encariñarse de la hija de Naruto y Sakura...

Muchas emociones en un solo fic.

Pd: Sakura si que lo necesitaba... Espero que Kii tuviera un hermanito después de eso xD
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Re: --- LA HIJA DEL HOKAGE --- (TP) 26/12/13

Mensaje por clari.kana el Mar Dic 22, 2015 7:30 pm

Simplemente me impacto, alegre, triste, nostálgico a la vez, wow espectacular simplemente genial
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Re: --- LA HIJA DEL HOKAGE --- (TP) 26/12/13

Mensaje por Eva2.0 el Vie Dic 22, 2017 10:08 pm

Resubo este shot navideño que por sorpresa se ha convertido, de algún modo, en autobiográfico.
Hoy hace exactamente 5 meses que supe con certeza que mi papá iba a morir. Después de la noticia, fue solo cuestión de horas. Estas navidades el regalo que de verdad deseo sería que todo volviera a ser como antes, pero no es posible. Así que ahora estoy en ese punto de la historia donde discuto con mi madre y veo que la gente alrededor solo mira por su propio beneficio.
Pero sé que dentro de algunos años (muchos, muchos años), volveré a encontrarme con él y nuestro amor seguirá intacto. Mientras tanto, seguirá siendo el espejo en el que me miro cuando pienso en quién quiero llegar a ser.


@Eva2.0 escribió:Hola!
os traigo la versión larga del shot que escribí para el concurso de navidad.

La verdad, estoy muy contenta con este shot. El personaje me salió prácticamente solo, como si tuviera vida propia, y me encariñé con ella enseguida.
La idea vino porque en todos los fics que he leído donde aparecen hijos o hijas de Naruto, sus retoños siempre son criaturas angelicales, muy dulces, buenos y encantadores.... y yo no estoy de acuerdo para nada con eso. Con el carácter que tienen el padre y la madre, opino que no puede salir un niño así. Me parece biológicamente imposible XD    

Aunque no gané nada con esta historia, quería agradecer a las personas que votaron en el concurso  (a todas!) por tomarse el tiempo de leer  los 12 shots que participaron. Algunos de los lectores eligieron mi relato como su favorito, y eso para mí ya es un grandísimo éxito ^^

Y no me enrollo más.... gracias por leer !


LA HIJA DEL HOKAGE:

Mi nombre es Kii.  Kii Uzumaki.

Les suena el apellido, ¿eh?

Pues sí… soy hija de Naruto Uzumaki: el héroe de Konoha, el sexto Hokage, el Jinchurikii del Kiuubi... Ya conocen aquél enorme jaleo de la cuarta guerra ninja. Pero por si no saben de qué les hablo,  está todo en los libros de historia. No pretenderán que les cuente yo todo, ¿verdad? Vayan a la biblioteca, carajo. Culturícense un poquillo.  De todas formas no pensaba hablarles de nada de eso.

La cosa es que hoy es veinticuatro de diciembre. Además de ser Nochebuena, es mi cumpleaños.
Y resulta que odio la Navidad.

De niña me encantaba, tengo que admitirlo.  Lo que ocurre es que desde que papá no está, todo se fue a la mierda.

Cuando yo era pequeña la Nochebuena era algo genial.  Mamá y  yo cocinábamos durante la mañana, decorábamos la casa y envolvíamos los regalos.  Aunque era una celebración nueva en Konoha, toda la aldea la disfrutaba mucho. Papi había descubierto esta festividad cuando visitó el país de la nieve y le había parecido una idea fantástica, así que la importó. En realidad importó todas las fiestas que pudo. Le encantaban las fiestas.

Él llegaba del despacho con una sonrisa de oreja a oreja y mi regalo escondido bajo el abrigo.  En cuanto se quitaba el sombrero picudo yo me lanzaba sobre él y empezaba a manosearlo y a hacerle cosquillas hasta que lo soltaba. ¡Era tan divertido! La cosa siempre comenzaba con un acertijo escrito en un pequeño pergamino, y cuando lo adivinaba, me daban el verdadero regalo. Yo me pasaba la cena devanándome los sesos,  pero siempre conseguía encontrar la respuesta. Soy una chica lista. Dice mamá que menos mal que en eso he salido a ella.

Después de cenar venían muchos amigos, con sus hijos y todo, y cantábamos villancicos, y bailábamos, y papá nos contaba unas historias magníficas sobre Jiraia y Pain y ranas gigantes y un millón de cosas más. Los niños le escuchábamos con los ojos como platos, tumbados en una alfombra al lado de la chimenea.  Después dejábamos que los mayores charlaran y jugábamos a que éramos Kurama o Gamabunta o cualquier otro monstruo de los que luchó en la guerra. Lo pasábamos pipa.

Cuando los invitados se marchaban llegaba mi momento favorito: mi último regalo.  En nuestro patio trasero el gran Naruto Uzumaki me enseñaba algún jutsu alucinante de los suyos, y yo dedicaba el resto del año a practicarlo hasta que me salía perfecto. De hecho, sé hacer el kage-bunshin desde que tengo memoria. Me he pasado la infancia volviendo loca a mi madre con eso: siempre que podía enviaba a algún clon a la escuela y yo me iba al Ichiraku, o a pescar, o a cualquier otro sitio más interesante.

El resultado de tener a Naruto Uzumaki como entrenador personal es que aunque todavía no llego ni a chuunin, conozco un montón de técnicas mortíferas. Se me da bien pelear, la verdad.  Por lo visto heredé el exquisito control del chakra de mamá y el nivel de energía desbordante de papá, así que mejor no estén cerca cuando me enfado.  Soy temible.

Pero centrémonos en la historia: un mal día hace ya ocho años, mi padre partió en misión diplomática y nunca regresó.  Él y quienes le acompañaban simplemente se desvanecieron por el camino. Muchísimos equipos fueron enviados a investigar, pero jamás encontraron nada. Costaba creerlo, pero el gran Naruto Uzumaki había desaparecido.

Para mí fue devastador. Sólo tenía siete añitos, así que imagínense...  Adoraba a mi padre: era mi maestro, mi cómplice, mi mejor amigo. El espejo en el que aún me miro cuando pienso en quién quiero llegar a ser.  

Me negué a aceptar que no estaba. ¡No era justo! ¡Yo le necesitaba tanto! No sé cómo fue, pero poco a poco pasé de estar triste a estar enfadada con todo el mundo. La verdad es que empecé a ser un problema para mamá, porque siempre estaba peleándome.  Solo con oír a alguien murmurar que mi padre estaba muerto me hervía la sangre. Quien fuera que dijera eso se arrepentía inmediatamente. Le agarraba del pescuezo y le retaba a que repitiera lo que acababa de decir.  Me daba igual si era un ninja de élite o una vieja.  Y como lo repitiera…pobre de él...

Pero la peor de mis peleas no era nada comparada con la ira de mi madre.
Oh, mi madre.
Ella sí que da miedo.

En aquella época no era capaz de apreciarlo, pero para mamá fue todavía más duro que para mí. Con el tiempo he llegado a  darme cuenta de que Sakura es una madre formidable, que me crió y me educó lo mejor que pudo. Nuestro único problema es que ambas tenemos el mismo carácter “dulce y delicado”. Debido a eso discutimos a todas horas. Cuando nos enfadamos de verdad, se escuchan nuestros gritos hasta en el palacio del emperador. En serio.

Aunque nos queramos matar de vez en cuando, mi madre es una gran mujer. Sólo  ella estuvo a la altura cuando hizo falta un Hokage provisional. Estaba deshecha por el dolor y aún así decidió tomar las riendas de la aldea antes de que cundiera el pánico. El consejo la aceptó hasta que encontraran a mi padre. Porque todos dimos por sentado que antes o después le encontraríamos.

Pero no. No fue así. Lentamente pasaron semanas, meses, años… y nunca supimos nada de él.

Bueno, pues volviendo al presente… hoy voy a cumplir dieseis años, y mamá sigue siendo Hokage. Debido a sus múltiples compromisos nos hemos distanciado bastante. Apenas le queda tiempo para una hija adolescente que se mete en peleas día sí y día también. No la culpo: sé que su ánimo está hecho polvo. Ya no le quedan ganas de luchar por nada, pero ahí sigue, cuidando de la aldea. Es admirable.

Esta mañana desperté de mal humor, como siempre en Nochebuena. Mis cumpleaños de ahora son un asco: mi madre siempre trabaja por la mañana, así que amanezco sola. Recojo la casa, preparo algo para la cena, me visto y acudo al almuerzo de gala que se organiza  en honor a mi padre. Al principio se ideó para mantener viva la celebración que a él tanto le gustaba. Desgraciadamente, con los años ha derivado en pura fanfarria política. Ya saben: discursos sobre el gran hombre que era, el legado que nos dejó… Cuando dicen eso todo el mundo me mira de reojo, esperando que yo diga unas palabras emocionadas o algo así, pero me hago la loca y nunca hablo. No saben cuánto odio esas cosas. Voy porque mi madre me obliga, que si no…

Normalmente después del show volvemos a casa, cenamos las dos solas y abrimos algún regalillo. No hay mucho que celebrar en realidad, y debido a nuestro ambiente taciturno, los amigos han dejado de venir a visitarnos. Nos quedamos mirando el fuego en silencio, recordando inevitablemente cómo eran las Nochebuenas de antes, y  poco a poco se nos forma dentro del corazón un triste vacío.  Algo frío y oscuro, que no se va y no se calienta por mucho que nos acerquemos a las llamas  o nos metamos en la cama tapadas con mantas hasta las orejas.

Como decía, desperté de mal humor. Hice lo de siempre y fui al edificio del consejo. Mi madre me estaba esperando allí.  Al entrar en la sala de reuniones la vi al fondo, conversando con alguien bajo el gran abeto decorado para la ocasión.  

- Llegas tarde otra vez – me regañó en un susurro.
- Cuanto menos tiempo pase aquí mejor – repliqué. – Sabes que odio esta mierda.
- ¡Kii! ¿¡Qué forma de hablar es esa!? – escupió.  ¿Ven lo que les decía? Apenas tres frases y ya estamos discutiendo.
-       ¡Sé más respetuosa! – siguió chillándome - ¡Esto es un homenaje a tu padre!  
- Mi padre también odiaría toda esta parafernalia… - suspiré mientras echaba un vistazo al panorama: las viejas momias del consejo, algunos aldeanos que solo venían a almorzar, amigos con la misma expresión de aburrimiento que yo…

Y ahí estaba él.
Solo de verle se me erizaron los pelos de la nuca.
Itachi Uchiha, el hijo de Sasuke.
Le odio tanto…
Cómo, ¿no le conocen?
¡Es el tipo más engreído de todo el país! No niego que es buen luchador, pero es orgulloso, antipático y solo piensa en sí mismo. Lo único que me frena las ganas de matarle es que él también perdió a su padre hace años en circunstancias extrañas, y su madre Karin está encerrada en el psiquiátrico. En eso le compadezco un poco. Por eso no le asesiné aún. Bueno, por eso, y porque se defiende bien el maldito.  

Aunque no siempre fue mi enemigo. Fueron los ancianos consejeros quienes le acogieron en su regazo cuando se quedó técnicamente huérfano y le convirtieron en el narcisista egocéntrico que es hoy. Se cree mejor que el resto y eso no lo soporto.

- Por cierto, ¿te gustó el regalo que dejé sobre tu mesa?

Mamá distrajo momentáneamente mi instinto asesino.

- ¿Hum? – recapacité mirando el techo. Recordaba un bulto cilíndrico envuelto en papel de colores. – Ah, lo ví, sí… - asentí distraída. La verdad es que apenas me importan los regalos.
- Pero no lo abrí, mami.
- ¿Ah, no…?  - parecía decepcionada. – Es un regalo muy especial.  
- ¿De veras…? – pregunté por decir algo. Estaba más concentrada en vigilar al Uchiha.
- Es algo que me dio tu padre hace años…

Mi cabeza giró como si se me fuera a independizar del cuerpo.

- ¿¿¡¡Qué!!?? ¿¿De papá?? ¿¡Por qué no lo dijiste antes!? ¿Qué es? ¿Qué es? ¿Qué eeeeesss? – Di un montón de saltitos y la agarré del brazo. Mi mal humor se había esfumado.
- No lo sé, hija. ¡Y deja de saltar! ¡Ya eres una mujer, no una niñita!

Me estuve quieta. No era cuestión de enfadarla en aquellas circunstancias.

- Pero, mamá… si lo tienes desde hace tanto, ¿por qué has esperado hasta ahora para dármelo?

Ella suspiró y se quedó callada.  Estaba recordando algo.

- El día de tu primer cumpleaños, Naruto me dijo que si alguna vez le pasaba algo, tenía que darte esto – comenzó. – Me pidió que lo guardara y no quiso explicarme nada más. Ya sabes que le encantaban las sorpresas… solo especificó que esperara hasta que tuvieses dieciséis años por lo menos.

Mi ojitos brillaban. ¡Un regalo de mi padre! ¡Qué noticia tan maravillosa!¡Seguro que sería algo genial!

- Buenos días a todos y gracias por venir…

La voz de un anciano del consejo me sacó de mis felices pensamientos.

- Nos hemos reunido hoy aquí para recordar a un gran hombre…

Ya estábamos. La misma murga de cada año. Blablablablah…
No hice caso al discurso y seguí intentando imaginar qué sería aquél paquete que me esperaba en casa. Sin embargo, al rato noté que mi madre adquiría una expresión preocupada, así que volví a escuchar.

- … aunque corran tiempos de paz, Konoha no puede verse como una nación débil. No es bueno que se nos identifique como un pueblo que no sabe afrontar los cambios. Nuestra Hokage actual ha realizado un excelente papel y le estaremos eternamente agradecidos por su dedicación y valentía, pero…

Mamá apretó el puño. Oh, oh…cuidado con lo que dices, viejo…

- …pero ahora es necesario un gobierno acorde con el mundo de hoy. Necesitamos sangre  joven y consideramos que hay un candidato que se adaptaría mucho mejor a estas premisas. Alguien que ha sido adiestrado en la lucha pero también en la política. ¡Queremos proponer como próximo Hokage a Itachi Uchiha!

El silencio asombrado que siguió a eso duró hasta que el imbécil de Itachi se colocó en el centro del cuarto y comenzó a saludar cual miembro de la realeza. Algún idiota comenzó a aplaudir y otros idiotas le imitaron. Yo no daba crédito a lo que estaba pasando, y cuando miré a mamá vi que ella tampoco. Intentaba que el enfado no se le notase, pero igualmente le temblaban los puños de ira.  

- ¿Cómo no lo vi venir…? – masculló entre dientes. – Itachi siempre fue su títere…

Comprendí que mamá estaba obligada a fingir que no pasaba nada: la Hokage no podía contradecir al consejo en público ya que se suponía que esa decisión la habían tomado entre todos. Qué hijos de puta. Como no podían dominarla a su antojo, querían colocar en su lugar a este cachorrillo amaestrado. ¿Así le pagaban todos sus años de servicio? Pues que no pensaran que se iban a salir con la suya. No saben cómo las gasta mi mamá. Cambiarla por ese niñato… que  idea tan estúpida…

- Quiero agradecer al consejo su candidatura…- comenzó Itachi -…y también a la Hokage por saber hacerse a un lado cuando la ocasión lo requiere… -  dijo sonriendo a mi madre. ¡Qué tipo tan falso!  – Sin duda, el trabajo de Sakura ha sido excelente desde que Naruto murió…

Mi paciencia tiene un límite ¿saben? Y es justamente ese.  Antes de darme cuenta mis manos ya estaban apretándole el pescuezo.

- ¿Te atreverías a repetir eso, desgraciado? – gruñí.

Como estaba azul de asfixia no pudo responderme.

- ¡¡Kii!! ¡Suéltale inmediatamente!
- ¡Pero mamá…!
- ¡He dicho que le sueltes!

Dudé entre obedecer o doblegar al niñato.

- ¡¡No!! ¡Quiero que se disculpe primero!
- ¡Deja de decir tonterías!
- ¿¿Tonterías?? – bramé - ¡¡Papá no está muerto!!

Jamás se me hubiera ocurrido que alguna vez mi madre me abofetearía en público.

Pero eso fue lo que hizo exactamente.

Me costó unos segundos reaccionar. No me hizo mucho daño físico en realidad. Pero el orgullo me lo machacó. Mamá siempre me había apoyado hasta ahora.

Agaché la cabeza en silencio muy despacio, y finalmente solté al imbécil.

- Os ruego que perdoneis a mi hija… - se disculpó  mamá en voz baja. – Itachi… después del almuerzo firmaremos los documentos pertinentes. A partir de mañana te mostraré todo lo que debes saber como Hokage.

Levanté los ojos dolida de verdad. ¿Así de simple? ¿Le dejaba vía libre?
Ella comprendió mi mirada y se me acercó.

- Si están decididos a quitarme de en medio, de un modo u otro lo acabarán consiguiendo- susurró  poniendo una mano sobre mi hombro. – No merece la pena pelear contra esta gente. Que hagan con  la aldea lo que les dé la gana. De todas formas estoy harta de esto.

Me sonrió con aspecto cansado, y yo quise llorar de pura frustración.

Pero en lugar de eso salí corriendo.

Fui directa a casa. Sentí un impulso terrible de recoger mis cosas y largarme. Konoha ya me había decepcionado bastante. Mamá incluida. Oh, si papá pudiera viera esto…

Entonces recordé su regalo y comencé a buscarlo. Lo encontré sobre la mesa de mi habitación. Rasgué el papel y descubrí que, como suponía, era un pergamino. Al desenrollarlo, un sobre oculto en su interior cayó al suelo. Lo recogí con cuidado y leí las tres palabras que tenía escritas:

“Para mi pelirroja”

Ahí fue cuando empecé a llorar de verdad.
Mi pelirroja. Hacía ocho años que nadie me llamaba así.
¿No lo mencioné antes? ¡Soy pelirroja, como mi abuela Kushina! A papá le encantaba mi pelo. Por eso lo llevo largo. La melena y los ojos verdes de mi madre son lo único que me da cierto aire femenino.
Abrí el sobre mientras me secaba las lágrimas con la chaqueta y seguí leyendo.

“Querida hijita:
Mañana cumplirás tu primer año de vida, y hay tanto que quiero decirte…
Recuerdo cuando tu madre me dijo que estaba embarazada. ¡Me puse nerviosísimo! ¿Padre yo? ¡Si crecí huérfano! ¿Y si no sabía ser buen padre? Nadie me enseñó como se hacía eso...
Pero cuando vi por fin tu carita se me pasó la preocupación. Me convertí en el hombre más feliz del mundo. Nunca creí que pudiera amar a otra persona tanto como a Sakura, pero contigo descubrí que sí.
Estos días estoy tratando de enseñarte a decir “papá”. ¡No sabes la ilusión que me hace! De  momento solo consigo que me sonrías con algún diente de leche que te ha salido, pero no desisto. Tu madre opina que aún eres demasiado pequeña para hablar. Quizás yo soy muy impaciente, ¡pero es que quiero enseñarte un millón de cosas!
Lo principal es que aprendas a defenderte, porque yo no podré estar siempre contigo. Algún día tendrás que volar sola, y por eso he decidido hacerte este regalo. Quizás lo necesites cuando yo no esté.
El pergamino que te entrego es un contrato de sangre. Gracias a él podrás llamar a todas las ranas que quieras. Hay varias cosas que debes saber sobre ellas, pero lo más importante es que les gusta ser tratadas con respeto. De lo contrario se vuelven muy rebeldes. En fin, ya las irás conociendo. Si os haceis amigas, te defenderán hasta la muerte.  
No creo que te acepten como invocadora hasta que domines unas cuantas técnicas fuertes, así que primero tendremos que trabajar en eso. Pero no te preocupes, yo me encargo. Sé que serás increíble. De hecho, ya lo eres. Verte crecer es alucinante.
Solo espero que estés contenta con el torpe padre que te tocó en suerte. Ojalá con el tiempo pienses que fui un buen papá. Al menos me esfuerzo en serlo.
Te quiero, pelirroja. Nunca lo olvides.”

No veía prácticamente nada cuando leí el final. Tenía diez años de lágrimas que sacarme del alma, y al parecer todas quisieron salir de golpe. Solo pude sollozar y temblar entre hipos durante mucho tiempo, abrazada a aquél pequeño papel.

¿Un buen papá? Qué baka. Era el padre más maravilloso del mundo. ¿Por qué demonios tuvo que desaparecer? Me hacía una falta inmensa tenerle a mi lado en esos momentos.

Finalmente extendí el pergamino sobre el suelo. Tenía escritos los sellos de la invocación y un círculo donde debía firmar. Sentí curiosidad y decidí intentarlo, así que moví las manos despacio y me concentré en enfocar correctamente mi chakra con cada sello. Mordí la base de mi dedo pulgar y dejé que la sangre se extendiera por mi palma.  Respiré hondo, y mientras golpeaba el suelo grité:

- ¡¡KUCHIOSE NO JITSU!!


¡¡BOOOOOOOMM!!

Una nube de humo llenó el cuarto, haciéndome toser como loca.  Conforme se disipaba entreví una rana naranja del tamaño de una vaca, con un chaleco azul y una katana al cinto. Por lo que recordaba de las historias de papá, debía ser Gamakichi, el hijo listo de Gamabunta.

- ¡Encantado de conocerte, Kii! – saludó en tono alegre
- ¿Sa…sabes mi nombre? – murmuré bastante sorprendida.
- ¡Como para olvidarlo! ¡No sabes lo pesado que se pone Naruto-kun cuando presume de su niña!

Eso ya fue un shock total.

- ¿Qué? – atiné a decir.
- ¡Has tardado mucho en invocarme! ¡Tu padre está desesperado por verte!
- ¿Qué queeeeee?
- No eres muy lista, ¿verdad? Era de esperar. Los humanos sois tan lentos… – Sacó un pergamino y lo extendió frente a mí.
- Venga, tenemos que irnos. Firma esto para que pueda invocarte yo a ti. – Me indicó.

Yo seguía sin entender nada.

- ¿Invocarme? – repetí.
- ¡Claro! ¿Cómo voy a llevarte al monte Myoboku si no?
- ¿¿A dónde??
- Tú firma y calla. – me dio un empujoncito, así que obedecí. Mejor seguirle la corriente.
- Muy bien – sonrió después de tragarse el contrato. – Ahora espera quietecita aquí.

¡Pof! Hizo un sello y se largó.

Todavía estaba procesando el significado de sus palabras cuando sentí que el cuarto se difuminaba a mi alrededor. En cuestión de segundos me encontré al aire libre, de pie entre varias ranas de piedra. No muy  lejos de allí vi una extraña cascada, pequeña y oleosa. Frente a ella había alguien sentado con las piernas cruzadas, meditando de espaldas a mí.  Alguien rubio.

Oh, Dios mío…

- ¿Pa…papá…? – tartamudeé tímidamente.

Él giró la cabeza al oírme.

Y entonces vi esa sonrisa.
Esa sonrisa tan suya, capaz de derretir todo el hielo del planeta.
Y volví a temblar. Era imposible…

- Cuánto has crecido, pelirroja...  – saludó observándome de arriba abajo mientras se ponía en pie.

De un salto me lancé hacia él, le abracé con todas mis fuerzas y me apreté contra su pecho. Feliz como nunca antes en mi vida.

- Hija….- rió – no…respiro…
- ¡Perdón!

Me separé un poco, pero no le solté. No pensaba soltarlo por nada del mundo.

- ¡Estás vivo! – grité. - ¿Por qué…? ¿Cómo…? – mil preguntas se agolpaban en mi mente con la fuerza de una catarata.
- Bueno, es largo de explicar…- murmuró él mientras me acariciaba el pelo.
- ¿¡Por qué no has vuelto!? – le recriminé enseguida. - ¡Lo hemos pasado tan mal mamá y yo…! ¡Tienes que regresar ya para evitar que Itachi se convierta en Hokage!
- No puedo volver… - respondió apagadamente. - Estoy atrapado aquí.
- ¿Atrapado?

Asintió en silencio.

- El día de mi desaparición caí en un genjutsu ocular. Una especie de vórtice, un agujero negro que me envió a otra dimensión.
- ¿Cómo lo que hacía Obito?- recordé.
- Sí, algo así… aunque no era tan potente. El caso es que no pude escapar. Una vez dentro del vórtice traté de salir por todos los medios que se me ocurrieron, pero nada funcionó. Finalmente pensé en invocar a Gamabunta. Él me tragó y de esa forma consiguió transportarme aquí, dentro de su estómago.  Ahora solo puedo moverme desde este monte al vórtice y viceversa. Es un bucle que no soy capaz de romper. A no ser…

Yo era toda oídos.

- A no ser que mi teoría sea correcta. – terminó en tono meditabundo.
- ¿Qué teoría, papi?

Su expresión se enterneció al escucharme llamarle así.

- Hijita, necesito tu ayuda…


Minutos después yo corría desesperada hacia el edificio del consejo. Llegué jadeando a la puerta principal y miré por la ventana para confirmar que los invitados todavía estaban almorzando. Genial. Había llegado a tiempo.

Extendí el pergamino en el suelo y realicé los sellos mientras me concentraba al máximo para reunir la mayor cantidad de chakra posible. Era importantísimo que lo hiciera de la forma que me había explicado papá. Aquella invocación no era ninguna tontería. Tardé bastante en calmarme, pero al fin sentí que tenía toda mi energía bajo control. Así que mordí mi pulgar con rabia, suplicando al cielo para que aquello saliera bien.

- ¡¡ KUCHIOSE NO JITSU !!

¡¡¡¡¡ BRRRROOOOOOOOMMMM !!!!!

La explosión sonó como un terremoto, y la nube que se formó era tan enorme que no pude ver nada durante un buen rato. Pero supe que lo había conseguido, y mientras sonreía crucé la puerta corriendo en dirección a la sala de reuniones.

Gamabunta, el gigantesco jefe sapo, había acudido a mi llamada.  Emitió un sonido como si se aclarase la garganta, y acto seguido escupió con fuerza contra el ventanal. El proyectil atravesó la cristalera y aterrizó  rodando en mitad de la mesa donde almorzaban todos.  Llegué justo a tiempo para ver la expresión de asco y sorpresa de los viejos cuando identificaron aquella silueta humana envuelta en saliva de anfibio.

- ¿Se reúnen a comer y no me invitan? – rió el recién llegado. Se sacudió como un perro, mojando a todo el mundo a su alrededor.

Miré sonriente a mamá y vi que estaba a punto de darle un ataque al corazón.

- Esa voz… - susurró atónita – No puede ser…
- ¡Sakura-chan! ¡Estás preciosa! – gritó mi padre bajando de la mesa de un salto.
- Na…Naruto… - murmuró ella.

Y después se desmayó.

Papá estuvo rápido ahí. La sostuvo en sus brazos antes de que cayera al suelo. La cargó suavemente, y sin soltarla se giró hacia los viejos.

- Por lo que me ha contado mi hija, tienen ustedes bastante prisa por cambiar de Hokage, ¿no? Creo que mañana deberíamos discutir ese tema en profundidad – rió mirando a Itachi. – No creo que este niño quiera realmente medirse conmigo ¿Cierto?

Itachi tragó saliva claramente asustado.

- También quiero hablar con ustedes de ese genjutsu ocular que me atrapó hace años. He tenido tiempo para pensar ¿saben? Y tengo una teoría de la conspiración que les va a hacer mucha gracia…

Ahí fueron los viejos los que se alarmaron.  Papá les estaba poniendo a todos en su sitio sin dejar de sonreir. Cómo disfruté viéndolo.

- Pero no se preocupen ahora. Eso será mañana. ¡Hoy es nochebuena! ¡Hay que celebrarlo!

Se giró hacia mí.

- Y más importante aún… - su sonrisa se ensanchó -. Tengo muchos cumpleaños perdidos que recuperar.

El corazón volvió a darme un vuelco de alegría. ¡¡Amo a mi papá!!

- Vamos a casa Kii – me ordenó. - ¡Me muero por probar un plato casero otra vez! ¡Llevo diez años comiendo insectos!

Salimos de allí sin mirar atrás. ¡Yo no podía dejar de sonreir! ¡Era como un sueño!

Mamá despertó al poco rato en brazos de mi padre y dio un grito. Durante algunos segundos le observó como si se le fueran a salir los ojos de las órbitas.

- ¿Eres tú…de verdad, Naruto?

Él soltó una pequeña carcajada al verla tan descompuesta, y ahí fue cuando mamá reaccionó por fin. Se abrazó con fuerza al cuello de mi padre como si no existiera nadie más en el universo. Casi al mismo tiempo, comenzó a llorar a mares.

- Sa…Sakura-chan… - papá se volvió azul – No… respiro…
- ¡Oh, perdón! – aflojó ella. Luego se miraron intensamente, como dos tortolitos.  Aproximaron sus labios poco a poco con los ojos entrecerrados hasta darse un profundo beso. De los de tornillo, ¿eh? A lo salvaje…¡hala! ¡Como si no hubiese niños delante!
- ¡Ahg! – grité tapándome la cara por la vergüenza.- ¡Mamá, espera a que se duche! ¡Que está lleno de babas!

Pero me ignoraron.

Esa noche todo volvió a ser como antes. Cenamos y reímos sin parar de hablar. ¡Teníamos que ponernos al día de tantísimas cosas! Más tarde empezó a llegar un montón de gente. La noticia del regreso del verdadero Hokage había corrido como la pólvora por la aldea y todo el mundo quiso confirmar que era real. Estuvimos celebrando, cantando y bailando hasta las tantas de la madrugada.

Yo estaba feliz. Feliz hasta la idiotez.
Sentí como si volviera a tener siete años.

Finalmente se marcharon todos, y después de ayudar a mamá a recoger un poco, me acosté.  Estaba rendida.

Toc, toc.

- Adelante. – respondí.

Papá vino a arroparme a mi cama.

- ¿Eres demasiado mayor para esto? – preguntó. Se le notaba un tanto inseguro.
- Nunca – Sonreí, y le di un beso.

Luego llegó mamá.

- ¿Me lo prestas un rato, hija?

No hubo opción a decirle que no en realidad. Lo agarró del cuello de la camisa y lo arrastró a su cuarto.  Al poco, comencé a escuchar sonidos sospechosos de muelles y gemidos. Estuve a punto de gritarles que aquello era asqueroso y que no hicieran ruido, pero cambié de opinión.  En lugar de eso, lo que hice fue esconder la cabeza bajo la almohada.

Que hicieran tanto ruido como quisieran. ¡Como si se enteraba toda la aldea!

Pensándolo bien, creo que me gustaría tener un hermanito.
Un hermanito…
Seeeeh…


¡¡¡ Gracias por leer y feliz navidad !!!
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Re: --- LA HIJA DEL HOKAGE --- (TP) 26/12/13

Mensaje por Kaoru Dono el Dom Dic 24, 2017 2:03 pm

Eva! Que bonito verte nuevamente en el foro, sería maravilloso que pudieras continuar compartiendo más de tus historias

Ahora, sobre este shot debo decirte que me encanto. El momento que más me impresiono fue el de la carta de Naruto, cada palabra estaba llena de sentimientos y se logro ver la naturalidad de los personajes.

Me agrado leerlo, es fácil imaginar lo que va sucediendo, como siempre, sigo admirando tus historias y forma de escribir.
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Re: --- LA HIJA DEL HOKAGE --- (TP) 26/12/13

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