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La Prometida del Desierto. Capítulo14.

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La Prometida del Desierto. Capítulo14.

Mensaje por CerezoIntenso el Sáb Abr 21, 2018 2:13 pm

Sinopsis.




Sakura estaba desesperada por evitar que la deportaran de Datar y sólo el príncipe Naruto, al que había intentado olvidar con todas sus fuerzas, podía ayudarla. Había tenido una relación con él dos años atrás, pero en aquella época no había sido capaz de manejar a aquel apasionado y orgulloso hombre. Sakura tenía que quedarse en Datar. Sin embargo, al reanudar su íntima amistad con Naruto tuvo que pagar un alto precio. ¡Naruto le pediría que se convirtiera en su esposa!
Hola otra vez... acá les traigo otra de mis historias favoritas...

¡Pronto subiré el primer capítulo! Wink


Última edición por CerezoIntenso el Dom Jul 01, 2018 10:24 am, editado 8 veces
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Re: La Prometida del Desierto. Capítulo14.

Mensaje por dohnarukoto_17 el Jue Abr 26, 2018 2:51 pm

Hola.

Pues parece una historia bastante interesante, espero poder leerla y comentar que tal me a parecido.

Suelo desaparecer mucho tiempo
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Re: La Prometida del Desierto. Capítulo14.

Mensaje por CerezoIntenso el Vie Mayo 04, 2018 12:21 pm

Capítulo 1.



.



.


El lujo y opulencia del aeropuerto de Al Kabihi sorprendieron a Sakura. El brillante suelo de mármol, las inmensas arañas de cristal y la preponderancia de ornamentos dorados le hicieron parpadear de asombro.

—Impresionante, ¿verdad? —señaló Dan Klar en la lenta cola de aduanas —. Y, sin embargo, hace cinco años no era más que cemento. El rey Minato sacaba el petróleo, pero guardaba los beneficios. Su tacañería causó mucho resentimiento, no sólo entre los trabajadores locales sino entre los extranjeros también. Las condiciones eran infrahumanas.

El hombre de negocios americano había hecho transbordo y había tomado su vuelo en Dubai. Desde entonces no había dejado de hablar ni treinta segundos. Pero Sakura había agradecido la distracción de la sombría realidad de que si su jefe de departamento no hubiera insistido en que centrara su investigación en aquella parte del Medio Oriente, ninguna fuerza humana la hubiera convencido de poner los pies en el país de Datar.


Con extrema severidad antes de dirigirse a sus dos hombres en árabe.

—¿Fraude?

—La policía del aeropuerto la custodiará hasta su salida.

La policía del aeropuerto ya la estaba mirando con una descarada especulación sexual. A veces pensaba que sus atributos físicos eran una broma macabra para la especie masculina.

—¡Está usted cometiendo un grave error! ¡Exijo hablar con su superior! —exclamó Sakura poniéndose rígida —. Mi visado fue legitimado por la embajada de Datar en Londres.

Se detuvo cuando se dio cuenta de que nadie la estaba escuchando y que los dos policías ya la estaban cercando con un aspecto alarmante.

Sakura tuvo una sensación desconocida. Era miedo, puro y desnudo. El pánico la asaltó. Inspiró y utilizó la única táctica defensiva que le quedaba.

—Me gustaría que supiera que soy amiga personal del príncipe Naruto.

El oficial, que ya se estaba dando la vuelta, se quedó paralizado.

—Nos conocimos cuando él estaba estudiando en Londres.

Le ardieron las mejillas de vergüenza por tener que utilizar una influencia, pero alzó la barbilla y al hacerlo, los focos se reflejaron con fiereza en el largo torrente de pelo rizado, jugando con los vibrantes mechones que iban desde el rosado al rojo en una cascada de gloriosos colores.

El oficial casi soltó un gemido y se quedó con la boca abierta al fijarse en aquel pelo. Dio un paso atrás y con la cara repentinamente pálida, habló en un árabe gutural con los dos hombres. Una mirada de horror cruzó la cara. Ellos también retrocedieron como si les hubiera caído un rayo.

—Es usted la única, entonces —susurró el oficial con un tono cargado de significado.

—¿La única qué?

El oficial transmitió un mensaje con rapidez por su radio y se pasó un pañuelo por la frente para secarse el sudor.

—Ha habido un horrible e imperdonable error, doctora Haruno.

—¿Y mi visado?

— No hay ningún problema con su visado. Por favor, venga por aquí —la apremió antes de ofrecerla una retahíla de fervientes excusas.

A los pocos minutos, apareció un ejecutivo de mediana edad que se presentó a si mismo como Jakin Tazuna, el director del aeropuerto. Con una tensión palpable, empezó a disculparse con una mezcolanza árabe e inglés que era ininteligible. Insistió en llevarla a una cómoda oficina mientras esperaba por su equipaje. Era tan servil que la avergonzó.

Irónicamente, lo último que deseaba Sakura era llamar la atención a su llegada a Datar. De repente deseó con fervor haber mantenido su estúpida boca cerrada. Su referencia a
Naruto había sido debida a una oleada repentina de pánico.

¿Por qué no habría mantenido la calma y utilizado un razonamiento lógico para arreglar el equívoco? ¿Y por qué se habían puesto tan nerviosos porque viajara sola?


Quince minutos más tarde, el director del acto la condujo por una alfombra roja que no estaba puesta antes.

Sakura empezó a preocuparse de verdad. Aquel tratamiento
de personaje la sorprendía.

Todo el mundo la miraba. De hecho, era como si todo el aeropuerto se hubiera quedado inmóvil y cargado de una excitación eléctrica.

Tenían que haberse equivocado de identidad, decidió mientras intentaba mantener la compostura.

¿Quién diablos se pensaba Jakin Tazuna que era?

Qué idiota había sido en decir que era amiga del príncipe... sobre todo siendo mentira... una mentira bastante descarada, pensó al recordar su último fugaz encuentro con el príncipe coronado de Datar e intentar apartar el doloroso recuerdo. No había tenido mucha elección, decidió con fiereza. Casi se había puesto en ridículo, pero al menos él no lo había sabido. No le había dado esa satisfacción.

Toda una columna de relucientes policías esperaba firme bajo el sol abrasador de fuera. Sakura se puso pálida.
Empezó a sudar bajo la fresca ropa de algodón que llevaba.

—Su escolta, doctora Haruno.

Jakin Tazuna chasqueó los dedos y un policía se adelantó a abrirle la puerta del coche oficial allí parado.

—¿Mi escolta? —repitió temblorosa mientras una joven se adelantaba y le plantaba un enorme ramo de flores en las manos.

Como si no fuera suficiente, le agarró los dedos y se los besó.

Se habían vuelto todos locos, pensó Sakura mientras entraba en el coche de policía. Al instante se riñó a sí misma por aquella idea. Como antropóloga estaba preparada para comprender todo tipo de culturas. Cuando el coche se puso en marcha con el aullido de las sirenas, se dijo a sí misma que debía mantener la calma, pero le resultó difícil al ver que otros dos coches de policía la escoltaban.

El sentido común le dio la explicación más obvia. Todo aquel tratamiento debía ser por haber reclamado ser amiga del príncipe Naruto. Aquello no era Inglaterra, sino un reino feudal que sólo recientemente estaba empezado a salir del oscurantismo de la edad media.

Cerró los ojos con horror cuando el conductor encendió una luz roja que obligaba a detenerse a todos los vehículos con los que se cruzaban. Entreabrió los párpados con miedo para observar la ciudad de Al Kabibi a una gran velocidad.

Los rascacielos ultramodernos y centros comerciales se mezclaban con edificios de arquitectura clásica y mezquitas con cúpulas de color turquesa.

Después de pasar las lujosas villas blancas de las afueras, la ancha y polvorienta autopista avanzó por un paisaje desértico y desolador.

El conductor habló con excitación por la radio y Sakura se puso a rezar. Y entonces, sin ninguna señal de advertencia, el coche salió de la carretera para avanzar hacia una fortaleza defendida por dos gigantescos portones. Un grupo de nativos apareció directamente en su camino. Todos llevaban fusiles.

El conductor frenó con tal brusquedad que Sakura salió disparada hacia adelante y entonces escuchó las ráfagas de las metralletas y se tiró al suelo enroscándose en una bola.

Se quedó en el suelo temblando de miedo hasta que la puerta se abrió.

—¿Doctora Haruno?

Sakura alzó la vista y se encontró con la mirada interrogante de un pequeño caballero árabe con barba de chivo.

—Soy Shikamaru...

—La... la... las metralletas.

—Era sólo una salva de bienvenida de los guardias de palacio. ¿Le asustaron? Por favor, acepte mis disculpas en su nombre.

—Oh... —se sintió absurda y se sonrojó—. ¿Los guardias de palacio? —con los ojos como platos miró al hombre —. ¿No es esto mi hotel?

—Lo cierto es que no, doctora Haruno. Esto es el palacio real —esbozó una sonrisa de diversión—. El príncipe Naruto pidió que la trajéramos aquí sin demora.

—¿El príncipe Naruto? —repitió ella con voz estrangulada.

El director del aeropuerto debía haber avisado a Naruto de su llegada, pensó Sakura con horror.

Pero, ¿para qué diablos habría pedido Naruto que la llevaran a palacio? Por la forma en que se había ido dos años atrás, no debía desear volver a verla. Sus privilegios ancestrales y el ser la fantasía de cualquier mujer, no habían preparado a un príncipe árabe para que le rechazaran. Hacia el final de su último y desastroso encuentro, a Sakura no le cupo ninguna duda de que Naruto se había sentido profundamente ofendido por negarse ella a tener nada con él.

Y sin embargo, había meditado todas sus palabras con antelación y había hecho acopio del mayor tacto posible.

Conocía la fuerza de su orgullo. Se le ensombreció ahora la cara al aflorar los crueles recuerdos. Naruto se había puesto furioso y le había acusado de haber perdido la cabeza. No es que ella no estuviera orgullosa de la decisión que había tomado, aunque la hubiera roto por la mitad. Ella había luchado por el respeto ante sí misma, ¿por qué negarlo?

Mientras seguía al hombre a un recibidor inmenso por un paseo bordeado de columnas de mármol, se quedó impresionada del exotismo del lugar. Los diminutos mosaicos formaban intrincados motivos geométricos en tonos desde el verde oscuro y ocre hasta el azul más pálido, cubriendo cada milímetro de las paredes y los techos El efecto era asombrosamente bello y a la vez sugería siglos de antigüedad. Un sonido débil le hizo volver la cabeza.

¿Era una risa o un susurro?

Alzó la vista y vio las celosías labradas que cubrían una galería por encima de ella. Tras la delicada barrera de filigrana, captó movimientos, colores, las risas de alguna joven, y los excitados murmullos de más de una voz femenina.

Una oleada de perfume almizcleño le llegó a la nariz.

¿Una diminuta ventana al mundo exterior para el harén?

Sakura se paralizó y se puso pálida sintiendo un terrible dolor en lo más profundo. La tesis que le había hecho conseguir el doctorado y su puesto actual de profesora de universidad, había tratado de la supresión de los derechos de las mujeres en el tercer mundo. Aquello no era el tercer mundo, pero aun así, la terrible ironía de su atracción casi incontrolable por Naruto, había tirado sus principios por tierra dos años atrás. Sus colegas se habían muerto de risa cuando él la había perseguido... un príncipe árabe con cien concubinas esperándole en su harén.

—¡Doctora Haruno! —la llamó suplicante Shikamaru.

Aturdida por la cascada de recuerdos, Sakura siguió avanzando. Al final del recibidor, encontraron a dos fieros guardianes apostados a ambos lados de las puertas labradas. Llevaban espadas ceremoniales, pero también pistolas. A una señal de Shikamaru, abrieron las puertas que daban a una magnífica sala de audiencias. Su anfitrión dio un paso atrás dejando claro que ya no la acompañaría más lejos.

Al final de la gran sala, la luz del sol se filtraba por las celosías y mostraba un patio interior. Hacía que el interior pareciera en penumbra y acentuaba su riqueza y su esplendor. Sus toscas sandalias de cuero resonaron en el pulido suelo de mármol. Vaciló con el corazón desbocado al contemplar el trono vacío con cojines de seda. Pero una terrible excitación la sacudió y sintió, incluso antes de verlo, la temerosa mezcla de anticipación y deseo que dos años antes habían convertido su mundo disciplinado en un perfecto caos.

—¿Doctora Haruno, supongo?

Sakura se dio la vuelta, con el suave acento meloso produciéndole escalofríos por toda la espina dorsal.

Se quedó sin aliento. A unos pocos metros de distancia, en el sofá del patio, descansaba la encarnación de un hombre, medieval del siglo veinte, Naruto Namikase Uzumaki, príncipe coronado de Datar, un espécimen tan incivilizado y cargado de masculinidad primitiva como cualquier hombre de las cavernas.

—Lo único que le falta a tu atuendo es un sombrero. ¿Creías que ibas al África profunda? — comentó con humor Naruto.

De repente se sintió fuera de lugar.

Sakura no podía apartar los ojos de él mientras se acercaba a ella con movimientos felinos. Tenía un aspecto de quitar el aliento y estaba terriblemente exótico. Con aquellas facciones cinceladas, aquellos pómulos altos y afilados y la piel morena, parecía sacado de un tapiz beréber. Era muy alto para su raza. Vestido con una túnica de fino color crema y la cabeza envuelta en un turbante real doble, Naruto bajó la vista hacia ella con unos ojos azules como la noche oscura.

A Sakura le costó toda su fuerza de voluntad mantener el terreno. Se le secó la boca. Naruto dio una vuelta con calma alrededor de ella como un depredador rodeando a su víctima. La imagen no le alivió la tensión.

—Qué silenciosa estás... —murmuró Naruto mientras se apartaba dos pasos de ella —. Estás asombrada, ¿verdad? El bárbaro por fin ha aprendido a hablar bien inglés.

Sakura se quedó mortalmente pálida y dio un respingo
como si le hubieran clavado un estilete en las costillas.

—Por favor...

—Y hasta sé cómo usar la cubertería occidental —siguió Naruto sin piedad.

Sakura bajó la cabeza con angustia. ¿Pensaba él que aquellos asuntos tan triviales tenían de verdad importancia?
El corazón se le había ido hacia él cuando luchaba, con aquel salvaje orgullo suyo, por adaptarse a un mundo al que su viejo y sospechoso padre le había negado el acceso hasta una edad en la que era más difícil asimilarlo.

—Pero el bárbaro no aprendió una lección que tú le deberías haber enseñado —murmuró Naruto en voz muy baja —. No tenía necesidad de ella porque conozco a las mujeres. Siempre he tenido mujeres. No te seguí a ti impulsado por una arrogancia primitiva y chauvinista de creerme irresistible. Que leí en tu mirada una invitación desnuda.

—¡No!

—Deseo, ansia... necesidad —pronunció Naruto pon tanta suavidad que a Sakura se le erizó el vello de la nuca—. Aunque los maduros labios rosas decían no quiero eso, ojos esmeralda rogaban que yo insistiese ¿Te halagó el ego, doctora Haruno? ¿No te excitó el juego?

Asombrada de que él pareciera recordar cada palabra que le había dicho, Sakura quedó paralizada.

Lo había sabido. Había sabido que a un profundo nivel oscuro ella le deseaba a pesar de todas sus protestas. Ahora se sentía desnuda. Aún peor, Naruto había interpretado su ambivalencia de la forma más ofensiva.

—Si crees que jugué contigo, te aseguro que no fue intencionado —respondió Sakura sin mirarlo.

Quizá le debiera a Naruto escucharle. Dos años atrás, su fiera rabia no le había ayudado en nada a expresarse en la lengua de ella.

El silencio se prolongó. Sakura sintió su frustración. Él deseaba que ella se defendiera. Era curioso que entendiera exactamente lo que sucedía en aquel retorcido e inteligente cerebro de él.

—¿Puedo irme ahora?

Casi susurró de lo tensa que estaba.

—Mírame.

—No.

—¡Mírame!

La mirada de Sakura tropezó con los vibrantes ojos azulados como un de tigre y se le cortó la respiración.

La extraordinaria fuerza de él la tenía fascinada. De repente se sintió mareada y desorientada. Con una sensación de total impotencia, sintió sus senos inflamarse y sus pezones erizarse contra las copas del sujetador. Se sonrojó y no podía hacer nada para controlar su propio cuerpo. La carga electrizante y sexual del ambiente desbordaba todas sus defensas.

Naruto esbozó una sonrisa lobuna y sus fantásticos ojos azulados se deslizaron sobre ella, deteniéndose en cada una de sus generosas curvas apenas cubiertas por la ropa suelta. Entonces, sin previa advertencia, dio un paso atrás y dio una palmada. El sonido fue como un tiro en medio del denso silencio.

—Ahora tomaremos el té y hablaremos —anunció Naruto con una simplicidad y autoridad exquisitas que le hicieron a
Sakura recordar quién era, lo que significaba su estatus y donde se encontraba ella.

Aquel hombre arrogante era sinónimo de divinidad en Datar.

Sakura se puso tensa y se cruzó de brazos.

—No creo que...

Como por arte de magia, surgieron tres sirvientes, uno con una bandeja con tazas, otro con una tetera y el tercero con una mesa baja de ébano.

Él se sentó entre los cojines con una innata gracia animal y ella se sentó contra otro grupo de cojines sobre la deliciosa alfombra, sintiéndose miserable. Los recuerdos no la abandonaban.

En otro tiempo la había atraído sin remedio. Cada mínimo detalle de la vida de Naruto la había fascinado. Ella tenía veinticinco años pero era más ingenua que una adolescente con el primer amor, obsesión o como quiera llamársele, pero había afectado más porque ya no tenía dieciséis años ni la rapidez de recuperación que esa edad conlleva. Y ella misma había sido arrogante al creer que su capacidad mental era suficiente como para no sucumbir a los asaltos hormonales ni a respuestas emocionales inmaduras. Pero él había tirado por tierra todas sus suposiciones.

— Ha habido una pequeña confusión acerca de mi visado en el aeropuerto... No hubiera mencionado tu nombre si no hubiera sido por eso —se escuchó decir a sí misma.

Ella no era impulsiva, pero con Naruto cerca de ella, no era ella misma. La taza de china traicionó sus temblores mientras intentaba distraerse dando sorbos.

— Tu visado no era válido.

—¿Perdona?

—A las mujeres jóvenes sólo se les concede un visado bajo condiciones muy estrictas: si vienen a quedarse con una familia de Datar, tienen un contrato legal de empleo o viajan con un hombre —enumeró Naruto para asombro de Sakura —. Se suponía que tú venías acompañada y llegaste sola. Fue eso lo que invalidó tu documentación.

Sakura alzó la barbilla y sus ojos esmeralda despidieron chispas.

—0 sea que discrimináis a las mujeres extranjeras con esa lista de ridículas condiciones...

—La discriminación puede ser a veces un acto positivo.

—¡Nunca!

—Me obligas a ser ingenuo —sus brillantes ojos descansaron sobre ella con impaciencia y su boca se endureció—. Un flujo de busconas no puede ser considerado beneficioso para nuestra sociedad.

—¿Busconas?

—Nuestras mujeres deben ser vírgenes cuando se casan. Si no, una mujer no se puede casar porque su familia queda deshonrada. En tal sociedad, la profesión más antigua del mundo funciona, pero nunca tuvimos problemas hasta que empezamos a conceder visados con demasiada libertad.

—¿Me estás diciendo que me confundieron con algún tipo de prostituta en el aeropuerto? —preguntó Sakura con voz temblorosa.

—La otra categoría de mujeres a las que queremos excluir, yo las llamaría «trabajadoras aventureras», si quieres una etiqueta más aceptable.

—Me temo que no te entiendo —dijo Sakura con tensión.

—Las mujeres jóvenes vienen aquí fundamentalmente a trabajar en los club nocturnos que han prosperado en la ciudad. Allí se visten, actúan y beben de una forma perfectamente aceptable en sus propios países, pero aquí se ve bajo una luz muy diferente. Un alto porcentaje de esas mujeres no vuelven nunca a sus casas. Se quedan ilegalmente aquí y se convierten en amantes de hombres ricos a cambio de una vida de lujo.

—¡De verdad que yo no creo tener ese aspecto! —estalló Sakura sonrojada de rabia—. Y por muy fascinante que sea todo esto, quiero volver a mi hotel.

—En nuestros hoteles no se suelen aceptar mujeres de tu edad solas.

Sakura se pasó una mano temblorosa por el pelo.

—¿Perdona?

—Que ningún hotel te ofrecerá acomodación si llegas sola —su fuerte y morena cara era impasible mientras la miraba con intensidad —. Si no te hubiera traído al palacio, estarías ya de vuelta en Inglaterra.

—¡Pero eso es ridículo! ¡Yo no tengo la culpa de que mi compañero se rompiera un tobillo justo antes de salir!

—Una desgracia —dijo con una débil sonrisa de su boca preciosamente moldeada.

Su tono sugería que no estaba interesado en lo más mínimo en sus dificultades burocráticas que él podría barrer de un plumazo... si quisiera. Sakura apartó la taza con una sonrisa forzada y los dientes apretados.

—Mira... este es un importante viaje de investigación para mí...

—Siempre te has tomado tu trabajo muy en serio.

—Estoy aquí en Datar para investigar la cultura nómada.

—¡Qué tierno!

¿Tierno?

Ella había supuesto que a pesar de su cultura trataría el tema con más respeto.

—He leído tu tesis sobre la supresión de los derechos de las mujeres —murmuró Naruto con mucha suavidad.

—¿Has leído mi tesis?

—Sí, y pretendo ofrecerte con generosidad la investigación de un campo que te haría famosa cuando vuelvas al oeste.

—¿Qué campo? - preguntó Sakura con el ceño fruncido mientras se agitaba incómoda contra los cojines reaccionando instintivamente ante la tensión del ambiente.

Naruto esbozó su sonrisa de depredador.

—Una forma de vida que nunca se ha mostrado con libertad a ningún antropólogo occidental. Me siento como Santa Claus.

—¿Perdona?

Sakura se echó hacia atrás como para escapar de la amenaza que emanaba de las vibrantes ondas de Naruto.

—Una estancia prolongada en mi harén te daría la oportunidad de hacer una investigación académica y a mí la tan esperada oportunidad de enseñarte lo que es ser una mujer —dijo Naruto con sedosa satisfacción.

.

.

Continuará...




Hola por acá espero y sea de su agrado este primer capítulo... Pronto subiré el segundo capitulo ya que estaré actualizando seguidamente -si no tengo inconvenientes- pero por ahora, les dejaré con naruto, su Harem... y sus "cien concubinas".

¡Adiós!
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Re: La Prometida del Desierto. Capítulo14.

Mensaje por uzumaki_haruno el Vie Mayo 04, 2018 2:31 pm

hola, esta muy interesante la historia, es muy diferente a todo lo que he leido y siento que puede ser muy buena, ya quiero leer el segundo capitulo y ver que otras intenciones tiene naruto con sakura, ademas de saber mas de lo que paso con ellos en el pasado, espero el siguiente capitulo, saludos
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Re: La Prometida del Desierto. Capítulo14.

Mensaje por CerezoIntenso el Sáb Mayo 12, 2018 1:22 pm

Capítulo 2.





¿Un harén?

Durante treinta segundos, Sakura simplemente miró a Naruto con los brillantes ojos verdes muy abiertos.

Entonces apretó los labios en una línea muy fina.

—Muy divertido —dijo mientras luchaba contra la amargura que amenazaba con envolverla.

—Eres tú la que está en mi mundo ahora —comentó Naruto con indolente frialdad. Sus velados ojos azules se deslizaron sobre ella como una caricia física—. Cuando salgas de ahí, serás una mujer totalmente diferente.

Con actitud agresiva, los pies separados y los brazos tensos, Sakura temblaba.

—Si me vuelves a hablar, de esa manera, te daré un puñetazo que te hará tragar los dientes.

Una sonrisa suavizó la dura boca de Naruto y sus perfectos dientes blancos resaltaron contra la piel dorada. La examinó con intenso placer.

—Mi padre siempre decía... ¿merece esta mujer un incidente diplomático? Si él te viera ahora, ni siquiera hubiera hecho esa pregunta.

—¿Qué quieres decir con un incidente diplomático?

—Más pronto o más tarde te echarán de menos —señaló él con delicadeza—. Harán preguntas y habrá que dar respuestas. Los de Foreign Office llamarán a nuestro embajador en Londres. Pero sospecho que pueden pasar semanas hasta llegar a esa situación.

—¿El Foreign Office?

Sakura sacudió la cabeza con incredulidad.

—Verás, en tu vida hay poca gente como para notar tu ausencia. Tú escribes a tu madre una vez al mes y con tu hermano no te comunicas. Tu única amiga está pasando su luna de miel en Sudamérica y en cuanto a tus colegas académicos... —Naruto enumeró aquellos hechos con el mismo tono calmado y medido como si no se diera cuenta de su creciente incredulidad—. Ahora están disfrutando de sus largas vacaciones de verano. Dudo que esperen siquiera noticias tuyas. Encuentro que tu vida de aislamiento es un triste testimonio de tu maravillosa civilización occidental.

Sakura se humedeció los labios.

—¿Có... cómo sabes todas esas cosas de mí?

—Una agencia de investigación.

—¿Me has puesto a un detective? ¿Cuándo? ¡Si ni siquiera sabías que venía a Datar!

—¿Que no? Una generosa donación a tu universidad aseguró tu llegada.

—¿Perdona?

Sakura sintió un nudo de tensión en la garganta.

—¿Por qué crees que tus superiores insistieron en que la investigación se realizara en Datar?

—Las tribus nómadas de aquí no han estado tan expuestas al mundo moderno como en otros países —le informó ella con aspereza apretando las manos.

—Cierto... pero, ¿quién sugirió el tema de tu investigación?

Sakura se quedó rígida. La idea había surgido de sus superiores, no del departamento de antropología.

De hecho había habido murmuraciones resentidas porque las oportunidades de hacer investigación en un país extranjero eran muy escasas últimamente.

—Estoy donando a tu universidad una biblioteca nueva y mi representante inglés acentuó su interés especial en Datar y también mencionó lo impresionado que estaba con la serie de conferencias que habías dado el año pasado e insistió en un anonimato absoluto a cambio de la donación.

Sakura había empezado a temblar. Sin ningún remordimiento le estaba contando que la había llevado a
Datar con falsas pretensiones.

—No... no creo que tú... ¡Me niego a creerte!

—Sé la fecha de tu llegada desde que solicitaste el visado.
Para lo que no estaba preparado era para que llegarías sola al aeropuerto, pero eso ha jugado en mi favor. Ahora no tienes acompañante que se pueda armar y te tengo en mi posesión mucho antes de lo previsto.

—¡No me tienes en tu posesión, maníaco! —Sakura agarró su bolsa de viaje y se fue hacia las puertas—. ¡Ya he oído bastantes tonterías!

—¿Estás preparada para una retención física?

—¿Qué quieres decir?

—Que no se puede abandonar el palacio sin mi permiso.

—¡A mí nadie me tiene que permitir hacer nada! ¡Hago lo que tengo que hacer! ¡Y me vuelvo al aeropuerto!

—Si obligas a mis hombres a que te pongan las manos encima, les avergonzarás terriblemente por provocar tal indignidad... pero no vacilarán en cumplir con su trabajo —la advirtió Naruto.

Las puertas se abrieron de par en par. Al instante, dos guardianes se dieron la vuelta y la miraron desviando ligeramente la vista. Para un hombre árabe era un insulto mirar a una mujer que no fuera de su familia... pero ella no era ninguna de sus mujeres. Con un violento movimiento de frustración, Sakura cerró las puertas de golpe.

—¡Si no me dejas salir de aquí gritaré!

—Eso sólo te pondrá peor la migraña.

¿Cómo sabía él que tenía migrañas?

—No crees que vaya a gritar, ¿verdad? Crees que estoy tan malditamente impresionada por tus ridículas amenazas y tu pretenciosa sala del trono que no ha llegado la gota, ¿no?

—¿La gota? —preguntó frunciendo el ceño mientras se levantaba y avanzaba hacia ella.

—¡Apártate de mí! ¡Te lo advierto!

Al borde de la histeria por primera vez en su vida, Sakura estiró los hombros y gritó. Le dolieron los oídos, la garganta y la cabeza. Pero lo que más la sorprendió fue que nadie acudiera a su llamada.

—Pregúntate a ti misma la felicidad que la vida occidental te ha traído —le apremió Naruto con suavidad—. Trabajas incontables horas. Vives como un ratón en una jaula y te niegas a ti misma el mínimo placer femenino.

—¡Soy feliz con mi vida y estoy totalmente satisfecha con mi trabajo!

—Estar totalmente satisfecho para mí significa estar infinitamente más satisfecho. Te aliviaré toda esa tensión acumulada.

—La única forma de aliviar mi tensión acumulada en este momento es atacarte físicamente... si no te mantienes apartado —juró Sakura con la cabeza palpitante, la piel húmeda y el estómago encogido—. Ahora quizá creas que este pequeño juego de poder tuyo es divertido, pero ya ha ido demasiado lejos... ¿me oyes? ¡Quiero que me lleven al aeropuerto ahora mismo!

—Si te doy lo que dices que quieres, te arrepentirás para el resto de tu vida —aseguró Naruto con sequedad—. No permitiré que tomes una decisión tan estúpida.

—¡Atrás, Naruto! La broma ha ido demasiado lejos. No pretenderás mantenerme aquí en contra de mi voluntad. No creo que seas de ese tipo...

—Tengo gustos católicos.

—Intelectualmente te encuentro...

—¿Un reto? Cuando hayas descansado lo suficiente te sentirás más dispuesta a amoldarte a las nuevas circunstancias. Ya no estarás más sola.

—¡Me gusta estar sola!

—¡Tienes miedo a darte a ti misma!

—¡No pienso darte nada a ti!

Fue un grito de desesperación. De repente, sin previa advertencia, las lágrimas le empañaron los ojos y se cubrió la cara con las manos temblorosas.

Un par de fuertes manos la apartaron de la pared en la que estaba apoyada.

—¡No! —gritó con horror.

Las manos la alzaron del suelo y clavó la vista en aquel par de ojos azulados enmarcados por espesas pestañas como el oro más largas que las suyas.

— Deja de luchar contra mí.

—Bájame —gimió ella con debilidad.

—Sss —susurró él con suavidad—. La rendición puede ser el placer más dulce para cualquier mujer. Has nacido para doblegarte, no para luchar.

Ella cerró los ojos acuosos sintiéndose demasiado enferma como para luchar. Dos años atrás se había gastado hasta el último penique en un viaje a Canadá a casa de su tía para escapar de él. Como una drogadicta, había tenido síntomas de abstinencia como noches de insomnio, pérdida de apetito, cambios de humor y lo que era peor, la temerosa convicción de que tenía una vena de masoquismo igual que la que su martirizada madre había mostrado ante el voluble de su padre.

Naruto la estaba llevando en brazos sin ningún esfuerzo aparente. Sentía el aroma de él tan cerca... limpio, cálido, intensamente masculino. Nunca habían estado tan cerca antes. Pero ella se había preguntado muchas veces cómo se sentiría en sus brazos. Ahora que estaba impotente en ellos, le gustó para su horror. Le gustó el hecho de que él tomara el mando, le gustó la suave y rica sensación de sus ropas contra su mejilla, la masculina fuerza desnuda de él, el regular latido de su corazón. Se le escapó un gemido que no tenía nada que ver con la migraña.

Un clamor de ansiosas voces femeninas en árabe la recibió cuando la tendieron en la cama. Una mano fría se posó en su frente. Naruto. Una parte de ella deseaba retener el contacto y eso le hizo sentirse peor que nunca. Él la levantó.

—Bébete esto...

Sakura tomó la infusión de hierbas sintiéndose más débil que un gatito y abrió un instante los párpados. Dos mujeres jóvenes arrodilladas en una alfombra cercana a la cama la miraban con la misma expresión de preocupación y fascinación.

El melodrama había nacido en Arabia, pensó.

—Ahora vendrá el doctor —Naruto le retiró el fiero mechón de rizos de la frente empañada en sudor. Su mano no era del todo firme—. Cierra los ojos y relájate. La tensión te aumentará el dolor.

¿Relajarse? La asaltó una oleada de angustia. Naruto la había llevado a su harén. Aquellas debían ser sus mujeres. Esposas, concubinas. Oh, Dios bendito, ¿qué importaba lo que fueran? Él seguía siendo un hombre con doscientas mujeres jóvenes y bonitas a sus disposición... regalos de su padre.

Datar había hecho un comunicado oficial quejándose al gobierno británico cuando cierta prensa amarilla había difundido lo que los dataris consideraban asuntos muy privados. Desde entonces, la prensa había tenido mucho tacto con la vida sexual del exótico príncipe coronado de Datar.

Naruto se había puesto furioso cuando ella le había echado en cara el mismo asunto. El que una mujer se hubiera atrevido a mencionar aquel tema innombrable, por no mencionar el hecho de que se hubiera atrevido a juzgar su moral, le había producido tal incredulidad que había olvidado hasta la última palabra en inglés. Así que le había soltado una arenga furiosa en su propio idioma antes de salir como una tromba dejándola llorosa, vacía y amargada.

Sintiéndose inexplicablemente relajada, se abandonó a un sueño profundo.

Sakura se despertó con el trino de los pájaros. Levantó las rosadas pestañas y no vio un techo, sino una cúpula de preciosas vidrieras. Se sentó con un gemido, le esperaba otra sorpresa. No estaba sola.

Tres jóvenes con sonrisas radiantes estaban arrodilladas en total silencio en la alfombra.

—¡Estás despierta, sitt!

Una de ellas se levantó con gracia y alzó con timidez sus preciosos ojos almendrados hacia ella. Su esbelto cuerpo estaba cubierto con un corpiño colorido y ajustado y una falda de vuelo, los pies calzados con zapatillas bordadas de pedrería y las joyas de oro tintineaban a cada uno de sus movimientos.

—Soy Omohe. Nos han elegido para servirte. Muonor, pero sólo yo hablo que hablo inglés muy o bien?

La pregunta debía haber sido porque Sakura la estaba mirando con la boca abierta.

Sakura inspiró mientras contemplaba la fabulosa habitación y después bajaba la vista hacia la túnica de seda blanca transparente que misteriosamente llevaba encima.

—Hablas inglés maravillosamente, Omohe —murmuró con debilidad.

—Te prepararé un baño, sitt. Debes desear estar fresca. Has tenido un largo viaje, pero debe ser excitante viajar en avión. Una vez viajé a Londres con la princesa Hinata —la fina cara animada de Omohe se nubló de forma abrupta y bajó la brillante cabeza oscura.

¿Hinata? ¿Quién sería la princesa Hinata, la tía, la hermana, la mujer o la madre de Naruto? Sakura no sabía nada de su familia.

Mientras Omohe apremiaba a las otras chicas para que se pusieran en movimiento, Sakura se fijó en lo contentas que parecían y en las miradas de fascinación que le dirigían.

¿Serían doncellas o su conexión con Naruto sería de naturaleza más íntima? Después de todo, ninguna de ellas llevaba suficientes ovas de oro como para hundir el Titanic. Dios santo, Naruto la había instalado en su harén como había prometido. ¡Y la había drogado para mantenerla allí la noche anterior!

¿Que sería lo que había bebido? Ella nunca había conseguido dormir cuando le daba un ataque de migraña. Y ahora mismo se encontraba traumatizada. El sonido del agua corriente llegaba desde una puerta abierta de par en par.
Sakura se levantó bruscamente de la cama y Omohe soltó un gemido y se adelantó a ofrecerle unas babuchas como si la alfombra de seda no fuera suficientemente suave.

«Por favor, por favor, déjame sola», hubiera querido rogar. Pero Omohe alzó la vista hacia ella con una horrible mirada de embarazo y casi de servilismo como si fuera algún tipo de diosa en vez de una mujer corriente.

—La bañaremos, sitt.

Sakura, que encontraba hasta los aseos comunes de las piscinas una mortificación, quedó aturdida ante la sugerencia.

—No hace falta que me sirvas, Omohe.

—Pero tú eres la única... la que debe ser servida —protestó Omohe con ansiedad.

¿La que qué?, casi gritó Sakura recordando la frase del aeropuerto.

—De donde yo vengo, no acostumbramos a compartir los cuartos de baño.

Omohe se rió y compartió deleitada con las otras su bárbaro deseo de intimidad. Sakura aprovechó la confusión para escabullirse al cuarto de baño y cerrar la puerta tras ella. Se quitó la túnica y se metió en el baño con la rigidez de una virgen puritana invita a una orgía. Se frotó con vigor lo antes que pudo.

Para cuando hubiera terminado con Naruto, estaría deseando devolverla al aeropuerto lo antes posible. ¿Es que se había vuelto loco? ¿De verdad imaginaría que podía hacerla prisionera? Pero todo lo que le había contado la noche anterior le acudió a la memoria: la donación a la universidad... el estricto anonimato que habían exigido... su propia sorpresa de que la hubieran escogido a ella.

Salió del cuarto de baño envuelta en toallas.

—¿Dónde está mi ropa?

Omohe le indicó con orgullo una colección fabulosa de sedas brillantes como joyas extendidas por la cama.

—Mi ropa... mi maleta.

Nadie le respondió. Sakura empezó a abrir cajones y puertas, pero no apareció nada. Hubiera deseado patalear y gritar de furia y se debió notar porque Omohe y sus ayudantas parecían muertas de preocupación, como si cualquier signo de descontento por su parte les fuera a comportar algún castigo.

—De acuerdo, me pondré eso. Elige algo.

Las sonrisas volvieron a aparecer como por arte de magia.

Omohe extendió un caftan de seda verde esmeralda y un juego de sujetador y bragas de fino encaje, de lo más opuesto al práctico algodón blanco que ella usaba siempre en su ropa interior. Una oleada de rabia le hizo sonrojar, pero se vistió y se plantó delante del espejo con el cepillo de plata, para peinarse con brutalidad sus largos y rebeldes rizos.

—¿La he disgustado, sitt? —preguntó Omohe con voz temerosa—. ¿Por qué no quiere mi ayuda?

Sakura se sintió cruel y estrecha de mente y le pasó el cepillo mientras se sentaba en el diván.

—¡Qué pelo tan glorioso! Nunca había visto un pelo tan maravilloso —suspiró Omohe rozando los rizos con dedos reverentes—. Es del color del sol poniente, como habían dicho.

—¿Quién lo ha dicho?

Omohe se rió con timidez.

—Los guardianes del príncipe Naruto hablan... está prohibido, pero los hombres también cotillean. Hace mucho tiempo oímos hablar de la dama inglesa con el pelo de colores gloriosos... pronto empezó a hablar todo el mundo y el rey se enfadó mucho al escuchar rumores acerca de su amado hijo. ¡Ah, el desayuno inglés está aquí!

-¿Qué tipo de cotilleos?

Sakura se levantó, pero Omohe ya se había alejado a abrir otra habitación con una mesa de comedor y sillas.

—Igual que en casa —le dijo a Sakura mientras una procesión de sirvientes con bandejas la precedía. Con la boca abierta, Sakura contempló cómo posaban las bandejas, y destapaban los platos uno a uno. Zumos de frutas, cereal, tostadas, croissants, bollos recientes, pan integral y todo tipo de mermeladas. Huevos fritos, cocidos y revueltos, salchichas, beicon, riñones, tomates y tostadas de pan francés. Parecía un almuerzo, pero le estaban sirviendo el desayuno.

Omohe apartó una silla y Sakura se desplomó en ella examinando el banquete que tenía delante. Estaba hambrienta pero nunca había visto tal despliegue para un solo individuo. Toda la mesa estaba cubierta.

—¿Te gusta?

—Estoy muy impresionada.

—El príncipe Naruto ha traído a un chef de Dubai. Si no te gusta como cocina, le devolverán a casa.

¿Naruto había contratado a un chef especialmente para ella?
¿Es que pensaría que iba a quedarse lo suficiente como para que importara? Sakura inspiró con fuerza sintiéndose cada vez más que estaba viviendo en un mundo de fantasía, a años luz de distancia de su mundo práctico y sensato.

Estaba terminando el té cuando Omohe se acercó de nuevo.

—El príncipe... dice que quiere reunirse contigo ahora —susurró emocionada como si fuera el encargo más romántico del mundo.




Continuará...



*****

Hasta que nivel estará dispuesto naruto en retener a sakura en su palacio... Y sakura seguirá pensando que está loco... pronto el tercer capítulo.
¡Besos!
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Re: La Prometida del Desierto. Capítulo14.

Mensaje por CerezoIntenso el Jue Mayo 24, 2018 4:02 pm

Capítulo 3.





El palacio era increíblemente grande. Pasaron por un laberinto de corredores, galerías cubiertas y patios con celosías.

En lo alto de una soberbia escalera de mármol, Omohe se paró de repente y retrocedió varios pasos.

—Debemos esperar, sitt.

Sakura bajó la vista por la pared hasta el magnífico patio de abajo, pero no era la profusión de plantas tropicales ni las preciosas fuentes lo que le había llamado la atención. Era Naruto a quien había visto, su lujurioso pelo dorado ligeramente rizado y brillante como la seda... y después a la mujer, sollozando y agarrándose con frenesí a sus tobillos.

—Vamos a dar un paseo, sitt —le apremió Omohe con incomodidad.

—No, gracias.

En toda su vida, Sakura no había visto a ninguna mujer humillarse de tal manera. Estaba aturdida. No necesitaba saber árabe para interpretar la sumil postura de la pobre mujer que se colgaba de él.

Naruto murmuró algo en su propio idioma y literalmente pasó por encima de ella. Cuando ella intentó seguirle, chasqueó los dedos con furia a la corte de sirvientes que esperaban en una esquina.

—¿Quién es esa mujer? —susurró Sakura.

—La princesa Hinata. El príncipe Naruto sólo toma a una mujer. Siempre dice que... sólo la única.

A Sakura le dio un vuelco el estómago y se le empañó la frente de sudor. Así que Naruto estaba casado. Dios santo, aquella atormentada mujer era su esposa y no hacía falta tener mucha imaginación para comprender la fuente de su histeria. Naruto había llevado a otra mujer al palacio y la pobre criatura estaba muy alterada. La evidente crueldad de su comportamiento devastó a Sakura. Era en todos los aspectos, el salvaje y déspota príncipe árabe que creía que sus deseos eran innatamente superiores a los deseos y necesidades de cualquier mujer.

Con una punzada de dolor que se negaba a reconocer,
Sakura bajó las escaleras de mármol. Naruto se dio la vuelta, sus duras y atractivas facciones sonrojadas y todavía con expresión de ardor y furor. Y entonces, al posar los ojos azulados en Sakura, la tensión se evaporó de él. Una sonrisa radiante transformo su dura y morena cara.

Aquella sonrisa la sacudió y se detuvo cuando el corazón le dio un vuelco gigantesco. Por un segundo se sintió transportada al día de su encuentro. Había sido al salir de la biblioteca. Él estaba apoyado en el capó de su Ferrari, rodeado de un enjambre de estudiantes femeninas, todas rubias y conocidas por no ser nada inhibidas con los hombres. Entonces él había levantado la vista, la había dirigido a Sakura y la había paralizado con aquella mirada tan intensa hasta esbozar de repente aquella gloriosa sonrisa.

Pero esta vez no, se juró a sí misma, despreciando las emociones que le borraban toda idea racional.

—Siempre había oído que los hombres árabes protegen y cuidan a las mujeres de su familia —le atacó—. Pero eso no coincide con la realidad, ¿verdad? La princesa Hinata no parece merecer ni una onza de tu respeto.

La sonrisa de Naruto se desvaneció como si ella le hubiera
golpeado.

—¿Lo has visto?

—Lo he visto.

—Me disgusta que hayas sido testigo de una escena tan desagradable, pero no voy a hacerte el honor de discutirla contigo.

Sakura se dio la vuelta. No podía soportar mirarlo. Al menos le quedaba un poco de decencia.

Que se avergonzara de que ella hubiera visto aquella escena... era sorprendente. Era casi como si pretendiera que ella aparentara no enterarse de que aquellas mujeres existían en su vida. Concubinas y una mujer.

Y, sin embargo, nunca había podido odiarlo de verdad por su estilo de vida. Igual que ella era producto de su mundo, Naruto era producto del suyo. Y Datar no era el único sitio del mundo en que se permitían las concubinas. Era un tema que se ignoraba para no ofender a los poderosos de tales países.

—¿Has dormido bien?

Una carcajada seca se escapó de su garganta.

—Tú debes saberlo bien ya que me drogaste.

—Tenías fuertes dolores. No podía soportar verte sufrir. Era sólo una poción somnífera para permitirte descansar.

A Sakura le sacudió una oleada de tristeza. Se sentó en el borde de piedra de la fuente y deslizó los dedos por el agua.

—¿Y cómo contestas al cargo de secuestro?

—No me dejaste otra opción.

Sakura inspiró con fuerza y lo miró apartando la idea de que el traje impecablemente cortado de color gris acentuaba sus anchos hombros, estrechas caderas, largas piernas que le eran tan familiares.

—Ya sabes que no te dejaría hacer una escapada como esa.

—¿Escapada?

—Una evasión.

Sakura se imaginó que las mujeres de su vida se ponían a sus pies cada vez que les sonreía, pero, ¿qué era lo que había atraído a Naruto hacia una mujer de otra cultura como ella? ¿Su espíritu, su independencia? En Datar hasta los hombres admiraban a Naruto Namikase Uzumaki. Un día sería su rey.

—No pretenderás en serio mantenerme prisionera aquí.

—No tiene por qué ser una prisión. Dame tu palabra de que no intentarás escapar y podrás moverte con libertad.

—Eso es algo contradictorio.

Aquellos ojos azulados la tenían inmovilizada y con la garganta seca. ¿Por qué no le estaba gritando? El dolor había superado a la rabia. Y lo que era peor, había aquella parte traidora suya que ansiosamente agradecía cada momento que pasaba a su lado. Y saberlo le llenó de profunda vergüenza.



—Te quiero —le había dicho en francés e inglés dos años atrás—. Eres mía —había susurrado como un gato.

Tentación pecaminosa, dulce y destructiva



—Tú eres un hombre educado —murmuró Sakura con bastante firmeza.

—Sólo por fuera. No intentes halagarme —dijo con repentina aspereza—. Ya conozco tu opinión cerca de mí. Mi padre permitió a cientos de dataris acudir a las universidades británicas y americanas durante las pasadas dos décadas. Y sólo lo hizo porque tenía claro que debíamos ser completamente independientes de los trabajadores extranjeros. Pero a mí no me permitió el mismo privilegio. Soy bien consciente de que leer muchos libros y haber hecho algún curso en alguna universidad no me convierte en un hombre educado... sobre todo ante los ojos de una mujer que tiene un montón de títulos académicos.

En el aire caliente, la tensión palpitó con la fuerza eléctrica de su retadora mirada. El poseía una personalidad poderosa y un temperamento muy volátil y emocional que exhibía sin ningún pudor, pero no había duda de la ferocidad que yacía bajo todo aquello.

Pero sólo en ese momento se enteró ella de la humildad con que se veía a sí mismo a un nivel intelectual y deseó poder echarle las manos al cuello a su obstinado padre, que le había denegado a su hijo lo que había otorgado con libertad a sus súbditos.

—Naruto, nadie que haya visto lo que has conseguido aquí en Datar durante los últimos cinco años podría pensar que no eres un hombre educado.

—Escucho a consejeros de todos los niveles de la sociedad. No toleraré el despotismo y quiero liberalizar nuestra cultura por el bien de mi pueblo... pero sé lo que piensas, aziz. Piensas que cómo puedo hablar de liberalización y raptar a una mujer.

—Soy muy consciente de que raptar a una mujer es un elemento de las culturas tribales, pero...

Una sonrisa brillante surcó su preciosa boca jugosa.

—No es un delito mientras a la mujer se la trate con respeto y honor —interrumpió él con suavidad.

Sakura bajó su cabeza a punto de soltar una carcajada.

Cuando le convenía, Naruto era diabólicamente simple y había utilizado su admisión como una justificación a su conducta.

—Pero naturalmente, el matrimonio debe tener lugar en un corto espacio de tiempo —señaló él con suavidad—. Es lo esperado.

El silencio se prolongó entre ellos.

Naruto dio entonces un paso adelante y se detuvo con un brillo de incredulidad que emparejaba al de ella.

—En el nombre de Ala, aziz... ¿seguramente no pensarías que iba a insultarte ofreciéndote algo menos que el matrimonio? Anoche... ¿fue por eso por lo que te asaltó el pánico? —Entonces se estiró para alcanzar sus manos y tirar de ella para ponerla de pie—. Te he traído aquí para que te conviertas en mi esposa.

«Su segunda esposa» En una tormenta de rabia, Sakura lo miró con absoluta incredulidad y entonces tiró de las manos y se zafó violentamente de él.


Continuará...



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Re: La Prometida del Desierto. Capítulo14.

Mensaje por CerezoIntenso el Vie Mayo 25, 2018 12:55 pm

Capítulo 4.




El pasar bajo el arco más cercano, Sakura se encontró en una sala de recepción. Haciendo un esfuerzo por recuperar el control, cerró los ojos.

«El príncipe Naruto sólo toma a una mujer. Siempre dice que... sólo la única».

La explicación de Omohe del disgusto de Hinata la asaltó de nuevo. Parecía que Naruto estaba dispuesto a romper su promesa con su mujer, y en una sociedad en la que era todopoderoso, ¿qué podría hacer una mujer herida?

Probablemente podría vivir con las diversiones femeninas de su marido, pero se sentiría amenazada y traicionada ante la perspectiva de que otra mujer ocupara su puesto.

Matrimonio... El robo de una mujer era aceptable siempre que se le ofreciera el matrimonio para satisfacer los convencionalismos. Una carcajada estrangulada y vacía de diversión se le escapó de la garganta. Ahora no le extrañaba que la hubieran tratado de forma tan regia en el aeropuerto.

¡Todos menos ella esperaban que el matrimonio sucediera a su llegada!

Un matrimonio polígamo. Las enseñanzas del Corán decían que los musulmanes estaban autorizados a tener hasta cuatro mujeres a la vez. En toda una vida, el número podía ser mucho mayor si lo deseaban, pero divorciándose. Las ex mujeres, por supuesto tenían que ser mantenidas. Una de las razones por las que la poligamia era cada vez menos frecuente en el mundo árabe era por el coste de mantener a numerosas familias. Pero Naruto era fabulosamente rico.

Era extraño que dos años atrás no se le hubiera ocurrido que Naruto podía estar ya casado. La revista no lo había mencionado... pero quizá no estuviera casado entonces. Se llevó las manos temblorosas a la cara fría.

—¿Por qué estás disgustada? —preguntó con ferocidad y frustración Naruto—. Quizá estés avergonzada de haberme juzgado tan mal —sugirió Naruto con rabia—. Este no es el castillo de Barba Azul. ¡No soy ningún asqueroso violador que fuerza a mujeres indefensas! ¿Crees seriamente que mi padre habría consentido que trajera a una mujer inglesa aquí si no pensara casarme con ella? ¿Crees que somos unos salvajes?

Sakura quería soltar una carcajada histérica y abofetearle con dureza para expresar sus emociones a la vez.

—¿Y la princesa Hinata? —susurró con voz estrangulada.

—Hinata tendrá que aprender a adaptarse. Eso no es mi problema —dijo Naruto con desdén agitando una mano de forma imperiosa—. Yo no tengo nada de qué avergonzarme. He esperado dos largos años por ti y ella es bien consciente de esta...

Sakura lo miró con horror.

—Tu compasión es impresionante.

—La compasión no es infinita... ni lo es la tolerancia. ¿Por qué me respondes así? ¡Es incompresible!

—Anoche... —Sakura estaba haciendo un esfuerzo por pensar con claridad mientras se preguntaba por qué le parecía incomprensible su respuesta. Dios bendito, ¿es que creía que una proposición de matrimonio de dos años atrás era suficiente para que ella cambiara su actitud hacia él?

¿Pensaría que iba a arrojarse a sus pies agradecida?

—¿Qué pasó anoche? —preguntó Naruto con emoción.

—Anoche no dejabas de decir que cuando volviera a mi mundo... ¡No estabas pensando en el matrimonio entonces!

Naruto esbozó una sonrisa.

—Estaba dejando claro que si te dejaba libre serías infeliz. Te daré el divorcio, por supuesto, pero sólo después de que des a nuestro matrimonio una oportunidad.

En lo más profundo, Sakura se sintió dolida por encima de la incredulidad y volvió la cabeza.

No se casaría con Naruto bajo ninguna circunstancia.
Incluso aunque no existiera Hinata ni las demás mujeres, reflexionó con pena, le hubiera dicho que no. El matrimonio no era ni sería nunca para ella. Había visto demasiado la miseria del matrimonio, y, aparte de eso, la miseria aún mayor de las uniones entre dos culturas diferentes.
Aun así, le asombraba la idea de que Naruto quisiera casarse con ella. Dos años atrás había querido tener una aventura y ella no habría sido su primer ligue en el campus.
No, bastante lejos de eso. Ella no había conocido a Naruto hasta el segundo trimestre, pero había oído hablar de él.

¡Vaya si había oído!

Su fama le había precedido.

Naruto se había lanzado con entusiasmo a un mundo de mujeres que estaban deseando compartir su cama sin exigirle el menor compromiso. Bendecido por su extraordinario atractivo, su chapurreo encantador del inglés mezclado con el francés, la enorme riqueza y la seguridad de que algún día sería rey, Naruto había sido para todas las estudiantes como un billete de lotería arrojado al aire.

Una especie de histeria colectiva había reinado en su entorno, recordó con dolor.

—Nunca podría casarme contigo —dijo Sakura con tensión.

—No me digas nunca... No lo aceptaré.

—¡Insisto en que llames a un coche para que me lleve al aeropuerto!

—Me niego.

—Estás pensando en mantener las apariencias.

Sakura deseó de repente no entender su cultura tan bien como la entendía. Si ya había informado a su familia de que pensaba casarse con ella y ella le rechazaba, sería una humillación para él.

—Otra vez me estás insultando —Naruto le lanzó una mirada de reproche y apretó los puños—. Lo que hay entre nosotros es mucho más profundo que unas simples apariencias.

Sakura estaba pálida como el papel, pero rígida con la misma fuerza de voluntad que él.

—No hay nada entre nosotros ni nunca lo habrá. En mi opinión mi único atractivo ante tus ojos es el hecho de que exista una sola mujer en el mundo que no quiera tener nada que ver contigo.

—¡Cuando dices esas mentiras tan descaradas pierdo la paciencia contigo! —explotó Naruto con una brusquedad tal que Sakura di un respingo. Entonces acortó la distancia entre ellos de dos largas zancadas—. ¡Esas mentiras son una provocación descarada!

Cuando la atrajo a sus brazos, Sakura se puso rígida por la sorpresa. Sus brillantes ojos azulados la abrasaron hasta los huesos.

—Tú ardes por mí igual que yo por ti.

—¡No!

—Vi tu deseo anoche —Naruto levantó una mano y deslizó sus largos dedos por su pelo—. Cuando te abrazo, tu corazón palpita más rápido que el de una gacela perseguida en el desierto. Y palpita por mí, no por otro hombre. Y, sin embargo, nunca te he tocado —jadeó con un tono ronco de frustración que le produjo cosquilleos por toda la espina dorsal—. Nunca... ¿Cuántos hombres de tu mundo pueden decir eso de una mujer que se mueren por poseer? ¿Cuántos hombres te tratarían con tal respeto incuestionable.

Ahora la estaba frotando el lóbulo de la oreja con el pulgar. Sakura sintió un escalofrío por todo el cuerpo. Unos ojos penetrantes como los de un ave rapaz se clavaron en su cara sonrojada fascinándole con su profundidad. Tembló y sintió un mareo al sentir su aliento tan cerca.

—Naruto, yo...

—Tú confías en que respete las barreras.... ¿por qué? —dijo deslizando el dedo índice por su labio inferior para dibujar su plenitud con un erotismo insoportable—. En el estado en que estoy, tu confianza puede ser desmedida. Quizá haya sido demasiado honorable hasta ahora… Te puse muy fácil al irme de Inglaterra, pero esta vez no te lo pondré tan fácil.

—Deja que me vaya —murmuró Sakura.

Su rigidez se transformó de repente en una temblorosa debilidad mientras aquel dedo experto exploraba su boca temblorosa. Ahora la estaba sacudiendo una oleada de deseo tan fuerte como para desmoronar todas sus defensas.

—¿Es que no te han abrazado otros hombres... o besado? ¿Por qué esperas que yo sea diferente?

Sus senos subían y bajaban agitados y los pezones pujaban contra el encaje de su sujetador. Sintió un ardor sexual entre los muslos que le hizo arquearse como un gato al sol, pero en lo más profundo de su mente había un miedo igualmente animal ante sus propias respuestas

—¡No!

—Pero tus ojos dicen sí... y si me hubiera comportado como un hombre de tu mundo, no me hubieras esquivado hace dos años. Te dejé libre —entonó Naruto con embrujadora intensidad—. ¿Sabes por qué a una mujer soltera no se le permite estar a solas con un hombre en Arabia? Se supone que los hombres pecarán y la mujer es demasiado débil como para resistirse a la tentación, porque está hecha para dar el mayor placer a la existencia de un hombre. Como tú serás mía de corazón, alma y cuerpo porque me lo prometí en Inglaterra, pienso cumplir esa promesa con más dulzura de la que te puedas imaginar.

—¡Quiero irme al aeropuerto!

Naruto se rió con suavidad. Una mano fina se hundió en el hueco de su espalda y la atrajo hacia él mientras bajaba con arrogancia su cabeza rubia.

—La imagen de un avión despegando... el paraíso abriéndose mientras las puertas de tu jardín secreto... es de lo más adecuado. Pero también es cierto que tú eres una mujer extraordinariamente sensual. Lo sentí desde el principio.

Un violento temblor la sacudió mientras su aliento abanicaba su mejilla. Entonces poseyó su boca con un ardiente ansia de posesión que la arrastró con rapidez a un mundo desconocido en el que se sintió perdida. Naruto le abrió los labios con la punta de la lengua y exploró su húmedo y tierno interior que ella abrió instintivamente para él. Con un gemido estrangulado, Sakura se incendió en una creciente oleada de pasión, la excitación salvaje y desbordada la asaltó como una tormenta. Con cada beso febril, esperaba con desesperación que llegara el siguiente apretando el cuerpo ardiente contra el duro calor de él para buscar una proximidad que cada fibra femenina de su ser ansiaba. Alzó las manos hacia sus anchos hombros y las deslizó brevemente por sus duros músculos antes de rodearle el cuello con fuerza y deslizar los dedos por el lujurioso pelo dorado en la base del cuello.

Con un gemido, Naruto se puso rígido de repente y apretó los brazos alrededor de ella para alzarla y besarla sin aliento y con una urgencia tan intensa que elevó el ardor de ella hasta cimas increíbles.

Sakura se pegó a él hundiendo los dedos en su pelo sedoso porque él era la única influencia estable en aquel vértice de violenta pasión. Naruto murmuró algo contra sus labios y
Sakura le besó de nuevo con el ansia salvaje que despertaba en ella.

Entonces él la posó sobre algo suave para echarse a su lado y cuando apretó su largo y poderoso cuerpo contra ella, la oleada de deseo la sacudió con tal fuerza que arqueó las caderas.

Su mano se cerró contra uno de sus senos y Sakura soltó un gemido aturdida por la sensación, estirando instintivamente el cuerpo inflamado hacia su posesiva mano.

Naruto apartó los labios de ella y bajó la vista. Aflojó entonces el abrazo y deslizó un tortuoso dedo por el pezón vergonzosamente inflamado contra la barrera de seda enviando fuego al verdadero centro palpitante de deseo entre sus piernas. Sakura cerró los ojos con una agonía y excitación que la hicieron estremecerse de forma violenta.

—No puedo hacer esto —jadeó Naruto apartándose de forma abrupta y arrastrándola con él para incorporarla de nuevo—. Hacer esto es un deshonor para ti y no quiero arrepentimientos entre nosotros. Vendrás a mí como mi prometida o de ninguna manera.

Sakura no sabía lo que le había pasado. Se sentía como si todo su cuerpo tuviera vida propia y ahora estaba gritando ante la cruel separación.

—Siempre supe que tu deseo igualaría al mío —confesó Naruto con satisfacción—. Ahora debes reconocerlo tú también y agradecer que mi control sea más fuerte que el tuyo... aunque la verdad es que no fue eso lo que refrenó mi ardor… las puertas están entreabiertas.
¿Estar agradecida?

Sakura se sentó y el ardor pasó a la fría realidad. Ella nunca había sufrido un tumulto de emociones como aquellas. Se sentía inundada de vergüenza y odio contra él y contra sí misma.

—Hinata —susurró dolida.

Entonces bajó la cabeza preguntándose cómo un hombre
podría reducirla a tal estado de egoísmo y locura.

—¿Qué tiene ella que ver con nosotros? —preguntó Naruto con salvaje impaciencia—. ¡No vuelvas a nombrarla otra vez!

¿Cómo podría hablar así? Sintió náuseas. Estaba avergonzada de su comportamiento. ¿Cómo podía haberse olvidado de Hinata ni por un momento? Las lágrimas le empañaron los ojos mientras se levantaba.

—¡Debes dejar que me vaya!

—Eres la mujer más obstinada que he conocido en toda mi vida. ¿Por qué no puedes hablar conmigo? Por qué siempre me encuentro con el mismo silencio? ¿Es que tienes tantos prejuicios contra mi raza que ni siquiera escuchas a tu propio corazón?

El cambio hacia la intolerancia racial fue como un puñetazo para ella. Sakura le dirigió una mirada de amargo reproche y salió de allí como alma que lleva el diablo.

Entre estrangulados sollozos se encontró a Omohe en la galería de arriba. Los contuvo con toda la disciplina que pudo y alzó la cabeza ocultando la agonía que amenazaba con desgarrarla.

¿Cómo se había atrevido a llevarla allí? ¿Cómo se atrevía a someterla a semejante situación?

Estaba desenterrando los sentimientos del pasado, una rabia y agitación que ella creía desaparecidas para siempre.

Era su orgullo lo que estaba herido, se dijo a sí misma. Su estúpida e irracional atracción hacia él la hacían estremecerse y que la hubiera obligado a ponerse en contacto con él de nuevo era una mortificación.

Cuando volvió a sus habitaciones palaciegas, se encontró demasiado frenética como para sentarse, sabía que le producía ese desasosiego. Todavía estaba aturdida por su respuesta física y apenas daba crédito a la mujer en que se había convertido en sus brazos. Todo contacto físico la había dejado siempre fría. Incluso cuando había estado obsesionada con Naruto había supuesto que un contacto más cercano con él sería la misma experiencia desagradable que con otros hombres. Pero lo que acababa de experimentar ahora mostraba su vulnerabilidad y estaba disgustada consigo misma.

¿Cómo podía haberle permitido que la tocara de aquella manera? Quizá todo fuera culpa de ella, pensó sombría. Era virgen a los veintisiete años... pero eso no le había preocupado nunca hasta que él había aparecido en su vida.
Nunca se había sentido reprimida hasta que él había despertado aquellos sentimientos tan incómodos dos años atrás.

En dos largos años Naruto no se había olvidado de ella...

¿Por qué?

En Inglaterra, Naruto se había portado con ella como si hubiera seguido una rígida estrategia militar. La había inundado de flores y joyas caras. Un solo par de meses en el campus de la universidad le había bastado para aprender exactamente lo que las occidentales esperaban de un príncipe árabe.

Ella le había devuelto las joyas, pero cuando había demostrado no estar impresionada por su acoso, él no había cejado en el empeño.

Entonces había cambiado de táctica y había empezado a invitarla a conferencias y a la ópera en vez de a discotecas.

Y ella había seguido excusándose sin decirle hasta el final:

—No estoy interesada... No me atraes... No me gustas.

Pero aquella había sido la mentira mayor que había dicho en su vida. Y lo terrible era que Naruto sabía que había estado mintiendo y se había enfadado amargamente con su negativa a reconocer la fiera atracción que existía entre ellos. Por eso era por lo que no la había olvidado.

Se tapó la cara con las manos temblorosas sintiendo una confusión aterradora.



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Re: La Prometida del Desierto. Capítulo14.

Mensaje por CerezoIntenso el Vie Mayo 25, 2018 1:06 pm

Capítulo 5.




La cabeza le estaba dando vueltas ante sus propias incongruencias. De alguna manera, tenía que convencer a Naruto de que la dejara irse, pero estaba segura de que Naruto creía que ella debía sentirse halagada por haber hecho tantos esfuerzos por llevarla hasta Datar, sobre todo cuando sus maniobras iban acompañadas de intenciones honorables.

¿Honorables? Y ella había dañado severamente su ego al rechazarle en Inglaterra. Así que él, con su arrogancia y obstinación le había ofrecido un premio que creía que ninguna mujer en su sano juicio rechazaría. Estaba loco.

Aparte del hecho de que lo odiaba, ¿es que no veía Naruto que los separaba un mar de culturas? ¿Por qué se negaba a entenderlo? Deseaba gritar y arrancarse el pelo a la vez.

Sin previa advertencia, la puerta de la habitación se abrió.

Asombrada, Sakura contempló a la preciosa morena que permanecía en el umbral. Llevaba un fabuloso traje de brocado de color limón de un diseño muy sofisticado. Unos enormes ojos perlados sobresalían encima de los pómulos exóticamente alzados y la boca roja de botón se arqueó en una mueca de rabia

—Yo soy Hinata.

Sakura se quedó paralizada con un tumulto de emociones,
pero el horror fue la mayor de ellas. La esposa de Naruto.

No podría haber abierto la boca ni aunque su vida dependiera de ello. Sólo deseaba que se la tragara la tierra.
Hinata la examinó sin disimular la mirada de odio

—¡El pelo del color de los cerezos! —soltó—. ¡Fea perra inglesa!

Aquella no era la pobre mujer atormentada y llorosa que había visto poco antes, pensó aturdida Sakura. De hecho, ni siquiera quedaba rastro de haber llorado en su preciosa cara. Tenía una expresión de extrema violencia e incontrolable furia que Sakura temió sufrir algún ataque físico.

—Crees que puedes ocupar mi lugar… pero déjame decirte lo que te dará Naruto. Te dará un falso matrimonio, no el auténtico. Muta... eres tan inteligente que deberías saber lo que significa muta. Es un matrimonio concertado para un día, una semana, como máximo un mes o dos y ni siquiera requiere divorcio. Los hombres lo usan para tomar a las mujeres que desean y después dejarlas tiradas.

Sakura sólo tenía una vaga idea de lo que significaba la palabra muta y aun así no le importaba lo que los dataris reconocieran como un matrimonio temporal.

Hasta una aventura de una noche podía ser considerada respetable siempre que se observaran las normas.

—Hinata —empezó Sakura penosamente.

—¡Estás sorprendida! ¡eres tan estúpida! El rey Minato nunca permitiría que su hijo se casara con una mujer occidental bajo otras circunstancias.

—Hinata.. por favor, perdóname por el dolor que te he causado sólo con venir aquí —rogó tensa y avergonzada Sakura—. Y por favor, créeme que no tengo deseos de casarme con tu marido.

—¿Mi qué?

—¡Naruto se niega a permitirme abandonar el palacio!

—¿Se niega a permitirte? —Hinata parecía aturdida—. ¿Tú no quieres estar aquí? ¿No quieres casarte con Naruto? No puedo creerlo.

—¡Pues es la verdad! No quiero tener nada con él. No tenía ni idea de que Naruto pretendía traerme aquí o siquiera que fuera un hombre casado.

—Ah... —Hinata esbozó una sonrisa maliciosa de comprensión—. Es por eso por lo que quieres dejarle.

Sakura se sonrojó violentamente.

—Es sólo una de las razones.

—Si de verdad deseas irte, yo puedo ayudarte con facilidad a salir del palacio. Las mujeres mayores de nuestra familia todavía usan velo cuando salen a la calle. ¿Quién podría saber la que está debajo de un chador?

—Agradecería mucho tu ayuda.

—Lo arreglaré.

La morena abrió la puerta y dirigió unas rápidas palabras a Omohe, que esperaba fuera. La chica se echó a sus pies aterrorizada. Con un aire de maliciosa satisfacción, Hinata salió dejando a Sakura sola.

«Qué perra», no pudo evitar pensar Sakura. Entonces bajó la cabeza preguntándose si tendría derecho a emitir aquellos juicios. Aquel era otro mundo y cuanto antes saliera de allí más feliz sería, se dijo con fiereza.


Sakura estaba echada en un diván ojeando una revista cuando captó un movimiento en un espejo lateral y levantó la cabeza. La sorpresa le quitó el aliento.

—Intenta no gritar —Naruto esbozó una sonrisa de diversión
—. Estas son las dependencias de las mujeres y en honor a tu reputación, yo no debería estar aquí.

—Maldita sea... claro que no deberías. ¿Cómo diablos has entrado?

—Crucé por el tejado y me colé por la terraza.

Ella no había oído ni un solo ruido pero él siempre se había movido con el sigilo de un depredador.

—¡Te podrías haber roto tu estúpido cuello! ¿Qué es lo que quieres?

—Es evidente que debería haber venido por la noche y con bombones —Naruto suspiró con burla—. No tienes ni una sola fibra romántica en todo tu ser, doctora Haruno. Pero podemos solucionar ese asunto juntos. Y he venido aquí porque me cortaste en medio de una seria discusión.

—Creo que he dejado mis sentimientos bastante claros —dijo Sakura temblorosa.

Naruto se metió las manos en los bolsillos y el movimiento destacó sus poderosos músculos.

Sakura se humedeció los labios.

Los vibrantes ojos azulados se deslizaron sobre ella y al captar su aprecio su sensual boca se curvó. Las densas pestañas de oro enmarcaron sus ojos mientras la miraba con evidente diversión.

—Cuando no puedes evitar mirarme con lujuria, ¿cómo voy a aceptar esos sentimientos confusos que tú insistes que has dejado claros?

—Yo no...

—Tú me miras igual que yo te miro a ti. Luz verde y enseguida la luz roja de prohibición. Me enfurece... y en este mismo momento me dan ganas de tirarte en esa cama hasta hacerte gemir de nuevo de exquisita tortura y que me supliques que te satisfaga. Después de la experiencia, dudo seriamente que ofendas mis oídos de nuevo con la mentira de tu falta de interés.

Allí de pie, cautiva por la intensa y oscura pasión de él, Sakura también lo dudaba. Se apartó de él con un violento sonrojo ante la sexualidad desnuda que flotaba entre ellos.

—No niego que... que haya cierta atracción entre nosotros
—se escuchó a sí misma confesar para mantenerle a raya.

—Esto es muy repentino.

—¿Perdona?

—Que por fin admitas la verdad, pero ya no es suficiente —
Sakura se sintió cargada de frustración—. Pero ya no quiero las migajas. Quiero todo lo que tengas para darme y aún más. Tomaré lo que quieres negarme. Te poseeré como nunca te han poseído y después dependerá de ti si no me perdonas nunca. ¡Eso te lo prometo!

Ella había pensado que con eso se conformaría y lo que había conseguido era enfurecerle.

—Pero, ¿qué podemos tener tú y yo en común?

—Eres bastante inocente si no sabes que hay cosas más excitantes entre un hombre y una mujer que la similitud.

—¡No! ¡Ya lo sé todo de ese tipo de excitación! Y no está hecha para mí.

Ella estaba penosamente familiarizada con el tipo de violenta atracción sexual que podía brotar entre personas radicalmente diferentes. Eso había pasado entre sus padres. Su irresponsable y egoísta padre había entrado y salido de su infancia según le había ido bien: cuando había roto otra relación, cuando se quedaba corto de dinero o sin trabajo o simplemente cuando quería las comodidades de un hogar por una temporada. Había sido demasiado listo como para pedir el divorcio. Y su amorosa madre había seguido abriéndole la puerta, perdonando, confiando y manteniendo siempre la esperanza de que esa vez sería diferente y se quedaría.

Una y otra vez Sakura se había visto obligada a hacer que su padre se sintiera como en casa, hacerle feliz, actuar como si fuera una familia permanente en vez de alguien de paso. Sólo con recordar aquel periodo de su vida a Sakura se le encogía el estómago. Se había prometido a sí misma que, al contrario que su madre, encontraría su satisfacción en una carrera. Sería independiente y suficiente. Y nunca sería lo bastante vulnerable como para centrar su vida en un hombre

—¿Quién te enseñó esa lección? —preguntó Naruto.

Volviendo a la realidad, Sakura lo miró sintiendo aquel tumulto enloquecido asaltar todos sus sentidos y lo odió por producirle aquello. Era aterrador sentir que ya no tenía el control de sus propias respuestas.

—Veintisiete años y te comportas como una adolescente confusa... ¿Por qué luchas contra mí de esa manera?

—Porque esta es una atracción imposible... ¿Por qué diablos no puedes aceptarlo? —prácticamente chilló al borde de un ataque de nervios—. ¿Por qué no puedes dejarme en paz? ¿Es que nunca piensas en nadie salvo en ti mismo? ¡Seducirme y meterme en esta pesadilla me parece un sadismo! Me... estás...haciendo daño.

Entonces se detuvo horrorizada de haber revelado la verdad.

Los ojos velados de Naruto eran impenetrables.

—Tú te haces daño a ti misma, aziz. Cuando tengas el calor de admitirlo, quizá tengas también la gracia de agradecer que te haya dado una segunda oportunidad.

—¿Una segunda oportunidad?

Apenas podía creer en sus oídos.

—Lo que todavía tienes que demostrar que mereces. Si no te deseara tanto, hubiera apartado todo pensamiento de ti hace mucho tiempo.

—Odio tus deseos... ¿es que no te das cuenta?

—Lo que yo veo es... miedo.

—¿Miedo?

—Esta vez no tienes escape. Y cuando retrocedas, yo
avanzaré. Estás perdiendo terreno con rapidez.

—¿Es que estás haciendo juegos de guerra esta vez?

—Esto no es ningún juego —Naruto miró a su reloj con irritación—. Tengo que asistir a una reunión

—¡Tienes que dejar que me vaya!

Naruto dio un paso adelante y Sakura retrocedió. Él se rió con genuina diversión y tremendo encanto. Al acercarse, deslizó su larga mano para acariciar su mentón.

—Aventuro que este será un largo y ardiente verano en el que cambiarás de la mujer que eres a la que podrías ser...
Entonces no querrás que te deje ir.

—¡No me toques!

Sakura se apartó temblorosa del alcance de aquella íntima caricia. Se sentía acorralada y amenazada y eso la ponía furiosa.

En respuesta, Naruto enroscó los dedos en uno de sus mechones rizados y bajó la boca hasta alcanzar la de ella.
Casi incoherente de rabia, Sakura intentó esquivarle, pero él la asió con rapidez, la inmovilizó y la besó y ella se sintió invadida del ardor, electrizada por la fuerza de su propia pasión. Él la apretó contra la pared y entrelazó con fuerza las manos con las de ella para besarla sin aliento hasta que sus sentidos se ahogaron ante el placer.

—Cuento las horas hasta que te tenga en mi cama... —confesó Naruto con voz ronca antes de alejarse.

Mareada y aturdida se quedó sola. Cuando abrió los ojos, él ya se había ido. Sakura se deslizó a lo largo de la pared como una marioneta y empezó a temblar devastada por lo que le hacía sentir emocional y físicamente. ¿Qué diablos iba a hacer si Hinata no la ayudaba? ¿Cuánto tardaría en arreglarlo?

Pero Hinata volvió a aparecer a la media hora de haberse ido Naruto. De nuevo la puerta se abrió sin una llamada previa. Hinata estaba ataviada con los voluminosos pliegues del chador, que cubría la silueta femenina de la cabeza a los pies. Desde luego era un disfraz eficaz.

—Date prisa. El coche nos está esperando.

—¿Ahora?

—¿Es que has cambiado de idea?

—¡Por supuesto que no!

Con el corazón desbocado, se puso el chador que era como una tienda de campaña.

—Tápate las manos en los bolsillos —le aleccionó Hinata—. Mantén la cabeza baja y no hables.

No había rastro de Omohe en el pasillo de fuera., A Sakura le costó una enormidad caminar con toda aquella tela encima.

«Cuando vuelva a casa me reiré de todo esto», se prometió a sí misma. Pero sabía que no lo haría... De hecho, en lo único que podía pensar era en que no volvería a ver a Naruto nunca, y eso la ponía furiosa y amargamente enfadada consigo misma.



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Re: La Prometida del Desierto. Capítulo14.

Mensaje por CerezoIntenso el Dom Jun 03, 2018 10:07 am

Capítulo 6.




Hinata condujo a Sakura por un polvoriento patio trasero bordeado por una fila de garajes. Un Range Rover estaba parado con el motor en marcha. Sakura se metió en la parte trasera como un marinero borracho. El coche arrancó y Sakura mantuvo la cabeza gacha.

En media hora llegarían al aeropuerto, pensó mientras apretaba su bolso bajo el chador. Tenía su pasaporte pero no billete de vuelta... Tomaría un pasaje para cualquier sitio con tal que saliera de Datar.



Sakura salió de su ensoñación cuando se dio cuenta de que el conductor estaba tardando mucho más de lo debido. Se inclinó para mirar por la ventanilla y comprobó que estaban cruzando una llanura salada sin ninguna señal de carretera ni nada de tráfico.

Abrió los labios.

¿Dónde...?

Un gemido de dolor se le escapó cuando unas uñas afiladas como cuchillos la arañaron la mano descubierta. Sus ojos tropezaron con los de color perlado de Hinata y tragó saliva.

Se metió la mano en el bolsillo pero sintió la sangre del asalto de Hinata.
***
Pasaron diez minutos más.

Sakura no sabía qué hacer. Por delante de ellos la llanura daba a un ondulado paisaje de dunas.

¿Dónde diablos la estaba llevando Hinata?

Hubo una repentina agitación en la parte delantera del coche y la forma velada de una mujer se asomó desde el suelo, donde había permanecido oculta.

—Dos mujeres han dejado el palacio y dos volverán. Nadie sospechará que te fuiste en mi compañía.

—¿Dónde diablos estamos?

El Range Rover se detuvo a la sombra de una enorme duna. Saltando fuera, el conductor abrió la puerta de Sakura.

—¡Sal!

Hinata la empujó con violencia.

Sakura quedó aturdida cuando perdió el equilibrio y aterrizó en el suelo de cabeza. Se quedó sin aliento pero eso no evitó que oyera la profecía de Hinata de que el sol abrasaría aquella pastosa piel blanca de ella y se le caería el pelo de forma que ningún hombre volvería a quererla nunca.

Sakura sintió una oleada de pánico e intentó quitarse los pliegues del chador.

-¡No puedes dejarme aquí sola!

Cuando el Range Rover retrocedió, casi la tiró al suelo la puerta que Hinata todavía no había cerrado. Cuando se puso allí de pie bajo el sol abrasador, quedó paralizada de incredulidad de que alguien pudiera hacer aquello. Entonces se puso furiosa consigo misma por confiar en una mujer enloquecida de celos y rabia. Echó un vistazo a su reloj y se puso pálida.

¿Cuántas millas habría recorrido el coche en más de una hora?

Y lo que era peor, enseguida oscurecería.

En busca de algún alto para echar un vistazo, empezó a trepar el deslizante muro de arena con determinación. Le costó mucho más de lo que había calculado. Cerca de la cima, se dobló esforzándose por respirar y desbordada por el marco. Cuando por fin consiguió su objetivo, entrecerró los párpados para evitar el salvaje reflejo del sol y creyó estar alucinando al descubrir el contorno de unas tiendas negras a no mucha distancia.

Parpadeó y miró de nuevo. Era un campamento beduino. Y uno bastante grande. No podía creer en aquella milagrosa coincidencia.
***
Un grupo de niños vestidos de brillantes colores fue el primero en divisarla. Corrieron a su encuentro gritando como locos. Las mujeres asomaron las cabezas del interior de las tiendas.

Sakura siguió a los niños hasta que una horda de hombres salió de una tienda enorme y bloquearon su camino con sus caras oscuras mirándola primero con curiosidad y enseguida con absoluta reprobación. La rodearon intercambiando apasionados gritos en árabe y agitando las manos. Su reacción desconcertó a Sakura.

Un hombre pequeño con barba gris ataviado con una túnica azul, se adelantó y clavó los ojos en ella.

—¿Tú eres la prometida del príncipe Naruto?

El pelo pelirosa en Datar era como tener dos cabezas, pensó Sakura.

Omohe no se había equivocado cuando había dicho que todo el mundo conocía su existencia.

Ahora, ¿debería confesar la verdad o hacerse la tonta?

—Yo soy el tío abuelo de Naruto, el jeque Jiraya Namikase Uzumaki.

A Sakura le desapareció la sonrisa de los labios.

Los principios de solidaridad familiar en el mundo árabe eran muy fuertes y, sin duda, el tío de Naruto consideraría una ofensa encontrar a la prometida de él perdida fuera del palacio.

—Me he perdido —murmuró como una estúpida. Pero tenía tanto calor y estaba tan agotada que le pareció que el mundo empezaba a dar vueltas alrededor de ella.

—No volverás a perderte —anunció el jeque sacando un teléfono móvil de la manga—. Mi sobrino tiene el temperamento de una tormenta y es peligroso cuando se enfada.

Una mujer le tiró a Sakura de la manga en ese momento y la escoltó hasta la sombra bienvenida de una tienda. En silencio le llevaron agua para que se lavara y le sirvieron té con una selección de comida deliciosa. Cuando la dejaron sola, se tendió en un otomán cubierto de damasco y apoyó la mejilla contra un cojín de seda, fijándose en los tapices de brillantes colores que cubrían las paredes mientras los párpados se le cerraban con pesadez.
****
Cuando Sakura se despertó por fin después de una noche de agitados sueños, estaba echada bajo una manta que se quitó de encima enseguida. Tenía la piel pegajosa y el pelo revuelto caía a su alrededor como una brillante cortina de fuego. Miró el reloj. Eran sólo las ocho. Alzó los dedos para retirarse el pelo húmedo de la frente y se quedó paralizada.

Ataviado con ropa del desierto, Naruto estaba de pie a pocos metros de distancia con la inmovilidad de una estatua. Sus ojos azulados como el mar contra la piel morena le produjeron el efecto de siempre. Su completo silencio era intimidante. Pero lo más amenazador de todo era la instantánea oleada de placer y alivio que experimentó ella. Aquella respuesta era su peor pesadilla.

Sakura giró la cabeza.

—De acuerdo, he hecho un intento por liberarme y he acabado muy lejos del aeropuerto. ¿Y ahora qué? ¿Vas a enterrarme en la arena y rodearme de escorpiones? ¿O me repudiarás y me devolverás a mi casa? ¿Cuál es el castigo tradicional?

—Según la tradición, debería pegarte.

Sakura se puso pálida como un muerto recordando, de repente el desastroso matrimonio de su tía con un árabe.

La violencia había sido la parte final de la ruptura de aquella unión.

—Esto es una atrocidad, Naruto —murmuro temblorosa.

—Me abandonaste

La condena con la que la miraba era reflejo de la poderosa rabia que estaba haciendo un esfuerzo por controlar.

—Ese es el problema de raptar a una mujer. Las estúpidas criaturas pueden sentir el deseo de recuperar su libertad.

—¿Quieres que pierda la paciencia?

—¿Y por qué no? Toda esta locura es culpa tuya. ¡Desde luego no es culpa mía! ¿Cómo te atreviste a traerme a este país? ¿Y cómo te atreves ahora a intimidarme?

—No alces la voz donde pueda ser escuchada.

La rabia le había puesto pálido.

—Haré lo que me dé la gana. No te pertenezco como si fuera algún tipo de alfombra que puedas pisar cuando te apetezca y no tienes ningún derecho sobre mí.

—¿Que no? —susurró Naruto con suavidad.

—¡Ninguno, así que guárdate tu actitud de macho para tu harén! Tus esperanzas de que me arroje a tus pies son nulas... Antes me cortaría el cuello. ¿Cómo te atreves a hablar de honor cuando ya tienes una esposa? Cuando te llamé primitivo y bárbaro en Inglaterra me quedé corta.

Con la fuerte cara como una máscara, de furia, Naruto se adelantó con tal brusquedad que Sakura retrocedió contra el respaldo del otomán. Una poderosa mano se cerró sobre su hombro y la sacudió adelante y atrás. Sakura sintió una oleada de pánico ante aquella demostración de violencia y se le escaparon vanos gritos antes de que Naruto le tapara la boca obligándola a callar.

Con los ojos esmeralda muy abiertos y oscuros por el miedo, alzó la mirada hacia él.

—Silencio —ordenó Naruto.

Aquella orden era lo que ella había esperado. Con el corazón desbocado, el calor y el peso de su cuerpo, estaba tan inmovilizada como si la hubieran encadenado.

—Mi gente pensará que no sé controlar a mis mujeres —aseguró Naruto con salvaje tranquilidad—. En la cama y fuera de la cama. Nunca he cedido a la vergonzosa violencia ni quiero hacerlo. ¿Lo entiendes o está fuera de tu alcance?

En una niebla de temblorosa inseguridad, Sakura lo miró y quedó atrapada por sus atractivos ojos cargados de rabia.

—Así que, aziz... un grito más y te echaré encima ese cubo de agua para acabar con la histeria. ¿Estoy hablando inglés con suficiente claridad?

Sakura asintió bajo su mano. Entonces la soltó.


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Re: La Prometida del Desierto. Capítulo14.

Mensaje por CerezoIntenso el Dom Jun 03, 2018 10:15 am


Capítulo 7.



Sakura estaba tan aturdida que apenas podía funcionar. Había pasado de la rabia al terror en cuestión de segundos. Y ahora se sentía inundada de vergüenza.

Naruto bajó la vista hacia ella.

—Dijiste... dijiste que yo ya tenía una mujer. ¿Ha sido eso un intento infantil para difamarme?

Ella cerró los ojos con repentina agonía.

—Sé que Hinata es tu mujer.

—Yo nunca he tenido esposa. Me prometieron a los veintidós años, a Hirini, mi prima segunda. Hace cinco años murió en un accidente de coche poco antes de la fecha de la boda. Hirini tenía una hermana más joven llamada Hinata. Ella no es mi esposa. ¿Quieres que traiga a algún testigo para que te confirme la verdad?

Sakura empezó a incorporarse despacio. Estaba intentando recordar lo que le había dicho Omohe y recordó que Hinata sólo había parecido sorprendida cuando ella le había confesado lo que suponía.

—Si te hubieras molestado en conocerme algo, sabrías que yo no creo en la práctica de la poligamia. Ni tampoco mí padre. Una mujer al mismo tiempo es más que suficiente para cualquier hombre. ¡Pero no! —Naruto soltó una carcajada amarga—. Tú eso no lo ves. Tus ciegos prejuicios son una vergüenza y para una mente académica son imperdonables.

Blanca como la nieve y profundamente conmovida, Sakura alzó levemente la mano para dejarla caer de nuevo.

—Naruto, yo...

—En el nombre de Ala, una disculpa sería una ofensa aún mayor. No dudo que todavía tengas la fantástica noción de que mi familia mantiene también concubinas pero nuestras normas de comportamiento sexual son bastante más elevadas que las de tu propia sociedad.

Sakura ya no podía soportar más aquella mirada de condena.

—Después de la muerte de Hirini, a mi padre le enviaron a muchas mujeres jóvenes del país para que yo eligiera una nueva prometida. Mientras estuvieron en palacio, siempre estuvieron debidamente escoltadas. También fueron educadas, vestidas y mantenidas a expensas de mi familia... una de las razones por las que las chicas eran ofrecidas por sus padres. Hasta que se empezaron a compartir los beneficios de petróleo, a muchos de ellos le resultaba imposible arreglar matrimonios adecuados para sus hijas.
Mis parientes se casaron con algunas de ellas.

—¿Y cómo podía yo saber eso?

—No has querido saberlo —la condenó Naruto—. Preferiste creer en las extravagantes noticias de la prensa. Aquel artículo fue una gran ofensa para mi familia y para las familias de las jóvenes. Está por debajo de nuestra dignidad desmentir una falacia de esa altura.

De repente, Sakura, que siempre se había enorgullecido de su apertura de mente, quedó aturdida por los prejuicios que le habían hecho creer sin dudar en la noticia... simplemente porque le convenía mantener las barreras con él lo más fuerte posibles.

—No sé que decirte —murmuró trémula.

Naruto no estaba casado.

Nunca había estado casado.

No había tenido a otra mujer en su vida.

El cerebro le estaba funcionando con cortas sacudidas eléctricas desmoronando las barreras tras las que se había escondido durante dos años. Sin aquella protección se sentía débil y desvalida. Ya podía sentir una oleada de alivio.

Naruto estaba libre y eso le asustaba a muerte.

—¿Cómo te has hecho daño?

Sakura alzó los párpados con sorpresa y sin ninguna advertencia, Naruto le alzó la mano. Los feos arañazos que le había hecho Hinata destacaban contra su piel blanca. Le temblaron los dedos bajo su roce. Bajó la vista hacia Naruto observando sus pestañas de color dorado acariciando casi sus pómulos. Cuando quería, sabía ser increíblemente delicado.

Tragó saliva, echó la cabeza hacia atrás y sintió una punzada de culpabilidad como una cuchilla en el cuello.

«¿De verdad creías que iba a pegarte?»; se preguntó.

—Te lo hizo Hinata, ¿verdad?

—No importa —contestó ella con la voz quebrada.

—Amenazó a la familia de Omohe, pero ésta tuvo la fuerza de ánimo de venir a verme. Pero cuando consiguió llegar hasta mí había pasado una hora. Yo estaba con mi padre. Hay que curar esos arañazos para evitar que se infecten. Deberían haberlo hecho anoche —murmuró Naruto frunciendo el ceño, le soltó los dedos, y se incorporó.

Sakura no podía soportar que se alejara de ella pero pudo sentir la distancia en él como una fría barrerá de hielo. Y no le culpaba. Por su hostilidad. Luz verde y después luz roja.
Sintió un violento sonrojo y recordó que le había dicho que si la dejaba irse se arrepentiría el resto de su vida. También recordó lo furiosa que se había sentido cuando él había dicho que le había dado la segunda oportunidad.

Algunas verdades herían mucho el orgullo, reconoció con pena.

La realidad era que no había tenido el valor de derribar la barrera de su inseguridad.

Había tenido miedo del poder de aquella atracción, miedo de salir dañada. Y ninguno de los dos miedos era razonable.

Después de todo, no había perspectivas de futuro con Naruto. Hablar de matrimonio era una locura.

Por supuesto que había hablado de un matrimonio auténtico, pero...

Lo que menos entendía era cómo manejar sus emociones.
¿Por qué diablos no habría tenido una aventura con él en Inglaterra? Quizá entonces se le hubiera quitado el capricho y se hubiera curado, reflexionó con resentimiento. En muy poco tiempo hubiera comprendido que no tenían absolutamente nada en común y el encaprichamiento hubiera languidecido de manera natural. No hubiera habido complicaciones ni agonías, ni un pasado que la acostara por las noches con amargura y arrepentimiento.

—Creo que necesitamos hablar —murmuró con inseguridad.

—Yo siempre estoy dispuesto a hablar.

Naruto casi esbozó una sonrisa. Sakura tragó saliva, tan aturdida por su conflicto emocional que no estaba segura siquiera si debería hablar con él.

—Tengo... una sugerencia que hacer.

—¿Se refiere a tu partida?

—Sí... bueno, es evidente que sería sensato que me volviera a casa. Pero eso... bueno, eso no quiere decir que... —le ardía la piel—, que no quede abierta la posibilidad de... bueno... no aquí en Datar, por supuesto pero tú no tienes por qué estar aquí todo el tiempo.

Naruto la miró con fascinación.

—Me tienes confundido.

No era él el único. ¿Cómo era posible que le estuviera sugiriendo una aventura? Sonaba tan descarado, pero por otra parte, era una idea mucho más realista que la de un matrimonio de cualquier tipo, se recordó a sí misma.

—Me atraes —comenzó avergonzada—. Estoy dispuesta a admitir que no me he portado de manera muy razonable... en esta situación. Si hubiéramos tenido alguna relación dos años atrás... aunque eso también fue culpa mía.... pero si lo hubiéramos hecho hubiese sido lo más sensato.

—Respecto al problema de esta atracción... perdona, de esta situación....

Aliviada de que siguiera su razonamiento, Sakura prosiguió:

—Por lo tanto, el matrimonio como solución a la situación sería ridículo y excesivo.

—Así te imagino hablando en una conferencia.

El silencio se alargó.

Sakura asintió llamaradas de rabia, pero decidió ignorar su comentario.

—Y además, los dos somos adultos.

—Eso no es un asunto de opiniones.

—Bueno, ¿quieres dejar de interrumpirme? —explotó Sakura con frustración—. Sólo estoy intentando señalar que mientras no esté preparada para casarme contigo, deseo... bueno... abrir la posibilidad de...

—¿De explorar la situación en mi cama?

—Si lo quieres poner de esa manera... pero yo estaba pensando en términos de...

—¿De una aventura cerebral?

—Bueno... —Sakura bajó la cabeza con la boca seca por el nerviosismo. Parecía que quería ponérselo difícil—. Ocurra lo que ocurra... yo no tengo una bola de cristal para...

—Si te hubieran regalado una, hubieras mantenido la boca cerrada hace cinco minutos, pero gracias por tu sinceridad. Espero que tú también agradezcas la mía. Mis términos son el matrimonio. O eso o para mí estarás muerta. Y nunca volveré a posar los ojos en ti en el resto de mi vida.

Sakura se quedó con la boca abierta.

—No puedes hablar en serio.

—Nunca he hablado más en serio en toda mi vida —juró

Naruto con salvaje rabia.

Sakura estaba incrédula y furiosa. Había perdido su orgullo y respeto por sí misma. Le había ofrecido una relación que hasta el momento nunca le había planteado con ningún hombre. Eso le había costado mucho valor.

—¡Pues por mí si no quieres volver a verme, mejor!

Los salvajes ojos azulados se posaron en ella.

Extendió las manos con un aire de absoluta finalidad.

—Inhallah. Entonces te doy la libertad que dices que quieres. Puedes irte. Hay un helicóptero ahí mismo. Te llevará al aeropuerto. Y dentro de dos horas sale un avión para Londres.

Devastada, Sakura lo miró con la boca abierta.

—Tienes media hora para tomar la decisión.

—¡No necesito media hora! —sus ojos eran dos esmeraldas contra el sonrosado de sus mejillas—. ¡Con cinco minutos me sobraría!

Naruto le dirigió una mirada afilada con todos los músculos de su cuerpo tensos.

—Esa es tu decisión, aziz... pero quiero que estés segura de que si te quedas, serás mi esposa antes de terminar la tarde.

—Eso es como hacerme volar sin motores. ¡Tienes que estar loco!

—Ya veremos lo loco que estoy. Lo veremos los dos.

Lanzó un ruido como una amenaza escrita con sangre, giró con brusquedad y salió de la tienda.




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Re: La Prometida del Desierto. Capítulo14.

Mensaje por CerezoIntenso el Miér Jun 13, 2018 12:34 am

Capítulo 8.






Nada como escoger las palabras mágicas para acelerar la partida... «Serás mi esposa antes de terminar la tarde».

¡Ja!, pensó Sakura.

Naruto estaba definitivamente loco. Sabía que se metería en aquel helicóptero con tal rapidez que dejaría un remolino a sus espaldas. Liberación... escape... libertad. Naruto había decidido forzar el asunto, pero había cometido un gran error de cálculo, pensó con maliciosa satisfacción. Su pequeña aventura en el Medio Oriente había llegado a su fin y lo agradecía.

Su atención se fijó en la maleta que no había vuelto a ver desde el aeropuerto. Parpadeó al interpretar el mensaje.

Naruto la había llevado con él. Así que, en otras palabras, había llegado preparado para aquella decisión. Pero antes le había permitido ponerse en ridículo.

Con los dientes apretados, Sakura se puso en frenética actividad. Sacó las llaves y abrió la maleta.

No pensaba aparecer en el aeropuerto con babuchas y aquel chador. ¿Cómo no se había fijado antes en la maleta?

Se tomó su tiempo en vestirse con un par de pantalones frescos de algodón y una voluminosa camiseta. Después se peinó y echó un vistazo a su reloj. Habían pasado quince minutos. Salió de la tienda, apartó las ornamentadas cortinas y miró afuera. Los deslumbrantes rayos del sol se reflejaban en la carcasa plateada del helicóptero aparcado en el centro del campamento. Sintió una oleada de transpiración y levantó la maleta.

«Nunca volverás a verlo».

Eso podía soportarlo... por supuesto que podía. ¿No había pasado veintisiete años sin depender de ningún hombre?
Apretó los dientes y se pasó una mano con furia por el pelo.

Maldito fuera... Ella era más fuerte que eso. Iba a hacer lo más sensato por muy duro que fuera.

Toda su vida había sido prudente, práctica y realista. No se había permitido ninguna tonta fantasía romántica... bueno, sólo una. Él. Y desde que había desaparecido dos años atrás, siempre aquella sensación de pérdida, soledad y separación... Lo había odiado por tener aquel poder sobre ella y ahora lo odiaba diez veces más mientras luchaba contra un deseo tan atemorizante e irracional como el desconocido sentido de completa impotencia que le paralizó el paso.

Nunca es demasiado tiempo...

¿Qué diferencia había entre una aventura y un matrimonio temporal?, le susurraba una insidiosa vocecita. Asustada por aquella idea, Sakura se llevó las manos a la cara ardiente.
Todo su ser se revolvía contra que la obligaran a una postura que ella no hubiera elegido libremente.

¿Pero que libre elección había en no volver a verlo nunca?

Naruto mantendría su promesa.

Desbordada por la tormenta emocional dentro de ella, se sentó en la maleta. La palabra «nunca» se erigía como un muro gigantesco entre ella y la libertad que anhelaba.

Las palas del rotor arrancaron con un ruidoso giro y las paredes de las tiendas se ondularon.

Sakura, que se enorgullecía de no llorar nunca, se sorprendió a sí misma al romper en un torrente de lágrimas lujuriosas. Se despreció a sí misma y lo odió a él. En menos de cuarenta y ocho horas la había desgarrado. La había acorralado y le había puesto una trampa que ella no había reconocido hasta ser demasiado tarde. Nunca se lo perdonaría.

—¿Va algo mal, sitt?

—¡Todo! —gimió con pasión Sakura antes de fijarse en quién le había hecho la pregunta.

—El príncipe Naruto estaba muy enfadado. Estaba muy preocupado por tu seguridad. Pero el día grande su rabia se desvanecerá.

La mirada borrosa de Sakura se clavó en la cara de simpatía de Omohe mientras la chica le alcanzaba la mano izquierda y miraba con ansiedad los arañazos. Sakura soltó un sollozo mientras Omohe le metía la mano en un cuenco de agua caliente con olor a antiséptico. Le escoció a morir.

—Me he enterado de que Hinata amenazó a tu familia.

—Pero ya no tengo por qué temer su amenaza —Omohe sonrió—. Ahora mi familia vive bajo la protección del príncipe Naruto. Le dará un nuevo empleo a mi padre.

—Me alegro.

—Y me alegro de que nuestro príncipe no se case con la princesa Hinata —reveló Omohe en un arrebato de confianza
—. Es lo que el rey deseaba, pero los que la conocen bien no la quieren.

Así que Hinata tenía el sello oficial de la aprobación real. No le extrañaba que la morena hubiera sido tan amargamente hostil con ella.

—Lo que viste en el patio era... no la compadezcas —Omohe pareció sorprendentemente cínica—. Montó toda esa escena para avergonzar al príncipe y que te echara. Pero es una equivocación para una mujer avergonzar a un hombre de esa manera. ¡Si se entera su padre, será ella a la que echen!

Omohe aplicó un emplasto a las heridas y después se levantó y dio una palmada con sus pequeñas manos. Al instante aparecieron sus acostumbrados ayudantes cargados con varios artículos. Desde fuera de la tienda se elevó un murmullo animado de charlas. Estaban clavando estacas de hierro y encendiendo incienso. El fuerte perfume inundó el aire. Por delante de Sakura llevaron una bañera de aluminio que posaron tras una cortina en el otro extremo de la tienda. Entonces empezaron a llegar cubos de agua caliente.

Sakura lo observó todo con asombro hasta que Omohe la llevó detrás de la cortina. La pequeña doncella se tapó los ojos.

—No es para mirar, sitt... sólo para ayudar.

Sakura soltó una carcajada y la tensión se evaporó de repente.

¿Y por qué no?

El sentido común le decía, que Naruto no pretendería cumplir su amenaza de obligarla a casarse con él. Era demasiado ridículo. Sólo lo había dicho porque estaba furioso. Más tarde, ella apelaría a su sentido común procurando no ofender su orgullo. Había sido una amenaza bastante melodramática... pero muy al estilo árabe y al del mismo Naruto.

Podría aceptar su hospitalidad durante unos días más y ver como se sentía entonces.

¡Desde luego, no había motivos para salir disparada como una virgen victoriana amenazada de violación!

Eso sería una repetición de la cobardía que había manifestado en Londres.

¿Por qué no permitirse conocer a Naruto un poco más ya que había llegado tan lejos? Y mientras tanto, podría empezar a investigar...

Se deslizó en el agua caliente y perfumada aceptando con timidez la ayuda de Omohe que le mojó y enjabonó la cabeza con mimo…

Envuelta en toallas, salió de nuevo y se sentó mientras le peinaban y pintaban las uñas.

¿Para qué todo aquel ajetreo?, se preguntó.

—Pareces cansada, sitt. Échate un rato y descansa —la apremió Omohe—. La fiesta durará horas.

¿La fiesta?

O sea que alguien daba una fiesta. Sakura sonrió y se acostó. Podía escuchar el helicóptero.

***

Cuando abrió los ojos de nuevo, seguía oyendo el helicóptero.

¿O era más de uno?

Le sorprendió comprobar que había dormido durante horas, pero no era de extrañar, pues la noche anterior apenas había conseguido conciliar el sueño.

Omohe extendió ante ella un brillante caftan cuajado de bordados de oro. Era realmente exquisito. La seda se agitaba alrededor de su cuerpo con una sensación maravillosa y sensual. La enrollaron un turbante de chiflón dorado alrededor de la cabeza.

—Estás preciosa, sitt —suspiró Omohe con admiración—. ¿Vienes ahora?

Sakura la siguió al aire ardiente del exterior. Sólo tuvo que caminar unos metros para entrar en otra tienda del tamaño de un circo. Estaba atestada de mujeres de mediana edad ricamente ataviadas. Una a una se acercaron a ella y le dieron un beso en cada mejilla. Eran terriblemente amistosas pero no hablaban inglés y Sakura se sintió bastante frustrada porque le hubiera encantado hacerles preguntas. Un enorme banquete estaba extendido en una mesa blanca del centro.

La comida duró una eternidad, pero no le aburrió. Sucedían tantas cosas a su alrededor que estaba fascinada y cuando retiraron los restos del banquete empezó la danza bajo los acordes de la música árabe que sonaba por unos altavoces.

El ambiente era muy ruidoso, pero todo el mundo se lo estaba pasando muy bien sobre todo cuando la bailarina del vientre tomó la pista y empezó a ondularse como una serpiente.

—Por favor, sígueme, sitt —dijo Omohe apareciendo de repente a su lado—. Es la hora.

Cuando Sakura se levantó, la música se detuvo.

¿La hora de qué?

Empezó a escuchar gritos de «Lullah... lullah» y supuso que era algún tipo de despedida. Agitó una mano y sonrió antes de alejarse con Omohe al fondo de la tienda donde unos cortinajes la dividían en dos.

Naruto estaba allí de pie rodeado de otros hombres mayores. Estaba tan magnífico y atractivo con la túnica blanca y el turbante azul oscuro todo rematado en oro que se le secó la boca.

Un viejo con barba estaba hablando y todo el mundo le escuchaba con solemnidad.

Cuando el orador se movió hacia adelante estiró la mano para tomar la de Sakura y le rodeó la muñeca con un pañuelo, ésta quedó asombrada. Entonces ató el otro extremo del pañuelo a la muñeca de Naruto y empezó a hablar

¿Qué diablos estaba pasando?

Cuando le soltaron de nuevo la muñeca, comprendió todo. El viejo debía ser un imán o clérigo. A menos que estuviera muy equivocada... Pero tenía que estar equivocada.

Dirigió una mirada de incredulidad a Naruto. Este frunció el ceño al notar su palidez.

Sakura miró entonces a la multitud de severos hombres a su alrededor y se mordió el labio hasta sentir el sabor de la sangre. Sintió un mareo y la cabeza flotando. Dios bendito, a menos que el calor la estuviera haciendo alucinar, acababa de tomar parte en la ceremonia de una boda en el papel de...

¿Prometida?

Ella, Sakura Haruno acababa de tomar parte en una ceremonia a la que no había consentido. No podía ser legal cuando ella no había entendido una sola palabra de lo ocurría a su alrededor. Los otros hombres ya estaban saliendo.

—¿Qué es lo que te pasa? —murmuro Naruto.

Ella apretó los puños.

—Debería encerrarte —le dijo con voz temblorosa y extraña
—. Yo no he consentido en casarme contigo.

Naruto se puso escarlata de furia.

—Pero yo te dije que nos casaríamos si te quedabas.

—¿Y dije yo que aceptaba?

—Te has quedado... ¡He supuesto que eso era una aceptación! Pensé que por fin habías recuperado el sentido.

—Hay una gran diferencia entre quedarse y casarse —Sakura se llevó las manos sudorosas a la cara ardiente—. Cualquier tipo de matrimonio. Lo has hecho a propósito, ¿verdad? Sabías que yo creía que no lo decías en serio y te has aprovechado de mi ignorancia para...

Sin ninguna advertencia, Naruto le apretó el hombro.

—Párate. Este no es el lugar adecuado para una disputa... De hecho, ¿cuál es el sitio adecuado para ninguna disputa?
Ahora eres mi mujer.

Su mujer.

El estómago le dio un vuelco.

¿Su mujer?

—No me avergüences delante de mi familia —le advirtió Naruto con los ojos brillantes de fiereza—. Porque no te lo perdonaré nunca, ni ellos tampoco. Esta es una ceremonia muy seria. ¿Dónde está tu respeto?

Ella se puso mortalmente pálida.

—Pero yo no sabía... No me había dado cuenta...

—¿No te lo dije yo?

—Bueno... sí, pero no te creí.

—Pues créeme ahora.

—¡No quiero!

Las piernas le temblaron y el aturdimiento no remitía sino que cada vez era más profundo.

—Entonces, ¿por qué te quedaste? ¿Por qué no te fuiste al aeropuerto?

—No pensaba que hablaras en serio... no hoy, ni aquí. No en una ceremonia como esa.

¡Oh Dios! ¿Por qué había estado tan ciega?

—¿Qué tiene de malo?

—Nada... pero pensé que...que pretendías algún tipo de contrato...

—¿Algún contrato?

—Hinata me dijo...

—¿Qué te dijo Hinata?

—Bueno, que no pensabas en una boda de verdad sino en un acuerdo temporal. Y me contó los de esa práctica llamada muta.

—Muta —susurró Naruto—. En Datar no son legales esos arreglos porque dan lugar a muchos abusos. Nuestras reglas para el matrimonio están fijadas por ley y son iguales que en tu país.

-¡Oh!

—¿Si te hubiera contado que yo era un asesino en serie, también te lo hubieras tragado? —Naruto soltó una carcajada de desdén—. Siento decepcionarte, pero estamos casados de verdad y ahora tendrás que darme una respuesta satisfactoria de por qué dejaste que el helicóptero se fuera sin ti.

Sakura tenía la mente completamente en blanco.

—¿Por qué?

—¡Creí que había sido un acceso de locura temporal!

Las fuertes facciones de él se hicieron impenetrables.
Entonces, ante el murmullo de voces que venía de fuera de la tienda, torció los labios.

—Y aún te sentirás más casada para cuando termine el día —predijo al separarse de ella.

—¿Y qué se supone que quiere decir eso? —preguntó Sakura temblorosa—. Yo...

Se interrumpió cuando entró un hombre con un collarín clerical disculpándose por su tardanza y seguido de un hombre y una mujer elegantemente vestidos.

—¿Puedo presentarte al reverendo Hirusen, capellán del Hospital Real? —dijo Naruto sin ninguna expresión en el rostro—. Mi hermana Natsy y su marido, Gaara, que han aceptado generosamente ser nuestros testigos.

Clavada como si estuviera enraizada a la tierra, Sakura se encontró estrechando la mano del ministro, del cuñado de Naruto y recibiendo un abrazo de la sonriente mujer.

—La culpa de la tardanza es mía y de Gaara —le dijo Natsy a Sakura—. Deberíamos haber llegado por la mañana, pero como siempre pasa en el mundo médico, los mejores planes se estropean ante una urgencia. Ya sé que, Naruto quería que la ceremonia fuera al contrario y se supone que yo debía estar aquí para hacer a Sakura sentirse como en casa... Me temo que Omohe no sea una intérprete muy aceptable ante los ojos de la vieja generación. Son todas unas snobs.

Gaara se adelantó y apoyó una mano en la espalda de su mujer.

—¿No crees que deberías dejar la palabra al señor Hirusen?
—murmuró con un bufido—. Ya aprenderás, Sakura, que mi mujer casi nunca se detiene a tomar aliento cuando empieza a hablar.

Sakura esbozó una sonrisa tensa.

Naruto había pretendido que la ceremonia en inglés tuviera lugar antes que la árabe y si eso hubiera pasado, ella hubiera sabido lo que estaba pasando y hubiera podido impedirlo... Pero, ¿lo hubiera hecho? ¿Hubiera tenido el valor de anularlo en presencia de su familia?, Dios santo, hubiera causado un tumulto, por no mencionar la humillación de inmensas proporciones para Naruto... No, no creía haber tenido el valor de hacerle aquello.

—¿Podemos proceder? —apremió animoso el reverendo.

***

—Soy ginecólogo. No me quedaba realmente mucha elección. Los hombres de Datar son muy machos, pero correrían como alma que lleva el diablo si tuvieran que enfrentarse con una mujer médico. Pero cuando comprenden que hay una doctora para las necesidades más íntimas de su mujer, aceptan encantados de que practiquemos la profesión. Estoy muy contenta de que formes parte de nuestra familia, Sakura —dijo con una sonrisa sincera—. Y siento haberte hecho esperar tanto.

—Es hora de que nos vayamos —interrumpió de forma abrupta Naruto.

—¿Por qué te has ataviado de príncipe coronado? —preguntó Natsy con un repentino fruncimiento de ceño.

—¡Natsy!

Gaara estaba sonrojado consciente de la falta de ambiente festivo.

La hermana de Naruto dirigió a Sakura una mirada insegura e interrogante sin ocultar su preocupación. Sakura se sonrojó de incomodidad.

—Nos veremos pronto. Espero que seáis nuestros primeros visitantes —susurró Naruto en voz muy baja.

Apenas había puesto un pie fuera de la tienda cuando
Sakura escuchó murmurar en árabe a la hermana de Naruto.

—¿Qué está diciendo? —preguntó con impotencia.

—Perdona si prefiero no traducir.

Naruto se dirigió al helicóptero dejando que, Sakura obedeciera su imperioso gesto de que te siguiera.

Tras ellos, la música empezó de nuevo y las celebraciones siguieron.

—¿Naruto?

Con la tensión asomando por todas las líneas de su cuerpo, Naruto se detuvo hasta que ella le alcanzo jadeante.

—¿Quieres saber lo que sucederá ahora? Es muy sencillo. Al final del verano me divorciaré de ti. Te irás a casa. Yo tomaré a otra mujer y dejaré este estúpido error a mis espaldas.

—¿Tomarás a otra mujer?

Sakura se quedó mirando al espacio donde había estado Naruto. Él ya se estaba deslizando en el asiento al lado del piloto. Sakura subió mucho más despacio al asiento de atrás, donde pronto se le unió Omohe.

Las palas del motor empezaron a girar con un rugido impidiendo que la conversación continuara.



Continuará...
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Re: La Prometida del Desierto. Capítulo14.

Mensaje por CerezoIntenso el Miér Jun 13, 2018 12:41 am

Capítulo 9.





Sakura estaba alucinada. En un minuto Naruto le decía que estaban casados de verdad y al siguiente que su matrimonio no significaba nada. En otras palabras, que el matrimonio había sido para él la forma de meterla en su cama en sus propios términos. Evidentemente ella iba a ser la última aventura de Naruto antes de que decidiera casarse con alguien aceptable y conveniente como Hinata, que contaba con la aprobación de su padre.

Suponía que ahora se dirigirían a palacio... Bueno, pues que no pensara que podría encerrarla en un harén hasta el final del verano.

El viaje en helicóptero fue corto.

Sakura bajó con su preciosa cara como el mármol blanco.
Sólo entonces comprendió que no estaba donde había esperado. Estaba rodeada de preciosas terrazas ajardinadas desconocidas. Los tamarindos y las palmeras se elevaban sobre las injuriosas franjas de césped y una profusión de flores tropicales.

—Esto no es el palacio...

Se dio la vuelta pero Naruto todavía estaba de pie bajo la sombra del helicóptero. Estaba hablando por un teléfono móvil con expresión muy dura. No, parecía estar teniendo una conversación agradable.

Contestó Omohe por él.

—El palacio del rey está muy cerca de aquí, mi señora. El palacio es ahora la residencia del príncipe Naruto. Lo era cuando vivía su madre, que murió poco después de nacer el príncipe. El rey cerró este sitio y se llevó al niño al antiguo palacio. Fue una pena, porque este sitio es muy bonito, ¿no?

—No... quiero decir, sí.

Así que Naruto se había criado sin madre.

Sakura sintió una oleada de compasión.

¿Qué le pasaba?, se preguntó enfadada subiendo unos escalones y atravesando una entrada labrada en piedra que daba a un maravilloso patio de mármol rodeado de un claustro de arcos.

Todas las paredes estaban cubiertas de brillantes mosaicos. El agua jugueteaba con suavidad en la fuente central sobre un gran estanque. Por detrás, otra arcada les condujo a un magnífico recibidor tan grande como una autopista.

Una vez en el recibidor, Sakura fue conducida por la puerta más cercana a una gran sala y se sorprendió de verse rodeada de mobiliario imperial inglés.

—El príncipe dice que esto es una sala de dibujo. Tenemos muchas salas de dibujo aquí.

—Maravilloso —murmuró con debilidad.

Después volvieron al amplio recibidor para entrar a una sala de recepción de estilo árabe. La misma imagen continuaba a todo lo largo del recibidor, a un lado todo era de estilo occidental y al otro el mobiliario árabe más sencillo.

Era peculiar, reflexionó al salir otra vez al pasillo. ¿Habrían creado la parte occidental para los invitados del oeste?

El sonido de unos pasos le hizo girar la cabeza mientras contemplaba la fuente del patio.

Naruto estaba a varios metros y, de repente, sus ojos azules se posaron en ella fríamente defensivos, como retando a la pelea. Y lo que le alteró fue que sabía exactamente lo que él estaba sintiendo antes de que abriera sus labios preciosamente formados.

—Ahora dime por qué no me dejaste cuando tuviste la oportunidad —pidió Naruto.

Sakura apretó los dientes.

—Ahora mismo eso no tiene importancia.

—Te advierto que ahora que eres mi mujer, seré menos tolerante con tus evasiones.

Una repentina oleada de resentimiento la asaltó. Su mujer...

El temperamento se le inflamó y aún le irritó más el tono que había usado, como el de alguien regañando a un niño travieso.

—Desde luego, eres de lo más típico, Naruto.

—¡Explícate!

Sakura esbozó una sonrisa sarcástica al pensar en la rapidez con que el amante marido de su tía había cambiado en cuanto se habían casado.

—Sé muy bien que vosotros, los hombres árabes, olvidáis todo el encanto y persuasión en el minuto en que ponéis el anillo de casada en el dedo de una mujer. Entonces os sentís seguros. Os sentís libres para volver a ser vosotros mismos, jefes de vuestras casas y de todo lo que contiene... y la antes deseada y cortejada prometida se convierte en una posesión más para ser usada y abusar de ella según vuestro humor. Bueno, pues antes de que te dejes arrastrar por la sensación de ser todopoderoso, te aseguro que el anillo que llevo en el dedo, no significa nada para mí.

Naruto la miró y Sakura se sintió en el ojo del huracán. Todos los rasgos de su cara estaban inmóviles. Sólo su silencio era ya una forma de intimidación. Sakura sintió un temperamento mucho más fuerte que el de ella misma y, en un arrebato, se quitó el anillo del dedo y lo tiró al estanque.

Se hundió con un leve chapoteo.

El cargado silencio empezó a pesar como una losa.

—¡Ese anillo es el símbolo de una, farsa! —dijo Sakura furiosa por sonar tan a la defensiva.

Naruto estaba rígido y muy pálido. La miró con unos ojos azules como el mar en una noche tormentosa.

—Tus modales son sorprendentes y tienes peor carácter que un niño malcriado. Lo descargas ciegamente sin preocuparse de lo que insultas. Sospecho que eso proviene de toda una vida de no recibir consejo más que de ti misma, pero eres muy ingenua si crees que permitiré tales demostraciones. Recupera ese anillo.

Violentamente sonrojada y ultrajada por su reprimenda, Sakura le devolvió una mirada de rabia con la respiración acelerada. Estaba tan furiosa que deseaba darle una bofetada.

—Sin él no entrarás en mi casa —informó Naruto sombrío.

—¡Bien! ¡Para empezar, yo no quería ese estúpido anillo!

—No... tú querías que te tratara como a una prostituta... pero eso todavía se puede arreglar.

—¿Perdona?

—Con cada palabra ofensiva y con cada arrebato, haces que mi respeto por ti disminuya. Te miro y me pregunto: ¿Es esta la mujer por la que he ofendido a mi honorable padre? Lo que debería haber sido un día de júbilo ha acabado en un valle de lágrimas, y ya no me queda más paciencia. Recupera ese anillo o pasarás la noche aquí fuera... Sin él no te reconoceré como mi esposa.

—¿Y crees que me importa? -explotó Sakura temblorosa con los puños apretados.

—Creo que deberías aprender lo que es ser tratada como una posesión para usar y abusar según mi humor. Sólo entonces quizá aprecies que nunca te he tratado como a un ser inferior... hasta ahora.

Si pensaba por un solo instante que iba a empaparse en aquel estanque, ya podía cambiar de idea.

Se quedó de pie rígida como una estatua. Pudo ver a dos guardias de pie justo a la puerta de palacio; su presencia era normal cuando Naruto estaba dentro, pero aun así, la rabia la sacudió al verlos.

Ahora tenía audiencia.

Apretó los dientes. O sea que Naruto pensaba que iba a enseñarle una lección, ¿verdad? ¿Cómo se atrevía él a calificar sus modales? ¿Le había preguntado a ella antes de engañarla y llevarla a Datar para casarla dos veces?

El sol caía sobre su cabeza descubierta. Se metió entre las sombras y cayó de rodillas, lo que fue muy desagradable con el frío suelo de mármol.

Lo odiaba... lo odiaba con toda su alma.

***

Pasó una hora horriblemente lenta.

¿Dónde estaba la mujer tan inteligente que no había subido al helicóptero? ¿Dónde estaba la que había creído que podía razonar con Naruto y controlarle?

Se levantó de nuevo, rígida como una tabla y unas lágrimas de furiosa frustración le empañaron los ojos.

Naruto era la única persona que conseguía hacerle perder los nervios de aquella manera.

¡Oh, al infierno con todo!

No pensaba pasarse allí la noche congelada y muerta de hambre por un estúpido orgullo. Era posible que se hubiera pasado un poco al tirar el anillo, pero lo que había querido era expresar su furia por haber manifestado él que cambiaría de mujer.

Como si las mujeres fueran intercambiables como un mueble.

Se arrodilló al borde del estanque y metió la mano.

Entonces un brillo más fuerte cerca del centro le llamó la atención.

Se estiró peligrosamente sobre la superficie, perdió el equilibrio y una rodilla cayó al agua seguida de la otra. En una tempestad de furia, se levantó empapada hasta los huesos, alcanzó el anillo y salió. Caminó salpicando hasta el palacio dejando un rastro de gotas.

«Es hombre muerto», se dijo Sakura. «Puede que siga caminando por ahí pero está muerto. Si quiere guerra, tendrá guerra».

«Él no sabía que no querías casarte con él», razonó una vocecita en su interior que intentó apagar sin conseguirlo.

«Le has estropeado el día de su boda, le has avergonzado delante de su hermana y su cuñado, no has dejado de insultarle».

Arrugó la nariz al sentir otra oleada de lágrimas.

De repente se sintió más impotente que en toda su vida.
¿Por qué no había subido al helicóptero entonces?, se preguntó con desesperación.

Y la respuesta le llegó tan clara y simple que devastó su orgullo.

La amenaza de no volver a ver nunca a Naruto era lo que había destruido su disciplina. El mismo tipo de atracción incontrolable que había destrozado la vida de su madre y había amenazado con hacer lo mismo con la de su tía había encontrado una nueva víctima.

Y todo era culpa suya, concedió abatida. Para protegerse a sí misma, no había permitido a ningún hombre entrar en su vida y aquel aislamiento voluntario no le había preparado para tratar con Naruto. Sin embargo, su mayor enemigo no era él, sino ella misma.

Él era el último hombre prohibido, el epítome de sus peores miedos: fenomenalmente atractivo, increíblemente encantador, educado, con gestos extravagantes y con mucho éxito con las mujeres, todo igual que su padre. La peor combinación posible de atributos masculinos.

¿Cómo podía ella desear a un hombre así?



Continuará...
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Re: La Prometida del Desierto. Capítulo14.

Mensaje por CerezoIntenso el Dom Jun 17, 2018 2:36 am

Capítulo 10.





Se quedó de pie temblorosa en una habitación mientras
Omohe preparaba un baño en una adyacente. Se dejó quitar el caftan mojado y entró en la bañera como una sonámbulo.

—¿Quiere algo de comer ahora, mi señora?

Sakura salió de su ensimismamiento para encontrarse ataviada con un diáfano camisón blanco de seda. Al mirar hacia abajo y notar como su pálida piel brillaba a través de la fina tela, se sonrojó.

—No, gracias...

—No debería tener miedo, mi señora —susurró calmante Omohe.

—¿Miedo de qué?

—Del príncipe Naruto.

—¡Nunca he tenido miedo de un hombre en toda mi vida!
Pero incluso mientras soltaba una carcajada amarga, supo que estaba mintiendo.

Naruto ejercía una poderosa fuerza sobre sus emociones y sabía el poco control que le quedaba.

Ella misma había estado dispuesta a ofrecerle una aventura... pero eso no había sido suficiente para él.

Naruto quería una rendición total y absoluta.

«¡Nunca!», se juró así misma con fiereza.

—Cuando un hombre va a por su mujer por primera vez, es normal que ella se sienta un poco nerviosa —dijo Omohe con una sonrisa tímida—. Pero esta noche muchas mujeres suspirarán de envidia y soñarán con estar en tu sitio en la cama del príncipe.

Sakura se quedó sin respiración y le dirigió a Omohe una mirada de incredulidad, pero la pequeña doncella ya estaba saliendo de la habitación.

¡Por supuesto que Naruto no iba a estar con ella!

Aquella no iba a ser la típica noche de bodas.
***
Alcanzó uno de los libros que había traído a Datar con ella, un catálogo del siglo diecinueve de la vida del desierto.

Contenía algunos errores extravagantes y hasta graciosos, prueba del desconocimiento de las costumbres árabes y sus supersticiones por parte del escritor. ¿Pero no había hecho ella lo mismo con Naruto? Se había comportado de forma irracional por desearle y a la vez odiarse por su propia debilidad...

Cuando la puerta se abrió, se dio la vuelta con el ceño fruncido de sorpresa al verlo. Su brillante mirada azulada recorrió la habitación y se deslizó por su translúcida figura con una profunda admiración que la dejó tan furiosa como avergonzada. Alcanzó la bata que Omohe había dejado en una silla cercana y se la puso por delante como una barrera defensiva.

—¿Qué quieres?

Naruto puso un inesperado gesto de diversión y con gestos insolentes se quitó el turbante.

—¿Necesitas preguntarlo? —murmuró con pereza.

—¿Qué crees que estás haciendo?

—¿Qué te parece a ti?

Se estaba desvistiendo, pero Sakura se negaba a creer en sus propios ojos.

—Pensé que esta era mi habitación.

—Esta noche es nuestra —dijo Naruto con suavidad.

—No pienso compartir esta habitación contigo.

—Lo harás. Eres mi esposa.

—Técnicamente hablando.

—Yo no tengo la mente técnica.

Se quitó un reloj de cadena de oro con total calma.

Sakura se quedó sin aliento.

—Pero moralmente...

—¿Y qué puedes tú tener que decir con respecto a eso? —interrumpió Naruto con desdén—. ¿O es que te olvidas de que esta misma mañana me ofreciste la libertad de tu cuerpo sin el compromiso de un matrimonio?

Sakura se puso escarlata.

—Estaba... estaba muy confundida esta mañana...

—Corrección: estabas desesperada y déjame que te cuente lo que hubiera pasado si yo hubiera aceptado. En cuanto estuvieras de vuelta en Inglaterra y a salvo, hubieras encontrado de nuevo cien razones para no poder estar juntos.

—Eso no es verdad.

—Tu escapada acaba aquí, esta noche —amenazó con suavidad Naruto—. Y la decisión la has tomado tú misma cuando escogiste quedarte. Te dije que me casaría contigo si te quedabas y no tengo necesidad de justificar mi presencia en la noche de bodas. Eres mi mujer.

—¡No, quiero anular esa boda y volver a casa!

—Esa es una fantasía que no se cumplirá. Puedes tomarme como tu amante en vez de como tu marido. En este momento no me importa, pero te aseguro que tus juegos se han acabado. Esta noche te tendré en mis brazos y haremos el amor.

Sakura temblaba de furiosa incredulidad.

—Si crees que te permitiré utilizarme de esa manera, te vas a llevar una buena sorpresa.

Naruto le dirigió una mirada brillante de intensidad que acortó la distancia que había entre ellos.

—No creo que sea yo el que se lleve la sorpresa.

—¡Tú dijiste que este matrimonio había sido un estúpido error!

—Un error con el que tendré que convivir hasta el final del verano. Y si yo tengo que vivir con él, tú también.

—Esa es una actitud totalmente irrazonable.

—No me siento muy razonable. ¿Por qué debería estarlo? Tú ya no mereces una consideración especial por mi parte. Me caso contigo por cuestión de honor, y ¿cómo me pagas?

—¡Yo no quería casarme contigo!

—Entonces, en el nombre de Alá, ¿por qué no subiste a ese
helicóptero?

—Yo... yo...

—Sabía que no tendrías respuesta. Pero no creas que yo no conozco la respuesta a ese misterio. ¡Sé lo que pasa por tu cabeza!

Sakura se había puesto muy pálida.

—¿Cómo puedes saberlo?

—Conozco tu arrogancia.

—¿Mi arrogancia?

Apenas podía creer que él la acusara precisamente de eso.

—Creíste que podías hacerme jugar tu juego. Que podías hacer las cosas a tu manera. Pero, ¿qué se esconde tras esa derrota? Una verdad que no quieres reconocer. Tu deseo por mí es tan fuerte como tu orgullo, más fuerte que tus prejuicios y más aún que el poder que ejerces sobre mí. Porque yo te hubiera dejado ir.

Mientras escuchaba aquella verdad que no deseaba oír, Sakura apretó los dientes y se puso pálida.

Era como si aquella media hora de decisión en el desierto fuera un concurso de poderes, una batalla en la que él había triunfado y no pensaba dejar que ella lo olvidara.

—Así que no me culpes a mí de tu vacilación porque te di la libertad y tú no la quisiste.

Sus sensuales ojos azulados se deslizaron sobre ella y su posesiva boca se arqueó.

—¿Y por qué te estremeces tras esa bata? ¡Estás ridícula!
No soy tan estúpido como para imaginar que una mujer de tu edad y educación sea todavía una tímida virgen.

—Pues yo creo que eres muy estúpido —susurró Sakura sonrojada de vergüenza.

Pero no pensaba quitarse aquella bata y exponerse semidesnuda por muy ridícula que pareciera.

—En eso puede que tengas razón. Debería haber seguido mis propios ideales. No debería haber sido permisivo con tu sociedad carente de principios. Tuve que superar ciertas barreras culturales antes de pedirte que te convirtieras en mi mujer, sabiendo que yo no sería tu primer amante.

—¿De verdad? ¿Y cómo sabes eso?

Su sensual boca se apretó.

—Sé muy bien que compartiste un apartamento con un hombre el año anterior a mi estancia. Me enteré en Inglaterra.

Yahiko, uno de sus colegas, que se había encontrado temporalmente sin casa, le había pedido la habitación de más y ella había aceptado simplemente porque era el único amigo que tenía... y era homosexual.

—Pero Yahiko...

—No quiero oír hablar de otros hombres —Naruto le dirigió una furiosa mirada de reproche—. Y si no hubieras descargado tan amarga hostilidad contra mí hoy, esos sentimientos injustos no se me hubieran ocurrido y mucho menos te los hubiera mencionado.

—¡Pues me alegro mucho de que lo hicieras! —respondió con acidez Sakura viendo en ello un arma arrojadiza.

—No soy un hipócrita. No te pediría algo que yo mismo no puedo Cumplir. Y del humor que me has puesto, puede que sea una suerte que ya no seas virgen —dijo Naruto con
salvajismo mientras empezaba a desabrocharse la camisa.

Un dorado pecho musculoso con vello rubio apareció entre los bordes de la camisa. Sakura se dio la vuelta con el corazón de repente desbocado y las mejillas sonrojadas mientras se metía las mangas de la bata.

—Si piensas quedarte aquí, yo dormiré en otro sitio.

Sin previa advertencia, un par de fuertes brazos la rodearon por detrás.

—No.

—Por favor, aparta tus manos de mí.

—No.

—Naruto...

—Estoy harto de ser un caballero —dijo atrayéndola contra el ardor de su poderoso cuerpo.

—Si no me dejas irme, saldré de este palacio mañana por la mañana —prometió temblorosa Sakura con lágrimas ardientes—. Y cuando esté en mi país de nuevo, te juro que hablaré con la prensa.

En respuesta a la peor amenaza que podía imaginarse,
Naruto se puso rígido al instante.

—No harás eso...

—¡Lo haré! ¿Por qué no? ¿No dijiste que estabas preparado para un incidente diplomático? Bueno, pues yo te daré uno.

Naruto deslizó las manos hacia sus caderas y la levantó con un solo movimiento.

—Entonces mañana no irás a ningún sitio! —se dirigió a la puerta y la abrió antes de que ella pudiera respirar—. Ni mañana ni nunca.

—¿Qué diablos estás haciendo? —jadeó Sakura desconcertada por la tempestad de furia que le había provocado.

Él avanzó a grandes zancadas por un corredor.

—¡Naruto... bájame!

Él la mantuvo sujeta con fuerza mientras subía unas escaleras.

—¡Cierra la boca!

—Gritaré.

—¿Y por qué no?

—No quiero tener más relación contigo ¿Es que no lo entiendes? No quiero estar casada... ni siquiera quiero una aventura. Sólo desearía no haberte conocido nunca.

—Cobarde —dijo Naruto mientras empujaba una puerta con agujeros.

Se escuchó un sonido metálico al cerrarse.

—¿Cómo te atreves a llamarme cobarde? ¡No es cobardía, es sentido común!

—Y tu cobardía te llevó hasta Canadá la última vez, pero no ésta. Como mi mujer, tendrás tanta libertad como un criminal bajo fianza, y eso se lo puedes agradecer a mi padre. Él nunca se recuperó de la humillación del abandono de mi madre. Las mujeres de mi familia son las únicas mujeres de Datar que no pueden abandonar la comunidad sin un visado firmado por triplicado de sus maridos o padres. ¡Pensar que debo agradecer ahora esa ley medieval!

¿El abandono de su madre? ¿Su madre había abandonado a su padre antes de morirse?

—¡Bájame!

Para su sorpresa, Naruto la obedeció, sólo porque era lo que pensaba hacer de cualquier manera.

Un segundo más tarde, las luces se encendieron e iluminaron su entorno.

Sakura miró a hurtadillas el exótico esplendor de la vasta sala en la que estaban. Una simple cama gigante con elaborados cortinajes descansaba en medio del suelo de mármol. Desvió la atención a los coloridos tapices.

Ladeó la cabeza para interpretar mejor las imágenes y se sonrojó al instante. El acto del amor entre una mujer y un hombre estaba reflejado en una serie de ilustraciones artísticas que le avergonzó ver en presencia de Naruto.

—Para ser antropóloga eres extraordinariamente púdica.

—¿Dónde estamos? —preguntó ella con incomodidad.

—Mi harén... ¿no te prometí traerte aquí? De verdad que es un honor porque ningún europeo ha visto estas dependencias.

—¿Y exactamente para qué me has traído aquí?

—Hasta que me prometas que no te escaparás hasta el final del verano, no te dejaré salir de aquí.

Sakura clavó los ojos verdes en él pero se le apagó todo deseo de replicar al ver la dureza de su cara. Tragó saliva y se recordó que aquel no debía ser el día más satisfactorio para el ego de la real existencia de Naruto.

—Eso es un concepto bastante bárbaro, pero estoy convencida...

—Que es lo que esperabas de mí —le interrumpió Naruto—. Ya me has llamado bárbaro y está claro que has hecho aflorar esa parte de mi naturaleza.

—Sólo en mitad de una discusión.

—No... en una discusión contigo yo hubiera controlado mis instintos naturales —dijo Naruto con una carcajada amarga
—. Me he mordido la lengua y refrenado mi pasión por tu bien. En un esfuerzo por ganar tu confianza he soportado los peores insultos y te he perdonado una y otra vez. También he tolerado gritos y ataques de histeria que hubieran hecho asesinar a cualquier otro hombre. Pero te aseguro ahora que no lo seguiré haciendo... mi generosidad ha llegado a su fin.

Aquello sonó increíblemente amenazador.

Sakura se aclaró la garganta.

—¿Y qué se supone que quiere decir eso?

—Que no pienso permitir que me abandone ninguna mujer —explotó Naruto con amargura—. Así que si es eso lo que hace a una mujer liberada aceptar a un hombre, nunca me encontrarás aceptable.

—No me había dado cuenta de que...

—De ahora en adelante sólo confiaré en mis instintos. Fui concebido en el corazón del calor del desierto, soy un auténtico hijo de las arenas, porque no he heredado nada de mi madre. No corre el hielo por mis venas ni el frío cálculo en mi cerebro. Sé lo que quiero y lo que siento. Quiero encerrarte y mantenerte aislada como mis antepasados hicieron con sus mujeres. ¡Eso es lo que me haces sentir! —los brillantes ojos azulados se clavaron en ella con tal intensidad que Sakura dio un paso atrás—. Hace menos de cincuenta años no hubiéramos tenido este problema. Te hubiera reclamado y llevado a mi cama desde el instante en que te hubiera visto. ¡Y hubiera suprimido tus derechos con inmenso placer! Has sido honrada con mi anillo en tu dedo...

—¡No hubieras vivido lo suficiente como para ponérmelo! —aseguró Sakura con una oleada de desafío.

—¿No?

—No.

Naruto esbozó una lenta y ardiente sonrisa y se acercó.

—Entonces demuéstrame que no eres una cobarde. Demuéstrame que el mismo deseo que me inflama a mí te inflama a ti... Ven a mis brazos... o recházame entonces.

—¡De ninguna manera!

—Cobarde —susurró Naruto acercándose a ella con el sigilo de un depredador natural.



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Re: La Prometida del Desierto. Capítulo14.

Mensaje por CerezoIntenso el Dom Jun 17, 2018 3:01 am

Capítulo 11.







—¡Aparta de mí! —gritó Sakura mientras se encontraba acorralada contra la cama.

Naruto estaba a corta distancia de ella y empezó a quitarse la ropa con lenta y medida frialdad.

—No me volverás a decir eso otra vez. Es a ti a quien temes, no a mí. Tu sumisión puede herir tu orgullo, pero ganarás con la experiencia. Una mujer que se niega su propia femineidad no está completa.

—Nunca había oído tantas tonterías en toda mi vida —
Sakura observó su ropa caer al suelo con el corazón en la garganta y un vuelco en el estómago—. ¡No te atrevas a acercarte a mí!

—De verdad que es una prueba para un hombre pasar una noche de bodas como esta —Naruto se quitó la camisa con una alarmante calma—. Pero descubrirás que estoy a la altura del reto. Y no sufriré la intolerable humillación de hacer el trabajo de una mujer para conseguir acostarme contigo como hizo mi predecesor.

—¿Qué dices?

—El hombre con el que viviste hace tres años. Oí las burlas acerca de él. Tu mujer, le llamaban, y se reían de cómo limpiaba tu apartamento y te cocinaba.

Por un momento Sakura se concentró en lo que estaba comentando. La cocina de Yahiko era maravillosa, pero su necesidad de limpiar constante, había acabado poniéndola nerviosa porque se había sentido huésped en su propia casa. Evidentemente Naruto no se había enterado del hecho que hacía a Yahiko un huésped temporal aceptable... su orientación sexual.

—Pero eso... eso...

Cometió el error de volver a mirar a Naruto y se quedó sin habla. Su asombrada mirada se posó en sus estrechas caderas, en sus largas y musculosas piernas velludas y en el visible abultamiento de su excitación masculina tras los breves calzoncillos que se estaba quitando en ese momento.

Sakura se quedó helada y cerró los ojos, pero un poco tarde. Dios bendito, reflexionó aturdida apoyando una mano en el borde de la cama al debilitársele las piernas.

¿Estarían todos los hombres tan... ?

—No me mancillaré pidiéndote favores, pero te daré un placer como nunca has conocido en esa cama y entonces veremos si prefieres a un hombre o a una nena.

«A una nena», pensó ella aturdida ante la imagen de su rampante masculinidad. Sin embargo, a otro nivel sintió un ardor y una especie de temblor en las entrañas. Cerró los dedos de forma compulsiva alrededor de la colcha encontró buscando una brizna de razón en su aturdida mente.

-Comprendo que estés enfadado conmigo...

—Cuando me abandone a la maravillosa gloria de tu cuerpo, desaparecerá todo el enfado —dijo Naruto con voz ronca de repente frente a ella quitándole con sueltas la bata y arrojándola a un lado antes siquiera de que ella se enterara de lo que estaba haciendo—. Y estate segura de que cuando rompa el día todavía estarás en mis brazos, donde pertenece mi mujer.

Antes siquiera de poder abrir los labios, Naruto la rodeó con sus fuertes brazos, apartó el edredón y la tendió en la cama con sorprendente delicadeza. Al instante ella cruzó los brazos sobre sus senos avergonzada de la transparencia de su camisón. Cuando Naruto la miró entre sus espesas pestañas, se quedó sin aliento. Absolutamente desbordada por su mirada de aprecio azulada, permaneció echada extrañamente inmóvil y cautiva por la sensación más poderosa que había experimentado en toda su vida.

Naruto frunció un poco el ceño y deslizó un dedo con burla por una de sus manos.

—¿Por qué te ocultas de mí?

Sakura entrecerró los párpados. Le costó un esfuerzo enorme cerrarlos, pero le ayudó para recuperar la razón.
Apretó los dientes y se puso aún más rígida.

—No quiero hacer esto...

—¿Te he asustado?

—Por supuesto que no... Estoy intentando ser razonable.

—Cierra la boca de nuevo —sugirió Naruto con suavidad—. Pero abre los ojos.

Eso podría ser fatal. Le aterrorizó el que él también lo supiera... que cuando le mirara tuviera la insistencia de una buscona hambrienta de sexo y que el hecho de que estuviera echado a su lado sin una gota de ropa fuera suficiente como para reducir su compostura normal al estado de gelatina.

—No lleves esto más lejos —le advirtió temblorosa.

—¿Qué te hizo ese hombre? —preguntó con repentina ferocidad Naruto.

Sus pestañas se alzaron con asombro y se encontró con sus ardientes ojos azules.

—Estás aterrorizada... Si ese hombre te ha hecho daño, le buscaré y le mataré con mis propias manos —explotó
Naruto con violencia.

Naruto se inclinó sobre ella como un tigre a punto de saltar.

—¿Qué te hizo ese hombre? —preguntó de nuevo.

—¡Nada, idiota! Era homosexual.

—¿Homosexual? —susurró asombrado Naruto.

—Exacto... Ahora que nos hemos quitado esa complicación de camino, ¿es posible que pienses en las aplicaciones de consumar este ridículo matrimonio?

—Homosexual —repitió Naruto de nuevo. —Un hombre al que no le atraen las mujeres.

Con un aire de relajación repentino, Naruto se tendió con fluidez de medio lado, apoyó la barbilla en una mano y examinó su cara sonrojada por la furia y sus brazos apretados. Entonces esbozó una sonrisa radiante.

—De verdad que soy un idiota...

—¿De qué te estás riendo? —susurró Sakura mientras se incorporaba.

Una fuerte mano le apretó en el hombro para que se echara de nuevo.

—¿Quieres que apague las luces? ¿Te sentirías menos tímida?

Sakura apretó los dientes.

—¡No soy tímida! Sólo estoy intentando evitar que cometamos los dos un error terrible... si siquiera me escucharas.

—Te escucho.

Naruto sonrió de nuevo.

Aquella sonrisa le produjo una oleada de pánico y el corazón se le desbocó.

—Los dos estábamos de acuerdo en que este matrimonio era un error, ¿o no?

—Te equivocas.

—Y bajo un acuerdo mutuo... ¿Qué quieres decir con que me equivoco?

Los enormes ojos verdes se sintieron cautivos de los azules.

Sakura dejó de respirar y sin previa advertencia, su tenso cuerpo se sintió sacudido por una oleada de anticipación sensual tan intensa que la cabeza le dio vueltas.

Naruto murmuró algo en árabe y lentamente bajó su dorada cabeza, frotando sus labios contra la trémula curva de los de ella. Sakura tembló violentamente cuando la punta de su lengua profanó sus labios y sintió la poderosa fuerza de su deseo ahogar todo pensamiento racional. Levantó una mano para apretarle el hombro y sintió el calor de su piel satinada al mismo tiempo que él se acercaba más y enterraba sus dedos en la cascada de sus rizos vibrantes.

El corazón le dio otro terrible vuelco cuando él la rodeó y la presión de su firme boca se hizo más insistente. Naruto utilizó su lengua en un ondulante avance por su tierno interior y una oleada de placer le hizo soltar un gemido atormentado.

Las manos de Sakura se enterraron en el espesor dorado de su pelo atrayéndolo hacia ella mientras el pulso de deseo atenazaba todos sus músculos.

«¿Qué estás haciendo?», le dijo la voz de la conciencia.

Pero se sentía impotente mientras la barrera de su resistencia se resquebrajaba y se desbordaba todo el deseo que había reprimido tanto tiempo. Un gemido incoherente se escapó de su garganta mientras él elevaba el ardor del beso con erótica maestría para emular una posesión mucho más íntima. La temperatura se le disparó por las nubes y un ardiente placer la sofocó.

—Naruto... —murmuró cuando él se separó de su boca inflamada.

Con una radiante sonrisa, él le apartó las manos de su pelo y le besó cada una de las palmas. La mirada turbia de ella se clavó en la de él cuando empezó a deslizar los finos tirantes de seda por sus hombros y sintió un escalofrío de pánico que casi rompió el hechizo.

Pero Naruto apretó de nuevo la boca contra la de ella y la cegadora oleada de pasión la asaltó de nuevo.

Cuando salió como una nadadora novata que se hubiera sumergido a demasiada profundidad, sus senos estaban desnudos, inflamados y sus pezones vergonzosamente erizados.

Naruto cerró una mano sobre la de ella cuando intentó cubrirse.

—No te avergüences... disfruta de tu belleza como hago yo
—la apremió con voz ronca—. Tu pelo tiene la gloria del atardecer y tu piel el brillo de las camelias blancas.

Allí echada, Sakura sintió todo su cuerpo arqueándose hacia él y se quedó sin aliento.

—Pura... sin mancha.

Naruto curvó los dedos reverentes sobre un montículo tembloroso y a ella se le contrajo el estómago y cerró los ojos ante la intolerable sensación que su dedo estaba produciendo en el sensible pezón.

Naruto abarcó sus senos, los contoneó y exploró con manos expertas y después bajó la cabeza dorada para devorar un botón rosa en el ardor de su boca dejándola sentir sus dientes y el frote sensual de su lengua. El corazón se le desbocó a Sakura y perdió todo el control mientras arqueaba la espalda y se le escapaba un gemido febril. De repente estaba ardiendo viva en una oleada de atormentado placer.

No podía permanecer quieta. Sus uñas se clavaron en la suave sábana y después volaron instintivamente hacia él, arañándole los hombros, enterrándose en su pelo hasta que con un gemido ahogado, Naruto tomó su boca de nuevo con una apasionada urgencia que la consumió. Entonces deslizó uno de sus fuertes muslos entre los de ella mientras sus dedos jugueteaban sobre su tembloroso vientre.

Se agachó para besar sus senos de nuevo cubriendo la carne ya febril con ardientes y ansiosos besos. Se movió hacia la barrera de seda que cubría sus finas caderas deslizando una mano acariciante a lo largo del sedoso muslo de ella y dibujando todo el contorno de la extremidad temblorosa hasta el remolino de fieros rizos que ocultaba el verdadero corazón de ella. Un sonido estrangulado escapó de los labios de Sakura cuando él encontró la fuente del más insoportable placer.

Naruto se inclinó sobre ella y le asió por el pelo mientras su cabeza se agitaba sobre la almohada con frenesí. Sakura tenía los ojos muy abiertos y nublados de pasión. Naruto la miró como un ansioso conquistador, sus brillantes ojos azulados cerrándose en los de ella mientras apretaba los nudillos en el punto más sensible de su cuerpo palpitante y murmuraba roncamente:

—Ahora dime que no te imaginaste esto la primera vez que posaste los ojos en mí. Dime que no te viste yaciendo bajo mi cuerpo, con el tuyo ardiendo por mi posesión...

—Yo... yo... —jadeó.

—Sólo con verme me deseaste.

—¡No!

—Al instante, de forma desesperada e inolvidable. Sentiste lo que no habías sentido nunca antes. Un reconocimiento sexual tan poderoso y consumidor que los dos los vimos a la vez.

—No.

Naruto movió su experta mano como un torturador y Sakura soltó un grito incapaz de reprimir los gemidos de intolerable placer ni el arqueo de su cuerpo.

—Admítelo —entonó él con una sonrisa y la tenacidad que tanto la asustaba a ella.

—¡Eres un bastardo! —gimió ella en una explosión de frustración emocional—. De acuerdo... de acuerdo... sí... sí... sí.

Naruto esbozó una sonrisa de triunfo y como premio a su rendición bajó su largo cuerpo contra el de ella. Apretó su boca con ardor contra el hueco palpitante de su cuello.

—Tú eres mi mujer..

—No —jadeó ella con desesperación.

—Y si te hubiera besado hasta dejarte si respiración en vez de haber intentado comunicarme contigo con mi pobre inglés de entonces, hubieras caído a mis pies.

—¡No! —gimió ella con angustia y furiosa contra él.

Estaba tan furiosa que estaba a punto de explotar pero no podía controlar la atormentada reacción de su cuerpo ni la necesidad que él mantenía en el punto de ebullición.

—Sí.

Con una ronca carcajada, Naruto deslizó la punta de la lengua entre sus senos y cambió de dirección para lamer los pezones inflamados que ya había acariciado hasta poner erectos. La hizo jadear y retorcerse mientras sus dedos se deslizaban por la suave parte interior de uno de sus muslos hasta descubrir el centro de su placer.

Sakura arqueó las caderas salvajemente bajo el asalto de su mano exploradora. Sentía como si cada átomo de su ser estuviera centrado allí y cada caricia la volvía más loca hasta apretarse a él con frenesí, buscando ella misma su boca provocativa, desesperada por todo el contacto que pudiera conseguir, por aliviar la agonía que la estaba consumiendo.

—Intentaré no hacerte daño —murmuró Naruto con voz ronca—. Pero estás muy tensa y yo llevo tanto tiempo sin hacerlo...

La había conducido hasta tal cima de excitación que Sakura estaba totalmente fuera de control.

Nada importaba salvo aquella intolerable vaciedad que necesitaba ser llenada.

Naruto se deslizó entre sus muslos abiertos, la alzó con sus fuertes manos y la ardiente y dura prominencia de su masculinidad se frotó contra su suavidad. Sakura jadeó y se puso rígida mientras abría los ojos.

—No te pongas tensa —susurró él mientras buscaba la entrada de su húmeda bienvenida que él había preparado con tanta devoción.

—Por favor…

Iba a decir no, pero sus labios no pudieron pronunciar la palabra. Estaba tan excitada que la primera sacudida de su lenta invasión la despojó de toda capacidad de pensar o hablar.

Naruto se arqueó ligeramente sobre ella, el vello de su torso rozando sus pezones y atrapó su boca antes de zambullirse en el auténtico centro de ella. Un dolor agudo paralizó a Sakura. Cuando gritó, él apartó sus labios y la miró con sus facciones doradas tensas por el control que estaba imponiendo a su fiero deseo. Pero sus ojos eran como dos llamas vibrantes cuando la abarcó con posesivo orgullo.

—Ahora eres verdaderamente mía, aziz —susurró con salvaje satisfacción.

Al borde del dolor, fue otra vez devorada por la ardiente excitación sexual. La sensación de él dentro de ella llenándola era tan intolerable e íntima que gimió desde lo más profundo de la garganta. En reacción, él se paralizó de nuevo antes de penetrarla hasta lo más profundo con un gemido de pasión.

Entonces, cuando empezó a moverse dentro de ella poseyéndola con potentes sacudidas, Sakura quedó atrapada en su tormentoso ritmo y se le cortó la respiración.

La primera oleada de placer primitivo la asaltó mientras
Naruto la conducía a un frenético clímax de pasión salvaje. El cuerpo se le arqueó como el de una marioneta y la explosión ardiente que empezó en lo más profundo de ella se expandió por todas sus células devastadora y ciegamente. Sakura apretó los brazos alrededor del cuerpo de él de forma instintiva entre los temblores que la sacudían y la verdad más sorprendente le llegó cuando sus defensas estaban más bajas.... «lo amas, siempre lo has amado».

Era como caer en un gran agujero negro sin ninguna advertencia. La realidad la sacudió con dureza. Nada la había conmovido con tal profundidad como aquello. El amor había penetrado en ella y ridiculizado sus esfuerzos por protegerse a sí misma.

Pero, ¿cómo iba ella a haber sabido que él utilizaría su deseo sexual como un arma contra ella?

Debería haberlo sabido, se dijo con dolor mientras recordaba la controlada y ciega furia que le había sacudido cuando ella había tirado su anillo de boda. Naruto había decidido ponerla en su sitio y eso no era una sorpresa... su sitio tendida en su cama.

Los ojos le escocieron.

Por primera vez en su vida adulta se sentía débil e
inadecuada.

Nunca había necesitado a nadie desde la infancia y nunca se lo había permitido a sí misma, pero Naruto había hecho que le necesitara. Se le había metido bajo la piel y había derrumbado todas sus defensas.

—Perdóname por hacerte daño —suspiró Naruto.

Sakura apretó los dientes al recordar la satisfacción primitiva de él en el instante de la posesión sexual. Intentó escabullirse de su abrazo pero él apretó más los brazos.

—Lo disfrutaste —le condenó.

Naruto se puso rígido y le dirigió una mirada repentina de furia que le produjo un vuelco en el estómago.

—No he disfrutado de hacerte daño —explotó con fiereza—, pero he sentido un placer natural y orgullo por tu pureza.
Nunca me he acostado con una virgen y no esperaba encontrarte inocente. Que me hayas tal regalo en nuestra noche de bodas ha significado mucho para mí. No me disculpare por eso.

—¡Me gustaría haberme acostado con cien hombres! —exploto Sakura con las mejillas sonrosadas.

—Pero no lo has hecho —dijo Naruto con satisfacción—. Esperaste por mí.

—¡No he esperado por ti!

—La cuestión no tiene importancia ahora. ¿Por qué después de lo que hemos disfrutado intentas pelear conmigo? —preguntó con buen humor.

Estaba tan guapo. El pelo rubio, la piel dorada, los asombrosos ojos y una boca tan sensual... De repente le hizo dañó mirarlo y sentir la instantánea oleada de placer posesivo hacia él. Amor a primera vista. Ella nunca había creído en ello y sin embargo le había ocurrido. Se había enamorado hasta el alma desde el momento en que le había visto y debería haberlo reconocido mucho tiempo atrás había sentido agonía por él en aquella cena entre colegas en que Naruto no estaba muy seguro de qué cubiertos usar y ella había hecho una demostración en su beneficio de cómo se usaban.

Debería llorar ahora por su ciega estupidez. Si hubiera reconocido sus propios sentimientos estaba amargamente convencida de que hubiera tenido la fuerza de haber salido en aquel helicóptero.

—Sakura...

Ella se estremeció al notar el duro empuje de su masculinidad contra su muslo. Eso la excitó. Ella conocía todos los mecanismos del sexo, pero nunca había creído que él pudiera excitarla con tanta facilidad.

—Y ahora te quedas silenciosa.

Una mano suave le acarició la barbilla.

Naruto le sonrió con aquella sonrisa radiante que le encogía el corazón.

—Y pareces tan preocupada pero a la vez tan sexy...

Deslizó un dedo por su labio inferior inflamado por sus apasionados besos y ella sintió el pulso acelerado. Con el pulgar le entreabrió los labios e invadió su tierno interior y, con vergonzosa incredulidad, Sakura sintió un nuevo ardor entre los muslos.

—Olvida el mundo fuera de estas paredes —susurró Naruto con voz ronca—. Este es nuestro mundo y nada puede amenazarte aquí.

Nada salvo él.

—Naruto...

Él se inclinó hacia ella y penetró sus labios con la lengua en un erótico asalto que le hizo cosquillear hasta la última célula de su cuerpo.

—¡No!

Se apartó de ella como si la hubiera tratado con violencia.

—¿Te he hecho daño?

Sintió un violento sonrojo al conectar con la limpia y cándida mirada de él.

—Sí... —mintió temblorosa.

—Hay muchas formas de hacer el amor.

—¡Y yo no quiero conocerlas! —aseguró con fervor Sakura al borde del pánico.

Naruto esbozó una sonrisa de diversión.

—Pues las conocerás, vamos... nos daremos un baño.

—¿Un baño?

—Si tengo que contener mi ansia de ti, aziz, un baño frío se hace necesario.

—Ah, vete tú —dijo ella sin entusiasmo.

Naruto ladeó su preciosa cabeza y soltó una carcajada.

Antes de que Sakura pudiera preguntarle qué era lo que le parecía tan divertido, salió de la cama y la sacó en brazos de un solo movimiento.

—Desde esta noche lo compartiremos todo —le aseguró.

—Pero no un baño frío.


—Pero te mereces uno, aziz. Si no me sentiría deficiente como amante.

—Tienes un perfecto diez, así que no te preocupes —dijo con acidez Sakura—. Ahora, ¿podrías bajarme, por favor?
No soy de esas mujeres que caen de rodillas ante la superioridad de los músculos de un hombre.

Él la alzó aún más y atrapó su boca con un beso hambriento y ardiente que la dejó mareada y desorientada.

—¿Un perfecto diez? ¿Comparado con quién? ¿O es que también has tenido fantasías conmigo?

—Yo nunca he tenido una...

—¡Qué pequeña mentirosa eres...! Terca, agresiva, de lengua afilada... Menos mal que no me he casado contigo esperando encontrar una dulzura como la miel.

—¡Te has casado conmigo para meterme en tu cama!

—Pero no me hacía falta hacerlo —la desconcertó él—.
Podría haberte llevado a mi cama en Inglaterra pero decidí no poner a prueba tu control. Deberías estar agradecida.

—¿Agradecida?

El esbozó una sonrisa de cinismo.

—Podrías haber fallado la prueba.

Rabiosa, Sakura forcejeó y al instante siguiente estaba sumergida en agua fría. Salpicando y jadeando de la sorpresa, se agarró al borde de la piscina y se apartó el pelo de los ojos.

—No permitiré que te rebeles. Mientras seas mi mujer me tratarás con respeto.

Bajo a luz de la luna, él era una silueta oscura dorada con el agua hasta la cintura.

«Mientras seas mi mujer», pensó ella con furia.

Siempre el límite de tiempo. Y no es que eso le importara a ella porque amarlo no le cerraba los ojos a la imposibilidad de una relación duradera entre ellos. Por otra parte, le enfurecía su arrogancia de creer que podía tomar lo que le apeteciera de la institución matrimonial y dejar a un lado lo que no le interesaba.

—No sólo no creo en el matrimonio, sino que no me siento tu mujer y no quiero serlo —se defendió con ardor—. No me siento honrada... me siento utilizada. Esas ceremonias han sido una farsa y no pensarás que por ponerme un anillo en el dedo me ciegas.

Naruto avanzó hacia ella.

—Así que te sientes utilizada. Pero entonces, ¿qué significa para ti la ternura? ¿Sólo algo que destruir como buscas destruir todo lo que compartimos con tu estrecha mente y tu tonto sentido de superioridad?

A Sakura se le heló todo el cuerpo.

—No me siento superior —susurró devastada por la furia que había desatado ella misma.

—Pero me das tu cuerpo y nada más. Parece, como si yo no mereciera la pena. Si de verdad nuestro matrimonio no significa nada para ti, me he equivocado en hacerte poner ese anillo de nuevo.

La atrajo hacia él, le estiró los dedos y le arrancó la banda de oro. La tiró al agua en un gesto vehemente de repudio.

—Ahí se quedará para la eternidad aunque vendrás a mí de rodillas para que te permita usarlo de nuevo.

Era una locura, pero en el instante en que le despojó del anillo, lo quiso de vuelta con una pasión tan fuerte como el repudio de él.

—Pero no necesito ningún anillo en tu dedo para que me permita disfrutar de lo que ya es mío.

Antes de que ella pudiera siquiera adivinar sus intenciones,
Naruto la asió por las caderas y la alzo el borde de la piscina.

—¿Qué estás haciendo?

—Lo que quiero —dijo Naruto separándole las piernas con sus duros muslos mientras pasaba las manos por debajo de ella para mantenerla en el sitio.

—Si crees que te he usado, entonces será mejor que cometa el pecado.

Sakura enterró las manos temblorosas en su pelo sedoso mientras las emociones amenazaban con desgarrarla en dos hasta que él tomó su boca con apasionada urgencia y le quitó todo pensamiento racional de la cabeza.


Continuará...

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Re: La Prometida del Desierto. Capítulo14.

Mensaje por CerezoIntenso el Dom Jul 01, 2018 10:06 am

Capítulo 12.




Sakura se agitó en la incómoda cama y se estremeció de frío. El brazo le estaba palpitando. Le dolía todo el cuerpo en sitios que ni siquiera sabía que podían doler, pero extrañamente se sentía ajena a las molestias físicas y tenía la mente cargada de imágenes eróticas.

Estaba recordando la ardiente y embriagadora gloria de la boca de Naruto sobre la de ella, la fenomenal velocidad con que su traidor cuerpo se había derretido como la miel.

Recordaba la salvaje unión cuando él se había sumergido en ella una y otra vez llevándola sin vergüenza a una cota de excitación por encima de sus más salvajes fantasías. Y ahora se avergonzaba de su debilidad.

Sin embargo era demasiado sincera como para negar que se había glorificado en aquella intimidad sensual y que le había encantado dormirse en sus brazos, saber que estaría allí durante la noche y se sintió maravillosamente segura de no estar sola nunca más.

Así que había empezado, sintió dolida.

Eso era lo que el amor hacía con uno.

Ahogaba el orgullo y acababa con los principios. Hacía que una mujer cuerda se comportara como una loca. Su madre era una mujer inteligente, pero la inteligencia no le había bastado para romper con su destructivo matrimonio.

No, su madre había aguantado, aparentemente enganchada por el dolor y la humillación de tener un esposo aventurero.

—Es mi marido y lo quiero —le había dicho a su hija en los días en que Sakura había sido tan ingenua que había creído que debía interferir.


Escapar a la universidad había sido una bendición y centrarse en los estudios y su carrera había hecho que los lazos familiares se redujeran con el tiempo a unas cartas ocasionales.

Con una mano débil tiró de la sábana para calentarse.

¿Habría estado defendiéndose todos aquellos años para encontrarse de cara con un depredador como su padre?

Él era el único hombre que se había enfrentado a ella, el único que había conseguido atravesar su caparazón defensivo... y el único que la sorprendía haciendo siempre lo inesperado.

O sea que ahora sabía que lo amaba.

Pero eso no la cegaba a saber que lo único que Naruto deseaba de ella era aquel salvaje olvido sexual al que la había introducido la noche anterior. Pero no estaba preparada para admitirlo abiertamente. Si lo hiciera, sus escrúpulos morales entrarían en conflicto. El matrimonio era mucho más respetable que una aventura, lo que en Datar no se permitía, pero su matrimonio seguía siendo un arreglo temporal.

Le estaba costando esfuerzo pensar, notó al ladear la cabeza con la boca seca. Tenía el brazo agarrotado y con un esfuerzo apartó la sábana para mirarlo con falta de interés. Estaba hinchado y tenía mal aspecto, sobre todo alrededor de la venda que cubría las heridas de Hinata.

Envenenamiento de sangre, decidió. Y probablemente tendría fiebre, lo que explicaba por qué se sentía tan fría

Oyó abrirse la puerta.

¿Habría estado cerrada?, se preguntó.

Recordó la amenaza de Naruto de encerrarla y tirar la llave y sonrió. También le gustaba lo dramático que era. Pero estaba divagando; lo que necesitaba era un doctor.

Naruto apareció en su campo de visión completamente vestido y exquisitamente trajeado de gris marino. Ese día le tocaba el estilo occidental. Estaba devastadoramente atractivo, aunque le veía un poco borroso. Se preguntó por qué llevaría una bandeja cargada de flores porque tenía el aspecto de no saber qué hacer con ellas.

—Estás despierta... ¿Tienes hambre? —preguntó sin acercarse y con aspecto incómodo—. Te he traído el desayuno.

«Un doctor», recordó ella agradecida de que Naruto fuera sólido como una roca para los momentos de crisis.

Él se aclaró la garganta en el silencio.

—Naturalmente estarás esperando una disculpa.

¿Lo estaba? ¿Por qué iba a esperar una disculpa? No se lo podía imaginar y siguió observándole con los ojos verdes nublados desde lo más profundo de la sombría cama.

—Me arrepiento de mi comportamiento de anoche —dijo él con los ojos más brillantes—. No tengo excusa. Perdí el control y el temperamento. Nunca lo había hecho antes.

Ella no podía concentrarse.

—Necesito un doctor —le dijo con debilidad.

—¿Un doctor?

Naruto frunció el ceño y ella apartó la sábana y le enseñó el brazo dolorido.

—¿Lo ves?

La bandeja cayó al suelo con un estallido de china al romperse y Naruto casi voló hasta la cama a su lado.

Le asió los dedos y la miró inmovilizado por el pánico. Era auténtico pánico, notó ella con asombro. Entonces sacó un teléfono móvil pero le temblaba tanto la mano que debió marcar mal porque maldijo y empezó de nuevo.

—Perdona que sea una molestia —suspiró ella en tono calmado.

Él respondió algo en su propia lengua con un tono de angustia mientras alcanzaba su camisón y empezaba a ponérselo. Entonces la arropó con delicadeza como si fuera una momia egipcia.

Desde entonces, ella cayó en un estado de sopor febril.

La siguiente vez que despertó estaba en una habitación débilmente iluminada en una de esas camas con ruedas y un gotero aplicado al brazo. Se sentía terriblemente caliente e incómoda y no quería que le metieran otro termómetro en la boca, así que lo dijo en voz alta. Oyó hablar a Naruto y la respuesta de una voz femenina, pero le costaba demasiado esfuerzo intentar averiguar lo que pasaba.

La siguiente vez se despertó como si hubiera estado durmiendo profundamente. Ya no le dolía el brazo y escuchó las mismas voces. Abrió los ojos y encontró a Natsy a su lado en la cama y a Naruto a los pies.

—Ahí la tienes —dijo Natsy con satisfacción a su hermano—. Te dije que sólo estaba dormida... como dijo el señor Kabuto.

Sakura frunció el ceño de asombro al ver a Naruto. Parecía como si no se hubiera afeitado en una semana y no hubiera dormido. Una espesa sombra dorada le cubría la agresiva mandíbula y tenía los ojos inyectados en sangre, el traje arrugado y la corbata quitada.

—¿Cómo te encuentras? —preguntó tenso sin hacer caso a su hermana.

—¿Cuánto tiempo llevo aquí?

—Así dos días.

—Los dos días más largos de mi vida —gimió Natsy—. Por favor, dile que se vaya a casa, Sakura, antes de que cometa un crimen.

—¡No me hables así!

Sakura dio un respingo.

—Ningún ser humano puede pasar tanto tiempo sin dormir y mantener ningún sentido de la proporción y... ¿qué le ha pasado a tu sentido del humor?

—¿Esperabas que me riera cuando mi mujer ha estado al borde de la muerte?

—Tu mujer no ha estado al borde de la muerte. Ha estado bastante enferma, pero no grave. Ahora, ¿quieres irte a casa antes de que use otra estrategia más innoble? Sabes tan bien como yo lo que ocurriría, si informo a nuestro padre de tu estado de agotamiento.

—Me quedo con mi mujer. Mientras no se encuentre bien, este es mi sitio.

—Por favor, vete a casa —murmuró Sakura con una horrible sensación de culpabilidad por causar una discusión entre los
hermanos.

A Naruto se le tensaron los músculos de la cara. Sus espesas pestañas enmarcaron sus ojos azules como el océano y la reacción fue como si le hubieran clavado un cuchillo en la espalda.

—Si ese es tu deseo...

Cuando, la puerta se cerró a sus espaldas, Natsy gimió.

—Ahora le has ofendido y es culpa mía. Gaara se estremecería si me hubiera oído hablarle a Naruto así, pero, por Dios bendito, le saco veinte años, he vivido en Londres la mayor parte de mi vida y sigo olvidando que mi hermano será un día nuestro rey. De todas formas, no ha dejado de actuar como un idiota desde que te trajeron aquí.

—¿Como un idiota?

—Estaba muerto de pánico. Al principio quería llevarte a Londres porque no estaba seguro de que pudiéramos cuidarte bien aquí. Tuve que convencerle de que tendría que preocuparse de verdad si esperaba tanto tiempo a que te pusieran un tratamiento. Después quería que te vieran todos los especialistas y no ha abandonado el pie de tu cama ni un solo momento. No ha dormido, no ha comido y ha puesto a cuatro guardias en la puerta. Casi ya espero que en cualquier momento aparezca un catador real.

Sakura miró a Natsy con los ojos muy abiertos.

—¡Dios mío!

Con una sonrisa, Natsy se sentó en una silla.

—Entiendo que estuviera preocupado por ti, pero lo que no entiendo es que se comportara como si fuera culpa suya que estuvieras enferma.

Sakura recordó vagamente aquella disculpa.

—Como si eso fuera posible. Tuviste mala suerte, eso es todo. ¿Cómo te hiciste esos arañazos?

—Hinata.

—¿Lo sabe , Naruto?

Sakura asintió.

De forma desconcertante, la hermana de Naruto rompió a reír.

—Esa noticia hace que merezca la pena lo que he tenido que soportar. Tu especialista, el doctor Kabuto querrá examinarte. ¿Tienes hambre ya?

—No.

—Por favor, intenta recuperar el apetito —bromeó Natsy—. Si no, Naruto te traerá al cocinero de Dubai y lo siguiente que pasará es que los pacientes ricos querrán hacer lo mismo. La verdad es que me alegro mucho de que estés aquí.

Sakura se quedó con la boca abierta.

—Lo que hace Naruto, lo imita todo el mundo —le contó animada Natsy—. Si te hubiera llevado a Londres, nuestra reputación como hospital se hubiera hundido sin remedio —se dio la vuelta hacia la puerta y sonrió ampliamente—. Y también dependo de ti para traer al primer bebé real dentro de estas paredes, pero por favor, hagamos un pacto para sedar a Naruto antes del gran acontecimiento, porque le estrangularé sí empieza a decirme lo que tengo que hacer en la sala de partos.

¿Un bebé real? Sakura se quedó muda.

Natsy tenía la impresión de que el suyo era un matrimonio auténtico.

Por supuesto. ¿Para qué iba Naruto comunicar a su familia que ella era sólo una diversión temporal? No había necesidad cuando al final del verano ella se habría ido de todas formas. Pero estaba segura de que su padre lo sabía.
Quizá esa fuera la razón por la que hubiera dejado a Naruto casarse con ella.

Bueno, pues el rey Minato no necesitaba preocuparse y Natsy tendría que sufrir una decepción.

Naruto no había corrido el riesgo de dejar a su mujer embarazada ni siquiera en medio del ardor de la pasión.

¿Y por qué le dolía a ella tanto?

Era sólo la confirmación de lo que había sabido desde el principio, que no tenían futuro juntos. Entonces, ¿por qué cuando Naruto había utilizado el sentido común ella lo sentía como el último rechazo?

Arrugó la nariz porque le escocieron los ojos. Puso una mueca, furiosa consigo misma. Mucho tiempo atrás había sabido que el único pesar del celibato que pensaba llevar de por vida era el no tener un hijo propio cuando adoraba a los niños.

Y lo amaba a él, pensó enterrando la cabeza en la almohada. Sólo de pensar en él y en Hinata juntos se le revolvía el estómago.

¡Aquella mujer era una maníaca!

Y Naruto ni siquiera la había criticado cuando le había contado que ella le había hecho aquellos arañazos.

Por supuesto, no le importaba que Sakura sufriera algún daño de manos de aquella mujer. Aquella sucia celosa con tan poco control sobre sí misma probablemente sería la madre de sus hijos.

De repente Sakura hubiera querido morir y dejarle tan miserable y torturado por la culpabilidad como para dejarle totalmente inútil como marido.
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Re: La Prometida del Desierto. Capítulo14.

Mensaje por CerezoIntenso el Dom Jul 01, 2018 10:15 am

Capítulo 13.




—He oído que no estás comiendo mucho —señalo Naruto con tensión.

—No tengo hambre.

En las veinticuatro horas que habían pasado antes de que volviera a visitarla, Sakura había estado hundida en la miseria y cuando había entrado por aquella puerta sombrío y tenso, sintió que era la gota que colmaba el vaso.

—Lo entiendo, pero debes ser sensata.

El silencio fue opresivo.

Sakura volvió la cara hacia la pared.

Naruto se merecía a una mujer como Hinata, decidió dolida intentando odiarlo para conseguir sólo que el dolor fuera más profundo.

—Cometí un error trayéndote a Datar —murmuró él con pesadez.

Sakura se puso rígida y frunció el ceño.

—Creí que podía hacerte feliz... al menos por un tiempo —Naruto mostraba aún más ferocidad en todos sus músculos tensos—. Ahora sé que fue muy arrogante por mi parte... y estúpido, imperdonablemente estúpido. Me dejé arrastrar por la pasión. Nunca había deseado a una mujer como te deseaba a ti. Eras mi sueño... En el nombra de Alá, parezco un adolescente.

Con una áspera carcajada de turbación, se acercó a la ventana.

—Fui lo bastante ingenuo como para creer que podríamos pasar un tiempo especial juntos sin ningún coste para ti. Me quedaba tan poco tiempo. No tengo libertad de elección. Tengo que casarme y tener hijos. Tengo treinta años y esa no es una edad de permanecer soltero en mi posición.

—Sí —susurró ella temblorosa absolutamente desgarrada por la honestidad que no había esperado.

«Tú eras mi sueño», reflexionó ella con una oleada de dolor casi insoportable

Naruto tenía un tacto exquisito pero lo que le estaba contando es que ella era su última fantasía sexual.

—Si no fuera por mi familia, te mandaría a Londres ahora mismo, porque debe ser lo que deseas, pero por su bien te pido que te quedes un poco más. La partida demasiado repentina de mi esposa les causaría una seria vergüenza.

Sakura no se atrevió a mirarlo.

La idea de que la llevaran a casa inmediatamente le horrorizó. Sin embargo, era una cobardía querer retrasar lo inevitable.

«Aquel tiempo especial juntos»... ¿Por qué no sería ella del tipo de mujeres que podían aceptar eso? Y de repente, por fin, comprendió por qué no lo había aceptado.

Ella había querido más. Todo el tiempo había querido más, incluso cuando estaba peleando con él y le decía que no creía en el matrimonio. Ella también había tenido sueños, había deseado que le hiciera el amor, había querido que él le demostrara que el matrimonio entre ellos podría funcionar contra todas las expectativas. Y eso era mucho más ingenuo que todo lo que él había esperado, comprendió con dolor.

Cenicienta consigue al príncipe, el último cuento de hadas...

¿Quién hubiera creído que la prosaica Sakura Haruno podría albergar tal sueño?

—¿Cuál es tu decisión? —preguntó Naruto en voz muy baja.

—Me quedaré. Podré hacer mi investigación.

—Por supuesto... tu investigación.

Pero no era eso lo que planeaba hacer, decidió Sakura con una abrupta oleada de decisión que la sorprendió. En ese momento Naruto debía pensar que el final del verano no era suficiente pronto. Ya había tenido suficiente y se había sentido decepcionado. Sentía que se había puesto en ridículo y había abandonado su sueño. Bueno, pues ella no pensaba abandonar con tanta facilidad. Si iba a pasar el resto de su vida enamorada del marido de otra mujer, al menos pensaba tener recuerdos que merecieran la pena.

Ahora mismo él era su marido y con lo vengativa que se sentía, Hinata sería siempre la segunda y Naruto iba a languidecer por su primera mujer el resto de sus días.

—He estado pensando mucho desde que llevo en esta cama...

—Tú nunca dejas de pensar —dijo Naruto sombrío como si fuera la peor ofensa que una mujer pudiera cometer.

—Mi investigación significa mucho para mí, pero es una traba que yo no sepa árabe. Verás, mi asistente sí sabía árabe —Sakura suspiró—. Por eso le escogí y supongo que tú estarás demasiado ocupado para que podamos hacer el viaje juntos.

—¿Un viaje?

Se dio la vuelta bruscamente hacia ella.

—Al desierto. Así podría tener la auténtica visión de la vida nómada. Por supuesto, quiero experimentar ser una auténtica...

—¿Auténtica? —preguntó él mientras la estudiaba con verdadero esfuerzo por ocultar lo asombrado que estaba.

—Auténticamente básica y de vuelta a la naturaleza... sólo tú y yo y los elementos sin una corte de guardianes y sirvientes.

—Pero estarías sola conmigo —señaló con sequedad Naruto mirándola con intensidad—. No sabía que desearas someterte a tal intimidad.

Sakura inspiró con fuerza con las mejillas de color escarlata mientras bajaba la vista.

—¿Cuándo he dicho yo que no lo deseara? No te odio ni nada parecido.

El silencio le atronó en los oídos.

—¿Confiarías en que no te tocara? No estoy seguro de poder resistirme a la tentación de estar solo contigo.

Parecía que admitirlo le estaba costando un esfuerzo físico.

—Esperaba que no...

Sakura se humedeció los labios secos y empezó a preguntarse si no se habría vuelto loca. Tenía la sensación de que él se estaba preguntando lo mismo. Luz verde... después luz roja.

—¿Estabas esperando que no me resistiera a la tentación?

Ella asintió muda y Naruto le dio el susto de su vida. Gimió algo en árabe y la sacó de la cama, con gotero y todo justo cuando la puerta se abría.

—¿Qué diablos estás haciendo? —preguntó Natsy con incredulidad.

—Me llevo a mi mujer a casa —anunció con agresividad Naruto como si esperara una pelea—. También me llevaré a
una enfermera.

Natsy estaba haciendo un esfuerzo por mantener la compostura.

—Lunas de miel. Me hace sentir cada año de mi edad.

Mientras su hermana se iba a hacer los arreglos oportunos,
Naruto la envolvió en un dorado escrutinio que la cautivó.

—Va a ser el verano más feliz de tu vida —prometió apasionado.

Entonces la sacudió una punzada de pena profunda.

El final del verano era peor destino que la muerte.

¿Por qué tenía Naruto que seguir mencionándolo?

Era como poner sal en una herida abierta, pero tampoco tenía sentido evitar la realidad, se recordó con dolor.
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Re: La Prometida del Desierto. Capítulo14.

Mensaje por CerezoIntenso el Dom Jul 01, 2018 10:21 am

Capítulo 14.



Esa tarde Naruto se acercó a ella por el césped con movimientos fluidos y felinos con su ropa del desierto pero con aquel fruncimiento aristocrático que indicaba que estaba a punto de ponerse difícil.

—Normalmente a esta hora te echas una siesta —le recordó Naruto mientras deslizaba aquellos ojos felinos donde estaba ella reclinada a la sombra de un árbol leyendo un libro.

—Me siento en plena forma.

—Pero todavía estás pálida y pareces débil.

Sakura bajó la cabeza. Sólo una semana atrás había bajado sus defensas y quemado los puentes para arrojarse a los pies de Naruto. Nunca en sus peores pesadillas se había imaginado sacrificando su orgullo hasta tal límite. ¿Y con qué resultado?, se preguntó a sí misma con el resentimiento que había empezado a invadirla durante la semana anterior.
Por algún motivo, Naruto había pasado de aquel breve instante de júbilo en el hospital a un estado de ánimo frío y distante. Era extremadamente educado y atento. Le llevaba flores y la visitaba varias veces al día, pero lo mismo que si se tratara de un invitado que no fuera más íntimo.

—¿Cuándo vamos a irnos al desierto? —preguntó sin rodeos.

—Quizá el próximo mes, cuando bajen las temperaturas. No aguantarías el calor que hace ahora.

—Estoy bastante segura de que podría...

—No tienes ni idea de lo que estás diciendo —dijo con frialdad de hielo—. ¿Y crees que yo te lo permitiría? En esta época del año el desierto es un horno y emprender ese viaje sería una locura.

Sakura apretó los dientes.

—¡Puedes ocupar tu propia tienda si es eso lo que te preocupa!

En cuanto lo dijo, hubiera deseado meterse bajo la hamaca y desaparecer. Pero la humillación más profunda había empezado a acosarla. ¿Es que Naruto ya no la encontraba deseable? ¿Estaría deseando deshacerse de ella y abrazar a Hinata sin retraso?

Levantó la vista involuntariamente y captó el brillo felino de sus ojos azules y el arqueo divertido de sus labios.

—¿Se está haciendo solitaria tu cama? —Sakura se sonrojó hasta la raíz del pelo—. Parece que me estoy convirtiendo en un objeto sexual. Y no me es del todo desconocido este papel. Otros miembros de tu sexo ya me han visto bajo esa óptica. Sólo que tú eres mi esposa.

—¡Temporalmente! —explotó Sakura furiosa porque pudiera leerle los pensamientos con tal facilidad.

—Y como no tengo deseos de ser ofensivo...

—Pues lo haces muy bien, ¿sabes? —interrumpió Sakura.

—No soy tu gígolo.

—¿Perdona?

Sakura estaba tan furiosa que apenas podía hablar.

—A ti te gustaría mucho que yo fuera a tu cama cada noche en silencio y saliera al amanecer con el mismo silencio. Podrías obtener placer físico conmigo sin tener que dar un átomo de ti misma. No dejaré que me uses de esa manera.
Cuando aprendas a hablar conmigo compartiré tu cama.

—No quiero hablar contigo... no te quiero en mi cama... De hecho me gustaría que dieras un salto y aparecieras en la próxima colina.

—Pero yo sé que nada de eso es verdad —dijo Naruto con delicado énfasis—. Simplemente no puedes soportar que te contradigan. ¿Es que nunca te disciplinaron de pequeña?

Sakura se quedó con la boca abierta.

—Lo pregunto porque yo tuve un arrebato como los tuyos una vez... pero me disciplinaron. Y me hizo mucho bien.

Sakura apretó las manos y contó despacio hasta diez.

Naruto se sentó en la hamaca más próxima.

—Me gustaría tomar una bebida fría

Sakura levantó la jarra de zumo helado y empezó a servir un vaso.

—Y no me gustaría que me lo arrojaran encima.

—¿De verdad?

—Odiaría someterte a la indignidad de tener que tirarte al estanque más cercano. Los rumores acerca de la fuente el día de nuestra boda se han extendido por estos muros.

Ella se puso escarlata y contó hasta cincuenta.

—Que tu temperamento es del color de tu pelo ya no es un secreto para nadie.

La cuenta llegó hasta cien a una velocidad supersónica.

—Y ahora, ¿de qué te gustaría hablar?

—De métodos de tortura y muerte. Me pones tan furiosa a veces —concedió con un gemido.

—Al menos no te aburro como mi padre aburría a mi madre.

—Dijiste que le había abandonado antes de morir —recordó de repente Sakura.

La boca expresiva de él se curvó en una mueca.

—Mi madre no está muerta.

—Pero Omohe me dijo...

—Te aseguro que está muy viva. Es la mujer de un prominente político francés con intensa vida social y la madre de otros dos hijos.

—¿Se divorció tu padre de ella entonces?

—Se divorció ella cuando volvió con su familia. Mi padre era demasiado orgulloso como para admitir que él sólo fue un romance de vacaciones y difundió el falso informe de su muerte.

Sakura estaba fascinada.

—¿Un romance de vacaciones?

—La madre de Ino había muerto dejando a mi padre viudo con cuatro hijas. Conoció a mi madre en París —explicó Naruto con calma—. Ella era joven, rica y caprichosa y pensó que podría ser divertido casarse con un príncipe árabe. Mi abuelo estaba todavía en el trono entonces...

—¿Me estás diciendo que tu madre era francesa? ¿Cristiana?

—Sí, pero eso no supuso ningún problema. Más de un tercio de la población de Datar es cristiana.

Sakura se había olvidado de la historia. Hacía un siglo un gran número de cristianos coptos de Egipto se establecieron en Datar. Su presencia había llevado a un mayor grado de tolerancia religiosa que en los demás países musulmanes.
Pero estaba asombrada de enterarse de que Naruto era medio francés.

—Me parezco a mi padre, no a mi madre.

—¿Cuánto tiempo estuvieron casados?

—Más tiempo del que ella hubiera deseado porque se quedó embarazada el primer mes y se fue de Datar cuando yo tenía dos semanas.

—Tu padre no le permitió que te llevara con ella.

—Tampoco tenía ella deseos de hacerlo. Un niño mestizo la hubiera avergonzado —Naruto suspiró con exasperación—. Mi padre estaba profundamente enamorado de ella. Era un hombre mayor pero no muy prudente según el punto de vista occidental. Era mucho más vulnerable al fracaso y que me rechazara a mí fue lo que más le dolió.

Sakura se había puesto roja. Imaginarse al viejo tirano, como ella siempre le había catalogado, como a un hombre vulnerable y poco sofisticado le había impactado.

—¿Te has puesto alguna vez en contacto con tu madre?

—Sólo una vez. Fui a verla aunque mi padre me había advertido que sería una tontería —apretó el vaso con fuerza—. Si hubiera visto un esqueleto no hubiera quedado más horrorizada. No quiere recordar que estuvo casada otra vez ni que tiene otro hijo porque, a su marido no le gusta nuestra raza. En presencia mía le hizo jurar a un sirviente que mantuviera el secreto.

—¡Qué odioso hacerte eso! —exclamó Sakura con ardor.

—Parece como si te importara, aziz.

Sakura se paralizó y su mirada tropezó con aquellos ojos intensos. Desvió la mirada a toda velocidad guardando su corazón y su lengua.

—Por supuesto que me importa. Ni siquiera a mi peor enemigo le desearía una experiencia como esa.

—No sufrí mucho. Tenía a un padre que me amaba y al llegar a los tres años, también a una madrastra que me crió como si fuera hijo suyo. También tengo dos hermanas más jóvenes, las hubieras conocido si nuestra boda no hubiera sido así. Las dos están casadas y viven en el extranjero.

—Así que tú eres el único hijo.

—Lo que explica por qué mi padre es tan exagerante protector conmigo. Ino no bromeaba. Si estornudo en su presencia se pone pálido. He deseado muchas veces que Alá le hubiera bendecido con más hijos.

«Su amado hijo», recordó Sakura que había dicho Ino. Seis hijas y un solo hijo que debía haber sido más precioso qué el oro al nacer, pero que le había cargado en las espaldas con muchas expectativas.

La imagen de su suegro había sufrido un vuelco: no el viejo tirano sino un padre amoroso e hiperprotector.

—Mi padre empezó a tener esa desconfianza en el mundo occidental cuando su matrimonio falló. Por esa misma razón yo fui educado en Datar..

Sakura casi soltó un gemido.

—Y entonces, la única vez que te dejó ir a occidente...

—Te conocí a ti —Naruto apuró el vaso y lo dejó a un lado—. Y cuando lleguen las lluvias y te vayas, dirá... No, no quiero pensar ahora en lo que dirá.

No dudaba que habría toda una semana de celebraciones y la relación entre padre e hijo se restauraría.

—Por supuesto... él no quería que te casaras con migo.

—No, no quería.

—Entonces, ¿por qué lo hiciste? —susurró con impotencia al comprender ahora lo que le habría costado a Naruto desafiar a su viejo padre.

Los árabes honraban a sus padres. Los hijos árabes siempre obedecían los deseos paternales sin cuestionarlos, como si se trataran de leyes.

—Ya te he dicho por qué.

Naruto estaba otra vez como una máscara impenetrable.

—¿Tanto me deseabas?

—¿Crees que tengo la costumbre de raptar mujeres y casarme con ellas a toda velocidad? —una repentina sonrisa le surcó los labios—. He oído que ya has inspeccionado los establos. ¿Sabes montar a caballo?

El cambio de tema la despistó.

—¿Montar?

—Yo monto al amanecer cuando hace fresco. Mañana, si te apetece, te llevaré conmigo. El desierto es un lugar de una maravillosa belleza a esa hora... Lo compartiré contigo.

—No parece que tenga mucho sentido el que compartamos nada, ¿no crees?

—¿Porque te irás? —Naruto se puso de pie—. Derrotista como siempre, aziz. Si yo puedo vivir con esa idea, ¿por qué no puedes tú? ¿Y por qué iba a desear yo una relación vacía en el tiempo que nos quede?

Yo quiero el oro no el falso brillo. Haremos más que compartir una cama antes de que vuelvas a tu mundo.

Sakura inspiró con fuerza y se reclinó mientras él permanecía en una magnífica pose bajo el brillante sol.

—Hace diez días nada de lo que hubiera hecho te hubiera convencido de dejarme sola —le recordó ella con fiereza.

—Hace diez días fui lo bastante tonto como para creer que tu actitud hacia mí era... digamos que estaba... caldeándose, suavizándose. Pero cuando te he visitado en tu cama enferma, sólo hemos hablado del tiempo, de política o de tu investigación.

—¿Te he estado aburriendo?

Sakura tenía la cara ardiente.

—Eres demasiado inteligente como para aburrirme y tus observaciones y opiniones siempre me interesan, pero mientras evades cualquier tema personal y pones tanto cuidado en aparentar que te intereso tanto como un desconocido que te encuentras en la calle, todavía siento que estamos en fase de cortejo.

—¿Cortejo?

—No me tratas ni como a un amante ni como a un marido. Me niegas toda intimidad... excepto cuando me miras. Pero si yo he tenido que aprender inglés para comunicarme contigo, tú tendrás que aprender la lengua que yo deseo escuchar.

—¡Lo quieres todo!, ¿verdad?

Sobre todo venganza, pensó con amargura. Él sabía que si la tocaba, ella sería suya... pero eso no era suficiente para satisfacerle. Oh, no, él quería meterse en su cabeza y desvelar cada secreto suyo para controlarla por completo.

—¿Lo has dudado alguna vez?

—Bueno, ¿qué quieres saber? No tengo nada que esconder.

—Realmente, aziz. ¿Estás tan desesperada por mí como para hacer una oferta tan inmediata?

Sakura extendió las manos con un gesto de suprema frustración y entonces notó la irresistible sonrisa de él y empezó a sentirse tonta.

—Yo debería haber resistido la tentación... pero tú te tomas demasiado en serio. Me has acusado de tantas cosas ridículas. Me río cuando pienso en mis doscientas concubinas, en mi otra esposa, en tu opinión de que era un hombre violento... Y más recientemente la idea de que soy una especie de doctor Jekyll y Hyde, que se convirtió en un monstruo a las pocas horas de casarse contigo. Si no pudiera reírme, estaría amargado.

Sakura tragó saliva de forma compulsiva. Ahora que había repetido todas sus acusaciones, se sentía avergonzada por la tolerancia que había tenido con ella.

—Lo siento, pero.... Bueno, tengo algunas justificaciones a mis sospechas —alzó la barbilla—. Mi tía estuvo casada con un árabe y tuvo una experiencia muy traumática. Supongo que lo sabrás, ya que me has hecho investigar.

—No, no lo sabía. La investigación sólo abarcó el año pasado, nada más. Yo también sentía que me estaba entrometiendo en tu intimidad y sólo buscaba información de que no estuvieras comprometida con otro hombre.

—¡Ah!

Ahora era Sakura la que estaba desconcertada.

—¿Tu tía? —repitió él mientras empezaban a caminar por la terraza de piedra bajo los árboles.

—Mi tía tiene sólo seis años más que yo. Cuando tenía diecinueve años conoció a un ingeniero iraní en una fiesta. Faisal era encantador y parecía completamente enamorado de ella. Pero fue un desastre desde el principio. Desde el momento en que estuvieron casados, él cambió. La trataba como a una prisionera. Ponía pegas a su ropa, a su maquillaje y a sus amigos. La acusaba de coquetear con otros hombres y hasta intentó impedir que siguiera yendo a sus clases. Ni siquiera le gustaba que visitara a su familia.
Se volvió también contra nosotros. Y al final le pegaba y ella estaba aterrada... Tuvo que acudir a la policía.

—¿Y me citas eso como prueba de inferioridad cultural?

—¿No lo es?

—Hombres así los hay en todas las culturas. Son emocionalmente enfermos, irracionalmente celosos y posesivos e invariablemente acaban siendo violentos.

Sakura se humedeció los labios. Se sentía devastada por una argumentación que ella no había reconocido antes, porque por supuesto que ese tipo de hombres también existía en su propia cultura.

—Ese era un hombre enfermo y peligroso. Es una suerte que tu tía escapara sin daños más serios. Pero ¿cómo tu familia permitió que una chica tan joven se casara con un extranjero del que no sabían nada?

—Parecía un hombre tan romántico... —Sakura recordó lo impresionada que había estado hasta ella con Faisal—. Parecía adorarla.

—Debió ser una pesadilla

Noche tras noche, Mei había llegado a su puerta con los ojos hinchados, la cara pálida y habiendo perdido peso; toda su energía de juventud gastada de la tensión y la miseria y el creciente miedo de Faisal.

Pero Naruto tenía razón. Mei podría haberse casado con un hombre de su país y haber acabado igual.

—Lo fue, pero Mei siguió con sus estudios de negocios y emigró a Canadá poco después. Ahora es directora de una multinacional.

—¿Se volvió a casar?

—No. Es muy ambiciosa.

—¿Tu modelo femenino?

Sakura se sonrojó pensando en las largas conversaciones que, había mantenido con Mei dos años atrás. Mei no había vuelto a recuperar la confianza en el sexo masculino. Seguía muy amargada

Por los dos años de pesadilla con Faisal. Bajó la cabeza y admitió:

—Admiro lo que Mei ha hecho con su vida después de ese periodo tan horrible.

Pero ya no estaba tan segura de admirar a su tía por permitir que una experiencia le hiciera rechazar a todos los hombres.




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