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Boda Griega. (Adaptación NS)

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Boda Griega. (Adaptación NS)

Mensaje por CerezoIntenso el Vie Ene 12, 2018 2:48 pm

Sinopsis

Sakura no tenía opción. O le suplicaba a Naruto Uzumaki que accediera a un matrimonio de conveniencia, o su madre no conseguiría el tratamiento médico que necesitaba.

Naruto accedió, pero con sus condiciones. A cambio de la asignación generosa, Sakura le pasaría la herencia que iba a recibir el día de su boda y le daría un hijo y heredero. Eso había sido lo que ella había temido... ¡Naruto había aprovechado su oportunidad para vengarse!

Diez años antes, Naruto había roto su compromiso porque creyó que Sakura le había sido infiel.

Ahora estaba a punto de comprobar que se había equivocado... ¡cuando descubriera que su esposa era virgen!





.



.

¡Hola! comenzando el año con planes nuevos, metas y emociones nuevas chicos, ¡y claro! historias nuevas. Como leyenron anteriormente comenzare a publicar esta adaptación a nuestra queridisima pareja favorita (nuca dejara de ser la mía) Cool y quien diga lo contrario Tío con hacha les cuento que es una de mis historias favoritas de una de mis escritora favoritas por eso les comparto esta y puede que mas adelante traiga otras más...

¡Espero sus comentarios! aunque sé que algunos no comentan pero sí leen y agradezco a esos lectores Embarassed besos, abrazos, saludos!
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Re: Boda Griega. (Adaptación NS)

Mensaje por CerezoIntenso el Mar Ene 16, 2018 12:32 pm

Capítulo 1.




--Has arruinado tu vida como hizo tu madre con la suya —dijo Yenko Haruno.

Sakura miró a su abuelo, griego, con sus ojos color miel. Estaba muy nerviosa, pero había ido a suplicarle algo y, si dejarle que se metiera con ella lo ponía de mejor humor, soportaría cualquier ataque.

Esbelto y fuerte para sus setenta y tantos años, el canoso anciano paseaba por la lujosa suite del hotel de Londres.

—¡Mírate, aún soltera con veintisiete años! Sin marido ni hijos. Hace diez años, yo te abrí mi casa y traté de hacer lo mejor para ti...

Cuando se detuvo para respirar, Sakura supo lo que iba a continuación y se puso más pálida.

—¿Y cómo me pagaste mi generosidad? —continuó el anciano—. Tú deshonraste el apellido de mi familia. Me hiciste caer en desgracia, destruiste tu reputación e insultaste de manera imperdonable a la familia Uzumaki.

—Sí...

Sakura estaba lo suficientemente desesperada como para suicidarse incluso si con eso calmaba a su abuelo y le daba la oportunidad de rogar por la causa de su madre.

—¡Vaya un matrimonio que te conseguí... Y en su momento estuviste muy agradecida por tener a Naruto Uzumaki! Lloraste cuando te dio el anillo de compromiso. ¡Recuerdo muy bien esa ocasión! Y luego lo tiraste todo por la borda en un momento de locura. Me avergonzaste a mí y a ti misma...

—Diez años es mucho tiempo...

—¡No lo suficiente como para que yo lo olvide! Sentía curiosidad por volverte a ver. Es por eso por lo que accedí a hacerlo cuando me escribiste. Pero deja que te diga ahora, para no perder más el tiempo, que no recibirás ninguna ayuda económica de mí.

Sakura se ruborizó.

—No quiero nada para mí... pero mi madre, tu hija...

Yenko la interrumpió antes de que ella pudiera mencionar el nombre de su hija.

—¡Si mi hija te hubiera criado para ser una joven decente, de acuerdo con las tradiciones griegas, tú no me habrías deshonrado!

Ante esas palabras, Sakura decidió que no iba a permitir que su madre pagara por sus pecados, así que levantó la barbilla decididamente.

— Por favor, déjame hablar...

—¡No! ¡No te voy a escuchar! Quiero que te vayas a casa y pienses en lo que has perdido para ti y tu madre. Si te hubieras casado con Naruto Uzumaki...

—¡Lo habría castrado! —exclamó ella sin poder contenerse.

Su abuelo levantó las cejas sorprendido y ella se ruborizó.

—Lo siento.

—¡Por lo menos él te habría enseñado a mantener la lengua quieta cuando te está hablando un hombre! Ahora solo te puedes ganar mi perdón casándote con Naruto.

—¿Y por qué no me pides también que escale el Everest?

—Ya veo que te haces a la idea.

—Si yo pudiera hacer todavía que se casara conmigo, ¿tendría acceso todavía a la fortuna de la familia Haruno?

—¿Qué estás sugiriendo? ¿Hacer que se case contigo? ¿Naruto Uzumaki, al que insultaste tan gravemente, el que puede tener a cualquier mujer que desee...?

—Pocas mujeres pueden ofrecer una dote tan grande como la que tú ofreciste como compensación hace diez años.

—¿,Es que no tienes vergüenza?

—Cuando tú trataste de venderme como uno de tus petroleros, yo perdí todas mis ilusiones. Y aún no has respondido a mi pregunta.

—¿Pero a qué viene una pregunta tan tonta? —exclamó el anciano.

—Solo lo quiero saber.

—Yo le habría pasado el control de la empresa familiar a Naruto el día de vuestra boda, ¡y todavía lo haría con gusto si fuera posible! Mi único deseo era dejar en buenas manos el negocio al que le he dedicado toda mi vida. ¿Era eso mucho pedir?

Sakura decidió que aquello no tenía sentido, así que empezó a dirigirse a la puerta, pero entonces, pensó que debía hacer un último intento.

—La salud de mi madre no es buena...

Yenko gruñó algo en griego y Sakura lo miró echando chispas por los ojos:

—¡Si ella muere en la pobreza, espero que la conciencia te castigue hasta la tumba y más allá, porque eso es lo que te mereces!

Él la miró por un segundo con ojos inexpresivos. Luego le dio la espalda.

Sakura abandonó la suite y se metió en el ascensor, donde se derrumbó. Minutos más tarde, ya había recuperado el control y salió a la calle. Pensó que, si tuviera dinero, haría que raptaran a Naruto Uzumaki y ella misma se encargaría de torturarlo, ya que realmente odiaba a ese hombre. Lo odiaba de verdad.

Aunque ya era inmensamente rico, la avaricia lo había hecho comprometerse a los diecinueve años con una chica regordeta que no tenía otro atractivo para él más que ser la heredera de la fortuna de los Senju. Naruto Uzumaki le había roto el corazón, destruido su orgullo y se había asegurado de que Yenko no la perdonara nunca ni a ella ni a su madre.

Pero tal vez su madre hubiera nacido bajo una estrella desafortunada. Durante los primeros veintiún años de su vida, Tsunade había estado inmersa en un mundo de dinero y privilegios.

Luego había cometido el error fatal de enamorarse de un inglés. Se encontró con una fuerte oposición familiar, pero ella se fue a Londres para reunirse con él. El día antes de su boda, el padre de Sakura se había estrellado con su moto y se había matado.

Poco después, Tsunade había descubierto que estaba embarazada. Desde entonces no había habido vuelta atrás, estaba esperando un hijo y estaba soltera y no sabía hacer casi nada en la vida. Aun así, había criado sola a Sakura y a lo largo de su infancia ella solo podía recordarla con cara de agotamiento. Todos esos años de agotador trabajo físico habían arruinado su salud y debilitado el corazón.

Cuando Sakura fue lo suficientemente mayor para trabajar, las cosas fueron mejor.

Durante unos años, habían sido felices en un pisito que les había parecido un palacio a las dos

Pero bacía año y medio, la empresa para la que trabajaba quebró y, desde entonces, ella solo había podido conseguir empleos temporales e incluso eso les estaba fallando recientemente. Habían tenido que marcharse del piso y sus ahorros habían desaparecido hacía ya tiempo.

El ayuntamiento las había realojado en un suburbio. A su madre le daban tanto miedo las pandillas de jóvenes desocupados que ya no se atrevía a salir de la casa y era como si se hubiera rendido y no quisiera vivir más.

Sakura creía que se estaba muriendo poco a poco. Siempre estaba pensando en el pasado, ya que el presente era demasiado desagradable.

Un apartamento barato y ruinoso en el que no se podían permitir tener calefacción ni teléfono ni televisión. Nada.
Si ella hubiera podido predecir el futuro hacía diez años, ¿habría tomado la misma decisión?

¡Seguramente ahora estaría casada con un magnate! Su madre podría haber disfrutado de nuevo de la seguridad y comodidades, antes de que su salud se viera arruinada del todo.

Ahora sabía que, si hubiera tenido esa bola de cristal, se habría casado con un monstruo por su madre.

¿Y qué si Naruto había tonteado con una preciosa modelo italiana no lejos de ella?

¿Y qué si Naruto le había dicho a su prima segunda, Karin, que ella era gorda, estúpida y asexuada, pero que valía su peso en oro?

¿Y qué si él fuera a serle infiel durante todo el matrimonio y se dedicara a ser un cerdo arrogante con el que fuera insoportable vivir?

¿Y qué si le dijo a la cara la mañana después de esa noche famosa que ella era una zorra y que él, Naruto Uzumaki, se negaba a casarse con las sobras de otro hombre?

Se detuvo delante de un escaparate y pensó que Naruto debía de estar en Londres por la misma razón por la que estaba su abuelo. Había leído en la prensa que se iba a producir una reunión de magnates griegos con intereses en negocios británicos. Al contrario que Yenko, Naruto tenía unas grandes oficinas en la City, donde debería estar en ese mismo momento.

¿Qué tenía ella que perder? Él seguía soltero. Y Yenko
Haruno nunca bromeaba con el dinero. Su abuelo pagaría millones de libras por verla casada con Naruto Uzumaki. Las personas no contaban para nada en eso, lo primero era unir los dos enormes imperios económicos. Y con eso, incluso ella podía ser capaz de hacer la última oferta. ¿Estaba loca?

No, se lo debía a su madre. Tsunade había sacrificado mucho por ella.

Miró su reflejo en el escaparate. Una mujer pelirosa de altura media, con una falda gris y una chaqueta vieja.
Incluso con lo poco que comía, nunca sería delgada. Debía de haber heredado sus generosas curvas de su padre, ya que su madre era muy delgada. Bueno, pero valía su peso en oro, se recordó a sí misma. Y, si había algo en lo que
Naruto sobresaliera, era en su capacidad para aumentar sus ya importantes riquezas.

Naruto estaba planeando un gran trato.

Había ordenado que no le pasaran ninguna llamada. Así que, cuando llamaron levemente a la puerta de su despacho, miró irritado a su ayudante británico, Gerry, cuando se acercó y le susurró algo al oído.

—Lo siento, pero hay una mujer que pide verlo urgentemente, señor.

—He dicho que no quiero interrupciones, sobre todo de mujeres.

—Dice que es la nieta de Yenko Haruno, Sakura. Pero la recepcionista no está convencida de que sea cierto. Supongo que no lo parece, señor...

¿Sakura Haruno?

Naruto frunció el ceño. Ese nombre aún despertaba en su interior una cierta ternura a la vez que rabia. ¿Cómo se atrevía esa zorra a pretender verlo?

Se puso en pie repentinamente, y todos los demás hicieron lo mismo.

Se acercó a los ventanales y pensó que Yenko le había dicho que nunca la perdonaría, y era un hombre de palabra. Incluso en esos momentos Naruto se estremecía al recordar la humillación que había sufrido al verse enfrentado públicamente con el hecho de que su novia, supuestamente virginal, había salido con su coche con un amigo borracho y se había acostado con él. Era asqueroso.

De hecho, solo recordarlo le hacía lamentar el no haber tenido la oportunidad de castigarla como se merecía.

—¿Señor....?.

Naruto se volvió.

—Que espere.

Su ayudante contuvo la sorpresa con dificultad.

—¿A qué hora le digo a su secretaria que la verá?

—Deje que espere.

Mientras pasaba la hora del almuerzo y empezaba la tarde, Sakura era consciente de que alguna gente pasaba con sospechosa lentitud por la zona de recepción y la miraba extrañada.

Mantuvo la cabeza alta aparentando indiferencia. Se dijo que había logrado entrar y que iba a aprovechar su oportunidad. Naruto no se había negado a verla. Después de todo, tenía que intentarlo, él era su última oportunidad y tenía que tragarse el orgullo.

Justo antes de las cinco, la recepcionista se levantó de la mesa y le dijo:

—El señor Uzumaki ha abandonado el edificio, señorita Haruno.

Sakura se puso pálida. Luego recuperé la dignidad y se levanté. Mientras bajaba en el ascensor, decidió que al día siguiente haría lo mismo. Y al otro. Todos los días que fueran necesarios.

En el autobús, pensó que Naruto ya no era el guapo adolescente del que una vez se había enamorado. Ahora era ya un adulto. Como su abuelo, no debía ver la necesidad de justificar su propio comportamiento. No le habían dicho que no la atendería. La había dejado concebir esperanzas. Eso había sido algo cruel, pero ella debería haber estado preparada para esa táctica.



A la mañana siguiente, Sakura tomó posiciones en la sala de espera de las oficinas de Naruto tres minutos después de las nueve en punto.

Pidió verlo como el día anterior y la recepcionista no la miró. Sakura se preguntó si ese sería el día en que Naruto perdiera la paciencia y haría que la echaran del edificio.

A las nueve y diez, Gerry Mardsen se acercó a Naruto, que, como siempre, había empezado a trabajar a las ocho de la mañana.

—La señorita Haruno está aquí de nuevo hoy, señor.

Naruto se tensó casi imperceptiblemente.

—¿Tiene el archivo Tenco? —le preguntó Naruto como si el otro no hubiera dicho nada.



El día continuó con Sakura esperando que su humildad impulsara a Naruto a dedicarle cinco minutos de su tiempo. Para cuando terminó el día, la recepcionista le dijo de nuevo que Naruto se había marchado y ella experimentó semejante oleada de frustración que hubiera querido gritar.



Al tercer día, Sakura deseó haberse llevado unos sándwiches de casa, pero eso habría despertado las sospechas de su madre.

Sorprendentemente, a mediodía, cuando volvió de una visita al cuarto de baño, se encontró con una taza de té y tres pastas esperándola. Sonrió y la recepcionista la miró conspirativamente. Para entonces, ella estaba convencida de que todo el mundo había pasado por allí para echarle un vistazo. Todos menos Naruto.

A las tres, cuando ya había desaparecido lo que le quedaba de paciencia, la desesperación empezó a apoderarse de ella.

Naruto volvería a Grecia pronto y quedaría aún más lejos de su alcance. Tomó una decisión repentina y se levantó. Pasó por delante de la mesa de recepción y empezó a caminar por el corredor que daba a los despachos.

—¡Señorita Haruno, no puede pasar ahí! —le gritó la recepcionista.

Pero ella sabía que, hiciera lo que hiciese, ya estaba perdida. Obligar a Naruto a enfrentarse a ella no era lo más adecuado. A ningún hombre le gustaba que una mujer se enfrentara a él.

Podría reaccionar como un hombre de las cavernas.

Cuando estuvo delante de una de las puertas, unas manos masculinas la sujetaron por los brazos.

—Lo siento, señorita Haruno, pero nadie entra ahí sin permiso del jefe -dijo una voz con acento griego.

—Kakashi... -dijo ella reconociendo la voz del guardaespaldas de Naruto—. ¿No podría mirar para otro lado solo por una vez?

—Vuelva a casa, por su abuelo. Por favor, hágalo antes de que se la coman viva.

Kakashi dudó un momento y, sin pensarlo, ella aprovechó la oportunidad. Se soltó de repente y entró por la puerta.

Naruto se levantó sorprendido de detrás de su mesa.

Sakura supo que tenía solo un segundo antes de que Kakashi volviera a intervenir.

—¿Eres un hombre o un ratón que no se atreve a enfrentarse a una mujer? —le espetó.



Continuará...

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