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El castillo Vagabundo...En el que Sakura deja el Castillo en varias direcciones a la vez (15-02-18)

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El castillo Vagabundo...En el que Sakura deja el Castillo en varias direcciones a la vez (15-02-18)

Mensaje por alexad_uzumaki el Mar Jul 11, 2017 3:40 pm

PROLOGO

Al huir de Ingary bajo los efectos de un terrible maleficio, Sakura Haruno
Encuentra el castillo del mago Naruto uzumaki. El mago es temido en
Toda la región y hace que su castillo se traslade de un sitio a otro.
De forma inesperada, el mago y Sakura colaborarán, cambiando
El destino de muchas personas.






_______________________________________________________________________

holas mi gente volvi Happy Run Happy Run Happy Run  pero ahora con la gran novela de la escritora británica Diana Wynne Jones  In Love In Love In Love In Love

espero que les guste se despide el sexy pollo osea yo Onion ok Onion ok Onion ok Onion ok Onion bye Onion bye Onion bye Onion bye Onion bye


Última edición por alexad_uzumaki el Vie Feb 16, 2018 4:02 pm, editado 15 veces
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Re: El castillo Vagabundo...En el que Sakura deja el Castillo en varias direcciones a la vez (15-02-18)

Mensaje por alexad_uzumaki el Dom Jul 16, 2017 3:42 pm

En el que Sakura habla con los sombreros



EN EL REINO DE INGARY, donde existen cosas como las botas de siete leguas y las capas de   invisibilidad, ser el mayor de tres hermanos es una desgracia. Todo el mundo sabe que el mayor es el que fracasa primero, sobre todo si los tres salen a buscar fortuna.


Sakura Haruno  era la mayor de tres hermanas. Ni siquiera era hija de un leñador pobre, lo que podría haberle dado alguna oportunidad de triunfar, sino que sus padres tenían una sombrerería de señoras en la próspera ciudad de Market Chipping, donde vivían desahogadamente. Eso sí, su madre murió cuando Sakura tenía dos años y su hermana uno, y su padre se había casado con la ayudante de la tienda, una joven guapa y rubia llamada Holly, Al poco tiempo Irene dio a luz a la tercera hermana, shion. Según eso, Sakura y Ino deberían haberse convertido en las hermanas feas, pero lo cierto es que las tres niñas crecieron muy hermosas, aunque todo el mundo decía que la más bella era Ino. Holly  las trataba a las tres con el mismo cariño y no favorecía a shion en absoluto.

El señor Haruno se sentía orgulloso de sus tres hijas y las envió al mejor colegio de la ciudad. Sakura  era la más estudiosa. Leía mucho y muy pronto se dio cuenta de las pocas probabilidades que tenía de que el futuro le deparase una vida interesante. Se llevó una desilusión pero siguió viviendo feliz, cuidando de sus hermanas y preparando a Rin para que buscara su fortuna cuando llegara el momento. Como holly  estaba siempre ocupada en la tienda, Sakura  era la encargada de cuidar a las otras dos. Las pequeñas no dejaban de pelearse y tirarse de los pelos Ino de ninguna manera se resignaba a ser la que, después de Sakura, tendría menos éxito.

— ¡No es justo! —Gritaba Ino—. ¿Por qué tiene que llevarse  shion lo mejor solo por ser la pequeña? ¡Pues yo me pienso casar con un príncipe, hala!

A lo que shion siempre replicaba que ella iba a ser riquísima sin necesidad de casarse con nadie. Entonces tenía que venir Sakura a separarlas y arreglarles los desgarrones de la ropa. Era muy habilidosa con la aguja. Incluso llegó a hacerles vestidos a sus hermanas. Antes de que esta historia comenzara de verdad, a Ino  le cosió un vestido de un rosa intenso para celebrar la fiesta de mayo, que en opinión de Irene parecía salido de la tienda más cara de Kingsbury. Por aquella época, todo el mundo había vuelto a hablar de la bruja del Byakugan. Se decía que había amenazado de muerte a la hija del Rey, y que este había enviado al Páramo a su mago personal, el mago Inuzuka, para que se encargara de ella. Y, al parecer, el mago Inuzuka  no solo había sido incapaz de cumplir el encargo, sino que la bruja había acabado con él.  Así pues, cuando unos meses más tarde apareció de repente un castillo alto y negro sobre las colinas de Market Chipping, despidiendo columnas de humo sucio por sus cuatro torres, todos estuvieron convencidos de que la bruja había vuelto a salir del Páramo y estaba dispuesta a aterrorizar al país como lo hizo cincuenta años atrás. La gente estaba muy asustada. Nadie salía solo, especialmente de noche. Y lo más terrorífico era que el castillo no siempre estaba en el mismo sitio. A veces, el castillo se veía como una mancha alta y negra en los terrenos yermos al noroeste, otras sobresalían sobre las rocas al este, y en algunas ocasiones se acercaba a la ladera y se colocaba sobre los brezos, al norte, un poco más allá de la última granja. De vez en cuando se movía, echando bocanadas de humo gris y sucio por sus torres. Al principio todo el mundo creía que muy pronto el castillo llegaría a plantarse en el medio del valle, y el alcalde habló de pedir ayuda al Rey. Pero el castillo se quedó rondando por las colinas y se supo que no pertenecía a la bruja, sino al mago Naruto uzumaki.
El mago uzumaki  tampoco era un santo. Aunque al parecer no quería abandonar las colinas, se rumoreaba que le divertía atrapar a jovencitas y quitarles el alma. Otros aseguraban que se comía sus corazones.  Era un mago absolutamente frío y sin escrúpulos y ninguna joven estaría segura si él andaba cerca. Sakura, Ino y shion  igual que las demás muchachas de Market Chipping, tenían prohibido salir solas, lo que resultaba muy pesado. Se preguntaban para qué querría el mago Naruto todas aquellas almas que coleccionaba.

Pero al poco tiempo tuvieron otras cosas en qué pensar, porque el señor Haruno murió de repente justo cuando Sakura  era lo bastante mayor para dejar el colegio. Y entonces se descubrió que el orgullo que sentía por sus hijas había sido excesivo: para pagar la matrícula del colegio había contraído pesadas deudas. Después del funeral, Holly se sentó con las niñas en la casa que tenían junto a la tienda y les explicó la situación.

—Me temo que las tres tenéis que abandonar el colegio — dijo—. He estado haciendo todo tipo de cuentas y la única forma de mantener el negocio y cuidaros a las tres es que se coloquen  como aprendizas en algún sitio. No es práctico que se queden todas en la tienda. No puedo permitírmelo. Así que esto es lo que he decidido. Primero Ino...

Ino levantó la vista, con un aspecto de radiante salud y belleza que ni siquiera la pena y el luto podían ocultar.


—Yo quiero seguir aprendiendo —dijo.


—Y así será, cariño —replicó holly—. He dispuesto que entres como aprendiza en casa de choza, el pastelero de la Plaza del Mercado. Tienen la reputación de tratar a sus aprendices como a reyes, y serás muy feliz allí, además de aprender un oficio útil. La señora akimichi es una buena clienta y amiga, y ha accedido a colocarte en su casa como un favor personal.

Ino soltó una carcajada que dejaba ver que no estaba contenta en absoluto.

—Vaya, muchas gracias —dijo—. Menos mal que me gusta cocinar.

Holly  parecía aliviada. A veces Ino  podía ponerse muy cabezota.

—Y ahora shion —dijo—. Ya sé que eres demasiado pequeña para trabajar, así que se me ha ocurrido algo que te proporcionará un aprendizaje largo y tranquilo que te será útil para cualquier cosa que decidas hacer después. ¿Conoces a mi amiga del colegio, lucy Fairfax?
Shion, que era delgada y rubia, clavó sus grandes ojos morados en holly casi con la misma determinación que Ino.


— ¿Esa que habla tanto? —preguntó—. ¿No es Bruja?

—Sí, lo es, y tiene una bonita casa con muchos clientes de todo el valle de Folding —dijo Holly entusiasmada—. Es una buena mujer. Te enseñará todo lo que sabe y seguramente te presentará a mucha gente importante de Kingsbury. Cuando termine contigo estarás bien preparada para la vida.

—Es simpática —admitió shion—. De acuerdo.


A Sakura le pareció que holly lo había hecho muy bien. Ino, al ser la mediana, seguramente nunca llegaría muy lejos, así que Holly la había colocado donde tendría oportunidades de conocer a un aprendiz joven y guapo y vivir feliz para siempre.

Shion, que estaba destinada a labrarse su fortuna, contaría para ello con la ayuda de la brujería y de amigos ricos. Y en cuanto a sí misma, no tenía la menor duda de qué le esperaba. No le sorprendió lo más mínimo cuando Holly dijo:


—Y ahora, Sakura, cariño, me parece lo más justo que heredes esta tienda cuando yo me retire, ya que eres la mayor. Así que he decidido tomarte como aprendiza para darte la oportunidad de conocer el negocio. ¿Qué te parece?

Sakura no podía admitir que se sentía resignada por heredar el negocio de los sombreros. Le dio las gracias.

— ¡Entonces todo arreglado! —dijo holly.

Al día siguiente Sakura ayudó a shion a guardar su ropa en una caja y al otro la vieron marcharse montada en una carreta, pequeña, erguida y nerviosa. El camino hacia Upper Bolding, donde vivía la señora Fairfax, atravesaba las colinas v pasaba junto al castillo del mago Naruto. Era comprensible que Shion tuviera miedo.


—No le pasará nada —dijo Ino.


Ino se había negado a ayudar con el equipaje. Cuando la carreta desapareció en el horizonte, Ino metió todas sus pertenencias en una funda de almohada y le pagó al criado del vecino una moneda de seis peniques para que la ayudara a llevarla en una carretilla a casa del señor choza en la Plaza del Mercado.

Ino marchaba detrás de la carretilla con un aspecto mucho más animado de lo que Sakura había supuesto. La verdad es que daba la impresión de que se había quitado de encima la sombrerería.


El chico de los recados regresó con una nota de Ino que decía que había colocado sus cosas en el dormitorio de las chicas y que “akimichi`s”  le parecía un sitio muy divertido. Una semana más tarde el carretero trajo una carta de shion  diciendo que había llegado bien y que la señora Fairfax era encantadora y que le ponía miel a todo, porque tenía colmenas. Y aquello fue lo único que supo Sophie de sus hermanas durante algún tiempo,  porque ella también empezó su aprendizaje el mismo día que shion  y Ino se marcharon.


Como es natural, Sakura ya conocía el negocio de los sombreros bastante bien. Desde muy pequeña había jugado en el taller al otro lado del patio donde se mojaban los sombreros, se moldeaban sobre hormas de madera y se fabricaban flores, frutas y otros ornamentos de cera y seda para adornarlos. Conocía a todos los trabajadores. La mayoría ya estaba allí cuando su padre era niño. Conocía a tente, la única ayudante de la tienda que quedaba. Conocía a los clientes que compraban los sombreros y al hombre que conducía el carro que traía los sombreros de paja natural del campo para que les dieran forma en el taller. Conocía a los demás proveedores y sabía cómo se hacía el fieltro para los modelos de invierno. En realidad no había mucho que Holly pudiera enseñarle, excepto tal vez cuál era la mejor manera de conseguir que un cliente comprara un sombrero.


—Tienes que conducirlos poco a poco hacia el más apropiado, cariño —le explicó Holly—. Primero les enseñas los que no les quedarán bien del todo, para que noten la diferencia en cuanto se pongan el adecuado.

La verdad es que Sophie no se dedicaba mucho a vender sombreros. Después de pasar un día observando en el taller y otro día visitando con Holly los mercaderes de paños y sedas, su madrastra la puso a rematar sombreros. Sakura se sentaba en una pequeña alcoba en la trastienda, cosiendo rosas en las pamelas y velos en los bonetes, forrándolos todos con seda y adornándolos con frutas de cera y lazos de colores. Se le daba muy bien. Y le gustaba. Pero se sentía aislada y un poco aburrida.


Los trabajadores del taller eran demasiado mayores para ser entretenidos y, además, no la trataban como a uno de ellos sino como a alguien que algún día heredaría el negocio.

Teten  la trataba igual. Y de todas formas sobre lo único que hablaba era sobre el granjero con el que iba a casarse la semana siguiente a la fiesta de mayo. Sakura tenía celos de holly, que podía salir a regatear con el mercader de sedas siempre que quería.

Lo más interesante eran las conversaciones de los clientes. Es imposible comprar un sombrero sin cotillear. Sakura se sentaba en su alcoba y mientras daba puntadas se enteraba de que el alcalde no comía jamás verdura y de que el castillo del mago Naruto había vuelto a los acantilados, hay que ver cómo es, y bla, bla, bla... Siempre bajaban la voz cuando empezaban a hablar del fulano mago uzumaki, pero Sakura se enteró de que el mes  pasado había atrapado a una chica en el valle. « ¡Barba azul!», decían los murmullos, que volvían a elevarse para afirmar que Jane Farrier era un auténtico desastre a la hora de arreglarse el pelo. Esa desde luego no conseguiría atraer ni siquiera al mago uzumaki, y mucho menos a un hombre respetable. Y entonces se oía un breve y temeroso susurro sobre la bruja del byakugan. Sakura e empezó a pensar que el mago Naruto y la bruja del Byakugan deberían emparejarse.


—Parecen hechos el uno para el otro. Alguien debería organizarles una cita—le dijo al sombrero que estaba adornando en ese momento. Pero a finales de mes, todos los chismes de la tienda se centraron de repente en Ino. Al parecer, la pastelería del señor akimichi  estaba lleno de caballeros de la mañana a la noche, todos comprando grandes cantidades de pasteles y exigiendo ser atendidos por Ino. Ya había recibido diez propuestas de matrimonio, que iban, en orden de importancia, desde el hijo del alcalde hasta el barrendero, y las había rechazado todas alegando que todavía era demasiado joven para decidirse.


—Me parece algo muy sensato por su parte —le comentó sakura a un bonete que estaba forrando con seda. A holly la alegraron aquellas noticias.

— ¡Sabía que le iría bien! —dijo contenta. A Sakura se le ocurrió que a holly le alegraba no tener a Ino  cerca.

—Ino es terrible para el negocio —le dijo al bonete, frunciendo la seda color champiñón—. Ella conseguiría que incluso, viejo y desaliñado, parecieras elegante. Pero las demás miran a Ino  y se desesperan.


Sakura hablaba cada vez más con los sombreros a medida que pasaban las semanas. No tenía a nadie más con quién hablar. Holly  se pasaba casi todo el día fuera, haciendo negocios o intentando conseguir más clientas y tenten  estaba ocupada atendiendo y contándole a todo el mundo sus planes de boda.

Sakura tomó por costumbre colocar los sombreros en sus hormas de madera cuando los terminaba, donde quedaban como una cabeza de verdad, y siempre hacía una pausa para decirle a cada uno cómo sería el cuerpo que le correspondería. Solía halagar al sombrero un poco, porque a los clientes hay que engatusarlos.

—Posees un atractivo misterioso —le dijo a uno cubierto con un velo de brillos ocultos. A una pamela ancha de color crema con rosas bajo el ala le dijo—: ¡Vas a tener que casarte con un rico! —y a otro sombrero de paja de color verde manzana con  una pluma verde y rizada le dijo—: Eres tan joven como una hoja de primavera.

A los bonetes rosas les decía que eran dulces y encantadores y a los sombreros elegantes adornados con terciopelo que eran ingeniosos. Y al bonete color champiñón le dijo:

—Tienes un corazón de oro y alguno de buena posición lo verá y se enamorará de ti —aquello lo dijo porque sentía lástima de aquel bonete en particular. Parecía tan remilgado y tan soso.

Al día siguiente llegó a la tienda Jane Farrier y lo compró. Era cierto que tenía el pelo un poco raro, pensó Sakura  observándola desde su alcoba, como si se lo hubiera enrollado en unas tenazas. Era una pena que Jane hubiera escogido aquel bonete, Para entonces todo el mundo venía a la tienda a comprar. Tal vez fuera la promoción de holly o tal vez que se acercaba la primavera, pero era evidente que el negocio de los sombreros iba en aumento. Holly  empezó a decir, con tono un poco culpable:

—Creo que no debería haberme dado tanta prisa en colocar a shion y a Ino. Podríamos habernos arreglado.

Cuando abril se iba acercando a la fiesta de mayo, había tantos clientes que Sakura  tuvo que ponerse un modesto traje gris y ayudar en la tienda también. Pero la demanda era tanta que entre cliente y cliente se dedicaba a adornar sombreros y todas las tardes se los llevaba a casa, en la puerta de al lado, donde trabajaba a la luz de un quinqué hasta bien entrada la noche para tener sombreros que vender al día siguiente. Los sombreros verdes como el de la esposa del alcalde estaban muy solicitados, al igual que los bonetes rosas. Y entonces, la semana antes de la fiesta, alguien entró pidiendo el de color champiñón con fruncidos, como el que llevaba Jane Farrier cuando se fugó con el conde de Catterack.

Aquella noche, mientras cosía, Sakura tuvo que admitir que su vida era bastante insulsa. En lugar de hablar con los sombreros, se los fue probando todos al terminarlos, mirándose en el espejo. Aquello fue un error. Aquel severo traje gris no le sentaba bien, especialmente con los ojos enrojecidos de tanto coser. Y como  tenía el pelo de color rosa, ni el verde ni el rosa le quedaban bien “¿ya que tendiendo el cabello rosa, más un sombrero rosa extraño no?”. Y el de los fruncidos color champiñón le daba un aspecto sencillamente horroroso.

— ¡Como una vieja solterona! —dijo Sakura.

No es que quisiera fugarse con un conde, como Jane Farrier, ni siquiera quería que la mitad del pueblo le pidiera matrimonio, como a Ino. Pero quería hacer algo, no estaba segura de qué, algo que fuera un poco más interesante que adornar sombreros.

Pensó que al día siguiente sacaría tiempo para ir a hablar con Ino. Pero no fue. O le faltaba tiempo o fuerzas, o le parecía que la Plaza del Mercado estaba muy lejos, o recordaba que si iba sola estaría en peligro a causa del mago Naruto. Fuera lo que fuese, cada día le parecía más difícil ir a ver a su hermana. Era muy extraño. Sakura siempre se había considerado tan decidida como Ino. Pero ahora se daba cuenta de que había cosas que solo era capaz de hacer cuando ya no le quedaba ninguna excusa.

— ¡Esto es absurdo! —Dijo Sakura—. La Plaza de Mercado está a dos calles de aquí. Si voy corriendo... Y se prometió que al día siguiente se acercaría a la pastelería de los Akimichi

Cuando la sombrerería estuviera cerrada por ser la fiesta de mayo. Entretanto, a la tienda llegó un nuevo rumor. Se decía que el Rey se había peleado con su propio hermano, el príncipe Sasuke, y que el príncipe se había marchado al exilio. Nadie sabía a ciencia cierta cuáles habían sido las razones de la pelea, pero el príncipe había pasado por Market Chipping de incógnito hacía dos meses y nadie lo había reconocido. El Rey había enviado al conde de Catterack a buscarlo y, en vez de eso, se encontró con Jane Farrier.

Sakura se puso triste al escucharlo. En el mundo ocurrían cosas interesantes, pero siempre a los demás. De todas formas, sería agradable ver a Ino.


Llegó la fiesta de mayo. Desde el amanecer, las calles se llenaron de júbilo. Holly salió temprano, pero Sakura tenía que terminar primero un par de sombreros. Cantaba mientras  trabajaba. Al fin y al cabo, Ino también estaba trabajando. Los días de fiesta, choza  abriría la pastelería  hasta la media noche.

—Voy a comprarme un pastelillo de crema —decidió Sakura— Hace siglos que no los pruebo.

Vio cómo la gente se arremolinaba al otro lado del escaparate, con ropas de vivos colores. Había vendedores de recuerdos y saltimbanquis caminando sobre zancos. Sakura los contempló entusiasmada.
Pero cuando por fin se echó un chal gris sobre el vestido gris y salió a la calle, su entusiasmo se desvaneció. Se sintió abrumada. Había demasiada gente corriendo a su alrededor, riéndose y gritando, demasiado ruido y ajetreo. Sakura se sintió como si los meses que había pasado sentada cosiendo la hubieran transformado en una vieja o la hubieran dejado medio inválida. Se envolvió bien en el chal y avanzó pegada a las casas, intentando evitar que los zapatos de domingo de la multitud la pisaran o que le clavaran uno de aquellos codos cubiertos por larguísimas mangas de seda. Cuando de repente se oyó una lluvia de explosiones en el aire, Sakura  pensó que se iba a desmayar. Levantó la vista y vio el castillo de Naruto justo sobre la ladera de la colina a las afueras de la ciudad, tan cerca que parecía apoyado sobre las chimeneas. De las cuatro torres del castillo salían llamas azules despidiendo bolas de fuego azul que explotaban en el cielo con un estruendo horrible.


El mago parecía estar molesto por la fiesta. O tal vez estaba intentando participar, a su manera. Sakura estaba tan aterrorizada que no le interesaba saber cuál era el motivo. Se habría marchado a casa, pero para entonces ya estaba a mitad de camino hacia la pasteleria. Echó a correr.


— ¿Cómo se me ocurrió desear que mi vida fuese interesante? —se preguntó mientras corría—. Me daría demasiado miedo. Eso me pasa por ser la mayor de tres hermanas.

Cuando llegó a la Plaza del Mercado, fue todavía peor. Allí estaban la mayoría de las posadas. Había grupos de jóvenes que  se tambaleaban ebrios de un lado a otro, arrastrando los faldones de las chaquetas y las mangas y dando zapatazos con las botas con hebillas que nunca hubieran soñado con ponerse en un día de trabajo, lanzando exclamaciones y atosigando a las jovencitas.

Ellas paseaban elegantes de dos en dos, listas para dejarse atosigar. Era una fiesta de mayo perfectamente normal, pero a Sakura también le daba miedo todo aquello. Y cuando un joven con un fantástico traje azul y plateado la vio y decidió abordarla también a ella, Sakura se escabulló en el portal de una tienda e intentó esconderse.

El joven la miró sorprendida.

—No pasa nada, ratoncita gris —le dijo, con una sonrisa tomo compadeciéndose—. Solo quiero invitarte a tomar algo. No pongas esa cara de miedo -Su mirada de lástima hizo que Sakura se sintiera totalmente avergonzada. Era un hombre elegante, con un rostro huesudo y refinado y con tres extrañas marca en cada mejilla, bastante mayor, bien entrada la veintena, y con el pelo rubio cuidadosamente peinado. Las mangas de su chaqueta colgaban más que ninguna, con bordes de volantes y remates plateados.

—Oh, no, gracias, por favor, señor —tartamudeó Sakura— Yo iba, iba a ver a mi hermana.

—Entonces vete a verla, por supuesto —sonrió aquel joven maduro—. ¿Quién soy yo para impedir que una dama vea a su hermana? ¿Quieres que te acompañe, ya que pareces tan asustada? Lo dijo con amabilidad, lo que hizo que Sakura sintiera más vergüenza que nunca.

—No. ¡No, gracias, señor! —jadeó y salió corriendo dejándolo atrás. También llevaba perfume. El olor a jancitos la siguió mientras se alejaba.
« ¡Qué hombre tan elegante!», pensó Sakura mientras se abría paso entre las mesitas a la entrada de Akimichis. Las mesas estaban abarrotadas. Dentro había tanta gente y tanto ruido como en la plaza.  
Sakura localizó a Ino entre la fila  de ayudantes que servían tras el mostrador gracias al grupo de hijos de granjeros que apoyaban los codos en él gritándole cosas. Ino, más guapa que nunca y tal vez un poco más delgada, metía pastelillos en las bolsas tan aprisa como podía, cerrando cada bolsa con una hábil rosca y mirando por debajo del codo con una sonrisa y una respuesta por cada bolsa que cerraba. Se oían muchas risas. Sakura  tuvo que abrirse paso hacia el mostrador.


Ino la vio. Por un momento pareció quedarse pasmada , Luego sus ojos y su sonrisa brillaron al gritar:

— ¡Sakura!

— ¿Puedo hablar contigo? —Gritó Sakura—. En algún sitio — Gritó un poco perdida cuando un codo grande y bien vestido la apartó del mostrador de un empujón.

— ¡Un momento! —le contestó Ino también a gritos. Dio un paso atrás, se volvió hacia la chica que estaba junto a ella y le susurró algo. La chica asintió, sonrió y ocupó el lugar de Ino.

—Tendréis que conformaros conmigo —le dijo a la multitud—. ¿Quién es el siguiente?


— ¡Pero yo quiero hablar contigo, Ino! —gritó uno de los granjeros.

—Habla con haslyn  —respondió Ino—. Yo quiero hablar con mi hermana.
A nadie pareció importarle. Empujaron a Sakura hacia el final del mostrador, donde Ino la llamaba y mantenía abierta una trampilla para ella, y le dijeron que no tuviera a Ino ocupada todo el día. Cuando pasó por la trampilla, Ino la cogió por la muñeca y la llevó hacia el fondo de la tienda, hasta una habitación llena de rejillas de madera, todas ellas repletas de filas de pasteles. Ino sacó dos taburetes.

—Siéntate —le dijo. Miró al estante más cercano, de forma distraída, y le pasó a Sakura  un pastelillo de crema—. Puede que te haga falta.

Sakura  se dejó caer en el taburete y aspiró el rico aroma del pastelillo, sintiéndose un poco llorosa.

— ¡Ay, Ino! —exclamó—. ¡Me alegro tanto de verte!

—Sí, y yo me alegro de que estés sentada —respondió Ino—. Porque no soy Ino. Soy shion.  


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Que les parecio, espero sus respectivas, opiniones

se despide......

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Re: El castillo Vagabundo...En el que Sakura deja el Castillo en varias direcciones a la vez (15-02-18)

Mensaje por aduzumaki el Lun Jul 17, 2017 12:48 pm

Onion... que no es ino si no shion que carajos paso con ino por dios el segundo fic y ya te andas con intrigas jajaja no demores en poner la continuación esto pinta muy bien.
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Re: El castillo Vagabundo...En el que Sakura deja el Castillo en varias direcciones a la vez (15-02-18)

Mensaje por alexad_uzumaki el Jue Ago 03, 2017 3:37 pm

En el que Sakura debe salir a buscar fortuna:



— ¿QUÉ? —preguntó Sakura mirando fijamente a la chica
Sentada en el taburete frente a ella. Era una igualita a Ino Llevaba el segundo mejor vestido azul de Ino, de un azul maravilloso que le sentaba muy bien, y tenía el pelo oscuro y los ojos azules de ino.


—Soy shion —repitió su hermana—. ¿A quién pillaste cortando en pedazos las calzas de seda de Ino? Yo no se lo dije a nadie. ¿Y tú?


—Tampoco —dijo Sakura, totalmente atónita. Ahora veía que era shion. Distinguía esa inclinación de cabeza tan suya aunque la cara fuera de Ino, y tenía las manos entrelazadas sobre las rodillas haciendo molinillos con los pulgares, como hacía siempre shion—. ¿Por qué?


—Me aterrorizaba pensar que podrías venir a verme —dijo shion — porque sabía que tendría que contártelo. Y ahora es un alivio. Prométeme que no se lo dirás a nadie. Y sé que si lo prometes no lo dirás, porque eres muy honrada.


—Te lo prometo —dijo Sakura—. Pero ¿por qué? ¿Y cómo?

—Ino y yo nos pusimos de acuerdo —dijo shion, haciendo molinetes con los pulgares—, porque Ino quería aprender brujería y yo no. Ella tiene muy buena cabeza, y quiere labrarse un futuro donde pueda utilizarla. ¡Pero a ver quién le dice eso a mamá! ¡Está demasiado celosa de Ino como para admitir siquiera que es lista!
Sakura no creía que holly fuera así, pero lo dejó pasar.

— ¿Y tú?

—Cómete el pastel —siguió Ino—. Está bueno. Sí, yo también puedo ser lista. Con solo dos semanas en casa de la señora Fairfax encontré el conjuro que estamos usando. Me levantaba por la noche para leer sus libros en secreto y fue muy fácil. Luego le pregunté si podía visitar a mi familia y me dijo que sí. Es un cielo. Creyó que tenía morriña. Así que vine con el conjuro y Ino volvió con la señora Fairfax haciéndose pasar por mí. Lo más difícil fue la primera semana, cuando no sabía todas las cosas que se suponía que ya me habían enseñado. Fue horrible. Pero descubrí que le caigo bien a la gente. ¿Sabes? Funciona cuando a ti también te caen bien los demás, y todo salió bien. Y la señora Fairfax no ha despedido a Ino, así que supongo que ella también se las habrá arreglado.

Sakura masticó el pastel que no estaba disfrutando.

—Pero, ¿por qué lo has hecho?

Shion se balanceó en el taburete, con una gran sonrisa sobre la cara de Ino, haciendo girar los pulgares de contento.

—Quiero casarme y tener diez hijos.

— ¡Eres demasiado joven! —exclamó sakura

—Es verdad —admitió shion —. Pero comprenderás que tengo que empezar bastante pronto si quiero tener diez. Y así tendré tiempo de ver si la persona que quiero me quiere por mí misma. El conjuro irá desapareciendo poco a poco, y cada vez seré más yo misma.
Sakura estaba tan maravillada que se terminó el pastel sin darse cuenta de qué clase de pastel era.

— ¿Y por qué diez hijos?

—Porque esos son los que quiero —respondió shion.

— ¡No tenía ni idea!

—Bueno, no tenía mucho sentido contártelo porque tú siempre le dabas la razón a mamá sobre que yo tenía que hacer fortuna —dijo shion —. Creíste que mamá lo decía en serio. Y yo también, hasta que papá murió y vi que lo único que quería era librarse de nosotras: colocó a Ino donde conocería a muchos hombres y se casaría pronto, y a mí me mandó lo más lejos que pudo. Estaba tan enfadada que pensé que valía la pena intentarlo. Hablé con Ino y, como ella estaba igual de enfadada, nos pusimos de acuerdo. Ahora estamos satisfechas. Pero las dos nos sentimos mal por ti. Eres demasiado lista y buena para pasarte el resto de tu vida encerrada en esa tienda. Hemos hablado de ello, pero no sabemos qué hacer.

—Estoy bien —protestó Sakura—. Tan solo es un poco aburrido.

— ¿Que estás bien? —Exclamó shion - Sí, claro, y por eso no has venido a verme durante meses y cuando por fin a pareces, es con un horrible vestido gris y con ese chal. ¡Parece que hasta yo te doy miedo! ¿Qué te ha hecho mamá?

—Nada —dijo Sakura incómoda—. Hemos estado muy ocupadas. No hables así de holly, shion. Es tu madre.

—Sí, y yo me parezco a ella lo bastante para entenderla — replicó shion —. Por eso me mandó tan lejos, o al menos lo intentó. Mamá sabe que para explotar a alguien no hace falta portarse mal con él. Ella sabe lo obediente que eres. Sabe que tienes esa idea metida en la cabeza de que vas a ser un fracaso por ser la mayor. Y te ha manejado perfectamente y ha conseguido que trabajes como una esclava para ella. Seguro que ni siquiera te paga.

—Todavía soy aprendiza —protestó Sakura.

—Y yo también, pero recibo un salario. El señor chouza sabe que lo valgo —dijo shion—. La sombrerería está ganando una fortuna, Sakura. ¡Y todo gracias a ti! Tú hiciste el sombrero verde con el que la mujer del alcalde parece una colegiala, ¿a que sí?

—El verde manzana. Yo lo adorné —dijo Sakura.

—Y el bonete que llevaba Jane Ferrier cuando conoció a aquel noble —continuó shion—. Eres un genio con los sombreros y la ropa, Sakura. ¡Y mamá lo sabe! Sellaste tu futuro cuando le hiciste aquel vestido a Ino para la fiesta del año pasado. Y ahora eres tú quien gana el dinero mientras ella se divierte por ahí.

—Ella hace las compras —dijo Sakura.

— ¡Las compras! —gritó Shion. Sus pulgares giraban enfurecidos—. Eso lo liquida en media mañana. La he visto, Sakura. Y he oído los rumores. ¡Anda por ahí en un carruaje alquilado y con ropa nueva gracias a lo que ganas tú, y visita todas las mansiones del valle! Dice que va comprar esa casa tan grande en Vale End y establecerse a lo grande. ¿Y qué haces tú?

—Bueno, Holly se merece disfrutar un poco después de todo lo que ha trabajado para criarnos a las tres —dijo Sakura—. Supongo que yo heredaré la tienda.

— ¡Menudo destino! —Exclamó shion —. Oye...Pero en ese momento en el otro extremo de la habitación estaban retirando dos rejillas vacías y un aprendiz consiguió asomar la cabeza entre ellas.

—Me pareció oír tu voz, ino—dijo, sonriendo con un aire de lo más amistoso y galante—. Acaba de salir otra hornada. Díselo a todos —su cabeza, cubierta por cabello rizado y un tanto harinoso, volvió a desaparecer. A Sakura le pareció un muchacho simpático. Estaba deseando preguntar si era el que a shion le gustaba de verdad, pero no tuvo ocasión. Shion se levantó a toda prisa sin dejar de hablar.

—Tengo que decirle a las chicas que saquen esto a la tienda.

Ayúdame con esta —dijo arrastrando la bandeja más cercana.

Sakura la ayudó a llevarla hasta la tienda, ruidosa y llena de actividad— Tienes que hacer algo por ti misma, Sakura — continuó shion mientras avanzaban—. Ino no dejaba de repetir que no sabía que pasaría contigo cuando no estuviéramos nosotras para darte un poco de confianza en ti misma. Y tenía razón en preocuparse.
En la tienda, la señora akimichi tomó la bandeja en sus enormes brazos, gritando instrucciones, y una hilera de ayudantes pasó corriendo junto a shion para recoger las demás.

Sakura se despidió a voces y se deslizó entre el tumulto. No le parecía apropiado quitarle más tiempo a Shion. Además, quería estar a solas para pensar. Se fue a casa corriendo. Desde el prado donde se encontraba la Feria, junto al río, estaban lanzando fuegos artificiales que competían con los relámpagos azules del castillo de naruto. Sakura se sintió más desvalida que nunca.

Durante toda la semana siguiente no dejó de pensar y pensar, y lo único que consiguió fue sentirse confundida y descontenta. Las cosas no parecían ser como ella creía, listaba asombrada por lo que habían hecho ino y shion. Durante muchos años las había mal interpretado. Pero no podía creer que holly fuera el tipo de mujer que decía su hermana.

Tuvo mucho tiempo para pensar porque, aunque tenten se marchó para casarse y sakura estaba casi siempre sola en la tienda, holly parecía pasar mucho tiempo fuera, divirtiéndose o no, y el negocio se tranquilizó después de las fiestas. Tres días más tarde, Sakura se atrevió a preguntarle a holly.

— ¿No debería ganar un sueldo?

— ¡Claro que sí, cariño, con todo lo que haces! —Respondió holly cariñosamente, colocando un sombrero rosa en el escaparate—. Me encargaré de eso en cuanto haya hecho las cuentas esta noche. Y entonces salió y no regresó hasta que Sakura ya había cerrado la tienda y se había llevado a casa los sombreros del día para adornarlos.

Al principio Sakura se sintió mal por haber hecho caso a shion, pero cuando holly no mencionó su sueldo ni aquella noche ni en toda la semana, empezó a pensar que shion tenía razón.

—A lo mejor me está explotando —le dijo a un sombrero que estaba adorando con seda roja y un ramillete de cerezas de cera—, pero alguien tiene que hacer estas cosas, o no habría sombreros para vender. Terminó el sombrero y estaba mirando uno blanco y negro, muy elegante, cuando se le ocurrió otra cosa:

— ¿Acaso importa que no haya sombreros para vender? —le preguntó. Miró a su alrededor, a los sombreros colocados en sus hormas o esperando en un montón a que ella los adornara—. ¿Para qué servís, vamos a ver? —les preguntó—. A mí desde luego no me estáis sirviendo para nada bueno.

Y a punto estuvo de salir de casa a buscar fortuna, cuando recordó que era la hermana mayor y que no valía la pena. Volvió a tomar el sombrero con un suspiro.

A la mañana siguiente todavía seguía descontenta, sola en la tienda, cuando una joven de aspecto ordinario entró hecha una fiera, haciendo girar un bonete color champiñón que sujetaba por los lazos.


— ¡Mira esto! —Exclamó la joven—. Me dijiste que era el mismo bonete que llevaba Jane Ferrier cuando conoció al conde. Y era mentira. ¡No me ha ocurrido nada de nada!

—No me extraña —dijo Sakura, sin poder contenerse—. Si eres tan tonta como para llevar ese bonete con esa cara, es que no tienes seso ni para distinguir al mismísimo Rey si apareciera por aquí. Eso si no se convirtiese en piedra nada más verte, claro.

La clienta le lanzó una mirada asesina. Luego le arrojó el bonete y salió de la tienda. Sakura lo metió con cuidado en la papelera, jadeando. Según decían las reglas, el que pierde los nervios, pierde un cliente. Y acababa de demostrar que era cierto. Lo que más le preocupó fue darse cuenta de cómo había disfrutado.


Sakura no tuvo tiempo de recuperarse. Se oyó el sonido de las ruedas y los cascos de un caballo y un carruaje oscureció el escaparate. La campana de la tienda repiqueteó y entró la clienta más elegante que había visto nunca, con un chal color arena sobre los hombros y un traje negro en el que centelleaban diamantes. Los ojos de Sakura se dirigieron en primer lugar hacia el ancho sombrero de la señora, que tenía auténticas plumas de avestruz teñidas para reflejar los rosas, verdes y azules que refulgían en los diamantes, y seguía pareciendo negro al mismo tiempo. Aquel sombrero era muy caro. El rostro de la dama era de una belleza minuciosa. El pelo azul oscuro le hacía parecer joven, pero... Los ojos de sakura se posaron en el joven que la había seguido. Tenía un rostro ligeramente impreciso y el pelo rojizo, iba bastante bien vestido pero estaba pálido y obviamente disgustado. Miró a Sakura con una especie de horror suplicante.


Era más joven que la señora. Sakura estaba confundida. — ¿La señora Haruno? —preguntó la dama con voz musical pero autoritaria.
—Sí, soy yo —contestó Sakura. El hombre parecía más turbado que nunca. Tal vez la señora fuese su madre. —He oído que hace unos sombreros maravillosos —dijo la señora—. Muéstremelos.

Sakura no se creía capaz de contestar con el humor en que estaba. Fue a la trastienda para sacar sombreros. No había ninguno de la categoría de aquella dama, pero notó que el hombre la seguía con la mirada y aquello le puso nerviosa. Cuanto antes descubriera la señora que aquellos sombreros no eran adecuados para ella, antes se marcharía la extraña pareja.

Así que siguió el consejo de holly sacó primero los que menos la favorecerían.

La señora los rechazó de inmediato. —Encantador —le dijo al bonete rosa—. Juventud —comentó sobre el verde manzana. Para el que tenía velos y brillos, añadió—: Aire misterioso, qué obviedad. ¿Qué más tiene?

Sakura sacó el sombrero más elegante, en blanco y negro, que era el único que podría remotamente interesarle. Ella lo miró con desprecio.

—Este no vale de nada a nadie. Me está haciendo usted perder el tiempo, señora Haruno.

—Solo porque ha entrado usted en la tienda y ha pedido un sombrero —dijo Sakura. Detrás de la señora, el hombre abrió la boca y pareció intentar prevenirla por señas—. No somos más que una tienda pequeña en una ciudad pequeña. ¿Por qué se ha molestado en entrar? —terminó Sakura, preguntándose qué estaba ocurriendo.

—Siempre me molesto cuando alguien trata de oponerse a la bruja del Byakugan —dijo la dama—. He oído hablar de usted, señora Haruno, y no aprecio ni su competencia ni su actitud. He venido a pararle los pies. Eso es —extendió la mano con un movimiento descuidado hacia el rostro de Sakura.

— ¿Quiere decir que es usted la bruja del byakugan? —tembló Sakura. Le pareció que la voz le había cambiado del miedo y el asombro.

—Lo soy —dijo la dama—. Y a ver si esto le enseña a no entrometerse con cosas que me pertenecen.

—No creo que yo haya hecho algo así. Debe de haber algún error —gimió Sakura. El hombre la estaba mirando completamente horrorizado, aunque ella no sabía por qué.

—No es ningún error, señora Haruno —dijo la bruja—. Vamos, tokuma —se dio la vuelta y avanzó hasta la puerta de la tienda.

Mientras el hombre la abría servilmente, la bruja se dio la vuelta y le dijo a Sakura—: Por cierto, no podrás decirle a nadie que estás bajo los efectos de un conjuro —dijo. La puerta de la tienda se dobló tras ella como una campana fúnebre.


Sakura se llevó las manos a la cara, preguntándose qué habría visto el hombre. Y palpó arrugas suaves y curtidas por el sol. Se miró las manos y también estaban arrugadas, y muy delgadas, con grandes venas en el dorso y nudillos huesudos. Se levantó las faldas y bajó la vista hasta los delgados y decrépitos tobillos y unos pies que habían deformado los zapatos. Eran las piernas de una persona de unos noventa años y parecían ser de verdad.

Sakura se acercó al espejo y descubrió que cojeaba. El rostro del espejo estaba bastante tranquilo, porque encontró lo que esperaba ver: el rostro de una anciana enjuta, demacrada, rodeado de un halo de escaso pelo blanco. Se miró con expresión trágica.


—No te preocupes, viejita —le dijo Sakura a la imagen—. Pareces estar muy sana. Además, esta cara se corresponde mejor con tu estado de ánimo.


Pensó en su situación con bastante calma. Todo parecía haberse vuelto tranquilo y distante. Ni siquiera estaba especialmente enfadada con la bruja del byakugan.


—Bueno, claro que tendré que ocuparme de ella en cuanto tenga oportunidad —se dijo—, pero mientras tanto, si ino y shion pueden soportar ser otra, yo también puedo aguantarlo.


Lo que no puedo hacer es quedarme aquí. A holly le daría un ataque. A ver. Este traje gris es apropiado, pero necesito el chal y algo de comida. Avanzó cojeando hasta la puerta y colocó con cuidado el cartel de CERRADO. Las articulaciones le crujían al moverse.


Tenía que caminar despacio e inclinada hacia delante. Pero descubrió aliviada que era una anciana fuerte. No se sentía débil o enferma, solo agarrotada. Fue a recoger su chal y se lo colocó por encima de la cabeza, como hacían las señoras mayores.

Luego recorrió lentamente la casa y recogió su bolsa con unas cuantas monedas y un hatillo con pan y queso. Salió de la casa, escondió la llave con cuidado en el sitio de siempre y se alejó calle abajo cojeando, sorprendida por lo tranquila que se sentía.


Dudó si despedirse deshion, pero no le gustó la idea de que no la reconociera. Era mejor marcharse sin más. Decidió que escribiría a sus dos hermanas cuando llegara a donde fuera y siguió andando, atravesando el prado donde había estado la feria, cruzando un puente y recorriendo senderos. Era un día cálido de primavera. Sakura descubrió que ser un vejestorio no le impedía disfrutar de los colores y aromas de mayo en los setos del camino, aunque tenía la vista un poco nublada.


Le empezó a doler la espalda. Avanzaba a buen paso, pero necesitaba un bastón. Iba mirando a los lados, por si veía algún palo suelto. Su vista no era tan buena como antes. Le pareció ver un palo, a una distancia de una milla más o menos, pero cuando tiró de él resultó ser el extremo de un espantapájaros que alguien había arrojado al seto.


Sakura lo colocó de pie. La cara era un nabo arrugado. Sakura se compadeció de él. En lugar de hacerlo pedazos y quedarse con el palo, lo colocó entre dos ramas del seto de forma que se cernía amenazadora sobre los espinos.


Sakura lo enderezó y las mangas hechas jirones ondearon sobre los palos.


—Ya está —dijo, y su propia voz ronca la sorprendió tanto que se rio con una carcajada seca—. Ninguno de los dos servimos para mucho, ¿verdad, amigo? Tal vez consigas volver a tu campo si te dejo aquí donde la gente te pueda ver —siguió adelante por el sendero, pero se le ocurrió algo y se dio la vuelta—. Si no estuviera condenada al fracaso por mi posición en la familia —le dijo al espantapájaros—, podrías convertirte en un ser vivo y ayudarme a hacer fortuna. Pero de todas formas te deseo suerte.


Volvió a reírse por lo bajo mientras continuaba. Tal vez estuviera un poco loca, pero eso era normal en las ancianas de su edad.
Alrededor de una hora más tarde encontró un palo cuando se sentó a descansar y a comer el pan y el queso. Oyó ruidos que venían del seto, a su espalda, pequeños gemidos ahogados, seguidos de tirones que hicieron volar pétalos de los arbustos.


Sakura se incorporó sobre sus huesudas rodillas para escudriñar entre las hojas, flores y espinas, y descubrió que allí dentro, en el interior del seto, había un zorro amarillo delgaducho. Estaba atrapado sin remedio con un palo grueso que de alguna forma se había enredado con una cuerda que el perro tenía atada alrededor del cuello. El palo se había enganchado entre dos ramas del seto, de forma que el animal apenas podía moverse. Al ver la cara de Sakura, miró de un lado a otro despavorido. De niña, a Sakura le daban miedo esos tipos de animales. Incluso a su edad se alarmó al ver las dos hileras de colmillos relucientes en las mandíbulas abiertas de aquel animal. Pero se dijo a sí misma: «Tal y como estoy ahora, casi no merece la pena preocuparse», y buscó las tijeras en la bolsa de costura. Cuando las encontró, metió la mano entre las ramas y se puso a cortar la cuerda que el zorro tenía alrededor del cuello.
El zorro era totalmente salvaje. Intentó alejarse de ella y gruñó. Pero Sakura siguió cortando con valentía.


—Te vas a morir de hambre o a asfixiarte —le dijo al zorro con voz cascada—, a menos que me dejes que te suelte. De hecho, me parece que han intentado estrangularte. A lo mejor por eso eres tan fiero.


Le habían atado la cuerda con fuerza alrededor del cuello, y el palo había servido para retorcerla con maldad. Sakura tuvo que esforzarse mucho para conseguir cortar la cuerda y que el zorro pudiera salir por debajo del palo.


— ¿Quieres un poco de pan con queso? —le preguntó Sakura.
Pero el zorro le gruñó, se abrió paso hacia el lado opuesto del seto y se alejó—. ¡Qué ingrato! —exclamó frotándose los brazos arañados—. Pero me has dejado un regalo sin quererlo.


Sacó el palo que había tenido el perro atrapado en el seto y descubrió que era un bastón bien torneado con la punta de metal.
Sakura terminó el pan y el queso y se puso de nuevo en camino. El sendero se fue haciendo cada vez más empinado y el bastón le sirvió de gran ayuda. También le servía de compañero de conversación. Al fin y al cabo, las personas mayores suelen hablar solas.


—Ya van dos encuentros —dijo—, y ni rastro de gratitud mágica en ninguno de los dos. De todas formas, eres un buen bastón. No me quejo. Pero estoy segura de que me aguarda un tercer encuentro, mágico o no. Es más, insisto en que tiene que haberlo. Me pregunto qué será.

El tercer encuentro llegó hacia el final de la tarde. Cuando Sakura había avanzado hasta la parte alta de las colinas, un campesino se acercó hacia ella silbando por el sendero. Sakura pensó que sería un pastor, que volvía a casa tras cuidar de sus ovejas. Era un hombre joven muy apuesto, de unos cuarenta años más o menos.

-¡Dios mío! —se dijo Sakura—. Esta mañana me habría parecido un hombre mayor. ¡Cómo lo cambia todo el punto de vista!- Cuando el hombre vio a Sakura murmurando para sí, se apartó con cuidado hacia el otro lado del sendero y la saludó con gran amabilidad.
— ¡Buenas tardes, madre! ¿Hacia dónde va?

-¿Madre? —Dijo Sakura —. ¡Yo no soy tu madre, joven!
—Era solo una forma de hablar —dijo el pastor, apartándose Lentamente hacia el seto del otro lado—. Solo le he preguntado por educación, al verla caminar por las colinas a esta hora de la tarde. No volverá a Upper Folding antes de que anochezca, ¿verdad?

Sakura no se había parado a pensarlo. Se detuvo y lo consideró.
—Lo cierto es que no importa —dijo, a medias para sí misma—. No se puede ser escrupuloso cuando se sale a buscar fortuna.

-¿De verdad, madre? —dijo el pastor. Ya había dejado atrás a Sakura y pareció sentirse más tranquilo—. Entonces le deseo buena suerte, siempre que su fortuna no tenga nada que ver con hechizar el ganado de los demás. Y avanzó sendero abajo a grandes zancadas, casi corriendo. Sakura lo miró indignado.


— ¡Me ha tomado por una bruja! —le dijo a su bastón. Le dieron ganas de asustar al pastor gritando cosas desagradables, pero le pareció una maldad. Siguió avanzando cuesta arriba, refunfuñando.

Al poco tiempo llegó a las tierras altas cubiertas de brezos, donde los setos de ambos lados del camino habían desaparecido. A lo lejos se veían pendientes cubiertas de hierba amarilla que se agitaba con el viento. Sakura siguió adelante con determinación. Para entonces le dolían los pies viejos y nudosos, la espalda y las rodillas. Estaba tan cansada que no podía ni murmurar, pero siguió adelante, jadeando, hasta que el sol se acercó al horizonte. Y de repente comprendió que no podía dar un paso más. Se dejó caer sobre una piedra junto al camino, preguntándose qué hacer.


--¡La única fortuna en la que puedo pensar ahora mismo es una silla cómoda! —exclamó. La piedra resultó ser una especie de mirador, que le ofreció a Sakura una vista magnífica del camino por el que había venido. A sus pies se extendía casi todo el valle con sus campos, vallados y setos, los meandros del río y las mansiones elegantes de los ricos que resplandecían entre las arboledas bajo el sol poniente, hasta llegar a las montañas azules a lo lejos. Justo debajo se veía Market Chipping. Sakura contempló sus calles que le resultaban tan familiares. Ahí estaban la Plaza del Mercado y casa akimichi. Podría haber tirado una piedra por la chimenea de su casa, junto a la sombrerería.


— ¡Qué cerca estoy todavía! —le dijo Sakura a su bastón, desanimada—. ¡Tanto andar para llegar justo encima de mi propio tejado! Cuando el sol se ocultó se quedó fría sentada en aquella piedra. Hacía un viento desagradable que soplaba desde todos los lados al mismo tiempo cuando Sakura intentaba guarecerse de él. Ahora ya no le parecía tan poco importante pasar la noche en las colinas. No dejaba de pensar, cada vez con mayor insistencia, en una silla cómoda junto a la chimenea, y también en la oscuridad y los animales salvajes. Pero si regresaba hacia Market Chipping, no llegaría antes de la medianoche. Lo mismo le daba seguir adelante. Suspiró y se levantó. Le crujieron todos los huesos. Era horrible, le dolía todo.


— ¡Nunca me había dado cuenta de lo que tienen que soportar los ancianos! —exclamó mientras avanzaba cuesta arriba con dificultad—. De todas formas, no creo que me coman los lobos. Debo estar demasiado seca y dura. Es un consuelo.


La noche venía con rapidez y las altas colinas cubiertas de brezo eran de un azul grisáceo. El viento se volvió más afilado.

Los jadeos y los crujidos de sus huesos resonaban con tanta fuerza en sus oídos que tardó un momento en darse cuenta de que no todos los chasquidos y jadeos procedían de ella misma.


Levantó la vista nublada. El castillo del mago Naruto se acercaba traqueteando hacia ella sobre el brezo. Tras sus negras almenas ascendían nubes de humo negro. Era una figura alta, delgada, pesada y fea, y realmente siniestra. Sakura se apoyó en su bastón y lo observó.


No estaba particularmente asustada. Se preguntó cómo se movería. Pero lo que más le llamó la atención fue que aquel humo debía significar que dentro de aquellos muros negros y altos habría una chimenea.

—En fin, ¿por qué no? —le dijo al bastón—. Dudo mucho que el mago Naruto quiera mi alma para su colección. Solo acepta jovencitas.
Levantó el palo y lo agitó con autoridad en dirección al castillo.


— ¡Alto ahí! —gritó. El castillo obedeció deteniéndose con mucho estruendo, a unos veinte pasos colina arriba. Sakura se sintió tremendamente agradecida mientras avanzaba cojeando hacia él.


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Re: El castillo Vagabundo...En el que Sakura deja el Castillo en varias direcciones a la vez (15-02-18)

Mensaje por aduzumaki el Lun Ago 07, 2017 3:03 am

me encanta como llevas la adaptación estoy ansiosa por el siguiente capítulo
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Re: El castillo Vagabundo...En el que Sakura deja el Castillo en varias direcciones a la vez (15-02-18)

Mensaje por Moonwalker el Lun Ago 07, 2017 3:53 pm

Me gusta como llevas la trama y el desarrollo, sigue asi vas por buen camino espero el siguiente capitulo mañana :v hay muchos fanfic olvidados espero que tu no seas de ellos q:v
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Re: El castillo Vagabundo...En el que Sakura deja el Castillo en varias direcciones a la vez (15-02-18)

Mensaje por alexad_uzumaki el Miér Sep 13, 2017 9:00 am

En el que Sakura entra en un castillo y hace un trato



EN EL MURO HABÍA UNA PUERTA grande y negra y Sakura avanzó hacia ella, cojeando con energía. El castillo era todavía más feo visto de cerca. Era demasiado alto para su base y no tenía una forma muy regular. Por lo que podía ver Sakura en aquella oscuridad, estaba construido con grandes bloques que parecían de carbón y, como el carbón, todos los bloques tenían distintas formas y tamaños. Cuando se acercó, notó que desprendía frío, pero aquello no la asustó en absoluto. En lo único que pensaba era en sillas y chimeneas y alargó una mano anhelante hacia la puerta.


La mano fue incapaz de tocarla. Algún tipo de pared invisible la detuvo a un palmo de la puerta. Sakura la empujó con un dedo irritado. Como aquello no sirvió de nada, lo intentó con el bastón.
La pared invisible parecía cubrir por arriba toda la puerta hasta donde alcanzaba su vara y, por abajo, hasta el brezo que sobresalía por debajo del escalón de entrada.


— ¡Ábrete! —le dijo Sakura No sirvió de nada.


—Muy bien —dijo Sakura—. Pues encontraré tu puerta trasera.
Avanzó hacia la esquina izquierda del castillo, que estaba más cerca y ligeramente cuesta abajo. Pero no fue capaz de doblarla. La pared invisible la volvió a detener en cuanto llegó a la altura de la esquina irregular. Entonces, Sakura dijo una palabra que había aprendido de shion, que ni las ancianas ni las niñas pequeñas deben pronunciar, y avanzó a trompicones; cuesta arriba, en el sentido contrario a las agujas del reloj, hacia la esquina derecha del castillo. Allí no había ninguna barrera. Dobló la esquina y avanzó impaciente hacia el segundo portón negro situado en medio de aquella pared del castillo.


El humo negro sopló sobre ella y Sakura tosió. Ahora estaba enfadada. Era vieja, frágil, tenía frío y le dolía todo. La noche había caído y aquel castillo le había soplado humo en la cara.


— ¡Voy a hablar con naruto sobre esto! —dijo, y se lanzó con fiereza hacia la siguiente esquina. Tampoco allí había ninguna barrera. Era obvio que había que dar la vuelta al castillo en sentido contrario a las agujas del reloj. En aquella pared había una tercera puerta, mucho más pequeña y desvencijada.


— ¡Por fin la puerta trasera! —exclamó Sakura. El castillo volvió a moverse en cuanto Sakura se acercó a aquella entrada. El suelo tembló. Las paredes se estremecieron y crujieron, y la puerta empezó a moverse de lado alejándose de ella.



— ¡No, no hagas eso! —gritó Sakura. Corrió tras la puerta y la golpeó violentamente con el bastón—. ¡Ábrete! —aulló.

La puerta se abrió de golpe hacia adentro, mientras seguía alejándose. Sakura, cojeando furiosamente, consiguió poner un pie sobre el escalón. Luego saltó y se tropezó y volvió a saltar, mientras los grandes bloques negros alrededor de la puerta se movían y crujían a medida que el castillo cogía velocidad sobre la desigual ladera. A Sakura no le extrañó que el castillo tuviera una planta tan torcida. Lo que la maravillaba era que no se cayera a pedazos allí mismo.


— ¡Qué manera más estúpida de tratar un edificio! —jadeó mientras se arrojaba en su interior. Tuvo que soltar el bastón y agarrarse a la puerta abierta para no salir despedida hacia fuera inmediatamente.


Cuando consiguió recuperar un poco el aliento, se dio cuenta de que ante ella había una persona de pie, sujetando la puerta.
Era una cabeza más alto que Sakura, pero vio que era casi un niño, solo un poco mayor que shion. Y parecía que intentaba cerrar la puerta y echarla de la habitación que veía al otro lado, cálida a la luz de las lámparas, con el techo bajo de vigas descubiertas, para expulsarla otra vez hacia la noche.


— ¡Ni se te ocurra cerrarme la puerta en las narices, jovencito! —le dijo.


—No era mi intención, pero usted está dejando la puerta abierta —protestó—, ¿Qué quiere?


Sakura miró a su alrededor. Había varias cosas probablemente mágicas colgando de las vigas, ristras de cebollas, manojos de hierbas y paquetes de extrañas raíces.


También había otras que eran mágicas sin duda alguna, como libros con tapas de cuero, botellas torcidas y una calavera humana vieja, marrón y sonriente. Al otro lado del muchacho había una chimenea con un fuego pequeño ardiendo en el hogar.


Era un fuego más pequeño de lo que el humo del exterior hacía suponer, pero obviamente aquella era solamente una sala trasera del castillo. Y, lo que era más importante para Sakura, aquel fuego había alcanzado la etapa rosada y tranquila, con llamas azules bailando sobre los troncos, y junto a él, en la situación más cálida, había una silla baja con cojines.


Sakura empujó al muchacho a un lado y se lanzó hacia la silla.
— ¡Ah! ¡Mi fortuna! —dijo, acomodándose. Era una delicia. El fuego calentó sus achaques y la silla confortó su espalda y entonces supo que si alguien quería echarla de allí, tendría que usar la magia más extrema y violenta para conseguirlo.


El muchacho cerró la puerta. Luego cogió el bastón de Sakura y lo apoyó educadamente contra su silla. Sakura se dio cuenta de que no había ningún indicio de que el castillo estuviera moviéndose sobre la ladera: ni siquiera se oía el eco del traqueteo ni se percibía el menor temblor. ¡Qué raro!


—Dile al mago naruto —le dijo al joven— que este castillo se le va a derrumbar sobre la cabeza si sigue moviéndose así.


—El castillo está encantado para no derrumbarse —respondió el muchacho—. Pero me temo que naruto no se encuentra aquí en este momento.


Aquello era una buena noticia para Sakura.


— ¿Cuándo volverá? —preguntó un poco nerviosa.


—Probablemente no regrese hasta mañana —contestó el muchacho—. ¿Qué quiere usted? ¿Puedo ayudarla yo? Soy Konohamaru, el ayudante de naruto.


Aquello sí que era una buena noticia.


—Me temo que solo un mago me puede ayudar —dijo Sakura rápidamente y con firmeza. Y probablemente era verdad— Esperaré, si no te importa.


Era evidente que a Konohamaru sí le importaba. Se quedó allí cerca sin saber qué hacer. Para dejarle claro de que no tenía intención la expulsara de allí un simple ayudante, Sakura cerró los ojos y fingió tener sueño.


—Dile que me llamo Sakura —murmuró—. La vieja Sakura — añadió, para que no hubiera peligro.


—Seguramente tendrá que esperar toda la noche —dijo Konohamaru .Como eso era exactamente lo que Sakura quería, fingió no oírlo. De hecho estaba casi segura de haberse quedado dormida.


Estaba cansadísima de tanto andar. Al cabo de un momento Konohamaru se rindió y volvió a lo que estaba haciendo en el banco de trabajo donde se encontraba la lámpara.



Sakura pensó adormilada que tendría refugio toda la noche, aunque fuera con una excusa un poco falsa. Como naruto era un hombre tan malvado, probablemente le estaba bien empleado.
Pero su intención era estar muy lejos de allí para cuando naruto apareciese y se opusiera a sus planes.



Dirigió una mirada soñolienta y tímida al aprendiz. Le sorprendió que fuese un joven tan agradable y educado. A fin de cuentas, había entrado por la fuerza con muy mala educación y Konohamaru no se había quejado en absoluto. Tal vez Naruto lo mantenía en la más abyecta servidumbre. Pero Konohamaru no parecía servil. Era un joven alto y bronceado cabello Castaño con un rostro agradable, y vestía de forma totalmente respetable.


La verdad es que si Sakura no lo hubiera visto en aquel mismo momento verter cuidadosamente un líquido verde de un frasco retorcido sobre un polvo negro en un jarro de cristal deformado, lo hubiera tomado por el hijo de un próspero granjero. ¡Qué extraño!



Pero claro, era normal que las cosas fueran raras cuando se trataba de magos, pensó Sakura. Y aquella cocina o taller era muy tranquila y de lo más acogedora. Sakura cayó dormida y se puso a roncar. No se despertó cuando se produjo un relámpago y una explosión apagada en la mesa de trabajo, seguida de una palabrota de Konohamaru a medio pronunciar. Tampoco se despertó cuando Konohamaru, chupándose los dedos quemados, abandonó el conjuro por aquella noche y sacó pan y queso del armario. Siguió dormida cuando Konohamaru tiró al suelo el bastón sin querer, armando un gran alboroto, al estirarse por encima de ella para alcanzar un tronco que echarle al fuego, o cuando, al ver la boca abierta de Sakura, le comentó a la chimenea:


—Tiene todos los dientes. No será la princesa del byakugan, ¿no?

—No la habría dejado entrar si lo fuera —contestó la chimenea.


Konohamaru se encogió de hombros y recogió educadamente el bastón de Sakura. Luego puso otro tronco en el fuego con la misma educación y se marchó a acostarse en el piso de arriba.


A mitad de la noche a Sakura le despertaron unos ronquidos. Se estiró sobresaltada y muy irritada al descubrir que la única que había estado roncando era ella. Le parecía que acababa de quedarse dormida solo unos segundos, pero en ese breve tiempo
Konohamaru había desaparecido, llevándose la luz con él. Seguro que un aprendiz de mago aprendía a hacer esas cosas en la primera semana. Y había dejado el fuego muy bajo. Estaba silbando y chisporroteando, molesto. Una ráfaga de aire frío sopló sobre la espalda de Sakura. Recordó que estaba en el castillo de un mago y también, sin lugar a dudas, que había una calavera humana en el banco de trabajo detrás de ella.


Se estremeció y volvió su cuello viejo y rígido, pero, solo distinguió la oscuridad.


—Vamos a poner un poco más de luz, ¿no? —se dijo. Su vocecilla cascada pareció no hacer más ruido que el crepitar del fuego.


Sakura se sorprendió. Esperaba que hubiera eco en los techos abovedados del castillo. De todas formas, había una cesta con leña a su lado. Alargó el brazo con un crujido y echó un tronco al fuego, que envió un chorro de chispas verdes y azules hacia la chimenea. Echó otro tronco y se apoyó de nuevo en el respaldo, sin dejar de mirar nerviosa a su espalda, donde el reflejo azul violeta del fuego danzaba sobre la superficie bruñida de la calavera. La sala era bastante pequeña. Y allí no había nadie más que Sakura y la calavera.


—Él ya tiene los dos pies en la tumba y yo solo uno —se consoló mientras se volvía de nuevo hacia el fuego, que ahora había crecido con llamas azules y verdes—. Debe de haber sal en esa madera —murmuró Sakura. Se acomodó mejor, colocando los pies nudosos sobre la pantalla de la chimenea y la cabeza en una esquina de la silla, desde donde veía las llamas de colores, y empezó a pensar soñolienta qué haría por la mañana. Pero se despistó un poco al imaginar que había una cara entre las llamas—. Sería una cara delgada y azul — susurró—, muy alargada y delgada, con una nariz fina y azul. Pero esas llamas rizadas y verdes de arriba son sin duda el pelo. Tenía forma de un zorro.


¿Y si no me marcho antes de que regrese naruto? Los magos pueden quitar encantamientos, supongo. Y esas llamas moradas cerca del fondo son la boca. Tienes unos dientes feroces, amigo mío. Y esos dos mechones de llamas verdes son las cejas... — curiosamente, las únicas llamas naranjas del fuego estaban debajo de las cejas verdes, como dos ojos, y cada una tenía un reflejo morado en el medio que Sakura podía casi imaginar que la estaban mirando, como la pupila de un ojo—. Por otra parte — continuó Sakura, mirando las llamas naranjas—, si me librara del encantamiento, se comería mi corazón en un santiamén.


— ¿No quieres que te coma el corazón? —preguntó el fuego. No había duda de que había sido el fuego el que había hablado.

Sakura vio cómo se movía la boca púrpura cuando salieron las palabras. La voz era casi tan cascada como la suya, llena de los suspiros y los chisporroteos de la madera al arder.


—Claro que no —dijo Sakura—. ¿Qué eres?


—Soy un demonio del fuego —contestó la boca púrpura. Había más de suspiro que de rencor en su voz cuando explicó—: Estoy atado a esta chimenea por un contrato. No puedo moverme de aquí —entonces la voz se convirtió en vivaz y chispeante—

¿Y quién eres tú? —le preguntó—. Veo que estás bajo un encantamiento.


Eso espabiló a Sakura de su sopor.

— ¡Lo notas! —exclamó—. ¿Me lo puedes quitar?

Se oyó un silencio crepitante y ardiente mientras los ojos anaranjados en el rostro azul del demonio recorrían a Sakura de arriba abajo.


—Es un conjuro muy potente —dijo por fin—. A mí me parece uno de los de la Princesa del Byakugan.


—Lo es —respondió Sakura.


—Pero hay algo más —añadió el demonio—. Detecto dos capas. Y por supuesto no puedes contárselo a nadie a menos que ya lo sepan —miró a Sakura un momento más—. Tendré que estudiarlo.


— ¿Cuánto tardarás? —preguntó Sakura.


—Puedo tardar un buen rato —dijo el demonio. Y añadió con una chispa suave y persuasiva—: ¿Qué te parece si hacemos un trato? Yo romperé tu hechizo si tú accedes a romper este contrato que me tiene sometido.


Sakura miró con desconfianza el rostro delgado y azul del demonio. Había hecho aquella propuesta con una expresión cargada de astucia. Por todos los libros que había leído, sabía que era extremadamente peligroso hacer tratos con un demonio.


Y no había duda de que aquel parecía especialmente malvado, con aquellos largos dientes morados.


— ¿Estás seguro de que eres honrado? —le preguntó.


—No del todo —admitió el demonio—. ¿Pero es que acaso quieres quedarte así hasta que te mueras? Fiándome de mi experiencia en este tipo de cosas, el conjuro te ha acortado la vida unos sesenta años.


Aquel era un pensamiento horrible, que Sakura había tratado de evitar hasta hora. Pero cambiaba las cosas.


—Ese contrato que te ata —dijo—, es con el mago naruto, ¿no?


—Naturalmente —dijo el demonio. Su voz volvió a gemir un poco—. Estoy atado a este hogar y no puedo moverme ni siquiera a un paso de distancia. Me obliga a realizar casi toda la magia que se hace aquí. Tengo que ocuparme del castillo, mantenerlo en movimiento y hacer todos esos efectos especiales que asustan a la gente, además de todas las otras cosas que Naruto quiera de mí. Naruto es un desalmado, ¿sabes?


Sakura no necesitaba que le dijeran que Naruto era un desalmado. Por otra parte, el demonio seguramente era igual de malvado.


— ¿Y tú no sacas nada de este contrato? —le preguntó.


—Si no sacara algo, no lo habría firmado —dijo el demonio, chispeando con tristeza—. Pero de haber sabido lo que me esperaba, no lo hubiera hecho. Me están explotando.


Pese a su desconfianza, Sakura se compadeció de él. Pensó en sí misma haciendo sombreros mientras Fanny se divertía por ahí.


—Está bien —dijo—. ¿Cuáles son los términos de tu contrato? ¿Cómo lo rompo?


Una sonrisa púrpura e impaciente se extendió por el rostro azul del demonio.

— ¿Aceptas el trato?


—Si tú aceptas romper mi encantamiento —replicó Sakura, con el valiente presentimiento de haber dicho algo fatal.


— ¡Hecho! —Gritó el demonio, elevando su larga cara y satisfecha hacia la chimenea—. ¡Romperé tu hechizo en el mismo momento en que rompas mi contrato!


—Entonces dime cómo romper tu contrato —dijo Sakura.

Los ojos anaranjados la miraron y luego se apartaron.

—No puedo. Una parte del contrato es que ni el mago ni yo podemos revelar cuál es la cláusula principal. Sakura comprendió que la habían engañado. Abrió la boca para decirle al demonio que en ese caso podía quedarse en el hogar hasta el día del juicio final. El demonio se dio cuenta de sus intenciones.


— ¡Espera un momento! —crepitó—. Puedes averiguar qué es si observas y escuchas atentamente. Te suplico que lo intentes.


A la larga, este contrato no nos hace bien a ninguno de los dos. Y sé cumplir mi palabra. ¡El hecho de que esté aquí preso muestra que la estoy cumpliendo!


Lo decía en serio, saltando entre los troncos con gran agitación. Sakura volvió a sentir mucha compasión por él. —Pero si tengo que observar y escuchar, eso quiere decir que tengo que quedarme aquí en el castillo de naruto—objetó.


—Solo será un mes o así. Recuerda que yo también tengo que estudiar tu conjuro —suplicó el demonio.


— ¿Pero qué excusa puedo poner para quedarme? — preguntó Sakura.

—Ya se nos ocurrirá algo. Naruto es un desastre para muchas cosas. De hecho —dijo el demonio, siseando como una víbora—está demasiado pagado de sí mismo para ver más allá de sus narices la mitad de las veces. Podemos engañarle, si es que decides quedarte.


—Muy bien —dijo Sakura—, me quedaré. Ahora busca una excusa.
Se arrellanó cómodamente en la silla mientras el demonio pensaba. Y pensaba en voz alta, con murmullos crepitantes y resplandecientes que a Sakura le recordaron bastante a cómo hablaba ella con su bastón cuando venía por el camino, y mientras pensaba ardía con un crepitar tan alegre y poderoso que volvió a quedarse dormida. Le pareció que el demonio había hecho algunas sugerencias. Recordó haber negado con la cabeza ante la propuesta de fingir ser la tía abuela de naruto que se había perdido hacía mucho tiempo, y un par de ideas aún más descabelladas, pero no se acordaba muy bien. Al final al demonio le dio por cantar una tonada dulce y flameante. No estaba en ningún idioma que Sakura conociese, o eso le pareció, hasta que distinguió la palabra sartén varias veces. Y era muy indicada para dormir. Sakura cayó en un sueño profundo, con la ligera sospecha de que la estaban hechizando además de engañando, pero no le molestó particularmente. Pronto se habría librado del conjuro...




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Hola yo de nuevo, espero y les guste....

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Re: El castillo Vagabundo...En el que Sakura deja el Castillo en varias direcciones a la vez (15-02-18)

Mensaje por NaruSannin el Jue Sep 14, 2017 3:07 am

Hola Alex, buen fic, creo que me pondré a leer ese libro para entedender mejor la trama, pero aun así me a llamado mucho la atención tu adaptación, sigue así Alex, espero ver la continuacion pronto. Saludos y éxitos.
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Re: El castillo Vagabundo...En el que Sakura deja el Castillo en varias direcciones a la vez (15-02-18)

Mensaje por alexad_uzumaki el Vie Sep 15, 2017 1:15 am

Creo que suena mejor el titulo en español....

que dicen....

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Re: El castillo Vagabundo...En el que Sakura deja el Castillo en varias direcciones a la vez (15-02-18)

Mensaje por alexad_uzumaki el Lun Oct 02, 2017 5:27 am

hola como están volví por este lado Very Happy Very Happy Genial Genial Buahaha Buahaha Buahaha

tratare de publicar los capítulos el mismo día que Te Veo para llevarlos juntos unque van en diferentes capitulos.....

amigo naru gracias por comentar y a los tímidos que lean esta maravillosa obra.....cosa que la original y la película son fenomenales...

bueno sin mas nada aquí esta el cap.


En el que Sakura descubre varias cosas extrañas:



CUANDO SAKURA SE DESPERTÓ, caía sobre ella la luz de la mañana. Como no recordaba que hubiera ninguna ventana en el castillo, lo primero que pensó fue que se había quedado dormida adornando sombreros y que había soñado que se marchaba de casa. Frente a ella, el fuego se había convertido en unas brasas rosadas y cenizas blancas, lo que terminó por convencerla de que el demonio del fuego había sido un sueño. Pero sus primeros movimientos le dijeron que algunas cosas no las había soñado.

Le crujieron todas las articulaciones del cuerpo.

— ¡Ay! —exclamó—. ¡Me duele todo!

La voz que exclamó era un hilillo débil y cascado. Se llevó la mano nudosa a la cara y palpó las arrugas. Y entonces se dio cuenta de que había pasado todo el día anterior conmocionada.

Ahora estaba muy enfadada con la bruja del Byakugan por haberle hecho aquello, terriblemente furiosa—. ¡Qué es eso de entrar en las tiendas y volver vieja a la gente! —exclamó—. ¡Ya verás tú lo que le voy a hacer yo a ella!

Su rabia la hizo ponerse de pie con una salva de crujidos y chirridos y acercarse lentamente hacia la ventana. Estaba sobre el banco de trabajo. Se quedó totalmente sorprendida al descubrir que la ventana daba a una ciudad costera. Vio una calle empinada sin pavimentar, flanqueada por casas pequeñas de aspecto pobre, y distinguió los mástiles que se erguían más allá de los tejados. Por detrás de los mástiles percibió un reflejo del mar, que nunca había visto en su vida.


— ¿Pero dónde estoy? —Preguntó Sakura a la calavera que estaba sobre la mesa—. No espero que me contestes a eso, amigo mío —añadió apresuradamente al recordar que estaba en el castillo de un mago y dio media vuelta para estudiar la habitación.


Era una sala pequeña, con vigas negras y pesadas en el techo. A la luz del día vio que estaba increíblemente sucia. Las piedras del suelo estaban manchadas y grasientas, detrás de la pantalla de la chimenea se apilaba la ceniza y de las vigas colgaban polvorientas telarañas. La calavera estaba cubierta por una capa de polvo. Sakura la limpió distraídamente al pasar a mirar la pila de lavar que estaba junto a la mesa. Le dio un escalofrío al ver el limo verde y rosa que la recubría y la baba blanquecina que goteaba de la bomba de agua. Era evidente que a naruto no le importaba que sus sirvientes vivieran rodeados de mugre.


El resto del castillo tenía que estar al otro lado de alguna de las cuatro puertas negras que había en la habitación. Sakura abrió la más cercana, junto a la mesa, que daba a un gran cuarto de baño. En algunos aspectos era un baño que normalmente solo se encontraría en un palacio, lleno de lujos como un retrete interior, una ducha, una inmensa bañera con patas de león y espejos en todas las paredes. Pero estaba incluso más sucio que la otra habitación. Sakura se alejó asqueada del retrete, arrugó la nariz al ver el color de la bañera, retrocedió ante el moho verde que crecía en la ducha y pudo soportar el ver su imagen arrugada en los espejos porque estaban cubiertos por pegotes y churretes de sustancias innombrables. Las sustancias innombrables propiamente dichas se acumulaban sobre un estante muy grande que colgaba sobre la bañera. Estaban en tarros, cajas, tubos y en cientos de paquetitos y bolsas arrugadas de papel marrón. El tarro más grande tenía un nombre. Decía POLVOS SECANTES con letras torcidas. Cogió al azar un paquete que decía PIEL y lo volvió a colocar en su lugar. En otro ponía OJOS con la misma letra. En un tubo se leía PARA EL DETERIORO.


—Pues parece que funciona —murmuró Sakura mirando en el lavabo con un escalofrío. El agua corrió por la loza cuando abrió un grifo que podría haber sido de cobre y se llevó algo del deterioro. Sakura se aclaró las manos y la cara con el agua sin tocar el lavabo, pero no tuvo valor de usar los POLVOS SECANTES. Se secó el agua con la falda y luego fue hacia la siguiente puerta negra.


Aquella daba a un tramo de escaleras destartaladas. Sakura oyó a alguien moverse arriba y cerró la puerta a toda prisa. Parecía que solo daba a una especie de altillo. Avanzó cojeando hasta la siguiente. Ya se movía con mayor facilidad. Era una anciana resistente, como había descubierto el día anterior.


La tercera puerta daba a un patío trasero con altos muros de ladrillo. Había un gran montón de leña y otras pilas desordenadas de trozos sueltos de hierro, ruedas, cubos, planchas de metal, cables, todo ello amontonado hasta casi sobrepasar la altura del muro. Sakura cerró también aquella puerta, totalmente confundida, porque parecía que no encajaba con el castillo. Por encima del muro de ladrillo no se veía ningún castillo. Solo el cielo. Lo único que se le ocurrió fue que aquella parte del castillo daba a la pared invisible que la había detenido la noche anterior.


Abrió la cuarta puerta y no era más que un armario de la limpieza, con dos capas elegantes de terciopelo, algo polvorientas, colgadas de los palos de las escobas. Sakura volvió a cerrarla despacio. La única puerta que quedaba era la de la pared de la ventana, por la que había entrado la noche anterior.

Se acercó hacia ella y la abrió con cautela. Durante unos momentos se quedó contemplando el paisaje de las colinas que se movían lentamente, el brezo que se deslizaba por debajo de la puerta y el viento que alborotaba su pelo escaso. Podía oír el traqueteo y el roce que producían las grandes piedras negras con el movimiento del castillo. Luego cerró la puerta y fue hacia la ventana. Allí estaba de nuevo la ciudad costera. No era un cuadro. Una mujer había abierto una puerta al otro lado de la calle y estaba barriendo. Al otro lado de la casa, una vela gris se izaba sacudiendo el mástil, molestando a una bandada de gaviotas que echó a volar en círculos sobre el mar reluciente.

—No lo entiendo —le dijo Sakura a la calavera. Y luego, como el fuego parecía casi apagado, le puso un par de troncos y quitó con el rastrillo parte de la ceniza. Las llamas verdes se elevaron de los troncos, pequeñas y rizadas, y formaron una cara alargada y azul con una cabellera corta y orejas alargadas verde llameante.

—Buenos días —dijo el Kitsune de fuego—. No olvides que tenemos un trato.

Así que no había sido un sueño. Sakura no solía llorar, pero se sentó en la silla durante un buen rato mirando a la cara borrosa y danzarina del Kitsune de fuego, y no prestó mucha atención a los sonidos que hacía Konohamaru al levantarse, hasta que lo vio de pie frente a ella, con aspecto avergonzado y un poco exasperado.

—Todavía estás aquí —dijo—. ¿Te pasa algo?

Sakura se sorbió las lágrimas.

—Soy vieja —comenzó. Pero, como le había dicho la bruja y el Kitsune había adivinado, no podía hablar de ello. Konohamaru dijo alegremente:

—Bueno, a todos nos llega con el tiempo. ¿Te gustaría tomar algo para desayunar? Sakura descubrió que realmente era una anciana resistente. Después de haber comido solo pan y queso en el almuerzo del día anterior, ahora estaba hambrienta.

— ¡Sí! —asintió. Y cuando Konohamaru fue al armario, se levantó y miró por encima del hombro para ver qué había de comer.

—Me temo que solo hay pan y queso —dijo Konohamaru algo tenso.

— ¡Pero si hay una cesta entera de huevos! —Dijo Sakura —. ¿Y no es eso beicon? ¿Y qué tal si bebemos algo caliente? ¿Dónde está la tetera?

—No tenemos —dijo Michael—. Y naruto es el único capaz de cocinar.
—Yo también sé cocinar —dijo Sakura —. Dame esa sartén y te lo demostraré.

Alargó la mano para coger una sartén grande y negra que colgaba en la pared del armario, a pesar de que Konohamaru intentó evitarlo.

—No lo entiendes —dijo Konohamaru —. Es kurama, el demonio Kitsune del fuego. Solo inclina la cabeza para cocinar ante naruto. Sakura dio media vuelta y miró al demonio, que llameó con aspecto desafiante.

—Me niego a que me exploten —dijo.

— ¿Quieres decir que no puedes ni siquiera beber algo caliente si naruto no está? —le preguntó Sakura a Konohamaru.

Konohamaru asintió avergonzado—. ¡Entonces es a ti a quien están explotando! —Exclamó Sakura —. Dame eso —cogió la sartén de las manos reacias de Konohamaru y agarró el beicon, luego metió una cuchara de madera en la cesta de los huevos y avanzó con todo aquello hacia la chimenea—. A ver, kurama —dijo—, vamos a dejarnos de tonterías. Inclina la cabeza.

— ¡No me puedes obligar! —crepitó el demonio.

— ¡Claro que puedo! —Crepitó a su vez Sakura, con una fiereza que a menudo hacía que sus hermanas se detuvieran en medio de una pelea—. Si no, te echaré agua por encima. O cogeré las tenazas y te quitaré los dos troncos —añadió mientras se arrodillaba junto al hogar con gran crujir de huesos. Y entonces suspiró—: O me puedo retractar del trato y contárselo a naruto, ¿no te parece?


— ¡Maldición! —Escupió kurama—. ¿Por qué la dejaste entrar, Konohamaru?


Enfurruñado, inclinó la cara azul hacia adelante hasta que lo único que se veía de él era un círculo de llamitas verdes bailando sobre los troncos.


—Gracias —dijo Sakura, y colocó de golpe la pesada sartén sobre las llamas para asegurarse de que kurama no se levantaba de repente.
—Espero que se te queme el beicon —dijo kurama, con la voz ahogada bajo la sartén.


Sakura plantó varias lonchas sobre la sartén. Estaba bien caliente. El beicon chisporroteó y Sakura tuvo que enrollarse la mano en la falda para sostener el mango. Cuando se abrió la puerta, ni siquiera se dio cuenta por el ruido de la fritura.


—No hagas tonterías —le dijo a kurama —. Y estate quieto, porque voy a cascar los huevos.


—Ah, hola, Naruto —dijo Konohamaru sin saber qué hacer. Apresuradamente, Sakura dio media vuelta al oírle. Los ojos se le abrieron como platos. El joven alto con el traje azul y plateado que acaba de entrar se detuvo cuando se disponía a dejar una guitarra en un rincón. Se apartó el pelo rubio de sus curiosos ojos azules y le devolvió la mirada a Sakura. Su cara larga y angulosa mostraba perplejidad.


— ¿Quién rayos eres tú? —Dijo naruto —. ¿Dónde te he visto antes?

—Soy una total desconocida —mintió Sakura con firmeza.

Después de todo, Naruto solo la había visto el tiempo suficiente para llamarla ratoncita, así que era casi cierto. Debería darle gracias al cielo por la suerte que había tenido al haber podido escapar en aquella ocasión, pero en realidad su principal pensamiento fue: « ¡Anda! ¡Si el mago Naruto no es más que un veinteañero, por muy malo que sea!». «La vejez lo cambiaba todo», pensó mientras le daba la vuelta al beicon en la sartén. Y se hubiera muerto antes que dejar que aquel jovenzuelo peripuesto se enterase de que era la chica de la que se había compadecido el día de la fiesta. Y aquello no tenía nada que ver con las almas y los corazones. Naruto no se iba a enterar.


—Dice que se llama Sakura —intervino Konohamaru —. Llegó anoche.


— ¿Cómo ha conseguido que se incline kurama? —preguntó naruto.


— ¡Me ha obligado! —dijo kurama con voz lastimera y ahogada debajo de la sartén.


—No hay mucha gente capaz de hacer una cosa así —dijo naruto pensativo. Dejó la guitarra en el rincón y se acercó al hogar.


Un aroma a jancitos se mezcló con el del beicon cuando empujó a Sakura a un lado con firmeza—. A kurama no le gusta que nadie cocine sobre él, excepto yo —dijo al arrodillarse mientras se enrollaba una de sus largas mangas sobre la mano para sujetar la sartén—. Pásame dos lonchas de beicon más y seis huevos, por favor, y dime para qué has venido.


Sakura se quedó mirando fijamente a la joya azul que le colgaba de la oreja de naruto y le fue pasando un huevo detrás de otro.

— ¿Que para qué he venido, joven? —dijo. Después de lo que había visto del castillo, era evidente—. He venido porque soy la nueva limpiadora, naturalmente.


— ¿Ah, sí? —preguntó naruto, cascando los huevos con una sola mano y arrojando las cascaras entre los troncos, donde kurama parecía comérselas con mucho deleite y ruido—. ¿Y quién lo dice?


—Yo lo digo —afirmó Sakura, y añadió en tono piadoso—: Seré capaz de limpiar la porquería que hay aquí, aunque no pueda limpiar tú alma de maldad, jovencito.

—Naruto no es malo —dijo Konohamaru.


—Sí que lo soy —le contradijo Naruto —. Se te olvida lo malísimo que estoy siendo ahora mismo, Konohamaru —apuntó con la barbilla a Sakura —. Si tantas ganas tienes de ayudar, buena mujer, saca unos cuchillos y tenedores y haz sitio en la mesa.


Debajo de la mesa de trabajo había unos taburetes altos. Konohamaru los estaba sacando para sentarse, empujando hacia los lados todos los trastos que había encima para hacer sitio a los cuchillos y tenedores que había sacado de un cajón lateral.


Sakura fue a ayudarle. No esperaba que naruto le diera la bienvenida, naturalmente, pero hasta entonces no le había dado permiso para que se quedara más allá del desayuno. Como Konohamaru no parecía necesitarla, Sakura se acercó arrastrando los pies hasta su bastón y lo colocó descaradamente en el armario de las escobas. Como aquello tampoco pareció llamar la atención de Naruto, dijo: —Puedes tomarme a prueba durante un mes, si quieres.
El mago naruto no dijo nada más que:


—Platos, Michael, por favor —y se levantó con la sartén humeante en la mano. Kurama saltó con un rugido de alivio y ardió con gran estrépito.


Sakura hizo otro intento para que el mago se comprometiera.

—Si voy a estar aquí limpiando durante el próximo mes — dijo—, me gustaría saber dónde está el resto del castillo. Solo he visto esta sala y el cuarto de baño.


Para su sorpresa, Konohamaru y naruto estallaron en carcajadas. Cuando casi habían terminado de desayunar, Sakura descubrió qué les había hecho tanta gracia. A Naruto no solo era difícil obligarle a comprometerse, sino que no le gustaba contestar ninguna pregunta en absoluto. Sakura dejó de preguntarle a él y se dirigió a Konohamaru.


—Díselo —dijo naruto —. Así dejará de dar la lata.


—No hay nada más —dijo Konohamaru —, excepto lo que has visto y dos dormitorios en el piso de arriba.


— ¿Qué? —se sorprendió Sakura. Naruto y Konohamaru se echaron a reír de nuevo.


—Naruto y kurama inventaron el castillo —explicó Konohamaru — y Kurama lo mantiene en marcha. El interior en realidad es la vieja casa de naruto en Porthaven, que es la única parte real.


— ¡Pero si Porthaven está a cientos de millas de aquí, en la costa! —Exclamó Sakura —. ¡Qué vergüenza! ¿Y qué pretendes con este castillo grande y feo que recorre las colinas de Market Chipping aterrorizando a la gente?


Naruto se encogió de hombros.


— ¡Qué mujer más directa! He llegado a ese punto en mi carrera en que necesito impresionar a todo el mundo con mi poder y maldad. No quiero que el Rey piense bien de mí. Además, el año pasado ofendí a alguien muy poderoso y tengo que mantenerme alejado. Era una forma un tanto extraña de evitar a alguien, pero Sakura supuso que los magos se regían por normas distintas a las de la gente corriente. Y enseguida descubrió que el castillo tenía otras peculiaridades. Habían terminado de comer y Konohamaru estaba apilando los platos en la pila mugrienta cuando se oyó un golpe fuerte y seco en la puerta. Kurama elevó sus llamas:


— ¡Puerta de Kingsbury! Naruto, que iba de camino al cuarto de baño, se dirigió hacia la puerta. Tenía un pomo de madera pequeño y cuadrado en el dintel, con una pincelada de pintura en cada uno de sus cuatro lados. En aquel momento el lado que apuntaba hacia abajo tenía una mancha verde, pero naruto lo hizo girar para que fuese la mancha roja la que apuntara hacia abajo antes de abrir la puerta.
Fuera había un personaje con una peluca blanca y estirada y un sombrero de ala ancha. Vestía ropa escarlata, púrpura y dorada y llevaba una vara pequeña decorada con lazos, como un árbol de mayo para niños. Hizo una reverencia. Un aroma a trébol y a flores de naranjo se extendió por la habitación.


—Su Majestad el Rey le envía saludos y hace entrega del pago por los dos millares de botas de siete leguas —dijo el hombre.


A su espalda, Sakura vislumbró un coche de caballos que esperaba en una calle llena de casas suntuosas cubiertas con tallas pintadas y torres y capiteles y cúpulas más allá, de un esplendor que nunca había imaginado siquiera. Lamentó que la persona de la puerta tardara tan poco tiempo en sacar una bolsa de seda larga y tintineante, y Naruto en tomarla, devolverle el saludo y cerrar la puerta. Naruto hizo girar el pomo para que la mancha verde volviera a apuntar hacia abajo y se metió la bolsa en el bolsillo. Sakura vio cómo Konohamaru seguía la bolsa con la mirada, con una expresión apremiante y preocupada.
Naruto se metió directamente en el cuarto de baño, y gritó:


— ¡Necesito agua caliente, Kurama! Y no salió durante un rato larguísimo. Sakura no pudo contener su curiosidad.


— ¿Quién era ese? —Le preguntó a Konohamaru. ¿O más bien, dónde estaba eso?


—Esa puerta da a Kingsbury —dijo Michael—, donde vive el Rey. Creo que ese hombre era el secretario del Canciller. Y — añadió preocupado a kurama — ojalá no le hubiera dado a naruto todo ese dinero.

— ¿Va a dejar naruto que me quede aquí?


—Si te deja, nunca conseguirás que te lo diga —contestó Konohamaru —. Odia comprometerse.



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por cierto este es el zorro que Sakura ayudo, me imagino que se acuerda:

http://3.bp.blogspot.com/-ShmxW57fKnM/UytbkGW3G8I/AAAAAAAACcM/FHuPkfHSGqc/s1600/White_kitsune_2.jpg






bueno que les parecio esero criticas de su partas tanto positivas o como negativas




se despide el gran posho sexy

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Re: El castillo Vagabundo...En el que Sakura deja el Castillo en varias direcciones a la vez (15-02-18)

Mensaje por Hannibal-lecter el Jue Oct 05, 2017 9:29 am

Hola antes que nada muy buena historia y se me hace un poco conocida nose de donde pero tiene un aire de compatibilidad,ya no me recuerdo.
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Re: El castillo Vagabundo...En el que Sakura deja el Castillo en varias direcciones a la vez (15-02-18)

Mensaje por aduzumaki el Sáb Oct 07, 2017 4:03 pm

ya se donde es la historia pero no diré nada porque me encanta leer tu adaptacion espero ansiosa por el siguiente capítulo.
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Re: El castillo Vagabundo...En el que Sakura deja el Castillo en varias direcciones a la vez (15-02-18)

Mensaje por alexad_uzumaki el Sáb Oct 28, 2017 4:13 am

Hola que tal..¿como están? que es de su vida......aqui les dejo la conti



En el que hay demasiada limpieza





DECIDIÓ que lo único que podía hacer era demostrarle a Naruto que era una excelente limpiadora, un auténtico tesoro. Se ató un trapo viejo sobre el pelo blanco con unos pocos pero visibles reflejos rosa, se remangó el vestido sobre los brazos arrugados y delgaduchos y se colocó un mantel que sacó del armario de las escobas como si fuera un delantal. Era un alivio que solo hubiera cuatro habitaciones que limpiar en lugar de un castillo entero. Agarró un cubo y una escoba y se puso manos a la obra.

— ¿Qué haces? — gritaron a coro Konohamaru y Kurama horrorizados.


—Limpiar —replicó Sakura con firmeza— Esta casa es un desastre.


—No hace falta—dijo Kurama.

— ¡Naruto te va a echar! — murmuró Konohamaru.

Pero Sakura los ignoró a los dos y empezó a levantar nubes de polvo. En medio de todo esto, se oyeron nuevos golpes en la puerta. Kurama ardió con fuerza:

— ¡Puerta de Porthaven! —con un gran estornudo llameante que lanzó chispas púrpuras a través de la polvareda.

Konohamaru dejó la mesa y fue hasta la puerta. Sakura espió a través del polvo que estaba levantando y vio que esta vez Konohamaru giraba el pomo cuadrado de madera de forma que el lado con la mancha azul apuntara hacia abajo. Cuando abrió la puerta, la calle era la misma que se veía por la ventana y se encontró con una niña pequeña.

—Por favor, señor Kiske —dijo— He venido por ese conjuro para mi madre.

—Un conjuro de seguridad para el barco de tu padre, ¿no? — Dijo Konohamaru — Un momentito —volvió a la mesa, cogió una jarra de las estanterías y de un frasco vertió una cantidad del polvo en un trozo de papel. Mientras tanto, la niña observaba a Sakura con tanta curiosidad como Sakura a ella. Konohamaru retorció el papel con el polvo dentro y regresó dando instrucciones—: Dile que lo es polvoree por todo el barco. Durará para la ida y la vuelta incluso si hay tormenta.


La niña tomó el papel y le entregó una moneda.


— ¿El hechicero ahora tiene también una bruja trabajando para él? —preguntó.


—No —respondió Konohamaru.


— ¿Te refieres a mí? —Preguntó Sakura — Ah, sí, hijita. Soy la bruja mejor y más limpia de todo Ingary.


Konohamaru cerró la puerta, con expresión exasperada.
—Ahora se enterarán en todo Porthaven. Puede que a Naruto no le agrade —volvió a girar el pomo con el verde hacia abajo.


Sakura se rio un poco para sus adentros, sin arrepentirse lo más mínimo. Probablemente había permitido que la escoba que estaba utilizando le diera ideas. Pero también podría convencer a naruto para que la dejara quedarse si todo el mundo pensaba que trabajaba para él. Su comportamiento le parecía muy raro. Cuando era joven, Sakura se habría muerto de vergüenza al ver cómo estaba actuando, pero ahora, al ser una anciana, no le importaba nada de lo que hacía o decía. Sintió un gran alivio.


Cuando vio a Konohamaru levantar una piedra del hogar y esconder la moneda de la niña debajo, se acercó con curiosidad.


— ¿Qué estás haciendo?


— Kurama y yo intentamos guardar un poco de dinero —dijo Konohamaru en tono culpable— Si no, Naruto se gasta todo lo que tenemos.


— ¡Es un manirroto irresponsable! —Crepitó Kurama — Se gastará el dinero del Rey en menos tiempo de lo que tardo yo en quemar este tronco. No tiene cabeza.


Sakura esparció agua del lavadero para que el polvo se asentara, lo que hizo que Kurama se encogiera en la chimenea. Luego volvió a barrer el suelo. Fue avanzando en dirección a la puerta, para ver mejor el pomo cuadrado del dintel. El cuarto lado, el que todavía no había visto usar, tenía una mancha de pintura negra. Preguntándose adonde conduciría, Sakura se puso a retirar con energía las telarañas de las vigas. Konohamaru se quejó y Kurama volvió a estornudar.


Justo en ese momento, Naruto salió del baño envuelto en un vaho perfumado, con una elegancia extraordinaria. Hasta los bordados de plata del traje parecían más brillantes. Echó un vistazo y volvió rápidamente al cuarto de baño protegiéndose la cabeza con una manga azul y plateada.


— ¡Párate quieta, mujer! —Dijo— ¡Deja en paz a esas pobres arañas!
— ¡Estas telarañas son una vergüenza! —declaró Sakura, mientras las desgarraba todas a la vez.


—Pues quítalas, pero deja las arañas —ordenó naruto.


A Sakura le pareció que sentía una simpatía malvada por las arañas.
—Pero entonces tejerán más telas —replicó.


—Y matan a las moscas, lo cual es muy útil —dijo Naruto— Deja de mover la escoba mientras cruzo mi propio salón, por favor.


Sakura se apoyó en la escoba y observó cómo Naruto cruzaba la habitación y cogía la guitarra. Cuando puso la mano en el picaporte, le dijo:


—Si la mancha roja conduce a Kingsbury y la azul va a Porthaven, ¿adónde lleva la mancha negra?


— ¡Qué mujer más fisgona! —Dijo Naruto — Esa conduce a mi escondite particular y no te voy a decir dónde está.


Abrió la puerta hacia las colinas que se deslizaban en perpetuo movimiento.


— ¿naruto, cuándo volverás? —preguntó Konohamaru en un tono un poco desesperado.

Naruto fingió no haberle oído y se dirigió a Sakura.


—Prohibido matar a una sola araña mientras estoy fuera.


La puerta se cerró a sus espaldas. Konohamaru le lanzo a Kurama una mirada cargada de significado y suspiró. Kurama crepitó con una risa maliciosa.

Como nadie le explicó adonde había ido Naruto, Sakura concluyó que habría salido a cazar jovencitas de nuevo y se puso a trabajar con más vigor que nunca. No se atrevió a hacer daño a ninguna araña después de lo que le había dicho Naruto, pero golpeó las vigas con la escoba, gritando:

— ¡Largo, arañas! ¡Fuera de mi camino! —las arañas salieron corriendo en todas direcciones mientras las telarañas caían a montones.

Entonces tuvo que volver a barrer el suelo, claro. Cuando terminó, se puso de rodillas y lo fregó.


— ¡Ojalá te estuvieras quieta! —dijo Konohamaru, sentado en las escaleras para apartarse de ella. Kurama, escondido en el fondo del hogar, murmuró:

— ¡Ojalá no hubiera hecho ese trato contigo! — Sakura siguió frotando con energía.


—Estaréis mucho más contentos cuando quede limpio y bonito —dijo.
—Pero ahora estoy fastidiado —protestó Konohamaru.


Naruto no regresó hasta tarde aquella noche. Para entonces Sakura había barrido y fregado tanto que apenas se podía mover. Estaba sentada hecha un ovillo en la silla, con dolores por todo el cuerpo.

Konohamaru agarró a Naruto por una manga y se lo llevó al cuarto de baño, donde Sakura lo oyó quejarse con murmullos indignados. Frases como «una vieja terrible» y « ¡no hace ni caso!» eran fáciles de distinguir, incluso con los gritos de Kurama, que aullaba:


— ¡naruto, detenla! ¡Nos va a matar a los dos! — Pero lo único que dijo naruto, cuando Konohamaru le soltó, fue — ¿Has matado alguna araña?


— ¡Claro que no! —saltó Sakura. Sus achaques la habían vuelto irritable— Con solo mirarme salen corriendo. ¿Qué son? ¿Las chicas a las que les has comido el corazón?


Naruto se echó a reír.


—No, son arañas normales y corrientes —contestó, y subió con expresión soñadora al piso de arriba.


Konohamaru suspiró. Fue al armario de las escobas y rebuscó hasta sacar un viejo camastro, un colchón de paja y unas mantas, que colocó en el espacio bajo las escaleras.


—Será mejor que duermas aquí esta noche —le dijo a Sakura.


— ¿Significa eso que naruto va a dejar que me quede? — preguntó Sakura.


— ¡No lo sé! —Exclamó Konohamaru irritado— Naruto nunca se compromete a nada. Yo pasé aquí seis meses hasta que pareció darse cuenta de que vivía aquí y me hizo su aprendiz. Pero he pensado que una cama sería mejor que la silla.

—Entonces, muchas gracias —dijo Sakura agradecida. La cama resultó mucho más cómoda que la silla y cuando Kurama se quejó de tener hambre a mitad de la noche, Sakura no tuvo problema para salir de ella con mucho crujir de huesos y darle otro tronco.

Durante los días siguientes, Sakura siguió limpiando sin piedad por todo el castillo. Disfrutaba. Diciéndose que estaba buscando pistas, lavó las ventanas, limpió el lavadero y obligó a
Konohamaru a quitar todas las cosas de la mesa y los estantes para restregarlos bien. Sacó todas las cosas de los armarios y las que estaban sobre las vigas del techo y también las limpió. Le pareció que la calavera humana empezaba a tener la misma cara de sufrimiento que Konohamaru, de tantas veces como la había movido.


Luego colgó una sábana vieja de las vigas más cercanas a la chimenea y le obligó a Kurama a inclinar la cabeza para limpiar la chimenea. A Kurama no le gustó nada. Crepitó con una risa malvada cuando Sakura descubrió que el hollín se había extendido por toda la habitación y tuvo que limpiarla de nuevo. Su problema era justamente ese: era implacable con la suciedad, pero le faltaba método. Aunque su tenacidad también tenía cierto método; había calculado que si lo limpiaba todo bien, antes o después terminaría por encontrar el tesoro de Naruto, las almas de las jovencitas, o sus corazones mordisqueados, o algo que explicara el contrato de Kurama. Le pareció que la chimenea, protegida por Kurama, era un buen escondite. Pero allí no había nada más que montones de hollín, que Sakura guardó en bolsas en el patio trasero. El patio estaba también en su lista de posibles escondrijos.


Cada vez que entraba naruto, Konohamaru y Kurama se quejaban en voz alta sobre Sakura. Pero naruto no parecía hacerles caso. Ni tampoco parecía notar la limpieza. Y tampoco que el armario de la comida estaba cada vez mejor surtido de pasteles, mermelada y alguna lechuga de vez en cuando. Porque, como Konohamaru había profetizado, se había extendido el rumor en Porthaven y la gente llamaba a la puerta para ver a Sakura. En Porthaven la llamaban señora Bruja y Madame Hechicera en Kingsbury. El rumor había llegado también a la capital.


Aunque los que se acercaban en Kingsbury iban mejor vestidos que los de Porthaven, nadie en ninguno de los dos sitios se atrevía a llamar a la puerta de una persona tan poderosa sin una excusa. Así que Sakura tenía que hacer constantemente pausas en su trabajo para asentir, sonreír y aceptar un regalo, o hacer que Konohamaru preparara rápidamente un conjuro para alguien. Algunos de los regalos eran muy bonitos: cuadros, collares de conchas y delantales. Sakura usaba los delantales a diario y colgó las conchas y los cuadros en las paredes de su cubículo bajo las escaleras, que pronto empezó a parecerle realmente acogedor.


Sakura sabía que lo echaría de menos cuando Naruto la despidiera. Cada vez tenía más miedo de que lo hiciese. Sabía que no podría seguir ignorándola para siempre.


Lo siguiente que limpió fue el cuarto de baño. Tardó varios días porque naruto pasaba muchísimo tiempo dentro todas las mañanas antes de salir. En cuanto se marchaba él, dejándolo lleno de vaho y conjuros perfumados, entraba Sakura.


– ¡Ahora veremos qué hay de ese contrato! —murmuró en el baño, pero su objetivo fundamental era, naturalmente, el estante de paquetes, tarros y tubos. Los cogió uno por uno, con el pretexto de limpiar la estantería, y pasó casi todo el día examinándolos cuidadosamente para ver si los que tenían el letrero PIEL, OJOS y PELO eran en realidad pedazos de las desventuradas jovencitas. Pero por lo que vio, no eran más que cremas, polvos y pintura. Si en otros tiempos fueron niñas, Naruto habría usado el tubo PARA EL DETERIORO y las habría deteriorado de tal forma que era imposible reconocerlas. Sakura confiaba en que los paquetes solo contuvieran cosméticos.


Colocó las cosas de nuevo en la estantería y siguió limpiando. Aquella noche, cuando se acomodó en la silla con dolores por todo el cuerpo, Kurama se quejó de que por su culpa había secado uno de los manantiales de aguas termales.


— ¿Dónde están esas termas? —preguntó Sakura. En aquellos días sentía curiosidad por todo.


—Bajo los pantanos de Porthaven —dijo Kurama — pero como sigas así, tendré que traer agua caliente del Páramo ¿Cuándo vas a dejar de limpiar y a averiguar lo de mi contrato?


—Todo a su tiempo —dijo Sakura — ¿Cómo voy a sacarle a Naruto lo del contrato si no para en casa? ¿Siempre sale tanto?


—Solo cuando anda cortejando a alguna dama —dijo Kurama.


Cuando el baño quedó limpio y reluciente, Sakura fregó las escaleras y el rellano. Luego entró en el pequeño cuarto de Konohamaru. El muchacho, que para entonces parecía haber aceptado resignadamente a Sakura como una especie de desastre natural, lanzó un grito de desesperación y subió corriendo las escaleras para rescatar sus posesiones más preciadas. Estaban en una caja vieja bajo su pequeño camastro taladrado por la carcoma. Cuando se llevaba la caja con actitud protectora, Sakura vislumbró un lazo azul con una rosa de azúcar, sobre lo que parecían ser cartas.


— ¡Así que Konohamaru tiene una enamorada! —se dijo mientras abría la ventana, que también daba a una calle en Porthaven, y sacaba el colchón sobre el alféizar para que se aireara. Teniendo en cuenta lo curiosa que se había vuelto, Sakura se sorprendió a sí misma al no preguntarle quién era aquella chica y cómo la mantenía a salvo de naruto.


Barrió tal cantidad de polvo y basura de la habitación de Konohamaru que estuvo a punto de ahogar a Kurama intentando quemarlo todo.


— ¡Me vas a matar! ¡Eres tan despiadada como Naruto! —tosió Kurama Solo se le vía el pelo verde y un pedazo azul de su frente alargada.
Konohamaru metió su preciada caja en el cajón de la mesa de trabajo y lo cerró con llave.


— ¡Ojalá Naruto nos hiciera caso! —Dijo— ¿Por qué tardará tanto con esta chica?


Al día siguiente Sakura intentó empezar con el patio, pero en Porthaven estaba lloviendo. La lluvia azotaba la ventana y repiqueteaba contra la chimenea, provocando el siseo irritado de Kurama.


El patio también formaba parte de la casa de Porthaven, así que estaba diluviando cuando Sakura abrió la puerta. Se cubrió la cabeza con el delantal y trasteó un poco, y antes de mojarse demasiado, encontró un cubo con cal y un pincel largo.


Se los llevó dentro y se puso a trabajar en las paredes. Encontró una vieja escalera en el armario y encaló el techo entre las vigas.
Siguió lloviendo durante dos días en Porthaven, aunque cuando Naruto abrió la puerta con la mancha verde hacia abajo y salió a la colina hacía sol, y las sombras de las nubes corrían sobre el brezo a más velocidad de la que el castillo podía permitirse.


Sakura encaló también su cubículo, las escaleras, el rellano y la habitación de Konohamaru.


— ¿Qué ha pasado aquí? —Preguntó Naruto al entrar el tercer día— Parece que hay mucha más luz.

—Sakura —dijo Konohamaru, con la voz de un condenado.

—Debería haberlo imaginado —comentó Naruto mientras desaparecía en el baño.

— ¡Se ha dado cuenta! —Susurró Konohamaru a Kurama — ¡La chica debe estar rindiéndose al fin!

Al día siguiente todavía seguía lloviendo en Porthaven. Sakura se ató el pañuelo sobre la cabeza, se remangó y se puso el delantal. Cogió la escoba, el cubo y el jabón y, en cuanto Naruto salió por la puerta, se dirigió como un anciano ángel vengador a limpiar el cuarto de Naruto.
Lo había dejado para el final por temor a lo que pudiera encontrar allí. Ni siquiera se había atrevido a echarle una mirada.

Lo cual era una tontería, pensó mientras subía las escaleras con dificultad. Para entonces ya tenía claro que Kurama se encargaba de hacer toda la magia difícil del castillo y Konohamaru todo el trabajo duro, mientras que Naruto salía por ahí a divertirse persiguiendo a las chicas y explotando a los otros dos, igual que holly la había explotado a ella. Naruto nunca le había parecido particularmente terrorífico. Y ahora no sentía más que desprecio hacia él.


Llegó al rellano y se encontró con Naruto en el umbral de su cuarto. Estaba apoyado indolentemente sobre una mano y le bloqueaba totalmente el paso.

—Ni se te ocurra —le dijo en tono agradable— Me gusta sucio, gracias. Sakura lo miró con la boca abierta.

— ¿De dónde has salido? Te he visto marcharte.


—Eso ha sido para despistar —dijo Naruto — Ya has sido bastante mala con Kurama y Konohamaru Era lógico que hoy me tocara el turno a mí. Y a pesar de lo que te haya dicho Kurama, soy mago. ¿O es que creías que no podía hacer magia?


Aquello echaba por tierra todas las teorías de Sakura, pero se habría muerto antes que admitirlo.


—Todo el mundo sabe que eres mago, jovencito —declaró con severidad— Pero eso no cambia el hecho de que tu castillo sea el lugar más mugriento que he visto en mi vida.


Miró a la habitación más allá de la manga azul y plateada. La alfombra estaba tan sucia como el nido de un pájaro. La pintura se desprendía a tiras de las paredes y había una estantería llena de libros, algunos con aspecto extraño. No había ni rastro de los corazones mordisqueados, pero esos probablemente los guardaba debajo o detrás de la cama con dosel.


La tela que colgaba de ella, de un blanco grisáceo, le impidió ver hacia dónde daba la ventana. Naruto le pasó la manga por delante de la cara.


—Eh, eh. No seas curiosa.

— ¡No soy curiosa! —Dijo Sakura — ¡Esa habitación...!

—Sí, sí que eres curiosa —Dijo Naruto — Eres una anciana horriblemente curiosa, terriblemente mandona y espantosamente limpia. Contrólate. Nos estás amargando la vida a todos.


—Pero esto es una pocilga —se quejó Sakura — ¡No puedo evitar ser así!


—Sí, sí que puedes —dijo Naruto— Y me gusta mi cuarto tal y como está. Tienes que admitir que tengo derecho a vivir en una pocilga si me apetece. Y ahora vete abajo y piensa en alguna otra cosa que hacer. Por favor. Odio discutir con la gente.


Sakura no tuvo más remedio que alejarse con el cubo golpeándole contra la pierna. Estaba un poco impresionada y muy sorprendida de que Naruto no la hubiera echado todavía del castillo. Pero como no lo había hecho, se puso a pensar en su próxima tarea. Abrió la puerta junto a las escaleras, vio que ya casi no llovía y avanzó hacia el patio, donde comenzó con energía a ordenar las pilas de trastos mojados.
Se oyó un ruido metálico y Naruto volvió a aparecer, tambaleándose ligeramente, en medio de la gran lámina de hierro herrumbroso que Sakura pensaba mover a continuación.

—Y aquí tampoco —dijo— Eres un peligro, ¿verdad? Deja tranquilo el patio. Sé exactamente dónde está cada cosa y si lo ordenas nunca encontraré los ingredientes que necesito para mis conjuros de transporte.


Sakura pensó que probablemente habría un montón de almas en alguna parte, o una caja llena de corazones. Se sintió frustrada.


— ¡Pero estoy aquí precisamente para poner orden! —le gritó a naruto.
—Pues entonces búscale un nuevo significado a tu vida — replicó Naruto.

Por un momento pareció que él también iba a perder los nervios. Sus ojos extraños y pálidos la miraron con intensidad. Pero se controló y añadió:

—Vuelve dentro, vieja hiperactiva, y búscate otra cosa con que jugar antes de que me enfade. Odio enfadarme.


Sakura cruzó los brazos delgaduchos. No le gustaba que le lanzaran miradas asesinas con ojos que parecían canicas de cristal.

— ¡Claro que odias enfadarte! —Replicó— No te gustan las cosas desagradables, ¿verdad? ¡Eres escurridizo como una anguila, eso es lo que eres! ¡Te escabulles de todo lo que no te gusta!
Naruto esbozó una sonrisa forzada.


—Estupendo —dijo—. Ya conocemos cada uno los defectos del otro. Ahora vuelve adentro. Vamos. Media vuelta —avanzó hacia Sakura indicándole la puerta con la mano. La manga se le enganchó en el extremo del metal herrumbroso, dio un tirón y se le desgarró— ¡Maldición! —Exclamó naruto, sujetando los extremos de la manga— ¡Mira lo que has hecho!


—Puedo cosértelo —dijo sakura.

Naruto le lanzó otra mirada vidriosa.

—Ya estás otra vez. ¡Cómo te gusta la servidumbre! – Cogió la manga con dos dedos de la mano derecha y los deslizó por el desgarrón. Tras pasar entre los dedos, la tela azul y plateada parecía como nueva.
—Ya está —dijo—. ¿Entendido?


Sakura volvió adentro escarmentada. Era evidente que los magos no necesitaban trabajar como el resto de la gente. Y Naruto le había demostrado que era un mago de cuidado.


— ¿Por qué no me echa? —se preguntó, a medias para sí misma y a medias para Konohamaru.


—Yo tampoco lo entiendo —dijo Konohamaru — Pero creo que se fía de kurama Casi todos los que entran en casa o bien no lo ven o bien les da un miedo terrible.






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Re: El castillo Vagabundo...En el que Sakura deja el Castillo en varias direcciones a la vez (15-02-18)

Mensaje por aduzumaki el Vie Nov 10, 2017 2:08 pm

Yo como siempre comentando tarde pero sigo presente ya quiero ver el próximo capítulos ánimo que tarde o temprano los leo señor posho
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Re: El castillo Vagabundo...En el que Sakura deja el Castillo en varias direcciones a la vez (15-02-18)

Mensaje por alexad_uzumaki el Jue Dic 07, 2017 2:45 pm

Hola ¿como estas? yo un poco mal pero bueno.....aqui les dejo el cap.....


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En el que Naruto expresa sus sentimientos con fango verde

Naruto NO SALIÓ AQUEL DÍA, ni tampoco los siguientes. Sakura se sentaba para pensar en silencio en su silla junto al hogar. Se dio cuenta de que, por mucho que Naruto lo mereciera, había centrado su rabia contra el castillo cuando en realidad estaba enfadada con la bruja del Byakugan. Y, además, se sentía un poco incómoda por encontrarse allí disimulando sus verdaderas intenciones. Puede que Naruto creyera que le caía bien a Kurama, pero ella sabía que el demonio Kitsune solo había aprovechado la oportunidad para hacer un trato con ella. Además, pensó que le había fallado a Kurama.
Aquel estado de ánimo no duró mucho. Sakura descubrió una pila de ropa de Konohamaru que había que remendar. Sacó un dedal, hilo y tijeras de su bolsa de costura y se puso a coser. Aquella tarde se sintió lo bastante animada como para unirse a una canción tontorrona de Kurama sobre sartenes.

— ¿Contenta con tu trabajo? —preguntó Naruto sarcásticamente.

—Necesito más cosas que hacer —dijo Sakura.

—A mi traje viejo le vendría bien un remiendo, si buscas algo con que entretenerte —dijo Naruto.

Parecía que ya no estaba enfadado. Sakura sintió un gran alivio, pues aquella mañana casi había tenido miedo. Era evidente que Naruto todavía no había conseguido a la chica que perseguía. Sakura oyó cómo Konohamaru le hacía preguntas directas al respecto y cómo Naruto se escabullía hábilmente y no contestaba a ninguna.

—Se escurre como una anguila —murmuró Sakura a un par de calcetines de Konohamaru —. No puede aceptar su propia maldad.


Vio que Naruto estaba inquieto, sin parar de hacer cosas para ocultar su descontento. Sakura lo entendía perfectamente.


En la mesa, Naruto trabajaba con mucha mayor intensidad y rapidez que Konohamaru, ejecutando conjuros de forma experta, aunque un tanto atropellada. Por la expresión en el rostro de Konohamaru, casi todos los hechizos eran inusuales y difíciles de hacer. Naruto dejó un conjuro a la mitad y subió corriendo a su habitación a vigilar algo secreto, y sin duda siniestro, que estaba pasando allí; luego salió a toda velocidad al patio a trastear con un gran conjuro que se traía entre manos. Sakura abrió la puerta un poco y quedó sorprendida al ver al elegante mago, arrodillado en el barro con las largas mangas atadas en un nudo por detrás del cuello para que no le estorbaran, mientras llevaba con cuidado una pieza de metal grasiento hasta una estructura extraña.


Aquel conjuro era para el Rey. Otro mensajero peripuesto y oloroso llegó con una carta y un discurso largo, larguísimo en el que preguntaba si sería posible que Naruto le dedicase algo de su tiempo, sin duda ocupado en otras muchas cosas, para concentrar su poderoso e ingenioso intelecto en un pequeño problema que afectaba a Su Real Majestad: concretamente, cómo podría el ejército hacer pasar sus pesados carros por un terreno pantanoso e irregular.

Naruto ofreció una respuesta elocuente y maravillosamente educada, pero dijo que no. Después, el mensajero habló durante otra media hora, al cabo de la cual ambos hicieron una reverencia y Naruto accedió a hacer el conjuro.


—Me da mala espina —le dijo Naruto a Konohamaru cuando se hubo marchando el mensajero— ¿Por qué se tendría que perder Nara en el Páramo? El Rey parece creer que yo le serviré en su lugar.


—Él no era tan inventivo como tú, eso está claro —dijo Konohamaru.


—Soy demasiado paciente y demasiado educado —dijo Naruto en tono sombrío—. Debería haberle cobrado mucho más.


Naruto era igual de paciente y educado con los clientes de Porthaven, pero como Konohamaru señaló preocupado, el problema era que Naruto no les cobraba lo suficiente. Aquello fue después de que Naruto hubiera escuchado durante una hora las razones por las que la esposa de un marinero no podría pagarle todavía ni un penique, y de que le prometiera a un capitán un conjuro de vientos a cambio de una minucia. Naruto eludió los argumentos de Konohamaru dándole una lección de magia.


Sakura cosía botones en las camisas de Konohamaru mientras escuchaba a Naruto repasar un conjuro con su aprendiz.


—Ya sé que yo soy un poco chapucero —estaba diciendo— pero no hace falta que me imites en eso también. Primero hay que leerlo siempre entero, atentamente. De su forma obtendrás mucha información: si se trata de un conjuro de ejecución, de búsqueda o un simple encantamiento, o si es una mezcla de acción y discurso.

Una vez hayas decidido eso, repásalo otra vez y decide qué partes significan lo que dicen literalmente y cuáles se han incluido como parte de un rompecabezas. Ahora estamos avanzando hacia la magia más poderosa, y te darás cuenta de que cada conjuro de poder incluye al menos un error o un enigma puesto deliberadamente para evitar accidentes. Tienes que encontrarlos. Por ejemplo, este conjuro...

Mientras escuchaba las respuestas dubitativas de Konohamaru y observaba cómo naruto escribía comentarios en el papel con una pluma extraña que no hacía falta mojar, Sakura se dio cuenta de ella también podía aprender mucho. Se le ocurrió que si shion había sido capaz de descubrir el conjuro para cambiarse por Ino en casa de la señora Fairfax, ella podría hacer lo mismo aquí. Con un poco de suerte, no tendría que depender de kurama.


Cuando naruto quedó convencido de que Konohamaru había olvidado el tema de cuánto le cobraba a la gente de Porthaven, lo sacó al patio para que le ayudara con el conjuro del Rey. Sakura se levantó con mucho crujir de huesos y avanzó hasta la mesa.
El conjuro era bastante claro, pero los comentarios de naruto no los entendía.


— ¡Nunca he visto una letra semejante! —Se quejó a la calavera—. ¿Escribe con una pluma o con un punzón? — estudió con impaciencia cada trocito de papel de la mesa y examinó los polvos y líquidos de los tarros asimétricos—. Sí, lo admito —le dijo a la calavera— soy una fisgona. Y esta es mi recompensa. Acabo de enterarme de cómo curar a los pollos enfermos, vencer a la tosferina, provocar un vendaval y eliminar el vello de la cara. Si shion hubiera descubierto estas cosas, todavía seguiría en casa de la señora Fairfax. Cuando naruto volvió del patio, a Sakura le pareció que examinaba todas las cosas que ella había movido. Pero tal vez fuera solo porque no podía estarse quieto. Después de eso, no supo qué hacer.


Sakura le oyó pasear intranquilo toda la noche. A la mañana siguiente solo pasó una hora en el cuarto de baño. Parecía que no podía contenerse. Konohamaru se puso su mejor traje de terciopelo color ciruela, listo para ir al Palacio de Kingsbury, y los dos envolvieron el abultado conjuro en papel dorado. Debía de ser increíblemente ligero para su tamaño, pues Konohamaru podía llevarlo solo con facilidad, rodeándolo con los dos brazos. Naruto giró el pomo sobre la puerta de forma que el rojo apuntase hacia abajo y le envió a la calle de casas pintadas.


—Lo están esperando —le dijo—. Solo te van a entretener casi toda la mañana. Diles que hasta un niño podría manejarlo. Muéstraselo. Y cuando regreses, tendré preparado un conjuro de poder para que trabajes en él. Hasta luego.

Cerró la puerta y siguió caminando por la habitación.

—No aguanto más aquí dentro —dijo de repente— Voy a salir a dar un paseo por las colinas. Dile a Konohamaru que el conjuro que le prometí está encima de la mesa. Y esto es para que te entretengas tú.


Sakura descubrió un traje gris y escarlata, tan elegante y extravagante como el azul y plateado, que había caído en su regazo salido de la nada. Mientras tanto, naruto cogió la guitarra de su rincón, giró el cuadrado de madera con el verde hacia abajo y salió entre los brezos en movimiento en lo alto de las colinas sobre Konoha.


— ¡Que no aguanta más aquí dentro! —gruñó Kurama. En Porthaven había niebla. Kurama estaba escondido entre los troncos, moviéndose incómodo a un lado y a otro para evitar las gotas que caían de la chimenea—. ¿Cómo se cree que me siento yo, atrapado en un hogar húmedo como este?

—Entonces tendrás que darme al menos una pista sobre cómo romper tu contrato —dijo sakura, sacudiendo el traje gris y escarlata— ¡Madre mía, sí que eres un traje elegante, aunque estás un poco desgastado! Hecho para atraer a las jovencitas, ¿verdad?

— ¡Pero si ya te he dado una pista! —protestó kurama.

—Pues tendrás que dármela otra vez. No la he pillado —dijo Sakura mientras dejaba el traje en la silla y se acercaba lentamente hacia la puerta.

—Si te doy una pista y te digo que es una pista, entonces es información, y eso no me está permitido —dijo Kurama—. ¿Adónde vas?

—A hacer una cosa que no me atrevía a hacer hasta que estuvieran los dos fuera —dijo Sakura— Giró el pomo de madera hasta que la mancha negra apuntó hacia abajo. Entonces abrió la puerta.
Afuera no había nada. No era ni negro ni gris ni blanco. No era espeso ni transparente. No se movía. No tenía ni olor ni tacto.

Cuando Sakura sacó cuidadosamente un dedo, no estaba ni caliente ni frío. No se oía nada. Parecía ser total y completamente nada.

— ¿Qué es? —le preguntó a kurama.

Kurama estaba tan interesado como Sakura. Había asomado su rostro azul de la chimenea para mirar hacia la puerta. Se había olvidado de la niebla.

—No lo sé —murmuró—. Yo solo lo mantengo. Lo único que sé es que es la parte del castillo hacia la que no se puede pasar.

Da la sensación de estar muy lejos.

— ¡Parece estar más allá de la luna! —dijo Sakura. Cerró la puerta y volvió a girar la manija con el verde hacia abajo. Dudó un momento y luego se dirigió hacia las escaleras.

—La ha cerrado con llave —dijo Kurama — Me dijo que te lo recordara si volvías a intentar fisgonear.

—Vaya —dijo Sakura — ¿Qué guarda en su cuarto?

—No tengo ni idea —dijo kurama — No sé nada de lo que hay ahí arriba. ¡Si supieras lo frustrante que es! Ni siquiera veo bien lo que hay fuera del castillo. Solo lo suficiente para averiguar en qué dirección voy. Sakura, sintiéndose igual de frustrada, se sentó y empezó a remendar el traje gris y escarlata. Konohamaru llegó al poco rato.

—El Rey me ha recibido inmediatamente —dijo— Me... — miró alrededor y sus ojos se detuvieron en el rincón vacío donde solía estar la guitarra— ¡Oh, no! —Dijo— ¡Otra vez su amiga! Creí que ya se había enamorado de él y el asunto se había terminado hace varios días. ¿Por qué tarda tanto?

Kurama crepitó con malicia.

—Has interpretado mal los indicios. Al desalmado de Naruto le está costando mucho esta dama. Decidió dejarla tranquila unos días para ver si eso servía de algo. Eso es todo.

— ¡Qué lata! —Dijo Konohamaru — Nos va a dar problemas, ya verás. ¡Y yo que esperaba que Naruto hubiera recobrado su juicio!
Sakura dejó caer el traje sobre las rodillas.

— ¡Desde luego! —Exclamó—¡Cómo podéis hablar tranquilamente los dos con tanta maldad! Al menos, supongo que no puedo culpar a Kurama, pues para eso es un demonio malvado. ¡Pero tú, Konohamaru!

— ¡Yo creo que no soy malvado! —protestó Kurama.


— ¡No me lo tomo con tranquilidad, si eso es lo que crees! — Dijo Konohamaru — ¡Si supieras todos los problemas que hemos tenido porque naruto no deja de enamorarse! Nos han puesto juicios y han venido hombres a retarle a duelo, madres armadas con rodillos, y padres y tíos con porras. Y tías. Las tías son terribles. Te atacan con alfileres de sombrero. Pero lo peor es cuando las mismas chicas averiguan dónde vive naruto y se plantan en la puerta, tristes y llorosas. Naruto se escapa por la puerta trasera y Kurama y yo tenemos que lidiar con todas ellas.


—Odio a las infelices —dijo Kurama — Me mojan con su llanto. Las prefiero cuando están enfadadas.

—A ver, vamos a aclarar las cosas —dijo sakura, cerrando con fuerza sus puños nudosos sobre la tela colorada— ¿Qué les hace naruto a estas pobres chicas? Me habían dicho que les devoraba el corazón y les robaba el alma.

Konohamaru soltó una risita incómoda.

—Entonces debes de venir de Konoha. Cuando inventamos el castillo, Naruto me mandó allí para manchar su reputación. Yo..., bueno, dije alguna cosa por el estilo. Es lo que suelen decir las tías sobre sus sobrinas cuando las conquista.

Solo es cierto de forma figurada.

—Naruto es muy caprichoso —dijo Kurama — Solo se muestra interesado hasta que las jovencitas se enamoran de él. Después de eso, no les hace ni caso.

—Pero no para hasta conseguir que lo quieran —añadió Konohamaru con vehemencia— Es imposible razonar con él hasta que lo logra. Siempre estoy deseando que llegue el momento en que la muchacha se enamora de él. Entonces las cosas mejoran.

—Hasta que lo encuentran —intervino Kurama.

—Al menos podría tener la sensatez de darles un nombre falso —dijo sakura con tono de indiferencia. La indiferencia era para ocultar que se sentía como una tonta.

—Sí, siempre lo hace —dijo Michael— Le encanta dar nombres falsos y hacerse pasar por otro. Lo hace incluso cuando no anda cortejando. ¿No te has dado cuenta de que es el Hechicero Kyubi en Porthaven y el Mago Namikaze en Kingsbury, además del Horrible naruto en el castillo?

Sakura no se había dado cuenta, lo que la hizo sentirse todavía más tonta. Y eso la ponía de mal humor.

—Está bien, pero sigo pensando que, ir por ahí haciendo infelices a esas pobres chicas es una maldad —dijo—. Se comporta como un desalmado sin sentido.

—Él es así —concluyó Kurama.

Konohamaru acercó al fuego el taburete con tres patas y se sentó mientras Sakura cosía. Le contó así las conquistas de naruto y algunos de los problemas que habían tenido después. Sakura, mientras, hablaba al traje en voz baja.

—Así que devoraste corazones, ¿eh, trajecito? ¿Por qué usarán las tías unas expresiones tan raras para hablar de sus sobrinas? Probablemente a ellas también les gustabas, querido traje. ¿Cómo te sentirías perseguido por una tía encolerizada, eh?

Mientras Konohamaru contaba la historia de una tía que no había podido olvidar, a sakura se le ocurrió que probablemente era positivo que los rumores sobre naruto hubieran llegado a konoha de esa forma. Podía imaginar que, de no ser así, alguna chica decidida como Ino podría haberse interesado por él y terminar siendo muy infeliz.
Konohamaru acababa de sugerir que comieran algo y Kurama había protestado como siempre, cuando Naruto abrió la puerta de par en par y entró, más descontento que nunca.

— ¿Algo de comer? —preguntó sakura.

—No —dijo naruto — Agua caliente en el baño, kurama —se quedó pensativo en la puerta del baño un momento— Sakura, ¿por casualidad no habrás ordenado el estante de conjuros de aquí dentro?

Sakura se sintió más tonta que nunca. Por nada del mundo hubiera admitido que había rebuscado en todos aquellos paquetes y tarros buscando pedazos de jovencitas.

—No he tocado nada —contestó virtuosamente mientras se dirigía a buscar la sartén.

—Espero que sea verdad —le dijo Konohamaru inquieto cuando la puerta del baño se cerró de golpe.

Mientras Sakura preparaba la cena, se oía el correr y gotear del agua en el cuarto baño.

—Está usando mucha agua caliente —dijo kurama desde debajo de la sartén— Creo que se está tiñendo el pelo. Espero que no tocaras los conjuros del pelo. Para tratarse de un hombre normal y corriente con el pelo color barro, es muy pío sumido.

— ¡Cállate ya! —Replicó Sakura— ¡He dejado cada cosa en su sitio!
Estaba tan enfadada que vertió los huevos y el beicon sobre Kurama. Y este naturalmente, se los comió con gran entusiasmo y muchas llamaradas y lametones. Sakura frio más sobre el chisporroteo de las llamas. Konohamaru y ella se los comieron.

Estaban recogiendo, mientras Kurama se pasaba la lengua azul por los labios morados, cuando la puerta del baño se abrió con gran estruendo y Naruto salió aullando de desesperación.

— ¡Mirad esto! —gritó—. ¡Mirad esto! ¿Qué ha hecho con mis conjuros este desastre de mujer?

Sakura y Konohamaru dieron media vuelta y miraron a naruto. Tenía el pelo mojado, pero, aparte de eso, ninguno de los dos veía ninguna diferencia.

—Si te refieres a mí... —empezó Sakura.

— ¡Claro que me refiero a ti! ¡Mira! —aulló naruto. Se sentó de golpe sobre la banqueta y se apuntó a la cabeza mojada con el dedo— Mira. Estudia. Inspecciona. ¡Es una ruina! ¡Parezco una sartén de huevos con beicon!

Konohamaru y sakura se inclinaron nerviosos sobre la cabeza de naruto. Parecía del mismo color rubio claro de siempre hasta la raíz. La única diferencia podría haber sido una sombra ligera, muy ligera, de rojo. A sakura le gustó. Le recordó un poco al color que debería tener su propio pelo.

—A mí me parece muy bonito —dijo.

— ¡Bonito! —Gritó naruto — ¡Cómo no! Lo has hecho a propósito. No podías descansar hasta hacerme sufrir a mí también. ¡Míralo! ¡Es color zanahoria! ¡Tendré que esconderlo hasta que me haya crecido! —extendió los brazos dramáticamente—. ¡Desesperación! —gritó—. ¡Angustia! ¡Horror!

La habitación se volvió más oscura. En las cuatro esquinas aparecieron unas enormes formas de aspecto humano avanzando hacia Sakura y Konohamaru y aullando. Los gritos comenzaron como gemidos horrorizados, se convirtieron en berridos desesperados y después en alaridos de dolor y terror.

Sakura se tapó los oídos con las manos, pero los gritos las traspasaron, cada vez más altos, cada vez más horribles. Kurama se encogió a toda prisa en el hogar y se escondió bajo el tronco del fondo. Konohamaru agarró a sakura del codo y la llevó hacia la puerta. Hizo girar el picaporte dejando el azul hacia abajo, abrió la puerta de una patada y los dos salieron a la calle en Porthaven, tan rápido como pudieron.

El ruido era casi igual de horrible allí fuera. Se abrieron puertas por toda la calle y la gente salía corriendo de las casas tapándose los oídos.

— ¿Debemos dejarlo solo en ese estado? —tembló Sakura.

—Sí —dijo Konohamaru — Y si cree que es culpa tuya, sin duda.
Recorrieron a toda prisa la ciudad, perseguidos por gritos espeluznantes. Toda una multitud iba con ellos. Pese a que la niebla se había convertido en una llovizna típica de la costa, todos se dirigieron a la bahía o la playa, donde el ruido parecía más fácil de soportar. La inmensidad gris del mar mitigaba un poco aquel estruendo. La gente estaba de pie en grupitos mojados, mirando a la blanca niebla sobre el horizonte y las gotas que caían de los amarres de los barcos mientras el ruido se convertía en un llanto gigantesco y desolador. Sakura se dio cuenta de que estaba viendo el mar por primera vez en su vida. Era una pena que no pudiera disfrutarlo más.
Los llantos fueron dando paso a tristísimos suspiros y por fin al silencio. La gente se puso en camino hacia sus casas con mucho cuidado. Algunos se acercaron tímidamente a Sakura.

— ¿Le ocurre algo al pobre hechicero, señora Bruja?
—Hoy está un poco triste —respondió Konohamaru — Vamos, Creo que ya podemos arriesgarnos a volver.

Mientras avanzaban por el malecón, varios marineros los llamaron con preocupación desde sus barcos amarrados, para preguntarles si aquel ruido significaba tormentas o mala suerte.

—Claro que no —dijo Sakura — Ya ha pasado todo.

Pero no era verdad. Regresaron a la casa del mago, que era un edificio torcido y ordinario por fuera que Sakura no habría reconocido si Konohamaru no hubiera estado con ella.

Konohamaru abrió la puerta destartalada con mucho cuidado. Dentro, Naruto seguía sentado en la banqueta. Tenía una actitud de desesperación absoluta. Y estaba cubierto de pies a cabeza con una gruesa capa de lodo verde.

Había una cantidad horrible, tremenda y violenta de aquella sustancia viscosa, montañas enteras. Cubrían a Naruto completamente. Tenía la cabeza y los hombros bañados con gruesos pegotes de lodo que se amontonaba en las rodillas y le resbalaba por las piernas en gruesos goterones y caía de la banqueta en hebras pegajosas. Unos dedos largos y verdes habían llegado hasta el hogar. Olía fatal.

— ¡Salvadme! —gritó Kurama con un susurro ronco. Solo quedaban dos llamitas desesperadas— ¡Esta cosa me va a apagar!

Sakura se levantó la falda y se acercó a Naruto tanto como pudo, que no fue mucho.

— ¡Ya está bien! —dijo—. ¡Para ahora mismo! ¡Te estás comportando como un crío!

Naruto no se movió ni contestó. Su rostro miraba desde detrás de una capa de pringue, pálido, trágico y con los ojos muy abiertos.

— ¿Qué podemos hacer? ¿Está muerto? —preguntó Konohamaru, temblando junto a la puerta.

Sakura pensó que Konohamaru era un buen chaval, pero un poco inútil en momentos de crisis.

—No, claro que no —dijo— ¡Y si no fuera por Kurama, me importaría un bledo que se comportara como una anguila gelatinosa el día entero! Abre la puerta del cuarto de baño.

Mientras Michael se abría paso entre charcos de lodo en dirección al baño, Sakura tiró su delantal sobre el hogar para impedir que el fango verde siguiera avanzando hacia Kurama y cogió la pala. Levantó paletadas de ceniza y las fue echando sobre los charcos más grandes. El limo siseó violentamente. El cuarto se llenó de vapor y olía peor que nunca. Sakura se arremangó, inclinó la espalda para agarrar bien las rodillas resbaladizas del mago, y empujó a Naruto hacia el baño, con taburete y todo. Los pies resbalaban y patinaban sobre el lodo, lo que hacía más fácil mover la silla. Konohamaru se acercó y tiró de las mangas. Entre los dos lo metieron en el cuarto de baño. Allí, como Naruto seguía negándose a moverse, lo colocaron en la ducha.

— ¡Agua caliente, Kurama! —jadeó Sakura decidida—. Muy caliente. Necesitaron una hora para quitarle el fango verde a Naruto.

Y Konohamaru tardó otra hora en convencerle de que se levantara del taburete y se pusiera ropa limpia. Afortunadamente, el traje gris y escarlata que Sakura acababa de remendar estaba colgado sobre el respaldo de la silla, fuera del alcance del líquido viscoso.

El traje azul y plateado había quedado destrozado. Sakura le dijo a Konohamaru que lo pusiera a remojo en la bañera. Mientras tanto, murmurando y gruñendo, cogió más agua caliente. Giró el pomo con el verde hacia abajo y barrió todo el limo verde hacia las colinas. El castillo fue dejando sobre el brezo un rastro como el de un caracol, pero era la forma más fácil de deshacerse de aquello. Vivir en un castillo volante tenía sus ventajas, pensó Sakura mientras fregaba el suelo. Se preguntó si los ruidos de Naruto también se habrían oído allí fuera. Si así había sido, se apiadó de los habitantes de Konoha.
Para entonces Sakura estaba cansada y enfadada. Sabía que el fango verde había sido la venganza de Naruto contra ella, y cuando Konohamaru por fin consiguió sacar al brujo del baño, vestido de gris y escarlata, y lo sentó tiernamente en la silla junto a la chimenea, no estuvo dispuesta a mostrarse comprensiva.

— ¡Ha sido una total estupidez! —Protestó Kurama —. ¿Es que querías deshacerte de la mejor parte de tu magia o qué?

Naruto no le hizo caso. Seguía sentado sin decir nada, con aspecto trágico y tembloroso.

— ¡No consigo que hable! —suspiró Konohamaru tristemente.

—Es solo una rabieta —dijo Sakura. Shion y Ino también eran unas expertas en berrinches. Sabía cómo lidiar con ellos. Por otra parte, darle un cachete a un mago que se había puesto histérico por su pelo también tenía sus riesgos. De todas formas, Sakura sabía por experiencia que las pataletas casi nunca se producen por la razón que aparentan. Obligó a Kurama a moverse para colocar un cazo de leche entre los troncos. Cuando estuvo caliente, le puso un tazón a Naruto entre las manos—. Bébetelo —le dijo—. ¿A qué ha venido todo ese escándalo? ¿Es esa jovencita a la que visitas tanto?
Naruto dio un sorbito desconsolado.

—Sí —dijo—. Dejé de visitarla unos días para ver si eso la hacía recordarme con cariño, pero no ha sido así. No estaba segura, ni siquiera la última vez que la vi. Y ahora me dice que hay otro hombre.

Sonaba tan apesadumbrado que Sakura sintió lástima. Ahora que se había secado el pelo, descubrió con una punzada de culpabilidad que era verdad que estaba casi rosa.

—Es la chica más hermosa que he visto nunca por aquí — continuó Naruto lastimeramente—. La adoro, pero ella se burla de mi honda devoción y se preocupa por otro. ¿Cómo es posible que le guste otro tipo después de toda la atención que le he prestado? Normalmente se deshacen de los demás en cuanto aparezco yo.

La lástima de Sakura disminuyó rápidamente. Se le ocurrió que si Naruto era capaz de cubrirse de fango verde con tanta facilidad, le resultaría igual de sencillo ponerse el pelo del color adecuado.

— ¿Entonces por qué no le das una poción amorosa y terminas de una vez? —le preguntó.

—Ah, no —respondió Naruto —. Así no se juega. Eso estropearía toda la diversión.

La tristeza de Sakura volvió a disminuir. ¿Así que era un juego?
— ¿Es que nunca piensas un poco en la pobre muchacha? — replicó.
Naruto se terminó la leche y miró al fondo del tazón con una sonrisa sentimental.

—Pienso en ella todo el tiempo —dijo—. Mi hermosa, hermosísima Ino Haruno.


Toda la lástima de Sakura desapareció de golpe. Y fue sustituida por una gran ansiedad. « ¡Ay, shion!», pensó. « ¡Mira que has estado ocupada! ¡Así que no te referías a ninguno de los aprendices de Choza !».

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que les parece la imagen de alla, abajo espero sus opiniones

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Re: El castillo Vagabundo...En el que Sakura deja el Castillo en varias direcciones a la vez (15-02-18)

Mensaje por aduzumaki el Vie Dic 22, 2017 12:08 pm

Oh por dios naruto esta detrás de ino que paso aqui esta historia dio un giro inesperado espero por la continucaión hbaer que hace sakura para proteger a ino además de querer saber de quien esta enamorada ino.

Pdta. que te paso señor posho porque estas mal?
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Re: El castillo Vagabundo...En el que Sakura deja el Castillo en varias direcciones a la vez (15-02-18)

Mensaje por alexad_uzumaki el Jue Ene 04, 2018 3:04 pm

Hola, como les ha ido esta semana, espero que bien.......

@aduzumaki gracias por comentar espero que te guste este capitulo.....

P.D: alli abajo esta el link del grupo en facebook....

https://www.facebook.com/groups/538131119884746/?ref=group_header


7 En el que un espantapájaros impide a Sakura salir del Castillo

LO QUE IMPIDIÓ QUE SAKURA SALIERA hacia Konoha aquella misma tarde fue un ataque intensísimo de dolores y achaques. La llovizna de Porthaven la había calado hasta los  huesos. Se tumbó en su cubículo con sus dolores y se dedicó a preocuparse por shion. A lo mejor no era tan malo, pensó. Solo tenía que decirle a  Shion que el mago Naruto  era el pretendiente del que no estaba segura. Aquello la asustaría. Y le contaría que la mejor manera de alejar a Naruto de su lado era confesarle que estaba enamorada de él, y tal vez amenazarlo con alguna tía. A Sakura  le seguían crujiendo todos los huesos cuando se levantó a la mañana siguiente.

— ¡Maldita Princesa del Byakugan! —le murmuró a su bastón cuando lo sacó, lista para marcharse. Oyó a  naruto cantando en el baño como si no hubiera tenido una pataleta en toda su vida. Se acercó a la puerta de puntillas, tan deprisa como pudo. Naturalmente, Naruto salió del cuarto de baño antes de que llegara. Saura  lo miró irritada.

Estaba todo elegante y deslumbrante, ligeramente perfumado con flores de manzano. El sol de la mañana hacía brillar su traje gris y escarlata y le daba a su pelo un halo ligeramente rosado.

—Creo que este color me favorece bastante —dijo.

— ¿Ah, sí? —gruñó Sakura.

—Le va bien al traje —dijo Naruto— Eres muy hábil con la aguja, ¿verdad? De alguna manera le has dado al traje más estilo.

— ¡Ja! —dijo Sakura.

Naruto se detuvo en la puerta con la mano sobre el taco de madera. Esta vez la detuvo Kurama.

—Si vas a estar mucho tiempo fuera —dijo— podrías dejarme unos troncos donde los pueda alcanzar.

— ¿Puedes cogerlos tú solo? —preguntó Sakura, intrigada a pesar de su impaciencia. Como respuesta, kurama estiró una llamarada azul en forma de brazo terminada en varias llamitas que parecían dedos verdes. No era ni muy larga ni tenía aspecto fuerte.

— ¿Ves? Casi llego a las piedras —dijo con orgullo.

Sakura  apiló unos troncos delante de la bandeja para que pudiera coger, al menos el que estaba arriba.

—No los quemes hasta que no los tengas sobre la bandeja — le advirtió, y se dirigió a la puerta una vez más Entonces, alguien llamó a la puerta antes de que llegara.

«Menudo día», pensó Sakura. Debía de ser el capitán. Levantó la mano para girar el taco con el azul hacia abajo.

—No, es la puerta del castillo —dijo Kurama — Pero no estoy seguro...
Entonces sería Konohamaru, que había regresado por algún motivo, pensó Sakura mientras abría la puerta.

Una cara de nabo le hizo una mueca. Olía a moho. Recortándose contra el cielo azul, un brazo maltrecho que terminaba en el muñón de un palo dio media vuelta e intentó agarrarla. Era el espantapájaros. Solo estaba hecho de palos y harapos, pero estaba vivo y quería entrar.

— ¡KURAMA! —Gritó Sakura— ¡Haz que el castillo vaya más deprisa!
Los bloques alrededor de la puerta crujieron y rozaron unos contra otros. Los brezos verdes y pardos pasaban a toda  velocidad. El brazo de palo del espantapájaros golpeó la puerta y arañó el muro del castillo cuando este lo dejó atrás. Entonces  movió el otro brazo como si quisiera agarrarse a la piedra. Tenía toda la intención de meterse en el castillo. Sakura cerró la puerta de golpe. Pensó en lo estúpida que había sido al intentar buscar fortuna. Se trataba del mismo espantapájaros que había colocado en el seto, cuando iba de camino al castillo. Había bromeado con él. Y ahora, como si sus bromas lo hubieran devuelto a la vida para hacer el mal, la había seguido hasta allí y había intentado tocarle la cara. Corrió a la ventana para ver si aquella cosa seguía intentando colarse en el castillo.

Naturalmente, lo único que vio fue el sol que lucía en Porthaven, con una docena de velas que se izaban en sendos mástiles más allá de los tejados, y una bandada de gaviotas volando en círculos bajo el cielo azul.

— ¡Ese es el problema de hallarse en varios sitios al mismo tiempo! —dijo Sakura  a la calavera que estaba sobre la mesa. Y entonces, de repente, descubrió la verdadera desventaja de ser una anciana. El corazón le dio un brinco con un ligero aleteo, y parecía golpearle el pecho intentando salir. Le dolía. Todo el cuerpo le empezó a tiritar y las rodillas le temblaban. Pensó que quizá se estuviera muriendo. Lo único que pudo hacer fue llegar a la silla junto al fuego. Se sentó jadeante, llevándose las manos al pecho.

— ¿Te pasa algo? —preguntó Kurama.

—Sí. Mi corazón. ¡Había un espantapájaros en la puerta! — exclamó Sakura.

— ¿Qué tiene que ver un espantapájaros con tu corazón? — preguntó kurama.

—Estaba intentando entrar. Me ha dado un susto terrible. Y mi corazón... ¡pero tú no lo entenderías, eres un demonio, jovenzuelo! —Jadeó Sakura— Tú no tienes corazón.

—Sí que tengo —replicó Kurama, con tanto orgullo como cuando le había enseñado el brazo—Está ahí abajo, en la parte que brilla entre los troncos. Y no me llames jovenzuelo. ¡Soy un  millón de años mayor que tú! ¿Puedo reducir ya la velocidad del castillo?

—Solo si se ha ido el espantapájaros —dijo Sakura— ¿Se ha ido?

—No lo sé —dijo Kurama— No es de carne y hueso. Ya te he dicho que no puedo ver lo que hay fuera.

Sakura se levantó y se acercó de nuevo a la puerta, sintiéndose enferma. La abrió despacio y con precaución. Por la puerta pasaron a toda velocidad pendientes verdes, rocas y prados morados, lo que la mareó, pero se agarró al marco de la puerta y se asomó para mirar a lo largo de la pared hacia los brezos que iban dejando atrás. El espantapájaros estaba a unos cincuenta metros de ellos. Saltaba de una mata de brezo a otra con siniestra determinación, con los brazos de palo extendidos para no perder el equilibrio en la ladera. Mientras Sakura  lo observaba, el castillo le sacó más ventaja. Era lento, pero aún los seguía. Cerró la puerta.

—Sigue ahí —dijo— Saltando detrás de nosotros. Ve más deprisa.

—Pero eso estropeará todos mis cálculos —explicó Kurama—  Tenía pensado dar la vuelta a las colinas y regresar a donde Konohamaru nos ha dejado, justo a tiempo para recogerle esta misma noche.

—Entonces ve el doble de rápido y da la vuelta a las colinas dos veces. ¡Lo que sea con tal de que dejes atrás a esa cosa horrible! —dijo Sakura.

— ¡Qué exagerada! —gruñó Kurama. Pero incrementó a velocidad del castillo. Sakura, por primera vez, lo sentía moverse sentada en la silla mientras se preguntaba si se estaría muriendo. No quería morirse todavía, no antes de hablar con Shion.

A medida que transcurría el tiempo, todas las cosas del castillo empezaron a temblar con la velocidad. Las botellas tintinearon. La calavera daba golpecitos sobre la mesa. Sakura oyó cómo se caían cosas de la estantería del baño al agua de la  bañera, donde seguía en remojo el traje azul y plateado de Naruto.

Empezó a sentirse un poco mejor. Se arrastró otra vez hacia la puerta y miró hacia fuera, con el cabello ondeando al viento. El campo pasaba como un relámpago a sus pies. Las colinas parecían estar girando lentamente mientras el castillo pasaba a toda velocidad por encima. El ruido estremecedor del castillo casi la dejó sorda, y el humo salía a chorros. Pero el espantapájaros ya no era más que una mota negra en la distancia. La siguiente vez que miró, había desaparecido completamente de su vista.

—Bien. Entonces pararé durante la noche —dijo Kurama— Ha sido un esfuerzo terrible.

El traqueteo se interrumpió. Las cosas dejaron de temblar. Kurama  se fue a dormir, como hacen los fuegos, escondiéndose entre los troncos hasta que se convierten en cilindros rosados cubiertos de ceniza blanquecina, con solo unos reflejos de verde y azul asomando por debajo.

Sakura  ya se sentía mucho mejor. Fue a pescar seis paquetes y una botella del agua pringosa de la bañera. Los paquetes estaban empapados. No se atrevió a dejarlos así, después de lo del día anterior, así que los colocó en el suelo y, con mucho cuidado, espolvoreó sobre ellos los POLVOS SECANTES. Se secaron casi instantáneamente. Aquello era prometedor. Sakura dejó correr el agua y lo probó con el traje de Naruto. También se secó. Seguía manchado de verde y un poco más pequeño que antes, pero se sintió satisfecha al comprobar que al menos podía arreglar algo.
Se sintió lo bastante bien para ocuparse de la cena. Amontonó todo lo que había en la mesa junto a la calavera y empezó a cortar cebollas.

—Al menos tus ojos no lloran, amigo —le dijo a la calavera— Puedes considerarte afortunado.

La puerta se abrió de golpe. Sakura estuvo a punto de cortarse del susto, creyendo que era otra vez el espantapájaros. Pero se trataba de Konohamaru. Entró  lleno de júbilo. Soltó una hogaza de pan, un pastel de carne y una caja a rayas blancas y rosas encima de las cebollas.

Luego cogió a Sakura por la delgada cintura y la llevó bailando por toda la habitación.


— ¡Todo está bien! ¡Todo está bien! —gritó de alegría.
Sakura daba saltos  y se tropezaba para apartarse de las botas de Konohamaru.


— ¡Tranquilo, tranquilo! —Jadeó, intentando sujetar el cuchillo de forma que no cortara a ninguno de los dos— ¿Qué es lo que está bien?

— ¡Ino  me quiere! —gritó Konohamaru, bailando con ella casi hasta el cuarto de baño y luego casi dentro de la chimenea— ¡Nunca había visto a Naruto! ¡Todo ha sido un error!

Luego siguió bailando, girando hasta el centro de la habitación.

— ¡Me quieres soltar  antes de que este cuchillo nos corte a los dos! —Gritó Sakura— Y podrías explicarte un poco.

— ¡Yuuupiii! —gritó Michael. Llevó a Sakura dando vueltas hasta la silla y la dejó caer sobre ella, donde se quedó respirando aguadamente— ¡Anoche deseaba que le hubieras teñido el pelo de azul! —Dijo— Ahora no me importa. Cuando  Naruto dijo «Ino Haruno» incluso pensé en teñírselo de azul yo mismo. Ya sabes cómo habla. Sabía que iba a dejar a esta chica en cuanto consiguiera su amor, como hizo con todas las demás. Y cuando pensaba que era mi Ino... En fin, ya sabes que dijo que había otro tipo, ¡así que pensé que era yo! Por eso hoy he ido a Konoha. ¡Y todo está bien!  Naruto debe de estar por otra chica con el mismo nombre. Ino no le ha visto nunca.

—A ver si me entero —dijo Sakura  un poco mareada— Estamos hablando de la  Ino Haruno que trabaja en la pastelería de Choza, ¿no?

— ¡Claro que sí! —dijo Konohamaru radiante— La amo desde que empezó a trabajar allí, y cuando me dijo que me quería casi no me lo podía creer. Tiene cientos de admiradores. No me habría sorprendido que Naruto hubiera sido uno de ellos. ¡Qué alivio! Te  he traído una tarta de choza para celebrarlo. ¿Dónde la he puesto? Ah, aquí está.
Le pasó la caja rosa y blanca a Sakura. Los aros de cebolla cayeron sobre su regazo.

— ¿Cuántos años tienes, jovencito? —preguntó Sakura.

—Cumplí quince el día uno, el día de la fiesta de mayo —dijo Konohamaru, Kurama lanzó fuegos artificiales desde el castillo— ¿A que sí,  Kurama? Ah, está dormido. Probablemente estás pensando que soy demasiado joven para comprometerme, todavía me quedan tres años como aprendiz, y a Ino incluso más, pero nos hemos prometido, y no nos importa esperar.

Entonces Sakura  pensó que Michael tenía la edad adecuada para shion. Y ahora sabía que era un joven bueno y responsable con un futuro como mago. ¡Bendita Shion! Cuando recordó aquel extraño día de la fiesta de mayo, se dio cuenta de que Konohamaru había estado entre aquel grupo de pretendientes que se apoyaban en el mostrador delante de Shion. Pero Naruto se encontraba fuera, en la Plaza del Mercado.

— ¿Estás seguro de que Ino decía la verdad sobre Naruto? — preguntó preocupada.

—Totalmente —dijo Michael— Sé cuándo está mintiendo porque deja de hacer molinetes con los pulgares.

— ¡Es verdad! —dijo Sakura, riéndose.

— ¿Y tú cómo lo sabes? —preguntó Konohamaru sorprendido.

—Porque es mi her... la nieta de mi hermana —dijo Sakura— y de niña no era siempre sincera. Pero... bueno, supongo que ha ido cambiando al crecer. Puede, puede que dentro de un año o así no tenga el mismo aspecto.

—Yo tampoco lo tendré —dijo Michael— La gente de nuestra edad cambia todo el tiempo.

—No nos importará. Seguirá siendo Ino. «De alguna manera», pensó Sakura.

—Pero supongamos que estuviera diciendo la verdad — continuó preocupada—, ¿y si conoce a Naruto con un nombre falso?

—No te preocupes, ya se me había ocurrido —respondió Michael— Se lo describí, tienes que reconocer que es inconfundible, y no lo ha visto nunca ni a él ni a su maldita guitarra. Ni siquiera tuve que decirle que no sabe tocarla. No lo  ha visto nunca, y no dejó de girar los pulgares durante toda nuestra conversación.

— ¡Qué alivio! —exclamó Sakura, acomodándose en la silla. Y la verdad es que era un alivio saber que Shion estaba a salvo de Naruto. Pero en realidad no era tanto alivio, porque Sakura estaba segura de que solo había otra  Ino Haruno en el distrito: La auténtica. Si hubiera habido otra, alguien habría venido a la sombrerería y habría cotilleado sobre ella. Y era muy propio de Ino  mostrarse testaruda y no ceder ante Naruto. Lo que le preocupaba a Sakura era que Ino le había dicho a Naruto su nombre verdadero. Tal vez no estuviera segura sobre él, pero le gustaba lo suficiente para confiarle un secreto tan importante como ese.

— ¡No pongas esa cara de preocupación! —se río Konohamaru, apoyándose en el respaldo de la silla— Mira la tarta que te he traído.

Cuando Sakura  se puso a abrir la caja, se le ocurrió que Konohamaru había pasado de verla como un desastre de la naturaleza a caerle bien. Estaba tan contenta y agradecida que decidió contar a Michael toda la verdad sobre  Ino y  Shion y sobre sí misma. Era justo que supiera el tipo de familia que tenía la mujer con la que se iba a casar. La caja se abrió. Era la tarta más deliciosa de Choza, cubierta de crema y cerezas y pequeñas virutas de chocolate.

— ¡Oh! —exclamó Sakura.

El taco sobre la puerta giró por si solo hasta quedar con la mancha roja mirando hacia abajo. Entonces entró Naruto.

— ¡Qué tarta tan maravillosa! ¡Mi favorita! —Dijo— ¿Dónde la has comprado?

—Yo... esto... en  Choza —dijo  Konohamaru un poco cortado.
Sakura  levantó los ojos hacia Naruto. Era evidente que algo la  interrumpiría siempre cuando estuviera a punto de decir que estaba hechizada. Incluso, al parecer, un mago.

—Por el aspecto, merece la pena el paseo —dijo Naruto, inspeccionando la tarta— He oído que Choza`s  es la mejor pastelería de Kingsbury. Mira que soy tonto, no he ido nunca. ¿Y es un pastel de carne aquello que veo sobre la mesa? —Se acercó a mirar— Pastel sobre un lecho de cebollas crudas. La calavera parece estar sufriendo muchísimo —cogió la calavera y le sacó un aro de cebolla de la cuenca del ojo— Ya veo que Sakura  ha estado muy ocupada de nuevo. ¿No podías haberla controlado, amigo mío?
La calavera movió los dientes. Naruto  pareció desconcertado y la dejó en su sitio a toda prisa.

— ¿Pasa algo? —preguntó Konohamaru  lleno de sospechas.

—Pues sí —respondió Naruto— Tendré que encontrar a alguien que ensucie mi nombre ante del Rey.

— ¿No ha funcionado bien el conjuro para los carros? — preguntó Konohamaru.

—Al contrario, ha funcionado perfectamente. Y ese es el problema —dijo Naruto, haciendo girar inquieto el aro de cebolla en un dedo— El Rey está intentando que me comprometa a hacer otra cosa. Kurama, si no tenemos cuidado, me va a nombrar Mago Real.

Kurama no respondió. Naruto  acudió junto al fuego y se dio cuenta de que estaba dormido.

—Despiértale, Konohamaru —dijo—  Necesito consultarle una cosa.
Michael le echó dos troncos a Kurama  y le llamó. No hubo respuesta, excepto una delgada espiral de humo.

— ¡Kurama! —gritó Kurama. Aquello no sirvió de nada. Naruto le dirigió a Konohamaru una mirada confundida y cogió el atizador, cosa que Sakura no le había visto hacer nunca— Lo siento, Kurama — dijo, pinchando bajo los troncos que quedaban por quemar— ¡Despierta!
Una gruesa nube de humo se elevó en el aire.

— ¡Déjame en paz! —Gruñó Kurama — Estoy cansado. Al oír esto, Naruto  pareció muy alarmado — ¿Qué le pasa? ¡Nunca lo había visto así!

—Creo que ha sido el espantapájaros —dijo Sakura.

Naruto  dio media vuelta sobre las rodillas y la taladró con sus ojos de vidrio.

— ¿Qué has hecho ahora? — No dejó de mirarla mientras Sakura  se explicaba.

— ¿Un espantapájaros? —Preguntó— ¿Kurama  accedió a Llevar el castillo más deprisa por un espantapájaros? Querida Sakura, haz el favor de decirme cómo consigues que un demonio del fuego te obedezca. ¡Me encantaría saberlo!

—No le he obligado —contestó Sakura—Me he asustado y le he dado.
—Se ha asustado a kurama le ha dado pena —repitió Naruto — Mi querida Sakura, a kurama  nunca siente lástima por nadie. En fin, espero que disfrutes de las cebollas crudas y del pastel de carne para la cena, porque has estado a punto de acabar con Kurama.

—También está la tarta —dijo Michael, intentando poner paz.

La comida pareció mejorar algo el ánimo de Naruto, aunque no dejó de mirar con preocupación los troncos sin quemar de la chimenea durante toda la cena. El pastel de carne frío estaba bueno y las cebollas quedaron bastante sabrosas cuando Sakura las bañó en vinagre. La tarta estaba exquisita. Mientras se la comían, Konohamaru se arriesgó a preguntarle a Naruto qué quería el Rey.

—Todavía nada concreto —dijo naruto con aire sombrío— Pero me ha estado tanteando sobre su hermano, cosa poco halagüeña.

Aparentemente tuvieron una gran discusión justo antes de que el príncipe Sasuke se marchase, y corren rumores. El Rey obviamente quería que me ofreciera para salir en su busca. Y yo, como un tonto, le dije que no creía que el mago Nara estuviera muerto, y aquello complicó las cosas aún más.

— ¿Por qué quieres evitar buscar al príncipe? —Preguntó Sakura— ¿No crees que puedas encontrarle?

—Tienes menos tacto que un toro, ¿verdad? —dijo Naruto. Todavía no la había perdonado por lo de kurama — Quiero escabullirme porque sé que puedo encontrarle, si tanto te interesa saberlo. Sasuke era muy amigo de Shikamaru, y la pelea con el Rey fue porque le dijo que se iba a buscarle. Pensaba que el Rey había hecho mal en enviar a Sasuke al páramo. Y hasta tú debes saber que allí hay una cierta dama que siempre causa problemas. El año pasado prometió freírme vivo y me ha enviado una maldición que hasta ahora he conseguido esquivar solamente porque tuve el acierto de darle un nombre falso. Sakura estaba casi admirada.

— ¿Quieres decir que le diste calabazas a la Princesa  del Byakugan? —  Naruto se cortó otro pedazo de tarta, con expresión triste y noble.
—Yo no lo diría con esas palabras. Admito que durante un tiempo creí estar encariñado con ella. En algunos aspectos es una dama muy triste, sin amor. Todos los hombres del país del fuego le tienen pánico. Tú deberías comprender cómo se siente, querida Sakura.

Sakura abrió la boca totalmente indignada y Konohamaru intervino rápidamente:

— ¿Crees que deberíamos mover el castillo? Para eso lo inventaste, ¿no?

—Eso depende de Kurama —dijo naruto, mirando por encima del hombro a los troncos que apenas humeaban— La verdad es que cuando pienso en el Rey y la bruja, los dos detrás de mí, me dan ganas de plantar el castillo en alguna roca agradable a unas miles de millas de distancia.

Konohamaru deseó no haber abierto la boca. Sakura  vio que estaba pensando que miles de millas de distancia eran terriblemente lejos de shion.

— ¿Pero que le pasará a tu Ino Haruno si te vas de aquí? — le preguntó a Naruto.

—Supongo que para entonces ya todo habrá terminado —dijo Naruto distraído— Pero si se me ocurriera alguna forma de quitarme de encima al Rey... ¡Ya sé! —Levantó el tenedor, con un trozo de crema y tarta, y apuntó con él a Sakura— Tú puedes ensuciar mi nombre ante el Rey. Podrías fingir ser mi anciana madre e ir a rogarle por tu querido hijo —y le brindó a Sakura esa sonrisa que sin duda había encantado a la  Princesa del Byakugan y posiblemente a Ino también, dirigiéndosela de manera deslumbrante a lo largo del tenedor y de la crema, directamente a los ojos de Sakura— Si eres capaz de intimidar a Kurama, el Rey no te dará ningún problema— Sakura  le miró sorprendida incapaz de decir nada. Pensó que ese era el momento en el que le tocaba escabullirse. Se marchaba. Lo sentía mucho por el contrato de Kurama. Estaba harta de Naruto. Primero el fango verde, luego las miradas asesinas por algo que Kurama había hecho por voluntad propia. ¡Y ahora esto! Mañana escaparía a Upper Folding y le contaría todo a ino.
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Re: El castillo Vagabundo...En el que Sakura deja el Castillo en varias direcciones a la vez (15-02-18)

Mensaje por aduzumaki el Dom Ene 07, 2018 9:50 am

jajajaja naruto no sale de un problema para meterse en otro, me sorprendio ver que shion hara pareja con konohamaru pero a la vez me agrado, ahora espero ansiosa por saber que hara sakura sin se ira o ayudara a naruto espero por la continuación.
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Re: El castillo Vagabundo...En el que Sakura deja el Castillo en varias direcciones a la vez (15-02-18)

Mensaje por alexad_uzumaki el Vie Feb 16, 2018 3:26 pm


En el que Sakura deja el Castillo en varias direcciones a la vez:


A LA MAÑANA SIGUIENTE, Sakura comprobó aliviada que Kurama ardía radiante y alegre. Si no estuviera harta de Naruto, se habría sentido casi conmovida al advertir cuánto se alegró el mago al ver Kurama.


—Pensé que esta mujer había acabado contigo, vieja bola de fuego —dijo Naruto, arrodillándose junto a la chimenea con las mangas de la camisa entre las cenizas.

—Solo estaba cansado —dijo Kurama— Parecía que el castillo se resistía, nunca lo había llevado tan rápido.

—Bueno, pues no permitas que te obligue otra vez —advirtió Naruto. Se puso de pie, sacudiéndose con elegancia la ceniza de su traje gris y escarlata— Empieza con ese conjuro, Konohamaru. Y si viene alguien de parte del Rey, le dices que estaré fuera por asuntos privados hasta mañana. Voy a ver a Ino, pero no hace falta que se lo cuentes.

Cogió su guitarra y abrió la puerta con la mancha verde hacia abajo, hacia las amplias y nubosas colinas. El espantapájaros estaba allí otra vez. Cuando naruto abrió la puerta, se lanzó hacia él de lado y lo alcanzó en el pecho con la cara de nabo. La guitarra emitió un horrible tañido.

Sakura soltó un gritito de terror y se agarró a la silla. Uno de los brazos de palo del espantapájaros estaba moviéndose para agarrarse al marco de la puerta. Por la forma en que Naruto había afianzado los pies, estaba claro que le estaba empujando con mucha fuerza. No había duda de que aquella cosa estaba decidida a entrar en el castillo.

El rostro azul de Kurama asomó por la chimenea. Michael estaba paralizado un poco más lejos.

— ¡Era verdad lo del espantapájaros! —dijeron los dos a la vez.

— ¿Ah, sí? ¿En serio? —Naruto jadeaba. Apoyó con un pie contra el marco de la puerta y empujó. El espantapájaros salió volando de golpe hacia atrás y aterrizó con un ligero crujido sobre los brezos, unos pasos más allá. Enseguida se puso de pie y se acercó a saltos al castillo. Naruto dejó apresuradamente la guitarra en el suelo y saltó para encontrarse con él.

—No, no vas a entrar, amigo mío —dijo levantando una mano— Vuelve al lugar de donde hayas venido.

Avanzó despacio, todavía con la mano levantada. El espantapájaros se retiró un poco, saltando lenta y temerosamente hacia atrás.

Cuando naruto se detuvo, el espantapájaros también lo hizo, con su pata plantada entre el brezo y los brazos harapientos moviéndose de un lado y a otro como una persona preparada para luchar. Los jirones de tela ondeaban al viento sobre sus brazos y parecía una imitación disparatada de las mangas de Naruto.

— ¿Así que no te quieres ir? —preguntó Naruto.

Y la cabeza de nabo osciló de derecha a izquierda. No se iría.

—Me temo que tendrás que marcharte —dijo Naruto—Le das miedo a Sakura, y cualquiera sabe de qué será capaz si está asustada. Y ahora que lo pienso, también me das miedo a mí.

Naruto movió los brazos pesadamente, como si estuviera levantando un gran peso, hasta elevarlos por encima de la cabeza. Gritó una palabra extraña, que quedó medio oculta en el restallar de un trueno repentino, y el espantapájaros salió volando por los aires. Se elevó hacia arriba y a lo lejos, con los harapos ondeando y agitando los brazos a modo de protesta, hasta que no fue más que una mota en el aire, y luego un punto que se desvaneció entre las nubes y se perdió de vista.

Naruto bajó los brazos y se acercó a la puerta, secándose la cara con el dorso de la mano.

—Retiro mis duras palabras, Sakura —dijo, jadeando— Esa cosa era alarmante. Puede que estuviera frenando el castillo durante todo el día de ayer. Poseía una de las magias más poderosas que he visto nunca. ¿Qué era? ¿Lo que quedaba de la última persona a la que le limpiaste la casa?

Sakura soltó una risita ronca. Su corazón se estaba comportando otra vez de forma extraña. Naruto se dio cuenta de que le pasaba algo. Saltó dentro por encima de la guitarra, la cogió por el codo y la sentó en la silla.

— ¡Ahora tranquilízate!

Entonces algo ocurrió entre Naruto y Kurama. Sakura lo sintió, porque naruto la estaba sujetando y kurama estaba todavía asomando la cara por la rejilla de la chimenea. Fuera lo que fuese, su corazón empezó a comportarse debidamente casi de inmediato.
Naruto miró a kurama, se encogió de hombros, y dio media vuelta para darle a Konohamaru un montón de instrucciones sobre cómo mantener a Sakura quieta el resto del día. Luego cogió la guitarra y por fin se marchó.

Sakura se quedó en la silla fingiendo sentirse el doble de mal de lo que se sentía. Tenía que esperar a que Naruto se marchara.

Era una molestia que él fuera también a Upper Folding, pero como ella iría mucho más despacio, llegaría más o menos cuando él iniciara el camino de vuelta. Lo más importante era que no se encontraran por el camino. Observó a Konohamaru en secreto mientras extendía el papel del conjuro y se rascaba la cabeza al leerlo. Esperó hasta que sacó grandes libros de cuero de las estanterías y empezó a tomar notas con aire frenético y deprimido. Cuando parecía estar totalmente absorto, Sakura murmuró varias veces:

— ¡Qué ambiente tan cargado! — Konohamaru no la oyó.

— ¡Es horrible lo cargado que está el ambiente! —Insistió
levantándose y encaminándose hacia la puerta— Aire fresco — abrió la puerta y salió. Kurama obedientemente paró el castillo en seco.

Sakura aterrizó entre los brezos y miró a su alrededor para orientarse. El camino que llevaba a Upper Folding sobre las colinas era una línea de arena entre los arbustos que partía cuesta abajo justo desde donde estaba el castillo. Claro, kurama se lo había puesto fácil a naruto. Sakura avanzó hacia allí. Se sentía un poco triste. Iba a echar de menos a Konohamaru y a Kurama. Casi había llegado al sendero cuando oyó gritos tras de sí.

Konohamaru llegó corriendo por la ladera y el castillo negro y alto lo siguió dando tumbos y lanzando preocupadas nubes de humo por las cuatro torres.

— ¿Qué haces? —dijo Konohamaru cuando la alcanzó. Por cómo la miraba, Sakura se dio cuenta de que Konohamaru creía que el espantapájaros la había vuelto loca.

—Estoy perfectamente —respondió Sakura indignada— implemente voy a ver mi otra her... nieta de mi otra hermana. También se llama Ino Haruno ¿Lo entiendes ahora?

— ¿Dónde vive? —preguntó Konohamaru, como si pensara que Sakura no lo sabía.

—En Upper Folding —contestó Sakura.

— ¡Pero eso está a más de diez millas de aquí! —Dijo Konohamaru— Le prometí a Naruto que te haría descansar. No puedo dejar que te marches. Le dije que no te perdería de vista.

A Sakura no le hizo ninguna gracia. Ahora Naruto la consideraba útil porque quería que fuese a ver al Rey, por eso no quería que se fuese del castillo.

— ¡Ja! —dijo.

—Además —advirtió Konohamaru lentamente, empezando a comprender la situación—naruto también debe de haber ido a Upper Folding.

—No lo dudo —dijo Sakura.

—Entonces estás preocupada por esa chica, si es tu sobrina nieta —dijo Michael, al comprenderlo por fin— ¡Ya lo entiendo! Pero no puedo dejar que te vayas.

—Me marcho —dijo Sakura.

—Pero si Naruto te ve allí, se pondrá furioso —dijo Konohamaru, todavía pensativo— Y como yo le prometí cuidar de ti, se enfadará con los dos. Deberías descansar —entonces, cuando Sakura estaba casi a punto de pegarle, exclamó— ¡Un momento! ¡Hay un par de botas de siete leguas en el armario de las escobas!

La cogió por la muñeca delgaducha y la llevó cuesta arriba hacia el castillo, que los estaba esperando. Sakura se vio obligada a dar pequeños saltitos para que no tropezar entre el brezo.

—Pero —jadeó— ¡siete leguas son veintiuna millas! ¡Con dos pasos estaré a mitad de camino de Porthaven!

—No, son diez millas y media por cada paso —dijo Konohamaru —Con eso llegamos a Upper Folding más o menos. Nos pondremos una bota cada uno, así no te perderé de vista, no te cansarás y Naruto ni siquiera se enterará de dónde hemos estado. ¡Así se resuelven todos nuestros problemas!

Konohamaru estaba tan contento con su idea que Sakura no tuvo el valor de protestar. Se encogió de hombros y pensó que sería mejor que Konohamaru se enterara de lo de las dos Ino antes de que volvieran a cambiar de imagen. Era más honrado así. Pero cuando Konohamaru rajo las botas del armario, Sakura empezó a tener sus dudas. Hasta ahora los había tomado por cubos de cuero que de alguna forma habían perdido el asa y se habían deformado ligeramente.

—Tienes que meter dentro el pie, con zapato y todo —explicó Konohamaru mientras se acercaba a la puerta con los dos objetos pesados en forma de cubo— Son los prototipos de las botas que Naruto hizo para el ejército del Rey. Conseguimos que los últimos modelos fueran más ligeros.

Se sentaron en el escalón de la entrada y metieron un pie cada uno en una bota.

—Colócate mirando hacia Upper Folding antes de poner la bota en el suelo —le advirtió Konohamaru. Se levantaron sobre el pie que tenía el zapato normal y a la pata coja se giraron con cuidado hasta ponerse de cara a Upper Folding— Ahora da un paso — dijo Konohamaru.

¡Zas! El paisaje pasó a su lado tan rápidamente que era solo una mancha, la tierra gris verdosa, el cielo azul grisáceo.

El aire le tiró a Sakura del pelo y le estiró todas las arrugas de la cara hacia atrás, tanto que creyó que llegaría con la mitad de la cara detrás de cada oreja.

El viento se detuvo tan repentinamente como había comenzado. El día era tranquilo y soleado y se encontraron rodeados de flores amarillas, en medio del prado comunal de Upper Folding. Una vaca que pastaba cerca los miró. Un poco más lejos se veían tranquilas casitas con tejados de paja bajo los árboles. Desgraciadamente, la bota con forma de cubo era tan pesada que Sakura se tambaleó al aterrizar.

— ¡No pongas el pie en el suelo! —gritó Konohamaru, demasiado tarde.

Volvieron a sentir otro borrón a toda velocidad y más viento huracanado. Cuando se detuvo, Sakura se encontró en el valle de Folding, casi en los pantanos

— ¡Vaya, hombre! —dijo. Dio unos saltos a la pata coja y volvió a probar.

¡Zas! La mancha otra vez. Y estaba de nuevo en el prado de Upper Folding, inclinándose hacia adelante por el peso de la bota. Vio de refilón a Konohamaru que se lanzaba como una bala para atraparla.
¡Zas! Mancha.

— ¡Qué fastidio! —se quejó Sakura. Otra vez estaba en las colinas. La silueta torcida del castillo se paseaba pacíficamente por allí cerca. Kurama se estaba entreteniendo soplando anillos de humo por una de las torres. Fue lo único que vio Sakura antes de que se le enredara el zapato entre el brezo y tropezara una vez más.

¡Zas! ¡Zas! Esta vez Sakura visitó rápidamente la plaza del mercado en Konoha y el jardín principal de una gran mansión.

— ¡Caramba! —gritó— ¡Maldición!

Solo le dio tiempo para pronunciar una palabra en cada sitio, y de nuevo se encontró viajando por su propio impulso. Con otro ¡zas!, aterrizó en un prado, en algún lugar del fondo del valle. Un gran toro castaño levantó su nariz anillada de la hierba y bajó los cuernos con claras intenciones.

— ¡Si ya me iba, querido animal! —gritó Sakura, saltando frenéticamente a la pata coja para dar media vuelta.

¡Zas!, de vuelta en la mansión. ¡Zas!, en la plaza del mercado.
¡Zas! y allí estaba otra vez el castillo. Le estaba cogiendo el tranquillo. ¡Zas! Y ahora estaba Upper Folding, pero, ¿cómo se para esto? ¡Zip!

— ¡Demonios! —gritó Sakura, que había llegado otra vez casi hasta los pantanos de Folding.

Esta vez se dio la vuelta con mucho cuidado y puso el pie en el suelo con gran precisión. ¡Zíp! Afortunadamente la bota aterrizó en una boñiga de vaca y Sakura cayó al suelo de golpe.

Konohamaru corrió hacia ella y antes de que Sakura pudiera moverse, le quitó la bota.

— ¡Gracias! —Dijo Sakura sin aliento— ¡No podía parar!

El corazón de Sakura iba un poco acelerado mientras caminaban por el prado hasta la casa de la señora Fairfax, pero solamente como les pasa a los corazones cuando han hecho muchas cosas muy deprisa. Se sentía muy agradecida por lo que habían hecho Naruto y Kurama con su corazón, fuera lo que fuese.

—Bonita casa —comentó Michael mientras escondía las botas en el seto de la señora Fairfax. Sakura estuvo de acuerdo. La casa era la más grande del pueblo. Tenía la techumbre de paja y las paredes blancas entre las vigas negras y, como recordaba Sakura de las visitas de su infancia, se llegaba hasta el porche a través de un jardín lleno de flores y zumbidos de abejas. Sobre el porche, las madreselvas y las rosas blancas trepadoras competían por ver cuál daba más trabajo a las abejas. Era una mañana perfecta y calurosa de verano en Upper Folding.

La señora Fairfax abrió la puerta ella misma. Era una de esas señoras gorditas y afables, con el pelo color mantequilla recogido en trenzas sujetas alrededor de la cabeza, que inspiraba felicidad con solo mirarla. Sakura sintió un poquito de envidia de su hermana. La señora Fairfax miró primero a Sakura y luego a Konohamaru Había visto a Sakura el año anterior cuando era una joven de diecisiete años, y no tenía por qué reconocerla como una anciana de noventa.

—Buenos días —dijo educadamente.

Sakura suspiró. Konohamaru dijo:

—Esta es la tía abuela de Ino Haruno. La he traído a ver a Ino.

— ¡Ah, ya me parecía a mí que la cara me resultaba familiar! —Exclamó la señora Fairfax—. Tiene un aire de familia. Entrad. Ino está ocupada ahora mismo, pero tomad unos dulces con miel mientras esperáis.

Abrió la puerta principal. Inmediatamente, un perro collie se escabulló entre las faldas de la señora Fairfax, se abrió paso entre Sakura y Konohamaru y corrió por el primer seto de flores, pisoteándolas a diestro y siniestro.

— ¡detenedlo! —Exclamó la señora Fairfax corriendo detrás— ¡No quiero que salga ahora!

Durante un minuto o así hubo una persecución alocada. El perro corría de un lado a otro, lloriqueando de forma inquietante, y la señora Fairfax y Sakura lo perseguían saltando por encima de las flores y chocándose una con la otra, mientras Konohamaru corría detrás de Sakura gritando: «¡Estate quieta! ¡Te vas a poner mala!».
Entonces el perro salió disparado hacia una esquina de la casa.


Konohamaru se dio cuenta de que la única manera de hacer parar a Sakura era atrapar al perro. Se lanzó en diagonal sobre las flores y torció la esquina detrás del animal, al que agarró por su denso pelaje, justo cuando llegaba al huerto en la parte trasera de la casa.
Sakura caminaba despacio y se encontró con Konohamaru que tiraba del perro hacia atrás, haciéndole unas muecas tan extrañas que al principio pensó que estaba enfermo. Pero sacudió la cabeza tantas veces en dirección al manzanal que se dio cuenta de que estaba intentando decirle algo. Sakura asomó la cabeza, esperando ver una nube de abejas.

Allí se encontraba Naruto con Ino. Estaban entre un grupo de manzanos musgosos en flor, y a lo lejos se distinguía una hilera de colmenas. Ino estaba sentada en una silla blanca de jardín y Naruto se inclinaba sobre una rodilla a sus pies, cogiéndole la mano con expresión noble y apasionada. Ino le sonreía amorosamente. Pero, para Sakura, lo peor de todo era que Ino no tenía en absoluto la cara de Shion. Era ella misma con toda su belleza. Llevaba un vestido con los mismos rosas y blancos de las flores de los manzanos, su pelo oscuro caía en una cascada de rizos resplandecientes sobre un hombro y sus ojos brillaban de devoción mirando a Naruto.

Sakura escondió la cabeza y miró desesperada a Konohamaru, que sujetaba al perro quejumbroso.

La señora Fairfax los alcanzó, jadeando mientras intentaba colocarse bien una de las trenzas de su pelo mantequilla.

— ¡Qué perro más malo! —le dijo al collie con un murmullo feroz— ¡Si vuelves a hacer eso te pondré un conjuro! —el perro parpadeó y se agachó. La señora Fairfax lo señaló severamente con un dedo— ¡A casa! ¡Quédate dentro! —el perro se sacudió de las manos de Konohamaru y regresó a casa cabizbajo—. Muchas gracias —le dijo a Konohamaru mientras lo seguían—. No deja de intentar morder a la visita de Ino. ¡Adentro! —gritó con severidad en el jardín principal, cuando el collie parecía estar pensando en rodear la casa y llegar al jardín por el otro lado. El perro le lanzó una mirada desconsolada por encima del hombro y se arrastró lastimeramente al interior atravesando el porche.

—Puede que el perro tenga razón —dijo Sakura— Señora Fairfax, ¿sabe quién es el visitante de Ino?

La señora Fairfax soltó una risita.

—El mago Namikaze, o Naruto, o como quiera que se haga llamar —respondió— Pero Ino y yo no le hemos dicho que lo sabemos. Me hizo gracia cuando apareció la primera vez, diciendo que se llamaba Sylvester Oak, porque me di cuenta de que se había olvidado de mí. Yo me acordaba de él, aunque solía tener el pelo negro en su época de estudiante —dijo la señora Fairfax, que se había cruzado de brazos y estaba muy tiesa, lista para pasarse todo el día hablando, como Sakura la había visto hacer tantas veces—. Fue el último alumno de mi tutora, antes de que se retirara. Cuando el señor Fairfax todavía vivía, le gustaba que nos transportáramos a Kingsbury para asistir a algún espectáculo de vez en cuando. Puedo transportar a dos personas sin problemas, si lo hago despacio. Y en cada viaje solía visitar a la vieja Lady Tsunade. Le gusta que los antiguos alumnos se mantengan en contacto. Y en una de esas ocasiones nos presentó al joven Naruto. Estaba muy orgullosa de él. También fue profesora del mago Nara, pero nos dijo que Naruto era el doble de bueno...

— ¿Pero no sabe la reputación que tiene Naruto? —interrumpió Konohamaru.

Participar en la conversación de la señora Fairfax era como entrar a saltar a la comba. Había que elegir el momento exacto, pero una vez que se entraba, era fácil. La señora Fairfax se giró levemente hacia Konohamaru.

—Para mí que no son más que habladurías —dijo. Konohamaru abrió la boca para contradecirla, pero la cuerda siguió girando sin darle tiempo a hablar—. Y yo le dije a Ino: «Esta es tu gran oportunidad, cariño». Sabía que Naruto podría enseñarle veinte veces más que yo, porque no me importa reconocer que Ino tiene mucha más cabeza que yo, y podría alcanzar la misma categoría que la Princesa del Byakugan, pero en buena. Ino es una buena chica y le tengo mucho cariño. Si Lady Tsunade siguiera enseñando, le mandaría a Ino mañana mismo. Pero se ha jubilado. Así que le dije: «Ino, aquí tienes al mago Naruto cortejándote y no sería nada malo que te enamorases de él y le dejaras ser tu profesor. Podríais llegar lejos los dos juntos». Me parece que al principio no le hizo mucha gracia la idea, pero últimamente se ha ido ablandando y parece que hoy va todo estupendamente.

Entonces la señora Fairfax hizo una pausa para sonreír con benevolencia a Konohamaru, y Sakura se apresuró a intervenir:

—Pero alguien me había dicho que a Ino le gustaba otra persona.
—Quieres decir que le daba lástima —dio la señora Fairfax— Tenía una desventaja terrible —susurró con intención—, y es pedir demasiado de cualquier chica. Se lo dije a él. A mí también me da pena... sakura, confundida, consiguió emitir:

— ¿Qué?

—... pero es un conjuro terriblemente poderoso. Es muy triste —continuó la señora Fairfax—. Tuve que decirle que es imposible que alguien de mi nivel pueda romper un hechizo de la princesa Byakugan. Naruto podría, pero claro, no se lo va a pedir a, Naruto ¿no?

Entonces Michael, que no dejaba de mirar con nerviosismo a la esquina de la casa por si Naruto aparecía y los descubría, consiguió pasar por encima de la comba y detenerla diciendo:

—Será mejor que nos vayamos.

— ¿Estáis seguros de que no queréis entrar y probar mi miel? —preguntó la señora Fairfax—. La uso en casi todos mis conjuros.
Y se lanzó otra vez con su chachara, en esta ocasión sobre las propiedades mágicas de la miel. Konohamaru y Sakura caminaron decididamente por el camino hacia la puerta, con la señora Fairfax detrás, sin parar de hablar y colocando al mismo tiempo las plantas que el perro había tronchado. Mientras tanto, Sakura se devanaba los sesos buscando la forma de averiguar cómo había sabido la señora Fairfax que Ino era Ino, sin molestar a Konohamaru. La señora Fairfax hizo una pausa para respirar mientras enderezaba una gran planta de altramuces. Sakura aprovechó la oportunidad.

—Señora Fairfax, ¿no era mi sobrina Shion la que tenía que haber venido con usted?

— ¡Qué niñas más traviesas! —Dijo la señora Fairfax, sonriendo y sacudiendo la cabeza—. ¡Como si no fuera a reconocer uno de mis propios conjuros con miel! Pero como le dije a ella entonces: «No quiero tener aquí a nadie contra su voluntad y prefiero enseñar a alguien dispuesto a aprender. Pero una cosa está clara, nada de fingir. O te quedas siendo tú misma, o nada». Y ha funcionado perfectamente, como ves. ¿Está segura de que no quiere quedarse y preguntarle usted misma?

—Creo que será mejor que nos vayamos —dijo Sakura.

—Tenemos que volver —añadió Konohamaru, dirigiendo otra mirada nerviosa hacia los manzanos. Cogió las botas de siete leguas del seto y colocó una de ellas fuera de la valla para Sakura— Y esta vez te voy a llevar de la mano.

La señora Fairfax se asomó mientras Sakura metía el pie en la bota.
—De siete leguas —dijo— Hacía años que no las veía. Muy útiles para alguien de su edad, señora... No me importaría tener un par a mí también. ¿Así que es de usted de quien Ino ha heredado la magia, no? No es que sea necesariamente hereditaria, pero muchas veces...
Konohamaru agarró el brazo de Sakura y dio un tirón. Las dos botas se posaron en el suelo y el resto de la charla de la señora Fairfax se desvaneció en el ¡zip! y golpe de aire. Al momento siguiente Konohamaru tuvo que plantar bien los pies para no chocarse contra el castillo. La puerta estaba abierta. En el interior, Kurama gritaba:

— ¡Puerta de Porthaven! Alguien está llamando desde que os fuisteis.

CONTINUARAA........
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Re: El castillo Vagabundo...En el que Sakura deja el Castillo en varias direcciones a la vez (15-02-18)

Mensaje por aduzumaki el Jue Feb 22, 2018 3:38 pm

Genial otro capitulo creo que a naruto le van a dar una cucharada de su propia medicina Latigo Onion muahaha pobre sakura creo que morira de un paro un día de estos espero por ver como continuas la historia Onion bye
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