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El castillo Vagabundo....Capitulo 4....01-10-2017

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El castillo Vagabundo....Capitulo 4....01-10-2017

Mensaje por alexad_uzumaki el Mar Jul 11, 2017 3:40 pm

PROLOGO

Al huir de Ingary bajo los efectos de un terrible maleficio, Sakura Haruno
Encuentra el castillo del mago Naruto uzumaki. El mago es temido en
Toda la región y hace que su castillo se traslade de un sitio a otro.
De forma inesperada, el mago y Sakura colaborarán, cambiando
El destino de muchas personas.






_______________________________________________________________________

holas mi gente volvi Happy Run Happy Run Happy Run  pero ahora con la gran novela de la escritora británica Diana Wynne Jones  In Love In Love In Love In Love

espero que les guste se despide el sexy pollo osea yo Onion ok Onion ok Onion ok Onion ok Onion bye Onion bye Onion bye Onion bye Onion bye


Última edición por alexad_uzumaki el Lun Oct 02, 2017 5:35 am, editado 11 veces
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Re: El castillo Vagabundo....Capitulo 4....01-10-2017

Mensaje por alexad_uzumaki el Dom Jul 16, 2017 3:42 pm

En el que Sakura habla con los sombreros



EN EL REINO DE INGARY, donde existen cosas como las botas de siete leguas y las capas de   invisibilidad, ser el mayor de tres hermanos es una desgracia. Todo el mundo sabe que el mayor es el que fracasa primero, sobre todo si los tres salen a buscar fortuna.


Sakura Haruno  era la mayor de tres hermanas. Ni siquiera era hija de un leñador pobre, lo que podría haberle dado alguna oportunidad de triunfar, sino que sus padres tenían una sombrerería de señoras en la próspera ciudad de Market Chipping, donde vivían desahogadamente. Eso sí, su madre murió cuando Sakura tenía dos años y su hermana uno, y su padre se había casado con la ayudante de la tienda, una joven guapa y rubia llamada Holly, Al poco tiempo Irene dio a luz a la tercera hermana, shion. Según eso, Sakura y Ino deberían haberse convertido en las hermanas feas, pero lo cierto es que las tres niñas crecieron muy hermosas, aunque todo el mundo decía que la más bella era Ino. Holly  las trataba a las tres con el mismo cariño y no favorecía a shion en absoluto.

El señor Haruno se sentía orgulloso de sus tres hijas y las envió al mejor colegio de la ciudad. Sakura  era la más estudiosa. Leía mucho y muy pronto se dio cuenta de las pocas probabilidades que tenía de que el futuro le deparase una vida interesante. Se llevó una desilusión pero siguió viviendo feliz, cuidando de sus hermanas y preparando a Rin para que buscara su fortuna cuando llegara el momento. Como holly  estaba siempre ocupada en la tienda, Sakura  era la encargada de cuidar a las otras dos. Las pequeñas no dejaban de pelearse y tirarse de los pelos Ino de ninguna manera se resignaba a ser la que, después de Sakura, tendría menos éxito.

— ¡No es justo! —Gritaba Ino—. ¿Por qué tiene que llevarse  shion lo mejor solo por ser la pequeña? ¡Pues yo me pienso casar con un príncipe, hala!

A lo que shion siempre replicaba que ella iba a ser riquísima sin necesidad de casarse con nadie. Entonces tenía que venir Sakura a separarlas y arreglarles los desgarrones de la ropa. Era muy habilidosa con la aguja. Incluso llegó a hacerles vestidos a sus hermanas. Antes de que esta historia comenzara de verdad, a Ino  le cosió un vestido de un rosa intenso para celebrar la fiesta de mayo, que en opinión de Irene parecía salido de la tienda más cara de Kingsbury. Por aquella época, todo el mundo había vuelto a hablar de la bruja del Byakugan. Se decía que había amenazado de muerte a la hija del Rey, y que este había enviado al Páramo a su mago personal, el mago Inuzuka, para que se encargara de ella. Y, al parecer, el mago Inuzuka  no solo había sido incapaz de cumplir el encargo, sino que la bruja había acabado con él.  Así pues, cuando unos meses más tarde apareció de repente un castillo alto y negro sobre las colinas de Market Chipping, despidiendo columnas de humo sucio por sus cuatro torres, todos estuvieron convencidos de que la bruja había vuelto a salir del Páramo y estaba dispuesta a aterrorizar al país como lo hizo cincuenta años atrás. La gente estaba muy asustada. Nadie salía solo, especialmente de noche. Y lo más terrorífico era que el castillo no siempre estaba en el mismo sitio. A veces, el castillo se veía como una mancha alta y negra en los terrenos yermos al noroeste, otras sobresalían sobre las rocas al este, y en algunas ocasiones se acercaba a la ladera y se colocaba sobre los brezos, al norte, un poco más allá de la última granja. De vez en cuando se movía, echando bocanadas de humo gris y sucio por sus torres. Al principio todo el mundo creía que muy pronto el castillo llegaría a plantarse en el medio del valle, y el alcalde habló de pedir ayuda al Rey. Pero el castillo se quedó rondando por las colinas y se supo que no pertenecía a la bruja, sino al mago Naruto uzumaki.
El mago uzumaki  tampoco era un santo. Aunque al parecer no quería abandonar las colinas, se rumoreaba que le divertía atrapar a jovencitas y quitarles el alma. Otros aseguraban que se comía sus corazones.  Era un mago absolutamente frío y sin escrúpulos y ninguna joven estaría segura si él andaba cerca. Sakura, Ino y shion  igual que las demás muchachas de Market Chipping, tenían prohibido salir solas, lo que resultaba muy pesado. Se preguntaban para qué querría el mago Naruto todas aquellas almas que coleccionaba.

Pero al poco tiempo tuvieron otras cosas en qué pensar, porque el señor Haruno murió de repente justo cuando Sakura  era lo bastante mayor para dejar el colegio. Y entonces se descubrió que el orgullo que sentía por sus hijas había sido excesivo: para pagar la matrícula del colegio había contraído pesadas deudas. Después del funeral, Holly se sentó con las niñas en la casa que tenían junto a la tienda y les explicó la situación.

—Me temo que las tres tenéis que abandonar el colegio — dijo—. He estado haciendo todo tipo de cuentas y la única forma de mantener el negocio y cuidaros a las tres es que se coloquen  como aprendizas en algún sitio. No es práctico que se queden todas en la tienda. No puedo permitírmelo. Así que esto es lo que he decidido. Primero Ino...

Ino levantó la vista, con un aspecto de radiante salud y belleza que ni siquiera la pena y el luto podían ocultar.


—Yo quiero seguir aprendiendo —dijo.


—Y así será, cariño —replicó holly—. He dispuesto que entres como aprendiza en casa de choza, el pastelero de la Plaza del Mercado. Tienen la reputación de tratar a sus aprendices como a reyes, y serás muy feliz allí, además de aprender un oficio útil. La señora akimichi es una buena clienta y amiga, y ha accedido a colocarte en su casa como un favor personal.

Ino soltó una carcajada que dejaba ver que no estaba contenta en absoluto.

—Vaya, muchas gracias —dijo—. Menos mal que me gusta cocinar.

Holly  parecía aliviada. A veces Ino  podía ponerse muy cabezota.

—Y ahora shion —dijo—. Ya sé que eres demasiado pequeña para trabajar, así que se me ha ocurrido algo que te proporcionará un aprendizaje largo y tranquilo que te será útil para cualquier cosa que decidas hacer después. ¿Conoces a mi amiga del colegio, lucy Fairfax?
Shion, que era delgada y rubia, clavó sus grandes ojos morados en holly casi con la misma determinación que Ino.


— ¿Esa que habla tanto? —preguntó—. ¿No es Bruja?

—Sí, lo es, y tiene una bonita casa con muchos clientes de todo el valle de Folding —dijo Holly entusiasmada—. Es una buena mujer. Te enseñará todo lo que sabe y seguramente te presentará a mucha gente importante de Kingsbury. Cuando termine contigo estarás bien preparada para la vida.

—Es simpática —admitió shion—. De acuerdo.


A Sakura le pareció que holly lo había hecho muy bien. Ino, al ser la mediana, seguramente nunca llegaría muy lejos, así que Holly la había colocado donde tendría oportunidades de conocer a un aprendiz joven y guapo y vivir feliz para siempre.

Shion, que estaba destinada a labrarse su fortuna, contaría para ello con la ayuda de la brujería y de amigos ricos. Y en cuanto a sí misma, no tenía la menor duda de qué le esperaba. No le sorprendió lo más mínimo cuando Holly dijo:


—Y ahora, Sakura, cariño, me parece lo más justo que heredes esta tienda cuando yo me retire, ya que eres la mayor. Así que he decidido tomarte como aprendiza para darte la oportunidad de conocer el negocio. ¿Qué te parece?

Sakura no podía admitir que se sentía resignada por heredar el negocio de los sombreros. Le dio las gracias.

— ¡Entonces todo arreglado! —dijo holly.

Al día siguiente Sakura ayudó a shion a guardar su ropa en una caja y al otro la vieron marcharse montada en una carreta, pequeña, erguida y nerviosa. El camino hacia Upper Bolding, donde vivía la señora Fairfax, atravesaba las colinas v pasaba junto al castillo del mago Naruto. Era comprensible que Shion tuviera miedo.


—No le pasará nada —dijo Ino.


Ino se había negado a ayudar con el equipaje. Cuando la carreta desapareció en el horizonte, Ino metió todas sus pertenencias en una funda de almohada y le pagó al criado del vecino una moneda de seis peniques para que la ayudara a llevarla en una carretilla a casa del señor choza en la Plaza del Mercado.

Ino marchaba detrás de la carretilla con un aspecto mucho más animado de lo que Sakura había supuesto. La verdad es que daba la impresión de que se había quitado de encima la sombrerería.


El chico de los recados regresó con una nota de Ino que decía que había colocado sus cosas en el dormitorio de las chicas y que “akimichi`s”  le parecía un sitio muy divertido. Una semana más tarde el carretero trajo una carta de shion  diciendo que había llegado bien y que la señora Fairfax era encantadora y que le ponía miel a todo, porque tenía colmenas. Y aquello fue lo único que supo Sophie de sus hermanas durante algún tiempo,  porque ella también empezó su aprendizaje el mismo día que shion  y Ino se marcharon.


Como es natural, Sakura ya conocía el negocio de los sombreros bastante bien. Desde muy pequeña había jugado en el taller al otro lado del patio donde se mojaban los sombreros, se moldeaban sobre hormas de madera y se fabricaban flores, frutas y otros ornamentos de cera y seda para adornarlos. Conocía a todos los trabajadores. La mayoría ya estaba allí cuando su padre era niño. Conocía a tente, la única ayudante de la tienda que quedaba. Conocía a los clientes que compraban los sombreros y al hombre que conducía el carro que traía los sombreros de paja natural del campo para que les dieran forma en el taller. Conocía a los demás proveedores y sabía cómo se hacía el fieltro para los modelos de invierno. En realidad no había mucho que Holly pudiera enseñarle, excepto tal vez cuál era la mejor manera de conseguir que un cliente comprara un sombrero.


—Tienes que conducirlos poco a poco hacia el más apropiado, cariño —le explicó Holly—. Primero les enseñas los que no les quedarán bien del todo, para que noten la diferencia en cuanto se pongan el adecuado.

La verdad es que Sophie no se dedicaba mucho a vender sombreros. Después de pasar un día observando en el taller y otro día visitando con Holly los mercaderes de paños y sedas, su madrastra la puso a rematar sombreros. Sakura se sentaba en una pequeña alcoba en la trastienda, cosiendo rosas en las pamelas y velos en los bonetes, forrándolos todos con seda y adornándolos con frutas de cera y lazos de colores. Se le daba muy bien. Y le gustaba. Pero se sentía aislada y un poco aburrida.


Los trabajadores del taller eran demasiado mayores para ser entretenidos y, además, no la trataban como a uno de ellos sino como a alguien que algún día heredaría el negocio.

Teten  la trataba igual. Y de todas formas sobre lo único que hablaba era sobre el granjero con el que iba a casarse la semana siguiente a la fiesta de mayo. Sakura tenía celos de holly, que podía salir a regatear con el mercader de sedas siempre que quería.

Lo más interesante eran las conversaciones de los clientes. Es imposible comprar un sombrero sin cotillear. Sakura se sentaba en su alcoba y mientras daba puntadas se enteraba de que el alcalde no comía jamás verdura y de que el castillo del mago Naruto había vuelto a los acantilados, hay que ver cómo es, y bla, bla, bla... Siempre bajaban la voz cuando empezaban a hablar del fulano mago uzumaki, pero Sakura se enteró de que el mes  pasado había atrapado a una chica en el valle. « ¡Barba azul!», decían los murmullos, que volvían a elevarse para afirmar que Jane Farrier era un auténtico desastre a la hora de arreglarse el pelo. Esa desde luego no conseguiría atraer ni siquiera al mago uzumaki, y mucho menos a un hombre respetable. Y entonces se oía un breve y temeroso susurro sobre la bruja del byakugan. Sakura e empezó a pensar que el mago Naruto y la bruja del Byakugan deberían emparejarse.


—Parecen hechos el uno para el otro. Alguien debería organizarles una cita—le dijo al sombrero que estaba adornando en ese momento. Pero a finales de mes, todos los chismes de la tienda se centraron de repente en Ino. Al parecer, la pastelería del señor akimichi  estaba lleno de caballeros de la mañana a la noche, todos comprando grandes cantidades de pasteles y exigiendo ser atendidos por Ino. Ya había recibido diez propuestas de matrimonio, que iban, en orden de importancia, desde el hijo del alcalde hasta el barrendero, y las había rechazado todas alegando que todavía era demasiado joven para decidirse.


—Me parece algo muy sensato por su parte —le comentó sakura a un bonete que estaba forrando con seda. A holly la alegraron aquellas noticias.

— ¡Sabía que le iría bien! —dijo contenta. A Sakura se le ocurrió que a holly le alegraba no tener a Ino  cerca.

—Ino es terrible para el negocio —le dijo al bonete, frunciendo la seda color champiñón—. Ella conseguiría que incluso, viejo y desaliñado, parecieras elegante. Pero las demás miran a Ino  y se desesperan.


Sakura hablaba cada vez más con los sombreros a medida que pasaban las semanas. No tenía a nadie más con quién hablar. Holly  se pasaba casi todo el día fuera, haciendo negocios o intentando conseguir más clientas y tenten  estaba ocupada atendiendo y contándole a todo el mundo sus planes de boda.

Sakura tomó por costumbre colocar los sombreros en sus hormas de madera cuando los terminaba, donde quedaban como una cabeza de verdad, y siempre hacía una pausa para decirle a cada uno cómo sería el cuerpo que le correspondería. Solía halagar al sombrero un poco, porque a los clientes hay que engatusarlos.

—Posees un atractivo misterioso —le dijo a uno cubierto con un velo de brillos ocultos. A una pamela ancha de color crema con rosas bajo el ala le dijo—: ¡Vas a tener que casarte con un rico! —y a otro sombrero de paja de color verde manzana con  una pluma verde y rizada le dijo—: Eres tan joven como una hoja de primavera.

A los bonetes rosas les decía que eran dulces y encantadores y a los sombreros elegantes adornados con terciopelo que eran ingeniosos. Y al bonete color champiñón le dijo:

—Tienes un corazón de oro y alguno de buena posición lo verá y se enamorará de ti —aquello lo dijo porque sentía lástima de aquel bonete en particular. Parecía tan remilgado y tan soso.

Al día siguiente llegó a la tienda Jane Farrier y lo compró. Era cierto que tenía el pelo un poco raro, pensó Sakura  observándola desde su alcoba, como si se lo hubiera enrollado en unas tenazas. Era una pena que Jane hubiera escogido aquel bonete, Para entonces todo el mundo venía a la tienda a comprar. Tal vez fuera la promoción de holly o tal vez que se acercaba la primavera, pero era evidente que el negocio de los sombreros iba en aumento. Holly  empezó a decir, con tono un poco culpable:

—Creo que no debería haberme dado tanta prisa en colocar a shion y a Ino. Podríamos habernos arreglado.

Cuando abril se iba acercando a la fiesta de mayo, había tantos clientes que Sakura  tuvo que ponerse un modesto traje gris y ayudar en la tienda también. Pero la demanda era tanta que entre cliente y cliente se dedicaba a adornar sombreros y todas las tardes se los llevaba a casa, en la puerta de al lado, donde trabajaba a la luz de un quinqué hasta bien entrada la noche para tener sombreros que vender al día siguiente. Los sombreros verdes como el de la esposa del alcalde estaban muy solicitados, al igual que los bonetes rosas. Y entonces, la semana antes de la fiesta, alguien entró pidiendo el de color champiñón con fruncidos, como el que llevaba Jane Farrier cuando se fugó con el conde de Catterack.

Aquella noche, mientras cosía, Sakura tuvo que admitir que su vida era bastante insulsa. En lugar de hablar con los sombreros, se los fue probando todos al terminarlos, mirándose en el espejo. Aquello fue un error. Aquel severo traje gris no le sentaba bien, especialmente con los ojos enrojecidos de tanto coser. Y como  tenía el pelo de color rosa, ni el verde ni el rosa le quedaban bien “¿ya que tendiendo el cabello rosa, más un sombrero rosa extraño no?”. Y el de los fruncidos color champiñón le daba un aspecto sencillamente horroroso.

— ¡Como una vieja solterona! —dijo Sakura.

No es que quisiera fugarse con un conde, como Jane Farrier, ni siquiera quería que la mitad del pueblo le pidiera matrimonio, como a Ino. Pero quería hacer algo, no estaba segura de qué, algo que fuera un poco más interesante que adornar sombreros.

Pensó que al día siguiente sacaría tiempo para ir a hablar con Ino. Pero no fue. O le faltaba tiempo o fuerzas, o le parecía que la Plaza del Mercado estaba muy lejos, o recordaba que si iba sola estaría en peligro a causa del mago Naruto. Fuera lo que fuese, cada día le parecía más difícil ir a ver a su hermana. Era muy extraño. Sakura siempre se había considerado tan decidida como Ino. Pero ahora se daba cuenta de que había cosas que solo era capaz de hacer cuando ya no le quedaba ninguna excusa.

— ¡Esto es absurdo! —Dijo Sakura—. La Plaza de Mercado está a dos calles de aquí. Si voy corriendo... Y se prometió que al día siguiente se acercaría a la pastelería de los Akimichi

Cuando la sombrerería estuviera cerrada por ser la fiesta de mayo. Entretanto, a la tienda llegó un nuevo rumor. Se decía que el Rey se había peleado con su propio hermano, el príncipe Sasuke, y que el príncipe se había marchado al exilio. Nadie sabía a ciencia cierta cuáles habían sido las razones de la pelea, pero el príncipe había pasado por Market Chipping de incógnito hacía dos meses y nadie lo había reconocido. El Rey había enviado al conde de Catterack a buscarlo y, en vez de eso, se encontró con Jane Farrier.

Sakura se puso triste al escucharlo. En el mundo ocurrían cosas interesantes, pero siempre a los demás. De todas formas, sería agradable ver a Ino.


Llegó la fiesta de mayo. Desde el amanecer, las calles se llenaron de júbilo. Holly salió temprano, pero Sakura tenía que terminar primero un par de sombreros. Cantaba mientras  trabajaba. Al fin y al cabo, Ino también estaba trabajando. Los días de fiesta, choza  abriría la pastelería  hasta la media noche.

—Voy a comprarme un pastelillo de crema —decidió Sakura— Hace siglos que no los pruebo.

Vio cómo la gente se arremolinaba al otro lado del escaparate, con ropas de vivos colores. Había vendedores de recuerdos y saltimbanquis caminando sobre zancos. Sakura los contempló entusiasmada.
Pero cuando por fin se echó un chal gris sobre el vestido gris y salió a la calle, su entusiasmo se desvaneció. Se sintió abrumada. Había demasiada gente corriendo a su alrededor, riéndose y gritando, demasiado ruido y ajetreo. Sakura se sintió como si los meses que había pasado sentada cosiendo la hubieran transformado en una vieja o la hubieran dejado medio inválida. Se envolvió bien en el chal y avanzó pegada a las casas, intentando evitar que los zapatos de domingo de la multitud la pisaran o que le clavaran uno de aquellos codos cubiertos por larguísimas mangas de seda. Cuando de repente se oyó una lluvia de explosiones en el aire, Sakura  pensó que se iba a desmayar. Levantó la vista y vio el castillo de Naruto justo sobre la ladera de la colina a las afueras de la ciudad, tan cerca que parecía apoyado sobre las chimeneas. De las cuatro torres del castillo salían llamas azules despidiendo bolas de fuego azul que explotaban en el cielo con un estruendo horrible.


El mago parecía estar molesto por la fiesta. O tal vez estaba intentando participar, a su manera. Sakura estaba tan aterrorizada que no le interesaba saber cuál era el motivo. Se habría marchado a casa, pero para entonces ya estaba a mitad de camino hacia la pasteleria. Echó a correr.


— ¿Cómo se me ocurrió desear que mi vida fuese interesante? —se preguntó mientras corría—. Me daría demasiado miedo. Eso me pasa por ser la mayor de tres hermanas.

Cuando llegó a la Plaza del Mercado, fue todavía peor. Allí estaban la mayoría de las posadas. Había grupos de jóvenes que  se tambaleaban ebrios de un lado a otro, arrastrando los faldones de las chaquetas y las mangas y dando zapatazos con las botas con hebillas que nunca hubieran soñado con ponerse en un día de trabajo, lanzando exclamaciones y atosigando a las jovencitas.

Ellas paseaban elegantes de dos en dos, listas para dejarse atosigar. Era una fiesta de mayo perfectamente normal, pero a Sakura también le daba miedo todo aquello. Y cuando un joven con un fantástico traje azul y plateado la vio y decidió abordarla también a ella, Sakura se escabulló en el portal de una tienda e intentó esconderse.

El joven la miró sorprendida.

—No pasa nada, ratoncita gris —le dijo, con una sonrisa tomo compadeciéndose—. Solo quiero invitarte a tomar algo. No pongas esa cara de miedo -Su mirada de lástima hizo que Sakura se sintiera totalmente avergonzada. Era un hombre elegante, con un rostro huesudo y refinado y con tres extrañas marca en cada mejilla, bastante mayor, bien entrada la veintena, y con el pelo rubio cuidadosamente peinado. Las mangas de su chaqueta colgaban más que ninguna, con bordes de volantes y remates plateados.

—Oh, no, gracias, por favor, señor —tartamudeó Sakura— Yo iba, iba a ver a mi hermana.

—Entonces vete a verla, por supuesto —sonrió aquel joven maduro—. ¿Quién soy yo para impedir que una dama vea a su hermana? ¿Quieres que te acompañe, ya que pareces tan asustada? Lo dijo con amabilidad, lo que hizo que Sakura sintiera más vergüenza que nunca.

—No. ¡No, gracias, señor! —jadeó y salió corriendo dejándolo atrás. También llevaba perfume. El olor a jancitos la siguió mientras se alejaba.
« ¡Qué hombre tan elegante!», pensó Sakura mientras se abría paso entre las mesitas a la entrada de Akimichis. Las mesas estaban abarrotadas. Dentro había tanta gente y tanto ruido como en la plaza.  
Sakura localizó a Ino entre la fila  de ayudantes que servían tras el mostrador gracias al grupo de hijos de granjeros que apoyaban los codos en él gritándole cosas. Ino, más guapa que nunca y tal vez un poco más delgada, metía pastelillos en las bolsas tan aprisa como podía, cerrando cada bolsa con una hábil rosca y mirando por debajo del codo con una sonrisa y una respuesta por cada bolsa que cerraba. Se oían muchas risas. Sakura  tuvo que abrirse paso hacia el mostrador.


Ino la vio. Por un momento pareció quedarse pasmada , Luego sus ojos y su sonrisa brillaron al gritar:

— ¡Sakura!

— ¿Puedo hablar contigo? —Gritó Sakura—. En algún sitio — Gritó un poco perdida cuando un codo grande y bien vestido la apartó del mostrador de un empujón.

— ¡Un momento! —le contestó Ino también a gritos. Dio un paso atrás, se volvió hacia la chica que estaba junto a ella y le susurró algo. La chica asintió, sonrió y ocupó el lugar de Ino.

—Tendréis que conformaros conmigo —le dijo a la multitud—. ¿Quién es el siguiente?


— ¡Pero yo quiero hablar contigo, Ino! —gritó uno de los granjeros.

—Habla con haslyn  —respondió Ino—. Yo quiero hablar con mi hermana.
A nadie pareció importarle. Empujaron a Sakura hacia el final del mostrador, donde Ino la llamaba y mantenía abierta una trampilla para ella, y le dijeron que no tuviera a Ino ocupada todo el día. Cuando pasó por la trampilla, Ino la cogió por la muñeca y la llevó hacia el fondo de la tienda, hasta una habitación llena de rejillas de madera, todas ellas repletas de filas de pasteles. Ino sacó dos taburetes.

—Siéntate —le dijo. Miró al estante más cercano, de forma distraída, y le pasó a Sakura  un pastelillo de crema—. Puede que te haga falta.

Sakura  se dejó caer en el taburete y aspiró el rico aroma del pastelillo, sintiéndose un poco llorosa.

— ¡Ay, Ino! —exclamó—. ¡Me alegro tanto de verte!

—Sí, y yo me alegro de que estés sentada —respondió Ino—. Porque no soy Ino. Soy shion.  


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Que les parecio, espero sus respectivas, opiniones

se despide......

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Re: El castillo Vagabundo....Capitulo 4....01-10-2017

Mensaje por aduzumaki el Lun Jul 17, 2017 12:48 pm

Onion... que no es ino si no shion que carajos paso con ino por dios el segundo fic y ya te andas con intrigas jajaja no demores en poner la continuación esto pinta muy bien.
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Re: El castillo Vagabundo....Capitulo 4....01-10-2017

Mensaje por alexad_uzumaki el Jue Ago 03, 2017 3:37 pm

En el que Sakura debe salir a buscar fortuna:



— ¿QUÉ? —preguntó Sakura mirando fijamente a la chica
Sentada en el taburete frente a ella. Era una igualita a Ino Llevaba el segundo mejor vestido azul de Ino, de un azul maravilloso que le sentaba muy bien, y tenía el pelo oscuro y los ojos azules de ino.


—Soy shion —repitió su hermana—. ¿A quién pillaste cortando en pedazos las calzas de seda de Ino? Yo no se lo dije a nadie. ¿Y tú?


—Tampoco —dijo Sakura, totalmente atónita. Ahora veía que era shion. Distinguía esa inclinación de cabeza tan suya aunque la cara fuera de Ino, y tenía las manos entrelazadas sobre las rodillas haciendo molinillos con los pulgares, como hacía siempre shion—. ¿Por qué?


—Me aterrorizaba pensar que podrías venir a verme —dijo shion — porque sabía que tendría que contártelo. Y ahora es un alivio. Prométeme que no se lo dirás a nadie. Y sé que si lo prometes no lo dirás, porque eres muy honrada.


—Te lo prometo —dijo Sakura—. Pero ¿por qué? ¿Y cómo?

—Ino y yo nos pusimos de acuerdo —dijo shion, haciendo molinetes con los pulgares—, porque Ino quería aprender brujería y yo no. Ella tiene muy buena cabeza, y quiere labrarse un futuro donde pueda utilizarla. ¡Pero a ver quién le dice eso a mamá! ¡Está demasiado celosa de Ino como para admitir siquiera que es lista!
Sakura no creía que holly fuera así, pero lo dejó pasar.

— ¿Y tú?

—Cómete el pastel —siguió Ino—. Está bueno. Sí, yo también puedo ser lista. Con solo dos semanas en casa de la señora Fairfax encontré el conjuro que estamos usando. Me levantaba por la noche para leer sus libros en secreto y fue muy fácil. Luego le pregunté si podía visitar a mi familia y me dijo que sí. Es un cielo. Creyó que tenía morriña. Así que vine con el conjuro y Ino volvió con la señora Fairfax haciéndose pasar por mí. Lo más difícil fue la primera semana, cuando no sabía todas las cosas que se suponía que ya me habían enseñado. Fue horrible. Pero descubrí que le caigo bien a la gente. ¿Sabes? Funciona cuando a ti también te caen bien los demás, y todo salió bien. Y la señora Fairfax no ha despedido a Ino, así que supongo que ella también se las habrá arreglado.

Sakura masticó el pastel que no estaba disfrutando.

—Pero, ¿por qué lo has hecho?

Shion se balanceó en el taburete, con una gran sonrisa sobre la cara de Ino, haciendo girar los pulgares de contento.

—Quiero casarme y tener diez hijos.

— ¡Eres demasiado joven! —exclamó sakura

—Es verdad —admitió shion —. Pero comprenderás que tengo que empezar bastante pronto si quiero tener diez. Y así tendré tiempo de ver si la persona que quiero me quiere por mí misma. El conjuro irá desapareciendo poco a poco, y cada vez seré más yo misma.
Sakura estaba tan maravillada que se terminó el pastel sin darse cuenta de qué clase de pastel era.

— ¿Y por qué diez hijos?

—Porque esos son los que quiero —respondió shion.

— ¡No tenía ni idea!

—Bueno, no tenía mucho sentido contártelo porque tú siempre le dabas la razón a mamá sobre que yo tenía que hacer fortuna —dijo shion —. Creíste que mamá lo decía en serio. Y yo también, hasta que papá murió y vi que lo único que quería era librarse de nosotras: colocó a Ino donde conocería a muchos hombres y se casaría pronto, y a mí me mandó lo más lejos que pudo. Estaba tan enfadada que pensé que valía la pena intentarlo. Hablé con Ino y, como ella estaba igual de enfadada, nos pusimos de acuerdo. Ahora estamos satisfechas. Pero las dos nos sentimos mal por ti. Eres demasiado lista y buena para pasarte el resto de tu vida encerrada en esa tienda. Hemos hablado de ello, pero no sabemos qué hacer.

—Estoy bien —protestó Sakura—. Tan solo es un poco aburrido.

— ¿Que estás bien? —Exclamó shion - Sí, claro, y por eso no has venido a verme durante meses y cuando por fin a pareces, es con un horrible vestido gris y con ese chal. ¡Parece que hasta yo te doy miedo! ¿Qué te ha hecho mamá?

—Nada —dijo Sakura incómoda—. Hemos estado muy ocupadas. No hables así de holly, shion. Es tu madre.

—Sí, y yo me parezco a ella lo bastante para entenderla — replicó shion —. Por eso me mandó tan lejos, o al menos lo intentó. Mamá sabe que para explotar a alguien no hace falta portarse mal con él. Ella sabe lo obediente que eres. Sabe que tienes esa idea metida en la cabeza de que vas a ser un fracaso por ser la mayor. Y te ha manejado perfectamente y ha conseguido que trabajes como una esclava para ella. Seguro que ni siquiera te paga.

—Todavía soy aprendiza —protestó Sakura.

—Y yo también, pero recibo un salario. El señor chouza sabe que lo valgo —dijo shion—. La sombrerería está ganando una fortuna, Sakura. ¡Y todo gracias a ti! Tú hiciste el sombrero verde con el que la mujer del alcalde parece una colegiala, ¿a que sí?

—El verde manzana. Yo lo adorné —dijo Sakura.

—Y el bonete que llevaba Jane Ferrier cuando conoció a aquel noble —continuó shion—. Eres un genio con los sombreros y la ropa, Sakura. ¡Y mamá lo sabe! Sellaste tu futuro cuando le hiciste aquel vestido a Ino para la fiesta del año pasado. Y ahora eres tú quien gana el dinero mientras ella se divierte por ahí.

—Ella hace las compras —dijo Sakura.

— ¡Las compras! —gritó Shion. Sus pulgares giraban enfurecidos—. Eso lo liquida en media mañana. La he visto, Sakura. Y he oído los rumores. ¡Anda por ahí en un carruaje alquilado y con ropa nueva gracias a lo que ganas tú, y visita todas las mansiones del valle! Dice que va comprar esa casa tan grande en Vale End y establecerse a lo grande. ¿Y qué haces tú?

—Bueno, Holly se merece disfrutar un poco después de todo lo que ha trabajado para criarnos a las tres —dijo Sakura—. Supongo que yo heredaré la tienda.

— ¡Menudo destino! —Exclamó shion —. Oye...Pero en ese momento en el otro extremo de la habitación estaban retirando dos rejillas vacías y un aprendiz consiguió asomar la cabeza entre ellas.

—Me pareció oír tu voz, ino—dijo, sonriendo con un aire de lo más amistoso y galante—. Acaba de salir otra hornada. Díselo a todos —su cabeza, cubierta por cabello rizado y un tanto harinoso, volvió a desaparecer. A Sakura le pareció un muchacho simpático. Estaba deseando preguntar si era el que a shion le gustaba de verdad, pero no tuvo ocasión. Shion se levantó a toda prisa sin dejar de hablar.

—Tengo que decirle a las chicas que saquen esto a la tienda.

Ayúdame con esta —dijo arrastrando la bandeja más cercana.

Sakura la ayudó a llevarla hasta la tienda, ruidosa y llena de actividad— Tienes que hacer algo por ti misma, Sakura — continuó shion mientras avanzaban—. Ino no dejaba de repetir que no sabía que pasaría contigo cuando no estuviéramos nosotras para darte un poco de confianza en ti misma. Y tenía razón en preocuparse.
En la tienda, la señora akimichi tomó la bandeja en sus enormes brazos, gritando instrucciones, y una hilera de ayudantes pasó corriendo junto a shion para recoger las demás.

Sakura se despidió a voces y se deslizó entre el tumulto. No le parecía apropiado quitarle más tiempo a Shion. Además, quería estar a solas para pensar. Se fue a casa corriendo. Desde el prado donde se encontraba la Feria, junto al río, estaban lanzando fuegos artificiales que competían con los relámpagos azules del castillo de naruto. Sakura se sintió más desvalida que nunca.

Durante toda la semana siguiente no dejó de pensar y pensar, y lo único que consiguió fue sentirse confundida y descontenta. Las cosas no parecían ser como ella creía, listaba asombrada por lo que habían hecho ino y shion. Durante muchos años las había mal interpretado. Pero no podía creer que holly fuera el tipo de mujer que decía su hermana.

Tuvo mucho tiempo para pensar porque, aunque tenten se marchó para casarse y sakura estaba casi siempre sola en la tienda, holly parecía pasar mucho tiempo fuera, divirtiéndose o no, y el negocio se tranquilizó después de las fiestas. Tres días más tarde, Sakura se atrevió a preguntarle a holly.

— ¿No debería ganar un sueldo?

— ¡Claro que sí, cariño, con todo lo que haces! —Respondió holly cariñosamente, colocando un sombrero rosa en el escaparate—. Me encargaré de eso en cuanto haya hecho las cuentas esta noche. Y entonces salió y no regresó hasta que Sakura ya había cerrado la tienda y se había llevado a casa los sombreros del día para adornarlos.

Al principio Sakura se sintió mal por haber hecho caso a shion, pero cuando holly no mencionó su sueldo ni aquella noche ni en toda la semana, empezó a pensar que shion tenía razón.

—A lo mejor me está explotando —le dijo a un sombrero que estaba adorando con seda roja y un ramillete de cerezas de cera—, pero alguien tiene que hacer estas cosas, o no habría sombreros para vender. Terminó el sombrero y estaba mirando uno blanco y negro, muy elegante, cuando se le ocurrió otra cosa:

— ¿Acaso importa que no haya sombreros para vender? —le preguntó. Miró a su alrededor, a los sombreros colocados en sus hormas o esperando en un montón a que ella los adornara—. ¿Para qué servís, vamos a ver? —les preguntó—. A mí desde luego no me estáis sirviendo para nada bueno.

Y a punto estuvo de salir de casa a buscar fortuna, cuando recordó que era la hermana mayor y que no valía la pena. Volvió a tomar el sombrero con un suspiro.

A la mañana siguiente todavía seguía descontenta, sola en la tienda, cuando una joven de aspecto ordinario entró hecha una fiera, haciendo girar un bonete color champiñón que sujetaba por los lazos.


— ¡Mira esto! —Exclamó la joven—. Me dijiste que era el mismo bonete que llevaba Jane Ferrier cuando conoció al conde. Y era mentira. ¡No me ha ocurrido nada de nada!

—No me extraña —dijo Sakura, sin poder contenerse—. Si eres tan tonta como para llevar ese bonete con esa cara, es que no tienes seso ni para distinguir al mismísimo Rey si apareciera por aquí. Eso si no se convirtiese en piedra nada más verte, claro.

La clienta le lanzó una mirada asesina. Luego le arrojó el bonete y salió de la tienda. Sakura lo metió con cuidado en la papelera, jadeando. Según decían las reglas, el que pierde los nervios, pierde un cliente. Y acababa de demostrar que era cierto. Lo que más le preocupó fue darse cuenta de cómo había disfrutado.


Sakura no tuvo tiempo de recuperarse. Se oyó el sonido de las ruedas y los cascos de un caballo y un carruaje oscureció el escaparate. La campana de la tienda repiqueteó y entró la clienta más elegante que había visto nunca, con un chal color arena sobre los hombros y un traje negro en el que centelleaban diamantes. Los ojos de Sakura se dirigieron en primer lugar hacia el ancho sombrero de la señora, que tenía auténticas plumas de avestruz teñidas para reflejar los rosas, verdes y azules que refulgían en los diamantes, y seguía pareciendo negro al mismo tiempo. Aquel sombrero era muy caro. El rostro de la dama era de una belleza minuciosa. El pelo azul oscuro le hacía parecer joven, pero... Los ojos de sakura se posaron en el joven que la había seguido. Tenía un rostro ligeramente impreciso y el pelo rojizo, iba bastante bien vestido pero estaba pálido y obviamente disgustado. Miró a Sakura con una especie de horror suplicante.


Era más joven que la señora. Sakura estaba confundida. — ¿La señora Haruno? —preguntó la dama con voz musical pero autoritaria.
—Sí, soy yo —contestó Sakura. El hombre parecía más turbado que nunca. Tal vez la señora fuese su madre. —He oído que hace unos sombreros maravillosos —dijo la señora—. Muéstremelos.

Sakura no se creía capaz de contestar con el humor en que estaba. Fue a la trastienda para sacar sombreros. No había ninguno de la categoría de aquella dama, pero notó que el hombre la seguía con la mirada y aquello le puso nerviosa. Cuanto antes descubriera la señora que aquellos sombreros no eran adecuados para ella, antes se marcharía la extraña pareja.

Así que siguió el consejo de holly sacó primero los que menos la favorecerían.

La señora los rechazó de inmediato. —Encantador —le dijo al bonete rosa—. Juventud —comentó sobre el verde manzana. Para el que tenía velos y brillos, añadió—: Aire misterioso, qué obviedad. ¿Qué más tiene?

Sakura sacó el sombrero más elegante, en blanco y negro, que era el único que podría remotamente interesarle. Ella lo miró con desprecio.

—Este no vale de nada a nadie. Me está haciendo usted perder el tiempo, señora Haruno.

—Solo porque ha entrado usted en la tienda y ha pedido un sombrero —dijo Sakura. Detrás de la señora, el hombre abrió la boca y pareció intentar prevenirla por señas—. No somos más que una tienda pequeña en una ciudad pequeña. ¿Por qué se ha molestado en entrar? —terminó Sakura, preguntándose qué estaba ocurriendo.

—Siempre me molesto cuando alguien trata de oponerse a la bruja del Byakugan —dijo la dama—. He oído hablar de usted, señora Haruno, y no aprecio ni su competencia ni su actitud. He venido a pararle los pies. Eso es —extendió la mano con un movimiento descuidado hacia el rostro de Sakura.

— ¿Quiere decir que es usted la bruja del byakugan? —tembló Sakura. Le pareció que la voz le había cambiado del miedo y el asombro.

—Lo soy —dijo la dama—. Y a ver si esto le enseña a no entrometerse con cosas que me pertenecen.

—No creo que yo haya hecho algo así. Debe de haber algún error —gimió Sakura. El hombre la estaba mirando completamente horrorizado, aunque ella no sabía por qué.

—No es ningún error, señora Haruno —dijo la bruja—. Vamos, tokuma —se dio la vuelta y avanzó hasta la puerta de la tienda.

Mientras el hombre la abría servilmente, la bruja se dio la vuelta y le dijo a Sakura—: Por cierto, no podrás decirle a nadie que estás bajo los efectos de un conjuro —dijo. La puerta de la tienda se dobló tras ella como una campana fúnebre.


Sakura se llevó las manos a la cara, preguntándose qué habría visto el hombre. Y palpó arrugas suaves y curtidas por el sol. Se miró las manos y también estaban arrugadas, y muy delgadas, con grandes venas en el dorso y nudillos huesudos. Se levantó las faldas y bajó la vista hasta los delgados y decrépitos tobillos y unos pies que habían deformado los zapatos. Eran las piernas de una persona de unos noventa años y parecían ser de verdad.

Sakura se acercó al espejo y descubrió que cojeaba. El rostro del espejo estaba bastante tranquilo, porque encontró lo que esperaba ver: el rostro de una anciana enjuta, demacrada, rodeado de un halo de escaso pelo blanco. Se miró con expresión trágica.


—No te preocupes, viejita —le dijo Sakura a la imagen—. Pareces estar muy sana. Además, esta cara se corresponde mejor con tu estado de ánimo.


Pensó en su situación con bastante calma. Todo parecía haberse vuelto tranquilo y distante. Ni siquiera estaba especialmente enfadada con la bruja del byakugan.


—Bueno, claro que tendré que ocuparme de ella en cuanto tenga oportunidad —se dijo—, pero mientras tanto, si ino y shion pueden soportar ser otra, yo también puedo aguantarlo.


Lo que no puedo hacer es quedarme aquí. A holly le daría un ataque. A ver. Este traje gris es apropiado, pero necesito el chal y algo de comida. Avanzó cojeando hasta la puerta y colocó con cuidado el cartel de CERRADO. Las articulaciones le crujían al moverse.


Tenía que caminar despacio e inclinada hacia delante. Pero descubrió aliviada que era una anciana fuerte. No se sentía débil o enferma, solo agarrotada. Fue a recoger su chal y se lo colocó por encima de la cabeza, como hacían las señoras mayores.

Luego recorrió lentamente la casa y recogió su bolsa con unas cuantas monedas y un hatillo con pan y queso. Salió de la casa, escondió la llave con cuidado en el sitio de siempre y se alejó calle abajo cojeando, sorprendida por lo tranquila que se sentía.


Dudó si despedirse deshion, pero no le gustó la idea de que no la reconociera. Era mejor marcharse sin más. Decidió que escribiría a sus dos hermanas cuando llegara a donde fuera y siguió andando, atravesando el prado donde había estado la feria, cruzando un puente y recorriendo senderos. Era un día cálido de primavera. Sakura descubrió que ser un vejestorio no le impedía disfrutar de los colores y aromas de mayo en los setos del camino, aunque tenía la vista un poco nublada.


Le empezó a doler la espalda. Avanzaba a buen paso, pero necesitaba un bastón. Iba mirando a los lados, por si veía algún palo suelto. Su vista no era tan buena como antes. Le pareció ver un palo, a una distancia de una milla más o menos, pero cuando tiró de él resultó ser el extremo de un espantapájaros que alguien había arrojado al seto.


Sakura lo colocó de pie. La cara era un nabo arrugado. Sakura se compadeció de él. En lugar de hacerlo pedazos y quedarse con el palo, lo colocó entre dos ramas del seto de forma que se cernía amenazadora sobre los espinos.


Sakura lo enderezó y las mangas hechas jirones ondearon sobre los palos.


—Ya está —dijo, y su propia voz ronca la sorprendió tanto que se rio con una carcajada seca—. Ninguno de los dos servimos para mucho, ¿verdad, amigo? Tal vez consigas volver a tu campo si te dejo aquí donde la gente te pueda ver —siguió adelante por el sendero, pero se le ocurrió algo y se dio la vuelta—. Si no estuviera condenada al fracaso por mi posición en la familia —le dijo al espantapájaros—, podrías convertirte en un ser vivo y ayudarme a hacer fortuna. Pero de todas formas te deseo suerte.


Volvió a reírse por lo bajo mientras continuaba. Tal vez estuviera un poco loca, pero eso era normal en las ancianas de su edad.
Alrededor de una hora más tarde encontró un palo cuando se sentó a descansar y a comer el pan y el queso. Oyó ruidos que venían del seto, a su espalda, pequeños gemidos ahogados, seguidos de tirones que hicieron volar pétalos de los arbustos.


Sakura se incorporó sobre sus huesudas rodillas para escudriñar entre las hojas, flores y espinas, y descubrió que allí dentro, en el interior del seto, había un zorro amarillo delgaducho. Estaba atrapado sin remedio con un palo grueso que de alguna forma se había enredado con una cuerda que el perro tenía atada alrededor del cuello. El palo se había enganchado entre dos ramas del seto, de forma que el animal apenas podía moverse. Al ver la cara de Sakura, miró de un lado a otro despavorido. De niña, a Sakura le daban miedo esos tipos de animales. Incluso a su edad se alarmó al ver las dos hileras de colmillos relucientes en las mandíbulas abiertas de aquel animal. Pero se dijo a sí misma: «Tal y como estoy ahora, casi no merece la pena preocuparse», y buscó las tijeras en la bolsa de costura. Cuando las encontró, metió la mano entre las ramas y se puso a cortar la cuerda que el zorro tenía alrededor del cuello.
El zorro era totalmente salvaje. Intentó alejarse de ella y gruñó. Pero Sakura siguió cortando con valentía.


—Te vas a morir de hambre o a asfixiarte —le dijo al zorro con voz cascada—, a menos que me dejes que te suelte. De hecho, me parece que han intentado estrangularte. A lo mejor por eso eres tan fiero.


Le habían atado la cuerda con fuerza alrededor del cuello, y el palo había servido para retorcerla con maldad. Sakura tuvo que esforzarse mucho para conseguir cortar la cuerda y que el zorro pudiera salir por debajo del palo.


— ¿Quieres un poco de pan con queso? —le preguntó Sakura.
Pero el zorro le gruñó, se abrió paso hacia el lado opuesto del seto y se alejó—. ¡Qué ingrato! —exclamó frotándose los brazos arañados—. Pero me has dejado un regalo sin quererlo.


Sacó el palo que había tenido el perro atrapado en el seto y descubrió que era un bastón bien torneado con la punta de metal.
Sakura terminó el pan y el queso y se puso de nuevo en camino. El sendero se fue haciendo cada vez más empinado y el bastón le sirvió de gran ayuda. También le servía de compañero de conversación. Al fin y al cabo, las personas mayores suelen hablar solas.


—Ya van dos encuentros —dijo—, y ni rastro de gratitud mágica en ninguno de los dos. De todas formas, eres un buen bastón. No me quejo. Pero estoy segura de que me aguarda un tercer encuentro, mágico o no. Es más, insisto en que tiene que haberlo. Me pregunto qué será.

El tercer encuentro llegó hacia el final de la tarde. Cuando Sakura había avanzado hasta la parte alta de las colinas, un campesino se acercó hacia ella silbando por el sendero. Sakura pensó que sería un pastor, que volvía a casa tras cuidar de sus ovejas. Era un hombre joven muy apuesto, de unos cuarenta años más o menos.

-¡Dios mío! —se dijo Sakura—. Esta mañana me habría parecido un hombre mayor. ¡Cómo lo cambia todo el punto de vista!- Cuando el hombre vio a Sakura murmurando para sí, se apartó con cuidado hacia el otro lado del sendero y la saludó con gran amabilidad.
— ¡Buenas tardes, madre! ¿Hacia dónde va?

-¿Madre? —Dijo Sakura —. ¡Yo no soy tu madre, joven!
—Era solo una forma de hablar —dijo el pastor, apartándose Lentamente hacia el seto del otro lado—. Solo le he preguntado por educación, al verla caminar por las colinas a esta hora de la tarde. No volverá a Upper Folding antes de que anochezca, ¿verdad?

Sakura no se había parado a pensarlo. Se detuvo y lo consideró.
—Lo cierto es que no importa —dijo, a medias para sí misma—. No se puede ser escrupuloso cuando se sale a buscar fortuna.

-¿De verdad, madre? —dijo el pastor. Ya había dejado atrás a Sakura y pareció sentirse más tranquilo—. Entonces le deseo buena suerte, siempre que su fortuna no tenga nada que ver con hechizar el ganado de los demás. Y avanzó sendero abajo a grandes zancadas, casi corriendo. Sakura lo miró indignado.


— ¡Me ha tomado por una bruja! —le dijo a su bastón. Le dieron ganas de asustar al pastor gritando cosas desagradables, pero le pareció una maldad. Siguió avanzando cuesta arriba, refunfuñando.

Al poco tiempo llegó a las tierras altas cubiertas de brezos, donde los setos de ambos lados del camino habían desaparecido. A lo lejos se veían pendientes cubiertas de hierba amarilla que se agitaba con el viento. Sakura siguió adelante con determinación. Para entonces le dolían los pies viejos y nudosos, la espalda y las rodillas. Estaba tan cansada que no podía ni murmurar, pero siguió adelante, jadeando, hasta que el sol se acercó al horizonte. Y de repente comprendió que no podía dar un paso más. Se dejó caer sobre una piedra junto al camino, preguntándose qué hacer.


--¡La única fortuna en la que puedo pensar ahora mismo es una silla cómoda! —exclamó. La piedra resultó ser una especie de mirador, que le ofreció a Sakura una vista magnífica del camino por el que había venido. A sus pies se extendía casi todo el valle con sus campos, vallados y setos, los meandros del río y las mansiones elegantes de los ricos que resplandecían entre las arboledas bajo el sol poniente, hasta llegar a las montañas azules a lo lejos. Justo debajo se veía Market Chipping. Sakura contempló sus calles que le resultaban tan familiares. Ahí estaban la Plaza del Mercado y casa akimichi. Podría haber tirado una piedra por la chimenea de su casa, junto a la sombrerería.


— ¡Qué cerca estoy todavía! —le dijo Sakura a su bastón, desanimada—. ¡Tanto andar para llegar justo encima de mi propio tejado! Cuando el sol se ocultó se quedó fría sentada en aquella piedra. Hacía un viento desagradable que soplaba desde todos los lados al mismo tiempo cuando Sakura intentaba guarecerse de él. Ahora ya no le parecía tan poco importante pasar la noche en las colinas. No dejaba de pensar, cada vez con mayor insistencia, en una silla cómoda junto a la chimenea, y también en la oscuridad y los animales salvajes. Pero si regresaba hacia Market Chipping, no llegaría antes de la medianoche. Lo mismo le daba seguir adelante. Suspiró y se levantó. Le crujieron todos los huesos. Era horrible, le dolía todo.


— ¡Nunca me había dado cuenta de lo que tienen que soportar los ancianos! —exclamó mientras avanzaba cuesta arriba con dificultad—. De todas formas, no creo que me coman los lobos. Debo estar demasiado seca y dura. Es un consuelo.


La noche venía con rapidez y las altas colinas cubiertas de brezo eran de un azul grisáceo. El viento se volvió más afilado.

Los jadeos y los crujidos de sus huesos resonaban con tanta fuerza en sus oídos que tardó un momento en darse cuenta de que no todos los chasquidos y jadeos procedían de ella misma.


Levantó la vista nublada. El castillo del mago Naruto se acercaba traqueteando hacia ella sobre el brezo. Tras sus negras almenas ascendían nubes de humo negro. Era una figura alta, delgada, pesada y fea, y realmente siniestra. Sakura se apoyó en su bastón y lo observó.


No estaba particularmente asustada. Se preguntó cómo se movería. Pero lo que más le llamó la atención fue que aquel humo debía significar que dentro de aquellos muros negros y altos habría una chimenea.

—En fin, ¿por qué no? —le dijo al bastón—. Dudo mucho que el mago Naruto quiera mi alma para su colección. Solo acepta jovencitas.
Levantó el palo y lo agitó con autoridad en dirección al castillo.


— ¡Alto ahí! —gritó. El castillo obedeció deteniéndose con mucho estruendo, a unos veinte pasos colina arriba. Sakura se sintió tremendamente agradecida mientras avanzaba cojeando hacia él.


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holaaaaaaaaaaaa soy yooo de nuevo espero que les guste
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Re: El castillo Vagabundo....Capitulo 4....01-10-2017

Mensaje por aduzumaki el Lun Ago 07, 2017 3:03 am

me encanta como llevas la adaptación estoy ansiosa por el siguiente capítulo
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Re: El castillo Vagabundo....Capitulo 4....01-10-2017

Mensaje por Moonwalker el Lun Ago 07, 2017 3:53 pm

Me gusta como llevas la trama y el desarrollo, sigue asi vas por buen camino espero el siguiente capitulo mañana :v hay muchos fanfic olvidados espero que tu no seas de ellos q:v
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Re: El castillo Vagabundo....Capitulo 4....01-10-2017

Mensaje por alexad_uzumaki el Miér Sep 13, 2017 9:00 am

En el que Sakura entra en un castillo y hace un trato



EN EL MURO HABÍA UNA PUERTA grande y negra y Sakura avanzó hacia ella, cojeando con energía. El castillo era todavía más feo visto de cerca. Era demasiado alto para su base y no tenía una forma muy regular. Por lo que podía ver Sakura en aquella oscuridad, estaba construido con grandes bloques que parecían de carbón y, como el carbón, todos los bloques tenían distintas formas y tamaños. Cuando se acercó, notó que desprendía frío, pero aquello no la asustó en absoluto. En lo único que pensaba era en sillas y chimeneas y alargó una mano anhelante hacia la puerta.


La mano fue incapaz de tocarla. Algún tipo de pared invisible la detuvo a un palmo de la puerta. Sakura la empujó con un dedo irritado. Como aquello no sirvió de nada, lo intentó con el bastón.
La pared invisible parecía cubrir por arriba toda la puerta hasta donde alcanzaba su vara y, por abajo, hasta el brezo que sobresalía por debajo del escalón de entrada.


— ¡Ábrete! —le dijo Sakura No sirvió de nada.


—Muy bien —dijo Sakura—. Pues encontraré tu puerta trasera.
Avanzó hacia la esquina izquierda del castillo, que estaba más cerca y ligeramente cuesta abajo. Pero no fue capaz de doblarla. La pared invisible la volvió a detener en cuanto llegó a la altura de la esquina irregular. Entonces, Sakura dijo una palabra que había aprendido de shion, que ni las ancianas ni las niñas pequeñas deben pronunciar, y avanzó a trompicones; cuesta arriba, en el sentido contrario a las agujas del reloj, hacia la esquina derecha del castillo. Allí no había ninguna barrera. Dobló la esquina y avanzó impaciente hacia el segundo portón negro situado en medio de aquella pared del castillo.


El humo negro sopló sobre ella y Sakura tosió. Ahora estaba enfadada. Era vieja, frágil, tenía frío y le dolía todo. La noche había caído y aquel castillo le había soplado humo en la cara.


— ¡Voy a hablar con naruto sobre esto! —dijo, y se lanzó con fiereza hacia la siguiente esquina. Tampoco allí había ninguna barrera. Era obvio que había que dar la vuelta al castillo en sentido contrario a las agujas del reloj. En aquella pared había una tercera puerta, mucho más pequeña y desvencijada.


— ¡Por fin la puerta trasera! —exclamó Sakura. El castillo volvió a moverse en cuanto Sakura se acercó a aquella entrada. El suelo tembló. Las paredes se estremecieron y crujieron, y la puerta empezó a moverse de lado alejándose de ella.



— ¡No, no hagas eso! —gritó Sakura. Corrió tras la puerta y la golpeó violentamente con el bastón—. ¡Ábrete! —aulló.

La puerta se abrió de golpe hacia adentro, mientras seguía alejándose. Sakura, cojeando furiosamente, consiguió poner un pie sobre el escalón. Luego saltó y se tropezó y volvió a saltar, mientras los grandes bloques negros alrededor de la puerta se movían y crujían a medida que el castillo cogía velocidad sobre la desigual ladera. A Sakura no le extrañó que el castillo tuviera una planta tan torcida. Lo que la maravillaba era que no se cayera a pedazos allí mismo.


— ¡Qué manera más estúpida de tratar un edificio! —jadeó mientras se arrojaba en su interior. Tuvo que soltar el bastón y agarrarse a la puerta abierta para no salir despedida hacia fuera inmediatamente.


Cuando consiguió recuperar un poco el aliento, se dio cuenta de que ante ella había una persona de pie, sujetando la puerta.
Era una cabeza más alto que Sakura, pero vio que era casi un niño, solo un poco mayor que shion. Y parecía que intentaba cerrar la puerta y echarla de la habitación que veía al otro lado, cálida a la luz de las lámparas, con el techo bajo de vigas descubiertas, para expulsarla otra vez hacia la noche.


— ¡Ni se te ocurra cerrarme la puerta en las narices, jovencito! —le dijo.


—No era mi intención, pero usted está dejando la puerta abierta —protestó—, ¿Qué quiere?


Sakura miró a su alrededor. Había varias cosas probablemente mágicas colgando de las vigas, ristras de cebollas, manojos de hierbas y paquetes de extrañas raíces.


También había otras que eran mágicas sin duda alguna, como libros con tapas de cuero, botellas torcidas y una calavera humana vieja, marrón y sonriente. Al otro lado del muchacho había una chimenea con un fuego pequeño ardiendo en el hogar.


Era un fuego más pequeño de lo que el humo del exterior hacía suponer, pero obviamente aquella era solamente una sala trasera del castillo. Y, lo que era más importante para Sakura, aquel fuego había alcanzado la etapa rosada y tranquila, con llamas azules bailando sobre los troncos, y junto a él, en la situación más cálida, había una silla baja con cojines.


Sakura empujó al muchacho a un lado y se lanzó hacia la silla.
— ¡Ah! ¡Mi fortuna! —dijo, acomodándose. Era una delicia. El fuego calentó sus achaques y la silla confortó su espalda y entonces supo que si alguien quería echarla de allí, tendría que usar la magia más extrema y violenta para conseguirlo.


El muchacho cerró la puerta. Luego cogió el bastón de Sakura y lo apoyó educadamente contra su silla. Sakura se dio cuenta de que no había ningún indicio de que el castillo estuviera moviéndose sobre la ladera: ni siquiera se oía el eco del traqueteo ni se percibía el menor temblor. ¡Qué raro!


—Dile al mago naruto —le dijo al joven— que este castillo se le va a derrumbar sobre la cabeza si sigue moviéndose así.


—El castillo está encantado para no derrumbarse —respondió el muchacho—. Pero me temo que naruto no se encuentra aquí en este momento.


Aquello era una buena noticia para Sakura.


— ¿Cuándo volverá? —preguntó un poco nerviosa.


—Probablemente no regrese hasta mañana —contestó el muchacho—. ¿Qué quiere usted? ¿Puedo ayudarla yo? Soy Konohamaru, el ayudante de naruto.


Aquello sí que era una buena noticia.


—Me temo que solo un mago me puede ayudar —dijo Sakura rápidamente y con firmeza. Y probablemente era verdad— Esperaré, si no te importa.


Era evidente que a Konohamaru sí le importaba. Se quedó allí cerca sin saber qué hacer. Para dejarle claro de que no tenía intención la expulsara de allí un simple ayudante, Sakura cerró los ojos y fingió tener sueño.


—Dile que me llamo Sakura —murmuró—. La vieja Sakura — añadió, para que no hubiera peligro.


—Seguramente tendrá que esperar toda la noche —dijo Konohamaru .Como eso era exactamente lo que Sakura quería, fingió no oírlo. De hecho estaba casi segura de haberse quedado dormida.


Estaba cansadísima de tanto andar. Al cabo de un momento Konohamaru se rindió y volvió a lo que estaba haciendo en el banco de trabajo donde se encontraba la lámpara.



Sakura pensó adormilada que tendría refugio toda la noche, aunque fuera con una excusa un poco falsa. Como naruto era un hombre tan malvado, probablemente le estaba bien empleado.
Pero su intención era estar muy lejos de allí para cuando naruto apareciese y se opusiera a sus planes.



Dirigió una mirada soñolienta y tímida al aprendiz. Le sorprendió que fuese un joven tan agradable y educado. A fin de cuentas, había entrado por la fuerza con muy mala educación y Konohamaru no se había quejado en absoluto. Tal vez Naruto lo mantenía en la más abyecta servidumbre. Pero Konohamaru no parecía servil. Era un joven alto y bronceado cabello Castaño con un rostro agradable, y vestía de forma totalmente respetable.


La verdad es que si Sakura no lo hubiera visto en aquel mismo momento verter cuidadosamente un líquido verde de un frasco retorcido sobre un polvo negro en un jarro de cristal deformado, lo hubiera tomado por el hijo de un próspero granjero. ¡Qué extraño!



Pero claro, era normal que las cosas fueran raras cuando se trataba de magos, pensó Sakura. Y aquella cocina o taller era muy tranquila y de lo más acogedora. Sakura cayó dormida y se puso a roncar. No se despertó cuando se produjo un relámpago y una explosión apagada en la mesa de trabajo, seguida de una palabrota de Konohamaru a medio pronunciar. Tampoco se despertó cuando Konohamaru, chupándose los dedos quemados, abandonó el conjuro por aquella noche y sacó pan y queso del armario. Siguió dormida cuando Konohamaru tiró al suelo el bastón sin querer, armando un gran alboroto, al estirarse por encima de ella para alcanzar un tronco que echarle al fuego, o cuando, al ver la boca abierta de Sakura, le comentó a la chimenea:


—Tiene todos los dientes. No será la princesa del byakugan, ¿no?

—No la habría dejado entrar si lo fuera —contestó la chimenea.


Konohamaru se encogió de hombros y recogió educadamente el bastón de Sakura. Luego puso otro tronco en el fuego con la misma educación y se marchó a acostarse en el piso de arriba.


A mitad de la noche a Sakura le despertaron unos ronquidos. Se estiró sobresaltada y muy irritada al descubrir que la única que había estado roncando era ella. Le parecía que acababa de quedarse dormida solo unos segundos, pero en ese breve tiempo
Konohamaru había desaparecido, llevándose la luz con él. Seguro que un aprendiz de mago aprendía a hacer esas cosas en la primera semana. Y había dejado el fuego muy bajo. Estaba silbando y chisporroteando, molesto. Una ráfaga de aire frío sopló sobre la espalda de Sakura. Recordó que estaba en el castillo de un mago y también, sin lugar a dudas, que había una calavera humana en el banco de trabajo detrás de ella.


Se estremeció y volvió su cuello viejo y rígido, pero, solo distinguió la oscuridad.


—Vamos a poner un poco más de luz, ¿no? —se dijo. Su vocecilla cascada pareció no hacer más ruido que el crepitar del fuego.


Sakura se sorprendió. Esperaba que hubiera eco en los techos abovedados del castillo. De todas formas, había una cesta con leña a su lado. Alargó el brazo con un crujido y echó un tronco al fuego, que envió un chorro de chispas verdes y azules hacia la chimenea. Echó otro tronco y se apoyó de nuevo en el respaldo, sin dejar de mirar nerviosa a su espalda, donde el reflejo azul violeta del fuego danzaba sobre la superficie bruñida de la calavera. La sala era bastante pequeña. Y allí no había nadie más que Sakura y la calavera.


—Él ya tiene los dos pies en la tumba y yo solo uno —se consoló mientras se volvía de nuevo hacia el fuego, que ahora había crecido con llamas azules y verdes—. Debe de haber sal en esa madera —murmuró Sakura. Se acomodó mejor, colocando los pies nudosos sobre la pantalla de la chimenea y la cabeza en una esquina de la silla, desde donde veía las llamas de colores, y empezó a pensar soñolienta qué haría por la mañana. Pero se despistó un poco al imaginar que había una cara entre las llamas—. Sería una cara delgada y azul — susurró—, muy alargada y delgada, con una nariz fina y azul. Pero esas llamas rizadas y verdes de arriba son sin duda el pelo. Tenía forma de un zorro.


¿Y si no me marcho antes de que regrese naruto? Los magos pueden quitar encantamientos, supongo. Y esas llamas moradas cerca del fondo son la boca. Tienes unos dientes feroces, amigo mío. Y esos dos mechones de llamas verdes son las cejas... — curiosamente, las únicas llamas naranjas del fuego estaban debajo de las cejas verdes, como dos ojos, y cada una tenía un reflejo morado en el medio que Sakura podía casi imaginar que la estaban mirando, como la pupila de un ojo—. Por otra parte — continuó Sakura, mirando las llamas naranjas—, si me librara del encantamiento, se comería mi corazón en un santiamén.


— ¿No quieres que te coma el corazón? —preguntó el fuego. No había duda de que había sido el fuego el que había hablado.

Sakura vio cómo se movía la boca púrpura cuando salieron las palabras. La voz era casi tan cascada como la suya, llena de los suspiros y los chisporroteos de la madera al arder.


—Claro que no —dijo Sakura—. ¿Qué eres?


—Soy un demonio del fuego —contestó la boca púrpura. Había más de suspiro que de rencor en su voz cuando explicó—: Estoy atado a esta chimenea por un contrato. No puedo moverme de aquí —entonces la voz se convirtió en vivaz y chispeante—

¿Y quién eres tú? —le preguntó—. Veo que estás bajo un encantamiento.


Eso espabiló a Sakura de su sopor.

— ¡Lo notas! —exclamó—. ¿Me lo puedes quitar?

Se oyó un silencio crepitante y ardiente mientras los ojos anaranjados en el rostro azul del demonio recorrían a Sakura de arriba abajo.


—Es un conjuro muy potente —dijo por fin—. A mí me parece uno de los de la Princesa del Byakugan.


—Lo es —respondió Sakura.


—Pero hay algo más —añadió el demonio—. Detecto dos capas. Y por supuesto no puedes contárselo a nadie a menos que ya lo sepan —miró a Sakura un momento más—. Tendré que estudiarlo.


— ¿Cuánto tardarás? —preguntó Sakura.


—Puedo tardar un buen rato —dijo el demonio. Y añadió con una chispa suave y persuasiva—: ¿Qué te parece si hacemos un trato? Yo romperé tu hechizo si tú accedes a romper este contrato que me tiene sometido.


Sakura miró con desconfianza el rostro delgado y azul del demonio. Había hecho aquella propuesta con una expresión cargada de astucia. Por todos los libros que había leído, sabía que era extremadamente peligroso hacer tratos con un demonio.


Y no había duda de que aquel parecía especialmente malvado, con aquellos largos dientes morados.


— ¿Estás seguro de que eres honrado? —le preguntó.


—No del todo —admitió el demonio—. ¿Pero es que acaso quieres quedarte así hasta que te mueras? Fiándome de mi experiencia en este tipo de cosas, el conjuro te ha acortado la vida unos sesenta años.


Aquel era un pensamiento horrible, que Sakura había tratado de evitar hasta hora. Pero cambiaba las cosas.


—Ese contrato que te ata —dijo—, es con el mago naruto, ¿no?


—Naturalmente —dijo el demonio. Su voz volvió a gemir un poco—. Estoy atado a este hogar y no puedo moverme ni siquiera a un paso de distancia. Me obliga a realizar casi toda la magia que se hace aquí. Tengo que ocuparme del castillo, mantenerlo en movimiento y hacer todos esos efectos especiales que asustan a la gente, además de todas las otras cosas que Naruto quiera de mí. Naruto es un desalmado, ¿sabes?


Sakura no necesitaba que le dijeran que Naruto era un desalmado. Por otra parte, el demonio seguramente era igual de malvado.


— ¿Y tú no sacas nada de este contrato? —le preguntó.


—Si no sacara algo, no lo habría firmado —dijo el demonio, chispeando con tristeza—. Pero de haber sabido lo que me esperaba, no lo hubiera hecho. Me están explotando.


Pese a su desconfianza, Sakura se compadeció de él. Pensó en sí misma haciendo sombreros mientras Fanny se divertía por ahí.


—Está bien —dijo—. ¿Cuáles son los términos de tu contrato? ¿Cómo lo rompo?


Una sonrisa púrpura e impaciente se extendió por el rostro azul del demonio.

— ¿Aceptas el trato?


—Si tú aceptas romper mi encantamiento —replicó Sakura, con el valiente presentimiento de haber dicho algo fatal.


— ¡Hecho! —Gritó el demonio, elevando su larga cara y satisfecha hacia la chimenea—. ¡Romperé tu hechizo en el mismo momento en que rompas mi contrato!


—Entonces dime cómo romper tu contrato —dijo Sakura.

Los ojos anaranjados la miraron y luego se apartaron.

—No puedo. Una parte del contrato es que ni el mago ni yo podemos revelar cuál es la cláusula principal. Sakura comprendió que la habían engañado. Abrió la boca para decirle al demonio que en ese caso podía quedarse en el hogar hasta el día del juicio final. El demonio se dio cuenta de sus intenciones.


— ¡Espera un momento! —crepitó—. Puedes averiguar qué es si observas y escuchas atentamente. Te suplico que lo intentes.


A la larga, este contrato no nos hace bien a ninguno de los dos. Y sé cumplir mi palabra. ¡El hecho de que esté aquí preso muestra que la estoy cumpliendo!


Lo decía en serio, saltando entre los troncos con gran agitación. Sakura volvió a sentir mucha compasión por él. —Pero si tengo que observar y escuchar, eso quiere decir que tengo que quedarme aquí en el castillo de naruto—objetó.


—Solo será un mes o así. Recuerda que yo también tengo que estudiar tu conjuro —suplicó el demonio.


— ¿Pero qué excusa puedo poner para quedarme? — preguntó Sakura.

—Ya se nos ocurrirá algo. Naruto es un desastre para muchas cosas. De hecho —dijo el demonio, siseando como una víbora—está demasiado pagado de sí mismo para ver más allá de sus narices la mitad de las veces. Podemos engañarle, si es que decides quedarte.


—Muy bien —dijo Sakura—, me quedaré. Ahora busca una excusa.
Se arrellanó cómodamente en la silla mientras el demonio pensaba. Y pensaba en voz alta, con murmullos crepitantes y resplandecientes que a Sakura le recordaron bastante a cómo hablaba ella con su bastón cuando venía por el camino, y mientras pensaba ardía con un crepitar tan alegre y poderoso que volvió a quedarse dormida. Le pareció que el demonio había hecho algunas sugerencias. Recordó haber negado con la cabeza ante la propuesta de fingir ser la tía abuela de naruto que se había perdido hacía mucho tiempo, y un par de ideas aún más descabelladas, pero no se acordaba muy bien. Al final al demonio le dio por cantar una tonada dulce y flameante. No estaba en ningún idioma que Sakura conociese, o eso le pareció, hasta que distinguió la palabra sartén varias veces. Y era muy indicada para dormir. Sakura cayó en un sueño profundo, con la ligera sospecha de que la estaban hechizando además de engañando, pero no le molestó particularmente. Pronto se habría librado del conjuro...




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Hola yo de nuevo, espero y les guste....

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Re: El castillo Vagabundo....Capitulo 4....01-10-2017

Mensaje por NaruSannin el Jue Sep 14, 2017 3:07 am

Hola Alex, buen fic, creo que me pondré a leer ese libro para entedender mejor la trama, pero aun así me a llamado mucho la atención tu adaptación, sigue así Alex, espero ver la continuacion pronto. Saludos y éxitos.
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Re: El castillo Vagabundo....Capitulo 4....01-10-2017

Mensaje por alexad_uzumaki el Vie Sep 15, 2017 1:15 am

Creo que suena mejor el titulo en español....

que dicen....

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Re: El castillo Vagabundo....Capitulo 4....01-10-2017

Mensaje por alexad_uzumaki el Lun Oct 02, 2017 5:27 am

hola como están volví por este lado Very Happy Very Happy Genial Genial Buahaha Buahaha Buahaha

tratare de publicar los capítulos el mismo día que Te Veo para llevarlos juntos unque van en diferentes capitulos.....

amigo naru gracias por comentar y a los tímidos que lean esta maravillosa obra.....cosa que la original y la película son fenomenales...

bueno sin mas nada aquí esta el cap.


En el que Sakura descubre varias cosas extrañas:



CUANDO SAKURA SE DESPERTÓ, caía sobre ella la luz de la mañana. Como no recordaba que hubiera ninguna ventana en el castillo, lo primero que pensó fue que se había quedado dormida adornando sombreros y que había soñado que se marchaba de casa. Frente a ella, el fuego se había convertido en unas brasas rosadas y cenizas blancas, lo que terminó por convencerla de que el demonio del fuego había sido un sueño. Pero sus primeros movimientos le dijeron que algunas cosas no las había soñado.

Le crujieron todas las articulaciones del cuerpo.

— ¡Ay! —exclamó—. ¡Me duele todo!

La voz que exclamó era un hilillo débil y cascado. Se llevó la mano nudosa a la cara y palpó las arrugas. Y entonces se dio cuenta de que había pasado todo el día anterior conmocionada.

Ahora estaba muy enfadada con la bruja del Byakugan por haberle hecho aquello, terriblemente furiosa—. ¡Qué es eso de entrar en las tiendas y volver vieja a la gente! —exclamó—. ¡Ya verás tú lo que le voy a hacer yo a ella!

Su rabia la hizo ponerse de pie con una salva de crujidos y chirridos y acercarse lentamente hacia la ventana. Estaba sobre el banco de trabajo. Se quedó totalmente sorprendida al descubrir que la ventana daba a una ciudad costera. Vio una calle empinada sin pavimentar, flanqueada por casas pequeñas de aspecto pobre, y distinguió los mástiles que se erguían más allá de los tejados. Por detrás de los mástiles percibió un reflejo del mar, que nunca había visto en su vida.


— ¿Pero dónde estoy? —Preguntó Sakura a la calavera que estaba sobre la mesa—. No espero que me contestes a eso, amigo mío —añadió apresuradamente al recordar que estaba en el castillo de un mago y dio media vuelta para estudiar la habitación.


Era una sala pequeña, con vigas negras y pesadas en el techo. A la luz del día vio que estaba increíblemente sucia. Las piedras del suelo estaban manchadas y grasientas, detrás de la pantalla de la chimenea se apilaba la ceniza y de las vigas colgaban polvorientas telarañas. La calavera estaba cubierta por una capa de polvo. Sakura la limpió distraídamente al pasar a mirar la pila de lavar que estaba junto a la mesa. Le dio un escalofrío al ver el limo verde y rosa que la recubría y la baba blanquecina que goteaba de la bomba de agua. Era evidente que a naruto no le importaba que sus sirvientes vivieran rodeados de mugre.


El resto del castillo tenía que estar al otro lado de alguna de las cuatro puertas negras que había en la habitación. Sakura abrió la más cercana, junto a la mesa, que daba a un gran cuarto de baño. En algunos aspectos era un baño que normalmente solo se encontraría en un palacio, lleno de lujos como un retrete interior, una ducha, una inmensa bañera con patas de león y espejos en todas las paredes. Pero estaba incluso más sucio que la otra habitación. Sakura se alejó asqueada del retrete, arrugó la nariz al ver el color de la bañera, retrocedió ante el moho verde que crecía en la ducha y pudo soportar el ver su imagen arrugada en los espejos porque estaban cubiertos por pegotes y churretes de sustancias innombrables. Las sustancias innombrables propiamente dichas se acumulaban sobre un estante muy grande que colgaba sobre la bañera. Estaban en tarros, cajas, tubos y en cientos de paquetitos y bolsas arrugadas de papel marrón. El tarro más grande tenía un nombre. Decía POLVOS SECANTES con letras torcidas. Cogió al azar un paquete que decía PIEL y lo volvió a colocar en su lugar. En otro ponía OJOS con la misma letra. En un tubo se leía PARA EL DETERIORO.


—Pues parece que funciona —murmuró Sakura mirando en el lavabo con un escalofrío. El agua corrió por la loza cuando abrió un grifo que podría haber sido de cobre y se llevó algo del deterioro. Sakura se aclaró las manos y la cara con el agua sin tocar el lavabo, pero no tuvo valor de usar los POLVOS SECANTES. Se secó el agua con la falda y luego fue hacia la siguiente puerta negra.


Aquella daba a un tramo de escaleras destartaladas. Sakura oyó a alguien moverse arriba y cerró la puerta a toda prisa. Parecía que solo daba a una especie de altillo. Avanzó cojeando hasta la siguiente. Ya se movía con mayor facilidad. Era una anciana resistente, como había descubierto el día anterior.


La tercera puerta daba a un patío trasero con altos muros de ladrillo. Había un gran montón de leña y otras pilas desordenadas de trozos sueltos de hierro, ruedas, cubos, planchas de metal, cables, todo ello amontonado hasta casi sobrepasar la altura del muro. Sakura cerró también aquella puerta, totalmente confundida, porque parecía que no encajaba con el castillo. Por encima del muro de ladrillo no se veía ningún castillo. Solo el cielo. Lo único que se le ocurrió fue que aquella parte del castillo daba a la pared invisible que la había detenido la noche anterior.


Abrió la cuarta puerta y no era más que un armario de la limpieza, con dos capas elegantes de terciopelo, algo polvorientas, colgadas de los palos de las escobas. Sakura volvió a cerrarla despacio. La única puerta que quedaba era la de la pared de la ventana, por la que había entrado la noche anterior.

Se acercó hacia ella y la abrió con cautela. Durante unos momentos se quedó contemplando el paisaje de las colinas que se movían lentamente, el brezo que se deslizaba por debajo de la puerta y el viento que alborotaba su pelo escaso. Podía oír el traqueteo y el roce que producían las grandes piedras negras con el movimiento del castillo. Luego cerró la puerta y fue hacia la ventana. Allí estaba de nuevo la ciudad costera. No era un cuadro. Una mujer había abierto una puerta al otro lado de la calle y estaba barriendo. Al otro lado de la casa, una vela gris se izaba sacudiendo el mástil, molestando a una bandada de gaviotas que echó a volar en círculos sobre el mar reluciente.

—No lo entiendo —le dijo Sakura a la calavera. Y luego, como el fuego parecía casi apagado, le puso un par de troncos y quitó con el rastrillo parte de la ceniza. Las llamas verdes se elevaron de los troncos, pequeñas y rizadas, y formaron una cara alargada y azul con una cabellera corta y orejas alargadas verde llameante.

—Buenos días —dijo el Kitsune de fuego—. No olvides que tenemos un trato.

Así que no había sido un sueño. Sakura no solía llorar, pero se sentó en la silla durante un buen rato mirando a la cara borrosa y danzarina del Kitsune de fuego, y no prestó mucha atención a los sonidos que hacía Konohamaru al levantarse, hasta que lo vio de pie frente a ella, con aspecto avergonzado y un poco exasperado.

—Todavía estás aquí —dijo—. ¿Te pasa algo?

Sakura se sorbió las lágrimas.

—Soy vieja —comenzó. Pero, como le había dicho la bruja y el Kitsune había adivinado, no podía hablar de ello. Konohamaru dijo alegremente:

—Bueno, a todos nos llega con el tiempo. ¿Te gustaría tomar algo para desayunar? Sakura descubrió que realmente era una anciana resistente. Después de haber comido solo pan y queso en el almuerzo del día anterior, ahora estaba hambrienta.

— ¡Sí! —asintió. Y cuando Konohamaru fue al armario, se levantó y miró por encima del hombro para ver qué había de comer.

—Me temo que solo hay pan y queso —dijo Konohamaru algo tenso.

— ¡Pero si hay una cesta entera de huevos! —Dijo Sakura —. ¿Y no es eso beicon? ¿Y qué tal si bebemos algo caliente? ¿Dónde está la tetera?

—No tenemos —dijo Michael—. Y naruto es el único capaz de cocinar.
—Yo también sé cocinar —dijo Sakura —. Dame esa sartén y te lo demostraré.

Alargó la mano para coger una sartén grande y negra que colgaba en la pared del armario, a pesar de que Konohamaru intentó evitarlo.

—No lo entiendes —dijo Konohamaru —. Es kurama, el demonio Kitsune del fuego. Solo inclina la cabeza para cocinar ante naruto. Sakura dio media vuelta y miró al demonio, que llameó con aspecto desafiante.

—Me niego a que me exploten —dijo.

— ¿Quieres decir que no puedes ni siquiera beber algo caliente si naruto no está? —le preguntó Sakura a Konohamaru.

Konohamaru asintió avergonzado—. ¡Entonces es a ti a quien están explotando! —Exclamó Sakura —. Dame eso —cogió la sartén de las manos reacias de Konohamaru y agarró el beicon, luego metió una cuchara de madera en la cesta de los huevos y avanzó con todo aquello hacia la chimenea—. A ver, kurama —dijo—, vamos a dejarnos de tonterías. Inclina la cabeza.

— ¡No me puedes obligar! —crepitó el demonio.

— ¡Claro que puedo! —Crepitó a su vez Sakura, con una fiereza que a menudo hacía que sus hermanas se detuvieran en medio de una pelea—. Si no, te echaré agua por encima. O cogeré las tenazas y te quitaré los dos troncos —añadió mientras se arrodillaba junto al hogar con gran crujir de huesos. Y entonces suspiró—: O me puedo retractar del trato y contárselo a naruto, ¿no te parece?


— ¡Maldición! —Escupió kurama—. ¿Por qué la dejaste entrar, Konohamaru?


Enfurruñado, inclinó la cara azul hacia adelante hasta que lo único que se veía de él era un círculo de llamitas verdes bailando sobre los troncos.


—Gracias —dijo Sakura, y colocó de golpe la pesada sartén sobre las llamas para asegurarse de que kurama no se levantaba de repente.
—Espero que se te queme el beicon —dijo kurama, con la voz ahogada bajo la sartén.


Sakura plantó varias lonchas sobre la sartén. Estaba bien caliente. El beicon chisporroteó y Sakura tuvo que enrollarse la mano en la falda para sostener el mango. Cuando se abrió la puerta, ni siquiera se dio cuenta por el ruido de la fritura.


—No hagas tonterías —le dijo a kurama —. Y estate quieto, porque voy a cascar los huevos.


—Ah, hola, Naruto —dijo Konohamaru sin saber qué hacer. Apresuradamente, Sakura dio media vuelta al oírle. Los ojos se le abrieron como platos. El joven alto con el traje azul y plateado que acaba de entrar se detuvo cuando se disponía a dejar una guitarra en un rincón. Se apartó el pelo rubio de sus curiosos ojos azules y le devolvió la mirada a Sakura. Su cara larga y angulosa mostraba perplejidad.


— ¿Quién rayos eres tú? —Dijo naruto —. ¿Dónde te he visto antes?

—Soy una total desconocida —mintió Sakura con firmeza.

Después de todo, Naruto solo la había visto el tiempo suficiente para llamarla ratoncita, así que era casi cierto. Debería darle gracias al cielo por la suerte que había tenido al haber podido escapar en aquella ocasión, pero en realidad su principal pensamiento fue: « ¡Anda! ¡Si el mago Naruto no es más que un veinteañero, por muy malo que sea!». «La vejez lo cambiaba todo», pensó mientras le daba la vuelta al beicon en la sartén. Y se hubiera muerto antes que dejar que aquel jovenzuelo peripuesto se enterase de que era la chica de la que se había compadecido el día de la fiesta. Y aquello no tenía nada que ver con las almas y los corazones. Naruto no se iba a enterar.


—Dice que se llama Sakura —intervino Konohamaru —. Llegó anoche.


— ¿Cómo ha conseguido que se incline kurama? —preguntó naruto.


— ¡Me ha obligado! —dijo kurama con voz lastimera y ahogada debajo de la sartén.


—No hay mucha gente capaz de hacer una cosa así —dijo naruto pensativo. Dejó la guitarra en el rincón y se acercó al hogar.


Un aroma a jancitos se mezcló con el del beicon cuando empujó a Sakura a un lado con firmeza—. A kurama no le gusta que nadie cocine sobre él, excepto yo —dijo al arrodillarse mientras se enrollaba una de sus largas mangas sobre la mano para sujetar la sartén—. Pásame dos lonchas de beicon más y seis huevos, por favor, y dime para qué has venido.


Sakura se quedó mirando fijamente a la joya azul que le colgaba de la oreja de naruto y le fue pasando un huevo detrás de otro.

— ¿Que para qué he venido, joven? —dijo. Después de lo que había visto del castillo, era evidente—. He venido porque soy la nueva limpiadora, naturalmente.


— ¿Ah, sí? —preguntó naruto, cascando los huevos con una sola mano y arrojando las cascaras entre los troncos, donde kurama parecía comérselas con mucho deleite y ruido—. ¿Y quién lo dice?


—Yo lo digo —afirmó Sakura, y añadió en tono piadoso—: Seré capaz de limpiar la porquería que hay aquí, aunque no pueda limpiar tú alma de maldad, jovencito.

—Naruto no es malo —dijo Konohamaru.


—Sí que lo soy —le contradijo Naruto —. Se te olvida lo malísimo que estoy siendo ahora mismo, Konohamaru —apuntó con la barbilla a Sakura —. Si tantas ganas tienes de ayudar, buena mujer, saca unos cuchillos y tenedores y haz sitio en la mesa.


Debajo de la mesa de trabajo había unos taburetes altos. Konohamaru los estaba sacando para sentarse, empujando hacia los lados todos los trastos que había encima para hacer sitio a los cuchillos y tenedores que había sacado de un cajón lateral.


Sakura fue a ayudarle. No esperaba que naruto le diera la bienvenida, naturalmente, pero hasta entonces no le había dado permiso para que se quedara más allá del desayuno. Como Konohamaru no parecía necesitarla, Sakura se acercó arrastrando los pies hasta su bastón y lo colocó descaradamente en el armario de las escobas. Como aquello tampoco pareció llamar la atención de Naruto, dijo: —Puedes tomarme a prueba durante un mes, si quieres.
El mago naruto no dijo nada más que:


—Platos, Michael, por favor —y se levantó con la sartén humeante en la mano. Kurama saltó con un rugido de alivio y ardió con gran estrépito.


Sakura hizo otro intento para que el mago se comprometiera.

—Si voy a estar aquí limpiando durante el próximo mes — dijo—, me gustaría saber dónde está el resto del castillo. Solo he visto esta sala y el cuarto de baño.


Para su sorpresa, Konohamaru y naruto estallaron en carcajadas. Cuando casi habían terminado de desayunar, Sakura descubrió qué les había hecho tanta gracia. A Naruto no solo era difícil obligarle a comprometerse, sino que no le gustaba contestar ninguna pregunta en absoluto. Sakura dejó de preguntarle a él y se dirigió a Konohamaru.


—Díselo —dijo naruto —. Así dejará de dar la lata.


—No hay nada más —dijo Konohamaru —, excepto lo que has visto y dos dormitorios en el piso de arriba.


— ¿Qué? —se sorprendió Sakura. Naruto y Konohamaru se echaron a reír de nuevo.


—Naruto y kurama inventaron el castillo —explicó Konohamaru — y Kurama lo mantiene en marcha. El interior en realidad es la vieja casa de naruto en Porthaven, que es la única parte real.


— ¡Pero si Porthaven está a cientos de millas de aquí, en la costa! —Exclamó Sakura —. ¡Qué vergüenza! ¿Y qué pretendes con este castillo grande y feo que recorre las colinas de Market Chipping aterrorizando a la gente?


Naruto se encogió de hombros.


— ¡Qué mujer más directa! He llegado a ese punto en mi carrera en que necesito impresionar a todo el mundo con mi poder y maldad. No quiero que el Rey piense bien de mí. Además, el año pasado ofendí a alguien muy poderoso y tengo que mantenerme alejado. Era una forma un tanto extraña de evitar a alguien, pero Sakura supuso que los magos se regían por normas distintas a las de la gente corriente. Y enseguida descubrió que el castillo tenía otras peculiaridades. Habían terminado de comer y Konohamaru estaba apilando los platos en la pila mugrienta cuando se oyó un golpe fuerte y seco en la puerta. Kurama elevó sus llamas:


— ¡Puerta de Kingsbury! Naruto, que iba de camino al cuarto de baño, se dirigió hacia la puerta. Tenía un pomo de madera pequeño y cuadrado en el dintel, con una pincelada de pintura en cada uno de sus cuatro lados. En aquel momento el lado que apuntaba hacia abajo tenía una mancha verde, pero naruto lo hizo girar para que fuese la mancha roja la que apuntara hacia abajo antes de abrir la puerta.
Fuera había un personaje con una peluca blanca y estirada y un sombrero de ala ancha. Vestía ropa escarlata, púrpura y dorada y llevaba una vara pequeña decorada con lazos, como un árbol de mayo para niños. Hizo una reverencia. Un aroma a trébol y a flores de naranjo se extendió por la habitación.


—Su Majestad el Rey le envía saludos y hace entrega del pago por los dos millares de botas de siete leguas —dijo el hombre.


A su espalda, Sakura vislumbró un coche de caballos que esperaba en una calle llena de casas suntuosas cubiertas con tallas pintadas y torres y capiteles y cúpulas más allá, de un esplendor que nunca había imaginado siquiera. Lamentó que la persona de la puerta tardara tan poco tiempo en sacar una bolsa de seda larga y tintineante, y Naruto en tomarla, devolverle el saludo y cerrar la puerta. Naruto hizo girar el pomo para que la mancha verde volviera a apuntar hacia abajo y se metió la bolsa en el bolsillo. Sakura vio cómo Konohamaru seguía la bolsa con la mirada, con una expresión apremiante y preocupada.
Naruto se metió directamente en el cuarto de baño, y gritó:


— ¡Necesito agua caliente, Kurama! Y no salió durante un rato larguísimo. Sakura no pudo contener su curiosidad.


— ¿Quién era ese? —Le preguntó a Konohamaru. ¿O más bien, dónde estaba eso?


—Esa puerta da a Kingsbury —dijo Michael—, donde vive el Rey. Creo que ese hombre era el secretario del Canciller. Y — añadió preocupado a kurama — ojalá no le hubiera dado a naruto todo ese dinero.

— ¿Va a dejar naruto que me quede aquí?


—Si te deja, nunca conseguirás que te lo diga —contestó Konohamaru —. Odia comprometerse.



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por cierto este es el zorro que Sakura ayudo, me imagino que se acuerda:

http://3.bp.blogspot.com/-ShmxW57fKnM/UytbkGW3G8I/AAAAAAAACcM/FHuPkfHSGqc/s1600/White_kitsune_2.jpg






bueno que les parecio esero criticas de su partas tanto positivas o como negativas




se despide el gran posho sexy

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Re: El castillo Vagabundo....Capitulo 4....01-10-2017

Mensaje por Hannibal-lecter el Jue Oct 05, 2017 9:29 am

Hola antes que nada muy buena historia y se me hace un poco conocida nose de donde pero tiene un aire de compatibilidad,ya no me recuerdo.
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Re: El castillo Vagabundo....Capitulo 4....01-10-2017

Mensaje por aduzumaki el Sáb Oct 07, 2017 4:03 pm

ya se donde es la historia pero no diré nada porque me encanta leer tu adaptacion espero ansiosa por el siguiente capítulo.
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Re: El castillo Vagabundo....Capitulo 4....01-10-2017

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