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.....El Castillo Vagabundo.....Capitulo 2....03-08-2017

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.....El Castillo Vagabundo.....Capitulo 2....03-08-2017

Mensaje por alexad_uzumaki el Mar Jul 11, 2017 3:40 pm

PROLOGO [

Al huir de Ingary bajo los efectos de un terrible maleficio, Sakura Haruno
Encuentra el castillo del mago Naruto uzumaki. El mago es temido en
Toda la región y hace que su castillo se traslade de un sitio a otro.
De forma inesperada, el mago y Sakura colaborarán, cambiando
El destino de muchas personas.

_______________________________________________________________________

holas mi gente volvi Happy Run Happy Run Happy Run  pero ahora con la gran novela de la escritora británica Diana Wynne Jones  In Love In Love In Love In Love

espero que les guste se despide el sexy pollo osea yo Onion ok Onion ok Onion ok Onion ok Onion bye Onion bye Onion bye Onion bye Onion bye


Última edición por alexad_uzumaki el Jue Ago 03, 2017 4:29 pm, editado 4 veces
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Re: .....El Castillo Vagabundo.....Capitulo 2....03-08-2017

Mensaje por alexad_uzumaki el Dom Jul 16, 2017 3:42 pm

En el que Sakura habla con los sombreros



EN EL REINO DE INGARY, donde existen cosas como las botas de siete leguas y las capas de   invisibilidad, ser el mayor de tres hermanos es una desgracia. Todo el mundo sabe que el mayor es el que fracasa primero, sobre todo si los tres salen a buscar fortuna.


Sakura Haruno  era la mayor de tres hermanas. Ni siquiera era hija de un leñador pobre, lo que podría haberle dado alguna oportunidad de triunfar, sino que sus padres tenían una sombrerería de señoras en la próspera ciudad de Market Chipping, donde vivían desahogadamente. Eso sí, su madre murió cuando Sakura tenía dos años y su hermana uno, y su padre se había casado con la ayudante de la tienda, una joven guapa y rubia llamada Holly, Al poco tiempo Irene dio a luz a la tercera hermana, shion. Según eso, Sakura y Ino deberían haberse convertido en las hermanas feas, pero lo cierto es que las tres niñas crecieron muy hermosas, aunque todo el mundo decía que la más bella era Ino. Holly  las trataba a las tres con el mismo cariño y no favorecía a shion en absoluto.

El señor Haruno se sentía orgulloso de sus tres hijas y las envió al mejor colegio de la ciudad. Sakura  era la más estudiosa. Leía mucho y muy pronto se dio cuenta de las pocas probabilidades que tenía de que el futuro le deparase una vida interesante. Se llevó una desilusión pero siguió viviendo feliz, cuidando de sus hermanas y preparando a Rin para que buscara su fortuna cuando llegara el momento. Como holly  estaba siempre ocupada en la tienda, Sakura  era la encargada de cuidar a las otras dos. Las pequeñas no dejaban de pelearse y tirarse de los pelos Ino de ninguna manera se resignaba a ser la que, después de Sakura, tendría menos éxito.

— ¡No es justo! —Gritaba Ino—. ¿Por qué tiene que llevarse  shion lo mejor solo por ser la pequeña? ¡Pues yo me pienso casar con un príncipe, hala!

A lo que shion siempre replicaba que ella iba a ser riquísima sin necesidad de casarse con nadie. Entonces tenía que venir Sakura a separarlas y arreglarles los desgarrones de la ropa. Era muy habilidosa con la aguja. Incluso llegó a hacerles vestidos a sus hermanas. Antes de que esta historia comenzara de verdad, a Ino  le cosió un vestido de un rosa intenso para celebrar la fiesta de mayo, que en opinión de Irene parecía salido de la tienda más cara de Kingsbury. Por aquella época, todo el mundo había vuelto a hablar de la bruja del Byakugan. Se decía que había amenazado de muerte a la hija del Rey, y que este había enviado al Páramo a su mago personal, el mago Inuzuka, para que se encargara de ella. Y, al parecer, el mago Inuzuka  no solo había sido incapaz de cumplir el encargo, sino que la bruja había acabado con él.  Así pues, cuando unos meses más tarde apareció de repente un castillo alto y negro sobre las colinas de Market Chipping, despidiendo columnas de humo sucio por sus cuatro torres, todos estuvieron convencidos de que la bruja había vuelto a salir del Páramo y estaba dispuesta a aterrorizar al país como lo hizo cincuenta años atrás. La gente estaba muy asustada. Nadie salía solo, especialmente de noche. Y lo más terrorífico era que el castillo no siempre estaba en el mismo sitio. A veces, el castillo se veía como una mancha alta y negra en los terrenos yermos al noroeste, otras sobresalían sobre las rocas al este, y en algunas ocasiones se acercaba a la ladera y se colocaba sobre los brezos, al norte, un poco más allá de la última granja. De vez en cuando se movía, echando bocanadas de humo gris y sucio por sus torres. Al principio todo el mundo creía que muy pronto el castillo llegaría a plantarse en el medio del valle, y el alcalde habló de pedir ayuda al Rey. Pero el castillo se quedó rondando por las colinas y se supo que no pertenecía a la bruja, sino al mago Naruto uzumaki.
El mago uzumaki  tampoco era un santo. Aunque al parecer no quería abandonar las colinas, se rumoreaba que le divertía atrapar a jovencitas y quitarles el alma. Otros aseguraban que se comía sus corazones.  Era un mago absolutamente frío y sin escrúpulos y ninguna joven estaría segura si él andaba cerca. Sakura, Ino y shion  igual que las demás muchachas de Market Chipping, tenían prohibido salir solas, lo que resultaba muy pesado. Se preguntaban para qué querría el mago Naruto todas aquellas almas que coleccionaba.

Pero al poco tiempo tuvieron otras cosas en qué pensar, porque el señor Haruno murió de repente justo cuando Sakura  era lo bastante mayor para dejar el colegio. Y entonces se descubrió que el orgullo que sentía por sus hijas había sido excesivo: para pagar la matrícula del colegio había contraído pesadas deudas. Después del funeral, Holly se sentó con las niñas en la casa que tenían junto a la tienda y les explicó la situación.

—Me temo que las tres tenéis que abandonar el colegio — dijo—. He estado haciendo todo tipo de cuentas y la única forma de mantener el negocio y cuidaros a las tres es que se coloquen  como aprendizas en algún sitio. No es práctico que se queden todas en la tienda. No puedo permitírmelo. Así que esto es lo que he decidido. Primero Ino...

Ino levantó la vista, con un aspecto de radiante salud y belleza que ni siquiera la pena y el luto podían ocultar.


—Yo quiero seguir aprendiendo —dijo.


—Y así será, cariño —replicó holly—. He dispuesto que entres como aprendiza en casa de choza, el pastelero de la Plaza del Mercado. Tienen la reputación de tratar a sus aprendices como a reyes, y serás muy feliz allí, además de aprender un oficio útil. La señora akimichi es una buena clienta y amiga, y ha accedido a colocarte en su casa como un favor personal.

Ino soltó una carcajada que dejaba ver que no estaba contenta en absoluto.

—Vaya, muchas gracias —dijo—. Menos mal que me gusta cocinar.

Holly  parecía aliviada. A veces Ino  podía ponerse muy cabezota.

—Y ahora shion —dijo—. Ya sé que eres demasiado pequeña para trabajar, así que se me ha ocurrido algo que te proporcionará un aprendizaje largo y tranquilo que te será útil para cualquier cosa que decidas hacer después. ¿Conoces a mi amiga del colegio, lucy Fairfax?
Shion, que era delgada y rubia, clavó sus grandes ojos morados en holly casi con la misma determinación que Ino.


— ¿Esa que habla tanto? —preguntó—. ¿No es Bruja?

—Sí, lo es, y tiene una bonita casa con muchos clientes de todo el valle de Folding —dijo Holly entusiasmada—. Es una buena mujer. Te enseñará todo lo que sabe y seguramente te presentará a mucha gente importante de Kingsbury. Cuando termine contigo estarás bien preparada para la vida.

—Es simpática —admitió shion—. De acuerdo.


A Sakura le pareció que holly lo había hecho muy bien. Ino, al ser la mediana, seguramente nunca llegaría muy lejos, así que Holly la había colocado donde tendría oportunidades de conocer a un aprendiz joven y guapo y vivir feliz para siempre.

Shion, que estaba destinada a labrarse su fortuna, contaría para ello con la ayuda de la brujería y de amigos ricos. Y en cuanto a sí misma, no tenía la menor duda de qué le esperaba. No le sorprendió lo más mínimo cuando Holly dijo:


—Y ahora, Sakura, cariño, me parece lo más justo que heredes esta tienda cuando yo me retire, ya que eres la mayor. Así que he decidido tomarte como aprendiza para darte la oportunidad de conocer el negocio. ¿Qué te parece?

Sakura no podía admitir que se sentía resignada por heredar el negocio de los sombreros. Le dio las gracias.

— ¡Entonces todo arreglado! —dijo holly.

Al día siguiente Sakura ayudó a shion a guardar su ropa en una caja y al otro la vieron marcharse montada en una carreta, pequeña, erguida y nerviosa. El camino hacia Upper Bolding, donde vivía la señora Fairfax, atravesaba las colinas v pasaba junto al castillo del mago Naruto. Era comprensible que Shion tuviera miedo.


—No le pasará nada —dijo Ino.


Ino se había negado a ayudar con el equipaje. Cuando la carreta desapareció en el horizonte, Ino metió todas sus pertenencias en una funda de almohada y le pagó al criado del vecino una moneda de seis peniques para que la ayudara a llevarla en una carretilla a casa del señor choza en la Plaza del Mercado.

Ino marchaba detrás de la carretilla con un aspecto mucho más animado de lo que Sakura había supuesto. La verdad es que daba la impresión de que se había quitado de encima la sombrerería.


El chico de los recados regresó con una nota de Ino que decía que había colocado sus cosas en el dormitorio de las chicas y que “akimichi`s”  le parecía un sitio muy divertido. Una semana más tarde el carretero trajo una carta de shion  diciendo que había llegado bien y que la señora Fairfax era encantadora y que le ponía miel a todo, porque tenía colmenas. Y aquello fue lo único que supo Sophie de sus hermanas durante algún tiempo,  porque ella también empezó su aprendizaje el mismo día que shion  y Ino se marcharon.


Como es natural, Sakura ya conocía el negocio de los sombreros bastante bien. Desde muy pequeña había jugado en el taller al otro lado del patio donde se mojaban los sombreros, se moldeaban sobre hormas de madera y se fabricaban flores, frutas y otros ornamentos de cera y seda para adornarlos. Conocía a todos los trabajadores. La mayoría ya estaba allí cuando su padre era niño. Conocía a tente, la única ayudante de la tienda que quedaba. Conocía a los clientes que compraban los sombreros y al hombre que conducía el carro que traía los sombreros de paja natural del campo para que les dieran forma en el taller. Conocía a los demás proveedores y sabía cómo se hacía el fieltro para los modelos de invierno. En realidad no había mucho que Holly pudiera enseñarle, excepto tal vez cuál era la mejor manera de conseguir que un cliente comprara un sombrero.


—Tienes que conducirlos poco a poco hacia el más apropiado, cariño —le explicó Holly—. Primero les enseñas los que no les quedarán bien del todo, para que noten la diferencia en cuanto se pongan el adecuado.

La verdad es que Sophie no se dedicaba mucho a vender sombreros. Después de pasar un día observando en el taller y otro día visitando con Holly los mercaderes de paños y sedas, su madrastra la puso a rematar sombreros. Sakura se sentaba en una pequeña alcoba en la trastienda, cosiendo rosas en las pamelas y velos en los bonetes, forrándolos todos con seda y adornándolos con frutas de cera y lazos de colores. Se le daba muy bien. Y le gustaba. Pero se sentía aislada y un poco aburrida.


Los trabajadores del taller eran demasiado mayores para ser entretenidos y, además, no la trataban como a uno de ellos sino como a alguien que algún día heredaría el negocio.

Teten  la trataba igual. Y de todas formas sobre lo único que hablaba era sobre el granjero con el que iba a casarse la semana siguiente a la fiesta de mayo. Sakura tenía celos de holly, que podía salir a regatear con el mercader de sedas siempre que quería.

Lo más interesante eran las conversaciones de los clientes. Es imposible comprar un sombrero sin cotillear. Sakura se sentaba en su alcoba y mientras daba puntadas se enteraba de que el alcalde no comía jamás verdura y de que el castillo del mago Naruto había vuelto a los acantilados, hay que ver cómo es, y bla, bla, bla... Siempre bajaban la voz cuando empezaban a hablar del fulano mago uzumaki, pero Sakura se enteró de que el mes  pasado había atrapado a una chica en el valle. « ¡Barba azul!», decían los murmullos, que volvían a elevarse para afirmar que Jane Farrier era un auténtico desastre a la hora de arreglarse el pelo. Esa desde luego no conseguiría atraer ni siquiera al mago uzumaki, y mucho menos a un hombre respetable. Y entonces se oía un breve y temeroso susurro sobre la bruja del byakugan. Sakura e empezó a pensar que el mago Naruto y la bruja del Byakugan deberían emparejarse.


—Parecen hechos el uno para el otro. Alguien debería organizarles una cita—le dijo al sombrero que estaba adornando en ese momento. Pero a finales de mes, todos los chismes de la tienda se centraron de repente en Ino. Al parecer, la pastelería del señor akimichi  estaba lleno de caballeros de la mañana a la noche, todos comprando grandes cantidades de pasteles y exigiendo ser atendidos por Ino. Ya había recibido diez propuestas de matrimonio, que iban, en orden de importancia, desde el hijo del alcalde hasta el barrendero, y las había rechazado todas alegando que todavía era demasiado joven para decidirse.


—Me parece algo muy sensato por su parte —le comentó sakura a un bonete que estaba forrando con seda. A holly la alegraron aquellas noticias.

— ¡Sabía que le iría bien! —dijo contenta. A Sakura se le ocurrió que a holly le alegraba no tener a Ino  cerca.

—Ino es terrible para el negocio —le dijo al bonete, frunciendo la seda color champiñón—. Ella conseguiría que incluso, viejo y desaliñado, parecieras elegante. Pero las demás miran a Ino  y se desesperan.


Sakura hablaba cada vez más con los sombreros a medida que pasaban las semanas. No tenía a nadie más con quién hablar. Holly  se pasaba casi todo el día fuera, haciendo negocios o intentando conseguir más clientas y tenten  estaba ocupada atendiendo y contándole a todo el mundo sus planes de boda.

Sakura tomó por costumbre colocar los sombreros en sus hormas de madera cuando los terminaba, donde quedaban como una cabeza de verdad, y siempre hacía una pausa para decirle a cada uno cómo sería el cuerpo que le correspondería. Solía halagar al sombrero un poco, porque a los clientes hay que engatusarlos.

—Posees un atractivo misterioso —le dijo a uno cubierto con un velo de brillos ocultos. A una pamela ancha de color crema con rosas bajo el ala le dijo—: ¡Vas a tener que casarte con un rico! —y a otro sombrero de paja de color verde manzana con  una pluma verde y rizada le dijo—: Eres tan joven como una hoja de primavera.

A los bonetes rosas les decía que eran dulces y encantadores y a los sombreros elegantes adornados con terciopelo que eran ingeniosos. Y al bonete color champiñón le dijo:

—Tienes un corazón de oro y alguno de buena posición lo verá y se enamorará de ti —aquello lo dijo porque sentía lástima de aquel bonete en particular. Parecía tan remilgado y tan soso.

Al día siguiente llegó a la tienda Jane Farrier y lo compró. Era cierto que tenía el pelo un poco raro, pensó Sakura  observándola desde su alcoba, como si se lo hubiera enrollado en unas tenazas. Era una pena que Jane hubiera escogido aquel bonete, Para entonces todo el mundo venía a la tienda a comprar. Tal vez fuera la promoción de holly o tal vez que se acercaba la primavera, pero era evidente que el negocio de los sombreros iba en aumento. Holly  empezó a decir, con tono un poco culpable:

—Creo que no debería haberme dado tanta prisa en colocar a shion y a Ino. Podríamos habernos arreglado.

Cuando abril se iba acercando a la fiesta de mayo, había tantos clientes que Sakura  tuvo que ponerse un modesto traje gris y ayudar en la tienda también. Pero la demanda era tanta que entre cliente y cliente se dedicaba a adornar sombreros y todas las tardes se los llevaba a casa, en la puerta de al lado, donde trabajaba a la luz de un quinqué hasta bien entrada la noche para tener sombreros que vender al día siguiente. Los sombreros verdes como el de la esposa del alcalde estaban muy solicitados, al igual que los bonetes rosas. Y entonces, la semana antes de la fiesta, alguien entró pidiendo el de color champiñón con fruncidos, como el que llevaba Jane Farrier cuando se fugó con el conde de Catterack.

Aquella noche, mientras cosía, Sakura tuvo que admitir que su vida era bastante insulsa. En lugar de hablar con los sombreros, se los fue probando todos al terminarlos, mirándose en el espejo. Aquello fue un error. Aquel severo traje gris no le sentaba bien, especialmente con los ojos enrojecidos de tanto coser. Y como  tenía el pelo de color rosa, ni el verde ni el rosa le quedaban bien “¿ya que tendiendo el cabello rosa, más un sombrero rosa extraño no?”. Y el de los fruncidos color champiñón le daba un aspecto sencillamente horroroso.

— ¡Como una vieja solterona! —dijo Sakura.

No es que quisiera fugarse con un conde, como Jane Farrier, ni siquiera quería que la mitad del pueblo le pidiera matrimonio, como a Ino. Pero quería hacer algo, no estaba segura de qué, algo que fuera un poco más interesante que adornar sombreros.

Pensó que al día siguiente sacaría tiempo para ir a hablar con Ino. Pero no fue. O le faltaba tiempo o fuerzas, o le parecía que la Plaza del Mercado estaba muy lejos, o recordaba que si iba sola estaría en peligro a causa del mago Naruto. Fuera lo que fuese, cada día le parecía más difícil ir a ver a su hermana. Era muy extraño. Sakura siempre se había considerado tan decidida como Ino. Pero ahora se daba cuenta de que había cosas que solo era capaz de hacer cuando ya no le quedaba ninguna excusa.

— ¡Esto es absurdo! —Dijo Sakura—. La Plaza de Mercado está a dos calles de aquí. Si voy corriendo... Y se prometió que al día siguiente se acercaría a la pastelería de los Akimichi

Cuando la sombrerería estuviera cerrada por ser la fiesta de mayo. Entretanto, a la tienda llegó un nuevo rumor. Se decía que el Rey se había peleado con su propio hermano, el príncipe Sasuke, y que el príncipe se había marchado al exilio. Nadie sabía a ciencia cierta cuáles habían sido las razones de la pelea, pero el príncipe había pasado por Market Chipping de incógnito hacía dos meses y nadie lo había reconocido. El Rey había enviado al conde de Catterack a buscarlo y, en vez de eso, se encontró con Jane Farrier.

Sakura se puso triste al escucharlo. En el mundo ocurrían cosas interesantes, pero siempre a los demás. De todas formas, sería agradable ver a Ino.


Llegó la fiesta de mayo. Desde el amanecer, las calles se llenaron de júbilo. Holly salió temprano, pero Sakura tenía que terminar primero un par de sombreros. Cantaba mientras  trabajaba. Al fin y al cabo, Ino también estaba trabajando. Los días de fiesta, choza  abriría la pastelería  hasta la media noche.

—Voy a comprarme un pastelillo de crema —decidió Sakura— Hace siglos que no los pruebo.

Vio cómo la gente se arremolinaba al otro lado del escaparate, con ropas de vivos colores. Había vendedores de recuerdos y saltimbanquis caminando sobre zancos. Sakura los contempló entusiasmada.
Pero cuando por fin se echó un chal gris sobre el vestido gris y salió a la calle, su entusiasmo se desvaneció. Se sintió abrumada. Había demasiada gente corriendo a su alrededor, riéndose y gritando, demasiado ruido y ajetreo. Sakura se sintió como si los meses que había pasado sentada cosiendo la hubieran transformado en una vieja o la hubieran dejado medio inválida. Se envolvió bien en el chal y avanzó pegada a las casas, intentando evitar que los zapatos de domingo de la multitud la pisaran o que le clavaran uno de aquellos codos cubiertos por larguísimas mangas de seda. Cuando de repente se oyó una lluvia de explosiones en el aire, Sakura  pensó que se iba a desmayar. Levantó la vista y vio el castillo de Naruto justo sobre la ladera de la colina a las afueras de la ciudad, tan cerca que parecía apoyado sobre las chimeneas. De las cuatro torres del castillo salían llamas azules despidiendo bolas de fuego azul que explotaban en el cielo con un estruendo horrible.


El mago parecía estar molesto por la fiesta. O tal vez estaba intentando participar, a su manera. Sakura estaba tan aterrorizada que no le interesaba saber cuál era el motivo. Se habría marchado a casa, pero para entonces ya estaba a mitad de camino hacia la pasteleria. Echó a correr.


— ¿Cómo se me ocurrió desear que mi vida fuese interesante? —se preguntó mientras corría—. Me daría demasiado miedo. Eso me pasa por ser la mayor de tres hermanas.

Cuando llegó a la Plaza del Mercado, fue todavía peor. Allí estaban la mayoría de las posadas. Había grupos de jóvenes que  se tambaleaban ebrios de un lado a otro, arrastrando los faldones de las chaquetas y las mangas y dando zapatazos con las botas con hebillas que nunca hubieran soñado con ponerse en un día de trabajo, lanzando exclamaciones y atosigando a las jovencitas.

Ellas paseaban elegantes de dos en dos, listas para dejarse atosigar. Era una fiesta de mayo perfectamente normal, pero a Sakura también le daba miedo todo aquello. Y cuando un joven con un fantástico traje azul y plateado la vio y decidió abordarla también a ella, Sakura se escabulló en el portal de una tienda e intentó esconderse.

El joven la miró sorprendida.

—No pasa nada, ratoncita gris —le dijo, con una sonrisa tomo compadeciéndose—. Solo quiero invitarte a tomar algo. No pongas esa cara de miedo -Su mirada de lástima hizo que Sakura se sintiera totalmente avergonzada. Era un hombre elegante, con un rostro huesudo y refinado y con tres extrañas marca en cada mejilla, bastante mayor, bien entrada la veintena, y con el pelo rubio cuidadosamente peinado. Las mangas de su chaqueta colgaban más que ninguna, con bordes de volantes y remates plateados.

—Oh, no, gracias, por favor, señor —tartamudeó Sakura— Yo iba, iba a ver a mi hermana.

—Entonces vete a verla, por supuesto —sonrió aquel joven maduro—. ¿Quién soy yo para impedir que una dama vea a su hermana? ¿Quieres que te acompañe, ya que pareces tan asustada? Lo dijo con amabilidad, lo que hizo que Sakura sintiera más vergüenza que nunca.

—No. ¡No, gracias, señor! —jadeó y salió corriendo dejándolo atrás. También llevaba perfume. El olor a jancitos la siguió mientras se alejaba.
« ¡Qué hombre tan elegante!», pensó Sakura mientras se abría paso entre las mesitas a la entrada de Akimichis. Las mesas estaban abarrotadas. Dentro había tanta gente y tanto ruido como en la plaza.  
Sakura localizó a Ino entre la fila  de ayudantes que servían tras el mostrador gracias al grupo de hijos de granjeros que apoyaban los codos en él gritándole cosas. Ino, más guapa que nunca y tal vez un poco más delgada, metía pastelillos en las bolsas tan aprisa como podía, cerrando cada bolsa con una hábil rosca y mirando por debajo del codo con una sonrisa y una respuesta por cada bolsa que cerraba. Se oían muchas risas. Sakura  tuvo que abrirse paso hacia el mostrador.


Ino la vio. Por un momento pareció quedarse pasmada , Luego sus ojos y su sonrisa brillaron al gritar:

— ¡Sakura!

— ¿Puedo hablar contigo? —Gritó Sakura—. En algún sitio — Gritó un poco perdida cuando un codo grande y bien vestido la apartó del mostrador de un empujón.

— ¡Un momento! —le contestó Ino también a gritos. Dio un paso atrás, se volvió hacia la chica que estaba junto a ella y le susurró algo. La chica asintió, sonrió y ocupó el lugar de Ino.

—Tendréis que conformaros conmigo —le dijo a la multitud—. ¿Quién es el siguiente?


— ¡Pero yo quiero hablar contigo, Ino! —gritó uno de los granjeros.

—Habla con haslyn  —respondió Ino—. Yo quiero hablar con mi hermana.
A nadie pareció importarle. Empujaron a Sakura hacia el final del mostrador, donde Ino la llamaba y mantenía abierta una trampilla para ella, y le dijeron que no tuviera a Ino ocupada todo el día. Cuando pasó por la trampilla, Ino la cogió por la muñeca y la llevó hacia el fondo de la tienda, hasta una habitación llena de rejillas de madera, todas ellas repletas de filas de pasteles. Ino sacó dos taburetes.

—Siéntate —le dijo. Miró al estante más cercano, de forma distraída, y le pasó a Sakura  un pastelillo de crema—. Puede que te haga falta.

Sakura  se dejó caer en el taburete y aspiró el rico aroma del pastelillo, sintiéndose un poco llorosa.

— ¡Ay, Ino! —exclamó—. ¡Me alegro tanto de verte!

—Sí, y yo me alegro de que estés sentada —respondió Ino—. Porque no soy Ino. Soy shion.  


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Que les parecio, espero sus respectivas, opiniones

se despide......

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Re: .....El Castillo Vagabundo.....Capitulo 2....03-08-2017

Mensaje por aduzumaki el Lun Jul 17, 2017 12:48 pm

Onion... que no es ino si no shion que carajos paso con ino por dios el segundo fic y ya te andas con intrigas jajaja no demores en poner la continuación esto pinta muy bien.
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Re: .....El Castillo Vagabundo.....Capitulo 2....03-08-2017

Mensaje por alexad_uzumaki el Jue Ago 03, 2017 3:37 pm

En el que Sakura debe salir a buscar fortuna:



— ¿QUÉ? —preguntó Sakura mirando fijamente a la chica
Sentada en el taburete frente a ella. Era una igualita a Ino Llevaba el segundo mejor vestido azul de Ino, de un azul maravilloso que le sentaba muy bien, y tenía el pelo oscuro y los ojos azules de ino.


—Soy shion —repitió su hermana—. ¿A quién pillaste cortando en pedazos las calzas de seda de Ino? Yo no se lo dije a nadie. ¿Y tú?


—Tampoco —dijo Sakura, totalmente atónita. Ahora veía que era shion. Distinguía esa inclinación de cabeza tan suya aunque la cara fuera de Ino, y tenía las manos entrelazadas sobre las rodillas haciendo molinillos con los pulgares, como hacía siempre shion—. ¿Por qué?


—Me aterrorizaba pensar que podrías venir a verme —dijo shion — porque sabía que tendría que contártelo. Y ahora es un alivio. Prométeme que no se lo dirás a nadie. Y sé que si lo prometes no lo dirás, porque eres muy honrada.


—Te lo prometo —dijo Sakura—. Pero ¿por qué? ¿Y cómo?

—Ino y yo nos pusimos de acuerdo —dijo shion, haciendo molinetes con los pulgares—, porque Ino quería aprender brujería y yo no. Ella tiene muy buena cabeza, y quiere labrarse un futuro donde pueda utilizarla. ¡Pero a ver quién le dice eso a mamá! ¡Está demasiado celosa de Ino como para admitir siquiera que es lista!
Sakura no creía que holly fuera así, pero lo dejó pasar.

— ¿Y tú?

—Cómete el pastel —siguió Ino—. Está bueno. Sí, yo también puedo ser lista. Con solo dos semanas en casa de la señora Fairfax encontré el conjuro que estamos usando. Me levantaba por la noche para leer sus libros en secreto y fue muy fácil. Luego le pregunté si podía visitar a mi familia y me dijo que sí. Es un cielo. Creyó que tenía morriña. Así que vine con el conjuro y Ino volvió con la señora Fairfax haciéndose pasar por mí. Lo más difícil fue la primera semana, cuando no sabía todas las cosas que se suponía que ya me habían enseñado. Fue horrible. Pero descubrí que le caigo bien a la gente. ¿Sabes? Funciona cuando a ti también te caen bien los demás, y todo salió bien. Y la señora Fairfax no ha despedido a Ino, así que supongo que ella también se las habrá arreglado.

Sakura masticó el pastel que no estaba disfrutando.

—Pero, ¿por qué lo has hecho?

Shion se balanceó en el taburete, con una gran sonrisa sobre la cara de Ino, haciendo girar los pulgares de contento.

—Quiero casarme y tener diez hijos.

— ¡Eres demasiado joven! —exclamó sakura

—Es verdad —admitió shion —. Pero comprenderás que tengo que empezar bastante pronto si quiero tener diez. Y así tendré tiempo de ver si la persona que quiero me quiere por mí misma. El conjuro irá desapareciendo poco a poco, y cada vez seré más yo misma.
Sakura estaba tan maravillada que se terminó el pastel sin darse cuenta de qué clase de pastel era.

— ¿Y por qué diez hijos?

—Porque esos son los que quiero —respondió shion.

— ¡No tenía ni idea!

—Bueno, no tenía mucho sentido contártelo porque tú siempre le dabas la razón a mamá sobre que yo tenía que hacer fortuna —dijo shion —. Creíste que mamá lo decía en serio. Y yo también, hasta que papá murió y vi que lo único que quería era librarse de nosotras: colocó a Ino donde conocería a muchos hombres y se casaría pronto, y a mí me mandó lo más lejos que pudo. Estaba tan enfadada que pensé que valía la pena intentarlo. Hablé con Ino y, como ella estaba igual de enfadada, nos pusimos de acuerdo. Ahora estamos satisfechas. Pero las dos nos sentimos mal por ti. Eres demasiado lista y buena para pasarte el resto de tu vida encerrada en esa tienda. Hemos hablado de ello, pero no sabemos qué hacer.

—Estoy bien —protestó Sakura—. Tan solo es un poco aburrido.

— ¿Que estás bien? —Exclamó shion - Sí, claro, y por eso no has venido a verme durante meses y cuando por fin a pareces, es con un horrible vestido gris y con ese chal. ¡Parece que hasta yo te doy miedo! ¿Qué te ha hecho mamá?

—Nada —dijo Sakura incómoda—. Hemos estado muy ocupadas. No hables así de holly, shion. Es tu madre.

—Sí, y yo me parezco a ella lo bastante para entenderla — replicó shion —. Por eso me mandó tan lejos, o al menos lo intentó. Mamá sabe que para explotar a alguien no hace falta portarse mal con él. Ella sabe lo obediente que eres. Sabe que tienes esa idea metida en la cabeza de que vas a ser un fracaso por ser la mayor. Y te ha manejado perfectamente y ha conseguido que trabajes como una esclava para ella. Seguro que ni siquiera te paga.

—Todavía soy aprendiza —protestó Sakura.

—Y yo también, pero recibo un salario. El señor chouza sabe que lo valgo —dijo shion—. La sombrerería está ganando una fortuna, Sakura. ¡Y todo gracias a ti! Tú hiciste el sombrero verde con el que la mujer del alcalde parece una colegiala, ¿a que sí?

—El verde manzana. Yo lo adorné —dijo Sakura.

—Y el bonete que llevaba Jane Ferrier cuando conoció a aquel noble —continuó shion—. Eres un genio con los sombreros y la ropa, Sakura. ¡Y mamá lo sabe! Sellaste tu futuro cuando le hiciste aquel vestido a Ino para la fiesta del año pasado. Y ahora eres tú quien gana el dinero mientras ella se divierte por ahí.

—Ella hace las compras —dijo Sakura.

— ¡Las compras! —gritó Shion. Sus pulgares giraban enfurecidos—. Eso lo liquida en media mañana. La he visto, Sakura. Y he oído los rumores. ¡Anda por ahí en un carruaje alquilado y con ropa nueva gracias a lo que ganas tú, y visita todas las mansiones del valle! Dice que va comprar esa casa tan grande en Vale End y establecerse a lo grande. ¿Y qué haces tú?

—Bueno, Holly se merece disfrutar un poco después de todo lo que ha trabajado para criarnos a las tres —dijo Sakura—. Supongo que yo heredaré la tienda.

— ¡Menudo destino! —Exclamó shion —. Oye...Pero en ese momento en el otro extremo de la habitación estaban retirando dos rejillas vacías y un aprendiz consiguió asomar la cabeza entre ellas.

—Me pareció oír tu voz, ino—dijo, sonriendo con un aire de lo más amistoso y galante—. Acaba de salir otra hornada. Díselo a todos —su cabeza, cubierta por cabello rizado y un tanto harinoso, volvió a desaparecer. A Sakura le pareció un muchacho simpático. Estaba deseando preguntar si era el que a shion le gustaba de verdad, pero no tuvo ocasión. Shion se levantó a toda prisa sin dejar de hablar.

—Tengo que decirle a las chicas que saquen esto a la tienda.

Ayúdame con esta —dijo arrastrando la bandeja más cercana.

Sakura la ayudó a llevarla hasta la tienda, ruidosa y llena de actividad— Tienes que hacer algo por ti misma, Sakura — continuó shion mientras avanzaban—. Ino no dejaba de repetir que no sabía que pasaría contigo cuando no estuviéramos nosotras para darte un poco de confianza en ti misma. Y tenía razón en preocuparse.
En la tienda, la señora akimichi tomó la bandeja en sus enormes brazos, gritando instrucciones, y una hilera de ayudantes pasó corriendo junto a shion para recoger las demás.

Sakura se despidió a voces y se deslizó entre el tumulto. No le parecía apropiado quitarle más tiempo a Shion. Además, quería estar a solas para pensar. Se fue a casa corriendo. Desde el prado donde se encontraba la Feria, junto al río, estaban lanzando fuegos artificiales que competían con los relámpagos azules del castillo de naruto. Sakura se sintió más desvalida que nunca.

Durante toda la semana siguiente no dejó de pensar y pensar, y lo único que consiguió fue sentirse confundida y descontenta. Las cosas no parecían ser como ella creía, listaba asombrada por lo que habían hecho ino y shion. Durante muchos años las había mal interpretado. Pero no podía creer que holly fuera el tipo de mujer que decía su hermana.

Tuvo mucho tiempo para pensar porque, aunque tenten se marchó para casarse y sakura estaba casi siempre sola en la tienda, holly parecía pasar mucho tiempo fuera, divirtiéndose o no, y el negocio se tranquilizó después de las fiestas. Tres días más tarde, Sakura se atrevió a preguntarle a holly.

— ¿No debería ganar un sueldo?

— ¡Claro que sí, cariño, con todo lo que haces! —Respondió holly cariñosamente, colocando un sombrero rosa en el escaparate—. Me encargaré de eso en cuanto haya hecho las cuentas esta noche. Y entonces salió y no regresó hasta que Sakura ya había cerrado la tienda y se había llevado a casa los sombreros del día para adornarlos.

Al principio Sakura se sintió mal por haber hecho caso a shion, pero cuando holly no mencionó su sueldo ni aquella noche ni en toda la semana, empezó a pensar que shion tenía razón.

—A lo mejor me está explotando —le dijo a un sombrero que estaba adorando con seda roja y un ramillete de cerezas de cera—, pero alguien tiene que hacer estas cosas, o no habría sombreros para vender. Terminó el sombrero y estaba mirando uno blanco y negro, muy elegante, cuando se le ocurrió otra cosa:

— ¿Acaso importa que no haya sombreros para vender? —le preguntó. Miró a su alrededor, a los sombreros colocados en sus hormas o esperando en un montón a que ella los adornara—. ¿Para qué servís, vamos a ver? —les preguntó—. A mí desde luego no me estáis sirviendo para nada bueno.

Y a punto estuvo de salir de casa a buscar fortuna, cuando recordó que era la hermana mayor y que no valía la pena. Volvió a tomar el sombrero con un suspiro.

A la mañana siguiente todavía seguía descontenta, sola en la tienda, cuando una joven de aspecto ordinario entró hecha una fiera, haciendo girar un bonete color champiñón que sujetaba por los lazos.


— ¡Mira esto! —Exclamó la joven—. Me dijiste que era el mismo bonete que llevaba Jane Ferrier cuando conoció al conde. Y era mentira. ¡No me ha ocurrido nada de nada!

—No me extraña —dijo Sakura, sin poder contenerse—. Si eres tan tonta como para llevar ese bonete con esa cara, es que no tienes seso ni para distinguir al mismísimo Rey si apareciera por aquí. Eso si no se convirtiese en piedra nada más verte, claro.

La clienta le lanzó una mirada asesina. Luego le arrojó el bonete y salió de la tienda. Sakura lo metió con cuidado en la papelera, jadeando. Según decían las reglas, el que pierde los nervios, pierde un cliente. Y acababa de demostrar que era cierto. Lo que más le preocupó fue darse cuenta de cómo había disfrutado.


Sakura no tuvo tiempo de recuperarse. Se oyó el sonido de las ruedas y los cascos de un caballo y un carruaje oscureció el escaparate. La campana de la tienda repiqueteó y entró la clienta más elegante que había visto nunca, con un chal color arena sobre los hombros y un traje negro en el que centelleaban diamantes. Los ojos de Sakura se dirigieron en primer lugar hacia el ancho sombrero de la señora, que tenía auténticas plumas de avestruz teñidas para reflejar los rosas, verdes y azules que refulgían en los diamantes, y seguía pareciendo negro al mismo tiempo. Aquel sombrero era muy caro. El rostro de la dama era de una belleza minuciosa. El pelo azul oscuro le hacía parecer joven, pero... Los ojos de sakura se posaron en el joven que la había seguido. Tenía un rostro ligeramente impreciso y el pelo rojizo, iba bastante bien vestido pero estaba pálido y obviamente disgustado. Miró a Sakura con una especie de horror suplicante.


Era más joven que la señora. Sakura estaba confundida. — ¿La señora Haruno? —preguntó la dama con voz musical pero autoritaria.
—Sí, soy yo —contestó Sakura. El hombre parecía más turbado que nunca. Tal vez la señora fuese su madre. —He oído que hace unos sombreros maravillosos —dijo la señora—. Muéstremelos.

Sakura no se creía capaz de contestar con el humor en que estaba. Fue a la trastienda para sacar sombreros. No había ninguno de la categoría de aquella dama, pero notó que el hombre la seguía con la mirada y aquello le puso nerviosa. Cuanto antes descubriera la señora que aquellos sombreros no eran adecuados para ella, antes se marcharía la extraña pareja.

Así que siguió el consejo de holly sacó primero los que menos la favorecerían.

La señora los rechazó de inmediato. —Encantador —le dijo al bonete rosa—. Juventud —comentó sobre el verde manzana. Para el que tenía velos y brillos, añadió—: Aire misterioso, qué obviedad. ¿Qué más tiene?

Sakura sacó el sombrero más elegante, en blanco y negro, que era el único que podría remotamente interesarle. Ella lo miró con desprecio.

—Este no vale de nada a nadie. Me está haciendo usted perder el tiempo, señora Haruno.

—Solo porque ha entrado usted en la tienda y ha pedido un sombrero —dijo Sakura. Detrás de la señora, el hombre abrió la boca y pareció intentar prevenirla por señas—. No somos más que una tienda pequeña en una ciudad pequeña. ¿Por qué se ha molestado en entrar? —terminó Sakura, preguntándose qué estaba ocurriendo.

—Siempre me molesto cuando alguien trata de oponerse a la bruja del Byakugan —dijo la dama—. He oído hablar de usted, señora Haruno, y no aprecio ni su competencia ni su actitud. He venido a pararle los pies. Eso es —extendió la mano con un movimiento descuidado hacia el rostro de Sakura.

— ¿Quiere decir que es usted la bruja del byakugan? —tembló Sakura. Le pareció que la voz le había cambiado del miedo y el asombro.

—Lo soy —dijo la dama—. Y a ver si esto le enseña a no entrometerse con cosas que me pertenecen.

—No creo que yo haya hecho algo así. Debe de haber algún error —gimió Sakura. El hombre la estaba mirando completamente horrorizado, aunque ella no sabía por qué.

—No es ningún error, señora Haruno —dijo la bruja—. Vamos, tokuma —se dio la vuelta y avanzó hasta la puerta de la tienda.

Mientras el hombre la abría servilmente, la bruja se dio la vuelta y le dijo a Sakura—: Por cierto, no podrás decirle a nadie que estás bajo los efectos de un conjuro —dijo. La puerta de la tienda se dobló tras ella como una campana fúnebre.


Sakura se llevó las manos a la cara, preguntándose qué habría visto el hombre. Y palpó arrugas suaves y curtidas por el sol. Se miró las manos y también estaban arrugadas, y muy delgadas, con grandes venas en el dorso y nudillos huesudos. Se levantó las faldas y bajó la vista hasta los delgados y decrépitos tobillos y unos pies que habían deformado los zapatos. Eran las piernas de una persona de unos noventa años y parecían ser de verdad.

Sakura se acercó al espejo y descubrió que cojeaba. El rostro del espejo estaba bastante tranquilo, porque encontró lo que esperaba ver: el rostro de una anciana enjuta, demacrada, rodeado de un halo de escaso pelo blanco. Se miró con expresión trágica.


—No te preocupes, viejita —le dijo Sakura a la imagen—. Pareces estar muy sana. Además, esta cara se corresponde mejor con tu estado de ánimo.


Pensó en su situación con bastante calma. Todo parecía haberse vuelto tranquilo y distante. Ni siquiera estaba especialmente enfadada con la bruja del byakugan.


—Bueno, claro que tendré que ocuparme de ella en cuanto tenga oportunidad —se dijo—, pero mientras tanto, si ino y shion pueden soportar ser otra, yo también puedo aguantarlo.


Lo que no puedo hacer es quedarme aquí. A holly le daría un ataque. A ver. Este traje gris es apropiado, pero necesito el chal y algo de comida. Avanzó cojeando hasta la puerta y colocó con cuidado el cartel de CERRADO. Las articulaciones le crujían al moverse.


Tenía que caminar despacio e inclinada hacia delante. Pero descubrió aliviada que era una anciana fuerte. No se sentía débil o enferma, solo agarrotada. Fue a recoger su chal y se lo colocó por encima de la cabeza, como hacían las señoras mayores.

Luego recorrió lentamente la casa y recogió su bolsa con unas cuantas monedas y un hatillo con pan y queso. Salió de la casa, escondió la llave con cuidado en el sitio de siempre y se alejó calle abajo cojeando, sorprendida por lo tranquila que se sentía.


Dudó si despedirse deshion, pero no le gustó la idea de que no la reconociera. Era mejor marcharse sin más. Decidió que escribiría a sus dos hermanas cuando llegara a donde fuera y siguió andando, atravesando el prado donde había estado la feria, cruzando un puente y recorriendo senderos. Era un día cálido de primavera. Sakura descubrió que ser un vejestorio no le impedía disfrutar de los colores y aromas de mayo en los setos del camino, aunque tenía la vista un poco nublada.


Le empezó a doler la espalda. Avanzaba a buen paso, pero necesitaba un bastón. Iba mirando a los lados, por si veía algún palo suelto. Su vista no era tan buena como antes. Le pareció ver un palo, a una distancia de una milla más o menos, pero cuando tiró de él resultó ser el extremo de un espantapájaros que alguien había arrojado al seto.


Sakura lo colocó de pie. La cara era un nabo arrugado. Sakura se compadeció de él. En lugar de hacerlo pedazos y quedarse con el palo, lo colocó entre dos ramas del seto de forma que se cernía amenazadora sobre los espinos.


Sakura lo enderezó y las mangas hechas jirones ondearon sobre los palos.


—Ya está —dijo, y su propia voz ronca la sorprendió tanto que se rio con una carcajada seca—. Ninguno de los dos servimos para mucho, ¿verdad, amigo? Tal vez consigas volver a tu campo si te dejo aquí donde la gente te pueda ver —siguió adelante por el sendero, pero se le ocurrió algo y se dio la vuelta—. Si no estuviera condenada al fracaso por mi posición en la familia —le dijo al espantapájaros—, podrías convertirte en un ser vivo y ayudarme a hacer fortuna. Pero de todas formas te deseo suerte.


Volvió a reírse por lo bajo mientras continuaba. Tal vez estuviera un poco loca, pero eso era normal en las ancianas de su edad.
Alrededor de una hora más tarde encontró un palo cuando se sentó a descansar y a comer el pan y el queso. Oyó ruidos que venían del seto, a su espalda, pequeños gemidos ahogados, seguidos de tirones que hicieron volar pétalos de los arbustos.


Sakura se incorporó sobre sus huesudas rodillas para escudriñar entre las hojas, flores y espinas, y descubrió que allí dentro, en el interior del seto, había un zorro amarillo delgaducho. Estaba atrapado sin remedio con un palo grueso que de alguna forma se había enredado con una cuerda que el perro tenía atada alrededor del cuello. El palo se había enganchado entre dos ramas del seto, de forma que el animal apenas podía moverse. Al ver la cara de Sakura, miró de un lado a otro despavorido. De niña, a Sakura le daban miedo esos tipos de animales. Incluso a su edad se alarmó al ver las dos hileras de colmillos relucientes en las mandíbulas abiertas de aquel animal. Pero se dijo a sí misma: «Tal y como estoy ahora, casi no merece la pena preocuparse», y buscó las tijeras en la bolsa de costura. Cuando las encontró, metió la mano entre las ramas y se puso a cortar la cuerda que el zorro tenía alrededor del cuello.
El zorro era totalmente salvaje. Intentó alejarse de ella y gruñó. Pero Sakura siguió cortando con valentía.


—Te vas a morir de hambre o a asfixiarte —le dijo al zorro con voz cascada—, a menos que me dejes que te suelte. De hecho, me parece que han intentado estrangularte. A lo mejor por eso eres tan fiero.


Le habían atado la cuerda con fuerza alrededor del cuello, y el palo había servido para retorcerla con maldad. Sakura tuvo que esforzarse mucho para conseguir cortar la cuerda y que el zorro pudiera salir por debajo del palo.


— ¿Quieres un poco de pan con queso? —le preguntó Sakura.
Pero el zorro le gruñó, se abrió paso hacia el lado opuesto del seto y se alejó—. ¡Qué ingrato! —exclamó frotándose los brazos arañados—. Pero me has dejado un regalo sin quererlo.


Sacó el palo que había tenido el perro atrapado en el seto y descubrió que era un bastón bien torneado con la punta de metal.
Sakura terminó el pan y el queso y se puso de nuevo en camino. El sendero se fue haciendo cada vez más empinado y el bastón le sirvió de gran ayuda. También le servía de compañero de conversación. Al fin y al cabo, las personas mayores suelen hablar solas.


—Ya van dos encuentros —dijo—, y ni rastro de gratitud mágica en ninguno de los dos. De todas formas, eres un buen bastón. No me quejo. Pero estoy segura de que me aguarda un tercer encuentro, mágico o no. Es más, insisto en que tiene que haberlo. Me pregunto qué será.

El tercer encuentro llegó hacia el final de la tarde. Cuando Sakura había avanzado hasta la parte alta de las colinas, un campesino se acercó hacia ella silbando por el sendero. Sakura pensó que sería un pastor, que volvía a casa tras cuidar de sus ovejas. Era un hombre joven muy apuesto, de unos cuarenta años más o menos.

-¡Dios mío! —se dijo Sakura—. Esta mañana me habría parecido un hombre mayor. ¡Cómo lo cambia todo el punto de vista!- Cuando el hombre vio a Sakura murmurando para sí, se apartó con cuidado hacia el otro lado del sendero y la saludó con gran amabilidad.
— ¡Buenas tardes, madre! ¿Hacia dónde va?

-¿Madre? —Dijo Sakura —. ¡Yo no soy tu madre, joven!
—Era solo una forma de hablar —dijo el pastor, apartándose Lentamente hacia el seto del otro lado—. Solo le he preguntado por educación, al verla caminar por las colinas a esta hora de la tarde. No volverá a Upper Folding antes de que anochezca, ¿verdad?

Sakura no se había parado a pensarlo. Se detuvo y lo consideró.
—Lo cierto es que no importa —dijo, a medias para sí misma—. No se puede ser escrupuloso cuando se sale a buscar fortuna.

-¿De verdad, madre? —dijo el pastor. Ya había dejado atrás a Sakura y pareció sentirse más tranquilo—. Entonces le deseo buena suerte, siempre que su fortuna no tenga nada que ver con hechizar el ganado de los demás. Y avanzó sendero abajo a grandes zancadas, casi corriendo. Sakura lo miró indignado.


— ¡Me ha tomado por una bruja! —le dijo a su bastón. Le dieron ganas de asustar al pastor gritando cosas desagradables, pero le pareció una maldad. Siguió avanzando cuesta arriba, refunfuñando.

Al poco tiempo llegó a las tierras altas cubiertas de brezos, donde los setos de ambos lados del camino habían desaparecido. A lo lejos se veían pendientes cubiertas de hierba amarilla que se agitaba con el viento. Sakura siguió adelante con determinación. Para entonces le dolían los pies viejos y nudosos, la espalda y las rodillas. Estaba tan cansada que no podía ni murmurar, pero siguió adelante, jadeando, hasta que el sol se acercó al horizonte. Y de repente comprendió que no podía dar un paso más. Se dejó caer sobre una piedra junto al camino, preguntándose qué hacer.


--¡La única fortuna en la que puedo pensar ahora mismo es una silla cómoda! —exclamó. La piedra resultó ser una especie de mirador, que le ofreció a Sakura una vista magnífica del camino por el que había venido. A sus pies se extendía casi todo el valle con sus campos, vallados y setos, los meandros del río y las mansiones elegantes de los ricos que resplandecían entre las arboledas bajo el sol poniente, hasta llegar a las montañas azules a lo lejos. Justo debajo se veía Market Chipping. Sakura contempló sus calles que le resultaban tan familiares. Ahí estaban la Plaza del Mercado y casa akimichi. Podría haber tirado una piedra por la chimenea de su casa, junto a la sombrerería.


— ¡Qué cerca estoy todavía! —le dijo Sakura a su bastón, desanimada—. ¡Tanto andar para llegar justo encima de mi propio tejado! Cuando el sol se ocultó se quedó fría sentada en aquella piedra. Hacía un viento desagradable que soplaba desde todos los lados al mismo tiempo cuando Sakura intentaba guarecerse de él. Ahora ya no le parecía tan poco importante pasar la noche en las colinas. No dejaba de pensar, cada vez con mayor insistencia, en una silla cómoda junto a la chimenea, y también en la oscuridad y los animales salvajes. Pero si regresaba hacia Market Chipping, no llegaría antes de la medianoche. Lo mismo le daba seguir adelante. Suspiró y se levantó. Le crujieron todos los huesos. Era horrible, le dolía todo.


— ¡Nunca me había dado cuenta de lo que tienen que soportar los ancianos! —exclamó mientras avanzaba cuesta arriba con dificultad—. De todas formas, no creo que me coman los lobos. Debo estar demasiado seca y dura. Es un consuelo.


La noche venía con rapidez y las altas colinas cubiertas de brezo eran de un azul grisáceo. El viento se volvió más afilado.

Los jadeos y los crujidos de sus huesos resonaban con tanta fuerza en sus oídos que tardó un momento en darse cuenta de que no todos los chasquidos y jadeos procedían de ella misma.


Levantó la vista nublada. El castillo del mago Naruto se acercaba traqueteando hacia ella sobre el brezo. Tras sus negras almenas ascendían nubes de humo negro. Era una figura alta, delgada, pesada y fea, y realmente siniestra. Sakura se apoyó en su bastón y lo observó.


No estaba particularmente asustada. Se preguntó cómo se movería. Pero lo que más le llamó la atención fue que aquel humo debía significar que dentro de aquellos muros negros y altos habría una chimenea.

—En fin, ¿por qué no? —le dijo al bastón—. Dudo mucho que el mago Naruto quiera mi alma para su colección. Solo acepta jovencitas.
Levantó el palo y lo agitó con autoridad en dirección al castillo.


— ¡Alto ahí! —gritó. El castillo obedeció deteniéndose con mucho estruendo, a unos veinte pasos colina arriba. Sakura se sintió tremendamente agradecida mientras avanzaba cojeando hacia él.


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Re: .....El Castillo Vagabundo.....Capitulo 2....03-08-2017

Mensaje por aduzumaki el Lun Ago 07, 2017 3:03 am

me encanta como llevas la adaptación estoy ansiosa por el siguiente capítulo
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Re: .....El Castillo Vagabundo.....Capitulo 2....03-08-2017

Mensaje por Moonwalker el Lun Ago 07, 2017 3:53 pm

Me gusta como llevas la trama y el desarrollo, sigue asi vas por buen camino espero el siguiente capitulo mañana :v hay muchos fanfic olvidados espero que tu no seas de ellos q:v
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Re: .....El Castillo Vagabundo.....Capitulo 2....03-08-2017

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