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Canción de mar (+16)(05/03/16)(1/¿?)

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Canción de mar (+16)(05/03/16)(1/¿?)

Mensaje por Anónimo el Dom Mar 06, 2016 1:29 pm

La historia originalmente no es mía, es una clásico, pero es de mis favoritos, y por ellos he decidido adaptarlo a una de mis parejas favoritas. Espero no les aburra y lo disfruten.

Spoiler:
Sakura nadó con la velocidad de un huracán.

El viento golpeó sus mejillas, y el sol bañó su cuerpo con tanta calidez que se sintió tan viva como nunca antes. Cuando llegó a la costa de una vieja cueva, donde la marea subía y golpeaba bruscamente, ella se sentó al filo de una roca y miró nuevamente aquel cielo despejado y brilloso, como una mañana primaveral, que en lo alto se perdía de tan hermoso día. ¡Oh grato cielo, tan brillante como su sonrisa!, Sakura bajó la mirada y se observó en el reflejo del mar; se vio a ella, con los ojos esmeraldas aperlados y la sonrisa brillosa como el sol, vio su cuerpo desnudo y su cabello color rosa cayendo como espuma de mar al aire y, por sobre todo, miro su cola a lo largo, de tono verde-opaco, tan larga que la punta tocaba las aguas agitadas.

Y en aquella mañana tan esplendida, se sintió tan orgullosa de ser una sirena, galopando contra corriente en la superficie de su hogar. Aunque aquello estuviera prohibido y seguramente su padre la regañase por tal descaro y falta, pues según él, era una zona peligrosa y maldita, era como las aguas oscuras de la bruja del mar.

Pero ella no miraba el peligro ni lo horrible, al contrario, en la superficie Sakura descubría un nuevo mundo, lleno de color y vida; una vida muy peculiar en aquellos seres semejantes a ella, pero con piernas. Su padre los llamaba monstruos, ella les decía humanos. Humanos extraños y divertidos, que hacían cosas grandiosas con un poco de metal y fuego.

Muchas veces subía a la superficie a la costa, cerca del pueblo humano que habitaba al otro lado, y miraba. De vez en cuando tomaba uno que otro objeto lo suficientemente maravilloso como para que valiera la pena, y en otras ocasiones, las mareas se lo llevaban al fondo del mar. De hecho, en aquella cueva, ella guardaba sus más preciados objetos. Eran su tesoro, eran su vida…

Sakura se sumergió y entró a la cueva por un agujero de la roca en la parte baja. Allí guardó un collar de perlas y un tenedor, no sin antes probarse el collar como una corona ante un pedazo de cristal que de igual manera guardaba. Era su único espejo, donde cada mañana se asombraba al ver su reflejo. Y siempre se sorprendía de quién era, cada día, como si fuera su madre. La reina tritón.

Luego de mirarse y acomodar todo, Sakura regresó a su casa. Nadó tan veloz como pudo y al entrar en los dominios de su padre, bajó la velocidad para simular siempre haber estado allí, pues sino su padre se enfurecería como nunca en la vida y eso le podría costar su colección en la cueva.

Para la noche, ella ya estaba junto a sus cinco hermanas, cantándole a la luna, y sentadas a un lado del trono de su padre, como princesas del mar, como doncellas de la noche.



--¿Y qué te dijo?—Preguntó Ten Ten con cierto entusiasmo.

Ino emboscó una tierna sonrisa que brilló aun en el fondo del mar, tomó asiento sobre un hongo marino, y miró a sus cinco hermanas, casi todas acomodadas y evidentemente emocionadas, con excepción de Sakura, cuyo rostro se limitaba a mirar el infinito mar que se extendía sobre ellas. Ella estaba ansiosa, contenta, cautivada, rápidamente extendió su mano y en uno de sus delgados y largos dedos, mostró una hermosa joya azul marina.

--Que si quería ser su princesa.

Todas las hermanas gritaron de alegría y movieron sus colas con tanta emoción que el mar se mostró turbulento en la superficie.

--¡Que hermoso!—Dijo Temari.

--¡Que emocionante!--Dijo Konan juntando sus manos y mirando muy feliz a su hermana.

--Me alegro, Hermana—Dijo Sakura muy feliz, más no satisfecha. Ella aun no podía creer que su hermana se fuera a marchar en poco menos de un mes. Agregó--. Aunque aún te puedes arrepentir.

Ino rio.

Ino no era la mayor de todas, pero si la más enamorada. Hace poco menos de un año que había conocido al hijo del reír de la Atlantis; un joven de cabellera negra y ojos apagados, que con una actitud engañosa y despreocupada, había podido cautivar el corazón rudo y sigiloso de Temari. Y ella estaba por casarse, en la próxima luna llena que albergara los cielos. Era como u dulce sueño que Sakura saboreaba, aun cuando el amor no era un tema que le preocupase.

--¡Las voy extrañar!—Gruñó Temari, alzando los brazos y besando las mejillas de sus hermanas--. Y como regalo, les concedo mi último deseo.

Todas la miraron asombrada, pues aquello era oro. Ellas, como hijas del rey, tenían por derecho cinco deseos a conceder. Cinco deseos tan poderosos como el amor con el que se hacían, y en aquella última noche, Temari deseaba concederles un deseo a cada una de sus hermanas. Todas incluso Sakura, se apresuraron para formarse.

--¡Konan!—Dijo Ino muy contenta--. Te concedo Sabiduría, para que la futura reina elija las mejores soluciones—Se acercó a su bella hermana mayor, y besó su mejilla con mucha ternura.

La siguiente fue Ten Ten.

--A ti te doy la fuerza, para que seas el pilar del castillo y jamás permitas injusticias--. Besó su frente. Siguió Karin.

--A ti te do astucia, servirá de mucho ante los problemas—Besó su mano.

Temari fue la siguiente, y con un salto abrazó a su hermana y le sonrió.

--A ti te doy la belleza, es un arma mortal, úsala bien—Ino besó la sien de la joven rubia y le devolvió la sonrisa.

Y entonces miró a Sakura, la más pequeña y joven de sus hermanas. La más Obstinada y terca, hecha un caos con aquel cabello largo y rosa. La iba extrañar tanto… ¿Ahora quién la iba a encubrir en sus escapadas a la superficie?

--Y a ti te doy algo muy especial—Le dijo Temari--. Para que ya no te metas en problemas. Te doy…

--¡¿Y dónde está la hermosa futura reina?!

El rey, de cabello largo y blanco, de ojos esmeraldas y cola alagada como la de una bestia feroz, entró a paso veloz y sonrió con los brazos abiertos y los ojos entusiastas de un padre orgulloso. Detrás de él, todo un elenco de la corte marina, con adornos y joyas majestuosas propias de las sirenas.

Ino se giró al instante y nadó apresuradamente para abrazar y besar la mejilla de su padre. A él también lo iba a extrañar como a nadie, y para él iba a ser su último deseo, pero sabía perfectamente que no lo aceptaría hasta el fin de sus días. Quizá después.

El resto de la noche, celebraron en familia. Pues aquellas iban a ser de las últimas que pasarían los siete juntos.

Los días siguientes fueron de lo más normal; entre preparativos y arreglos. De hecho Sakura había tenido nada de tiempo para poder mirar la superficie, pues si lo hubiera hecho se habría dado cuenta del barco que zarpó en un corto viaje donde el príncipe del reino más cercano estaba en busca de tesoros a los alrededores. No obstante, su tiempo lo ocupó en arreglar el gigante castillo de su padre, de pasar tiempo con su hermana favorita que estaba por marcharse, y de planear lo que será de ella tras haberse marchado.

Entonces llegó el glorioso día de la boda. El mar era turbulento, las olas se alzaban con mayor emoción golpeando las costas, y por debajo, estaba inundado por todas las sirenas posibles; de varios reinos, de varios lugares, con decoraciones marinas y piedras preciosas. El Rey Tritón era la misma alucinación de la felicidad, con una espléndida sonrisa de orgullo, pues una de sus hijas se casaba con las sirenas del Atlántico. Una unió perfecta, soñada…Así debían ser todas sus hijas, su orgullo.

Pero para Sakura aquello no era tan emocionante como para todos. En realidad era maravilloso ver a su hermana enamorada y sonriente, siempre a un lado de su futuro esposo, como toda una reina, y sin embargo su problema yacía en lo aburrido que era todo; la música clásica, el canto gutural de otras Sirenas, el sonido del mar agitándose y el cielo despejado. No obstante, Sakura mantuvo su sonrisa radiante, y para cuando la noche cayó, ella se arrinconó en un hongo marino y miró a todos danzar al son de la música.

--¡Que el mar y el cielo celebre en tu nombre, amada hija!—Dijo su padre, alzando en lo alto su tridente de oro, y con este un rayo salió hacia el cielo estrellado. El cielo, tranquilo y apacible, se puso brusco y ruidoso con varios rayos y truenos, lo que en conclusión significaba la unión eterna.

Sakura miró desde lo profundo el cielo que antes era un mar de estrellas, ahora los rayos y relámpagos iluminaban aquel infinito oscuro. Y todos, con un canto de victoria, continuaron la fiesta bajo la luz de la luna llena.

--¿Me concede esta pieza, princesa ?—Le preguntó un hombre, de cabello pelirrojo y mirada profunda. Su cola era alargada y de tono carmesí, como un rubí.

Sakura alzó la mirada para encontrar a unos ojos destellantes.

--Príncipe Sasori--Dijo ella con suave voz--. Es un honor.

Y por supuesto que no lo era, de hecho no le agradaba y mucho menos le gustaba. Se trataba de joven príncipe, cerca del mar asiático, el más lejano. Pero si algo Sabía Sakura era Cortez cuando lo ameritaba, y aquella pieza lo era evidentemente. Sakura se levantó y, tomada de la mano, se dirigió a la pista y para danzar como tantos años le habían enseñado; un conjunto de pasos previamente ensayados, con canciones famosas y lentas. La danza del Rey y la Reina.

--En realidad había deseado sacarla a bailar desde que la vi llegar, princesa—Le susurró en el oído, y Sakura afirmó serena--. Oh vamos, puedes decir lo que desees, princesa, que respetaré sus sabías palabras, y su hermosa voz.

Sakura lo miró, y con una tierna sonrisa le dijo;

--En realidad no me agrada, su alteza.

Sasori la miró y soltó una grata sonrisa y sincera. Luego continuó bailando abrazado a ella.

Sakura por otro lado, ya estaba deseando que la pieza terminara, cuando de repente se le ocurrió mirar la superficie, ya sea por curiosidad o por un acto inconsciente ante su aburrimiento. Y allá, en lo alto, miró algo que la dejó boca abierta.

Pues entre aguas turbias y tormentas, había un barco, y aquel barco se estaba haciendo trisas y hundiendo.

La canción terminó, y Sakura le dio las gracias al príncipe antes de nadar rápidamente y salir de aquel lugar. Saludó a su padre, y con una tierna sonrisa pidió permiso para marcharse a dormir. Su padre aceptó demasiado feliz e inconsciente de su hija, que son un gesto de mano continuó cantando. Pero Ino no era tonta, Ino era su hermana mayor y ella conocía a Sakura, y cuando Sakura se marchaba rápidamente, Ino la detuvo.

--Quizá no sea buena idea—Le dijo--. Quizá será mejor que bailes un poco más con el príncipe, parece que le gustas…

--¿Con el idiota ese?—Sakura soltó una carcajada--. Lo siento tanto por él--. Sakura abrazó a su hermana y le susurró al oído--. Te adoro, prometo no tardar.

--Sakura…

--¡Sólo quiero ver qué sucede!, prometo regresar antes de que todo esto acabe.

Ino, no muy convencida, aceptó. Y con una tierna mirada, dejó marchar a su hermana menor, sin saber que aquel pequeño acto terminaría por ser el comienzo de su más grande tristeza. Ya lo presentía.


Sakura nadó contra corriente a gran velocidad, y entre más cerca estaba, más turbulento se mostraban las aguas frías. Pero no se detuvo, ella deseaba ver el gran barco. Y cuando llegó al epicentro del caos, vio como aquel gigante barco peleaba contra las olas que su padre había hecho salvajes, como una fiera atacando a su presa.

--Por Tritón… --Susurró Sakura al darse cuenta de lo grave del asunto.

El barco trataba de calmarse, el hombre, los humanos al mando de aquella máquina de madera, gritaban y con mucho esfuerzo corrían de un lado a otro. Las cuerdas caían de un lado a otro; barcos pequeños bajan por un costado lleno de tripulantes mojados y asustados. Las olas golpeaban los costados y movían bruscamente los barriles y cajas.

Sakura siguió el barco hasta que las olas lo jalaron a la costa rocosa del lugar. Y aun así, la marea era tan alta y salvaje. Sakura trató de ayudar, tocó el mar y apaciguó las olas en lo que más pudo. Pero su padre era mucho más fuerte, que apenas y pudo ayudar un poco.

Y entonces, entre gritos y lloriqueos, los tripulantes señalaron a lo lejos. Sakura apenas tardó un segundo en ver de qué se trataba, y ahogó un grito cuando, a lo lejos, vio a un hombre sobre una tabla, inminente a su muerte al ser chocado con violencia contra las rocas filosas. Sakura tomó un gran respiro y nadó como nunca, esquivo madera vieja y rocas, y en un abrir y cerrar de ojos llegó al lago de aquel hombre para abrazarlo y llevárselo lejos. Tan lejos como su aleta se lo permitió, pues aquel hombre pesaba.

Y cuando las agua se tornaron tranquilas y el cielo volvió a ser estrellado. Sakura dejó al hombre en la costa más cercana al reino que habitaba los humanos. Sakura salió un momento del mar y se recostó en la arena totalmente cansada, aun lado del hombre. Luego comenzó a reír.

--¿Salvé a un humano? ¿Ayudé a un barco?—Se dijo--. ¡Si se entera mi padre me va a matar!

Sakura soltó un largo suspiro, y a pesar de su terrible error, ella se sentía completa y satisfecha. Había salvado a un humano.

Entonces se giró, y sus ojos esmeraldas se clavaron en aquel rostro joven. En aquel rostro cálido y reluciente. En aquel rostro tranquilo y apuesto…

Tenía el cabello rubio pegado al rostro, y los ojos cerrados. Tenía un labio partido y su piel estaba completamente mojada, pálida y fría. Sakura lo observó un rato, pues jamás había visto a un humano de cerca; tocó su rostro, pasó sus manos por cada parte de su cuerpo y sonrió ante la calidez que desprendía poco a poco.

--¿Quién eres?—Le preguntó al joven, y aunque este no le respondió, Sakura soltó una suave risa--. De nada, joven y apuesto humano del barco.

El rubio se quejó e hizo un sonido suave, apenar perceptible, pero Sakura que lo miraba muy atenta, saltó y se escondió rápidamente en el mar. Tras un rato de ver que aquel hombre no se levantaba, Sakura regresó y lo miró de nuevo. La Arena bajo su cabeza seguía húmeda y de un tono oscuro, pronto notó que bajo la melena rubia había una herida que sangraba.

--¡Está sangrando!—Se dijo alterada, y como si el tiempo se acabara, Sakura regresó al mar y nadó en lo más profundo para cortar una planta pegajosa y alargada. Al regresar, la masticó por un rato y luego se la colocó en la herida. El rubio se quejó con un gruñido sin abrir los ojos, y Sakura le colocó una mano en la suya--. Tranquilo, sanará.

El resto de la noche y parte de la mañana del día siguiente Sakura cuidó del humano.

Le llevó todo aquello que pareciera útil; un cuenco de agua dulce, más planta medicinal y frutas silvestres. Abrazó el cuerpo del hombre por la noche, y por el día lo cubrió del sol sofocante. Sakura acarició su mano y cuidó delicadamente, incluso, cuando lo miró durante un rato, le cantó.

--Dicen que si le cantas a alguien, este querrá regresar contigo—Le susurró muy contenta mientras acariciaba su rostro… Y sus labios…

Sakura jamás había visto a un joven tan apuesto, ni tan inocente y dulce, como aquel que yacía en sus brazos esa mañana.

De repente, mientras ella le cantaba una suave melodía, el hombre rubio se movió, y poco a poco comenzó a abrir los ojos. Sakura no se asustó, pues en esa ocasión deseaba ver sus ojos, deseaba escuchar su voz… Deseaba que la mirara. Sin embargo, al alzar la mirada, Sakura vio que alguien venía, y temerosa regresó al mar a toda prisa. Se escondió tras una gran roca de la costa, y observó desde lo lejos.

Se trataba de una mujer de larga melena tan negra como la noche, con un bello vestido azul y corsead blanco. Caminaba con una sombrilla en la espalda, y miraba el infinito mar, como si aquel azul le susurrara secretos. Era hermosa y caminaba con mucha elegancia. Por un segundo, Sakura deseó ser como ella, con piernas y un cabello seco y esponjoso, no obstante sus pensamientos fueron interrumpidos al ver al hombre rubio moverse, cual despertar de un grato sueño.

Inmediatamente la mujer de cabello negro lo vio, y con un abrir suave de sus labios, soltó el paraguas y salió corriendo a un lado del hombre tirado en la arena, con ropas mojadas y rasgadas. Sakura sintió una pulsada de dolor al ver a la hermosa joven arrodillarse del chico rubio, y tomarlo por las manos para ayudarlo a sentarse.

--¿Se encuentra bien?—Preguntó, con una voz aguda y dulce. Demasiado dulce, pensó Sakura--. ¿Necesita que busque ayuda?

El hombre abrió los ojos, y Sakura quedó asombrada ante dos preciosas rocas azules, tan brillosas como el amanecer y tan profundas que sintió el deseo de nadar a su lado. El hombre de ojos azules rápidamente se tocó la cabeza y gruñó adolorido. Alzó el rostro, y se encontró cerca del rostro de la hermosa joven de ojos grises y cabello oscuro.

--¿Q-Qué… Qué sucedió?, yo… No recuerdo nada… Mi barco—El hombre, abrió los ojos y miró a su alrededor--. ¡Mi tripulación! ¿Qué sucedió?

--Y-Yo… No lo sé… --La mujer se alejó un poco, y tras mirarlo unos largos segundos, agregó asombrada-- ¿Su alteza?

El rubio la miró. Pronto un recuerdo le llegó a la mente; uno dulce y bello, donde una hermosa mujer lo sacaba del mar, y lo cuidaba. Naruto observó a su alrededor, vio el cuenco de agua, las plantas medicinales y las frutas recolectadas por colores. Regresó sus ojos a los grises de la hermosa mujer.

--¿Tú me has cuidado?—Le preguntó, y una tenue sonrisa se asomó en sus labios.

Sakura frunció el ceño al ver a la chica de cabello negro afirmar y tomar la mano del humano rubio. Sakura negó y en voz baja chilló molesta agitando su cola. No era verdad, por supuesto que no, pues ella misma había cuidado toda la noche a aquel hombre, no esa mujer de piernas.

--Mi nombre es Naruto, Naruto Uzumaki, el príncipe de Konoha, y a ti—Naruto le sonrió e inclinó su cabeza--. Bella doncella, te doy las gracias por haber salvado mi vida.

La chica se sonrojó al instante.

--Y-Yo… Soy Hinata, una humilde chica del pueblo su alteza, no debe darme las gracias. Fue un honor…

--¡Las gracias no es suficiente!—Naruto se levantó lentamente--. Estoy infinitamente agradecido, me encantaría que me ayudaras a llegar al palacio, y allí te daré las gracias a como se merece.

Hinata sonrió y afirmó muy cariñosa, tomó a Naruto por el brazo y lo ayudó a caminar mientras este se recuperaba del todo. Naruto estaba encantado y realmente agradecido, pues a pesar de ser una hermosa joven humilde, y ser muy buena para cuidar de los demás, tenía una voz hermosa…

Porque él, lo que más recordaba de su salvadora, era su hermosa voz.
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