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Dinastía griega capitulo 7/+17/ 25/03/16

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Dinastía griega capitulo 7/+17/ 25/03/16

Mensaje por kumiko el Dom Dic 20, 2015 10:31 am

Sudor dinastia griega de lynne graham no me pertenece es un libro que se adaptar al narusaku:_kuku:

Onion ok espero que le guste Onion *o*

                                                 introducción


Aquel matrimonio nunca había sido consumado… hasta ahora
Hacía ya ocho años que Sakura se había visto obligada a casarse con Naruto Namikaze, pero siempre habían vivido separados y ni siquiera habían consumado el matrimonio.
Sin embargo, ahora Sakura deseaba tener un hijo, por lo que quería pedirle el divorcio a Naruto. Pero su respuesta fue rotunda: él era su marido y sería también el padre de su hijo.
Al principio Sakura  se negó a intentarlo siquiera; al fin y al cabo, Nikolos era un conocido donjuán. Pero entonces las circunstancias la empujaron a sus brazos y la hicieron cambiar de opinión…


Prólogo
INCRÉDULO, Naruto  Namikaze  miró a su padre.
-No es verdad. No puede ser verdad. ¡Poseemos una de las empresas más grandes de Grecia! Minato, un hombre apuesto de sienes plateadas, no lucía su mejor aspecto. Su complexión era cetrina y profundas arrugas de cansancio marcaban su rostro.

-Asumí un riesgo y no dio resultado. De hecho, fue un desastre. La empresa está endeudada y el banco se está poniendo muy nervioso. Me hicieron hipotecar todo lo que poseemos pero aun así no están contentos. Si nos aprietan las tuercas ahora, ¡lo perderemos todo!
Naruto no dijo nada. «¿Todo? ¿Hasta la casa de la familia?». Estaba tan enfadado, que no se atrevía a hablar. Su abuelo, Orestes, le había enseñado que un hombre debía anteponer por encima de todo el honor y la seguridad de su familia. En vida del anciano la fortuna familiar había estado en manos protectoras y seguras.

Pero Minato Namikaze no trabajaba de esa manera. Aunque había cumplido ya los cincuenta, todavía estaba desesperado por probar que podía dirigir la empresa y hacer negocios con tanto éxito como el que había tenido su legendario padre. Sin embargo, había perdido millones persiguiendo transacciones de alto riesgo.

-Si te sirve de consuelo -balbuceó Minato-, tenías razón con aquello de que el asunto Arnott era demasiado bueno para ser cierto.
Naruto se giró, herido por la confesión.

-¿Hiciste la compra incluso aunque los hermanos Kutras te aconsejaron que lo evitaras?
Minato Namikaze dio un respingo y se dirigió a su primogénito con una mirada lastimera.
-Pensé que estaban intentando quedarse con el negocio para ellos.

Naruto apretó los dientes en silencio sin mirar a su padre. Se avergonzaba del furioso desprecio que sentía por él. Minato era un buen hombre, un buen padre y un buen marido. Era querido y respetado por todos, pero su inteligencia no era demasiado grande y como empresario era un desastre. Por otra parte, Naruto había dedicado su tiempo libre cuando era adolescente a especular con acciones y fondos que le habían convertido en millonario incluso antes de acabar el colegio. Contemplar a su poco perspicaz padre sin poder hacer nada por sus tropiezos y estúpidos errores era, para Naruto, el peor de los castigos.
-Seré franco contigo. Puede que estemos con el agua al cuello pero nos han ofrecido una vía de escape -le confió su padre con una cierta tensión-. La oferta vino de alguien inesperado. De hecho, me sorprendió... En cualquier caso, dije que no podía ser. Que no estaría bien...
Intentando controlar su impaciencia, Naruto miró a su padre con el ceño fruncido.

-¿Qué es lo que no estaría bien?
-No puedo pedirte que hagas un sacrificio como ese a tu edad -dijo su padre evitando la mirada inquisidora de Naruto-. Sólo tienes veintidós...

-¿Y qué tiene eso que ver con lo que estamos hablando? Minato Namikaze suspiró y su aliento sonó como un silbido.

-Theo Haruno se ha ofrecido a respaldamos económicamente. Naruto estalló en una carcajada de incredulidad.

-¿Theo Haruno? ¿Estás tomándome el pelo? ¿Desde cuándo nos movemos en esos círculos?
-Parece que podemos movemos en esos círculos si queremos -murmuró Minato.

-Haruno es tan frío como un cadáver -dijo Naruto sin que las palabras de su padre causaran la menor impresión en su broncíneo rostro-. Si te encamas con él, amanecerás con un cuchillo clavado en las costillas.

-En otras circunstancias, esa hubiera sido también mi actitud. Pero Theo está ofreciendo más bien una unión familiar y no una simple transacción comercial.
Al oír estas palabras, Naruto se quedó paralizado.
-No querrás decir lo que estoy pensando...
-Hay que considerar las circunstancias de Haruno-dijo su padre con sonrojo.
-Consideras mal.

-El único hijo que tuvo Theo murió hace unos diez años -insistió Minato resistiéndose a las objeciones de su hijo-, va ahora por su tercera esposa y todavía no ha tenido otro hijo. Sólo tiene a su nieta inglesa. Quiere que Sakura se case con un muchacho griego de buena familia, lo cual no es sorprendente teniendo en cuenta que la chica es medio inglesa y, además, ilegítima. Haruno es un hombre chapado a la antigua y está ofreciendo un trato chapado a la antigua.

Incapaz de dar crédito a lo que estaba oyendo, Naruto guardó silencio.
-Si te casaras con ella y tuvierais un niño, el mundo sería tuyo -Minato respiró con gravedad-. Sí, también sería nuestra salvación, pero tú eres ambicioso y ella es
Como la gallina de los huevos de oro. Hablar de un acuerdo así en fríos términos monetarios es algo vulgar, pero es mi deber llamar tu atención sobre los obvios beneficios que conllevaría.

Naruto cerró los ojos. Estaba disgustado porque su padre se hubiera rebajado a considerar un acuerdo como ése. ¿Sakura, a quien sus amigos habían dado el apodo de Pudding por su amor hacia los pasteles de baklava, iba a ser su esposa?

Sólo pensar en ello le enfurecía. Apenas la conocía, aunque en algunas ocasiones había intervenido al verla ignorada o insultada en eventos sociales. Su desconocimiento del griego y su naturaleza confiada hacían de ella un blanco fácil, puesto que independientemente de lo que le dijeran, ella sonreía y se comportaba de una manera agradable.

Su incapacidad de defenderse había enfurecido a Naruto. Odiaba a los matones y habría hecho lo mismo por cualquier criatura desamparada demasiado estúpida para cuidar de sí misma en un mundo hostil. Pero, ¿habían sido sus triviales exhibiciones de buenos modales, esos actos menores de compasión por su parte, los responsables de esa esperpéntica proposición matrimonial? La sospecha hizo que las facciones de su severo rostro se endurecieran. Cuando él entraba en la misma habitación, ella se iluminaba como un árbol de Navidad. ¿Había decidido Sakura contarle a su adinerado padre lo mucho que le gustaba Naruto Namikaze?
-Papá... -la voz distraída de la hermana de Naruto, Karin, rompió el incómodo silencio a través de la ventana que daba a la terraza-. Sé que no debería haber estado escuchando pero, aunque me muera si nos volvemos pobres, no puedes pedirle a Naru que se case con la nieta de Theo Haruno. ¡Es una vaca gorda y vulgar como un cerdo!
-¿Cómo te atreves a esconderte detrás de la puerta para espiar una conversación privada? -la vergüenza provocó que Minato Namikaze  respondiese con una ira que su consentida hija había rara vez presenciado-. Déjanos...

-Pero, ¡es cierto! -protestó la hermosa adolescente, marcando su territorio y desafiando la autoridad de su padre-. Naruto tendría que ponerle una bolsa de papel en la cabeza para poder comer con ella en la misma mesa, por no hablar de otras cosas más personales. Es fea y él es tan guapo...
-Fuera -ordenó Naruto a su hermana con una frialdad feroz.
Minato contempló cómo su hija se retiraba con lágrimas en los ojos obedeciendo a la orden de su hermano mayor.
-Desde luego, nunca he visto a la chica -Minato dejó escapar un suspiro de lamento-. Si está tan mal, puede que Karin tenga razón. No te podría pedir que te cases con ella.
Naruto contuvo una carcajada sardónica. Que esa fuera la única objeción que su padre interponía a tal proposición mercenaria decía mucho de su situación.

Minato Namikaze luchaba contra la desesperación y estaba dispuesto a agarrarse a cualquier clavo ardiendo que le salvara de la ruina. Naruto se preguntó si podía permitirse el lujo de dar un paso atrás y permitir que eso les ocurriera a su padre y a sus cuatro hermanos.
Y, sin embargo, a sus veintidós años de edad, sentía que la vida apenas había comenzado. No tenía nada de inocente, eso era cierto; aunque todavía estaba en la universidad ya había adquirido una reputación de mujeriego. Era verdad que ponía todo su empeño en ir detrás del placer. En cuanto a ese juego, apostaba alto, jugaba duro y rara vez dormía solo. No le iban las reglas de la fidelidad y del compromiso a largo plazo. Todavía no había encontrado una chica que no aceptara esas condiciones. Pero aún no se hacía a la idea de convertirse en esposo de alguien o, peor todavía, en el padre de alguien. De hecho, la idea de ser obligado a aceptar un compromiso como ése en beneficio de su familia, le llenaba de rabia y amargura. Pero también sabía que su abuelo, Orestes, habría dado su propia vida para proteger a sus seres cercanos más queridos...

-Me recuerdas a mi difunto hijo y a su madre -Theo Haruno estudió el rostro de su nieta con fría indiferencia-. Tienes los mismos ojos de cachorro, la misma asustada sonrisa. No tienes agallas y la debilidad me desagrada.

-Si fuera débil, habría vuelto a casa el mismo día que llegué aquí -Sakura levantó la barbilla, sus ojos verdes listos para la lucha mientras, bajo su blusa de algodón, el corazón le latía tan rápido de miedo que sintió náusea.

La antipatía de su abuelo le incomodaba de continuo. Hacía ya tres semanas que había llegado a su magnífica finca y cada día había sido un calvario. Había volado a Grecia con la inocente esperanza de intimar, e incluso querer, a ese abuelo que aún no conocía. En cambio, se había visto forzada a aceptar que era un hombre frío, malévolo, con una lengua viperina y carente de la menor pizca de afecto hacia ella.

-¿Me tomas por tonto? -Theo Haruno se rió al ver su intento de desairarlo-.
¿Por qué crees que te invité a visitarme? ¡Has aceptado todo lo que te he ofrecido porque tu madre está dándole a la botella de nuevo y los acreedores la están esperando en la puerta trasera de su casa!
La decepción le quitó la máscara de compostura que estaba intentando mantener y Sakura no pudo sostener la despreciativa mirada de su abuelo por más tiempo. Avergonzada, dejó caer la cabeza y una cortina de cabello color rosa descendió sobre su redondeado rostro haciéndole aparentar los diecinueve años que, de hecho, tenía.
-¿Acaso no tengo razón? -se burló Theo.

-Sí... -el admitirlo casi hizo que Sakura se atragantara, puesto que le hubiera encantado poder decirle que estaba equivocado y que su madre, tsunade, se había desintoxicado y había dado un giro a su vida. Por desgracia, no era posible decir eso y la despreciativa satisfacción de su abuelo hacía que la humillación doliese aún más. Sospechaba que estaba felicitándose por su clarividencia cuando, dos décadas antes, le sugirió a su hijo que abandonase a su embarazada novia.

-¡Menuda yegua ganadora eligió Apollo para tener a mi única nieta! Podría haber

escogido entre las mejores herederas del mundo. Podría haberse traído una princesa para casarse con ella -Theo Haruno  rugió-. Por aquel entonces yo ya era más rico que Midas y el dinero puede medirse con la sangre más noble. Pero mi hijo no tenía demasiadas luces, ¿no es así? Escogió una mujer que era una derrochadora, una lujuriosa y una prostituta...
Con el rostro en llamas, Sakura se irguió de improviso.

-¡No me quedaré aquí sentada mientras hablas de madre en ese tono!
-¿Qué otra opción tienes? Necesitas mi dinero para sacarla de sus líos.
-Te traje a Grecia sólo porque creo que puedes serme de alguna utilidad -Theo dedicó a su nieta una mirada de impaciencia-. Será interesante comprobar si tienes el cerebro suficiente para reconocer un golpe de suerte cuando se te presenta delante de tus narices.
Prudente quedó asombrada por dicha afirmación.

-¿Qué piensas de Naruto Namikaze ? -le preguntó Theo con una sonrisa irónica. El desconcertante sonido de ese nombre hizo pedazos la compostura de
Sakura. Totalmente sonrojada, apartó su atención de Theo sin percibir la gélida mueca que había en sus labios.
-Es... es amable -consiguió decir finalmente, retirando otras palabras más entusiastas que podrían haberla puesto en evidencia delante de su abuelo.

¿Cómo podía hablar libremente de Naruto sin revelar lo profundos que eran sus sentimientos hacia él? Se había enamorado por primera vez en su vida, pero ése era su secreto y no tenía la menor intención de compartirlo con nadie. Después de todo, Naruto tenía la oscura y peligrosa belleza de un ángel caído y ella era insignificante. Además, tenía sobrepeso. Era un amor sin esperanza y ella lo sabía.

-¿Cuál crees que sería la reacción de Naruto si tuviera que enfrentarse a la pobreza? En ese momento, la familia Namikaze  está totalmente arruinada. Perderán sus casas, sus coches, tendrán que sacar a los hijos jóvenes de sus caros colegios y eso será tan sólo el principio de sus sufrimientos. Después de más de un siglo de riqueza y bienestar, sus padres encontrarán complicado el adaptarse a pérdidas tan grandes -Theo observó cómo la sorpresa y una inmediata simpatía florecían en los

expresivos ojos de su nieta-. Pero tú tienes el poder de salvarlos de un destino tan triste.
-¿Cómo podría ayudarles? -exclamó Prudente, agitada por el retrato que su abuelo había pintado.

-Ayudándome a mí. Si accedes a casarte con el chico de Namikaze, rescataré a su familia de la pobreza y también me ocuparé de los pequeños problemas de tu madre. Seré muy generoso con todos ellos y, por regla general, no soy hombre generoso.

Prudente le devolvió la mirada con los ojos abiertos como platos. Mientras hablaba su abuelo, la boca de Prudente se había entreabierto unas cuantas veces como si quisiera empezar a hablar, pero en cada ocasión una cautela innata la había detenido.

-¿Yo... aceptar casarme con Naruto Namikaze? Pero, ¿cómo puede ser eso? Suena a cosa de locos... y no entiendo de qué manera eso podría ayudarte -dijo temblando.

-Hay método en mi locura -Theo vertió un poco de brandy en una copa de cristal-. Quiero un heredero varón, pero con la excepción de tu padre, mis esfuerzos en ese sentido no tan tenido ningún éxito hasta ahora. En cualquier caso, eres joven y tienes salud. Igual que el chico que los Namikaze. Si la mitad de los rumores que circulan acerca de su virilidad son ciertos, estoy seguro de que no le llevará mucho tiempo llevar a cabo el objetivo que me he propuesto.

Su grosera risa sacó los colores del rostro agónico de su nieta.
-No puedo creer que me estés hablando de esta manera -protestó-. ¡Por lo que más quieras! Naruto jamás se casaría conmigo... no me querría...
-No es cuestión de querer. Eso no importa en absoluto, ¿verdad? No eres ninguna belleza -señaló su abuelo con una despreocupada crueldad que hizo palidecer a Prudente-. Pero, créeme, teniendo en sus manos la posibilidad de elegir entre casarse contigo y ver cómo su preciada familia lo pierde todo, Naruto Namikaze te tomará sin duda como esposa...
-No... -musitó sintiendo un cierto malestar, con sus manos apretadas una contra la otra, puesto que estaba siendo humillada más allá de lo indecible.

-Lo hará. No es un idiota como su padre. Es fuerte y leal hacia su familia. Y en cuanto a ti, tienes la sangre de los Haruno en tus venas y te estoy dando una oportunidad magnífica.
-No es así como lo veo... ¡Estás hablando de chantajear a Naruto para que se case conmigo!
-Me desagradan las acusaciones injustificadas -Theo fijó en ella su mirada de acero-. No se trata de ningún chantaje -especificó con fría claridad-. Le estoy echando una mano a cambio de un pequeño favor. Puedes dar la espalda a mi generosidad si te place.

-Nunca haría eso. Por favor, ayuda a mi madre -le rogó desesperadamente.
-Tienes que aceptar que no me importa en absoluto si tu madre va a la cárcel o se mata con la bebida -afirmó Theo Haruno de forma seca-. Mira por la ventana...

Onion bye  hasta la próxima 


Última edición por kumiko el Sáb Mar 26, 2016 8:28 am, editado 9 veces

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Re: Dinastía griega capitulo 7/+17/ 25/03/16

Mensaje por alexad_uzumaki el Dom Dic 20, 2015 1:49 pm

guao que mierda es ese viejo espero conti

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Re: Dinastía griega capitulo 7/+17/ 25/03/16

Mensaje por aduzumaki el Jue Dic 24, 2015 3:34 pm

Genial espero la continuación Onion ok

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Re: Dinastía griega capitulo 7/+17/ 25/03/16

Mensaje por miltonelche el Sáb Dic 26, 2015 7:23 pm

Espero ver pronto la continuación, por cierto me resulto confuso y un poco complicado saber quien el que habla en el momento pero tu eres el escritor cada quien lo hace a su manera, Saludos

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Re: Dinastía griega capitulo 7/+17/ 25/03/16

Mensaje por enriqueminato el Dom Dic 27, 2015 2:16 am

me gusto mucho el fic aunque no pense q tsunade fuera asi jeejeje espero q cambie y sea una señora q apoye a su hija bueno a esperar el proximo capitulo

enriqueminato
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Re: Dinastía griega capitulo 7/+17/ 25/03/16

Mensaje por kumiko el Dom Dic 27, 2015 6:15 am

Onion *o* buenos chicos gracias Onion kuku por su comentario ya tengo el primer cap lo montare el lunes , este es mi regalo de navidad Rubor Grito Alegria

Prólogo parte2




Después de un momento de duda, Sakura se asomó para mirar hacia los pulcros jardines. Se preguntó qué era lo tenía ver precisamente ahora, con la cabeza agitada de tal modo que le impedía concentrarse. Al rato, reparó en un taxi que estaba esperando en la imponente puerta principal.
-Ese taxi está esperando para llevarte al aeropuerto.
Sakura estaba tan sorprendida por la noticia como él había esperado.
-Ahora... ¿quieres que me vaya?
-Tu equipaje ya está hecho. Si dices que no a la propuesta de matrimonio del chico de los Namikaze, te mandaré de vuelta al Reino Unido inmediatamente y nunca más oirás hablar de mí. Decídete y hazlo rápido.
-¿No puedes ser un poco más razonable? -el pánico hizo presa de Sakura-. Es tan injusto que me lances esta proposición a la cara y que me pidas...
-Lo injusto es que no des la menor muestra de aprecio por el fabuloso futuro que estoy dispuesto a darte -Theo dio rienda suelta a una cruel carcajada de desacuerdo-. Pero haz lo que quieras. ¡Corre de vuelta a las faldas de tu madre y verás lo agradecida que será contigo cuando sepa que podrías haberle dado una seguridad económica de por vida!
Sakura titubeó al escucharle, puesto que sabía que tsunade se consideraba merecedora de una recompensa así después de los sacrificios que había hecho como madre soltera. De hecho, se dio cuenta con claridad de lo que su abuelo estaba haciendo y reconoció la presión que estaba poniendo sobre ella. Se consideraba fuerte y resistente, pero la certeza de la fría e implacable malicia de su abuelo la asustaba y la llenaba de desesperación. Sabía que su abuelo iba en serio. A él no le importaba lo que fuera de ella y no le daría el dinero que necesitaba para ayudar a su madre a no ser que hiciese lo que decía.
-Es una locura -murmuró frenéticamente-. ¡Naruto nunca aceptará casarse conmigo ni en un millón de años! Por amor de Dios, si está saliendo con Hinata Hyuga...
-Así que está acostándose con la Hyuga -Theo se encogió de hombros-. ¿Y qué tiene eso que ver?
-Creía que... que si la quiere... -Sakura parpadeó.
-¿Y qué si la quiere? Eso no tiene nada que ver contigo. El decidirá entre las opciones que tiene. Es griego hasta la médula. Créeme, el honor de la familia y otras consideraciones prácticas y materiales serán de mucha mayor importancia para él que la zorra que ahora ocupa su cama.
Su sangre fría y su descuidado comentario acerca de la vida sexual de Naruto turbaron a Sakura.
-¿Piensas tomar ese taxi hasta el aeropuerto? -preguntó Theo con impaciencia. Sakura se quedó rígida. Naruto Namikaze nunca accedería a casarse con ella, Pensó enfebrecidamente.
Que ellos pudieran formar una pareja era una idea ridícula. Hinata Hyuga era una chica muy guapa: alta y esbelta como un junco, tenía una gloriosa cabellera de color negro azulado y unas delicadas facciones de muñeca. ¿Pero por qué estaba preocupándose por algo que era muy probable que nunca ocurriese?
¿Por qué sé arriesgaba a exaltar a su abuelo con sus objeciones? Tenía que mantener las necesidades de su madre en el centro de su atención; Tsunade había solicitado de ella su lealtad y su entrega filial. Con toda seguridad podía dejar a Naruto la tarea de rechazar la propuesta de matrimonio. ¡Su abuelo a duras penas podría culparla por el rechazo de su futuro prometido!
-Dame una respuesta -le pidió Theo Haruno de forma llana.
-Está bien... Sí, me quedo.
-No lo dudé ni por un instante. Me conmovió el romántico fulgor que observé en tu rostro cuando mencioné el nombre del muchacho -al ver una punzada de vergüenza en los ojos de Sakura, su abuelo prorrumpió en carcajadas y bebió su copa de un solo trago-. Me siento como Eros, el dios del amor. Mi riqueza será tu dote y por lo menos te salvará de la humillación de ser una solterona de por vida.
Esa noche, Sakura no pudo dormir en su opulenta cama de invitados. La enorme villa estaba sumida en el silencio. Desde el momento en que había llegado a Grecia, ese mundo de lujo y privilegio tan ajeno a ella como el clima cálido, se había sentido como si estuviera viviendo en el sueño de otra persona. Sin embargo, no era un sueño agradable; era más bien como una pesadilla en la que todo, incluso la forma que tenía la gente de comportarse, le resultaba extraño. Había hecho todo lo posible por agradar a su abuelo, lo cual había implicado sobreponerse a su timidez natural para ir a los eventos sociales cuyas invitaciones él había aceptado en su nombre.
Ino, la hija adolescente de uno de los amigos de Theo, le había servido de acompañante en todas esas dolorosas incursiones en la alta sociedad.
Sakura había destacado por su invisibilidad en aquellas exclusivas reuniones sociales. Ino pertenecía a una élite de ricos y consentidos jóvenes que vestían a la última moda, se volvían locos por practicar juegos irresponsables en las fiestas y se comportaban como si el mundo fuera un aburrimiento. Sakura los había encontrado tontos y superficiales y las mujeres se habían comportado con ella como arpías. Una y otra vez, se había retirado tras su impertérrita sonrisa, sin atreverse nunca a contraatacar. Sabía que no se podía arriesgar a ofender a nadie, por miedo a que se quejaran a su abuelo. Ni una sola vez había olvidado que su objetivo principal tenía que ver con la desesperada situación de su madre.
Tsunade Hill era una célebre modelo de pasarela cuando conoció a Apollo Haruno y se enamoró de él. El joven playboy griego la había cubierto de caros regalos y le había pedido matrimonio. Durante escasamente un año los padres de Sakura, amantes de las fiestas, habían recorrido el mundo en aviones privados saltando de una fiesta a otra. Confiando en que su amante pronto se convertiría en su marido, Tsunade interrumpió su carrera. Pero cuando Tsunade se quedó embarazada, Apollo Haruno cedió bajo la presión de su padre y se olvidó con rapidez de sus promesas. Tsunade se negó a abortar y él la abandonó. Pero no antes de recordarle a la madre de su futura hija que no era virgen cuando lo había conocido y que, además, había adquirido una incómoda reputación por haber vivido abiertamente con él antes del matrimonio.
Recordando esos últimos insultos que su madre había tenido que soportar, los suaves labios de Sakura se torcieron en una mueca de disgusto. Aquel padre al que nunca había conocido había sido un hipócrita, un mentiroso y un canalla. Tsunade había tenido que recurrir a los tribunales para probar la paternidad de su hija y después de una larga batalla le habían concedido una lamentable pensión para el mantenimiento del bebé que, con frecuencia, el padre se había negado a pagar. ¿Era de extrañar que su madre hubiera empezado a beber demasiado? A los siete años, Sakura fue entregada temporalmente a unos padres adoptivos. Un periódico publicó una triste historia sobre la caída de Tsunade y Apollo Haruno se sintió lo suficientemente avergonzado como para tomar medidas con el fin de asegurar que su ex novia y su hija no acabasen sin techo y viviendo de nuevo separadas. Se les proporcionó a Tsunade y a Sakura una vieja granja en lo más profundo de la campiña inglesa. Si bien Tsunade detestaba la vida rural, a Sakura le encantaba y frecuentemente tenía motivos para agradecer la seguridad que les proporcionaba el tener un techo que nadie podía arrebatarles.
Habiendo presenciado también las muchas y difíciles relaciones amorosas de su madre, Prudente guardaba muy pocas ilusiones acerca de los hombres. Si se había visto envuelta por un destello de romanticismo al pensar en Naruto Namikaze, sólo podía ser el resultado de una estúpida ensoñación. Después de todo, era muy consciente de que los cuentos de hadas no ocurrían en la vida real. Los hombres ricos se casaban con mujeres ricas. Si un hombre rico se casaba con una mujer pobre, ella debía tener, para equilibrar la balanza, alguna característica que la redimiese, como por ejemplo una belleza apabullarte. Pero incluso en el infortunado caso de su madre, la belleza no había producido ningún milagro. Del mismo modo, los hombres atractivos tendían a casarse con mujeres atractivas y Naruto estaba como para caerse de espaldas.
Las chicas de su grupo se amontonaban alrededor suyo, atendían la menor de sus palabras, tonteaban locamente con él, se peleaban por él; en definitiva, se comportaban como arpías. Estaba claro que él se daba cuenta de su poderoso atractivo. Por supuesto, la admiración y la atención que provocaba habían hecho de él un consentido. Un camión repleto de hadas madrinas parecía haberle bendecido en el privilegiado momento de su nacimiento. Tan escasamente inmune a sus atractivos como las otras chicas, Sakura también se había visto impresionada por él. Al principio, había sentido una inocua fascinación por él, pero más tarde había visto algo que la había seducido con desespero. Se trataba de la testaruda galantería de Naruto.
En más de una ocasión, Naruto había llegado a su rescate cuando sus amigos decidían hacer de ella el objeto de su cruel sentido del humor. ¿Por qué? La acompañante de Sakura, Ino, lamentaba tener que llevarla allá donde fuera ella. Su rencor era expresado mediante bromas desagradables y comentarios que iban dirigidos a su falta de atractivo, su peso, su ropa barata y su aparente estupidez.
Los amigos de Ino pronto recogieron el guante que ésta les tendía.
El que Naruto Namikaze fuese en su ayuda con rápidas puñaladas de ingenio para crear una distracción que alejase a sus enemigos era algo que a Sakura le había resultado sorprendente. Después de todo, la mayor parte del tiempo se comportaba como si ella fuera invisible y estuviera muy por debajo de él. Pero aquella desconcertante exhibición de instinto protector masculino la había conmovido profundamente. Naruto podía ser odiosamente arrogante, despótico y presumido, pero también era la encarnación de la más descarada masculinidad. No podía creer que él quisiera aceptar aquel trato.
Al cabo de cuarenta y ocho horas, fue convocada al despacho de su abuelo y Sakura descubrió que estaba muy equivocada a ese respecto.
-Ven conmigo -las duras facciones de Theo lucían una nauseabunda expresión de triunfo-. Naruto Namikaze te está esperando en el estudio. Tuve una reunión con su padre y los abogados esta mañana. Hemos llegado a un acuerdo en todos los puntos esenciales. Me haré cargo de las deudas de tu madre y le adelantaré un fondo para que empiece un programa de rehabilitación. Naruto y tú seréis marido y mujer antes de que acabe este mes.
-¿Marido y... mu... mujer? -un escalofrío sacudió a Sakura nublándole la vista. Su abuelo había estado en lo cierto y ella no: Naruto estaba dispuesto a casarse con ella para salvar a su familia de la pobreza. ¿Tenía él tan poca elección como ella? En su caso, Sakura sabía que jamás podría darle la espalda a su madre y dejar que se hundiera como seguramente haría sin apoyo y tratamiento. Finalmente cayó en la cuenta de que tanto Naruto como ella estaban verdaderamente atrapados por la lealtad y las buenas intenciones. Su corazón le dio un vuelco: ahora no sólo estaba segura de que él no quería casarse con ella, también estaba segura de que ella tampoco quería convertirse en su esposa si éste no la deseaba.
-¡Qué jovencita tan afortunada eres! No hagas esperar a tu novio -sonriendo con burlón deleite, Theo Haruno condujo a su reacia nieta hacia el estudio, a través del vestíbulo-. ¡Ahora que le tenemos en nuestras manos, no dejes que este pájaro se te escape!
Cuando Sakura entró en la gran habitación, chocó con unos resplandecientes ojos azules que le dijeron que Naruto sin duda había escuchado el mordaz comentario de su abuelo. Incluso aunque intentó apartar su mirada, otra parte menos sensata de sí misma quería saborear todos los rasgos de su apariencia. Por desgracia, el traje oscuro que llevaba se combinaba con una camisa blanca que le daba un aspecto intimidante. Nunca lo había visto con una ropa tan formal: podría decirse que estaba vestido para un funeral, pensó con desmayo, sopesando la pétrea impasividad de su figura. Los nervios la hicieron tropezar con la esquina de una alfombra y se golpeó la cadera con una mesilla. Se sintió como una cría de elefante encerrada en una pequeña jaula.
-¡Oh, Dios mío... lo siento! -musitó, enderezando la mesa con frenético gesto. Naruto ya había reparado antes en ese rasgo de Sakura: ella pedía perdón

Incluso cuando no había hecho nada malo. La examinó de pies a cabeza con mirada rigurosa. Al más puro estilo Haruno, ella no había crecido en altura, sino a lo ancho, y apenas le llegaba al nivel del pecho; era pequeña y rellenita. Vestía como una anciana: una falda marrón que casi le llegaba a los tobillos, una blusa suelta de color blanco, una ancha chaqueta de punto que acababa en sus rodillas. Era imposible decir qué había debajo de tanta tela. Naruto se imaginó a sí mismo pidiéndole que se quitara todo para poder ver exactamente qué era lo que iba a obtener en el trato.
Su abuelo no pondría ninguna objeción. Haruno era un maldito bastardo. Le había hecho saber que su nieta estaba enamorada de él y que estaba dispuesta a casarse.
-¿Es necesario que me mires de ese modo? -murmuró Sakura.
-Nunca antes me había tomado la molestia de mirarte.
Naruto siguió estudiándola con una intensidad descarada. Ella iba a ser su esposa. Cuanto antes entendiera que él iba a hacer su voluntad y que el pastel de baklava quedaba descartado del menú, mejor. No estaba gorda, se dijo a sí mismo, sólo un poco rellenita y corpulenta. Prosiguió evaluando sus atributos. Una larga cabellera color rosado, brillante como un otoño inglés. Bien, un punto a su favor, por fin. El cutis perfecto con un rubor color melocotón, otro punto para ella. Los ojos, del mismo verde suave de los árboles en primavera y llenos de infelicidad.
-Por favor... -le pidió Prudente entrecortadamente.
Naruto vio el resplandor de las lágrimas en sus ojos y apartó la mirada de ella.
Ya había visto más de lo que quería ver y estaba enfadado con ella por no saber comportarse. Una chica griega hubiera hecho que se sirvieran los aperitivos mientras hacía al chico preguntas corteses acerca de su familia. ¿Por qué tenía que estar triste? ¿Por la ausencia de romanticismo? ¿Qué más podía exigirle a él?
¿Acaso no iba a conseguir lo que quería? ¿No le había comprado un marido Theo Haruno? Esa humillante certeza lo hirió como un cuchillo envenenado.
Sakura estaba temblando. Se sintió como una esclava puesta en venta en una subasta y le sorprendió vagamente que Naruto no le hubiera examinado la dentadura. Su total confianza en sí mismo también la apesadumbró, ya que había esperado que la propia situación en la que se encontraban derribara la barrera de protocolo y buenos modales que había entre ellos. A la vista de todo esto, su frialdad acobardaba a Sakura.
-Yo no quería esto... Si hubiese otra manera de... -la nerviosa y suplicante voz de Sakura se apagó.
-No la hay. Deberíamos hablar sobre las condiciones -la hermosa boca de Naruto se torció en una sonrisa agria, sin dejarse impresionar por las palabras de Sakura.
-¿Condiciones? -dijo con sorpresa, alzando sus largas y rosada pestañas con expresividad.
-Esto es un matrimonio de conveniencia y somos casi desconocidos el uno para el otro. Funcionará mejor si hablamos con sinceridad desde el principio.
-¿No podemos comportarnos simplemente como amigos? -Sakura suspiró.

Al fondo de la habitación, los abogados de la familia Namikaze aún seguían litigando para obtener un buen acuerdo financiero. Contemplando el aire distraído de su madre y cómo su padre parecía ahogado por la culpa, a Naruto no le pudo parecer más inocente la pregunta de Sakura.
-Los amigos no se casan para tener hijos. Necesito saber qué esperas de mí como marido.
La referencia a los niños le causó una cierta incomodidad a Sakura.
-Sé que no soy la esposa que tú hubieras elegido -dijo Sakura con su pequeño cuerpo en tensión-. Supongo que aprenderemos a arreglarnos sobre la marcha.
-Eso es una invitación al desorden.
-Dices eso y, sin embargo, tampoco te gustaría que te impusiese ningún tipo de regla.
El instinto inquisidor de Naruto dio una señal de alerta. «No, no tiene ni un pelo de tonta», advirtió, frunciendo el ceño con desconcierto.

-Tengo un anillo... perteneció a mi abuela -Naruto le tomó la mano-. Por supuesto, si no te gusta, puedes...
-No... no, es precioso:, precioso, de verdad, de verdad... -un color rosa subió a sus mejillas y la envolvió un raro placer. El anillo de diamantes y rubíes se deslizó en su dedo como si hubiera sido forjado especialmente para ella. Aquel regalo de una reliquia familiar le sorprendió y, al tiempo, la conmovió-. No esperaba algo así...
-Debo decir que la vida está llena de cosas inesperadas -al negarse Naruto en redondo a comprar un anillo de compromiso, su padre le había sugerido usar el de rubíes. Sin embargo, Karin había esperado que Sakura se sintiera ofendida por la ofrenda de una pieza de joyería pasada de moda, aunque valiosa, que hubiera pertenecido antes a otra persona.

-Gracias... -la voz de Sakura estaba llena de emoción.
Estudió el anillo desde todos los ángulos, admirando el profundo brillo escarlata de los rubíes y el resplandor de los diamantes. Que encajara tan perfectamente en su dedo le pareció un buen augurio.

Incomodado por el entusiasmo de Sakura, Naruto se encogió de hombros y permaneció en silencio. Cayó en la cuenta de que, aparte de un deteriorado reloj de plástico, nunca había visto que Sakura llevase ningún tipo de joya y que era perfectamente posible que no poseyera ninguna. De repente, deseó haberle comprado un anillo.
-Pudding... -suspiró con una torpeza poco característica en él-. ¿Te importa que te llame así?
-Por supuesto que no... Siempre he odiado el nombre que me pusieron al nacer
-el mote que tanto la había avergonzado, de pronto, cobró respetabilidad en sus labios y le pareció más que adecuado como un apodo cariñoso-. Intentaré ser la mejor esposa que pueda...
Naruto casi bufó en voz alta. Sabía que ella se estaba muriendo por escuchar las mismas palabras de sus labios, pero no quería mentirle. Aún le quedaba mucho

para alcanzar una cierta satisfacción, si es que alguna vez podía alcanzarla. No quería casarse con ella. Punto y final. Tampoco quería tener un hijo, admitió con amargura. Y no había nada que pudiese cambiar esos hechos irrefutables.
Tres semanas después, casi perdidas en un espumoso, mar de encaje hecho a mano y de cara seda, Sakura caminó hacia el altar del brazo de su abuelo. Aunque daba pasos pequeños, era como si dentro de su mente estuviera flotando en el aire, henchida por la emoción de estar a punto de casarse con el hombre al que amaba. Ni una sola duda hizo sombra sobre su espíritu optimista.
En el transcurso del día, sin embargo, la cruda realidad le iba a destinar una serie de golpes que aplastarían sus dulces esperanzas de futuro. Al cabo de unas horas, su felicidad sería destruida y su confianza hecha añicos. Cuando su novio se emborrachó hasta caer inconsciente en el banquete de bodas y tuvo que ser arrastrado al lecho nupcial, sólo Theo Haruno careció del tacto necesario para echarse a reír. Herida y humillada más allá de lo que podía concebir, Sakura olvidó haber albergado alguna vez la esperanza de que ellos dos pudieran comportarse como un matrimonio de verdad, tal era la mortificación que sentía por su ingenuidad. A pesar de su sentido común, esa noche de bodas que nunca llegaría a consumarse iba a convertirse en la noche más larga de su vida...




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Re: Dinastía griega capitulo 7/+17/ 25/03/16

Mensaje por enriqueminato el Dom Dic 27, 2015 8:56 am

bueno el segundo capitulo me gusto espero con ansias el proximo capitulo

enriqueminato
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Re: Dinastía griega capitulo 7/+17/ 25/03/16

Mensaje por alexad_uzumaki el Dom Dic 27, 2015 2:15 pm

muy interesante espero el tercer capitulo

aunque lo físico no lo es todo se siente raro que sakura sea un poco rellenita

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Re: Dinastía griega capitulo 7/+17/ 25/03/16

Mensaje por kumiko el Mar Dic 29, 2015 4:21 am

Onion ok bueno como les dije ... Onion kuku  Onion estrés que prologo tan largo , espero que le guste el primer cap y referente con el aspecto físico de sakura ya aquí no esta rellenita ...ya no digo nada , espero que les agrade montare muy seguido los cap es porque ya me queda pocas vacaciones Mesapalm  Perdon  y ya horita entro la U  Onion D:  Onion wall



Capítulo 1

N0 podré ir a tu fiesta -le dijo Naruto a la mujer que estaba recostada sobre la cama mientras se ponía la chaqueta del traje con la fluida elegancia que caracterizaba todos sus movimientos.
-Por favor... te lo ruego... -cubierta tan sólo por un albornoz de seda color turquesa, Shion Benson dio un salto y envolvió el cuello de Naruto con sus brazos, usando su esbelto cuerpo de supermodelo como un arma letal de persuasión-. Quiero que estés allí.
-Nada de ataduras- le recordó Naruto, irritado por su insistencia. Su relación tenía una naturaleza muy simple. No era exclusiva, ya que frecuentemente pasaban meses sin verse. Sólo veía a Shion cuando iba a París o Bruselas. Como complemento de Tania, Naruto disfrutaba también de la compañía de una rubia islandesa en Nueva York y una voluptuosa modelo rusa en Londres.
-Ésta es la primera vez que te pido un favor -protestó la pelirrubia poniendo mala cara.
Naruto se encogió de hombros. La chica no tenía que habérselo pedido. Con lo que le daba, Naruto ya era suficientemente generoso con ella. Por otro lado, Shion sabía cómo estaban las cosas tan bien como él.
-¡Tampoco pudiste venir el año pasado!
-Tengo otra cita -su tono era frío y entrecortado.
Naruto entraba y salía de su vida según le venía en gana. Sin dar explicaciones ni excusas. Así había sido el acuerdo entre ambos. Naruto  no deseaba otra cosa.

Y mucho menos la idea de que lo exhibieran como un trofeo en alguna fiesta de celebridades. Sería una indiscreción, ya que su simple aparición en cualquier fiesta de postín era garantía de fotos y comentario en las columnas de cotilleo de las revistas del corazón. Naruto admitió con nostalgia que no siempre le había importado tanto la atención pública que su vida atraía.
-Sé a qué cita te refieres... -furiosa por la manera en que la habían rechazado, Shion lo miró con el ceño fruncido.
-La limusina está esperando -entrecerró sus oscuros ojos, sus hermosos rasgos quedaron, de repente, rígidos e impasibles.
-Es su cumpleaños, ¿no es así? El cumpleaños de tu esposa -le espetó Shion.
-Tengo que irme -la brillante mirada de Naruto  guardaba una reservada frialdad. Se limpió con la mano su abrigo de cachemira y se dirigió hacia la puerta.
-Vi una foto suya en una revista. Llevaba puesto un gorro de lana y unas horribles botas de agua estampadas con flores. Tenía un conejo en los brazos...
¿Cómo es posible que la prefieras a ella? -sollozó Shion melodramáticamente.
Pálido de furia bajo su broncínea piel, Naruto se demoró el tiempo suficiente para advertirle de que su relación había acabado y que no la visitaría jamás. Con un destello tormentoso en su fría mirada, entró en la limusina. Las botas de flores habían sido uno de los pocos regalos con éxito que había conseguido hacer a su esposa. ¿Cómo se atrevía Shion a reírse de ella? Nunca hablaba de Pudding con nadie, ni siquiera con su familia. Pero el estado de su matrimonio despertaba bastante curiosidad. Después de todo, llevaba casado casi ocho años y durante la mayor parte de ese período de tiempo había vivido lejos de ella.
Sorprendentemente, el tiempo había hecho poco por borrar de su memoria el recuerdo de su desastrosa boda. Cuando recordaba el comportamiento que había tenido al final de la fiesta, se apoderaba de él una sensación de culpabilidad totalmente ajena a su naturaleza. Raramente se permitía pensar en ello: no se arreglaba nada haciéndolo. Había tenido que aceptar el que Pudding se negara a discutir el asunto. Nada más podía hacerse. Por un lado, ella se había negado a escuchar siquiera las explicaciones de Naruto o a aceptar sus disculpas; por otro, él era demasiado orgulloso como para admitir que no recordaba nada de lo que había ocurrido durante la noche de bodas. Naturalmente, su falta de memoria le había causado cierta preocupación. ¿Había caído tan bajo como para hacer pagar a Sakura en la cama por la injusticia de la que él se sentía víctima? ¿Había tratado a Sakura con brusquedad?
Dichas aprensiones masculinas atormentaban todavía a Naruto en sus momentos bajos y le hacían sentir la fría puñalada de un presentimiento, puesto que conocía sus defectos demasiado bien. Tenía un temperamento endiablado. Era demasiado duro y, recientemente, le habían llamado, con frecuencia, insensible y cruel. Para tratar con Theo Haruno era necesario ser esas dos cosas a la vez. De no haberse mostrado fuerte y despiadado, todavía estaría dependiendo de la buena voluntad del abuelo de su esposa. Muy al contrario, Naruto había devuelto ya el

dinero de las deudas de su padre, dejando a su familia en una posición financiera segura. Había comprado de vuelta su independencia.
Había pocas personas que le importaran verdaderamente. Mientras que se mostraba totalmente dispuesto a hacer cualquier cosa por ayudar a esos pocos, permanecía indiferente hacia los problemas del resto. En cuanto a Sakura, intentaba hacer con ella un gran esfuerzo por ser un hombre más dulce, amable y compasivo de lo que en la vida real podía ser. El temperamento de Sakura era diametralmente opuesto al suyo. Sakura no era agresiva ni astuta. Al contrario, la maldad humana siempre sorprendía a Sakura, que vivía ateniéndose a las más elementales reglas de convivencia. Altruista, generosa y simpática, había estudiado para obtener un título de enfermera veterinaria y ahora dedicaba su tiempo libre a cuidar de los animales en el refugio que dirigía. Entre bambalinas, él intentaba protegerla de todos los que intentaran aprovecharse de su naturaleza confiada. Era natural que se preocupara por ella: al fin y al cabo, era su esposa. Quizá hubiera llegado la hora de poner fin a la separación entre ambos, admitió Naruto con pereza.


Sakura se levantó a las seis de la mañana el día de su cumpleaños y, como siempre, dejó caer su mirada sobre la fotografía de Naruto  que ocupaba un lugar de honor en la mesilla de noche: sus rubio cabellos alborotados por la lluvia, sus impresionantes ojos azul centelleando, su blanca y perfecta dentadura sonriendo mientras se secaba en la cocina. Le había sacado la foto el año anterior, durante una de sus visitas relámpago. Tenía álbumes enteros llenos de fotos, recortes de la prensa rosa y todo tipo de recuerdos de Naruto. Durante mucho tiempo se había comportado como una adolescente, asumiendo el cargo de presidenta de un club secreto de fans de un solo miembro.
Aunque sólo lo veía unas pocas veces al año, Naruto  había sido todo ese tiempo el centro de su mundo. Su voz tranquila y parsimoniosa al teléfono, así como la enfermera que se había empeñado en contratar, habían animado a Sakura durante el largo y lento declive de su madre y su posterior muerte el año anterior. Había disfrutado de unos cuantos días en Londres, quedando con él para comer y para visitar sus nuevos edificios de oficinas o sus más recientes adquisiciones comerciales. Aunque nunca habían vivido juntos como marido y mujer, Sakura  se sentía orgullosa por haber tenido la madurez suficiente para haberse sobrepuesto a la desilusión de la noche de bodas y ganarse su confianza como amigo.
Sólo después de la muerte de Tsunade, había empezado a pensar en sus propias necesidades y en lo que era mejor para ella. Inmediatamente había empaquetado los álbumes para apartarlos de su vista. Alimentar un mórbido interés por Naruto y echar leña a ese fuego adolescente por un amor no compartido no le estaba haciendo ningún favor. Habiéndose hecho a esa idea, puso todas sus energías en su refugio de animales. Había superado su añoranza por Naruto y ése era un logro del que se sentía bien orgullosa. Lentamente, pero a paso firme, se había dado cuenta de cuáles eran

las cosas que la hacían feliz. Había decidido que para ser completamente dichosa necesitaba tener un hijo al que dedicar todo el amor que se sentía capaz de ofrecer. Y, muy afortunadamente para ella, la ciencia médica hacía posible que no tuviese que depender de Naruto para cumplir sus deseos de maternidad.
Animada por la simple idea de ser madre, Sakura agarró la foto de Naruto, abrió el cajón de la mesilla de noche y la metió dentro. Antes de ponerse a pensar siquiera en tener un hijo debía obtener el divorcio. Estaba preparada para dar ese paso. Una vez divorciados, Naruto desaparecería de su vida. Sakura estaba convencida de que, si Naruto  seguía manteniendo un contacto regular con ella, era sólo debido a un arraigado sentido del deber y la responsabilidad. Pronto, algún día, desaparecería de su vida...
Un inesperado golpe en la puerta del dormitorio sacó a Sakura de sus perturbadores pensamientos. Dottie, una vigorosa y pequeña mujer de unos cincuenta años, apareció con una amplia sonrisa y la bandeja del desayuno.
-Dottie... Por amor de Dios, ¡no era necesario que... !
-Después de todo lo que ha hecho la señora por Sam y por mí... ¡Es su cumpleaños! Disfrútelo. Hoy nosotros daremos de comer a los animales...
-¡De ningún modo! Va a venir Leo y también el veterinario. Tendrás bastante trabajo mientras estoy fuera. En cualquier caso, haberme preparado el desayuno es más que suficiente.
Pero, por supuesto, Dottie y su marido, Sam, los inquilinos de la pequeña casa de campo, le habían llevado también una tarjeta de felicitación y un regalo para ella. Sakura comenzó la rutina del día más tarde de lo que estaba acostumbrado.
-Así que... hoy es el gran día -comentó Leo cuando llegó para ayudarla-. ¿Lista para el despegue?
-Deja de tomarme el pelo -Sakura lanzó una alegre mirada de reproche al rubio y alto profesor. Sirvió una mezcla de salvado molido a una vieja pareja de asnos. El refugio disponía de unos cuantos voluntariosos ayudantes, pero Leo Burleigh era el más asiduo y competente. Vivía bastante cerca y en los últimos años se había convertido en su mejor amigo-. Naruto ni siquiera pestañeará cuando le cuente mis planes. Es imperturbable...
-Cuando se trata de una decisión propia, tal vez -intervino Leo con ironía-. Pero me sorprendería mucho que fuera igual de liberal en lo que respecta al estilo de vida de su esposa...
-Cielos, no me llames así -Sakura echó un poco de zanahoria y manzana a la comida de los asnos antes de proseguir hacia el siguiente techado para atender al zorro huérfano que le habían traído-. No soy ni nunca seré la esposa de Naruto...
-Y a pesar de eso, él se refiere a ti como su esposa en las entrevistas...
-Es porque los periodistas le hacen esas preguntas estúpidas e impertinentes y se ve forzado a fingir...
-Quizá no esté fingiendo. Podría deberse tan sólo a que es un magnate griego chapado a la antigua y absolutamente sexista...
-¡Naruto no está chapado a la antigua!

-¿De verdad que no? Hay quienes opinarían que aceptar un matrimonio de conveniencia por razones familiares es algo bastante anticuado. Tiene también un harén de mujeres, pero eso no le impide considerarte su esposa...
- Naruto me considera una amiga, aunque sospecho que hace unos años... -Sakura agachó la cabeza, deseando que Leo no hubiese mencionado las amantes de su marido. Se le revolvía el estómago cuando alguien hablaba sobre ese particular-; Bueno, entonces, Naruto sabía lo que sentía por él. Creo que ésa es la razón por la cual no solicitó el divorcio en el momento en que se vio libre de mi abuelo.
-Realmente le pusiste las cosas fáciles a  Naruto  en lo que a eso respecta
-meditó Leo mientras observaba a Sakura ocupándose del cachorro-. ¿No te culpó tu abuelo por abandonar a tu marido y volver a Inglaterra para ocuparte de tu madre?
-Para entonces, a mi abuelo no le importaba ya un comino lo que hiciese
-contestó Sakura sardónicamente.
Justo cuando Theo Haruno estaba a punto de divorciarse de su esposa, ésta había anunciado que estaba embarazada. Radiante por la idea de ser padre, Theo había perdido interés por la descendencia de Naruto y Sakura. Por desgracia, el asunto había concluido de forma funesta ya que las pruebas de ADN revelaron que el niño no era, en realidad, hijo suyo. Tuvo lugar un divorcio muy amargo y la respuesta de Theo fue todo menos educada cuando Sakura le escribió con su mayor sinceridad para ofrecerle sus simpatías.
-Pero, como marido tuyo, puede que Naruto tenga una perspectiva muy diferente en su manera de ver tus actuales planes -le advirtió Leo-. Sólo te digo que tengas cuidado cuando le menciones lo del banco de esperma...
-No pensaba decírselo todavía -se sonrojó Sakura-.
Naruto no llegaría hasta la una. Pero una pareja que había solicitado adoptar un perro le hizo una visita y, para cuando se marcharon, a Sakura se le había hecho ya tarde. Se puso la falda gris, la blusa y la chaqueta que reservaba para ocasiones especiales y empezó a pintarse las uñas con prisa. Casi dio un grito cuando se le cayó el pincel derramando esmalte de uñas sobre la blusa y la falda. Ya podía escuchar el batir de aspas del helicóptero de Naruto. Explorando un armario que no le ofrecía muchas alternativas, eligió un vestido color cereza que usaba para el jardín y se lo puso. Le llegaba hasta los tobillos, pero dejaba al descubierto sus hombros y la mayor parte de sus brazos. Miró su reflejo en el espejo e hizo una mueca. Desdobló una pashmina de color lila y se envolvió con ella como si se estuviera preparando para una ventisca.
Le gustaba cubrirse por completo y detestaba llevar puesta cualquier cosa que pudiera llamar la atención sobre su cuerpo. En cierta ocasión, su madre había llorado inconsolablemente, decepcionada porque su única hija no hubiera heredado su rubia y esbelta belleza. Sakura había aceptado su carácter hogareño y, por tanto, no pensaba mucho en su aspecto. Medía un metro sesenta, tenía un busto generoso y anchas caderas. Aunque la corpulencia que había tenido de adolescente había

Desaparecido ya, Sakura era consciente de que no tenía ninguna esperanza de adquirir el aspecto esbelto, grácil y elegante que había imaginado en sus fantasías adolescentes.
El helicóptero aterrizó en la pista cercana a la casa. Naruto, inmaculado en su traje gris marengo, surgió del interior y se dirigió a la puerta principal. Otro hombre apareció por la puerta del granero sosteniendo una bala de paja en sus brazos.
Ambos intercambiaron saludos. Naruto  llamó al timbre. Justo cuando iba a intentarlo de nuevo llamando a la puerta trasera, Prudente apareció, sin aliento y sonrojada.
- Naruto...
-Pudding... - Naruto se agachó para besarla en ambas mejillas.
El cabello rosado de Sakura desprendía un delicado aroma a flores. Naruto  dio un paso atrás, sintiéndose extrañamente incómodo con ella por primera vez en muchos años. Se preguntó si debería mencionarle a Sakura que las pashminas se deben llevar sueltas en lugar de atadas, pero finalmente decidió no molestarse.
Sakura recorrió el cuerpo de Naruto con sus ojos verde. Como siempre, la fascinaba. Los rayos del sol resplandecían en su corto pelo rubio, resaltando su espléndida estructura ósea y sus azules y profundos ojos. Era increíblemente alto y atractivo. Sakura se quedó sin aliento, lo cual le molestó. No podía permitirse sentir nada por Naruto. La amistad era algo asexual y ella había aceptado ese hecho mucho tiempo atrás.
-Oh, Dios mío, me olvidé de decirle una cosa a Leo... perdóname --dijo Sakura, corriendo por el patio en busca del hombre al que Naruto había saludado antes.
«¿Leo? Pero Leo es un hombre mayor, ¿no?». Ella mencionaba ese nombre con frecuencia y por ese motivo le resultaba familiar a Naruto. Examinó al hombre rubio y atractivo con el que estaba hablando su mujer. Se puso tenso al ver que  Sakura descansaba su mano en el brazo de aquel hombre con un revelador gesto de confianza. Sakura se rió al escuchar algo que le dijo Leo. Naruto  frunció el ceño.
«¿Quién diablos es este payaso? Sakura es demasiado inocente».
-¿Quién era ése? - Naruto le preguntó a Sakura de vuelta al helicóptero.
-Leo... ¡Cielos, me olvidé de que todavía no os conocéis! Debí a verlos presentado...
-Ahora no importa. Creía que Leo tenía unos setenta y cinco años...
-Ese era su padre, Leo senior. Era un anciano encantador. Solía venir todos los días -Sakura dejó escapar un suspiro de aflicción.
-Recuerdo que lo mencionaste... Y, ¿qué le pasó al encantador anciano?
-Falleció hace unos dieciocho meses.
-Parece que su hijo y tú os habéis hecho muy amigos.
-Pues sí... ¡Ha sido vecino desde hace muchos años y es probablemente el mejor amigo que tengo en el mundo! -le confió Sakura sin vacilar.
El rostro fuerte y sereno de Naruto  se contrajo. Por supuesto, no había nada entre ellos; lo sabía. Sakura no era de ese tipo de mujeres. Era muy mojigata.

Estaba más interesada en el bienestar de los animales y en su jardín, que en los hombres. Con la excepción de él, claro está. Por otro lado,  Naruto  nunca había creído que una verdadera amistad platónica fuera posible entre un hombre y una mujer. De repente, fue consciente de que Sakura pasaba mucho tiempo sola.
El helicóptero los llevó a un exclusivo hotel de campo. Una mesa embellecida con velas y cerámicas exquisitas los esperaba en una habitación privada. Las ventanas se abrían a un balcón de piedra con vistas al río. Después de elegir lo que iba a comer, Sakura paseó por el balcón con un vaso de zumo de naranja para contemplar el frondoso paisaje. De repente, sentía demasiado calor y se desató la pashmina. Naruto  hacía que sus encuentros se convirtieran en una ocasión especial.
Sakura suprimió una punzada de tristeza al darse cuenta de que echaría de menos la presencia de Naruto en su vida. Pero, de todos modos, a Naruto Namikaze le resultaba sencillo organizar estas ocasiones especiales para cualquier mujer. Los ojos verdes de Sakura adquirieron repentinamente una frialdad de acero. «Un hombre con tres amantes tiene muchas oportunidades para poner en práctica sus encantos», pensó Sakura.
Naruto salió al balcón para reunirse con ella.
-Feliz cumpleaños.
-Eso no tiene importancia ahora. Tengo algo muy importante que decirte y me gustaría dejarlo zanjado antes de que nos sentemos a la mesa -Sakura levantó su barbilla y sonrió-. Nos casamos porque era lo más conveniente...
Naruto quedó sorprendido, puesto que, habitualmente, el pasado nunca aparecía en la conversación de ambos.
-Yo no diría exactamente eso... -dijo Naruto.
-En cualquier caso, eso ya no importa -Sakura arrugó la nariz-. Sólo quería decirte que creo que ya es hora de que nos divorciemos.
El silencio que precede a una tormenta inundó los oídos de Sakura.
-¿Divorcio? - Naruto la estudió con ojos fieramente entrecerrados-. ¿A qué se debe esta tontería?
-No lo entiendo. ¿Tontería?... -Sakura parpadeó desconcertada-. ¿Por qué es una tontería?
-En mi familia no nos divorciamos.
-¿No? -Sakura levantó una sola ceja-. Bueno, ¡pues gracias a Dios yo no formo parte de tu familia!
-Estás enfadada conmigo... - Naruto se apoyó contra la balaustrada-. Muy enfadada.
-Enfadada no es la palabra. Irritada, más bien. Estás sacando de quicio algo que, en el fondo, es bastante trivial...
-¿Desde cuándo el matrimonio es algo trivial?
Aunque Naruto se estaba exponiendo deliberadamente a un contraataque, Sakura resistió valientemente la tentación.
-Creo que esa pregunta no se merece respuesta, si consideramos que nunca hemos sido un matrimonio normal. De todas formas, quiero que nos divorciemos ahora -dijo Sakura.
-¿Por qué? -los azules ojos de Naruto ardían como antorchas.
El ambiente estaba lleno de vibraciones hostiles. Sakura se acobardó al pensar en sus ambiciones maternales. Su estado de ánimo no era el mejor para confesarle su intención de tener un hijo.
-No necesito darte una razón... -dijo Sakura finalmente.
-Claro que sí tienes que dármela -el tono de Naruto  era intimidante. Naruto nunca le había hablado de ese modo y lamentó su tono.
-De ningún modo -respondió Sakura.
-¿Qué es lo que te pasa? -sin previo aviso, las bronceadas manos de  Naruto se agitaron en un gesto de frustración-. ¿Por qué me estás diciendo esto ahora?
-No me hables como si fuera estúpida -con los labios apretados, Sakura se encogió y se dio la vuelta para contemplar el río.
-No era mi intención...
-Pues es exactamente lo que estás haciendo.
Naruto se enorgullecía de poder controlar su temperamento. Nunca se había imaginado que Pudding pudiera llegar a hacerle perder dicho control. Dirigió a  Sakura una mirada fulminante. Sin que Sakura se diera cuenta, la pashmina se había deslizado hacia abajo revelando sus suaves y redondeados hombros y la mansa plenitud de sus senos. Naruto la contempló. No podía dejar de mirarla. Sólo la había mirado de ese modo una vez antes, cuando el día de la boda se había fijado en las generosas curvas que mostraba el escote de su vestido. Aquel día había sentido por un momento una punzada de lujuria en la iglesia que casi le había avergonzado.
Sakura poseía esa clase de busto opulento que popularizaron las estrellas de cine de los años cuarenta con sus rebecas ajustadas. De repente, Naruto  no lograba concentrarse.
-Te traigo aquí, con toda la buena fe del mundo, para celebrar tu cumpleaños y, de repente, sales con esta...
-Con esta proposición perfectamente razonable. Ya que tus problemas económicos han acabado, lo lógico es que acabemos también con el contrato legal que hay entre nosotros -acabó Sakura la frase por él.
-Lo que quiero decir es, ¿por qué te parece perfectamente razonable?
-Eso no es asunto tuyo -Sakura levantó ligeramente la barbilla para mirarlo con sus ojos verdes llenos de orgullo.
-Insisto... - Naruto no podía creer lo que estaba oyendo.
-Muy bien... -si quería escuchar la verdad y nada más que la verdad, eso era lo que Sakura iba a darle.
-Empecemos a comer mientras hablamos - Naruto la invitó a entrar dentro, donde el primer plato los estaba ya esperando.
Sakura se sentó. Estaba agitada por la hostilidad que sentía en el ambiente y por un inusitado deseo de enfrentarse a Naruto. Le apreciaba mucho: no tenía ningún

sentido destruir la amistad entre ambos, sólo por quedar por encima. Con una mirada de disculpa, Sakura se esforzó por sonreír y pinchó con el tenedor un jugoso trozo de melón.
-No puedo creer que estemos discutiendo -dijo al fin.
-Créelo -falto de apetito, Naruto se reclinó en su asiento con actitud de indolencia. No había dejado de dar vueltas a la proposición de Sakura. Por más que lo pensaba, una única conclusión se imponía con lógica aplastante. Había otro hombre en la vida de Sakura; tenía que haberlo. ¿Por qué otro motivo querría divorciarse?
Sakura lo miró de soslayo. La mirada de  Naruto quemaba como las llamas de una hoguera, sus ojos del color del cielo habían estado demasiado tiempo presentes en sus pensamientos. Romper con él era lo único razonable que podía hacer. Era penoso languidecer a su lado, se dijo.
-No tenemos por qué enfadarnos -murmuró sosegadamente-. Te aprecio mucho...
-También aprecias a los gatos, los perros, los zorros, los tejones, los burros, los caballos... todos los miembros del reino animal... y a casi toda la gente a la que conoces.
El tono de desdén que utilizó Naruto hizo enrojecer a Sakura.
-Creía que tú también querías divorciarte -dijo ésta-. No veo cuál es el problema, a no ser que te moleste que haya sido yo quien lo ha propuesto. Nunca hemos estado casados como el resto de parejas...
-Y, ¿quién tomó esa decisión? -preguntó Naruto.
-Perdona, ¿cómo dices? -Sakura frunció el ceño.
-Te he preguntado que de quién fue idea comportarnos como amigos platónicos en lugar de actuar como marido y mujer.
-Siempre creí que era algo mutuo... -la perplejidad de Sakura se hizo aún más grande.
-¿En serio?
Naruto hablaba tan bajo, que tuvo que inclinarse hacia delante para poder escucharlo.
-Y sin embargo, tú fuiste la que no quiso dormir en mi habitación -añadió él-.
Tú, la que estallaba como una histérica cada vez que intentaba besarte. Tú, la que se agarraba a la primera excusa que encontraba para marcharse de Grecia y alejarse de mí.
Sakura no podía creer lo que estaba oyendo.
-Mmh, ¿estás quejándote? -los ojos de Sakura se abrieron de par en par.
-Cuando nos casamos, no estaba precisamente en la mejor posición para quejarme, ¿no crees? - Naruto respiró profundamente, con los labios apretados.
Sakura no tenía idea de dónde quería ir a parar Naruto. Por otro lado, tampoco quería oír hablar del pasado, ya que no soportaba revivir aquel doloroso periodo de infelicidad que había soportado después de morder el anzuelo que la había llevado hasta Grecia. Sakura sintió cómo se le hacía un nudo en el estómago.

-Bueno, nunca pensé que fueras a quejarte, Naruto . De hecho, me parece muy hipócrita que hagas ese tipo de comentarios...
-¿En serio?
-En serio. De verdad que no entiendo por qué te comportas de esta manera -lo acusó Sakura, apartando la silla de la mesa con un movimiento repentino-. ¡Después de todo, debiste sentirte bastante aliviado cuando la enfermedad de mi madre  me dio una razón de peso para salir de tu vida otra vez!
-Eso no es cierto -afirmó Naruto.
Sakura estaba temblando. Cuando se trataba de hablar sobre cualquier asunto que estuviera relacionado con la humillación y el dolor que le había producido su matrimonio, Sakura perdía el control muy rápidamente.
-Lo siento -dijo con fiereza-. Pero eso no es un argumento muy convincente viniendo de un hombre que es capaz de emborracharse adrede para no tener que consumar su matrimonio.
Durante un instante, Naruto permaneció en su asiento como si se hubiera transformado en una estatua. Después, con igual rapidez, se levantó de un salto y miró a Sakura con los brazos en jarras y su metro ochenta y cinco de agresiva masculinidad.
-Repite lo que acabas de decir... -le ordenó Naruto.
-No lo haré -un fuerte instinto femenino hizo que Sakura se batiera en retirada.
-Dices que no consumé... que no consumé nuestro matrimonio...
Las mejillas de Sakura ardían. No podía creer que ocho años después de aquello hubiera tenido el valor suficiente de echarle en cara aquel humillante episodio.
-¿Estás diciendo que no pasó nada entre nosotros la noche de bodas? -los ardientes ojos azules de Naruto se clavaron en el rostro de Sakura-. ¿Nada... en absoluto?
-No puedo creer que eso sea una novedad para ti -murmuró Sakura con la cabeza gacha, mirando hacia el suelo.
La rabia atravesó el pecho de Naruto como si fuera una bola de fuego. Bajo sus efectos, sintió un mareo. No podía recordar haber estado nunca antes tan enfadado. Y sin embargo, el descubrimiento que acababa de hacer alejó por fin el oscuro fantasma de la culpa que lo había estado atormentando durante tantos años. No había maltratado a Sakura en la noche de bodas. Se sintió liberado. Con un discreto movimiento de cabeza, impidió que el camarero entrase en la habitación con un carrito lleno dé comida. Apretando la mano de Sakura, salieron ambos de la habitación con ánimo imperioso. Una emergencia inesperada, le dijo al director del hotel. Con sus guardaespaldas caminando detrás y privándoles de intimidad, Naruto se dirigió hacia el helicóptero sin ofrecer aún una explicación a Sakura.
«¿Qué ocurre? ¿Adónde vamos? ¿Qué pasa con la comida? ¿Por qué te comportas así?». Todas esas preguntas se le pasaron por la cabeza pero la

Precaución le impidió verbalizarlas en voz alta. ¿Tanto se había sorprendido al recordarle que su matrimonio no había sido consumado? Eso no concordaba con su carácter; el Naruto Namikaze que siempre había conocido era demasiado impasible como para tener una reacción así.
De vuelta en la granja, Naruto  abrió de golpe la puerta delantera y entró en la sala de estar dando grandes zancadas. Una llama de ira surgió de sus impresionantes ojos azules.
-¿Te das cuenta de que, durante ocho años, he estado culpándome por algo que nunca hice? -le preguntó furioso Naruto.
-No sé de qué estás hablando -Sakura le devolvió la mirada, con el ceño fruncido por la confusión-. ¿De qué te has estado culpando?
-Cuando me desperté a la mañana siguiente de nuestra boda, estaba desnudo...
- Naruto avanzó, dominando la habitación con su mera presencia.
-Tus amigos te desvistieron...
-Alguien había vuelto a hacer la cama.
-Me pediste un vaso de agua y lo derramé encima de la cama, así que cambié las sábanas -Sakura, no podía creer lo que estaba oyendo-. ¿Quieres decir que estabas tan borracho que, al día siguiente, no recordabas nada?
-Todavía sigo con la mente en blanco. No recuerdo lo que ocurrió durante la cena ni tampoco el resto. Hasta la mañana siguiente. Amnesia total. Pero ya te lo dije en su momento...
Sakura apartó la mirada, llena de tensión. El calor de la habitación era sofocante y Sakura abrió la puerta del patio para dejar que entrase aire fresco.
-Asumí que aquello era sólo una excusa, algo que estabas diciendo para ocultar que... -dijo ella.
-¿Y por qué iba a mentir?
-Porque es lo que la gente hace cuando bebe demasiado alcohol... -replicó Sakura dejando escapar un profundo suspiro.
-Por lo que he oído, tu madre no podía decir la verdad estuviera borracha o sobria. Así que no nos compares.
-No tienes derecho a decir eso de ella -pero Sakura se dio cuenta perfectamente de que Naruto  y su madre eran tan parecidos como la noche y el día. Su madre  había lamentado en su momento que Sakura se hubiera negado a beneficiarse económicamente del matrimonio aceptando que Naruto le pagara una pensión. Los ácidos comentarios que su madre le hacía a  Naruto cuando éste iba a visitarlas habían hecho que Sakura le pidiera a su marido que los encuentros tuvieran lugar en Londres.
-No te mentí cuando te dije que no recordaba nada... - Naruto posó en ella sus dorados ojos.
-Puede que tengas razón -aceptó Sakura-, pero en cualquier caso, no te conocía lo suficiente como para saber si decías la verdad o no.
Todavía enfurecido, Naruto dio un paso atrás y -le dio la espalda a Sakura con los nervios en tensión.
-El día después de la boda te empezaste a alejar de mí - Naruto respiró con dificultad-. Bajabas la mirada. Ni siquiera podías soportar que te tocase.
-¡No quiero hablar de esto! -exclamó Sakura, mientras se formaba una tormenta en su interior. Recordaba poderosamente el rechazo que había sentido la noche de bodas. Había aprendido a vivir con ello, aunque aún se despreciaba por haber aceptado aquel trato.
Naruto se dio la vuelta para mirarla con asombrosa rapidez.
-Aunque te resulte duro -dijo entonces-, quiero que hablemos de ello. Esta vez no es mi intención ridiculizar tus anticuadas ideas acerca del sexo.
-Tampoco quiero yo hablar de tus ideas acerca de la fidelidad conyugal -dijo Sakura con el aliento entrecortado.
-No tienes ningún derecho a echarme eso en cara - Naruto se acercó a ella indolentemente, observando cómo la luz del sol iluminaba las mechas de oro y ámbar de su cabello, mientras se preguntaba cuándo era la última vez que había visto una melena con un aspecto tan natural-. La próxima vez no lo toleraré.
-No quiero discutir... -dijo Sakura, sintiéndose incómoda por la manera que tenía de mirarla.
-¿Y qué hay de mis necesidades y mis deseos? -replicó Naruto, duro como un diamante cortando a través del acero-. Todavía hablas como si yo hubiera sido el que eligió emborracharse aquella noche. Echaron algo en mi bebida...
-Es lo mismo que dijiste entonces -Sakura deseaba acabar con la conversación, puesto que había perdido las esperanzas de que se callara.
-¿Tampoco lo creíste? - Naruto dejó escapar una risa incrédula.
-No, tampoco.
-Pero es la verdad. Echaron algún tipo de droga en mi bebida. A alguien le debió parecer una broma muy divertida, pero desde luego no me hizo ninguna gracia
-dijo Naruto  con sequedad-. Arruinó nuestra boda y me, sentí humillado.
Aunque Sakura estaba dispuesta a aceptar que había dicho la verdad, apartó su mirada de él. Estaba muy pálida. Todos los invitados a la boda sabían por qué Naruto se casaba con ella y le habían expresado sus simpatías. A ella, en cambio, la habían despreciado, pues al fin y al cabo no era más que una extranjera, además de ser la nieta de un hombre muy poco popular. Pero, ¿había sido realmente una broma el drogar a Naruto? ¿0 había sido, por el contrario, un favor? En cualquier caso, Naruto no había estado en condiciones de actuar apropiadamente como un novio de verdad.
Cualquiera podría haber pensado que echarle droga en la bebida era la mejor manera de ofrecer a Naruto un modo de escapar a sus obligaciones en la noche de bodas, considerando lo poco atractiva que era la novia con la que se había casado. Estaba convencida -de que las risitas que ese día había escuchado a sus espaldas seguirían presentes en su memoria hasta el día de su muerte.
-Yo me sentí mucho más humillada que tú -musitó Prudente tragando saliva y con las lágrimas a punto de resbalar por sus mejillas.

Con un movimiento que tomó a Naruto  por sorpresa, Sakura le dio la espalda y salió caminando apresuradamente hacia el jardín. Se detuvo bajo los manzanos y llenó sus pulmones de aire fresco, luchando por mantener la compostura.
-¿Cómo es posible que te sintieras más humillada que yo?
Sorprendida, Naruto se dio la vuelta. Naruto estaba en la terraza. A Sakura le atravesó un punzante dolor cuando observó sus hermosas facciones.
-Cuando te obligaron a casarte conmigo, tus amigos y tu familia sentían una gran pena por ti -le recordó a Naruto -. ¡Nadie se sorprendió cuando te vieron tan reticente a acostarte conmigo aquella noche!
Un vago rastro de color tiñó las mejillas de Naruto, que parecían como esculpidas con cincel. Nunca había pensado que Sakura tuviera tan poca autoestima.
-No es posible que pensaras eso... -dijo Naruto -. ¿Cómo fuiste capaz de hacer un drama de tan poca cosa?
-No era tan poca cosa -lamentándose amargamente por su ingenuidad, Sakura agachó la mirada y volvió adentro. No conseguía quedarse quieta. Los recuerdos amenazaban con llevarla de vuelta a un sitio adonde no quería regresar y, por otro lado, tampoco veía qué iba a sacar en claro si empezaba a revivir las agonías que había sufrido de adolescente al comprobar cómo su boda se había convertido en una tragedia gótica.
-¿Es acaso la humillación que crees haber sufrido aquella noche la causa de que no quieras hablar de ello?
-No insistas.
-¿Te sorprende que lo haga? - Naruto escrutó el rostro de Sakura con sus hipnóticos ojos-. Yo no sabía qué es lo que había pasado aquella noche y tú te negabas a decírmelo, así que asumí lo peor. No tenía control de mí mismo después de tomar aquella bebida. Y por tu forma de comportarte al día siguiente pensé que te había hecho daño de alguna manera...
-¿Daño?
-En la cama... Pensé que te había ofendido, que te había forzado a hacer algo que no querías. ¡Yo qué sé! - Naruto prosiguió cada vez más impaciente y disgustado-. Nunca se me ocurrió pensar que ni siquiera hicimos el amor.
-En el estado en el que te encontrabas, ni siquiera te hubiera dejado ponerme la mano encima... Sakura no sabía dónde mirar. El sonrojo le ardía en el rostro.
-Pero soy mucho más grande y fuerte que tú -dijo  Naruto con voz grave-. Eras virgen y yo no me encontraba en el estado más apropiado para tener eso en cuenta. Cuando al día siguiente te negabas a mirarme, ¡me sentí como si fuera un violador!
-Oh, no... -desolada por lo que estaba oyendo, Sakura lo miró llena de pena-.
No puede ser cierto.
-¿Qué otra cosa podía pensar? -los centelleantes ojos de Naruto se clavaron en los de Sakura-. Cuando intenté besarte empezaste a sollozar y saliste disparada como una bala para encerrarte en otra habitación...
Sakura suspiró. Empezaba a ver las cosas desde el punto de vista de Naruto y se sintió culpable. Por desgracia, no quería hablar de todas aquellas cosas que Naruto le estaba haciendo recordar. Y sin embargo, si era cierto que  Naruto había perdido la memoria de aquella noche, lo justo era que ella le ayudase a rellenar las lagunas que tenía en la mente.
-Antes de que te desmayases en la cena habías desaparecido y yo fui a buscarte. Estabas con Hinata Hyuga -le dijo en un tono apagado, carente de toda emoción.
-Me acuerdo de esa parte de la velada - Naruto frunció el ceño-. Entonces todavía estaba sobrio porque lo recuerdo perfectamente. Hinata estaba alterada. La saqué de la sala porque no quería que montase una escena delante de todo el mundo.
Sakura se mordió el labio inferior y lamentó no haberse dado cuenta antes de que Naruto iba a salir con un argumento del estilo del que acababa de utilizar. Naruto era muy ágil cuando se ponía a la defensiva.
-Cuando os vi, estabais abrazados como si fuerais Romeo y Julieta. Te aseguro que la cosa no parecía tan inocente como tú lo cuentas -contraatacó Sakura.
-¿Y por qué no hablaste de ello cuando ocurrió? -le exigió Naruto con un repentino enfado-. Créeme, no ocurrió nada...
-¡Estabas besándola! -le gritó Sakura, perdiendo la compostura.
Naruto sostuvo su mirada acusadora con una frialdad desafiante al tiempo que pensaba en lo sexy que resultaban los labios de Sakura.
-Hinata se echó a llorar y me besó... -dijo a continuación-. Intenté apartarla...
-Claro, y entonces yo ya me había ido... En cualquier caso, ya me da igual -le respondió Sakura con los labios apretados y dos sombras sonrosadas iluminándole las mejillas-. Lo único que quiero de ti ahora es el divorcio.
-Olvídate de eso. Eres una Namikaze. Eres mi esposa. Toda esta conversación me resulta ofensiva...
-No lo es -los ojos verde de Sakura se oscurecieron por la emoción-. Lo que es ofensivo es que me digas que no tengo derecho a pedirte el divorcio.
Naruto se irguió alzando su poderoso pecho, respiró hondo, dejó escapar un lento y bien medido suspiro y dijo:
-¿No crees que deberíamos dar una oportunidad al matrimonio antes de empezar a hablar del divorcio?

hasta el miércoles:hpyrun_:


Última edición por kumiko el Mar Dic 29, 2015 9:26 am, editado 2 veces

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Re: Dinastía griega capitulo 7/+17/ 25/03/16

Mensaje por enriqueminato el Mar Dic 29, 2015 6:10 am

wuaaa me gusto mucho este capitulo naruto quiere algo serio ahora con sakura bueno a ver q pasa espero con ansias el proximo episodio

enriqueminato
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Re: Dinastía griega capitulo 7/+17/ 25/03/16

Mensaje por Miu Misaki el Jue Dic 31, 2015 4:14 pm

Wua he leído la historia desde principio y me ha encantado *-*
está super la historia mira que a la pobre Sakura le pasa todo y Naruto mira que ese cambió me ha impresionado
Saludos !!!!! Ya quiero la continuación besos y abrazos

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Re: Dinastía griega capitulo 7/+17/ 25/03/16

Mensaje por alexad_uzumaki el Sáb Ene 02, 2016 12:49 pm

guaoo que emocionante y que dira sakura al respecto de la propuesta que le hizo naruto espero conti y

FELIZ AÑO NUEVO

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Re: Dinastía griega capitulo 7/+17/ 25/03/16

Mensaje por kumiko el Dom Ene 03, 2016 1:23 pm

Onion ok hola , Rubor mis amores bello se que dije que hasta el miércoles y hoy sábado me demore un poco pero no fue intencional, Sudor
Rubor GRACIAS por lindo comentario y FELIZ AÑO NUEVO Happy Run le deseo muchas bendiciones para ustedes y su familia Grito Alegria y espero que le guste el cap 2 Bebe
Onion bye


Capítulo 2

FUE tan grande el silencio que siguió a la pregunta de Naruto que, si una pluma se hubiera posado sobre el suelo en ese momento, habría sonado tan fuerte como una roca.
Estupefacta, Sakura abrió la boca para responder y, al momento, la cerró de nuevo tras descubrir que , Naruto tenía la mirada absorta en sus labios. Sakura examinó cada uno de sus gestos, incapaz de creer lo que estaba oyendo. No podía haber dicho lo que ella acababa de escuchar. Y si de verdad había dicho eso, sin duda Sakura debía de haberlo interpretado mal.
Consciente de que sus legendarias habilidades de negociación le habían traicionado esa vez, Naruto intentó recuperar su ventaja.
-Piensa en ello -dijo Naruto -. Hace ocho años no éramos más que unos adolescentes. Así que hicimos lo que teníamos que hacer y luego cada uno continuó por su lado. Ni siquiera intentamos vivir juntos. Pero ahora somos adultos y hemos aprendido más de la vida.
Sakura sintió como si un cohete fuera a salir disparado de su interior. Cerró firmemente sus ojos. ¿Qué demonios le pasaba a Naruto? Ocho años después de haber roto su corazón en mil pedazos con su habitual indiferencia, Naruto estaba intentando dar una oportunidad a su matrimonio como si tratara de salir a comprar un par de zapatos nuevos. A Sakura le entraron ganas de gritar, pero jamás se rebajaría a hacerlo antes de tener la oportunidad de reprocharle a Naruto su increíble osadía.
¿Cómo atrevía a ofrecerle ahora lo que más había ansiado hacía ocho años? Sakura pensó en las cosas que guardaba en el interior del baúl de madera que se encontraba en un rincón justo detrás de Naruto. El corazón de Sakura empezó a galopar y a punto estuvo de pararse al notar cómo regresaban las viejas angustias. Ella no era lo suficientemente alta ni atractiva ni delgada para un hombre que hacía que se girasen por la calle tanto las cabezas de las mujeres como las de los hombres.
-No, gracias -contestó Sakura como si acabara de rechazar una bebida.
Naruto no podía dar crédito a la manera con la que Sakura lo estaba rechazando. Estaba sacándolo de quicio, pensó Naruto lleno de ansiedad. En lo más profundo de sí mismo, siempre había guardado la esperanza de que algún día sentara la cabeza con Sakura. Algún día. Nunca había dudado de ello. Nunca -
Había sentido siquiera la necesidad de pensar en ello. Sabía que Sakura le esperaría. Que esperaría, con la paciencia que caracterizaba a una mujer inteligente como ella, a que él estuviera por fin preparado para comprometerse.
-Piensa en lo que estás diciendo -dijo Naruto con apremio-. Se trata de ti, de mí y del hecho de que ya estamos casados.
-Sólo sobre el papel...
-Pero podríamos hacer que fuera real... -dijo Naruto lentamente, con su profunda entonación griega.
Sólo Dios sabía cuánto se había esforzado siempre Sakura por resistirse al intenso carisma de Naruto. Hubo un tiempo en el que una ocasional sonrisa de Naruto, o incluso un matiz de ternura en sus ojos, había bastado para hacer que el corazón de Sakura se desbocara. Pero ese tiempo había pasado, se dijo Sakura sin compasión.
-No quiero hacerlo real.
Naruto tocó a Sakura con sus firmes manos y ella se dejó estrechar entre sus brazos. Bajo el pecho de Sakura latía con fuerza su corazón. Algo en su interior le pedía que diese un paso atrás, que se echara a reír y que se retirara con estilo. Sin

Embargo, había un problema: no quería. Una pequeña voz emergió del subconsciente para decirle que tenía perfecto derecho a dejarse llevar por la curiosidad y averiguar qué era lo que sentía al tenerle cerca, pecho contra pecho.
-Puede que yo no sea lo que se dice un romántico... pero, en otros aspectos, soy bastante bueno -ronroneó Naruto.
-Eres demasiado modesto -Sakura estaba tan tensa, tan embargada por la expectación, que apenas podía respirar. Oprimida por una intensa confusión, era incapaz de pensar. Se sumergió en el tacto de los largos y broncíneos dedos de Naruto, que le recorrían las mejillas para zambullirse después en la cabellera. Le levantó ligeramente el rostro para poder estudiarla mejor con sus impresionantes ojos azules.
-La humildad no gana batallas - Naruto bajó su arrogante mirada-. Si huyes esta vez, iré tras de ti...
Se formó un nudo en el estómago de Sakura. Apretó los muslos y las cimas de sus pechos se desbordaron en una oleada de sensaciones; las rosadas cumbres, prisioneras de un placentero hormigueo. Un cálido color inundó sus mejillas. La boca de Naruto invadió sus labios. Tuvo una sensación de intimidad desconocida hasta entonces para ella. Le agarró por la solapa de la chaqueta para permanecer erguida. Bum-bumbum, marcaba el ritmo su corazón. La lengua de Naruto asaltó la tierna plenitud de sus labios y aguijoneó a Sakura con una sensación tan placentera que la hizo temblar. Quería más. El cuerpo de Sakura era como un muelle demasiado apretado. Quería ahogarse en el dulce y depravado placer que Naruto le ofrecía y olvidarse de su orgullo de una vez por todas. Pero, al estrecharla él con sus fornidos brazos, se golpeó el talón contra un baúl de madera que había en un rincón y una fría vergüenza hizo presa de ella. De repente, fue dolorosamente consciente de su apetito carnal y de su debilidad.
Sakura escapó de su abrazo y se tambaleó contra la pared tratando de calmarse. Intentaba ignorar la demoledora sensación de pérdida que experimentaba.
-¿Te ocurre algo? -respirando profundamente, Naruto resistió un ansia salvaje que le pedía reclamar el cuerpo de Sakura como si fuera un hombre de las cavernas.
Sakura se sentía avergonzada. Le resultaba imposible mirarlo. «Lo me ocurre está en el baúl del rincón», pensó amargamente. Se preguntó si Naruto se había dado cuenta del terremoto que estaba ocurriendo en su interior.
-No debí haber dejado que ocurriera... -dijo Sakura.
-¿Por qué no?
-Porque quiero el divorcio.
-¿Por qué? -preguntó Naruto, ágil como una pantera a punto para saltar sobre su presa-. ¿Hay algún otro hombre en tu vida?
La pregunta de Naruto le sorprendió tanto que casi la hizo estallar en carcajadas. La cabeza le daba vueltas: el deseo de Naruto de hacer real su matrimonio había pillado a Sakura por sorpresa. El beso, aunque breve, había supuesto una sobrecarga para su sistema nervioso.

-Si hubiera algún hombre, eso no sería asunto tuyo -dijo Sakura.
-¡Theos!... ¡Por supuesto que sería asunto mío! - Naruto le espetó, cambiando sus palabras de terciopelo por otras impregnadas en cólera.
Ésa era justo la provocación que Sakura necesitaba. Echando a Naruto a un lado, levantó la tapa del baúl y extrajo de su interior unos cuadernos y álbumes de fotografías. Se dio la vuelta y los lanzó a los pies de Naruto .
-No, las mujeres que hay en estas páginas sí que son asunto tuyo... Yo, en cambio, no lo soy y nunca lo seré -le advirtió Sakura.
El silencio se hizo entre ambos.
-¿Qué es esto? - Naruto hojeó uno de los cuadernos. No quería abrirlo, pero la cobardía no era su estilo y empezó a pasar páginas. Le llamaron la atención los recortes de revistas del corazón, artículos de dominicales, y foto tras foto de él con otras mujeres. Sintió náuseas.
-¿Has estado coleccionando esto?
-Era una estupenda terapia de aversión -Sakura cruzó los brazos a la defensiva.
-No estábamos viviendo juntos. Nunca hemos vivido juntos como marido y mujer -replicó Naruto, con su carácter ya de vuelta al verse rodeado de aquellas irrefutables pruebas de su mujeriega reputación-. Pero si te hubiera tenido entonces, no habría necesitado esa clase de entretenimientos.
«¿Entretenimientos? ¡Piensa en las mujeres como si fueran juguetes!
¡Distracciones agradables para pasar el rato!», pensó Sakura. Leo tenía razón: Naruto era un magnate griego a la vieja usanza. Un mujeriego irredento con doble moral.
«Es tan típico de Naruto pensar que una mujer sólo quiere el divorcio cuando ha encontrado a otro hombre en su vida. Quizá la sinceridad sea la mejor solución».
Desbordada por las emociones y con el sabor de Naruto todavía en sus labios, Sakura estaba dispuesta a suavizar las cosas y devolver la normalidad a la situación.
-No hay nadie más -dijo Sakura-. No te lo quería decir todavía, pero he hecho ciertos planes que no puedo llevar a cabo si no nos divorciamos.
-¿Qué clase de planes?
-Quiero... -Sakura dudó por un momento, pero al rato encontró valor para proseguir-. Quiero tener un hijo.
-¿Con quién? - Naruto se quedó petrificado como una estatua.
-Yo sola. No es tan raro... Iré a un banco de esperma -dijo Sakura con voz evasiva-. Y, sí, he estado pensándolo mucho.
Durante unos treinta segundos, Naruto la contempló con sus ojos azules ardiendo como el corazón de una hoguera.
-Tendrás que pasar por encima de mi cadáver... Y lo digo literalmente -amenazó Naruto -. Esa es la cosa más repugnante que he escuchado nunca y no quiero oírla otra vez. Es monstruoso...
-No es monstruoso... ¿Qué hay de malo en que quiera tener un hijo? Es la cosa más normal del mundo. Tengo veintisiete años...
-¿Y qué? Puedes tener un hijo como lo tiene el resto del mundo. Pero no de esa forma... -pálido a pesar de su piel bronceada, Naruto no pudo evitar un escalofrío-.
Supongo que tendré que decir sí a lo del niño. Cualquier cosa es mejor que un divorcio y que mi esposa se haga inseminar artificialmente.
Sakura quedó rígida. No podía creer lo que acababa de escuchar.
-Creo que es hora de que te vayas -dijo Sakura con sequedad.
-Pudding...
-Antes me parecía tierno ese apodo... Ahora, he cambiado de opinión.
-No me voy. No puedo dejar que esto ocurra -con un rápido movimiento que la tomó desprevenida, Naruto estrechó sus manos.
A Sakura se le hizo un nudo en la garganta. Asintió vigorosamente, sin atreverse a hablar.
-¡No puedo dejar que esto ocurra! -repitió Naruto, acariciando las palmas de sus manos.
Los ojos de Sakura se humedecieron y dos solitarias lágrimas descendieron por sus mejillas.
-No... -gimió Naruto.
-Por favor... ¡vete! –dijo Sakura atragantándose con su propia voz.
-No - Naruto inclinó su cabeza para besar las lágrimas de sus mejillas. El perfume de Sakura inundó sus sentidos. Olía a melocotón: suave, maduro y listo para comer. Durante una fracción de segundo, titubeó y, después, aprovechando la oportunidad, Naruto la tomó entre sus brazos con el convencimiento y la ferocidad que sus rivales en los negocios tanto temían.
Sakura se quedó perpleja cuando Naruto hizo presa de sus labios con un fiero apetito que la hizo tambalearse. Confusa, intentó apartarse de él, pero Naruto introdujo una mano en los bucles de su cabello, echó el rostro de Sakura hacia atrás y lo recorrió con un sendero de besos ligeros y cautivadores. Le gustaba. Sin quererlo, cerró los ojos y dejó que su cabeza se ladeara ofreciéndole su garganta. Naruto aprovechó el nuevo territorio al que le acababan de dar acceso. Su boca invadió un rincón bajo su oreja y el corazón empezó a latirle al unísono con el de Naruto. Se agitó violentamente. Sus piernas eran cañas de bambú.
-¿Aún quieres que me marche? -le preguntó Naruto en voz baja.
A modo de respuesta, Sakura lo agarró por las solapas de la chaqueta y se arqueó hacia él, deseando apretar de nuevo sus labios contra los de Naruto. Él la besó con tal pericia, que la llenó de un impaciente deseo. Sus brazos se deslizaron sobre los hombros de Naruto, al tiempo que con la punta de los dedos acariciaba sus dorados cabellos. Naruto gimió. A continuación, la agarró y apretó su pelvis contra su orgullosa virilidad.
La sorpresa inicial de Sakura se vio sustituida por una extraña mezcla de satisfacción y repentino triunfo Naruto : la deseaba. la encontraba atractiva. Ningún hombre podía fingir laa atracción física por una mujer. Eso la llenó de un sentimiento

de satisfacción muy femenino. Naruto la levantó en sus brazos con tal rudeza, que le produjo un escalofrío en el espinazo.
-Me excitas mucho -susurró Naruto, dejando que la punta de la lengua se introdujera entre los labios de Sakura.
Naruto llevó a Sakura al dormitorio y ambos se acostaron en la cama.
Desabrochó el cuello del vestido de Sakura y enterró su lengua en el precipicio formado por sus senos. Sakura emitió un gemido como respuesta. Una fuerte palpitación de deseo hizo que su pelvis se estremeciera. Se apoyó en el brazo de Naruto, con los dedos hundidos en las profundidades de su cabello de ébano. Nick desató el último cordón del vestido de Sakura, destapando los montículos de sus pechos apenas cubiertos por un sujetador de satén.
-Eres maravillosa -dijo Naruto mientras exploraba sus senos con respetuoso interés y deteniendo las manos de Sakura, con las que ésta intentaba cubrirse el pecho-. No intentes esconderte.
El agradecimiento que Sakura sentía por el deseo de Naruto la hizo consentir y retiró las manos. Naruto masajeó los rosados pináculos que coronaban sus pechos y Sakura quedó al instante sin aliento. De repente, todas las partes de su cuerpo rebosaban sensibilidad. Naruto inclinó la cabeza para besarle los pezones. Sakura dejó escapar un jadeo. Desfallecía bajo el ardor que sentía en el vientre y el martirizante dolor alojado entre sus muslos.
- Naruto... -sollozó Sakura, abrumada por el torrente de sensaciones que envolvía su inexperto cuerpo.
-Lo sé. También yo lo estoy sintiendo.
Naruto la tumbó en cama. Se desprendió de su chaqueta y la dejó caer a sus pies. Sin apartar los ojos de ella, se soltó la corbata y desabrochó la camisa, dejando al descubierto su broncíneo y musculoso pecho
-Teníamos que haber hecho esto hace mucho, mucho tiempo.
A Sakura se le nubló la vista. Una serie de pensamientos delirantes la consumían y tiraban de ella, a ratos, en direcciones opuestas. «¿Qué demonios estaba haciendo? ¿Cómo había podido dejar que las cosas llegaran tan lejos?» Pero ella sabía por qué lo había hecho. Tenía muy claro que lo deseaba. Después de todo, lo había deseado durante media vida incluso aunque sabía que no tenía ningún sentido. Dudaba que cualquier otro hombre pudiera hacerle sentir lo que Naruto le hacía sentir. Así que, ¿por qué no iba a acostarse con su marido? ¿Por qué no averiguar lo que era el sexo antes de divorciarse? Una pequeña voz en el fondo de su mente le pedía que siguiera adelante y que se embarcase de lleno en su fantasía. Se trataba de una aventura sin riesgos, que, como mucho, le costaría tan sólo un pedazo de orgullo.
-Sakura... -murmuró Naruto con su acento griego recortando cuidadosamente cada sílaba-. No te preocupes, pethi mou. No hay problema que no pueda solucionarse.
Naruto se inclinó sobre ella y liberó sus labios con un beso explosivo. Fue como si

un estallido de energía se hubiera desatado en el interior de Sakura. Le latía el corazón como si quisiera salir de su pecho. Sakura se estremeció al notar cómo subía la marea de su deseo, haciéndole sentir cada centímetro de su cuerpo. Cuando las manos de Naruto se posaron sobre sus senos, Sakura arqueó la espalda para sentir mejor la presión que las palmas de su marido ejercían sobre sus rosados pezones.
Naruto los rozó con la lengua y Sakura jadeó con apasionado abandono mientras él se disponía a quitarle la ropa que todavía llevaba puesta.
Naruto palpó la delicada joya que yacía entrepierna de Sakura. Ésta tembló, atormentada por el calor húmedo que abrasaba aquella parte de su receptivo cuerpo. El feroz estallido de excitación que vino después superó todas sus expectativas. De repente, era incapaz de seguir pensando. Sus caderas se retorcían al tiempo que Naruto flirteaba con los dedos alrededor del punto más sensible de su cuerpo.
-¿Voy a ser el primero? -preguntó Naruto, separándose de ella para quitarse los pantalones.
A duras penas Sakura consiguió centrar en él su atención. Quería decirle que no, que él no era el primero, aunque se tratara de una mentira.
Al prolongarse el silencio de Sakura, el cuerpo de Naruto se puso en tensión:
¿Había estado ella con otra persona?
Sakura sumergió su mirada en el hermoso rostro de Naruto y el corazón se le aceleró. Descubrió que no podía mentirle.
-Sí... -dijo Sakura finalmente.
Naruto sintió tal alivio, que quiso dar las gracias al destino. Desnudo, a excepción de sus calzoncillos, regresó al lado de su esposa para acariciar sus mejillas con una ternura casi torpe, que a Sakura le resultó poco familiar.
-Sé que no tenía derecho a esperarlo... -dijo Naruto , hablando en una mezcla de griego e inglés-. Pero el que seas virgen significa mucho para mí.
-¿En serio? -Sakura cerró los ojos porque los tenía llenos de lágrimas.
-Por supuesto... Eres mi esposa y no conocerás otro hombre -musitó Naruto casi sin aliento.
Naruto terminó de desvestirse y Sakura no apartó los ojos de él ni por un momento. Su respiración se aceleró, entrecortándose cada vez más. La figura de Naruto era espectacular: desde la vigorosa curva de sus hombros hasta sus largos y potentes muslos. Poseía el musculoso pecho, el torso de hierro y las estrechas caderas de un atleta. Naruto se desprendió de sus calzoncillos y durante un breve momento la respiración de Sakura se detuvo. Estaba sobrecogida, ya que era la primera vez que veía a un hombre adulto en tal estado de excitación.
-Si hubiera esperado un par de minutos más, no habría sido necesario preguntarte si eras virgen o no -murmuró Naruto con una mirada traviesa-. Tu rostro lo dice todo.
Dejándose caer en la cama, Naruto se precipitó sobre los carnosos labios de Sakura en un arrebato de pasión. Una oleada de calor inflamó el cuerpo de

Sakura. La delicada piel de su entrepierna se encontraba escandalosamente humedecida. Naruto exploró con los labios un rígido pezón, y con un gemido de satisfacción, advirtió la humedad que delataba el deseo de Sakura. Ésta abrió sus labios para emitir un largo jadeo y, a continuación, apretó los dientes como tratando de retener un placer que se parecía mucho al dolor. Sakura sentía el placer acumulándose de tal modo, que apenas podía hacer llegar aire a sus pulmones.
-No sabía que fuera posible sentir esto...
-No todo el mundo puede -la mirada en llamas de Naruto se clavó en los ojos de Sakura-. Eres tan apasionada como yo.
Sakura se dejó llevar por el cálido y dulce placer de las caricias de Naruto . No podía parar. Se entregó a las sensaciones que recorrían su cuerpo hasta que empezó a notar que el tormento estaba a punto de partirla en dos.
-Por favor... -gimió Sakura.
Naruto se situó encima de ella, deslizándose suavemente entre sus muslos.
-Puede que te haga daño -le advirtió Naruto con el cuerpo tenso.
-No importa -balbuceó ella sin aliento.
-Quiero que sea perfecto... -le prometió Naruto, al tiempo que clavaba sus azulados ojos en los de Sakura.
Naruto acarició la espalda de Sakura y se introdujo poco a poco en lo más profundo de su cuerpo. Los ojos de Sakura se abrieron al notar su palpitante virilidad. Con una única embestida, Naruto rompió la única barrera que podía haberlo rechazado. La punzada de dolor que vino a continuación pilló a Sakura por sorpresa.
-Oh, Dios mío... Naruto...
-Shhh... Ahora te gustará más. Te lo prometo -dijo Naruto, hundiendo las manos bajo sus caderas para poder profundizar con mayor seguridad dentro de ella.
-No te muevas -le rogó Sakura, mientras esperaba a que la molestia desapareciese.
-Te estoy haciendo daño -se quejó Naruto , rígido por la tensión que le producía el control que estaba ejerciendo sobre su pasión desencadenada-. Eres muy estrecha.
Una expresión de serenidad asomó a la cara de Sakura al sentir que el placer regresaba en toda su plenitud. Naruto se sintió increíblemente bien dentro de ella. La erótica pulsión del deseo dominaba a Sakura de nuevo y se apretó contra él para animarlo. Naruto la levantó, satisfaciendo sus instintos más primarios. El corazón de Sakura empezó a latir aceleradamente. Cada movimiento de Naruto la embargaba de placer. Naruto se movía siguiendo un lento y provocativo vaivén, que dio paso con habilidad a un ritmo más acelerado. Una salvaje excitación hizo presa de Sakura. Casi cuando dicha excitación estaba a punto de alcanzar su febril clímax, Naruto hizo que Sakura estallara en un crescendo de éxtasis. Gritando el nombre de Naruto en un arrebato de felicidad, se abandonó a las deliciosas convulsiones que vinieron tras aquel momento supremo de placer.
Aturdido, Naruto reposó la cabeza en la almohada sin dejar de estrechar el

cuerpo de Sakura. Estaba temblando, turbado por la más excitante y prolongada descarga que había sentido en su vida. Sakura se removió entre sus brazos y él la aferró con más fuerza. «Ya no va a abandonarme», pensó. «Volverá al hogar conmigo. Pero, ¿a qué hogar? El apartamento no es lugar apropiado. Puede que valga como refugio para un playboy, pero no para Sakura. Podemos vivir en un hotel durante un tiempo. Tendré que comprar una casa. Pero, ¿qué ocurrirá con los animales? En ese caso, compraré una casa en el campo, cerca de Londres». Naruto depositó un beso en la frente de Sakura, como si quisiera darle una bendición.
-Ha sido increíble, pethi mou -le dijo con un susurro.
Sakura respiró el húmedo y familiar aroma de su piel. La cabeza todavía le daba vueltas. Su cuerpo yacía lánguido después del placer. En silencio, sus sentidos distinguieron un raro momento de plena felicidad. Y sin embargo, por mucho que lo intentaba no conseguía acallar sus pensamientos. Al acostarse con Naruto había hecho realidad una fantasía, se recordó a sí misma. Naruto había estado fantástico, a la altura de su reputación. Pero, ¿no era un poco triste que siguiera aferrándose a un espejismo, esperando que Naruto fuera a comportarse como un marido amante y comprensivo? ¿No era ya hora de volver al mundo real?
-Estás muy callada.
-Estaba pensando en lo bien que se te da esto... -Sakura levantó la cabeza con una chispeante sonrisa asomando en sus labios-. Ahora ya entiendo el porqué de tanta habladuría.
Naruto frunció el ceño, preguntándose si Sakura estaba intentando hacerle reír para disimular su incomodidad.
-No estoy seguro de que ésa sea la impresión que quiero causar en mi esposa
-dijo Naruto finalmente.
Sakura sintió un arrebato de enojo. La etiqueta de «esposa» siempre le había parecido cruel, un recordatorio de lo que había podido ser y no fue en su relación con Naruto. Nunca había sentido que estuviera casada de verdad y, ahora, acostarse con Naruto no iba a cambiar las cosas. De repente, intuyó que había cometido un gran error. Con un veloz movimiento, se apartó de él.
-¿Qué es lo que te ocurre? -protestó Naruto, irguiéndose y apoyando su espalda contra la almohada. Su piel morena contrastaba poderosamente con el blanco y rosa de las sábanas.
Sakura agarró la pashmina para tapar con ella sus curvas.
-Acostarme contigo no me convierte en tu esposa. ¡Más bien, en una más dentro de una larga lista de mujeres! -se escuchó a sí misma decir enfurecida-. Por qué no eres lo que se dice una persona fiel, ¿verdad?
Espoleado por la respuesta de Sakura, Naruto se levantó de la cama, pero ella ya había salido de la habitación. Al seguirla, cayó en la cuenta de que aún era de día y que las cortinas no estaban corridas. Maldiciendo su suerte, volvió a vestirse todo lo rápidamente que pudo.
Con el rostro contraído por las emociones que trataba de ocultar, Sakura se

dio la vuelta y regresó a la puerta de la habitación.
-Siento haber sido tan directa. No hay excusa para mis malos modales -dijo Sakura con rigidez, negándose a mirarlo a la cara-. Pero todavía quiero el divorcio...
Naruto sintió que aquello era el peor insulto que le habían dicho en su vida.
-Entonces, ¿por qué demonios has dejado que te llevara a la cama?
-Preferiría no discutir eso... -Sakura flaqueó por un momento.
-¡Tengo derecho a oír la verdad! -contraatacó Naruto con crudeza.
-Sólo quería saber cómo sería hacer el amor contigo -suspiró Sakura, con las mejillas encarnadas-. Creí que no iba a ser gran cosa...
-No te creo - Naruto miró a Sakura con tal rabia, que apenas podía vocalizar: allí estaba, confesándole que lo había utilizado-. Tampoco creo que quieras divorciarte. Todavía te importo. Por eso me has entregado tu virginidad.
La arrogante afirmación de Naruto la atravesó como si le hubiera dado una puñalada. Que Naruto la atacara tomando como arma lo que ella sentía por él, era la peor de sus pesadillas y sintió que nunca le iba a perdonar por aquello. El orgullo le hizo levantar el rostro, desafiándole con sus ojos verdes.
-Puede que estuviera cansada de seguir siendo virgen. No me importas tanto como piensas, Naruto -afirmó Sakura-. Estaba enamorada de ti cuando nos casamos, pero eso no duró mucho. Lo superé hace mucho tiempo.
-Esos cuadernos dicen justo lo contrario -respondió Naruto con una crueldad que nunca había utilizado antes con su esposa.
Sakura palideció ante tal respuesta. Su estómago se agitaba preso por la náusea.
-Quiero que te vayas. ¡Ya no eres bienvenido aquí! -le dijo entrecortadamente-.
¡Voy a divorciarme de ti y no necesito tu permiso para hacerlo!
-Olvidé darte tu regalo de cumpleaños -como si no hubiera escuchado a Sakura, Naruto le tendió un pequeño estuche cerrado.
Sakura ahogó un suspiro. Su curiosidad luchaba contra su instinto. La curiosidad le pedía que abriera el estuche que le había entregado su marido. El instinto le decía que se alejase de él. Finalmente, ganó la curiosidad. En el interior del estuche había un colgante de diamantes con forma de... ¡Cómo era posible que tuviera el valor de regalarle un corazón de diamantes cuando había roto el suyo en mil pedazos! Con los ojos bañados en lágrimas, cerró de nuevo el estuche para devolvérselo.
-Gracias, pero no lo quiero. A ti tampoco... Ahora, ¡vete!
Después de que Naruto saliera dando un portazo, Sakura se apoyó en el marco de la puerta y escuchó cómo despegaba el helicóptero. En su interior coexistían la rabia, el dolor y la desesperación. Tal vez no volviese a verlo nunca más. Le había insultado. Todas las cosas que Sakura había valorado de su relación con Naruto, se habían desmoronado por culpa del sexo. La confianza, el respeto, el afecto habían desaparecido. ¿Cómo podía culpar a Naruto? Él no sabía cómo tratar a una mujer de otra

Manera. ¿Acaso se había vuelto loca? El sordo pero íntimo dolor que palpitaba entre sus piernas hizo que Sakura se sonrojara. Creía haber dejado de ser una adolescente atolondrada hace mucho tiempo, pero aquel penoso final le había causado más dolor del que nunca hubiera llegado a imaginar.
«Esto es el final de una etapa», intuyó con dolor. Hacía ocho años había partido en avión hacia Grecia y su vida había tomado un rumbo diferente. Tenía que recuperar su iniciativa para poder cambiar ese pasado. Limpiándose las lágrimas, Sakura recordó el motivo por el cual deseaba recuperar su libertad. Quería tener un hijo que fuera sólo suyo para amarlo y cuidar de él, pero antes debía iniciar los trámites del divorcio y hacerle saber a su abuelo sus intenciones...
hasta la próxima que prometo que sera muy pronto:_kuku: Onion**

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Re: Dinastía griega capitulo 7/+17/ 25/03/16

Mensaje por aduzumaki el Dom Ene 03, 2016 2:34 pm

Onion... por dios que fue todo ese caos esta muy bueno espero lo puedas continuar, creo que naruto no tiene derecho a negar el divorcio ya que ha tenido muchas amantes y no gana nada teniendo a sakura de su lado por otro lado sakura ha aguantado tanto tiempo al lado de el sin poder tener la oportunidad de encontrar otras persona que si la amara, en fin todo esto ha sido culpa de los dos por no discutir sus problemas.

pdta. Feliz año nuevo Happy Run

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Re: Dinastía griega capitulo 7/+17/ 25/03/16

Mensaje por Miu Misaki el Mar Ene 05, 2016 3:59 pm

0.o. Wua es relamente sorprente....
Bueno estoy de acuerdo con Sakura tiene derecho ha hacer su vida tanto tiempo amando y sin ser correspondida eso sí en feo...
Saludos besos y abrazo Espero la conti...conti

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Re: Dinastía griega capitulo 7/+17/ 25/03/16

Mensaje por alexad_uzumaki el Jue Ene 07, 2016 8:50 am

no me esperaba eso de sakura Onion gota

espero conti

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Re: Dinastía griega capitulo 7/+17/ 25/03/16

Mensaje por kumiko el Jue Ene 07, 2016 2:01 pm

Onion *o* Hi,mis amores bello , ¡gracias! por sus comentario les quiero compartir algo que me pareció curioso ahora en vacaciones estuve en pueblito donde según los habitante que los "primero 12 días del mes de enero se refleja los 12 meses del año" y como te sienta eso día pasaras los meses del año ¿verdad? o ¿mentira? lol traten que esto 12 días estén felices por si aja que tal jajajaja

ya estamos en el capitulo 3 trato de nivelar mis historia para publicar todas al mismo tiempo por eso esta la he estado publicado muy seguida espero que le guste y ojo con mi consejo en esto 12 día

Capítulo 3
SAKURA abrió la carta de su procurador, el señor rock lee, y sus expresivos ojos se abrieron de par en par mientras la leía. -¡No puedo creerlo!
-¿Qué es lo que no puedes creer? -con una taza de té en una mano, Leo estaba intentando echar del sofá de la cocina a los dos adormilados perros de Sakura.
-¡Naruto! -Sakura,, conocida por su apacible naturaleza tolerante, caminaba por la cocina de arriba abajo furiosa-. Mi procurador ni siquiera ha tramitado todavía mi petición de divorcio, y sin embargo el equipo de abogados de Naruto ya se ha puesto en contacto con él.
-¿Para qué?
-Para informarle de que Naruto no tiene intención de concederme el divorcio...
¿Cómo es capaz de hacerme esto? ¡Sin su consentimiento, tendré que esperar cinco años para ser libre!
-Ya te dijo que no quería divorciarse -le recordó con agudeza el hombre rubio.
Sakura se quedó mirando fijamente el viejo jarrón que había encima de la mesa. Estaba lleno a rebosar de rosas rojas y blancas. De hecho, no había habitación en la casa que no estuviera llena de flores puesto que Naruto le había estado mandando un nuevo ramo cada día durante las dos semanas que habían pasado desde su cumpleaños. Sin duda, era su secretaria quien le había organizado la extravagante agenda floral, pensó con perspicacia. A un nivel más personal, sin embargo, Naruto la había llamado y ella le había dejado hablando con el contestador automático. Al final, él había volado de nuevo para verla. En el instante en que oyó el batir de las aspas del helicóptero, se apresuró a entrar en su coche y se fue a toda velocidad. Después de todo, ¿acaso tenía algo más que decirle? Sólo ahora se estaba dando cuenta del error en su razonamiento y del estúpido que era utilizar tácticas de evasión con alguien tan dado a la confrontación como Naruto.
Pero Sakura todavía no tenía idea de por qué se estaba comportando Naruto de ese modo. ¿Por qué obstaculizaba sus intentos de obtener el divorcio? Habían vivido vidas separadas desde el día de su matrimonio. Sakura había prestado oídos sordos a los argumentos que él le había dado dos semanas antes: asumía que era su

Cantinela habitual con las mujeres, es decir, fingir que se preocupaba por ella cuando realmente no le importaban sus sentimientos en absoluto. Ahora estaba empezando a pensar que tal vez Naruto iba en serio en cuanto a su negativa a conceder el divorcio.
Tal vez había sido un error acostarse con él. El tórrido recuerdo de ese día hizo que su rostro enrojeciera. ¿Había sido, tal vez, su debilidad pasajera lo que había endurecido la actitud de Naruto?
-¿Sigues pensando en ir luego a Londres para asistir a esa conferencia? -le preguntó a Leo.
Leo asintió y, a continuación, preguntó:
-¿Por qué?
-Si Naruto no está ocupado, quizá te pida que me acerques a Londres. En su habitación, Sakura telefoneó a Naruto:
-¿Naruto? Soy Sakura...
Con gesto perentorio, Naruto pidió a sus trabajadores que se fueran. Se formó una sonrisa en su atractivo rostro, ya que había estado esperando su llamada. Se apoyó en la mesa de granito pulimentado con una relajada actitud que hubiera enfurecido a Sakura si ésta lo hubiera visto.
-¿Cómo estás? -preguntó Naruto.
-No demasiado bien, la verdad -le confió Sakura con sinceridad-. Estaré en Londres esta tarde. ¿Podemos vernos y hablar?
-A las cuatro en punto en mi apartamento -propuso Naruto con un tono de satisfacción plena-. Tengo muchas .ganas de verte.
Sakura había tenido dos semanas para pensar las cosas detenidamente, reflexionó Naruto. Ahora Sakura sabía que le sería imposible obtener el divorcio a corto plazo. Así que, ¿por qué iba ella a intentar echar por tierra la buena relación que ellos dos siempre habían tenido? Con toda seguridad ahora estaría más dispuesta a apreciar lo buen marido que él podía llegar a ser. Si elegía serlo, claro está. Y si, como le había echado en cara, ella había querido que él lo hubiese sido hacía ocho años, ¡que se hubiera comportado entonces como una esposa de verdad en lugar de echar a correr en cuanto encontraba la mínima oportunidad!
Para Naruto había sido un suplicio seguir una estrategia de espera con Sakura durante dos semanas. Cuando encontraba algún obstáculo, le gustaba actuar rápidamente y devolver los golpes con fuerza. No quería el divorcio. Ya se lo había dicho, pero ella no quería escucharle. Estaba reprimiendo su instinto agresivo natural en un paciente y caballeroso intento de hacerle ver a Sakura que estaba equivocada. No creía que pudiera salir victoriosa.
Naruto tenía que reconocer que, en general, la gente no le creía demasiado cuando tocaba el tema del matrimonio. Sus propios abogados apenas habían podido ocultar su sorpresa cuando Naruto les informó que utilizaría cualquier medio para impedir el divorcio que le solicitaba su mujer. Y cuando Theo Haruno le había visitado para compadecerle por la estupidez de Sakura, a Naruto le había disgustado tanto la insultante manera que tenía de hablar de su nieta, que le dijo por fin lo que pensaba De él. Como resultado de ese exceso de confianza, Naruto esperaba que Haruno International le declarara la guerra, puesto que Theo no era un hombre al que le gustara recibir golpes sin devolverlos.


Cuando, por la tarde, Sakura subió al confortable coche Leo, éste se encontraba hablando por el teléfono móvil. Sakura se comportó pacientemente mientras Leo hablaba con Stella, la viuda de un amigo. Estaba explicándole qué era lo que tenía que hacer para arreglar un escape en un radiador. Habían pasado dos años desde que el mejor amigo de Leo muriera de cáncer, dejando sola a Stella con tres hijos. Leo visitaba su casa con regularidad. Sakura nunca le había preguntado a Leo si algún día se atrevería a decirle a Stella lo locamente enamorado que estaba de ella. El gran secreto de Leo era que ya estaba enamorado de ella mucho antes de que su amigo muriese.
-Iba a llamarte después... Ah, de acuerdo -estaba diciendo Leo con un tono forzadamente jovial-. No, por supuesto que no te lo reprocho. Me parece fantástico que estés empezando a salir de nuevo.
Leo colgó y arrancó el coche.
-Stella va a salir esta noche con unos amigos.
-Ya lo he oído.
-Es sólo el principio... Es una mujer muy atractiva -Leo suspiró-. En nada de tiempo se echará un novio.
Sakura no dijo palabra. Leo se encontraba en una terrible situación. Podía sentirse tentado a confesar a Stella lo que sentía por ella y destruir, de ese modo, su actual relación con ella. 0, por otro lado, podía seguir callándoselo y sufrir mientras otro hombre llenaba ese espacio vacío de la vida de Stella. No había respuesta fácil. Al tiempo que le daba a Leo un apretón de simpatía en el brazo, Sakura frunció el ceño viendo que dos hombres estaban poniendo un cartel de «en venta» al lado de la granja.
-¿Qué diablos están haciendo? -exclamó Leo.
Sakura salió del coche y se dirigió a los trabajadores. Cuando les dijo que estaban poniendo el cartel en la propiedad equivocada, le enseñaron un papel de una inmobiliaria en el que aparecía listada su casa, la granja de Craighill. Sakura usó el móvil para llamar al jefe de los trabajadores, quien le sugirió que hablara del asunto con el responsable de la inmobiliaria.
Leo conducía mientras Sakura intentaba ponerse en contacto con el responsable. No estaba disponible en ese momento. Un agente inmobiliario le dijo que la granja de Craighill iba a ser incluida en el catálogo de ventas el día siguiente. Sakura puntualizó que ella vivía allí y que no sabía nada del asunto, así que le pidió el nombre de la persona que había puesto en venta la granja, pero el agente le contestó que esa información era confidencial.
-Ya lo arreglaré más tarde con el responsable -exasperada, Sakura dejó

Escapar un suspiro-. ¿Por qué no quiere aceptar nadie la responsabilidad de este estúpido error?
Naruto vivía en un enorme apartamento en Londres con un jardín y una piscina en el ático. Sakura había estado allí muchas veces, pero nunca se había sentido como en casa con tanto mobiliario de diseño, esculturas modernas y suelos de mármol. A Sakura se le pusieron los nervios de punta antes de salir del ascensor. Aunque había resistido- la tentación de arreglarse para la ocasión, a última hora había decidido ponerse una falda larga de color marrón y un top de color crema que le estaba demasiado ajustado como para sentirse cómoda. Pero iba a sentirse cómoda, se aseguró a sí misma. Mientras pudiera suprimir los recuerdos de aquel desafortunado episodio que tuvo lugar en su dormitorio y pudiera controlar su temperamento, aún había posibilidades de recuperar la agradable relación que hasta entonces había tenido con Naruto.
-Sakura...
Todo elegancia y sofisticación, vestido con su traje gris claro, Naruto cruzó el formidable recibidor para saludar a Sakura. Tenía un aspecto increíblemente atractivo: esbelto, agresivo y con una sombría magnificencia.
A la mente de Sakura acudió el recuerdo de Naruto desnudándose a su lado en la cama. Se sonrojó y se quedó dónde estaba.
Naruto la agarró de la mano y condujo a Sakura a través de la habitación con una seguridad que cortaba la respiración.
-Ese top te sienta muy bien..:
-¡No digas esas cosas! -le pidió Sakura, consternada. Naruto se detuvo por un momento y la miró.
-Todo es diferente ahora. No puedes seguir fingiendo que no pasó nada –dijo Naruto.


-Sí. Podemos, si queremos.
-Pero yo no quiero olvidar el clímax más largo y excitante que he tenido nunca

-pronunció Naruto sucintamente-. De hecho, me gustaría que...
Aterrada por la irresponsabilidad de Naruto, Sakura le puso sobre el labio superior su dedo índice extendido.,
-Por favor... -le pidió Sakura.
Naruto pasó la punta de su lengua por el dedo de Sakura y después por la palma de su mano mientras ella permanecía en pie temblando. Sus pechos se alzaban y descendían cada vez que tomaba aire y la sensación de que sus pezones empezaban a endurecerse le resultaba insoportable. No podía dar crédito a lo que Naruto estaba haciendo. Estaba horrorizada y, a la vez, fascinada. Naruto entrelazó sus dedos con los de ella, alzó la cabeza y le dijo con voz grave:
-Así que yo quiero acostarme contigo y tú quieres que hablemos...
Haciendo un heroico esfuerzo en la lucha contra su agónico deseo, Sakura se apartó de él.
-He venido aquí sólo porque le dijiste a tus abogados que no me concederías el

Divorcio.
-Y, ¿cuál es la parte que no entendiste de todo ese asunto? -preguntó Naruto con una seguridad insolente-. No tengo intención de cambiar de parecer.
-Pero, ¿por qué? -le pidió Sakura, impotente-. No puedo entender por qué.
-Cuando me casé contigo, me casé para lo bueno, para lo malo, hasta que la muerte nos separara. Eres mi esposa. No dejaré que te divorcies de mí. Aunque, por supuesto, dentro de cinco años no tendré otra opción...
-¡Pero no puedes pedirme que detenga mi vida durante cinco años!
-Por supuesto que no te estoy pidiendo eso -se dibujó una sonrisa en los labios de Naruto-. Al contrario, te aseguro que soy mucho mejor que un banco de esperma...
Enfurecida por la bufonada de Naruto, Sakura echó la cabeza hacia atrás para retirar el reluciente mechón de cabello rosado que le había caído sobre su sonrojada mejilla.
-Eso es lo que a ti te gustaría...
-No es que me guste. Es que sé que lo soy. Por supuesto, el asunto sería bien distinto si te quisieras divorciar por causa de otro hombre -le dijo Naruto con mucha suavidad y toda su atención puesta en ella.
-¿De qué va todo esto? ¿Una competición entre machos, o algo así? ¿Por qué no puedes aceptar simplemente que ya no quiero estar casada contigo? -replicó Sakura con fiera sinceridad.
-Pero si nunca has estado casada conmigo en el sentido habitual de la palabra
- Naruto contraatacó con un implacable y frío tono de voz.
Sakura pudo sentir cómo le inundaba poco a poco la emoción, como si fuera una marea peligrosa. Erguida, con la espalda recta y la cabeza bien alta, caminó hacia la ventana, esforzándose por mantener el control.
-¡Ni quiero estarlo! -espetó Sakura-. Éramos amigos y eso me gustaba. Es lo único que podemos ser. Es lo único que puedo soportar.
A pesar de que las lágrimas amenazaban con surgir de sus ojos, Sakura tenía una fe completa en lo que le estaba diciendo. Naruto necesitaba una mujer que se contentase con muestras superficiales de cariño y mirara hacia otro lado cuando apareciese una de sus amantes. Una esposa que aceptara el dinero y el estatus social como sustitutos del corazón de Naruto y de sus atenciones. Pero Sakura sabía que ella no era capaz de asumir ese papel. Naruto era mujeriego hasta la médula. Le gustaban las supermodelos y ninguna mujer común y corriente estaba a la altura de ellas. Tenía que resistirse a Naruto o de lo contrario todo eso iba a destrozarla. Esa era la razón por la cual no quería dejarse tentar por la ilusión del matrimonio real que le estaba ofreciendo.
-Te acostaste conmigo. Eso cambió las reglas del juego -dijo Naruto con lengua afilada.
Un escalofrío recorrió la espalda de Sakura. Robó una mirada a Naruto y, al toparse con sus azules ojos, sintió un ardor en la pelvis.
-No es un juego...

-Por la forma que tienes de comportarte, a mí me parece que sí. ¿Has comprobado acaso si estás embarazada? -preguntó Naruto -. ¿0 es demasiado pronto para saberlo?
La pregunta dejó perpleja a Sakura.
-¿Embarazada? -balbuceó-. ¿Quieres decir que no usaste...?
-Cuando me dejaste llevarte a la cama, asumí que íbamos a seguir casados - Naruto la estudió con sus áureos ojos pero Sakura se escabulló bajando sus pestañas-. Me dijiste que deseabas tener un hijo, así que no vi la necesidad de usar preservativo.
-Deberías habérmelo dicho.
-Deberías haberte dado cuenta tú misma. Si no te percataste, es que soy bueno de verdad - Naruto le lanzó una mirada juguetona que resultó tan física como una caricia, pues hizo que el corazón de Sakura empezara a latir con brío-. Era la primera vez que hacía el amor sin preservativo... Tengo que confesar que me gustó. Me gustó muchísimo.
Sakura todavía estaba en estado de shock por la confesión que Naruto le acababa de hacer. Un sentimiento de culpa le ardía en la boca del estómago.
-No es tan fácil quedarse embarazada, ya lo sabes... -musitó Sakura mientras intentaba evitar la mirada de su esposo.
-No. No lo sé. Admito que soy bastante ignorante a ese respecto...
-Es muy improbable que ocurra -Sakura estaba indignada por la actitud mundana y burlona con la que Naruto estaba tratándola.
-Dame un mes. Cuando me propongo un objetivo, siempre lo llevo a cabo.
Molesta y furiosa por ese comentario, Sakura intentó callar a Naruto con una afirmación mucho más tajante:
-Estoy absolutamente segura de que no estoy embarazada -le dijo, creyendo sinceramente que en un par de días como mucho su cuerpo le daría la prueba de que tenía razón.
-Qué lástima. Enronces, por el momento, me conformaré con que uses un poco el sentido común y te convenzas de que ser madre soltera es una mala idea -dijo Naruto secamente.
-Tengo una casa confortable y la pensión que mi tía puso a mi nombre para mi madre y para mí...
-La pensión es muy pequeña. Eso no cuenta.
-No tengo gustos caros, Naruto. No sé apreciar el champán tan bien como tú.
Además, me pondré a trabajar. En cualquier caso, tengo dinero suficiente para criar a un niño -argumentó Sakura.
-Las consideraciones materiales son sólo un lado de la ecuación. Las objeciones que te pongo son otras. Un niño necesita un padre...
-Yo me las arreglé sin uno.
-Hay quien diría que su ausencia te dejó con una muy mala opinión acerca de los hombres -dijo Naruto con los ojos entrecerrados-. Incluso aunque no fuera tu marido le pondría las mismas pegas a tus planes. Criar a un hijo ya es, de por sí, tarea bastante

complicada para un padre y una madre, no digamos para una madre sola. ¿Qué ocurrirá si te pones enferma? ¿Y si el niño nace con alguna discapacidad?
-Ya he pensado en esas cosas -Sakura estaba muy pálida-. Me las arreglaré.
He pensado mucho en esto. Creo que tengo mucho que ofrecer.
Naruto dejó escapar su aliento con un suspiro.
-Nunca me había dado cuenta de lo mucho que te pareces a tu abuelo. Cuando un Haruno quiere algo, es incapaz de mirar más allá de sus narices por pura testarudez.
-¡No soy testaruda! -sinceramente ofendida por la comparación, Sakura lo miró con furia-. ¡No me parezco a él en nada!
-Por lo menos intenta aprender de los errores que Theo ha cometido en su propio círculo familiar. Un hijo debería tener la oportunidad de disfrutar de las ventajas de una vida en familia con un padre y un entorno convencional.
-¿Un entorno como el que tú ofreces? -herida por lo convencido que estaba Naruto de que ella no podía ofrecer a un bebé lo que necesitaba, Sakura irguió la cabeza-.
¿Tienes tanta desfachatez como para decir que tú puedes ofrecer a una mujer una vida en familia normal?
-Sí, así es.
«Tres amantes en tres países diferentes», pensó Sakura con doloroso resentimiento. ¿Normal? ¿Convencional? ¿Cómo se atrevía a criticar su tranquilo estilo de vida en el campo y dar a entender que él podía hacerlo mejor?
-Es increíble que todavía quieras seguir casado conmigo después de todo este tiempo -Sakura le dijo enfadada-. ¿Por qué eres tan reacio a concederme el divorcio? ¿Sabes lo que estoy empezando a pensar? Que, después de todo, sigo siendo la nieta de Theo Haruno...
El inteligente rostro de Naruto se contrajo por la tensión y sus impresionantes ojos le dijeron a Sakura que no siguiera por ese camino.
-Ni se te ocurra decirlo -advirtió Naruto-. No me insultes mencionando su nombre.
Sakura estaba demasiado alterada como para prestar atención a la advertencia. Todos sus instintos le pedían que devolviera el golpe a Naruto.
-Quizá sigues pensando que puedo serte todavía útil como activo financiero
-dijo Sakura-. Aunque mi abuelo siga sin hablarme todavía...
-Eché a Theo la semana pasada de mi oficina. Estaba hecho una furia por tus planes de divorcio. Pensó que le habías llamado para decírselo por pura malicia y acudió a mí para contarme que te había quitado de su testamento.
-Lo echaste de la oficina... Oh -dijo Prudente con incomodo, incapaz de mirar a Naruto, ya que estaba avergonzada por aquel golpe bajo. Lo que le había echado en cara no tenía fundamento, pensó Prudente. Naruto era un hombre orgulloso y su sentido del honor era muy fuerte. El nunca se habría casado con ella por salvarse a sí mismo de la quiebra. Sin embargo, no había podido soportar ver cómo su familia se hundía en la pobreza. Y en cuanto a la noticia acerca del testamento de su abuelo apenas le dio importancia, ya que nunca había esperado que le dejase nada, dado el odio que sentía

por ella.
-Como ves, no me resultas muy rentable, financieramente hablando. De hecho, creo que seguir casado contigo puede ser un mal negocio para mí, considerando lo amargado que está Theo en estos momentos -dijo Naruto con los dientes apretados-. Y, como ya sabes, terminé de pagar tu dote hace muchos años. Con intereses. No debo nada a Theo. Y mucho menos cuando se comporta de una manera tan descortés hacia ti como hizo el otro día.
Sakura dio un respingo al comprender que Naruto se había buscado problemas con Theo tratando de defenderla.
-Ya sé... -dijo Sakura-. No debería haber dicho eso.
-Pero lo has dicho y no lo olvidaré -le juró Naruto -. Soy muy consciente de que mi familia se benefició de nuestro matrimonio, mientras que, por otro lado, ni tu madre ni tú os beneficiasteis de ello. 0 al menos no de la misma manera. Pero por mucho que he intentado compensarte por ello, has impedido que lo hiciera. Siempre te has negado a aceptar que te pagase una pensión...
-Oh, Naruto, por favor. No digas más -le rogó Sakura, lamentando que su relación se hubiese rebajado a un nivel tan mercenario que hasta obligaba a Naruto a defender su comportamiento-. Nuestro matrimonio no era de verdad, ¿cómo iba a aceptar dinero tuyo? No habría estado bien. Pero me ayudaste muchas veces.
Cuando mamá enfermó, con todos los gastos de enfermeras y las otras cosas... cuando necesité construir el refugio para los animales...
-Sólo te estoy pidiendo que medes una oportunidad a nuestro matrimonio -le pidió Naruto -. ¿Qué te cuesta?
Sakura dejó que sus cansados ojos verdes se detuvieran en las broncíneas facciones de Naruto durante un segundo para, luego, apartar la mirada apresuradamente. Pero incluso durante esa breve fracción de tiempo la visión de su rostro la impresionó tanto como la primera vez que posó su mirada en él ocho años atrás. Si Naruto tuviera la menor idea de lo que le costaba dar una oportunidad al matrimonio, no se lo habría pedido como acababa de hacerlo. Hubo un tiempo en que estuvo obsesionada por Naruto. ¿Había sido por culpa de la sangre de los Demakis que corría por sus venas? ¿Era ésa la razón por la que le había costado tanto dejar de amarlo? Por fin había conseguido dominar ese amor y convertirlo en amistad después de mucho esfuerzo. Le aterrorizaba tener que exponerse de nuevo al dolor que había sentido cuando de veras lo amaba.
-No puedo... Lo siento, pero no puedo -dijo Sakura en un susurro y mirando su reloj de pulsera con alivio, se dirigió hacia la puerta-. Tengo que irme.
-Sólo ha pasado media hora...
-He quedado con Leo a las seis y ya he dicho todo lo que tenía que decirte. Me cuesta hablar de esto contigo... Me pone nerviosa -dijo entrecortadamente.
Encendido por la mención del amigo de Sakura, Naruto la tomó de la mano y la detuvo antes de que pudiera llegar a la puerta.
-¿Y eso no te dice nada? -se quejó Naruto -. Si te enfrentas a mí, saldrás herida.

No quiero que eso ocurra.
-No puedo creer que sepas lo que quieres.
-¿De verdad que no? ¿Tan mal se me da hacer entender lo que quiero? -con una luz peligrosa en sus resplandecientes ojos azules, Naruto apretó sus sensuales labios contra los de Sakura.
Sakura se quedó petrificada. No había ni una pizca de sofisticación en la táctica directa que Naruto estaba empleando con ella y, sin embargo, encontraba excitante el modo como trataba de dominarla. Sakura le devolvió el beso con un fervor agridulce, abriendo la boca para que la lengua de Naruto pudiera penetrar en ella. Su corazón latía con un crescendo vertiginoso. Su cuerpo ardía. Se apretó contra él, contra su musculoso pecho. Y entonces, surgió del subconsciente de Sakura una imagen que detuvo repentinamente la pasión que empezaba a sentir. Dio un salto atrás en el tiempo, hasta el día de su boda, hasta el momento en que le vio besar a Hinata Hyuga. El momento en que entendió que un anillo de boda no bastaría para atar a Naruto Namikaze y hacerle suyo del modo que ella quería.
Sakura se apartó de él empujándolo hacia atrás. Se limpió los labios con el dorso de la mano como queriendo quitarse su sabor.
-¡No deberías haber hecho eso! -gritó Sakura.
Acto seguido, se dirigió a toda prisa hacia el ascensor con las piernas temblorosas y dejó que éste la llevara a la planta baja del edificio. Se sentía emocionalmente destrozada, pero su cuerpo todavía estaba encendido por la pasión que Naruto había despertado en ella. El dolor que le causaba el deseo hizo que Sakura se despreciara. Al salir del edificio se encontró en medio de una pesadilla. El exterior estaba repleto de periodistas apuntándola con los objetivos de sus cámaras, gritándole preguntas y extendiendo sus micrófonos hacia ella. Durante unos instantes, Sakura se quedó paralizada, tan indefensa como un conejo cegado por las luces de un coche.
-¿Es cierto que va usted a divorciarse de Naruto, señora Namikaze?
-¿Va a casarse Naruto con otra mujer?
-¿Es verdad el rumor de que su abuelo le ha pedido que siga casado con usted?


Onion** hasta la próxima y ¡Orden! ojo con el consejo jajaja Rubor








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Re: Dinastía griega capitulo 7/+17/ 25/03/16

Mensaje por Miu Misaki el Jue Ene 07, 2016 2:48 pm

Hola!!! Wua hermoso Capitulo *-* no me esperaba eso 0.o mira que no puedo creer que todo le pasa a Sakura... Y Naruto hay que malo pero sexy ups n.n bueno espero la continuación..conti...conti

jejeje y eso del consejo ya masomenos lo sabía sólo que las conocías como cabañuelas... Pero hare caso.
Saludos besos y abrazos

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Re: Dinastía griega capitulo 7/+17/ 25/03/16

Mensaje por alexad_uzumaki el Jue Ene 07, 2016 3:16 pm

ahh por dios no entiendo a esos dos pero a si es la vida

"sakura loca por naruto y naruto ni bolas le paraba"

"naruto loco por sakura y sakura casi ni bolas le para"

todo un caso esos dos Onion... Onion estrés jajajajaja Buahaha Buahaha

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Re: Dinastía griega capitulo 7/+17/ 25/03/16

Mensaje por kumiko el Dom Ene 10, 2016 12:48 pm


hola espero que estén bien aquí el capitulo 4 espero que le guste y gracias por sus mensajes Onion ok Onion *o*

capitulo 4

N0 sean estúpidos! -dijo Sakura antes de reflexionar un momento, darse la vuelta y salir corriendo.
No se detuvo hasta que consiguió despistar al tropel de periodistas que la seguían calle abajo. Respiró profundamente, miró a su alrededor y aligeró el paso: los paparazzi habían desaparecido. La escena le había resultado enervante, ya que no estaba acostumbrada al acoso de los medios de comunicación. Su rostro había aparecido en las revistas tan sólo dos veces desde su matrimonio con motivo de un par de fiestas privadas que había dado para obtener fondos para su refugio. Le impresionó que Naruto estuviera sometido a ese tipo de acoso todos lo
Por primera vez, consideró el sorprendente hecho de que Naruto había preferido correr el enorme riesgo de dejarla embarazada antes que perderla. En el fondo, Naruto era muy simple. Y también demasiado inocente, pensó Sakura. Por lo que había leído, era bastante normal que las parejas tuvieran que pasar hasta un año entero intentando tener un hijo. El mismo libro le había enseñado que, aunque no había cumplido todavía los treinta años, ya había pasado hace tiempo su edad de mayor fertilidad. Considerando esos hechos, Sakura pensó que no había la menor oportunidad de que se hubiera quedado embarazada después de un único encuentro amoroso.
Cuando llegó a su cita con Leo, lo encontró con un aire tan alicaído como el que ella misma tenía.
-¿Qué es lo que ocurre? -le preguntó Sakura.
-Me encontré con una amiga de Stella en la conferencia. Me dio a entender que Stella tenía una cita esta noche con un tipo... No sabía cómo decírmelo. Creo que pensaba que me iba a disgustar saberlo.
Sakura dio un respingo y le tocó el codo con la mano.
-Oh, Leo. Piensa que lleva dos años sola...
-Lo sé -Leo la miró con ojos frustrados-. Me gustaría que me aconsejaras desde el punto de vista de una mujer. ¿Qué puedo hacer ahora?
-¡No puedo! Eres tú el que tiene que tomar una decisión.
-Pero tengo tanto que perder -suspiró Leo-. Mira, vayamos a cenar antes de volver. No tengo nada mejor que hacer.


-¿Qué tal te fue con Naruto esta tarde? -le preguntó por fin a Sakura mientras consultaban los menús en el restaurante.
Sakura intentó que sus labios esbozaran su habitual sonrisa, pero no lo consiguió. Recordó que su relación con Naruto estaba hecha pedazos. Pensó que estaba intentando forzarla cruelmente a rechazar el matrimonio que en cierta ocasión le había ilusionado de una manera inocente y estúpida. Horrorizada y sin previo aviso, estalló en lágrimas que se derramaron por sus mejillas.
-Sakura... -Leo quedó espantado y tomó la mano que Sakura tenía sobre la mesa-. ¿Quieres que nos vayamos?
-No. Estaré bien dentro de un rato. Lo siento... -le dijo mientras buscaba un pañuelo al tiempo que intentaba devolverle una sonrisa entre las lágrimas.
De repente, saltó el flash de una cámara. Leo parpadeó y, soltándola de la mano, se puso en pie de un salto.
-¡Ese tipo nos acaba de sacar una foto! ¿Qué es lo que ocurre? -dijo Leo.
-Deben de haberme seguido. Creí haber despistado a los periodistas que me esperaban a la salida del apartamento de Naruto, pero está claro que me equivoqué
-suspiró Sakura limpiándose la cara de lágrimas.

-Debiste habérmelo advertido... -Leo seguía de pie, dejando claro que prefería marcharse-. No tenía idea de que atrajeses tanta atención cuando venías a Londres.
-Normalmente no la atraigo, pero debe haber empezado a circular el rumor acerca del divorcio y, evidentemente, todo lo que tenga que ver con la vida privada de Naruto es noticia. Los paparazzi lo adoran.
A Sakura se le ocurrió que, de haberse encontrado en la misma situación que Leo, Naruto se habría encogido de hombros y habría continuado con su comida. Naruto sentía un tremendo desdén por ese tipo de incidentes que, sin embargo, avergonzaban a otras personas. Sakura se sintió culpable por comparar a Naruto con Leo, el cual era mucho más sensible y en absoluto tan arrogante como Naruto.
Durante el camino de vuelta a casa, Leo le dijo que había solicitado un puesto de profesor en Londres. Sakura sintió una punzada de desasosiego, puesto que si la solicitud tenía éxito, ella echaría mucho de menos su compañía. Al mismo tiempo comprendía que, una decisión como la que había tomado Leo tenía bastante sentido ahora que su padre había fallecido.
Sólo cuando Leo terminó de contarle sus planes, Sakura empezó a meditar sobre su propia situación. Le parecía que, hiciese lo que hiciese, tenía las de perder. Si seguía adelante con el proceso de divorcio a pesar de la oposición de Naruto, tendría que gastar mucho dinero en abogados y no poseía ese dinero. Era necesario que encontrase otra manera de convencer a Naruto. Por supuesto, una mujer valiente de verdad no permitiría que Naruto alterara sus planes, reflexionó. Una mujer valiente de verdad acudiría al banco de esperma sin importarle lo que su marido pensara, considerando que, después de todo, le había pedido el divorcio y que, si su embarazo molestaba a su esposo, la culpa no sería de nadie más que de él. Pero incluso aunque estaba muy enfadada con Naruto y con su abuelo, no quería provocar la cólera de ninguno de los dos.
En frente de su casa se encontró aparcado un coche desconocido. Molesta porque el letrero de «En venta» aún permanecía a un lado del camino, Sakura esperaba que el coche perteneciese al agente inmobiliario. Así podría decirle a la cara lo que pensaba del asunto. Un pequeño y belicoso hombre trajeado salió del coche y se aproximó hacia ella.
-¿La señora Sakura Namikaze...?
-¿Sí? -Sakura asintió a modo de confirmación.
El hombre le entregó un sobre, regresó al interior del coche y desapareció. Sakura abrió el sobre. Se trataba de un aviso de expropiación extendido por el bufete londinense de abogados de su abuelo.


El notario de Sakura, el señor Bullen, encontró un hueco en su agenda para atenderla a la mañana siguiente. Estudió el aviso de expropiación y suspiró:
-Sí, me temo que el documento está en regla. Se le advirtió a su madre que esto podría ocurrir algún día.

-¿Mi madre... Tsunade sabía que esto podría ocurrir? Nunca me lo mencionó. No lo entiendo -protestó Sakura con ojeras bajo los párpados debido a la noche de insomnio que había soportado.
-Como usted sabe, mi colega, el cual administró las propiedades de su madre, se retiró el año pasado. Debió asumir que su madre ya le había explicado los riesgos a los que usted se exponía y pensó que usted entendía la naturaleza del problema.
-Yo también creía entenderlo, pero ya veo que no. Era consciente de que jamás me convertiría en propietaria de la granja de Craighill, pero pensé que se me había cedido en usufructo de por vida.
-La granja pertenece a su abuelo y siempre ha tenido el derecho de pedirle a usted que desalojara la propiedad de modo que pudiera ser puesta en venta. El acuerdo por el cual su madre adquirió el derecho a residir en Craighill era extremadamente complejo. En cualquier caso, en dicho acuerdo, Theo Haruno se reservaba claramente el derecho a poner fin a la cesión de la granja en el momento en que le pareciera oportuno. Y precisamente ahora ha decidido ejercer dicho derecho -el notario examinó el rostro de su cliente con una curiosidad que apenas podía ocultar—. Por supuesto, usted podría adquirir la granja de Craighill y eso solucionaría el problema.
Sakura intentó formar una sonrisa en su boca. Era muy consciente de que, llevando el apellido Namikaze, resultaba poco creíble argumentar ante un tribunal que estaba en bancarrota. Caminó lentamente de vuelta a su todoterreno. Se sentía angustiada. Tenía que abandonar la granja en el plazo de un mes. Y, de pronto, recordó que siempre que aparecía un problema en el horizonte, era costumbre suya llamar a Naruto. El consejo de Naruto le había resultado de gran valor en el pasado. Pero esta vez no podía llamar a Naruto para pedir ayuda.
Tampoco tenía ningún sentido contactar con su abuelo, quien le había expresado su rencor en numerosas ocasiones de forma clara y con una ferocidad desalentadora. Evidentemente, su decisión de divorciarse de Naruto había sido la gota que había colmado el vaso. Dentro de su ignorancia, había creído que su padre, Apoyo, se había encargado de que tanto su madre como ella pudieran vivir en la granja durante el resto de sus días. La verdad había sido un gran golpe para Sakura. ¿Por qué iba a dejar su abuelo que continuase viviendo en la granja si había sido un desastre como nieta? Theo Haruno no le debía nada; pensó Sakura .
En menos de un mes, todos los animales del refugio se quedarían sin hogar. Era como si una bomba hubiera estallado en su pequeño y organizado mundo. Con la explosión desaparecían todos sus sueños. ¡Y pensar que había creído poseer la estabilidad económica suficiente para tener un hijo ella sola! Sólo ahora se daba cuenta de que el fundamento de su seguridad había sido el no tener que pagar una renta o una hipoteca y que, ahora, sin esa ventaja, todos sus planes se caían como un castillo de naipes.
Pero estaba siendo terriblemente egoísta al pensar sólo en sus problemas, reconoció con cierta culpa. Dottie y Sam Trent también vivían en Craighill. ¿Adónde

Podían mudarse? Sakura les había cedido la casita donde vivían y les había dicho que podían quedarse allí todo el tiempo que quisieran. Sintió náuseas al recordarlo.
Gracias a su habilidad para tratar a los pacientes difíciles, Dottie se había manejado muy bien a la hora de cuidar de Tsunade, en un momento en que Sakura estaba rodeada de problemas. Unas semanas más tarde, Dottie y su marido se ofrecieron como voluntarios para el refugio. Pero poco después de la muerte de Tsunade, Sam sufrió un infarto y Dottie no pudo seguir trabajando. La amable pareja se encontró con dificultades económicas y entonces Sakura les ofreció su ayuda. Su generosidad fue pagada con creces y la salud de Sam mejoró rápidamente, aunque nunca pudo recuperar toda la movilidad de su cuerpo. Sería algo devastador para los Trent perder su hogar por segunda vez.
Sakura regresó a la granja justo a tiempo para atender la visita del agente inmobiliario. Cuando éste le informó de que la granja saldría a venta pública, Sakura se sintió desalentada: el precio que alcanzaría la granja sería mucho más alto de lo que ella podía permitirse. Pero, aun así, concertó una cita con su banco al día siguiente para averiguar si había alguna forma de solicitar un préstamo por el importe que necesitaba. En el banco, le dijeron que no contaba con activos para ofrecerlos como aval y que, por otro lado, tampoco ganaba lo suficiente para hacer frente a los pagos.
A Sakura se le hundió el corazón al darse cuenta de que la única persona a quien podía pedir ayuda era Naruto. Reunió todas las fuerzas que pudo y lo llamó.
-Necesito verte... ¡Urgentemente! -le confió a Naruto.
Naruto examinó la revista que tenía encima de la mesa y recorrió con su mirada una foto en la que su esposa tomaba de las manos a Leo.
-¿Por qué motivo? -dijo Naruto .
-Ha ocurrido algo -Sakura se mordió el labio inferior-. Tengo un serio problema. ¿Podrías concederme un préstamo? Aunque quizá tarde en pagarte unos cientos de años -le avisó con aprensión.
-Explícate... -el interés encendió una llama en su mirada.
-Si no consigo comprar Craighill, el refugio tendrá que cerrarse y no sé qué será de los animales... Ya vez, creí tener derecho a quedarme allí durante el resto de mi vida pero, por lo visto, no es así. Mi abuelo va a vender la granja -le dijo, nerviosa.
Naruto se irguió como un muelle y en su rostro apareció una sonrisa más fría que el hielo. «Gracias, Theo. Animales sin hogar, justo lo que necesitaba... Estoy de nuevo en el buen camino». Naruto esquivó el resto de la explicación de Sakura diciendo:
-De acuerdo. Volaré a Craighill mañana por la mañana. A primera hora.


El helicóptero de Naruto aterrizó a las siete.
Mientras el corazón le latía con fuerza, Sakura observó cómo Naruto se dirigía hacia ella. Después de dos noches sin dormir, no estaba preparada para resistirse al atractivo físico de Naruto . No sonreía: sus facciones esbeltas y bronceadas hacían gala

De una inusitada seriedad. Eso sobrecogió a Sakura. Un escalofrío le recorrió el cuerpo.
-¿Quieres un café?
-No, gracias. Sólo puedo quedarme media hora. Tengo que estar en Atenas a primera hora de la tarde -dijo Naruto mientras miraba cómo el top rosa de Sakura contorneaba la excitante curva de sus pechos; al instante, borró esa imagen de su mente al notar cómo su cuerpo reaccionaba con inesperado entusiasmo. No volvió a mirarla hasta que se sintió más frío que el hielo.
-Bien... a ver... deberías echar un vistazo a esto... -Sakura le entregó el aviso de expropiación y empezó a hablar rápidamente sobre lo que el notario le había dicho el día anterior.
-Ya me explicaste ayer la situación.
-No entiendo cómo mi propio abuelo es capaz de hacerme esto -confesó Sakura, infeliz.
-Theo es un mal perdedor... Puesto que yo también lo soy, creo que no sería justo por mi parte criticarle.
-¡Pero tú eres incapaz de comportarte de un modo tan malvado y cruel!
Sakura sorprendió la mirada de Naruto, tan oscura y fría como el cielo de medianoche.
-Pensemos en esto como si fuera una transacción comercial -sugirió Naruto.
-El banco no quiere darme un préstamo -Sakura enrojeció y aceptó los papeles que Naruto le devolvía.
-Por supuesto que no. Tan sólo el hecho de que hayas sido tú la que ha acudido a ellos, en lugar de hacerlo yo, les habrá causado muy mala impresión.
-Sí. Capté ese mensaje – Naruto emitió un suspiro-. Parece que incluso mi notario asumía que no tendría ningún problema a la hora de comprar la casa.
-Lo cual habrías podido hacer perfectamente si hubieras aceptado la pensión que intenté darte...
-Pero yo no quiero que me des dinero -puntualizó apresuradamente Prudente-.
No estaría bien. Tan sólo quiero que me lo prestes.:.
-Dijiste que la granja ha sido puesta en venta por setecientas mil libras. Nadie que tenga los pies en la tierra te dará un préstamo que no puedes devolver...
-Si me das el tiempo suficiente...
-No -la interrumpió Naruto sin titubear siquiera-. No voy a prestártelo.
Asombrada, puesto que en el pasado Naruto la había ayudado económicamente con bastante frecuencia y generosidad, Prudente frunció el ceño y le preguntó:
-Entonces... ¿qué vas a hacer?
-Esto me resulta muy doloroso -le dijo Naruto secamente-. Seré franco. A no ser que aceptes seguir siendo mi mujer, no haré nada por ti.
-No querrás decir que... -Sakura lo miró con fijeza.
-Por eso no quiero criticar a Theo... ambos somos de ese tipo de hombres enérgicos que saben lo que quieren y que no se toman el fracaso demasiado bien.

Naruto... tú no eres como mi abuelo.
-Estoy dispuesto a presionarte y a usar la coacción para obligarte a hacer lo que deseo -señaló Naruto claramente.
-No, no eres capaz de hacerlo... -Sakura agitó la cabeza con lentitud.
-¿Y tú qué sabes? -los gélidos y oscuros ojos de Naruto se encontraron con los de ella ofreciéndoles un desafío-. Nunca antes me había sentido traicionado por ti. Ya te dije que no quiero divorciarme.
-Hasta ahora siempre he podido confiar en ti -le recordó Sakura, obstinada.
-Pero esta vez no. Nuestros intereses están en conflicto.
-¿Y qué hay de Dottie y Sam?
Naruto se encogió levemente de hombros y estudió a Sakura con la mirada.
-¿Y los animales? -preguntó Sakura con total incredulidad-. Muchos de ellos son demasiado viejos y no podrán ser trasladados a otro hogar.
-Lo sé.
-¿Quieres sacrificarlos?
-No. Serás tú quien lo haga. No habrá sacrificios si decides seguir siendo mi esposa.
Sakura levantó la mano y hundió los dedos en su larga cabellera rosa. La mano le temblaba. Estaba empezando a darse cuenta de que ella nunca había sido capaz de hacer coincidir la imagen pública de Naruto con la imagen del hombre que ella conocía en privado. 0 la imagen del hombre que ella creía conocer y entender. Naruto tenía razón: ella nunca lo había traicionado antes; al menos, hasta que le había pedido el divorcio. La despiadada reputación que Naruto poseía en el mundo de los negocios era legendaria. Y tampoco se comportaba como un perrito faldero con sus amantes. Bien cierto era que trataba bien a las mujeres de su familia y a ella, pero más allá de ese círculo selecto era conocido por su frialdad y su falta de sentimientos.
Sakura cerró la mano en un puño.
-Les debo mucho a Dottie y a Sam -dijo Sakura-. Les prometí un hogar estable y la salud de Sam se resentirá si se le somete a algún tipo de estrés. Y aunque los animales no sean seres humanos... si les ocurre algo, creo que se me romperá el corazón y moriré atormentada por la culpa.
-Pues deja de luchar contra mí y verás cómo todos tus problemas desaparecen
-le avisó Naruto cortésmente-. Mientras sigas siendo mi mujer cuidaré de ti y todos tus enemigos serán mis enemigos.
A Sakura se le erizó el vello de la nuca. Los ojos de Naruto eran oscuros como ventanas en la noche y su voz sonaba como si fuese articulada por otra persona.
Sakura intentó combatir la sensación de vacío que el miedo producía en su estómago.
-Podemos aplazar el divorcio... -dijo finalmente.
-No. Todo o nada -replicó Naruto .
-¿Qué me importa ahora el divorcio, después de todo? -consintió Sakura con

una amargura nueva en ella-. Desde luego no puedo tener un hijo sin una cierta estabilidad económica. ¿Si me olvido del tema del divorcio te sentirás satisfecho?
¿Me prestarás el dinero que necesito?
-Todo o nada -le recordó Naruto -. Quiero una esposa y la quiero en lugar donde pertenece: en mi cama.
Las mejillas de Sakura se sonrojaron con violencia. Miró a Naruto sin poder creer lo que estaba oyendo.
-¡Púdrete en el infierno! -gritó Sakura.
-Soy un hombre chapado a la antigua -murmuró él con una frialdad insolente-. Te habría tenido antes en la cama si hubiera sabido en su momento que no tuvimos noche de miel.
-Incluso entonces era demasiado tarde...
-No lo creo. Por lo que dicen tengo un cierto poder de persuasión. Si no hubiera estado todo este tiempo aterrado por el miedo a haberte hecho daño aquella noche, no te habría dejado llevar la vida independiente que has llevado durante los últimos ocho años -replicó Naruto , con sus esbeltos rasgos endurecidos por la pasión-. Eres mi esposa y nunca he pensado que fueras otra cosa para mí más que eso, mi esposa.
-¿Tu esposa?
-Mía. Eso es. Y lo que es mío nadie me lo quita.
-¡No seré tu esposa... para siempre!
-Si eso es lo que quieres... – Naruto comenzó a andar hacia la puerta y, apenas pasaron unas décimas de segundo, Sakura reaccionó y salió disparada tras él.
-¡No puedes dejarme así! -gritó Sakura.
-Puedo hacer lo que me plazca - i Naruto guió la cabeza con sus ojos resplandecientes fijos en ella.
-Si no retiras tu proposición, nunca te lo perdonaré...
-Es un riesgo que estoy dispuesto a correr.
-Te llevaré a juicio y te demandaré por abandono. Te obligarán a proporcionarme ayuda económica -argumentó Sakura.
-Pero los procesos legales son muy lentos y no tienes mucho tiempo de sobra,
¿verdad? -contraatacó Naruto.
-¿Así que te parece bien golpearme de esta manera cuando estoy en mi momento más bajo? -sin fuerzas,
Sakura dejó caer sus hombros.
-Eres la única mujer a quien le he pedido que se case conmigo -con hielo en la mirada, Naruto estudió el rostro de Sakura-. Y me parece intolerable oírte hablar del matrimonio como si fuera una especie de insulto o tortura. Siempre te he tratado de forma honorable.
-¡Nada de esto tiene que ver con el honor!
Naruto sacó del bolsillo un papel y lo lanzó sobre la mesa del recibidor.
-¡Si quieres ser tratada honorablemente, empieza por comportarte como una esposa de verdad!

Sakura bajó la mirada y observó el papel que había sobre la mesa: un recorte de revista que mostraba la fotografía que el periodista les había sacado a Leo y a ella en el restaurante. ¿Había aparecido de verdad en las revistas esa fotografía robada? Sakura se sintió aterrada al comprobar lo equivocada que podía resultar la impresión que daba una fotografía como ésa. Allí estaba, tomando a Leo de las manos. Sus lágrimas, por el contrario, no habían salido en la foto. Simplemente parecía estar mirando a su compañero con romántico interés. Intentó decirle a Naruto que la foto no era más que un equívoco, pero sus labios se detuvieron antes de empezar a hablar. Recordó los recortes de los amoríos de Naruto y su corazón se endureció como un bloque de granito. Apretó los labios y no dijo palabra. ¿Así que a Naruto no le gustaba que se hubieran cambiado las tornas?
Naruto esperó a que Sakura le diera una explicación y negara lo que la foto parecía dar a entender. Sabía que era incapaz de mentirle, pero al ver que seguía en silencio se sintió mareado y vacío por dentro. De pronto, el solo hecho de pensar le resultaba difícil. Y entonces, repentinamente, desapareció el mareo y el vacío dejando en su lugar una cólera corrosiva que le impedía mirar siquiera a su esposa.
-Tienes veinticuatro horas para tomar una decisión...
-¿Veinticuatro horas? -repitió ella consternada.
-No lo has entendido todavía, ¿verdad? - Naruto la miró de nuevo con un duro gesto que indicaba que había tomado una decisión-. Aunque te salve de tus problemas económicos, la granja de Craighill ya no será tu hogar nunca más. No puedes quedarte aquí.
-¿Aunque me salves de mis problemas económicos? Pero si dijiste que...
-Piénsalo bien -dijo Naruto con tono abrasivo-. Theo no permitirá que compre la granja y te la devuelva. Eso es precisamente lo que espera que haga. No me la venderá y, por otro lado, es bastante inteligente como para dejarse engañar por un falso comprador que haga de tapadera. Tengo que encontrarte un nuevo lugar para que podáis vivir los animales, Dottie, Sam y tú.
Sakura luchaba con todas sus fuerzas para admitir todo lo que Naruto estaba diciéndole.
-¿Un nuevo lugar? ¿Para todos nosotros? -exclamó Sakura-. Pero eso es imposible...
-Un poco difícil si consideramos que tenemos tan poco tiempo, pero no imposible. Si invierto la suficiente cantidad de dinero y personal en esta operación, lo conseguiré. Lo conseguiré por ti.
Sakura se encontraba muy tensa ante la presencia de Naruto. Se encontraba tan cerca, que casi podía tocarlo y le horrorizó reconocer que precisamente era eso lo que quería hacer. Había recibido demasiados golpes últimamente y, en el fondo de su mente, todavía guardaba la convicción de que Naruto obraría un milagro y haría que todo volviese a la normalidad de nuevo. Ahora se decía que no, que eso no era posible y que la situación era incluso peor de lo que se imaginaba. Incluso contando con el apoyo de Naruto tendría que irse de la granja de Craighill igualmente. Empezaba a

dolerle la cabeza. Le daba vueltas a pensamientos absurdos y vagos entre los cuales, sin embargo, uno tenía una claridad cristalina:
-Si me obligas a seguir casada contigo imponiéndome esas condiciones, perderás mi confianza para siempre -le avisó Sakura fieramente.
-A veces, uno no tiene elección – Naruto la desafió con sus azules ojos-. Ésta es la única forma que tengo de asegurarme de que nuestro matrimonio tiene futuro.
Sabes perfectamente que aceptarás mi oferta porque es la única que hay sobre la mesa.
Sakura apartó la mirada, la clavó en la pared y tembló agitada por el resentimiento. Sin embargo, apretó los dientes con todas sus fuerzas para contener las desafiantes palabras que le venían a la boca. Como siempre, Naruto le había dado donde más le dolía. El era su única opción y no había tiempo que perder.
-Muy bien. Aunque me resulta difícil ver qué es lo puedes ganar con un acuerdo como éste, seguiré... seguiré siendo tu... esposa -las desagradables palabras de rendición salieron de la boca de Sakura como si fueran balas.
El fornido cuerpo de Naruto se volvió a poner tenso al sentir que regresaba la misma sensación de mareo que había sufrido antes. Se empezó a preguntar si tenía alguna clase de virus. Entrecerró los ojos y, sin apartar la atención de Sakura, respiró lento y hondo.
-Nunca lo lamentarás -dijo Naruto.
-Ahora te odio... ¿Es eso lo que querías? -replicó Sakura.
Naruto lanzó una mirada hacia la puerta entreabierta que había detrás de ella. A través de la puerta podía ver las sábanas blancas y rosas de la cama de Sakura. El tenso cuerpo de Naruto se estremeció preso del ardor sexual y el deseo: sabía exactamente lo que quería. Ella no lo odiaba, no podía odiarlo; Se negó a aceptar lo que acababa de decirle. Su mirada vagó por el rostro de Sakura hasta detenerse en su apetecible boca. Después, bajó lentamente hasta llegar a la tentadora plenitud de sus pechos, donde se demoró antes de proseguir con aplomo hacia la femenina curva de sus caderas.
-¡No te atrevas a mirarme como si fuera un pedazo de carne! -estalló Sakura hecha una furia.
-Eres mi mujer... ¿Es que no puede un marido mirar a su esposa de esa manera? Ya sé lo mucho que te esfuerzas por esconder tu fantástico cuerpo bajo esas ropas. Te deseo y no me avergüenza admitirlo - Naruto pasó uno de sus dedos por la curva del labio inferior de Sakura y observó como ésta se estremecía como si se encontrara a la intemperie expuesta a la fuerza de un huracán-. ¿Cuánto tiempo más vas a hacerme esperar?
El rostro de Sakura enrojeció hasta la raíz de los cabellos. De algún modo se negaba a reconocer que estaba más que dispuesta a escuchar cómo Naruto la consideraba un objeto de deseo para él.
-Detente -le pidió al instante.
-No soy capaz.

Sakura sintió que su propia debilidad ascendía como la marea en su interior.
Ella también lo deseaba, tuvo que reconocer; lo deseaba hasta un extremo indecente. La rabia y el desprecio por sí misma le desgarraron las entrañas con sus vengativas garras. Sakura se obligó a retirar la mirada del cuerpo de Naruto y forzó a sus temblorosas piernas a que se movieran en dirección a la puerta.
-Empezaré a comportarme como una esposa cuando esté en mi nueva casa, no antes.
-Te burlas de mí... – Naruto resopló con absoluta incredulidad.
Algo parecido a una descarga eléctrica se desató en el interior de Sakura. La pasión que Naruto sentía por ella era genuina, tuvo que reconocer. Le resultaba algo incomprensible, pero Naruto estaba proyectando en ella una energía sexual que ponía el ambiente al rojo vivo, como si caldeara el aire con una antorcha. Estaba demasiado acostumbrado a la satisfacción instantánea. La espera constituía una nueva y desafiante experiencia para él.
Sakura se irguió con tal altivez, que se sentía incluso más alta de lo que realmente era.
-En absoluto -dijo-. No me estoy burlando de ti.
-Pero.., hemos hecho un trato... – Naruto la miró con incredulidad.
-Por supuesto. Cuando cumplas tu parte del trato y nos consigas a todos otro lugar donde vivir, yo cumpliré también con mi parte -sostuvo Sakura con firmeza.
-¿Acaso piensas que incumpliré mi promesa? – Naruto apretó la mandíbula.
-No -Sakura echó los hombros hacia delante-. Me estás obligando a hacer algo que no quiero y no estoy dispuesta a fingir lo contrario. Así que no pienso comportarme como tu esposa hasta que no tenga más opción que hacerlo. Ni siquiera me siento como si estuviera casada...
-Pues te sentirás. Te lo aseguro -dejo caer Naruto sibilinamente-. Dame tiempo.
Revuelta por el acuerdo que acababa de aceptar, Sakura dejó su mirada perdida en el vacío incluso después de que Naruto se fuera. Al fin se iba a convertir en la señora Namikaze muchos años después de haber dejado de fantasear con esa ilusión. Esa vez, sin embargo, albergaba muy pocas ilusiones al respecto. Acababa de descubrir que Theo Haruno y Naruto Namikaze eran muy parecidos en el fondo. Eso la había destrozado. Ahora empezaba a darse cuenta de que Naruto siempre debía de haber sido así de insensible. Y, de hecho, eran ésas las mismas cualidades que probablemente sirvieron para persuadir a su abuelo de que Naruto Namikaze era el nieto político ideal para él.
Pero tal vez a Naruto todavía le quedara aprender que una esposa no era algo tan fácil de controlar como un empleado o un objeto inanimado, reflexionó Naruto con firmeza. Quizá fuera necesario que aprendiera que podía devolverle los golpes con tanta fuerza y de un modo tan desapasionado como cualquier hombre. De hecho, si jugaba bien sus cartas, después de haber acabado con Naruto, hasta era posible que éste deseara darle el divorcio.
Leo llegó a la hora del té con la infame revista en la que se habían publicado las fotos.
-¿Has visto esto? Me quedé de piedra cuando unos alumnos míos me lo enseñaron y me preguntaron si era yo -suspiró Leo-. ¡Sólo Dios sabe lo que pensará Stella de esto cuando lo vea! ¿Conseguiste el préstamo?
- Naruto y yo hemos decidido vivir como un matrimonio normal durante un tiempo
-le informó Sakura de la forma más natural que pudo.
-No te creo. Naruto es un donjuán. ¿Cómo es posible que una mujer con un elevado sentido moral como el tuyo quiera estar casada con un tipo que tiene tres amantes?
Con los ojos cerrados, Sakura se encogió de hombros. Aunque Leo fuera un buen amigo, algunos planes no estaban hechos para ser compartidos. Estaba planeando unos cuantos golpes bajos y, cuando todo hubiera acabado, Naruto se daría cuenta de que ella también podía luchar suciamente si se lo proponía. Si él usaba el chantaje, ella utilizaría su astucia femenina. ¿Se le habría ocurrido a Naruto redactar algún acuerdo prenupcial para proteger su riqueza en caso de divorcio? Ella creía que no, ya que estaba demasiado acostumbrado a la independiente forma de ser de ella y a las numerosas ocasiones en que había rechazado beneficiarse económicamente del matrimonio. Bien, pues las cosas iban a cambiar. Si Naruto le era infiel, contrataría el mejor abogado matrimonialista de Londres. Y cuando todo acabase, los animales de su refugio vivirían felices para el resto de sus días...

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Re: Dinastía griega capitulo 7/+17/ 25/03/16

Mensaje por enriqueminato el Lun Ene 11, 2016 5:51 am

buen capitulo sera cierto de eso de las tres amantes o sera una mentira.. espero con ansias el capitulo en donde se vea a sakura embarazada

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Re: Dinastía griega capitulo 7/+17/ 25/03/16

Mensaje por alexad_uzumaki el Mar Ene 12, 2016 2:20 pm

hola aquí de nuevo guao me sorprendió esta nueva gacheta de naruto también espero eso de esa ique amantes de naruto espero conti

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Re: Dinastía griega capitulo 7/+17/ 25/03/16

Mensaje por aduzumaki el Lun Ene 18, 2016 2:15 pm

Dos capítulos perdidos y los vi por casualidad no me llego el mensaje de la actualización y que capítulos ya es hora de que sakura se vengue por haber visto tantas veces su corazón vuelto trocitos, es hora que naruto sufra Motosierra espero no perderme tu próxima continuación.

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Re: Dinastía griega capitulo 7/+17/ 25/03/16

Mensaje por belita15 el Miér Ene 20, 2016 3:26 pm

Holaaaa
me gusta mucho tu historia, la amo, y admiro tu forma de escribir y es que es woooo
estoy ansiosa por leer el siguiente capi, porfa pública, no la vallas a dejar!! amo tu historia

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Re: Dinastía griega capitulo 7/+17/ 25/03/16

Mensaje por kumiko el Jue Ene 21, 2016 1:16 pm

hola mis amores bello Onion kuku , gracias por sus comentario siempre son bienvenido, Rubor Sudor por fin pude que mis dos fic este iguales así podre publicar a los dos en el mismo día aunque hay un tercero pero aun esta en poseso mas adelante les hablare de el Silbando ..... y referente a las actualizaciones se que se siente aduzumaki con eso a mi me a pasado con alguno fic que leo pero para mi consuelo es que tengo dos capitulo que leer y me emociono jajajaja Grito Alegria

Capitulo 5

LA limusina subió por un largo camino flanqueado por una valla de madera y se detuvo en lo alto de una colina. Era el lugar perfecto para obtener una vista de la antigua propiedad que se erguía en medio del vergel.
La única ocupante de la limusina, Sakura, salió del coche decidida a no sentirse impresionada, pero descubrió, al abrir la puerta, que la vista la estaba sobrecogiendo. Nunca le habían interesado demasiado las casas, pero nunca había visto una como Oakmere Abbey antes. Tenía techos de diferentes alturas y chimeneas majestuosamente altas que hacían juego con la piedra antigua de las paredes. Desde lejos, la casa exhibía una belleza y una calidez que encontró enormemente atractivas.
El teléfono del coche empezó a sonar y Sakura se apresuró a contestarlo.
-¿,Qué tal la primera impresión? -preguntó Naruto desenfadadamente; su acento griego le puso la piel de gallina a Sakura.
-Me gusta el paisaje -Sakura no quería darle una respuesta entusiasta.
-Mira, la reunión se alargó un poco. Todavía estoy a una hora de camino. ¿Por qué no echas un vistazo primero a la finca y a los edificios de la granja? Luego veremos la casa juntos.
El chófer, que evidentemente había recibido instrucciones, condujo a Sakura hacia la granja, donde la estaba esperando el administrador para ofrecerle una visita guiada. Sólo había transcurrido una semana desde que Naruto prometiera

Encontrar una nueva casa para el refugio y, aunque admitía no sentir demasiada atracción por los edificios antiguos, la nueva casa, una antigua abadía, cumplía con lo que él consideraba los requisitos más importantes. Cercana a Londres y deshabitada en la actualidad, la abadía tenía terrenos bastante amplios así como cuadras y otros edificios para los animales.
Naruto, que estaba acostumbrado a mujeres que nunca le ponían en el brete de tener que ir a buscarlas, encontró a Sakura en el establo situado detrás de la casa. Con su cabellera de color rosa ondeando al viento y una mano metida en el bolsillo de una ajada chaqueta verde, Sakura estaba sentada sobre una bala de heno en un establo abierto, jugueteando con un perro y charlando animadamente con el administrador de mediana edad. Sonriente y alegre, Sakura resultaba increíblemente atractiva y llena de vida. Entonces vio a Naruto e instantáneamente se puso tensa y desapareció la sonrisa que hasta el momento había iluminado su rostro. Dicha reacción hizo sentir a Naruto como si fuera el hombre del saco.
Después de saludar al administrador, Naruto tocó a Prudente con un gesto bien calculado como dándole a entender que debía aceptar el cambio en su relación.
-Vayamos a ver la casa... -dijo Naruto -. Le dije al agente inmobiliario que preferíamos verla solos.
Saltando del montón de heno, Sakura se preguntó si algún día su corazón dejaría de brincar al ver a Naruto. Cada vez que veía sus rasgos bronceados algo se agitaba dentro de ella. Naruto era increíblemente atractivo, siempre lo había sido. Pero además tenía algo muy especial que provocaba en ella el deseo de lanzarse a sus brazos. Intentando apartar su atención de Naruto, Sakura consideró que, si no aprendía a controlar sus reacciones ante el atractivo físico de Naruto, se humillaría a sí misma y sufriría demasiado. Ignoró la mano de Naruto, que todavía estaba posada sobre su hombro, y metió las suyas en los bolsillos. «Resistencia pasiva», se dijo. «No permitiré ningún tipo de contacto físico. Tengo que tener cuidado. Si le ánimo, aunque sea sin querer, se aprovechará de mí. Es como si le hubieran programado para aprovecharse de cualquier oponente estúpido y débil. Si no tengo cuidado y le mantengo a distancia, pronto estará agitando un aro delante de mis narices o chasqueando un dedo para hacerme saltar».
-¿Qué piensas? -le preguntó Naruto directamente, consciente de que se sentía incómoda en su presencia. La calidez natural de Sakura se había evaporado. ¿Qué le ocurría? La había presionado un poco para salvar el matrimonio. Él estaba dispuesto a hacer el esfuerzo y sin embargo ella no. ¿Por qué? Estaba enamorada de Leo Burleigh. No había otra respuesta.
-Los terrenos son enormes... El refugio sólo ocupará una pequeña parte de ellos
-comentó Sakura-. Una propiedad como ésta debe de costar una fortuna.
-Puedo permitírmelo. El entorno es inmejorable.
En silencio, caminaron hacia la puerta principal de la casa. Las paredes del gran recibidor estaban repletas de elaborados grabados y en el suelo había enormes losas. Naruto frunció el ceño y comentó:

-Será muy frío en invierno.
Sakura estaba admirando la gran chimenea de piedra que tenía grabada una fecha del siglo XVI.
-Tampoco es bueno para la salud demasiado calor -le dijo Sakura, con una mueca irónica, adelantándolo para explorar una vasta sala de estar con vistas a los bosques-. Esta vista es impresionante. Es como si no estuviéramos en el siglo XXI.
Naruto, que se sentía bastante apegado al siglo XXI y a toda su tecnología, supo mantenerse callado. Se dio cuenta de que Sakura, que se apartaba de él en cuanto lo rozaba con su sombra, estaba empezando a sentirse en empatía con la antigua arquitectura que la rodeaba. Las habitaciones, cuya decoración no guardaba la menor armonía con el resto de la casa, recibían inmediatamente el adjetivo de «deliciosas» y cada vez que Sakura veía una chimenea ennegrecida por el humo soltaba una exclamación. La cocina, que era prácticamente un pajar, la calificó de «pintoresca» e informó a Naruto que la falta de calefacción, electricidad y fontanería era previsible.
Caía en éxtasis al entrar en habitaciones con vidrieras cuyo aspecto le parecía a Naruto bastante lúgubre, y no veía ningún problema en la práctica ausencia de cuartos de baño.
-Dios mío... ¡el dormitorio principal es increíble! -exclamó Sakura al ver la bañera antigua que había en un rincón de la alcoba y el marco de la ducha victoriano-.
¿No te parece increíble?
Naruto examinó los muebles antiguos: «increíble» no era la palabra que le venía a la mente. Francamente, estaba horrorizado. En su opinión, todo lo que habían visto estaría mejor en un desguace. Su apartamento poseía una piscina y una sauna; los baños tenían todas cabinas de hidromasaje y jacuzzi. No se imaginaba la vida de otra manera.
-La abadía es más pequeña de lo que pensaba -remarcó Naruto -. El edificio necesita una ampliación, pero esta propiedad es patrimonio arquitectónico y será un quebradero de cabeza conseguir que aprueben cualquier reforma.
Sin prestar atención a lo que decía, Sakura apartó su mirada del baño y caminó por el polvoriento corredor.
-Creo que doce habitaciones son suficientes -dijo Sakura-. Pero si crees que no, en la parte de atrás hay un edificio muy bonito que solía usarse como alojamiento para el servicio doméstico. No será difícil construir un acceso desde el edificio principal.
La propuesta de Sakura no causó la menor reacción en el rostro de Naruto.
-El estado de la casa es mucho peor del que me esperaba -dijo Naruto.
Sakura, que parecía no darse cuenta de las críticas de Naruto, acarició con veneración una moldura de madera.
-Con unas pequeñas reformas aquí y allá bastará -dijo Sakura.
-¿Aquí y allá? -repitió Naruto sin dar crédito a lo que estaba oyendo-. ¡Pero si esto ha estado abandonado desde 1920!
-¿Y no te parece maravilloso? Nadie ha tocado la casa en todo ese tiempo.

Todo es auténtico -Sakura dirigió una mirada soñadora hacia Naruto -. Además ha sido una casa feliz...- Lo siento así.
Mientras añadía otro cero a la cuenta de lo que le iba a costar Oakmere, Naruto cayó en la cuenta de que Sakura le estaba sonriendo.
-¿Te gustaría vivir aquí? -preguntó Naruto.
-Oh, sí... -Sakura no albergaba ningún tipo de duda.
Se había enamorado de la casa a primera vista. Sólo le había pasado lo mismo en otra ocasión: cuando se enamoró de Naruto ocho años atrás. Esa experiencia se convirtió en algo que le había traído mucha infelicidad pero, afortunadamente, estaba convencida de que amar a un puñado de ladrillos y cemento era mucho más seguro y provechoso. Era muy consciente de que Oakmere estaba muy lejos del estilo al que Naruto estaba acostumbrado. El lujo y lo contemporáneo le gustaban a Naruto mucho más que los edificios históricos. Pero aquello no la preocupaba en absoluto.
Después de todo, la abadía iba a ser para ella y sólo para ella. Cuando rompieran, tenía intención de reclamarla como parte del acuerdo de divorcio.
El que a Sakura realmente le gustase la casa llenaba a Naruto de una inmensa satisfacción. Había hecho una buena elección. Observó cómo Sakura acariciaba el pasamanos de la escalera igual que si se tratara de un ser vivo en busca de afecto. Le faltó poco para echarse a reír: era la mujer más tierna y femenina que jamás había conocido. La mirada de preocupación que Sakura tenía en el rostro espoleó la curiosidad de Naruto:
-¿En qué estás pensando?
-En nada importante... -un sonrojo de desconcierto apareció en las mejillas de Sakura.
-Apuesto lo que quieras a que estás pensando en nosotros... -dijo Naruto con una ardiente sonrisa en la boca-. En nosotros dos... viviendo aquí, pethi mou.
Aunque sintió una chispa de culpabilidad al oír a Naruto, su sonrisa hizo que una llama le ardiera en el estómago.
-Tal vez... -dijo Sakura.
El silencio era tan denso, que podía cortarse con un cuchillo. Sakura se encontró con el resplandor azules de los ojos de Naruto y, de repente, se volvió consciente de cada centímetro de su cuerpo de mujer. Sakura irguió la espalda en un intento de aliviar el picor que le recoma los senos.
Apoyando la mano en la pared cerca de la cabeza de Sakura, Naruto se inclinó para besar la comisura de sus labios. Con un gemido apenas audible, ella giró la cabeza buscando a ciegas un contacto más directo. El aliento de Naruto acariciaba su mejilla mientras jugueteaba con los labios de ella rozándolos con su lengua.
-Naruto... -Sakura se inclinó hacia delante pidiéndole más, ardiendo por probar de nuevo el sabor de su boca.
-¿Señor Namikaze? -dijo una voz masculina que venía desde el gran recibidor.
De vuelta al mundo real, Sakura se apartó de Naruto empujándolo hacia delante.
-Tranquila, es el agente inmobiliario -dijo Naruto-. Ven a casa conmigo.

Sonrojada de pies a cabeza Sakura gritó:
-¡Ni en sueños! -y se dirigió al encuentro del agente.
Naruto se acarició el cabello con sus impacientes dedos y dejó escapar un suspiro prolongado. Había obligado a Sakura a aceptar sus términos, pero no había tenido demasiada paciencia con ella. Sin embargo esperaba que pronto apareciera de vuelta la Sakura que él conocía, esa mujer agradable, serena y de buen corazón. La mujer con la que ahora trataba era pasional, obstinada e iracunda hasta un punto que jamás hubiera creído posible.


Sakura respiró profundamente el exquisito aroma de su ramo de rosas. Y sin embargo, su ceño tenía una expresión llena de ansiedad y sus ojos estaban llenos de lágrimas.
En el transcurso de dos horas, Sakura tenía que abandonar la granja de Craighill para siempre y mudarse a su nueva residencia en Oakmere Abbey. Desde ese momento, empezaría el periodo de prueba que Naruto la había obligado aceptar para su matrimonio. Sin embargo, Sakura estaba dispuesta a luchar por aquello en lo que creía. No podía cometer de nuevo el error de engancharse emocionalmente a él. Un marido infiel, que le rompía el corazón y la humillaba, jamás la haría feliz, tuvo que reconocer. Esa era la razón por la que había visitado a su ginecólogo para que le recetara píldoras anticonceptivas. No se arriesgaría de nuevo a quedarse embarazada.
Naruto le había impuesto un matrimonio que ella quería olvidar. Y a pesar de eso, nunca había sido tan considerado y comprensivo como en las últimas semanas. Aunque no lo había visto en persona, Naruto la había llamado todos los días para asegurarse de que no le faltara de nada. Para empezar, una compañía profesional se había encargado de la mudanza. Dottie y Sam estaban eufóricos con la nueva casa de campo que les habían ofrecido y ya estaban instalados en ella. Durante los últimos tres días todos los animales habían sido trasladados a la nueva propiedad y se había contratado a un trabajador a tiempo completo para el refugio.
Naruto incluso le había mandado a Sakura un conjunto de ropa nuevo. Naruto sabía que ella detestaba ir de compras y probablemente había asumido que le haría ilusión. Pero Sakura no se sentía complacida en absoluto. El que Naruto le comprase ropa le hacía recordar su fama de mujeriego. Naruto sabía más de vestidos y tallas de mujer de lo que ella consideraba decente o aceptable.
Con ello en mente, Sakura hizo una mueca al ver el vestido de cuello halter y chaqueta estilo bolero que colgaban detrás de la puerta. Definitivamente, no eran de su estilo. Era obvio que Naruto estaba dispuesto a comportarse como si el día fuera una ocasión especial. El vestido también podía ser una pista de que, quizá, había preparado una fiesta sorpresa. La recorrió un escalofrío al pensar que quizá tendría que saludar de nuevo a los amigos y conocidos de Naruto , vestida con un traje que tenía un cierto parecido a un vestido de novia. La seda blanca de su nuevo vestido era más
Elegante y sofisticada que el horrible satén con encajes que había llevado a los diecinueve, pero aun así le recordaba a su vestido de novia.
Mientras subía a la limusina que habían enviado para recogerla, la compañía de mudanzas llegó para empaquetar sus últimas posesiones. Había unas cuantas revistas en el coche y se puso a hojear sin mucho interés una de moda, hasta que la foto de un rostro familiar la hizo palidecer. Era Hinata Huyga, que había aprovechado su talento como actriz en una serie de televisión antes de casarse con una estrella del rock británica. La muerte del cantante y la subsiguiente pelea por la herencia entre sus anteriores mujeres e hijos habían llenado unos cuantos titulares. Sakura estudió el exquisito rostro de Hinata tratando de encontrar una sola imperfección en su belleza. No lo consiguió: Hinata era increíblemente hermosa.
La maldad de Hinata no se reflejaba en su rostro, pensó Sakura. En el día de su matrimonio con Naruto, Hinata había intentado superarla en todos los aspectos.
Hinata había vestido de blanco y, por supuesto, el vestido le había sentado mucho mejor que a ella el suyo. Todo el mundo sabía que Hinata había sido la novia de Naruto un mes antes y, por tanto, había disfrutado del apoyo de todos sus amigos.
-Eres una gran chica en todos los aspectos, Pudding -le susurró aquel día Hinata con su dulce voz cuando nadie más la escuchaba-. Esta noche en la cama, el pobre Naruto no podrá cerrar los ojos y fingir que está conmigo.
-¡Para ya! -le exigió Sakura mortificada.
-Parar no es precisamente lo que vamos a hacer Naruto y yo. Disfruta tu anillo de bodas. Es todo lo que obtendrás de él -Hinata le dedicó una maliciosa sonrisa-. ¿Por qué crees que no os vais de luna de miel? -Naruto dice que no quiere pasar tanto tiempo sin mí.
Sakura sintió un escalofrío al revivir ese venenoso recuerdo del pasado.
Después de hablar con ella, Hinata le demostró su poder sobre Naruto. Cuando Sakura notó que Naruto no estaba, no pensó que se lo fuera a encontrar con la hermosa pelinegra.
Pero toda la fe que pudiera haber tenido en su novio se vino abajo cuando lo vio en los brazos de Hinata. Ahora, Sakura estaba dispuesta a aceptar la explicación que Naruto le había dado hacía unas cuantas semanas. Tal vez fuera cierto que Hinata hubiera sido la instigadora. Tal vez Naruto había tratado de rechazarla. Tal vez.
Desafortunadamente, ella no había estado allí el tiempo suficiente para comprobar si era cierto.
La limusina llegó finalmente a Oakmere Abbey. Sakura abrió la puerta del coche y pisó la alfombra roja que conducía hacia la entrada principal de la casa. Por un instante se sintió un poco mareada por tanto protocolo, pero la sorpresa se desvaneció al momento debido a su impaciencia por averiguar qué reformas habían hecho en la casa. Una semana antes, Naruto había contratado todo un ejército de limpiadores y decoradores para hacer habitables unas cuantas habitaciones. Aunque él había insistido en que quería sorprenderla, Sakura temía que hubiera estropeado la atmósfera de la casa con colores y muebles inapropiados.
La puerta principal estaba completamente abierta. Entró muy lentamente y

sonrió de inmediato al ver que el fuego estaba encendido en la chimenea del gran recibidor. Había un precioso arreglo floral sobre la mesa y un par de confortables sillas antiguas alrededor de ésta.
-¿Qué te parece? -preguntó Naruto.
Sakura se giró, notando cómo la seda de su vestido le rozaba las piernas y vio a Naruto entre las sombras de la pared. La luz que traspasaba las vidrieras le iluminaba el pelo rubio y los perfectos rasgos de su rostro. Sakura se quedó sin aliento y tartamudeó:
-Yo.. yo...
-Estás fantástica con ese vestido -la interrumpió Naruto, recorriéndola con sus ojos de la cabeza a los pies.
-No hace falta que hagas ningún cumplido -Sakura se sintió tensa.
-Pues claro que sí. Lo que hace falta es que los escuches -Naruto estrechó su mano con determinación y condujo a Sakura hacia el espejo que había en la pared-.
Tienes que aprender a mirarte tal y como yo te veo.
-No tengo por qué hacerlo. Nunca me han gustado los halagos -Sakura cerró sus ojos, elevando su barbilla con un gesto desafiante.
-No es un halago -Naruto la estrechó contra su musculoso cuerpo-. Por primera vez llevas puesto algo acorde con tu cuerpo divino.
Sakura tuvo que abrir los ojos para ponerlos en blanco y expresar lo poco que le había impresionado el cumplido.
-Mi cuerpo no es...
-¿Sabes por qué no me caía bien tu madre? -los oscuros ojos azulado de Naruto refulgían con fiera impaciencia-. ¡Le gustaba demasiado menospreciarte y decirte lo normal que eras! Pero mira tu cara, tu estructura ósea... ¡y tu glorioso cabello!
Perpleja ante el discurso de Naruto, Sakura abrió y cerró la boca un par de veces y miró su imagen en el espejo.
-Tienes un cuerpo para morirse -le informó Naruto, deslizándole las manos por el pecho hasta sostenerle con ellas los senos de una forma tan sensual que consiguió escandalizar a Sakura-. Lo adoro.
-¿En serio...? -preguntó Sakura, mirando su reflejo como si estuviera hipnotizada mientras las firmes manos de Naruto se desplazaban por su vientre antes bajar rozando por el costado de sus voluptuosas caderas.
-¿No te has dado cuenta tú sola? -Naruto empujó a Sakura hacia atrás para que pudiera notar en la espalda la rigidez de su entrepierna.
Las mejillas de Sakura llenaron de color al tiempo que la inundó una tremenda satisfacción femenina.
-Si digo que eres atractiva... es que eres atractiva -dijo Naruto dejando que sus labios recorrieran el cuello de Sakura-. Pero ahora, tenemos algo más importante que hacer. En la habitación de al lado el sacerdote que nos casó hace ocho años está esperando para bendecir nuestro matrimonio.
Sorprendida por el ardoroso interludio que acababa de tener lugar y con las

Piernas todavía temblorosas, Sakura se sintió aún si cabía más desconcertada.
-¿Perdón? -dijo Sakura-. ¿Qué acabas de decir?
-Dijiste que te sentías como si no estuvieras casada conmigo... Pensé que la bendición del sacerdote podría mejorar la situación.
Asaltada por un ataque de furia, Sakura selló sus labios para no estallar delante de Naruto y concentró su mirada en las antiguas baldosas del suelo. ¡No podía dar crédito a todos los intentos que estaba haciendo Naruto por impresionarla! No después de que hubiera utilizado el chantaje para hacer que siguiera casada con él.
¡Y ahora solicitaba la bendición de un sacerdote para ratificar el chantaje!
-Es mi manera de demostrarte que quiero comprometerme a hacer que nuestro matrimonio funcione -dijo Naruto sin la menor sombra de vergüenza o arrepentimiento.
-Pero yo no quiero comprometerme a ello -le confió Sakura.
-Date tiempo y querrás... -Naruto la observó con ojos resplandecientes y una agresiva expresión en la línea cuadrada de su mentón.
Sakura no dijo nada, ya que le parecía que no era el momento ni el lugar de iniciar una discusión. El venerable padre Vasos les saludó con gran amabilidad. Toda su persona irradiaba honestidad y eso tocó algo en el interior de Sakura, haciendo que se estremeciera. ¿Cómo podía recibir una bendición si cualquier palabra que se dijera no tenía sentido ya para ella? ¿Cómo podía seguir negando que aún amaba a Naruto? ¿Sería de verdad tan estúpido darle otra oportunidad? Cuando introdujo un nuevo anillo de boda en el dedo de Sakura, sintió un hormigueo de emoción en la garganta. Después de que acabara la ceremonia, Sakura ya no sabía qué pensar y ya no estaba tan segura de seguir queriendo resistirse a Naruto.
Naruto la condujo a otra habitación donde se había dispuesto una mesa con mantel de lino y cubertería de plata.
-¿Sólo para nosotros dos? -preguntó Sakura.
-Tres es multitud y te quiero para mí solo.
-¿Y quién cocina? -Sakura se había decidido a no mostrar su sorpresa por los elaborados preparativos que Naruto se había tomado la molestia de organizar.
-Hice que un chef de París volase hacia acá . Esta vez quiero que todo salga perfecto, glikia mou -le dijo Naruto sin dudar un momento-. Te mereces lo mejor.
Las velas fueron encendidas por un grupo de sirvientes tan discretos y silenciosos como las sombras. La comida estaba deliciosa. Sakura picoteó de los diferentes platos, mientras escuchaba las melodiosas subidas y bajadas de entonación en la sensual voz de naruto, reconociendo que, después de todo, la compañía era inmejorable. De vez en cuando echaba un vistazo a los duros y bronceados rasgos de su cara, a sus hechizadores ojos o la hermosa forma de sus labios. El corazón de Sakura comenzaba a galopar y, entonces, centraba de nuevo la atención en la comida, lamentando el hecho de que, de cuando en cuando, se pusiera a fantasear como una colegiala.
Al poco, su atención se desviaba de nuevo y pasaba a centrarse en su nueva y reluciente alianza. Había sido un regalo muy tierno que ella apreciaba mucho, porque

hacía mucho tiempo que ella había abandonado su anterior alianza en Atenas. Al estudiar la delgada banda de platino del anillo, la máscara de cinismo de Sakura amenazó con venirse abajo y se preguntó si era posible que a un leopardo se le cayeran las manchas y se transformase en un marido fiel, dispuesto a abrazar un hogar y una familia.
-¿Hay suficiente comida? -preguntó Naruto.
Sakura asintió, con temor a que, si hablaba, el hechizo con que Naruto la había encantado se rompería.
Levantándose de un salto, Naruto le tendió la mano. Ella le dio la suya sin siquiera pensar en ello.
-Bailemos -dijo Naruto.
-¿Cómo vamos a bailar? -se rió Sakura mientras él la sacaba de la habitación.
Y entonces empezó a escuchar la música. Sakura se encontró con la jovial mirada de Naruto y le preguntó sorprendida:
-¿Hay músicos ahí arriba?
-Están tocando para nosotros -abrazándola, Naruto la hizo girar sin dejar que tomase aire-. Hace ocho años te negaste a bailar conmigo.
-Me daba mucha vergüenza bailar delante de tantos invitados -contestó Sakura-. Pero tal vez si no me lo hubieras pedido tan sólo una vez...
-Me hacía el duro. No sabía qué otra cosa hacer. Todavía era un crío y mi orgullo estaba herido -respondió Naruto-. Tu abuelo había comprado un marido y todo el mundo lo sabía...
-Oh, no, Naruto... ¿Cómo pudiste pensar eso? No tuve elección, igual que tú.
-Los amigos me decían que tenía mucha suerte por casarme con una heredera rica. Después de todo, Theo era, y sigue siendo, más rico que Creso y mi padre estaba al borde de la bancarrota. Me sentía como si el dinero de Theo hubiese comprado mi cuerpo y mi alma para ti. Odiaba esa sensación -admitió Naruto, preguntándose por qué ella era tan sincera con otras cosas y, sin embargo, seguía fingiendo que no había tenido elección a la hora de casarse con él-. No fui feliz hasta que pude pagarle a Theo hasta el último centavo que prestó a mi padre.
Sakura se sentía afligida.
-No... no -protestó, sintiendo de corazón lo que Naruto estaba contándole, ya que nunca se le había ocurrido mirar las cosas desde su punto de vista-. Si hubiera sabido que te sentías así, me habría muerto.
-Pues así es como me sentía, pethi mou -Nik la miró con ojos tristes.
-Demasiado orgullo -respondió Prudente.
-Tal vez. Tengo que admitir que cuando Theo me dijo el mes pasado que te había quitado de su testamento, me sentí muy aliviado. En cierto modo nos dejó a los dos libres de su interferencia.
-Hmm... –a Sakura le encantaba la forma que tenía Naruto de hacerla bailar al ritmo de la música. Se sentía como si sus pies no tocaran el suelo-. Ojalá nuestra boda hubiera sido así.

-Ésa era mi intención. Hacer de nuevo las cosas como deberían haber sido antes -afirmó Naruto, inclinando su anguloso rostro para besarla.
Sakura se estremeció.
-El beso no estaba previsto en mis planes. Quiero que todo salga perfecto esta vez -le confió Naruto-. Todavía tenemos que cortar la tarta, beber el champán...
Sakura le agarró de las solapas del traje, se puso de puntillas y le susurró febrilmente:
-Podríamos llevarnos la tarta y el champán a la cama...
Estupefacto, Naruto se puso repentinamente tenso y la miró con los ojos abiertos como platos:
-Sakura Namikaze... ¿Qué te ha dado?
Sakura arrimó su cabeza a la pechera de la chaqueta de Naruto y se dejó embriagar por el olor de su marido. Se sentía débil por causa del deseo.
-No lo sé -le confesó-. Pero si lo que quieres es perfección, quizá sea un error seguir tan meticulosamente tus planes...
Naruto estalló en carcajadas y, sin decir palabra, la condujo al dormitorio.

hasta el viernes




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