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Como las estrellas y el mar. (TP)(2/2)(10/10/15)

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Como las estrellas y el mar. (TP)(2/2)(10/10/15)

Mensaje por Uno el Mar Oct 06, 2015 11:19 am

Hola, será breve y espero que les guste. Perdonen las faltas y demás. Un abrazo, dejen sus comentarios, que eso me anima para escribirles más cositas. Chao guapuras.  


Como las estrellas y el mar.
Parte I

Spoiler:

Él iba cada noche a mirarla.

Ella era hermosa, fino como el diamante, reluciente como la luna, bella como las flores de los árboles, y tenía una sonrisa…

Él la miraba todas las noches, a lo lejos, muy a lo lejos.

Ella siempre iba al mismo lugar. A aquel lago pequeño, lo suficiente como para que ella pudiera bailar sobre él, como una musa, como un hada de la naturaleza manifestándose en todo su esplendor.

Él disfrutaba verla, desde hace ya varias primaveras. Pero jamás le hablaba, jamás se acercaba, y jamás existiría.

Porque simplemente eran diferentes.  

Ella danzaba al ritmo de la música del viento, extendía sus brazos, se sumergía en el lago, y después lo congelaba. Hacía de aquel lago una bella escultura de cristal, después de todo, ella era la princesa de cristal.

Naruto ya había escuchado de ella, la princesa del invierno. De ojos verdes como las esmeraldas de las montañas de oro, de cabello rosa, como la flor más hermosa del mundo. Y con la piel blanca, como la nieve.  La gente de su pueblo siempre rumoraba extensas leyendas sobre ella; se decía que si la tocabas, era como acariciar un diamante. Que de sus labios desprendía cristales fríos, y que cuando estaba feliz todo el lugar se llenaba de copos de nieve, una suave lluvia mágica que jamás en la vida podría experimentar.

Él jamás había sentido frio, él jamás tocaría aquella piel blanca, ni besaría esos labios rosa congelados. Eso no era lo suyo, y aunque lo deseaba más que nada, sabía que se trataba de un sueño imposible.

Después de todo él era Naruto, el príncipe del fuego.  Su piel era cálida, sus labios ardían al rojo vivo, y su cabello un mar en llamas. En su familia podía casarse con el viento, con la tierra e incluso con la oscuridad, pero jamás con el frio. Y he allí su tristeza. He allí su cruel realidad, pues se había enamorado de aquel ser tan lejano…

Pero entonces un día, en invierno, mientras él trataba de espiarla como de costumbre, ella lo vio.

Fue un descuido, se trataba de un invierno poderoso, con los suelos repletos de nieve espesa de alto volumen. Para Naruto aquello impone un reto; caminar en la nieve era como caminar en vidrios, rodeado de suaves agujas, que aunque su piel no las tocaba, las sentía. Pero allí estaba, a lo lejos observando, y fue cuestión de segundos cuando él se retiraba cuando ella lo vio.

--¡No te asustes!—Le había dicho Naruto al instante, alzando los brazos y suplicando con la mirada.

Pero ella retrocedió asustada, y tras un momento, frunció el ceño. Ella estaba molesta ¡La estaba espiando!, por supuesto que estaba molesta… Y con un fuerte brinco se alzó sobre un iceberg alto y cristalino proveniente del lago.  Y en lo alto desató su furia lanzando estacas de hiedo macizo.

Naruto soltó una maldición. Por ningún motivo esperaba que se hablaran, o que se vieran, y mucho menos de esa manera.  Pero lo hecho, hecho estaba, y ella le acaba de lanzar estacas de hielo, que si bien no esquivaba podrían matarlo.

Naruto retrocedió un poco, y con sus manos juntas un aro de fuego, para así, derretir lo más rápido posible aquellas estacas que caían como lluvia.

--¡Espera!—Le dijo cuando ella se detuvo por un momento--. ¡No quiero lastimarte! ¡Lo siento, no te enojes!

Pero ella no escuchó, y con un fuerte soplido, hizo que el viento congelara todo a su alrededor. Si bien Naruto era fuerte, no deseaba lastimarla en lo más mínimo, y aquello no le favorecía; todo estaba rodeado por nieve, y sin darse cuenta, aquella ráfaga rozó su cuerpo, y fue como un fuerte golpe que lo azotó contra un árbol congelado. Lo dejó sobre el suelo húmedo y congelado.

Él no debía tocar la nieve bajo ningún motivo, él no debía enfriarse.

Y entonces, la princesa molesta congelo sus manos, con la intención de lanzarse y matarlo; como a todo elemental de fuego, aquellos sucios hombres que disfrutaban derritiendo su hermoso castillo de cristal. Aquellas cálidas personas que tanto…

No obstante, ella se detuvo de golpe al verlo. Sobre la nieve; con el piel morada y los labios resecos. Recordó que los elementales de fuego no debía salir en el invierno, mucho menos tocar la nieve en aquella época.

Él la miraba, con aquellos ojos azules, grandes y soñadores, como dos estrellas en el océano. Él estaba muriendo, y algo en ella  se movió. Profundo y suave.

Pronto retiró la nieve del lugar y lo alejó del frio invierno. Y mientras Naruto se recuperaba, ella lo observó, especialmente su rostro, suave y tranquilo, como si desde un inicio él hubiera sabido que ella lo salvaría. No tardó en reconocerlo, era el príncipe del sol, el príncipe del fuego. Y tampoco tardó en recordar las famosas leyendas que su pueblo susurraba…

--¡El gran Uzumaki, príncipe heredero de los elementales de fuego!—Decían las personas, con asombro y gratitud entre las cuevas de cristal del mar--. Dicen que tiene los ojos más esperanzadores del mundo… Y que su cabello, es una flama al viento.  Se dice, que él luchó contra el viento para rescatar a su madre, y que el sol es su más fiel amigo…

Sakura jamás creyó aquello, era demasiado tonto como para ser verdad. Pero allí, a metros de él, viéndolo descansar, se dio cuenta que sus ojos eran grandes y esperanzadores, y que su cabello chispeaba en un rubio suave y brillante, como el sol.  Se ruborizó…

--Lo siento—Le dijo, tras haberlo visto levantarse suavemente--. No soy muy amable, y tú estabas espiando…

--Perdóname a mí—Le contestó Naruto, con una gran sonrisa--. No debí espiarte, eso no se hace.

--¡Exacto!—Protestó ella, u con una voz firme y decidida--. ¿Por qué me espiabas? ¿Sabes que eso es malo? ¡Pude matarte! ¡Debía hacerlo! ¡Eres un idiota acosador que de seguro…!

Pero sólo bastaron algunas palabras, para que ella cerrara la boca de golpe.

--Es que me gusta verte bailar.

Y ella no supo que decir. Algo en su interior se movió, y ante ella aquel chico ya no parecía una amenaza. Al contrario, por alguna extraña razón era como…

--¡Pero que descortés soy!—Intervino Naruto, tras haberse dado cuenta de lo que realmente había dicho--. ¡Soy Naruto! ¡Y perdona mis palabras! ¡Soy un tonto! ¡En serio!

--Soy Sakura—Le contestó al instante, y tras verlo nervioso, ella soltó una risa suave--. Sí que eres un tonto, ¿Salir en el invierno al bosque? ¿Sabes que eso te puede matar?

--Sakura… Es un, bonito nombre—Naruto sonrió--. Bueno Sakura, a veces hay cosas que valen la pena, ¿No crees?

Ella guardó silencio y miró al cualquier otro lugar. Cualquiera, menos sus ojos.  Se trataba de un chico muy peculiar, extraño, demasiado sincero, más bien, tontamente sincero que la miraba de una manera que jamás había sentido, era como si aquella pequeña platica fuera deseosa, fue especial.

--Me voy—Dijo repentinamente Naruto, levantándose del suelo, a unos cuantos metros de ella--. Perdona si te he molestado, prometo no volver a espiarte.  Y, bueno… Sólo quería decirte… --Tomó aire--. Eres muy hermosa, exactamente como todos cuentan, Sakura-chan.

Y con aquella sonrisa en los labios, Naruto se dio media vuelta para marcharse. Estaba feliz y triste, al menos había logrado hablarle, y saber su nombre ¡y ella sabía el suyo! , aunque eso le costara sus pequeñas visitas al bosque ¡Pero la había visto a pocos metros! ¡Y le había confesado, de manera indirecta, lo que sentía!, se sentía tan avergonzado. ¿Cómo se había podido atrever si quiera?

--Puedes venir mañana—Le dijo Sakura, de repente, con una suave voz que él apenas escuchó. Y  cuando se giró para verla a los ojos, asombrado, ella se coloró y miró el cielo--. ¡Claro si quieres! ¡No es que yo quiera que vengas, claro que no! ¡Es que me pareces curioso! ¡Eso! Eres un chico extraño y yo…

--Mañana vendré—Contestó Naruto con una sonrisa.

--¿A la misma hora?—Se apresuró a preguntar, y al instante, se arrepintió, ¿Cómo que la princesa del invierno, hija de la dueña de las cuevas de cristal y diamante, se atrevía si quiera a decir tales palabras al príncipe del fuego¡

El príncipe del fuego…

--A la misma hora—Contestó. Y se marchó.

Esa noche Sakura no pudo descansar. Estaba inquieta, pensativa, y emocionada. Pero también triste, muy triste.  Pues ella más que nadie sabía lo que pasaba cuando el fuego y el hielo se tocaban. Ella sabía que aquello era prohibido y lejano, pero muy bello.

Como las estrellas y el mar, pensó.


Última edición por Uno el Dom Oct 11, 2015 1:33 pm, editado 1 vez
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Re: Como las estrellas y el mar. (TP)(2/2)(10/10/15)

Mensaje por palamanz el Mar Oct 06, 2015 6:22 pm

Me encantan tus historias, pero me gustaría que terminaras las que dejaste pendientes...
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Re: Como las estrellas y el mar. (TP)(2/2)(10/10/15)

Mensaje por Miu Misaki el Vie Oct 09, 2015 11:16 am

Me encantó wua que hermoso
TTnTT que triste un amor imposible..
Me recuerdan viejos tiempos... Que maravilloso ya quiero ver el desenlace de está hermosa historia....Saludos!!! Besos y abrazos...
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Re: Como las estrellas y el mar. (TP)(2/2)(10/10/15)

Mensaje por Uno el Dom Oct 11, 2015 1:31 pm

Pronto continuaré todo, gracias por sus comentarios. Besos.

Como las estrellas y el mar
Parte II

Spoiler:
Sakura cerró los ojos y acarició una hermosa roca azul, de un tono claro, suave y brilloso; se trataba de una extraña piedra de las montañas de lava. Allá, donde únicamente los más valientes guerreros de fuego podían invadir las tierras, pasar los lagos y llegar al corazón del volcán. Cuenta la gente, que aquella roca, de nombre Agua-fuego era especial, y que hace millones de años el rey elemental de fuego se la regaló a la princesa antes de juntar sus corazones en una tierna canción. Ahora sólo era un rumor que ella creía un cuento. Un lindo cuento que su madre le susurraba bajo los árboles de cristal cada noche de invierno.

No obstante, estaba allí, sentada sobre una torre de cristal en la intemperie de la noche, bañada por la tenue luz de la luna, y escuchando los golpes del mar en la parte baja del castillo de hielo. Estaba allí, con un vestido pálido de tenue color verde que caía por el balcón hacia el mar. Estaba allí, mirando el mar inquieto y fresco, el mar infinito y hermoso, mientras ella acariciaba aquella joya que colgaba de su cuello.

Era el agua-fuego, tan intensa y hermosa como cuenta la leyenda. Sujeta por un cristalino collar de diminutos diamantes transparentes. Pareciera, que la joya se pegaba a su piel y se mantenía intacta.

Sakura sonrió y dejó que el viento frio del norte—donde yacía su castillo y su mundo congelado—se llevara su cabello en una ola suave, mientras en su mente permanecía un único recuerdo.

Él.

--Es la décima vez que nos vemos—Le había dicho Naruto, una tarde no tan fría, a lo lejos, con una radiante sonrisa--. Creo que esta es especial.

--¿Por qué?—Le preguntó ella, acariciando la nieve del suelo y bajando la mirada, inquieta.

En realidad ella estaba más emocionada que nunca por volverlo a ver, muy a pesar de que tres días atrás lo había visto, y otros dos días atrás también. Desde aquel encuentro extraño y repentino en el que se había conocido, el mundo de ella se había vuelto un caos. Por alguna extraña razón, no deseaba eliminarlo, como de costumbre.

--Sólo quiero que sea especial—Le contestó mientras dejaba algo sobre la nieve a lo lejos. Luego se giró y corrió alejándose de ella a una distancia considerable--. Ya puedes arcarte a ver lo que te he traído.

Sakura soltó un suspiro, y de sus labios, varios cristales de hielo surgieron. El recuerdo aun la emocionaba.

--¿Un diamante?—Preguntó ella, tras haberse acercado. No cualquier diamante, Sakura supo que aquel era él diamante, el agua-fuego de los cuentos, de las montañas de lava. No obstante, ella tomó una fuerte respiración y fingió que desconocía el origen de aquel cristal. No le gusta verse emocionada o vulnerable, y menos ante él. Un elemental de fuego.

--Le llama Agua-fuego—Le dijo muy emocionado Naruto--. ¡Anda póntelo! Mi madre me contó que esa joya es muy valiosa, y a decir verdad en cuanto la vi, me acordé de ti. Son igual de hermosas…

Sakura dio un salto, cuando alguien tocó su hombro.

--Has estado muy pensativa, ¿Sucede algo?

Sakura miró a su madre; joven, de cabello rubio y corto, de ojos verdes radiantes y grandes. Ella era la reina, vestida con un largo vestido blanco que cubría sus brazos con cristales.

--No—Mintió.

Mintió porque en realidad le pasaba todo.

--Claro—Musitó la reina con una suave sonrisa--. ¿Sabes?, antes de ser la reina, yo le decía lo mismo a mi madre mientras pensaba en tu padre.

Sakura se sonrojó al instante y miró a cualquier lugar menos a los ojos de la reina. Odiaba aquellas palabras, odiaba las insinuaciones de su madre. No era verdad, claro que no. Ella no podía… No. Ella era como el hielo, sólido y frio. Y él no entraba en sus planes; no entraba en nada. Él era un error.

--Pues te equivocas—Le contestó un tanto molesta--. No siento nada, y no lo sentiré.

--Y dime—Se apresuró a decir la reina--. ¿Entonces por qué siempre llevas esa joya? ¿Es acaso verdad lo que susurran los árboles hija mía?

--¿Y qué susurran los árboles, madre?

--Dicen muchas cosas—Le contó la reina, con voz melosa y triste--. Dicen que el joven príncipe del sur vaga desde hace un tiempo por los bosques de nieve, algo inusual en un elemental de fuego.

Sakura se mordió el labio y cerró los ojos. Aquel nombre… Aquellas palabras…

--Dicen que mi hija se ha enamorado—Agregó la mujer--. De alguien que no debe.

--Es mentira—Le cortó de golpe Sakura, un poco molesta. Un poco cansada, un poco triste…

La reina no dijo más, se limitó a asentir y a continuar su paseo por el castillo. Por otro lado, Sakura regresó la mirada al mar y se dijo, una y otra vez, que no sentía nada. Que era estúpido, que era imposible. Estaba destinado al fracaso cualquier sentimiento…

Pero entonces, miró su joya colgando de su cuello, Agua-fuego, y no puedo evitar sonreír. Sonreír y sonreír, como jamás lo había hecho.

Sonrió y dejó que su mente soñara, en un mundo donde pudiera tocar el fuego y sentir su calor. Aunque en el fondo sabía, que aquello era imposible.

Eso dolía.

Tenía que alejarse. Sakura sabía que tenía que alejarse… ¡Como sea!, antes de que el dolor fuera más fuerte que el placer.

Y esa noche, bajo un manto de estrellas, Sakura decidió que la próxima vez que viera a Naruto, sería la última vez. Sin saber que aquel deseo se haría realidad. La próxima vez que viera a Naruto, sería la última vez.




Dos días después ella decidió ir al lago congelado. El invierno ya estaba acabando, y ella sentía el cambio en su cuerpo, en su piel. No obstante, aquella joven tarde tomó su más hermoso vestido y se dispuso a salir. No le dijo a nadie, no dejó nota; fue como cualquier otro día de paseo.

Al llegar, esperó horas y horas, hasta que por la noche se apareció el joven príncipe en la entrada del sur. Él al verla, resaltó una hermosa sonrisa y la saludó, a lo lejos. Como debía ser.

--¿Sabes?, hoy me acordé de ti, pues en el cuarto de mi madre existe un estante de hielo, que tiene como recuerdo de la vez que visitó tu reino, ¿Es así de hermoso tu castillo?, me gustaría verlo.

Sakura quiso sonreír, quiso contarle de las murallas de cristal congeladas, del mar y del como se ve en plena noche…

--Ayer vi un ave de fénix, a lo lejos—Dijo Sakura, sonrojando sus mejillas pálidas--. Sus alas soltaban chispas, y me acordé de ti. Y de tu cabello, a veces desearía acariciarlo.

Sakura quiso arrepentirse de haber dicho tal atrevimiento, pero lo dejó pasar, después de todo, podía permitirse disfrutar un poco de él, y luego, se olvidaría de aquellos ojos dulces que la miraban de tan hermosa manera. Al menos quería llevarse un lindo recuerdo.

Naruto sonrió de oreja a oreja.

--Pues deja que te cuente, que de tus labios nacen cristales de hielo, y que muchas veces he deseado besar.

Sakura se sonrojó al instante y retiró la mirada. Eso no lo esperaba. Naruto también sonrió.

--Y que tus ojos, brillan aún más que la luna.

Naruto dio un paso, y ella lo vio hacerlo. Pero antes de que protestara, él la interrumpió.

--Y creo que está de más decir, que jamás en la vida he vista algo tan hermoso, como aquel primer día en el que te conocí.

Sakura negó. No, aquello no podía estarle pasando… No, claro que no.

--Sabes que no—Se resignó a decir ella. Pero él ya estaba más cerca de lo debido, y en su cuerpo podía sentir aquel suave dolor del calor, y también, sentía las inmensas ganas de acercarse. De descubrir qué pasaría si…

--Lo sé—Le dijo Naruto, mientras daba un paso más--. Siempre lo he sabido, somos tan diferentes… ¿Pero sabes qué?, lo siento, lo siento tanto, pero no lo puedo evitar…

--Pero hay que—Le dijo ella, y retrocedió un poco—Me lastimas y te lastimo, ¿No lo entiendes?

Él se detuvo. Por un momento Sakura pensó que ser marcharía y deseó que así fuera, pero no lo hizo. Y también se alegró de que no lo haya hecho.

--¿Y si lo intentamos?—Le dijo, repentino. Cuando Naruto la vio de nuevo a los ojos, ella sintió tristeza. Sus ojos tenían ese algo, esa esperanza que la destrozaba lentamente. Era imposible, y no había nada que hacer al respecto.

--No.

Entonces Sakura se dio la vuelta para marcharse y jamás volver. Para borrar aquella pequeña historia de invierno donde se enamorada de quien no debía. Ya luego lloraría, y olvidaría como se debe.

--¿Es un adiós, Sakura? ¿Es todo? ¿Solo te marchas?

Sakura se detuvo de golpe y cerró los ojos. Pensó en ignorarlo e irse, tal vez así comprendiera y todo terminaría. Pero algo en su interior se rompía, algo no la dejaba en paz… Y para cuando decidió girarse para verlo y afírmalo con fuerza, era demasiado tarde. Ella le miró a lo lejos, con los ojos azules opacos y tristes, con los labios en una línea y el cabello revuelto. Estaba sólo, en pleno bosque, perdido y asustado como ella. Rodeado por nieve.

--¿Siempre es así, no?—Le dijo Sakura--. Has venido a verme sacrificando su bienestar, y has hico por esta joya, sólo para dármela, aun si pudieras morir en el intento. Siempre lo intentas, ¿no?—Naruto sólo la miró--. Y sabes que este sería tu último intento, ¿aun así lo quieres intentar?

--Y aun si no funciona—Le dijo, firme y suave--. Lo volvería a hacer.

--¿Por qué?, es estúpido.

--Dicen, que uno hace estupideces por amor.

Y Sakura cayó ante él. Olvidó todo, decidió hacerlo. Pensó en que todo iría bien, y en que mañana despertaría para descubrir que nada pasó; sólo un recuerdo. Y poco a poco se fue acercando. Y cuando estuvieron uno frente al otro no dijeron nada. Se miraron a los ojos durante un largo rato, y con un breve abrir y cerrar de ojos, dejaron que sus labios se tocaran.




Ya a la media noche la reina se levantó se sus aposentos y miró al mar. Miró las hermosas estrellas relucientes en lo alto del cielo, dejó caer una lágrima por sus mejillas mientras sonreía.

Ella sabía lo que pasaba, lo había sentido, y aunque el dolor la inundaba por la pérdida también se sentía muy feliz. Y esa noche, a lo lejos, miró el vapor reluciente que marchaba hacia el infinito mar; eran dos figuras como el viento que ahora danzaban en libertad para estar juntos, que no eran fuego ni hielo. Era lo que quedaba de ello.

--Es como las estrellas y el mar, tan lejos uno de la otra.
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Re: Como las estrellas y el mar. (TP)(2/2)(10/10/15)

Mensaje por Miu Misaki el Mar Oct 13, 2015 12:13 pm

Onion TT me encanto TTnTT es una pequeña historia convertida en una grande y bellísima historia..
Uno, no cabe duda que vos es un@ gr@n escritor@ y tus historias me fascinan como estas...
Me hizo llorar un poco pero vos estoy feliz que su amor se vaya mas allá que el cielo y las fronteras y se puedan amar mas allá que el mar...
Saludos, besos y abrazos..

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Re: Como las estrellas y el mar. (TP)(2/2)(10/10/15)

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