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Fantasías al anochecer (24/10/2015) (+18) Caps 3, 4 y 5

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Fantasías al anochecer (24/10/2015) (+18) Caps 3, 4 y 5

Mensaje por Tina Uzumaki el Lun Mar 30, 2015 2:43 pm

¡BUENAS GENTE! ¿CÓMO HAN ESTADO? TANTO TIEMPO... He aquí a modo de disculpa por el gran, terrible, y lamentable atraso que he sufrido con mi fic original, la adaptación de uno de los mejores libros de ROMANCE Amor ( Y LEMON  Onion kuku ) que he tenido el placer de leer en mi vida.
Para todos aquellos que han leído mi fic, pasen a revisar por qué no he estado actualizándolo, ya que ahí mismo lo explico. Y para aquellos que no lo conozcan, me encantaría que se dieran un tiempo para leerlo y decirme qué tal. Dejo aquí el Link del mismo.
Bueno, y sin más entretención, les dejo el Prefacio de esta novela, FANTASÍAS AL ANOCHECER...

Prefacio:

20 de marzo de 1793

  El cabo de una vela de sebo se mantenía en equilibrio sobre un saliente de fría piedra, con su llama arrojando sombras animadas y extrañas. El olor del sebo quemado no era agradable, pero mucho más que otros aromas que impregnaban el entorno. El aire húmedo y mohoso. Gruesos hongos verdes creciendo sobre muros de piedra áspera. Excrementos de ratas. Repugnantes cuerpos humanos. Hasta aquella noche, Naruto había tenido cuidado de conservar el sebo, consciente de que no le permitirían tener más. Ya no lo necesitaría. Al amanecer, iría a la guillotina.
  Naruto cerró los ojos para no ver las burlonas sombras oscilantes y acercó las rodillas al pecho. En el otro extremo de la celda, un hombre tosía con espasmos terribles. Más cerca, alguien gemía y daba vueltas en sueños. Sólo Naruto estaba despierto aquella noche. Los demás también afrontarían la muerte, pero no al día siguiente. Volvió a preguntarse si su padre habría sufrido de aquella manera en las horas previas a su muerte. Se preguntó si su madre y su hermana pequeña, Moegi, habrían logrado cruzar el Canal de la Mancha y ponerse a salvo. Naruto había mantenido a raya a los campesinos sedientos de sangre tanto tiempo como había podido. Si las mujeres estaban a salvo, consideraría digno el sacrificio de su propia y patética vida. De todas formas, nunca había sido como los demás. Siempre lo habían considerado un hombre raro. Dudaba que nadie lo echara de menos. Había pasado solo gran parte de sus treinta y cinco años.
  Se le convulsionó el estómago y se inclinó hacia delante, suprimiendo un gemido. Hacía tres días que no comía ni bebía nada. La bazofia que repartían en aquella cárcel lo mataría más deprisa que la inanición. Quizá muriera antes de que pudieran cortarle la cabeza. La idea de privar a aquellos bastardos de su pasatiempo barbárico lo hizo elevar la curva de sus labios resecos.
  La puerta de la celda se abrió con un gran chirrido, pero Naruto no levantó la vista. Sabía que no debía llamar la atención. Pero no era una voz familiar la que oyó, y parecía demasiado cultivada para pertenecer a uno de esos cerdos iletrados.

— ¡Déjanos! Te llamaré cuando haya terminado —la voz transmitía una autoridad que exigía obediencia. La puerta se cerró con fuerza, pero Naruto siguió sin moverse.
Los pasos se acercaron y se detuvieron frente a él.
—Vamos, Uzumaki, no tenemos toda la noche.

  Intentó tragar saliva, pero no sentía más que arena seca en la garganta. Levantó el rostro despacio. El hombre que se erguía ante él sonrió, acariciándose distraídamente el pañuelo de seda de elaborado nudo. La luz de la vela hacía refulgir su pelo, gris como el pelaje de un lobo, pero sus ojos brillaban con mayor oscuridad.

— ¿Quién es usted? —acertó a decir Naruto. Hablar resultaba doloroso después de tantos días sin pronunciar una palabra ni beber una gota de agua.
—Kakashi. He venido a ayudarte, Naruto. Ponte en pie. No tenemos mucho tiempo.
—Motisieur, si es una broma...
—Te aseguro que no lo es —se inclinó para sujetarlo por el antebrazo y, con un tirón que pareció costarle un esfuerzo mínimo, lo puso en pie.
—Pero... si ni siquiera me conoce. ¿Por qué querría ayudarme? Sería un riesgo para su libertad. Además, no hay nada que hacer. Mi sentencia está aprobada y moriré por la mañana. Conserve su cabeza, amigo. Váyase.
El hombre llamado Kakashi escuchó las palabras ásperas de Naruto y asintió despacio.
—Sí, eres digno. No hables más, muchacho. Sé que te duele. Harías mejor en escuchar. Te conozco. Te conozco desde el día en que tomaste tu primer aliento.
Naruto profirió una exclamación y dio un paso atrás. Sentía el cosquilleo de cierta familiaridad. Buscó la vela sin apartar los ojos de Kakashi y la levantó.                      
—Lo que dice es imposible, monsieur. Debe de haberme confundido con otro —pestañeó a la luz trémula, todavía incapaz de ubicar al hombre en sus recuerdos.
Kakashi suspiró, frustrado, y apartó la vela de su rostro con la mano.
—Aparta eso de mi cara, hombre. Te digo que te conozco. Digo que he venido a ayudarte y replicas. ¿Podría ser que estás impaciente por que te corten la cabeza? —Naruto apartó la vela y volvió a mirarlo—. En tu cuarto año de vida te caíste al Canal. Por poco te ahogas, Naruto. ¿Recuerdas al hombre que te sacó, chorreando, del agua fría? La víspera de tu décimo cumpleaños estuvo a punto de arrollarte un carromato. ¿No te acuerdas del hombre que te arrancó del paso de esos cascos?

  La verdad de aquellas palabras sacudió a Naruto como un puñetazo, y se estremeció. La cara tan blanca que parecía pintada con tiza, los ojos tan negros que no se distinguía la pupila del iris: era el rostro del hombre que lo había salvado en esas dos ocasiones. Sin embargo, deseaba negarlo. Kakashi tenía algo que lo asustaba.

—No debes temerme, Naruto Uzumaki. Soy tu amigo. Debes creerlo.
La mirada oscura taladró a Naruto mientras le hablaba de una manera extrañamente hipnótica. Naruto notó que se relajaba.
—Creo que estoy agradecido. Pero un amigo me es de poca utilidad ahora. Ni siquiera sé cuántas horas me quedan. ¿Todavía es noche cerrada?
—Lo es, muchacho, si no, no podría estar aquí. Pero el tiempo apremia, y el alba se aproxima. He tardado más de lo que creía en sobornar a los guardias para poder visitarte. Si quieres vivir, debes confiar en mí y hacer lo que te diga sin dudarlo —hizo una pausa, enarcando las cejas, a la espera de la respuesta.
Naruto se limitó a asentir, incapaz de pensar con la confusión que reinaba en su cerebro.
—Bien —dijo Kakashi—Ahora, quítate el pañuelo.
Naruto se llevó los dedos a la tela de hilo sucio y deshilachado con dedos pesados.
—Dígame qué planea, monsieur.
—Planeo encargarme de que no mueras —se limitó a decir, como si lo diera por hecho.
—Temo que nadie pueda cambiar mi destino —Naruto deshizo finalmente el nudo y se quitó el pañuelo del cuello.
—No morirás, Naruto. Ni mañana, ni ningún otro día. Sígueme.

  Los pies de Naruto parecieron fundirse con el suelo. No podría haber dado un paso adelante aunque hubiera querido. Abrió los ojos de par en par y sintió que se le cerraba la garganta.

—Sé que tienes miedo, pero ¡piensa! Yo soy más temible que la guillotina —gritó, y Naruto se puso rígido y miró alrededor, pero nadie se movió.
— ¿Por qué... por qué no se despiertan? —Kakashi se acercó entonces y lo sujetó por los hombros—. No lo entiendo. ¿Por qué no se despiertan? —repitió Naruto.
El guardia aporreó la puerta.
— ¡Se acabó el tiempo!
— ¡Cinco minutos más! —Vociferó Kakashi, con una potencia que hizo vibrar las paredes—. ¡La espera te merecerá la pena, soldado! ¡Ahora, vete!
Naruto oyó gruñir al guardia y alejarse de la puerta mientras gritaba:
— ¡Dos minutos, no más!
—Maldición, muchacho, ha de hacerse. Perdóname por no encontrar una manera menos temible —dicho aquello, Kakashi atrajo a Naruto hacia él con una fuerza sobrenatural. Sujetándole la cabeza con la palma de la mano, y aunque Naruto forcejeaba para liberarse, le hundió los colmillos en la garganta.

  Cuando Naruto abrió la boca para proferir un grito de horror descarnado, algo húmedo le selló los labios. Lo repugnó comprender que era una muñeca, rajada y sangrante. Kakashi apretó la vena sesgada contra su boca y Naruto no tuvo más remedio que tragar el fluido vil que le llenaba la boca.
  ¿Vil? No, tibio y salado. Con el primer sorbo comprendió, conmocionado, que quería más. ¿Qué le estaba pasando? ¿Habría perdido la cordura? ¡Sí!, porque allí estaba él, permitiendo que la sangre de otro hombre aplacara su dolorosa hambre, su interminable sed. Ni siquiera se acobardó cuando la palabra pasó por su cerebro como una brisa heladora. Vampiro. El temor se adueñó de su corazón al tiempo que la sangre de Kakashi le llenaba el cuerpo. Notó que se debilitaba, que caía en un oscuro abismo del que no quería escapar. Era una muerte mucho mejor que la que traería consigo el alba. La sangre lo estaba drogando, y Kakashi se apartó.
  Naruto no podía mantenerse en pie. Se sentía vacío de todo, y cayó al suelo. No notó el impacto. Le flotaba la cabeza y sentía pinchazos de un millón de agujas invisibles en la piel.

— ¿Qué...qué me ha... hecho? —preguntó a duras penas, arrastrando las palabras, como si estuviera borracho. Ya no sentía la lengua.
—Duerme, hijo mío. Cuando te despiertes, estarás libre de esta celda. Te lo prometo. Duerme.

  Naruto intentó luchar contra la pesadez de los párpados, pero se le cerraron. Vagamente, sintió unas manos frías anudándole el pañuelo manchado, oyó a Kakashi aporrear la puerta y llamar al guardia.

—No vivirá lo bastante para ser ejecutado, me temo —la voz de Kakashi parecía llegar de muy lejos.
— ¡Y un cuerno! Estaba bien...
—Míralo tú mismo, soldado. ¡Mira cómo está tendido! Morirá antes del amanecer, ya lo verás. Enviaré un coche a recoger el cuerpo. Encárgate de trasladarlo, ¿quieres?
—Por un precio, señor.
—Toma, pues. Y habrá más si haces exactamente lo que te pido.
—Bueno, si muere, como usted dice, me ocuparé de meterlo en su carruaje. Pero si no, estaré aquí para cerciorarme de que asiste a su cita con la guillotina. De cualquier manera, acabará igual. En una fosa, ¿eh, señor? —unas carcajadas ásperas resonaron en la celda y la puerta se cerró de golpe.

Sólo espero que les guste, y que dejen sus comentarios, Ja nee Onion bye


Última edición por Tina Uzumaki el Dom Oct 25, 2015 8:20 am, editado 3 veces

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Re: Fantasías al anochecer (24/10/2015) (+18) Caps 3, 4 y 5

Mensaje por Ocaso7 el Mar Mar 31, 2015 3:51 am

Me ha encantado el prefacio, es diferente a lo pensado quiero ver el sig cap. me encanta tu redacción y te invito a que leas mi fic http://narusaku.forosactivos.net/t5870-legado-de-sangre-16-cap-17-entre-la-luz-y-la-oscuridad-actualizado-29-03-2015

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Re: Fantasías al anochecer (24/10/2015) (+18) Caps 3, 4 y 5

Mensaje por Sonnie el Mar Mar 31, 2015 4:07 am

Que interesante el prologo, sin duda estare leyendo esta historia.

Que tengas un buen día.


Hasta Luego.

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Re: Fantasías al anochecer (24/10/2015) (+18) Caps 3, 4 y 5

Mensaje por belivexangel1 el Mar Mar 31, 2015 4:49 am

Creo que soy mala lectora..
Esta interesante.. Pero no entendí mucho x.x espero conti!

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Re: Fantasías al anochecer (24/10/2015) (+18) Caps 3, 4 y 5

Mensaje por Marisaku92 el Mar Mar 31, 2015 6:15 am

Esta interesante el prologo, me imagino que este fic tratara sobre vampiros *o*, me gusto :3 espero prox. cap Very Happy

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Re: Fantasías al anochecer (24/10/2015) (+18) Caps 3, 4 y 5

Mensaje por Miu Misaki el Sáb Abr 11, 2015 10:07 am

me encanto en prologo....
no se pero me encanto...
creo que es por que tratara de
vampiros...muahaha..
Saludos!!!
conti....conti..


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Re: Fantasías al anochecer (24/10/2015) (+18) Caps 3, 4 y 5

Mensaje por Tina Uzumaki el Mar Oct 06, 2015 2:31 am

Bueeeenas a tod@s, ¿cómo andan tanto timepo? Yo por mi parte los extrañé a todos... Onion TT
Lamentablemante no he tenido el timpo, y más importante aún, una computadora, para poder seguir con este y mi original FanFic. Onion D: Onion D: Onion D:
No me voy a andar con rodeos, simplemente quería volver al foro, relamente lo extrañaba y necesitaba. Les comento de paso, si es que alguno siquiera recuerda que yo tenía otro fic, que ese no lo podré continuar porque carezco de tiempo, y al ser original, me lleva demasiada dedicación. Este, por otro lado, y como ya lo he mencionado antes, es la adaptación de una de mis novelas favoritas... Onion kuku Onion kuku Onion kuku así que no me lleva tanto tiempo adaptarlo para ustedes...

Y aquí paso a responder

Ocaso7: muchas gracias por dejarme el link de tu fic, créeme que en cunato tenga tiempo lo leeré.

Camaleona: gracias por siempre estar atenta a lo que escribo, realmente lo aprecio...  In Love

Belivexangel1: no creo que seas mala lectora, sólo que tal vez no le haz prestado suficiente atención al estilo de la narración, y tal vez por eso mismo te haz perdido.

Marisaku92: sí, le diste en el clavo, se trata sobre vampiros... sucede que me pueden las novelas de amor paranormal, así que si sabes de algún autor, avísame, ¿Vale?

Miu Misaki: al igual que le respondí a Marisaku92, el amor paranormal me puede Pervertido S. In Love así que si sabes de algún autor, ¡avísame!


Sin más dejo el Capítulo aquí...

Capítulo 1:

Capítulo 1


Época actual


  En el sueño, ella estaba huyendo. De algo, hacia algo. Hacia alguien. Se abría paso entre el denso follaje de zarzas y plantas trepadoras que se le enredaban en las piernas y la frenaban. Ni siquiera podía ver por dónde pisaba. Y durante todo ese tiempo lo llamaba pero, como siempre, cuando se despertaba, no lograba recordar su nombre. Sakura se incorporó deprisa, apartándose el pelo húmedo de la frente, y lanzó una mirada al reloj de la mesilla y a la luz menguante de la ventana.
  No habría hecho falta. El sueño la asaltaba a la misma hora todos los días, en su rato de descanso cada vez más irregular. El insomnio nocturno, el letargo diurno y unas pesadillas vividas repetitivas se habían convertido en una parte predecible de su existencia. Se había acostumbrado a echarse una siesta en cuanto volvía a casa del trabajo, sabiendo que después no podría descansar. Dormía profundamente hasta poco antes del atardecer, cuando la despertaba aquel sueño temible y persistente.
  Los efectos se disolvieron despacio y Sakura se levantó, se puso la bata de raso y se dirigió a la habitación contigua, dejando huellas en la mullida alfombra plateada. Abrió el grifo de la amplia bañera y dejó caer un puñado de perlas de aceite en el agua. De pronto, oyó unos golpes apremiantes en la puerta y fue a abrir.
 Orochimaru fruncía sus cejas plateadas sobre unos ojos consternados de color verde pálido.

—Sak, ¿estás bien?

  Sakura cerró los ojos despacio y suspiró. Debía de haber gritado otra vez. Ya era terrible tener la certeza de estar perdiendo el juicio, pero preocupar al hombre que había sido como un padre para ella durante los últimos veinte años era demasiado.

—Por supuesto que estoy bien. ¿Por qué?
—Me... Me ha parecido oírte gritar —Orochimaru entornó los ojos para escrutar su rostro. Sakura esperaba que no se le notaran las ojeras—. ¿Seguro que...?
—Sí, estoy bien. Me he dado un golpe en el dedo con el poste de la cama, nada más.

  Seguía mirándola con vacilación.

—Tienes cara de cansada.
—Estaba a punto de darme un baño caliente y acostarme —sonrió para suavizar la preocupación de Orochimaru, pero se convirtió en un ceño cuando reparó en el abrigo que llevaba colgado del brazo—. ¿Vas a salir? Orochimaru, ha estado nevando todo el día. Las carreteras...
—No voy a conducir. Sasuke se pasará a recogerme.

Sakura enderezó la espalda y resopló.

—Vas a espiar otra vez a ese hombre, ¿verdad? En serio, Orochimaru, esa obsesión que tienes...                
— ¡A espiar! Es vigilancia. Y no lo llames obsesión, Sakura. Es puro estudio científico. Deberías comprenderlo.

Sakura enarcó las cejas.

—Es folclore. Nada más. Y si sigues pisándole los talones a ese pobre hombre, acabará llevándote a los tribunales. Orochimaru, llevas meses siguiéndolo. Aún no tienes ni una sola prueba de que sea...
—Orochimaru —la voz de Sasuke la interrumpió. Apareció en el rellano y se reunió con Orochimaru—. ¿Estás listo?
— ¡Y tú! —Sakura siguió hablando como si Sasuke hubiera seguido toda la conversación—. No puedo creer que estés alentando esta caza de brujas. Por el amor de Dios, ¡estamos en los noventa, chicos! En Byram, Connecticut, no en Transilvania, en el siglo quince.

  Sasuke se la quedó mirando un momento. Después, ladeó la cabeza y abrió los brazos. Ella suspiró y dejó que la abrazara.

— ¿Sigues sin poder dormir por las noches? —preguntó Sasuke con suavidad. Sakura movió la cabeza sobre la tela húmeda del abrigo.
—Me preocupa dejarla sola —dijo Orochimaru, como si ella no estuviera allí.
—Tengo experimentos que terminar en el laboratorio del sótano —sugirió Sasuke—. Podría quedarme, si quieres hacer la vigilancia solo.
—No necesito niñera —le espetó Sakura, pero Orochimaru no le hizo caso.
—Me parece buena idea —dijo, y se inclinó para darle un beso en la mejilla—Volveré al amanecer.

  Ella salió de los brazos de Sasuke y movió la cabeza, frustrada.

—Orochimaru y yo sabemos lo que hacemos, Sak —le dijo Sasuke en tono aplacador—Llevamos en este negocio mucho más tiempo que tú. La DIP tiene montones de datos sobre Uzumaki. No es una leyenda.
—Quiero ver los archivos —se sorbió las lágrimas y lo miró a los ojos. Él apretó los labios.
—Tu acreditación de seguridad no es lo bastante alta.

  Era la respuesta que esperaba, la misma que recibía cada vez que pedía ver los informes de la División de Investigaciones Paranormales sobre el supuesto vampiro, Uzumaki. Sasuke le puso la mano en el hombro.

—Sakura, no te enfades. Es por tu propio...
—Lo sé. Por mi propio bien. Se me va a salir el agua de la bañera.

  Se apartó de él y cerró la puerta. Sasuke se encerraría en el laboratorio del sótano y no volvería a pensar en ella, estaba segura. No se preocupaba por ella como lo hacía Orochimaru. Pero últimamente se creía con derecho a darle más órdenes que de costumbre. Se encogió de hombros, decidiendo no seguir pensando en la actitud posesiva de Sasuke hacia ella. Cerró el grifo del agua y se la quedó mirando durante largos momentos. No había baño de agua caliente que pudiera ayudarla a dormir. Lo había probado todo, desde leche tibia hasta una dosis doble del tranquilizante que el médico le había recetado a insistencia de ella. Nada funcionaba. ¿Por qué seguir intentándolo?
  Con un suspiro de frustración, se dirigió a las puertas de cristal. Las abrió de par en par y salió al balcón. El cielo negro púrpura, de un azul plateado en el oeste, dejaba caer copos de nieve con una caótica coreografía. Se quedó mirando, embelesada, la sencilla elegancia de la nieve. De pronto, sintió deseos de formar parte de ella. ¿Por qué malgastar toda su energía pasando la noche tumbada en la cama, contemplando el dosel blanco? Sobre todo, cuando sabía que no dormiría hasta pasadas unas horas. Quizá pudiera agotarse y olvidar. ¿Cuánto tiempo hacía que no disfrutaba de un placer sencillo?
  Entró en el dormitorio, impaciente ahora que la decisión estaba tomada. Se puso unas mallas negras, un grueso jersey de punto, dos pares de calcetines y orejeras de color rosa. Sacó el abrigo y los patines del armario, los guardó en una bolsa de lona, metió también el bolso y abrió la puerta del dormitorio.
  Se quedó un momento escuchando. La casa estaba en silencio. Avanzó de puntillas por el pasillo y bajó las escaleras. Se detuvo en la puerta principal el tiempo justo para ponerse las botas y salió sin hacer ruido.
  El aire le escocía las mejillas y su aliento formaba pequeñas nubes de vaho entre la nieve que caía. Veinte minutos paseando y viendo bailar la nieve la condujeron a las afueras de Byram. Sintió un deleite infantil cuando divisó su destino.
  La pista de hielo refulgía entre los arbustos y los olmos cuidadosamente podados del parque de la ciudad. Sendas serpenteantes salpicadas de nieve, bancos de hierro forjado con asientos de madera de cerezo, papeleras pintadas de un alegre verde formaban una guirnalda en torno al hielo. Sakura se apresuró a acercarse al primer banco para ponerse los patines.

* * * *

  Cuando se despertó, Naruto tuvo la sensación de tener la cabeza llena de algodón mojado. Puso los pies en el suelo con desacostumbrada torpeza. No necesitaba una ventana para percibir el pálido rubor que seguía prendido en el horizonte. No había sido la llegada de la noche lo que lo había despertado, ni aquel día ni desde hacía semanas. Los gritos de ella resonaban en su cabeza hasta que no podía seguir descansando. El temor y la confusión eran palpables en sus súplicas desgarradoras. Sentía su anhelo como un anzuelo hincado en el corazón del que ella estuviera tirando. Sin embargo, vacilaba. El instinto le advertía que no se precipitara. No percibía un peligro inminente en las llamadas nocturnas de la joven, ninguna debilidad física ni accidente parecían ser la causa. Entonces, ¿qué?
  Que pudiera llamarlo resultaba increíble. Ningún humano podía invocar a un vampiro. Que otra cosa que no fuera un peligro mortal pudiera despertarlo de su somnolencia sepulcral lo asombraba. Anhelaba acercarse a ella, pero vacilaba. Hacía tiempo que había abandonado aquel lugar, jurando mantenerse alejado de la joven por el bien de ésta. Había confiado en que el increíble vínculo físico que los unía se debilitara con el tiempo y la distancia. Pero no había sido así.
  Se relajó durante una hora en la comodidad de su guarida. Con la puesta definitiva del sol llegó la familiar oleada de vigor, y sus sentidos se afilaron como una hoja letal.
  Se vistió y abrió la multitud de cerrojos de la pesada puerta. Avanzó en silencio por el pasillo en sombras y empujó una pesada piedra del fondo. Ésta giró hacia dentro con facilidad y Naruto atravesó la abertura para salir a lo que aparentaba ser una bodega. La puerta, de aquel lado, parecía un botellero bien provisto. Lo cerró con suavidad y subió la escalera que conducía a la casa.
  Tenía que verla. Lo sabía desde hacía tiempo, pero había rehuido esa certeza. La atracción era demasiado fuerte para resistirse a ella. Cuando su voz dulce y atormentada llegaba a él en los pliegues aterciopelados de su descanso, percibía la angustia de la joven. Debía saber qué la atormentaba tanto.
  Entró en el salón, se dirigió a la ventana y entreabrió la cortina. La furgoneta de la DIP se encontraba al otro lado de la verja principal, como todas las noches desde hacía dos meses. La División se había creado hacía más de un siglo, por un grupo de píos imbéciles, decididos a destruir todo lo que no comprendían. Corrían los rumores de que en aquellos momentos se encontraban bajo los auspicios de la CÍA y, por tanto, no eran una amenaza que tomar a la ligera. Ocupaban todo un edificio de White Plains, según tenía entendido Naruto. Se decía que tenían agentes por todo Estados Unidos, e incluso en Europa y Japón. El que se encontraba ahí fuera parecía haber tomado a Naruto como su obsesión personal. Como si la verja principal fuera la única salida, aparcaba allí todas las noches hasta el amanecer. Era tan molesto para Naruto como un moscardón.
  Se puso un sobretodo oscuro y salió por las puertas de cristal del salón, situadas en sentido opuesto a la verja principal. Atravesó el jardín de atrás, que se extendía desde la casa hasta el escarpado rocoso que daba al estrecho de Long Island. Se acercó a la alta verja de hierro que rodeaba por completo su propiedad y la saltó sin mucho esfuerzo. Avanzando entre los árboles, salió a la carretera varios metros por detrás del hombre concienzudo que creía estar vigilándolo tan bien.
  Recorrió una corta distancia a pie antes de detenerse, despejarse la cabeza y cerrar los ojos. Abrió la mente a la cacofonía de sensaciones a las que normalmente tenía negado acceso. Hizo una mueca para sus adentros por el bombardeo. Voces de todos los tonos, inflexiones y potencia resonaban en su mente. Emociones desde el pavor absoluto al éxtasis delirante, sensaciones físicas, tanto de placer como de dolor, se retorcían en su interior, y se acorazó contra aquel asalto mental. No podía localizar la mente de un individuo de ninguna otra manera, a no ser que esa persona le estuviera enviando un mensaje deliberadamente, como ella había estado haciendo.
  Poco a poco, empezó a dominar el barullo y lo tamizó, buscando sus pensamientos. A los pocos momentos, la sintió, y se volvió hacia donde sabía que estaba. Se quedó sin aliento cuando se trasladó a las proximidades de la pista de hielo y la vio.
  Giraba en el centro de la pista, bañada en la luz de la luna, con el rostro elevado en actitud de súplica, como si estuviera enamorada de la noche. La vio detenerse, abrir los brazos con la gracia de una bailarina y patinar despacio, después más deprisa, grabando un ocho en el hielo. Se volvió entonces, dejándose resbalar hacia atrás sobre el hielo, y giró de nuevo, cruzando los patines, reduciendo el paso gradualmente.
  Naruto sintió una extraña quemazón en la garganta mientras la observaba. Habían transcurrido veinte años desde que había abandonado la cama de hospital de la inocente niña de pelo rosado tras salvarle la vida. Con qué nitidez recordaba aquella noche, cómo ella había abierto los ojos y se había aferrado a su mano. Ella lo había llamado por su nombre y le había pedido que no se fuera. ¡Lo había llamado por su nombre, aunque era la primera vez que lo veía! Fue entonces cuando comprendió lo fuerte que era el vínculo que los unía y tomó la decisión de irse.
¿Se acordaría de él? ¿Lo reconocería si volviera a verlo? Por supuesto, no tenía intención de permitirlo. Sólo quería mirarla, escrutar su mente y averiguar qué provocaba su angustia nocturna.
  La vio patinar hasta un banco próximo al borde del hielo, quitarse las orejeras y dejarlas en el asiento. Movió la cabeza con fuerza y su pelo se agitó salvajemente, como una capa de raso rosado de rizos. Se despojó de la chaqueta y la soltó sobre el banco. No pareció preocuparla que resbalara hasta el suelo. Inspiró hondo, se dio la vuelta y se alejó patinando.
  Naruto abrió la mente y la centró en ella. De nuevo, se maravilló de la fuerza del vínculo mental que los unía. Oía sus pensamientos con la misma claridad que ella.
Lo que oía era música... la música que ella imaginaba mientras daba vueltas por el hielo. Se apagó un poco, y ella habló para sus adentros. «Vamos, Sak, vieja amiga. Un poco más deprisa... ¡ahora!»
  Naruto contuvo el aliento cuando la vio saltar sobre el hielo para dar una vuelta y media. Aterrizó casi a la perfección, con una pierna extendida hacia atrás, después, se tambaleó y cayó sobre la pista. Naruto estuvo a punto de acercarse corriendo, pero un instinto apenas oído le advirtió que se contuviera. Despacio, comprendió que ella se estaba riendo, y el sonido era como agua cristalina resbalando sobre las piedras. Se puso en pie, se frotó el trasero y se alejó patinando mientras él la seguía con la mirada. Fue entonces cuando Naruto divisó la furgoneta, aparcada en la oscuridad, al otro lado de la calle. ¡Orochimaru Saint Claire!
  Se corrigió enseguida. No podía ser Saint Claire. Lo habría oído llegar. Se fijó un poco más en la furgoneta blanca y reparó en minúsculas diferencias: el raspón en el costado, los neumáticos. No era el vehículo de Saint Claire, pero sí de la DIP. Alguien estaba vigilando, no a él, sino a Sakura.
  Se habría aproximado, habría penetrado el interior oscuro de la furgoneta con los ojos para identificar al observador, pero tropezó con algo y bajó la vista. Una bolsa. La bolsa de Sakura. Volvió a mirarla. Estaba completamente absorta patinando. Al parecer, quien la vigilaba, también. Naruto se inclinó, recogió la bolsa y se fundió en las sombras. Además de las botas lo único que había dentro era un pequeño bolso de mano. Tocó la suave piel de cabritilla y lo sacó.
  Sí, estaba violando su intimidad. Lo sabía. Pero si la estaban vigilando las mismas personas que lo vigilaban a él, debía saber por qué. Si Saint Claire había descubierto cuál era su relación con la joven, aquélla podía ser una trampa elaborada. Sacó todos los objetos del bolso y los examinó metódicamente antes de reponerlos. Dentro de la pequeña cartera encontró una tarjeta de acceso a la DIP con el nombre de Sakura escrito de forma tan llamativa que le hería la vista.

—No —susurró.

  Volvió a mirarla al tiempo que dejaba caer la tarjeta en el bolso, el bolso en la bolsa de lona y la dejaba de nuevo donde la había encontrado. El corazón se le encogió mientras la observaba. Tan hermosa, tan delicada... ¿Sería su Judas? ¿Una traidora disfrazada de ángel?
  Sintonizó su mente con la de ella con toda la fuerza que poseía, pero las únicas sensaciones que encontró fueron alegría y exuberancia. Lo único que oía era la música, que cada vez sonaba con más fuerza en su cabeza. La obertura de The Impresario. Patinaba en perfecta armonía con la veloz pieza, hasta que la música se detuvo de golpe.
  Se deslizó hasta detenerse y permaneció inmóvil sobre el hielo, con la cabeza levemente inclinada, como si pudiera oír un sonido que no podía identificar. Se volvió muy despacio, realizando un círculo completo mientras paseaba la mirada por la pista. Dejó de moverse cuando se quedó frente a él, aunque Naruto sabía que no podía verlo, vestido como iba de negro, envuelto en las sombras. Aun así, ella frunció el ceño y patinó hacia él.
  Cielos, ¿sería el vínculo tan fuerte que Sakura podía percibir su presencia? ¿Habría notado que él le estaba explorando la mente? Se dio la vuelta, y se habría ido de no ser por los rápidos pases de las cuchillas sobre el hielo y la fricción de las mismas cuando Sakura se detuvo tan cerca de él que sintió las salpicaduras de fragmentos de hielo en las piernas. Percibió el calor que emanaba su cuerpo calentado por el ejercicio. Lo había visto. Naruto sentía el fuego de su mirada en la espalda, y no podría haberse ido aunque quisiera. Quizá fuera una estupidez, pero se volvió hacia ella.
  Sakura se lo quedó mirando un largo momento, perpleja. Tenía las mejillas sonrojadas por el ejercicio, y la punta de la nariz enrojecida. Se le escapaban nubéculas blancas de sus labios entreabiertos y, más abajo, el pulso le latía en la garganta. Cuando Naruto arrancó la mirada del minúsculo pulso que sentía latir por su cuerpo, se sorprendió siendo incapaz de arrancar la mirada de sus ojos. Lo mantenían cautivo, como si poseyeran el mismo poder de autoridad que los suyos. Se perdía en aquellos orbes enormes e insondables, tan encantadores y hechizantes a causa de su color verde esmeralda. «Dios mío», pensó. «Ya parece uno de nosotros».
  Sakura frunció el ceño y movió la cabeza, como si intentara sacudirse los copos de nieve del pelo.

—Lo siento. Pensaba que era... —la explicación murió en sus labios, pero Naruto lo sabía. Pensaba que era un conocido, alguien cercano. Lo era.
—Otra persona —concluyó en su lugar—.Me ocurre a todas horas. Tengo una de esas caras familiares —le escudriñó la mente, buscando indicios de reconocimiento por parte de ella. No había recuerdos, sólo un poderoso anhelo, algo que ella aún no había identificado—. Buenas noches —asintió y se obligó a darse la vuelta.

Pero cuando daba el primer paso, oyó su ruego silencioso como si lo hubiera gritado. «Por favor, ¡no te vayas!»
Giró de nuevo, incapaz de hacer otra cosa. Su mente pragmática no hacía más que recordarle la tarjeta de la DIP que ella llevaba en el bolso. Su corazón quería estrecharla entre sus brazos. Se había convertido en una belleza. Sólo con vislumbrarla cualquier hombre se quedaría sin aliento. Las lágrimas que vio en sus ojos lo dejaron atónito.

—Estoy segura de que lo conozco —dijo con voz trémula—. Dime quién eres.

El anhelo de Sakura tiraba de él, y no percibía en ella mentira ni intención maliciosa. Sin embargo, si trabajaba para la DIP, sólo podría causarle daño. Percibió la atención del hombre de la furgoneta. Debía de preguntarse qué hacía Sakura demorándose allí.

—Debe de estar confundida —lo desgarraba pronunciar la mentira—. No nos hemos visto nunca —se dio la vuelta, pero ella se acercó en aquella ocasión, tendiéndole la mano. Se tambaleó, y sólo la velocidad sobrenatural de Naruto le permitió girar a tiempo. La atrapó cuando se inclinaba hacia delante. Le rodeó su esbelto cuerpo con los brazos y la atrajo hacia su pecho.
  No podía soltarla. La sostuvo y ella no se resistió. Sakura apoyó el rostro en su pecho, por encima de su desbocado corazón. Su fragancia lo esclavizaba. Ella le puso los brazos en los hombros, como si quisiera sujetarse mejor, pero le rodeó el cuello, y Naruto supo que moriría mil veces antes de soltarla.
  Sakura levantó la cabeza, la inclinó hacia atrás y lo miró a los ojos.

—Te conozco, ¿verdad?

Tina Uzumaki
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Re: Fantasías al anochecer (24/10/2015) (+18) Caps 3, 4 y 5

Mensaje por Tina Uzumaki el Dom Oct 11, 2015 3:35 pm

Buenas noches chic@s, ¿cómo andan? paso a dejarles el segundo capítulo de este fic...


Capítulo 2:

Capítulo 2



    Sakura pestañeó para intentar disipar el aturdimiento en que parecía haber caído. Se erguía tan cerca de aquel desconocido que todas las partes de su cuerpo entraban en contacto con las de él desde los muslos hasta el pecho. Con los brazos le rodeaba su musculoso cuello. Los de él, de hierro, la sujetaban con fuerza por la cintura. Había inclinado la cabeza hacia atrás para mirarlo a los ojos y se sentía atrapada en ellos.
    « ¡Me resulta tan familiar...!»
    Aquellos ojos resplandecían como trocitos de zafiro perfectamente redondos entre gruesas pestañas doradas.
    «Pero no lo conozco».
    Lo vio entreabrir los labios, como si fuera a decir algo, y cerrarlos de nuevo. ¡Qué suaves eran sus labios! Qué tersos, y qué maravillosos cuando sonreía ¡Ay, cómo había echado de menos su sonrisa!
    « ¿Qué estoy diciendo? Nunca lo he visto».
    Su pecho era un muro amplio y sólido. Sentía su corazón palpitando poderosamente en su interior. Los hombros eran tan anchos que invitaban a una cabeza cansada a apoyarse en ellos. El pelo le refulgía a la luz de la luna, tan rubio, tan brillante y dorado como el sol de la mañana. Le caía en largas ondas de raso sobre los hombros, cuando no se lo recogía con el pequeño lazo de terciopelo en una coleta. Tocó el lazo de la nuca, sabiendo que estaba allí antes de tocarlo. Sentía un impulso irracional de deshacérselo y de deslizar los dedos por su glorioso pelo...
    Sakura frunció las cejas.

— ¿Quién eres?
— ¿No lo sabes? —su voz le provocó otra oleada de reconocimiento.
—Tengo la sensación de que sí, pero... —frunció el ceño y movió la cabeza, frustrada.

    Volvió a mirarle los labios y arrancó la vista. Se sentía como si un gran vacío de su corazón se hubiera llenado repentinamente sólo con ver a aquel hombre familiar. Las palabras que se arremolinaban en su mente, y que ella se había contenido apenas para no barbotar, eran absurdas.
    «Gracias a Dios que has vuelto...Te he echado tanto de menos... Por favor, no me vuelvas a dejar... Me moriré si me dejas otra vez».
    Sentía lágrimas en los ojos, y quería darse la vuelta para que no se las viera. Él la observaba con intensidad, como si le estuviera leyendo el pensamiento. Quería darse la vuelta y salir corriendo. Quería que la abrazara para siempre. «Estoy perdiendo la cabeza»

—No, cariño. Estás perfectamente cuerda, no dudes nunca de eso —le dijo, acariciándola con la voz. Sakura inspiró hondo. No había expresado en voz alta el pensamiento, ¿no? Cielos...él se lo había leído.

    « ¡Imposible! No ha podido». Volvió a mirarle la boca, tan sensual, y se humedeció los labios. ¿Le habría leído el pensamiento? «Quiero que me beses», pensó deliberadamente.
    Una voz silenciosa susurró la respuesta dentro de su cerebro... la voz de él.
    « ¿Una prueba? No se me ocurre una más grata». Sakura observó, perpleja, cómo bajaba la cabeza. Relajó la boca sobre la de ella, y Sakura permitió que se la entreabriera. Al instante, él le introdujo su lengua tibia y húmeda para acariciarla, y Sakura experimentó una sacudida, una corriente eléctrica que desde el punto de contacto le recorría el cuerpo para salir por las plantas de los pies.
    Él movió las manos por su espalda. Deslizó las yemas de los dedos por la nuca y más arriba, hasta que las enterró en su pelo. Entonces la apretó contra él, inclinándola como más le convenía e impidiendo que ella se apartara mientras hundía aún más la lengua, encendiendo hogueras en el vientre de Sakura.
    Por fin, retiró los labios y ella pensó que el beso había terminado. Sin embargo, sólo cambió de forma. Él deslizó sus labios húmedos por la curva de la mandíbula para acariciarle con la lengua la piel sensible de debajo del oído. Bajó los labios suavemente hacia el cuello, y ella inclinó la cabeza hacia atrás por propia voluntad. Le sujetó la cabeza con las manos y lo apretó contra ella. Cerró los ojos y sintió un mareo tan fuerte que creyó estar a punto de desmayarse.
    Él le lamió la piel tierna que estaba mordisqueando. Sakura sintió el roce de unos incisivos afilados en la carne suave que él succionaba. Lo notó estremecerse, gemir, como si estuviera atormentado. Levantó la cabeza y enderezó la de ella para poder mirarla a los ojos. Durante un momento, Sakura creyó ver luz en ellos... un resplandor sobrenatural que refulgía.
    Su voz, cuando habló, sonaba áspera y trémula. Ya no era la miel tranquilizadora de antes.

— ¿Qué es lo que quieres de mí? No pidas demasiado, Sakura. Temo no poder negarte nada.
Ella frunció el ceño.
—Yo no quiero... —tomó aire por la boca y salió de sus brazos— ¿Cómo sabes mi nombre?

    Lentamente, el hechizo perdió fuerza. Ella inspiró hondo, con normalidad. ¿Qué había hecho? ¿Desde cuándo besaba a desconocidos en mitad de la noche?

—Tú también sabes el mío —dijo, recuperando parte de su tono y fortaleza previos.
— ¡Yo no sé cómo te llamas! ¿Y cómo podrías...? ¿Por qué ibas a...? —movió la cabeza con enojo, incapaz de terminar la frase. A fin de cuentas, lo había besado tanto como él a ella.
—Vamos, Sakura, los dos sabemos que me has llamado, así que deja de fingir. Sólo quiero saber qué te preocupa.
— ¿Que yo te he llamado? ¡Desde luego que no! ¿Cómo podría hacerlo? ¡Ni siquiera te conozco!

    Él enarcó una ceja y le hizo otra sorprendente pregunta.

— ¿Y a él? ¿Lo conoces?

    Sakura siguió su mirada hacia la calle y contuvo el aliento al ver la furgoneta de la DIP que estaba aparcada allí. Sabía que era la de Sasuke por el óxido de debajo de la ventanilla del conductor. No podía creer que tuviera la audacia de espiarla.

—Me ha seguido. Será prepotente ese hijo de...
—Muy bien, aunque sospecho que sabes perfectamente por qué está ahí apostado. Esto era una trampa, ¿verdad? Me atraes aquí y, después, tu atento amigo…
— ¿Atraerte aquí? ¿Por qué querría hacer eso? Ya te he dicho que no te había visto nunca.
—Me llamas todas las noches, Sakura. Me has suplicado que viniera hasta casi hacerme perder la razón.
—Te lo repito, no te he llamado. Ni siquiera sé cómo te llamas.

    De nuevo, la miró a la cara y Sakura tuvo la sensación de que le estaba escrutando la mente. Lo vio suspirar y fruncir el ceño hasta que las cejas entraron en contacto.

—Entonces, dime qué crees que hace ese caballero siguiéndote.
—Conociendo a Sasuke, seguramente, cree que es por mi propio bien. Últimamente no hace más que decir eso —su enojo se suavizó un poco, como si lo pensara con más detenimiento—. Puede que esté un poco preocupado por mí. Sé que Orochimaru es... mi tutor, sí. Sinceramente, yo también estoy preocupada. Ya no duermo por las noches, y sólo me apetece dormir es durante el día. De hecho, me he quedado dormida dos veces sobre mi escritorio. Me meto en la cama nada más llegar a casa y duermo como una marmota, pero sólo hasta que anochece. Entonces, tengo terribles pesadillas y grito tanto que todos empiezan a creer que estoy perdiendo la cabeza. Después me levanto y estoy inquieta toda la no... —se interrumpió al comprender que le estaba contando su vida a un perfecto extraño.
—Por favor, no pares —dijo él enseguida. Parecía sinceramente interesado en lo que le estaba contando—. Hablame de esas pesadillas —debió de percibir su recelo, porque levantó la mano para tocarle la mejilla con las yemas de sus largos dedos—. Sólo quiero ayudarte. No pretendo hacerte daño —le puso la mano en la parte posterior de la cabeza para acercarla, y Sakura no se resistió. No había sentido tanta calma desde hacía meses. La sostuvo con suavidad, y con una mano le acarició el pelo—. Cuéntame, Sakura.

    Ella suspiró, incapaz de resistirse al atractivo de su voz o de su tacto, aunque sabía que no tenía sentido.

—Es de noche y hay una especia de jungla, y mucha niebla y bruma cubriendo el suelo, así que no le veo los pies. Tropiezo mucho mientras corro. No sé si corro hacia algo o huyo de algo. Sé que estoy buscando a alguien, y en el sueño sé que esa persona puede ayudarme a encontrar el camino. Pero la llamo una y otra vez y no me contesta.

    Dejó de acariciarle el pelo al instante, y ella creyó notar que se ponía tenso.

— ¿A quién llamas?
—Creo que eso es lo que me está volviendo loca. No logro recordarlo. Me despierto jadeando, como si realmente hubiera estado atravesando esa selva, a veces, medio pronuncio su nombre... pero no logro recordarlo.
—Sakura, ¿cómo te hace sentir ese sueño?
— ¿Eres psicólogo? —Se apartó de él y le observó el rostro.
—No.
—Entonces no debería estar contándote nada de esto —intentó arrancar la mirada de aquel rostro familiar—.Porque, en realidad no te conozco.

    Se puso rígida cuando gritaron su nombre desde el otro lado de la pista de hielo.

— ¡Sakku!

    Hizo una mueca.

—Odio que me llame así —volvió a escrutar los ojos del desconocido y, de nuevo, se sintió como si acabara de reunirse con alguien al que adorara—. ¿Eres real o una parte de mi locura? —«No, no me lo digas», pensó de improviso. «No quiero saberlo»—. Será mejor que me vaya antes de que a Sasuke le dé un infarto por la preocupación.
— ¿Tiene derecho a preocuparse?

    Sakura hizo una pausa, frunciendo el ceño.

—Si lo que me preguntas es si es mi marido, la respuesta es no. Estamos unidos pero no por una relación romántica. Para mí es como... un hermano mayor mandón.

    Se volvió y se alejó patinando por el hielo hacia Sasuke, pero sintió la mirada del desconocido en la espalda durante todo el trayecto. Intentó volver la cabeza para ver si seguía allí, pero no lo vio. Después, se acercó a Sasuke reduciendo el paso. Estaba corriendo por el hielo, hacia ella.
    La sujetó del antebrazo con fuerza y tiró de ella hasta la orilla de la pista. Después la arrastró al mismo ritmo hasta que llegaron al banco más próximo, donde la obligó a sentarse.

— ¿Quién diablos era ese hombre?

    Ella se encogió de hombros, aliviada por que él también lo hubiera visto.

—Alguien a quien acabo de conocer.
— ¡Quiero saber cómo se llama!

    Frunció el ceño al detectar la autoridad y el enojo en su voz. Sasuke siempre había sido mandón, pero se estaba pasando de la raya.

—No llegamos a decirnos los nombres, pero ¿a ti qué te importa?
— ¿Insinúas que no sabías quién era? —ella asintió—. ¡Y un cuerno que no lo sabes! —estalló. Sujetándola por los hombros, la puso en pie y la oprimió. La miró con rabia, y la habría asustado si Sakura no lo conociera tan bien— ¿Qué haces saliendo a hurtadillas de noche de esta manera?
—Patinar. ¡Ay! —Él le hundió los dedos en los hombros—. Sólo estaba patinando, Sasuke. Sabes que no puedo dormir. Pensé que un poco de ejercicio...
—Mentira. Has venido a reunirte con él, ¿verdad?
— ¿Con quién? ¿Con el hombre con quien hablaba? Por el amor de Dios, Sasuke, yo...
— ¿Con quien hablabas? Bonita manera de llamarlo. Te he visto Sakku. Estabas en sus brazos.

    Sakura se enfadó.

—Aunque me hubiese acostado con él en el centro de la pista de hielo, Sasuke Uchiha, soy una mujer hecha y derecha y lo que hago es asunto mío. ¡Tú me has seguido hasta aquí! No me importa lo preocupado que esté Orochimaru, no pienso permitir que me espíes ni voy a darte explicaciones de lo que hago. ¿Quién crees que eres?
    La sujetó con fuerza y la zarandeó una, dos veces.

—Maldita sea, ¡cuéntame la verdad! Sabías quién era, ¿verdad? Has venido aquí a reunirte con él, ¿verdad? ¿Verdad?
—Su... Suéltame... Sasuke, me... me estás haciendo daño...

    Se le había emborronado la vista por el zarandeo, pero no tanto como para no ver la figura oscura que se perfilaba detrás de Sasuke. Sabía quién se erguía allí. Había sentido su presencia... quizá incluso antes de verlo. También percibía algo más: su furia cegadora.

—Quítale las manos de encima —gruñó el desconocido, con la voz temblándole de rabia apenas contenida.

    Sasuke se puso rígido. Dejó caer las manos a los costados y abrió los ojos de par en par. Sakura retrocedió y levantó una mano para masajearse un hombro magullado. El calor de la mirada del desconocido la hizo levantar la vista. Aquellos ojos azules habían seguido el movimiento de su mano y su furia se había acrecentado.
    «Pero ¿cómo puedo saber eso?»
    Sasuke se volvió hacia él y dio un paso atrás... alejándose de la imponente figura del desconocido. Bueno, al menos, Sakura ya sabía que era real.

— ¡U… Uzumaki! —graznó Sasuke.

    Sakura sintió la conmoción como un golpe físico. Volvió a clavar la mirada en el rostro del desconocido. Éste contemplaba a Sasuke. Una pequeña sonrisa exenta de humor afloró en sus labios, y asintió. Un repentino movimiento llamó su atención, y Sakura vio a Sasuke metiéndose la mano en la chaqueta, como hacían los malos en la televisión cuando buscaban una pistola oculta. Se puso rígida, muerta de pánico, pero se relajó cuando lo vio sacar un pequeño crucifijo dorado, que sostuvo frente a Uzumaki con el brazo estirado y los nudillos blancos.
    El desconocido se quedó inmóvil un momento. Se quedó mirando fijamente el símbolo dorado como si se hubiera quedado helado. Sakura lo vio temblar con intensidad mientras se tocaba involuntariamente el cuello, y recordó haber sentido el roce de aquellos incisivos. ¿Sería realmente un vampiro?
    La sonrisa de Uzumaki retornó, sarcástica y amarga. Incluso rió entre dientes, un sonido parecido a un trueno lejano. Alargó la mano para arrancar la cruz de la mano de Sasuke y la giró varias veces, inspeccionándola con atención.

—Impresionante —dijo, y se la devolvió. Sasuke la dejó caer al suelo y Sakura suspiró de alivio, pero sólo fugazmente. Por fin cobraba sentido su encuentro con él.
— ¿De verdad eres Uzumaki?

    Él le hizo una exagerada reverencia. Ella no podía sostenerle la mirada, avergonzada de sus previas reacciones a lo que, para él, sólo había sido un juego.

—Comprendo por qué estás tan enfadado con mi tutor. A fin de cuentas, ha estado acosándote sin parar. Para tu información, yo no he tenido nada que ver con eso. Te he defendido hasta quedarme ronca. No me molestaré en seguir haciéndolo. Agradezco sinceramente que no hayas querido demandar a Orochimaru, pero sugiero que, en el futuro, no intentes utilizarme para hacerle llegar tus mensajes.

    Vio que enarcaba otra vez la ceja y contuvo el aliento.

— ¿Tu tutor? Lo has dicho antes pero... ¿Saint Claire?
—Como si no lo supieras previamente a tu pequeña actuación de antes —Sakura movió la cabeza, deslizando de nuevo los dedos por el punto dolorido del cuello—. Puede que hasta le viera la gracia, si no estuviera a punto de... —se interrumpió y movió la cabeza al sentir las lágrimas en los ojos.
—Sakura, no era eso lo que...

    Lo interrumpió moviendo la cabeza con violencia.

—Me encargaré de que reciba tu mensaje. Puede que sea un imbécil, Uzumaki, pero lo quiero mucho. No me gustaría que lo llevaras a juicio —giró sobre sus talones.
— ¡Sakura, espera! ¿Qué les pasó a tus padres? ¿Cómo es que él...? ¡Sakura!

    Ella no le hizo caso, se acercó al hielo y se alejó patinando hacia la otra orilla, donde había dejado la bolsa de lona. Se tambaleó sobre la nieve para recogerla, y se dejó caer sobre el banco más próximo para soltarse los patines. Le temblaban los dedos. Apenas podía ver por las lágrimas que le nublaban la vista.
    ¿Por qué estaba reaccionando de aquella manera a la estratagema insensible de Uzumaki? ¿Por qué se sentía tan traicionada?
    «Porque me estoy volviendo loca, por eso».
    El enojo la hizo levantar la cabeza. Se quitó un patín, metió el pie en la bota y se soltó el otro sin mirar. Tenía la vista puesta en Uzumaki, que sostenía a Sasuke por las solapas y lo zarandeaba como éste había hecho con ella hacía unos momentos. Cuando por fin lo soltó, Sasuke cayó hacia atrás en la nieve. Sakura sólo podía verle la espalda a Uzumaki, pero oía sus palabras con claridad, aunque no con los oídos.
    «Si alguna vez te veo ponerle otra vez las manos encima, Uchiha, lo pagarás con tu vida. ¿Me he explicado bien?»
    Perfectamente, pensó Sakura. Guardó los patines en la bolsa y se escabulló mientras ellos seguían discutiendo.

* * * * *

    Con un dolor semejante a una espada clavada en el esternón, Naruto acarició el pelo rosa de las orejeras que Sakura había olvidado con las prisas por alejarse de él. También se había dejado el abrigo. Lo llevaba colgado del brazo mientras los seguía. Uchiha había alcanzado a Sakura sólo unos pocos minutos después de que ésta se hubiera ido. Hablaba sin parar en su intento de aplacarla.

—Lo siento. Sakku te lo juro, no pretendía hacerte daño. ¿No entiendes que me volví loco de miedo cuando te vi en sus brazos? Dios mío, ¿no sabes lo que podría haber ocurrido?

    Escaneó la mente del bastardo con la suya y no encontró indicación alguna de que Sakura corriera peligro a su lado. Hizo lo mismo cuando la vio entrar en la lúgubre mansión victoriana de Orochimaru Saint Claire, reacio a dejarla en sus manos. Y ni siquiera entonces podía partir.
¿Cómo diablos se las habría arreglado Saint Claire para convertirse en su tutor? Cuando Naruto la dejó, veinte años atrás, ella tenía dos padres que la adoraban y que no soportaban la idea de perderla. Todavía podía verlos: la pequeña Mebuki, una mujer de aspecto frágil con pelo castaño claro y bonitos ojos verdes rebosantes de amor siempre que miraba a su adorable hija. Se había puesto histérica aquella noche en el hospital. Naruto la había visto aferrándose a la bata blanca del médico, moviendo rápidamente la cabeza por lo que le estaba diciendo mientras las lágrimas resbalaban por su rostro. El callado abatimiento de su marido era aún más doloroso de presenciar. Kizashi estaba hundido, caído en la silla como si no pudiera volver a levantarse, con el pelo colorado cayéndole sobre un ojo.
    ¿Qué diablos les habría pasado? Se dejó caer sobre un tocón podrido y nevado del exterior de la mansión y enterró la cabeza entre las manos.

—No debí abandonarla —susurró a la noche—. Dios mío, no debí dejarla.

    Permaneció allí, angustiado, hasta que el cielo empezó a palidecer por el este. Ahora Sakura pensaba que la había utilizado para enviarle una advertencia a Saint Claire. Era evidente que no poseía un recuerdo consciente de él ni conocía el vínculo que los unía. Ni siquiera podía recordar su nombre.

* * * * *

    Sakura se detuvo delante de la puerta del despacho de Orochimaru para acorazarse, con la mano puesta en el pomo. La noche anterior había eludido un nuevo enfrentamiento con Sasuke alegando agotamiento, una mentira que él se había tragado porque sabía lo poco que estaba durmiendo. Aquella mañana se quedó en su cuarto, fingiendo dormir cuando Orochimaru la llamó desde el umbral. Sabía que no la despertaría si pensaba que por fin estaba durmiendo. Sakura aguardó a que partiera hacia la sede de la DIP de White Plains para luego vestirse rápidamente y llegar tarde al trabajo en su abollado Escarabajo Volkswagen. Había tenido el día completo con las tareas triviales que le asignaban. Su débil acreditación de seguridad no era lo bastante alta para permitirle trabajar en ningún caso importante. Salvo por Konohamaru Sarutobi. Él era importante... al menos, para Sakura. No era más que un clarividente de clase tres en el libro de la DIP pero, para ella, era de primera clase.
    Suspiró, sonriendo al pensar en él, pero enderezó la espalda de cara al inminente encuentro. Sujetó el pomo con más fuerza, pero se detuvo al oír la voz de Sasuke a través de la madera.

— ¡Mírala! Te lo digo, está pasando algo, y eres un estúpido si no te das cuenta.
—Está confundida —dijo Orochimaru, afligido—. Reconozco que la proximidad le está produciendo un efecto inesperado, pero no podemos culparla por eso. No tiene ni idea de lo que le está pasando.
—Eso es lo que tú crees. Yo creo que habría que vigilarla constantemente.

    El enojo de Sakura creció, y abrió la puerta de par en par.

— ¿Tenéis idea de lo harta que estoy de que habléis de mí como si fuera uno de vuestros casos?

    Los dos hombres levantaron la vista, sobresaltados. Intercambiaron incómodas miradas, y Orochimaru se levantó de la silla tan deprisa que arañó el suelo de baldosas.

—Vamos, Sak, ¿qué te hace pensar que estábamos hablando de ti? En realidad, estábamos hablando de un caso. Uno sobre el que discrepamos.

    Sakura hizo una mueca, cruzando los brazos.

— ¿En serio? ¿Qué caso?
—Lo siento Sakku—le espetó Sasuke—. Tu acreditación de seguridad no es lo bastante elevada.
— ¿Cuándo lo ha sido?
—Sak, por favor —Orochimaru se acercó a ella, la envolvió con un suave abrazo y le besó la mejilla. Después, se inclinó hacia atrás para escrutarle el rostro—. ¿Estás bien?
— ¿Por qué no iba a estarlo? —su preocupación la aplacó un tanto, pero seguía estando harta de tantos aspavientos.
—Sasuke me ha dicho que anoche conociste a Uzumaki— Orochimaru movió la cabeza—. Quiero que me cuentes todo lo que pasó, todo lo que te dijo, lo que te hizo. ¿Te...? —Orochimaru palideció ante sus ojos—. ¿Te tocó?
—La abrazó como si no quisiera soltarla jamás —estalló Sasuke—. Te lo dije, Orochimaru...
—Me gustaría oírselo decir a ella —sus pálidos ojos verdes escrutaron los de Sakura.

    Los bajó al jersey turquesa de cuello alto que se había puesto bajo el holgado jersey blanco. Sakura pensó que iba a desplomarse. Sasuke reparó en su atuendo en el mismo instante y contuvo el aliento.

—Sakku, por Dios, ¿es que te...?
— ¡Por supuesto que no! ¿Tenéis idea de lo locos que parecéis?
—Enséñamelo —dijo Orochimaru con suavidad. Sakura movió la cabeza y exhaló el aire con fuerza.
—Está bien, pero antes quiero explicar una cosa. Uzumaki parece saber lo que pensáis de él. Su encuentro en la pista de hielo era su manera de enviaros un mensaje, y el mensaje es que lo dejéis en paz. No creo que estuviera bromeando —enganchó dos dedos en el cuello del jersey y se lo bajó para enseñarles el moratón azulado que le había dejado Uzumaki. Orochimaru profirió una exclamación.
—Fijaos los dos. No hay marcas de colmillos, sólo un... Bueno, seamos claros, un chupetón. Dejé que un perfecto desconocido me hiciera un chupetón, lo cual debería enseñaros hasta qué punto he estado estresada últimamente. Entre mi insomnio y vuestro exceso de protección, me siento como si estuviera en un horno a presión.

    Orochimaru se inclinó sobre ella y le inspeccionó el moratón. Cuando se quedó satisfecho, le puso una mano en el hombro.

— ¿Te hizo daño, cariño?

    Sakura no pudo contener la pequeña sonrisa que le provocó la pregunta, aunque la borró de inmediato.

— ¿Hacerle daño? —Sasuke dio una palmada al escritorio—. Ella disfrutó de cada minuto —la miró con enojo—. ¿No te das cuenta de lo que podría haber pasado ahí fuera?
—Por supuesto que sí, Sasuke. Podría haberme abierto la yugular y haberme chupado toda la sangre para luego dejarme agonizando sobre el hielo con dos orificios en la garganta.
—Si no lo hubiera asustado... —empezó a decir Sasuke.
—Sé fiel a la verdad, Sasuke. Fue él quien te asustó a ti. Me estabas zarandeando con una fuerza brutal. Si Uzumaki no hubiera acudido en mi auxilio, habría venido a trabajar con un collarín.

    Sasuke cerró la mandíbula con fuerza ante la mirada severa de Orochimaru. Éste volvió a mirar a Sakura.

— ¿Y dices que acudió a socorrerte? —ella asintió—.Mmm...
—Y le quitó el crucifijo a Sasuke de la mano —prosiguió Sakura—.Ni siquiera le quemó la palma. ¿Es que eso no demuestra nada?
—Sí —Sasuke lucía una expresión de niño malhumorado en el rostro—. Que a los vampiros no les afectan los símbolos religiosos.

    Sakura puso los ojos en blanco; después, oyó mascullar a Orochimaru.

—Interesante —se sentía como si, incluso con sus extraños síntomas, fuese la única persona cuerda de la habitación—. Sé que piensas que estamos exagerando, Sak —le dijo Orochimaru—. Pero no quiero que vuelvas a salir de casa de noche. — Ella se puso tensa.
—Iré donde quiera y cuando quiera. Tengo veintiséis años, Orochimaru, y si no dejáis de una vez estas tonterías, me... —hizo una pausa lo bastante larga para acaparar su atención—... iré de casa.
—Sak, tú no...
—No, a no ser que me obliguéis, Orochimaru. Y si os sorprendo a ti o a Sasuke siguiéndome otra vez, me sentiré obligada a hacerlo —sintió un nudo en la garganta al ver la aflicción en el rostro de Orochimaru, y suavizó la voz—.Ahora me voy a casa. Buenas noches.

* * * * *

    Los gritos mentales de Sakura lo despertaron aquella noche antes que la víspera y Naruto cerró los ojos con fuerza, como si haciéndolo pudiera despejarse la cabeza. Levantarse antes del ocaso le producía un efecto no muy distinto al que sentían los humanos con una resaca. Apoyando una mano en la caoba lisa, rozando con las yemas de los dedos el forro de raso, pensó en Sakura. Sólo quería consolarla. Si pudiera suavizar el tormento de su inconsciente, aunque ella no se percatara de nada, se sentiría mejor. Quizá hasta pudiera dormir. Pero no estaba seguro. A fin de cuentas, la situación de Sakura era única.
    Se centró en la mente de ella, escuchando aún sus ruegos susurrados. « ¿Dónde estás, Naruto? ¿Por qué no vienes? Estoy perdida. Te necesito».
    Tragó saliva y concentró cada ápice de su poder en un único haz invisible de pensamiento, disparándolo a través del tiempo y del espacio hacia ella. «Estoy aquí, Sakura».
    « ¡No puedo verte!»
    Aquella reacción inmediata lo dejó perplejo. No estaba seguro de que pudiera oír sus pensamientos. De nuevo, centró la mente.
    «Estoy cerca. Iré a verte pronto, amor. Ahora, debes descansar. Ya no hace falta que me llames en sueños. Te he oído... Iré».
    Aguardó una respuesta, pero no percibió ninguna. Quería tranquilizarla, pero había hecho lo que había podido, de momento. Sentía el sol, que le robaba las fuerzas. Se tomó un momento para mantener el equilibrio y se acercó despacio al hogar, donde se inclinó para reavivar el fuego de aquella mañana. Acto seguido, utilizó una larga cerilla de madera para encender tres lámparas de aceite colocadas por la habitación. Con fragantes troncos de cerezo despidiendo una tibieza aromática y la luz dorada de la lámpara, las alfombras orientales sobre el suelo de cemento y los cuadros, el lugar parecía una tumba en las entrañas de la tierra. Se sentó con cuidado en la enorme mecedora de roble y relajó los músculos. Dejó caer pesadamente la cabeza hacia atrás y buscó, sin mirar, el control remoto en la mesa que tenía al lado. Pulsó un botón. Los párpados se le cerraron al tiempo que la música lo envolvía.
    Una sonrisa afloró en sus labios cuando las notas agridulces reavivaron el recuerdo. Había visto tocar al joven Amadeus en París. ¿En 1775, sería? Tantos años... Naruto se quedó absorto, un chico corriente de diecisiete años asombrado por el don de otro sólo dos años mayor. Aquella sensación sublime lo acompañó durante días, y habló de ello hasta cansar a su pobre madre. Hasta Moegi estuvo a punto de declarar que se había enamorado de un hombre al que nunca había conocido y lo persuadió para que le consiguiera un asiento para el concierto de la noche siguiente. Pero su hermana no entendió qué lo había impresionado tanto.

—Es bueno —declaró, abanicándose en la sala atestada y calurosa—. Pero los he visto mejores.

    Naruto sonrió al recordar. Su hermana no se refería al talento del joven, sino a su aspecto. La había sorprendido mirando por encima del borde de encaje del abanico al flacucho dandi que consideraba «mejor».
    Naruto suspiró. Le había parecido trágico que un hombre con tanto genio muriera a los treinta y cinco. Últimamente ponía en duda que hubiera sido tan trágico. Él también había muerto a los treinta y cinco, pero de otra forma completamente distinta. La suya era una muerte en vida. Pensándolo bien, no sabía si Mozart había sufrido el destino menos deseable. De los dos, el de Mozart era el más sereno. A veces Naruto deseaba que la guillotina lo hubiera alcanzado antes que Kakashi.
    « ¿Unos pensamientos tan sensibleros en una noche nevada tan deliciosa? No recuerdo que estuvieras tan ansioso por reunirte con la guillotina aquella noche».
    ¡Kakashi! Naruto levantó la cabeza, repleto de energía desde que el sol se había puesto. Se levantó y abrió rápidamente los cerrojos para recorrer el pasillo y subir los peldaños de dos en dos. Abrió la puerta principal de par en par justo cuando su más querido amigo subía los peldaños de la entrada. Los dos se abrazaron con energía, y Naruto hizo pasar a Kakashi.
    Kakashi se detuvo en el centro de la habitación y ladeó la cabeza al oír la música de Mozart.

— ¿Qué es esto? ¡No será una grabación! Parece que la orquesta estuviera aquí, en esta misma habitación.

    Naruto movió la cabeza; había olvidado que la última vez que había visto a Kakashi aún no había instalado el equipo estéreo de última generación, con altavoces en todas las habitaciones.

—Ven, te lo enseñaré —condujo a su amigo hacia el equipo, situado cerca de la pared del fondo, y sacó un CD del estuche. Kakashi giró el disco en la mano, observando el baile de arco iris.
—No tienen estos inventos donde he estado —devolvió el disco al estuche y lo repuso en el estante.
— ¿Y dónde has estado, ermitaño? Han pasado veinte años —Kakashi no había envejecido ni un solo día. Todavía poseía la belleza morena que había tenido a sus treinta y dos años de mortal y la corpulencia de un atleta.
—Ah, el paraíso. Una minúscula isla del Pacífico Sur, Naruto. Sin ningún humano entrometido. Sólo sencillos campesinos que aceptan lo que ven en lugar de sentir la necesidad de explicarlo. En serio, Naruto, es un oasis para los nuestros. Las palmeras, las dulces fragancias de la noche...
— ¿Cómo vivías? —Naruto sabía que sonaba dudoso. Siempre había aborrecido la soledad de aquella existencia. A Kakashi le encantaba—. No me digas que has estado sangrando a indígenas inocentes.
Kakashi frunció las cejas.
—Sabes que no. Los animales me mantenían. Los jabalíes en particular...
— ¡Sangre de cerdo! —Gritó Naruto—. ¡Creo que el sol debe de haber penetrado en tu ataúd! ¡Sangre de cerdo! ¡Puaj!
—Jabalíes, no cerdos.
—Apuesto a que hay una gran diferencia —Naruto apremió a Kakashi para que se sentara en el antiguo sofá tapizado en terciopelo—. Siéntate. Sacaré un refresco para que recuperes los sentidos.

    Kakashi lo miró con recelo mientras Naruto entraba detrás de la barra y se dirigía a la pequeña nevera.

— ¿Qué tienes, media docena de vírgenes recién sacrificadas almacenadas en esa cosa?

    Naruto inclinó la cabeza hacia atrás y rió, comprendiendo el tiempo que hacía que no reía con ganas. Sacó una bolsa de plástico de la nevera y hurgó debajo de la barra en busca de copas. Cuando le pasó la bebida a Kakashi, se sintió escrutado.

— ¿Son los gritos nocturnos de la joven lo que tanto te preocupan?

    Naruto pestañeó.

— ¿Tú también la has oído?
—Oigo sus gritos cuando miro dentro de ti, Naruto. Son lo que me ha traído aquí. Cuéntame de qué se trata.

    Naruto suspiró y tomó asiento en una silla de brocado próxima a la chimenea. Unos pocos carbones refulgían en el hogar. Debía reavivarlo. Leyéndole el pensamiento, Kakashi dejó a un lado la copa.

—Ya lo hago yo. Tú habla.
    Naruto volvió a suspirar. ¿Por dónde empezar?
—La conocí poco después de tu última visita. Era una niña hermosa, con rizos de cerezos, mejillas de querubín y ojos como relucientes trozos de esmeralda.
— ¿Una Elegida? —Kakashi se inclinó hacia delante.
—Sí, era uno de esos pocos humanos que poseen un tenue vínculo psíquico con nosotros, aunque, como la mayoría, no era consciente de él. He descubierto que hay maneras de detectar a los Elegidos, aparte de que los percibamos de forma natural, ¿sabes?
    Kakashi miró alrededor, de cuclillas ante el hogar.
— ¿En serio?
—Sí. Todos esos humanos que pueden ser transformados, los que llamamos los Elegidos, tienen un antepasado común. El conde Vlad el Emperador —miró a Kakashi con intensidad—. ¿Fue él el primero?
    Kakashi movió la cabeza.
—Sé que amas la ciencia, Naruto, pero hay cosas que es mejor dejarlas estar. Sigue con tu historia.
    Naruto sintió una oleada de exasperación por la postura hermética de Kakashi sobre el tema.
—También comparten un antígeno sanguíneo poco común. Todos lo tenemos como humanos. Se conoce como Belladonna. Sólo aquéllos que tienen estos dos rasgos singulares pueden convertirse en vampiros. Se llaman los Elegidos.
—No me parece un descubrimiento estremecedor, Naruto. Siempre hemos podido percibir a los Elegidos instintivamente.
—Pero los demás humanos, no. Algunos han descubierto ahora lo mismo que yo. La DIP lo sabe. Pueden localizar humanos Elegidos y vigilarlos, y esperar a que uno de nosotros se acerque. Creo que eso es precisamente lo que le ha pasado Sakura.
—Quizá tengas que apartarte un poco, viejo amigo —murmuró Kakashi.
    Naruto se pasó una mano por el pelo rubio, retirándoselo de los hombros.
—No puedo apartarme de ella, Kakashi. Que Dios me ayude, lo he intentado, pero no he podido. Hay algo en Sakura que tira de mí. Solía mirarla mientras dormía. Deberías haberla visto entonces. Gruesas pestañas negras sobre mejillas sonrosadas, labios como un pequeño arco rosado —levantó la vista, sintiéndose absurdamente a la defensiva—. Nunca quise hacerle daño, ¿sabes? ¿Cómo iba a querer? La adoraba.
    Kakashi frunció el ceño.
—Esto no debería preocuparte. Ocurre a todas horas, este vínculo invisible entre los nuestros y los Elegidos. Muchas fueron las noches que te eché un vistazo cuando eras niño, aunque raras veces te encontraba dormido. Normalmente, estabas despierto y torturando a tu pobre hermana.
    Naruto absorbió esa información con nueva comprensión.
—Nunca me lo habías dicho. Pensaba que sólo acudías a mí cuando estaba en peligro.
—Lamento no haber hablado antes de este tema, Naruto. Sencillamente, no surgió. Tú sólo me veías en esas ocasiones en que estabas en peligro. No había tiempo para la discreción cuando el carruaje estaba a punto de arrollarte, o cuando te saqué escupiendo agua del Canal.
—Entonces, ¿tú sentías el mismo vínculo conmigo que yo con ella?
—Sentía un vínculo, sí. Un impulso de proteger. No puedo decir que sea el mismo porque no he experimentado lo que tú has sentido por la niña. Pero, Naruto, muchos jóvenes a lo largo de los siglos han tenido a vampiros como protectores sin saberlo. A fin de cuentas, no acudimos a ellos para herirlos, ni para transformarlos, ni siquiera para establecer contacto. Sólo para vigilar y proteger.
    Naruto dejó caer los hombros hacia delante, tan grande era su alivio. Luego retomó su historia.
—Me desperté una noche y sentí que su espíritu se marchitaba. Se estaba yendo de forma tan rápida que casi no llegué a tiempo —se adueñó de él el mismo dolor que sintió entonces, y bajó la voz—. La encontré en el hospital, con su minúscula cara más blanca que las sábanas que la rodeaban. Tenía los labios... azules. Oí a un médico decirles a sus padres que había perdido demasiada sangre y que su grupo sanguíneo era tan poco frecuente que no habían podido localizar a ningún donante. Les dijo que se prepararan. Se estaba muriendo, Kakashi.
    Kakashi maldijo con suavidad.
—Ése era mi dilema. Una niña a la que quería se estaba muriendo, y sabía que yo era el único que tenía el poder de salvarla.
— ¡No la transformarías! A una niña pequeña, no, Naruto. Estaría mejor muerta que existiendo como nosotros. Su mente joven jamás podría comprender...
—No la transforme. Seguramente no podría haberlo hecho aunque lo hubiera intentado. No le quedaba sangre que mezclar con la mía. Pero vi otra opción. Sencillamente, me abrí la vena y...
— ¿Ella bebió de ti?
    Naruto cerró los ojos.
—Como si se estuviera muriendo de sed. Supongo que, en cierto sentido, así era. Empezó a recuperar la vitalidad enseguida. Yo estaba exultante.
—Tenías derecho a estarlo —Kakashi estaba sonriendo—. Salvaste a la niña. Nunca había oído nada parecido, Naruto, pero, por lo que se ve, funcionó —hizo una pausa, durante la cual miró a Naruto con intensidad—. Porque funcionó, ¿verdad? ¿La niña vive?
—Sí. Antes de abandonarla abrió los ojos, me miró y, te lo juro, sentí cómo exploraba mi mente. Cuando me volví para irme me tomó la mano con la suya, diminuta, y susurró mi nombre. «Naruto», dijo. «No te vayas todavía. No me dejes».
—Dios mío —Kakashi se reclinó en el sofá, pestañeando, como si estuviera perplejo—. ¿Te quedaste?
—No pude negarme. Pasé la noche junto a su cama, aunque tenía que ocultarme en el alféizar de la ventana cada vez que alguien entraba en la habitación. Cuando descubrieron la mejoría, se armó un gran revuelo durante un tiempo. Pero no tardaron en comprender que la niña se restablecería y decidieron dejarla descansar.
— ¿Y entonces?
    Naruto sonrió con suavidad.
—La sostuve en mi regazo. Ella permaneció despierta, aunque necesitaba descansar, e insistió en que le contara historias. Me obligó a cantar, Kakashi. Yo jamás le he cantado a nadie en toda mi existencia. Sin embargo, durante todo el tiempo, ella estaba en mi mente, leyéndome los pensamientos. No podía dar crédito a la fortaleza del vínculo que nos unía. Era aún más fuerte que el que compartimos tú y yo.
    Kakashi asintió.
—Nuestra sangre se mezcló, nada más, pero la tuya era prácticamente pura en su pequeño cuerpo. No es de extrañar... ¿Qué pasó?
—Antes del amanecer, se quedó dormida y me fui. Pensé que la confundiría si mantenía contacto con nosotros. Me fui lo más lejos que pude, corté toda relación con ella. Me negué incluso a pensar en volver a verla, hasta ahora. Pensé que el vínculo mental se debilitaría con el tiempo y la distancia. Pero no ha sido así. Hace sólo unos meses que he vuelto al hemisferio occidental y ella me llama todas las noches. Algo les ocurrió a sus padres cuando la dejé, Kakashi. No sé qué, pero acabó bajo la custodia de Orochimaru Saint Claire.
— ¡Es de la DIP! —Kakashi se puso en pie, atónito.
—Así es —masculló Naruto, dejando caer la frente en la mano.
—No puedes ir a verla, Naruto. No debes fiarte de ella. Podría ser tu fin.
—No me fío de ella. En cuanto a ir a verla... No tengo elección.

* * * * *

    Incluso mientras discutía con Orochimaru y Sasuke, Sakura había estado pensando en él. Durante todo el día había sido incapaz de quitarse al misterioso desconocido, que distaba de resultar desconocido, de la cabeza. Sólo había conseguido relegarlo a un segundo plano mientras se concentraba en su trabajo. Una vez de vuelta en casa, en el seguro oasis de su cuarto, tras despertarse de la siesta, se sentía renovada, vital y libre para analizar la aventura de la noche anterior.
    Se detuvo y frunció el ceño. ¿Desde cuándo se levantaba “vitalizada”? Solía despertarse temblando, jadeando, aterrada. ¿Por qué aquella noche era diferente? Miró hacia el cielo salpicado de nieve y comprendió que ya era de noche. Normalmente, se despertaba de la pesadilla al atardecer. Se esforzó por recordar. Al parecer, había tenido el sueño... o había empezado a tenerlo. Recordaba el bosque y las brumas, las zarzas y la oscuridad. Recordaba haber pronunciado ese esquivo nombre...
Y haber oído una respuesta. Sí. Desde muy lejos, había oído una voz grave y serena, llena de consuelo y fortaleza, que había prometido acudir a ella. Le había dicho que descansara. Se había sentido insegura hasta oír la música. Suaves acordes de Mozart, algo de Elvira Madigan, tranquilizándole los nervios.
    Se permitió sonreír un poco. Quizá estuviera superando su problema, fuera cual fuera. La sonrisa murió al preguntarse si sería cierto o si sólo estaba cambiando un problema por otro. El hombre de la pista de hielo volvió a llenar su mente. Uzumaki, el que Orochimaru insistía en considerar un vampiro, la había besado, y por mucho que detestara reconocerlo, había reaccionado a ese beso con todas las células de su cuerpo.
    Se levantó despacio de la cama y se anudó el cinto de la bata de raso rojo. Por estúpido que pareciera, deseaba a un hombre al que no conocía, un hombre al que creía conocer desde siempre.
    De pie en el dormitorio, fue percatándose poco a poco de un peculiar debilitamiento que se adueñaba de ella. No era mareo, sino la sensación de estar flotando, aunque tenía los pies en el suelo. Un tibio remolino giró en torno a sus tobillos y ascendió por las piernas, agitando el borde de la bata de manera que el raso le acarició las pantorrillas.
Pestañeó despacio, llevándose la palma a la frente, esperando a que se le pasara la sensación. Las puertas de cristal se abrieron de par en par, como si soplara una fuerte ráfaga, y el viento que pasó entre medias resultaba cálido, embriagador... Olía tenuemente a ron de bayas.
«Imposible. Fuera hace menos de diez grados».
    Sin embargo, persistían la tibieza y la fragancia. Sintió un tirón... un imán mental al que no podía resistirse. Se volvió hacia la ráfaga, al tiempo que ésta crecía en intensidad. El raso ondeaba a su espalda, se retorcía en torno a sus piernas como una serpiente.
«Como la neblina de mi sueño».
    El pelo revoloteaba en torno a su cara, y el cinto de la bata restallaba contra sus muslos. Avanzó hacia las puertas al tiempo que se instaba a no hacerlo. Se resistió, pero la atracción era más fuerte que su propia voluntad. Movió los pies por la suave alfombra, después por el suelo frío y húmedo de madera del balcón. El remolino la envolvía, la impulsaba hacia la barandilla. Oyó que las puertas se cerraban de golpe a su espalda y ni siquiera se volvió. Escrutó la oscuridad del jardín. ¿Acaso aquella mano invisible la haría arrojarse por el balcón? Dudaba que pudiera impedirlo.
    «Dios mío, ¿qué me está pasando?».
    Sakura se resistió y el viento arreció. El cinturón de la bata se deshizo y ésta se abrió. Ningún rincón de su cuerpo quedó ajeno a aquella tempestad. Como manos invisibles, giraban en torno a sus muslos, entre éstos. Le temblaban los senos. Tenía los pezones erectos y palpitantes. Ella misma palpitaba, excitada, con la piel hipersensible a la caricia del viento. Se le aceleró el corazón, y antes de poder contenerse, inclinó la cabeza hacia atrás, cerró los ojos y gimió con suavidad por la intensidad de las sensaciones.
    De pronto, cesó. La tibieza y la esencia de ron de bayas persistían, pero el remolino íntimo se extinguió lentamente, devolviéndole el control de su cuerpo. Sakura no se explicaba lo que había ocurrido y, conmocionada, se pasó las manos por el pelo, sin preocuparse de que la bata siguiera abierta y con el hombro al descubierto. Se dio la vuelta para entrar en su cuarto.
    Él estaba tan cerca que estuvo a punto de chocar contra su impresionante pecho. Levantó la cabeza deprisa y contuvo el aliento. La estaba devorando con sus ojos azules, podía ver destellos plateados tras aquellos ojos de diamante y el calor de Uzumaki la tocaba como el viento momentos antes. Éste elevó la mirada lentamente por las piernas de ella, abrasándola. Detuvo aquella mirada candente en el montículo de rizos rosados del vértice de sus muslos y Sakura creyó estar en llamas. Por fin, volvió a moverla con deliberada lentitud por su estómago. Sakura ordenó a sus brazos que volvieran a la vida... que le cerraran la bata. Éstos no reaccionaron. Los ojos de Uzumaki parecían devorarle los senos, y sabía que los pezones se le estaban poniendo rígidos bajo aquella mirada enardecida. Uzumaki se humedeció los labios y ella estuvo a punto de gemir en voz alta. Cerró los ojos, pero éstos se negaron a quedarse así. Los abrió contra su voluntad. Los clavó en él, aunque no quería ver el deseo que refulgía en su mirada. Por fin, Uzumaki le miró la garganta. La magulladura que había dejado en ella pareció cobrar vida con su mirada. Sakura sintió un hormigueo y una palpitación en el músculo de debajo de la piel. Vio cómo él tragaba saliva y cerraba los ojos un momento, y cuando volvió a abrirlos y los clavó en ella, se negó a permitirle que desviara la mirada.
    Los brazos de Sakura recuperaron la sensación y se cerró la bata con un movimiento que reflejaba su enojo.

—Tú —susurró. Estaba asustada y confundida. Más que eso, sentía un puro gozo por volverlo a ver. Se negaba a permitir que él se diera cuenta—. ¿Qué haces aquí?

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Re: Fantasías al anochecer (24/10/2015) (+18) Caps 3, 4 y 5

Mensaje por Miu Misaki el Lun Oct 12, 2015 11:37 am

Hola!! Me gustó él capítulo uno... Y él segundo me super encanto *-*
Ya quiero ver él desarrollo de está historia... Además quiero ver que pasa con sakura y naruto... Esperó y no tardes en actualizar...
Saludos besosy abrazos Pd:perdón por mi falta estoy escribiendo por mi celular, gracias Miu se despide n.n

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Re: Fantasías al anochecer (24/10/2015) (+18) Caps 3, 4 y 5

Mensaje por WoLfGaMeR19 el Lun Oct 12, 2015 4:54 pm

Vaya gran historia hasta ahora me he sentido atrapado con ella sigue con ella que ya quiero saber cómo se verán las cosas entre sakura y naruto. Ok.

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Re: Fantasías al anochecer (24/10/2015) (+18) Caps 3, 4 y 5

Mensaje por kumiko el Miér Oct 21, 2015 12:01 pm

Simplemente me atrapo quiero la conti Smile

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Re: Fantasías al anochecer (24/10/2015) (+18) Caps 3, 4 y 5

Mensaje por alexad_uzumaki el Vie Oct 23, 2015 2:49 am

estuvo bueno espero contiii

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Re: Fantasías al anochecer (24/10/2015) (+18) Caps 3, 4 y 5

Mensaje por Erza_Scarlet el Vie Oct 23, 2015 7:45 am

Tu fic esta muy interesante y tu manera de hacer la historia me encanta *3* espero y la sigas pronto.

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Re: Fantasías al anochecer (24/10/2015) (+18) Caps 3, 4 y 5

Mensaje por Tina Uzumaki el Dom Oct 25, 2015 8:15 am

Hola chicos, ¿cómo están? Lamento no haber subido un capítulo la semana pasada, pero entre los estudios y el nuevo libro que me compré ( Pervertido S. Onion** In Love  jajajajajaa) no tuve tiempo para hacerlo. Decidí dejarles esta vez los capítulos correspondientes a la semana pasada, ésta y la próxima.
¡Muchas gracias por sus comentarios y espero que les siga gustando estre fic!

Capítulo 3:




—Esperarte —dijo despacio, observándola. La mente de Sakura se rebeló contra lo que estaba insinuando.
—Eso es absurdo. ¿Cómo podías saber que saldría al balcón?
    La hacía tambalearse con la intensidad de su mirada.
—Te he citado aquí, Sakura... igual que tú me llamabas todas las noches con tus gritos.
    Sakura frunció el ceño y movió la cabeza en señal de negativa mientras le escrutaba el rostro.
—Dijiste eso antes y sigo sin saber lo que significa.
—Sakura... —levantó una mano despacio y deslizó el dorso de los dedos por el rostro de Sakura. Ésta cerró los ojos involuntariamente por el placer que le provocaban sus caricias, pero rápidamente se obligó a abrirlos y a dar un paso atrás—. Escucha a tu corazón. Quiere decirte...
—Entonces, ¡sí que te conozco! —Lo miró a los ojos como si quisiera arrancar la respuesta de sus insondables profundidades—. Eso pensaba. Dime cuándo nos conocimos, Uzumaki. Me resultas tan... familiar —«familiar» no era la palabra que tenía en los labios, sino preciado. Un ser al que había añorado y perdido.
    Vio la indecisión en sus ojos, y un destello que podría ser aflicción.
—Lo recordarás con el tiempo. No puedo obligarte, tu mente aún no está preparada. De momento, te pediría sencillamente que confiaras en mí. No te haré daño, Sakura.
    Naruto le recorrió el rostro como si no pudiera saciarse de mirarla, como si intentara absorberla por la vista. Sakura congeló su reacción a la sensación y se acordó de la estrategia de Uzumaki de la noche anterior. Cuadró los hombros y elevó la barbilla.
—Tu mensaje ha sido enviado, Uzumaki. Orochimaru sabe lo de nuestra cita y tu pequeña... actuación. Me aseguré de que lo entendiera —mientras hablaba se tocó la piel todavía dolorida del cuello—. Pero no servirá de nada. No me escucha en lo referente a ti, así que esta conversación no dará ningún fruto. Déjame tranquila. Si tienes algo que decirle a Orochimaru, díselo en persona.
    Naruto escuchaba... tan bien que parecía oírle el pensamiento además de las palabras. Cuando ella terminó ladeó la cabeza levemente.
—Crees que te besé sólo para amenazar a Saint Claire —declaró despacio, vocalizando las palabras—. Y la idea te hace sufrir.
    Sakura suspiró de forma entrecortada y movió la cabeza.
— ¿Por qué iba a hacerme sufrir? No te conozco. No me importa...
—Te sentiste drogada cuando te besé, dulce Sakura. Sentiste que la tierra se inclinaba bajo tus pies y que el cielo daba vueltas sobre tu cabeza. Se te aceleró el corazón y el pulso rugía en tus sienes. La piel se te llenó de sensaciones. En esos momentos, mientras te abrazaba, no existía nada más.
—No —dijo cuando ella movió la cabeza con energía y entreabrió los labios para negarlo con furia—. No lo hagas.
—Sé lo que sentiste porque yo también lo sentí. El tacto de tus manos, el sabor de tu boca, el contacto de tu cuerpo contra el mío estuvo a punto de hacerme perder el control.
    Sakura sintió el rubor en el rostro y el familiar nudo de deseo formándose en la boca del estómago. Quería decirle que estaba loco si creía lo que decía, pero no podía formar las palabras. De nuevo, él elevó la mano hacia su rostro, y ella no se apartó. No sabía por qué, pero sentía deseos de llorar.
—Sakura, te lo juro, ni siquiera sabía que conocías a Saint Claire hasta que lo dijiste. Fui a verte porque tú me lo suplicaste. En tus sueños me suplicabas que apareciera.
    Había empezado a cerrar los ojos mientras él le acariciaba la mejilla, pero los abrió de golpe y movió la cabeza rápidamente.
—No, eso no es cierto.
— ¿El qué no es cierto? ¿Que sueñas cada noche antes del atardecer? ¿Que los sueños están poniendo a prueba tu cordura, Sakura? ¿Que llamas a alguien en sueños y no recuerdas el nombre cuando te despiertas? Anoche me confiaste todas esas cosas.
    El alivio casi la hizo desmayarse.
—Es cierto, te lo conté —por eso lo sabía.
—Pero el sueño ha sido diferente esta noche —dijo Uzumaki con suavidad.
    De nuevo, ella abrió los ojos de par en par. Había sido diferente, y él no podía saberlo. Tragó saliva.
—No puedo recordar el nombre que repito, pero sé que no es Uzumaki. ¿Por qué quieres jugar con mi cabeza?
—Sólo quiero tranquilizarte. Es verdad, nunca me has llamado por mí apellido. Es mi nombre de pila el que pronuncias en sueños —había bajado la mano para acariciarle el pelo con suavidad. Ella susurró sin aliento:
—Ni siquiera conozco tu nombre de pila, así que no puedes ser...
—Sí que lo conoces, Sakura —su mirada cobró una nueva dimensión mientras la miraba fijamente a los ojos—. Sabes cómo me llamo. Dilo.
    Y lo hizo. Así, sin más, supo el nombre que había gritado una y otra vez en sueños. Lo conocía tan bien como su propio nombre. Pero no podía ser él. Negó con la cabeza.
—Tú no eres...
—Lo soy —le puso las manos en los hombros—. Dilo, Sakura.
    Atragantándose con lágrimas sin derramar, graznó:
— ¿Naruto?
    Éste asintió, y relajó el rostro con una media sonrisa aprobadora.
—Sí, Naruto. Si necesitas una confirmación, estoy segura de que tu Saint Claire podrá procurártela.
    Sakura bajó la mirada al suelo, presa de un alivio tan poderoso que relajó los músculos del cuello. No necesitaba una confirmación. Entonces, ¿a qué se debía aquel intenso alivio? ¿Y por qué había soñado con él?
—Me has suplicado que viniera, Sakura, y estoy aquí.
    Aquello era una locura. Movió la cabeza al tiempo que las lágrimas resbalaban lentamente por su rostro.
—Esto no está pasando. No es real. Estoy alucinando o es otro sueño. Nada más. No es real.
    La apretó contra él de improviso, rodeándola con los brazos, acariciándole la espalda y los hombros, levantándole el pelo, acariciándole la nuca.
—Es real, Sakura. Yo soy real, y lo que sientes por mí es real... más real, creo, que cualquier otra cosa en la vida —Sakura movió la cabeza y sintió los labios de Naruto en el pelo, justo por encima de la sien... más abajo, en el pómulo, en el carrillo. Con voz irregular, le habló al oído—. ¿Cómo consiguió Saint Claire convertirse en tu tutor? ¿Qué fue de tu familia?
    Se sorprendió relajándose en sus brazos, dejándose consolar por su tibieza.
—Tenía seis años cuando me caí por una ventana, atravesando el cristal —le dijo, con una voz apenas perceptible—. Me corté las venas de las dos muñecas y estuve a punto de desangrarme. Dijeron que era un milagro cuando sobreviví, porque no habían podido localizar a ningún donante de mi mismo grupo sanguíneo —inspiró trémulamente. En realidad, apenas recordaba nada del accidente, ni de su vida hasta ese momento. Orochimaru siempre insistía en que, para ella, lo mejor sería no recordar. Lo que estaba bloqueado, estaba bloqueado por una razón, decía.
    Sakura exhaló el aire que había inspirado y prosiguió.
—Todavía estaba hospitalizada cuando mis padres padecieron una infección muy insólita y virulenta. Cuando por fin aislaron el virus y lo identificaron, ellos... ellos ya habían muerto.
—Lo siento más de lo que imaginas —dijo Naruto con suavidad, acariciándole la piel con su aliento mientras hablaba—. Ojala hubiera estado contigo.
—Ojalá— barbotó antes de poder analizar sus palabras. Carraspeó—. Pero Orochimaru estaba allí. Trabajaba a tiempo parcial en el laboratorio de investigación del hospital. En cuanto oyó hablar de la niña milagrosa de la planta de pediatría, vino a verme. Después, se presentaba todos los días y me traía regalos. Decía que siempre había querido una niña como yo. Cuando mis padres enfermaron, Orochimaru y yo éramos amigos íntimos. Cuando murieron, pidió mi custodia a los tribunales y se la concedieron. No tenía más parientes cercanos. De no haber sido por Orochimaru, habría estado sola.
    Sintió la rápida inhalación de Naruto y la leve rigidez de su cuerpo.
—Lo siento —dijo, casi con un gemido, y la meció en sus brazos.
    Cielos, ¿por qué su tacto era celestial? ¿Por qué el pecho amplio y los brazos férreos que la circundaban parecían el cobijo más seguro del mundo?
—Entonces —dijo Naruto con la voz ligeramente más normal—, fue Orochimaru quien te buscó el empleo en la DIP —ella se limitó a sentir—. ¿Y qué haces allí, Sakura? ¿Trabajas con Saint Claire?
—No —balbució contra la tela de su abrigo—. Mi acreditación de seguridad no es... —se interrumpió, poniéndose rígida, y se apartó de él con una sacudida. Cielos, ¡se la había jugado bien!—. La DIP es una agencia del gobierno, una subdivisión de la CÍA, por el amor de Dios. Y  tú eres objeto de una de sus investigaciones más largas. Desde luego, no pienso hablar contigo de lo que hago allí —rompió el contacto visual y movió la cabeza, despreciándose—. Dios, eres bueno. Me estaba tragando todo esto. Sólo querías sacarme información.
—Sabes que no —su voz grave contenía enojo y, por primera vez, Sakura sintió miedo de él. Dio otro paso atrás y sintió la barandilla de hierro en la espalda. Naruto Uzumaki se erguía entre ella y las puertas—. Sólo quiero determinar si puedo fiarme de ti. Saint Claire quiere destruirme. No puedo descartar la posibilidad de que tú seas parte del plan.
— ¡Orochimaru no mataría ni a una mosca! —se puso tensa ante la insinuación de que su amado Orochimaru no era el hombre dulce y cariñoso que conocía.
—Sé que eso es falso. No necesito pruebas de su propósito, ya las tengo. Es de ti de quien necesito estar seguro, Sakura. Dime qué responsabilidades tienes —se acercó, y Sakura se quedó sin lugar adonde ir.
—No te lo diré —replicó—. No puedo traicionar a la División... ni a Orochimaru.
— ¿Preferirías traicionarme a mí?
    Ella lo negó, con la confusión nublándole el cerebro.
—No podría traicionarte. No sé nada de ti.
—Podrías, fácilmente, ser el instrumento de mi destrucción.
—Pero yo no...
—Entonces, habla. Contesta a mis preguntas, es vital... —ella volvió a negar con la cabeza. Él suspiró y se pasó una mano por el pelo, sacando varios mechones de seda rosada de la coleta. Cuando volvió a mirarla a los ojos, la intensidad había resurgido—. Puedo obligarte, ¿sabes?
    El temor le acarició la espalda.
—Si me tocas, chillaré.
—No necesito tocarte. Puedo hacerte obedecer como te he hecho salir aquí esta noche... con mi mente.
—Creo que necesitas ayuda, Uzumaki. Estás más chillado que yo, y ya es decir.
    Enarcó una ceja en actitud inquisitiva.
— ¿Dudas de lo que es cierto?
    Se la quedó mirando, y Sakura vio cierto fulgor, como si sus iris de color zafiro fueran repentinamente translúcidos y surgiera un remolino de luz de sus profundidades. Sintió que su mente se convertía en agua, y el candente remolino empezó a girar en torno a sus tobillos, cobrando fuerza mientras se elevaba y la envolvía como un ciclón. El pelo le sacudía la cara. La bata de raso le flagelaba las piernas desde la pantorrilla hasta el muslo. El viento la impulsó a avanzar hasta que sólo la separaron de él unos milímetros.
    Naruto le puso las manos en la garganta y, con los pulgares, la acarició encima de las clavículas. Deslizó los dedos por debajo de la tela de la bata, en los hombros. El viento deshizo el cinturón, al parecer, por mandato de él. Despacio, le retiró el raso escarlata de los hombros y éste cayó, para horror de Sakura, en forma de cascada refulgente a sus pies. Sin embargo, era incapaz de elevar los brazos para impedirlo. Los sentía muy pesados y no podía moverlos. Sus pies parecían haberse contagiado del mismo mal misterioso. No podía andar.
    Sakura había seguido con la mirada la caída del raso rojo, pero él le levantó la barbilla. En parte, ella quería chillar pero, al mismo tiempo, pedía a gritos sus caricias. Naruto bajó la cabeza y le atrapó el lóbulo de la oreja entre los labios. Se lo mordisqueó con tanta suavidad que su roce era casi imperceptible, pero el deseo la recorrió con fieras sacudidas. Los labios dejaron un rastro en torno a su rostro y se detuvieron sólo cuando llegaron a los de ella. Permanecieron allí, tocándolos apenas. Con las manos le acarició la parte posterior de los muslos y se los levantó despacio, rodeándole los glúteos, estrujándoselos, separándoselos. Deslizó una mano hacia delante para rodear su lugar más íntimo, mientras la otra permanecía detrás de ella para mantenerla inmóvil. Sakura sintió sus dedos tocándola levemente, separándola, explorándola, y oyó un gemido ahogado que debía de ser suyo. El fuego recorrió sus venas, calentándole la sangre hasta que bulló. Deseaba aquello... ¡Maldito fuera, la estaba haciendo desearlo!
    Naruto le plantó las dos manos en el estómago y las deslizó lentamente hacia arriba. Sakura se estremeció con violencia, consciente de lo que llegaba a continuación y aguardándolo con un anhelo candente contrario a su voluntad. Seguía besándola, lamiéndole los labios, mordisqueándoselos con suavidad, acariciándoselos con rápidos movimientos con la punta de la lengua, seguidos de trazos lánguidos y lentos por el contorno. Por fin, alcanzó el pecho de Sakura con los dedos. Colocó el pulgar y el índice en cada pezón, sin apenas tocarlos. Ella emitió un gemido grave y ronco a modo de súplica, y él los cerró, pellizcándoselos, haciendo girar las puntas erectas entre sus dedos hasta que palpitaron como el resto de ella.
    Sakura comprendió que había recuperado las fuerzas en los brazos cuando se sorprendió entrelazándolos detrás de la cabeza de Naruto para atraerlo hacia ella. Abrió la boca, y él hundió la lengua en ella para acariciarle la suya, entrelazarla, tirar de ella. La atrajo a su propia humedad sedosa, y la lamió como ella deseaba que le lamiera los senos. Se estremecían a la espera de su boca.
    Antes de completar la idea él ya le había puesto las manos en la espalda, entre los omóplatos. Con los labios, Naruto le dejó un rastro de calor líquido por la barbilla, la garganta, el pecho. Ella arqueó la espalda, apoyándose en las manos de Naruto, una en la espalda y otra en sus glúteos. Él se inclinó sobre ella y encontró certeramente una cresta henchida con la boca. La acarició despiadadamente, lamiéndola hasta que Sakura gimió, succionándola hasta que gritó y mordiendo hasta que ella entrelazó los dedos en su pelo para apretarlo contra ella.
No podía recobrar el aliento. Lo deseaba tanto que había perdido el control. Su centro palpitaba con candente humedad, añoraba llenarse... de él.
    Naruto levantó la cabeza y la sujetó hasta que ella recuperó el equilibrio. En algún momento de su rapaz seducción había soltado la mente de Sakura. Ésta no sabía cuándo, pero a partir de cierto instante había podido objetar, apartarse, abofetearlo. No lo había hecho. En cambio, había reaccionado como un animal. Estaba furiosa consigo misma, con él y con su mente por negarse a darle el recuerdo que necesitaba para dar sentido a todo aquello.
    Naruto se agachó, recogió la bata y se la puso sobre los hombros.
— ¿Lo ves? —dijo con mucha suavidad.
— ¿Por qué me haces esto? —la voz se le quebró al formular la pregunta. Se anudó el cinto de la bata con fuerza. No podía mirarlo a los ojos.
—Esta noche he venido para ti. Para ayudarte, si me lo permites.
— ¿Y lo que acabas de hacer era una ayuda?
    Al ver que no respondía de inmediato, lo miró. Para sorpresa de ella, vio que bajaba la vista.
—No —susurró por fin—. Pretendía demostrarte... No era mi intención ir tan lejos.
    Sakura frunció el ceño y lo miró atentamente por primera vez desde que él la había apartado. Los ojos le refulgían de pasión y los tenía entrecerrados. Respiraba con dificultad, con pequeños jadeos, igual que ella. Cielos, ¡se había dejado arrastrar por la pasión! Se dio la vuelta y, con manos trémulas, se aferró a la barandilla de hierro para contemplar la noche azulada y el suelo cubierto de nieve.
—Temo haberlo hecho mal —dijo Naruto despacio, con cuidado, aunque todavía tenía la voz ronca—. No deseo asustarte, ni hacer que me aborrezcas. Me preocupo por ti, Sakura. Desde hace mucho.
    Ella dejó que sus palabras penetraran la confusión que reinaba en su mente.
—Eso puedo creerlo.
—Es verdad que he venido porque oí tus gritos. No tenía otro motivo. ¿También puedes creer eso?
    Sakura inspiró hondo.
—Trabajo con un niño que, algunas veces, ha demostrado poseer ciertos poderes psíquicos. Varios agentes han mantenido sesiones con él, aparte de mí. Pero sus poderes, por tenues que sean, siempre se hacen mucho más evidentes cuando está conmigo. Supongo que existe la posibilidad de que yo tenga una tendencia clarividente latente que potencie la de él. Quizá sí que oíste mis sueños. No diré que es imposible.
    Alentado, Naruto prosiguió.
—Fui a verte sólo por la desesperación de tus gritos. Te lo juro. No sabía que Saint Claire era tu tutor —dio un paso hacia delante, levantando una mano con la palma hacia arriba—. Imagínate cómo me sentí cuando lo descubrí, Sakura. La mujer que me había estado llamando, vive bajo el mismo techo que el hombre que lleva meses persiguiéndome implacablemente. ¿Cómo no voy a sospechar que se trata de una conspiración para atraparme?
    Sakura escuchaba. Suponía que Naruto tenía razón; ella habría pensado lo mismo de encontrarse en su lugar. Se dio la vuelta para mirarlo.
—Supongo que tenías motivos para recelar —bajó la vista al suelo y se mordió el labio. Podía tranquilizarlo sin revelar información confidencial. De hecho, conocía pocos datos clasificados—. Tengo una acreditación de seguridad muy baja. A veces creo que la inventaron sólo para mí, de lo baja que es —sonrió levemente al decirlo— No sé la de veces que he intentado quitarle a Orochimaru de la cabeza esa loca idea de que eres un... — ¿por qué no podía terminar la frase? Tragó saliva y prosiguió—. Siempre me replica que tiene montones de pruebas que corroboran sus teorías. Y yo siempre replico pidiéndole que me enseñe los archivos. La respuesta siempre es la misma. Mi acreditación no es lo bastante alta —escrutó el rostro de Naruto, pero éste no daba indicios de creerla. Escuchaba atentamente—. Pero nunca le he hablado de los sueños. No quería preocuparlo.
— ¿Es posible que lo haya averiguado de otra manera?
— ¿Cómo, aparte de leyéndome el pensamiento? —parpadeó y desvió la mirada de improviso—. A no ser... Había veces en que chillaba, lo bastante fuerte para alertar a Orochimaru y atraerlo a mi habitación. Siempre me decía que no había oído bien lo que decía en sueños, pero quizá me lo haya ocultado para no agravar el problema.
—O porque pensaba que yo acudiría y estaba esperándome.
    Hasta aquel momento, Sakura había hecho lo posible por ponerse en su lugar. De pronto, levantó la cabeza de golpe y se puso rígida.
—Tienes que quitarte esa idea de la cabeza. Reconozco que Orochimaru te sigue, que vigila todos tus movimientos. Pero ¿por qué querría atraparte, como tú dices? ¿Qué crees que haría contigo cuando te atrapara?
—Está especializado en investigación, Sakura, no en vigilancia. ¿Qué crees que haría con un espécimen vivo de lo que él considera una especie aún sin estudiar?
    A Sakura se le revolvió el estómago. Se llevó la mano a la boca.
— ¡Eso es absurdo! Orochimaru jamás... Es el hombre más amable que conozco —movió la cabeza con tanta energía que el pelo voló en torno a ella—. No. No, a Orochimaru ni siquiera se le pasaría por la cabeza.
—No lo conoces tan bien como crees —Naruto hablaba con suavidad, pero sus palabras eran brutales—. ¿No se te ha ocurrido pensar que podría haber conocido el vínculo que existía entre nosotros desde el principio, y que eso fue lo que lo impulsó a acogerte?
    Con los ojos muy abiertos, se lo quedó mirando, incrédula.
—Jamás se me ocurriría pensar eso. Orochiamru me quiere. ¡Y yo a él! Es la única familia que tengo. ¿Cómo puedes sugerir...? —se interrumpió e intentó recobrar el aliento. De pronto, le estallaba la cabeza. La falta de descanso parecía asaltarla de golpe. Le dolía todo el cuerpo de puro agotamiento.
—Al menos, deberías considerar esa posibilidad. Conocía mi existencia incluso en aquella época. Puedo demostrártelo si...
— ¡Ya basta! —se llevó las palmas de las manos a ambos lados de la cabeza.
—Sakura...
—Por favor, Naruto —susurró, demasiado cansada para gritar o seguir discutiendo—. No hagas esto, no me digas estas cosas. Estoy tan cerca de perder la cabeza que ya no me fío de mis sentidos. No sé qué es real y qué no. No puedo con todo esto.
    Sakura bajó la cabeza, con los ojos llenos de lágrimas, y no lo vio acercarse. La estrechó entre sus brazos para ofrecerle consuelo. No había deseo sexual en su roce.
—Perdóname, Sakura. He hablado sin pensar y te he hecho daño. Perdóname. Mi preocupación por ti me ha hecho olvidar el sentido común —suspiró—. Dios, lo he fastidiado todo.
    Ella hallaba demasiado consuelo en sus brazos, pero aquello no tenía sentido. Debía alejarse de él. No podía pensar cuando lo tenía cerca. Se enderezó y salió de sus brazos.
—Creo... Creo que debes irte.
    El dolor que llameó en sus ojos era casi insoportable. Lo vio bajar la cabeza.
—Como quieras.
    Con la mano en la espalda, la apremió para que avanzara hacia las puertas de cristal. Se las abrió y la empujó con suavidad. Ella entró y se detuvo, repentinamente consciente del frío. Se estremeció y se quedó inmóvil un momento; después, se dio la vuelta para preguntarle cómo había llegado al balcón, una pregunta que, tontamente, no se le había ocurrido antes, pero Naruto ya se había ido. Movió la cabeza con fuerza y miró alrededor. Parecía que nunca hubiera estado allí.


Capítulo 4:





    Konohamaru Zarutobi se retorció en la silla, clavando la mirada en la nieve que caía al otro lado de la ventana más que en Sakura o en la caja del centro de la mesa.
—Vamos, Kono. Concéntrate —se sentía culpable ordenándole al muchacho que hiciera lo que a ella le resultaba imposible. El rostro de Naruto aparecía ante ella cada vez que cerraba los ojos. El recuerdo de sus caricias, sus besos, la seguridad de estar en sus brazos la atormentaba sin cesar. El dolor que había visto en su mirada antes de que se esfumara era lo que más la había atormentado.
    Kono suspiró y clavó la mirada en el cubo de cartón que descansaba entre ambos. Arrugó el rostro hasta que la arruga de entre sus finas cejas oscuras se triplicó. Se inclinó hacia delante y su rostro salpicado de pecas enrojeció hasta que Sakura creyó que estaba conteniendo el aliento. Sus sospechas se confirmaron un momento después, cuando lo exhaló con fuerza y se recostó en la silla.
—No lo consigo —dijo—. ¿Puedo irme ya?
    Sakura intentó desplegar una sonrisa alentadora.
—Detestas esto, ¿verdad?
    Él se encogió de hombros, volvió a mirar hacia la ventana y, después, de nuevo hacia la caja.
—Ojala pudiera ser como los demás niños. Me siento raro cuando sé cosas. Y luego, cuando no sé algo que creo que debería saber, me siento estúpido. Y hay veces que capto cosas que carecen de sentido. Es como si supiera algo pero no entendiera lo que significa, ¿comprendes?
—Creo que sí.
—Entonces, ¿de qué sirve saber algo si no puedes encontrarle el sentido?
—Kono, no eres raro ni estúpido. Todo el mundo posee alguna cualidad que lo diferencia de los demás. Algunas personas cantan notas que a los demás nos resultan imposibles. Igualmente, las percepciones extrasensoriales son algo que tú haces mejor que la mayoría. Lo que pasa es que no están igual de reconocidas que otras cualidades.
    Le observó la cara, pensando que su charla no parecía haberlo consolado mucho.
—Quizá deberías contarme qué es lo que te inquieta.
    Kono suspiró y movió la cabeza.
—Sé que soy terrible en esto. Es posible que no sea nada. No quiero... asustarte sin motivo.
    Sakura frunció el ceño.
— ¿Asustarme? ¿Se trata de mí Kono?
    El niño asintió, rehuyendo su mirada. Sakura se levantó del asiento, rodeó la mesa e hincó la rodilla delante de él. Desde que había empezado a trabajar con Kono hacía seis meses, habían creado un fuerte vínculo. Siempre sabía si estaba disgustada o abatida así como también había percibido las pesadillas y el insomnio.
—No eres terrible en esto. Al menos, en lo que a mí respecta. Si has percibido algo, dímelo. Quizá pueda explicarlo.
    Konohamaru torció los labios y la miró con seriedad. Su semblante intenso lo hacía parecer un adulto en miniatura.
—No hago más que pensar que va a pasarte algo... que alguien va a hacerte daño. Pero no sé quién ni por qué, así que, ¿de qué me sirve saberlo?
    Ella sonrió con suavidad.
—Me han estado pasando muchas cosas últimamente, Kono. Cosas personales que me han disgustado mucho. Creo que podrías estar percibiéndolo.
— ¿Tú crees? —Sus ojos oscuros la miraron con esperanza, pero volvieron a ensombrecerse de preocupación—. ¿Va todo bien?
—Creo que sí —Sakura asintió con energía—. Y, sí, todo se está resolviendo. Las pesadillas que tenía han desaparecido.
—Me alegro —pero su ceño no desapareció—. Pero todavía tengo la sensación de que hay gente persiguiéndote —se mordió el labio—. ¿Conoces a alguien llamado Naruto?
    Algo duro, semejante a un ladrillo, se alojó en su pecho. Sakura profirió una exclamación y se levantó tan deprisa que estuvo a punto de perder el equilibrio.
— ¿Naruto? —repitió—. ¿Por qué? ¿Hay algo de él...?
—No lo sé. Me llega su nombre en los momentos más peculiares. Siempre me siento muy triste, o muy preocupado, cuando me llega. Creo que quizá sea así como él se siente, pero como te he dicho, soy pésimo en esto. Quizá lo esté interpretando todo al revés.
    Sakura dejó que el momento de pánico remitiera. Había esperado oír que Naruto era quien quería lastimarla. Se preguntó si sería el caso, pero no quería que Kono lo percibiera. Inspiró hondo para serenarse e intentó recomponer el semblante antes de volverlo a mirar.
—Gracias por la advertencia, pero creo que estás exagerando el peligro. Oye, ¿por qué no abres la caja? Ahora mismo, ni siquiera recuerdo qué había dentro.
    Tras una breve mirada, como si quisiera asegurarse de que no la había asustado, se inclinó hacia delante, tomó la caja y miró dentro. Sacó la cinta del videojuego.
— ¡Dragones y mazmorras! Mi madre lo ha estado buscando por todas partes. ¿Dónde lo has encontrado?
—Tu madre no buscó tanto como creías. Le pedí que no lo hiciera.
    El chico examinó la colorida carátula con entusiasmo.
—Gracias, Sak —se puso en pie, con prisas por irse a casa y estrenar el juego.
—Adelante, Kono. Tu madre te espera al final de la escalera —el niño asintió y echó a andar hacia la puerta—. ¡Kono! —Le gritó, y esperó a que volviera la cabeza—Si percibes alguna otra vibración rara sobre mí y te molesta, llámame. Tienes mi número. ¿De acuerdo?
—Claro, Sak —le dirigió una amplia sonrisa con hoyuelos que indicaba que se había quedado más tranquilo y salió corriendo por la puerta, dejando a Sakura reflexionando sola sobre la advertencia.
    Trabajó hasta tarde aquella noche, intentando llenar su mente de obligaciones mundanas. No funcionó. Por fin se fue a casa y encontró la vivienda vacía. Cómo no, ya había anochecido y Orochimaru y Sasuke habían salido a realizar su misión de espionaje nocturno. A pesar de sus acusaciones infundadas contra Orochimaru, Sakura sentía un poco de lástima por Naruto Uzumaki. Debía de estar harto de verlos todas las noches delante de su casa.
    Sakura frenó y salió para abrir la terca puerta del garaje, mascullando entre dientes. Llevaba tres inviernos intentando persuadir a Orochimaru para que instalara una puerta automática. Orochimaru no cedía ni un milímetro. Lo que no podía hacer él mismo en la vieja mansión no podía hacerse. No quería una cuadrilla de desconocidos husmeando por allí.
    Al meter el coche, vio que el Cadillac de Orochimaru no estaba. Sintió un escalofrío de preocupación. Esperaba que no condujera aquella noche. Las carreteras estaban resbaladizas y no había sustituido el neumático de repuesto desde que tuvo el pinchazo hacía dos meses. Pensó que Sasuke estaría con él y se consoló con la idea.
    Encendió las luces mientras atravesaba el vestíbulo. El teléfono empezó a sonar antes de que se hubiera sentado a quitarse las botas. Atravesó la alfombra gastada para descolgar.
—Sakku, ya era hora de que llegaras a casa. ¿Dónde has estado?
    Reprimió la áspera réplica que brotó de sus labios.
—Sasuke, ¿estás con Orochimaru?
—Sí, pero eso no responde a la pregunta.
—Para tu información, he venido directamente de la oficina. He trabajado hasta tarde y las carreteras están resbaladizas. No quiero que conduzca.
—Yo cuidaré de él. Oye, Sakku, ¿vas a estar en casa esta noche?
— ¿Por qué? —preguntó, con el ceño fruncido.
    Vaciló, empezó a hablar, se interrumpió y empezó de nuevo.
—Es que, después del incidente de la otra noche con Uzumaki, Orochimaru y yo pensamos que sería mejor que, en fin, que intentaras quedarte en casa por la noche. Sé que te molesta que te digamos lo que debes hacer, pero sería por tu propio...
—Por mi propio bien, lo sé —suspiró y movió la cabeza—. Mira, no tengo planes para salir de casa esta noche. Además, pensaba que estabais vigilando todos los movimientos de Uzumaki.
—Sí, pero...
—Entonces, no tenéis que preocuparos por nada, ¿verdad? Voy a darme un largo baño caliente y, después, me meteré en la cama.
    Sasuke guardó silencio un momento.
—Es que estamos preocupados, Sakku.
—Lo sé. Buenas noches —repuso el auricular para no enfadarse más y se dirigió a su cuarto para seguir su propia recomendación de darse un baño caliente. En cuanto a meterse en la cama, sabía que no. En el trabajo había estado somnolienta todo el día. Una vez en casa, estaba completamente despierta y rebosante de energía.
    Se secó tras un baño calmante, si no relajante, se puso unos vaqueros cómodos, una sudadera holgada y unos calcetines gruesos y se secó el pelo con desgana antes de bajar en busca de algo con que llenarse el estómago. Acababa de sentarse en el sofá del enorme salón con una lata de cola y un sándwich de jamón, lechuga y tomate cuando sonó el timbre. Su irritación desapareció cuando abrió la puerta y Naruto Uzumaki entró en el vestíbulo. Dio un portazo después de lanzar una mirada llena de temor por la senda de entrada, y se lo quedó mirando, boquiabierta.
—No deberías estar aquí, Naruto. Dios mío, si Orochimaru te viera, le daría un infarto.
—No. Uchiha y él seguirán vigilando la verja de mi casa como todas las noches, te lo prometo. No me han visto salir. He tenido mucho cuidado.
    Sakura se quedó inmóvil, combatiendo el burbujeo de alegría que experimentaba al verlo, pensando que era ilógico sentir aquello por un desconocido.
—Tras mi comportamiento de anoche, medio esperaba que me echaras. ¿Vas a echarme Sakura?
    Intentó arrancar la mirada de la suya, pero no pudo.
—No... No voy a echarte. Pasa. Estaba a punto de tomarme un sándwich. ¿Quieres que te prepare uno?
—Ya he cenado. Si estoy interrumpiendo tu cena...
    Ella movió rápidamente la cabeza.
—No. Bueno, no se puede decir que un sándwich y un refresco sea una cena —la siguió al salón y se sentó a su lado en el sofá, a pesar de que ella le había señalado una silla próxima. Tomó la lata—. Podría traerte un refresco.
—No, gracias —Naruto carraspeó—. He venido porque... —movió la cabeza—. En realidad, no hay más motivo que el que no podía dejar de verte. Sakura, ¿quieres salir conmigo esta noche? Te doy mi palabra, no diré nada en contra de Saint Claire ni  te haré preguntas sobre la DIP. Sólo quiero tu compañía.
    Sakura sonrió, pero se contuvo. ¿Se atrevería a salir con él después de todas las advertencias de Orochimaru? Naruto le dio la mano y se la acarició suavemente con el pulgar.
—Si no puedes creer mis acusaciones, Sakura, deberías igualmente dudar de las de Orochimaru. Es lo justo.
—Supongo que tienes razón —asintió—. Está bien, te acompañaré —se levantó deprisa, más impaciente de lo que quería reflejar—. ¿Debo cambiarme? ¿Adonde vamos?
— Estás hermosa así, cariño. ¿Te importaría que diéramos un paseo en coche hasta que se nos ocurra algo mejor? Todavía no quiero compartirte con nadie.
—Está bien. Iré por el abrigo y... ¿En coche? No he visto tu vehículo. ¿Cómo...?
—Termínate el sándwich Sakura. Es una sorpresa.
    No pudo evitar sonreír por completo.
—De todas formas, no tengo hambre —le dijo, y pasó de largo para abrir el armario del vestíbulo, próximo a la puerta de la calle—. Sólo estaba comiendo para llenar la soledad.
    Se puso su abrigo más grueso, de pata de gallo, una bufanda negra y guardó unos mitones a juego en el bolsillo. Dio varios pisotones. Cuando volvió a levantar la vista, él la estaba mirando fijamente.
—Entonces, ¿has estado sola? —preguntó con suavidad.
    Ella pestañeó en cuanto las lágrimas afloraron a sus ojos al oír la pregunta. No se le ocurrió mentirle.
—A menudo pienso que soy la persona más solitaria que conozco. Sí, tengo a Orochimaru, y a Ino y otros amigos en el trabajo, pero... —lo miró a los ojos y supo que él lo comprendería—. No soy como ellos. Me siento apartada, como si hubiera una barrera invisible entre nosotros —frunció el ceño—. Contigo no me siento así.
    Él cerró los ojos despacio y volvió a abrirlos. Más que un poco alterada, Sakura atravesó la habitación y desenganchó el teléfono. Sin dar explicaciones, subió a su cuarto y pasó unos minutos embutiendo unas mantas bajo la colcha para que pareciera que estaba dormida. Apagó la luz del dormitorio y cerró la puerta antes de bajar. Naruto la esperaba en el rellano de la planta baja.
    Al final de la escalera, en el sótano, Naruto avistó la luz que resplandecía tras un umbral del fondo. Sakura había apagado las demás luces, así que le tocó el hombro y señaló.
— ¿Quieres apagar también esa luz?
    Ella movió la cabeza con energía, abrió la boca para explicárselo pero se lo pensó mejor. Aunque no antes de que Naruto oyera lo que estaba en su mente. Sakura tenía prohibido atravesar aquella puerta. Saint Claire había instalado su laboratorio en el sótano y ella no podía entrar en él. A Naruto le habría gustado bajar, examinar los archivos y el equipo del despiadado científico, pero le había dado su palabra a Sakura de que había ido allí sólo para estar con ella. ¿Cómo confiaría en él si traicionaba su confianza de esa manera?
    Sakura cerró la puerta con llave, se la guardó en el bolsillo y se volvió hacia él. Naruto se permitió el placer de rodearle los hombros con el brazo. Por buenas que fueran sus intenciones, no podía evitar tocarla, abrazarla. Llevaba un abrigo demasiado grueso para su gusto; apenas podía percibir la forma de su cuerpo. La apremió para que recorrieran la senda en curva, y percibió su sorpresa cuando avistó el vehículo que los aguardaba. Un caballo levantó las orejas y la cabeza al oírlos acercarse.
    Sakura se detuvo en seco para mirar a Naruto con los ojos muy abiertos. Éste sonrió por el deleite que veía en ellos.
—Pensé que un trineo sería mucho más agradable que cualquier otro medio de transporte.
La sonrisa de Sakura lo dejó sin aliento, y la vio correr hacia el trineo, lanzando polvo de nieve a su paso. Se detuvo delante del mohíno y le habló con suavidad al oído, mientras le acariciaba el hocico. El caballo resopló, agradecido. Naruto se reunió con ella un segundo después.
—Éste es Max. Está castrado y creo que lo has embelesado en cuanto te ha visto, como a mí —Sakura lo miró a los ojos, agradeciendo el cumplido en silencio—.Y ésta —se acercó la yegua dorada que estaba junto a Max— es Melinda, su compañera.
    Sakura se acercó y acarició el lustroso cuello de Melinda.
—Es hermosa, los dos lo son. ¿Son tuyos, Naruto?
—Por desgracia, no. He podido alquilarlos para esta noche —observó las emociones del rostro de Sakura y las percibió con la mente mientras la veía acariciar a los dos caballos—. Pero estoy pensando en comprarlos —añadió. Y era cierto. Nada más ver su alegría al contemplar los animales, había querido poseerlos.
    Después de ayudarla a subir al trineo, Naruto tomó las riendas.
—Siempre me han gustado los caballos. Cuando era pequeña, quería tener un rancho para poder criarlos por centenares.
    Naruto asintió. Recordaba el amor que sentía Sakura por los caballos y había confiado en que persistiera. Sacudió las riendas con suavidad y chasqueó la lengua. El trineo se puso en movimiento y Sakura se acomodó en el asiento mullido. Naruto los sacó de la carretera asfaltada y salió a una carretera secundaria cubierta de nieve. Sakura hacía comentarios acerca de todo con pequeños suspiros de placer: la luna llena refulgiendo en la nieve, las ramas recubiertas de hielo que hacían que los miembros desnudos y feos se convirtieran en cristal esculpido. El aire limpio y frío que le acariciaba el rostro y el olor de los cuerpos calientes de los caballos. Naruto asentía, coincidiendo, pero en realidad no era consciente de nada salvo de la presencia de Sakura. Le rodeaba el cuerpo con el brazo y ella apoyaba la cabeza en su hombro.
—Esto es maravilloso, Naruto. No me lo había pasado tan bien desde... —pestañeó y se quedó pensativa un momento—. No recuerdo haberme divertido tanto nunca.
—Ni yo —susurró, convencido de que era cierto.
    Volvió a acomodarse junto a él, después se incorporó y chasqueó los dedos.
—Es francés, ¿verdad?
— ¿El qué?
—Tu acento.
—No sabía que tuviera acento —cielos, qué hermosa era. Sus ojos refulgían a la luz de la luna, y volvió a fijarse en el grosor de las pestañas que los circundaban.
—Es muy leve. Yo apenas lo noto. He estado intentando ubicarlo. ¿Tengo razón?
    Naruto asintió.
—Nací en Francia.
— ¿Dónde?
Él le sonrió, sorprendido de que quisiera saberlo.
—En París. Hace... años que no voy por allí.
—Pero hablas como si quisieras ir —dijo, observándole la cara—. ¿Por qué no has vuelto?
—Malos recuerdos, supongo. A mi padre lo asesinaron allí. Yo estuve a punto de sufrir la misma suerte, pero un buen amigo mío intervino y me salvó — vio que ella abría los ojos de par en par. Había jurado ser sincero con ella tanto como fuera posible sin revelar su secreto. Quería que se sintiera como si lo conociera.
    Le sujetó el antebrazo con fuerza.
—Eso es horrible.
—Sí, pero pasó hace mucho tiempo, Sakura. Ya lo he superado.
— ¿Estás seguro? ¿Has hablado con alguien de esto, Naruto?
    Naruto ladeó la cabeza, midiendo las palabras.
—Lo mataron... por motivos políticos... Fue un sacrificio absurdo. Me quedé sin familia, y de no ser por Kakashi, me habría quedado sin amigos —la miró y la sorprendió escuchando, embelesada—. Nunca he tenido muchas personas a mí alrededor, ¿sabes? Siempre me he sentido apartado de mis iguales.
—No encajabas. Sé muy bien lo que quieres decir.
    La miró a los ojos con intensidad.
—Sí, supongo que sí.
—Háblame de tu amigo. ¿Seguís en contacto?
    Naruto rio entre dientes.
—A veces tarda mucho en escribirme, o en venir a verme. Pero da la casualidad de que Kakashi se aloja en mi casa en este momento.
    Sakura levantó la cabeza, ilusionada.
— ¿Podría conocerlo?
— ¿Por qué querrías hacerlo? —repuso Naruto, con el ceño fruncido.
    Se quedó reflexiva un momento.
—Has dicho que te salvó la vida... —bajó la mirada a su propia mano, que descansaba sobre la rodilla—. Me gustaría darle las gracias.
    Naruto cerró los ojos al sentir la tibieza que provocaban sus palabras.
—Es un ermitaño. Aun así, quizá puedas verlo. Al contrario que yo, todavía tiene una residencia en Francia, aunque raras veces vive allí. Posee un amplio castillo medieval en el Valle del Loira. Me escondió allí durante un tiempo cuando huimos de París.
    Cuando volvió a mirarla, la sorprendió observándolo con intensidad, como durante casi todo el trayecto.
—Eres un hombre fascinante —susurró Sakura.
—Soy un hombre sencillo, de gustos sencillos.
—Me encantaría ver tu casa.
—En otra ocasión, tal vez. Si te llevara allí durante la estancia de mi solitario amigo, me estrangularía —pasó el brazo por el respaldo y la apretó contra su costado—. Está amueblada casi por entero con piezas antiguas. Hay luz eléctrica, por supuesto, pero raras veces la uso. Prefiero el resplandor suave de las lámpara de aceite a la luz cegadora de las bombillas, salvo en mi laboratorio.
— ¿Eres científico?
—Me entretengo con algunos proyectos que me interesan.
    Ella entornó sus preciosos ojos esmeralda.
—Creo que eres modesto.
    Naruto se encogió de hombros, tiró de las riendas para detener el avance de los caballos y metió la mano detrás del asiento para sacar el termo que había llevado consigo.
—Me dijiste una vez, hace mucho tiempo, que te encantaba el chocolate caliente. ¿Sigue siendo así?

Tina Uzumaki
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Re: Fantasías al anochecer (24/10/2015) (+18) Caps 3, 4 y 5

Mensaje por Tina Uzumaki el Dom Oct 25, 2015 8:18 am

Y como el foro no me deja publicar tres capítulos seguidos, aquí va el quinto

Capítulo 5:


    A las siete de la mañana, Sakura estaba sentada a la mesa de la cocina frente a Orochimaru, con una taza de café cargado entre las manos y un horrible dolor de cabeza.
—No es más que un resfriado —repitió—. Estoy cansada y dolorida. Me pasaré el día en la cama y mañana por la mañana ya estaré bien otra vez.
    Orochimaru apretó los labios y movió la cabeza.
—Llamaré a la oficina y hoy me quedaré a trabajar en casa. Así...
—No necesito una niñera.
—No he dicho que la necesites. Pero creo que debería quedarme aquí, por si...
    Sakura plantó la taza medio llena sobre la mesa, salpicando café, y se puso en pie.
—Orochimaru, esto tiene que terminar.
— ¿El qué? Sak, estoy preocupado por ti, nada más.
—Lo sé —se pasó la mano por el pelo, deseando poder suavizar las palpitaciones en las sienes. Aquella mañana estaba hecha un trapo, y sin humor para un enfrentamiento—. Sé que es el cariño lo que te motiva, Orochimaru. Sé que te preocupas. Pero, por el amor de Dios, mírame. Ya no soy una niña huerfanita —mantenía la voz serena, y rodeó la mesa para ponerle las manos en los hombros—. Sasuke y tú me estáis asfixiando con toda esa preocupación. Me rondáis como si fuera Caperucita Roja y hubiera lobos detrás de cada árbol.
    Orochimaru bajó la vista.
— ¿Tan mal nos hemos portado?
—Peor —le apretó los hombros con suavidad—. Pero te quiero de todas formas.
    La miró a los ojos y, lentamente, movió la cabeza.
—Lo siento, Sak. No es que crea que haya que vigilarte como a una niña. Es... Es Uzumaki, maldita sea. Me aterra que intente verte otra vez.
    Sakura dejó caer las manos y se enderezó. Naruto creía que Orochimaru conocía el vínculo que existía entre ellos. ¿Podía estar en lo cierto?
— ¿Por qué piensas eso?
    Suspiró como si fuera estúpida.
—Sakura, ¡eres una mujer hermosa! Sasuke dijo que la otra noche, en la pista de hielo, se sentía claramente atraído por ti. Tendría que estar ciego para no estarlo. Esas criaturas tienen un poderoso impulso sexual, incluso uno tan viejo como él.
Sakura le dio la espalda, intentando no reír. Naruto no era una «criatura», y tampoco viejo. Tenía la piel tersa y firme. Se movía con una agilidad inaudita, pero su fortaleza era obvia. Moviendo la cabeza, tomó el café.
— ¿Cuántos años tiene?
—Doscientos treinta y pico. Le he seguido la pista hasta la revolución francesa, cuando fue encarcelado y debería haber sido decapitado en París. A su padre lo decapitaron, ¿sabes?
    Sakura se había llevado la taza a los labios, pero se atragantó con el sorbo que acababa de tomar. Naruto le había dicho que su padre había sido asesinado en París por «motivos políticos». Cielos, ¿sería posible que Orochimaru estuviera en lo cierto? No, eso era absurdo.
«Pero nunca he visto a Naruto de día». Desechó las dudas. No eran más que tonterías.
—Es peligroso Sak. Listo como el que más. No me extrañaría que te utilizara para llegar a mí.
    «Y él dice que tú me estás utilizando para llegar a él», pensó. En voz alta, se limitó a decir:
—Yo jamás lo consentiría.
—Lo sé, Sak. Pero prométeme que me dirás si intenta establecer contacto contigo. Es el mal...
—Sí, ya me lo has dicho. Es el mal en persona. Está bien, te lo diré. ¿Contento? —Orochimaru observó su rostro antes de asentir—Vete a trabajar —le dijo en tono juguetón—. No puede molestarme durante el día, ¿no?
    Se pasó la mañana intentando no reproducir las palabras de Orochimaru en su cabeza una y otra vez. Sólo quería volver a la cama y obtener el necesitado descanso. Pero era imposible. Se dijo que no actuaría tan impulsivamente si hubiera dormido con normalidad durante las últimas semanas, que nada la habría convencido de hacer lo que, de repente, sentía la necesidad de hacer. Por desgracia, estaba en juego su cordura, y si no aclaraba sus dudas de una vez por todas, la perdería por completo.
    Debía comprobar que Naruto Uzumaki no era un vampiro. Le parecía tan lógico como intentar demostrar que la tierra no era plana, o que la luna no estaba hecha de queso. Sin embargo, varias horas después, estaba sentada en su birrioso coche delante de la finca de Naruto Uzimaki.
    Consultó su reloj. Sólo quedaba una hora para el ocaso. En parte, quería postergar aquello hasta el día siguiente, incluso indefinidamente. Pero estaba allí, y sabía que si no lo hacía en aquellos instantes, no lo haría nunca. No le había resultado fácil conseguir la dirección. No podía pedírsela a Orochimaru ni a Sasuke sin ponerlos histéricos, y no podía ir a la oficina y colarse en los ordenadores de la DIP porque carecía de los códigos de acceso apropiados. Se había pasado casi todo el día en la capital del condado, hojeando los registros catalogados «de dominio público». Había empezado con los certificados de nacimiento. Naruto no tenía permiso de conducir ni un coche registrado a su nombre. Sin embargo, había escriturado la casa. Obtuvo la información que necesitaba de los archivos de impuestos sobre bienes inmuebles. Vio la dirección y frunció el ceño al advertir que se encontraba a escasos kilómetros al sudeste de la casa de Orochimaru, en la orilla norte del estrecho de Long Island.
    Se había pasado el trayecto de vuelta discutiendo consigo misma. ¿Alguna persona en su sano juicio visitaría la casa de un hombre durante el día para demostrar que no era un vampiro?
    Demasiado tarde, pensó, mientras rodeaba la propiedad. «Estoy aquí y voy a entrar». Dejó las llaves en el contacto y se acercó a la impresionante verja de hierro forjado. Echó un vistazo entre los barrotes y la filigrana de enredaderas y hojas de metal. Más allá de la verja, la senda de adoquines serpenteaba hacia la mansión. Unos árboles enormes bordeaban la senda, así que tuvo que desplazarse un poco para avistar el edificio.
    Cuando lo vio, contuvo el aliento. Era de tres plantas, construido con bloques de piedra desnuda. Las ventanas, al menos las que podía ver, eran apuntadas y profundas. Parecían ojos entrecerrados, vigilantes pero poco deseosos de ser vistos. Tocó la verja y, en el mismo instante, reparó en la pequeña caja de metal sujeta a un poste en el interior. Una minúscula luz roja parpadeaba al ritmo de su pulso. Aquélla no era una verja antigua, sino un sistema de seguridad moderno. Retiró la mano deprisa, preguntándose cuántas alarmas habría hecho saltar por el mero hecho de tocarla. Esperó y observó. No se oían ruidos ni movimientos en el interior.
    Cuando pudo respirar de nuevo, levantó la vista. Los pinchos que remataban los barrotes parecían de verdad, y afilados. Sería imposible trepar. Pero debía de haber otra manera de entrar. Se cuadró de hombros y empezó a rodear la finca.
    No encontró ni un solo fallo en la verja, y se mordió el labio con desolación cuando llegó al final. El último barrote de hierro negro se hundía en el borde de un risco rocoso. Más abajo, las olas rompían contra las rocas, coronadas de blanco. Arreció el viento y Sakura se estremeció. Tenía que hacer algo. ¿Volver? ¿Después de todo lo que había hecho?
    Observó el último barrote de la verja. La tierra en la que estaba anclado no parecía muy firme pero, si se sujetaba al barrote con fuerza, podría bascular el cuerpo y pasar al otro lado, ¿no? Se aferró a la filigrana con la mano derecha y mantuvo la parte derecha del cuerpo en contacto con la verja. Se volvió hacia el mar y el viento hiriente que salía de él. Tenía que estirarse y doblar el cuerpo para sujetar la misma filigrana del otro lado de la verja con la mano izquierda.
    Colgada en aquella postura incómoda y dolorosa, miró hacia abajo. Rocas negras y resbaladizas emergían esporádicamente de un agua del mismo color. El pelo le azotaba la cara. La nariz y las mejillas le ardían de frío, y tenía los ojos llorosos. No pudo evitar mirar hacia abajo una vez más mientras rodeaba la verja de hierro, con un brazo y una pierna a cada lado y el trasero suspendido en el vacío. Sintió un mareo casi semejante al de las olas que se movían más abajo, y tuvo que cerrar los ojos para combatirlo. Tragó saliva tres veces antes de abrirlos y pasar la pierna y la mano derechas al otro lado.
    Durante un largo momento permaneció inmóvil, sujetando los fríos barrotes de hierro, con la cara pegada a ellos. El cuerpo le temblaba y lamentaba haberse embarcado en aquella loca misión.
    «Bonito momento para cambiar de idea», pensó. «No pienso salir de aquí como he entrado». Tendría que entrar, confesarle su locura a Naruto y confiar en que no se riera de ella. De pronto, se puso seria. Quizá a Naruto no le hiciera gracia la intrusión. Quizá le molestara que estuviera husmeando tanto como Orochimaru.
    Controló el minúsculo escalofrío que le recorrió la espalda y echó a andar por el jardín nevado hacia la parte posterior de la casa de Naruto. Golpeó unas puertas de cristal similares a las de su balcón. Al no oír respuesta, llamó con más fuerza. Silencio.
    Naruto no estaba en casa. Y ella tendría que quedarse en su jardín hasta que volviera, pensó, sintiéndose desgraciada. El viento silbaba desde el mar, zarandeando la casa y a Sakura. Le temblaba la mano de haber estado sosteniendo su propio peso. No podría quedarse allí mucho más tiempo o se congelaría. No, tenía que entrar. Naruto podría enfadarse tanto como quisiera, pero no tenía elección. Las puertas de cristal parecían un buen presagio. Si hubieran sido de otra clase, no habría podido abrirlas. Pero Sakura había tenido que forzar las suyas un par de veces, cuando perdió la llave.
    Hundió la mano en el bolsillo del abrigo confiando en encontrar... ¡sí! Un pequeño cortaúñas de metal. Lo abrió y se volvió hacia la puerta. Introdujo el extremo entre los dos paneles, empujó con dedos entumecidos el pestillo y los abrió.
    Entró y cerró las puertas a su espalda. Le pareció que no hacía mucho más calor dentro que fuera, pero vio la enorme chimenea de mármol resplandeciendo con carbones encendidos. Se quitó las botas, el abrigo y se acercó a la promesa de calor. Había leña apilada junto a la chimenea, y se agachó para arrojar varios troncos; después, estiró las manos entumecidas hacia el calor. Permaneció inmóvil un momento, absorbiendo la tibieza mientras los escalofríos dejaban de recorrerla. Las lenguas de fuego lamían con avidez los troncos, chisporroteando y crepitando.
    Pasado un tiempo, bajó las manos y miró alrededor. Tuvo el impulso de frotarse los ojos y volver a mirar. Parecía haber retrocedido en el tiempo. El sillón que estaba a su espalda era una profusión de bordados de pájaros, flores y hojas. Los brazos y las piernas terminaban en volutas. Había un escabel delante del mismo diseño, y Sakura se inclinó para deslizar un dedo con reverencia por el tapizado. Todos los muebles eran del mismo periodo Luis XV y estaban impecables.
    Sin embargo, al fondo había estantes con un sofisticado equipo estéreo e hileras de CDs, LPs y casetes. Cerca, un bar de aspecto corriente desentonaba en la habitación de muebles antiguos y suelos de parqué. El sol se hundía en el horizonte, y se acercó a la barra, encendió la luz y se humedeció los labios. No le vendría mal tomar una copa. Todavía estaba temblando, a pesar de la tibieza de la habitación. Si Naruto podía perdonarla por haber entrado en su casa, la perdonaría por robar una copita de... lo que tuviera a mano.
    Entró detrás de la barra y se agachó para echar un vistazo a los estantes casi vacíos de la parte baja. No había ni una sola botella. Copas, sí. Se puso en pie, frunciendo el ceño, y se volvió al oír el zumbido casi silencioso de la pequeña nevera, empotrada en la pared, a su espalda.
    Sonriendo por el despiste, Sakura sujetó el asa y tiró...
    Un minúsculo trozo de hielo se alojó en el centro de su pecho y fue creciendo poco a poco hasta que envolvió todo su cuerpo. Se quedó boquiabierta. Dio un paso atrás, pestañeando, incapaz de creer lo que estaba viendo. Sangre. Bolsas de plástico llenas de sangre en dos hileras ordenadas. De pronto, no vio nada más que una neblina roja, no oyó nada salvo un estruendo ensordecedor. Sin pensar, empujó la portezuela, pero no se cerró del todo y, lentamente, recuperó su posición abierta. Sakura no se dio cuenta. Se dio la vuelta, enterró la cara entre las manos y se apretó los párpados, como si así pudiera borrar lo que había visto.
—No era real. No puede haber sido real. Me daré la vuelta. Si me doy la vuelta y vuelvo a mirar, no estará allí porque no era real.
    Pero no se dio la vuelta. Levantó la cabeza, reparó en las puertas de cristal y avanzó hacia ellas. Quería correr, pero no podía. Sentía ojos observándola por todas partes.
    Sólo faltaba un metro para llegar a la puerta. Recogería las botas y el abrigo antes de salir. No esperaría a ponérselos. Dio otro paso. Un dedo invisible de hielo le recorrió la espalda.
—Es una locura —susurró, y se dio la vuelta, caminando hacia atrás—. Este lugar, yo... Estoy loca —volvió a darse la vuelta, dispuesta a abalanzarse hacia la puerta, pero su camino fue interceptado por un pecho amplio y férreo envuelto en algodón blanco impecable.
    Retrocedió automáticamente, pero Naruto le plantó las manos en los hombros. Inmovilizada, se lo quedó mirando mientras respiraba superficial y velozmente. Le daba vueltas la cabeza. Estudió su rostro contra su voluntad. Vio que le brillaban los ojos, y experimentó algo más que un terror desnudo hacia aquel hombre. Se sentía perdida y traicionada. Orochimaru tenía razón.
— ¿Qué haces aquí, Sakura?
    Intentó tragar saliva, pero su garganta era como un desierto arenoso. Trató de desasirse, y se sorprendió cuando él dejó caer las manos. Oyó una voz extraña a su espalda que la hizo girar en redondo.
—Husmear, por supuesto. Te dije que no te fiaras de ella, Naruto. Es de la DIP —el hombre que se erguía junto a la barra señaló con la mano la nevera abierta. Al verlo, a Sakura casi se le apagó el pequeño destello de razón que le quedaba. Iba vestido completamente de negro, con una capa de raso que rozaba el suelo y, prácticamente, lo envolvía por entero. Se movía como una pantera, con una fluidez inconcebible. Su belleza morena contrastaba con la sabiduría atemporal que brillaba en lo más profundo de sus ojos de azabache. Mientras lo miraba, el hombre tomó una jarra del bar y, después, una copa a juego. Metió la mano en la nevera abierta y sacó una bolsa.
    Sakura nunca se había desmayado, pero estuvo a punto de hacerlo en aquel momento. La cabeza le flotaba a un metro por encima de los hombros y las rodillas se le disolvieron. Durante un instante, la engulló una negrura aterciopelada. No notó que se caía al suelo. Naruto se movió antes incluso de que comprendiera lo que estaba pasando. La levantó en brazos y la depositó con suavidad en el sofá.
    « ¡No hacía falta que hicieras eso, Kakashi!».
    Sakura oyó su grito enojado, pero sabía que no había movido los labios. La cordura se le escapó un poco más.
Sakura se incorporó y se recostó en un brazo duro de madera. Naruto se sentó a su lado, apoyando la mano derecha en el respaldo y la izquierda, en el brazo en el que estaba recostada. Sakura se encogió sobre el cálido terciopelo verde.
—Aléjate de mí —barbotó—. Déjame volver a casa.
—Irás a casa, Sakura. En cuanto me digas qué estás haciendo aquí. ¿Tiene razón Kakashi? ¿Te han enviado tus patrones? ¿Quizá el propio Saint Claire?
«Niégalo», pensó Naruto con desesperación. «Niégalo, Sakura, y te creeré. Aunque me cueste la existencia, te creeré». Vio cómo su rostro de color tiza palidecía aún más. Sintonizó sus sentidos con los de ella y experimentó una sacudida de temor paralizante. Temor... de él. Fue un doloroso golpe.
—Sakura, no has de temer nada. Antes me haría daño a mí mismo que a ti —miró a Kakashi—. Déjanos un rato —lo dijo en voz alta para asegurarse de que Sakura lo entendía.
    Sakura no tuvo ninguna duda de que Kakashi hizo lo mismo por el mismo motivo. Lanzando una mirada despectiva a Sakura, dijo:
— ¿Y si conduce a un regimiento de fuerzas de la DIP a la puerta de atrás? —salió de detrás de la barra y se acercó—. Bueno, joven. Habla. ¿Has venido sola? ¿Cómo has entrado?
    Naruto se puso en pie preso del enojo.
—Te lo advierto Kakashi, deja que me ocupe yo de este asunto. La estás asustando.
— ¿Yo? ¿A ella? ¿Crees que me sentí a salvo cuando me desperté y percibí una presencia humana en esta casa? Por el amor de Dios, Naruto, ¡pensé que iban a atravesarme el corazón con una estaca!
—En... Entonces es cierto —la voz de Sakura, trémula y tensa, atrajo de nuevo la mirada de Naruto—. Eres... Sois...
—Vampiros —espetó Kakashi—. No es una palabra sucia, al menos, entre nosotros.
    Sakura gimió y enterró la cabeza entre las manos. Kakashi movió la suya con exasperación y se dio la vuelta. Naruto volvió a sentarse junto a ella. Quería consolarla, pero no sabía cómo hacerlo. Tomó una de sus manos y le acarició la palma con el pulgar.
—Sakura, mírame, por favor —ella levantó la cabeza, pero parecía incapaz de sostener su mirada—. Intenta ver más allá de tu miedo y de la conmoción de esta revelación. Mírame. Soy el mismo hombre que anoche, y que la noche anterior. Soy el mismo que te abrazaba, que te besaba. ¿Te asustaba entonces? ¿Te di motivos para temerme?
    Lo miró a los ojos, y Naruto creyó que los de ella se aclaraban un poco. La vio mover la cabeza y prosiguió.
—No soy un monstruo, Sakura. Jamás te haría daño. Mataría a cualquiera que lo intentara. Escucha a tu corazón y sabrás que es cierto —alargó una mano con vacilación y, al ver que ella no retrocedía, le puso la palma en la mejilla sedosa—. Créeme.
    Ella frunció las cejas, como si estuviera meditando en ello. Kakashi carraspeó, y cuando Sakura volvió la cabeza, el temor regresó a sus ojos.
—Si es a mí a quien temes, no hace falta. De momento no decido fiarme de ti como lo hace mi querido amigo, pero tampoco levantaría un dedo para hacerte daño. Mi enojo al encontrarte aquí está directamente relacionado con mi deseo de seguir existiendo —lo último lo dijo lanzando una mirada significativa a Naruto.
—Sakura —cuando recuperó su atención, prosiguió—. Hay quienes nada desearían más que matarnos mientras dormimos. Los dos pensábamos que mi sistema de seguridad era infalible. Por favor, dime cómo te lo has saltado.
    Ella tragó saliva.
—Donde acaba la verja —dijo con voz ronca—. En el acantilado —posó la vista en Kakashi—. No he traído a nadie. Ni siquiera les dije adonde... —se mordió los labios antes de poder terminar la frase, pero Naruto no había oído las palabras.
— ¿En el acantilado? —repitió. Por primera vez, la miró con atención. Tenía los vaqueros mojados y el pelo alborotado. Percibió lo ocurrido, el temor de Sakura, su pánico. Se le contrajo el estómago.
—Sakura —dijo en voz baja—. ¿Te importaría decirme por qué has venido?
—Tenía...Tenía que saberlo.
    Naruto cerró los ojos y se obligó a continuar.
—Entonces, ¿Saint Claire no sabe que has venido aquí?
    Parte del miedo regresó a sus enormes ojos de esmeralda pero contestó con sinceridad.
—Nadie sabe que estoy aquí.
    Naruto tragó saliva y cuadró los hombros. Tenía que hacer la siguiente pregunta, por desagradable que fuera.
— ¿Has venido a descubrir mis secretos, Sakura, para contárselos a tu tutor?
Ella negó con la cabeza con fuerza, y se enderezó en su esquina del sofá.
— ¡Yo nunca haría eso! —cuando volvió a mirarlo a los ojos, entornó los suyos. El temor parecía haber quedado relegado por otra emoción—. He sido sincera contigo, Naruto. Me sorprendí contándote cosas que jamás le había contado a nadie, y todas ellas eran la verdad. Confiaba en ti —se le quebró la voz, y tuvo que inspirar trémulamente para poder continuar.  
    En aquel instante, Kakashi hizo a Naruto una seña con la cabeza, indicándole que se había convencido de que Sakura no representaba ninguna amenaza y que los dejaría solos. Se esfumó a través de un umbral en sombras. Sakura recuperó la voz y siguió hablando—.Te hablé de las pesadillas, de que creía que me estaba volviendo loca. Te he desnudado mi alma y durante todo ese tiempo, tú me estabas engañando. Orochimaru tenía razón. Sólo me estabas utilizando para acercarte a él.
    Naruto sintió que un hierro candente le atravesaba el corazón. Lo único que ella quería hacer en aquellos instantes era alejarse de él. Se tragó el dolor.
—Yo no te he engañado —replicó.
—Sí, por omisión.
—Y te habría contado el resto, con el tiempo. Pensaba que no estabas preparada para oír la verdad.
— ¿La verdad? ¿Qué verdad?
—La verdad de que no soy como otros hombres. Sakura, si te hubiera estado mintiendo, lo sabrías —le dijo despacio, y la miró a los ojos—.Tenemos un vínculo psíquico, Sakura. No puedes negarlo. Has sentido su poder. Cuando me llamabas en sueños, cuando te cité en el balcón. ¿No has comprendido aún que puedes llamarme a kilómetros de distancia, usando sólo tu mente, y que yo te escucharé?
    Ella negó con la cabeza.
—El sueño era una casualidad y escapaba a mi control. No podría hacerlo voluntariamente.
—Podrías. Ponlo a prueba, si no me crees.
—No, gracias. Sólo quiero irme a casa y...
—No lo digas, Sakura. Sabes que no es cierto —intervino Naruto, percibiendo su afirmación antes de que la pronunciara.
    Lo miró a los ojos con firmeza.
—No quiero volverte a ver. Quiero que me dejes en paz. No puedo permitir que me utilices para traicionar a Orochimaru, o a la DIP.
—Yo jamás te pediría que hicieras eso. Aún no lo he hecho, ¿verdad? —la sujetó por los hombros cuando ella hizo ademán de levantarse, y la retuvo allí—. En cuanto al resto, ahora eres tú quien miente, Sakura... a ti misma y a mí. No quieres que te deje en paz. Todo lo contrario.
    Ella negó con la cabeza.
—Deja de racionalizar, Sakura. Siente lo que hay entre nosotros. No puedes hacerlo desaparecer —posó la mirada en sus labios, y antes de poder contenerse, unió su ávida boca a la de ella, envolviéndola en sus brazos y atrayéndola a su pecho.
Ella permaneció rígida, pero él sintió el temblor de sus labios contra los suyos. Sin apenas levantarlos, susurró:
—Cierra la mente y abre el corazón. No pienses, siente —volvió a besarla y, entreabriéndole los labios, se alimentó de la dulzura que encerraban. Con un estremecimiento que la recorrió de pies a cabeza, Sakura se rindió. Naruto notó que se tornaba dócil y flexible y, después, ella le rodeó el cuello con los brazos y abrió aún más sus suaves labios. Mientras él hundía la lengua en su humedad aterciopelada, ella le clavaba los dedos en el pelo. Con una mano, Sakura forcejeó con el lazo que sostenía su acostumbrada coleta. Un momento después, el lazo se deshizo, y ella le pasó los dedos una y otra vez por el pelo, acrecentando su pasión.
    Con un brazo, Naruto la protegía de la madera dura del brazo del sofá, y con el otro, le
recorría la espalda a lo largo para poder enredar los dedos en su pelo. Abrió los dedos para sujetarle la cabeza y la apretó contra su pecho. Bebió su elixir meloso, saboreó cada rincón que su lengua podía alcanzar: el velo del paladar, la parte posterior de los dientes y el pozo dulce de su garganta.
    Ella gimió, un sonido profundo y gutural que provocaba un incendio. Se movió debajo de él hasta dejar una pierna, doblada por la rodilla, hundida en el respaldo del sofá, y la otra colgando por el costado, hacia el suelo. Él respondió al instante y sin pensar, apretó la rodilla contra el cojín y bajó las caderas. Deslizó una mano por detrás de los glúteos de Sakura para sujetarla contra él. Estaba palpitando de anhelo, y sabía que ella podía sentir su miembro duro moviéndose con insistencia contra su punto más sensible, al tiempo que con la mano le masajeaba el trasero. Percibía el anhelo de Sakura, y saber que ella deseaba lo mismo que él añadía combustible al fuego que incineraba su mente.
    Dejó un rastro ardiente por su rostro con los labios y fue descendiendo por la mandíbula hasta el suave hueco de la garganta. La yugular le daba la bienvenida, y se le aceleró el pulso de expectación. Naruto saboreó la sal de su piel y el fragor de la sangre que fluía rauda bajo la piel le produjo un hormigueo en los labios. Empezó a jadear. El corazón le estallaba y la avidez de sangre se mezclaba con su excitación, acrecentando ambas hasta que las dos rugieron en sus oídos como una sola entidad.
    Un momento más, un gemido más, un movimiento más del exuberante cuerpo de Sakura contra su erección y perdería el control. Le rasgaría la ropa y la haría suya por completo. Se enterraría dentro de ella tan hondamente que gritaría, y él bebería el néctar de sus venas hasta que se sintiera saciado.
    Reunió toda la fuerza de voluntad que poseía y se apartó de ella con tanta brusquedad que estuvo a punto de caer al suelo. Se aferró al borde de la mesa.
    La oyó proferir una exclamación de sorpresa, y oyó el sollozo ahogado que brotó de sus labios. Cuando se atrevió a mirarla, tenía las rodillas contra el pecho, el rostro sobre ellas.
— ¿Por qué...? —empezó a decir.
—Lo siento. Sakura, me haces perder el sentido común. Contigo lo olvido todo salvo lo mucho que te deseo.
—Entonces... —se detuvo durante un largo momento e inspiró trémulamente—. Entonces, ¿por qué has parado?
    Naruto tuvo que cerrar los ojos. Ella había elevado su rostro manchado de lágrimas para escrutar el suyo en busca de una respuesta. Cuando volvió a abrirlos, Sakura se estaba secando las lágrimas con el dorso de las manos.
—He venido a ayudarte, a protegerte. Me pediste ayuda. Pensabas que estabas volviéndote loca. Tuve que acudir a ti, pero no para esto... No para satisfacer mi propia lujuria insaciable.
    Ella movió la cabeza con evidente confusión. Él se acercó, le tendió las manos y ella bajó los pies al suelo, aceptó sus manos y se puso en pie.
—Todavía hay muchas cosas que no entiendes del todo. Por mucho que te desee, y te deseo, no lo dudes jamás, no puedo permitir que mi anhelo me nuble el sentido común. No estás preparada.
    Sakura apretó los labios y se limitó a asentir.
—Ya has vivido bastantes emociones por esta noche, Sakura. Me duele negarte lo que me pides pero, créeme, es mejor así. Pregúntame cualquier otra cosa, lo que quieras.
    Ella ladeó la cabeza, como si aceptara la sugerencia.
—Me dijiste que habían asesinado a tu padre en París. ¿Fue durante la revolución francesa?
    Naruto suspiró, aliviado. Había creído que Sakura huiría de él. Ni siquiera la fuerza de su pasión la había espantado... todavía.
    La noche fue una revelación. Lo que al principio la había asustado y conmocionado, no tardó en convertirse en algo exclusivo de Naruto Uzumaki. Era un vampiro. ¿Qué significaba eso?, se preguntó. ¿Que el sol lo mataría, como mataba a un humano inhalar agua? Significaba que necesitaba sangre humana para existir. Sakura había visto cómo la adquiría. Ni matando ni mutilando a personas inocentes, sino robándola de bancos de sangre.
    A medida que pasaban las horas, le habló de la noche en que había ayudado a escapar de Francia a su madre y a su hermana Moegi, cuando había sido arrestado. A petición suya, le había contado más cosas de su pasado: anécdotas graciosas de su niñez, el cariño que sentía por su madre. Quizá no fuera humano, pero poseía emociones humanas. Sakura percibía un hondo sufrimiento en él. ¿Cuántos siglos de existencia solitaria podía soportar un hombre?
     Se sorprendió comparando su propia soledad con la de él y experimentando una nueva complicidad. Cuando la acompañó al coche, la sensación de que lo conocía desde siempre había superado su confusión respecto a su verdadera naturaleza.
    Hasta que llegó a casa, pasada la medianoche, y encontró a Orochimaru y a Sasuke esperando como perros guardianes.
— ¿Dónde has estado? —le espetaron casi al unísono.
—Ya estamos otra vez —masculló—. He salido. Tenía cosas en que pensar, y los dos sabemos cuánto disfruto de las frías noches de invierno. Perdí la noción del tiempo.
    Se quedó muda de asombro cuando Sasuke le sujetó con fuerza el antebrazo. Le abrasó la garganta con la mirada, y ella adivinó lo que buscaba.
—Has visto a Uzumaki esta noche, ¿verdad Sakku?
— ¿Crees que te lo diría si lo hubiera visto? No eres mi guardián, Sasuke.
    La soltó, se dio la vuelta y se hundió la mano en el pelo. Orochimaru ocupó su lugar.
—Está preocupado, igual que yo, nada más. Te dije que intentaría verte otra vez. Por favor, tienes que decirme si lo ha intentado. Es por tu propio bien.
    Si le contaba a Orochimaru la verdad, posiblemente le daría un infarto, pensó Sakura.                  
—Esta noche no he visto a nadie, Orochimaru. Estoy confundida y frustrada. Necesito estar sola, sin vuestro acoso constante —lo había hecho. Le había contado una mentira como un piano al hombre que más quería en el mundo. Se sentía como Judas.
    Curtís se volvió de nuevo hacia ella. La sujetó por el brazo, con suavidad en aquella ocasión, y la condujo al sofá, donde la sentó.
—Es hora de que oigas unas feas verdades, niña. La primera es ésta: tengo derecho a preguntar. Te quiero, pequeña idiota. Siempre he pensado que te darías cuenta tarde o temprano y que te casarías conmigo. Pero últimamente te has estado comportando como si fuera un desconocido. Estoy harto. Ya he tenido bastante. Se acabó. No permitiré que Uzumaki se interponga entre nosotros.
— ¿Que se interponga? ¿Cómo, Sasuke? No hay ningún nosotros.
    Suspiró, frustrado, mirándola como si fuera lerda. Se sentó a su lado.
—Sakura, al margen de lo que te diga, debes recordar lo que es. Mentirá con tanta fluidez que escucharás embelesada todas sus palabras. Te convencerá de que se preocupa por ti, cuando la verdad es que sólo se preocupa de eliminar cualquier amenaza para su existencia. Y en este momento la amenaza en cuestión es Orochimaru. No dejes que sus palabras te confundan, Sakku. Somos nosotros los que te queremos. Somos los que estamos a tu lado, los que te conocemos.
    Quería contestar, pero estaba muda.
—Sé lo que está pasando —prosiguió Sasuke—.Tienen una habilidad psíquica increíble. Te está gastando un viejo truco, Sakku. Apostaría lo que fuera. Está plantando sentimientos en tu mente, haciéndote creer que lo conoces. Sientes que sois amigos íntimos, pero no puedes recordar cuándo ni dónde os conocisteis. Confías en él instintivamente... sólo que es algo instintivo. Es su condenada mente ordenando a la tuya que confíes en él. Puede llenarte la cabeza con todos esos vagos sentimientos hacia él y hacerte pasar por alto los que son de verdad.
    Dios mío, ¿podría estar en lo cierto?
—Estás confundida, Sak—añadió Orochimaru despacio, con cautela—Te mantiene despierta por las noches ejerciendo su poder sobre ti. Por eso tienes la sensación de poder dormir durante el día. Él descansa a esas horas. No puede influir en tu mente. Utilizando la susceptibilidad provocada por la falta de sueño, su poder sobre tu mente se hace cada vez más fuerte. Créeme, cariño. Lo he visto otras veces.
    Los miró alternativamente, al tiempo que una sensación nauseabunda crecía en su interior. Lo que habían dicho tenía una lógica perfecta. Sin embargo, en su corazón sabía que se equivocaban. ¿O era en su mente... un sentimiento plantado por Naruto? ¿Cómo podría distinguir lo que sentía de lo que él la estaba haciendo sentir?
— ¿Qué razón tendría para mentirte, Sak? —preguntó Orochimaru.
    Ella movió la cabeza. Era incapaz de contar la verdad. Se sentiría como si estuviera traicionando a Naruto si lo hiciera. Pero tenía la sensación de estar traicionándolos a ellos ocultándoles lo ocurrido.
—Da igual, porque estáis equivocados. No lo he visto desde la noche en la pista de hielo. No he pensado en él para nada, salvo cuando vosotros me acosáis. Y mi insomnio era fruto del estrés; ya se me ha pasado. Duermo perfectamente. De hecho, me gustaría estar durmiendo ahora mismo.
    Se levantó y pasó junto a ellos para refugiarse en su cuarto. Se dejó caer sobre la cama y hundió el rostro en las almohadas. No cerraría los ojos hasta el alba. ¿Sería por culpa de Naruto? ¿Estaría intentando adueñarse de su mente?
Se sentó en la cama y abrió los ojos de par en par. ¿Cómo podría poner fin a aquello?
—No puedo seguir viéndolo —susurró—Tengo que apartarme de él y darme la oportunidad de analizar esto sin influencias externas. Tengo que ser objetiva.
Tomada la decisión, el corazón se le hizo añicos como si fuera de cristal y acabaran de golpeárselo con un martillo.
—No puedo volverlo a ver —repitió, y los añicos se redujeron a polvo.

Espero que les haya gustado y que dejen sus comentarios, ja nee Onion bye

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Re: Fantasías al anochecer (24/10/2015) (+18) Caps 3, 4 y 5

Mensaje por WoLfGaMeR19 el Dom Oct 25, 2015 10:12 am

Frías y malas decisiones tomadas por terceros son las que nos nublan la verdad por muy mala que sea y cometer el error de alejarse de una persona para así poder pensar por propio bien es una decisión que a la larga trae consecuencias y percibo que sak va a cometer una muy mala decisión.

Pero no importa síguele con la conti que la historia está más que buena.

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Re: Fantasías al anochecer (24/10/2015) (+18) Caps 3, 4 y 5

Mensaje por BlancaPHNS el Dom Nov 01, 2015 2:54 am

Woooooooooooooooooooow! Tantas emociones encontradas dentro de mi kokoro después de leer esto <3333



Me ha fascinado la historia!! *-* es tan....tan...Ardiente,tierna,suculenta,kawaii,tan todo!! >w<


Sakura quedó impactada,pero aceptó a Naruto tal cual es ^^,aún así...Ese Sasuke,bastardo!! >:c que tramarán Orochimaru y Sasuke? estarán utilizando a Sakurita? no se que pensar!! Lo has dejado todo en suspenso Tina-chan!! 


Esperaré la conti ansiosisismaaaaaaaaaaaa! (Solo espero que Saku no se vuelva loca D:) Saludos,besos y abrazos,bye!! ^^

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Re: Fantasías al anochecer (24/10/2015) (+18) Caps 3, 4 y 5

Mensaje por ReyGravemind el Dom Nov 01, 2015 6:24 pm

mmm interesante, muy interesante, la verdad me picaste, espero ver mas en un futuro cercano XD suerte

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Re: Fantasías al anochecer (24/10/2015) (+18) Caps 3, 4 y 5

Mensaje por Miu Misaki el Miér Ene 20, 2016 9:54 am

wua super... me estado perdiendo estos capitulos TTnTT
wua no me esperaba esto pero como siempre.. me sorprendes con cada capitulo... igual a mi me encantan los libros de sobrenatural y soy fan de Vampiros... un libro que me ha encantado es El vampiro Vittorio de Anne Rice te lo recomiendo...espero la continuacion
Saludos!! besos y abrazos

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Re: Fantasías al anochecer (24/10/2015) (+18) Caps 3, 4 y 5

Mensaje por aduzumaki el Miér Feb 03, 2016 1:55 pm

Genial tu fic ojala lo puedas continuar vamos a ver como desenvuelves las historia animo y espero el próximo capitulo.

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Re: Fantasías al anochecer (24/10/2015) (+18) Caps 3, 4 y 5

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