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Las promesas que nos hicimos aquel día, TRAD., TP., by DIGIFRUIT Segunda y última parte. 24/12/14

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Las promesas que nos hicimos aquel día, TRAD., TP., by DIGIFRUIT Segunda y última parte. 24/12/14

Mensaje por naruto_edu el Lun Ene 27, 2014 4:45 pm

Hola a todos, aquí paso yo después de muuuucho tiempo a postear una historia. Yo era usuario del foro anterior, donde traduje y subí unos one-shots (que luego subiré aquí para que los lean), lector de casi todos los fanfics/oneshots de Arminius, Minato_Namikaze, Ruki_Kuchiki, Miyuki Uchiha, Mat, CRMBLX (o algo así u.u) y otros tantos buenos escritores cuyas creaciones me hicieron pasar grandes momentos de lectura, en fin...

Bueno, dejando a un lado ese conato de presentación, pasaba para dejarles una historia que no llegué a subir al otro foro, había traducido gran parte de ella desde hace mucho, me faltan algunas páginas que espero poder subir pronto. En cuanto a la historia, ¿qué les puedo decir? Es genial como siempre, los que ya hayan leído los fics de Digifruit sabrán que no miento. A modo de resumen bastante sucinto, les diré que esta historia, a pesar de haber sido publicada antes, guarda cierto parecido con la película de Naruto en que se alternan realidades. De verdad, es una gran historia, denle una oportunidad y léanla. Admitiré que a mí me hizo surgir emociones encontradas, la historia me conmovió, vamos, me hizo llorar, pero un poquito nomás.  Embarassed

Vuelvo y lo repito, la historia es de Digifruit, autora de Fanfiction.net, yo lo que hice fue traducirla del inglés al español.

Por DigiFruit

Las promesas que nos hicimos aquel día:
Premisa: Cuando las hojas cambian de color en otoño, una vestimenta anaranjada ya no resulta mala idea para camuflarse.
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“Hay mucha felicidad en este mundo… no permitas que las lágrimas en tus ojos te impidan verla…”.
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“Y… ¿haremos algo por el cumpleaños de Naruto?”.

Sakura se quedó mirando sorprendida a Ino. “¿Lo recordaste?”.

Ino rodó los ojos al tiempo que alzaba los brazos con brusquedad. “Claro que sí, ¿qué me crees?”.

“La vez pasada sí lo olvidaste”, señaló Shikamaru alzando los hombros. Por esto, Ino le dio un duro golpe en la cabeza.

“Y tú, tú no tienes por qué sorprenderte tanto”, masculló a la vez que le daba duros toquecitos en la frente con la punta del dedo. En realidad, Sakura parecía estar muy sorprendida por el hecho de que Ino haya recordado el cumpleaños de Naruto, por lo que la rubia no podía evitar sentirse un poco insultada. Su memoria no era tan mala.

“Oh, emm… pues…”, Sakura tartamudeó avergonzada y soltó una risita a la vez que intentaba ponerse normal.

“Entonces, ¿haremos algo este año?”, preguntó Ino otra vez.

“Umm… bueno… creo que haremos algo simple”, respondió. Agitó la cabeza con una sonrisa triste en su rostro al ver a los aldeanos retornando con solemnidad a sus labores luego de que concluyera la ceremonia conmemorativa del aniversario del ataque del Kyuubi. Ya habían pasado veinte años, pero el tiempo no siempre acababa con el dolor grabado en los corazones de aquellos que habían perdido a un ser querido. Veinte años y, aun así, los efectos del ataque del Kyuubi se encontraban todavía presentes en aquellas personas que habían perdido a un esposo o a una esposa, a un amigo, a un hermano, a una hermana, a un padre… Con la inmensa pérdida de vidas que se produjo durante esa noche nefasta, no se sentía bien celebrar el nacimiento que entonces ocurrió.

Aun cuando había personas que querían celebrar el cumpleaños de Naruto acompañándolo, él siempre dificultaba las cosas. Era el día en que siempre desaparecía. No había bromas, ni banquetes en Ichiraku, ni explosiones en el campo de entrenamiento número siete, nada, era como si él, solo durante ese día del año, ni siquiera hubiese existido. Incluso cuando niño, sin siquiera poder comprender lo que en realidad significaba el ataque del Kyuubi, sabía, al menos, que el 10 de octubre era el día en que los aldeanos lo despreciaban más de lo normal, el día en que lo miraban con un odio inmenso en vez de ignorarlo con frialdad, como era lo normal. Su presencia había sido un recordatorio demasiado doloroso en aquellos tiempos, por lo que decidió desaparecer durante ese día del año, no para escapar, sino por consideración a los sentimientos de los aldeanos.

“Preparémosle una torta y ya”, sugirió Sakura. Ella y su pequeño grupo de amigos volvían hacia la aldea, regresaban del lugar de la ceremonia conmemorativa.

“Sí, creo que eso le gustará. Es posible que llegue a quejarse si hacemos más que eso”, concordó Ino riendo.

“Incluso hacer solo eso es muy problemático”, murmuró Shikamaru, debido a esto, Ino le dio un golpe en la cabeza.

“A mí me gusta la torta de chocolate”, soltó Chouji.

“No es para ti”, refunfuñó Ino. “Ay, hombres”.

“Oigan, todos ya tenemos veinte, ¿qué tal una torta bañada con licor?”, sugirió Kiba soltando una risa.

“Creo que a Naruto le gustaría un torta que todos pudiésemos comer”, comentó Hinata con gotita en la cabeza al imaginarse el desastre que se produciría si Lee llegara a tomar incluso una sola gota de alcohol.

“Oye, Hinata, ¿podríamos utilizar la cocina de tu casa para preparar la torta? ¿O tal vez tu casa, Sasuke-kun?”, preguntó Ino, pues ellos tenían las cocinas más grandes.

“Los chefs de la casa Hyuuga están ocupados el día de hoy”, respondió Neji.

“Entonces será la casa de Sasuke-kun”, dijo Ino con una sonrisa; Sasuke solo soltó un gruñido.

Sakura soltó una risita, decidió no molestar a Sasuke y entonces sugirió: “Está bien, podemos utilizar mi cocina. De todos modos, Naruto no está en casa en estos momentos”.

“¿Y qué torta vamos a prepararle a Naruto-kun?”, preguntó Lee cogiendo una canasta para las compras; habían entrado al supermercado.

“Umm…”, Sakura pensó por un momento mientras echaba a la canasta algunos ingredientes básicos, harina, huevos, mantequilla y cosas así. Entonces, cuando llegaron al área de productos agrícolas, una sonrisa nostálgica se dibujó en sus labios al recordar lo que ocurrió en el cumpleaños número dieciséis de Naruto. “¿Qué tal una torta de *camote con castañas?”.
[size=8.88888931274414]*Batata, boniato[/size]

Hinata no pudo evitar sonreír. “Sí, eso suena bien… como el cumpleaños número dieciséis de Naruto-kun…”.
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“¿Naruto?”.

No obtuvo respuesta al tocar la puerta, entonces se asomó por una ventana para ver si Naruto estaba o no en casa. Iluminado por la luz de la mañana que se filtraba hacia su departamento se encontraba el desorden de siempre, una prenda de vestir usada y arrugada colgaba de uno de los muebles, otro tetra pack de leche sobre la mesa de la cocina, abierto como para que se derramara, un montón de equipo de entrenamiento desparramado en el suelo, parecía un campo de guerra.

Y aun así, se sentía extrañamente armonioso, casi parecía un cuadro, como si no fuese real. Sakura sintió que había algo definitivamente raro en todo esto, pero no podía identificarlo, así que solo se lo atribuyó a su imaginación.

Bajó la mirada hacia el regalo que sostenía en sus manos y por un momento pensó en dejar en la puerta el regalo de Naruto por su decimosexto cumpleaños. A pesar de que eran amigos desde hace más de tres años, esta era la primera vez que ella le obsequiaba un regalo de cumpleaños. Sin embargo, en realidad no era culpa suya, pues él se había ido de Konoha para viajar por todo el continente con Jiraiya por dos años y medio, todo esto precisamente cuando ella al fin comenzaba a considerarlo un verdadero amigo.

No obstante, la idea de obsequiarle algo después de haberse perdido casi todos sus cumpleaños le daba un poco de vergüenza y miedo. ¿Cómo reaccionaría? ¿Le gustaría el regalo? ¿Quizá era uno muy simple? Ahora comenzó a preocuparle que el regalo que tenía para él no fuera lo suficientemente bueno.

Soltó un suspiro y decidió que, al menos, le daría el regalo en persona. Así, subió al tejado para comenzar a buscarlo. No habría de ser muy difícil encontrar al bullicioso ninja vestido de anaranjado, ¿cierto? Además, antes nunca había tenido problemas para encontrarlo.

El primer lugar al que se dirigió fue el puesto favorito de ramen de Naruto. Para su sorpresa, no encontró a Naruto, sino a una Hinata de aspecto cansado. Con el pasar de los años, Hinata se había esforzado mucho para ser más extrovertida y, al menos, crearse una imagen pública calmada y serena para representar bien a su clan. Por esto, era algo raro verla de nuevo en la faceta de chica retraída y temerosa que Sakura había conocido en la academia.

“¿Hinata?”.

“¡Ah!”, gimió Hinata asustada.

“Tranquila, soy yo”, comentó Sakura riendo. Sin embargo, por alguna razón, la expresión de terror en el rostro de Hinata le hizo pensar a Sakura que ella era la última persona con quien quería encontrarse.

Fue entonces que Sakura notó que la nerviosa Hyuuga sostenía fuertemente contra su pecho un regalo muy bien envuelto. Un silencio incómodo surgió entre las dos chicas cuando Hinata observó el regalo que Sakura traía.

“Lo siento, chicas, hoy no encontrarán a Naruto aquí”, dijo Ayame con una alegre sonrisa, rompiendo el hielo.

“¿Está en una misión?”, se preguntó Sakura frunciendo el ceño. ¿Qué otra razón podría haber para que Naruto no esté comiendo en Ichiraku?

“Ni idea. Mi papa suele prepararle su banquete de ramen por su cumpleaños el día 9 u 11, pues nunca está aquí el 10”, explicó Ayame alzando los hombros. “Debe de estar por allí”.

“Bueno, gracias, Ayame-san”, respondió Sakura.

“S-sí, gracias”, agregó Hinata haciendo una reverencia.

Luego, por medio de un acuerdo en donde no medió palabra alguna, Sakura y Hinata se fueron juntas para continuar buscando a Naruto. Sakura nunca supo cómo comunicarse con Hinata debido a la naturaleza callada y reservada de la chica Hyuuga, aunque no era que se llevasen mal. Sin embargo, las dos se habían vuelto más conscientes de sus intenciones desde el fin de la guerra.

Probablemente se debía al hecho de que la rivalidad entre ambas era ahora evidente. Hinata se había declarado a Naruto durante el clímax de la pelea contra Nagato en el ataque a Konoha. Y Sakura, ella le confesó sus sentimientos poco después, pero hubo una diferencia, él no le creyó.

‘Qué tonta’, rezongó en su mente por lo mal que le fue cuando le confesó que se había enamorado de él. Sus sentimientos habían sido auténticos, pero la manera en que se lo dijo, la ocasión y el hecho de que tuviese razones ocultas —intentar que dejara de llevar él solo la carga de la traición de Sasuke— echaron a perder todo. Y como ya lo había arruinado una vez, se le hacía difícil volver a intentarlo.

Miró de reojo a Hinata y se preguntó si Naruto siquiera había respondido a la tímida chica. A pesar de lo atolondrado que era, Sakura estaba segura de que él sabía que hacer esperar a una chica por mucho tiempo para responderle era demasiado cruel.

Dando un suspiro mental, Sakura sintió que esta situación con Hinata podía volverse peor que lo que ocurrió con Ino. Con la rubia, eran muy jóvenes e inmaduras, y la naturaleza abierta y hostil de la rivalidad les permitió aplacarla y de esa forma evitar que llegara a niveles incontrolables.

Con Hinata no había tales hostilidades, solo una gran incomodidad que amenazaba con afectar a todos los que estuviesen implicados.

“¿Tsunade-sama?”, llamó a la puerta de la oficina de la Hokage cuando ambas llegaron
.
“¿Sí?”.

Hicieron una reverencia y preguntaron: “¿Tsunade-sama, sabe si a Naruto se le asignó una misión hoy?”.

Tsunade frunció el ceño y miró el reloj en la pared. También quería darle un regalo de cumpleaños a Naruto, pero estaba ocupada en su oficina con un montón de trabajo, esto debido a que Konoha todavía estaba recuperándose de la guerra. Por eso, envió a uno de sus mensajeros a buscar a Naruto para traerlo a su oficina, pero ya habían pasado horas desde entonces. Vamos, ¿qué tan difícil podría ser encontrar a un ninja escandaloso vestido con una chaqueta anaranjada?

“No. Vino ayer para presentar una solicitud de misión, pero le fue denegada, así que se supone que hoy tenía el día libre”, explicó Tsunade. Si Hinata ni Sakura podían dar con su paradero, entonces era evidente que él no quería que lo localizaran. “Si lo encuentran, díganle que lo quiero en mi oficina, antes de que se acabe el día al menos”.

“Sí, señora”, respondieron.

Mientras se dirigían hacia los tejados para reanudar su búsqueda, Sakura notó que Hinata tenía ahora el Byakugan activado. Sabía que no era una competencia para ver quién lo encontraba primero, pero aun así se sintió frustrada por el hecho de que sus habilidades de rastreo no fuesen superiores a la media.

El siguiente lugar que revisaron fue la zona donde Naruto solía entrenar. Hinata de seguro ya había revisado todo el lugar con su Byakugan antes de que siquiera llegaran, por eso, Sakura sentía que la Hyuuga solo estaba perdiendo el tiempo al molestarse en entrar a la zona de entrenamiento. Eso solo incrementó la frustración de Sakura.

“Aquí tampoco”, murmuró Sakura mirando alrededor. “Arg, ¿dónde está?”.

“Emm… ¿quieres tomarte un descanso para comer?”, preguntó Hinata con dulzura al tiempo que le mostraba el bento que había preparado. Kiba había comentado que a los chicos les gustaba mucho una comida hecha por una chica, así, había planeado invitar a Naruto a una especie de picnic. Sin embargo, ya había pasado la hora del almuerzo y parecía que encontrar a Naruto les iba a tomar tiempo.

En realidad, Sakura estuvo intentando terminar a tiempo el regalo para Naruto, así que no pudo desayunar. “Pues, creo que sí…”.

“No sé si cocino muy bien, pero espero que te guste”, comentó Hinata nerviosa mientras las dos se sentaban bajo un árbol al borde del claro de la zona de entrenamiento.

Sakura abrió una caja bento y vio dentro una colorida variedad de comidas que parecían haber sido servidas y decoradas de una manera muy minuciosa, lucía casi como una obra de arte. Supo al instante que todo eso era para Naruto y estaba segura de que Hinata sabía que ella se había dado cuenta, así que ninguna mencionó nada al respecto. Solo lo dejaron pasar en silencio y con incomodidad, como todo sucedía entre las dos.

“Gracias, Hinata, se ve delicioso”.

Mientras comían, dirigieron la mirada hacia las brillantes hojas de otoño para evitar contacto visual. De cualquier modo, el hermoso paisaje de otoño en Konoha parecía aliviar la tensión entre ellas, por lo que no era mala forma de pasar el tiempo.

Al parecer, la gente del país del Fuego tenía una extraña fascinación por la muerte, así que el otoño y la primavera eran las estaciones en que Konoha se veía como el lugar más bello de la Tierra. En primavera, las flores de cerezo pasaban sus efímeras vidas flotando suavemente en el viento hasta llegar a su última morada. En otoño, las hojas pardas brotaban en las ramas realizando su último esfuerzo.

Y en efecto, el otoño de Konoha era hermoso. La música otoñal, el susurro del viento tocando una relajante aria con el sonido de las hojas como instrumento, hacía que fuese fácil sentarse, relajarse y disfrutar de una tranquila tregua al atardecer.

De repente, Sakura soltó una risita. “Se me acaba de ocurrir que… si Naruto resultara estar sentado en uno de esos árboles, su rara vestimenta anaranjada se combinaría a la perfección con las hojas. Aun sin que lo intentara, sería prácticamente imposible encontrarlo”.

Una triste sonrisa se dibujó en los labios de Hinata. “Tal vez sí lo está intentando…”.

Sakura parpadeó e inclinó la cabeza hacia un lado de manera pensativa. “¿Qué cosa?”.

“Esconderse”, murmuró Hinata con la voz y la mirada algo distantes. “Cuando estábamos en la academia, siempre faltaba a clases los 10 de octubre, todos los años”.

“Bueno, también faltaba a clases casi todos los días”, señaló Sakura con sonrisa irónica.

Hinata rio un poco. “Es verdad… pero su cumpleaños es el día en que la mayoría de las personas está triste…”.

“Sí, eso…”, suspiró Sakura. “Quizás la razón por la que viste de anaranjado es porque resalta casi siempre, pero a la vez es perfecto para camuflarse durante el único día del año en que quiere estar solo…”.

“Entonces… ¿tal vez deberíamos dejarlo solo?”, preguntó Hinata con preocupación. Ella era del tipo de personas que siempre percibía cuando era una molestia o una carga para los demás.

“Sakura se puso de pie y sacudió su ropa. “No voy a dejarlo solo. Vamos a encontrar a ese tonto”.

“Está bien”, comentó Hinata con una pequeña sonrisa al ser ayudada a ponerse de pie por Sakura. Y de alguna manera, antes de que se diesen cuenta, las cosas entre ellas ya no tenían ese carácter tan adusto.

“¿Lo oíste, Naruto? ¡Vamos a encontrarte! ¡Así que es inútil que te escondas de nosotras!”, gritó Sakura levantando el puño. “¡Lo vamos a hacer!”.

Hinata titubeó un instante, quería gritar también, pero le daba vergüenza hacer algo que no era común en ella. Con cada segundo que dudaba, su indecisión solo incrementaba el temor que tenía de no aprovechar su oportunidad para hacer, por una vez al menos, algo loco.

Entonces, sacando coraje, cerró los ojos con fuerza, se deshizo del miedo y gritó: “¡N-N-Naruto-kun! ¡Si decimos que vamos a encontrarte es porque lo haremos! ¡No romperemos nuestras palabras! ¡Ese es nuestro camino ninja!”.

Entonces, de repente, a lo lejos, dentro del bosque, en medio de ese mar de hojas otoñales, vieron que un pequeño hilo de humo se elevaba hacia el frío cielo azul.

“Crees que…”, comentó Hinata.

Sakura alzó los hombros y dijo: “Vayamos a ver”.

Y así, las dos subieron a los árboles y corrieron a toda prisa a través de las ramas hasta que llegaron al claro de donde provenía el humo.

"¡Naruto!".

"¡N-Naruto-kun!".

Y allí estaba, asando camotes y castañas con las ascuas de una pila de hojas otoñales como si el resto del mundo no existiera.

“Oh, hola, Sakura-chan, Hinata”, saludó el rubio con esa sonrisa suya al levantar la mirada por sobre el fuego. “¿Les apetece un bocadillo?”.

Su actitud tan calmada las sorprendió tanto que se quedaron mudas por un momento. No sabían muy bien qué esperarse, tal vez algo más alegre o quizá una situación más melancólica, después de todo, su cumpleaños era en el día del aniversario del ataque del Kyuubi. Sin embargo, así era Naruto Uzumaki.

“Ya me decía que era inútil preocuparse por un tonto como tú”, refunfuñó Sakura. Naruto solo mostró una sonrisa más grande al tiempo que le mostraba el pulgar arriba, esto hizo que Sakura se diese un palmazo en la frente por la exasperación.

“Umm…”, Hinata estaba a punto  de saludarlo por su cumpleaños cuando fue interrumpida.

“¡HUELE A CAMOTES Y A CASTAÑAS!”.

Sakura y Hinata se pusieron en guardia cuando Chouji llegó al claro de forma intempestiva, traía arrastrando a Ino y Shikamaru. Cuando el Akimichi se detuvo en seco, enviando hojas sueltas al aire por doquier, Naruto soltó una risa y usó una ramita para buscar un camote entre las hojas en llamas, luego lo ensartó en la ramita y se lo dio a Chouji.

“¡Bienvenidos! ¡No se preocupen que hay bastante!”, dijo soltando una carcajada.

“Camotes y castañas asados con hojas sueltas, ¡lo último en bocadillos de invierno!”, comentó Chouji, hizo una reverencia cuando Naruto le dio el camote. “Gracias, Naruto”.

“Qué problemático”, masculló Shikamaru. Por mucho que le gustaran los camotes y las castañas, el esfuerzo requerido para pelarlos opacaba el delicioso placer que pudiese sentir al probarlos.

“Ino, ¿qué ocurre?”, preguntó Sakura arqueando una ceja.

“Estoy mareada…”, Ino aún tenía los ojos como dos pequeños remolinos por haber sido traída a rastras por un Chouji hambriento y alborotado.

“Creo que huelo algo rico por aquí. ¿Por qué no nos invitaron a la fiesta?”, preguntó de repente Kiba con una sonrisa cuando llegaron al claro él, Akamaru y Shino.

“¡Yosh! Pensé que encontraría a un sucio villano provocando un incendio forestal, pero en vez de eso me encuentro con la apasionada llama de la juventud”, comentó Lee cuando él, Neji y Tenten se unieron a la velada.

“Esa pequeña flamita no va a ser suficiente para asar camotes para todos nosotros”, se burló al tiempo que reunía más hojas sueltas para luego arrojarlas al fuego y hacerlo más grande.

“¡Oye, cuidado con el fuego! No debe ser demasiado grande”, advirtió Naruto.

“Tiene razón, debes ser cuidadoso con la cantidad de hojas que usas al cubrir el fuego para que no se extienda demasiado, pero si echas muchas, la falta de oxígeno acabaría con el fuego”, comentó Chouji, mientras que acomodaba con cuidado las hojas recién añadidas para ampliar el área del fuego.

“¡Como sea, vamos, todos cojan un camote y échenlo al fuego!”, dijo Kiba en voz alta. “¡Traigan los camotes!”.

Aún les incomodada el hecho de que fuera el cumpleaños de Naruto, sabían que ese era de seguro un tema delicado, así que decidieron divertirse sin hacer grandes pretensiones al respecto. Y así, el viejo grupo de amigos volvió a ese alboroto relajado al que todos estaban acostumbrados y siguieron pasándola bien, asando juntos camotes y castañas. Ser capaces de pasar tiempo juntos era algo que les alegraba.

Naruto estaba a punto de coger un camote, pero, sin que se diera cuenta, Sakura y Hinata lo habían tomado de la mano. “Mmm… ¿Hinata?, ¿Sakura-chan?”.

“No necesitas tus manos, nosotras te daremos de comer”, dijo Sakura, sonreía al tiempo que ella y Hinata pelaban un camote para dárselo a Naruto en la boca.

Al ver a dos hermosas chicas sentadas a su lado, Naruto no pudo evitar estallar a carcajadas. “Guao, la vida es buena…”.

________________________________________

Después de haberse decidido por una torta de camote con castañas, todos se reunieron en la casa de Sakura para llevar a cabo la preparación.

“¿Cómo van esos camotes?”, preguntó Ino al salir hacia el jardín trasero en donde los chicos estaban asando camotes en medio de una pila de hojas otoñales.

“Paciencia, esto es algo serio”, respondió Chouji, estaba concentrado en mantener un calor adecuado.

“Bueno, ya casi terminamos de preparar la masa y vamos a necesitar esos camotes pronto”, hizo saber la rubia. Después, se arrodilló al lado de Sasuke, quien se encontraba en el cobertizo del jardín, y lo miró fijamente con una sonrisa en el rostro que se apoyaba en una de sus manos. Era evidente que estaba poniéndolo nervioso.

“¿Qué?”, gruñó él y miró hacia otro lado, trataba de tomar su distancia de esta manera.

“¿No podrías al menos pretender que estás divirtiéndote? ¿Te crees demasiado como para ponerte a asar camotes o qué?”, le preguntó al tiempo que le daba puntadas con el dedo, esto hizo que Sasuke se avergonzara. Chouji, Kiba, Lee e incluso Neji estaban poniéndole mucho empeño, casi como si fueran unos niños que se emocionan ante la presencia de un poco de fuego. Sasuke, sin embargo, seguía distante y desinteresado como siempre.

“Jum”, gruñó Sasuke.

“¡Oh, vamos, al menos inténtalo! ¡Esto es divertido! Cuándo fue la última vez que te pusiste a asar camotes de esta forma”, exhortó Ino. Quería que Sasuke se relajara y se divirtiera un poco.

“No es asunto tuyo”, respondió en voz alta, luego cerró los ojos y se recostó en uno de los soportes del cobertizo de madera con las manos detrás de la cabeza. La última vez que lo hizo fue cuando tenía seis años, con su hermano, Itachi. Al recordar esto, el usualmente inexpresivo Sasuke frunció el ceño.

“Bueno, como sea. ¿Todavía no vuelve Shino?”, preguntó la rubia poniéndose de pie.

“Mmm, tiene a sus insectos rastreadores, no debería demorarse tanto en encontrar a Naruto”, comentó Kiba al tiempo que acariciaba a Akamaru. “Creo que también iremos a buscarlo. Con nuestro olfato y los insectos de Shino, encontraremos a Naruto en un santiamén”.

Se montó sobre el lomo de Akamaru y olfateó en busca del rastro de Shino, pues no hacía mucho desde que había salido a buscar al rubio. Decidió seguir el rastro del Aburame por la aldea, pues sería muy tedioso encontrar a Naruto primero para luego tener que ir a buscar a Shino.

Kiba miraba la aldea y se dio cuenta de que no se veía tan llena de vida como siempre. Aun cuando habían pasado ya veinte años desde el ataque del Kyuubi, la atmósfera seguía siendo lúgubre. Tal vez era porque los habitantes del País del Fuego eran personas muy sensibles y atentas. Los que habían perdido a algún ser querido temían que las almas de los difuntos tomaran como una ofensa el que ellos intentasen, de manera egoísta, divertirse o ser felices durante el aniversario de una tragedia tan terrible, a pesar de que ya había pasado mucho tiempo. Por otro lado, las personas que no habían perdido a alguien tenían miedo de ofender a las personas que sí. Por esto, aunque la mañana ya hubiese pasado hace mucho, la restricción y ausencia de felicidad de aquel día seguía aún muy presente. Con razón Naruto nunca había llegado a disfrutar de su cumpleaños.

Los Inuzuka eran de las pocas familias que estaban en contra de las costumbres del País del Fuego, por eso, Kiba nunca concordó con el sentimiento de culpa autoinfligido que la gente de Konoha utilizaba para encadenarse al pasado.

Sin embargo, al parecer las cosas iban mejorando. No pudo evitar una sonrisa al ver a un grupo de niños que reían felices y con total tranquilidad sin darse cuenta de nada mientras jugaban a que eran ninjas. Ver la marcada diferencia entre la felicidad de los niños y la melancolía de los adultos hizo que apreciara más lo que Kurenai luchó para proteger, lo que Asuma protegió con su vida, los “reyes” de Konoha.

"¡Inuzuka-kun!".

Kiba se detuvo al ver a la dueña de la tienda de perfumes e inciensos saludándolo. “Hola, Hanasaki-san”.

“Eres amigo de Uzumaki-sensei, ¿cierto?”, preguntó la señora Hanasaki mostrando una sonrisa un poco meditabunda, luego le entregó un pequeño regalo. “¿Podrías hacerme el favor de darle este regalo a Uzumaki-sensei por mí? Es el perfume más reciente de Issey Miyake; sé que esto no compensa todos los años de sufrimiento que tuvo que pasar Uzumaki-sensei, pero aun así, me gustaría ofrecérselo como un obsequio en muestra de mi aprecio”.

Una gotita de sudor le salió a Kiba cuando vio lo que tenía la bolsa del regalo. ¿Por qué un perfume de mujer? ¿Y desde cuándo Naruto se había vuelto un sensei? Agitó la cabeza y decidió no ponerse a pensar demasiado en eso. “No hay problema, Hanasaki-san. Bueno, debo irme”.

Siguió buscando a Naruto y a Shino y le causó risa imaginar la reacción de Naruto al recibir como regalo de cumpleaños un perfume de mujer de Issey Miyake.

Entonces, volviendo a pensar, se dio cuenta de que él ostentaba el honor de haber sido la primera persona de entre los nueve novatos en haberle obsequiado un regalo de cumpleaños a Naruto. Fue tiempo atrás, cuando eran niños, de seis años tal vez.

Un grupo de niños había decidido jugar a las escondidas luego de que terminaran las clases en la academia. Kiba fue elegido buscador, pero debía tener la nariz cubierta y Akamaru debía quedar fuera del juego, pues sería injusto que tan solo utilizara su olfato para encontrarlos.

Aun así, Kiba siempre había sido muy bueno para jugar a las escondidas, por eso no tardó mucho en encontrarlos a todos, incluso sin su sentido del olfato.

“Rayos, nunca podemos ganarle a Kiba”, comentó renegando uno de sus compañeros.

“Bueno, fue divertido. Creo que siempre habrá otra oportunidad”.

“Nos vemos mañana, debo irme a casa”.

“Sí, también debo irme. Por alguna razón, mi mamá no quiere que me quede afuera por mucho tiempo cuando es 10 de octubre”.

Sin embargo, al hacer un conteo rápido, Kiba se dio cuenta de que le faltaba una persona.

“Oigan, esperen, el juego aún no termina. Todavía no he encontrado al tal Uzumaki”.

“¿Ese perdedor? Déjalo solo”.

“Sí, sería muy divertido si ese perdedor se quedara escondido durante toda la noche”.

Y así, todos los demás niños se fueron. Pero Kiba era orgulloso y no aceptaría la derrota, así que continuó buscando. Utilizando todos los trucos para rastrear que había aprendido hasta ahora de su familia, logró encontrar pistas del paradero de Naruto, pero ninguna lo llevaba al rubio. Sin duda alguna, Naruto era muy astuto.

El sol comenzaba a ponerse y Kiba al fin se frustró tanto que decidió destapar su nariz. “¡Vamos, Akamaru! ¡Nuestro orgullo como Inuzukas está en juego!”.

"¡Arf!".

Cuando iba a cazar con su familia, eran los astutos zorros los que siempre lograban eludir por más tiempo a los perros cazadores de los Inuzuka. La carne de zorro no era tan valiosa como la de otras presas más fáciles como  los venados o pavos, pero el orgullo de atrapar a un zorro era lo que lo hacía de lejos una presa muy valiosa. Ahora, Naruto era ese zorro.

La mañana iba terminando cuando Kiba logró encontrar a Naruto al fin, estaba tomando una siesta sobre un árbol. Las coloridas hojas otoñales se combinaban con su ropa y su rubio cabello, se formaba así un camuflaje perfecto, pero aquello no era mucho contra la nariz de Kiba.

“¡Oye, tú, Uzumaki! ¡Te encontré!”.

Asustado por el grito de Kiba, Naruto se calló del árbol, aterrizó en una pila de hojas y las mandó volando al aire en una lluvia roja, anaranjada y amarilla.

“Sí que te demoraste”, dijo Naruto con una sonrisa.

“Sí, sí, como sea, pero igual te encontré, así que yo he ganado”, se burló rodando los ojos.

“Pero… te has ganado un premio por haberme hecho recurrir a mi olfato”.

Naruto se quedó mirando fijamente el vale por un ramen en Ichiraku al tiempo que una amplia sonrisa se formaba en su rostro. “¡Gracias!”.

Aquella vez, Kiba no había sabido que era el cumpleaños de Naruto, pero el rubio le comentó años después que ese vale de Ichiraku había sido el primer regalo que recibía de alguien aparte del Sandaime Hokage.

Kiba salió de sus viejos recuerdos y, por alguna razón, se sintió un poco mareado de repente, como si estuviese olvidándose de algo. “Un momento… ¿qué es lo que estaba haciendo?”.
 
Entonces, sintió el olor de Shino y recordó. “¡Ah, sí! Estaba buscando a Shino. Demonios, ¿dónde se habrá metido?”.
________________________________________

“Esa torta huele bien”, comentó Chouji sorbiendo la saliva que estaba saliendo de su boca.

“Los demás están demorando mucho”, señaló Hinata con preocupación. Como Shino y Kiba no volvían, Lee, Neji y Tenten también salieron en busca de Naruto. Pero de eso ya había pasado casi una hora.

“Frentona, debes vigilar mejor a tu esposo”, exclamó Ino sacudiendo a Sakura de los hombros.

“Oye, logré que volviera a la aldea, ¿o no?”, protestó Sakura. Poco después de que terminara la guerra, Naruto tomó la desconcertante decisión de declinar el puesto de Hokage y resolvió, valiéndose de su título de Ermitaño de los Sapos, dejar la aldea para vivir como Jiraiya, como un ermitaño. Cuando se casó con Sakura, volvió al fin para quedarse. Desde entonces, Naruto y Sakura eran inseparables; era solo en su cumpleaños que se perdía por allí, y ella aprendió a darle su espacio.

“Ahora que está de vuelta, ¿no se tardará en aceptar el puesto de Hokage?, ¿no?”.

Sakura sonrió al tiempo que jugaba con el anillo matrimonial que se encontraba en su dedo. “Dijo que consumía mucho tiempo y que prefería pasar más tiempo conmigo”.

Sasuke pretendió estar tosiendo al imaginarse a Naruto diciendo algo tan cursi, al ver esto, Ino rodó los ojos y le hizo una llave. “Sasuke-kun, deberías aprender algunas cosillas sobre cómo hacer que una chica se sienta especial. Mira, puedes practicar conmigo”.

“Me gusta mucho tu sonrisa”, dijo de manera inexpresiva.

“¿Lo dices en serio?”, preguntó la rubia emocionándose sobremanera ante el cumplido.

“Sí, la forma en que tu sonrisa saca a relucir las arrugas alrededor de tus ojos es fascinante, arrugadito como patas de gallo”, añadió él con rostro absolutamente serio, esto hizo que una venita surcara la frente de Ino.

“¡Yo no tengo arrugas! ¡Mi piel es perfecta!”, gritó ella, lo empujó y se fue corriendo hacia el baño para ver si en verdad se le formaban arrugas en el rostro cuando sonreía.

“Ese tonto, más le vale volver rápido, tengo que hacer”, refunfuñó Sasuke. Aprovechó que Ino se había ido y ocupó más espacio en el sofá para echarse.

“No digas eso, Sasuke-kun. Naruto fue a tu fiesta de cumpleaños, tú deberías hacer lo mismo”, lo reprendió Sakura.

“Yo nunca pedí una fiesta, ustedes la hicieron porque quisieron. A mí me gustaría desaparecer durante mi cumpleaños, igual que Naruto, pero yo tendría a un escuadrón AMBU buscándome si hiciera eso”, murmuró Sasuke maldiciendo su condición de ex-traidor.

A muchas personas les gustaban los cumpleaños. Sakura, Ino y Tenten eran de las chicas que siempre se divertían en las fiestas de cumpleaños, eran ellas quienes se encargaban de que los renuentes chicos asistieran a estas celebraciones. Sin embargo, Hinata como que comprendía a Sasuke, aunque quizá por razones diferentes. Ella se había enfrentado a asuntos relacionados con la confianza en uno mismo, se sentía inútil y débil, sentía que no merecía un cumpleaños. Pero desde entonces llegó a quererse a sí misma, tanto como para celebrar aquel día especial del año. Deseaba mucho que Sasuke hiciera lo mismo. “Pero Sasuke-kun…”.

Sasuke no la dejó terminar, se levantó y se fue hacia el jardín trasero. Hinata tuvo reunir mucho valor para poder hablar, por eso se sintió muy triste al haber sido ignorada de esa manera.

“Sasuke-kun también tiene sus problemas”, murmuró Sakura con sinceridad. “La masacre de los Uchiha… Itachi decidió ejecutarla precisamente durante el cumpleaños de Sasuke-kun. Desde entonces, y a pesar de mis esfuerzos, nunca ha tenido un cumpleaños feliz”.

Hinata, sin darse cuenta, estaba extendiendo la mano hacia donde Sasuke se había ido. “Ambos, Naruto-kun y Sasuke-kun…”.

“Sí, Naruto ya ha superado sus problemas, pero Sasuke-kun todavía no…”, dijo Sakura soltando un suspiro. “El pasado sigue impidiendo que acepte la felicidad. Se supone que un cumpleaños es algo maravilloso…”.

“No puedes querer a otras personas si primero no aprendes a quererte a ti mismo”, concordó Hinata con voz suave. Era una lección que Hinata aprendió a las malas luego de años de odiarse a sí misma por ser tan débil. “Un cumpleaños debe ser una celebración en honor a ti…”.
________________________________________

“¡Oye, esta es mi base secreta, la entrada está prohibida!”.

Sasuke miró de mala manera al niño rubio que había aparecido de repente en el búnker abandonado en el que él estaba refugiándose. Reconoció al chico, era un estudiante de la clase de al lado en la academia ninja. “¡Yo llegué primero!”.

“¿Ah? ¡Yo he estado viniendo aquí desde hace meses!”, contradijo Naruto y a la vez señaló el símbolo que había sido grabado en la pared frente a la entrada.

Sasuke aguzó la vista, se esforzaba para poder leer aquellos caracteres kanji, eran arcaicos y demasiado complejos. “¿Dai-ryu-shi? ¿Qué clase de nombre de idiota es ese?”.

“¡Se lee Na-ru-to, tonto!”, gritó furioso el rubio; no le habían puesto un nombre en kanji, solo en katakana, así que se inventó uno utilizando los kanjis más arcaicos que pudo encontrar, así como los nombres en esos geniales dramas sobre la yakuza (mafia japonesa). “¡Quién crees que soy? Voy a convertirme en el Souban (líder de la Yakuza) de todo el País del Fuego, por eso necesito un nombre tan imponente”.

“¿Y tú tienes la más mínima idea de quién soy yo?”, gruñó Sasuke, estirándose para aparentar ser más grande de lo que era. Estaba acostumbrado a que lo tratasen como un príncipe, pues había sido criado como el heredero de los Uchiha. Por eso, para él no era común que alguien le hablase de esa manera.

“Podrías ser el Comandante General de la Sociedad de Almas, como si me importara. ¡Estás en mi base secreta!”, respondió Naruto.

Y con eso, una gresca espectacular comenzó entre ellos. Bueno, tan espectacular como podía llegar a ser cuando los combatientes eran dos pequeños estudiantes de academia. Sin que se diesen cuenta, su pelea los había llevado fuera del escondite de Naruto, hacia el claro en el bosque donde las hojas otoñales se desparramaban y salían volando hacia el aire debido a aquella lucha por el dominio.

“¡Oigan! ¡Ustedes dos! ¡Ya paren!”.

De alguna manera, su pelea los había llevado hacia el mercado de la aldea, donde un vendedor grande y robusto los cogió de las camisetas y los levantó. Aun así, los dos pequeños intentaban pegarse puños y patadas como salvajes.

Fue entonces que el vendedor reconoció a los dos muchachos. Miró a Naruto con cara de asco y lo arrojó como si fuera un perro callejero sarnoso. Por otro lado, a Sasuke lo bajó hacia el suelo con amabilidad.

"¡Es Uchiha Sasuke!".

"Sasuke-chan, ¿estás bien?".

“No estás herido, ¿cierto?”.

Sasuke quería volver a la pelea, pero ahora había un grupo de aldeanos que lo rodeaba y hacía gran alboroto. Desde la exterminación del clan Uchiha hace unos meses, desde que se había convertido en el último Uchiha de Konoha, los aldeanos trataban a Sasuke como si solo fuera una mercancía de gran valor.

Era como si él fuera una herramienta, ni siquiera un humano. Por mucho tiempo, los Uchiha habían sido uno de los poderosos pilares de la seguridad en Konoha. Pero ahora todo había terminado. Sasuke era, en esencia, lo único que aseguraba la reconstrucción de aquella poderosa fuerza militar, una herramienta. Él no les importaba, no le importaba a nadie. Todo aquel que se preocupaba por él había sido asesinado por Itachi. Los aldeanos solo lo veían como una herramienta.

Lo que es peor, le tenían lástima. Era solo un niño y aun así presenció la masacre que Itachi llevó a cabo. Los aldeanos lo trataban como un cristal frágil, lo trataban con la más suma delicadeza, y eso le hacía sentir débil, como si fuese una confirmación de todas las acusaciones que Itachi le hizo.

Ese rubio tonto había sido el único, desde la masacre Uchiha, que lo trató como persona. Ya ni recordaba por qué estaban peleando, pero eso no importaba, era mediante esa comunicación a puños que al fin volvió a sentirse vivo.

“¡Qué crees que haces, demonio!”.

Un grupo de adultos tenía a Naruto aprisionado contra la pared, un brazo musculoso y fuerte presionaba sobre su garganta, amenazando con sofocarlo.

“¡No sabes que Sasuke es el ultimo Uchiha?”.

“¡Cómo te atreves a levantarle la mano!”.

Allí estaban de nuevo. Sasuke Uchiha, la herramienta. Sasuke Uchiha, el chico cuyo valor yacía en el hecho de ser el único que podía reconstruir el ejército del Sharingan.

“¡Suéltenlo!”, gritó Sasuke enojado. “¡No soy ningún debilucho! ¡Aunque peleara con este tonto, sé que ganaría! ¡No soy ningún pelele! ¡No necesito que me protejan!”.

Los aldeanos trataron de apaciguarlo de inmediato, soltando halagos sobre lo poderosos que eran los Uchiha y adujeron que no había necesidad de probarlo con una sucia rata de alcantarilla.

“¡Suéltenlo!”, insistió Sasuke enervado.

Los hombres que tenían a Naruto inmovilizado hicieron una mueca de asco y luego lo soltaron. “Tche, Uchiha ha sido piadoso contigo, rata de alcantarilla, estate agradecido”.

“¿Agradecido? No necesitaba tu ayuda”, gritó Naruto cuando la muchedumbre ya se había ido, dejando solo a Sasuke.

“No te he ayudado, solo quería terminar nuestra pelea en un lugar donde no nos interrumpan”, respondió Sasuke.

Y así, ambos iniciaron su recorrido de vuelta hacia el bosque, donde se encontraba el escondite secreto de Naruto. Sin embargo, mientras caminaban por la aldea, Sasuke sintió un escalofrío al darse cuenta de que ambos estaban llamando mucho la atención.

Sasuke estaba acostumbrado a que lo miraran, aquellos ojos llenos de la asquerosa lástima, una lástima fingida. Pero estos ojos eran diferentes, los ojos que estaban fijados en el rubio estaban llenos de un odio implacable, repugnancia gélida, pero, sobre todo, contenían un miedo asfixiante.

“¿Los aldeanos siempre son así contigo?”, preguntó Sasuke frunciendo el ceño cuando llegaron a la entrada del bosque.

“Nop, a menudo no son tan malos, solo durante este día”, murmuró Naruto alzando los hombros. Él también, al igual que Sasuke, odiaba recibir la lástima de los demás.

“¿Por qué hoy?”.

Naruto alzó los hombros. “No lo sé… hoy es mi cumpleaños, quizá… Se supone que muchas personas murieron en mi cumpleaños”.

Sasuke se detuvo y giró sobre sí para mirar al chico. “Hoy también es mi cumpleaños…”.

________________________________________

“Demonios, Sasuke-kun, ¿cuánto tiempo vas a estar así, callado y de mal humor?”, gruñó Ino al tiempo que ella y Sakura intentaban traerlo de vuelta hacia adentro.

“¡No estoy de mal humor!”, rezongó Sasuke.

“¡No es cierto!”.

“¡Hinata está muy deprimida por tu culpa!”.

“¿Y qué tiene que ver ella con todo esto?”, murmuró Sasuke, aunque fue incapaz de ocultar su leve sorpresa. Después de todo, él y la Hyuuga a penas y se conocían.

“¡Ajá! ¡Te descuidaste! ¡Shintenshin no jutsu!”, dijo Ino triunfante, se aprovechó del pequeño momento en que Sasuke bajó la guardia.

“¿Eres consciente de lo furioso que se va poner Sasuke-kun por esto, no?”, señaló Sakura al tiempo que alzaba una ceja mientras sostenía el cuerpo inmóvil de Ino.

“Lo sé, por eso haré que valga la pena”, respondió Ino, que ahora ocupaba el cuerpo de Sasuke, y soltó una sonrisa maligna.

Y así, con porte de rey, volvió adentro y asustó a la tímida chica al haberse arrodillado frente a ella. Imitando a Sasuke, Ino le lanzó una sonrisa matadora maligna y luego tomó la mano de la chica.

“¿S-S-S-Sasuke-kun?”.

“¡Fuera de aquí!”, gruñó Sasuke al lograr que Ino saliera a la fuerza de su cabeza.

“¡Maldición, ni siquiera pude divertirme!”, se quejó Ino al haber vuelto a su propio cuerpo.

“Qué es esto, ni siquiera he…grrr, lidiar con chicas como tú es tan extenuante”, gruñó Sasuke al tiempo que se tiraba sobre el sofá en el que estaba Hinata, tan débil que ni pudo molestarse luego de haber realizado un esfuerzo sobrehumano para contrarrestar la técnica de Ino. Ni siquiera se percató de que todavía estaba sosteniendo la mano de Hinata, aunque ella sí que estaba muy consciente de ese detalle, su rostro se ponía más rojo con cada segundo transcurrido.

Ino intentaba aclimatarse otra vez a su cuerpo revisando el movimiento de sus extremidades cuando sintió el dulce aroma de la torta en el horno, entonces sonrió y dijo: “Oigan, ¿y esa torta? ¿Estamos celebrando algún cumpleaños?”.

¡Plum!

A Sakura se le congeló la sangre y dejó caer el temporizador de horneado que estaba revisando. Todos estaban tan ocupados mirando a Ino con extrañeza que no llegaron notar la efímera expresión de horror que tuvo Sakura, que luego logró ocultar con rapidez.

“¿Estás bien? ¿Es el cumpleaños de Naruto?”, preguntó Chouji.

“¿Na-Naruto?”, dijo Ino haciendo una mueca extraña, como si no pudiera recordar aquel nombre. Luego comenzó a temblar, soltó una risa con voz temblorosa y se cogió la cabeza. “Oh, sí… qué tonta… Naruto… ¿Có-cómo pude haberlo olvidado?”.

“Ino, ¿estás bien?”, preguntó Hinata con preocupación al tiempo que guiaba a Ino hacia el sofá.

“S-sí, estoy bien”, murmuró Ino, aunque la expresión de terror y confusión plasmada en su rostro afirmaba lo contrario.

“Oye, ¿pasó algo con el Shintenshin no jutsu?”, preguntó Shikamaru frunciendo el ceño, él era la persona más entendida acerca de la técnica fuera del clan Yamanaka.

“No… no lo sé”, murmuró Ino preocupada. “He hecho esta técnica un millón de veces… no sentí nada diferente…”.

Mientras que los demás hablaban alrededor de Ino, Sakura dio un paso hacia atrás y miró desde la distancia. Con los hombros caídos, una sonrisa triste y amarga se dibujó en su rostro. Ahora tenía una buena idea acerca de por qué los demás todavía no regresaban.

“¡Voy… voy a buscar Naruto también! ¡Los demás están demorándose mucho!”, exclamó Ino con voz aguda por el pánico, de repente se puso de pie y salió.

“¡Oye, espera! ¡Tómalo con calma!”, gritó Chouji al tiempo que salía tras ella.

“Argg, qué problemático… tendré que ir por ellos también. Chicos, ustedes quédense aquí, por si acaso vuelven los demás”, dijo Shikamaru algo enojado para luego salir tras sus compañeros.

Ino recorría las calles de la aldea con rapidez, las voces Chouji y Shikamaru llamándola se volvían ecos, buscaba con desesperación alguna señal de Naruto.

¿Por qué no puedo recordar su rostro?
________________________________________

“¿Por qué lloras? ¿Te raspaste la rodilla o algo así?”, preguntó Ino al ver a una niña pelirosa sentada en un columpio completamente sola.

Sakura mantenía su rostro lloroso escondido detrás de sus brazos y negó con la cabeza.

“Vamos, no puedo ayudarte si no me respondes”, intentó convencerla. “Me llamo Ino, ¿y tú?”.
Hipando y ocultando todavía su rostro, dijo gimoteando: “S-Sakura…”.

“¿Los chicos están burlándose de ti?”.

Esta vez, Sakura asintió débilmente.

“¡No les hagas caso! ¡Son solo unos tontos niños! ¡No saben nada!”, exclamó Ino.

Sakura negó y dijo: “L-las niñas también…”.

Ino soltó un suspiro, sabía lo malas que podían ser las niñas. “¿Qué dicen de ti? Voy a probar que se equivocan”.

Sakura negó otra vez. “Ta-también te burlarás de mí…”.

“Te prometo que no lo hare, incluso seré tu amiga”, respondió Ino alegre.

“¿D-de verdad? ¿Lo prometes?”, preguntó Sakura esperanzada, aunque aún se notaba con claridad el temor en su voz.

“Sí, lo prometo. Si no cumplo, me tragaré mil agujas”, aseguró firme con una sonrisa. “Ahora dime qué es lo que ocurre”.

“Me… me dicen Sadako…”, susurró Sakura.

Una gotita de sudor se le salió a Ino cuando al fin Sakura levantó el rostro, solo para mostrar que estaba escondido por largos mechones de sucio cabello rosado. Sadako era la niña fantasma de cabellos largos que salía de la pantalla del televisor en una película de terror muy conocida, así que Ino pudo darse cuenta de dónde provenía aquel sobrenombre.

“Te dicen Sadako porque ocultas tu rostro”, dijo uno soltando un suspiro. “Estoy segura de que tienes un carita muy bonita, ¡muéstrala con seguridad!”.

“¡N-no! Soy fea… se burlarán más de mí si muestro mi cara…”, respondió temblando al tiempo que las lágrimas amenazaban con volver a inundarla.

“Vamos, eso no puede ser cierto”, dijo Ino confortándola al tiempo que intentaba apartar el cabello rosado para poder ver bien la cara de Sakura, pero fue alejada de inmediato.

“N-no… no querrás ser mi amiga incluso si ves mi rostro…”, lloró suavemente.

“Confía en mí”, respondió Ino con voz cálida mientras acariciaba las mejillas de Sakura sin apartar su cabello. “¿Confías en mí?”.

Dudosa, Sakura asintió al fin.

Ino, no muy segura de qué esperarse, tragó saliva nerviosa antes de apartar el cabello de Sakura para poder ver su rostro. Entonces se sorprendió al ver que la horrible monstruosidad a la que Sakura aludía nunca apareció.

Entonces, sonrió y sacó una cinta roja de su bolsillo y se la amarró a Sakura en el cabello. “¿Lo ves? ¡Eres muy linda! ¡Debes mostrarte con confianza!”.

“Pe-pero… mi cara...”.

Entonces Ino sacó un espejito y se lo mostró a Sakura. “Creo que esas marquitas con forma de líneas en tus mejillas son súper adorables”.

________________________________________

“Estoy preocupándome”, comentó Hinata mientras ponía los últimos toques decorativos en la torta junto con Sakura. Ya había pasado un tiempo desde que Ino, Shikamaru y Chouji habían salido, y no sabían nada de los demás. Ahora solo quedaban ella, Sakura y Sasuke.

Hinata se sintió impotente cuando Sakura no respondió, la pelirosa se abrazaba a sus rodillas con desánimo. Para no quedarse cruzada de brazos, Hinata solo continuó añadiendo más y más adornos a la torta. Sin saber qué hacer, miró a Sasuke con desesperación como pidiendo ayuda.

Sasuke soltó un suspiro por la irritación que sentía, se puso de pie y acomodó su cabello. “¿Quieres que yo vaya a buscar a todos o qué?”.

La estremeció la idea de que él no volviera si se iba, tal y como les sucedió a todos los que habían salido a buscar a Naruto. Lo que Hinata quería en realidad era que Sasuke intentara reconfortar a Sakura. Sin embargo, sabía cómo era Sasuke, quizá sería de más ayuda si se fuera a buscar a los demás. “¿Pro-prometes que volverás?, ¿aunque no lo encuentres?”.

Aquella mirada de cachorrito que Hinata le ponía le estaba tocando el corazón, entonces, se tronó el cuello para relajar sus articulaciones. Todo esto con el fin de evitar la mirada de Hinata y también para mantener su imagen de tipo genial. “Desde luego, volveré en media hora”.

“Él no va a volver”, comentó Sakura en voz baja luego de que Sasuke había salido.

“Pero podemos confiar en Sasuke-kun. Estoy segura de que él podrá traer a todos de vuelta”, respondió Hinata en un intento de contentar a Sakura. “Si hay alguien que puede encontrar a Naruto, ese es su mejor amigo, Sasuke-kun, ¿no crees?”.

Sakura agitó la cabeza al tiempo que se abrazaba a sí misma con más fuerza, parecía como si intentara contener sus lágrimas con desesperación. “No… Sasuke-kun nunca encontrará a Naruto… nadie puede…”.

“No, estoy segura de que podremos. ¡Lo hemos encontrado en su cumpleaños desde hace cinco años!”, aseveró Hinata, acercándose a Sakura a gatas, intentaba animarla ahora que solo quedaban ellas dos.

“Lo-lo siento… yo… yo le prometí a Naruto que sería fuerte hasta el final, pero… ya no puedo más…”, respondió Sakura respirando con dificultad. Ahora temblaba como lo hace una represa que a duras penas contiene el agua que está a punto de desbordarse.

Hinata no estaba segura de lo que estaba ocurriendo; era obvio que sucedía algo más serio que las comunes desapariciones de Naruto durante sus cumpleaños, pero estaba demasiado asustada por el repentino colapso de Sakura como para organizar sus ideas. Todo lo que podía hacer era dar lo mejor de sí para consolarla. “¡N-no te preocupes, Sasuke-kun traerá a Naruto-kun de vuelta!”.

“No… no lo entiendes… Naruto… Naruto no es real…”.

Y hasta aquí la primera parte que subiré esta vez. ¿Opiniones, críticas, comentarios? Díganme qué les pareció. Y sí, lo dejo hasta allí a propósito esperando haberlos dejado con ganas de más.  Twisted Evil


Última edición por naruto_edu el Mar Feb 25, 2014 4:57 am, editado 2 veces

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Re: Las promesas que nos hicimos aquel día, TRAD., TP., by DIGIFRUIT Segunda y última parte. 24/12/14

Mensaje por Cerezo Uzumaki el Lun Ene 27, 2014 5:22 pm

Espera....¡¿QUE?!...Estuvo buena la primera parte, aunque me confundí en algunas partes T_T, Bueno veamos:

Están celebrando el cumpleaños de Naruto, le van a hacer una torta todo bien, pero es como...Nosé skdlfhsalk Taldos <3

¿Sasuke esta de cumpleaños el mismo día que Naruto? ¿WTF?

Se algunas palabras en japones pero no entendí que era Sadako, tendré que buscar en Wikipedia

La ultima parte me dejo con una sensación rara, osea se notaba el efecto de misterio o algo así cuando dijeron que Naruto no es real....¿O-osea esta m-muerto?...¡Ahjkshdd!, me saque un mechón de pelo por la maldita pero sensual primero parte del Os xDD....

Te puedo dejar una sugerencia y es que separes un poco algunas partes, avece me dolían los ojos T_T

¡Espero la siguiente parte!
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Re: Las promesas que nos hicimos aquel día, TRAD., TP., by DIGIFRUIT Segunda y última parte. 24/12/14

Mensaje por Kazuto-kun el Mar Ene 28, 2014 1:22 pm

hace tiempo que no sentia la angustia de tener que espererar la continuacion de un one shot o un fanfic, espero que lo continues pronto o si no.... llorare xDDDDD
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Re: Las promesas que nos hicimos aquel día, TRAD., TP., by DIGIFRUIT Segunda y última parte. 24/12/14

Mensaje por FERN2 el Mar Ene 28, 2014 5:57 pm

estuvo bueno un poco enredado pero bueno
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Re: Las promesas que nos hicimos aquel día, TRAD., TP., by DIGIFRUIT Segunda y última parte. 24/12/14

Mensaje por Leon el Mar Ene 28, 2014 6:10 pm

Osea que onda!!!
Naruto no es real?! Como es eso posible, que le paso entonces, que misterio, pero que buena historia y muy buena traducción. 
Y supongo que es parte de la adaptación de la historia, porque Naruto y Sasuke no cumplen año el mismo día, en fin cosas de escritores. Eso sí, espero la conti...


 Onion bye 
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Re: Las promesas que nos hicimos aquel día, TRAD., TP., by DIGIFRUIT Segunda y última parte. 24/12/14

Mensaje por hikari uzumaki el Mar Ene 28, 2014 9:14 pm

Por Kami! Como que Naruto no es real! Y porque Sakura hasta ese punto se puso asi?!!
Me agradaron los flasback de los demas, Sasuke como siempre y como es que cumplen el mismo dia! WTF!!!! Esto esta de locos!!!
Naruto murio?
Desaparecio?
Nunca mas regreso?
Como es q se caso con Sakura y ahora resulta que no es real!
Y porque Ino lo olvido despues de la tecnica?

Aaaaaaahhhhhhhhh!!!! Que desesperante!
Quiero conti!!!!
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Re: Las promesas que nos hicimos aquel día, TRAD., TP., by DIGIFRUIT Segunda y última parte. 24/12/14

Mensaje por Naruto_Uzumaki_Namikaze el Miér Ene 29, 2014 3:51 am

Osea estoy muerto  Onion D: NOOOOOOOOOOOOOOOO ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡ No entiendo nada AHHHHHHHHHHHHHH
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Re: Las promesas que nos hicimos aquel día, TRAD., TP., by DIGIFRUIT Segunda y última parte. 24/12/14

Mensaje por Estefi chan el Miér Ene 29, 2014 8:33 am

OMG ,hermoso OS de Digifruit y gracias Naruto_Edu por la traducción.

La historia realmente es muy confusa en especial el final como que Naruto no es real , eso si es rarisimo xDD

Conti pronto !!!

Saludos
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Re: Las promesas que nos hicimos aquel día, TRAD., TP., by DIGIFRUIT Segunda y última parte. 24/12/14

Mensaje por aduzumaki el Miér Ene 29, 2014 11:59 am

uff esta muy bueno el shot que has traducido espero que pongas pronto la continuación para saber porque naruto no es real  AyAy 
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Re: Las promesas que nos hicimos aquel día, TRAD., TP., by DIGIFRUIT Segunda y última parte. 24/12/14

Mensaje por naruto_edu el Mar Feb 25, 2014 4:40 am

Hola a todos, ¿cómo les va? Espero que bien. Bueno, ¿qué podría decirles que justifique y disculpe esta enorme tardanza? De veras lo siento mucho, no tenía planeado demorarme tanto en subir la historia. Ocurre que he estado demasiado ocupado con el trabajo y con los estudios, pero ya, hace dos días más o menos terminé mis asuntos y pude dedicarme casi de lleno a esto. En un principio tenía planeado subir la historia en tres partes, pero para compensarlos, subiré ahora todo lo que restaba del oneshot de una vez. Y sí, ya está espaciado, Cerezo Uzumaki, n.nu (Lo siento por tus ojos  Embarassed )

Nota: No olviden que los bloques de texto que están en cursiva son flash-backs.

Las promesas que nos hicimos aquel días, segunda y última parte.:
“No… no lo entiendes… Naruto… Naruto no es real…”.
________________________________________

“¡Ah, mou, no puedo creer que lo haya perdido!”. La voz de Hinata comenzaba a llenarse de pánico, con desesperación intentaba buscar por entre los tallos dorados de los campos de cebada.

Ya era hora de la cosecha de invierno y a muchos de los equipos de genin se les asignó misiones de rango D para ayudar a los granjeros. A Hinata y al Equipo Ocho se les asignó ir a los campos de cebada el día anterior. Sin embargo, cuando regresó a casa más tarde esa noche, se horrorizó al no poder encontrar su brazalete, aquel que una vez le perteneció a su difunta madre.

Ese día era 10 de octubre, feriado en memoria de aquellos que perecieron durante el ataque del Kyuubi, por lo que nadie se encontraba trabajando en el campo. De esta manera, Hinata tenía total libertad para buscar su brazalete. Pero los inmensos campos dorados eran un reto. La densidad de los cultivos dificultaba el paso, y su altura no dejaba ver. Y, para colmo, el brazalete era dorado, igualaba el color de la cebada. Incluso con el Byakugan, comenzaba a desesperarla la idea de nunca poder encontrarlo.

“Pero tengo que encontrarlo”, se dijo a sí misma al tiempo que se abría paso a través de la cebada. Luego, se arrodilló para buscar por el suelo, tragó saliva con dificultad, como si tratara de contener las lágrimas, como si todo lo que sintiesen sus manos fuera tierra fría.

Pero, de repente, se quedó helada y con los ojos bien abiertos al haber encontrado algo luego de apartar un macizo de cebada particularmente denso. Se había encontrado cara a cara con el chico que admiraba.

Naruto estaba acostado entre los tallos de cebada y masticaba una ramita del cereal, su cabello dorado y su vestimenta anaranjada se mezclaban muy bien. Parecía estar adoptando el pasatiempo favorito de Shikamaru, mirar las nubes.

“Hola, Hinata, ¿qué tal?”, preguntó con una gran sonrisa.

De inmediato, el rostro de la chica se puso rojo al tiempo que se esforzaba en pensar en algo que decir. “Eh… bueno… umm… verás… ah…”.

“¿Andabas buscándome o algo así?”.

“Umm… ¡sí! ¡Quiero decir, no! Esto… sí, de hecho… Espera…”. Ella sabía que era su cumpleaños, y había planeado buscarlo después, pero en ese momento estaba buscando su brazalete, así que terminó con la lengua y las ideas enredadas.

Entonces, Hinata se calló rápidamente y se deprimió mientras Naruto se reía a voz viva. Ella pudo sentir sus mejillas ardiendo nuevo, y esta vez no por cómo su sonrisa le aceleraba el corazón, sino por la pena de no ser ni siquiera capaz de hablar.

“Eres muy graciosa, Hinata”, señaló mientras se recostaba para mirar las nubes, esta vez con una sonrisa más resplandeciente. “Gracias… necesitaba mucho reírme”.

Hinata se animó de inmediato y no pudo evitar sonreír con timidez. “D-d-de nada…”.

“Y… ¿estás buscando algo?”.

“Umm… sí… creo que perdí mi brazalete en este campo el día de ayer”, respondió con voz suave.

“¿Te ayudo?”. Entonces, con sonrisa juguetona, formó el sello de su técnica tan característica. “¡Tajuu kage bunshin no jutsu!”.

Hinata abrió los ojos ampliamente, estaba sorprendida al ver miles de clones de sombra esparcidos en todas direcciones para buscar. “Gra-gra-gracias…”.

“No me lo agradezcas, no estoy haciendo nada”, respondió riendo y se puso a ver las nubes de nuevo mientras sus clones hacían todo el trabajo. Entonces aplanó unas cuantas ramillas de cebada para que ella pudiera recostarse también. “¿Me acompañas?”.

Se ruborizó otra vez, a tal punto que hasta ya alumbraba. Todo esto por la idea de recostarse al lado del chico de sus sueños. Era una oportunidad única, pero en esos momentos, la familia era primero.

Hyuuga Hisane. Su madre fue la única integrante de la familia que no había perdido las esperanzas en ella, no la había abandonado. Su padre y sus abuelos la habían hecho a un lado en favor de Hanabi. Y Hanabi no la respetaba; Hinata no la culpaba. A pesar de ser mucho más joven, Hanabi siempre la superaba en sus peleas de práctica. Y Neji… Neji le demostraba su odio abiertamente por lo que le había pasado a Hizashi, y por haber sido enjaulado en la rama secundaria de la familia. Ella estaba muy sola en su hogar. Su madre había sido la única que no se puso en su contra.

Eso era porque Hyuuga Hisane no llegó a vivir el tiempo suficiente para ver el fracaso en que su hija mayor se había convertido. Todavía amaba a Hinata con todo su corazón cuando murió. Así que Hinata, de ninguna manera, podría soportar perder aquel brazalete.

“Gra-gracias, pero… también debería seguir buscando el brazalete…”.

“¿En verdad es muy importante para ti? Deberías tomarte un descanso, despeja tu mente. A veces, cuando pierdes algo muy importante para ti, dejas de pensar claramente, así que es útil detenerse y respirar profundamente”, aseguró antes de volver a palmear el espacio vacío a su lado para instarla a tomarse un descanso. “Créeme”.

Hinata dudó durante un momento antes de sentarse con delicadeza al lado de Naruto. Con el corazón latiéndole tan fuerte que le era difícil respirar, se recostó lentamente a su lado. Al sentir aquella presencia junto a ella, su mandíbula y cuerpo se tensaron. Sus manos se encontraban a tan solo milímetros de distancia; todo lo que tenía que hacer era mover un poco sus dedos y ya lo estaría tocando de verdad. No podía creer que eso estuviera ocurriendo.

“Relájate, Hinata”, le instó con una risa. “Mira el cielo… parece extenderse de forma infinita, ¿no?”.

Hinata dio un profundo y relajante respiro antes de dirigir su mirada hacia los cielos, lo que vio la dejó sin aliento. Por todas partes, el cielo estaba lleno de tallos dorados de cebada que filtraban la luz de la puesta de sol produciendo rayitos brillantes mientras que las nubes se movían libremente por detrás. “Es hermoso…”.

“Esta es la razón por la que hice de este uno de mis escondites secretos”, comentó sonriendo. “Bueno, creo que es nuestro secreto ahora”.

Hinata no pudo evitar sonreír al tiempo que su corazón se aceleraba ante la idea de compartir un secreto con su amor. Tenía la esperanza de que tal vez pudiesen volver a hacer esto en el futuro, así que preguntó: “¿Ha-ha-haces esto a menudo?”.

“Mmm…”. Se puso pensativo por un momento. “No… solo los 10 de octubre… solo hoy…”.

Él no tuvo que decir más. Hinata lo entendió.


________________________________________

“¿Qué quieres decir? Na-Naruto-kun es real…”, tartamudeó Hinata, sentía un escalofrío invadiéndola lentamente. Subconscientemente buscó el brazalete que tenía puesto en la muñeca izquierda, aquel que Naruto buscó por ella hace tantos años. Eso había sido real.

Sakura forzó una triste sonrisa para evitar romper en llanto. “Él es real ahora… pero no lo será por mucho tiempo…”.

“¿Qu-qué quieres decir? No entiendo…”.

“Hinata… como kunoichi, debes saber que ver no es creer”.

Hinata se quedó con los ojos bien abiertos por la sopresa. “¿G-g-genjutsu?”.

Sakura asintió débilmente. “Siempre he sido del tipo genjutsu… bien sabido es desde nuestros días como estudiantes de academia y como genins que yo soy del tipo genjutsu… aun así, ¿nunca se te hizo raro no haberme visto usar algún genjutsu?”.

Hinata sintió que la fuerza abandonaba sus piernas, temblaba y sentía que iba a colapsar. No podía creer lo que le habían dicho. Todo era tan absurdo. Sin embargo, las lágrimas de Sakura no eran mentiras.

“El motivo por el que nunca utilizo genjutsus es porque ya estoy completamente ocupada manteniendo uno muy poderoso, las veinticuatro horas del día, los trescientos sesenta y cinco días del año… mi amigo imaginario, mi amor imaginario… Naruto Uzumaki…”.

“P-pe-pero…”.

Entonces Sakura agitó la cabeza soltando una risa algo burlesca. “Incluso logré engañarme a mí misma con el genjutsu… Sin embargo, ya no puedo mantener una ilusión tan poderosa por más tiempo. La existencia de Naruto está borrándose lentamente de este mundo… Tú viste lo que le pasó a Ino. Es la razón por la que todos los que salieron a buscar a Naruto todavía no han vuelto… ya no se acuerdan de él. Para ellos, él ya ni siquiera existe. Pronto, tú también te olvidarás de él… Naruto está desapareciendo y el mundo está siendo reescrito…”.

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“¿Estás segura de que es una buena idea?”.

Sakura soltó una risita, le parecía encantador que el Naruto normalmente valiente esté tan nervioso ante la idea de conocer a los padres de Sakura.

“Relájate, Naruto… también serán tus padres pronto”.

“He oído rumores que afirman que a los padres no precisamente les agrada recibir en la familia a un yerno”.

“No creas en estereotipos”, le resondró Sakura.

“Son estereotipos por una razón”, respondió.

“Mis padres son panaderos, tú eres ninja”, aseguró rodando los ojos.

“Podrían lanzarme dentro de un horno caliente y encerrarme allí hasta que jure que nunca voy a aprovecharme de la pureza de su hija”.

“Ya te has aprovechado de la pureza de su hija”, se burló y le dio una patada suave en la pantorrilla a manera de broma. Entonces, al ver la tonta sonrisa pervertida en su rostro, lo golpeó en el brazo solo por si las dudas.

“Pero en serio, ¿no es esa mayor razón para estar muy asustado?”, preguntó rascándose la cabeza. Entonces, sus protestas fueron silenciadas de inmediato cuando ella se paró de puntitas y le plantó un beso juguetón en los labios.

“Como sea, esta no es la primera vez que ves a mis padres”, aseguró tomándolo de la mano. Juntos caminaron por la aldea.

“Teníamos trece años la última vez, edad en la que no tenías un anillo de compromiso en el dedo y tu pureza seguía intacta”, comentó de forma inexpresiva. Diversos factores, como su viaje de entrenamiento, la guerra y su vida como el nuevo Ermitaño de los Sapos, impidieron cualquier eventual reunión con los padres de Sakura por un período de seis largos años.

“Ya, supéralo. Si vamos a casarnos, tendrás que reunirte con mis padres”, respondió y deslizó la mano hacia abajo para quedar caminando apegaditos. Recostó su cabeza sobre él y se acurrucó un poco, y así sintió que la tensión en el cuerpo del rubio se disipaba.

“Está bien…”.

“Bueno… aquí estamos”, dijo ella cuando llegaron a la Panadería Haruno.

“Creo que… aquí vamos”, comentó y dio un paso hacia adelante para luego ser detenido. Se sorprendió al girar y ver que Sakura, unos pasos más atrás, se había quedado tiesa.

“Pr-pri-primero necesito prepararme emocionalmente”, tartamudeó de forma casi inaudible, ante lo cual, Naruto sonrió.

“¿Ahora quién es la miedosita?”.

“Ci-cierra la boca. Decirle a los padres que una va a casarse es algo que se hace solo una vez en la vida”, aseguró; esto solo provocó que la tarea que iba a llevar a cabo se le tornara más difícil.

“¿En serio? ¿Solo se hace una vez en la vida?”, preguntó burlón, aunque tenía una sonrisa genuina dibujada en el rostro.

“Por supuesto. ¿Quién crees que soy?”, bufó. “Yo… yo te amo demasiado como para dejarte ir. Solo necesito casarme una vez”.

El rubio sonrió, luego la acercó y le plantó en la frente un suave beso. “También te amo, Sakura-chan”.

Al sentir un bochornoso calor brotando en su interior, resolvió que ya estaba lista para enfrentar a sus padres. “Está bien, vamos”.

Y así, los dos abrieron la puerta de la panadería, a lo que prosiguió el familiar sonido de las campanitas, e ingresaron para ser inundados con el delicioso olor de pan elaborado con el trigo de otoño recién cosechado.

“¡Pero si es Uzumaki-sensei!”, exclamó el señor Haruno con alegría.

“Buenas tardes, Uzumaki-sensei, ha pasado tanto tiempo”, añadió la señora Haruno con una amable sonrisa.

Sakura se sorprendió y luego observó a Naruto de manera inquisitiva. “¿Uzumaki-sensei? ¿Desde cuándo te convertiste en sensei?”.

“¿Oh, este chico también es un Uzumaki?”, preguntó el sr. Haruno dándole unas palmadas a Naruto en la espalda. “¿Es familiar suyo?”.

Entonces, la señora Haruno notó los anillos en las manos de ambos, por lo que una gran sonrisa se dibujó en su rostro; luego estrechó la mano de Sakura con alegría. “¿Uzumaki-sensei, está casada? ¡Felicitaciones!”.

“¡No, no, un momento!”. Desde que habían entrado a la panadería, todo había dado un giro increíblemente extraño, así que Sakura necesitaba desesperadamente ponerle un alto a todo por un momento. ¿Qué rayos estaba sucediendo? ¿Acaso sus padres estaban gastándole una broma?

“¿Ocurre algo?”, preguntó la señora Haruno.

“Mamá, papá, en serio, ya es suficiente”, rogó Sakura. “Hay algo importante que quiero decirles”.

Los esposos Haruno se miraron confundidos. “¿Mamá? ¿Papá? ¿Por qué nos llamas así?”.

“Papá, esto ya no es divertido”, insistió Sakura frunciendo el ceño.

“Uzumaki-sensei… ¿se siente bien?”, preguntó la señora Haruno preocupada.

“¿Por qué siguen llamándome así? Todavía no me he casado con Naruto. Sigo siendo una Haruno. ¡Sakura Haruno!”, dijo llorando. Estaba tan desesperada que no se dio cuenta de que Naruto había cambiado la expresión de asombro en su cara a una de serenidad y calma, como si se resignara a alguna clase de destino.

Naruto, habiendo visto suficiente, intervino al fin. Apartó a Sakura e hizo una reverencia a los Haruno. “Mis disculpas, Akio-san, Sanae-san. Sakura-chan acaba de terminar un turno de 48 horas en el hospital, y, sin un sueño reparador, como que llega a desorientarse. Soy Naruto Namikaze, su prometido”.

Sakura estuvo a punto de protestar, pero la mano firme de Naruto sobre su hombro la mantuvo en silencio.

“Ah, no hay problema. Un turno de 48 horas sí que parece agotador, pero siga haciendo un gran trabajo”, respondió Akio mientras estrechaba la mano de Naruto. “Un gusto, Namikaze-san”.

Al ver que Sakura temblaba, mientras que unas lágrimas comenzaban a brotarle de los ojos, Sanae confundió aquello con la sensación abrumadora que surgía cuando uno anunciaba su matrimonio, así que, en un gesto reconfortante, tomó las manos de Sakura. “Felicitaciones, Uzumaki-sensei. Le deseo un feliz matrimonio”.

Hipando, Sakura asintió débilmente. No entendía muy bien qué es lo que estaba pasando, y tenía el corazón y la mente tan confundidos que no podía encontrarle el sentido a lo que ocurría, pero al menos cumplieron su objetivo: anunciar su compromiso a sus padres. Incluso si sus padres ni siquiera la reconocían como hija, aun así logró decirles que se iba a casar, y eso era razón suficiente como para dejar que las lágrimas fluyeran libremente.

“Creo que ya nos vamos”, comentó Naruto, volvió a hacer una reverencia y luego tomó a Sakura entre sus brazos.

Ya en casa de Naruto, le tomó un tiempo a Sakura para recuperarse del shock, pero al final logró pedirle respuestas a Naruto. “N-Naruto… ¿qué está pasando? ¿Por qué mis padres me llamaban Uzumaki-sensei? ¿Por qué no sabían quién soy yo? Y… ¿por qué todo esto no te sorprende en lo más mínimo? ¿Sabías que esto iba a ocurrir? ¿Por eso tenías tanto miedo de conocerlos?”.

Naruto le sirvió una taza de té verde caliente y luego se sentó en una silla al tiempo que deslizaba sus dedos por entre su rubia cabellera. “Bueno… para serte sincero, esperaba esto desde hace años, pero como nunca ocurrió, pensé que había arreglado el problema… pero… parece que no fue así…”.

“¿Qu-qué quieres decir? ¿Qué está pasando? ¿De qué problema hablas?”, tartamudeó con voz llena de pánico.

“¿Me estás diciendo que nunca te preguntaste cómo fue que logré sobrevivir luego de que Madara intentara extraerme al Kyuubi?”, preguntó riendo sarcástico. “Resulta que no puedo morir ya que, en principio, nunca estuve vivo”.

“¿D-de qué estás hablando?”.

“Tal vez no me quede mucho tiempo… fui egoísta al pedirte que te casaras conmigo. Pero no pude evitarlo de verdad…”, comentó con una sonrisa solitaria mientras miraba sus manos, como si estuviera esperando que desaparecieran ante sus propios ojos. “No soy el jinchuriki del zorro demonio… nunca lo fui… de hecho, ni siquiera soy real… soy solo una ilusión creada para protegerte… la verdadera jinchuriki del Kyuubi siempre has sido tú…”.

“¿D-de qué estás hablando?...”.

“Madara intentó extraerme al Kyuubi… pero no había nada que extraer. No obstante, el fallido proceso de extracción logró romper mis vínculos con este mundo… mis vínculos contigo…”.

“N-n-no… ¿qué estás diciendo? ¡Nada de esto tiene sentido!”, gritó Sakura a la vez que sujetaba a Naruto por la camiseta con desesperación. “¿Có-cómo puedes decir que no eres real?”.

“Pues porque no lo soy…”, respondió suavemente con una sonrisa amable mientras que deslizaba sus dedos por los cabellos rosados para consolarla.

De pronto, Sakura le estampó un beso en los labios, la fuerza de la acción los hizo caer sobre el sillón. Lo besaba y acariciaba con desesperación, hacía lo que podía para confirmar que él era real. Luego, ahogando el llanto, sobó su mejilla contra el cuello del rubio. “Estás aquí… entonces, ¿cómo puedes decir que no eres real? Estás aquí…”.

Naruto asintió levemente mientras que abrazaba a Sakura. “Por ahora… estoy aquí…”.


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“¿Pero por qué ahora?”, gritó Hinata. “¡La guerra fue hace años! ¡Naruto-kun ha resistido todo este tiempo, por eso sé que seguirá siendo fuerte!”.

Sakura soltó una pequeña risa, una risa triste por la ironía que secó las lágrimas de sus ojos. “Él me hizo una promesa… una promesa irrompible… una promesa de por vida. Y tú sabes cómo es Naruto… él no rompe su palabra. Incluso la muerte le resulta un obstáculo insignificante cuando se trata de cumplir una promesa…”.

“¿Te refieres a… hacer que Sasuke-kun regresara?”, preguntó jadeando.

Sakura sonrió con tristeza, abrazó sus piernas y descansó su rostro sobre sus rodillas al tiempo que miraba la torta que todos habían ayudado a preparar, la torta que incluso Sasuke había ayudado a preparar. “Luego de la guerra, aun cuando sus vínculos con este mundo estaban debilitados, siguió resistiendo a penas por pura fuerza de voluntad… tan solo para lograr que Sasuke-kun regresara… no quería desaparecer sin haber cumplido su promesa…”.

“Pero… eso fue hace muchos años…”.

Sakura asintió. “Creyó que desaparecería luego de lograr que Sasuke-kun regresara… pero, cuando llegó a desaparecer, pensó que de alguna manera había conseguido atarse de nuevo a este mundo. Pero resultó que todavía había otra promesa… una que yo hice cuando era niña… una que ambos habíamos olvidado…”.

Hinata se quedó pasmada al ver que Sakura tocaba distraída el anillo de bodas que estaba en su dedo. “Pro… prometió casarse contigo… y ahora…”.
“Incluso después de saber qué era él en realidad, aun así quise casarme con él… es que lo amaba demasiado… quería estar con él como sea…”, dijo entrecortadamente, enterró su rostro lloroso entre las rodillas que con fuerza apegaba a su pecho. “Lo sacrificó todo por mí, de forma desinteresada y sin ninguna queja…”.

"Sakura-san...".

“Siempre estuve muy sola cuando era niña… como la jinchiriki del Kyuubi, todos me evitaban, me despreciaban, me temían… y, un día, ya no pude más…”, dijo con voz apagada. “Eso activó un sello de seguridad que mis verdaderos padres, Kushina Uzumaki y Minato Namikaze, habían puesto sobre el sello del Kyuubi… este sello utilizó las enormes cantidades de chakra del zorro junto con mi habilidad innata en el genjutsu para crear a un amigo imaginario… un señuelo”.

"Y ese es Naruto-kun...".

“Lo cambió todo… todos creyeron que Naruto era el recipient del Kyuubi… el genjutsu me engañó incluso a mí… me dio una nueva familia, los Haruno, que no podían tener hijos, pero querían tenerlos… y modificó mis recuerdos para que así mi solitaria niñez se debiera a una burla insignificante por mi enorme frente. Naruto desvió y alejó el odio y temor que todos sentían, y, a diferencia de mí, se mantuvo firme y recibió todo el abuso. Todo lo que hizo fue por mí… y ni siquiera lo supe… tan solo viví mi vida tranquila, engañada por mi propio genjutsu...”.

"Pero...".

“Por eso fue que nunca aceptó el puesto de Hokage después de la guerra… sabía que iba a desaparecer, que todos olvidarían que alguna vez existió… por eso fue que dejó la aldea para vivir como ermitaño… pero, sin estar consciente de nada, seguí molestándolo, seguí enamorándome de él, pidiéndole que se case conmigo… aunque no fuera real…”.

“¡N-no!”, gritó Hinata impactada por la verdad que acaban de revelarle, al tiempo que buscaba la puerta con desesperación. “¡Naruto-kun es real! ¡Tiene que ser real! ¡No puede desaparecer!”.

Y así, Hinata abrió la puerta de golpe y salió a buscar con desesperación a Naruto, para así probarse a sí misma que él seguía estando con ellos. “¡Naruto-kun! ¿Dónde estás? ¡Naruto!”.

Al estar gritando a todo pulmón en medio de la aldea, de una forma en que ella ni siquiera había pensado que podía gritar, estaba comenzando a llamar la atención.

"¿Es esa Hinata-sama?".

“¿Quién es Naruto? ¿Acaso había en la aldea alguien con ese nombre?”.
“No lo sé, parece el nombre de un perro. Tal vez perdió a su mascota”.

"Hinata-sama, ¿hay alguna forma en que podamos ayudarla?".

“¡Apártense!”, gritó Hinata, las lágrimas le brotaban a borbotones mientras que luchaba por abrirse paso entre la multitud. “¡Tengo que encontrar a Naruto-kun!”.

"Hola, Hinata".

Y, de repente, allí estaba él.

Parpadeó para poder derramar sus lágrimas y lo miró confundida. “¿Te conozco?”.

Naruto sonrió y se rascó la cabeza avergonzado, luego le dio un pañuelo para que secara las lágrimas. “Sí, pero no hay problema si no te acuerdas de mí.

“Lo siento, ni… ni siquiera sé por qué estoy llorando…”, tartamudeó. Ni siquiera tenía idea de por qué se sentía tan triste, pero no podía contenerse. “Lamento tanto no poder reconocerte… pensarás que soy muy descortés…”.

“Pronto me iré de viaje, estaré ausente durante mucho tiempo, así que quizás es mejor que no te acuerdes de mí. De otro modo, decir adiós sería demasiado difícil”, comentó riéndose.

Había algo tan familiar acerca de la forma en que le sonreía, la forma que le hacía sentir que todo iba a estar bien. De verdad quería saber quién era esa persona, por lo que rebuscó con desesperación en su mente esperando poder evocar al menos el recuerdo más vago.

“Tranquila… no tienes que esforzarte tanto”, dijo Naruto, soltó una risita mientras que la abrazaba. “Es posible que no lo recuerdes, pero hicimos una promesa, tú y yo… prometimos que tú no llorarías si algún día yo llegara a irme, que sonreirías como es debido. Por eso, sonríe, Hinata, permíteme que mi último recuerdo de ti sea tu sonrisa”.

Si había sido una promesa, ella no rompería su palabra, aun si no lo recordase. Así que, apretando el pañuelo que le había dado para sus lágrimas, sonrió.

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“¿Estás bien?”.

Sakura, abatida, sucia y exhausta por al fin haberse defendido como Ino le había enseñado, se puso de pie con cuidado al tiempo que elevaba sus pequeños puños en posición de guardia, entonces observó con desconfianza al recién llegado. Era un muchacho mayor, un adolescente, pero aun así ella seguía en guardia. No solo eran los otros niños los que la molestaban, los adultos también podían ser crueles. Y desde que se amarró el cabello con la cinta que Ino le había dado, el abuso que sufría se incrementó de manera drástica. Fue solo cuando intentaron quitarle la cinta que empezó a defenderse al fin.

“¡Ino-chan me dijo que debo mostrar mi rostro con confianza!”, respondió Sakura desafiante, aunque las piernas le temblaban por el cansancio. Ahora estaba agotada. Ya no quería pelear. Tan solo quería recostarse, cerrar los ojos y nunca más volver a despertar.

“No te haré daño. Estoy aquí para cuidarte. Discúlpame por haber llegado tan tarde”, dijo él con una sonrisa al tiempo que se arrodillaba para darle palmaditas en la cabeza. Al verlo tan cerca se sonrojó un poco. Tenía el cabello puntiagudo y rubio, el mismo color que su nueva amiga Ino, ojos azules con mirada amable, en definitiva su tipo ideal. Pero, en especial, tenía las mismas marcas que ella tenía.

“¿Po-Por qué?”, tartamudeó, y al fin sintió que la fuera la abandonaba cuando colapsó en sus brazos.

“Tus padres me pidieron que te protegiera”.

“¿Mis… mis padres?”, preguntó y su sorpresa crecía cada vez más. “Pero mis padres ya no están aquí. Si puedes hablar con mis padres, ¿entonces eso quiere decir que eres un fantasma?”.

Naruto soltó una risa. “Sí, creo que se podríamos decir eso. Tus padres quisieron que yo te ayudara a llevar esa carga”.

“¿Carga?”, preguntó al no haber entendido muy bien.

Naruto observó la escultura del rostro de Minato Namikaze en el monumento a los Hokage, intentaba imaginar qué podría haber estado pensando el Cuarto Hokage para encerrar al zorro demonio dentro de su propia hija. Kushina bien habría podido realizar el sello en su lugar; de todas formas estaba muriendo por la extracción del Kyuubi, entonces… ¿por qué Minato optó por hacerse el héroe en vez de ser el padre que debió haber sido?

En vez de eso, Minato le puso a Sakura un sello de seguridad, un sello que se alimentaría del chakra del zorro y de la habilidad natural de Sakura en el genjutsu, que adquiriría la forma de los deseos subconscientes de Sakura al costo de imposibilitarle la realización de cualquier otro genjutsu. Y, al ser una pequeña niña solitaria que de compañeros solo tenía a los cuentos de hadas de los libros, su deseo hubo de ser que un príncipe viniera a rescatarla. Y de aquel deseo nació Naruto.

Era un sello bastante ingenioso, pero a Naruto no le parecía una buena idea. Él no era el reemplazo de un padre, de una familia. Debía ser Minato quien protegiera a Sakura, no el fragmento imaginario de un sueño, como lo era Naruto.

“Tu papa no quiso que tú sola llevaras esta carga, así que me pidió que te ayudara a llevarla, que te protegiera. Pero hice un cambio de planes, tengo una mejor idea. Voy a quitarte esa carga y la llevaré yo solo. No tienes que sufrir más, Sakura-chan. Nadie volverá a molestarte. Ya no volverás a estar sola. Hasta tendrás nuevos padres y un nuevo nombre”.

“Pe-pero… ¿entonces quien estaría solo no serías tú? ¿Los demás no te molestarían?”, preguntó preocupada. “Yo estoy acostumbrada, no lo entiendo, pero podemos compartir esta carga, sea lo que sea. Si es con Oniichan, estoy segura de que puedo hacerlo”.

“¿Oniichan?”, dijo soltando una risa, se dio cuenta de que todavía no le había dicho su nombre. “No te preocupes, Sakura-chan… solo soy un fantasma, nadie puede lastimarme porque no soy real, así que de ahora en adelante yo me encargaré de todo”.

“Pero incluso si eres un fantasma… pueden herir tus sentimientos…”, protestó débilmente. “No quiero que la gente mala te maltrate como a mí. Deberíamos compartir. No sería tan malo si recibo la mitad del maltrato”.

“Lo siento, ya lo he decidido. No puedo permitir que una mocosa como tú lleve esta carga”, respondió y a la vez le alborotó el cabello de forma juguetona.

“¡Pero!”. Intentó ponerse de pie, pero de repente se sintió muy mareada y con sueño. “Pero me sentiré culpable si te encargas de todo tú solo…”.

“Duerme, Sakura-chan. Debes de estar cansada por haber llevado esta carga durante tanto tiempo”, dijo mientras acariciaba su rostro con dulzura. “Cuando despiertes, ya no te acordarás de mí, así que habrá sentimientos de culpa”.

“No, voy a acordarme de ti, Oniichan… Nunca olvidaré”, insistió Sakura en un enorme esfuerzo por no sucumbir ante la tentación del sueño.

“Cuando despiertes, ya no seré Oniichan. Tendré la misma edad que tú cuando me veas, así que no me reconocerás. No recordarás que alguna vez hablaste conmigo. Cuando despiertes, tendrás nuevos padres, ya no estarás sola”, le dijo acunándola para que se durmiera. “Serás feliz, Sakura-chan”.

“Entonces… te… te pagaré algún día, Oniichan…”, respondió Sakura al tiempo que cerraba sus ojos y se acurrucaba entre los brazos de Naruto.
“¿Qué es lo que más deseas en este mundo? Cuando crezca, te lo daré… te lo prometo…”.

“Lo que quiero… es algo que no se puede dar exactamente”, le respondió con una risilla. “Solo soy un fantasma… por eso, algo que nunca podré tener es una familia…”.

“Entonces yo sere tu familia… cuando crezca, me casaré contigo…”.

Naruto comenzó a reírse. “No te cases con un fantasma, Sakura-chan. De todos modos ni te vas a acordar de mí”.

“No, lo prometo. Yo no rompo mi palabra…”.


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“¿Oye, esa torta es para mí?”.

“¡Naruto!”. Sakura dio un respingo cuando el rubio volvió al fin, luego le dio un abrazo. “¿Ya… ya te despediste de todos?”.

“Sí, me tomó mucho más tiempo de lo esperado. Hinata fue la última”, contestó mientras correspondía el abrazo. “¿Le comentaste algo? Parecía a punto de colapsar”.

“L-lo lamento…”, respondió en voz baja y hundió su rostro en el pecho del rubio. “Le dije la verdad sobre ti… Es que necesitaba decírselo alguien… para quitarme el peso de encima. ¿Está bien?”.

“Ella está bien, Hinata habría querido saber la verdad incluso si fuera a olvidarla. Es más fuerte de lo que te imaginas”, comentó y la llevó a la mesa de la cocina, donde estaba la torta. “¿Y ? ¿Estás bien?”.

“Estoy… estoy bien”, respondió sujetándose la cabeza. “No… no lo estoy… Era consciente de las consecuencias de casarme contigo… sabía que esto ocurriría al final… pero ahora que en verdad está sucediendo, yo… esto… es muy difícil…”.

“¿Te arrepientes?”, le preguntó con una sonrisa dulce mientras encendía las velas una por una.

Ella lo negó agitando la cabeza enérgicamente. “Naruto, yo te amo…”.

“Entonces, ¿podríamos hacerlo por última vez?”.

Su comentario pervertido la cogió tan desprevenida que no pudo evitar estallar en risas, casi olvidando que esa era la despedida. “¡Ayer estuvimos en la cama haciéndolo todo el día! Este es tu último día aquí, ¿y en lo único que puedes pensar es en sexo?”.

La sentó en su regazo y la rodeó con los brazos para luego mordisquear suavemente el lóbulo de su oreja, sabía que ese era su punto débil. Ella se estremeció al tiempo que los estallidos de placer hacían que arqueara la espalda involuntariamente.

Sakura, sin embargo, logró dominar la tentación y soltó una risita mientras lo alejaba. “Detente. Ya en serio, Naruto, todavía tengo cosas que decirte”.

“¿Como por ejemplo…?”, preguntó posando el mentón sobre el hombro de la pelirrosa para poder acariciar cariñosamente sus mejillas con las suyas.

“Sé… sé que tú no aceptarás disculpas, así que… en vez de eso, quise darte las gracias… por todo”, dijo suavemente. “Por tolerar a una chica egoísta y cobarde como yo… asumiste y recibiste todo el abuso, el odio, la soledad y el miedo, aun cuando yo era la verdadera portadora del kyubi… Debí haber sido yo… Gracias por seguir amándome a pesar de ser la fuente de todo tu sufrimiento…”.

Naruto resopló divertido por lo dicho. “Exageras un poco, ¿no, Sakura-chan? Sabes que tú eres también la fuente de toda mi felicidad, ¿cierto?”.

Aún con lágrimas en el rostro, sonrió y asintió. “Y tú eres la fuente de toda mi felicidad… No sé qué voy a hacer sin ti…”.

“Siempre estaré contigo. Después de todo, tú me creaste”, respondió riendo mientras posaba la mano en el corazón de la pelirrosa. Entonces, ella soltó una risita al darse cuenta de que él había utilizado eso como excusa para tocar sus pechos.

Ella giró, todavía sentada en el regazo del rubio, para quedar cara a cara. Entonces apegó su frente a la de él. “Voy a extrañarte… No voy a olvidarte, ¿verdad?”.

“Será mejor que lo hagas”, respondió, su frente resplandecía por la luz de la vela que estaba en la torta. A su vez, el lugar se ensombrecía debido a que el sol de otoño se ocultaba rápidamente.

Sakura lo agarró de su camiseta, enterró su rostro en el pecho del rubio y negó con la cabeza. “¿Por qué… por qué dices cosas como esas? Tú no eres así… siempre quisiste que te reconocieran… ¿y ahora quieres que te olviden?”.

“Ya no tengo 12 años, Sakura-chan…”, respondió riendo mientras que acariciaba el rosado cabello. “Además, ¿no es común que en el final de la historia el héroe parta al atardecer?”.

“No… no permitiré que nadie te olvide… Me aseguraré de que todos reconozcan el hecho de que tú exististe…”.

“Sakura-chan… no… nadie me recordará; tan solo conseguirás que te encierren en un manicomio”, bromeó. “Además… el hecho de haber salvado al mundo… el hecho de haber protegido a mis apreciados amigos… el hecho de que mis apreciados amigos aún estén aquí… es prueba suficiente de que yo existí”.

“Eres tan tonto… ¿por qué siempre tienes que hacerte el héroe?”, lloriqueó suavemente, su llanto se silenciaba pues su rostro seguía enterrado en el pecho de Naruto. “Los dos, tú y Yondaime-sama… son tan tontos…”.

“Pero aun así me amas, ¿no?”.

“Te amo porque eres muy tonto…”.

“Demuéstralo…”.

Levantó la cabeza para besarlo, pero soltó un grito ahogado al ver que Naruto ya comenzaba a desvanecerse. Al ver su sonrisa traslúcida, sus lágrimas brotaron de forma precipitada mientras que intentaba contener el llanto. Entonces, cerró los ojos con fuerza y, con labios temblorosos, le dio un beso.

“No te vayas… por favor…”.

“Desearía poder quedarme…”.

Con su frente apegada a la suya, Sakura pudo sentir en sus labios aquel débil aliento como cálidos hilos de vida. Lo besó de nuevo, esta vez con más sutileza y ternura, y sintió la suavidad de sus labios acariciándola.

“Feliz cumpleaños, Naruto… pide un deseo…”.

Sonrió y sopló las velas, lo que hizo que el cuarto se oscureciera repentinamente. La única luz provenía de los innumerables destellos diminutos de chakra en los que Naruto estaba desvaneciéndose.

Cortó una pequeña tajada de la torta y le dio una mordida, en ese momento evocó una imagen, sus amigos riendo alegremente, sentados alrededor de una pila de hojas prendidas, asando camotes con él. “Está deliciosa… gracias… a todos ustedes…”.

“Naruto…”.

Mientras poco a poco desaparecía —dispersándose en miles de destellos diminutos que se consumían al instante, como las estrellas fugaces en verano, o los remolinos de flores de cerezo en primavera, o la nieve acumulada en invierno, o las coloridas hojas flotando en la briza de otoño—, Naruto sonrió por última vez.

“Adiós, Sakura-chan… te amo”.

“Yo también te amo, Naruto…”.

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Epílogo: Un año después

A Sasuke nunca le había interesado la conmemoración anual en homenaje a las personas que murieron en el ataque del Kyuubi, así que se encontraba divagando en el bosque, al compás del sonido de las hojas otoñales que se quebraban bajo sus pies, hasta que llegó a un viejo búnker abandonado. No lo reconoció, pero extrañamente le atraía, como si le fuera familiar de una manera que no podía identificar.

En algún otro lugar, de la misma forma, Hinata se encontraba recostada en un campo de cebada dorada y miraba el cielo. Sin embargo, no estaba precisamente segura de qué hacía en aquel lugar. En realidad ella no acostumbraba a estar así, tranquilamente recostada y observando el paisaje, pero de alguna forma se sentía bien.

Sasuke se asomó con cautela, pasando por la puerta medio caída de aquel búnker abandonado, y notó unos caracteres kanji arcaicos tallados en la pared de enfrente. Se preguntó si alguna vez la yakuza había utilizado el búnker como base; la yakuza gustaba de utilizar kanjis muy complejos y arcaicos como un tipo de tarjeta de presentación. No, seguro eran algunos mocosos que intentaban jugar a la yakuza utilizando el búnker como base secreta. Soltó una risotada divertido ante tal idea.

Rodeada por completo de grandes tallos de cebada, Hinata se sentía segura, como si de alguna manera se tratase de su propia base secreta. A pesar de eso, una lágrima espontánea cayó por sus mejillas, causándole confusión.

“Debió entrarme algo en el ojo…”, murmuró para sí mientras buscaba su pañuelo anaranjado para secarse las lágrimas. Aquel pañuelo no le pertenecía y no podía recordar quién se lo había dado hace un año exactamente. Vagamente se acordaba de que le pertenecía a alguien que se despidió de ella, alguien que iba a irse a un largo viaje o algo parecido. El nombre de la persona estaba escrito en el pañuelo, pero estaba en un kanji tan arcaico que no podía leerlo de forma correcta. Lo único que sabía con seguridad era que el pañuelo era, de alguna manera, valioso. Era frustrante el no poder recordar la razón.

“¿Cómo rayos se lee esto entonces? ¿dai-ryu-shi?”, dijo Sasuke entre dientes mientras deslizaba sus toscos dedos sobre aquel grabado irregular y rústico. “¿O quizás Na-ru-to? Bah, ambos suenan como el nombre de un idiota… pero por alguna razón…”.

“Por alguna razón… esta persona de nombre difícil…”, comentó Hinata mientras elevaba en el aire el pañuelo, que brilló ante la luz del sol a la vez que flameaba ante la briza. “Siento como si nunca debiera olvidarlo…”.

“Debe de haber sido la contraparte cómica de mi personaje principal, su compañero… nadie recuerda al compañero”, se burló Sasuke soltando una risilla. No solía ser tan arrogante, pero había algo en aquella base secreta que evocó en él a su niño interno y su impulsiva inmadurez. Sin embargo, sabía que esta persona de nombre difícil no era tan solo el compañero, esta persona tuvo que haber sido el personaje principal de una historia olvidada hace tiempo ya, una historia llena de momentos agradables y momentos difíciles, llena de felicidad y tristeza.

“Naruto… kun…”. Había muchas maneras de leer aquellos 3 kanjis arcaicos, pero Hinata optó por Naruto. Por alguna razón, ese le sonaba mejor.

“El personaje principal… entonces su nombre debe de ser Naruto… así como el héroe de aquella vieja novela… ¿cómo era que se llamaba? ¿La Historia del Ninja Valiente? Sí…”. Sasuke soltó una pequeña carcajada mientras se sentaba en el suelo, su espalda contra la pared que tenía grabado aquel nombre difícil.

“Naruto-kun… quienquiera que seas… dondequiera que donde estés… Espero que te encuentres bien…”, murmuró Hinata. “Lamento no poder acordarme de ti…”.
“Es probable que solo seas un tonto de quien no vale la pena acordarse, pero… si soy el rival de ese personaje principal tuyo, me molesta no poder recordar si he llegado a derrotarte o no…”.

“Pero aunque no pueda acordarme de ti…”.

“Aunque el mundo se olvide de ti”.

“La prueba de que alguna vez estuviste conmigo…”.

“La prueba de que alguna vez exististe…”.

¡Tin tin!

Sakura se asomó con cautela a la Panadería Haruno a la vez que la puerta hizo sonar la campanita que colgaba más arriba. La cálida fragancia de pan de camote y bollos de castañas recién horneados la protegía del frío otoñal del exterior. Sonrió genuinamente al ver a los esposos Haruno atendiendo con alegría en la panadería. “¡Akio-san, Sanae-san!”.

“Qué agradable sorpresa, Uzumaki-sensei”, saludó Sanae con amabilidad y haciendo una reverencia.

“Oh, vamos, Sanae, no la trates como a una extraña, llámala Sakura”, comentó Akio soltando una gran carcajada. “¿Viniste por los niños?”.

“Sí, gracias por cuidarlos y discúlpenme por molestarlos siempre con esto”, se excusó Sakura avergonzada mientras Akio ponía a los gemelos de Sakura dentro del cochecito.

“¡No te preocupes! Nos encanta cuidarlos”, respondió Sanae con una amable sonrisa. “Haruto y Narumi-chan son casi como nuestros propios nietos”.

Son sus nietos. Era un poco triste que las personas a quienes alguna vez Sakura llamó mamá y papá ya no recordaran haberla criado, pero el amor seguía presente; eso era lo importante.

“Bueno, no podrían haber pedido mejores abuelos”, comentó Sakura con una sonrisa. Había disminuido sus horas de trabajo en el hospital, pero como madre soltera, Sakura seguía dependiendo de los Haruno, que cuidaban a sus hijos cuando ella se encontraba trabajando.

“¿Aún no encuentras a un buen chico con quien vivir, alguien que también te ayude con los niños?”, preguntó Akio mientras le hacía caras a Narumi, quien comenzó a reírse alegremente.

Sakura sonrió y negó con la cabeza. “Todavía no he renunciado a su padre…”.

La identidad del padre de los gemelos de Sakura seguía siendo un misterio, pero no era muy raro que la identidad de algunos ninjas nunca se revelara. Después de todo, algunos miembros de la Raíz o del AMBU llegaban al extremo de eliminar sus identidades, por lo que no era muy difícil creer que el difunto novio de Sakura haya formado parte de aquel grupo de élite. Luego de un tiempo, hasta se rumoraba sobre una trágica historia de amor, en la que el misterioso novio de Sakura había sido el único en derrotar al fin a Madara Uchiha en un combate en el que quedó herido gravemente, para luego acabar en la sala de pacientes terminales del hospital, en donde Sakura se enamoró de él a pesar de que solo le quedasen pocos años de vida. Se rumoraban cosas así de absurdas, pero Sakura nunca confirmaba o negaba algo.

“Bueno, nos vamos. Gracias de nuevo, Akio-san, Sanae-san”, dijo Sakura al despedirse.

Luego de salir de la panadería, Sakura se detuvo para mirar a sus sonrientes niños. “Admítanlo… hay mucha felicidad en este mundo, ¿cierto?”.

Entonces, sonriendo para sí, miró hacia arriba, a las hermosas hojas otoñales mientras acomodaba su cabello para evitar que la fresca briza de otoño lo haga ondear. “Naruto… algún día, encontraré la manera de traerte de vuelta… pero hasta entonces… la prueba de que fuiste real…”.
En otra parte, en sus respectivas bases secretas, Hinata y Sasuke cerraron los ojos y sonrieron. “La prueba de que fuiste real es que…”

“Nosotros estamos aquí”.

FIN

________________________________________

Notas de la autora (Digifruit):

- Akio y Sanae son cameos de Clannad como sustitutos de los padres de Sakura. La idea de la persona de nombre difícil también proviene de las travesuras de Sunohara.

- El nombre real de Naruto está escrito en katakana, pero solo para el propósito de este fic, su nombre (autoelegido) en kanji realmente está escrito en kanji manyougana. La razón por la que Sasuke se equivocaba al leerlo es que hay muchas formas de leer kanji.

- Con respecto a las castañas asadas en la fogata… ja, ja, buenos tiempos, buenos tiempos.

Bueno, amigos, esa fue la historia. Primero les agradezco por tener la paciencia de esperarme y también de leer (sí, es bien largo este oneshot), segundo, me encantaría que dejaran sus comentarios, opiniones, pareceres, críticas y todo. :)Y...

Comentarios:
Cerezo Uzumaki: Gracias por el comentario. Sí, la historia es medio enredada, un tanto difícil de entender en una sola lectura.
Sadako viene a ser como la niña del aro (la película). Y sí, esa última parte sí que deja una sensación rara, yo me quedé WFT? No podía esperar para conocer la explicación y me terminé de leer la historia de golpe. Lo siento de nuevo por lo de los espacios, resulta que el texto lo trabajo en WORD, y cuando lo pego aquí se pierde casi todo el formato. Pero ya, ahora sí tuve más cuidado. Gracias por leer y comentar. :p

Kazuto-kun: Sí, es verdad lo que dices, este oneshot te llena de angustia cuando de repente te dicen que Naruto no es real, uno se queda pasmado y ansioso por saber la razón. Gracias por leer y comentar. Smile

FERN2: Je, je. Sí, la historia sí que es bastante enredada. Espero que ahora, con esta última parte, se aclaren todas tus dudas, y si no, aquí estoy yo para ayudarte en lo que pueda. Gracias por leer y comentar.  Cool 

Leon: Sí, no es real  Twisted Evil Y en esta segunda y última parte se explica el porqué. Con respecto a lo de los cumpleaños de Naruto y Sasuke, en realidad nunca estuve al tanto de esos temas, de seguro que solo para esta historia se modificaron para ser el mismo día. Gracias por el comentario. Very Happy

hikari uzumaki:  Twisted Evil Se nota la desesperación, muajajaja. >.<
Y mira, a mí también me agradaron los flash-backs, no sé, tenían un toque especial, todos reunidos y haciendo algo juntos, no sé, me gustó. xD Y sí, como le dije a Leon, de seguro la autora se dio la licencia de modificar ciertas fechas y demás particularidades. Y lamento decirte que no le atinaste con ninguna. En esta segunda parte se explica la verdadera razón por la que Naruto no es real. Gracias por comentar.  :3

Naruto_Uzumaki_Namikaze: Igual, la desesperación se siente, muajajaja. No, no estás muerto, Naruto. Ahora sabrás lo que en verdad te ha pasado.  Twisted Evil Gracias por leer y comentar.  Smile 

Estefi chan: Sí, es hermoso, y espera a que leas esta segunda y última parte. Ya verás. Y de nada, traduzco con mucho gusto para ustedes. Además, no podían perderse esta historia. Y claro que es confusa la trama, y eso pretendía al dejarles esa primera parte, quería que se las dudas se apoderaran de ustedes  Twisted Evil, ok, no ._. Y disculpa por la enorme tardanza. Gracias por leer y comentar.  Razz 

aduzumaki: De nuevo, la desesperación se nota a leguas, xDDDDDDD
Y sí, el shot llega a generar sensaciones encontradas, a mí al menos me las produjo... xD
Ahora por fin sabrás por qué Naruto no es real. Y disculpa por la tardanza. n.nu Gracias por leer y comentar.  What a Face

Esto es todo, gracias por pasar, leer y comentar, que tengan un buen día.

Y para los que leen y no comentan:


xDD

Nos vemos.  Cool

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Re: Las promesas que nos hicimos aquel día, TRAD., TP., by DIGIFRUIT Segunda y última parte. 24/12/14

Mensaje por Okami_Uzumaki el Mar Feb 25, 2014 6:52 am

Amigo te lo dire de simple me hiciste llorar el fue hermoso pero te pido porfa haz una conti porfa
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Re: Las promesas que nos hicimos aquel día, TRAD., TP., by DIGIFRUIT Segunda y última parte. 24/12/14

Mensaje por hikari uzumaki el Mar Feb 25, 2014 9:35 am

Ay no me dio tanto sentimiento, nostalgia, y alegría también. Fue triste todo lo que pasó Naruto para proteger a Sakura a pesar de no ser real para los demás, para Sakura, Hinata y Sasuke lo fue. Pero entonces esos bebés si eran reales? Sería el deseo de Naruto? Porque él había dicho que por lo mismo que no era real no podía aspirar a una familia. Me gustó mucho lo que los tres dijeron al final terminó llegandome más.

Gracias por traernos esta historia
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Re: Las promesas que nos hicimos aquel día, TRAD., TP., by DIGIFRUIT Segunda y última parte. 24/12/14

Mensaje por madara es malo el Mar Feb 25, 2014 10:23 am

ToT:
a ver si le entendi... ese genjutsu era uno tan fuerte como el izanagi, por que debe ser un genjutsu que afecte la realidad misma si naruto pudo tener bebes con sakura... aunque todo un dia en la cama revolcandose... bueno aunque fueras una ilusion terminarias haciendo un bebe xD... bueno al menos que los bebes también fueran una ilusión,aunque no lo creo, asi que si naruto era tan real como para poderse procrear... entonces en realidad tal vez si puedan traerlo de vuelta... ojala algun dia haya conti...

gracias SEMPAI, por traernos esta maravillosa y tridte historia
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Re: Las promesas que nos hicimos aquel día, TRAD., TP., by DIGIFRUIT Segunda y última parte. 24/12/14

Mensaje por Leon el Mar Feb 25, 2014 6:24 pm

Conmovedor hasta las lagrimas. Que nobleza la de Naruto, llevo una carga muy pesada y siempre con una sonrisa en su rostro, Sakura fue salvada por una ilusión tan real, que la prueba de su existencia son cada una de las grandes proezas de Naruto y sobre todo ese par de niños, fruto del inmenso amor de sus padre, que son un solo ser.
Bye
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Re: Las promesas que nos hicimos aquel día, TRAD., TP., by DIGIFRUIT Segunda y última parte. 24/12/14

Mensaje por slak II el Jue Feb 27, 2014 5:45 pm

te aplaudo colega, esa es una historia digna de recordar
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Re: Las promesas que nos hicimos aquel día, TRAD., TP., by DIGIFRUIT Segunda y última parte. 24/12/14

Mensaje por aduzumaki el Dom Mar 02, 2014 4:53 pm

Onion TT llore a mas no poder ame el shot esta hermoso aunque tenga un final triste gracias por traerlo al foro.
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Re: Las promesas que nos hicimos aquel día, TRAD., TP., by DIGIFRUIT Segunda y última parte. 24/12/14

Mensaje por uzumakijh el Dom Jul 27, 2014 4:45 am

al igual que ADUZUMAKI llore.... Onion TT  este tipo de shot fatales son los que me gustan ... Onion**  pero te pasaste... snif snif  Onion TT  muy genial tu shot
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Re: Las promesas que nos hicimos aquel día, TRAD., TP., by DIGIFRUIT Segunda y última parte. 24/12/14

Mensaje por Tammy-chan el Lun Jul 28, 2014 4:57 pm

Fácilmente puedo decir que es el mejor Shot que he leído - evidencia de esto son las lagrimas que me sacó Razz - y es que todo es tan justificado que me hizo sentir que esa era la real historia de Naruto Uzumaki. Aunque yo sea más fan de los finales felices no me dejó de gustar y conmover este final. Te agradezco traer está historia al foro, en serio, muchas gracias.  Embarassed
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Re: Las promesas que nos hicimos aquel día, TRAD., TP., by DIGIFRUIT Segunda y última parte. 24/12/14

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