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Deeper Than The Dark (+16) (20/07/14) Terminado

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Deeper Than The Dark (+16) (20/07/14) Terminado

Mensaje por Dyna el Mar Dic 24, 2013 4:51 pm

Holaaaaaa, ante de dar inicio con la publicación, voy aclarar que este fic es uno de los primeros que lei en el antiguo foro y al revisar este vi que no lo tienen, así que espero que les guste tanto como amí.
Esta historia es de: -princessakura-

                                                                           
Spoiler:


Prólogo



Él siempre había amado la noche. Sus pasatiempos favoritos – la bebida, los juegos de azar y  la compañía de bellas mujeres- que transcurrían preferiblemente durante las horas nocturnas.
Los mejores momentos de su vida los había pasado en salones débilmente iluminados, garitos humeantes, o en dormitorios iluminados por la suave luz de las velas. Pero eso había sido mucho tiempo atrás.
Apenas ahora empezaba a entender todo lo que había perdido cuando la luz le había sido arrebatada. Porque ella era como la luz del sol, brillante, caliente, y bella. Y, como el sol, nunca podría ser suya.


Última edición por Dyna el Lun Jul 21, 2014 2:03 am, editado 9 veces
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Re: Deeper Than The Dark (+16) (20/07/14) Terminado

Mensaje por enriqueminato el Miér Dic 25, 2013 5:02 pm

aunque el prologo sea corto veo que sera algo interesante. espero con ansias el proximo capitulo
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Deeper Than The Dark (+16) (25/12/13) (Cap 1)

Mensaje por Dyna el Jue Dic 26, 2013 3:17 am

Aqui publico el capitulo 1, espero que sea de su agrado.


Spoiler:
[center]CAPÍTULO 1[/center]


Me escondo en las sombras
Y deseo la luz
Pues soy un Vampiro
Atrapado para siempre en la noche.


Konohakagure, 1843.

Naruto se recostó en su silla, tratando de disimular sin éxito su disgusto mientras presenciaba el intento de Ichigo Haruno de subastar a la mayor de sus cinco hijas.

Con la cabeza inclinada y los brazos colgando a ambos lados del cuerpo, la muchacha permanecía de pie en silencio, como si de un animal a punto de ser llevado al matadero se tratara. El despeinado pelo rosa, le caía desordenado sobre los hombros, ocultando su rostro de la misma forma que el sucio vestido gris escondía su figura.

-"Vea Lord Naruto" dijo Uchiha. “¿No podemos tener un poco más de luz?”

Naruto negó con la cabeza. El cuarto estaba oscuro, y le gustaba así, con las paredes revestidas de madera oscura, alfombras de un color verde oscuro cubrían el suelo, gruesas cortinas a juego colgaban de las ventanas, y como siempre, las lámparas iluminaban tenuemente el salón. Cualquiera que hubiera compartido con él la trastienda de la taberna de Ichiraku’s sabía que siempre evitaba la luz brillante. Era una de sus muchas rarezas, que los jóvenes ricos del pueblo soportaban para poder permanecer en su más bien dudosa compañía.

-"Entonces, si no podemos tener más luz, haremos que la chica se desnude" dijo Lord Ibizu desde el fondo del cuarto. -"Me niego a pujar por algo o alguien sin poder verlo suficientemente bien".

-"Tiene razón" coincidió Kabuto. -"Dígale a la chica que se quite esos harapos para que podamos ver lo que compramos".

El comentario fue secundado por todo el cuarto. Ichigo Haruno vaciló, y después murmuró algo a la chica. Con la cabeza todavía inclinada, comenzó a desatarse el corpiño de su vestido.

Naruto la observaba con ojos entornados, notando la forma en que sus manos temblaban mientras desabrochaban la andrajosa camisa. Aunque no podía ver su rostro, sabía que sus mejillas estaban arreboladas por la vergüenza, y que su corazón latía tan rápido como el de un cervatillo atrapado en las mandíbulas del lobo.

-"Suficiente". Fue una sola palabra, suavemente murmurada, pero que resonó en todo el cuarto.

-"Vea, Lord Naruto" protestó Ibizu. -" Yo creo..."

Naruto le silenció con una mirada de reproche. -"La chica es mía" dijo, habiendo decidido comprarla en ese mismo instante, aunque todavía no había visto su rostro.

-“¿Buscando una nueva amante?” preguntó Lord Uchiha.

-"No".

-“¿Una criada, quizá?”.

Naruto miró fijamente a Uchiha. Sasuke Uchiha era un hombre alto, guapo, casi tan rico como Naruto. De todos los hombres con los que Naruto había estado jugando, Uchiha era el que más se parecía a un amigo.

Ignorando la pregunta del hombre, Naruto hizo un gesto con la mano al viejo. -"Tráigala aquí".

-"Sí, mi lord". Ichigo Haruno agarró precipitadamente a su hija por el brazo y la arrastró a través del cuarto. -"No se sentirá defraudado mi lord. Ella le servirá bien”.

-"Sí" murmuró Naruto. -" Por supuesto que lo hará".

Metiendo la mano en su bolsillo, sacó un fajo de billetes y se los tendió al otro hombre. -“¿Tiene nombre? “

-"Por supuesto, mi lord. Se llama Sakura, pero responderá a cualquier otro con el que usted desee llamarla”.

-“¿Sabe dónde vivo?”

-"Sí, señor".

Todo el mundo conocía el castillo de Naruto. Localizado en lo alto de la montaña Hokage, era como una oscura sombra cerniéndose sobre el pueblo, alto y misterioso, como su dueño.

-"Llévela allí. Mi criado cuidará de ella”.

-"Sí, mi lord".

Naruto sacudió su mano con un gesto de despido. Retornando al juego, recogió sus naipes. -"Pierdes de nuevo, Uchiha" dijo murmurando suavemente, y esparció sus cartas sobre la mesa.

Sasuke Uchiha depositó sus naipes sobre la mesa. -“Parece que esta es tu noche de suerte" comentó con buen talante.
Naruto gruñó suavemente.-"Quizás tengas razón" filosofó mientras miraba a la chica que seguía al viejo Haruno hacia la puerta. "Quizás.…”.

Sakura se arrebujó en el estrecho asiento del carro al lado de su padre, incapaz de controlar los temblores de su cuerpo, y tratando de aceptar el hecho de que su padre la había vendido a un hombre como Lord Naruto, un hombre del cual se rumoreaba tenía muchas extrañas e inusuales costumbres.

Las torres del Castillo de Naruto surgieron amenazadoramente a lo lejos, un oscuro montículo se alzaba sobre la niebla gris que envolvía la montaña Hokage tanto en verano como en invierno.

Con cada milla que pasaba, los temblores aumentaban. Pensó en un instante en saltar del carro y arriesgarse con los animales salvajes que acechaban en el bosque.

Estaba reuniendo coraje, decidiendo que la muerte sería preferible a una vida de servidumbre con el misterioso Lord Naruto, cuando sintió una mano que le sujetaba el brazo.

-"Lord Naruto me pagó una sustanciosa suma por ti" le dijo Haruno, con tono suave en comparación con la fuerza con que la sujetaba -" Te quedarás con él todo el tiempo que desee y harás lo que te pida sin rechistar”. –“¿Entiendes lo que te digo?”

-"Sí, padre".

Haruno asintió. Momentos más tarde, detuvo el carro frente al castillo. –“Vete, chica".

Sakura miró a su padre, intentando no odiarle por lo que le hacía, intentado sentir algún tipo de satisfacción al pensar que con el dinero que su padre había recibido compraría comida para su madre y sus hermanas menores.

-"No había ninguna otra salida, muchacha" le dijo Ichigo Haruno a modo de brusca disculpa.

Sakura asintió. Probablemente, nunca volvería a verlo. Había vivido en la villa de Konoha durante toda su vida. Y no desconocía las historias que se contaban del oscuro señor del castillo.

-"Adiós, padre".

-"Adiós, muchacha". Haruno le devolvió la mirada por un breve momento, luego la desvió. Sabía que muchos le condenarían por vender a alguien de su misma sangre, pero ella estaría mejor con Lord Naruto. Al menos tendría lo suficiente para comer.
-"Siempre me he sentido orgulloso de ti, Sakura," dijo bruscamente. –“Ahora, sigue tú sola”.

Parpadeando para contener las lágrimas, Sakura bajó del carro. Enderezando los hombros, subió por las angostas escaleras de piedra hasta la gran puerta, inspiró profundamente, y levantó la pesada aldaba de latón.

Momentos más tarde, la puerta rechinó al abrirse, y Sakura se encontró cara a cara con un par de ojos color café.

-"La señorita Haruno, supongo".

-"S... Sí, " tartamudeó, sobresaltada de que el desconocido supiera su nombre, y la hubiera estado esperando. ¿Cómo había sabido que ella llegaría?

-"Soy Jiraiya".

El hombre se apartó, haciendo un gesto para que entrara. Era un hombre alto, con el cabello totalmente blanco y unas extrañas marcas rojas en cada lado de su cara. Llevaba un par de pantalones de color café claro, una camisa igual café, y una chaqueta de lana roja. Parecía tan viejo como su padre.

Sintiéndose abandonada y muy sola Sakura, atravesó el umbral. El recibidor era frío y oscuro. Tembló mientras Jiraiya cerraba la pesada puerta detrás de ella.

-"Le tengo preparado un baño, señorita".

-"Gracias".

-"Sígame".

Con el pulso enloquecido por el miedo, le siguió por un amplio vestíbulo, subiendo un tramo de escaleras hasta un cuarto grande iluminado con una gran vela blanca.

-"Encontrará la tina allí dentro" dijo Jiraiya, señalando una puerta al otro lado del cuarto. -"Por favor deje sus ropas aquí, en el suelo. Se me ha ordenado que las queme”.

-“¡Quemarlas! Pero son las únicas que tengo".

-"Sin duda Lord Naruto la proveerá de un atavío adecuado, señorita. Hay sabanas limpias en la cama. El cordón del timbre está allí, por si me necesita durante la noche".

Demasiado atontada para hablar, Sakura asintió.

-"Buenas noches, señorita. Que duerma bien".

Esperó hasta que él abandonó el cuarto, luego fue hasta la puerta y la cerró. Desvistiéndose, dejó caer sus ropas en el suelo, y entró en el otro cuarto. La luz de una docena de velas iluminaba una gran tina de agua caliente, una barra de jabón perfumado, y una gran toalla.

Miró el agua humeante. Nunca en toda su vida había tenido ocasión de tomar un baño solo para ella. En su casa, los baños eran infrecuentes. En verano, se bañaba en el río. Sólo durante el invierno se bañaban dentro de la casa y entonces debía aguardar su turno. Y cuando por fin le tocaba, el agua estaba casi siempre fría y sucia.

Entró cuidadosamente en la tina y se sentó, un suspiro de placer escapó de sus labios cuando se sumergió en el agua deliciosamente caliente. Quizá no sería tan malo vivir aquí. Los cuartos que le habían adjudicado eran mayores que toda la cabaña que compartía con sus padres y hermanas.

Se lavó el pelo tres veces, dos veces el cuerpo, y todavía permaneció un largo rato en el agua, deleitándose con su calor, hasta que se enfrió.

Salió de la tina, se secó completamente, se envolvió en una toalla y entró en el dormitorio. La primera cosa que notó fue que sus ropas habían desaparecido. Y luego vio el camisón. Destacaba sobre la cama como una pincelada de blanco en contraste con la colcha azul oscura. Incapaz de resistirse tocó el tejido. Dejando caer la toalla, se puso el camisón, suspirando con gusto mientras la prenda al descender rozaba su piel desnuda.

Pasó la mirada alrededor del cuarto, esperando encontrar un espejo, curiosa por ver cómo le sentaba un camisón tan costoso, pero fue en vano.

Cruzando la habitación, apartó las pesadas cortinas de la ventana y miró su reflejo en el cristal. El tejido se le adhería como una segunda piel, dibujando los pechos, y las curvas de sus caderas.

-"Seda" dijo incrédula, pasando una mano sobre el camisón.-"Parece como si fuera de seda".

-"Y lo es".Soltando las cortinas, Sakura se giró abruptamente, con las manos sobre su pecho en un femenino gesto de sobresalto. -"Señor, no le oí entrar”.

-“¿Te gusta el camisón"?

-"S... Sí, " tartamudeó. -"M... Mucho".

Naruto la miró con ojos especulativos.

Limpia, con el pelo cayéndole en suaves ondas por su espalda, era la cosa más preciosa que había visto en toda su vida.
Dando un paso adelante alzó su mano para tocar su suave mejilla.

Con un pequeño grito, ella se apartó contra la pared.

Naruto bajó su mano de inmediato. -"No te lastimaré" le dijo suavemente.

Sakura tragó saliva, fascinada por su voz. Era profunda y suave, pero extrañamente autoritaria, al igual que sus ojos. Ojos azules insondables que parecían viejos más allá de sus años. Ojos que parecían capaces de ver el interior de su alma.

Caminando lentamente, cubrió la distancia que les separaba, deteniéndose a un soplo de distancia. No se había dado cuenta de lo alto que era. Se elevaba sobre ella, con su pelo rubio enmarcando su rostro como si fuera seda amarilla. Iba todo vestido de negro a excepción de la camisa y de una corbata roja como la sangre flojamente anudada. Su nariz era recta y aristocrática, sus labios llenos y sensuales. Aparentaba tener alrededor de unos 20 años.

Como a un ratón fascinado por la serpiente, siguió con la mirada el movimiento de su mano ascendente, sintió como las yemas de sus dedos acariciaban su mejilla. Sus dedos eran suaves y frescos.

-“¿Cuántos años tienes muchacha?"

-“Quince, su Señoría".

Naruto juró por lo bajo. Aunque conocía a muchas chicas de su edad que ya estaban casadas y tenían varios hijos, no había creído que fuera tan joven. No es que eso importara. Él no deseaba su cuerpo por muy suave y atrayente que pudiera ser.

-"¿Debo... debo meterme en la cama, Su Señoría?”.

-"Sí, si lo deseas"
.
Observó subía el rubor por sus mejillas, mientras miraba hacia la cama.

-"Yo, debería…" tragó saliva, el sonrojo en sus mejillas se propagó por su cuello. –“¿Debería desvestirme?”.

Naruto alzó una ceja, luego negó con la cabeza.-" No tengo ninguna intención de llevarte a la cama, muchacha".

-“¿No?”

El alivio en su voz causó un dolor punzante en lo profundo de un corazón el cual creía inmune a todo tipo de sentimiento.- "No".

-" Entonces por qué... " Sus mejillas enrojecieron todavía más. -"Creí que…"

-"Te compré por mis propias razones, dulce Sakura” contestó, su voz tan sedosa como el traje de noche que llevaba puesto.

-“¿Puedo preguntar cuáles son esas razones?”

-"No". Se volvió de espaldas, sus manos cerradas fuertemente a ambos lados. –“Puedes recorrer todo el castillo, excepto los cuartos de la torre del este. Nunca debes ir allí”.

-"Sí, su Señoría".

-"Jiraiya te suministrará cualquier cosa que desees. Sólo tienes que pedírselo.”

-“¿Cualquier cosa?”, preguntó.

-"Cualquier cosa. Si quieres pintar, él te suministrara la tela y los cepillos. Si deseas tocar el piano, te enseñará. Si quieres pasar el día leyendo, tengo una extensa biblioteca".

-"No sé pintar, ni tocar el piano, ni leer su Señoría". Desvió su mirada. -" No sé hacer nada.”

Él se volvió para mirarla de frente, una luz de curiosidad brillando en sus ojos. -¿Te gustaría aprender"?

-"Sí, Su Señoría," dijo ansiosamente, -"Muchísimo".

-"Jiraiya te enseñará cualquier cosa que desees aprender.”

-"Gracias, Su Señoría".

Naruto se quedó mirando fijamente a la muchacha. Sus ojos eran verdes, como el más verde campo del pueblo donde había crecido. De un tono verde jade, llenos a la vez de temor y excitación.

Ella le temía. Ese pensamiento le hería profundamente, aunque no podía culparla por ello.

-"Jiraiya te llevará mañana de compras. Compra cualquier cosa que necesites.”

-"Es usted muy generoso, su Señoría".

-"En modo alguno, dulce Sakura simpática, la recompensa vale la pena.”

Sus ojos se agrandaron ante la amenaza disimulada en su voz. Se agarró fuertemente ambas manos que temblaban violentamente.

-“No tienes nada que temer de mí" dijo él. -"Después de esta noche, no volverás a verme.”

El miedo de sus ojos dio paso al desconcierto. –“¿Su Señoría?”

-“Ve a dormir, muchacha".

Sakura se metió en la cama, con el corazón golpeando salvajemente bajo su pecho, mientras el la arropaba con las mantas. Permaneció mirándolo fijamente, asustada y confundida, pero fascinada al mismo tiempo. Qué hombre tan extraño era. Tenía el extraño pensamiento de que la había comprado simplemente para salvarla de la vergüenza de desvestirse en un cuarto lleno de hombres la mitad de ellos borrachos. Era educado y de buenos modales, pero notaba un indicio de violencia cuidadosamente controlada acechando bajo su suave fachada y unas peligrosas y mortíferas emociones que ardían en su interior, algo que no podía definir. Era eso lo que más la asustaba.

-"Descansa, dulce Sakura" dijo Naruto.

Apagó de un soplo la vela y se fue.


////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////
Termina el capitulo. Esta historia es de: -princessakura-
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Re: Deeper Than The Dark (+16) (20/07/14) Terminado

Mensaje por enriqueminato el Jue Dic 26, 2013 5:56 am

buen primer capitulo me gusto parece que a sakura le prohibieron entrar a esos cuartos. que escondera naruto alli. tengo algunas sospechas pero es mejor esperar. naruto salvo a sakura de una vida de prostitucion con varios hombres y eso esta bien. que destino le deparara a sakura. sera que le dara una oportunidad a naruto.
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Re: Deeper Than The Dark (+16) (20/07/14) Terminado

Mensaje por davan14 el Jue Dic 26, 2013 5:06 pm

¿vampiro? ¡vampiro! me encantas las historias de vampiros XD y mas si ahí hombres-lobos espero ver mucha sangre en los próximos capítulos.

bueno respecto al capitulo: ¡gran primer capitulo! no me creo eso de que la compro solo para que no se desvistiera, debe haber algo escondido en ello. ¿que esconderá naruto en esos cuartos prohibidos? espero que publiques la conti rápido
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Deeper Than The Dark (+16) (26/12/13) (Cap 2)

Mensaje por Dyna el Vie Dic 27, 2013 3:47 am

Hola de nuevo, aqui pongo otro capitulo y espero que sea de su agrado. 



Spoiler:

CAPÍTULO 2


La luna es mi sol
La noche es mi día
La sangre es mi vida
Y tú eres mi presa.

Sakura se despertó lentamente, y en el momento en que abrió los ojos, creyó que todavía estaba soñando.
Se incorporó, dejando las almohadas detrás de ella. Anoche, no había reparado en la habitación. Ahora, contempló el cuarto con jadeante admiración. Un papel a rayas azules y blancas adornaba la pared. Pesadas cortinas de damasco azul cubrían las ventanas; Una colcha a juego estaba doblada al pie de la cama. Había una alfombra gruesa en el suelo, tejida a rayas azules.
Estaba a punto de salir de la cama cuando oyó un golpe en la puerta.


-“¿Señorita Sakura…?”


-"Sí, adelante".


Subió las sabanas hasta su pecho, mientras Jiraiya abría la puerta y entraba en el cuarto.


-"Lord Naruto me ordenó que esta mañana después del desayuno la llevara de compras.”


Sakura asintió. -"Sí, eso me dijo”.


-"Le he traído unas ropas para ponerse" dijo, depositando una gran caja encima de la mesita de noche. -"Por favor baje a desayunar cuando este vestida.”


-"Así lo haré, gracias.”


-“¿Desea usted alguna otra cosa?”


Sakura negó con la cabeza.

-"Muy bien, señorita. La espero dentro de ¿digamos media hora?”


-"Esta bien.”


-"A menos que desee desayunar en la cama".


-“¿En la cama?, no estoy enferma.”


Una leve sonrisa titiló en sus labios. -"Dentro de media hora, entonces" dijo, y dejó el cuarto, cerrando la puerta silenciosamente.


-"Desayunar en la cama" Sakura murmuró sonriendo. "Imagínate eso…".


Levantándose, abrió la caja, maravillada al ver lo que había dentro. El vestido era de tafetán a rayas marrones y naranja, un cuello a juego y mangas abolladas. Un ramillete de flores de seda amarilla adornaba la cintura. Pasó sus manos sobre la ropa interior, incapaz para creer en su exquisitez. Era toda de fino hilo de algodón con delicados bordados en rosa, tan bonita, que deseó poder llevarla puesta por encima de la ropa. No había poseído unas prendas tan finas jamás en toda su vida.


Se vistió despacio, inspeccionando cada prenda. Pasó de nuevo la mirada alrededor del cuarto, esperando con ilusión poder mirarse en un espejo. En su casa, un espejo se consideraba un lujo más allá de su alcance, pero seguramente Lord Naruto debía tener muchos.


Era extraño, pensó mientras bajaba por las escaleras. Pero por otro lado, rumores de extrañas actividades en el castillo de Lord Naruto corrían por toda la ciudad. Unos cuantos decían que el lugar estaba embrujado; Otros que sabían de mujeres que habían ido allí y que nunca habían sido vistas de nuevo. Pero eran sólo rumores, y ella nunca había dado demasiado crédito a las habladurías. Después de todo, la gente decía que su padre bebía demasiado y que golpeaba a su esposa y a sus hijos, pero Sakura sabía que eso no era cierto. Ichigo Haruno podía no ser el más amable y cariñoso de los padres, pero tampoco era el monstruo que decían.


Cuando llegó a la planta baja, deambuló de habitación en habitación descubriendo: cielos rasos abovedados, paredes cubiertas de oscura madera, pesadas cortinas en las ventanas, costosos tapices y bellas pinturas en las paredes, numerosas estatuas y esculturas de plata, madera y bronce. Espadas cruzadas sujetas encima de unas macizas chimeneas de piedra. Alfombras caras importadas de lugares exóticos. Pero ningún espejo. Frunció el ceño. Tampoco había ningún reloj en la casa.


El comedor, como los otros cuartos de la casa, era grande, oscuro y costosamente amueblado.


Un gran mantel de fino lino cubría la gran mesa con un par de candelabros de plata situados en el centro. Unas cuantas velas blancas y delgadas iluminaban tenuemente el cuarto. Verdes cortinas de terciopelo cubrían las ventanas. Había una pintura de una escena de caza en una pared, era de una puesta de sol con remarcados rayos de luz de un color rosado rojizo.


Sólo había un servicio de cubiertos sobre la mesa. El plato era de porcelana china ribeteado con oro, el vaso para beber agua era de fino cristal, la cubertería era de oro. Asombrada ante tal opulencia, se sentó.


Momentos más tarde, Jiraiya entró en el cuarto, con una bandeja tapada. Cuando la destapó, una variedad de sustanciosos aromas llenó el cuarto. Había jamón cortado en rodajas, huevos escalfados, esponjosos panecillos, suave mantequilla, una jarra de mermelada de membrillo, un tazón de gachas de avena, fresas frescas y melocotones cortados en rodajas, y una taza de té.
-"Espero que todo sea de su agrado, señorita," dijo.


-"Oh, sí". Ella nunca había visto tal cantidad de comida junta. -"¿Me acompañará…?. ¿Querrá Lord Naruto acompañarme para desayunar?”


-"No, señorita".


Debería haberse sentido aliviada. En lugar de ello, sintió una oleada de decepción.


-“¿Desea alguna otra cosa señorita?”.


-"No, gracias".


-" Muy bien, señorita. Traeré el coche cuándo usted esté lista para salir".


Sakura asintió, abrumada por la riqueza de su alrededor, y la cantidad de comida presentada.


Desde luego, no se lo podría comer todo, pero probaría de todo un poco, y cuándo veinte minutos después se reclino en la silla, le maravilló ver que no quedaba nada. Se lo había comido todo.


Pasó el resto de la mañana en casa de Madame Shizune. Sin saber que telas y estilos elegir, Sakura se sometió a los gustos de la modista, quién, después de tomar sus medidas, despidió a Sakura con la promesa de que tres vestidos de día iban a serle entregados a la siguiente tarde, y el resto dentro de una semana, junto con toda la ropa interior necesaria, y todos los sombreros, zapatos, guantes, y parasoles que una señorita necesitaba.

La cabeza de Sakura daba vueltas mientras regresaban al castillo.


Jiraiya preparó una comida abundante, y después de que Sakura le diera las gracias, le sugirió que subiera a tomar una siesta.
Sakura sonrió. ¡Una siesta en mitad del día! Nunca se había permitido ese lujo antes. Aunque sonaba tentador, pero no estaba cansada.


-“¿Podría dar un paseo por la casa?”


-" Desde luego señorita. Ésta es ahora su casa. Puede explorar cuanto quiera. Todos los cuartos están abiertos salvo los de la torre este”.


-"Gracias, Jiraiya".


-“¿A qué hora le gustaría cenar, señorita?”.


-"No lo sé. ¿A qué hora cena normalmente Lord Naruto?”.

-"Lord Naruto raramente cena en casa".

-"Oh". Sintió una nueva oleada de decepción al recordar que Lord Naruto le había dicho que no lo volvería a ver. Si bien la asustaba, también creía que era el hombre más fascinante que había conocido en toda su vida.

-“¿A las siete en punto, señorita?”


-“¿Qué? Oh, sí, está bien. Gracias”.


Pasó el resto de día explorando el castillo y creyó que nunca encontraría el camino de vuelta, tantos eran los cuartos, escaleras y pasillos por los que anduvo.


Paseó por la parte más antigua, donde, en otros tiempos, había estado el granero y donde se almacenaban las cajas y barriles de provisiones.


El segundo piso alojaba los aposentos de los habitantes del castillo y las salas comunes. La cocina de Jiraiya estaba situada allí, junto a una despensa grande, y bien surtida.


Un pasillo conducía hasta un dormitorio donde dormían las doncellas del castillo. Se le ocurrió a Sakura que su habitación, que era el cuarto más grande de todos los que había visto, por lo que debía de haber sido el aposento del Señor y la Señora del castillo. Esa seguridad le hizo preguntarse nuevamente donde estaba la habitación de Lord Naruto.


Paseó por otro corredor, contenta de que se le hubiera ocurrido traer una lámpara, pues los pasillos estaban muy oscuros. Nunca había sido dada a hacer volar la imaginación y no iba a comenzar ahora, aunque, si uno no creyera en fantasmas y duendes, el castillo de la montaña Hokage sería el lugar perfecto para empezar a hacerlo.


Hizo una pausa, admirando las pinturas y los suntuosos tapices que colgaban de las paredes.


El primer cuarto al que llegó era una biblioteca con más libros de los que podría leer en toda una vida. Sakura pasó sus dedos por los lomos. Cogió un pesado volumen de otro estante y lo abrió, mirando fijamente y con admiración las letras delicadamente impresas en las brillantes páginas. Vio bellos dibujos de querubines y caballos alados.


Pasando las páginas, encontró dibujos de lobos, cuervos, murciélagos, y una esquelética figura con una capa negra, un ángel oscuro que sujetaba una calavera en una mano y un cáliz de plata en el otro.


Perturbada por las imágenes, cerró el libro y lo devolvió al estante.


Entró en un gran salón. Era un cuarto, dónde alguna vez debieron de haber cenado los dueños del castillo, estaba provisto de una larga mesa y una sola silla alta de madera negra. Mirando con atención, vio que el respaldo de la silla estaba labrado con formas que dibujaban la figura de un cuervo con las alas extendidas. Armas de todos los tipos imaginables, decoraban las paredes.


Un solárium localizado en la parte este de la casa estaba invadido por las plantas salvajes.


Distraída explorando el castillo, pasaron más de tres horas, sin que apenas se diera cuenta.


Permaneció algunos minutos en el cuarto de música, rozando con sus dedos las teclas amarillentas de un pequeño piano. A menudo había deseado saber tocar, pero no había tenido tiempo para aprender, ni a nadie que le enseñara. Sonrió al recordar que Lord Naruto le había prometido que recibiría lecciones de música. Una elegante arpa permanecía en una esquina del cuarto. Encontró un violín descansando en una caja polvorienta encima de una mesa igualmente polvorienta.


En el tercer piso, contó doce cuartos que dedujo una vez habían sido dormitorios para los niños del señor y sus sirvientes. Todos estaban vacíos, y cubiertos de una gruesa capa de polvo.


Subió otro tramo de escaleras y se encontró en un cuarto redondo que era la torre del castillo, desde donde se divisaba el río y el bosque a lo lejos.


Bajó varios estrechos y serpenteantes tramos de escaleras, y se encontró en una mazmorra. Arrugando su nariz por el olor a humedad y a moho sujetó su lámpara más alto y caminó unos pocos pasos, sus pisadas amortiguadas por el duro suelo de tierra. Largas filas de rejas de hierro delimitaban celdas a ambos lados del corredor.


Mientras permanecía en silencio, notó una repentina sensación de maldad.


Muchos hombres habían muerto aquí. Casi podía oír sus gritos resonando entre las grises paredes de piedra, saborear su miedo mientras encontraban una muerte violenta... .


Con un chillido de temor, cambió de dirección y salió de la mazmorra. Subió las escaleras de dos en dos, su corazón latiendo alocadamente mientras fantasmales imágenes inundaban su mente, imágenes grotescas de sangre y horror, de hombres siendo torturados, de terror y dolores intolerables.


Jadeaba cuando llegó a su cuarto. Cerró de un golpe la puerta, y echó la llave. Apagó de un soplo la vela, y se metió en la cama, intentando que su corazón dejara de golpear alocado y su pulso volviera a su ritmo normal.


No había nada malo en la mazmorra, nada de que temer. Solo era porque antes nunca había estado lejos de su casa y que junto con su vivida imaginación, la habían hecho correr asustada. Tenía suerte de estar aquí, en este lugar. Por primera vez en su vida, tenía un cuarto solo para ella, comida suficiente y bellos vestidos. Y, si debía creer a Lord Naruto, entonces cualquier cosa que deseara, la tendría.


Confortada por ese pensamiento, se quedó dormida.


Naruto estaba sentado delante de la enorme chimenea que dominaba su dormitorio, sus codos apoyados en los brazos del sillón, su barbilla descansando sobre sus manos dobladas. Estaba mirando fijamente las llamas, pero era la imagen de la muchacha la que llena su visión. Vívidos ojos verdes, de un verde más profundo que el de cualquier jade. Bellos ojos verdes, llenos de miedo. Pálidos labios rosados. Su piel del color de la nieve. El cabello rosa, que le recordaba a los hermosos árboles de cerezos que no había visto durante cuatro siglos.

Ella se había aseado muy bien, filosofó. Quizá demasiado bien. Nunca antes había traído a su casa a alguien tan joven, bella e inocente. Por un instante, pensó en enviarla de regreso. Pero fue sólo por un momento.


Miró hacia la ventana, pensando en la hora que era. A estas horas, seguro que ya estaría dormida.


Se humedeció los labios mientras se levantaba de la silla.


En un instante estuvo al lado de su cama. Por un momento, se quedó contemplándola, hechizado por su belleza, su inocencia. Dormía de lado, su mejilla descansando sobre una mano. Su pelo esparcido a través de la almohada como una cascada de seda, tentándolo a tocarlo.


Moviéndose lentamente, cogió un mechón de su pelo. Suave, pensó, era tan suave. Dejó que las finas hebras se deslizaran por sus dedos y luego, incapaz de contenerse, acarició su mejilla, dejó que las puntas de los dedos se deslizaran a lo largo de su delgado cuello rozando ligeramente el lugar donde su pulso latía acompasado y trago con fuerza. Un abrasador calor se filtró por las puntas de sus dedos. Ah, sí, tendría que ser sumamente cuidadoso con ella. Le despertaba mucho más que su odiosa hambre.


Mascullando un juramento, apartó su mano.


Ella se movió en la cama en el momento en que él se sentó a su lado.


-"Duerme, dulce Sakura" dijo. -"Duerme tus sueños de muchacha”. Apartó un mechón de pelo de su cuello, posó sus manos ligeramente en sus hombros.


- "Descansa tranquila. No tienes nada que temer.”


Lentamente, dobló su cabeza hacia ella, su lengua acariciando su piel. Ella gimió suavemente cuando sus dientes rasparon su garganta.


-"Sueña, sueña, pequeña" susurró. - "No tienes nada que temer. Es sólo un sueño... "


A la mañana siguiente, Sakura se despertó hambrienta y extrañamente adormilada después de toda una noche de sueño reparador. Al recordar que se había perdido la cena, atribuyo a ello la razón de su hambre así como también de su cansancio.
Al levantarse, se sintió débilmente mareada.


-"Demasiado sueño y poca comida" masculló mientras deslizaba sus piernas sobre el borde de la cama y se levantaba.

Miró hacia el cordón del timbre, indecisa por llamar a Jiraiya, preguntándose si conseguiría alguna vez acostumbrarse a tener alguien que cumpliera cada uno de sus deseos.

-"Ningún momento mejor que ahora, para empezar a acostumbrarse a ello” razonó, y estiró el cordón.


Minutos más tarde, Jiraiya dio un suave golpe en la puerta.


-“Entre”.


-"Buenos días, señorita". La recorrió con la mirada, y Sakura creyó ver una sombra de piedad en sus ojos, pero desapareció enseguida, y pensó que había estado equivocada.


-"¿Yo podría... ?, Esto es, me gustaría darme un baño, por favor.”


-"Enseguida, señorita. El agua esta calentándose.” Salió el cuarto, solo para reaparecer un momento más tarde, con una bandeja en sus manos.


-"Pensé que esta mañana le gustaría tomar el desayuno en su cuarto.”


-"Sí, me gustaría, gracias.”


-“¿Desea alguna otra cosa, señorita?”


Sakura negó con la cabeza, preguntándose si él podía adivinar todos sus pensamientos.


-"Su baño estará listo enseguida.”


-"Gracias, Jiraiya". Hizo una pausa, frunciendo el ceño. –“¿Cómo entró aquí"?


-"Por la puerta, por supuesto.”


-"Pero, yo... ¿Estaba cerrada con llave, no es verdad?” Miró hacia la puerta.- "Estoy segura de que anoche la cerré.”


-"Usted debe estar equivocada.”


Sakura negó con la cabeza. -"No, estoy segura de que estaba cerrada con llave cuando me fui a la cama.


-“¿Se le ofrece alguna otra cosa, señorita?”


-"No, gracias".


Sintiéndose un poco aturdida, Sakura apartó la bandeja y se levantó de la cama. Anoche estaba muy cansada. Tal vez no había cerrado con llave la puerta. Con una sacudida de cabeza, desechó pensar en ello de nuevo.
Tomó lentamente su desayuno, se dio un largo baño, y pasó más de una hora probándose sus nuevas ropas, deseando que hubiese algún espejo en la casa para poder ver cómo le quedaban.


Más tarde, le pidió a Jiraiya si podía conseguirle uno.


-"Lo siento, señorita," dijo Jiraiya, con expresión impasible, -"Su Señoría prohíbe tener ninguno en casa".


Sakura frunció el ceño.-“¿Pero, por qué?”.


-"Lo siento, señorita. Me temo que esto es algo que debe discutir con Lord Naruto”.


-“¿Cómo puedo hacerlo, si nunca le veo?”


-"Lo siento, señorita. ¿Hay alguna otra cosa que pueda hacer por usted?”.


-"Lord Naruto dijo que me enseñará a tocar el piano y a leer".


-"Estaría encantado de poder ayudarla, señorita".


Sakura le sonrió. -"Gracias, Jiraiya. Me gustaría empezar esta tarde, si no le importa”.


-"Será un placer, señorita. Nos reuniremos en la biblioteca a las tres en punto.”


Durante las semanas siguientes, los días de Sakura transcurrían en una placentera rutina.
Cuando el clima lo permitía, pasaba las mañanas paseando por el campo; si llovía, se quedaba en casa bordando. Como todas las jóvenes, enseguida había aprendido a coser o a reparar un desgarrón, pero nunca había tenido tiempo suficiente para sentarse y aprender lo que su madre llamaba "trabajo de fantasía".


Almorzaba tarde, tomaba una siesta, y luego pasaba el resto de la tarde bajo la tutela de Jiraiya. Le enseñó a tocar el piano; a leer, y a escribir. Y casi gritó de puro deleite la primera vez que escribió su nombre sin ayuda ajena. 


Sakura Haruno.                         Señorita Sakura Haruno.           S. Haruno. 


Lo escribió una y otra vez, pensando lo bonito que se veía, lo maravilloso que era poder escribir su nombre. Después de cenar, pasaba una hora repasando sus lecciones, y luego se retiraba a dormir.


Una tarde antes de irse a la cama, le dijo a Jiraiya que desearía tener un huerto; Al día siguiente, encontró una gran variedad de semillas sobre un banco en el patio lateral.


A medida que los días pasaron, se dio cuenta de que Jiraiya era un hombre notable. No había otros sirvientes en el castillo. Jiraiya era el cocinero, el mayordomo, el ayuda de cámara, y el ama de llaves, todos en uno. Además, efectuaba las compras y hacia la colada, cuidaba las tierras y atendía a los caballos.


Nunca se entrometía en su privacidad, pero siempre estaba allí cuando lo necesitaba. Verdaderamente, era el hombre más asombroso que jamás había conocido.


Ya llevaba varias semanas en el castillo cuando comenzaron las pesadillas, eran sueños oscuros llenos de una sensación de inminente perdida, horribles sueños llenos de muerte y colmillos manchados de sangre. Otras noches, se despertaba sintiéndose querida y deseada, con su corazón latiendo alocadamente al recordar la imagen de una mano fantasma acariciando suavemente su mejilla, el contacto era extrañamente erótico. Y siempre, después de esos sueños, se despertaba cansada y hambrienta.


Expresó su preocupación a Jiraiya, preguntándole si debía ir a ver al doctor, pero él le aseguró que estaba perfectamente bien, que sólo era los cambios en el régimen de comidas y la atmósfera del castillo que le causaban desasosiego, y que pronto se adaptaría. Había piedad en sus ojos al decirle esto, y evitaba mirarla directamente.


-“¿Ocurre algo? Ella le preguntó. –“¿Hay algo que usted no me dice?


-"Estoy siendo tan honesto con usted como puedo, señorita".


-“¿Volveré alguna vez a ver de nuevo a Lord Naruto?”.


-"No lo sé, señorita. Espero que no" le contestó, y salió del cuarto.

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Aqui termina el capitulo.
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Re: Deeper Than The Dark (+16) (20/07/14) Terminado

Mensaje por Cerezo Uzumaki el Vie Dic 27, 2013 7:48 am

Tengo Miedo  Frío Onion gota Cuando Naruto fue a la habitacion de Sakura y le toco el cabello y todo eso me dio un escalofrió por la espalda, ¿Naruto la mordió?, yo creo que sí ya que se sintio mareada, hambrienta y Jiraiya parece que sabia la verdad pero no quería contársela a Saku

Espero el próximo capitulo ¡Cuidate!
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Re: Deeper Than The Dark (+16) (20/07/14) Terminado

Mensaje por Dyna el Vie Dic 27, 2013 12:08 pm

¡Hola! Felllliiiiizzzz Navidad (aunque sea demaciado tarde)

Es bueno saber que a otras personas les guste este fic; y acuanto sus dudas..... se iran resolviendo en cuanto leean los otros capitulos.

Los quiero


 Onion bye
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Deeper Than The Dark (+16) (26/12/13) (Cap 3)

Mensaje por Dyna el Vie Dic 27, 2013 12:27 pm

Otro capitulo más.

Buenas noches, días o tardes a todos


Spoiler:


CAPÍTULO 3


 
 
Anhelo lo que he perdido
Por algo que nunca podré ser.
Encubro el horror de lo que soy
Y rezo para que tú nunca me puedas ver.
 
Él estaba sentado en su silla favorita delante del fuego, contemplando las llamas, sin verlas. Ella había invadido su casa, sus pensamientos, sus sueños. Nunca antes una mujer le había afectado de ese modo, Atrapándolo durante cada instante de vigilia, atormentándolo con su cercanía. Pasaba sus noches rodando cerca de su habitación, observándola, escuchando su respiración, los latidos de su corazón, el sonido de la sangre fluyendo a través de sus venas. Siempre olía a flores. Aun cuando el hambre yacía adormecida dentro de él, se sentía tentado más allá del límite de su control para poder resistirse a tocar la suavidad de su mejilla, para pasar sus dedos sobre sus labios e imaginar su boca en ellos.
Ella era tan bella, esa niña-mujer que correteaba por su casa durante el día y le mantenía en vigilia durante la noche. Conocía sus pensamientos, oía las lágrimas que algunas veces derramaba por la noche. Le complacía satisfacer cada uno de sus necesidades, vestirla con ropas finas, proveerle las mejores comidas y vinos que pudiera comprar el dinero. Se enorgullecía de su habilidad para aprender, y ordenó comprar los libros y la música que creía que le gustarían.
Era lo mínimo que podía hacer, pues ella le daba la vida, y no importa cuánto hiciera, nunca podría recompensarla por eso.
Supo el instante en que se quedó dormida. Oyó el cambio en su respiración, sintió un cambio en la casa misma, como si la vida se apagara mientras dormía.
No iría a ella esta noche. Iría a las calles y aliviaría allí su anhelo. En el mismo momento en que el pensamiento le cruzó por la cabeza, supo la mentira que era. Ya se estaba encaminando hacia allí, su inocencia llamándole, la única luz en la oscuridad de su existencia.
Silenciosamente, subió las escaleras y abrió la puerta de su cuarto. Cada noche cerraba con llave su puerta, pero ningún cerrojo le impediría entrar.
Y al instante, estaba de pie al lado de su cama, contemplándola. Era una noche caliente, y había apartado las sábanas. Su camisón se le había subido, exponiendo sus largos y delicados muslos.
Su cuerpo resucitó a la vida, el hambre y el deseo azotándolo mientras se sentaba a su lado en la cama.
Estaba inclinándose sobre ella cuando se dio cuenta de que estaba despierta y le miraba fijamente.
Segura de estar soñando, Sakura cerró sus ojos y los volvió a abrir. La figura alta y oscura todavía estaba allí, cerniéndose sobre ella, como si fuera una sombra en la noche.
-“¿Lord Naruto?”. No podría ver su cara en la oscuridad, pero de alguna manera sabía que era él.
-“Duerme, Sakura" dijo.-"Estas muy cansada. Tus párpados te pesan tanto, que ya no puedes mantenerlos más tiempo abiertos.”
-" No."
-"Duerme, dulce Sakura. Dormir es lo que necesitas”.
Su voz, era profunda y melódica, envolviéndola como si de un suave capullo se tratara.
Sus párpados cayeron pesadamente, y se encontró siguiendo un estrecho sendero a través de la oscuridad. Trató de retroceder, pero sus pies no la obedecían. Su corazón latía velozmente; podía oír el murmullo de su sangre corriendo por las venas mientras se acercaba, preguntándose quien la aguardaría esta noche entre las sombras, el hombre que la estrechaba entre sus brazos y la sujetaba como si fuera un precioso regalo, o el que devoraba su carne. ¿Se despertaría sintiéndose amada y protegida o sollozando de terror? ¿O quizás sería ésta la noche de la que ya jamás despertaría? ...
Se despertó ante el sonido de sus propios sollozos. Desorientada, miró a su alrededor, su pulso calmándose gradualmente cuando se percató de que la pesadilla había terminado y estaba a salvo en su cuarto.
Miró hacia la puerta. La llave estaba todavía en el cerrojo. Sólo había sido un sueño, y pero realmente había sido tan vívido, que habría jurado que Lord Naruto esta noche había entrado en su cuarto, que se había despertado y le había encontrado sentado a su lado en la cama, resplandeciendo sus ojos con una luz siniestra mientras la contemplaba y se inclinaba sobre ella.
Sakura negó con la cabeza para aclarar las imágenes de su mente. Simplemente había sido un sueño. Eso era todo lo que había sido, simplemente un sueño. Apartó un mechón de pelo de su cuello cuando sus dedos se detuvieron al encontraron algo parecido a la picadura de un insecto.
Pasó el día en su cuarto y trató de estudiar sus lecciones, pero no podía concentrarse. Trató de tomar una siesta, pero el sueño la eludió. No tenía apetito para almorzar.
Jiraiya pasó por su cuarto varias veces, su frente arrugada con preocupación. Una vez, le pidió que le mirase las marcas en su cuello. Una sombra pasó por encima de sus ojos mientras examinaba las diminutas heridas. No es nada, señorita, le había asegurado. Una picadura de algún insecto. Perfectamente inofensivo.
Al atardecer, dejó a un lado su letargo, tomó un baño, y se vistió para cenar.
Jiraiya había terminado de servir el primer plato cuando Sakura sintió un repentino hormigueo. Mirando por encima su hombro, vio a Lord Naruto de pie en el umbral de la puerta, vestido como siempre de negro impecable.
-"Su Señoría". Empezó a levantarse, sobresaltada por su inesperada aparición, inquieta por el hecho de que él era un hombre que poseía títulos y propiedades, y ella no era nada más que su criada, no importaba que nunca tuviera que servirle.
Hizo un ademán para que permaneciera sentada mientras él también se sentaba en el otro extremo de la mesa frente a ella.-“¿Te importa si te acompaño?”.
-"Claro que no. Después de todo está en su casa”.
Ella jugueteó con su servilleta mientras él reclinaba en su silla. Un momento más tarde, Jiraiya entró en el cuarto con una jarra de cristal y una copa, que depositó frente a Naruto.
-"Gracias, Jiraiya," dijo Naruto.- "Eso es todo”.
-" Como usted guste, Su Señoría. Buenas noches, señorita”.
Cuándo estuvieron solos de nuevo, Naruto estudió la cara de la muchacha, notando las profundas ojeras debajo de sus ojos.
-“¿Te encuentras bien?”.
-"Sí, Su Señoría".
-“¿Eres feliz aquí"?
Mientras desviaba su mirada dijo: -“No estoy descontenta, Su Señoría". Señalando las bandejas llenas de carne y aves de caza en el centro de la mesa, dijo: -“¿Desea comer algo, Su Señoría? Jiraiya es muy buen cocinero”. Sintió que sus mejillas se arrebolaban.-"Aunque supongo que no es necesario que yo se lo diga".
Una sonrisa débil gravitó sobre sus labios.-“No, gracias. ¿Cómo van tus lecciones?”.
-"Bastante bien, creo. Jiraiya dice que tengo un talento innato para la música, pero es la lectura lo que más me gusta”.
-“¿De verdad?”.
-“¡Oh, sí! Los cuentos de valientes caballeros y bellas damas, de tierras lejanas, dragones y brujos”.
Las manos de Naruto se cerraron con fuerza en su regazo mientras observaba su rostro, tan lleno de vida, tan expresivo. Tan joven. El calor fluyó a través de él mientras ella seguía hablando, con su voz llena de excitación por sus muchos descubrimientos. ¿Alguna vez en toda su vida, había sido él, tan joven, había estado tan hambriento por aprender?
Sakura se mordió los labios, repentinamente consciente de la mirada de Naruto fija en su rostro. Sus ojos, azules como el más profundo océano, parecían llegar hasta el mismo fondo de su alma.
-"Yo... Lo siento" tartamudeó.-"No quería cansarle con mis historias. Debo parecerle una tonta”.
-"De ningún modo. Quizá... " Él aspiró profundamente. "¿Querrías esta tarde leer algo para mí en voz alta?".
-"Oh, yo... Todavía estoy aprendiendo. Me temo que usted pronto se aburriría".
-"Me complacería mucho, Sakura".
-"Muy bien entonces, si está usted seguro”.
-"Muy seguro".
-“¿Querría tomar un vaso de vino, Su Señoría"?
Cuando asintió, ella levantó la jarra y llenó su vaso, notando, por primera vez, que el vino era rojo oscuro. Como la sangre.
Las puntas de sus dedos rozaron los suyos cuando él tomó el vaso de su mano. Se sintió alarmada al notar como saltaban pequeñas chispas de calor de su piel a la de ella, desordenadas imágenes llenaron su mente, imágenes de un hombre contorsionándose por el dolor, sangrando, gritando.
Tan rápidamente como habían aparecido, se fueron, dejándola preguntándose si lo había imaginado todo.
Naruto se reclinó en su silla, mirando fijamente su rostro. ¿También la había notado ella, la chispa que había saltado entre ellos? Había vislumbrado un manantial de esperanza en su interior, un anhelo por una casa y una familia propia, nostalgia por la casa que había dejado atrás. ¿Pero qué era lo que ella había percibido de él?
Sakura tomó un profundo aliento, insegura por la tensión entre ellos.
-“¿Le importa si comparto su vino?”.
-"Dudo que te guste".
Ella miró el oscuro líquido de la jarra, entonces cogió un vaso, y se lo llenó de agua.
-“Termina tu cena, Sakura," dijo. -"Necesitas mantener tus fuerzas".
-“¿Por qué? Nunca hago nada más extenuante que tocar el piano”.
-"Pero tienes hambre”.
Obedientemente, cogió su tenedor y empezó a comer. Después de todo, realmente tenía hambre.
Más tarde, él se sentó en una silla ante el fuego, sorbiendo de su copa, mientras ella leía en voz alta. Una y otra vez, ella miraba en su dirección, esperando que diera señales de estar aburrido o dormido, pero siempre le encontraba observándola, sus ojos azules insondables ardiendo con un extraño fuego, un calor más caliente y más penetrante que el que irradiaban las crujientes llamas de la chimenea.
-“Háblame de ti" dijo, asombrándoles a ambos.
-"Hay pocas cosas que contar, Su Señoría. Tengo a cuatro hermanas, todas más jóvenes que yo". Su voz se volvió amarga.-"Mi padre me vendió. Seguramente eso le dice a usted todo lo que necesita saber".
-“Eso me dice que él necesitaba el dinero".
-"Pudo haber vendido su caballo".
Una sardónica sonrisa curvó los labios de Naruto. –“¿Y arrastrarías tú el arado en el lugar del caballo?”.
Ella levantó su barbilla provocadoramente.-"Ya lo he hecho antes".
Su admisión pulsó una fina cuerda en su interior. Orgullosa, a pesar de su pobreza era orgullosa.
-"Nunca tendrás que hacerlo de nuevo".
-“¿Por qué me compró usted?
Naruto se encogió de hombros, incapaz de admitir la verdad.-“¿Tú por qué crees?”.
-"No lo sé". Su mirada se desvió de la de él. -"Creí que... creo... "
-“Sigue, ¿qué fue lo qué creíste?”.
-"Nada".
-"Dímelo”.
Ella oyó la fría orden bajo sus palabras expresadas con delicadeza.
-"Creí que usted me compró para que no tuviera que desnudarme delante de los demás".
-"Eres muy perceptiva dulce Sakura".
-“Si no fue por eso, ¿entonces por qué? Usted nunca... " El rubor subió por sus mejillas, y agachó su cabeza mirando el libro.
-“¿Nunca voy a tu cama?”.
Ella no alzó la cabeza, pero asintió.
-“¿Y eso te molesta?
-"Oh, no," dijo rápidamente. No la molestaba, no realmente, aunque le tocaba un poco en su orgullo, el pensar que la encontraba tan desagradable que le era completamente indeseable.
-"Sakura, mírame”.
Lentamente, alzo su mirada, fijándola en su rostro.
-"Eres una mujer muy bella " dijo quedamente. -"Pero eres muy joven. Demasiado joven para mí". Sus manos se cerraron con fuerza en su regazo.-“Alégrate de que no vaya a tu cama". Un escalofrío la recorrió mientras su mirada la atrapaba.
-"Si lo hiciera, no te gustaría lo que ocurriría".
Ella se quedó mirando sus ojos fijamente, atrapada en su oscuridad, en una helada oscuridad, pero que a la vez era más caliente que una llama. Fue como investigar la eternidad, pensó en una oscura laguna mental interminable llena de tal anhelo que quiso llorar.
Mascullando un juramento, Naruto se puso de pie.
-“Vete a dormir, Sakura," dijo de manera concisa.
Asustada por el revuelo hirviente en su voz, se levantó y corrió hacia su cuarto. El pánico prestó alas a sus pies, y subió rápidamente las escaleras hasta su dormitorio. Dentro, cerró con llave y se derrumbó en la cama, sintiendo que había escapado, de algo, aunque no sabía a ciencia cierta de qué.


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Termina el capitulo. Esta historia es de: -princessakura-
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Re: Deeper Than The Dark (+16) (20/07/14) Terminado

Mensaje por Cerezo Uzumaki el Vie Dic 27, 2013 7:32 pm

Sigo teniendo miedo  Onion gota Naruto me da escalofrió y la parte en la que Sakura sale corriendo hacia su habitación sentí de verdad pánico, ni me imagino estar en una mansión con solo dos personas y que estuviera todo oscuro.

Definitivamente... hoy dormiré con mi mamá   Onion D: 
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Re: Deeper Than The Dark (+16) (20/07/14) Terminado

Mensaje por moi-06yoyo el Vie Dic 27, 2013 10:07 pm

genial que traes este fic Dyna pero espero que mínimo le dejara una aviso a la autora por que a ávido problemas así en el pasado


y un cosa ya en el cap 3 como que los parrafos están muy pecados a la derecha que no se le la ultimas letras
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Re: Deeper Than The Dark (+16) (20/07/14) Terminado

Mensaje por arminius el Sáb Dic 28, 2013 2:19 am

un genial trabajo, una de las mejores historias que haya leido en el anterior foro. lo unico que Princessakura pudo haber hecho para mejorarla es separar los parrafos para una correcta y comoda lectura.

ademas recuerdo que ponia el escrito en colores demasiado brillantes y herian los ojos. pero lo que se dice la historia, es fantastica.

muy recomendable para quien no ha tenido el placer de leerla.

saludos.
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Deeper Than The Dark (+16) (27/12/13) (Cap 4)

Mensaje por Dyna el Sáb Dic 28, 2013 11:34 am

Hola, aqui el cap. 4


Capitulo 4:



CAPÍTULO 4
 


 
Se oscurece mi mirada en tu presencia
Y rezo para que nunca puedas formar parte
del hambre que da zarpazos a mis órganos vitales
del mal que ennegrece mi corazón.
 


Naruto la siguió con la mirada, sus manos en puños apretados. Había sido un error, unirse a ella durante la cena. Antes nunca había pasado el rato con las mujeres que había traído. Las usaba tanto como era seguro, luego les pagaba holgadamente y las despachaba lejos, con la advertencia de que nunca más volvieran. Nunca había vigilado tan ávidamente a ninguna de las demás mientras dormían, o había ardido con tanto anhelo por tocar su cuerpo.


Excepto con Sakura. .. Ella le atraía de una forma que no entendía. No era diferente a las demás. Todas habían sido jóvenes. Todas habían sido bellas. Aunque ninguna había sido tan joven ni tan bella, como Sakura. Todas habían nacido pobres e ignorantes. Pero ninguna había expresado tal ansia por aprender.


Debería despacharla ahora, antes de que fuera demasiado tarde.


Pero sabía que no lo haría.


Cogió la capa de la silla, emitiendo un profundo suspiro. Clavó los ojos en el líquido granate durante un largo momento, repentinamente se sintió enfermó por la mezcla de sangre y vino que le había sostenido durante cuatrocientos años. Con un juramento, arrojó la copa a la chimenea y salió del cuarto.


Sakura se recostó sobre sus talones, con un sentimiento inmenso de satisfacción mientras examinaba su trabajo. Le había costado horas de arduo esfuerzo, pero los jardines del castillo habían florecido con un alegre colorido. Meses atrás, no había habido nada allí, solo tierra reseca y unos cuantos rastrojos. Ahora, había flores de todas clases y colores, helechos y arbustos.


En su casa, había pasado muchas horas trabajando en la parcela de huerto, cavando con el azadón, arrancando las malas hierbas de raíz, arando. No había tiempo ni sitio para desaprovecharlo plantando flores.


Levantándose, presionó la espalda con su mano. Pero ahora... Cerró sus ojos, deleitándose en el calor del sol, con la intoxicante fragancia que la rodeaba. Había sido un trabajo agradable. También había plantado algunas verduras, pero sólo las que le gustaban a ella.


Quitándose el sombrero de ala ancha, anduvo por el estrecho sendero bordeado de flores. Además de flores, había plantado árboles frutales, pensando que no solo añadirían belleza a los ojos, y un lugar de sombra al sol, sino también obtendría una abundante cosecha.


Cuando arregló todo el jardín, se quedó mirando al laberinto que se levantaba cerca del muro del castillo. Los setos de protección que formaban el laberinto eran lo único en el huerto que no había necesitado cuidado. Había vagado por el borde del laberinto varias veces, pero nunca había encontrado el valor para entrar. Había algo ominoso en el lugar, aunque no podía decir el qué. Quizá era su miedo a perderse en su interior por muy irracional que fuera.


Con un suspiro, se sentó en uno de los bancos de mármol esparcidos a través del jardín. Habían pasado tres meses desde la noche en que Lord Naruto se unió a ella en el comedor. ¿Por qué la había buscado esa noche? ¿Y por qué no había de nuevo buscado su compañía?


Hacía ya casi seis meses que vivía en el castillo. Cualquier cosa que deseaba era suya. Tenía todas las ropas que podría necesitar en toda una vida. Se había convertido en una ávida lectora y había descubierto que tenía un talento innato para tocar el piano, y pintar. En verdad, tenía todo lo que podía querer en la vida, todo excepto alguien con quien compartirlo.


Cuándo estaba aburrida, Jiraiya la llevaba al mercado del pueblo vecino para hacer las compras y luego, como una sombra silenciosa, la seguía a dondequiera que fuera. Había sido entretenido comprar todo lo que quisiera y comer en las posadas, si no hubiera sido para las miradas atrevidamente curiosas que le dirigían. A excepción de los tenderos, nadie más le hablaba, aunque quienes se cruzaban con ella, la saludaban amablemente. Le asombraba que los chismes de su pequeño pueblo hubieran llegado al pueblo vecino, ya que todo el mundo que encontraba parecía saber que vivía en Castillo de Naruto. Algunas veces ella oía mencionar el nombre de Naruto, pero siempre en silenciosos susurros, siempre seguido del signo de la cruz. Eso le producía una sensación de amarga soledad.


Una vez, había preguntado a Jiraiya si podía invitar a su madre y sus hermanas al castillo. Él había contestado:


 -"No, señorita, no puede" en un tono tal, que no se lo pidió nunca más.


Ocasionalmente, se preguntaba si él le permitiría ir a visitar a su familia, pero nunca reunió valor suficiente para hacer la pregunta.


Algunas veces, se sentía como una princesa de un cuento de hadas, a la que se la encarcelaba en un castillo mágico pero alejada del resto de mundo.


Y siempre, acechando en el fondo de su mente como una oscura sombra, estaba Naruto. Nunca le veía, nunca oía su voz, solo en sus sueños. Se preguntaba qué era lo que hacía durante todo el día, incluso si estaba en el castillo. Por lo que sabía, él podía haber abandonado el castillo hacía meses. Naruto. Era como un acertijo sin respuesta, un misterio que no podía ser solucionado. ¿Por qué la había traído aquí?


Era un pensamiento que prevalecía en su mente durante todo el día, y la acompañó al acostarse esa noche.


Él estaba en uno de los cuartos en la torre este, mirando por la ventana, hacia el patio de debajo. Bañadas por los rayos plateados de la luna, las blancas rosas resplandecían como flores etéreas plantadas en algún místico jardín. Sentía un repentino anhelo por errar entre las plantas durante la luz del día, por ver los innumerables colores de las flores que Sakura había plantado, por tocar los pétalos que sus manos habían tocado. En la oscuridad, los brillantes colores del arco iris parecían opacos, faltos de vida.


Volviéndose de espaldas a la ventana, se puso la capa y los guantes. Quizá le apaciguaría un paseo a medianoche; Si no lo hacía, iría a Ichiraku’s y pasaría las horas restantes de oscuridad en las mesas de juego y se mezclaría, aunque fuera por unas pocas horas, en una semblanza de normalidad.


Saliendo del cuarto, echó el candado a la puerta, luego pasó velozmente a lo largo del oscuro vestíbulo y bajó las escaleras.


Sus pasos se detuvieron cuando se acercó a los establos. Abruptamente, dio media vuelta y fue hasta el patio lateral. Lo envolvió la fragancia de centenares de flores, de tierra fresca recién arada, de hierba y árboles, mientras caminaba lentamente por los estrechos senderos, parándose a veces para acariciar la blandura aterciopelada de una rosa. Sakura había hecho esto, había convertido la fealdad en belleza. Se preguntó si en caso de que tuviera la oportunidad podría ella obrar el mismo milagro con su vida.


Un susurro en el aire, el perfume de piel caliente, le alertó de su presencia. Se le acercó rápidamente, su mirada fija perforando la oscuridad.


-“Sal fuera" dijo. -"Sé que estas aquí”.


Ella dio un paso adelante fuera de las sombras que la ocultaban, sus mejillas arreboladas, sus manos sujetando los pliegues de su capa. La luz de luna provocaba reflejos plateados en su pelo, reflejando su piel de alabastro.


-“¿Qué estás haciendo aquí afuera a estas horas de la noche"? Le preguntó.


-"Yo... "


-"Habla sin temor, sakura. No tengas miedo".


-"Le vi desde mi ventana, y me pregunté qué era lo que estaba haciendo aquí afuera a estas horas".


-"Pensaba en ti" admitió.


Sus palabras enviaron una corriente de excitación por su columna vertebral. 


–-“¿Lo hacía, Su Señoría"?


Él asintió, mirándola fijamente de arriba abajo. Ella llevaba una gruesa capa de terciopelo de color melocotón. Unas plumas blancas enmarcaban su rostro. Sus pies estaban descalzos y extrañamente provocativos.


-“¿Por qué no estás durmiendo, dulce Sakura?”.


-"Porque, pensaba en Su Señoría" contestó francamente.


-“¿De verdad?”. 


Sorprendido por su candor, y contento por saber que había estado en sus pensamientos, dio un paso más cerca.


-“¿Qué estabas pensando"?


-"Me preguntaba qué es lo que había hecho para desagradarle”.


-"Me complaces mucho, Sakura". 


Demasiado para la tranquilidad de mi espíritu, pensó, metiendo sus manos en los bolsillos para abstenerse de tocarla, de tomar aquello de lo que estaba tan hambriento.


-"No le he visto durante meses, Su Señoría". 


Debería alegrarse por eso, pensó, pues él era misterioso, y, algunas veces, un poco atemorizante. Pero los pocos momentos que habían pasado en su presencia habían sido embriagadores.


-"Deberías alegrarte de no haber tenido que verme” contestó intempestivamente.


-“¿Debería?”.


Él miró en lo profundo de sus ojos, indagando sus pensamientos, sintiendo su aislamiento, su confusión.


Ella era una joven al borde de la feminidad, anhelando algo que no entendía. Como un violín, aguardando el toque de la mano del maestro para poner de manifiesto la música que había dentro de el.


Explorando en las profundidades de sus ojos, se acercó a ella. Necesitando tocarla, con el temor de ser rechazado, se sacó los guantes y los tiró a un lado. Un jadeo ¿o era eso un suspiro? Escapó de sus labios, cuando su mano acarició su mejilla.


-“¿Su Señoría?” 


Él oyó su incertidumbre en el estremecimiento de su voz.


-"No te lastimaré" dijo Naruto, rogando que fuera verdad.


-"Solo quiero tocarte. Tu piel es tan suave, dulce Sakura. Tan suave... "Doblando su cabeza, cubrió sus labios con los suyos. 


-"Dulce" dijo 


-"Tal como me imaginaba que serían".


Ella se quedó mirándolo fijamente, atrapada en el fondo de sus ojos, mientras un temblor de placer la atravesaba. Había tal fuego en su toque, tal magia en su beso, que la hizo sentir cambiada para siempre.


Con un suave gemido, él dio un paso hacia atrás, con el hambre y el deseo rugiendo en su interior.
Tomándola de la mano, se introdujo en el laberinto.


Un sentimiento de temor llenó el corazón de Sakura al sobrepasar la entrada. Con un grito mudo, tiró fuertemente en su mano.


-“¿Qué ocurre?” Él preguntó.


-"El laberinto". Ella negó con la cabeza.-"Me asusta.”


-“No hay nada que temer”. Ella lo miró, sus ojos iluminados por la luz de la luna. Su mano era pequeña y caliente en la de él.


Él podía ver los latidos de su corazón corriendo a toda velocidad por su garganta.


-"Ven, Sakura," murmuró, con voz baja y seductora.


-“No tengas miedo.”


Como si estuviera hipnotizada, caminó detrás de él. Mirando nerviosamente de derecha a izquierda a medida que se sumergían en las profundidades del laberinto. Pronto, los altos setos de protección se levantaron por todas partes, envolviéndola en un mundo de verdor silencioso.


Perdió la noción del tiempo hasta que le pareció que había caminado por el laberinto durante horas. Naruto a su lado era una figura alta y oscura. La luna lanzaba rayos de plata que se reflejaban en su pelo. Su capa negra flotaba sobre sus hombros como si de una gruesa capa de niebla se tratara.


 Nunca había visto una capa como la de él. Parecía viva en cierta forma, se movía cuando él se movía, rodeándole con sus pliegues protectores. Su perfil era afilado, todo él ángulos y duros planos, pero curiosamente bello. Se preguntó, si era así como se percibía la muerte, oscura y seductora.


Le tomó un momento percatarse de que él había dejado de caminar. Echando un vistazo alrededor, vio lo que una vez había sido un jardín de rosas, pero que sin embargo ahora todo lo quedaba de él eran algunas plantas muertas. En el centro del pequeño jardín había una estatua de bronce representando un zorro con nueve colas, y a su lado, la figura de un cuervo esculpido en mármol negro.


Un temblor de ansiedad bajó por su columna vertebral. Una extraña elección para la ornamentación de un jardín, pensó.


Consciente de la mirada fija de Naruto, volvió su rostro hacia él.


-"Yo... Estoy segura de que alguna vez esto fue un lugar muy hermoso".


Él arrugo su frente, sus labios curvados en sardónica diversión.


-“¿Tú crees?”.


-"No lo sé. Creo que podría haberlo sido".


Él le dio la espalda y miró las estatuas, notó la oscuridad levantándose en su interior, oyó el instinto de la fiera salvaje llamándolo en voz alta, urgiéndole a despojarse del fino barniz de humanidad y correr desnudo y salvaje a través de la noche.


-“¿Su Señoría?”.


El miedo subyacente en su voz, le sacó del borde de la oscuridad. Sintiéndose como si también él fuera frío como el mármol, se giró hacia ella.


-“¿Puedes hacer un milagro aquí, dulce Sakura?”. Le preguntó suavemente. “¿Puedes cambiar esta fealdad en belleza?”.


Sakura indagó en sus ojos, preguntándose si él hablaba del jardín, o de sí mismo.


Puso un dedo bajo su barbilla y le alzo el rostro.


 -“¿Podrías hacerlo, dulce Sakura?”.


-"Lo intentaré, Su Señoría".


-“¿Querrías besarme, Sakura?”.


-"Si usted lo desea".


-"No, porque yo lo desee Sakura. Quiero que me rodees con tus brazos y me beses por propia voluntad”.


Él estaba solo, pensó, tan solo como ella.


El tiempo se detuvo, y tomo plena conciencia de todo lo que había a su alrededor. Sintió la fresca humedad de la hierba bajo sus pies al acercarse a él, hasta que sus cuerpos casi se tocaron. Al poner sus manos sobre sus hombros notó que su capa era suave bajo su tacto. Las aletas de su nariz se llenaron de su esencia, un perfume salvaje, almizcleño que le recordaba a hierba húmeda y lluvia.


Entonces se puso de puntillas y le besó. Sus labios eran frescos y firmes. Cuando empezó a alejarse, su brazo se curvó alrededor de su cintura y la sujetó más cerca de él. Notó los pequeños escalofríos que sacudían su cuerpo, sospechando que él mantenía bien a raya sus emociones, sintiendo la fuerza subyacente que moraba en él.


Sus ojos se cerraron, cuando pasó su lengua por su labio inferior, y luego la introdujo en su boca. Calor y el fuego estallaron dentro de ella, irradiando hacia afuera, hasta que sintió como si se derritiera entre sus brazos. Imágenes distorsionadas invadieron su mente, un lobo encorvándose sobre su presa, un enorme pájaro negro bebiendo sangre oscura en una copa de cristal, una espesa niebla gris moviéndose por las oscuras calles de un pueblo.


Oyó a Naruto jurar por lo bajo mientras la soltaba.


Las imágenes desaparecieron repentinamente, como si se tratara de una pizarra a la que hubieran borrado totalmente se tratara, lo miró aturdida y como si la hubieran privado de algo.


-“¿Sakura? ¡Sakura!”.


-“¿Sí, Su Señoría"?


-“¿Estás bien?


-"Yo... no lo sé. Creí que vi... "


-“¿El qué?”.


Ella negó con la cabeza.


 -"No lo recuerdo".


Maldiciendo por lo bajo, la rodeó con sus brazos, su barbilla descansando ligeramente sobre su cabeza.


-"Te ruego me perdones, dulce Sakura" murmuró roncamente.


-“¿Perdonarle a usted, Su Señoría? ¿Pero por qué? ¿Qué es lo que ha hecho usted?”.


-"Espero que nunca te enteres" contestó, con voz angustiada.


La abrazó durante mucho tiempo, dejando que su poder fluyera sobre ella, calmándola. Ella cerró sus ojos, apaciguada, como un niño por la constante pulsación del corazón de su madre bajo su mejilla.


Viendo que el sueño se apoderaba de ella y murmurando su nombre, la alzó en brazos. Con los ojos cerrados y la luz de luna brillando tenuemente en su rostro parecía una princesa de cuento de hadas.
Lo invadió una oleada de ternura mientras la sacaba del laberinto hacia la silenciosa oscuridad del castillo.


En su cuarto, la acostó vestida en la cama y la arropó. Era la inocencia personificada, y por primera vez durante en años, odió ser lo que era, porque le negaba toda esperanza de tener una vida normal, de disfrutar del amor. Nunca tendría una esposa, nunca conocería la alegría de sostener a un hijo suyo.


La ternura dio paso al arrepentimiento, el arrepentimiento al enojo y el enojo ardió profundamente en él. Después de ser transformado se había resignado a vivir en soledad. Sabía que este tipo de cosas siempre le estarían prohibidas, y había dejado de albergar cualquier deseo en su corazón, de tener una casa y familia propia.


Se había creído contento y feliz, hasta que conoció a Sakura. El verla, abrazarla, había despertado sentimientos y deseos que habían permanecido dormidos en su interior durante siglos.


Con un débil gruñido, se inclinó hacia ella, odiándola por el poder que ejercía sobre él, por la debilidad que sentía cuándo la miraba. Su mano apartó un mechón de pelo de su cuello.


Su perfume llenó sus las ventanas de su nariz, enardeciendo su hambre, encendiendo su deseo. Si esto era todo lo que él podría tener de ella, entonces que sólo fuera esto, y soltó a la bestia que moraba en su interior.
 
 



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Termina el capitulo. Esta historia es de: -princessakura-
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Re: Deeper Than The Dark (+16) (20/07/14) Terminado

Mensaje por Dyna el Dom Ene 05, 2014 2:06 pm

Hola, a todos una disculpa por no haber subido la conti antes. Y feliz año 2014.


Capitulo 5:

CAPÍTULO 5


Investigo sus ojos
Y el perdón encuentro
Y por un momento
Un momento breve, dulce y brillante
Veo un fin a mi desesperación.

Había sido un error tocarla, besarla. Una vez había probado la dulzura de Sakura, no podría pensar en nada más. La buscó a la hora de cenar, él bebía de su copa mientras la observaba comer, la escucha con arrobada atención mientras ella le explicaba cómo había pasado el día. Tenía una mente brillante, un intelecto agudo, y un sentido del humor encantador. Jiraiya le había dicho que aprendía rápidamente y que hacía notables progresos. 

Naruto veía los resultados por sí mismo cada noche cuando le leía, tal y como lo estaba haciendo ahora. 

Él estaba sentado en su silla favorita, frente a las llamas de un fuego que poco hacía para calentar el frío de su interior, escuchando como leía. El sonido de su voz ondulaba sobre él como el sedoso brillo de sol, más suave y caliente que las llamas que bailaban en la chimenea. La observaba con los parpados entornados, preguntándose cómo era posible que cada día que pasaba estuviera más bella. Sus mejillas florecían con fino rubor, sus ojos centelleaban, su piel resplandecía de juventud y de vida. La luz del fuego lanzaba sombras doradas en su perfil. Fascinado como un adolescente lleno de amor, se deleitaba en su cercanía, con el sonido de su voz. 

Pasaron varios minutos antes de que él se diese cuenta de que ella había finalizado la lectura, mientras ella se le quedó mirando. 

-“¿Pasa algo, dulce Sakura?”. 

-"No, Su Señoría". 

-“¿Por qué has dejado de leer?”. 

Una débil sonrisa jugueteó en sus labios. -"Hace rato que me he detenido". 

Él frunció el ceño. –“¿Por qué?” 

-"Porque la historia ha terminado, Su Señoría". 

Él la miró durante un largo momento, sintiéndose muy tonto, y luego se rió. 

Sakura clavó los ojos en él. Raramente le había visto sonreír, nunca le había oído reír. Era un sonido maravilloso, profundo y enriquecedor. Y contagioso. Sintió una oleada de risa en respuesta a la suya, hasta que las paredes se hicieron eco del sonido. 

Y luego, sin saber muy cómo, él estaba arrodillado ante ella, y la risa murió en su garganta. 

-"Sakura". Le cogió sus manos con las suyas y las beso. 

–“¿Sabes cuánto tiempo hacía que no me reía tan a gusto?”. 

-"No, Su Señoría". 

-"Muchísimo tiempo" contestó, con su mirada fija ardiendo en la de ella.- "Más tiempo del que puedas imaginar”. 

-"Entonces me alegro de haberle hecho reír". 

-“¿Qué puedo yo hacer por ti, a cambio?”. 

-"¿Su Señoría"? 

-“¿Un nuevo vestido que haga juego con el color de tus ojos? ¿Un collar de oro?”. 

-"No quiero nada, Su Señoría. Usted ya me ha dado demasiadas cosas. Y Yo... " Ella apartó la mirada.-"No le he dado nada a cambio". 

La culpabilidad, más afilada que las espinas de las rosas que ella tanto amaba, aguijoneó su conciencia. Ella le había dado mucho más de lo que suponía. Más de lo que él tenía derecho a tomar. 

-"Pide algo, dulce Sakura. Sólo tienes que nombrarlo y es tuyo”. 

-“¿Cualquier cosa que quiera? ¿De verdad?”. 

-"De verdad". 

-"Desearía enormemente, tener un espejo en mi cuarto". 

Él se recostó en sus talones, sus ojos azules vueltos repentinamente misteriosos y fríos.-“¿Un Espejo"? 

Ella asintió, con expresión ansiosa.-"Usted me ha dado tantas cosas bellas. Quiero ver cómo luzco”. 

-"Muy bien" dijo, con fría voz.-"Tendrás uno". 

-“¿Dije algo incorrecto?”. Le preguntó, con los ojos llenos de confusión. 

Él negó con la cabeza, después se levantó. –“Vete a dormir, mi dulce". 

Ella se puso de pie. Como siempre, su tamaño la asombraba. Él se movía con tal sigilo, hablaba con tal quietud, que a menudo se olvidaba de lo grande que era. Se cernía sobre ella, alto y ancho de hombros.-“¿Me dirá que es lo que he dicho o hecho para causarle tanto disgusto?”. 

Se volvió de espaldas, mirando fijamente hacia el fuego.-“Vete a la cama”. Su voz era rasposa, fría como el hielo. 

-"Muy bien, Su Señoría". 

Escuchó el sonido de sus pasos, amortiguados por la gruesa alfombra, mientras cruzaba el cuarto. 

-"Buenas noches, Su Señoría". 

Podía notar como lo miraba fijamente, esperando una respuesta, luego la oyó suspirar, abrir la puerta y salir del cuarto. 

Naruto se quedó con la mirando fijamente las llamas. Podía sentarse en este cuarto y fingir que era un hombre como cualquier otro. Podía fingir que ella era suya, que estaba allí porque lo deseaba. Podía rodearse de riquezas, pero no podía esconderse de la verdad más de lo que podía caminar bajo la luz del sol, o ver su reflejo en un espejo. Estas simples cosas, le estaban negadas para siempre. 

El espejo que Jiraiya depositó en el cuarto de Sakura la tarde siguiente era la cosa más exquisita que había visto en toda su vida, un espejo de gran tamaño enmarcado en un marco dorado. Y en una esquina, grabadas en el cristal, estaban sus iniciales. 

-"Oh, es muy bonito" dijo pasando las manos sobre el marco, y sus iniciales grabadas. 

-"Lord Naruto estará contento de que le guste". 

-“¡Oh, desde luego que me gusta! ¿Está en casa? Debo darle las gracias". 

-"No es posible verlo, señorita". 

-"Nunca está aquí durante el día" dijo Sakura, haciendo pucheros. –“¿A dónde va? 

-"No sabría decírselo a ciencia cierta". 

-“¿Usted no lo sabe? 

-"No, señorita". La vacilación en su voz le hizo sospechar que mentía. 

-“¿Bajará a comer, señorita?”. 

-"Creo que no". Volvió la espalda al espejo.-"Creo que tomaré una siesta”. 

-"Muy bien, señorita". Con una breve reverencia, Jiraiya salió del cuarto. 

Sakura fue hasta la ventana y se quedó mirando al jardín. Llevaba aquí unos cuantos meses y hasta ahora no se había dado cuenta de que nunca había visto a Naruto durante el día. ¿Por qué le había mentido Jiraiya? ¿Estaba Naruto aquí? ¿Arriba, quizás? 

Curiosa, abrió la puerta de su cuarto y caminó a hurtadillas. No había señales de Jiraiya. Andando de puntillas se dirigió hacia abajo hasta el pasillo de la torre del este. 

El sonido de pasos resonaba fuertemente mientras subía por la estrecha y serpenteante escalera. Noventa y nueve escalones. Estaba jadeando cuando llegó al último. 

Haciendo una pausa para recobrar el aliento, miró hacia el largo corredor. No había ninguna luz filtrándose por los postigos de las ventanas de las gruesas paredes de piedra. 

De puntillas, fue caminando por el oscuro corredor. Se detuvo en la primera puerta, con mano temblorosa trató de alzar el picaporte. La puerta se abrió sin un solo sonido. 

Mirando con atención hacia adentro, vio que el cuarto estaba lleno de muebles, los sofás tapizados con brocados de descoloridos bordados. Había mesas de todos los tamaños y formas, sillas de roble oscuro y caoba, taburetes delicados y cómodas cubiertas con mármol. Todo estaba cubierto de una capa de polvo, como si no se hubiera utilizado durante décadas. 

Cerrando la puerta, cruzó el pasillo hacia el cuarto de enfrente. También, estaba abarrotado con todo tipo de mobiliario. 

El siguiente cuarto estaba llenó de obras de arte: estatuas, pinturas, candelabros de bronce, jarros de cristal y porcelana, figurillas de porcelana china, una escultura enorme de un cuervo tallada en madera pintada de negro. También todas cubiertas de polvo y telarañas. 

Más adelante estaba el propio cuarto de la torre. Aun sin saberlo, estaba segura de que era la habitación de Naruto. Caminando con precaución, se acercó a la puerta. Presionó su oreja contra la suave madera, y al no oír ningún sonido, puso la mano en el picaporte. 

Con su corazón martilleando fuertemente, abrió la puerta y dio un paso al interior. No había ni una sola luz en todo el cuarto. Pesadas cortinas de terciopelo negro cubrían las ventanas. Cruzando la habitación, fue hacia las cortinas, y las apartó, después se giró y miró a su alrededor. El cuarto estaba vacío. 

Desconcertada, dejó de nuevo las cortinas en su lugar. ¿Por qué Naruto le había prohibido que viniera aquí? ¿Qué razón podía tener, para no permitirle que viera todos estos cuartos llenos de viejos muebles, o este otro vació de la torre? 

De repente tuvo la fría sensación de que no estaba sola. Un pánico irracional surgió dentro de ella, y salió precipitadamente del cuarto. 

Pasó corriendo por el pasillo, bajó las escaleras con silenciosos sollozos en su garganta mientras imágenes de oscuridad y muerte formaban remolinos en su mente. 

Fue corriendo ciegamente por el castillo hasta que llegó a su habitación. Cerró la puerta y abrió las grandes ventanas. Se echó en la cama sujetando una almohada fuertemente contra su pecho y clavó los ojos en la luz del sol que se filtraba por la ventana, esperando que eso ahuyentara la oscuridad que parecía envolverla como humo negro, empapando su misma alma. Y en el centro de esa oscuridad, sintió una soledad tan profunda, que rompió su corazón. 

Naruto estaba sentado en la mesa frente a Sakura, formando ociosos remolinos con el líquido de su copa, observando como el cristal atrapaba la luz de las velas 

-"La semana que viene iremos a la ópera. Quiero que salgas y compres algo adecuado que ponerte". 

-"No necesito más trajes de noche, Su Señoría". 

-"Hazlo para complacerme. Algo verde, que haga juego con tus ojos". 

-"Muy bien, Su Señoría, como usted desee”. 

-“¿Qué has estado haciendo hoy?”. 

Sakura tragó saliva, apartando su mirada de la de él. –“¿Hoy, Su Señoría"? 

-"Sí, hoy". 

-"Yo... Jiraiya me trajo una nueva pieza musical". 

-“¿La tocarás para mí"? 

-"Si usted lo desea, aunque todavía no la he ensayado”. 

-"Eres una criatura muy obediente, dulce Sakura". 

-“¿Su Señoría?” Le miró de reojo, no sabiendo si la estaba alabando o quejándose. 

Naruto la miro por sobre el cerco de su vaso. Nunca había conocido una mujer que fuese tan complaciente, que no le pidiera nada, y que pareciese sentir genuino placer con su compañía. Complacía su vanidad masculina el pensar que se interesaba por él, aunque solo fuera un poco. Las demás le habían ofrecido sus favores, pero siempre había sido consciente del miedo en el fondo de sus ojos, del interés por lo que su riqueza podría ofrecerles. Les había dado todo lo que le habían pedido, las había cubierto de regalos – joyas, pieles, costosos vestidos – pareciéndole que era un precio pequeño a pagar por lo que él tomaba. 

Ladeó su cabeza, mirándola con los parpados entornados. Al despertarse esta tarde, había notado su presencia en la torre, había olido la persistente fragancia de su perfume, de su mismo ser. Nunca había conocido a una mujer que se hubiera atrevido a desafiarlo. Por ese acto de valor, le compraría un collar de jades para que hiciera juego con su nuevo traje de noche. 

-“¿Qué otras cosas has hecho hoy?” preguntó suavemente. 

El miedo ascendió por su garganta. Él lo sabe, pensó frenéticamente. Él sabe lo que he hecho, y ahora me castigará. 

-"Ya hace algún tiempo que vives aquí" comentó en ese mismo tono de voz engañosamente suave. 

-"Sí". 

-"Seguro que ya has debido explorar el castillo". 

-"Usted dijo que podía pasear por todo el castillo, Su Señoría" contestó, con un temblor en su voz. 

-"Así es. Excepto por la torre del este”. 

Sakura inclinó la cabeza, incapaz de emitir una sola palabra, mientras el miedo se enroscaba en su interior. 

-“¿Recuerdas mi advertencia?”. 

Asintió, cruzando fuertemente los brazos sobre su regazo, para que no notara como temblaba. 

-"De nuevo veo que haces caso omiso de mis deseos". 

-"Sí, Su Señoría". 

Él sonrió sobre el cristal de su copa mientras vaciaba su contenido de un trago. Levantándose, le ofreció su mano. -"Ven" dijo.-"Deseo que toques para mí". 

-"Gracias, Su Señoría". 

Sus cejas alzadas en un gesto que ella había llegado a reconocer como de suave diversión. –“¿Por qué, dulce Sakura?”. 

-"Por no estar furioso conmigo. Para ser tan amable". 

-“¿Amable?”. Se rio suavemente, un sonido lleno, enriquecedor que la llenaba de un sensual placer. -"Esa es una cualidad que nadie en toda mi vida me había adjudicado". 

-“¿De veras, Su Señoría"? 

-"De verdad, mi dulce". 

-"Entonces se lo diré a menudo, si eso le complace”. 

-"Tú me complaces" contestó. 

Agachó su cabeza y cubrió su boca con la suya, besándola con una intensidad que le privo de toda la fuerza en sus extremidades al mismo tiempo que pareció sacarle todo el aire de sus pulmones. 

Cuando apartó sus labios, se lo quedó mirándolo fijamente, sintiéndose extrañamente mareada. 

Naruto le sonrió, la oscuridad ardiendo en sus ojos. 

-"Nunca dudes de lo mucho que me complaces". 

Bastante tiempo después de que Naruto la hubiera dejado, todavía podía sentir el calor de sus labios, la dureza de su cuerpo contra el suyo. Aunque nunca había conocido a un hombre, no era completamente ignorante de la forma en la que los hombres y las mujeres se apareaban, pero jamás soñó con que eso comportara tal placer. Las mujeres en el pueblo murmuraban sobre los bajos instintos de los hombres, del tener que soportar el trato sexual entre casados. Pero nunca habían mencionado el placer que ello comportaba, la conmoción que provocaba en su interior. 

Más tarde, la había escuchado mientras tocaba el piano, descartando sus errores con un gesto de su mano. Era una partitura fácil; Normalmente, la habría tocado sin titubear. Pero no podía olvidar su beso, sus manos no podían dejar de temblar al recordar cómo se había sentido entre sus brazos. Incluso ahora, todavía le parecía tener la huella de su duro cuerpo impresa en el suyo. 

Moverse le parecía un gran esfuerzo, pero al mismo tiempo se sentía flotar mientras subía por las escaleras. 

En su cuarto, se quitó sus zapatos y las medias, dejó el vestido sobre una silla, y se metió silenciosamente en la cama. 

Soñó con él esa noche, soñó que estaba allí, en su cuarto, sentado a su lado en la cama, su capa oscura flotando a su alrededor como un sudario mientras doblaba su cabeza hacia ella. En la luz incierta de su cuarto, sus ojos parecían resplandecer como carbones ardiendo a fuego lento. Notó como sus manos se posaban sobre sus hombros, sintió sus labios en su garganta, sintieron la familiar sensación de debilidad cuando sus dientes rasparon la blanda piel de su cuello. Un sensual placer se unió al dolor. Gimió suavemente mientras sus manos sujetaban sus brazos. Y luego oyó su voz, susurrando en su oído. 

-"Sólo es un sueño, dulce Sakura" dijo, su voz hipnotizándola con su poder.

-"Sólo un sueño... " 

Sus párpados se cerraron, pero no antes de que le viera levantarse de la cama como una niebla oscura. Se encogió de miedo y él se fue como si nunca hubiera estado allí. 

Pero, claro, solo era un sueño.








Capitulo 6:

CAPÍTULO 6


Su toque me ha dejado indefenso
Su confianza diluye las cadenas del pasado.
¿Me atreveré a creer en el amor que ella me ofrece?
¿Al final, he encontrado un fin a esta oscuridad?


Los ojos de Sakura se ensancharon cuando entró en el teatro de la ópera. Excepto por las ocasiones en las que Jiraiya la había llevado de compras al pueblo vecino, era la primera vez que salía del valle en donde había nacido, la primera vez que iba a la ciudad. No podría dejar de mirar a las bellísimas mujeres, con sus ostentosos trajes de noche de seda y raso. 

Levantó su barbilla desafiante, tratando de fingir que era una de ellas, que pertenecía a ese mundo. Su traje de noche era igual de costoso e iba tan a la moda como ellas. Los esmeraldas en su garganta eran adecuados para una reina. Pero, aunque lo intentaba, no podía evitar el sentirse como una criada vestida con las ropas de su señora. 

Una vez que su temor inicial pasó, se dio cuenta de que muchas personas miraban a Naruto. Oyó retazos de conversación mientras Naruto la escoltaba subiendo por las escaleras hacia su palco privado. 

-"Es Naruto... " 

-"No lo había visto por aquí durante años... " 

-"... Una nueva amante... " 

-"... Tan joven... " 

-"Es preciosa... " 

-"... no es obstáculo... Él nunca se altera... " 

Estaba segura de que sus mejillas estaban rojas de vergüenza cuando llegaron al palco. Sentándose, escondió su rostro detrás de su abanico. 

-"No les hagas caso, dulce Sakura" dijo Naruto sentándose a su lado con un gesto de aburrimiento en su cara. 

-"Hablan de nosotros". 

-"Déjalos. ¿Te dije lo bonita que estas con este traje?”. Y ciertamente, lo estaba. El terciopelo verde oscuro contrastaba con la suavidad cremosa de su piel y hacia parecer aún más oscuros sus ojos. 

Sakura inclinó la cabeza, deseando poder desaparecer. Nunca antes había sido objeto de tantas murmuraciones y especulaciones. No tenía que oír las palabras, para saber que la gente estaba pensando que era la amante de Naruto. 

Miró hacia el palco que había enfrente, y se echó rápidamente hacia atrás cuando reconoció al hombre alto y moreno. Él había estado en Ichiraku’s la noche en que su padre la subastó al mejor postor. 

Él también la había visto, con una sonrisa inclinó la cabeza en su dirección y luego le sopló un beso. 

Oyó a Naruto mascullar algo por lo bajo y luego, para su alivio, se abrió la cortina del escenario y la función comenzó. 

Sakura nunca había visto o ni había oído nada igual, los trajes, los actores, la música, el baile. Si bien no podía entender el lenguaje, no tuvo ningún problema en seguir la historia que hablaba de un joven rico enamorado de una campesina. 

En el descanso, Lord Uchiha apareció por su palco. Esbozó un saludo en dirección a Naruto y luego se inclinó y besó respetuosamente la mano de Sakura. 

-"Buenas noches, querida" dijo, y ella noto el asomo de una sonrisa en su voz. -"Se la ve a usted muy bien esta noche". 

-"Gracias". 

Uchiha se sentó en una de las sillas, con sus largas piernas estiradas negligentemente ante él. 

-"No puedo recordar la última vez que vi a Naruto en la ópera" comentó. -"Usted debe ser una buena influencia para él". 

-"Yo.. ." Ella negó con la cabeza. -"Fue idea de Lord Naruto, no mía". Una sonrisa iluminó su cara.-“¿Pero no ha sido maravilloso?”. 

-“¿Entonces esta usted disfrutándola?”. 

-" Oh, sí, es una obra teatral maravillosa. Nunca he visto nada igual". 

Naruto se recostó en su silla, con los brazos cruzados sobre su pecho mientras Uchiha hablaba con Sakura. Su desinterés se volvió rápidamente en enojo, al ver como Uchiha coqueteaba con Sakura, elogiando su peinado, comparando el verde de sus ojos con el del collar de esmeraldas que llevaba. Observó como Sakura se ruborizaba, mientras le daba las gracias educadamente. Sus manos se cerraron con fuerza en puños apretados, la cólera convirtiéndose rápidamente en furia al oírla reír suavemente sobre algo que Uchiha le había dicho. 

-"Suficiente". La palabra, dicha con voz suave, terminó con los floridos cumplidos de Uchiha como si de un cuchillo se tratara. 

Con perezosa gracia, Uchiha se puso de pie, murmurando una despedida mientras se inclinaba para besar la mano de Sakura, luego se dirigió a Naruto. –“¿Le veré después en Ichiraku’s, Su Señoría"? 

-"No". 

Uchiha miró a Naruto con una sonrisa burlona.-“Ciertamente esa fue una tonta pregunta" dijo.-"Buenas noches, Su Señoría". 

-"Uchiha". 

Sakura se abanicó, no atreviéndose a mirar a Naruto. No le había pasado desapercibido el indicio de cólera en su voz, aunque no entendía la razón del mismo. 

Cuando la obra se reanudó, se sintió agradecida. 

Naruto había visto la ópera muchas veces, y era el rostro de Sakura lo que observó durante los últimos momentos de la función. Tal como había sospechado, ella lloró cuando la protagonista se suicidó en vez de continuar viviendo sin el héroe, sin embargo el por qué una mujer podía llegar a amar a un hombre tan débil de carácter como el héroe, era algo que estaba más allá de su comprensión. 

Cuando bajó el telón, le ofreció su pañuelo. -"Sécate los ojos, dulce Sakura. Después de todo, solo es ficción”. 

-"Pero es tan triste. ¡Se amaban tanto!". 

-“¡Pamplinas! Si él la hubiese amado, habría desobedecido a su padre y se hubiera casado con ella en lugar de con otra mujer a la que no amaba". 

-"Sí" dijo Sakura.-"Supongo que debería haberlo hecho". 

Levantándose, Naruto puso su capa sobre sus hombros. 

–“¿Lista?”. 

Asintiendo, Sakura se puso de pie y le tendió la mano. Con la cabeza bien alta abandonó el palco y salió al exterior. 

Era una noche iluminada por la luna llena. Una luna amarilla brillaba sobre el cielo infinito. Caminaba al lado de Naruto, consciente de la gente a su alrededor, consciente de sus miradas de curiosidad, de sus palabras murmuradas conjeturando sobre su relación con el oscuro Lord del castillo. 

Se sintió aliviada al llegar Jiraiya con el carruaje. 

Cuando Naruto la ayudó a subir al interior, notó su mano en su brazo. Su toque era firme y fresco. Esparció sus faldas alrededor mientras él entraba por la otra puerta y se sentaba a su lado. Había algo muy íntimo en estar a solas con un hombre en un carruaje cerrado. El duro muslo de Naruto rozó el suyo, mientras cambiaba de posición en el asiento. El perfume de su colonia invadió el aire. 

Dio un golpe en el techo, y el carruaje arrancó. Permanecieron en silencio durante varios minutos. Sakura miraba por la ventana, admirando el campo iluminado por la luna. 

-"Uchiha te encuentra muy atractiva, mi dulce". 

Sakura giró su cabeza para mirarle, asombrada por su comentario. 

-“¿Su Señoría? 

-"No te hagas la tímida conmigo muchacha, vi. la forma en que te miraba. Y la forma que tú lo mirabas". 

-"No sé lo que quiere decir". 

-“¿No lo sabes?”. 

Sakura le devolvió su mirada, sorprendida por la cólera en el fondo de sus ojos, por el borde afilado de los celos en su voz. 

-"Si tienes algún plan para verte con él a escondidas, olvídalo”. 

-“¡Su Señoría, usted me juzga mal!” Sakura exclamó, horrorizada de que él pensara tal cosa. 

-"No tengo ningún interés en ese hombre". 

-“¿No?” 

-"No". 

-"Discúlpame, dulce Sakura" se quejó, asombrado por su reacción al pensar en ella con otro hombre. Antes nunca había sido posesivo con las mujeres que traía a casa, pero antes ninguna había sido tan preciosa o tan inocente como Sakura Haruno. 

-"Por favor no este enfadado conmigo, Su Señoría". 

Naruto soltó de golpe el aliento y cogió sus manos besándolas una a una. “Nunca puedo estar furioso contigo. Ni con Uchiha supongo. No puedo culpar al hombre por sentirse atraído hacia ti". 

Él besó de nuevo el dorso de su mano derecha; Y luego, muy lentamente, le sacó el guante, inclinó su cabeza y lamió su palma. Sakura se quedó sin aliento mientras un calor abrasador ascendía por su brazo. 

Con el corazón latiendo alocadamente, le miró a los ojos, sintiendo que el fuego que ardía en ellos la engullía.-"Su Señoría..." 

Lenta e inexorablemente, la atrajo hacia sus brazos hasta que su cara acaparó todo su campo de visión. Inclinando su boca sobre la de ella, la besó, sus dientes raspando sus labios, su lengua explorando la suave carne interior hasta que ella quedó jadeante, casi mareada por el tumulto de emociones que formaban remolinos en su interior. Su piel estaba tensa, notando cada uno de sus terminaciones nerviosas. 

Apenas consciente de lo que estaba haciendo, con un suave gemido se apoyó en él, apretando sus pechos contra su torso masculino. 

-"Sakura, ah, Sakura". Él gimió suavemente. –“¿Sabes lo que me estás haciendo?” Sus manos deslizaron de arriba abajo por su espalda, erráticas como los latidos de su corazón. 

La abrazó más fuerte, más próxima, su boca derramando besos en sus ojos, en su nariz, en la curva de su mejilla. Su lengua lamió su cuello, sus dientes mordisquearon su lóbulo, después rasparon la carne blanda bajo su oreja. 

Un gemido retumbó profundo en su garganta y luego, abruptamente, la apartó a la fuerza. 

Deslumbrada, ella le esquivó y se acercó a él, queriendo que la besara otra vez, para continuar con la extraña magia que su toque aportaba a sus sentidos. 

-"No hagas eso". El tono de su voz la golpeó como una bofetada. 

Con un gemido amortiguado, se apartó hacia la esquina del asiento su corazón golpeando salvajemente, no con deseo, sino con temor. ¿Qué había hecho? ¿Por qué la estaba mirando así, sus ojos antes ardiendo ahora de repente fríos como el acero? 

El resto del viaje pasó en silencio. Sakura con la cabeza gacha, abatida, sus manos apretadas en su regazo. 

Cuando llegaron a casa, Naruto prácticamente salió volando del carruaje. Ella le siguió con la mirada, deseando pedirle que volviera, pero él fue tragado rápidamente por la oscuridad, tan completamente que parecía como si hubiera desaparecido en ella. 

Jiraiya la ayudó a bajar del carruaje, luego la precedió hacia el castillo, iluminando las lámparas de los cuartos de abajo. 

-“¿Le apetecería tomar una taza de té, señorita?”. Preguntó.-"¿O quizás un poco de chocolate?”. 

-"Chocolate, por favor. Tráigamelo al saloncito”. 

-"Como usted desee, señorita". 

Quitándose la capa y los guantes, Sakura entró en el saloncito y se sentó en el sofá, tratando de comprender lo que había sucedido en el carruaje. Era una novata en cuanto al deseo, pero no estaba equivocada al pensar que Naruto la deseaba. El cielo sabía que ella también le había deseado, y que le habría entregado su virtud allí, dentro el carruaje, si él se lo hubiera pedido. Había hecho algo que le había disgustado, pero ¿el qué? 

-“¿Desea que encienda el fuego, señorita?” le preguntó Jiraiya mientras le entregaba una taza de chocolate caliente. 

-"Sí, por favor. Hace mucho frío aquí dentro". 

Jiraiya asintió, y fue a ocuparse del fuego. 

-“¿Ha regresado ya Lord Naruto?”. Preguntó. 

-"No, señorita. Yo si fuera usted no le esperaría”. 

-“¿Sabe usted a dónde ha ido? 

Jiraiya vaciló.-"No, señorita. ¿Desea alguna otra cosa, señorita?”. 

-"No, Jiraiya. Muchas gracias”. 

-"Buenas noches, entonces". 

-"Buenas noches". 

Mirando fijamente las llamas, Sakura bebió el chocolate, sintiéndose más relajada. Tenía gracia la vida, filosofó. Le había dado miedo venir a este lugar, temerosa de alejarse de su casa, asustada de Naruto, pero todos sus miedos habían resultado ser infundados. No había nada de lo que temer en el castillo. Estaba bien alimentada y llevaba puestas bellas ropas. Había aprendido a leer y a escribir, a apreciar la poesía, a tocar el piano, a pintar. Incluso el temor que le causaba Naruto había sido injustificado. A excepción de estas últimas semanas, apenas lo había visto. Algunas veces, parecía como si fuera él quien la temiera. 

Apartando la taza, ocultó los pies bajo su falda. ¿Por qué la había traído Naruto aquí? ¿Si no la deseaba como amante o criada, para qué la quería? Hasta ahora, no había hecho nada que justificase el dinero que había pagado para ella. 

Naruto. ¿Por qué no estaba casado? Era rico. Era guapo. El recordar lo atractivo que era la hizo cobrar vida, calentó su sangre e hizo temblar su estómago con anhelo. Seguramente no podría ser tan malo acostarse con él a pesar de lo que su madre le había advertido sobre estas cosas.... 

El calor que impregnaba sus mejillas por sus caprichosos pensamientos, no tenía nada que ver con el calor producido por las llamas del fuego. Con un suspiro, cerró sus ojos, viéndolo en su imaginación, la frente alta, la nariz perfecta, sus bellos ojos azules que la hacían arder con una sola una mirada, sus labios llenos... 

Sintió su cuerpo arder en los lugares que él la había tocado. Si no la hubiera apartado a la fuerza... 

Naruto estaba de pie al lado del sofá, observándola mientras dormía. Su pelo se había soltado de los alfileres y yacía esparcido por el brazo del sofá como un río de seda de rosa. Suspiraba en sueños, sus labios rosados dulcemente curvados en una sonrisa que era dulce y seductora. ¿Qué, o con quién, estaba soñando? 

Incapaz de evitarlo, se arrodilló a su lado, mirando fijamente los latidos lentos y constantes del pulso en la base de su garganta. Cerró sus ojos y tomó un profundo aliento, aspirando su perfume. Olía a jabón y a perfume, al rosbif y pudín chocolate que había tomado para cenar. Puso la punta de su dedo encima del pulso que latía en su garganta, sintió la sangre corriendo a través de sus venas, notó como se le hacía la boca agua al recordar el sabor caliente y dulce de su sangre. 

Incluso antes de abrir los ojos, supo que ella estaba despierta y le estaba mirando. Percibió el cambio en su respiración, el acelerar de sus latidos. 

-"Su Señoría" dijo. "Lo siento si le ofendí en algo”. 

-“¿Me ofendiste?”. 

-"En el carruaje". 

-"No hiciste nada que pudiera ofenderme, dulce Sakura". 

-" Entonces por qué... " 

-"No quiero lastimarte, Sakura". 

-"Usted no me estaba lastimando”. El rubor ascendió por su cuello y sus mejillas. -"Realmente fue al revés, Su Señoría". 

-"Ah, muchacha" se quejó Naruto, acariciando su mejilla. -"Si tú supieras". 

-“¿Saber qué?”. 

-"Nada. No te asustaré con mi pasado, ni te aburriré con mi presente”. 

-"No entiendo". 

-"No hay ninguna necesidad de que me entiendas. Todo lo que necesitas saber es que me gustas mucho”. 

-“¿Entonces, me besará de nuevo?” Vio la negativa en sus ojos y presionó las puntas de sus dedos sobre sus labios. -"Sólo un beso, Su Señoría". 

Cogiendo la mano de su boca, besó su palma. Cuando la miró de nuevo había un destello de diversión en sus ojos azules. –“¿Te complacería mucho?”. 

-"Oh, sí". 

-"Un beso, y después te irás a la cama”. 

Ella asintió, bajando sus párpados cuando sus labios encontraron los suyos. Había tanta dulzura en su beso, tanto anhelo. Renuente a soltarlo, le rodeo el cuello fuertemente con sus brazos y profundizó el beso, esperando que notara cuánto le deseaba. 

La cogió entre sus brazos, la levantó del sofá y la depositó en su regazo, su boca arrasando la de ella en la forma más dulce posible. 

Ella se ahogaba de placer, derritiéndose en el deseo, y entonces, en su mente apreció un destello de oscuridad, pero no era la oscuridad tal y como la conocía, sino una ausencia total de nada, y en medio de la oscuridad un sentimiento de dolor y angustia tan vívido que lo sintió como si fuera suyo. 

Se retorció en su abrazo, sintiendo que sus brazos la sujetaban herméticamente. Trató de abrir sus ojos, pero la oscuridad aumentada, y se vio a sí misma absorbida en esa horrible negrura. . 

-“¿Sakura?” 

-"No. No, no... Por favor”. 

-"Sakura, abre los sus ojos. No hay nada que temer”. 

Ella le miró parpadeando, sintiéndose como si acabara de salir de una pesadilla. 

-“¿Qué ha sucedido?”. 

-"Nada". 

-"Pero... " 

-"Fue sólo un sueño, mi dulce, nada más". 

-“¡Pero estaba despierta!”. 

-" No. Te quedaste dormida en mis brazos". La miró con una tensa sonrisa, en sus azules y convincentes ojos. -"Te llevaré a la cama" dijo, y se levantó con ella en sus brazos como si no pesara absolutamente nada. 

-"Puedo caminar, Su Señoría". 

-"No hay ninguna necesidad". 

Sin esfuerzo alguno, la llevó escaleras arriba hasta su cuarto. 

-"Descansa, mi dulce Sakura". 

-"Buenas noches, Su Señoría". 

Él asintió, luego abandonó el cuarto, su capa negra formando remolinos alrededor de sus tobillos como si fuera humo.






Capitulo 7:

CAPÍTULO 7


Hundido en las profundidades de una negra y amarga desesperación, Naruto estaba de pie ante la chimenea, mirando fijamente las llamas. Ya no la podía retener por más tiempo, no sin poner en peligro su vida. Ya era suficiente con que tomara la misma esencia de su vida. No tomaría su alma, también. 

¿Pero, como podía dejarla marchar? A menudo había invadido sus sueños, perdiéndose en su dulzura, en su pureza. Gracias a sus sueños, podía caminar de nuevo a la luz del sol, sentir su calor en su rostro. Podía ver el mundo iluminado por la luz, en lugar de la oscuridad. Caminando a su lado, podía fingir que era humano de nuevo, un hombre. 

Ahora estaba soñando y en sus sueños le llevaba por la orilla de un río azul brillante, deteniéndose para recoger un ramillete de brillantes amapolas, pasando cuidadosamente a través del agua brillante por el sol, y él caminaba a su lado, sintiendo la luz en su rostro como una bendición. 

Apartó su mente de la de ella. Era peligroso dejar que sus pensamientos se mezclaran con los de ella. Se le hacía cada vez más difícil controlarse, mantener sujeta su hambre, separar su diabólica sed de su deseo. No podía, no lo haría, no la profanaría 

Con un suspiro, se volvió de espaldas al fuego. 

Esta noche sería la última vez. 

Estaba allí, al lado de su cama, la misma forma oscura que había venido a ella tantas veces antes. La capa de terciopelo negro delineada en seda azul ondulaba a su alrededor, como las alas de un cuervo. No podía ver su cara, pero reconoció su toque. 

Notó como sus labios se movían por su frente, sus mejillas, su sien, rozándola con el calor de su lengua, dejando un camino de fuego mientras se deslizaba hasta su cuello. Apartó su cabeza hacia un lado, sus manos asieron sus brazos, sus párpados se cerraron extáticos al raspar sus dientes su carne blanda. 

Oyó su gruñido bajo, como el de un lobo, sintió el doloroso mordisco de sus dientes, seguido por el toque de su lengua acariciando su cuello. Y luego llegaron las palabras, palabras raramente familiares, la voz agradable e hipnótica que la atraía profundamente hacia la oscuridad del sueño, del olvido.... 

Sakura se despertó con un grito, sentándose de golpe en la cama. Pasando su mirada alrededor del cuarto. 

Era el amanecer, y estaba sola. 

Pero el sueño le había parecido real. Subió una mano temblorosa hasta su cuello, aterrada de lo que encontrara. Su aliento salió de sus pulmones con un suspiro de alivio cuando sus dedos solo encontraron suave piel. 

Débil por el alivio, cayó hacia atrás sobre las almohadas. No había marcas de dientes en su cuello. 

Después de todo, sólo había sido un sueño. 

Despertó al oír el sonido de un golpe en su puerta. Su primer pensamiento fue que era Naruto pero oyó a Jiraiya pedir permiso para entrar. 

-"Sí, entre" dijo. 

-"Buenos días, señorita," dijo Jiraiya con voz cuidadosamente modulada. 

-"Buenos días. ¿Ocurre algo malo?”. 

-¿Algo malo? No, señorita. He venido a informarle que Lord Naruto ha previsto que viaje a París”. 

-“¿París? ¿Pero, para qué?”. 

-"Debe estudiar allí. Parece que Lord Naruto cree que yo ya le he enseñado a usted todo lo que podía. Desea que aprenda algo más que a leer y a escribir. Desea que aprenda etiqueta y otras artes femeninas”. 

Sakura sólo podría clavar los ojos en él. Que ella supiera, ninguna mujer en su pueblo había recibido una educación tan formal, sólo unas cuantas afortunadas sabían leer y escribir sus nombres. 

Durante un momento, se permitió pensar en todas las posibilidades que eso le brindaría, pero luego negó con la cabeza.-“No quiero salir de aquí". 

-"Lo siento, señorita. Los planes ya están hechos”. 

-“¿Cuándo partiré?”. 

-"El domingo de la semana que viene, señorita. Lord Naruto me ha ordenado que la lleve al pueblo a comprar lo que usted crea que pueda necesitar. Ha sido abierta una cuenta a su nombre en el banco cerca de la escuela”. 

-"Es muy generoso" dijo, parpadeando para contener las lágrimas. 

-"A mí también siempre me lo ha parecido”. 

-"Gracias, Jiraiya". 

-"El desayuno estará listo cuando usted desee". 

Sakura negó con la cabeza.-"No tengo apetito esta mañana". 

-"Entiendo, señorita". 

Se iba al extranjero para aprender. Era algo con lo que nunca se había atrevido a soñar. Pero el pensamiento de abandonar este lugar, de dejar a Naruto, la llenó con una inexplicable tristeza. 

Los días pasaron rápidamente, y de pronto llegó su última noche en el castillo. Después de la tarde que pasaron en la ópera, había esperado que Naruto la fuera a buscar de nuevo, pero nunca lo hizo. 

Esa noche, cenando, le preguntó a Jiraiya si Naruto estaba en casa. 

-"Creo que sí, señorita". 

-“¿Me llevaría ante él? 

-"Me temo que eso es imposible". 

-“¿Por qué?”. 

-"Porque sí". 

-"Pero me voy por la mañana. Quiero decirle adiós y... Y darle las gracias por su bondad”. 

-"Lo sé, señorita. Lo siento mucho". 

Él realmente lo sentía. Lo podía ver en sus ojos, oírlo en su voz. 

Levantándose de la mesa, salió afuera. Echaría de menos este lugar, pensó mientras paseaba por el jardín. Había sido feliz aquí. Mucho más feliz de lo que jamás hubiera esperado. Se preguntó cómo estaría su madre, si sus hermanas pensaban alguna vez en ella. Sin duda habían perdido su ayuda en la casa y los campos, ¿Pero creían que la habían perdido para siempre? Ella no los había echado de menos tanto como había esperado. En realidad apenas había pensado en su familia en todos estos meses. Pensar en ellos viviendo pobremente mientras ella vivía holgadamente, le resultaba muy doloroso. En el mismo instante en el que se permitía pensar en su casa, sentía un abrumador cargo de conciencia, aunque no entendía por qué. No había abandonado voluntariamente a su familia. Después de haber sido vendida a Naruto su vida había dado un giro inesperado a mejor, y eso era más de lo que hubiera podido imaginar en toda su vida. Hacía mucho tiempo que había perdonado a su padre por venderla. Naruto había sido amable con ella, generoso, sin exigirle nada a cambio. 

Apenas consciente de lo que estaba haciendo, se dirigió hacia el laberinto. Ya no le asustaba. Pasando el chal alrededor de sus hombros, camino hasta el centro del mismo. 

Naruto levantó la vista sobresaltado al ver a Sakura contemplándolo. 

Le dirigió una sardónica sonrisa. -"Ningún mortal se me ha acercado en toda la vida tan inadvertidamente como tú lo has hecho" comentó. 

-“¿Ningún mortal"? preguntó, confundida por su extraña elección de palabras. 

-"Gracias por esto" dijo, ignorando su pregunta. Señalando las rosas y las plantas que crecían con profusión alrededor de las estatuas, de forma que el zorro y el cuervo parecían surgir de un mar de rojo colorido.-"Es muy hermoso". 

Sakura asintió. Había pasado toda la semana pasada arreglándolo, queriendo dejar algo de sí misma allí, algo que él recordara. Había plantado docenas de rosales de color rojo sangre intercalándolos con delicados helechos. El resultado era espectacular y en cierta forma masculino. Pensó que entonaba a la perfección con Naruto. 

-"Me voy mañana," dijo quedamente. 

-"Lo sé". Oh, sí, pensó, él claro que lo sabía. Incluso ahora el pensar en su partida le destrozaba por dentro. 

-“¿Por qué me está usted echando?”. 

-"Es lo mejor". 

-“¿Lo mejor para quién?”. 

-"Para ti. Para mí”. 

-"No quiero irme". 

Él se levantó, cerniéndose sobre ella, sus ojos azules resplandeciendo. Era alto y delgado, de anchos hombros, y brazos musculosos. Cediendo a un inexplicable deseo, trazó con la punta de sus dedos la fina línea blanca, sintiendo una sacudida en su corazón cuando su mano cubrió la suya. 

-"Sakura". 

-"Por favor, Naruto, por favor, no me eches”. 

"Ah, Sakura, si pudiera te conservaría conmigo para siempre". 

-"Y yo me quedaría. Sólo dime que me quede, y lo haré”. 

Él negó con la cabeza.-"No". 

Su mano se cerró sobre la de ella, mientras las lágrimas fluían por sus mejillas. A la luz de la luna, sus lágrimas centelleaban como diamantes perfectos, pero eran mucho más preciosas para él que las joyas. Denotaban afecto, un afecto voluntariamente entregado, y por el cual él siempre la amaría. Y porque la amaba, la dejaba partir. 

-"Algún día me lo agradecerás, dulce Sakura". 

-"Nunca" dijo, sollozando. 

Se apartó de él, sus ojos verdes llenos de lágrimas.

-"Nunca se lo perdonaré. Nunca!" 

Lloró, y luego se fue corriendo, llevándose con ella la luz de su vida, dejándolo en la vacía oscuridad de la noche, solo, tal y como siempre había estado. 

Pensó en abandonar el castillo, ahora no podía quedarse allí, no podía caminar por los cuartos por los que ella había caminado, respirar el aire que ella había respirado, y saber que nunca la volvería a verla. 

De todos modos, pronto tendría que irse. Había oído en Ichiraku’s sin querer a los hombres hablando de él, preguntándose por qué nunca le habían visto durante el día, por qué nunca se les había unido para cenar, por qué su apariencia nunca cambiaba, por qué no parecía envejecer. 

Pero, incluso sabiendo que debería irse supo que no lo haría. El castillo estaba lleno de su esencia y por muy doloroso que fuera recordar su presencia, eso era mejor que olvidarla. 

Se rió suavemente, cruelmente. Como si alguna vez en toda la vida pudiera olvidarla.








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Termina el capitulo. Esta historia es de: -princessakura-


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Deeper Than The Dark (+16) (01/02/14) (Cap 8)

Mensaje por Dyna el Dom Feb 02, 2014 3:13 pm

Hola,¿como estan? (espero que bien)... aqui voy a subir varios capitulos, donde la vida de Sakura y Naruto cambian considerablemente aunque al principio pasen por algunas dificultades.

espero que les guste y cuidense.... Smile





CAPÍTULO 8
 


Cuatro años más tarde
Konoha
 
Parpadeando para contener las lágrimas, Sakura se levantó de la tumba de su padre. Tan pronto como recibió la noticia de que su padre se estaba muriendo, había abandonado la escuela de monjas, pero había llegado tarde para darle el último adiós.
Permaneciendo de pié, recordó lo amable y alegre que siempre había sido cuando era una niña, antes de que los tiempos se volvieran duros y la risa despareciera para siempre de sus ojos. Una vez, había pensado que era duro e insensible. Y si bien había entendido sus razones, le había odiado por venderla a Naruto, pero hacía mucho tiempo que le había perdonado por eso. Deseó habérselo podido decir. Murmuró las palabras, esperando que las pudiera oír.
Recorrió con la mirada a sus hermanas, que estaban de pie en el lado contrario de la tumba. Desde la última vez que las había visto, habían cambiado de lindas niñas a preciosas jóvenes. Tenten, lo mayor, estaba comprometida para casarse en primavera. Naruto le había dado una abundante dote que le permitiría a ella y a su futuro marido comprar un pedazo de tierra y construir una casa propia.
Le había sorprendido ver lo bien que se veían todos. Sus ropas eran nuevas y a la moda. La casa de campo, antes no más que una pequeña casucha, estaba ahora en buen estado y ampliada. Se habían agregado dos grandes cuartos. Un pequeño establo se había construido detrás de la casa, que alojaba tres vacas de leche, una cabra, varias ovejas, y dos caballos.
Cuándo le había preguntado a su madre por los cambios en sus condiciones de vida, Tsunade le había explicado que Lord Naruto había remodelado la casa de campo y construido el granero. Cada año les pasaba una abundante pensión.
-"Ha sido tan amable de tu parte pensar en nuestras necesidades, Sakura," su madre dijo, -"Especialmente después de que tu padre te echara”.
-"Yo no he tenido nada que ver con esto”, contestó Sakura, aunque por supuesto en cierto modo sí lo tenía.
-“¿Entonces por qué habrá hecho él todo esto?” Preguntó su madre.-"No somos nada para él".
Lo había hecho por ella, pensó Sakura, y supo que nunca podría recompensarle por su bondad con su familia, por la educación que le había proporcionado.
El servicio del funeral fue breve. Cuando la última oración fue dicha, su madre dejó caer un puñado de tierra sobre el sencillo ataúd de madera, y luego cada hija, comenzando por la más joven, hizo lo mismo. Sakura pensó que ese era un sonido que jamás olvidaría.
Rodeando con el brazo los hombros de su madre, la apartó lejos de la tumba.
En la casa, Sakura hizo té para las dos y luego se sentó en la mesa frente a su madre.
Sakura sujeto con ambas manos su taza, esperando que el calor aliviara el frío que se había instalado en su interior desde que había abandonado el convento.
-“¿Cómo esta Lord Naruto?”. Preguntó al cabo de un momento.
-“¿Qué sé yo? Oí que abandonó el castillo poco después de enviarte a París”.
-“¿No está aquí?”.
El frío que había invadido su cuerpo traspasó su corazón. Él se había ido. Hacía cuatro años, que soñaba con verle de nuevo. Aunque habían pasado poco tiempo juntos, había estado en sus pensamientos todas las horas de sus días y todas las noches en sus sueños.
-"Un hombre extraño, ese" su madre filosofó.-"Sólo le vi una vez". Tsunade tembló. -"Unos ojos tan fríos. Nunca he visto unos ojos tan fríos".
-“¿Fríos?”. Sakura negó con la cabeza. A ella no le había parecido frío en absoluto. Solo. Aislado, sí. Pero no frío. Había visto calor en esos ojos. El calor del deseo. La llama de la pasión.
-“¿Dijo él a dónde iba? ¿Cuándo regresaría?”.
-"No que yo recuerde". Tsunade sorbió su té.-"El lo hizo... Perdóname, Sakura. Te dije que no preguntaría, pero debo saberlo. –“¿Te mancilló, hija?”.
-" No, madre. Fue muy amable conmigo".
-“¿Amable?”.
Sakura asintió.- "Tuve lo mejor de todo mientras estuve con él. Me envió a la mejor escuela de París, se aseguró de que cada año tuviera ropas nuevas. Era la única chica que tenía un cuarto para mí sola. Me enviaba una pensión cada mes para que tuviera mi propio dinero para gastar. En verdad, ha sido más que generoso conmigo. Y parece ser que también con usted".
-"Sí. Estoy contenta de que hayas regresado, hija. ¿Vas a quedarte en casa?”.
Sakura pensó en como lo que sería vivir de nuevo en el pueblo. Perdería París, perdería a sus compañeros de escuela. Pero ésta era la casa de Naruto. Seguramente un día él regresaría. Y ella estaría aquí cuando lo hiciera.
-"Sí" decidió -"He venido aquí para quedarme". Y supo que de todas formas habría tenido que quedarse. Su madre que nunca había sido fuerte; Ahora se veía endeble.
Tsunade sonrió. Colocando su taza sobre la mesa, se levantó.-"Estoy candada. Creo que iré un rato a acostarme".
-"Que descanse bien, madre".
-"Bienvenida a casa, hija". Dando a Sakura un cariñoso apretón en el hombro, salió del cuarto.
Luego entraron sus hermanas. Tenten, lo mayor, tenía ahora 17 años. Ino 15, Hinata casi 14, y Moegi acababa de cumplir los 12. Abatidas por el entierro, se sentaron a la mesa, recordando el pasado y a su padre, recordando los buenos tiempos e ignorando los malos.
-"Él nunca se perdonó a sí mismo por lo que te hizo" Tenten comentó.-"Si bien el dinero Lord Naruto puso comida en nuestra mesa". Hizo una pausa, sus dedos jugueteando con el borde de su vestido. –“¿Ha sido horrible, vivir con Lord Naruto"?
-"No". Sakura recorrió con la mirada la pequeña casa de campo. Pensó en lo diferente que parecía. Pero incluso ahora, aunque estaba limpia y el pozo funcionaba, todavía parecía una casucha en comparación con las opulentas estancias del castillo.
Pasó la tarde con su madre y sus hermanas, recordando el pasado y escuchando sus planes para el futuro.
Más tarde, cuándo todos los demás se fueron a la cama, Sakura ensilló uno de los caballos y fue hasta el castillo de Naruto.
El castillo estaba tal como lo recordaba, un oscuro y solitario centinela gravitando sobre el pueblo. La niebla constante, cubriendo como una túnica la montaña Hokague, dejando solo las altas torres visibles desde lejos.
Él no estaba allí. Ella lo sabía, pero necesitaba ver el castillo de nuevo, pasear entre los jardines, dar el último adiós....
Desmonto en la puerta lateral, ató al caballo en un árbol, abrió la portilla, y entró en el jardín. Habían muerto las bellas flores que había plantado, los helechos, los rosales. Los árboles, una vez florecientes, ahora eran secos esqueletos.
Con un peso en el corazón, vagó por los estrechos y serpenteantes senderos. Todo su arduo trabajo para nada.
Sólo los arbustos que formaban los senderos del laberinto permanecían verdes en contraste con las grises paredes de piedra.
Con un suspiro, regresó a la puerta lateral y tomó las riendas de su caballo. Era hora de irse. Todo lo que había planeado, todo por lo que una vez había tenido esperanzas, se había evaporado, era como una pesadilla.
Ella estaba aquí. Escondido entre las sombras de la noche, él la observaba andar por los caminos iluminados por la luna. Había cambiado durante los últimos cuatro años. Las jóvenes curvas habían madurado. Se movía con gracia femenina y confianza en sí misma, él la observaba con un sentimiento de orgullo, sabiendo que había sido, en parte, responsable de lo que ella se había convertido, aunque su belleza interior siempre había estado allí.
Sakura. Su nombre surgió en su mente, desterrando siglos de oscuridad. Sakura... ¿Por qué has regresado? ¿Vienes a atormentarme nuevamente? ¿A recordarme lo qué nunca pudo ser? Sakura... Mi bien amada... Cómo suspiro por ti... Sueño contigo... Sakura...
-“¿Su Señoría?” Ella se dio la vuelta, esperando verle de pié detrás de ella, su capa oscura formando remolinos alrededor de él como humo, pero allí no había nadie.
Confundida, miró con atención en las sombras. Había oído su voz tan claramente, que no la pudo haber imaginado.
Soltando las riendas del caballo, corrió a lo largo del estrecho camino de piedra que conducía al frente del castillo y llamó a la puerta.
Esperó. Escuchó. Luego llamó de nuevo.
Después de lo que pareció una eternidad, la puerta se abrió rechinando.
-"Buenas noches, señorita," dijo Jiraiya.
-“¡Jiraiya! ¿Qué hace usted aquí?”. Él estaba casi igual, pensó, aunque su pelo parecía más blanco que antes, más fino con el paso del tiempo.
Alzó las cejas. -"Por qué me lo pregunta, vivo aquí, señorita".
-"Pero creí que Lord Naruto se había ido".
Jiraiya inclinó su cabeza hacia un lado, y tuvo la extraña impresión de que estaba escuchando una voz que solo él podía oír.
-“¿Jiraiya? ¿Él se ha ido, no es verdad?”.
-"Sí, señorita. Se fue al poco tiempo de irse usted a París”.
-“¿Y usted no se fue con él?”.
-" No, señorita. Mi lugar está aquí".
-"¿Es que él...?”¿Cree que él va a regresar?”.
-"No lo sé, señorita. ¿Puedo preguntarle porque abandonó París?”.
-"Mi padre murió. Volví a casa por el entierro”.
-"Lo siento, señorita Sakura. Por favor acepte mis condolencias".
-"Gracias, Jiraiya". Con un suspiro, se volvió para irse, pero luego se detuvo.
-“¿Está usted seguro de que no está aquí?”.
-“¿Por qué me pregunta usted eso?”.
-"Por nada. Quiero decir, que creí oírle llamando mi nombre”.
Jiraiya la miró con evidente asombro en sus ojos. –“¿Usted oyó su voz?”.
Sakura asintió.-"Por lo menos creo que lo hice. Él... Él parecía tan triste. Supongo que he debido imaginarlo”.
-"Sí, señorita".
-"Pues bien, entonces, será mejor que me vaya. Si tiene noticias de Lord Naruto, por favor déle mis recuerdos y mi agradecimiento, por ser tan amable con mi familia”.
-"Lo haré, señorita. Y debo decirle que París le ha sentado maravillosamente, pues se ha convertido en una preciosa joven. Sé que Lord Naruto estaría encantado con ello".
-"Gracias, Jiraiya. Buenas noches".
-"Buenas noches, señorita".
Sakura corrió hacia su caballo con los hombros caídos. Era una solemne tontería claro está, pero había creído oír su voz. ¡Le había extrañado tanto durante estos cuatro años! Extrañado, y soñado con él.
Desde la puerta lateral, contempló las ventanas de la torre del este.-"Naruto," murmuró, -"Sé que estas aquí".
Escondido entre las sombras de una solitaria habitación en la torre, un hombre escuchaba su súplica, y oía derramar sus lágrimas.
Regresó la siguiente noche y otras, caminando por el huerto durante horas, esperando que él viniera a su encuentro, esperando que sintiera su presencia y supiera que estaba allí.
Pero él no fue a buscarla.
Algunas veces, como ahora, se sentaba en uno de los bancos de piedra, contemplando ensimismada la torre este, preguntarse dónde estaba, lo que estaría haciendo, preguntándose por el deseo abrumador que por la noche la atraía a este lugar, con la certeza de que él estaba cerca. Era extraño, que tuviera pocas ganas de venir aquí durante el día. ¿Eso era porque nunca había visto Naruto cuando el sol estaba en lo alto? Qué misterio se escondía en él, oscuro y misterioso como la noche misma.
Levantándose, se dirigió hacia el laberinto, los latidos de su corazón se aceleraban a medida que se acercaba.
-“No hay nada que temer allí dentro”. Se dijo en voz alta esperando reforzar su flojo coraje. “No hay nada en la oscuridad diferente a lo que hay en la luz del día”. Incluso, en el mismo momento en que las palabras salían de sus labios se preguntaba si eso era cierto.
Enderezando los hombros, tomó un profundo aliento y avanzó lentamente hacia el laberinto. El verdor se levantaba a su alrededor, envolviéndola, abrazándola. Sintiendo como si una mano invisible guiase sus pasos, camino hacia delante con seguridad, apresurando sus pasos, hasta que alcanzó el corazón del laberinto.
Se paró repentinamente, y dio una mirada a su alrededor. Había esperado ver rosas dentro del laberinto, pero estaban muertas, solo había arbustos verdes. Permaneció mucho tiempo mirando fijamente las estatuas, el zorro de bronce y el cuervo negro esculpidos en metal y mármol.
Temblando, se rodeó la cintura con los brazos. Esta noche había algo malévolo en las estatuas. Tenía el extraño sentimiento de que el zorro y el cuervo la observaban, esperando una oportunidad para atraparla repentinamente.
Se estaba dando media vuelta para salir, cuando vio un destello de movimiento en una esquina. Miró por encima su hombro, su mente diciéndole que de nuevo estaba imaginando cosas.
Pero esta vez no fue su imaginación.
Naruto se materializó entre las sombras cerca de la estatua del zorro, la luz de luna brillando en su pelo rubio, su capa envolviéndolo como si estuviera viva.
-"Su Señoría," dijo, jadeando de repente.
-"Buenas noches, Sakura". Sus palabras pronunciadas con suavidad, demorándose en su nombre, haciéndola temblar, como si la hubiera acariciado.
-"Esta usted aquí". Miró hacia la estatua del zorro. Parecía diferente en cierta forma.-"Jiraiya dijo que no estaba aquí".
-“¿Por qué estas tú aquí, dulce Sakura?”.
-"Mi padre... "
Él negó con la cabeza.-"Ya sé por qué has vuelto a casa. ¿Pero por qué estas tu aquí"?
-"Le añoraba, Su Señoría. Estar aquí, en el castillo, en su tierra, me hace sentirme mas cerca de usted”.
-“¿Tú me añorabas?”.
Sakura asintió. -“¿Por qué le parece eso tan difícil de creer?”.
Él se rió, pero no había humor en el sonido. -"Lo encuentro casi imposible de creer".
-“Pues es la verdad. Lo siento si eso le desagrada".
-"No me desagrada, dulce Sakura" contestó quedamente. –“¿Cuánto tiempo estarás por aquí?”.
-“¿En el castillo?”.
-"En Konoha".
“Oh. He venido para quedarme".
-" No. No debes hacerlo".
Sakura le contempló, asombrada por la vehemencia en su voz. -"Parece que mi presencia le desagrada tanto como mi lealtad, Su Señoría".
-"Nada en ti me desagrada, dulce Sakura. Es sólo en tu bienestar en el que pienso”.
-“¿Su Señoría?”.
-"Tu futuro, Sakura. Me gustaría verte casada con un hombre digno de ti, no con algún campesino, que te hará envejecer antes de tiempo, y que plantará un bebé en tu vientre cada año, y te conducirá hasta una temprana tumba”.
-“¿Desea que me case?”.
-“¿No es ese también tu deseo?”.
-" Sí, claro, pero... "
Su intensa mirada sujetó la de ella.-“¿Pero?”.
-"No quiero casarme por dinero, Su Señoría, sino por amor".
-"Amor". La palabra era un susurro, un deseo no cumplido, un sueño de futuro.
-“¿Usted nunca ha estado enamorado, Su Señoría?”.
Negó lentamente con la cabeza, sus ojos azules llenos de un dolor y una soledad tan grandes, que ella quiso llorar. ¿Era sólo su imaginación, o su capa parecía envolverlo más estrechamente, confortándole?
-“¿Y tú?” Él preguntó. –“¿Has encontrado en tu corta vida, el amor?”.
-"Sí, Su Señoría, aunque me temo que él no me corresponde".
-“¡Entonces es un tonto"!
Una débil sonrisa curvó los labios de Sakura. "Al menos en eso, estamos de acuerdo".
Naruto lucho contra su cólera. El deseo de destruir al miserable que no correspondía a su amor se rebeló dentro de él, junto con unos celos posesivos.
-“¿Quién es ese hombre"?
-“¿No lo supone?”. Sakura contestó, su voz apenas un susurro.
Naruto cerró sus ojos, el dolor atravesándolo. Si sobrevivía durante otros cuatrocientos años, nunca podría olvidar este momento, el amor brillando claramente en sus ojos, la admiración por él.
Un trémulo suspiro escapó de su garganta y después abrió los ojos.
“Vete de aquí, Sakura," dijo, con voz brusca, sus ojos fríos como el hielo. -"Abandona mi casa y no regreses nunca”.
Ella dio un paso hacia atrás como si la hubiera abofeteado, el dolor en sus verdes ojos abrasó su alma.
-“Vete" dijo.-"Y reza para que nunca vuelva a verte".
-"Como usted desee, Su Señoría" dijo Sakura y dando media vuelta, huyó sin mirar hacia atrás.


Detrás de ella, un zorro aulló melancólico a la noche.








fin del capitulo........ Bye
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Deeper Than The Dark (+16) (01/02/14) (Cap 9)

Mensaje por Dyna el Dom Feb 02, 2014 3:20 pm


CAPÍTULO 9






Lloró durante muchas horas después de regresar y todo el tiempo se recriminaba a sí misma por ser tan estúpida. Él nunca le había dado ninguna razón para creer que sentía algo más que un leve cariño hacia ella. Le divertía con su inocencia, nada más. Había desnudado su corazón ante él, y la había despreciado.
No se humillaría de nuevo. Se casaría por amor, o no se casaría con nadie.
Con este pensamiento en mente, se quedó dormida.


El laberinto surgía en la noche, una pared serpenteante de verdor que la apartaba del resto de mundo. En su corazón, sintió un vuelco cuando se acercó a la estatua del zorro de bronce. Aspiro profundamente y las ventanas de su nariz se llenaron con el perfume de las rosas. Sólo después percibió que no eran rojas. Las docenas de flores que crecían en los rosales eran negras. Curiosamente, escogió una, jadeó al percibir el pinchazo de una espina en su dedo. Una gota de sangre roja brillante apareció en la herida, y repentinamente Naruto estaba allí, cerniéndose ante ella, sus ojos azules ardiendo con una luz malvada mientras cogía su mano y lentamente lamía la sangre de su dedo...


“¡No!” El sonido de su atemorizado grito, la despertó de su sueño y se incorporó, recorriendo con mirada asustada todo el cuarto. -"Sólo es un sueño," murmuró mientras se acurrucaba bajo las sabanas de nuevo. -"Sólo es un sueño".
Las familiares palabras invadieron su mente.
-"Es sólo un sueño... "
Cerró sus ojos, pero el sueño la eludía. Con un suspiro de descontento, se levanto, caminó hasta la ventana, con la mente llena de imágenes de Naruto tal y como lo había visto esta noche, sus ojos azules insondables llenos de tormento. Él estaba solo, muy solo. ¿Por qué? Era un hombre bien parecido. Un hombre rico. ¿Por qué no se había casado y formado una familia? ¿Por qué vivía en ese frío castillo frío, solo? ¿Por qué la había apartado de su lado?
Había aprendido mucho durante los cuatro años que había estado ausente. En algunas ocasiones había coqueteado con hombres jóvenes. En París, había aprendido el poder de una mirada, de una tímida sonrisa, de una mirada insinuante. Sabía cuando un hombre la deseaba. Y Naruto la deseaba. La había deseado desde el principio. ¿Entonces, por qué, la había rechazado? ¿Y en primer lugar, por qué la había comprado? Había imaginado que para calentar su cama. Ahora se preguntaba si la había comprado solo para hacerle compañía. Pero un hombre como Naruto seguramente no tenía ninguna necesidad de comprar compañía femenina.
Pensó en todos los extraños rumores que había oído acerca de él, acerca de sus peculiares hábitos. Desde su regreso a casa, había oído cosas, historias susurradas que hablaban del mal, de pactos con el diablo. ¿Era posible que la gente del pueblo creyera en tales cuentos? Sus amigos y vecinos eran personas humildes, supersticiosas, temerosas de lo que no comprendían, ni podían explicarse.
Acurrucándose bajo las sabanas, cerró sus ojos de nuevo. Aunque había llegado a amar París, no iba a regresar.
Ésta era su casa. Era aquí donde tenía un sitio, y no permitiría que nadie la echara, ni siquiera el dueño del castillo.
Al día siguiente era día de mercado. Con la lista de su madre en la mano, Sakura cogió el carruaje que Naruto había comprado a su familia y se dirigió hacia el pueblo. Daba gusto ver de nuevo rostros familiares. Gracias a la generosidad de Naruto, pudo comprar pan tierno, unas libras de carne, y una botella de vino tinto.
Estaba sentada en un salón de té, preguntándose si Naruto absorbería para siempre sus pensamientos cuándo vio Sasuke Uchiha. Él la vio al mismo tiempo. Inclinando la cabeza, cruzó la carretera, con una amplia sonrisa en su cara. Seguía siendo tan bien parecido como recordaba. Varias mujeres se fijaron en él con franca admiración en sus miradas. Llevaba un abrigo de terciopelo verde oscuro, pantalones de color ante, y botas negras. Su camisa de lino blanco estaba impecable; Un alfiler con un diamante centelleaba en su corbata.
-"Buenas tardes, Señorita Haruno". Se inclinó respetuosamente para besar su mano. ¿Puedo unirme a usted?”.
-"Por supuesto".
-"Hacía mucho tiempo que no nos veíamos" dijo Sasuke, recorriéndola con la mirada, con afecto y aprobación. -"Su estancia en París parece haberle sentado muy bien".
-"Gracias, Señor" contestó Sakura, consciente de la admiración en sus ojos.
-"Sentí mucho lo de su padre," dijo Uchiha. “¿Hay algo que pueda hacer por usted o por su familia?”.
-"No, gracias. Lord Naruto ha sido muy generoso”.
-"¡De veras!". Uchiha se recostó en su silla. –“¿"Va usted a regresar pronto a Francia?”.
Sakura negó con la cabeza. -"No. Aunque París me encantaba, he decidido quedarme aquí. Después de todo, esta es mi casa". Y Naruto está aquí.
Una lenta sonrisa se extendió por la cara de Uchiha. -"Son muy buenas noticias" dijo. -"Estrenan una nueva obra de teatro. Me gustaría mucho llevarla".
-“¿De verdad?”.
Uchiha se rió suavemente. -"Sí, si a usted le complace ir. Y si cree poder tolerar mi compañía durante toda la tarde”.
-" Ciertamente me complacería mucho" contestó Sakura. En verdad, no sería ninguna molestia pasar la tarde con Uchiha. Con sus trigueños ojos negros era realmente uno de los hombres más bien parecidos que había visto en toda su vida y había visto muchos durante los últimos cuatro años.
-"Bien, entonces. La recogeré el sábado a las seis”.
-"Estaré lista”.
-"Muy bien". Poniéndose de pie, cogió su mano y dijo. -"Siento dejarla, pero tengo una cita de negocios".Besó su mano. -"Hasta el próximo sábado, entonces señorita Haruno"..
-"Hasta el sábado".
Uchiha llegó a las seis en punto. Sakura sonrió abiertamente mientras le presentaba a sus hermanas. Todas y cada una de ellas, clavaron sus ojos en él y fueron incapaces de hablar coherentemente mientras se inclinaba respetuosamente para besarles la mano.
Incluso su madre parecía impresionada.
-"Siento como se ha comportado mi familia," Sakura comentó más tarde, en el carruaje. -"Es que nunca han conocido a nadie como usted. Mi hermana menor me preguntó si era usted un príncipe”.
-“¿Y qué le dijo?”.
-"Que por supuesto que lo es".
Sasuke se rió suavemente mientras le cogía la mano y le daba un apretón. -"Difícilmente puedo serlo".
Durante un rato, rodaron en silencio. Uchiha estudiaba a la mujer que tenía a su lado. Era aún más bella de lo que recordaba. Cuatro años en la escuela la habían pulido, le habían dado un aura de confianza en sí misma de la que antes carecía. Se le ocurrió que ya era hora de casarse y tener un heredero.
Estuvo meditando durante toda la representación teatral. Ninguna de las mujeres que conocía podía compararse con la joven sentada a su lado. Era verdad, que venía de una familia pobre, pero él era un hombre rico y el hecho que no tuviera dote no importaba en absoluto. Solo podía encontrar un inconveniente y era el hecho de que todo el mundo en el valle sabía que el padre de Sakura la había vendido a Lord Naruto, y que había tenido a que vivir en su casa. A Sasuke no le importaba ni pizca lo que la gente de Konoha pensara, pero probablemente sí causaría desasosiego en su familia si alguna vez lo descubrían.
Pero ya se enfrentaría a ello cuando llegara el momento.
Después de la obra teatral, la llevó a tomar una cena tardía. Ella le continuaba hechizando con su franqueza, con su candor. El coqueto era natural en ella; no era algo que hubiera aprendido en la escuela, o estudiado delante de un espejo.
Cuando su carruaje se paro frente a su casa, su decisión ya estaba tomada.
-"Gracias por esta preciosa tarde" dijo Sakura.
-"Ha sido un placer" contestó Sasuke. Besó su mano y luego, incapaz de contenerse la estrechó entre sus brazos y la besó.
Sakura cerró sus ojos mientras sus labios tocaban los suyos. Fue un beso agradable, cortés, tierno. Inesperadamente pensó que el beso de Uchiha era apacible pero no tenía pasión. Comparar el beso de Uchiha con los de Naruto era como comparar la luz de una luciérnaga con la del sol.
Con los brazos a su alrededor, antes de soltarla, le preguntó. –“¿Puedo verla mañana por la noche"?
-"Si usted lo desea".
-“¿A las siete?”
Sakura asintió.
-"Buenas noches, señorita Haruno".
"Buenas noches, Señor".
Él llegó puntual a las siete, esa y todas las siguientes noches de la semana. Fueron juntos a cenar, a otra obra teatral y a la ópera.
Aunque disfrutaba de la compañía de Uchiha, no podía dejar de pensar que no era de su misma clase social. Cenaban con barones y marqueses. Una vez, se encontró bailando con un conde. Exteriormente, sabía que parecía que era ese su sitio. El traje de noche que Naruto le había comprado era igual de costoso y a la moda como los de todas las otras mujeres. Gracias a la educación que había recibido en el convento, sabía cómo comportarse en la mesa, cuáles cubiertos usar, cuando hablar, como responder, pero en su interior todavía era una campesina, insegura de sí misma, temerosa de las gentes de alto linaje que eran de la misma clase social de Uchiha.
Ella se lo dijo una noche, durante la cena.
-"Eso es absurdo" exclamó Uchiha. No debes sentir vergüenza por haber nacido pobre".
-"Pero... "
-"No quiero hablar mas de eso" dijo Sasuke firmemente. Cogiéndola por la mano dijo. –“Eres más bella que cualquiera de ellas, Sakura. No debes sentirse inferior porque tu padre fuera un campesino y no un conde. No todos nacemos con títulos”.
Sakura le sonrió, reconfortada, al menos por el momento. –“¿Te veré mañana por la noche"? preguntó.
Sasuke negó con la cabeza. -"Me temo que no. He quedado con Shikamaru y Naruto en Ichiraku’s”.
La mera mención de su nombre causó un dolor punzante en su corazón.
-“¿Ocurre algo?”. Uchiha preguntó. -"Te has puesto pálida de repente".
-"Me ha cogido jaqueca repentina" dijo Sakura.-“¿Te importaría que regresáramos a casa?”.
-"Por supuesto que no". Llamó al camarero, se encargó de la cuenta, y le puso la capa alrededor de los hombros.
Minutos más tarde, cuando estuvo acomodada en el coche con una manta en su regazo, cerró sus ojos rechazando cualquier conversación mientras que en su mente volvía a recordar a Uchiha diciéndole que iba a encontrarse con Naruto mañana por la noche. Deseó tener el atrevimiento de seguir a Uchiha a Ichiraku’s para poder verlo de nuevo, aunque solo fuera desde lejos.
Le dio las buenas noches a Uchiha y entró en la casa. Mirando por la ventana, vio como su carruaje se alejaba. Asaltada por una terrible tristeza, se quitó la capa y entró en el dormitorio que compartía con Hinata. Uchiha le gustaba pero aunque pidiera su mano en matrimonio, supo que nunca le amaría como amaba a Naruto.
¿Por qué la había echado? Después de vivir en el convento en París, entendía lo que era estar solo, ser diferente a los demás. Conocía los rumores que había oído y recordaba cosas que Naruto había dicho de sí mismo de que se sentía apartado de la sociedad, aunque no entendía el por qué. ¿Había habido algún incidente en su pasado que le había hecho sentirse un marginado?
Se dijo a sí misma que no tenía importancia, que eso a ella no le importaba. Él la había echado, primero a París, y luego fuera del castillo, la había expulsado y le había ordenado que nunca regresara.
Así sea, pensó, parpadeando para contener las lágrimas que se negaba a derramar. Si él no la quería, entonces sabía de alguien que sí lo hacía.
La siguiente semana y por invitación de Shikamaru, Uchiha acompañó a Sakura a un baile de disfraces en la casa de Shikamaru.
Sasuke se vistió de Robin Hood, con arco y gorra con plumas. Por lo que parecía lógico que Sakura fuera disfrazada de una joven Marian.
Llegaron a las ocho y cenaron a las nueve. Fue pasadas las diez cuando Sasuke la llevó al salón de baile. Una enorme araña de cristal lanzaba luces suaves sobre los bailarines. La orquesta estaba medio escondida detrás de una pared de helechos...
Bailó con Sasuke. Él coqueteó con ella desvergonzadamente, diciéndole que era la mujer más bella del salón. Su mano acarició sus hombros desnudos, sus labios rozaron sus mejillas y sus párpados.
Animada, por el vino, y solo porque Naruto la había rechazado dio a Sasuke permiso par besarla. Ella le devolvió el besó, diciéndose a sí misma que no tenía ninguna importancia. Naruto no la quería. Y le había dicho que se casar con algún otro. ¿Por qué no se casaba con Uchiha? Era joven y bien parecido, rico, y la adoraba. Él nunca la rechazaría.
Al final del vals, Uchiha la dejó sola durante un momento para ir a buscar una copa de champaña.
Repentinamente se sintió acalorada dentro del salón y salió afuera a la terraza en dirección al exótico jardín. Una brisa ondulaba sus faldas y enfriaba sus mejillas excitadas.
Fuera a lo lejos, podía ver las altas torres del castillo de Naruto. A pesar de su resolución de no pensar en él, se preguntó que sería lo que estaría haciendo Naruto en ese momento, si pensaría alguna vez en ella.
Un repentino escalofrío acarició su nuca, y con él la sensación de que ya no estaba sola.
Se giró rápidamente, quedándose sin aliento al ver a un hombre alto en el portal. Iba todo vestido de negro excepto por la mascara de esqueleto blanca con la que cubría su rostro. Llevaba un sombrero negro de borde ancho adornado con una pluma negra rizada. Una capa de fino terciopelo negro ondeaba a su alrededor.
Le tendió la mano.-“¿Me concede este baile, mi señora?”.
Su voz la acariciaba, evocando imágenes de rosas y noches iluminadas por la luna. Nunca se le habría ocurrido rechazarlo, por lo que depositó voluntariamente su mano en la suya.
La sostuvo cerca, con cada giro su cuerpo rozaba íntimamente el de ella. Atrapada en la red de su mirada, siguió bailando el vals por la terraza. La música se desvanecía en la distancia. El amasijo de personas dentro del salón de baile dejó de existir. Sólo estaban ellos dos, bailando bajo un cielo tachonado por miles de estrellas, y la conciencia del otro, que crujía entre ellos, como una astilla al rozar un vaso.
Miró fijamente a sus ojos, ojos azules insondables quedándose prendida en ellos, ojos en los que ardían los mismos fuegos del infierno.
Con un repentino jadeo, murmuró su nombre.
Su brazo se apretado alrededor de su cintura, atrayéndola más cerca. Su cuerpo ardía con su cercanía; Su corazón golpeaba furiosamente.
¿Era él?
Tenía que serlo.
Lentamente, él agachó su cabeza hacia la de ella, hasta que los ojos azules ocultos a medias por la máscara borraron todo lo demás de su visión, hasta que no vio nada, no se dio cuenta de nada, excepto el hombre que la sujetaba. Levantó su cara para recibir su beso, sintió el toque de sus labios frescos formar un camino brillante hacia su corazón y su alma.
Cuando apartó su boca de la de ella, se quedó mirándolo fijamente, con sus extremidades flojas en curioso letargo. De no ser por la fuerza de los brazos que la sujetaban, creyó que podía haberse derretido a sus pies, como la mantequilla demasiado expuesta al sol.
No fue consciente de que la música había acabado hasta que vio a Uchiha parado en el portal.
Su compañero se inclinó de modo respetuoso sobre su mano y luego, con su capa formando remolinos a su alrededor se alejó para desaparecer en la oscuridad en el extremo más alejado de la terraza.
-“¿Quién era?” preguntó Sakura aunque estaba segura, en su corazón, de que había sido Naruto.
Uchiha busco con la mirada al hombre de la capa y sombrero negro.-"No lo sé".
-"Creí... "
-“¿Qué creíste?”.
-"Creí que era Naruto".
-“¿Naruto? ¿Aquí?” Uchiha se rió suavemente mientras le entregaba su copa de champaña. -"Odia los bailes de mascaradas. Odia las fiestas de cualquier tipo. Nunca he sabido que fuera a ninguna".
-“¿Le has visto recientemente en Ichiraku’s?•.
Sasuke asintió. -"¡Maldito hombre! Es imposible ganarle, sabes a veces pienso que conoce los naipes que tengo antes incluso que yo mismo".
-“¿De veras?”. Estaba de puntillas tratando de ver por encima de las cabezas del gentío.
-"Ven" dijo Uchiha. Dejó su vaso en el balcón, luego sujeto su mano y dijo: -“ Creo que éste es mi baile".
Durante la noche soñó con Naruto, soñó que entraba en su cuarto, que permanecía a su lado en la cama, su capa negra envolviéndolo como en un abrazo, una máscara horrible escondía su rostro. No era la máscara blanca que había llevado puesta durante el baile, era una máscara con ojos color rojo llameante y con sangre goteando de sus colmillos.
Se despertó con un grito en sus labios. ¿Estaba de nuevo soñando? Se encogió con temor por la oscuridad. ¿Estaba él allí, en la esquina, o era solo una sombra provocada por la luz de la luna?
Con el corazón martilleando fuertemente en su pecho, y la boca seca, se quedó mirando fijamente a la oscuridad de su cuarto.
–“¿Su Señoría?”.
-“Duermete, dulce Sakura".
-"Déjeme ver su cara".
-“A ti no te gustaría ver lo que hay en ella. Duerme ahora. Tienes tanto sueño, tanto sueño, duérmete... "
Luchó por permanecer despierta, pero no pudo resistir el hipnótico sonido de su voz. Sentía las extremidades pesadas; Sus párpados se cerraban voluntariamente.
-"Por favor venga a mí" imploró, aunque pensar y hablar constituían un gran esfuerzo.-"Sé que está usted aquí”.
-" Es sólo un sueño, Sakura. Sólo un sueño... "
¿Cómo puede ser un sueño, se preguntó, si él le estaba ordenando que durmiera?
¿Y luego estaba dormida realmente, o era que en realidad estaba soñando que dormía? Confundida, trató de llamarlo por su nombre, intentando liberarse del letargo que la arrastraba hacia la oscuridad, hacia adentro, a la nada.
Se despertó decidida a verle de nuevo.
A pesar de su resolución, le costó una semana reunir el suficiente valor para ascender por el estrecho y serpenteante camino que llevaba hasta la montaña del castillo de Naruto.
Se vistió cuidadosamente para su viaje. El traje que escogió era de terciopelo azul marino. El corpiño tenía un escote cuadrado, las mangas eran largas y ceñidas, la falda era acampanada. Sujetó su pelo con dos peinetas adornadas con joyas.
Cubriéndose con su voluminosa capa de color café, dio un último vistazo al espejo para examinar su apariencia antes de abandonar su cuarto.
No queriendo que su madre o sus hermanas la vieran, anduvo de puntillas hasta la puerta trasera, ensilló uno de los caballos, y salió por el patio trasero.
Era un poco atemorizante, cabalgar por la noche hasta el castillo de Naruto. Los árboles emitían ominosas sombras en el camino. Sintió un sobresalto en el corazón cuando un búho pasó volando cerca de su cabeza.
Oscuras nubes se cernían en lo alto del cielo, tapando la luna y las estrellas. Un viento frío bajaba de la montaña, como si un fúnebre lamento barriera la tierra.
Temblaba cuando llegó al castillo. Desmontó y ató la correa del caballo a un árbol, subió las escaleras y llamó a la puerta.
Minutos más tarde, la puerta se abrió con un chirrido.
-"Señorita Haruno" exclamó Jiraiya.-“¿Qué esta haciendo usted aquí?”.
-"Vine a visitar a Lord Naruto".
Jiraiya se quedó mirándola con estupor. -"Aquí nunca ha venido nadie a hacer visitas" comentó con asombro. –“¿Está Lord Naruto esperándola?”.
-" No. ¿Esta él aquí "?
Jiraiya vaciló un momento, luego asintió.
-“¿Puedo verle?”.
Jiraiya frunció el ceño. -"En realidad señorita, no sé que hacer".
-“¿Ocurre algo?
Jiraiya dio un paso adelante. -"Él ha estado de muy mal humor últimamente, señorita" dijo, bajando la voz conspiradoramente. -"No estoy seguro de que verle ahora, sea una buena idea".
-¡"Jiraiya"!
Sakura con un respingó dio un paso hacia atrás, sus ojos agrandados por la sorpresa al ver a Naruto entrar en el vestíbulo.
Muy lentamente, Jiraiya se dio la vuelta para confrontar a su señor.-“¿Señor?”.
-"Puede retirarse, Jiraiya" dijo Naruto, con voz fría como el hielo.
-" Sí, Su Señoría. Buenas noches, señorita Sakura”.
-"Buenas noches Jiraiya".
-"Con permiso su Señoría" dijo Jiraiya. Luego le dirigió una mirada a Sakura que quiso ser reconfortante, y se encaminó apresuradamente hacia el vestíbulo.
Como dos estatuas, Sakura y Naruto permanecieron mirándose fijamente el uno al otro, hasta que el sonido de los pasos de Jiraiya desapareció.
-“¿Qué haces aquí?” preguntó Naruto con voz cuidadosamente controlada. Sus ojos, esos ojos azules como pozos sin fondo, la mantenían cautiva de su mirada.
-“Yo... Esto es... yo..." Ella no podía hablar, no podía pensar coherentemente, con él mirándola de esa forma.
Se humedeció los labios repentinamente secos. Parecía tan enojado, con esa posición tan rígida ante ella. Iba de negro, siempre iba de negro, pensó. ¿Se había equivocado al venir hasta aquí? ¿Había estado equivocada en el baile? Después de todo, quizá no había sido Naruto el de la mascara.
Se acercó caminando por el vestíbulo, acortando rápidamente la distancia entre ellos, hasta que quedaron separados solo por un pequeño espacio.
-"Te dije que nunca más regresaras".
Sakura asintió. Metió las manos en los bolsillos de su capa y las cerró con fuerza para calmar sus temblores
-"Sí, así lo hizo, Su Señoría".
-“¿Entonces por estas aquí?”.
Ella levantó su barbilla, rehusándose a dejarse intimidar. -¿Si no quería verme de nuevo, por qué vino al baile de mascaras? ¿Por qué bailó conmigo?”. Tomó aliento profundamente.-“¿Por qué me besó?”.
Él se quedó rígido. Ella vio sus manos con los puños fuertemente apretados, y supo que no lo hacía para calmar sus temblores sino para refrenar su cólera.
-"Sé que fue usted" dijo Sakura. -"No trate de negarlo”.
-"Vete de mi casa" dijo Naruto, escupiendo las palabras. -"Sal ahora mismo, mientras puedas".
Sakura le miró serenamente a los ojos. Bajo la cólera que acechaba en ellos, bajo el timbre rudo de su voz, sintió la soledad que le rodeaba.
-"Le he extrañado, Su Señoría" dijo quedamente. -" Esperaba que también usted me hubiera extrañado”.
Un músculo se movió en su mandíbula. Solo ese signo exteriorizó la tensión que subía vertiginosamente a través de él. Inhaló profundamente, y su fragancia invadió las ventanas de nariz – el jabón con el que se había bañado, la carne de cordero y el queso que había cenado, el perfume de su pelo y de su piel. Podía oler el nerviosismo que hacía latir su corazón salvajemente, oler la sangre fluyendo por sus venas.
Un frío soplo de aire hizo oscilar la capa de Sakura, haciéndola temblar. Un momento más tarde, cayó un relámpago enceguecedor, seguido por un fuerte trueno, y luego comenzó a llover.
Naruto juró bajo su aliento. Incluso los elementos parecían conjurarse en su contra. Se apartó para que ella pudiera cruzar el umbral.
-“Entra" le dijo, aunque no hubo ningún calor en su voz, ninguna bienvenida en sus ojos.
-" Mi caballo... "
-"Jiraiya se encargará de el" dijo Naruto intempestivamente.-“Entra”.
Temerosa de que pudiera cambiar de idea, Sakura rápidamente hizo lo que le pedía. Desabrochó su capa, sintiendo las manos de Naruto en sus hombros al quitársela y colgarla en la percha, después cerró la puerta.
Sin pronunciar ninguna palabra, caminó delante de ella.
Ella vaciló sólo un momento, luego le siguió por vestíbulo hasta la biblioteca. ¿Cuántas horas había pasado sentada este cuarto, leyéndole? Se preguntó. ¿Cuántas veces lo había observado, deseando que la cogiera entre sus brazos, y la besara como deseaba ser besada? ¿Había sabido él cómo se sentía ella? ¿Era por eso por lo qué la había echado?
Se detuvo en la puerta cuando un horrible pensamiento le pasó por la cabeza. Quizá él estaba enamorado de alguna otra mujer. Quizás no había querido dar importancia a su absurdo enamoramiento. Diciéndose que lo que ella sentía por él era sólo un encaprichamiento de niña.
Él se sentó en su silla favorita, de espaldas a ella. –“Entra, Sakura" la invitó suavemente.
Sintiéndose repentinamente asustada, cruzó la habitación y tomó asiento en una silla frente a él. Parecía extraño estar sentada allí, como si ella fuera su igual. La mayoría de las noches, había estado sentada sobre el suelo de espaldas a la chimenea.
Pasó la mirada alrededor del cuarto, encontrándolo igual que la última vez que lo había visto, cuatro años atrás. Una antigua espada colgaba sobre la chimenea. La gran mesa del roble junto a las altas vidrieras e cristal. Un estante de roble oscuro que contenía varias figurillas de peltre en forma de cuervos volando y zorros. No había ningún otro mobiliario en el cuarto excepto dos sillas apartadas.
-"No deberías haber venido aquí". Su voz era baja y suave.
-"Lo siento si mi presencia le contraría”.
Ladeó una esquina de su boca en una fría sonrisa.-"No tienes idea qué lo que tu presencia me provoca".
-"Estoy muy contenta de verle de nuevo, Su Señoría" dijo Sakura francamente. -"Esperaba que usted sintiera lo mismo".
-"Sakura, te he añorado en estos pasados cuatro años de una forma en que ni siquiera puedes suponer".
Ella negó con la cabeza. –“¿Entonces por qué está usted tan enojado con conmigo?”.
-"No estoy enojado”.
Él se veía disgustado, pensó. Sus manos apretaban los brazos de la silla, con los nudillos blancos por la tensión. Su postura era rígida, inquebrantable. Casi podía sentir la tensión irradiar de él.
-“Entonces ¿qué es lo que ocurre?” preguntó.
-"Me temo que aquí no estás a salvo”.
-“¿Por qué no estoy segura?”
Él miró a lo lejos, oyendo la lluvia tamborileando en el techo. Iba a llover toda la noche, filosofó desoladamente. No habría forma de poder enviarla de regreso a su casa, no ahora.
Su mirada descendió a su rostro y su figura. Era tan bella. Su piel era blanca; Su pelo caía sobre sus hombros en suaves ondas del color de los cerezos. Ella le observaba con sus directos y cándidos ojos verdes, su afecto por él reflejado en su mirada.
No podía quedarse aquí. Los años pasados sin ella no habían disminuido su deseo. La deseaba, ardía por ella, la ansiaba de mil formas todas desconocidas para el hombre mortal.
El hambre bramaba a través de él. Estaba sediento de su toque, del mismo ser de su vida.
Sentía la bestia rebelarse desde lo más profundo, pidiendo ser alimentada, sentía la sed dando zarpazos en sus entrañas. Su cercanía, su recordada dulzura, exageraba su anhelo, su necesidad de esta una mujer por encima de todas las otras.
Sus uñas se hundieron en los brazos de la silla, arañando la madera. Su respiración se volvió superficial errática.
-"Sakura".
-“¿Su Señoría"? Se inclinó hacia adelante, sus ojos se entrecerraron mientras estudiaba su rostro.-“¿Está usted bien, Su Señoría? ¿Le puedo traer un vaso de vino?”.
-“Vete a tu cuarto".
-"Pero... "
-“¡Vete!”.
Ella no replicó, no perdió el tiempo dándole las buenas noches. Apartando su silla de golpe, salió corriendo del cuarto y subió velozmente las escaleras hasta la habitación que una vez había sido suya.
Una vez dentro, cerró la puerta, y después apoyó su espalda en ella, con su aliento entrecortado.
Ya le había rehuido anteriormente. Lo recordaba claramente como si hubiera ocurrido ayer mismo en lugar de años atrás. Recordaba el sentimiento como si hubiera escapado de un destino terrible.
Ahora se sentía de la misma forma.
Cuando su respiración volvió a la normalidad, vio que el cuarto estaba tal como lo había dejado. Caminando hasta el armario, abrió las puertas elaboradamente dibujadas. Dentro estaban los vestidos que había dejado, cuando partió con destino a París. Había lamentado dejar tantas prendas, pero Naruto le había comprado más vestidos de los que cualquier mujer hubiera podido usar en toda una vida. Cerrando las puertas, fue al tocador y abrió el cajón que había contenido sus camisones. Seleccionó uno, se desvistió y se lo puso.
Estaba a punto de meterse en la cama cuando vio que el espejo de cuerpo entero que Naruto le había regalado estaba cubierto por una tela oscura.
Era extraño, pensó mientras apartaba la tela y contemplaba su reflejo. Tenía quince años la última vez que se había mirado en este espejo. Ahora, era más alta, su figura estaba más redondeada, más femenina, pero aparte de eso, se veía casi igual. Deseó ser bella, tener el pelo rojo rizado como su amiga del convento, Karin, que sus ojos fueran azules zafiros en lugar de este tono de verde común, que sus pechos fueran más grandes y su cintura más estrecha. No era extraño que Naruto la hubiera echado. ¿Por qué la escogería cuando podía elegir entre muchas mujeres bellas?
Dando la espalda al espejo, separó las cubiertas y se metió en la cama. Si los rumores eran ciertos, él había tenido a muchas mujeres, pero no se había casado con ninguna. No podía dejar de preguntándose por qué. Seguramente un hombre de su riqueza y situación desearía tener un heredero.
Un bebé, pensó soñadoramente, un hijo con los ojos azules y el pelo rubio de Naruto. Cerrando los ojos, se imaginó como la esposa de Naruto, la madre de sus hijos.
Tal como lo había hecho innumerables veces en el pasado, permaneció al lado de su cama, observándola dormir. La pureza de su piel le tentaba a tocarla, pero cerró sus manos fuertemente para evitar acariciar su mejilla. ¡Qué bella era! Y cómo la adoraba. Los años sin ella habían sido la peor tortura de toda su vida. Había pensado en ella diariamente, a cada instante, recordando su rostro, su risa, atormentándole más que cualquier dolor que el calor del sol pudiera ocasionarle. La dulzura de sus labios, el néctar de su ser, había echado a perder para siempre el sabor de cualquier otra.
Ah, cómo ardía por ella, con un anhelo en su interior más doloroso que el hambre oscura que le inundaba. Sakura.
Él había visto a Uchiha bailando con ella en el baile de mascaras de Shikamaru, y había deseado matar al hombre, desgarrar el corazón de su pecho. Nunca durante sus cuatrocientos veintidós años había experimentado unos celos tan enceguecedores, tal odio, un deseo tan intenso de destruir. Había sabido que sería un error ir al baile, del que se había enterado jugando en Ichiraku’s una partida con Uchiha, éste había mencionado que irían. Había ido solo para verla. Pero verla no había sido suficiente. Había querido, había necesitado, sostenerla entre sus brazos.
Su uñas se clavaron en las palmas de sus manos, mientras se resistía a rodearla con sus brazos y besar la suave curva de su mejilla, a pasar su lengua a lo largo de su cuello...
Una niebla roja de deseo nubló sus ojos. El hambre subió por su estómago y corrió como lava derretida a través de sus venas. Sintió que sus colmillos se alargaban, sintió el deseo aumentando en su interior, la bestia voraz urgiendo ser liberada.
-"No". La palabra fue murmurada a través de sus labios. No lo haría. No podía.
El miedo le llevó hasta la puerta.
-“¿Su Señoría?”.
Él se detuvo, sus manos apretadas con fuerza a los lados.
-“¿Su Señoría? ¿Es usted?”.
-“Duérmete, Sakura" dijo. Lentamente, la miró por encima su hombro, con una mirada devastadora.-“Vuelve a dormir, mi dulce, y sueña los sueños de una joven mientras puedas".
Ella contempló las profundidades oscuras de sus ojos y sintió extenderse la familiar laxitud a través de ella. Sus párpados se volvieron insoportablemente pesados. Con un suspiro suave, cerró sus ojos.
Poco antes de que el sueño la reclamara, pensó que había oído un solitario aullido.


fin del capitulo......bye
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Deeper Than The Dark (+16) (01/02/14) (Cap 10)

Mensaje por Dyna el Dom Feb 02, 2014 3:24 pm

CAPÍTULO 10
 


 
Por la mañana, como siempre, Naruto no podía ser encontrado en ningún lugar.


Jiraiya sonrió alegremente mientras cruzaba el comedor, sirviéndole su desayuno favorito, una taza de chocolate. –“¿Ha dormido bien, señorita?”


-"Sí, gracias". Sakura miró por la ventana. Bajas nubes grises cubrían el cielo, iluminadas por algún ocasional relámpago. Siempre había amado las tormentas, los truenos, los relámpagos, el sonido tranquilizador de la lluvia golpeando el techo, golpeando contra los cristales.


-“¿Bajará el señor a desayunar?”.


Jiraiya negó con la cabeza. -"Su Señoría le ha ofrecido el refugio de su casa," dijo mirándola fijamente-"hasta que la tormenta pase".


-“¿De verdad?”. Era extraño, pensó, cuándo en realidad le había parecido ansioso porque se fuera.


-"Él nunca permitiría que usted se resfriara, señorita. Hay un fuego acogedor en la biblioteca, por si desea leer, y también en el la sala de música, por si desea tocar".


-"Gracias, Jiraiya". Sorbió el dulce chocolate que le había servido, apreciando el sabor.


-"Usted me dijo que Lord Naruto no estaba aquí".


-“¿Lo hice?”.


-"Sabe que sí lo hizo. ¿Por qué me mintió?”.


Un rubor culpable subió por las mejillas del criado.


-"La ultima vez que vine aquí, me dijo que él había abandonado el castillo poco después de que me enviara a París".


Jiraiya cambió de posición con inquietud. -"Sólo le dije lo que me fue ordenado que se le dijera" contestó quedamente. -"Habría sido mejor para todos que usted me hubiera creído".


-“¿Mejor? ¿Por qué?”.


Jiraiya miró hacia la puerta; Luego, exhalando un suspiro, se sentó en la mesa frente a ella. Sakura le miró sorprendida. Nunca se había sentado a la mesa con ella, ni había cruzado la línea que separa el criado del amigo.


"Señorita Sakura, sé que usted se cree enamorada de Lord Naruto" dijo, hablando rápidamente, como si temiera que lo atraparan hablando con ella.-“Es verdad que Su Señoría tiene una cierto encanto que la mayoría de mujeres encuentran difícil de resistir ".


-"No creí que mis sentimientos fueran tan transparentes" Sakura masculló secamente.


Jiraiya se recostó en su silla, con voz sombría dijo.-"Usted debe creerme cuándo le digo que no está a salvo si se queda aquí".


Sakura frunció el ceño. Naruto había dicho prácticamente lo mismo la noche anterior. -"No le entiendo".


-"Lord Naruto es un hombre atrapado por oscuros apetitos, señorita. Apetitos que no siempre puede controlar. Sería inteligente si abandonara este lugar y nunca regresara”.


-“¿Oscuros apetitos?” Sakura negó con la cabeza.-“¿De que esta usted hablando?”.


Jiraiya miró hacia la puerta otra vez, su expresión cautelosa. -"No puedo explicárselo, lo único que puedo decirle es que Lord Naruto no es como otros hombres. Esta guiado por instintos que usted no puede comprender. Es por eso qué él vive solo".


-" No le creo. ¿Si él es un monstruo, por qué nunca me ha hecho daño? ¿Por qué me envió a estudiar y ayudó a mi familia?”.


Jiraiya aspiró profundamente. -"Ya he hablado demasiado, señorita". Levantándose, colocó una mano paternal en su hombro.-"Váyase a su casa, señorita Sakura. Tan pronto como la tormenta pase, váyase a casa”.


Oculto en la oscuridad, Naruto sintió como la cólera salía burbujeante a la superficie. ¡Cómo se atrevía Jiraiya a interferir en su vida personal! ¿Qué derecho tenía el hombre de advertir a Sakura de que se alejara de él?


Mascullando un juramento, aspiró profundamente, la cólera surgiendo entre cada aliento entrecortado. Jiraiya no había dicho nada que él, no se hubiera ya dicho a sí mismo. Si Sakura fuera inteligente, abandonaría su casa y nunca regresaría.


No se hacía ilusiones acerca de lo que él era. Apestaba a maldad, a muerte. Había hecho cosas, cosas horribles, atroces, actos que habían condenado su alma eternamente. No importaba que él no hubiera escogido esta vida por sí mismo. Una vez que la acción había sido cometida, podría haber terminado con ello. Podía haber caminado bajo la luz del sol y destruido a la criatura en la que se había convertido.


Miró fijamente la oscuridad que le rodeaba, recordando...


-“¡No quiero!”.


Gritó las palabras mientras luchaba contra ella, pero su fuerza era insignificante comparada con la de ella.


-"Pero lo harás" le dijo, sus sabios ojos oscuros brillando con una sabiduría más allá de su comprensión. -"Eres un luchador, Naruto Uzumaki. No te someterás. No te rendirás. Pelearás con cada onza de la fuerza que posees para sobrevivir”.Se rió suavemente, con seguridad. -"Me dejarías seca si te lo permitiera.”


-“¡No! ¡Nunca!”.


-"Pero lo harás". La certeza de su voz junto con sus ojos irradiando una luz rojiza, lo llenaron de terror.


Sin esfuerzo alguno, le acercó a ella mientras trazaba con la uña una línea sangrienta a través de su mejilla.-"Te he marcado" le dijo, -"Para que siempre me recuerdes”.


Y luego lo presionó hacia atrás en el sofá, sujetándolo sin esfuerzo alguno a pesar de su violenta lucha por escapar. Él gritó cuando sintió el mordisco afilado de sus dientes en la garganta. La revulsión aumentó en su interior mientras se dio cuenta de que estaba bebiendo su sangre.


Quiso luchar contra ella, pero no tenía fuerza suficiente. Le zumbaban los oídos, su corazón palpitaba frenéticamente, y una niebla rojiza cubrió sus ojos.


-" No, no lo hagas" La debilidad le engulló, los latidos de su corazón se desaceleraron lentamente, y sintió una gran negrura descendiendo sobre él. Y con ella un miedo anónimo, peor que el miedo a la muerte.


-"Por favor." Formó la palabra pero ningún sonido emergió de su garganta.


-“¿Quieres vivir"? Sentía su aliento caliente contra la oreja.- "Entonces bebe".


Estaba demasiado débil para moverse y obedecer. Trató de verla, de enfrentarla, pero no vio absolutamente nada. –“¡Bebe!”.


No quería someterse, pero la voluntad de vivir estaba fuertemente arraigada en su interior. Era, después de todo, un luchador, nacido para pelear, para conquistar.


Abrió la boca, y ella presionó su muñeca sobre sus labios.- "Bebe".


Su boca se cerró sobre su carne. Un chorro de líquido caliente y ligeramente salado inundó su lengua. Se deslizó hacia abajo por su garganta como fuego liquido, y repentinamente se adhirió su brazo, sorbiendo la sangre en su boca, la repulsión y el deleite luchando en su interior. Sus latidos retumbaban en sus oídos, robusteciéndose con la fuerza de la vida, palpitando al mismo ritmo que los de ella. El poder se despertó en su interior, inflamándolo, anhelando más.


-“¡Suficiente!”. Ella apartó su brazo de su agarre. –“Dije suficiente”.


Él se quedó mirándola deslumbrado, su mirada atrapada durante mucho tiempo en el color rojo carmesí alrededor de su boca, en la sangre que goteaba en el corte de su muñeca. Un corte que se estaba cerrando rápidamente, cicatrizando, mientras lo observaba.


El horror descendió lentamente. Levantando la mano, se limpió la boca, luego clavó los ojos en las manchas color escarlata en las puntas de sus dedos. Su sangre. Él había estado bebiendo de su sangre.


Lentamente, tentadoramente, le lamió las manchas rojas de sus labios. -"Ahora eres mío" dijo,- "Por siempre y para siempre".


-"No". Él negó con la cabeza, atontado por el horror de lo que había hecho, en lo que se había transformado.


-"Has muerto esta noche,"le dijo con voz calmada y tranquila, como si las palabras no significaran nada. -"Cuando te despiertes mañana por la noche, serás como yo".


No había querido creerlo. Había rechazado hacerlo. Ni siquiera cuando los temblores devastaban su cuerpo, ni cuando con la salida del sol, experimentó un gran deseó de refugiarse en la oscuridad que nunca antes había sentido. Incluso cuando al despertar la noche siguiente y ver el mundo con ojos diferentes, se negó a creérselo.


Pero era cierto.


Se había convertido en un vampiro, destinado a pasar el resto de la vida en la oscuridad, a estar por siempre atrapado en el lado oscuro, forzado a vivir en las sombras, a sobrevivir alimentándose de la sangre de otros, o perecer...


Vampiro... La palabra resonó en su mente cuando la familiar oscuridad le envolvió de nuevo.


Cuando despertó, ella todavía estaba en la casa. Sintió su presencia con su primer aliento de consciencia. ¿Por qué no se había marchado?


Levantándose, Naruto se bañó y vistió con ropa limpia. Abandonó la torre, apresurándose escalera abajo, sólo vagamente consciente de que todavía estaba lloviendo.


Sakura estaba sentada en la biblioteca, con los pies enroscados debajo de su falda. Durante un momento, permaneció en el marco de la puerta, observándola. Llevaba un traje de terciopelo verde oscuro ceñido con una cinta también verde oscura. Sus zapatos eran del mismo color. Su pelo suelto sobre los hombros, brillaba tenuemente como fina seda a la luz del fuego. Una delgada cadena de oro rodeaba su garganta. La lluvia golpeaba contra los cristales de las ventanas proporcionando un agradable contraste con las crujientes llamas del fuego.


De repente consciente de su presencia, alzó la mirada, sus mejillas se cubrieron de un ligero rubor al encontrarlo observándola.


-"Buenas noches, Su Señoría". Dejó a un lado el libro que había estado leyendo, deseando que su mano no temblara, y que su voz sonara tranquila.


-"Buenas noches, dulce Sakura". Entró en el cuarto con pasos silenciosos y se sentó en la silla frente a ella. Su capa envuelta a su alrededor, envolviéndole como las alas de un gran pájaro negro.


-"Tenía intención de irme," dijo Sakura, su cercanía poniéndola repentinamente nerviosa, -"Pero Jiraiya dijo que debería esperar a que se dispersara la tormenta".


Naruto asintió. Todo su ser parecía querer tocarla, la anhelaba. Ardía de deseo por ella. ¿Realmente quería que se fuera? ¿Por qué no dejar que se quedara? Ella podría vivir bien aquí. Su riqueza le podría dar cualquier cosa que deseara. Se aseguraría de que nada le faltara...


Apretó con fuerza su mandíbula. Nunca podría darle las cosas que toda joven deseaba. Podía cuidarla y protegerla, pero nunca le podría dar hijos. Podría quedarse a su lado, pero nunca compartir con ella la vida entera. La podría cuidar cuando la edad y la enfermedad se cobraran su precio, pero él no envejecería a su lado. Y al final, la acompañaría hasta su tumba, con el mismo aspecto que ahora tenía.


-"Puede echarme si lo desea" dijo Sakura, enervada por su silencio, por el brillo agudo en las profundidades de sus ojos negros como el infierno. -"Me puede echar, o puede usted irse, pero siempre estaré aquí cuando regrese”.


-“¿No te doy miedo? preguntó, en su voz había un tono de admiración.


-“¿Darme miedo? ¿Usted?”. Ella negó con la cabeza. Algunas veces le hacía sentir cierta aprensión, pero en realidad nunca le había tenido miedo. Sabía en lo más profundo de su ser, que nunca le haría daño de forma intencionada.


-"Deberías tenerlo". Dijo serenamente, como si estuvieran hablando sobre el clima intempestivo.


-“¿Quiere usted, que le tenga miedo?”.


-"Sería mejor que lo tuvieras".


-“¿Mejor para a quién? Habla en acertijos, Su Señoría”.


-"Reza para que nunca los entiendas”.


La miró fijamente, y ella, pesar de sus valientes palabras sintió un repentino escalofrío de ansiedad.


 Juntando las manos sobre su regazo, suspiró profundamente. –“¿Tengo que marcharme?”.


-"Si deseas quedarte, eres bienvenida" dijo, con una mano acariciando ociosamente el terciopelo de su capa, -"Hasta que termine la tormenta".


Le ofrecería un soborno, pensó, le ofrecería concederle cualquier cosa que deseara, cualquier cosa que la alejara de este lugar. De su presencia.


La miró escrutadora mente. -" Voy a concederte un deseo, Sakura. Un deseo. Pide algo que tu corazón desee por sobre todas las cosas, y será tuyo”.


-“¿De veras puede darme cualquier cosa?”.


Una débil sonrisa apareció en la esquina de sus labios. -"Te sorprenderías de lo que puedo hacer".


Sakura frunció el ceño, quizás imaginaba cosas, pero habría jurado que su capa se envolvió más apretadamente alrededor de sus anchos hombros, como si eso lo confortara de algún modo.


-“¿Cualquier cosa?”. Preguntó.


-"Sólo dime lo que tu corazón más desee”.


-“¿Y usted me lo concederá? ¿Me lo promete?”.


Naruto asintió.


-“¿Qué es?”. Preguntó con curiosidad. –“¿Riquezas? ¿Una bella casa con sirvientes? ¿Regresar a París? ¿Una gran dote para ti y tus hermanas? Sólo pídelo y es tuyo".


-"Deseo quedarme aquí con usted" contestó quedamente, -"Tanto tiempo como yo quiera. Deseo vivir en su casa y pasar cada noche un rato con usted”.


Naruto clavó los ojos en ella. De todas las cosas que había supuesto que le pediría, lo más obvio nunca se le había ocurrido.


-“Pide alguna otra cosa".


“No. Me ha dado su palabra". Mirándolo fijamente agregó. –“¿Intenta romperla?”.


-"No". Su voz le salió ahogada, ronca, como si estuviera haciendo un esfuerzo por poder hablar. -"Un año. Te daré un año".


Con una triunfante y radiante sonrisa dijo.-"Gracias. ¿Le ordenará a Jiraiya que mañana por la mañana vaya a recoger mis cosas? ¡Oh! Debo escribir una nota para mi madre informándola de que me quedaré aquí. ¿Puede decirle que venga a recogerla antes de irse?”. Naruto asintió de forma concisa. Sintiéndose como una araña atrapada en su propia red, se puso de pie con expresión sombría mientras miraba por la ventana como la lluvia golpeaba contra los cristales.



-"Ruego, que no tengas que lamentar tu elección" dijo, y salió del cuarto, con su capa formando remolinos alrededor de sus tobillos como si fuera agitada por un viento furioso.





fin del capitulo......hasta pronto........Smile
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Deeper Than The Dark (+16) (17/07/14) (Cap 11)

Mensaje por Dyna el Vie Jul 18, 2014 11:52 am

Hola, tiempo si tiempo sin actualizar, ni leer los demás fic, pero tenia otros pendientes. Sin más la actualización.

Capitulo 11

Jiraiya subió por las escaleras hacia la torre del este, consciente del desasosiego que molestaba a su señor. Había estado trabajando para Naruto durante más de cincuenta años. Tenía catorce años cuando el vampiro salvó su vida. A cambio, Jiraiya había declarado bajo juramento dedicar el resto de su vida al servicio de Naruto.
Cruzando la habitación, se quedó en el umbral de la cámara interior de la torre del este, con expresión cuidadosamente neutra observaba a Naruto quitarse la capa y depositarla encima de una silla.
Jiraiya miró a la capa con cautela. Era una prenda extraña, a menudo parecía como si poseyera vida propia.
-“¿Qué voy a hacer?”. Naruto dijo con voz encolerizada. –“¡Ella no puede quedarse aquí! No lo podré soportar".
Jiraiya permanecido silencioso, sabedor de él que no esperaba ninguna respuesta. Nunca había visto a su señor en tal estado de agitación.
Naruto pasó sus manos a través de su pelo, una sarta de crueles juramentos se escaparon de sus labios mientras caminaba incesantemente por el cuarto, sus piernas largas llevándole de un lado al otro en unas pocas zancadas.
Hizo una abrupta pausa, cambió de dirección, y fue hacia a la ventana. Podría sentir la tensión ascender desde su interior mientras miraba al jardín. ¿Cuántas noches se había levantado y permanecido allí, contemplando los muros del castillo, deseando que ella estuviera aquí, deseando pasar una noche más, o una hora más en su presencia? ¿Pero todo un año?
Gimió suavemente. La había despachado porque estaban perdiendo el control sobre su deseo, sobre el hambre aguda que le corroía implacablemente, urgiéndole a tomar lo que necesitaba, a traerla a través del abismo que los separaba a fin de que ella pudiera aliviar el aislamiento de su interminable existencia. Siempre había sido arrogante y egoísta, pero nunca había sido cruel, y por ello la había echado, para protegerla de su deseo.
Y ahora ella estaba aquí de nuevo, en el castillo, en su vida como si nunca se hubiera marchado. Su perfume estaba en toda la casa, en su piel, en sus ropas, en el mismo aire que respiraba.
-“¿Deseará alguna otra cosa esta tarde?”. Preguntó Jiraiya.
-“¿Qué?” Naruto se giró rápidamente. Casi había olvidado que el otro hombre estaba en el cuarto. -"No. vete a la cama. Espera un momento, mañana por la mañana iras a casa de Sakura y recogerás sus pertenencias. Ella también desea entregarle una nota para su madre".
Jiraiya asintió.-"Me encargaré de ello”. Suspiró profundamente. –“¿Bajará mañana por la noche"?
-“¿Se lo prometí a ella, no?” Dijo Naruto, su voz en un tono lóbrego.
-"Sí, Su Señoría. ¿También cenará con ella?”.
-"Sí". Naruto cerró con fuerza sus manos en apretados puños, su expresión sombría.- "No olvides el vino".
Jiraiya asintió concisamente, después salió del sombrío cuarto de la torre, cerrando la puerta. Oyó el sonido del cerrojo que se pasaba.
Iba a ser un largo año, pensó. Para todos.
A la noche siguiente, ella le estaba esperando en la mesa para cenar. Vestida con un traje rosado, haciendo juego con su pelo, estaba tan hermosa que le robaba el aliento.
-"Buenas noches, Su Señoría," dijo Sakura sonriéndole. Él iba vestido de negro de la cabeza a los pies. Se veía oscuro y peligroso, y aceleraba su corazón estremeciendo sus entrañas de deseo. -"Estoy muy contenta de que haya decidido reunirse conmigo esta noche".
Él se sentó frente a ella. –“¿Te dije que lo haría, no es verdad?”.
-"Sí, pero pensé que a lo mejor podría haber cambiado de idea”.
Sus ojos se entrecerraron. "Válgame Dios, cuando doy mi palabra, la cumplo, tal y como hace cualquier hombre".
-"Pero usted se siente como si yo le hubiera engañado de alguna forma".
-"Pensé que me pedirías algo beneficioso para ti o tu familia".
Él cogió la jarra de cristal y se sirvió un vaso de vino.
-"Sí, mi familia. Usted ha sido muy amable con ellos. Le agradezco eso, y la dote tan abundante que ha entregado a mi hermana”.
Él hizo un gesto vago con su mano. –“¿Por qué insistes en quedarte aquí cuando sabes que quiero que te vayas?”.
Sakura le observó vaciar de golpe su vaso, preguntándose por qué se lo bebía tan rápidamente. ¿No debería saborear el vino?
"Porque, en este caso, mi deseo significa más para mí que el vuestro".
Ella apartó su plato y se levantó, ofreciéndole su mano. –“¿Vamos a la biblioteca? Jiraiya ha encendido el fuego, y tengo un nuevo libro que deseo leer”.
Levantándose, Naruto cogió su mano, sintiendo la rápida chispa que salto entre sus manos.
Ella se quedó mirándolo fijamente con sus francos ojos verdes. -"Su Señoría" exclamó, y él supo que ella también lo había notado.
Incapaz de contenerse, la rodeó con sus brazos. Miró atentamente sus ojos durante un eterno momento, y luego la besó. Fue un beso brutal, violento, enojado, lleno de un agudo anhelo que nunca podría cumplirse. Sus manos apretaron sus hombros mientras profundizaba el beso, magullando sus labios.
-"Deberías estar en tu casa, dulce Sakura" gruñó. -"Vete ahora, mientras todavía puedo dejarte marchar".
Aturdida por la intensidad de su beso, sólo pudo negar con la cabeza.
Él la besó de nuevo, su lengua recorriendo la blandura de su boca. Sus brazos se movieron sobre ella, ardiente e inquietamente, moldeándola contra su cuerpo para hacerle notar la prueba rígida de su deseo.
Su cabeza cayó hacia atrás sobre su brazo, exponiendo la curva delgada de su cuello. Su mirada fija se quedo clavada en el pulso que latía salvajemente en la base de su garganta. Podía oír las rápidas pulsaciones de su corazón, oler la sangre caliente corriendo por sus venas. Y entonces sintió el pinchazo de sus colmillos contra su lengua.
Abruptamente, la apartó con fuerza, sus manos cerrándose en puños apretados a sus lados.
-"Sakura, te lo ruego, pídeme cualquier otro deseo. Cualquier cosa".Murmuró, su voz llena de desesperación. -"Te daré cualquier cosa. Este castillo, si lo deseas, toda mi fortuna, cualquier cosa”.
-"Solo quiero quedarme aquí, con usted, Su Señoría" contestó suavemente.-"Yo sé que cuando haya pasado el año, me echara, pero quiero pasar este tiempo con usted".
-"Sólo espero que esto no sea tu perdición" masculló por lo bajo, y dándole la espalda, salió del cuarto.
Cazó esa noche, fue en busca de una presa como no lo había hecho durante años, sabiendo que esta noche, unos pocos sorbos de la preciosa sangre de Sakura no serían suficientes para aquietar la horrible hambre que su mera presencia agitaba en su interior.
Un año, filosofó mientras se cernía sobre su indefensa víctima. Comparado con los siglos que había vivido, con la eternidad que se extendía ante él, doce meses eran menos que un momento en su vida, pero temía que este sería el año en el que encontraría su fin, o el de ella.
Sakura empezó su seducción a la noche siguiente, determinada a tenerlo en su cama antes de que el año finalizara. Él había dejado claro que no la amaba, que nunca se casaría con ella, pero estaba resuelta a que fuera él, el primer hombre que la llevara a la cama.
Había soñado y suspirado por él durante cuatro largos años y ahora tenía la intención de tenerle. Había oído conversaciones susurradas sobre qué tan fácil era seducir a un hombre. No todas las chicas en la escuela de monjas eran tan inocentes como ella, y esas que habían intercambiado su virtud con el conocimiento habían estado más que ansiosas por compartir lo que habían aprendido. Le habían dicho que los hombres se dejaban seducir fácilmente por una cara bonita y por la promesa de una conquista fácil.
Para su pesar, Naruto parecía ser la excepción a la regla. No importaba cuán descaradamente coqueteaba con él, no importaba cuán atrevidamente bromeaba y le tentaba, él se negaba a sucumbir a sus tentaciones. Sabía que él la deseaba. Podía ver el hambre en sus ojos, oírla en su voz, sentirla en sus brazos en las contadas ocasiones en las que era débil y la rodeaba en un abrazo. Pero siempre, en el último instante, él la rechazaba con fuerza y salía del cuarto.
El lo había hecho así durante muchas noches.
Esta noche no había sido una excepción.
Permaneció al lado del fuego, siguiéndolo con la mirada, preguntándose si carecía de algún encanto femenino vital.
Con un suspiro, se sentó en la silla favorita de Naruto. Él había dejado su capa colgando en el respaldo y ella la depositó en su regazo, acariciando ociosamente el terciopelo fino. Qué viva parecía estar, al extenderla sobre sus piernas. De forma voluntaria parecía presionar contra de ella, calentándola. Apaciguándola.
Repentinamente cansada, cerró sus ojos sintiéndose arrastrada hacia un mundo de oscuridad.
Sus manos se cerraron sobre el suave terciopelo mientras escenas desarticuladas llenaban su mente, vio a Naruto andando por un camino polvoriento, oscuro, su capa flotando tras él ondeando en la oscuridad de la noche; Vio una niebla gris oscura ahogando el débil grito de terror de un borracho y por encima de todo un manto de oscuridad y el perfume de la sangre; Vio a un zorro sobre el esqueleto de un ciervo muerto, oyó un largo y solitario aullido resonando en sus oídos...
Despertó con miedo, su frente perlada de sudor, su corazón golpeando salvajemente contra su pecho.
Tirando la capa al suelo, se levantó y salió corriendo del cuarto.
Sasuke Uchiha vino a la siguiente tarde. Jiraiya le condujo al saloncito delantero, con una clara expresión de desaprobación en su rostro cuando Sakura le dio la bienvenida.
-“¿Jiraiya nos traerá un poco de té, por favor?" pidió Sakura,-"¿Y quizá unos bollos?”.
-"Como usted desee" contestó Jiraiya. Le dirigió otra miraba reprobadora y salió del cuarto.
-“¿Y entonces, señor?" exclamó Sakura suavemente,-"¿Qué le trae por el castillo de Naruto"?
-"Usted, claro está" Uchiha dijo. -"Por qué si no haría un viaje tan arduo".
-“No tanto, seguramente”.Sakura bromeó.
-"Habría escalado una montaña de dos veces esta altura para poder verla sonreír de nuevo" contestó Sasuke valerosamente.
-“¿De veras?”. Sakura filosofó. –“¿Y también cruzaría aguas infestadas por cocodrilos, para poder verme?”.
-"Pude estar segura de ello”. Su sonrisa se desvaneció mientras cogió sus manos entre las suyas-“¿Por qué ha vuelto aquí, Sakura?”. Preguntó, con su expresión grave. –“¿Le obligó Naruto? ¿Le está amenazando de alguna forma?”.
-"Claro que no. Estoy aquí porque lo deseo".
-"No lo entiendo".
-"Es muy simple, Lord Naruto me dijo que me concedería cualquier cosa que le pidiera, y le pedí vivir aquí. Deja que me quede durante un año”.
Uchiha clavó los ojos en ella como si hablara con un lenguaje que realmente no podía entender. –“¿Usted le pidió quedarse aquí? ¿Con él? ¿Pero, por qué?”.
-"Me temo que no puedo explicárselo”.
Uchiha pasó una mano a través de su pelo, pensando que por muchos años que viviera, nunca entendería el funcionamiento de la mente femenina. –“¡Pues entonces inténtelo!”.
Sakura negó con la cabeza. -"No puedo". Le miró durante un momento, luego frunció el ceño. –“¿Por qué esta tan preocupado? Creí que era su amigo”.
-"Naruto no tiene amigos".
-“¿Por qué no?”.
-"Porque no desea ninguno. Es un hombre solitario”.
-"Usted juega con él a las cartas en Ichiraku’s".
Uchiha asintió. -"Eso es verdad, pero mantiene las distancias con todos, y no permite ninguna familiaridad. Nunca ha aceptado ninguna invitación, ni las ha propuesto a cambio”.
-"Encuentro eso muy extraño”.
-"Igual que yo, se lo aseguro”.
Uchiha soltó sus manos cuando Jiraiya entró en el cuarto llevando una bandeja de plata con el té.
Con la espalda rígida, Jiraiya colocó la bandeja en una mesa baja, dirigió una mirada de advertencia a Sakura y abandonó el cuarto.
Tomando asiento, Sakura sirvió el té a Uchiha, y luego a sí misma.
Después de un momento, Uchiha se sentó en una silla frente a ella. -"Me temo que cortejarla aquí va a ser realmente difícil".
Sakura añadió leche y azúcar a las dos tazas, luego le pasó una a Uchiha. –“¿Tiene usted la intención de cortejarme, señor?”.
-"Creí que a estas alturas ya lo habría adivinado".
-"Pero... quiero decir..." Sakura negó con la cabeza. -"Seguramente usted aspira a una mujer de clase superior".
-"Lo hago, ciertamente". Él le sonrió. Tenía la intención de casarse con Sakura, y se lo diría llegado su momento.-“¿Puedo venir a verla otra vez?”.
-"Sasuke, debe saber que no puede haber nada entre nosotros, sólo amistad. Amo a Naruto".
Uchiha asintió, convenció de que podría ganarse su corazón si le daba una oportunidad.
Sakura vaciló, preguntándose si Naruto se opondría, pero desecho el pensamiento. Él nunca estaba durante el día. ¿Por qué debería importarle lo que ella hiciera? Le había dejado claro que no tenía ningún interés en ella, que tenía intención de echarla cuando finalizara el año.
-“¿Sakura?”.
Miró a Uchiha un momento más, y luego asintió. -"Me dará mucho gusto recibir su visita”.
Uchiha sonrió, obviamente complacido. -"Estrenan una nueva obra teatral. ¿Le apetecería ir?”
-"Sí, creo que sí". Sonrió amablemente. Nada había surtido efecto. Quizá los celos producirían los resultados que buscaba.
-"Sakura, para mí no tiene ninguna importancia, pero..." Uchiha dejó su taza sobre la mesa y pasó una mano a través de su pelo.-“¿No estás preocupada por lo qué dirá la gente del pueblo por vivir aquí, con él?”.
-"No me importa en absoluto" dijo Sakura. Y, ciertamente, no le importaba lo que la gente pensara. Quería quedarse aquí, con Naruto, y estaba dispuesta a sacrificar su reputación por ello.
-“¿Esta usted segura de que es esto, lo que realmente quiere?”. Uchiha preguntó suavemente.
-"Estoy segura”.
-"Entonces, no hablaremos mas de ello".
Pasaron la siguiente hora conversando animadamente hasta que Uchiha se fue.
Sakura acababa de sentarse a cenar cuando Naruto entró en el comedor. Se quedó de pie a su lado con un semblante feroz en su cara.
-“¿Qué hacía Uchiha aquí?”. Preguntó Naruto intempestivamente. Había olido el perfume del hombre incluso antes de abandonar la torre del este.
-"Vino a verme" Sakura continuó intentando que su voz no sonara temblorosa. -"No creí que a usted le importara, ya que es su amigo".
Los ojos de Naruto se estrecharon. –“¿Te dijo él eso?”.
-“¿Si me dijo qué?”.
-"Que éramos amigos".
Quiso mentir, pero supo que no podrían, cuándo los ojos azules de Naruto se clavaron en su rostro.
-“¿Qué dijo?” Naruto preguntó, con voz baja y sedosa.
-"Dijo... dijo que usted no aceptaba ninguna amistad”.
Naruto miró por encima su hombro a Jiraiya mientras entraba en el cuarto. –“Nunca más permitirás que Uchiha o cualquier otro hombre entre en mi casa. ¿Esta claro?”.
-"Sí, señor" dijo Jiraiya.
Con un brusco asentimiento, Naruto volvió su atención a Sakura. –“¿Esta también claro para ti?”.
-"Sí, Su Señoría, pero... "
-“¿Pero, qué?”.
-“¿Pero, por qué? ¿Por qué se encierra usted en este castillo? ¿Por qué no deja que le visite Lord Uchiha aquí? Creo que él sería su amigo, si usted se lo permitiera".
-"No tengo porque darte explicaciones, Sakura. Basta con decirte que nadie es bienvenido aquí”.
-“¿Incluyéndome?
-"Especialmente tu".
-"Es usted muy descortés, Su Señoría".
Él sonrió. Fue un gesto inesperado y bienvenido.
-"Me disculpo por mi comportamiento, dulce Sakura, pero me temo que debes aprender a tolerar mis estados de ánimo si insistes en quedarte aquí".
-"Ciertamente, lo haré, Su Señoría," Sakura replicó. -"Pues ni su horrible temperamento ni sus malos modales me ahuyentarán”.
Naruto se sentó en la silla frente a ella y trató de alcanzar la copa de vino que Jiraiya le había preparado. Levantó la copa de cristal, estudiando su contenido durante un momento antes de vaciarla de un trago.
Una mueca de placer cruzó su cara mientras depositaba la copa encima de la mesa. –“Termina tu cena, dulce Sakura, y luego desearía dar un paseo por el laberinto".
-"Como usted desee, Su Señoría".
-"Ciertamente, mi dulce. Esto es exactamente lo que deseo".
Era desconcertante cenar bajo sus ojos vigilantes. Sus manos temblaban, tiró el vaso lleno de agua y derramó un poquito de salsa en su regazo. Y además mientras tanto, podría sentir su mirada fija sobre ella, sin parpadear, azul como el cielo de día.
Cuando terminó de comer, él se puso su capa, luego le pasó un chal por los hombros.
El jardín estaba silencioso bajo la luz de la luna llena después del equinoccio de otoño. Tomó su mano y caminaron hacia el laberinto. Sakura trató de pensar en algo divertido que decir, un poco de conversación intrascendente para aliviar el tenso silencio entre ellos, pero nada le vino a la mente.
-"Quizá, en primavera, crearás de nuevo tu magia en el jardín" comentó Naruto al cabo de un rato.
-"Si usted lo desea, pero debe prometerme que cuando me vaya, no dejará que de nuevo se muera todo”.
-"Te lo prometo”.
-"Creo que esta vez plantaré margaritas cerca de la casa” dijo Sakura, pensando en voz alta. -"Y más rosas, por supuesto".
-“Rojas" dijo Naruto.
-"Y también amarillas”.
-"No, solo rojas. Y blancas". Rojo por la sangre que le alimentaba; Y blanco por la pureza de la mujer a su lado.
-"Entonces plantaré margaritas amarillas”.
Él sonrió derrotado.
-“¿Por qué no cuidó las rosas del jardín, como lo hizo con las del laberinto?”. Preguntó Sakura mientras andaban por la sinuosa senda.
-"Le advertí a Jiraiya de las horribles repercusiones que habría si permitía que las rosas del laberinto se marchitaran".
-“¿Pero, por qué se preocupó por esas y no por las otras?”.
Naruto se detuvo. Volviéndola hacia el, le cogió ambas manos. -"Plantaste las rosas del jardín para tu placer" le explicó, sus pulgares trazando perezosos círculos sobre las palmas de sus manos. -"Pero las rosas del laberinto las plantaste para mí".
La mirada en sus ojos hizo que de repente su corazón latiera aceleradamente. Su contacto enviaba temblores por sus brazos. El sonido de su voz fluía sobre ella y a través de ella. Su voz. Nunca había oído ninguna igual, profunda y rica, llena a la vez de arrogancia y poder.
-“¿Por qué vive usted tan solo?” preguntó. –“¿Por qué no deja que nadie se le acerque?”.
-"Soy una criatura solitaria por naturaleza" contestó.
-"Tiene una extraña forma de sobre sí mismo" dijo, -"como si fuera diferente a todos los demás".
-“¿Crees que no lo soy?”.
Y en ese momento, ella supo que él era diferente. Diferente a ella, diferente a cualquiera que hubiera conocido en todo su vida, aunque no podía decir por qué. Y luego recordó un extraño comentario que había hecho una vez.
-“¿Recuerda usted la noche antes de salir de aquí con destino a París?”.Le preguntó mientras continuaban caminando.
-"La recuerdo". Había sido la peor noche de su vida.
-"Dijo algo aquella noche, algo que encontré muy extraño".
-“¿De verdad?”.
-"Sí. Dijo que nunca antes, en toda su vida, ningún mortal se le había acercado inadvertidamente".
Él vaciló un momento antes de contestar, y pareció como si se encerrara en sí mismo un poco más.-“¿Dije eso?”.
Sakura asintió. –“¿No cree usted que es extraño?”.
-"Explícate”. Dijo Naruto, a pesar de que sabía exactamente lo que quería decir.
-"Usó el término mortal como si se aplicara a mi, pero no a usted".
-“¿De veras lo hice?”.
-“¡Usted sabe que lo hizo!”.
Para distraerla, la estrechó entre sus brazos.
-"Eres la mujer más bella que he conocido en toda mi vida" dijo, con voz ronca. -"Tus ojos son tan verdes como un prado en pleno verano. Tu piel es como alabastro iluminado por el sol. Y tú pelo..." Él pasó los dedos por su pelo. -"Tu pelo es tan suave como la más fina seda".
Con un suspiro, se derritió contra de él, su rostro levantado hacia él, invitándolo a que la besara.
Sus labios rozaron los suyos. –“¿Estas enamorada de Uchiha?”.
Sakura pestañeó. –“¿Qué?”.
-“¿Qué si estas enamorada de Uchiha?”. Preguntó. Sus manos apretando sus hombros, sus ojos ardían con fría cólera.
-"No, Su Señoría".
-"No quiero que vuelvas a verle".
-"Creí que quería que me casara y tuviera hijos". Echó su cabeza hacia atrás para poder ver mejor su cara. –“¿No fue eso lo que me dijo?”.
-"No con Uchiha". Lo dijo como si le arrancaran las palabras a mordiscos, negándose a admitir que estaba celoso de ese hombre, de cualquier hombre. -"No con Uchiha" dijo de nuevo, y odió al hombre porque podía darle a Sakura todas las cosas que se merecía.
-"Muy bien, Su Señoría, no lo volveré a ver mientras permanezca en su casa".
Él quiso sacudirla, hacerle prometer que nunca volvería a ver a ese hombre de nuevo, no sólo ahora, sino jamás.
-“Pero ocurre que…" dijo Sakura. -"Le di permiso para visitarme”.
-"Jiraiya le despachará”.
Ella no lo pudo evitar. Sonrió, contenta, ante la idea de que estaba celoso de su afecto por Uchiha. Seguramente eso era una buena señal.
Cogiéndola de la mano, Naruto cambió de dirección y volvió hacia el castillo.
-"Pensé que íbamos a sentarnos un rato en el laberinto" dijo Sakura, apresurando sus pasos, para mantenerse a su mismo ritmo.
-"Esta noche no" dijo Naruto, con un gruñido en su voz. Esta noche no, pensó, cuando su negro corazón ardía de celos, cuándo la furia corría a través de él encendiendo su hambre hasta sentirse casi enloquecido ante la necesidad de cazar.
En la puerta del castillo, la estrechó entre sus brazos, su capa envolviéndoles a ambos como un capullo de terciopelo exuberante y seda caliente. Temblaba cuando su boca cubrió la suya.
-"Eres mía, dulce Sakura" se quejó. Sus ojos ardieron en los de ella, su aliento abanicó su mejilla como una llama. -"Durante este año, me perteneces a mí y a nadie más".

Capitulo 12

La siguiente noche, no se reunió con ella para cenar. Sakura picoteó su comida, saboreando apenas el suculento rosbif que Jiraiya había preparado.
Alzó la cabeza, al oír el sonido de unos pasos, con la esperanza renaciendo en su corazón para perderla al instante cuando Jiraiya entró en el cuarto.
-“¿No esta la comida a su gusto, señorita Sakura"? preguntó Jiraiya solícitamente. -"Puedo prepararle alguna otra cosa, si lo desea".
-"No, gracias". Apartó su plato. -"Esta noche no tengo demasiado apetito".
Jiraiya asintió, con una mirada de comprensión en sus ojos.
-“¿Me traería un vaso de vino?” preguntó. –“¿Quizás el vino que prefiere Lord Naruto?”.
Una expresión horrorizada cruzó por la cara de Jiraiya, y luego negó con la cabeza. -"Es de una cosecha muy fuerte, señorita," dijo. -"Puedo recomendarle algo más... ¿Refinado?”.
-"No importa". Levantándose, depositó su servilleta sobre la mesa. –“¿Supongo que no sabrá donde esta él?”.
-"En el jardín, creo".
-"Gracias, Jiraiya". Le sonrió. -"Si me lo pregunta, no le diré que me lo ha dicho.
-"Él igualmente lo sabrá," dijo Jiraiya, con una nota de resignación en su tono. -"Mejor tome un chal. La noche es fresca".
Sus pies se sintieron repentinamente ligeros cuando cogió su chal y salió de la casa.
El laberinto, pensó. Él estaría en el laberinto.
Sus pasos se tornaron más lentos al acercarse a la entrada del laberinto.
¿Se atrevería? ¿Por qué no? Todo lo demás había fallado.
Sintiéndose de algún modo confortada por la oscuridad, comenzó a desvestirse y luego, envuelta únicamente en su chal, corrió hacia el corazón del laberinto.
Naruto aspiró profundamente. Sabía que ella iría a buscarle, había sentido su presencia mucho antes de que se acercara.
Pero no estaba preparado para la visión que apareció ante sus ojos. La luz de luna se reflejaba en su pelo como polvo de estrellas, acariciaba su rostro, iluminaba sus esbeltas piernas. Un níveo chal de encaje que revelaba mucho más de lo que escondía, la cubría desde los hombros hasta las rodillas.
Se levantó con el aliento atrapado en su garganta.
Ella dio un paso hacia él, luego se paró, su valor se había esfumado ahora que estaba en la guarida del león.
El hambre y el deseo rugieron en su interior, más ardientes que las llamas del profundo infierno.
Era Venus salida del mar, Eva antes de probar la manzana.
-"Sakura". Murmuró su nombre entre sus labios, suavemente como un suspiro. Como la última y desesperada oración de un moribundo.
Su capa se envolvió más apretadamente entorno a él.
-"Buenas noches, Su Señoría," dijo, y dejó caer el chal.
Este se deslizó al suelo, quedando a enroscado alrededor de sus piernas, como una blanca nebulosa de espuma, y él estuvo tentado de hacer lo mismo, ponerse de rodillas y adorar su belleza, implorar su perdón. Seguramente esa diosa le podría absolver de sus pecados.
-"Déjame solo, Sakura". No fue una demanda, sino una urgente súplica de salvación.
Lentamente, ella caminó hacia él, y pareció que la luz de luna la siguiera.
-" Sakura... "
-"Le amo" dijo suavemente.
-"No lo hagas". Trató de apartar su mirada de su rostro, de la belleza y la perfección de su delgada figura. Sus pechos eran altos y firmes, su vientre plano, su cintura tan estrecha que estaba seguro de poder abarcarla entre sus manos.
Era la primera mujer completamente desnuda que había visto en cuatrocientos años, la primera mujer que había manifestado amarle desde que se había convertido en Vampiro. La primera mujer, que había suplicado por su contacto.
Mantuvo una silenciosa batalla interior, los últimos vestigios de honor y humanidad luchando con el monstruo en que se había convertido.
-“¿Su Señoría?”, Su voz era suave y dulcemente suplicante mientras extendía una insegura mano hacia él. –“¿Naruto?”
El sonido de su nombre en sus labios fue como música para sus oídos.
-"Sakura, por favor". Él lucho por articular las palabras a través de su reseca garganta. -"Por favor no me hagas esto, tengo miedo... "
Lentamente, ella bajó su mano. –“¿Usted? ¿Asustado ?• La incredulidad brilló en sus ojos.
Naruto cerró los ojos, la imagen de la primera y única mujer que en toda la vida se había llevado a la cama desde había sido hecho Vampiro surgió en su mente. Solo había sido una ramera, una mujer cuyos favores había comprado fácilmente para saciar el hambre de la carne. Era joven, pero sabia a pesar de sus años. No había sentido nada por ella, había creído que podría satisfacer su lujuria sin despertar su hambre.
Había estado equivocado, y su error en el juicio de su control, le había costado a la mujer su vida. Eso había sido casi cuatrocientos años atrás, filosofó. Asustado de las repercusiones, desde entonces no había vuelto a buscar el afecto de una mujer.
Había aprendido a dominar los deseos de la carne, a mantener su lujuria controlada, hasta que llegó Sakura. El saber que no se atrevería a poseerla le había facilitado sostener su pasión bajo control. Nunca, ni en sus sueños más descabellados, había esperado que ella le deseara.
Ciertamente nunca había planeado verla desnuda ante él en una noche iluminada por la luna, suplicando silenciosamente su contacto.
-"No puedo". Dio un paso hacia atrás, y su capa se enrosco más apretadamente a su alrededor, como para escudarle de un posible mal. -"No puedo".
Quiso marcharse dar media vuelta, apartarse de ella antes de que fuera demasiado tarde, pero el anhelo en sus ojos le tenía cautivado. Ninguna mujer en toda su vida lo había mirado con tal anhelo, con tanta ternura.
Sakura clavó los ojos en él, su anhelo dejando paso a la confusión. -"Está, ¿esto...?" Ella sintió que un fuerte rubor inundaba sus mejillas. "¿Es usted...?" El fuego en sus mejillas ardió más caliente. -"Quiero decir..." Aspiró profundamente y dijo a toda prisa. –“¿Es usted impotente, Su Señoría?”.
El pensamiento le divirtió al mismo tiempo que hirió su orgullo. ¿Qué era lo que ella había creído, que él era un mequetrefe impotente? Si realmente lo fuera, entonces, pensó torcidamente, sería todo mucho más fácil para los dos.
Una brisa batió la tierra, ondulando las hojas en los rosales. Sakura tembló, no de frío, sino por la conciencia de haberse ofrecido a él con toda su alma y haber sido rechazada.
Repentinamente tuvo frío por dentro y por fuera, se sintió desnuda hasta las mismas profundidades de su alma. No se había sentido tan vulnerable, ni tan expuesta, desde esa horrible noche en Ichiraku’s cuando permaneció al lado de su padre delante de una multitud de hombres lascivos.
Realmente, nunca podría mirar de nuevo a Naruto a la cara, se inclinó para recuperar su chal.
Y sintió sus manos en los hombros; Manos firmes levantándola, acercando a él.
-"Sakura, si pudiera obtener un deseo, ese sería hacer el amor contigo aquí y ahora. Pero no me atrevo". Él vio la pregunta en sus ojos, la duda. -"No tiene nada que ver contigo. Créeme cuando te digo que te deseo más de lo que nunca he deseado a ninguna otra mujer”.
Las lágrimas brillaron en sus ojos, sujetas en sus pestañas como gotas de rocío matutino. Lágrimas de vergüenza y humillación. -"No le creo".
-"Sakura, por favor... "
Ella negó con la cabeza. -"Estaba equivocada al venir aquí, equivocada al pensar que podría hacer que usted me deseara". Se alejó de él, sintiéndose repentinamente vacía cuando sus dedos se deslizaron de sus hombros. -"Me iré de aquí por la mañana, y no volverá a verme nunca mas".
Era lo que él quería, lo que sabía que era lo mejor para ella, pero sus palabras atravesaron las regiones más profundas de su despreciable alma. Y en ese instante, supo que no podría enfrentar un futuro sin ella. Cuatrocientos años de soledad ya habían sido suficientes.
-“¡Sakura! No te vayas". Las palabras surgieron desde lo más profundo de su corazón.
-“¿Su Señoría?”. Una diminuta llama de esperanza comenzó a arder en el pecho de Sakura, calentándola por dentro y por fuera.
-"Quédate conmigo, Sakura. Dame el año que te prometí”.
-"Será un placer, Su Señoría". Con un solo movimiento, se agacho para recoger su chal, y se lo pasó alrededor de sus hombros. -"Eres la mujer mas bella y deseable que he conocido en toda mí vida". Sus manos apretaron sus hombros.-" Tendremos nuestro año, dulce Sakura. Un año para conocernos".
Se situó detrás de ella. Lentamente, agachó su cabeza, sus labios raspando su cuello.-“ Vuelve a la casa" dijo, su aliento moviendo el pelo en su nuca. -"Te veré durante la cena mañana por la noche". Después de que haya alimentado a la bestia en mi interior.
-"Como usted desee, Su Señoría".
La observó marcharse dando media vuelta y en ese instante, se dijo que nunca podría dejarla marchar.
Había temido no poder mirarlo de nuevo a la cara, pero se sintió sorprendentemente tranquila cuando a la siguiente noche se reunió con él para cenar.
Se había vestido con esmero, con un vestido de lana verde suave. El color hacía juego con sus ojos. El vestido, aunque era de corte sencillo, realzaba cada una de sus curvas. Llevaba el pelo suelto cayéndole en suaves ondas por la espalda porque a él le gustaba de ese modo.
-"Buenas noches, dulce Sakura".
-"Buenas noches, Su Señoría".
Se sentó frente a ella y cogió la copa de vino que Jiraiya le había preparado tan pronto como entró en el cuarto.
Naruto tomó un sorbo, asintió con aprobación hacia Jiraiya, y luego se recostó en su silla.
-“¿Entonces?" dijo, mirándola por encima de su copa,-“¿Qué has hecho hoy?”.
Sakura se quedo mirándolo fijamente, incapaz de apartar la sensación de que él sabía exactamente cómo había pasado el día.
-"Aprendí una nueva pieza musical esta mañana" dijo, -"Y esta tarde, comencé a preparar el terreno para plantar los nuevos rosales".
Asintió, con una ceja arqueada invitándola a continuar.
-"Tomé una siesta y luego leí durante un rato". Y mirándolo directamente le pregunto –“¿Qué hizo usted hoy, Su Señoría?”.
-"Cómo paso mis días no es asunto tuyo, mi dulce".
-"Perdone, Su Señoría" dijo, con voz fría.-"No tenía intención de curiosear".
-“¿No la tenías?”.
-"Nunca le he visto durante el día. Simplemente me pregunté que era lo que le mantenía ocupado fuera del castillo desde el amanecer hasta la noche”.
-"Espero que nunca te enteres”.
Su respuesta debería haberla enojado, pero fue dicha tan suavemente, y con tal amargura, que solo pudo sentir lástima por él, y desear poder hacer algo para borrar la repentina tristeza en sus ojos.
-“Hablame de Uchiha," dijo Naruto.
-"No hay nada que decir. Él vino esta tarde, y Jiraiya le despachó”.
-"Sin duda me hablara de eso la próxima vez que visite Ichiraku’s" Naruto masculló.
-"Estoy segura de que Lord Uchiha encuentra una descortesía, el ser echado como si fuera un desconocido".
-"Puedes estar segura" Naruto acordó.
-"Pero a usted no le importa".
-"No, ni una pizca".
-"No le entiendo.
Dejando a un lado su vaso, se apoyó a través de la mesa para pasar sus nudillos amablemente sobre su mejilla.
-"Nunca podrás Sakura," dijo quedamente. -"Hay cosas que no puedo decirte, cosas que nunca debes saber". Él sonrió, pero fue una sonrisa amarga. -"Cosas que ni siquiera querrías saber si te las pudiera contar”.
Pero ella quería saber. Quería saber desesperadamente dónde estaba durante el día, que era lo que había detrás de la tristeza que ensombrecía sus ojos, por qué vivía en ese aislamiento auto impuesto en un enorme castillo sobre una montaña rodeada de niebla.
-“¿Puede decirme por qué nunca cena conmigo"?
Lentamente, él negó con la cabeza.
-“¿Está usted enfermo? ¿Es por eso que vive aquí solo, porque nunca lo veo durante el día "?
-“¿Enfermo?” Él sonrió de nuevo con esa sonrisa melancólica.-"”Supongo que podríamos llamarlo algo así". Cogió su copa y tomó un trago. -"Termínate la cena, mi dulce, y luego desearía que leyeras para mi algo triste y trágicamente romántico".
Un poco más tarde, se retiraron a su estudio. Sakura estaba sentada sobre el suelo frente a la chimenea con sus faldas esparcidas a su alrededor. Raramente venían aquí. El cuarto estaba revestido con oscuros paneles de madera y estaba escasamente amueblado, solo había un gran escritorio y unas cuantas sillas. Se preguntaba por qué él había preferido venir aquí esta noche.
Naruto se sentó en una silla al lado de la chimenea, su capa holgadamente envuelta a su alrededor. Jiraiya había llenado su copa de nuevo, y estaba mirando fijamente sus profundidades de color rubí mientras ella leía. Sabía que a Sakura no le gustaba, pero esta noche la oscuridad le atraía.
Ocasionalmente, Sakura le miraba, preguntándose el por qué de su sombrío estado de ánimo. Esta noche parecía más abstraído de lo normal, sus pensamientos vagando en su interior sin compartirlos con ella. Se preguntaba si quizás había sido marcado por alguna gran tragedia en su vida. ¿Había sido víctima de alguna terrible enfermedad, o le había lastimado tanto una mujer, que le hizo volver la espalda a la vida y jurar no volver a amar de nuevo?
Al cabo de una hora, cerró el libro y se puso de pie. -"Voy a pedirle a Jiraiya que me traiga una taza de chocolate caliente" dijo. –“¿Querría usted un poco?”.
Naruto la contempló, una esquina de su boca curvándose sardónicamente con diversión. –“¿Tú que crees?”.
-“Creí que le apetecería". Apartó el libro y señaló hacia su vaso vacío. –“¿"Le gustaría tomar un poco más de vino?”.
Con aprobación, él le ofreció la copa de cristal.
Jiraiya estaba sentado en la cocina, puliendo una cazuela de té de plata. Se levantó al entrar ella en el cuarto. –“¿Hay algo que pueda hacer por usted, señorita?”.
-"Sí. Me gustaría un poco de chocolate caliente, por favor”. Señalando el vaso vacío dijo: -"Y a Lord Naruto le gustaría un poco más de vino".
Un indicio de algo –desaprobación, quizá – titiló en las profundidades de los ojos de Jiraiya mientras tomaba la copa de su mano. -"Me encargaré de ello inmediatamente".
-"Esperaré" dijo Sakura. Sentándose la silla que Jiraiya había desocupado, cogió la tela que había estado usando y comenzó a pulir la tetera.
-"Señorita Sakura... "
-¡¿Qué?”.
-" No creo... Esto es, usted no debería... "
Sakura frunció el ceño. –“¿No debería qué?”.
Él sacudió con fuerza su barbilla hacia la plata. -"No debería hacer eso”.
-"No importa, quiero hacerlo. ¿Durante cuánto tiempo ha estado trabajando para Lord Naruto?”.
-"Durante mas años de los que puedo recordar”.
-“¿Sabe usted sabe por qué está siempre tan triste?”.
-“¿Triste, señorita?”.
Sakura asintió. -"Nunca he visto antes reflejada tanta tristeza en los ojos de un hombre. Algunas veces me dan ganas de gritar".
Jiraiya la miró de soslayó, con expresión al principio sorprendida y luego incrédula, como si ella hubiera expresado simpatía por un animal salvaje. Y luego se volvió para llenar la cacerola con leche. -"A pesar de ser tan joven, es usted muy perceptiva" comentó mientras encendía el fuego y ponía la cacerola a calentar.
-“¿Sabe usted por qué está tan triste, verdad?”.
Jiraiya negó con la cabeza. -"Me temo que no podría decirlo".
-“¿No podría o no querría?”.
-"No lo sé, señorita, realmente no lo sé”.
-“¿Ha estado enamorado alguna vez en su vida? ¿Ha estado casado?”.
-"No que yo sepa".
Sakura dejó a un lado la tetera. Con los codos apoyados sobre la mesa, apoyó su barbilla sobre sus manos dobladas. -"Desearía poder hacerle feliz”.
“Usted le hace feliz. Estoy seguro de eso”.
-“¿Usted lo cree realmente?”. Él le había rogado que se quedara, pero no había parecido feliz por ello.
Jiraiya miró hacia la puerta de la cocina, con expresión cautelosa, como si temiera ser oído. -"Él la necesita, señorita. La necesita, y a él no le gusta eso".
-“¿Le ha dicho él eso?”.
Jiraiya negó con la cabeza y luego evitando cualquier otra conversación, se giró para ocuparse de los fogones.
Sakura le miró asombrada mientras sacaba del fuego la cacerola de la leche y la dejaba a un lado, para coger otra cacerola de la alacena, verter un poco de vino y ponerla a calentar al fuego.
-“¿Qué hace?” preguntó.
-"A Lord Naruto le gusta el vino caliente.
Jiraiya preparó su chocolate, luego vertió el vino en una copa de cristal y lo colocó en una bandeja. –“¿Desea alguna otra cosa, señorita? ¿Una galleta, quizás "?
-"No, con esto tengo suficiente”. Trató de alcanzar la bandeja.
-"Yo se la llevaré, señorita".
-"No será necesario" dijo Sakura sonriente, cogiendo la taza y la copa de la bandeja. -"Gracias, Jiraiya. Buenas noches".
-"Pero, señorita Sakura... "
-“¿Qué ocurre?”.
-"Nada".Echó un vistazo a la copa en su mano, luego apartó la mirada. -"Buenas noches, señorita".
Sakura abandonó la cocina, regresando al estudio con pasos lentos. ¿Vino caliente? Se detuvo en el vestíbulo, echó un vistazo alrededor para asegurarse de que estaba sola, y tomó un sorbo de la copa de Naruto. Ni caliente ni frío, nunca había probado nada parecido a eso. Era más espeso que cualquier vino que antes hubiera probado y con un extraño sabor que hizo que su estómago se revolviera.
Se limpio los labios, para que Naruto no supiera que había saboreado su bebida. Una vendimia especial, ciertamente, pensó, haciendo una mueca. Pues bien, si le gustaba así, pues que se la tomara.
Él estaba de pie frente a la chimenea, mirando fijamente las llamas, cuándo ella regresó al estudio. Estaba de espaldas a ella con una mano sujetando su capa. La capa le caía en suaves pliegues por su espalda, y reparó de nuevo en que parecía que el grueso terciopelo negro se pegara a él por propia voluntad.
No se volvió cuando ella entro en el cuarto. Parecía estar ensimismado en sus pensamientos, y se preguntó si sabía que estaba allí.
Por supuesto que lo sabía. Estaba sintonizado con cada aliento que ella emitía, con cada uno de sus movimientos. Sin mirar, sabía exactamente en qué lugar del cuarto estaba. Podía sentir su mirada en su espalda, podía saber el momento en que dejó su copa en la mesa al lado de su silla, supo que estaba exactamente cinco pasos detrás de él, ligeramente a su izquierda. Supo que había estado hablando de él con Jiraiya.
-“¿Aprendiste algo? preguntó, con voz engañosamente suave.
-“¿Su Señoría?”
-"De Jiraiya. ¿Te dijo algo que no supieras?”.
-"No sé de lo que me esta hablando”.
-“¿No lo sabes?” Se giró lentamente hacia ella, su capa formando remolinos alrededor de sus tobillos.
-"Yo... le pregunté si sabía por qué está usted tan triste" Sakura contestó, y luego le miró ceñudamente. –“¿Cómo sabe que pregunté sobre usted? ¿Estaba espiándome? ¿Escuchando a escondidas?”.
Negó con la cabeza. No tenía necesidad de espiarla. Su audición sobrenatural le había permitido oír cada una de las palabras que habían intercambiado ella y su criado.
-“¿Por qué está usted tan triste?”. Preguntó Sakura.
Sus ojos se convirtieron en rendijas ominosas mientras la miraba fijamente.
-"Jiraiya me dijo que usted me necesitaba" siguió, determinada a no dejar que la asustara con su silencio. –“¿Es eso cierto?”
Te necesito, pensó. Te necesito de más formas de las que tú puedes suponer. Formas que si supieras, te causarían profunda repugnancia.
Observó como sus ojos se abrieron alarmados mientras él acortaba la distancia entre ellos. Tomando la taza de su mano, la dejó sobre la mesa, luego la rodeó con sus brazos.
-"Esto es lo que necesito" dijo, y aplastando su cuerpo contra el de él, la besó, su lengua entrando atrevidamente en su boca.
Casi inmediatamente, se apartó. Se la quedó mirando fijamente, suspiró profundamente. No, no se había equivocado. Ella sabía a su vino. Y a sangre.
-“¿Qué has hecho?”. Le preguntó con voz suave, pero no por ello menos intimidante.
-“¿Qué qué he hecho?” se quedó mirándolo con el corazón latiendo aceleradamente.
Naruto aspiró profundamente y luego acercó de nuevo su cabeza saboreando el sabor de su vino en su lengua. Cerró sus ojos mientras profundizaba el beso. Ella sentía lástima por él, creía que había sufrido alguna horrible tragedia en su vida.
Sus brazos la apretaron más fuertemente mientras la besaba de nuevo, y luego otra vez. Le enseñaría a sentir lástima por él.
Sakura gimió suavemente cuando su boca la castigó con brusquedad. Trató de apartar su cabeza, pero sus manos sujetaron su cara. Una neblina roja flotó ante sus ojos y luego, dentro de la niebla vio a un hombre escapando de una sombra oscura. Oyó su grito de terror mientras la oscuridad le engullía, vio unos ojos en los que ardía la misma furia del infierno...
El miedo del hombre se apoderó de ella. Sintió la muerte gravitando sobre ella, acaparando su aliento, su vida, y comenzó a luchar salvajemente por liberarse del abrazo de Naruto. Tenía que escaparse, lejos de esos horribles ojos rojos.
-“¡Su Señoría! ¡Naruto! ¡Me estas lastimando!”.
Lentamente, sus palabras penetraron en la roja neblina que se había establecido sobre él. Mascullando un juramento, la soltó.
Sakura tropezó hacia atrás, con su corazón latiendo frenéticamente mientras miraba fijamente a Naruto. Su capa ondeó, como si tuviera vida propia, y supo, supo, que la capa de Naruto había sido la sombra oscura que había visto en su mente.
-“¿Qué ha sucedido?” preguntó sin aliento. –“¿Quién era ese hombre? ¿Qué ha hecho usted?”
Él la miró, sus azules ojos brillando intensamente, como trozos de cristal roto. -"Ahora ya sabes lo que necesito" dijo.
Clavó los ojos en él, sus pensamientos agitándose mientras intentaba descifrar su significado. Trató de apartar su mirada, pero sólo podía permanecer allí, débil e indefensa como un ratón en las mandíbulas de un león.
Atrapada en la trama de sus ojos hipnóticos, incapaz de pensar o hablar, sólo pudo quedarse mirándolo, silenciosa, vulnerable.
Abruptamente, él giró sobre sus talones, su capa formando remolinos como humo negro alrededor de sus tobillos, y se fue.
Sakura cayó de rodillas, sus brazos envueltos alrededor de su cuerpo para calmar sus temblores.
No entendía lo que había ocurrido, pero sabía, que por primera vez estaba realmente asustada.
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Deeper Than The Dark (+16) (17/07/14) (Cap 13)

Mensaje por Dyna el Vie Jul 18, 2014 12:04 pm

Capitulo 13

A la siguiente noche no se reunió con ella para cenar. Sakura no pudo evitar sentirse aliviada. No estaba preparada para afrontarlo de nuevo, no hasta que entendiera lo que había sucedido entre ellos, no hasta que pudiera encontrar algún sentido a la extraña visión que la había invadido mientras Naruto la besaba.
Después de pasar unos minutos jugueteando con la comida, apartó a un lado su plato y abandonó el comedor, vagando por el primer piso hasta llegar a la biblioteca.
Con un suspiro, miró los libros alineados en las paredes, pero ninguno le atrajo. Y luego, como si no pudiera evitarlo llegó a su estudio. Antes nunca había ido hasta allí sin él y no pudo evitar sentir que entraba a hurtadillas mientras se paseaba por el cuarto.
Y entonces lo vio, un pequeño libro sobre su escritorio. Lo cogió con curiosidad y hojeó las páginas. La mayoría estaban en blanco, pero unas cuantas estaban escritas.
Fascinada por las palabras, se sentó, apenas consciente de que un momento más tarde Jiraiya entró en el cuarto y encendió el fuego de la chimenea.
El libro estaba escrito con una letra elaborada y supo, sin saber cómo, que Naruto había escrito las palabras, palabras oscuras, palabras afligidas....

Durante la noche
Soy un hombre ante ti
Pálido, alto y estático
Con mis oscuros y encendidos ojos te acecho
Analizando, controlando
Soy el silencio y el poder
Un campo de nieve suave, sin mácula, iluminado por la luna

Pero él
Sí, él, el otro yo
Oh, él temblaría ante tu toque
Su inocente mano se desmoronaría ante tu contacto
Haría cualquier cosa por sentir tus labios sobre los suyos
Acariciaría tu mejilla sedosa
Y deslizaría sus labios corroídos sobre los tuyos
Por tu inocente cuello.

Pero no yo, entiéndeme, el otro yo
El que mira de soslayo
Y vacila
Y flaquea
A la luz del día.

Su corazón golpeaba irregularmente en su pecho mientras pasaba la página para leer el siguiente poema.

Lo puedo sentir llegando
A través de las lágrimas en la oscuridad
Rápidamente acercándose mientras yo me escondo
Temblando interiormente
Las sombras en la luz.

Escalofríos atraviesan mi húmeda piel
Una apremiante comezón llega a la superficie
Atormentándome
Manteniéndome prisionero.
Paso mi lengua por mis labios
Y soy yo, como siempre.

Luego comienza
Mi resistencia se desmorona
Y estoy lleno de ello
La vacuidad de mi existencia.
Mi conciencia está llena de ello.

La dura prueba ha concluido

Saciado por la destrucción
Sin conciencia
Por qué permanezco vivo
Para la siguiente visita

La oscuridad ha llevado un pedazo de mi alma.
Cerró el libro y se quedó mirando fijamente las llamas bailando alegremente en la chimenea mientras trataba de entender lo qué había leído.
Lord Naruto es un hombre impulsado por oscuros apetitos, señorita. Oyó las palabras de Jiraiya en el fondo de su mente. Actúa compelido por Fuerzas que usted no puede comprender. Sería usted inteligente, si abandonara este lugar y nunca más regresar.Anoche, pensó que Jiraiya había tenido razón. Había tratado de abandonar el castillo por la mañana temprano, sólo para encontrarse con todas las puertas cerradas. Había ido en busca de Jiraiya, pero no pudo encontrarlo por ninguna parte.
Ahora, sentada delante del fuego, su cuerpo entero se tensó mientras un escalofrío recorría su columna vertebral.
Él estaba aquí.
No había oído ningún sonido que dejara traslucir su presencia, ningún ruido de pasos mientras entraba en el cuarto, pero de repente él estaba allí ante ella, una figura alta toda vestida de negro. Permaneció frente a la chimenea, el fuego crepitando detrás de él. Como un demonio resurgiendo de las profundidades del infierno.
Alzó una rubia ceja con diversión. –“¿Un Demonio, Sakura?”. Oyó el tono doloroso en su sonrisa. -"Estas más en lo correcto de lo que crees".
Trató de pensar en algo ingenioso para responder, pero no le vino nada a la mente. Como un pájaro atrapado por un gato hambriento, sólo pudo clavar los ojos en él, esperando que la atacara al mismo tiempo que se preguntaba cómo sabía él lo que estaba pensando.
Miró el libro que sostenía en las manos, preguntándose cuánto había leído, y si había entendido la conexión entre sus oscuras palabras y la negrura de su alma.
-“¿Ahora te doy miedo?”. Preguntó, sabiendo que su miedo no tenía nada que ver con lo que había leído y todo con lo que había pasado entre ellos la noche anterior.
No podría hablar pues se le había formado un nudo en su garganta.
-“¿No es verdad?” Su voz era cortante, exigiendo una respuesta.
-"Sí, Su Señoría". Cruzó los brazos sobre su pecho. -"Ahora debería marcharme a mi casa".
-“¿Deberías irte?”
Asintió vigorosamente. “Sí, por favor. Por favor..." Las lágrimas llenaron sus ojos y se derramaron por sus mejillas. -"Por favor déjeme ir a casa”.
La visión de sus lágrimas apagó su cólera. Murmurando su nombre, llego hasta ella, la levantó de la silla y la envolvió entre sus brazos. El libro olvidado, cayó al suelo.
-"Nunca te haré daño, Sakura" dijo quedamente. -"Por favor cree en mí".
-" No. Quiero irme a casa. Por favor, Su Señoría, por favor déjeme ir a casa”.
-" Sakura... Dulce Sakura". Amablemente, acarició su mejilla.
Ella se sobresaltó ante su toque, como si temiera que la golpeara. Una vez, él había deseado que ella le temiera, que fuese cautelosa por su bien. Ahora, el saber que le temía atormentaba su alma, tan dolorosamente como la quemadura del sol en su carne sobrenatural.
-"Sakura, una vez te advertí que te fueras mientras podías. Ahora me temo que es muy tarde". Negó con pesar. -"Lo siento, que no puedo dejarte marchar".
Ella le miró, su rostro nublado por sus lágrimas. Aun así, pudo ver el aislamiento que expresaban sus ojos, la tristeza que una vez había ansiado borrar.
Lentamente, él agachó su cabeza, y ella sintió el toque de sus labios, frescos, amables. Sus brazos la sujetaron ligeramente, con afecto. ¿La soltaría si ella se apartaba?
Con el corazón martilleando, echó un paso hacia atrás. Y él la dejó ir, sus brazos cayeron a los lados, con un tormento interior en sus azules ojos, que ella no podía penetrar.
-"Una vez me rogaste que te dejara quedar" dijo, su voz deslizándose sobre ella como un viento oscuro. -"Ahora te lo ruego yo”.
Sintió las lágrimas resbalando por sus mejillas. -"He cambiado de idea”.
-" Demasiado tarde, Sakura. ¿Tendré que arrodillarme y suplicarte, mi dulce?”.
-“¡No!”. - No podría soportar el verlo arrodillado a sus pies, su arrogancia humillada, su orgullo arruinado.
-“¿No te apiadarás de mí, dulce Sakura? Un año no es tanto tiempo, después de todo”.
-“¿Si me quedo, me dejará marchar cuando el año haya finalizado?”.
-"No tienes otra alternativa, Sakura. Te quedarás".
-“¿Entonces por qué me lo esta pidiendo? No lo entiendo".
-"Quiero que te quedes conmigo por tu libre voluntad. Quiero que me acompañes durante la soledad de mis noches. Quiero ver tu sonrisa, oír tu voz, tu risa”. Sonrió arrepentido, como si hubiera descubierto una verdad acerca de sí mismo, que no le gustaba en absoluto.-"Te necesito”.
Él la necesita, señorita. Él la necesita, y eso no le gusta en absoluto. Oyó el eco de la voz de Jiraiya en su mente de nuevo.
“¿Te quedarás conmigo, Sakura?”.
Ella quería decir que no. Quería irse a su casa. Pero no pudo rechazarle. -"Sí".
-“¿Por qué así lo deseas?”.
Asintió, asombrada al descubrir que realmente quería quedarse.
Entrando en la cámara interior de la torre del este, Jiraiya dejó una muda de ropa limpia para Naruto, luego recogió la sucia.
-"Gracias, Jiraiya. Eso es todo". Mientras salía Jiraiya vaciló en el portal. Suspirando profundamente, se dio la vuelta. -"Antes nunca me había parecido que fuera deliberadamente cruel".
-"Nunca he creído que antes eso te importara".
-"Ella es una buena muchacha. No me gustaría verla destrozada".
-"¿Eso es lo que crees que voy a hacer?”.
-“¿No lo es?”.
-“¿He destruido a alguna de las otras?”.
-"Ella no es como las demás, y usted lo sabe. No podrá esconderle por siempre lo que usted es, Su Señoría. Ella se preocupa demasiado por usted, para ser engañada durante mucho tiempo".
-"Sí, lo hace". Naruto se volvió de espaldas ante la acusación en los ojos del otro hombre. Aunque le había rogado que se quedara, no había esperado que ella estuviera de acuerdo. Anoche, había estado aterrorizada de él, de las imágenes oscuras que la habían inundado mientras se besaron, una visión atraída por su contacto, y por el vino que había ingerido de su vaso. Podría acabar con todos sus miedos, ligándola a él a fin de solo le deseara a él. Solo tenía que iniciarla, y ella haría cualquier cosa que le pidiera, se quedaría con él durante el resto de su vida, y sería desgraciada cuando estuvieran separados.
-"Déjeme llevarla a su casa, Su Señoría".
-"No".
-"Está mal retenerla aquí".
Lentamente, Naruto se dio la vuelta, mirando fijamente a su criado.
El miedo invadió a Jiraiya, el mismo frío y paralizante miedo que le había invadido la primera vez que había visto los ojos del vampiro unos cincuenta años atrás. Qué claramente recordaba esa noche. Había sido acuchillado en una pelea callejera y lo habían abandonado para que muriera en una calle trasera de los garitos de juego, su vida se escapaba en una mancha acarminada cuando una nube oscura le rodeó. Había sentido una fina punzada de dolor en su cuello, y luego una voz, baja, seductora, se había ofrecido a salvarle.
Desesperado por vivir, Jiraiya había visto, sin comprender, como el desconocido gravitando sobre él había cortado su muñeca, y luego había presionado su carne sangrante sobre los labios de Jiraiya. Unas pocas gotas de la oscura y gruesa sangre del desconocido le habían revivido milagrosamente. A cambio de su vida, Jiraiya había declarado bajo juramento servir a Naruto para siempre. La mayoría de las veces había sido una buena vida. Nunca había estado hambriento de nuevo, ni pasado frío y se le había concedido cualquier cosa que había pedido. Pero Naruto lo poseía, en cuerpo y alma. Y eso era un hecho que en algunas ocasiones olvidaba.
Pero no había ningún olvido ahora.
-"No interfieras" le avisó Naruto.
Y en su mente, Jiraiya oyó la tácita amenaza: Te di la vida. También puedo quitártela.
-“¿Es esto todo, Su Señoría?”. Jiraiya preguntó. Tras la brusca inclinación de cabeza de su maestro, se dirigió hacia la puerta.
-"Jiraiya".
-“¿Sí, Su Señoría?”.
-"No le haré daño”.
Jiraiya asintió. Era a la vez una promesa y una disculpa.
-"No te entiendo" dijo Tsunade. Mirándola por encima de la masa con la que trabajaba. –“¿No puedo creer que hayas decidido quedarte con ese horrible hombre?”.
-"Me pidió que me quedara" contestó Sakura, distorsionando ligeramente la verdad. -"Ha sido muy amable conmigo, con todos nosotros. ¿Cómo podía rehusar?”.
Desvió la mirada desde su madre hacia el portal donde estaba Jiraiya de pie, con los brazos cruzados sobre su pecho. Había insistido en acompañarla. Para protegerla, había dicho, pero ella no lo creía. Estaba allí para asegurarse de que al anochecer regresara al castillo.
Tsunade clavó los ojos en la masa del cuenco. -"Cuándo regresaste de París, pensé que te quedarías aquí, con nosotros, con tu familia".
-"Les visitaré a menudo" prometió Sakura.-"Después de todo, solo va a ser durante un año". Sólo un año, pensó, y ya había pasado un mes.
-“¿Te dejará venir a la boda de tu hermana?”.
-"Por supuesto" contestó Sakura alegremente, sin embargo interiormente, no estaba segura.
Tsunade miró fijamente a su hija, preguntándose qué era lo que Sakura ocultaba.
-"Tengo que marcharme" dijo Sakura. Levantándose, rodeó la mesa y le dio un abrazo a su madre. -"Dígale a las muchachas que lo siento, me hubiera gustado verlas, que las echo de menos. La veré en la boda".
Tsunade colocó su mano sobre las de su hija, maravillándose de lo suave y refinadas que las tenía. Una vez, habían estado ásperas y llenas de callos, con las uñas quebradas y disparejas por el arduo trabajo.
Ahora, Sakura tenía las manos de una señora. Quizá estaba equivocada al preocuparse tanto.
-"Adiós, Mama". Sakura dio a su madre un último abrazo, luego abandonó la casa.
Fuera, Jiraiya la ayudó a subir al carruaje. tomando su lugar en el pescante, alzó las riendas y azuzó al caballo.
-"Su madre es preciosa" comentó Jiraiya.
Sakura desvió la mirada en su dirección, sorprendida por su observación, y más asombrada de que lo pudiera expresar en voz alta.-“¿Usted cree?”.
Jiraiya asintió mientras dirigía el caballo por la carretera.-"Usted se parece a ella".
-"Gracias". Dijo Sakura, cruzó las manos sobre su regazo y se recostó, disfrutando la belleza del campo mientras pasaban por el camino.-“¿Ha estado usted casado alguna vez?”.
-"No, señorita".
-“¿Cuánto tiempo ha estado trabajando para Lord Naruto?”.
Jiraiya vaciló. -"Durante mucho tiempo".
-"Seguramente él no tendría ningún inconveniente en que usted forme su propia familia".
-"Me temo que eso no será posible”.
No será posible, filosofó. Qué forma tan extraña de expresarlo. –“¿Por qué nunca lo veo durante el día"?
-"No podría decirlo, señorita".
-“¿Pero usted lo sabe?”.
-¿Le gustaría que nos detuviéramos en el pueblo para comprar algo?”. Jiraiya preguntó, cambiando manifiestamente de tema.
-"Sí," contestó Sakura. -"Me gustaría parar en la pastelería".
Viajaron en silencio hasta llegar al pueblo. Sakura compró una pequeña bolsa de caramelos de menta para ella, y otra, una bolsa mayor, para repartirla entre su madre y sus hermanas en su siguiente visita. Cuando salió de la tienda, vio a una niña de unos siete años sentada cerca de la puerta. El pelo de la niña estaba sucio y despeinado, su vestido descolorido y andrajoso.
-“¿Estas perdida, pequeña?”. Preguntó Sakura.
La niña la miró con sus grandes ojos color café, luego, tímidamente, sacó un puñado de prímulas. –“¿Quiere comprar una flor, señora?”.
-"Por supuesto" dijo Sakura, y luego se percató que no tenía dinero. –“¿Jiraiya?”.
-“Vamos, señorita".
-"Quiero darle algo de dinero".
Jiraiya negó con la cabeza. -"A Lord Naruto no le gustará”.
-"Entonces, no se lo diga.” Sakura sonrió a la niña.-"Me las llevaré todas”.
Un músculo vibró con fuerza en la mandíbula de Jiraiya mientras introducía la mano en el bolsillo del abrigo y sacaba un puñado de monedas. Él no tendría que decirle nada a Naruto. El vampiro lo sabría.
La cara de la niña se iluminó cuando le dio el ramillete a Sakura, luego cogió las monedas de Jiraiya.
-"Gracias, señora" exclamó, apretando firmemente el dinero contra su pecho. –“¡Oh, gracias!”.
Sakura sonrió abiertamente al observar a la niñita bajar corriendo por la calle. –“¿Vamos?”.
Casi habían alcanzado el carruaje cuando oyó a Uchiha llamándola por su nombre. Cambiando de dirección, le vio caminar a grandes pasos hacia ella.
-“Vamonos, señorita" urgió Jiraiya.
-"En un minuto". Sonrió a Uchiha mientras le tendía las manos. -"Hola, Sasuke".
-"Sakura". Levantó una de sus manos y la besó. -"Qué bonita se ve".
-"Usted también se ve muy bien”.
Uchiha sonrió abiertamente, a su respuesta, y a su acogedora sonrisa. –“Venga," dijo. -"tomaremos una taza de té".
-"Por supuesto".
Jiraiya se aclaró la voz. -"Lo siento señorita Sakura, pero tenemos que irnos".
-"Más tarde" dijo, posando su mano en el brazo de Uchiha.
-"Le recuerdo su promesa, señorita" dijo Jiraiya severamente.
-“¿Qué promesa es esa?”. Preguntó Uchiha. Desvió la mirada del rostro de Sakura al de Jiraiya sucesivamente.
-"Nada". Apartó la mano de su brazo y dio un paso hacia atrás. -"Prometí estar en casa a las... “A las...." Su voz se desvaneció. No tenía ni idea de qué hora era.
-"A las tres, señorita" dijo Jiraiya rápidamente. -"Ya estamos retrasándonos".
-"Sí, es verdad. Lo siento, señor, pero debo irme".
-"Seguramente tendrá un momento para tomar una taza de té" urgió Uchiha.
-"No puedo. Lo siento mucho".
-"Muy bien, no la entretendré.” Uchiha se inclinó de modo respetuoso sobre su mano, seguramente Naruto la había hecho prometer que no volvería a verle. -"Si alguna vez se cansa de él, si le hace algún tipo de daño, recurra a mí".
-"Gracias, Señor. Es usted muy amable".
-“Tenga cuidado, Sakura" dijo Uchiha seriamente. -"Naruto es... Simplemente tenga cuidado".
-"Lo haré. Realmente debo irme".
Él la ayudó a entrar en el carruaje, mirando vigilante a Jiraiya mientras azuzaba al caballo. Qué poder tenía Naruto sobre ella, se preguntó. De alguna manera, se enteraría.
-“¿Es muy rico Lord Naruto?” preguntó Sakura. Había permanecido sentada en silencia durante un rato observando el campo al pasar. Los campos estaban verdes y dorados. Las ovejas pastaban en las laderas.
Jiraiya asintió. Rico no era suficiente para describir la riqueza de su señor.
-"Él debería hacer algo con su dinero" filosofó Sakura. -"Podría aliviar el sufrimiento de mucha gente".
Jiraiya sonrió a pesar de sí mismo mientras imaginaba a Lord Naruto caminando por entre los campesinos del pueblo, su capa negra ondulando alrededor de él esparciendo monedas de oro como confeti.
-“¿No lo cree usted?”. Preguntó Sakura.
-"No me corresponde a mí decir a Lord Naruto lo qué debe hacer con su dinero, señorita Sakura". Jiraiya se volvió hacia ella... -"Ni a usted".
Un poco picada, Sakura se recostó en su asiento con los brazos cruzados sobre su pecho. De alguna forma, encontraría la manera de convencer a Naruto para aliviar la pobreza en el pueblo.
Más tarde esa misma noche, Sakura estaba sentada en la mesa, mirando fijamente su plato de estofado de cordero sin verlo. Todos sus pensamientos de auxiliar a pobres se esfumaron en cuanto volvió a ver de nuevo a Naruto. ¡Qué extraña era la vida! Cuando ella había querido quedarse, él quería que se fuera. Cuando quiso irse, él le pidió que se quedara.
¿Lo había imaginado todo, se preguntó, la desconcertante visión de ese hombre siendo perseguido por la oscuridad, por el sentido del mal? Su miedo había sido lo suficientemente real, pero ahora parecía tonto. Naruto no la dañaría.
Ahora tú sabes lo que necesito. ¿Qué era lo que había querido decir con esas extrañas palabras?
Y ahora estaba aquí, llenando el cuarto con su presencia. Vestido con una camisa blanca holgada, remetida en pantalones negros, y botas suaves de cuero, cruzó silenciosamente el cuarto para tomar asiento frente a ella.
-"Buenas noches, dulce Sakura".
Ella asintió en su dirección. -"Su Señoría".
-“¿No tienes apetito esta noche?”. Dijo señalando el plato de estofado sin tocar frente a ella.
Sakura suspiró. -"No tengo mucha hambre”.
Una sombra de interés pasó por su rostro y luego desapareció. –“¿Te encuentras bien?”.
-" Bastante bien. ¿Puedo preguntarle algo?”.
-"Puedes preguntarme lo que quieras".
-"Pero usted no me responderá".
-“¿Qué es lo quieres, Sakura?”
-"Pedirle un Favor".
Él levantó una ceja rubia. –“¿Otro deseo?”.
-"Quiero ayudar a la gente del pueblo. Muchos de ellos han tenido un mal año".
-“¿Y tu quieres ayudarles? ¿Cómo?”
-"Hay un almacén vacío en las afueras del pueblo. Me gustaría convertirla en un refugio para alojar a los pobres”.
-“¿De veras?”.
Sakura asintió, exponiendo con entusiasmo. -"No sería nada complicado. Solo algunas camas".
-“¿Y también quieres que yo los alimente?”.
-"Por supuesto. Pensé que podríamos pedirle a Hiruzen Sarutobi si puede llevar la comida por la noche. Y leche para los más pequeños".
-“¿Y tu quieres que yo financie esa misión?”.
-"Sí".
Él sonrió débilmente, divertido por la idea de alimentar a esos que en algunas ocasiones habían alimentado su hambre.
-"Deja que Jiraiya se encargue de ello" dijo. -"No quiero que te involucres directamente".
-“¿Por qué no?”.
-"Porque te quiero aquí".
-"Pero no tengo nada que hacer durante todo el día".
-"Creí que ibas a volver a cuidar el jardín".
Había olvidado eso momentáneamente, pero no podía pasarse todo el tiempo entre las flores.
-"Te quiero aquí" repitió con firmeza. -"Tu te encargas del jardín, Sakura, y yo haré que Jiraiya consiga el almacén y lo aprovisione de camas o de cualquier otra cosa que creas necesaria".
-"Es usted muy amable, Su Señoría".
-"No debes explicarle nada a nadie acerca de esto" dijo Naruto. -"Dame tu palabra”.
-"Se lo prometo”.
-“¿Vas a terminar tu cena?”.
Sakura negó con la cabeza. -"No".
-"Ven, vamos" dijo, levantándose. -"Deseo que demos un paseo”.
Jiraiya les estaba esperando en la puerta. Le dio a Naruto su capa, y pasó un ligero chal de algodón alrededor de los hombros de Sakura.
Frunció el ceño al salir fuera. ¿Cómo había sabido Jiraiya que saldrían?
La noche era fresca, pero no fría. Una luna amarilla brillaba en el cielo. Millones de estrellas brillaban intermitentemente centelleando como diamantes diminutos contra un techo de terciopelo color añil.
Uno al lado del otro, fueron andando por los estrechos caminos estrechos. De alguna forma supo que terminarían en el laberinto, y se preguntó qué había allí que atraía tanto a Naruto.
-“¿Cómo esta tu madre?” pregunto Naruto después de un largo silenció.
-"Está bien”. Quiere que vuelva a casa. Me temo que no entiende por qué he decidido quedarme aquí.
Él no dijo nada.
-"Mi hermana se casa pronto. ¿Vendrá a la boda?”.
-"No he sido invitado”.
-"Yo le invito”.
-“¿Cuándo tendrá lugar el feliz acontecimiento?”.
-"El domingo por la tarde, después de misa".
-"Dudo ser bienvenido".
-"Claro que sí, será mi acompañante". Le sonrió. -"Estoy segura de que a Jiraiya le gustaría tener una noche libre".
-"Lo pensaré”.
-"Como usted quiera".
Ahora estaban en el laberinto. Como siempre, el lugar la llenó de aprensión, aunque no podía decir por qué. No había nada a que temer.
Cuando alcanzaron el corazón del laberinto, Naruto se sentó deprimido en uno de los bancos de hierros forjado y le indicó que se sentara a su lado.
Sakura repentinamente nerviosa, se sentó, alisando sus faldas.
Naruto se recostó contra el banco, con los brazos cruzados sobre su pecho. -"Hoy has visto a Uchiha".
A Sakura se le secó la boca de repente. -"Sí, Su Señoría".
-"Dime qué pasó".
-“¿Por qué no me lo dice usted? Que parece saber todo lo que digo y hago". Le miró con ojos entrecerrados. -"Me gustaría saber cómo lo hace".
-“Puedo leer tu mente, mi dulce".
-"Eso es imposible”.
-“¿Lo es?”
-“¿No lo es?” Clavó los ojos en él, preguntándose si le decía la verdad.
-"Me prometiste no reunirte con él mientras vivieras aquí, con conmigo".
-"Nosotros no nos reunimos. Le vi en la calle, y me saludó".
-"Y te invitó a tomar el té".
-“¿Se lo ha dicho Jiraiya?”.
Naruto negó con la cabeza. -"Puedo oler a Uchiha en ti" dijo quedamente. -"Uchiha huele a caballo, a tabaco caro y a una fuerte colonia”.
Sakura sintió que su corazón se saltaba un latido mientras Naruto la estudiaba, las aletas de su nariz ensanchándose al aspirar profundamente.
-"Tu hueles a té, a las tostadas que tomaste en el desayuno, y al jabón de lavanda con el que te has bañado" dijo, su voz deslizándose sobre ella como si fuera una caricia. -"Comiste carne de cordero y patatas. Tus manos huelen a prímulas y a menta. Hay también un débil aroma a polvo y a perfume. Y tu olor propio” siguió, con voz baja intima -"Esa fragancia única que es tuya y solo tuya".
Sakura sólo pudo clavar los ojos en él, estupefacta ante sus palabras. ¿Cómo podía saber algo así?
Él no se lo contó todo, que podía oír el rumor de su sangre fluyendo en sus venas, o que si concentraba su mente, podía oír las voces del pueblo, sus risas, sus lágrimas, la respiración ruda de los enfermos, las oraciones de lo esperanzados, los desesperados, los moribundos.
Podía oír sus pensamientos, sentir su presencia. Conocer sus miedos.
Y a pesar de todo, él estaba para siempre alejado de la vida, asomándose.
Cerró los ojos, y sus sentidos se llenaron de la mujer a su lado. Le recordaba el brillo de sol y el color de las rosas en un día caluroso de verano. Su pelo, su piel, llevaban miles de perfumes que le atraían, despertando a la bestia en él al mismo tiempo que al hombre.
Sakura. Con un gemido bajo, trató de alcanzarla, deseando poder atravesar las barreras que los separaban, deseando poder ser parte de su vida durante las veinticuatro horas del día. Murmuró su nombre mientras la rodeaba fuertemente con sus brazos. Su beso teñido de desesperación. Sakura, Sakura.
Ella luchó contra él, asustada por la necesidad que saltaba de sus labios a los de ella. Un sentimiento desesperación, de desolación, se derramaba sobre ella.
La soltó abruptamente. Levantándose, le dio la espalda y envolvió su capa más estrechamente a su alrededor. El pesado terciopelo se amoldó suavemente a su figura. -"No quise asustarte”.
-"Hace poco, le rogué que me hiciera el amor" le recordó. -"Me ofrecí a usted libremente. No necesita tomarme por la fuerza".
-"Perdóname, Sakura. Algunas veces olvido quién soy. Lo que soy”.
-“¿Qué es usted?”.
-"Tu peor sueño hecho realidad".
-"Habla de nuevo con acertijos".
-“¿Te diré las respuestas?”, Se preguntó en voz alta. –“¿Te diré verdades que no podrás creer y me miraras con ojos llenos de repulsión? ¿Me quitaré la máscara que traigo puesta y te observaré gritar ante mi presencia?”.
Él se dio la vuelta para enfrentarla. Sus ojos brillaban, incluso en la oscuridad. Su capa cambiaba de posición y se ondulaba, como sin intentara apartarle.
-"Te necesito, Sakura".
Con un solo y elocuente movimiento, se arrodilló delante de ella y cogió su mano. Su piel era firme y fresca, desmintiendo el fuego que refulgía en sus ojos.
-"Te necesito" dijo otra vez, más fervientemente esta vez.-“Ten paciencia conmigo, Sakura". Su fija mirada oscura atrapaba la de ella, silenciosa, implorante. -"Te juro por lo que más quiero, que no te lastimaré”.
-"Usted me preocupa, Su Señoría" se quejó. –“¿Por qué no puede explícame lo que le perturba tanto?”.
-"Ojala pudiera". La carga del secreto que había soportado durante más de cuatrocientos años le pesaba demasiado. Qué alivio supondría decírselo todo. Como cualquier hombre que se libera de sus pecados confesándoselos a un sacerdote; Se preguntó si podía aliviar su la tristeza, el aislamiento de siglos confiando en Sakura. ¿Podría ella entenderle? ¿Podría perdonarle por las vidas que había tomado en los primeros tiempos en que había sido transformado, cuándo el hambre le había atormentando, cuándo había estado asustado y confundido?
-“Mírame" dijo. “¿Qué es lo que ves?”.
Ella miró fijamente sus ojos, sintiendo el dolor en su corazón, el dolor que invadía su alma, provocando que sus ojos se llenaran de lágrimas. -"Oscuridad, tristeza, soledad".
Su mirada fija ardió en la de ella. –“¿Qué más ves?”
-"No me lo pregunte" imploró. -"No puedo soportarlo”.
-"Sakura... "
-"Veo muerte envuelta de oscuridad. Y sangre. Tanta sangre. En sus manos... "
Agachó su cabeza para clavar los ojos en sus manos entrelazadas, luego lentamente alzo su rostro. –“¿Quién es usted? ¿Qué es usted?”.
-“Júrame por la vida de tu madre que no me abandonaras si te lo digo”.
-"Ya le he prometido quedarme durante año".
Él negó con la cabeza, sus dedos cerrados herméticamente alrededor de su mano. -"Júralo”.
-“Juro por la vida de mi madre que no le abandonaré”.
-"Entonces mira en lo profundo de mis ojos, Sakura, y ve la verdad por ti misma".
Sus ojos profundos y azules, llenos con los misterios del universo la atrajeron a su interior, hasta que no vio nada más, y luego emergiendo de una oscura niebla vio a Naruto. Parecía el mismo de ahora. Sus ojos, a pesar de ser también azules, parecían más vivos; Su cara y brazos estaban bronceados por el sol.
Y luego vio a una mujer. Sintió la mano de Naruto apretando la suya y en el fondo de su mente supo, que estaba viendo su pasado. ¿Pero cómo era posible?
-"Su nombre es Kotoko". Oyó la voz de Naruto, susurrando en su mente.
La había visto por primera vez en la corte. Él había sido un caballero durante esos días, un guerrero conocido por su orgullo y valentía en el combate. Era el más atrevido y valiente, y estaba orgulloso de ello. Nunca había sido derrotado en combate, ni en ningún torneo.
Kotoko había estado casada con un conde, Naruto ya no podía recordar su nombre. Se había quedado prendado de Kotoko la primera vez que la había visto. Vestía un traje de noche de seda blanca, su pelo negro recogido sobre su cabeza cayéndole sueltos algunos suaves rizos, era la mujer más bella que había visto en toda su vida.
No había estado preparado para la corriente de electricidad que fluyo entre ellos cuando sus miradas se cruzaron. Sus ojos eran profundos lagos negros como de ébano líquido. Su piel era pálida, casi translúcida, un poco fresca al contacto.
Como un loco entontecido, había asistido a cada uno de los bailes organizados con la esperanza de encontrarla de nuevo. Recordó la primera noche que había hablado con ella, que habían bailado, que la había besado. Sus labios habían sido tan suaves y frescos como el más fino raso.
Había estado embrujado por su belleza, fascinado por el misterio que acechaba en las profundidades de sus ojos. Nunca había estado enamorado de ella, pero su lujuria había ardido, alimentada por sus seductoras sonrisas. Sus besos, robados en oscuras esquinas y jardines iluminados por la luna, le habían atrapado como si de una droga se tratara y se había sentido desesperado deseando más.
Ella había estado jugando y tentándolo durante meses, jugando a un juego en el que él nunca había tenido ninguna oportunidad de ganar. Demasiado tarde, él había sabido que no era un romance lo que ella deseaba, sino su vida.
-"Y así es como fui hecho Vampiro... "
Su voz todavía era baja. Ella le oyó en su mente, pero se negó a aceptar lo que él le decía. No existían tales criaturas. No era posible.
-"Ella me abandonó la noche en que me transformó" Naruto siguió, su voz carente de emoción. -"Cuando a la siguiente noche me desperté tenía un hambre voraz”.
-“¡Detente!” dijo Sakura tapándose los oídos. -"No quiero oír más".
Él siguió como si ella no hubiese dicho nada. Sus palabras sonando claramente en su mente. Incapaz de expulsarlas, cruzó las manos sobre su regazo.
-"No tenía a nadie que me explicara lo qué me estaba ocurriendo, nadie que me enseñara como ser un vampiro. Nunca la perdonaré por eso" dijo, su voz teñida de cólera. -"No me di cuenta de los impresionantes poderes que poseía. Solo estaba invadido por un hambre atormentadora”.
-"Al principio, creí que enloquecería. Todo lo que sabía era que la sangre aliviaba el dolor, y que la luz del sol que una vez había amado ahora significaba la muerte. Aun así, no podía creerlo. Y luego, una noche, me miré en un espejo"
Él nunca olvidaría el intenso horror que le invadido al mirar fijamente al espejo esperando ver su imagen reflejada y solo ver el cuarto de detrás.
-"Me alejé de mi casa, de todo el que me conocía. Había esperado poder vivir en otra parte algo parecido a una vida normal, que podría casarme y tener hijos. Ahora cuan vanas eran esas esperanzas, pero al principio no me di cuenta de que había perdido toda posibilidad de vivir como un hombre. Con el tiempo, me enteré de que no era un hombre del todo”.
Inquieto, se levantó, su mirada perdida, viendo algo que sólo él podía ver.
-"Estaba en Italia cuando me encontré con otro vampiro. Hatake era uno de los más antiguos. Me enseñó lo que era ser Vampiro, me contó que podía elegir ser un monstruo, aterrorizando los corazones de los mortales, o podía aislarme de la gente y vivir con la sangre de los animales, y podía vivir en algún punto entre medias, ni hombre ni monstruo.
-"Y esto es lo que he hecho. Nunca me he quedado más tiempo que quince o veinte años en cualquier un lugar. Aquí ya he permanecido demasiado tiempo. Pronto me iré a alguna de mis otras moradas y me quedaré allí hasta que las personas empiecen a hablar de mi extraña forma de vivir, hasta que comiencen a darse cuenta de que no envejezco, y que luego me trasladaré de nuevo".
-“¿Me esta usted diciendo la verdad? ¿O solo inventa esto para asustarme?”.
Naruto asintió.
-“¿Y Jiraiya? ¿Sabe él lo que usted es?”
-"Por supuesto. Somos algo más que amo y criado. Mi sangre corre por sus venas”. Había habido veces, cuando el tomara la sangre de Jiraiya había marcado la diferencia entre la vida y la muerte. Pero nunca había tomado la suficiente como para pasar la oscura herencia a su criado. Durante sus cuatrocientos años, nunca había transformado a otro ser humano en Vampiro.
-“¿Se alimenta de él?”. No le pasó desapercibida la sombra de repulsa en el fondo de sus ojos.
Asintió de manera concisa, preguntándose si le haría la pregunta que tanto temía.
-“¿Cuándo usted me compró a mi padre, pensaba alimentarse también de mí?”.
Bien, pensó, allí estaba. Él tomo un aliento profundo y luego, muy lentamente, asintió.
-“¿Pero usted no lo hizo?” Subió sus manos hasta su cuello, sus dedos explorando. No había marcas. El alivio inundo sus pulmones con un profundo suspiro.
Y luego frunció el ceño. Una vez había habido marcas, al poco tiempo de llegar al castillo. Le había pedido a Jiraiya que las mirara, y él le había asegurado que no había nada por lo que preocuparse.
-"Raramente bebí de tu cuello" dijo Naruto quedamente -"Y cuando lo hice, pasé mi lengua por tus heridas para que no quedara cicatriz”. Pero una noche se había olvidado de hacerlo.
-“¿Usted bebió de mi sangre?” Ella clavó los ojos en él, preguntándose por qué la idea no la repelía. La hacía desfallecer o gritar histéricamente. Debería estar horrorizada. En lugar de eso, se sentía notablemente tranquila, como si estuviera escuchando una historia que no tenía nada que ver con ella.
-"No más de unas gotas cada vez". Él dio un paso hacia atrás. Su capa a su alrededor, envolviéndole. -"Si intercambiara tu sangre con la mía, estaríamos aligados".
-“¿Qué quiere decir aligados?”
-"Quiere decir que podrías leer mis pensamientos como yo puedo leer los tuyos".
-“¿Eso es lo que usted ha hecho con Jiraiya, no es verdad? ¿Es él su esclavo?”
-"No. Sólo compartimos un lazo”. Un lazo nacido de la sangre y de un juramento.
Eso no parecía tan malo, Sakura filosofó. Ahora desearía poder leer sus pensamientos. Entonces quizás podría entenderlo mejor.
Hay otra clase de aligación" dijo Naruto. "Una Aligación más profunda, una atadura más fuerte".
-“¿Oh…?”.
No estaba segura de querer oírlo.
-"Es una aligación que solo puede ser quebrada por la muerte. La mía, o la tuya. No sabes cómo he deseado hacerte mía, Sakura, atarte a mí. Pero no he podido hacerlo, sería coartar tu libertad, y no podía hacerte eso".
-“¿Por qué me ha explicado todo esto?”.
Naruto aspiró profundamente. -"Necesitaba contárselo a alguien. Después de cuatrocientos años, quería que alguien me entendiera". Lentamente, negó con la cabeza. -"Ahora sé que eso es imposible".
-“¿Usted ha vivido durante cuatrocientos años?”.
Él negó con la cabeza, con una sonrisa de arrepentimiento en sus labios. “Estuve vivo veinticinco años. He sido Vampiro durante cuatrocientos tres”.
-"Lo que quería decir es que usted nació en…"
-"Mil cuatrocientos doce, mi dulce".
-"No es posible”.
Él no dijo nada, solo se la quedó mirando con sus azules e insondables ojos.
-“¿Y usted debe beber sangre humana para sobrevivir?”.
-"Raramente, y sólo un poco cada vez".
-“¿Cómo puede hacer eso?” preguntó, asqueada.
¿Cómo explicarle, cómo hacerle entender que eso no eran tan horrible? Negó con la cabeza y luego suspiró, sabiendo que merecía una respuesta, aunque fuera abominable.
-"No sé cómo describírtelo, Sakura. No hay nada en tu experiencia que pueda compararse con esto. Cuando bebo sangre, es como si me convirtiera en una parte de esa persona. Puedo sentir las pulsaciones en su corazón; Sé sus pensamientos, sus miedos. No puedes imaginar algo parecido, el poder, el hambre. Antes de que aprendiese a controlarla, cuando creí que tenía que tomar una vida para poder sobrevivir..." Negó de nuevo con la cabeza. -"No te lo puedo explicar”.
-“¿Si ya no bebe sangre humana, qué bebe? ¿Qué es eso que Jiraiya le trae por las tardes?”.
-"Es vino mezclado con sangre. Normalmente es de oveja, aunque cualquier otra clase de sangre puede servir". Pero también necesitaba sangre humana, aunque no se lo dijo. Fue por eso para lo que en un principio había comprado a Sakura. Había un frescor, una fuerza, en la sangre pura y dulce de una virgen que no podía ser encontrada en ninguna otra parte.
-“¿Usted bebe la sangre de las ovejas?”.
-"Mantengo un rebaño en el lado del norte del castillo más allá de los muros".
-“¿Oh…?”. Clavó los ojos en él, con expresión aturdida.
-“¿Te he provocado repugnancia?”.
-"Un poco" admitió. Pero, en su mayor parte, sentía lástima por él. Cuatrocientos años de vida solitaria, no siendo nunca capaz de confiar en otro ser humano. Hacía cuatrocientos años que él no había podido ver el sol, ni sentir su calor en su rostro. Cuatrocientos años sin saborear una comida, sin beber un vaso de agua fresca. Cuatrocientos años sin un amigo en quien confiar, o una mujer a quien amar.
Le imaginó doblado sobre ella, sus dientes perforándole la carne, bebiendo de su sangre. Intento imaginar lo que era vivir como el vivía, para siempre maldito obligado a morar en la oscuridad, a privarse de los placeres simples de la vida.
Queriendo reconfortarle de alguna forma, miro a las profundidades de sus ojos y allí, en el oscuro fondo, percibió una imagen de Naruto tal y como había sido cuatrocientos años atrás. El dolor y el miedo y la furia que había experimentado cuando fue primero convertido en Vampiro, los siglos de soledad que había sufrido, y por encima de todo la interminable esencia de sangre y muerte. Él era un vampiro. El señor de la oscuridad. Un no muerto...
La oscuridad la engulló, más intensa que el infierno, más oscura que el negro más profundo. Con un sollozo estrangulado, sintió como se hundía en una espiral sin principio ni final.


Última edición por Dyna el Vie Jul 18, 2014 12:06 pm, editado 1 vez
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Deeper Than The Dark (+16) (17/07/14) (Cap 14 y 15)

Mensaje por Dyna el Vie Jul 18, 2014 12:06 pm

Capitulo 14

Naruto la atrapó antes de que cayera del banco. Sosteniéndola con facilidad entre sus brazos, la recorrió con la mirada, fijándose instintivamente en el pulso que latía en su garganta. Quizá no debería habérselo dicho. Si quería, podría pasar un paño sobre su mente, haciendo que olvidara todo lo que le había dicho.
Y a pesar de todo, se sentía bien, decirle la verdad le había purificado de alguna forma. Había querido que lo supiera, no quería que existieran mentiras entre ellos durante el tiempo que les quedaba. Y cuando su año juntos hubiera pasado, abandonaría este lugar, y no tendría ninguna importancia si ella se lo contaba a alguien. Nadie la creería. A pesar de todas las historias y rumores que circulaban entre los aldeanos, en realidad, ninguno de ellos creía que el fuera un monstruo.
Sakura tampoco lo había creído, pero ahora ya sabía la verdad.
Mañana descubriría si era lo suficientemente fuerte como para aceptarlo, para vivir con eso. Y con él.
Y si no lo era...
Apartó el pensamiento como si no fuera más que un molesto insecto. Mañana ya habría tiempo suficiente para preocuparse por ello. Esta noche, la sostendría mientras dormía y simularía por un momento, que a pesar de saber lo que él era, ella le amaba.
Sin esfuerzo alguno, la llevó de regreso al castillo, y subió por la escalera de caracol hacia su cámara. Suavemente, la depositó sobre la cama, la descalzo y desvistió. Luego, quitándose las botas y la capa, se sentó en la cama con la espalda apoyada en el cabezal. Doliente de necesidad, la rodeó con sus brazos y los cubrió a ambos con su capa.
Pasó la noche allí sentado, observándola dormir, escuchando el suave y parejo sonido de su respiración. La ternura le envolvió cuando ella se acurrucó contra él, sus brazos enroscados alrededor de su cintura.
¿Lo sabes? Él se preguntó. ¿Sabes que soy yo?
Él levantó una mano, para acariciar ligeramente con sus nudillos la curva blanda de su mejilla, maravillándose de la suavidad de su piel, caliente comparada con el frescor de sus dedos. Con su dedo índice, resiguió la línea de su boca, suave y dulce. Sus labios se entreabrieron ligeramente y emitió un pequeño y somnoliento gemido a través de su garganta.
-"Sakura". El deseo se despertó a través de él, doloroso en su intensidad. -"Abre los ojos para mí, mi dulce," murmuró.
-"Naruto..." Sus párpados se agitaron al abrirse. Había estado soñando con él, y ahora estaba allí, contemplándola con sus profundos ojos azules, que anunciaban a grandes titulares el profundo fuego interior que los consumía.
-"Bésame. Agachó su cabeza hasta la de ella. -"Bésame... "
Echó la cabeza hacia atrás, soltando un suave gemido mientras sus labios la reclamaban en un beso abrasador que alejó todo pensamiento racional de su mente haciendo que los dedos de sus pies se curvaran de placer.
Cambió de posición para situarse frente a él, sus cuerpos unidos desde los hombros hasta los muslos. El deseo se enroscó dentro de ella con el contacto de su cuerpo duro moldeado tan íntimamente contra el de ella.
Su lengua resiguió sus labios. Oyó los rápidos latidos de su corazón, sintió rugir el hambre en su interior, sintió que sus colmillos emergían ante la necesidad de beber, beber y beber, para llenarse de su dulzura, de su mismo ser.
Sakura gimió suavemente. Instintivamente, se presionó a sí misma contra él, queriendo estar más cerca. Sus manos se deslizaron bajo su camisa, acariciando la línea suave de su espalda. Sintió como si estuviera ardiendo. Su piel era fresca bajo las puntas de sus dedos, pero sabía que él estaba tan excitado como ella. Su respiración era ruda y errática, sus manos inquietas se deslizaban arriba y abajo por sus lados, sus dedos rozando contra la curva de sus pechos.
Sintió que sus dientes raspaban su garganta, y apartó el pelo de su cuello, queriendo sentir su lengua contra su piel.
Su mano se cerró sobre sus muslos, acercándola contra él, dejándole sentir la prueba visible de su deseo. El hecho que sus besos y su proximidad tuvieran el poder de excitarle, la fascinaba. Nunca antes había sentido una pasión así, un anhelo tan intenso, una necesidad tan imperiosa.
Murmuró su nombre, queriendo que él la tocara a la vez en todas partes. Tiró de su ropa, queriendo sentir su piel desnuda la de ella.
-"Sakura". Su voz sonó pesada, drogada. -"Tenemos que detenernos".
-"No". Ella se pegó a él, los dedos acariciando su espalda, sus hombros, sus caderas moviéndose contra él, urgiéndole a aliviar la dolencia que se propagaba por todo su cuerpo. -"Bésame," murmuró. "Tócame”.
-"Sakura..." La imagen de la última chica con quien se había acostado emergió en su mente. Tenían que esperar, esperar hasta que su hambre estuviese saciada y bajo control.
Pero ella no quería esperar. Sus ágiles dedos apartaron su capa y su camisa hasta que nada les separó sólo la suave tela de su camisón. Él podía sentir el calor dulce caliente de sus pechos contra su torso.
Un gruñido bajo surgió de su garganta mientras su atrevida mano acariciaba su muslo.
“Naruto, por favor..." Ella se retorció en la cama, movida por una urgencia que no entendía, y a la que no podía resistirse.
Sentía su necesidad como si fuera la suya propia. Su cuerpo estaba ardiendo por ella. Noto el filo de sus colmillos contra su lengua, sintió el hambre rugiendo dentro de él mientras la despojaba de su ropa interior y se quitaba los pantalones.
Era bella, su tentador cuerpo era terso e inmaculado, con piernas delgadas y caderas suavemente redondeadas, una sirena con pechos que habían sido modelados para las manos, solo las suyas.
Temblando de necesidad, se movió sobre ella, su peso sostenido por sus brazos mientras enterraba su cara en el hueco de su hombro. –“¿Sakura, estás segura?”.
Notó como ella asentía y enlazaba sus brazos alrededor de su cuello atrayéndolo más cerca.
El hambre y el deseo rugían en su interior y con ello el conocimiento de que la espera de cuatrocientos años estaba a punto de finalizar. Y luego, como si fuera una súbita explosión, sintió la salida del sol por el horizonte.
Con un gemido se levantó, con su mirada fija en la ventana. A través de una fina rendija en las pesadas cortinas, podía ver la luz trémula del sol, sentir el calor de un nuevo día.
-“¿Qué pasa?”. Sakura preguntó. “¿Qué es lo que va mal?”.
-"Debo irme".
-“¿Irte…?” Le contempló con los ojos llenaros de confusión. –“¿A dónde? ¿Por qué?”.
-"Ha llegado el amanecer". Con gráciles movimientos, saltó de la cama. Agarró su capa, se la echó sobre los hombros. -"Hasta esta noche, dulce Sakura" dijo con voz ronca por el deseo no cumplido.
-"Naruto, espera... "
Pero él ya se había ido.
Esa tarde, estaba sentada frente a su tocador, pasando distraídamente el cepillo por su pelo. Él era un vampiro. Se decía a sí misma que debería estar agradecida de que el amanecer le hubiera apartado de su lecho antes de que le hubiera arrebatado su inocencia.
Un vampiro. Anoche, narcotizada por sus besos, a merced de la pasión que había fluido a través de ella como si fuera miel liquida, había sido incapaz de tener un solo pensamiento racional. Solo había sentido una urgente necesidad que la había dejado ciega y sorda a cualquier otra cosa.
Ahora, a la luz del día, se preguntaba cómo pudo haberlo olvidado ni siquiera por un momento.
Vampiro... Imágenes de monstruos esqueléticos con sangre goteando de sus colmillos poblaron su mente.
Vampiro... Horrendas criaturas sobrenaturales que acechaban en la noche en busca de presas, bebiendo la sangre de los niños.
Vampiro... Demonios necrófagos que dormían en ataúdes durante el día porque no podían soportar la luz del sol.
Vampiro... ¿Cómo podía ser cierto? ¿Si él era verdaderamente un vampiro, por qué no le producía repulsa? ¿Por qué estaba todavía viva? ¿Se convertiría ella en lo que él era?
Levantándose, fue hacia la ventana y apartó las pesadas cortinas. El sol se notaba caliente sobre su rostro.
Nunca había visto a Naruto durante el día. Nunca le había visto comer.
Apoyó su frente sobre el cristal. ¿Estaba ahora durmiendo en su ataúd?
El pensamiento la hizo estremecer.
La torre del este. Allí era donde él dormía. Por eso era por lo qué le había prohibido ir hacia allí. Frunció el ceño. No había encontrado nada cuando fue allí, sólo un cuarto vacío.
Estaba atravesando el cuarto, su mano girando el picaporte, antes de que se diera cuenta de lo que hacía. Hizo una pausa en el vestíbulo, escuchando, preguntándose lo que Jiraiya estaría haciendo.
Levantando sus faldas, pasó corriendo por el corredor hasta la escalera que conducía a la torre del este.
Su corazón latía ruidosamente cuando llegó al cuarto de la torre. Aspirando profundamente, abrió la puerta y entró. Igual que antes, no había nada que ver ningún mueble, ningún cuadro, sólo una ventana cubierta por gruesas cortinas de terciopelo negro.
Apartó las cortinas, y permaneció en el centro del cuarto, girando lentamente. Al principio no vio nada, pero luego encontró un pequeña hueco en la pared de piedra frente a la ventana.
El corazón le latía aceleradamente, le sudaban las palmas de las manos, su boca estaba seca, mientras presionaba su mano por la pared, moviéndola gradualmente sobre la superficie.
Se quedó sin aliento al sentir que la pared se movía y luego un trozo de ella se deslizaba, revelando un cuarto al fondo.
Dudando entre escapar o quedarse permaneció en el quicio de la puerta y miró hacia adentro atentamente. En este cuarto no había ninguna ventana. El brillo de sol del cuarto detrás de ella se introducía a través del abierto portal. Aunque la luz era débil, podría discernir la forma de un gran armario de madera de color cereza en la pared en frente a ella. La imagen de una cabeza de zorro estaba tallada en una puerta, y la de un cuervo en la otra.
En la esquina del cuarto había una gran chimenea.
Dio otro paso adelante y miró hacia su derecha. Un tapiz enorme cubría la pared. Tejido en tonos de verde oscuro y negro, mostraba varias escenas. En una había un cuervo posado sobre la rama de un árbol. Debajo un zorro rojo con ojos sanguinarios estaba sentado, aullando a la luna. Otra escena retrataba a varios hombres armados con lanzas persiguiendo a un zorro. Una tercera escena ilustraba un zorro levantado sobre sus patas traseras con sus dientes al descubierto en una cruel amenaza.
Apartando su mirada del tapiz, giró su cabeza hacia la izquierda, y sintió que se le subía el corazón a la garganta. Una enorme cama cubierta con un negro dosel estaba situada sobre un estrado. Y descansando sobre la cama, con los brazos cruzados sobre su pecho, estaba Naruto. Sólo pudo permanecer mirándolo fijamente mientras las imágenes se grababan en su mente. Las sabanas y la almohada eran negras. Una colcha, también negra, estaba doblada a los pies de la cama. Su capa le cubría, envolviéndolo como si de un abrazo cariñoso se tratara.
Su cara, enmarcada por su pelo rubio, se veía muy pálida. No parecía que respirase.
La alarma la atravesó. ¿Había muerto durante el día? La urgencia de acercarse para comprobar si todavía seguía vivo surgió fuertemente en su interior al mismo tiempo que los recuerdos sobre las historias escuchadas a cerca de cómo destruir a un vampiro.
Cortar totalmente su cabeza. Llenar su boca de ajos. Hundir una estaca a través de su corazón y sepultarlo bajo tierra a fin de que no pudiera levantarse de nuevo.
Anoche, él le había revelado lo que era y ella le había creído. Pero el oír sus palabras no le había preparado para esto.
Los aldeanos habían estado en lo correcto todo el tiempo, filosofó. Había un vampiro en su pueblo, y ella sabía donde dormía.
-"Oh, Naruto" murmuró. –“¿Oh, Naruto, qué debo hacer?”.
-" Saku... ra".
Su voz, apenas audible, sonaba en sus oídos fuerte como un trueno.
Estaba despierto. Despierto y observándola con ojos pesados, y profundos como azules piscinas del más claro liquido.
Permaneció en la puerta, hipnotizada por su mirada fija, incapaz de moverse.
-“¿Has venido a destruirme?”. Había una nota de amarga resignación en su voz, pero era el perdón que asomaba en sus ojos lo que llegó hasta su corazón.
-"No". Negó con la cabeza, la piedad fluyendo a través de ella. -"No".
-“Ven a mí". Su voz era muy suave, llena de un profundo anhelo.
No podía. No lo haría. Pero sus pies se movieron por propia voluntad, llevándola a través del cuarto, subiendo los escalones del estrado, hasta que quedó al lado de su cama.
-"Sakura... Por favor no..." Su voz era baja, como si hablar fuese todo un esfuerzo. Sus párpados revolotearon cerrándose, luego se abrieron de nuevo. "No me odies”.
-"No lo hago”. Levantó una mano, queriendo tocarle, pero asustada al mismo tiempo. –“¿Te sientes mal?” preguntó. –“¿Puedo traerte algo?”.
El fantasma de una sonrisa jugó sobre sus labios. -" Es el sol... La luz del día... No la puedo soportar”.
-"Es verdad" dijo asombrada. -" Todo lo que me dijiste. Todo era verdad".
Él asintió brevemente. –“Acuéstate conmigo".
Ella recorrió la cama con la mirada. No era un ataúd, después de todo, solo una gran cama de madera tallada.
Vampiro... ¿La envolvería él en su abrazo maligno y bebería de ella hasta dejarla seca?
Era un tonto pensamiento, y lo apartó de su mente. Si él hubiera querido matarla, ya lo habría hecho, pues había tenido un montón de oportunidades anteriormente.
Con un suspiro, se sentó en el colchón, luego se echo a su lado, y apoyo la cabeza sobre su hombro.
Él le sonrió, pasando su brazo alrededor de ella, acercándola a su lado. Hubo un sonido suave como un silbido cuando el panel se deslizó y se cerró. Después sus párpados se cerraron y se durmió de nuevo.
Estaba en la guarida del monstruo.
Dio un respingo cuando sintió como su capa se deslizaba sobre ella, notando la suave seda subir por sus brazos desnudos hasta que les cubrió a ambos.
Paneles escondidos que se cerraban solos y una capa de terciopelo negro que parecía casi viva. Estaba todo más allá de su comprensión, más allá de la realidad.
Repentinamente cansada, cerró sus ojos. Y se durmió.
Él era consciente de que ella había estado allí a su lado durante todo el día. Su pelo rozaba su mejilla como un ovillo de seda rosada. Su brazo descansaba a través de su pecho, el calor de su carne penetraba el frío que lo envolvía en su sueño cadavérico. El perfume fresco, limpio de su piel lo envolvía, el sonido de los lentos latidos de su corazón era tan reconfortante como una canción de cuna. Sus muslos presionando íntimamente contra los suyos, proporcionaron sueños eróticos a alguien que nunca soñaba.
Se despertó cuando el sol se puso y su rostro fue lo primero que vio. Las emociones brotaron en él, calientes, veloces y poco familiares. Durante más de cuatrocientos años, se había despertado solo en la oscuridad de su cuarto y ahora un ángel estaba durmiendo a su lado, su pelo esparcido por la almohada simulando los pétalos de los cerezos, sus pestañas parecían oscuros abanicos contra sus mejillas.
Y él supo en ese momento que nunca podría amarla más.
Se movió entre sus brazos, sus parpados revoloteando y una incierta sonrisa en sus labios.
-"Pareces sorprendida" se quejó. –“¿Creíste que mientras dormías bebería de ti hasta dejarte seca?”.
Ella negó con la cabeza, pero aun a oscuras, podía ver el revelador rubor que subía por sus mejillas.
-"Sakura, no tienes idea de lo que significa para mí despertarme y encontrarte a mi lado".
-"Me alegro de que esto te complazca".
-"Muchísimo” dijo.
-"Hay aquí... ¿Hay alguna vela por aquí dentro?”. Echó un vistazo a su alrededor, inquieta por la oscuridad. No había ventanas en el cuarto, ningún indicio de luz. -"Esta todo tan oscuro".
Sintió como se giraba y un momento después oyó un suave sonido, mientras en la chimenea brotaba espontáneamente el fuego. Una suave luz dorada llenó el cuarto, creando sombras danzarinas sobre las paredes y el techo.
Sakura clavó los ojos en las llamas como si se hubieran surgido del mis infierno de Satán. -"Cómo... ¿Cómo lo has hecho?”.
-"Un poquito de magia vampirica" contestó. Jiraiya insistía en guardar un suministro de madera en la chimenea, aunque a menudo Naruto le había dicho que era innecesario. Pero por esta vez, estaba agradecido de que el hombre no le hubiera hecho caso.
-"Oh". Se quedó mirando fijamente la chimenea durante un momento, luego frunciendo el ceño dijo, -"Había esperado... Esto es... No es... ¿No se supone que los vampiros deben pasar la noche dentro de ataúdes?”
-"Unos cuantos lo hacen".
-“¿Pero tú no?”.
-"Los encuentro estrechos y limitantes". Él podía sobrevivir durante el día fuera de un ataúd, pero una gruesa capa de su tierra natal estaba esparcida bajo el colchón.
Un músculo ondeó en su mandíbula mientras se levantaba. La capa resbaló, posándose en su regazo. -"Tienes alguna otra pregunta acerca de mi... ¿Enfermedad?”.
Sakura se enderezó, su hombro rozando el de él. -"Hay alguna forma de... ¿Matar a un vampiro?”.
-“¿Estas tramando mi destrucción?”.
-"Por supuesto que no".
-"Una estaca de madera clavada en el corazón dicen que es efectiva. Creo que sería efectiva de cualquier madera. El fuego ciertamente me destruiría. Otro método seguro de destruir un vampiro es cortar totalmente su cabeza”.
Ella tragó la bilis que le subía por la garganta, disgustada por las imágenes que sus palabras hacían surgir en su mente. –“¿Y qué hay del agua sagrada?”.
-“El agua bendita tiene un efecto más bien desagradable, aunque dudo que sea fatal a menos que caiga en un estanque lleno de ella".
Sakura fruncido el ceño, buscando en su mente retazos de leyendas populares sobre el tópico del vampiro que había oído a largo de los años. –“¿Y el ajo?”.
Naruto sonrió abiertamente. -"El olor me es muy desagradable, pero no me disuadirá”.
-“¿Y las cruces?”
-"Una de plata me quemaría si la tocara”.
-“¿Y las de madera?”.
-"No te salvarán”.
Las palabras le produjeron escalofríos, pero no había ninguna amenaza en su voz, sólo una suave diversión.
Sakura frunció el ceño profundamente. –“¿Por qué me estás explicando cómo destruirte?”.
-"Porque puede que algún día necesites saberlo".
No quiso profundizar en lo que eso significaba. Intentando encontrar algún otro tema de conversación, miró fijamente su capa. Se extendía por la cama como una ondulante piscina de ébano. Clavó los ojos en eso con prevención durante un momento, recordando cómo la había cubierto la noche antes.
Extendió su mano tentativamente, como si temiera que la atacara. Como siempre, el grueso terciopelo estaba caliente al tacto, pareciendo pulsar con vida de su propio.
-"No te morderá," comento Naruto, una ceja alzada con sardónica diversión.
-“¿Estás seguro? Es la prenda más extraña que he visto en toda mi vida. Esta tarde..." Se calló con un encogimiento de hombros. -"No importa".
-“¿El qué?”, urgió. -"Dímelo”.
-“¡Sé que eso es imposible!” exclamó Sakura. -"Pero juraría que se movió. Oh, sé que lo he debido de haber imaginado, pero pareció cubrirme por propia voluntad”.
Negó con la cabeza, sus ojos agrandados con temor e incredulidad. -"Y el panel en la pared, se cerró solo".
Le miró, esperando que le dijera que eso era imposible. –“¿Cómo es eso? ¿Me estoy volviendo loca?”.
Naruto acarició su mejilla el dorso de su mano. -"Estas muy cuerda, mi amor. Hice que el panel de la pared se cerrara y también hice que se abriera cuando supe que estabas en el otro lado".
-“¿Tú hiciste eso? ¿Pero, cómo?”.
-“Así" dijo, y un momento más tarde, el panel se deslizó y cerro de nuevo, no dejando ninguna señal de su existencia.
Sakura le miró con el miedo reflejado en sus ojos. –“¿Te importaría abrir de nuevo el panel?”
-"Como quieras" dijo amablemente, y la puerta se abrió de nuevo. –“¿Así esta mejor?”.
-"Sí, gracias". Ella miro hacia la puerta, y luego de nuevo hacia él. –“¿También hiciste que la capa se moviera?”.
-"No".
-“¿No?” Dirigió una cautelosa mirada hacia el charco de terciopelo negro en su regazo.
Con un suspiro, Naruto acarició el suave terciopelo. -"No sé cómo explicar lo de mi capa. Ciertamente, no sé si puede explicarse. La diseñe yo, aunque no puedo recordar de que estaba hecha, ni de donde saqué el material. La noche posterior después de que fui hecho vampiro, mis manos la crearon por propia voluntad. Mi sangre, el mismo ser de mi vida, esta tejida en la tela. Y porque la sangre de mi madre está en mí, una parte de la suya mora dentro de la capa".
-“¿Y es esa parte de ella lo que te reconforta, no es eso?” Ella sonrió, como si hubiese solucionado el misterio. -"He visto la forma en que la capa te envuelve cuando estás enfadado, o cansado, como para consolarte.
Él asintió, asombrado por su percepción, y por su llana aceptación de lo que en la mayoría de los casos, era completamente incomprensible.
-"Tienes una bella alma, Sakura Haruno," dijo quedamente. –“¿Me crees tan cruel como para conservarte aquí en contra de tu propia voluntad? ¿Hacerte vivir con un monstruo cuándo tu mereces mucho más?”.
Un hombre como Uchiha, pensó, enfermo de celos. Eso era lo que ella merecía. Un marido que pudiera darle hijos, que pudiera ofrecerle una casa llena de luz y risas.
-“¿Es así como te ves? ¿Como un monstruo?”.
-“¿No me ves tu así?”.
-"No".
-“¿Cómo me ves, dulce Sakura?”.
-"No estoy muy segura. Pero tu eres demasiado amable como para ser un monstruo".
-“¿Amable?” Emitió un sarcástico sonido por su garganta. "Nadie en toda mi vida me ha acusado de ser amable".
-"Has sido amable conmigo, amable con mi familia. Y ahora también has manifestado bondad para con los habitantes del pueblo".
-"Esa fue tu idea, no la mía".
-"Me podrías haber dicho que no”.
-"A ti no". Él ahuecó su mejilla en su palma, el calor de su piel calentándole. -" Sakura, desearía..." Apartó la mano de su rostro y se levantó, girándose para quedar de espaldas a ella.
-“¿Qué es lo que deseas?”.
-"Nada. Desear es de tontos".
Levantándose, se situó a su espalda. Él era tan alto, tan fuerte, y a pesar de ello tan vulnerable. Temiendo ser reprendida, deslizó sus brazos alrededor de su cintura y presionó su mejilla contra su espalda. –“¿No me dirás qué es lo que deseas?”
Él cubrió sus brazos con sus manos y bajo la cabeza. -"Deseo poder ser mortal por ti, Sakura, poder amarte, poder hacer el amor contigo, como un hombre mortal. Deseo poder levantarme a tu lado en una caliente mañana de verano y observar la salida del sol, poder compartir tus días y también tus noches. Quererte con cada aliento de mi alma, cubrirte con todas las riquezas del mundo. Deseo que poder ser el padre de tus hijos y poderlos ver crecer, poder trabajar a tu lado, y envejecer junto a ti".
Suspiró profundamente, apartando las imágenes que sus palabras habían creado en su mente. -"No puedo hacer ninguna de esas cosas". Se dio la vuelta para enfrentarla. -"Si no fuera un monstruo, entonces mi dulce, te libraría de tu promesa. Te sacaría de aquí intacta. Pero toda mi vida he sido un egoísta y siento que no puedo dejarte marchar. No ahora. No después de la alegría de verte descansar a mi lado". Sus ojos azules ardían mientras la miraba. -"Quizá jamás".
Ella le contempló con expresión serena. –“¿He pedido ser liberada de mi promesa?”.
-"Deberías hacerlo".
-“¿Por qué? Dijiste que no me dejarías marchar".
Él resiguió la curva de su mejilla con su dedo índice. -"Es verdad” convino –“Y a pesar de ello dudo de que pueda negarte nada. Incluso tu libertad, si me lo pidieras".
-"Te prometí un año y a menos que me eches, tengo la intención de cumplir esa promesa".
-"Sakura..." Él no tenía palabras para expresar sus sentimientos, ninguna palabra para decirle lo preciosa que era para él en ese momento mientras le miraba con ojos llenos de aceptación, y confianza. -"Qué extraña criatura eres" se quejó.
-"Te ves muy pálido, mi señor" meditó. –“¿Llamo a Jiraiya?”.
-"No". Él se giró de nuevo de espaldas, para que no se diera cuenta del hambre que ardía en sus ojos. –“¿Por qué no vas a refrescarte para la cena? Me reuniré contigo más tarde".
-“¿No me darás un beso antes de irme?
-"No ahora no". Su voz sonó ronca.
-"Muy bien, mi señor".
El dolor en su voz fue como una bofetada. -"Sakura, espera". Aspiró profundamente; Luego, cuando estuvo seguro de tener el hambre bajo control, la rodeó con sus brazos y la besó. -"Te veré tan pronto pueda".
Ella notó el cambio en él cuando entró en la biblioteca dos horas más tarde. Su cara parecía menos pálida, sus ojos menos brillantes, su actitud más relajada.
Vaciló en el portal, consciente de su escrutinio. –“¿Tendré que irme?”.
-"No". ¿Por qué nunca se había dado cuenta de que había veces en que se le veía más pálido, y otras en que su color era más –tragó- normal? Trató de analizar sus sentimientos ahora que sabía lo que él era, lo que tenía que hacer para sobrevivir. Esperó sentir repulsión; En lugar de eso, solo sintió compasión.
Él cruzó el cuarto y se sentó frente a ella. Ella llevaba un vestido rosa pálido ribeteado con un lazo blanco. Su pelo le caía suelto por su espalda como una cascada de seda refulgente. Y sus ojos... Miró fijamente sus ojos verde y en ellos vio reflejado el más hermoso jade.
Deseó estar junto a ella, pero no hizo ningún movimiento hacia ella por miedo de asustarla. Necesitaría tiempo para adaptarse, para aceptarlo.
-“¿Cómo lo soportas? Le preguntó después de un largo silencio. -"Cómo puedes beber... No entiendo cómo puedes hacerlo, como puedes beber la... la sangre de animales”.
Habían discutido esto antes, pero él entendía su necesidad intentar entenderlo. -"Es necesaria para mi supervivencia" contestó pacientemente.
-"Necesitas... ¿Beberla todas las noches?”.
-"No".
-“¿Cuánto tiempo puedes pasar sin ella?”.
-"Cómodamente, durante una semana poco más o menos. El estar más tiempo, se convierte en algo... estresante".
-“¿Te has alimentado bien esta noche? Tu piel parece casi... "
-“¿Humana?”.
Asintió, pensando en lo extraña que esa conversación era. Sabía lo que él era, sabía que era verdad pero algo en el fondo de su mente todavía se negaba a aceptarlo.
-"Me constaste que normalmente bebes sangre de animales. ¿Me estabas mintiendo?”.
-"No". Vaciló, preguntándose cuánto decirle, cuánto más podría aceptar. -"Puedo sobrevivir con sangre de animales, como tu podrías sobrevivir comiendo langostas y hormigas, si fuera necesario. ¿Pero querrías hacerlo? No es más natural para ti comer cosas así, lo que es para mí beber la sangre de los animales. Necesito sangre humana".
Necesito tu sangre. Él no dijo las palabras, pero ella las oyó en su mente, y en su corazón.
Sakura clavó los ojos en él. -"Todas esas otras chicas," dijo lentamente. -"Las que estuvieron aquí antes de mí. ¿Tú no las profanaste del modo en que creían los aldeanos, verdad? Bebiste de ellas".
Naruto asintió, con expresión impasible. Vio el rechazo en sus ojos, sintió como si una profunda brecha se abría entre ellos, un abismo que nunca podría cruzar.
-“¿Y para eso fue por lo qué me compraste? Para... Para alimentarte de mí".
-"La sangre de los animales satisface mi hambre" dijo, con voz cuidadosamente neutral, -"Pero eso no me da placer, ni me sostiene indefinidamente. De vez en cuando, necesito sangre humana. Algunas veces lo deseo ardientemente. Pasar sin ella durante largas temporadas me debilita". Aspiró profundamente y soltó el aire en un largo suspiro, cansado. -"No puedes imaginar el dolor que conlleva la abstinencia".
Recorrió con la mirada el pulso latiendo en su garganta. La sangre de animales era vil, pero la sangre de Sakura era como el más fino vino, el más dulce néctar.
-“¿Qué les sucedió a las otras chicas que estuvieron aquí antes que yo?”.
-"Las despaché.
Sakura tragó saliva. –“¿Vivas?”
-“¿Tú que crees?”.
-"No quiero pensar que las mataste. Si me dices que no lo hiciste, entonces aceptaré tu palabra”.
-"No les hice daño. Pero he matado en el pasado, Sakura. Y lo haría de nuevo si fuera necesario. No trates de imaginar que soy noble. O amable. Soy un vampiro y somos, por propia naturaleza, asesinos. No confiamos en nadie, especialmente en otros de nuestra clase, y guardamos nuestro territorio celosamente".
Oyó el énfasis en la palabra "nosotros" pero no podía hacerse la idea de que podía haber otros como él viviendo cerca. No ahora, no cuando estaba haciendo un esfuerzo tan grande para entender lo que el hacía y lo que él era.
-“¿Todavía estas intentando asustarme, mi señor?” Preguntó, obteniendo a la fuerza su sonrisa.
Naruto negó con la cabeza. -"Solo quiero que te des cuenta con lo que te estas enfrentando.
Él se puso de pie. -"Piensa en lo que te he dicho, Sakura. Si todavía sigues aquí mañana por la noche, entonces sabré que has decidido a quedarte hasta que se cumpla el año. Si te vas, cuidaré de ti y tu familia mientras vivas".
Ella quiso decirle que todavía le amaba, que no importaba lo que pudiera decir o hacer que nada podía cambiar eso, pero no podía formar las palabras.
-"Buenas noches, dulce Sakura". Su voz la rozó como un viento frío de invierno, y luego se fue como si nunca hubiera estado.

espero que les haya gustado, aqui les dejo un pequeño adelanto del siguiente capi

-“¿Hambriento, mi señor?”. Preguntó cruelmente. Reclinándose en su silla, dejando lenta y deliberadamente al descubierto su garganta a su mirada fija mientras todos sus sueños de un futuro con Naruto se disolvían en un rojo océano de imposibilidad. Él no se casaría con ella. Nunca llevaría a sus hijos en su vientre.

-"Sakura, no hagas eso". Se volvió de espaldas ante la repulsa en los ojos de ella, apartando la vista de su garganta que había dejado al descubierto, su pulso palpitando salvajemente. El aroma de su desesperación, de su sangre, inundó sus sentidos.

Capitulo 15

No se fue. Pasó la noche insomne, recordando todo lo que le había dicho, todo lo que había pasado entre ellos desde esa noche desafortunada en Ichiraku’s, y cuando llegó el amanecer, supo que no podía abandonarle.
Había esperado que él se alegrara, que pasara cada momento de vigilia en su compañía. En lugar de eso, tenía la sensación de que la evitaba. Aunque durante la cena se reunía cada noche con ella, parecía distanciado. Creía que después de lo que le había dicho, después del día que había pasado durmiendo a su lado, la llevaría a su cama. En lugar de eso, la mantenía apartada de sus brazos, con la advertencia en su mirada de que mantuviera las distancias. Era muy confuso.
Esta noche, se retrasaba. Picó un poco de su comida, preguntándose si lo había soñado todo. A la luz del día, todo lo que él le había dicho le parecía un cuento – el poder de leer la mente, su capa mágica, vivir de la sangre de las ovejas mezclada con vino, verse forzado a vivir por siempre en la oscuridad-. Era inconcebible.
Noto su presencia antes de que entrara en el comedor. Alzó la mirada encontrando sus ojos fijos en ella, y supo que todo era verdad. Él era un vampiro. Vivo y a pesar de ello muerto. Eso lo explicaba todo: la desesperación que algunas veces veía en sus ojos, el por qué nunca le había visto durante la luz del día, por qué nunca le veía comer, por qué su piel estaba siempre fría, siempre fresca al tacto.
Sintió una risa histérica desbordándola. Había tenido miedo de que la hubiera comprado para avergonzarla, violarla, cuando todo lo que él quería, era beber su sangre.
-“¿Hambriento, mi señor?”. Preguntó cruelmente. Reclinándose en su silla, dejando lenta y deliberadamente al descubierto su garganta a su mirada fija mientras todos sus sueños de un futuro con Naruto se disolvían en un rojo océano de imposibilidad. Él no se casaría con ella. Nunca llevaría a sus hijos en su vientre.
-"Sakura, no hagas eso". Se volvió de espaldas ante la repulsa en los ojos de ella, apartando la vista de su garganta que había dejado al descubierto, su pulso palpitando salvajemente. El aroma de su desesperación, de su sangre, inundó sus sentidos.
-"Lo siento. Perdóname" murmuró y se echó a llorar. Dejaría este lugar dentro de unos pocos meses. Algún día se casaría. Tendría hijos y nietos, pero Naruto todavía estaría aquí, encerrado en sus cadenas de oscuridad eterna, por siempre solo y triste.
-“¡Sakura!” Mascullando un juramento, se arrodilló delante de ella y le cogió las manos. -"Sakura, no llores. Por favor no llores. No puedo soportar tus lágrimas. No tienes por que quedarte durante más tiempo aquí. Te mandaré a casa mañana. Esta noche, si lo deseas. Pero por favor no llores".
-"No lloro por mí”, dijo.
Él se quedó mirándolo fijamente estupefacto al darse cuenta de que ella estaba llorando por él.
-“¿Hay algo que pueda hacer por ti?”. Preguntó, sorbiendo sus lágrimas.
-“¿Hacer lago por mí?” preguntó, frunciendo el ceño.
-“¿Puedes ser mortal de nuevo?”.
Lentamente, él negó con la cabeza. -"No".
-"Me quedaré contigo" prometió. -"Me quedaré mientras me quieras”.
-"Ah, Sakura, no tienes ni idea cómo me tienta eso”. No estar solo nunca más. Tener a alguien con quien compartir su vida. Le mostraría el mundo, la cubriría de diamantes y esmeraldas, le concedería todo lo que deseara. Nunca le faltaría de nada. Podría dormir durante el día a su lado. Vería su cara al dormirse y le daría la bienvenida cuando se despertara...
Lentamente, negó con la cabeza. No la podía condenar a la clase de vida que él llevaba, esperar que rehuyera la luz del día, que pasara su vida con un hombre que no era hombre del todo, simplemente para aliviar su aislamiento. Podía ser un monstruo, pero incluso él no podía ser tan cruel.
Su soledad, la tristeza completa y absoluta en las profundidades de sus ojos, le llegaron hasta lo profundo de su corazón e hicieron llorar su alma. –“No me eches" imploró suavemente. Inclinándose hacia adelante, le beso en la frente.
La abrazó por la cintura, y presionó su rostro contra sus pechos. Su calor le engulló, ahuyentando el frío que era su constante compañero como la luz del sol ahuyentaba el frío de la noche.
-"No lo haré". Aspiró un tembloroso aliento. -"Que Dios me perdone, pero no lo puedo hacer".
Un sentimiento de paz, de sentirse en casa, lleno su alma mientras ella acariciaba su pelo.
-"Mi hermana se casa mañana" le recordó. -"Dijiste que vendrías conmigo a la boda".
-"Si lo deseas". Parecía que ya no tenía voluntad propia, pensó con sardónica diversión. Ella hablaba, y él solo aspiraba a obedecerla.
-"Lo deseo". Él alzo la vista, para verla sonriéndole. -"Eres muy complaciente, mi señor".
-"Parece ser que no puedo negarte nada".
-“¿Nada, mi señor Naruto?”
-“¿Qué deseas ahora, Sakura? ¿Un broche de esmeraldas para rivalizar con el color de tus ojos? ¿De oro?”.
-"Lo que quiero es infinitamente más valioso, mi señor".
-"No puedo imaginarme lo que debe ser".
-“¿No puedes imaginarlo?”.
Ella coqueteaba con él, meditó. Y muy descaradamente, por cierto. -"Pide lo que quieras mi amor y es tuyo".
-"Un Beso" dijo Sakura, pronunciando la palabra como si fuera una caricia. -"Un beso".
-“¿Sólo uno?”.
-"O dos".
-“¿O veinte?” murmuró Naruto, cubriéndole la boca con la suya.
Sakura emitió un bajo sonido de aceptación a través de su garganta, mientras pasó sus brazos alrededor de su cuello. Esto era lo que quería, pensó cuando su tacto nubló sus sentidos. Estar aquí, entre sus brazos durante el resto de su vida.
El tiempo quedo en suspenso mientras su lengua acariciaba su labio inferior, mientras sus manos se deslizaban por sus lados, sus pulgares acariciando ligeramente sus pechos.
-"Naruto... por favor. .."
Él se apartó mirándola con atención. Su respiración era dificultosa, sus ojos llameando con incandescentes fuegos interiores.
-“No me rechaces de nuevo" imploró suavemente.
-"Sakura, te deseo más de lo que puedes imaginar... "
-“¿Pero?”.
-"Tengo miedo de lastimarte, eso... "
-“¿Qué?”.
-"Sakura, no siempre puedo separar mi deseo del hambre que me corroe. Temo que, en el calor de pasión, la lujuria por la sangre venza mi autocontrol".
-“¿Siempre ocurre así?”.
-"No lo sé. Sólo he llevado a una mujer a mi cama desde que fui hecho Vampiro".
-“¿Sólo una? ¿Durante cuatrocientos años?”.
-"La lujuria por la sangre es aun más poderosa que el deseo sexual". Hasta que encontró a Sakura, pensó. Hasta que llegó e introdujo esperanza en su solitaria vida.
-“¿Qué le sucedió a esa chica?”.
-"Murió entre mis brazos".
Sakura se recostó en la silla, incapaz para suprimir el estremecimiento de temor que le recorría la columna vertebral.
-"Sakura, no podría vivir con la culpabilidad de haber hecho algo que pueda dañarte".
-"Has... ¿Te has alimentado esta tarde?”.
-"Sí". Sabiendo que la vería, y recordando lo que había sentido cuando se despertó a su lado, se había alimentado, y se había alimentado bien.
-¡¿Tienes hambre ahora?”.
Él negó con la cabeza, con la certeza de lo que iba a venir excitándolo tanto como lo atemorizaba.
Él la deseaba, la deseaba tanto como ella a él. Con la seguridad que le proporcionaba ese conocimiento, apartó su miedo. Poniéndose de pie, tomó su mano conduciéndolo tras ella. -"He esperado por ti demasiado tiempo, mi señor".
Las palabras fueron dichas tan suavemente, que dudaba de las hubiera podido oír un simple mortal.
Naruto negó con la cabeza. -"No puedo, Sakura. Por favor no me pidas eso".
-"No tengo miedo”.
Sus dedos apretaron sus hombros. -"Pero yo sí".
-“¿Amabas a esa chica?”.
-"No".
-“¿Me amas a mí?”.
Asintió, incapaz de negarlo.
Su sonrisa era tan brillante como la luz del sol que él nunca vería de nuevo, tan calida como el amor de una madre.
-“¿Estas segura de que es esto lo que quieres, Sakura?”.
Por toda respuesta, cogió su mano y se dirigió hacia la puerta.
Incapaz de resistirse, la siguió hacia arriba por la escalera de caracol hasta su cuarto.
Una vez dentro, su coraje pareció abandonarla y se quedó mirándolo fijamente, con ojos inseguros.
-"No tenemos por qué hacer esto" dijo Naruto.
-"No, quiero hacerlo. Pero no se que es lo que esperas de mi”.
-"Podríamos comenzar con un beso" propuso Naruto, esperando que eso les hiciera sentir más cómodos.
La atrajo entre sus brazos, sintiendo los pequeños temblores de ansiedad que la recorrían de pies a cabeza.
-"Sakura". Murmuró su nombre mientras reclamaba sus labios.
Era más dulce que la miel, más caliente que un día de verano. Era como estar expuesto a los brillantes rayos del sol, pensó. Estrecharla entre sus brazos expulsaba el frío que parecía perseguirlo siempre, la sujetó más cerca, absorbiendo su calor, su blandura. Sus pechos estaban aplastados contra su torso; Podía sentir los rápidos latidos de su corazón, la pasión floreciendo dentro de ella.
Ella respondió a su beso apasionadamente, apretándose más contra él, sus brazos deslizándose alrededor de su cuello. Gimió suavemente cuando sus labios se deslizaron por su garganta, a lo largo de su hombro.
-“¿Sakura, Sakura, sabes cuántas veces he soñado con este momento?”.
Ella hizo un sonido mudo de asentimiento, apartándose para poder ver su rostro. El calor en sus ojos amenazaba con abrasar su propia alma y pensó en lo maravilloso que era que una joven inocente como era ella pudiera despertar tal pasión en un hombre.
Él la soltó solo lo suficiente para quitarse su capa. Ella le observó mientras la depositaba sobre la silla, y se quedó sin aliento al verse en el espejo.
Por un momento, fue como si el mundo se hubiese detenido: su reflejo, su pelo ligeramente desordenado, sus mejillas rosadas, sus labios ligeramente hinchados por sus besos. Vio su capa, extendida como un río de negro terciopelo sobre la silla. Vio la cama detrás de ella. Pero no a Naruto, quien estaba a su lado, no se reflejaba en el espejo.
Sobresaltada, le recorrió con la mirada para asegurarse de que estaba allí. Miró de nuevo el espejo, sintió que la sangre desaparecía de su rostro.
-“¿Qué ocurre?”. Naruto la miró de reojo y luego, lentamente, siguió su mirada. Su imagen le miraba fijamente desde el espejo, sus ojos verdes agrandados, su cara cenicienta. –“¿Sakura?”.
-"Yo... Tu... " Aspiró una bocanada de aire, y luego lo dejo escapar con un largo y tembloroso suspiro. -"El espejo... Tu no... ¿Por qué no puedo verte?”.
Él estaba repentinamente silencioso. -"No estoy seguro" contestó rígidamente. -"Hay muchas teorías acerca de ello, la más extendida es que los vampiros no se reflejan en el espejo, porque están compuesto de carne sobrenatural".
Vampiro... Ella sabía lo que él era, pero había rehusado profundizar en ello, había intentado pretender que eso no tenía importancia, que era como algún tipo de rara enfermedad, no una forma de vida. Ahora sabía por qué no había espejos en el castillo, sabía porqué que las pesadas cortinas estaban extendidas sobre las ventanas, no solamente para impedir que pasara la luz.
Dando un paso hacia atrás, le contempló. Con un inconsciente gesto de protección, cruzó los brazos sobre sus pechos.
Naruto entendió el significado de su gesto. Enderezándose en toda su altura, se apartó hasta rincón del cuarto. -"Te expliqué lo que soy" dijo, su voz de repente a la defensiva.
-"Lo sé, pero creo que hasta ahora no me había realmente dado cuenta de lo que significaba. No me importa. Realmente me da igual. Solo me sobresalté por un instante”.
-“¿Sobresaltada?” Alzó una rubia ceja con amarga diversión.
-"Parece que estés a punto de desmayarte".
-“¿De verdad lo parezco?” Ella sonrió débilmente. -¿Puedes culparme por ello?”.
-"No. Esto no va a funcionar, Sakura. Por la mañana haré que Jiraiya te lleve a casa".
-“¡No!” Corrió a través del cuarto y colocó las manos en sus hombros. -"No tiene importancia". Señaló al espejo. -"Solo era que no lo sabía. Tu nunca me dijiste..." Cruzó los brazos sobre su pecho de nuevo, recordando repentinamente que se lo había dicho cuando le habló de cómo se había convertido en un vampiro. -"Lo siento, lo olvidé".
Pensó en todas las otras cosas que le había contado acerca de los vampiros. Parecían todas tan irreales, tan improbables. Ahora sabía que a pesar de su habilidad para abrir y cerrar puertas, de leer sus pensamientos, de su necesidad de beber sangre, realmente en lo más profundo de su ser no había creído que él era un vampiro. –“¿Hay alguna otra cosa que deba saber? Es decir, he oído historias acerca de vampiros, pero... "
Se mordió el labio inferior para detenerle sus absurdos balbuceos. Incluso después de todo lo que había visto, después de todo lo que le había contado, no podía creer que fuera cierto. Las lágrimas inundaron sus ojos mientras le contemplaba, esperando que él le aclarara que todo había sido un tremendo error.
-"Ah, Sakura, eres tan joven, y yo me siento tan viejo".
-"Dímelo”.
-"Creo que te he dicho todo lo que necesitas saber". Su mirada fija se desplazo hasta la delgada columna de su cuello, donde latía su pulso tan apetitosamente. El perfume de su sangre inundaba las aletas de su nariz.
Lleno de ternura, le cogió las manos y besó a cada uno de sus dedos, sus labios fríos contra su carne. -"Creo que será mejor que me vaya".
-"Pero... Creí que... "
-"En otro momento, Sakura".
Él se sintió al mismo tiempo aliviado y decepcionado cuando ella no le replicó.
-“¿Te veré mañana por la noche, mi señor?”
-"Si lo deseas".
-“¿Me acompañarás a la boda de mi hermana?”.
-“¿Crees que es eso prudente?”
-"No lo sé. Quizá sería bueno que pasaras más tiempo con seres humanos y menos encerrado dentro de este castillo”.
Él parecía escéptico. –“¿A qué hora es la boda?”.
-"A las siete, en la capilla de Konoha". Sakura se mordió el labio inferior. -" Puedes... ¿Quiero decir, podrás...?"
Él se rió suavemente. -"Te aseguro, que la iglesia no se derrumbara si entro, mi dulce. Ni me desintegraré en un montón de cenizas al rojo vivo". Agachándose presiono sus labios sobre su cabeza. -"Hasta mañana por la noche".

Bueno espero que les halla gustado y aqui les dejo un pequeño adelanto del siguiente capi nos vemos

Su corazón saltó una pulsación mientras él se levantaba. Por un momento, se quedó mirándola fijamente y luego, con un revuelo de su capa alrededor de sus tobillos, salió del cuarto. Un momento más tarde, oyó el fuerte golpe de una puerta al cerrarse y supo que había abandonado el castillo para vagar por el jardín y también supo que tarde o temprano, iría al laberinto. Se sentaría a la sombra del zorro y el cuervo y se quedaría mirando a la oscuridad que era una parte de sí mismo. ¿Cómo había sobrevivido a siglos de oscuridad?
Se quedó sentada durante un momento y luego, lentamente, se puso de pie para seguirle.
-"No lo haga, señorita".
-"Jiraiya, no le vi.”.
-"Déjelo, señorita Sakura".
-"No puedo. Él sufre... "
Jiraiya asintió. -"Sí, señorita, pero está acostumbrado a ello desde hace mucho tiempo".
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Deeper Than The Dark (+16) (20/07/14) (Cap 16 y 17)

Mensaje por Dyna el Dom Jul 20, 2014 5:40 pm

Capitulo 16

Naruto esperaba al pie de la escalera, mudo, mientras veía como Sakura descendía la escalera, una visión de raso dorado y marfil la hacían parecer un ángel con una nube flotante de pelo rosado y ojos del color de una hermosa esmeralda. El traje revelaba la delgada curva de su cuello y un pequeño trozo de su satinada piel. Unos bellos y diminutos zapatos dorados apuntaban por el borde de su traje.
-"Qué bella eres, mi dulce" dijo Naruto. Cogiendo su mano con la de él, la presionó contra sus labios.
Una oleada de color arrasó sus las mejillas de Sakura cuando vio la admiración en sus ojos.
-"Tu también estas muy guapo mi señor" contestó, sintiéndose repentinamente tímida.
Vestido con unos ceñidos pantalones negros, suaves botas negras de cuero, una camisa blanca, y un abrigo negro de fino paño, cada pulgada de él demostraba que era un caballero de calidad y riqueza.
La palabra "vampiro" susurró en su mente. Resueltamente, la apartó a la fuerza. Ahora no pensaría en eso.
-“¿Todavía crees que esto es una buena idea?”. Preguntó mientras pasada el chal de lana blanca por sus hombros y luego le recogía su capa.
-"No tienes que acompañarme si no quieres" dijo.
Sus nudillos acariciaron su mejilla. -"Sólo pensaba en ti, en tu reputación".
-"No me importa lo que los demás piensen" contestó, -"Siempre que este contigo".
Un poquito de calor, como el toque de la luz del sol, se enrosco alrededor de su corazón. -"Como tu quieras" le dijo, y le ofreció su brazo.
La iglesia, hecha de piedra y de madera tallada, se erigía al pie la colina. La luz de varias docenas de velas blancas inundaba el cuarto, bañando las pintadas caras de los santos de madera con una suave luz.
Los bancos de iglesia estaban llenos de amigos y familia, y Sakura sonrió a su madre y hermanas mientras ocupaba su lugar entre ellas. Por un momento, contuvo el aliento, esperando. ¿Esperando qué? filosofó. ¿Qué la iglesia se derrumbara? ¿Qué el sacerdote se acercara con una cruz en lo alto y Naruto fuera expulsado de la iglesia?
-"Relájate, mi dulce". Murmuró Naruto. Cogió su mano y la palmeó reconfortadoramente. -"Mi presencia no hará arder la capilla. El sacerdote no renegará de mi como si fuera Satán".
Sakura sintió que sus mejillas ardían mientras él expresaba sus miedos con palabras. A pesar de sus burlonas palabras, Naruto no estaba tan tranquilo como quería hacerle creer a ella. Su mirada era atraída una y otra vez hacia el crucifijo de madera grande que estaba detrás del altar. Hacia cuatrocientos años que no había pisado una iglesia. La última vez que había entrado en una iglesia había sido poco tiempo después de ser hecho Vampiro. Se había refugiado dentro de una pequeña capilla para escapar de la luz del sol. Agazapado dentro de uno de los diminutos confesionarios, había implorado perdón por la sangre que había derramado, por las vidas que había tomado.
Ahora, sentado al lado de Sakura, tenía aguda conciencia de los susurros detrás de él mientras los ciudadanos expresaban su sorpresa al verle allí. Raramente abandonaba el castillo, excepto en las ocasiones en las que iba a Ichiraku’s.
-“Parece que nunca envejece... "
“¿Qué crees que hace en ese castillo?”.
-"... descaro, traerle aquí... "
-"... no es natural, la forma en que vive... "
Los susurros y las especulaciones cesaron abruptamente cuando el sacerdote y los novios tomaron sus lugares en el altar. Momentos más tarde, la hermana de Sakura entró andando por el pasillo.
Era una bonita muchacha, meditó Naruto, radiante en el día de su boda. Llevaba un traje color marfil con un velo y un ramillete de prímulas y delicados helechos.
El novio, Neji Hyuga, era alto y más bien delgado, con pelo de color café oscuro y ojos color perla.
Naruto deslizó una mirada hacia Sakura cuando el sacerdote comenzó a hablar. No tuvo que indagar en su mente para saber lo qué pensaba, para saber que se imaginaba de pie en el altar, repitiendo los votos que la unirían al hombre que amaba. Una sola lágrima se deslizó por su mejilla cuando el nuevo marido de su hermana levantó su velo y besó a su prometida.
Un dolor punzante perforó el corazón de Naruto. Algún día, Sakura estaría en un altar parecido y diría las palabras que la unirían por siempre a otro hombre. No podía soportar el pensamiento. La angustia de saber que ella sería de otro sería su fin.
Ese día, cuando supiera que la había perdido para siempre, saldría al encuentro del sol.
Hubo una fiesta después de la ceremonia. Neji Hyuga era el único hijo de una familia de clase media. Su padre, Hisashi, era el platero del pueblo. La recepción fue en el salón municipal.
Naruto permaneció en el fondo, aliviado de que no hubiera espejos en el gran edificio de madera. Se quedó en una esquina, en la sombras mientras veía como Sakura iba de un lado a otro del cuarto, haciendo bromas con los invitados, riéndose con sus hermanas, haciendo una pausa para hablar con su madre, ayudando a la señora Hyuga con la mesa.
Era una visión, su Sakura, una reina de las hadas con un remolino de faldas doradas. Había otras mujeres presentes – una cierta cantidad de ellas más jóvenes, otros con más curvas – pero ninguna más bella, ninguna tan vibrante y viva como ella. En un cuarto lleno de seres vivos, su perfume, su sangre, le atraían como si de un brillante faro a través de un mar de medianoche se tratara, tentando sus sentidos.
Sakura miró hacia atrás, su mirada escrutadora buscándolo como una abeja el polen. Naruto se quedó mirándola fijamente, la claridad de sus ojos atrayéndola. Antes de que se diera cuenta de lo que estaba haciendo, se dirigió hacia él, ignorando a la gente que le hablaba mientras pasaba de largo.
Ella le miró con ansiedad. –“¿Mi señor?”
-“¿Puedes concederme este baile, dulce Sakura?”.
-“¿Bailar?” Sólo luego vio que los músicos tocaban, que otros bailaban.
Dio un paso hacia él, con un suspiro de satisfacción saliendo entre sus labios mientras él la condujo entre sus brazos haciéndola girar alrededor del salón. Nunca había bailado con un hombre tan ágil, quién con su solo contacto le hiciera surgir anhelos tan profundos y prohibidos. Investigó en sus ojos, ojos azules insondables que la atraían obsesivamente, hasta que no vio nada mas y a nadie salvo al oscuro señor del castillo. Naruto.
Vampiro.
El brazo alrededor de su cintura se tensó cuando la palabra le pasó por la cabeza. Él lo sabe, pensó, sabe lo que estoy pensando. Una vez le había dicho que podía leer su mente, y se había resistido a creerlo, pero ahora lo creía.
Echándose un poco hacia atrás, contempló las profundidades de sus ojos. Bésame, mi señor, bésame ahora.
Y, muy lentamente, él agachó su cabeza y posó sus labios sobre los de ella.
Se regocijó con su beso al mismo tiempo que sopesaba lo que significaba vivir con un hombre que podía conocer cada uno de sus pensamientos. Un hombre que no era un hombre del todo.
Cuando el baile acabó, la escoltó a través del vestíbulo y le alcanzó un vaso de vino, luego se sentó a su lado mientras ella comía un pedazo de pastel de boda. Más tarde, hubo un brindis por los novios y luego Tenten y Neji se fueron. Poco después de eso, Sakura se despidió de su madre y sus hermanas.
-“Vuelve a casa con nosotros" le rogó Tsunade. Miró en dirección a Naruto y se estremeció cuando sus ojos azules atraparon los suyos. -"Por favor, hija, vuelve a casa donde tienes un sitio".
-"No puedo. Mama. He prometido quedarme con Lord Naruto durante un año”.
Tsunade negó con la cabeza. -"No te entiendo, hija. ¿Qué poder tiene sobre ti?”.
-"Le amo" Sakura dijo quedamente. -"Ese es el poder que tiene sobre mí. Él me ha concedido un año para estar junto a él, sólo un año, y no le dejaré ni un solo día antes".
Tsunade negó con la cabeza de nuevo. -"Me temo que te ha hechizado”.
Sakura contuvo una sonrisa. -"Le aseguro madre que no es ningún brujo".
-"Apostaría a que tampoco es un simple hombre" dijo Tsunade. -"Es malo, Sakura. ¿Por qué no te das cuenta?”.
-"Él no es malo, mama. Ha sido amable conmigo, con nuestra familia. ¿Ha olvidado que Tenten no habría tenido ninguna dote de no ser por la generosidad de Lord Naruto? ¿Ha olvidado que restauró nuestra casa, que él es el que hizo posible que conserváramos nuestra tierra después de que papa muriera, que pone comida en nuestra mesa y paga nuestros vestidos?”.
-"No lo he olvidado" contestó Tsunade en tono apaciguador. -"Pero temo que su generosidad no nace de la bondad, Sakura. Temo que solo sea cuestión de tiempo el que conozcamos sus verdaderos propósitos".
Sakura negó con la cabeza. Comenzó a explicar a su madre acerca del refugio en el pueblo, pero cerró su boca, recordando que había prometido a Naruto que no se lo diría a nadie.
-"Me tengo que ir, madre" dijo. Le dio un abrazo rápido a su madre y un beso de despedida a sus hermanas. -"Os volveré a ver pronto".
Ella guardó un largo silencio en el carruaje mientras regresaban al castillo. Naruto miró sus ojos entrecerrados, preguntándose que sería lo que la molestaba. ¿Era la desaprobación de su madre? ¿Un poco de melancolía porque su hermana parecía felizmente casada? ¿O estaba tratando de encontrar una forma de decirle que había cambiado de opinión acerca de pasar un año en compañía de un vampiro?
-“¿Sakura?”.
Ella giró su rostro hacia él, su cara en las sombras. –“¿Sí?”
-“¿Qué es lo que te molesta?”.
-"Mi madre. Cree que eres malo, y que hay alguna oscura razón por la que estas siendo tan amable conmigo y mi familia".
-“¿Y que es lo que piensas tú?”.
-"Pienso que me moriré si no me besas enseguida”.
-"Ah, Sakura... "
-“¿Es que nunca vamos a hacer el amor, mi señor?”
-“¿Te casarías conmigo, Sakura?”.
-"¿Casarme contigo?" se quedó sin aliento.
-“¿Es eso tan repugnante?”.
-"No, pero... "
-"Sólo durante lo que queda de nuestro año, Sakura. Si permaneces conmigo el tiempo que me prometiste, me gustaría que fueras mi esposa".
-“¿Y luego?”.
-"Luego te liberaré de tus votos".
Su propuesta la dejó sin habla. ¿Casarse con él?
-"Dejaré que lo pienses durante un tiempo, mi dulce". Le cogió las manos, deleitándose con el calor de su piel. -"Te quiero, Sakura, más de lo que en toda mi vida haya querido a alguien. Más de lo que anhelo ver el sol de nuevo".
-"No necesitas casarte conmigo" dijo suavemente. -"Creía haberte dejado claro que te amo sin condiciones".
-"Ah, Sakura, para mi sorpresa, acabo de descubrir que todavía conservo dentro de mí un cierto sentido del honor. No tomaré tu virginidad, ni tu inocencia, sin el respaldo del matrimonio". Besó la palma de su mano con su lengua acariciando la carne sensitiva, enviando escalofríos de deleite a través de ella. -"Di que sí, dulce Sakura".
No podría ver su rostro en la oscuridad, pero podía sentir sus ojos fijos en ella, esos ojos azules, profundos encendidos con un feroz fuego interior.
Vampiro.
-"No te lastimaré, Sakura Haruno".
-"Lo sé". Miró sus manos, enlazadas con las de él. Manos fuertes, pero que siempre habían sido gentiles con ella.
Lord Naruto es un hombre gobernado por oscuros apetitos. Las palabras de advertencia de Jiraiya, dichas con seriedad, le advertían que tuviera fuera cuidadosa.
Él es malo, Sakura. ¿Por qué no puedes verlo? Oyó su el eco de la voz de madre en el fondo de su mente.
Indagó en los ojos de Naruto y supo que sabía de sus pensamientos, sus dudas.
-"Sakura... "
-"Me casaré contigo, mi señor, cuando tú digas".
-"Mañana por la noche".
-“¿Tan pronto? Esperaba... "
-“¿Qué esperabas, mi dulce?”
-"Casarme en una iglesia, con un traje de seda blanca y velo, con mi madre y mis hermanas a mi lado”.
-"Las tendrás”.
-“¿Para mañana por la noche? No lo creo".
-“Haz los preparativos para la boda que siempre soñaste, Sakura" dijo. -"Todo lo que te pido es que no me hagas esperar demasiado tiempo, y que la ceremonia se realice aquí en la capilla del castillo".
-“¿Hay una capilla aquí?”
Naruto asintió. -“¿Cuánto tiempo necesitas?”.
-"Dos semanas deberían bastar".
Jiraiya estaba asombrado por las noticias. La madre de Sakura estaba horrorizada, sus hermanas mudas.
Uchiha se quedó aturdido.
Sentado frente a Naruto en Ichiraku’s varias noches más tarde, Sasuke negó con incredulidad. –“¿Ella aceptó casarse con usted?”.
Naruto asintió. Podía sentir los celos emanar del otro hombre, la cólera, ver la mano de Uchiha apretando fuertemente la taza que sostenía. -"Nunca creí... Nunca creí que usted se casaría".
-"Ni yo" contestó Naruto. Pasó la mirada alrededor del vestíbulo, saludando con un asentimiento a Shikamaru y Asuma, que estaban jugando una interminable partida a las cartas.
-"Supongo que la mantendrá encerrada en ese maldito castillo" dijo Sasuke con voz tensa. –“¡Maldita sea Naruto, no puede mantenerla prisionera!”.
Naruto no se movió, no cambió de expresión, pero Uchiha supo que había ido demasiado lejos.
Sasuke se aclaró la voz. -"Solo quise decir que ella merece algo mejor que eso".
-"No será una prisionera" dijo Naruto. -"Será mi esposa. Y como tal, estará en libertad de entrar y salir cuando quiera".
Sasuke asintió de nuevo. Sin pasar por alto la advertencia en los ojos de Naruto, o el borde afilado de su voz, y supo que sería sabio cambiar de tema.
-"Ella quiere casarse en la iglesia con su familia a su lado" Naruto comentó. Aspiró profundamente, y las aletas de su nariz se llenaron del olor a Sake fuerte y al humo de sus cigarros puros y por encima de todo a la gruesa y cálida esencia de su sangre.
Uchiha se recostó en su silla. Respiró profundamente, esforzándose en tranquilizarse. -"No puede culparla por ello".
-"Les ha pedido a sus dos hermanas mayores que la acompañen al altar".
Naruto despejó su garganta y pasó la mirada alrededor del cuarto. Durante sus cuatro siglos de existencia, nunca había pedido un favor a otro hombre.
Con un suspiro, miró a Uchiha de nuevo. -"No tengo ningún otro amigo a quien pedírselo" dijo sin matices. -"Pero consideraría un honor si usted me acompañara".
Sasuke le miró de soslayó, obviamente sin palabras y luego asintió.
-"Será un placer para mi, Su Señoría" contestó Uchiha seriamente, aunque se preguntó cómo podría soportar estar presente mientras Sakura entregaba su corazón a otro. –“¿Cuándo se celebrará el matrimonio?”.
-"Dentro de diez días".
Diez días, Uchiha pensó, y se preguntó si habría algo que pudiera hacer para convencer a Sakura de que no se casara, antes de que fuera demasiado tarde.
Durante la semana siguiente, el castillo de Naruto estuvo más agitado de lo que había estado durante cuatrocientos años. La madre de Sakura y las hermanas venían a menudo a ayudarla con la confección del traje de boda y a planear el banquete de bodas.
Debería haber sido una ocasión feliz, Sakura filosofó. Deberían haber habido sonrisas y risas mientras se sentaban por las tarde a trabajar en su traje de novia, pero cualquiera que mirara el rostro de su madre habría pensado que se preparaban para un velatorio. Tsunade masculló repetidamente que nada bueno saldría de este matrimonio, que había maldad dentro del castillo, que Lord Naruto no era el hombre noble que parecía. Sakura hizo lo mejor que pudo para ignorar las horrendas advertencias de su madre, sin embargo algunas veces, cuando estaba sola, se preguntaba qué de bueno podría salir al casarse con un vampiro.
Sus hermanas pensaron que era romántico que se casara con el oscuro señor del castillo. Lanzaron grandes exclamaciones de asombro mientras les mostraba el castillo, maravillándose de los tapices que pendían de las paredes, de las enormes chimeneas en los salones, de las pesadas espadas que colgaban cruzadas sobre la chimenea. Atravesaron corriendo los jardines; Estaban encantadas con el laberinto.
Jiraiya, por su parte, estaba encantado con la madre de Sakura. Utilizaba cualquier excusa para entrar en el cuarto cuando Tsunade estaba allí, hacia una pausa en el portal cada vez que pasaba por allí, deteniéndose para preguntar si deseaban algún refresco. Tsunade fingía estar ajena al interés de Jiraiya, Sakura se daba cuenta de que le gustaba por la forma en que los ojos de su madre brillaban cuando Jiraiya estaba junto a ella, de la forma en que sus mejillas se sonrojaban cuando sus manos accidentalmente se rozaban.
Ino fue la primera en mencionarlo en voz alta. Estaban en el cuarto, cosiendo el borde del vestido de novia de Sakura, cuando Jiraiya entró en el cuarto con una bandeja de té y unos panecillos. Le sirvió uno a cada una, sonrió a Tsunade, y salió del cuarto.
-"Creo que le gustas, mama" comentó Ino. -"Siempre le da la galleta más grande, y sus ojos sonríen cuando te mira”.
-"No sé de que me hablas" replicó Tsunade.
-"Es cierto”. Hinata sonrió abiertamente a su hermana menor. -"Tal vez pronto tengamos un nuevo padre".
-"Cállate, Hinata" la amonestó Tsunade.
-"Parece simpático, mama" agregó Moegi. -"Y sus ojos sonríen cuando te mira”.
-“¡Tonterías!”.
-"No son tonterías, mama" dijo Sakura. -"Él me dijo que pensaba que eras era una mujer hermosa".
-“¿Cuándo?” preguntó Tsunade, con sus mejillas ardiendo. –“¿Cuándo te dijo eso?”.
-"La primera vez que me trajo a casa”.
Tsunade azorada y halagada, agacho la cabeza sobre su costura para que sus hijas no pudieran ver sus mejillas arreboladas. Habían pasado años desde que un hombre la había mirado así. Más años de los que podía recordar. Podría haber encontrado el interés de Jiraiya halagador si hubiera sido cualquier otro, pero ella no quería tener nada que ver con cualquiera que trabajara para Naruto. Ya era suficientemente duro estar ahí viendo a su hija a punto de cometer lo que Tsunade creía que era el error más grande de su vida. Pasó la aguja a través del tejido, maldiciendo silenciosamente a su marido. Si no hubiera sido por Ichigo, Sakura y Naruto nunca se habrían conocido.
Al atardecer, la madre de Sakura y las hermanas se fueron. Sakura todas las noches las invitaba a cenar, pero Tsunade siempre rehusaba. Daba todo tipo de excusas, pero Sakura sabía la verdad, sabía que a su madre le daba miedo estar en el castillo después del anochecer. Había demasiadas historias de extraños pasos por el castillo de Naruto, demasiados rumores de fantasmas y merodeos de vampiros por la zona. Cada noche antes de irse, Tsunade dibujaba la señal de la cruz en la frente de Sakura y le recordaba que rezara sus oraciones y dejase su rosario al alcance de la mano.
Esta noche no era diferente. Sakura permaneció en el quicio de la puerta, sintiendo todavía en la frente la huella de los callosos dedos de su madre mientras observaba como se alejaba el carruaje.
Con un suspiro, Sakura cerró la puerta y se dirigió hacia el comedor. Se sentó en su lugar habitual, sonriendo a Jiraiya mientras colocaba un plato frente a ella.
Un momento más tarde, Naruto entró en el cuarto. La besó en la frente y luego tomó su asiento acostumbrado frente de ella. Instantes después Jiraiya le puso delante una jarra y su copa.
Sakura miró la jarra, el oscuro líquido rojo que brillaba tenuemente dentro del cristal. Apartó la mirada mientras Jiraiya llenaba la copa y se la entregaba a Naruto.
Sangre de ovejas y vino. ¿Cómo había podido sobrevivir tomando eso durante más de cuatrocientos años?
Clavó los ojos en su plato, en la carne de cordero, las patatas y el pan recién horneado e intentó imaginar como se sentiría si no pudiera comer comida sólida nunca más, si se viera forzada a beber sangre de personas o de animales para sobrevivir.
Pensó en todas las cosas que adoraba, el pan, queso y el chocolate. El brillo del sol, la hierba recién mojada por el rocío. Nadar en el lago en un caluroso día de verano. Trabajar en el jardín con el sol en su espalda y el perfume de la tierra fresca recién cavada llenando las aletas de su nariz. Vigilar a los niños jugando... Las cosas perdidas para siempre para el hombre sentado frente a ella.
Así sería cuando estuvieran casados, pensó. Nunca compartirían una comida, o caminarían de la mano por las mañana en el jardín cuando el rocío brillaba sobre la tierra. Nunca conocería la maravilla de la maternidad. Cambiaría su vida para adaptarse a la de él. La luna se convertiría en su sol, la noche su día.
Repentinamente se dio cuenta del silencio en el cuarto. Podía sentir su mirada ardiendo en ella. Aspirando profundamente, se obligo a mirarlo.
Vio un gran dolor. Un dolor sombrío, implacable. Y bajo todo eso, el aislamiento de cuatrocientos años. ¿Cómo lo había podido soportar?
Él no dijo nada, sólo se la quedó mirando y supo que había adivinado cada uno de sus pensamientos, que había sentido su repulsión, su piedad. Sintió la furia burbujeante bajo la superficie, su cólera, su amargura.
Su corazón saltó una pulsación mientras él se levantaba. Por un momento, se quedó mirándola fijamente y luego, con un revuelo de su capa alrededor de sus tobillos, salió del cuarto. Un momento más tarde, oyó el fuerte golpe de una puerta al cerrarse y supo que había abandonado el castillo para vagar por el jardín y también supo que tarde o temprano, iría al laberinto. Se sentaría a la sombra del lobo y el cuervo y se quedaría mirando a la oscuridad que era una parte de sí mismo. ¿Cómo había sobrevivido a siglos de oscuridad?
Se quedó sentada durante un momento y luego, lentamente, se puso de pie para seguirle.
-"No lo haga, señorita".
-"Jiraiya, no le vi.”.
-"Déjelo, señorita Sakura".
-"No puedo. Él sufre... "
Jiraiya asintió. -"Sí, señorita, pero está acostumbrado a ello desde hace mucho tiempo".
Clavó los ojos en Jiraiya como si le viera por primera vez. -"Todo este tiempo, usted ha sabido lo que él era y nunca me lo ha dicho”. Y luego un nuevo pensamiento cruzó su mente. –“¿Usted, también es uno de ellos?”.
En el mismo instante en el que hacia la pregunta, supo que era imposible. -"¿Lo ha hecho...?". Trató de encontrar una forma de expresarlo delicadamente, y no encontró ninguna.
-"Él ha bebido de mí en el pasado, señorita, cuándo no había nadie y nada más disponible".
-"Su lealtad es muy fuerte".
-"Salvó mi vida, señorita. ¿Qué menos podría hacer?”.
Sakura miró hacia la ventana. Más allá solo pudo ver la oscuridad. Naruto estaba allí fuera, solo y triste y era por su culpa. Le había conducido afuera, a la noche.
-"Debo ir con él". Se encaminó hacia la puerta mientras hablaba. –“¿Está en el laberinto?”.
-"No, señorita".
-“¿No?”. Se detuvo y se giró. -¿Ha abandonado las tierras del castillo?”.
-"No, señorita".
-“¡Jiraiya!”.
-"Lo siento, señorita Sakura".
-"Entonces lo encontraré yo sola" exclamó, y salió del castillo.
Fuera, se quedo quieta temblando en la oscuridad. Y luego, repentinamente, supo dónde estaba.
Le costó veinte minutos encontrar el camino hacia la portezuela en la pared del norte. Temblaba de frío, pero había llegado demasiado lejos para regresar a buscar un chal. Una fría niebla humedecía su pelo.
La portezuela se abrió fácilmente sobre goznes bien engrasados y se cerró cuidadosamente tras ella. La hierba húmeda amortiguó el ruido de sus pasos y mojó sus zapatos. Y luego lo vio, un pequeño rebaño de ovejas amontonadas contra una roca. Mientras se acercaba no le hicieron el menor caso. Miró atentamente en la oscuridad, tratando de ver qué era lo que acaparaba su atención.
Al principio no vio nada pero luego vislumbró un tono de blanco contra la hierba húmeda de rocío, y por encima del cuerpo de las ovejas un par de ojos. Unos ojos que brillaban intensamente en la oscuridad con una luz roja sobrenatural.
Y luego una forma oscura se alzó detrás de la oveja muerta.
El zorro tenía el pelo rojo. La sangre goteaba de sus colmillos. Un gruñido bajo retumbó profundo en su garganta, recorriéndole un escalofrió de terror por su columna vertebral.
¡Fuera! La voz de Naruto hizo eco en su mente. ¡Vete!
Lentamente, dio un paso atrás, y luego otro, y otro hasta que embargada por un horror sin nombre, se giró y corrió hacia la seguridad del castillo.
Jiraiya la estaba esperando en la puerta. No le hizo ninguna pregunta, simplemente le envolvió una caliente manta de lana alrededor de sus hombros y la acompañó hasta su cuarto. Como si fuera una niña, le ayudó a quitarse la ropa y ponerse el camisón. Le trajo una taza de té caliente y se sentó a su lado mientras bebía. Cuando la taza se hubo vaciado, se la quitó de las manos, y la metió en la cama. Enderezándose, apagó todas las candelas excepto una, y luego, se sentó en una silla al lado de la cama, Jiraiya le cogió la mano y se dispuso a acompañarla durante la noche.

Hasta a qui la conti espero que les haya gustado, les dejo un pequeño adelanto del siguiente capi nos vemos

Sakura... Alzó la mano hasta su mejilla, asombrado cuando las puntas de sus dedos notaron la humedad. Clavó sus ojos en esa única lágrima roja en su dedo. Sakura...
-“¿Mi señor?”.
¿Había atraído mágicamente su presencia con sus lágrimas? Tapó el lado izquierdo de su cara con su mano derecha y escondió la izquierda en los pliegues profundos de su capa. –“¿No te dije que te fueras?”.
-"No puedo dejarte" contestó quedamente. -"Prometí quedarme contigo durante un año y tu..." Se movió hacia él. -"Tu has prometido casarte conmigo".
Pasó silenciosamente por su lado, con la mano cubriendo su cara. –“¿Estás loca? ¿Por qué no te has ido?”.
-“¿Qué le ha ocurrido a tu rostro?”
-"Nada". Se giró de espaldas. Vete, Sakura".
-"No te dejaré”.

Capitulo 17

Naruto estaba en la ventana de la torre del este, clavando los ojos en el cielo. Podía sentir el amanecer acercándose, sentir el sueño cadavérico tratando de alcanzarle, sentirse traspasado por la oscuridad que pronto le envolvería como un sudario.
Tocó su capa, sintió como se enroscaba más fuertemente a su alrededor, envolviéndolo como si fuera un capullo en vueltas de seda y terciopelo.
Sakura le había visto en forma de lobo en el campo, el pelo erizado en su lomo, sus colmillos dejados al descubierto y ensangrentados. La imagen de su horror, su asco, había quedado grabada en su mente, y cada vez que cerraba los ojos la veía de nuevo.
Pues bien, meditó, volviendo la espalda a la ventana, eso era lo que había. Ahora no querría casarse con él. Sin duda abandonaría el castillo tan pronto como se despertara y no la detendría.
Sabiendo que nunca volvería a verla, abandonó la torre y logró llegar gracias a su tesón hasta su habitación.
Jiraiya se levantó de inmediato cuando su señor entró en el cuarto.
-“¿Cómo está?”. Preguntó Naruto.
-"Durmiendo tranquilamente, su Señoría".
Naruto asintió. -"Cuando hoy le pida salir de aquí, quiero que la ayude a empacar sus cosas, luego llévela a su casa, a donde pertenece".
-“¿Su señoría?”.
-"Fui un estúpido al pensar que podría haber algo entre nosotros".
-"Ella lo ama, su Señoría, estoy seguro de eso".
Naruto negó con la cabeza. -" Ella tiene un corazón blando. Me temo que solo es piedad lo que siente por a mí y no puedo vivir con eso. No me casaría con ella, sabiendo que solo siente lástima por mí, o teme lastimarme". Negó con la cabeza otra vez. -"Es hora de seguir adelante. Me iré de aquí la próxima semana”.
-“¿Va a marcharse?”.
-"Ya he permanecido aquí durante demasiado tiempo. Comience a empacar sus cosas, y las mías, también”.
-"Como Ud. desee, su Señoría, pero... "
La cabeza de Naruto se alzó rápidamente, mirando fijamente hacia la ventana. –“Esta amaneciendo" dijo, con voz apremiante. -"Hablaremos más tarde".
Jiraiya suspiró mientras veía a su señor abandonando la habitación. Era una pena, que esa horrible maldición le negara la única cosa que anhelaba lo único que podía hacerlo feliz. Y nunca había habido felicidad en la vida de su señor ni en la suya. Y probablemente, nunca la habría, filosofó tristemente.
-"Nunca quise hacerle daño”.
Jiraiya se giró abruptamente. -"Creí que estaba dormida, señorita".
-"Sentí su presencia y me desperté. Por qué él... ¿El lobo, era él? Me dijo que podía transformarse en un lobo, pero realmente no lo creí".
-"Sí, señorita, es la pura verdad".
Sakura se incorporó y sujetó las mantas bajo sus brazos. –“¿Por qué lo hizo? ¿Matar a esas ovejas, quiero decir?”.
-"Es en esta forma en lo que se convierte cuando todo se vuelve demasiado doloroso para soportarlo. Hubo un tiempo en el que descargaba su cólera contra los mortales, pero no ha matado a nadie desde que estoy con él".
-"No quise lastimarle" dijo Sakura de nuevo. -"Había olvidado que podía leer mi mente".
-"Es natural que le cause repulsión lo que él es".
-"Supongo que sí”.
-“¿Se marchará esta mañana?”.
-"No lo sé". Se quedó mirando hacia fuera de la ventana. Las cortinas estaban abiertas, y podía ver el comienzo de un nuevo día. El cielo era azul claro, salpicado con matices vívidos de oro, rosa y carmesí.
Él no había visto el sol desde hacía cuatrocientos años...
-"Jiraiya, necesitaría que me llevara al pueblo. Necesito algunos pinceles nuevos.
Ése despertó como siempre lo hacia., instaneamente, sus sentidos alerta explorando el castillo. Jiraiya estaba preparando la cena en la cocina. Un estofado condimentado con cebollas y tomillo.
¿Se había marchado? Incorporándose, buscó su presencia. Su fuerza vital le atrajo como una vela brillando en la oscuridad. Durante un momento, cerró sus ojos, sintiendo un alivio casi doloroso por su intensidad al saber que todavía estaba allí. Perversamente, se preguntó por qué no se había ido cuando tuvo la oportunidad.
Levantándose, se vistió rápidamente, luego bajó las escaleras apresuradamente, no siendo su paso más que un borrón de movimiento en la oscura escalera.
Cuando llegó abajo, hizo una pausa y aspiró profundamente.
Estaba en el comedor.
Sujetó su capa, frotando el suave terciopelo entre su pulgar y su dedo índice, preguntarse cómo podría enfrentarla después de lo de anoche. Aún no le había visto derrotado, cuándo la lujuria por la sangre le vencía, cuándo sus ojos estaban hundidos y ardiendo por la necesidad. No le había visto después cuando se parecía más a monstruo que a un hombre, cuándo su piel estaba estirada en capas delgadas y el hambre arañaba sus órganos vitales, pidiendo ser saciada.
Pero lo que había visto la pasada noche ya era suficientemente malo. Con sus emociones heridas a flor de piel y su profundo anhelo había tomado la forma de un lobo y había matado una de las ovejas. Había arrancado la garganta del animal, esperando así aliviar su frustración en un despliegue de violencia y derramamiento de sangre. En toda su vida, hasta esa anoche, nadie, salvo Jiraiya, le había visto hacer eso.
Aspiró profundamente, regañándose a sí mismo por su cobardía. En algún momento tenía que enfrentarla.
Alzó la vista cuando él entro en el cuarto. Su sonrisa era forzada y sus ojos reflejaron un tumulto de emociones: miedo, lástima, compasión, ansiedad.
-"Buenas noches, señor" dijo Jiraiya, quebrando el pesado silencio.
Naruto saludó con la cabeza de manera concisa, y Jiraiya salió del cuarto. Volvió un momento después llevando una pesada jarra de plata y una copa de cristal.
La mirada de Sakura fue atraída hacia el grueso líquido rojo mientras Jiraiya llenaba la copa y la dejaba frente a su señor.
Naruto la miró mientras lentamente levantaba el vaso, deliberadamente, tomó un largo trago, saboreando el grueso sabor, ligeramente salobre del líquido caliente.
Aunque lo intentó, Sakura no podo dejar de sentir un estremecimiento de repulsión mientras él bebía de golpe el contenido de la copa y depositaba el vaso vacío sobre la mesa.
Sin pronunciar una sola palabra, Jiraiya alzó la jarra y rellenó la copa.
Naruto levantó su vaso, su mirada atrapando la de Sakura mientras clavaba sus ojos en ella sobre el cristal tallado.-“¿Por qué estás todavía aquí?”. Preguntó intempestivamente.
-"Porque deseo estar aquí, mi Señor" contestó, con voz apenas audible. -"Porque tu me necesitas”.
-"No te necesito a ti, ni a tu piedad" dijo, con voz afilada. -"No necesito a nadie".
-“¿No lo necesitas?”.
Él levantó la copa y consumió el contenido en un largo trago. –“Vete de aquí" dijo intempestivamente. -"Retirate de mi presencia. ¡Fuera de mi casa!”.
Sakura se lo quedó mirando durante un momento, asombrada por la dureza en el tono de su voz, por la furia apenas reprimida que resplandecía en las profundidades de sus ojos. No se detuvo a preguntarse si su cólera estaba dirigida a ella o a sí mismo. Asustada y confundida, se levanto y huyo del cuarto.
El leve sonido de sus pasos subiendo rápidamente las escaleras resonó en sus oídos como si fuera un trueno.
-“¿Qué he hecho? murmuró roncamente.-” ¿Qué he hecho?”
-"Su Señoría, la boda tendrá lugar mañana por la noche".
Naruto se quedó mirando absorto su copa vacía. Unas pocas gotas del brillante líquido se habían quedado adheridas al cristal, recordándole a las lágrimas ensangrentadas. -"No puedo casarme con ella" dijo tristemente. -"No puedo permitirle que se case conmigo".
-"Su familia va a venir esta tarde".
-"Ocúpate de que se vaya con ellos".
-"Como Ud. desee, Señor".
Lentamente, Naruto se levantó y se dirigió hacia la ventana. Apartando a un lado las pesadas cortinas, miró con atención hacia fuera, a la oscuridad. Nunca la noche le había parecido tan oscura, tan vacía.
-"No puedo seguir sin ella". En respuesta a la pena en su voz, su capa se enroscó más apretadamente a su alrededor, pero por esta vez, la suave caricia de la prenda no logró calmarlo. –“¿Jiraiya, qué debo hacer?”.
-"Sobreviva, Señor, como siempre".
Lentamente, Naruto negó con la cabeza. -"No puedo". El recuerdo del único día en que ella había dormido junto él, emergió en su mente atormentándolo. Recordó que cuando se despertó, fue su dulce y sereno rostro lo primero que había visto. No podía soportar el pensar que nunca volvería e experimentar esa felicidad de nuevo.
Se giro. Con su capa formando remolinos a su alrededor y luego posándose suavemente sobre él de nuevo.
-"No puedo" murmuró roncamente, y salió del cuarto.
Mezclándose con las sombras, buscó abrigo en la oscuridad de la noche, y supo que nunca más volvería a encontrar refugio en las sombras.
Viajando a velocidad sobrenatural, dejó Konoha atrás, dirigiéndose hacia la ciudad. Vago en la oscuridad durante horas. Errando entre las calles llenas de niebla, se torturó observando a las parejas paseando. Escuchó su risa, se asomó a la ventana de una acogedora casa para ver a una madre cuidar a su bebé, vio a un padre consolando a un niño lloroso.
Siguiendo adelante, vio una joven pareja abrazarse a la luz de la luna. El perfume de su sangre, su pasión naciente, enardeció sus sentidos.
Paseó a lo largo de una tranquila calle residencial, haciendo pausas delante de una casa tras otra para escuchar las conversaciones de sus habitantes. Escuchó a niños riendo, a un marido riñendo con su esposa por el precio de una nueva gorra, oyó a una madre cantando una dulce nana a su hijita recién nacida.
Sonidos comunes.
Sonidos ordinarios.
Sonidos humanos.
Y sobre todo y por encima de todo, vio el rostro de Sakura, oyó el suave tono de su voz.
Nunca antes había anhelado tanto ser mortal como esta noche. Nunca su existencia le había parecido tan vacía.
Paseó por las calles, las fosas nasales llenas del perfume de seres humanos, el perfume empalagoso de una ramera, el hedor de cuerpos sin lavar cerca del muelle, la fragancia a polvo, jabón y tabaco fino mientras caminaba hasta la parte rica de la ciudad.
Fue a Ritsurin, odiando a los ricos habitantes que comían y dormían en sus mansiones, esos miembros de la alta sociedad que pasaban sus días en la caza del zorro o yendo de compras. Despreciándose por ello, envidió a los jóvenes ricos que se levantaban por la mañana temprano para ir a pasear a caballo, pasaban la tarde en sus clubs, y sus noches en la ópera en compañía de otros jóvenes igualmente ricos y mimados y bellas mujeres.
Y siempre la sangre llamándolo, tentándolo, gruesa, sustanciosa y caliente, llena de vida. Pero se rehusó a cazar, se rehusó a ceder a la necesidad vibrando a través de él. Dio la bienvenida al dolor, que le recordaba quien era, que hacia ya mucho tiempo que había perdido el derecho de amar a una mujer mortal.
Y luego olió el amanecer.
Juró por lo bajo, maldiciendo su estupidez, su cólera, que le había mantenido apartado de su casa durante demasiado tiempo.
El sol le persiguió a través de las calles, su calor burlándose de él, llenándolo de terror mientras pensaba lo que le sucedería si alcanzaba refugio antes de que la luz le encontrase.
Por un instante, pensó en rendirse al amanecer. ¿Si no podía tener a Sakura, entonces para qué vivir? Pero un rayo de brillante y caliente luz dorada abrasó su mejilla izquierda, chamuscando la piel. El dolor, el hedor de su carne quemada, le espoleó.
Sintió el calor abrasador del sol en su espalda mientras atravesaba la puerta del castillo cerrándola de golpe tras él, luego corrió a gran velocidad subiendo las escaleras hacia la torre del este.
Respiraba pesadamente cuando llegó a su santuario. El lado izquierdo de su cara y su mano izquierda le abrasaban como si estuvieran ardiendo a fuego lento.
Con señales de dolor en su rostro, cerró la puerta tras él. Y luego lo vio, la salida del sol sobre un lago en la montaña. Los listones de brillante color salpicando el cielo del amanecer, brillantes tonos anaranjados, ocres y escarlatas. El lago, su superficie lisa como un espejo, reflejaba los colores del cielo. Muchas flores bordeaban el agua. Blancas, rojas y amarillas, rosadas y de color violeta, puras y frescas. Un pájaro azul estaba posado sobre la rama de un sauce, sus ojos oscuros tan brillantes que parecían vivos.
Clavó los ojos en la escena, olvidando la agonía en su carne chamuscada. Ella le había regalado la salida del sol, una de la que podría disfrutar sin temor.
Sakura... Alzó la mano hasta su mejilla, asombrado cuando las puntas de sus dedos notaron la humedad. Clavó sus ojos en esa única lágrima roja en su dedo. Sakura...
-“¿Mi señor?”.
¿Había atraído mágicamente su presencia con sus lágrimas? Tapó el lado izquierdo de su cara con su mano derecha y escondió la izquierda en los pliegues profundos de su capa. –“¿No te dije que te fueras?”.
-"No puedo dejarte" contestó quedamente. -"Prometí quedarme contigo durante un año y tu..." Se movió hacia él. -"Tu has prometido casarte conmigo".
Pasó silenciosamente por su lado, con la mano cubriendo su cara. –“¿Estás loca? ¿Por qué no te has ido?”.
-“¿Qué le ha ocurrido a tu rostro?”
-"Nada". Se giró de espaldas. “Vete, Sakura".
-"No te dejaré”.
-"Vete, ahora". Su mano izquierda se cerraba con fuerza bajo los pliegues de su capa. Cerró sus ojos y aspiró profundamente. El dolor de sus heridas aumentaba su hambre. Necesitaba sangre para cicatrizar sus heridas y la sangre de las ovejas no lo saciaría. Sakura. –“¡Vete!”.
Se sobresaltó ante el contacto de su mano en la espalda. Podía sentir la oscuridad envolviéndolo. Pronto, sucumbiría al sueño oscuro de los no muertos.
-"¡Estas sufriendo!" exclamó. Presionando la mano contra su espalda. -"Lo puedo sentir”. Le sujetó por el hombro, tratando de girarlo hacia ella. Fue como intentar mover una montaña. –“¿Qué te ha ocurrido?”.
-"Nada. Sal, Sakura. El amanecer... Debo descansar".
Decidida a saber lo que le ocurría, giró a su alrededor hasta quedar frente a él. Sus ojos ardían mientras la miraba, pero no se resistió cuando le aparto la mano de su cara.
-“¡Naruto!”. Un lado de su rostro estaba horriblemente quemado. Su piel estaba roja y en carne viva. –“¿Qué ha sucedido?”.
Soltó un largo suspiro que parecía contener todos los pesares del mundo. -"Anduve sin cuidado”.
-“¿Sin cuidado?”. Cerró con fuerza las manos para evitar tocarle.
-"Iba retrasado para llegar a casa. El sol... " Sus palabras se desvanecieron y se encogió de hombros.
-“¿El sol te hizo esto?”.
Él asintió, cansadamente.
-“¿Qué puedo hacer?”.
-"Déjame solo, Sakura. Cicatrizará solo".
-“¿De veras lo hará?” Le miró dudando.
Él asintió de nuevo. Se desabrochó la capa y la lanzó sobre el colchón. –“Vete, Sakura". Caminó ciegamente hacia la cama, su fuerza debilitándose mientras el sol se levantaba más alto en el cielo. Cayó sobre el colchón y cerró los ojos. -"Dile a Jiraiya que lo necesito”.
-"Si me dices lo que necesitas, te lo proporcionare yo misma”.
Gimió como si sufriera un gran dolor y luego negó con la cabeza. -"Trae a Jiraiya".
-“¿Necesitas sangre, para curarte, verdad? No supo qué la impulso a hacer esa pregunta, pero sabía que era la verdad.
-"Sakura... Por favor. Ve a buscar a Jiraiya".
Él necesitaba sangre, y repentinamente necesitó darle la suya, ser ella la que aliviara su sufrimiento.
Fue hacia la cama y se sentó en el borde. Amablemente, apartó un mechón de su frente y luego acarició su mejilla ilesa.
Los párpados de Naruto se abrieron de repente. Por un momento, creyó que la despediría y luego, con un suspiro se giró hacia ella y tomó su mano. Sus movimientos fueron lentos, sus ojos con los parpados entornados mientras besaba su palma. Sus labios estaban fríos y secos, enviando escalofríos que recorrían su columna mientras lamía la suave piel de su muñeca. La contempló, sus ojos azules encendidos con un fuego interior, y luego la rodeó con sus brazos sujetándola, inmovilizándola como si fueran fríos barrotes de acero.
Sintió una repentina aprensión mientras sus labios rastrearon su cuello, tembló incontroladamente cuando su boca se cerró sobre la carne blanda. Hubo un dolor repentino, bien definido, pero antes de que pudiera emitir un solo gemido, el dolor fue absorbido de golpe por una oleada de placer raramente sensual.
Él estaba bebiendo su sangre. Debería sentirse asqueada, conmocionada, disgustada. En lugar de eso, sintió una corriente de satisfacción. Estaba necesitado y ella satisfacía su necesidad de la forma más íntima posible.
Una extraña languidez se apoderó de ella. Su boca era calida, extrañamente erótica, y se apretó mas a él, queriendo estar más cerca. Su lengua acarició su piel, una vez, dos veces. Ella gimió suavemente cuando la apartó.
-“¿Sakura? ¡Sakura"! La sacudió ligeramente. –“¡Contéstame!”.
-"No te detengas" se quejó.
El temor por su vida, le sacó del letargo que lo arrastraba hacia la oscuridad. Con un esfuerzo, se levantó sujetando a Sakura contra él. Se quedó mirando fijamente con horror las dos marcas iguales que arruinaban la perfección de su garganta. ¿Qué había hecho?
¡Jiraiya! Su mente gritó el nombre.
Unos momentos más tarde, Jiraiya apareció en el portal.
-"Tráele algo para beber. ¡Apúrate!”.
Jiraiya salió tan rápidamente como había llegado. Minutos más tarde, regresó llevando una taza de té caliente con un buen chorro de brandy.
-"Sakura, bebe esto". Naruto sujetó la delicada taza de porcelana china contra sus labios, su frente arrugada con preocupación mientras observaba como tragaba el contenido.
Sakura se quedó sin aliento mientras tomaba un sorbo de coñac. Nunca había probado el alcohol, y el brandy dejó un rastro ardiente en su garganta hacia su estómago.
-"Bebe todo" urgió Naruto.
El calor la invadió mientras obedientemente se bebía el resto.
Naruto sonrió al regresar el color a las mejillas de Sakura. –“¿Estás bien?” preguntó ansioso.
Ella hipó, luego le sonrió. –“¿Qué ha sucedido?”.
-"Me temo que he tomado más de la cuenta".
Jiraiya miró indignado a Naruto, sus ojos color café destellando coléricos mientras comprendía por qué Sakura se veía tan pálida cuando había entrado en el cuarto, del por qué se mostraba desorientada y débil.
-“¡Usted no debió!” exclamó Jiraiya. –“¡Dígame que usted no usó a esta niña para apagar su diabólica sed!”.
Naruto apartó la mirada, incapaz de enfrentar la censura en el rostro de su criado. Por primera vez durante sus cuatrocientos años de vida, se sintió avergonzado por lo que había hecho.
-“¿Por qué no me llamó?”. Jiraiya preguntó, su voz con tono acusador. Miró las arreboladas mejillas de Sakura. -"Una cosa es tomar un poco de vez en cuando. Eso, lo puedo entender. Pero esto, usarla como si fuera una de sus malditas ovejas"
La cabeza de Naruto se alzó de repente, sus ojos azules llenos de advertencia. -"Cállate" dijo concisamente -"O te silenciaré por siempre".
Jiraiya se tragó la aguda réplica que estaba a punto de surgir por su boca.
-"Fue idea mía" dijo Sakura, alarmada por la tensión que vibraba entre los dos hombres. -"Me pidió que lo llamara, pero no lo hice".
-"Vea lo pálida que esta". Jiraiya dio un paso adelante, con la preocupación arrugando su frente. -"Usted ha tomado con demasiado".
Naruto negó con la cabeza. Él no había tomado lo suficiente como para ponerla en peligro. Solo era, que esta era la primera vez que había tomado un poco más de unas gotas.
Mascullando un juramento, volvió la cama, incapaz de oponerse durante más tiempo a la oscuridad que lo envolvía. -"Encárgate de ella... " ordenó, y luego la negrura le reclamo.
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Deeper Than The Dark (+16) (20/07/14) (Cap 18 y 19

Mensaje por Dyna el Dom Jul 20, 2014 5:45 pm

Capitulo 18

Ella estaba durmiendo a su lado cuando el crepúsculo le liberó de su prisión de oscuridad. Su pelo estaba extendido por la almohada, contra la negra seda. Su brazo descansaba sobre su pecho, su cabeza sobre su hombro como si fuera una almohada. Una delgada pierna se enroscada entre las suyas.
El calor de su suave carne contra la suya, la fragancia de su pelo, el perfume de su sangre, le despertó con dolor entre un aliento y el siguiente.
¿Qué iba a hacer con ella? Rehusaba a dejarse intimidar por él, rehusaba abandonarlo cuando le daba la oportunidad. Anoche, cuando debería haber salido huyendo de su presencia, le había ofrecido el mismo ser de su vida. En toda su vida, ninguna otra mujer había ido a él voluntariamente, ni lo había mirado con amor. Ninguna había visto más allá del monstruo, solo al hombre que ansiaba liberarse de la oscuridad que se había apoderado de él.
Sakura... Había buscado en su corazón y su alma y le había dado un regalo que no podía comprarse, el sol al que no se había atrevido a mirar durante cuatro siglos.
Girando la cabeza, Naruto estudió la pintura. Incluso en la oscuridad, podía verla; Los matices de tonos calientes que reflejaban la salida del sol, el azul del lago, los brillantes y atrevidos colores de las flores, los pájaros posados sobre las ramas de los árboles. Hacía tanto tiempo que no había visto las flores a la luz del día, el agua de un lago centelleando a la luz del sol. Había visto pinturas creadas por artistas magistrales, pero ninguno más bello que esta.
Sakura...
Beso suavemente su mejilla. Le había regalado una nueva visión del sol. Si quedaba alguna pizca de honradez en su ser, a cambio le daría su libertad. La dejaría ahora, mientras dormía. Se marcharía y nunca la volvería a ver.
Pero no lo haría. No podía. En todos estos cuatrocientos años, ella era su única oportunidad de ser feliz. Esta noche sería su esposa. La mimaría y la amaría durante todo lo que quedaba de año, y luego la enviaría de regreso a su mundo, donde tenía su sitio. Su corazón, que creía tener duro como las paredes de piedra de su castillo, parecía desmoronarse de solo de pensarlo.
Con un somnoliento suspiro, se movió entre sus brazos, abrió sus ojos, y le sonrió. Tenía unos ojos tan bellos, meditó, de un verde como un prado en verano.
-"Buenas noches, mi señor" dijo. Su voz áspera por el sueño le acarició como si fuera suave terciopelo.
-"Buenas noches, Sakura".
-“¿Podemos tener un poco de luz?”.
Con un gruñido suave aquiescencia, miró fijamente hacia la vela al lado de la cama, la cual instantáneamente resplandeció con una suave luz. –“¿Así está mejor?”.
-"Sí, gracias".
-"No te he dado las gracias por la pintura".
-“¿Te ha gustado?”.
-"Muchísimo". Las puntas de sus dedos acariciaron la suave curva de sus mejillas. –“¿Por qué no te has ido, cuando te pedí que lo hicieras?”.
-"Porque me necesitas, mi Señor, no importa cuánto lo niegues”.
-“¿Y por qué todavía estas aquí, a mi lado?”.
-"Una vez me dijiste que te había encantado ver que estaba a tu lado cuando despertaste”. Replicó cándidamente.-“¿Debería marcharme?”.
-"No". Su brazo se apretó más fuertemente a su alrededor. –“¿No te asusta mi sueño cadavérico?”.
-"Un poco".
-"Eres una niña asombrosa".
-"No soy una niña, mi señor". Aunque supuso que comparada con sus años, realmente debía parecerle muy joven. -"Tu cara". Posó su mano sobre su mejilla, sus ojos agrandados por la extrañeza. Su piel, aunque todavía roja, no se veía tan mal como la noche anterior. –“Esta mucho mejor".
Naruto miró su mano. La horrible rojez de la quemadura había desaparecido, aunque la piel todavía no se había regenerado completamente. Otras lesiones cicatrizaban totalmente durante la noche, mientras dormía, pero las quemaduras siempre tomaban más tiempo.
-"Sin duda cuando vea mi rostro, todavía asustaré más a tu madre".
-“¡La boda!”. Sakura se irguió de golpe. –“¿Qué hora es?”.
-"Cerca de las seis".
-"¡Las seis! ¡Debemos estar casados a las siete! ¡Por qué no me despertaste más pronto!" exclamó, y luego se sonrojó furiosamente.
Naruto se rió suavemente cuando el color inundó sus mejillas. –“¿Así que, no has cambiado de opinión?”.
-"No, pero me tengo que ir". Se levantó y pasó una mano por su pelo.-"No podré estar lista a tiempo. Todavía tengo que bañarme, vestirme, peinarme..." Se agachó para depositar un suave beso en sus labios. -"Tengo que irme".
-"Tómate todo el tiempo que quieras, dulce Sakura. Todavía no ha habido ninguna boda en la que no se haya tenido que esperar a la novia”.
La capilla estaba ubicada al otro lado del castillo. Estaba construida con piedra blanca y brillaba tenuemente a la luz de la luna llena. Una cruz de madera tallada estaba situada a un lado del arco de las dos puertas de entrada. Los sauces agitados, murmuraban secretos en la noche, mientras las sombras jugaban al escondite con la luna.
Permaneció en la oscuridad, su mirada fija en la capilla. Durante todos los años que había poseído el castillo, solo había estado una vez en su interior
Se giró rápidamente cuando un familiar perfume inundó su nariz. -"Señora". Se inclinó respetuosamente.
-“¿No puedo decir nada para persuadirle de que suspenda esta boda?”.
Naruto negó con la cabeza. -"Nada. Ella será mía".
-“¿Qué es usted?”.
Él apartó la mirada, para luego volver a mirarla fijamente. -"Amo a su hija, señora Haruno. Le juro que no le haré ningún daño".
-"No le creo”.
Él se encogió de hombros. -"Encuentro su preocupación bien intencionada, pero más bien tardía".
-“¿Porque?”.
-“¿Ha olvidado que su padre me la vendió?”.
Un rubor ardiente subió por las mejillas de Tsunade Haruno. –“¡Por supuesto que no lo he olvidado!”.
-"Podría conservarla conmigo por el resto de su vida" dijo Naruto quedamente. "No me escatime un solo año". Levantó su cabeza, sus sentidos examinando la brisa. -"Está aquí" dijo, y pasando rápidamente por el lado de la madre de Sakura, desapareció en la oscuridad.
Entró en la capilla por una puerta lateral y tomó su lugar en el altar. La luz de una docena de altas velas llenaba el edificio de una suave luz anaranjada.
Sasuke Uchiha permanecía a su lado, con expresión solemne. Uchiha, quien prefería llevar abrigos con matices brillantes de verde y oro, se veía casi apagado con un abrigo azul oscuro, una corbata a rayas, y pantalones de color ante.
Jiraiya, estaba solemne y muy apuesto con su oscuro traje de color café con corbata de terciopelo negro, estaba sentado solo en el lado izquierdo del primer banco. La madre de Sakura estaba sentada a la derecha. Tenten y Hinata, vestidas con trajes de color lavanda y azul, estaban sentadas a ambos lados de su madre.
A Naruto no le pasaron desapercibidas las miradas furtivas que Jiraiya dirigía a Tsunade, o el débil rubor que cubrió sus mejillas cuando atrapó a Jiraiya mirándola.
El sacerdote tomó su lugar en el altar. Unos momentos más tarde, Ino llegó caminando por el pasillo central, seguida por Moegi. Ambas llevaban vestidos de color rosa, ribeteados de oscuro terciopelo rojo.
Luego vio a Sakura. El marido de Tenten, Neji, la conducía hasta el altar, pero Naruto solo tenía ojos para Sakura.
Llevaba un vestido de brocado de seda blanca. El corpiño era de corte cuadrado, las mangas largas y ceñidas. Un fino velo cubría su cara. Parecía un ángel, pensó, la misma esencia de la pureza y la luz.
Él era consciente de las lágrimas de Tsunade Haruno, de los celos que irradiaba Uchiha en ondas de calor fuera que parecían arena ardiente del desierto. Sentía los deseos de felicidad de Jiraiya, las dudas del sacerdote.
La pequeña capilla parecía resonar con el sonido combinado de sus latidos y los pensamientos de los demás, retumbando en su cabeza, como un coro de voces no deseadas.
-“¿Por qué estás haciendo esto, hija? ¿En qué te fallé?”
-“Te quiero, Sakura. Rezo para que seas feliz”.
“¿Sabe lo que está haciendo? ¿Es muy tarde para advertirla?”
-“Te perdí, Sakura. Por favor ven a verme a menudo.
Sintió la preocupación de Tsuande Haruno, el corazón roto de Uchiha, la ansiedad de Hinata, la sensación de pérdida del sacerdote, la curiosidad de Tenten mientras se preguntaba qué es lo que le había sucedido en su mejilla, la esperanza de Ino de que su hermana mayor fuera feliz, la certeza de Moegi de que ni por toda la riqueza en el mundo viviría en el castillo de Naruto, con su oscuro señor.
Aspiró profundamente y su nariz se llenó del perfume de la sangre fluyendo por sus venas.
Pero esta noche se había alimentado bien y el hambre estaba dormida en su interior.
Y entonces Sakura estaba allí, a su lado, y bloqueó su mente a todo lo que no fuera la belleza de la joven que estaba a punto de convertirse en su esposa. Podía oír los rápidos latidos su corazón mientras le miraba. Su piel era suave y caliente, sus ojos brillaban con amor cuando colocó su mano sobre la de él.
Juntos se giraron hacia el sacerdote.
La ceremonia fue breve. Escuchó las palabras que los unían y pensó que en toda su vida nunca había oído palabras más bellas.
Luego finalizó la ceremonia y ella era suya. No pudo evitar el temblor en sus manos cuando apartó el velo de su cara. Nunca, en todos sus cuatrocientos años, había imaginado un momento como este. El tiempo perdió todo significado mientras la contemplaba, grabando su imagen en su mente y en su corazón para así poder recordar la serena belleza de su rostro cuando se hubiera ido.
-"Puede besar a la novia" repitió el sacerdote con un fuerte susurro.
Naruto inclinó la cabeza. Y luego, con un profundo sentimiento de adoración, rodeó a Sakura con sus brazos y la besó. Te amo, dulce Sakura. Juro amarte y respetarte mientras seas mía.
Sakura le miró cuando él finalizó el beso. ¿Había imaginado su voz en su mente?
-"Te amo, dulce Sakura" le dijo quedamente. -"Juro amarte y respetarte mientras seas mía”.
Repitió las palabras con serena intensidad, las mismas palabras que ella había oído en su mente. Antes de que pudiera reflexionar sobre lo que quería decir, su madre y sus hermanas la rodearon.
-"Felicitaciones, Su Señoría" dijo Sasuke, ofreciéndole la mano a Naruto. -" Espero que usted y su esposa sean felices juntos".
-"Gracias, Uchiha" Naruto contestó sinceramente. -"Sé lo duro que esto es para usted".
-"Ciertamente". Uchiha fijó su mirada en Sakura. Nunca la había visto más bella ni más joven. Ni más deseable. –“¿Le importa que bese a la novia?
-“Esa es la tradición, creo".
Con un asentimiento, Sasuke se encaminó hacia Sakura. -"Te deseo mucha felicidad" dijo, cogiéndola de las manos.
-"Gracias, Sasuke".
Su mirada sostuvo la suya. –“¿Eres feliz? ¿Es esto lo que tú quieres, o lo que quiere él?”.
-"En verdad, Sasuke, es lo que yo quiero. Nunca he sido tan feliz”.
-"Entonces me alegro, por tu bien". Se inclinó para besar su mejilla y luego murmuró "si alguna vez necesitas algo, solo tienes que enviarme un mensaje y estaré aquí al instante".
-"Gracias, Sasuke".
Tras un breve asentimiento, se giró y abandonó la capilla.
Jiraiya había preparado una cena para los invitados. Si alguien pensó que era extraño que el novio no comiera nada, nadie hizo ningún comentario.
Cuando la comida hubo finalizado, Tenten insistió en enseñarle el castillo a Neji y le rogó a Sakura, su madre y sus hermanas que les acompañaran, aunque estas ya lo habían visto.
Con un indefenso encogimiento de hombros, Sakura se fue con ellos.
Sólo en el comedor, Naruto se recostó en su silla, una mano sujetando su copa de cristal. La vació de un solo trago, la llenó y se la bebió de nuevo.
Ella era su esposa. Pronto, la haría su esposa en el más íntimo sentido de la palabra. La sola idea lo asustaba como ninguna otra cosa nuca lo había hecho.
Llenó su copa por tercera vez, determinado a ahogar su hambre en un mar de sangre con la esperanza de que así su esposa estuviera segura entre sus brazos. –“¿He hecho lo correcto, Jiraiya?”.
Jiraiya se quedó quieto en la puerta. Algunas veces, incluso después de cincuenta años, todavía le asombraba que su señor pudiera leer sus pensamientos, y sentir su presencia antes de entrar en el cuarto.
-•” ¿Su Señoría?”.
-"Estoy... " Aspiró profundamente mientras contemplaba las gotas rojas que brillaban tenuemente en el fondo de su copa -"... asustado".
-"Ella le ama. Confía en usted".
Naruto inclinó la cabeza. –“¿Pero, puedo yo confiar en mí mismo?”.
Jiraiya cruzó la habitación. Se arrodilló ante su señor y se arremangó la manga de su camisa extendiendo el brazo. -"Tome todo lo que usted necesite, Su Señoría".
Naruto señaló la copa vacía. -"Esto debería ser suficiente”.
-"Esta noche, la sangre de las ovejas puede que no sea lo suficientemente fuerte como para mantener su hambre bajo control".
Naruto inclinó silenciosamente la cabeza, admitiendo la verdad de las palabras de su criado. Y luego, humillado por la comprensión en los ojos de Jiraiya, avergonzado por la necesidad que le controlaba, sus dedos se cerraron alrededor de la muñeca del hombre.
-“¿Se han ido todos?” Naruto se levantó cuando Sakura entró en el estudio.
-"Sí. ¿Por qué no saliste a despedirles?”.
Él bufó suavemente, recordando cómo le había mirado la madre de Sakura, como si fuera un insecto que necesitara ser aplastado. -"Dudo que me echaran de menos”.
-“¡Naruto, qué cosas dices!”.
-"Tu madre no me soporta, mi dulce, y tus hermanas se apartan de mí como si fuera una mezcla de ogro y hechicero. Pensé que sería mejor, ahorrarles el tener que soportar mi odiosa presencia".
Ella quiso replicar, pero supo que sería inútil. Su madre se había pasado los últimos diez días intentando hacerle cambiar la decisión de casarse con el Señor del castillo; Sus hermanas aunque habían admitido que era realmente guapo, también temían que estuviera cometiendo el mayor error de su vida.
-"Te ves maravillosa, mi dulce Sakura. El blanco te sienta perfectamente, ¿Pero que otro color podría llevar un ángel?”
-"Y el negro también te sienta bien a ti" contestó ella.
Sonrió mientras lo miraba. Su abrigo de fino paño negro acentuaba la anchura de sus hombros; Las solapas de terciopelo añadían un toque de elegancia. Llevaba una corbata negra, pantalones negros, y botas negras. El blanco de su fina camisa de lino hacía un maravilloso contraste.
-"En realidad, nunca en toda mi vida, he conocido a un hombre tan apuesto como tú".
Él se rió ahogadamente, suavemente mientras la levantaba en brazos y la llevaba escaleras arriba hasta la torre del este. –“¿Has conocido a muchos hombres en tu corta vida?”.
-"No, ni lo deseo. Tu eres lo suficientemente hombre para mí, mi señor".
-"No soy un hombre del todo" dijo quedamente, y enfatizó ese hecho abriendo la puerta de la torre con el poder de su mente.
Sakura puso la mano sobre su boca mientras entraba en su dormitorio, y la depositaba en el suelo. -"No nos obsesionaremos pensando eso esta noche, mi señor marido".
Aparto la mano y la reemplazó con sus labios, besándole profundamente, apasionadamente. Ahora no necesitaba ser cuidadosa. Era su marido, y podía conmoverle con el contenido de su corazón. Para demostrárselo se presionó contra él, la seda de su traje crujiendo contra su ropa.
Suaves gemidos subieron por la garganta de Naruto cuando su lengua rozó su labio inferior, quedándose sin aliento ante la sorpresa cuándo le mordió.
-"Ten cuidado, amor" le aviso. -"No te gustaría lo que mi sangre te podría hacer".
Ella se apartó un poco para poder ver su cara. –“¿Qué me haría?”.
-"Suficiente cantidad te haría lo que yo soy, una criatura maldita para la eternidad, condenada a vivir por siempre en la oscuridad. Y tú no quieres ser eso, mi dulce”.
No le mencionó que para transformarla en lo que él era, primero tendría que beber de ella, llevarla hasta el borde de la muerte, o que luego tendría que beber su sangre maldita para regresar de la eternidad.
-"Seguro que un poco no me hará daño" comentó, repulsada pero intrigada por el pensamiento de degustar su sangre inmortal.
-"No". Un pequeño temblor de excitación le recorrió por la espalda mientras imaginaba sus dientes en su cuello.
-“¿Me ayudas a quitarme el vestido, mi señor?”. Pidió, sus ojos brillando con travesura.
-"Será un placer".
-"Eso espero" le replicó, y le dio la espalda para que pudiera desabrochar los diminutos botones de su cuello y bajárselo hasta la cintura.
Le sorprendió notar que sus dedos temblaban mientras empezaba con la tarea. Agachó la cabeza, besando su nuca, la suave cavidad entre sus hombros, mientras le quitaba el vestido y la ropa interior hasta que quedo de pie ante él con solo sus medias y sus zapatos.
Arrodillándose le quito los zapatos y luego deslizó sus manos sobre la curva de su pantorrilla. Hizo una pausa para masajear el hueco detrás de su rodilla, luego deslizó su mano hasta su muslo, demorándose allí un momento antes de sacarle lentamente la media. Luego hizo lo mismo en con su otra pierna.
Sakura se estremeció de placer mientras sus manos acariciaban sus pantorrillas y sus muslos. Sus manos, aunque frías, hicieron rugir el deseo en sus entrañas.
Cuando se puso de pie, comenzó a desnudarlo con manos ansiosas y curiosas, mientras le quitaba el abrigo, el chaleco, la corbata y la camisa.
Sonrió al notar que su respiración se aceleraba con cada pieza de ropa que iba quitándole. Temblaba visiblemente cuando se quedó desnudo ante ella.
Con la cabeza ladeada, estudió al hombre que ahora era su marido. Era alto y delgado, de anchos hombros y estrechas caderas. Su piel era algo pálida, inmaculada, excepto por las quemaduras medio curadas en la mano y su mejilla izquierda. Sus piernas eran largas y su estómago liso y musculoso. Su aliento quedó atrapado en su garganta, y sintió sus mejillas arder cuando su mirada examinó rápidamente la parte que hacía de él un hombre. Por alguna razón, no había esperado que estuviera tan bien dotado.
Naruto se deleitó con el calor de la mirada de Sakura en su carne desnuda. El toque de sus ojos era como el fuego, desterrando el frío y la oscuridad. Habían pasado más de cuatrocientos años desde que una mujer le había mirado con anhelo en lugar de terror...
Dirigió su mirada hacia la cama, y le vino a la mente la imagen de la última mujer que había llevado allí. Incluso ahora, después de más que cuatrocientos años, podía ver sus ojos color café abiertos de par en par, llenos de terror. Su cuerpo, sin sangre, había estado casi tan blanco como las sabanas sobre las que yacía. Las gotas de sangre roja, brillante que habían caído de sus labios añadían una nota de color a la macabra escena.
Su deseo perdió vitalidad al recordarlo.
-“¿Por qué esto? “Sakura preguntó. -¿Qué ocurre?”
Él miró, la miró, sus ojos atormentados, llenos de pánico. -" Sakura... No puedo... "
Ella supo inmediatamente de lo que tenía miedo. Pasando sus brazos alrededor de su cuello, atrajo su cabeza y le besó.
-"Estaré bien, esposo mío" dijo. -"No tengo miedo”.
-" Sakura... "
Le besó de nuevo, sus manos deslizándose sobre su pecho, cada caricia un poco más atrevida, hasta que él estuvo dispuesto para ella, hasta que su temor fue ahogado por el amor que sentía por esta mujer que le había recibido en su corazón y en el santuario de su alma.
La llevó a la cama y la depositó respetuosamente. Durante un eterno momento, se quedó mirándola fijamente, grabando su imagen en su mente para recordarla a través del tiempo, cuando ya se hubiera ido y luego suavemente se situó sobre ella y se sumergió en el abrazo que le brindaba. La sentía entre sus brazos como el más suave y dulce vino, era como el vino, cálida, intoxicante y dulce, supo que aunque viviera durante mil años, nunca olvidaría esta noche.
Sakura susurró su nombre cuando todo pensamiento, toda razón, la abandonó, sumergida en un remolino de sensaciones. Se sintió amada, protegida, e incluso más que eso y supo que lo que compartía con Naruto iba más allá de cualquier experiencia que pudiera sentir en los brazos de un hombre mortal.
El amor y el deseo se mezclaban. Notó que se contenía, supo que le daba miedo lastimarla. Cerrando sus ojos, sintió como su alma se emparejaba como la suya y como su pasión florecía, dejó que su corazón hablara asegurándole su amor, prometiéndole que nunca más estaría solo.
Por un momento, se sintió sobrecogida por un alud de sentimientos que sabía eran los de él, el miedo a causarle dolor, la soledad de cuatro siglos, el constante anhelo por eso que le estaba prohibido, y luego, todo fue barrido por el mar de necesidad que surgió en ella, zambulléndose en ese abismo de éxtasis, gritando su nombre mientras se convulsionaba bajo él.
Después, sintió también el cuerpo de Naruto convulsionarse, le oyó murmurar su nombre mientras enterraba su rostro en el hueco de su cuello.
Segundos después sintió el rápido y afilado mordisco de sus dientes en su garganta, sintió una oleada de calor en su interior que la hizo estremecer de placer en cada fibra de su ser. Nunca había sentido un éxtasis tan exquisito. El calor se propagaba a través de ella. Iba a la deriva, flotando en un mundo nebuloso de sensaciones, ahogándose en un mar de seda acarminada...
-“¿Sakura? ¿Sakura?”.
Su voz la trajo de regreso a la realidad. Negó con la cabeza, queriendo hundirse más profundo en el capullo de larva de color escarlata.
-“¿Estás bien?”. Naruto preguntó ansiosamente. –“¿Te lastimé? ¿Sakura? ¡Sakura, háblame!”.
Lentamente, sus párpados se abrieron y le sonrió, sus ojos verdes resplandecientes de placer. -"Mejor que en toda mi vida, mi señor esposo".
Débil de alivio, clavó los ojos en las dos diminutas heridas de su cuello. El hambre no le había avasallado. Él había tratado dulcemente su garganta, no la había agotado hasta el extremo de la muerte. Había tomado sólo un poco, un pequeño sorbo, y eso había sido suficiente. Un solo sorbo de su dulce ser había sido suficiente para apaciguar su sed infernal, al igual que hacerle el amor había satisfecho su deseo.
El alivio fluyó a través de él. Quizá había esperanza para ellos después de todo. Tiernamente, pasó su lengua sobre las diminutas heridas de su cuello. Desaparecerían por la mañana.
Rodando a su lado, abrazó a Sakura, sosteniéndola contra él. El perfume almizcleño del amor inundaba el cuarto.
Sakura suspiró con satisfacción mientras trazaba perezosos círculos en su pecho. -"Dime como fue al principio" le dijo -"Cuando fuiste hecho Vampiro”.
-"Ya te dije como fui hecho".
Ella se movió en sus brazos, dejando al descubierto sus senos que rozaban contra su pecho. -" Quiero saber más. Quiero saberlo todo".
Distraídamente, su mano acarició su pelo. -"Al principio, el hambre me poseyó. Estaba aterrorizado por el hambre, del dolor que me engullía cuando me abstenía. Maté y maté, una y otra vez".
Miró a Sakura sin verla, recordando el comienzo como si hubiera sido ayer, lamentando las vidas que había tomado, las que podría haber ahorrado.
-"Una vez fui un caballero, un hombre de honor. Entonces, no era sino un monstruo absorbido por el miedo. Cada vida que tomé añadía una carga de culpabilidad a mi alma, o a lo que quedaba de ella. Odiaba en lo que me había convertido, odiaba asesinar, al hambre que era mi dueña. Anhelé la muerte, pero tuve miedo”. Él se rió suavemente, cruelmente. -"Yo, que una vez había sido un caballero sin igual, carecí del coraje para salir al sol y acabar con el infierno en el que vivía.
-"No fue hasta unos años más tarde, cuándo encontré Hatake, del que aprendí que no tenía que matar para sobrevivir, que podía tomar sangre de un mortal sin acabar con su vida. Kotoko nunca me había contado eso, nunca se había tomado la molestia de explicarme que no hay que matar para apaciguar el hambre. Ella disfrutaba la cacería, el olor del miedo. La matanza”.
Sintió vieja cólera surgir en su interior cuando mencionó su nombre. Ella podía haberle explicado mucho más, haber hecho su transición de mortal a inmortal más fácil de soportar.
-"Me alegro de que te transformara en vampiro" susurro Sakura acurrucándose más cerca de él.
-“¿Te alegras?” preguntó, con evidente sorpresa en su voz.
-"Sí". Sakura le miró sus ojos y se vio reflejada en las negras profundidades. -"Si no te hubiera hecho lo que eres, habrías muerto hace mucho tiempo, y nunca te habría conocido”.
-"Te amo, Sakura" murmuró, su voz llena de emoción. -"Nunca podrás imaginarte cuánto significas para mí".
-"Podrías demostrármelo, mi señor esposo" le dijo con sonrisa seductora.
Sus brazos se apretaron a su alrededor, como si tuviera miedo de que pudiera desaparecer de su vista.
-"Lo haré lo mejor que pueda" musitó, rozando sus labios. "Siempre que sea capaz".

Capitulo 19

Sakura se despertó poco después de las cuatro a la siguiente tarde, sus labios curvados en una sonrisa al recordar la noche anterior. Hacer el amor con Naruto había sido todo, y más, de lo que había esperado.
Naruto. Su marido. Después de encender la vela sobre la mesita de noche, se giró y sintió la sonrisa desvanecerse cuando le vio durmiendo a su lado.
Apenas respiraba, yacía como si estuviera muerto bajo las sabanas. La piel de su mejilla izquierda, una vez devastada por la luz trémula del sol naciente, casi estaba curada.
Lo miró durante un largo rato, una parte de su alegría disminuida al darse cuenta de lo que significaba estar casada con un vampiro. Nunca madrugarían por la mañana, ni verían salir el sol juntos; Nunca holgazanearían durante el desayuno; Nunca compartirían la alegría de ver a sus hijos crecer. Nunca podría acompañarla cuando fuera de compras al pueblo, o a pasear por una calle céntrica en mitad de la tarde.
Desde este día en adelante, tendría que pasar las horas diurnas sola, y ajustar sus días a los de él.
Inclinándose hacia adelante, presionó sus labios sobre su mejilla. Su piel, siempre fría, ahora todavía lo parecía más.
Apartándose, miro a su alrededor. No había ventanas en el cuarto, ninguna clase de luz, excepto la solitaria vela ardiendo inconstantemente en su mesa de noche.
Sintiéndose repentinamente prisionera Sakura, se deslizó de la cama y se dirigió hasta donde pensaba que podría estar la puerta. Pasó sus manos sobre la suave piedra, sus movimientos se volvieron espasmódicos por la desesperación cuando no pudo encontrar la salida. ¡Tenía que estar allí! ¿Sino donde? Sintió una oleada de pánico cuando se dio cuenta de que no podía salir, que si bien la cámara contenía una cama y una mesa, era no más que una cripta.
Miró a Naruto, inmóvil como la muerte cubierto por una sabana de seda negra.
Vampiro. No muerto.
Sabía que nunca la lastimaría, sabía que no tenía nada que temer. Se recordó cuánto le amaba, el éxtasis que había encontrado en sus brazos la noche anterior, pero fue en vano. Un pánico irracional surgió en su interior, y no pudo pensar en nada más salvo en escapar.
-“¡Ayúdame!”. Golpeó con sus manos la fría pared. –“¡Ayúdame! ¡Jiraiya, por favor, quiero salir fuera!”.
La histeria subyacente en su voz, el rápido golpeteo de su corazón, penetró en el sueño cadavérico de Naruto. ¡Sakura! Ella tenía miedo, estaba en peligro...
-" Sakura... "
Se giró rápidamente al oír su voz, asustada al preguntarse cómo podía estar despierto cuando el sol estaba en lo alto. –“¡No puedo salir!”.
Con un esfuerzo, enfocó la atención en la trémula luz de la vela, peleando a través de estratos de oscuridad hacia la conciencia. Reuniendo toda la energía que pudo enfocó su mente hacia la puerta, y oyó su suspiro de alivio cuando ésta se deslizó abriéndose, y luego ella se fue.
Durante un eterno momento, clavó sus ojos en la puerta abierta y al cuarto vacío de más allá. Y luego la oscuridad le envolvió de nuevo.
Más tarde, sentada en su cuarto después de un relajante baño, Sakura se dio cuenta de lo tonta que había sido al escapar de su presencia. El cuarto donde él pasaba el día, era sólo un cuarto, después de todo.
Con un sentimiento de timidez, se puso un camisón de seda de azul claro, se envolvió en una bata a juego, y subió por la escalera hasta la torre del este. Pasaría todo lo que quedaba del día a su lado, así estaría allí cuando se despertara.
Sonreía con anticipación al entrar, pensando en lo contento y asombrado que estaría al encontrarla allí, pero la puerta que conducía a la cámara interior estaba cerrada.
Cruzando el cuarto, encontró la señal en la pared y colocó su mano sobre ella, pero nada ocurrió. Empujó y luego golpeó suavemente, esperando que él la oyese, y luego lo llamó por su nombre.
-“¿Naruto?”. Presionó su oreja sobre la pared, pero solo pudo oír los latidos de su propio corazón.
Frunciendo el ceño, le llamó varias veces. Desalentada, fue hasta la ventana y observó las llamas carmesí del sol poniéndose. El color le recordó la sangre y la muerte, al color del vino tinto en su copa. Se había casado con un vampiro. Ese pensamiento, que debía haberle repelido, en realidad la llenaba de alegría. Era suya y pronto se despertaría para estar con ella de nuevo. La anticipación revoloteó profundamente en su corazón.
Se giró velozmente, cuando oyó abrirse la puerta. Naruto apareció en el portal. Iba vestido todo de negro desde la camisa hasta las botas, y su capa caía formando pliegues a su alrededor.
Sakura sonrió cuando le vio, su corazón saltando un latido mientras lo inspeccionaba atentamente. ¡Qué bien parecido era, y cuánto le amaba!
-"Buenas noches, mi señor". Avanzó hacia él, pero se le congeló la sonrisa en los labios al percibir su helada expresión.
Su mirada la recorrió fríamente, como si fuera una desconocida. –“¿Qué haces aquí?”.
-"Quería estar contigo cuando despertaras".
Alzó una rubia ceja, en un gesto de incredulidad. -"Lo encuentro tan difícil creer, señora, considerando su ansia de esta mañana por escapar de mi presencia".
Sakura levantó su barbilla, determinada a hacérselo comprender. -"No era de ti de lo que quería huir”.
-“¿De veras? ¿Necesito recordarte que no había nadie más en la habitación?”.
-"Era de la habitación de lo que quería escapar, no de ti".
Él la estudio durante un momento, luego giró la cabeza, para mirar sobre su hombreo al cuarto tras él.
-“¿Qué fue lo que te asustó?”. Le preguntó, con voz sarcástica. “¿La cama? ¿El armario?”. Su mirada era dura y fría mientras la analizaba. –“¿La mesa, quizá?”.
-"Fue el cuarto" repitió. -"Me sentí atrapada porque no podía salir. No podía encontrar la puerta, y no hay ventanas, y... yo... Fue una estupidez, lo sé, pero no lo pude evitar".
El cruzó los brazos sobre su pecho, sus ojos como pozos oscuros clavados en los de ella. Cuando habló, su voz fluyó sobre ella como una amarga ola de oscura agua. –“¿Estás segura de que no fue el cadáver que había en la cama lo que te asustó tanto?”.
Lo estudió durante un momento, desalentada por su cólera, y luego se percató de que no era cólera lo que veía, sino un fuerte sentimiento de decepción y de agravio. –“¡Naruto, no lo hagas! Por favor, no lo hagas”.
-"No puedo cambiar lo que soy, señora, ni siquiera por ti".
-"No te he pedido que cambies".
-"Mírame, Sakura. Esto es lo que soy".
Quiso apartar la mirada, salir del cuarto, alejarse del dolor que ella le había causado. En lugar de eso, se mantuvo firme y le devolvió su mirada.
Y le dejó ver como se veía a si mismo, como un hombre que vivía pero no envejecía, lo que era y lo que no era. Durante cuatrocientos años había sido un vampiro, y el hambre era todavía su dueña. Había aprendido a controlarla, pero no a doblegarla. Ahora la desató, dejó que surgiera dentro él hasta que supo que sus ojos ardían por la necesidad. Apartó hacia atrás sus labios para que pudiera ver los colmillos blancos afilados que había mantenido hasta ahora cuidadosamente escondidos de su visión.
Era una visión que había aterrorizado a muchos. Y también aterrorizó a Sakura. Cada instinto que poseía la urgió a correr, a escapar de su presencia, de su casa y nunca regresar.
En lugar de eso, apretó los puños a ambos lados y se mantuvo firme, determinada a probar que no le tenía miedo, para así convencerlo de una vez por todas de que lo amaba, que no importaba lo que él fuera, siempre que también la amara.
Un sonido estrangulado que podría haber sido un gruñido o un sollozo retumbó profundo en su garganta. Avanzó un paso hacia ella, preguntándose si escaparía del cuarto. Vio sus ojos agrandarse mientras acortaba la distancia entre ellos, sintió su desasosiego. Podía oír los acelerados latidos de su corazón, veía el pulso latiendo en el hueco de su garganta, pero ella permaneció firme. Todo lo que sentía se reflejaba en las profundidades verdes de sus ojos.
Aspirando profundamente, Naruto dominó la bestia voraz de su interior. Había dejado que ella lo viera tal como era. ¿Le abandonaría ahora? Una parte de él, esa que temía por su seguridad, deseaba que se fuera, pero al mismo tiempo la parte más egoísta de su naturaleza esperaba que se quedase. Podrías hacer que se quede. Descartó el pensamiento antes de que se formase completamente. No la retendría contra su voluntad.
-“¿Sakura, vas a venir a mí?”.
-"Siempre, mi señor" le contestó trémulamente.
Apenas atreviéndose a creerlo, le tendió sus brazos y esperó.
Con más valentía de la que creía que ella poseía, avanzó los pasos que la situaron dentro de sus brazos.
Le miró, con el amor y la confianza brillando en sus ojos mientras él la rodeaba con sus brazos y luego, con un suspiro que parecía surgir de las mismas profundidades de su alma, descansó su mejilla contra su pecho y cerró sus ojos.
-“¿Me dejarías tener la puerta de la habitación abierta?” Le preguntó al cabo de un momento.
Tiernamente, acarició su pelo. -"Si lo deseas, que así sea mi dulce. Haré que Jiraiya instale una cerradura a ambos lados de la puerta de la torre, y tú tendrás las únicas llaves. Debes prometerme que cerraras con llave la puerta exterior si abandonas la cámara interior durante el día”.
-"Como quieras".
Él la sostuvo entre sus brazos por un interminable momento, deleitándose de su cercanía, reprendiéndose a sí mismo por su anterior arranque de furia. Le había costado muchos años adaptarse a ser Vampiro; Era un estúpido al pensar que Sakura podría adaptarse a lo que él era en solo unos días. Pero tenían tan poco tiempo...
Sonrió cuando oyó su estomago gruñir. -"Ven" le dijo, tomando su mano, bajemos y veamos qué ha preparado Jiraiya para tu cena".
-"Tengo hambre" admitió. “¿No has comido nada durante todos estos años?”
-"Nada".
-“¿Lo has intentado?”.
Él asintió concisamente. Solo lo había intentado una vez. Esa había sido suficiente. Al poco tiempo después de haber sido transformado, antes de haber aceptado completamente lo que era, había entrado en una taberna y había ordenado una comida. Se había forzado a comer, aunque el olor de la carne guisada le disgustaba. Y luego había vomitado y se había sentido muy enfermo. No se había empeñado en comer comida sólida nunca más.
Sakura suspiró y se encogió de hombros. -"No tiene importancia".
-“¿Preferirías cenar sola?”.
-"No" dijo rápidamente. -"Por favor no pienses eso. Es simplemente que Jiraiya es tan buen cocinero, que me gustaría que pudieras disfrutar lo que prepara".
Cuando llegaron al comedor, Naruto apartó su silla y luego tomó su lugar habitual frente a ella.
Pocos minutos más tarde, Jiraiya entró en el cuarto llevando una gran bandeja de plata que contenía un plato tapado, una jarra, una copa de cristal, una tetera de plata, y una taza de delicada porcelana china. Puso delante de Naruto la jarra y la copa, luego le sirvió la cena a Sakura.
-"Gracias, Jiraiya" le dijo Sakura sonriéndole. -"Huele de maravilla".
-"Gracias, señora".
-"Jiraiya, quiero que instales un cerrojo en la puerta de la torre, por ambos lados y le des la llave a Sakura".
-"Sí, Su Señoría. Lo haré mañana a primera hora".
Naruto había esperado que su esposa introdujera cambios su vida, y así lo hizo. Durante las semanas siguientes, transformó el interior del castillo, de un lugar oscuro, lúgubre, a una casa acogedora.
La chimenea de su habitación, que raramente era usada, ardía alegremente cada tarde, añadiendo calor e iluminando el cuarto que siempre había sido frío y oscuro.
Quitó el negro dosel y las oscuras sabanas de la cama. El nuevo dosel era de terciopelo azul oscuro con adornos de oro. Las sabanas nuevas eran de fino lino blanco, los almohadones del mismo terciopelo azul oscuro del dosel.
Puso una delicada lámpara de aceite con cristal de color ámbar para así poder leer en la cama.
Compró una pequeña mesa de madera de color cerezo y dos sillas alegremente tapizadas para poder sentarse delante de la chimenea por la tarde.
Gradualmente, sus ropas fueron depositadas lado de las suyas en el armario, al igual que sus zapatos, encontraba alegres medias de seda mezcladas con sus guantes y corbatas.
Su dormitorio, una vez frío y solitario como una tumba, pronto se convirtió en un cuarto vibrante lleno de vida como lo estaba su esposa.
Un anochecer sentando delante de la chimenea, esperando a Sakura, se dio cuenta de nuevo de cuan solo y aislado del resto de la humanidad había vivido.
Y se preguntó si alguna vez en toda su vida podría dejarla marchar.
Ella había expresado el deseo de visitar la capital, donde nunca había estado, alojarse en un lujoso hotel, ir a ver una obra de teatro y cenar en uno de los restaurantes más de moda de la ciudad. Y Naruto, más profundamente enamorado con cada día que pasaba, no pudo negárselo.
Decidiendo que harían de ello unos días de vacaciones, empacaron unas pocas pertenencias y dos noches más tarde abandonaron el castillo.
Ella estaba emocionada ante la idea de pasar unos días en La capital. Naruto le había dicho que podía pasar el día yendo de compras, siempre que llevara a Jiraiya con a ella, y que podía comprar cualquier cosa que deseara para sí misma o para su familia.
Era el más generoso de los hombres, pensó mientras observaba el paisaje pasar como un borrón de árboles moteados de gris por la luna y las redondeadas colinas. El refugio del pueblo alojaba ahora a cinco mujeres, dos bebés, un viejo lisiado, y un niño huérfano de diez años, dándoles un techo donde vivir, camas limpias y comidas decentes. Porque Naruto había declarado que no creía en los indigentes, Sakura había encontrado la forma en que todos aquellos que vivían en el refugio se ayudaran los unos a los otros. Las mujeres se turnaban para lavar y planchar, los viejos cuidaban de los bebés cuando sus madres estaban ocupadas, y el niño mayor recogía leña. Era un arreglo que satisfacía a todo el mundo.
Dejando a un lado, los pensamientos sobre el refugio, miró a su marido. La estaba observando con una sonrisa ladeada.
-“¿Por qué me miras así?” le preguntó.
-“¿Así, cómo, mi dulce?”.
-"Como si yo fuera un ratón, y tu un gato hambriento".
-"Quizá porque tengo hambre, y te ves muy sabrosa".
Un temblor de anticipación bajó por su columna, seguido por un pequeño escalofrío de aprensión. –“¿No comiste nada antes de salir de casa?”.
-"Un vaso de vino".
-“¿Y eso no te satisfizo, mi señor?”.
Negó lentamente con la cabeza. Ella podía sentir su mirada clavada en el pulso que latía en su garganta, podía sentir como su corazón comenzaba a palpitar más rápido al imaginarlo inclinado sobre ella, sus dientes clavándose en su tierna carne.
-"Sakura..." Su voz era baja y ronca, y por debajo, como una sombra oscura, sintió un débil indicio de dolor.
-“¿Mi señor?”. Escondió sus manos en los pliegues de su falda para disimular su temblor.
Su mirada azul encontró la suya. Vio el ruego implícito en las profundidades de sus ojos, supo que él no tomaría lo que ella no le ofreciera libremente. Habían hecho el amor a menudo durante las dos semanas de su matrimonio, pero no había bebido de ella de nuevo. Recordando que una vez le había dicho que necesitaba ocasionalmente sangre humana para sobrevivir, se preguntó si había buscado la nutrición en algún otro sitio. El pensamiento de Naruto recurriendo a otra mujer para satisfacer su necesidad de sangre la llenó de celos. Después de todo, ella era su esposa. Si él necesitaba sostenimiento, entonces ella se lo daría.
Inclinó su cabeza hacia un lado, concediéndole acceso fácil a su garganta.
Suavemente, sus dedos se cerraron sobre sus hombros mientras la rodeaba con sus brazos. Suspiró con deleite mientras sus labios rozaron la sensitiva piel a lo largo de su cuello. Cerró los ojos cuando sintió el afilado pinchazo de sus colmillos, se abandonó al placer sensual que fluía a través de ella.
Se apartó antes de tiempo, sus azules ojos llenos de preocupación. –“¿Sakura?”.
Ella le miró con ojos nublados por el deseo. -"Seguramente no has podido tomar la suficiente en tan poco tiempo".
-"La suficiente". Acarició su mejilla, amándola por su voluntad de darle lo que necesitaba, despreciándose a sí mismo por estar a merced de lo que era, por tener que tomar la misma esencia de su vida para sobrevivir. -"Sakura..." Quiso decirle lo preciosa que era para a él, cuánto significaba su generosidad, pero no había palabras suficientes como para expresar lo que sentía.
Se acurrucó contra él. -"Te amo, Naruto" le dijo y con un suspiro, se quedó dormida en sus brazos.
La observó mientras dormía, acariciando su pelo. Nunca antes se había dado cuenta de la enorme responsabilidad que acarreaba el amor.
Sakura miró a su alrededor, incapaz de creer el esplendor que le rodeaba. Naruto había alquilado dos suites contiguas en el hotel más lujoso de La capital.
Mientras Jiraiya desempacaba sus pertenencias. Se paseó, admirando las pinturas, las lujosas alfombras, los ostentosos cortinajes. Naruto estaba sentado, mientras la observaba, con su boca torcida en sardónica diversión.
-“¿Te gusta?”. Le preguntó.
-"Oh, sí. Es precioso. ¿Qué haremos primero?”.
-"Lo que tu quieras, mi dulce".
-“¿Podemos dar un paseo?”.
-"Sí, si así lo deseas". Levantándose, se echó la capa sobre sus hombros, luego le ayudó a ponerse su abrigo. Era nuevo, hecho de terciopelo de un profundo color Borgoña.
Sakura se miró en el espejo, complacida con su imagen. Parecía una mujer de la alta sociedad. Nadie, viéndola ahora, sospecharía jamás que había nacido en un pueblo pequeño y remoto, o que era la hija de un pobre campesino que había tenido que subastarla poder mantener al resto de su familia.
Estaba repentinamente ansiosa por salir de compras, por comprar regalos a su madre y sus hermanas. Vestidos nuevos, sombreros y quizá alguna pequeña fruslería. Lo único que arruinaba su excitación era el hecho de que Naruto no podría ir con ella.
De pie, detrás de Sakura, Naruto sintió su corazón lleno de unas emociones que no había experimentado durante siglos –amor, celos, ternura y un deseo casi abrumador por protegerla-. Cerró fuertemente sus manos en puños dejándolas caer a ambos lados de su cuerpo, con el conocimiento de que de lo más necesitaba protegerla, era de sí mismo.
-“¿Listo?” Se le aproximó, con las mejillas encendidas y sus ojos resplandeciendo.
Con aprobación, él le ofreció su brazo y abandonaron el hotel.
Pasaron las siguientes dos horas deambulando por las calles de la ciudad. La mayor parte de las tiendas de Tokio estaban cerradas por la noche, por lo que ella se sorprendió enormemente, cuando, cada vez que Naruto se daba un golpe en la puerta de una tienda, eran invitados a entrar.
-"Envié a Jiraiya con anterioridad a hacer algunos preparativos" le aclaró Naruto.
Se sentía como la realeza mientras paseaba por las tiendas más exclusivas de La capital. Solo tenía que mirar algo, preguntar lo que costaba, si a su madre le gustaría, o lo que su hermana pensaría, y era suyo. Compró un vestido para su madre a rayas de color marrón y oro, un sombrero para Tenten, un parasol para Ino, una muñeca para Hinata y un osito de peluche para Moegi.
-"Pero no has comprado nada ti". Le comentó Naruto.
-"Ya tengo todo lo que necesito".
-"Te escogeré algo para ti" dijo, y guiándola hasta una joyería, le compró un pequeño corazón de oro con un relicario colgado de una fina cadena.
-"Es bello" Sakura exclamó suavemente. Se giró mientras él le colgaba la cadena al cuello.
Sus labios rozaron su nuca. -"Esto es para recordarte que mi corazón te pertenece" le susurró. Su aliento abanicó su piel, haciéndola estremecerse con anticipación deseando estar solos de nuevo.
Los dedos de Sakura abrieron el relicario. -"Me gustaría tener un retrato nuestro para ponerlo dentro" le comentó al abandonar la tienda.
Naruto estuvo a punto de rehusar categóricamente, pero entonces vio el ansia en sus ojos. -"Quizás algún día".
Jiraiya les estaba esperando cuando regresaron al hotel.
-"Mi esposa ha hecho numerosas compras" comentó Naruto. Ayudó a Sakura a quitarse el abrigo y a sentarse, luego se quitó la capa y la depositó a los pies de la cama. -"Deberían llegar mañana por la mañana".
-"Sí, su Señoría. Me encargaré de todo. ¿Desea alguna otra cosa?”.
-"No. Puede retirarse, no lo necesitaré más en toda la noche”.
-"Sí, Su Señoría". Con una leve reverencia en dirección a Sakura, Jiraiya se marchó.
Naruto se situó detrás de Sakura y comenzó a desabrochar su vestido. Ella se estremeció de placer cuando sus dedos rozaron su piel.
-"Eres tan bella" gimió, depositando suaves besos en sus hombros. Su vestido cayó al suelo. -" Tan cálida, tan viva..." Le quitó su ropa interior hasta que quedó desnuda ante él. -"No puedo creer que estés aquí, que seas mía”.
Ella se giró, pasó sus brazos alrededor de su cuello y acercó su rostro.
-"Puedes creerlo, mi señor Naruto" murmuró con voz ronca, y cubrió su boca con la suya.
Los brazos de Naruto rodearon su cintura, atrayéndola más cerca, deleitándose con el calor de su cuerpo, el fresco aroma de su piel, la suavidad de su pelo. Su pulsó latía lleno de calor y vida, embriagándolo con su cercanía. Sus latidos aumentaron cuando él profundizó su beso. El perfume de su deseo inundó sus fosas nasales; Podía oler la sangre dulce y caliente fluyendo por sus venas.
Sus manos temblaron de ansia cuando ella le quitó la ropa hasta que no hubo nada entre ellos excepto el deseo.
-"Sakura..." Sólo pronunció su nombre, pero ella oyó las palabras que no podía decirle, percibió el amor en su voz, la necesidad, el miedo. Siempre el miedo, pensó, entristecida de que su amor estuviera manchado por eso.
Con una tranquila sonrisa, lo tomó de la mano y lo guió hasta la cama. Apartó las cubiertas y se sentó en el colchón atrayéndolo a su lado.
-"Ámame, mi amor". Le acarició la mejilla.-"Creo que moriré si no me besas”.
Lamentó la elección de las palabras tan pronto como estas salieron de sus labios. Aunque en silencio, oyó el eco de su respuesta en su mente: -“Y podrías morir si lo hago”.
Se acercó mas a él, amando el tacto de su piel desnuda contra la suya. Él se recostó en el colchón, llevándola con él, sus brazos rodeando su cintura en un abrazo desesperado, su boca cerrándose sobre la de ella, su lengua rozando la suya.
El deseo surgió dentro de ella, como una flor abriéndose al sol. Hundiendo sus dedos en su pelo, lo besó con todo el amor y la pasión de su corazón. Sus manos exploraron su cuerpo atrevidamente, tocando, aprendiendo lo que le hacía sonreír, lo que le hacía gemir con deleite.
Miró en las profundidades de sus ojos, sintió el calor de su deseo calentar hasta el mismo centro de su ser. Con un suave gemido, se dio la vuelta, llevándola con él hasta que ella yació debajo.
Con los ojos resplandeciendo, se sepultó dentro de ella. El mundo pareció girar cuando sus cuerpos se unieron. Sus manos la acariciaron, encendiendo ascuas de placer dónde la tocaban. Él murmuró su nombre, con voz ronca.
Gritó al ser absorbida por una vorágine de sensaciones, – el frio tacto de las sabanas debajo de ella, el calor de los besos de Naruto, la suavidad de su piel, el fuego en su toque, el sonido ronco de su voz mientras murmuraba en su oído palabras en una lengua que no entendía-. Y siempre tenía la sensación de que él se contenía, que le daba miedo abandonarse al placer por miedo a lastimarla.
Gritó su nombre cuando las ondas de éxtasis la llevaron a la cúspide en una explosión de calor y color, cerró sus ojos cuando ríos de placer ondearon en su interior.
Sintió los dientes de Naruto raspando su garganta, sintió su última convulsión de placer. Una ferviente alegría surgió dentro de ella mientras estremecimientos de placer recorrían su cuerpo. El suspiró profundamente, y ella sintió como se relajaba.
-“¿Te lastimé?” .Le preguntó bruscamente.
-"No, mi señor". Le obligó a mirarla. -"Te amo, Naruto. Por favor no dejes que tu miedo a lo qué pueda ocurrir arruine lo que tenemos".
-"Sakura, tu no lo entiendes..." Cómo podía explicarle cómo era, qué tan estrechamente ligada con su deseo iba su lujuria por la sangre, que nunca se libraría del miedo que le mortificaba, que durante toda la vida temería que el hambre dominara su autocontrol, que una noche su control se rompiera y él bebería y bebería hasta que la hubiera destruido.
-"Te quiero con todo mi corazón y mi alma" Le dijo de nuevo, mas enérgicamente esta vez. -"Por favor cree en eso".
Él se incorporó sobre sus codos y se quedó mirándola fijamente. ¿Era posible que su amor por ella fuera más fuerte que el hambre, que su amor por Sakura la protegiera de su lujuria por la sangre? Tal vez ella estaba en lo cierto, filosofó. Un pequeño sorbo de su preciosa sangre aquietaba el hambre que su deseo enardecía.
-"No me da miedo lo que tú eres, mi señor. Creo en el poder de nuestro amor, pero tú también tienes que creerlo".
Sus palabras apaciguaron su alma atormentada, como ninguna otra cosa pudo hacerlo. Rodando sobre ella, la acunó entre sus brazos y la sujetó fuertemente.
-"Rezo para que tengas razón, mi amor" gimió.
-"Sé que la tengo. Te amo”.
-“Y yo a ti”. Cubrió a ambos con su capa, y la rodeó con sus brazos de nuevo.
Habían pasado varios siglos desde que se había atrevido a rezar, pero ahora cerró sus ojos y le imploró al Dios de su juventud que protegiera a la mujer que descansaba tan confiadamente entre sus brazos, aunque ello significara protegerla de sí mismo.
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Deeper Than The Dark (+16) (20/07/14) (Cap 20 y 21

Mensaje por Dyna el Lun Jul 21, 2014 1:44 am

Capitulo 20

Hacía ya dos semanas que estaban en Tokio la noche en que Naruto alquiló un carruaje y fueron a pasear por las calles de la ciudad.
Sakura inclinó la cabeza mientras contemplaba el gran espacio verde. Naruto había estado vivo durante tantos años.
-"Sakura. ¿Sakura?”.
-“¿Hmmm?”.
-“¿Te gustaría ir a cenar?”.
-“¿Qué?”.
Naruto giró su rostro hacia ella. -"Pareces ausente, mi dulce. ¿Ocurre algo malo?”
-"No, no pasa nada”.
Incapaz de evitarlo, Naruto dejó que su mente encontrara la suya. Reprimió un suspiro cuando siguió el camino de sus pensamientos, preguntándose si alguna vez aceptaría totalmente lo que él era.
-“¿Qué es eso que te molesta tanto?”. Le preguntó quedamente.
-“¿Molestarme?” Negó con la cabeza. -"Nada mi señor. Pero debes comprender, cuanto me asombro al darme cuenta de cuanto tiempo has vivido, y lo mucho que has visto".
Naruto asintió. Los reyes y las reinas habían llegado y se habían marchado, pero él había permanecido igual.
-“¿Qué me habías preguntado antes?”
-"Te pregunté si tenías hambre”.
-"Sí, un poco".
La llevó a cenar a The King’s Arms. Era un restaurante elegante, el más lujoso que ella había visto en toda su vida. Las mesas estaban cubiertas de finos mantelerías de lino blanco. Cristalerías ribeteadas en plata destellaban, añadiendo un toque de opulencia a todo. Cortinas de oscuro terciopelo rojo colgaban de las ventanas; Las sillas estaban tapizadas del mismo rojo oscuro.
Al recorrer con la mirada a su alrededor fijándose en los hombres y mujeres elegantes que ocupaban las mesas circundantes, Sakura se preguntó lo que su madre pensaría si pudiera verla ahora.
Sentada allí, esperando ser servida, se dio cuenta de la mirada fija de Naruto sobre ella. Sintiéndose cohibida, paso su mano por su pelo, luego manoseó el relicario de oro de su garganta. ¿Pasa algo?
-"No". Negó con la cabeza, pensando en lo preciosa que era. El traje de noche de color malva que llevaba puesto hacia juego con el color de su pelo y su piel. El cuarto estaba lleno de mujeres vestidas a la última moda, pero ella las eclipsaba a todas.
-"Me estas mirando fijamente".
La esquina de su boca se curvó en una sonrisa mientras se le acercó a través de la mesa. -"Me temo que no puedo evitarlo. Eres la mujer mas encantadora de toda la sala".
Un débil rubor ascendió por sus mejillas. -"Gracias".
Él levantó su mano y sus labios besaron las puntas de sus dedos, y se preguntó cómo había podido vivir durante cuatro siglos sin ella. Ella le sonrió, y ya no echó de menos el sol. Ella se rió, y olvidó que la soledad había sido su constante compañera. Ella le tocó, y aquietó el hambre que le había atormentado durante tanto tiempo que apenas podía recordar cuando no lo había hecho. Sakura.
Nunca había sido tan consciente del paso del tiempo, como lo era ahora. Cada día le acercaba más al momento de perderla, le acercaba más al momento en que él retornaría a su vida vacía, su cama vacía.
Y a pesar de ello, del mismo modo en que cada día hacía que su separación futura fuera más dolorosa, sabía que debía dejarla marchar. Sería cruel arrastrarla a una vida con él. Ella ya empezaba a cambiar su vida, para adaptarla a la suya. Se mantenía levantada hasta el amanecer para poder estar con él hasta que el sueño cadavérico le reclamaba. Aunque una vez fue madrugadora, dormía hasta más tarde cada día, perdiendo las horas preciosas de la luz del día. No quería obligarla a pasar su vida en la oscuridad. No quería privarla de la belleza del mundo diurno. Ella amaba el brillo del sol, las flores. No había luz del sol en la oscuridad de su mundo; Las flores de brillantes colores que amaba se desvanecían en oscuros tonos grises a la luz de la luna.
Sakura pidió la cena; Él ordenó un vaso de vino tinto.
Justo había acabado de cenar cuándo Naruto oyó una voz familiar. Mirando hacia arriba, vio a Sasuke Uchiha abriéndose camino hasta su mesa.
-"Naruto" dijo Uchiha, inclinando su cabeza.
-"Uchiha".
-"Sakura". Sasuke tomó la mano que ella le ofrecía y pasó sus labios sobre sus nudillos.
-“¿Cómo está, Sasuke?” le preguntó, sonriéndole. Como siempre, él iba vestido impecablemente, negra levita con oscuros pantalones a rayas en un tono gris.
-"Muy bien, gracias. No necesito preguntar como esta usted" Sasuke dijo, mirándola con admiración. -"Parece que la vida de casada le sienta admirablemente bien, y también a usted" dijo, dirigiendo su mirada a Naruto. –“¿Les importa que me siente con ustedes?”.
-"Claro que no" Dijo Sakura.
Uchiha se sentó en la silla al lado de Naruto. -¿Qué les trae a Tokio?”.
-"Hemos venido de compras" dijo Sakura dijo con una abierta sonrisa. -"Me temo que Lord Naruto estará arruinado cuando regresemos a casa”.
-"No se preocupe en absoluto por ello" dijo Sasuke, riéndose ahogadamente. -"Estoy seguro de que podría comprar toda la ropa de la mitad de tiendas de la ciudad. ¿No es eso cierto, Su Señoría?”.
Naruto gruñó suavemente. -"Quizás".
-¿Qué le trae a Tokio?”. Le preguntó Sakura.
-"Negocios" contestó Uchiha con una mueca de disgusto. -"Afortunadamente, pronto estarán concluidos. Planeo ir al teatro más tarde. Si no están ocupados, podrían venir conmigo a mi palco".
Sakura miró interrogativamente a Naruto.
-"Lo que tu desees, mi dulce" contestó serenamente.
-"Creo que no", dijo Sakura -"Pero muchas gracias por la invitación".
Sasuke asintió, muy consciente de los celos de Naruto. Estaba a punto de irse cuando la melodía de un vals llenó el cuarto. Con un repentino sentimiento de imprudencia y curiosidad por ver si podía alterar la conducta eternamente fría de Naruto, dijo, -"Con su permiso” se dirigió a Naruto, -“Me gustaría bailar con Sakura".
Un músculo se movió en la mandíbula de Naruto mientras luchaba por reprimir su temperamento. -"Quizá debería preguntárselo a ella”.
Sakura miró a su marido. La tensión crepitaba entre los dos hombres como un tenso alambre. –“¿Mi señor?”
-"Como tu quieras, mi dulce" dijo Naruto.
-"Me encantaría bailar, si a ti no te importa".
Con una brusca inclinación de cabeza, Naruto dio su consentimiento. No quería que bailara con otro, especialmente no con Uchiha, pero no podía bailar con ella, no aquí, dónde el pequeño salón de bailable estaba forrado con espejos dorados de arriba a bajo.
Uchiha se levantó y le ofreció a Sakura su brazo. Con una media sonrisa a Naruto, ella se puso de pie y colocó su mano en el brazo de Sasuke.
Con las manos cerradas fuertemente en puños, Naruto les observó ir hacia la pista de baile. Los celos atenazaban su estomago mientras vigilaba cómo Uchiha hacia girar a Sakura alrededor de la sala. Las faldas de Sakura formaban remolinos alrededor de sus tobillos; La luz de las lámparas hacia brillar su pelo. Qué bien se veían juntos, dos mortales en la flor de la vida, su piel enrojecida rebosante de salud, jóvenes corazones latiendo al unísono mientras giraban con el cuarto. No le pasó desapercibía la admiración en los ojos Sasuke, o la forma en que el hombre sonreía a Sakura.
Está enamorado de ella, pensó Naruto. El saberlo lo llenó de un profundo deseo de matar, arrancarle el corazón a Uchiha y tirarlo a un pozo profundo.
Aspiró profundamente, abriendo y cerrando sus manos, mientras observaba como volvían caminando hacia la mesa. Las mejillas de Sakura estaban rosadas, sus ojos brillaban, cuando tomó asiento frente a él.
Con expresión neutra, Naruto levantó su copa y la vació de un solo trago.
-"Gracias, Sasuke" dijo Sakura.
Sonrió a Uchiha, y Naruto fue consumido por el deseo de golpear al otro hombre, agarrar a Sakura del brazo y gritar a todo el mundo que ella le pertenecía.
-"Ya me voy" dijo Sasuke. Besó la mano de Sakura y luego esbozó una reverencia en dirección a Naruto. -"Buenas noches, Su Señoría".
-"Uchiha".
Sasuke sintió un escalofrío repentino, como si una capa de fino hielo se hubiera formado en su columna vertebral, cuando su mirada encontró la de Naruto. Durante momento, no pudo moverse, no pudo respirar, apenas pudo pensar.
Después Naruto apartó la mirada, y el mundo estuvo de nuevo en su sitio.
Sasuke negó con la cabeza, preguntándose si había imaginado el frío, o la advertencia tácita que había en los azules y diabólicos ojos de Naruto.
-"Buenas noches" dijo otra vez. Dando media vuelta, reprimió el deseo de escaparse corriendo del salón.
-“¿Disfrutaste de tu baile?”. Preguntó Naruto.
-"Sí, muchísimo" contestó Sakura. -"Aunque hubiera preferido bailar contigo".
-"Otra vez será" dijo él. –“¿Estás lista para irnos?”.
Sakura asintió, asombrada por su tono cortante y sus bruscas formas. Seguramente no podía estar furioso porque había bailado con Sasuke.
Jiraiya les estaba esperando afuera con el carruaje. Echó un vistazo a la expresión en el rostro de Naruto y rápidamente abrió la puerta del carruaje. Sintió un atisbo de compasión por Sakura mientras las ayudaba a subir al coche, inclinó la cabeza hacia Naruto y luego cerró la puerta tras ellos.
Fueron en silencio hasta el hotel. Sakura permaneció mirando por la ventana, preguntándose qué había hecho para que él estuviera tan enojado.
-"Está enamorado de ti".
-“¿Qué? ¿Quién?”.
-"Uchiha".
-" Eso es absurdo. Él no sabe nada de mí”.
-"El amor no se basa en el conocimiento" contestó Naruto quedamente. "Si así fuese, no estarías sentada aquí conmigo".
Sakura se giró para enfrentarle. A pesar de la luz tenue, podía leer claramente su expresión. Sus ojos se llenaron de confusión y compasión. Qué tonta era, al pensar que le conocía porque le había contado algunas pocas cosas acerca de su vida, porque habían hecho el amor. Había hecho cosas de las que estaba avergonzado, cosas por las cuales su alma estaría para siempre condenada.
Su mirada se posó en ella, su corazón doliente por la gran distancia que les separaba. Ella no tenía ni idea del mal que subyacía en él. Si la hubiera tenido habría salido huyendo, gritando antes de permitirle que la tocara por primera vez. Era el epítome de la inocencia y de la bondad.
Lleno de auto-repulsión, cerró sus manos en puños apretados. Nunca debería haberla manchado con su contacto, nunca debería haber interferido en su vida.
Sakura trató de alcanzar su mano y la apretó. -"Lo siento, mi señor, no quise hacerlo".
Naruto frunció el ceño. –“¿El qué?”
-"Lo que sea que haya hecho para contrariarte tanto".
-"Me has interpretado mal, Sakura".
-“¿Qué es lo que ocurre entonces? ¿No me lo dirás?”.
Él contempló la confusión en sus ojos, llenos de un amor que vio reflejado en sus profundidades verdes cristalinas apaciguando su cólera, sus dudas. Era suya. Durante un año. Y ya habían pasado más de tres meses. Nunca antes había pasado el tiempo tan rápidamente.
-"Dímelo" le urgió suavemente. -"Explícame cuanto me amas”.
Ella se acerco a él, rodeándole la cintura con sus brazos mientras le miraba fijamente. -"Te amo" le dijo fervientemente. -"Nunca lo dudes, mi señor. Te amo más de lo que nunca creí que poder amar en toda mí vida".
Con un silencioso gemido, la aplastó contra su pecho, su boca cerrándose sobre la de ella en un beso furioso que le dejó los labios amoratado. Su lengua se introdujo profundamente en su boca, mientras sus manos acariciaban su pelo, sus muslos, se demoraban sobre las curvas dulcemente redondeadas de sus pechos.
-"Desnuda tu alma" murmuró roncamente. -"Dime que eres mía para siempre”.
-"Tu sabes que lo soy" ella contestó, apenas capaz de hablar por los rápidos latidos de su corazón. -"Naruto, por favor, dime qué es lo que tanto te molesta.
-"Ahora no". La recostó sobre el asiento, sus manos explorando bajo sus faldas, levantando sus enaguas, apartando sus bragas.
-"Mi señor... Naruto... " Se quedó sin aliento cuando las puntas de sus dedos rozaron la sensitiva carne a lo largo de su muslo interior. -"El hotel... Pronto llegaremos".
-"No me hagas esperar, Sakura. Te necesito. Ahora". Él se echó hacia atrás buscando su mirada, esperando que le rechazara.
Ella, con silenciosa aceptación, atrajo su cabeza y le besó. No sabía que demonios le atormentaban; sólo sabía que no podía rechazarle.
Se desabrochó nerviosamente sus pantalones, y al instante estaba encima de ella, su peso descansando sobre sus codos mientras se zambullía en su interior. Su aliento rozó su cara y su lengua barrió su boca, adentrándose en sus profundidades.
Fue rápido y feroz. Ella gimió una sola vez y luego se agarró firmemente a sus hombros como cuando el placer la barrió por entero. Sus manos y sus labios eran como relámpagos, dejaban brasas ardientes donde quiera que tocaran, hasta que la tormenta que había desatado en su interior, culminó en un éxtasis que la dejó sin aliento.
Él sintió la misma tormenta interior que ella, sus labios acariciándola, su voz llenada de adoración mientras le murmuraba palabras de amor. Ella sintió el pinchazo afilado de sus dientes como un si fuera una caricia, la repentina dulzura sensual explotó en su interior, mientras él se estremecía convulsivamente, luego yació inmóvil, su respiración rasposa y dispareja contra la curva de su garganta.
Acarició su pelo llena de ternura, con un sentimiento de plenitud. Era suave y sedoso. Le sintió temblar mientras sus manos acariciaban su nuca, le oyó mascullar algo ininteligible por lo bajo mientras se enderezaba.
Se abrochó los pantalones y reajusto su ropa interior, rápidamente y eficazmente, como si todos los días hiciera eso.
-"Lo siento” dijo bruscamente. -"Perdóname”.
-“No hay nada que perdonar".
-"Te tomé como un bruto".
Enderezándose, alisó su falda. -"Siento mucho que no lo hayas encontrado satisfactorio, mi señor esposo".
Él clavó los ojos en ella. –“¿A ti te satisfizo?”.
Sakura asintió. Miró por la ventana hacia fuera, asombrada por el descubrimiento de que estaban en un camino vecinal. –“¿Dónde estamos?”.
-"Fuera de la ciudad".
-"Pero..." Sintió que el color subía por su rostro. -"Cómo sabía Jiraiya... "
-"Le hablé a su mente, mi dulce, y le dije que deseábamos dar un rodeo hasta casa".
-"Oh". Sus mejillas ardiendo con un rubor encendido al descubrir que Jiraiya sabía lo que habían hecho.
Una sonrisa jugueteó sobre los labios de Naruto mientras golpeó el techo del carruaje. Momentos más tarde, el coche dio media vuelta, regresando a Tokio.
Naruto pasó los brazos alrededor de los hombros de Sakura, y ésta se acurrucó contra él, suave y confiada como una niña. Un momento más tarde ya estaba dormida.
Cuando alcanzaron el hotel, la llevó hasta su suite. Ella murmuró algo ininteligible pero no se despertó mientras la desnudaba y la acostaba.
Por un momento, la observó como dormía, admirando el espesor de sus pestañas, la sensualidad de su boca, el halo rosa de su pelo.
Se desvistió, con la intención de unirse a ella en la cama; Luego, reacio de acostarse cuando estaba tan próximo el amanecer se acerco a la ventana y se quedó mirando la noche. Una vez, la oscuridad había sido su única compañera. Le había dado la bienvenida, sabiendo que su silenció escondía su fealdad del mundo. Y luego Sakura había llegado a su vida, expulsando la oscuridad y la soledad, haciéndole desear una forma de vida que estaba para siempre perdida para él, arrebatada desde hacia siglos.
Cerrando sus ojos, presionó su frente contra el frió cristal e imaginó como sería ser mortal de nuevo. En su imaginación, se vio caminando de la mano de Sakura a la luz del sol, la vio amamantando a su hijo, rodeado de niños.
Un fuerte dolor atravesó su corazón mientras daba la espalda a la ventana y golpeaba la mesa fuertemente con su mano. La mesa se derrumbó destrozada. Y una astilla se clavo profundamente en su palma.
-“¡Naruto!” Sakura se incorporó en la cama, las sabanas fuertemente agarradas sobre su pecho mientras escudriñaba en la oscuridad. –“¡Naruto!”
-"Estoy aquí" contestó. –“Vuelve a dormir".
-“¿Qué ha sido ese ruido?”.
-"Nada".
Encendió la lámpara, luego se deslizó de la cama y se le acercó apresuradamente. Miró con preocupación la línea tensa de su mandíbula, luego se quedó sin aliento al ver la astilla de madera incrustada en su carne.
-“¿Qué ha sucedido?”. Se quedó mirándolo fijamente esperando una explicación.
Él negó con la cabeza, no queriendo decir nada, ciertamente no podía explicárselo.
-"Déjame ayudarte" dijo ella, tratando de alcanzar su mano.
-“¡No!” Mascullando un juramento, sacó bruscamente la astilla de su carne. La sangre roja, oscura fluyo abundante por la palma de su mano.
Sangre maldita. Sangre malvada.
No sabiendo qué fue lo que le imbuía a hacer tal cosa, ahuecó su mano y bebió la sangre de su palma, sintiendo un placer perverso al ver la expresión de horror que se reflejaba el rostro de ella.
Sakura dio un paso hacia atrás, mirando fijamente. Él trataba de conmocionarla, asustarla. ¿Por qué?
Dando media vuelta, fue hasta la cómoda y remojó un paño en el agua, luego regreso hasta él. Sin ningún comentario, cogió su mano herida y presionó la tela fría contra su palma, sujetándola con fuerza entre sus manos.
-“¿No me dirás que ha sucedió?” Le preguntó quedamente.
Mientras la miraba, sintió como se diluía su cólera, vencida por el amor que vio brillando en sus ojos.
-"Estaba deseando" dijo bruscamente, “Deseando cosas que nunca podrán ser". Acarició su mejilla con su otra mano, sus nudillos rozando su carne. -"Deseando poder estar a tu lado a la luz del día, poder darte... " Él suspiró profundamente. -"Deseando poder darte un hijo".
"Oh, Naruto" susurró, -"Eso es lo que yo también espero con ilusión".
Lentamente, él negó con la cabeza. -"Eso nunca ocurrirá, Sakura. No puedo tener hijos".
-“¿Por qué no?” Le preguntó con perplejidad. -"Tu puedes..." Un débil rubor ascendió por sus mejillas. -"Tu ya sabes".
-“¿Tú todavía no lo entiendes, mi dulce?”.
Él negó con la cabeza. -"Los muertos no pueden crear vida".
Ella le contempló, entristecida por el amargo pesar que había en las profundidades de sus ojos. Ciertamente no había ninguna palabra que pudiera consolarle, le llevo de regreso hasta la cama, lo envolvió entre sus brazos y lo acunó hasta que el amanecer lo absorbió en su profundo sueño.
No salió en todo el día. No le apetecía ir de compras, ni le apetecía encontrarse con otras personas. Siempre había dado por sentado la vida que tendría, asumiendo que se casaría, tendría hijos y los vería crecer y tener a sus propios hijos. Observaría el paso de las estaciones, contaría los años pasar, hasta que su vida finalizara.
¿Cómo era para Naruto, permanecer siempre igual mientras cambiaba el mundo a su alrededor, al igual que las personas? ¿Qué haría cuando Jiraiya se fuera? ¿Quién cuidaría de él? ¿Quién guardaría su casa mientras dormía su sueño cadavérico? Le había dicho que pronto tendría que abandonar el valle, que ya se había quedado demasiado tiempo. ¿Cómo se debía sentir, viendo a los otros hacerse viejos y morir, no atreviéndose a permanecer demasiado tiempo en un mismo sitio, no fuera que las personas se dieran cuenta de que él nunca cambiada, que los años que pasaban no hacían mella en él?
Sabía sin ninguna duda que la gente del valle destruiría a Naruto si supieran lo que era. Un vampiro. No muerto. Se suponía que era un monstruo, pero solo la había tratado con bondad. Ante sus ruegos, había provisto un refugio para los pobres y los sin hogar, insistiendo que no lo dijera a nadie lo que había hecho. Podía haber cazado en los aldeanos sin piedad, tomando lo que necesitaba para sobrevivir, pero sobrevivía con la sangre de las ovejas mezclada con vino, tomando sangre humana sólo cuando le era necesario, y sólo en pequeñas cantidades.
Debería estar asustada de él, estar consternada por lo que era, pero solo sentía piedad y compasión, y un abrumador sentimiento de amor que desafiaba la lógica o la razón. Le amaba y quería pasar el resto de su vida con él.
Pasó el día en su cuarto, observándole dormir, pensando en lo bello que era, necesitando tocarlo se recostó a su lado en la cama, su cabeza apoyada sobre su hombro.
Naruto se despertó al atardecer y encontró a Sakura dormida en sus brazos. Todavía se asombraba por encontrarla allí cuando despertaba, especialmente después de lo que había sucedido la noche anterior. Durante siglos, no había habido nadie a su lado cuando despertaba de su sueño cadavérico. Nadie en su cama. Nadie en su vida que realmente le importara, excepto Jiraiya. Y entonces había comprado a su padre una joven de sucio rostro, y su mundo entero se había alterado. Había llevado otras mujeres al castillo. Ninguna que hubiera dejado huella alguna en su mente. Se habían convertido en un borrón sin cara en su memoria. No había movido nada en su interior, ni el afecto y menos el amor. No habían hecho que nada cambiara en su vida, no habían despertado ningún interés en él, a parte del sustento que sin darse cuenta le había provisto.
Sakura. No había sido la primera joven que había llevado a su castillo, pero sabía que sería la última.

Capitulo 21

Sakura caminaba lentamente, ensimismada, por la calle.
Durante las tres semanas anteriores, Jiraiya la había llevado de excursión a varios lugares de interés. Habían ido al museo nacional de Tokio. A Sakura le había sorprendido enterarse de que el museo había sido fundado en 1872. Había quedado fascinada por todos los objetos de valor arqueológico ya artísticos de Japón.
Jiraiya la había llevado a la capilla de Meiji. Era impresionante, la nave de una belleza exquisita.
Se había quedado mirando con admiración la capilla de Yasukuni. Era el lugar de los soldados y de otros que murieron en batalla en nombre del emperador de Japón.
Tokio era una ciudad asombrosa, completamente diferente del tranquilo pueblo donde había pasado la mayor parte de su vida. Llena de actividad y bullicio –los sonidos incesantes de ruedas y cascos de caballos sobre el pavimento, las campanas de los panaderos, los gritos de los vendedores ambulantes, que vendían de todo, huevos, cuchillos, muñecas, veneno para ratas, libros etc.-. Los niños de la calle estaban por todos los sitios, transportando paquetes, sujetando los caballos a elegantes caballeros, yendo a buscar carruajes o haciendo rodar ruedas de carreta en la calle siempre con la esperanza de ganarse algo de dinero.
Hizo una pausa para mirar uno de los escaparates. Le parecía extraño estar sola, sin Jiraiya acompañándola silenciosamente. Había salido para efectuar un encargo, y aprovechó esa oportunidad para salir sola. Sin duda Jiraiya estaría furioso con ella cuando regresara al hotel, pero no había ido muy lejos y no planeaba alejarse demasiado.
Inclinó su cabeza hacia un lado, admirando uno de los sombreros exhibidos en el escaparate de la sombrerería. Era muy lindo, hecho de paja, adornado con flores de diversos colores, ribeteado con una cinta de color lavanda. No necesitaba otro sombrero; había comprado varios en las últimas semanas. Pero quería éste, y no había ninguna razón por la que no pudiera tenerlo. Naruto le había dado carta blanca para comprar cualquier cosa que deseara.
Estaba a punto de entrar en la tienda cuando vio a Sasuke Uchiha avanzando por la calle hacia ella. Las mujeres de ambos lados de la calle se detenían a mirarle mientras pasaba y no podía culparlas por ello. Mayores y jóvenes por igual le observaron mientras caminaba hacia ella. Presentaba una estampa realmente elegante con su abrigo de color verde y pantalones color ante, haciéndolo parecer un príncipe de cuento de hadas.
-"Sakura!" exclamó, cogiendo sus manos entre las suyas. -"Dichosos los ojos. Qué bella estas". Le sonrió, con ojos brillantes. -"Llevas un bonito vestido".
Ella se sonrojó con placer, mientras él la miraba con admirado atrevimiento. -"Gracias, Sasuke. Yo también me alegro de verte".
Miró hacia el escaparate.-“¿Ves alguno que te guste?”.
Sakura asintió. "Aquél" dijo, señalándolo. -"El de paja con los ribetes y las flores. Es muy lindo".
-"Pues entonces deberías tenerlo”. Le sonrió mientras le ofrecía su brazo.
-"En realidad no necesito otro sombrero" dijo, pero no protestó cuando la condujo al el interior de la tienda.
Sasuke cogió el sombrero del escaparate, y se quedó a su lado cruzado de brazos mientras ella se lo probaba.
La tendera, una mujer con mucho busto y cara rojiza, resplandecía ante la perspectiva de una nueva venta, mientras Sakura se miraba en el espejo.
-"Es perfecto, señora. Importado de Francia". La tendera miró a Sasuke, y Sakura pensó que la mujer creía que era su marido. –“¿Le sienta de maravilla a la señora, no cree usted?”.
-"Ciertamente" dijo Sasuke. -"Nos lo llevamos”.
Sakura miró su reflejo en el espejo, y negó con la cabeza. -"No, Sasuke".
-"Quiero comprártelo" dijo, e ignorando sus protestas, pagó el sombrero, insistiendo en que se lo llevara puesto.
Contenta, Sakura se ató las cintas bajo su barbilla.
-"Vamos" dijo Sasuke, tomándola del brazo. -"Vamos a tomar un té, para que todo el mundo pueda ver lo bonita que te ves con tu nuevo sombrero".
Sakura negó con la cabeza. -"De verdad, me gustaría mucho, pero no puedo".
-"Claro que puedes".
-"Tengo que volver a casa”. Miró hacia el sol poniente. Naruto se despertaría pronto y esperaría que estuviera allí. -"Naruto estará... "
-“¿Naruto estará qué?”.
-"Esperándome".
-"Déjale que espere, Sakura. Tener un poco de celos es bueno para un hombre".
-“¿Tú crees?”. Preguntó dudosamente.
-"Una sola taza de té" urgió. –“¿Qué mal puede hacer?”.
-"No puedo Sasuke. Por favor, debo irme".
-“¿Qué ha hecho contigo Sakura?” preguntó Uchiha con voz preocupada. -"Eres su esposa, no su esclava. Tienes derecho a una vida propia, a amigos propios”.
-"Tu no lo entiendes"
-"Esperaba ser algo más que un amigo para ti, Sakura" dijo Sasuke quedamente. -"Pero ahora eso es imposible".
“Sasuke, no debes decirme estas cosas. No es correcto".
-"Lo sé y lo siento. Pero no puedo evitar sentir lo que siento". Sujeto su mano, deslizando su pulgar sobre sus nudillos. -"Por favor no me niegues el placer de estar unos pocos minutos en tu compañía".
Supo que debería rechazarlo, supo que Naruto estaría enojado si se enteraba, pero no podría ignorar la súplica en los ojos de Uchiha, ni ignorar su oferta de amistad.
-“Esta bien" dijo. -"Pero debo estar de regreso al hotel antes de que oscurezca".
-"Lo estarás te lo prometo" dijo Sasuke.
Pasaron una hora agradable hablando de cosas triviales. Le contó a Sasuke sus excursiones por la ciudad; Él le habló del nuevo carruaje que había comprado, junto con un par de bellos caballos grises para arrastrarlo.
Sintiéndose feliz y relajada en su presencia, Sakura se olvidó de la hora, hasta que se dio cuenta de que el sol ya se había puesto.
-"Es muy tarde" exclamó.
-"Te llevaré de regreso al hotel".
-“¡No! Adiós, Sasuke. Gracias por el sombrero, y por el té". Poniéndose rápidamente en pie, agarró su bolso y salió del café.
Su corazón golpeaba aceleradamente y su frente estaba perlada de sudor, cuándo llegó al hotel. Forzándose a tomar un profundo aliento para tranquilizarse abrió la puerta de su dormitorio y entró.
Naruto estaba de pie en la ventana, mirando hacia afuera. Se dio la vuelta mientras ella cerraba la puerta. Su azul mirada la recorrió de la cabeza a los pies.
-"Siento mucho haberme retrasado" dijo Sakura. Dejando su bolso sobre una silla, alisó su falda y se quitó los guantes. –“¿Dónde está Jiraiya? Me gustaría pedirle algo de cenar".
-"He hecho el encargo por ti".
-“¿Oh?” Cruzó sus manos para calmar su temblor. -"Gracias".
-“¿Dónde has estado?”
-"He ido de compras... Me he comprado un sombrero nuevo. ¿Te gusta?”.
Asintió, su azul mirada concentrada en su cara.
-"Creo que me refrescaré un poco”.
-"No me digas mentiras, Sakura".
Ella tragó saliva, sus dedos apretaron los pliegues de su falda. -¿Mentiras, mi señor?”.
-"Has estado con Uchiha de nuevo".
No había forma de negarlo. -"Sí. Tomamos el té juntos".
-“¿Dónde?”.
Él la observaba fijamente, sus ojos azules sin parpadear. Su frialdad la intimidaba.
-"En un salón de té calle abajo. Frente a la sombrerería".
Sus ojos se estrecharon furiosamente mientras cruzaba el cuarto hasta ella, tan cerca que podía sentir el calor de su aliento. –“¿Te compró él el sombrero?”.
Tragó, el miedo agarrotándole la garganta. -"¿Por... Por qué me dices eso?”.
-"Su perfume está en el sombrero, en tus manos. ¿Te lo compró, Sakura?”.
-"Me vio admirándolo en el escaparate y lo compró para mí. Yo no quería pero él insistió”.
Un músculo se movió en su mandíbula. Había pasado la tarde con Uchiha. Solos.
-"No pasó nada" dijo Sakura. Posó su mano sobre su brazo para aplacarle. -"Tomamos té, eso es todo. Siento no haber estaba aquí cuando te despertaste. Por favor perdóname".
Él se volvió de espaldas, no queriendo que viera los celos que carcomían su alma. -"No hay nada que perdonar. No estas prisionera aquí, Sakura. Es injusto por mi parte esperar que estés encerrada hasta el anochecer".
-"Oh, Naruto". Se acercó a él. Rodeando con los brazos su cintura, y recostando su mejilla contra su espalda, deseando poder aliviar el daño que le había causado.
-"Lo siento" dijo rígidamente.
-"No hay nada por lo que debas disculparte”.
-"Quisiera matarle" dijo bruscamente. -"Estoy celoso de cada hora, cada minuto, que puedas pasar con cualquier otro hombre".
-"No hay nada por lo que debas estar celoso. Sasuke es simplemente un amigo, nada más. Y eso es lo que será toda mi vida".
-"Lo sé". Naruto aspiró profundamente y soltó el aire en un suspiro largo, lento. -"Nunca había estado enamorado antes" dijo, como si confesara un terrible secreto. -"Miró a Uchiha y veo lo que yo podría ser si no hubiera deseado a Kotoko. ¿De qué vale vivir durante cuatrocientos años si uno tiene que vivir solo?”.
Una de sus manos cubrió la suya, su pulgar rozando suavemente su dorso.
-"Cuando fui joven, tuve sueños de gloria. Era el mejor del lugar. Tenía un nombre que los hombres respetaban y temían. Tenía tierras y riquezas, podía tener todas las mujeres que deseaba. Podría haber tenido una buena vida, una esposa e hijos. Pero lo arrojé todo por la borda por perseguir a una mujer que parecía un ángel y resulto ser el diablo".
-"Lo siento tanto, Naruto". Le beso el hueco en medio de su espalda. -"Pero te lo dije antes, y lo diré otra vez. Me alegro de que seas un vampiro. Si no hubieses encontrado a Kotoko, habrías muerto hace cientos de años y nunca te habría conocido".
Le rodeó y le enfrentó de cara, -"Te amo, mi señor marido" le dijo fervientemente. -"Me alegro de que me compraras a mi padre. Me has dado una maravillosa educación, ayudado a mi madre y a mis hermanas muchos más de lo que hizo mi padre. –“Te amo" le dijo de nuevo. -"No hay nadie más, solo tú".
Con un suspiro, él la atrajo a sus brazos. -"No tienes ni idea de cuánto significas para mi, Sakura" se quejó, -"Y me temo que no tengo suficientes palabras para explicártelo. Perdóname por mis celos. No tengo ninguna excusa excepto que nunca he amado antes a nadie".
Estaba de puntillas, queriendo besarlo, reconfortarlo, pero se apartó rápidamente, cuando oyó que golpeaban la puerta.
-"Tu cena ya está aquí" dijo Naruto.
-"Yo la cogeré”. Dándole un apresurado beso en la mejilla, fue a abrir la puerta.
Un joven vestido de camarero llevaba una bandeja cubierta. -¿Desea alguna otra cosa, señora?”.
-"No, gracias". Cerrando la puerta, llevó la bandeja hasta la mesa. –“¿Te sentarás conmigo mientras como?”.
Asintiendo, Naruto cruzó la habitación y se sentó frente a ella.
-"No me has dicho donde esta Jiraiya".
-"Me pidió la noche libre".
-“¿Oh?” Levantó la bandeja, y el aroma de carne de cordero asada y patatas llenó el cuarto.
-"Sakura".
-Le miró y al instante se desvaneció su sonrisa. –“¿Qué?”.
La miró durante un largo momento y luego lentamente negó con la cabeza. -"Haces que me avergüence de lo que soy".
-“¿Avergonzarte? ¿Por qué?”.
Negó con la cabeza. ¿Cómo podía explicárselo cuando ni él lo entendía? Hacía tiempo que se había resignado a ser lo que era. Se forzaba a beber sangre de las ovejas, aun cuando no obtenía ningún placer de ello, negándose aquello que deseaba fervientemente, negando lo que él era. Se encerraba en su castillo, o en alguna otra de sus propiedades, manteniéndose alejado de los mortales, para protegerlos de sí mismo, permaneciendo así encerrado en su propia prisión. Se enorgullecía de sí mismo por haber aprendido a controlar el hambre aguda que le poseía, que le impelía a matar para alimentarse, habiendo así encontrado una cierta paz consigo mismo.
Y luego había comprado a Sakura y se había dado cuenta nuevamente de lo profundo que era el abismo que lo separaba del resto del mundo. Su bondad y su luz hacían aun mayor el contraste con la oscuridad que moraba en su interior.
Se avergonzaba de las vidas que había tomado, la sangre que había derramado, del mal que habitaba en su interior, bajo control pero nunca completamente vencido. Aun no podría creer que ella le amara, sabía que no merecía su amor.
Sólo este año. Por favor, solo permíteme tener este año, y luego la dejaré ir.
-"Naruto, di algo”.
-“No hay nada que decir”.
-“¿Estas pensando en ello de nuevo, preocupándote por mí, por nosotros?”.
-"Creo que estás empezando a conocerme demasiado bien".
-“¿Has tenido algún momento de felicidad en tu vida durante estos cuatro siglos?”.
Él se recostó, recapacitando y luego asintió. -"Por supuesto".
-"Háblame de ellos".
Con un suspiro, comenzó a hablarle de su pasado.
Al principio, después de que hubo aprendido a controlar el hambre, cuando se había reconciliado con lo que era, había dado la vuelta al mundo. Viajado a las selvas africanas, las pirámides de Egipto. Había visitado Francia, España y Grecia, pasado un año en Sudamérica errando entre las ruinas de antiguas culturas. Durante todos esos años había aprendido a leer y se había aficionado a apreciar las palabras escritas.
También había aprendido a apreciar las bellas artes, había desarrollado afición por la música y por el teatro. Había cortejado a muchas mujeres bellas, aunque no se había permitido intimar con ninguna. Y cuando se cansó de ser un vagabundo, había regresado aquí, a la tierra donde había nacido, al lugar en que una desafortunada noche, su vida había cambiado para siempre.
Hacía cien años que era Vampiro cuando había comprado el castillo en lo alto de la montaña y se había apartado del resto de mundo. Y cada veinte o treinta años, cuando las personas empezaban a preguntarse acerca de él, se iba a otro sitio. Pero siempre regresaba.
Sakura se recostó, suspirando. -"Has vivido tanto" se quejó. -"Hecho tantas cosas". Negó con la cabeza. -"Creía que estarías contento por todas las oportunidades que has tenido".
Él gruñó suavemente. -"¿De veras?". Cómo ella lo hacía, pensó que debería ser capaz de ver lo bueno e ignorar el resto. Quizá había vivido demasiado tiempo. Quizá era hora de terminar con su existencia, antes que la amargura que crecía en su interior le devorara.
Con la mandíbula fuertemente apretada, se levantó y trató de alcanzar su capa.
-“¿A dónde vas?”.
-"Afuera". Señaló su plato. -"Tu ya has tenido tu cena, y ahora yo debo ir a cazar la mía. Algo denso y caliente".
-"Lo estas haciendo de nuevo" dijo Sakura acusadoramente. -"Estas tratando de impresionarme, haciéndome creer que eres un monstruo. ¿Por qué? ¿Por qué continuas haciendo eso?”.
-"Porque eso es lo que soy". Pasó una mano por su pelo, mientras la culpabilidad, el arrepentimiento y los remordimientos crecían en su interior. Ella sacaba lo mejor de él, pensó arrepentido, y también lo peor. Quería ser digno de su amor y por alguna oscura razón que no llegaba a entender, estaba tratando de provocar su odio.
-"Muy bien, mi señor" dijo coléricamente. Apartando la bandeja, se levantó y permaneció frente a él. -"Te crees un monstruo". Ladeó su cabeza y le mostró su cuello, exponiendo la curva de su garganta. "Demuéstralo”.
Él la miró como si hubiera perdido la razón. –“¿Qué estás haciendo?”.
-"Quiero que me demuestres la clase de monstruo que eres. Adelante, arráncame la garganta. Bebe hasta que no puedas más".
Se quedó mirándola fijamente, las ventanas de su nariz llenándose del aroma de su cólera. Podía oír la sangre circulando por sus venas, caliente y espesa, oír los rápidos latidos de su corazón.
Su mirada se quedo clavada en el hueco del pulso que latía en garganta. Se lamió los labios, recordando el dulce sabor de su sangre en su lengua.
-"Estoy esperando". Se quedó mirándolo, sus ojos verdes desafiándolo a tomar lo que le ofrecía.
Sintió como sus colmillos se alargaban, sintió su rasposidad contra su lengua. Su respiración se hizo áspera, sus manos apretadas en fuertes puños mientras sentía como el hambre surgía en su interior, urgiéndole a envolverla en sus brazos, para beber y beber y beber.
Eso es lo que tú eres, le urgía su hambre. ¿Por qué luchar más?
Sus manos trataron de alcanzarla. Como si pertenecieran a otro, observó como sus dedos se curvaban sobre sus hombros. Ella era tan frágil, fácilmente la podría romper en dos. Lentamente, la atrajo más y más cerca, hasta que su rostro ocupó toda su visión. Sus ojos eran grandes, profundas piscinas verdes llenas de amor, compasión y aceptación.
Aspiró profundamente, y olió el aroma de su miedo. Eso le golpeó duramente, venciendo el hambre en su interior.
-"Sakura". Se sentó con un abrupto sollozo.
Atrayéndola hacia su regazo, la aplastó contra de él. -"Eres una muchacha insensata".
-"Solo me has demostrado que tengo razón, mi señor" le dijo, con su mano acariciando su mejilla. -"No eres un monstruo en absoluto".
Miró por encima su hombro cuando la puerta se abrió y Jiraiya entró en el cuarto.
-"Ah" dijo, aclarándose la voz. -"Perdónenme. No tuve intención de molestarles.
-"No pasa nada" dijo Naruto. Depositó a Sakura en el suelo y se puso de pie. -"Iba a salir".
-“¿Necesitará usted alguna otra cosa esta tarde?”.
-"No, Jiraiya. Buenas noches".
-“Buenas noches, Su Señoría. Señora Sakura”. Con una reverencia entró en el pequeño cuarto junto a su suite y cerró la puerta.
-"Has dicho que no te gusta la sangre de las ovejas" comentó Sakura. –“¿Por qué no tomas de mí lo que necesites en lugar de eso?”.
Naruto negó con la cabeza. -"No". Su voz era ronca, no por la cólera, sino por la gratitud.
-“¿Y si insistiera?”.
-"No, Sakura. Nunca te usaría así". Podría ocurrir que alguna vez necesitara su sangre para sobrevivir, un tiempo cuando él podría necesitar más que la pequeña cantidad de la que se daba el gusto cuando hacían el amor, pero no bebería de ella como bebía de otros, no la usaría para satisfacer su hambre, incluso aunque estuviera tentado a hacerlo.
Colocó sus manos sobre su pecho. –“¿Me permitirías que comiera langostas y hormigas si fuera innecesario?”.
-"No es lo mismo, mi dulce," dijo con arrepentimiento.
-"Por favor no me rechaces, Naruto. Es algo que quiero hacer por ti. Algo que necesito hacer".
Sin poder emitir ni una sola palabra, él negó con la cabeza.
-" Naruto... "
-"No, Sakura. Agradezco tu oferta, estoy más agradecido de lo que puedas imaginar, pero no puedo aceptar".
Estudió su rostro, preguntándose por qué era tan terco. –“Muy bien, mi señor" dijo. -"Pero la oferta sigue en pie".
Él asintió. -"Estaré un tiempo fuera" dijo y recogiendo su capa, salió del cuarto.
Estaba dormida cuando regresó. Le había costado mas de lo usual encontrar a alguien adecuado para sus propósitos; Después de que hubo apagado su hambre, había paseado por el parque, cómodo con la oscuridad.
Ahora, permaneció al pie de la cama, observándola durante un largo rato, maravillándose nuevamente por su generosidad de espíritu. Ninguna otra mujer en todo el mundo habría hecho tal oferta pensó y la amó más por ello. En ocasiones desesperadas había tomado sangre de Jiraiya, pero eso era en pago de una vieja deuda. Sakura se la había ofrecido por amor.
Con un suspiro, permaneció delante de la chimenea, arropado en su capa mientras mirada fijamente la apagada chimenea. Un fuego nació a un parpadeo de sus ojos y permaneció con la mirada clavada en las llamas sin verlas.
¿Quién habría pensado que una joven podría efectuar tales cambios en su vida en tan poco tiempo?
¿Cómo podría alguna vez en toda su vida, dejarla marchar?
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Deeper Than The Dark (+16) (20/07/14) (Cap 22 y 23

Mensaje por Dyna el Lun Jul 21, 2014 1:47 am


Capitulo 22

Permanecieron en Tokio otras dos semanas, y luego regresaron a Konoha.
Sakura sentía una creciente anticipación mientras el carruaje ascendía por la alta colina rodeada de niebla hacia el castillo. Una vez, la casa se había erigido como algo amenazador, frío y prohibido; Ahora era su casa.
Naruto la ayudó a bajar del carruaje, su mirada recorriendo las altas torres. Había tenido gran cantidad de residencias durante los últimos cuatro siglos; De todas ellas, la montaña Hokage y su sombrío castillo siempre habían sido su morada favorita, pero nunca había pensado en Castle Naruto como su casa hasta ahora. Hasta Sakura.
Llevando a Sakura en brazos, abrió la puerta principal y la depositó en el vestíbulo. -"Bienvenida a casa, Lady Sakura".
Sakura reía suavemente mientras la llevaba hasta el estudio.
Las semanas que habían pasado en Tokio habían sido maravillosas. Las mejores de toda su vida. Había dormido al lado de Naruto durante el día, e ido a teatros y conciertos con él por la noche.
Dos veces le había pedido que Jiraiya diera su sangre, no solo un sorbo, sino la suficiente como para apaciguar su hambre. Él no había querido, había discutido en contra, pero, al fin, le había convencido de que era algo que necesitaba hacer, que quería hacer. Y porque odiaba negarle nada, había accedido. La experiencia la había dejado débil como un bebé recién nacido, pero había encontrado una profunda satisfacción en poder alimentarle con la propia esencia de su vida.
Dejándola en el suelo, Naruto depositó un beso en su frente; Luego, con una mirada, encendió las lámparas y el fuego de la chimenea.
Podía oír a Jiraiya moverse por la casa, llevando sus cosas y las maletas de Sakura al cuarto de la torre, haciendo otro viaje al carruaje para descargar las cosas que ella había comprado para su familia.
Sakura permaneció delante de la chimenea, temblando en el frío cuarto hasta que Naruto pasó sus brazos a su alrededor, atrayéndola bajo los sedosos pliegues de su capa.
Con un suspiro de satisfacción, descansó su cabeza contra de su pecho y cerró sus ojos. Aquí era donde ella quería estar, donde tenía su sitio.
-“¿Cansada?”. Le preguntó.
-"En realidad, no". Le rodeó con sus brazos, queriendo estar más cerca, deseando con toda su alma penetrar en su interior y descubrir los secretos que rehusaba compartir.
-“¿Hambrienta?”. Le acarició el pelo ligeramente, sus sentidos vibrando por su cercanía.
-"No". Se apartó un poco para poder ver su rostro. –“¿Y tu?”.
Él le sonrió, sus ojos llenos de tanto amor que hizo su corazón se salta un latido.
-"No". Había dado dos veces su sangre en las últimas dos semanas. No se atrevía a Jiraiyaar más tan pronto, ni había ninguna necesidad.
Al principio, había rehusado beber de ella. Una cosa era saborear su dulzura en el cenit de la pasión, otra era utilizar su preciosa sangre para aquietar el hambre que ardía en su interior. Al fin, porque no podía negarle nada que estuviera en su poder, lo había hecho cuando ella se lo suplicó. Saborear la dulzura de su sangre había hecho que se percatara de nuevo de cuanto odiaba la sangre de las ovejas.
Ahora, le era difícil recordar que la había comprado para el solo propósito de aplacar su hambre. Milagrosamente, unos pocos sorbos de su preciosa sangre apaciguaban su hambre mucho más eficazmente de lo que habían hecho las incontables otras mujeres, mujeres cuyos nombres y caras ya no podía recordar.
-“¿Necesita usted alguna cosa esta noche?”, preguntó Jiraiya.
Naruto negó con la cabeza.
-"Le importaría a usted que yo…" Jiraiya se aclaró la voz. –"¿Le importaría si utilizo el carruaje esta tarde?”.
-"Claro que no," Naruto dijo, luego frunció el ceño. –“¿A dónde vas?”.
-"Yo... " Jiraiya se aclaró la voz. -"Creo que pasaré a ver a la señora Haruno".
Sakura miró por encima su hombro. –“¿Va usted a ver a mi madre?”.
-“¿Si usted no tiene ninguna objeción, sí señora?”
-"No, claro que no" dijo Sakura.
-" Yo, e... " Jiraiya pasó un dedo alrededor del interior de su cuello. -"Pensé que quizá a ella le gustaría saber que está usted bien".
-"Por supuesto" dijo Sakura. -"Déle todos mis recuerdos. Y dígale que iré a verla pronto".
-"Así lo haré" dijo Jiraiya. -"Buenas noches, Su Señoría. Señora Sakura". Con una leve reverencia, salió del cuarto.
-“¿Y bien?" dijo Sakura -"¿Qué piensas de esto?”.
Naruto negó con la cabeza. Por primera vez, se le ocurrió que desconsideradamente, había condenado a Jiraiya a vivir la misma vida en soledad que él.
-"Nunca tuve intención de privar a Jiraiya de llevar una vida normal" comentó. -"Y en realidad eso es lo que he hecho. He pasado tanto tiempo preocupándome por proteger mi existencia, que nunca me he dado cuenta de lo solo que ha debido sentirse durante todos estos años”.
-"Tenías buenas razones para preocuparte, mi señor" dijo Sakura.
Naruto negó con la cabeza. -"Ha sido un abuso de mi parte. ¿Porqué no me he dado cuenta de ello antes?”.
Tsunade Senju se apartó asustada ante la sorpresa cuando vio a Jiraiya en el umbral de su puerta. Su primer pensamiento fue que algo le había ocurrido a Sakura.
-“¿Qué es lo que ocurre?”. Preguntó ansiosa. –“¿Qué es lo que ese monstruo le ha hecho a mi hija?”.
-"La Señorita Sakura está muy bien, señora".
-"Gracias a Dios”. Miró atentamente por encima del hombro de Jiraiya. –“¿Vino con usted?”.
-"No, señora Senju. Yo, justamente quise hacerle una visita y asegurarle que está bien y..." Él tiró de su cuello, luego se aclaró la voz. -"Bastante bien".
-“¿Le gustaría entrar y sentarse un momento, Sr. Jiraiya?”. Preguntó Tsunade, alarmada por el repentino rubor de sus mejillas.
-"Sí, gracias, señora".
-“Entonces, entre".
Jiraiya la siguió hasta la cocina, sentándose en la mesa ante su invitación.
-“Le gustaría tomar una taza de té, Sr. Jiraiya?”.
-"Sí, gracias".
Sacando el bote del fuego, Tsunade llenó dos tazas. Puso una adelante de Jiraiya, y luego se sentó frente a él. No se encontraba a gusto teniendo al hombre en su casa, pero estaba ansiosa por oír noticias de su hija. –“¿Azúcar?”. Preguntó. –“¿Leche?”.
-"No, gracias, señora".
-“¿Entonces señor, qué le trae por aquí a estas horas?”.
-"Me preguntaba si usted podría darme permiso para, uh... "
-“¿Para qué?”.
-"Me gustaría muchísimo poder visitarla, señora Senju".
-“¿Hacerme visitas?”. Tsunade clavó los ojos en él con incredulidad. Tenía cuarenta años y era la madre de cinco hijos. Hacía tiempo que había sobrepasado la edad en que los hombres la cortejaban.
-"Sí, señora".
Tsunade cruzó las manos en su regazo, sus mejillas ardiendo por la vergüenza. -"No sé qué decirle".
-"Diga que sí, señora Senju".
Tsunade negó con la cabeza. -"No puedo darle permiso para visitarme, señor. Jiraiya".
-"Lo entiendo". Él negó con la cabeza. -"No, no lo entiendo. Creí que, esto es... ¿Por qué no?”.
Tsunade levantó su barbilla y lo miró directamente a los ojos. -"No me gusta el hombre para el que trabaja. No confío en él. Es malo. Ha hechizado a mi hija”.
Jiraiya negó con la cabeza. "Señora Senju, yo le aseguro que los rumores que ha oído acerca de mi señor son falsos".
-"No le creo. Hay algo raro en él”. Negó con la cabeza. -"Desconozco lo que es, pero sé que no es como los demás hombres".
Jiraiya dejó escapar un suspiro de resignación.
-“¿Entonces usted también lo admite?”.
-"Las costumbres de Su Señoría pueden parecerle extrañas, señora Senju, pero es un buen hombre”.
-"Nunca he escuchado nada acerca de su bondad".
-"Las historias que se cuentan en el pueblo son mentiras" dijo Jiraiya, preguntándose cómo evitar hablar de su señor.
-"No pueden ser todo mentiras" replicó Tsunade. -"E incluso si lo son, sé por experiencia que la mayoría de las mentiras están basadas en algún elemento de verdad. Hay algo extraño en él, algo que no parece de verdad. Yo he vivido en el valle toda mi vida, y ni una sola vez he visto a ese hombre en el pueblo a la luz del día, ni se de nadie que lo haya hecho. Es un mal hombre el que rehuye la luz, el que no tiene amigos". Se quedó mirando tristemente su taza de té. -"Temo por el bienestar de mi hija.
Jiraiya se movió nerviosamente en su silla. -"Señora Senju, puede que mi señor Naruto no pueda vivir como otros hombres, pero ama a su hija, y mientras esté con él no sufrirá ningún daño. Puedo prometérselo".
-"Usted le es muy leal".
-"Él salvó mi vida hace muchos años".
-“¿De veras?”.
-"Sí, señora". Jiraiya se puso de pie. -"Siento mucho haberla molestado, señora Senju".
-"Buenas tardes, señor".
Jiraiya caminó hacia la puerta, luego se volvió, sabiendo que si no lo decía, nunca tendría el valor de hacerlo otra vez.
-"Señora Senju, vine aquí esta noche porque..." Tomo un profundo aliento y concluyó rápidamente -"Porque estoy solo, y pensé que tal vez, si usted también esta sola, podría agradarle mi compañía. Sé que usted no aprueba a mi señor, pero ¿no puede dejar eso aparte y juzgarme a mí por lo que yo soy?”.
Tsunade se apartó asustada, sorprendida por su apasionada declaración. -"No sé qué decirle".
-"Volveré" dijo Jiraiya su coraje abandonándole tan rápidamente como le había llegado. -"Mi señora me pidió que le dijera que vendría a visitarla muy pronto".
-"Gracias" dijo Tsunade. Levantándose, siguió a Jiraiya hasta fuera de la cocina a la puerta principal de la casa. -"Déle a Sakura mis recuerdos”.
-"Así, lo haré".
-“¿Sr. Jiraiya?”
-“¿Sí, señora?”.
-"Me sentiría muy honrada sí que viniera a visitarme”.
Jiraiya se inclinó respetuosamente. -"Será un placer, señora".
Tsunade lo siguió estudiándolo con la mirada. El señor Jiraiya sabía muchas cosas de Castle Naruto y su oscuro señor. Si era cuidadosa y lista, podría saber los misterios que se ocultaban dentro de las paredes cubiertas de niebla del castillo.
-"Él está en casa" dijo Naruto.
Sakura desvió la mirada de la labor que estaba bordando, sus ojos llenos de curiosidad. -"No he oído nada".
Naruto sonrió; Un momento más tarde, Jiraiya entro en el estudio.
-“¿Sí, Su Señoría?”.
-"Creo que Sakura desea hacerte una pregunta”.
“¿Sí, señoría?”.
Sakura miró a su marido. La estaba observando, sus ojos azules brillando traviesa mente.
-"Me preguntaba si todo iba bien”.
Jiraiya asintió. -"Muy bien, señora".
-“¿Quiere sentarse, Jiraiya?”. Le preguntó Sakura señalando la silla frente a Naruto.
-"No, gracias, señora".
-“¿Fué bien la visita que le hizo a mi madre?”.
-"Sí, señora. Ella dijo..." El hombre se aclaró la voz. -"Dijo que podría visitarla de nuevo".
Sakura se encontró con la divertida mirada de Naruto.
-"Eso, si usted no tiene ninguna objeción, señora".
-"No, claro que no". Sakura sonrió a Jiraiya. -"Creo que usted y mi madre hacen una buena pareja".
-"Gracias, señora. ¿Necesitará alguna otra cosa esta tarde?”.
-"No", contestó Naruto por los dos. - "Puede retirarse".
-"Gracias, Su Señoría". Jiraiya se inclinó respetuosamente y salió del cuarto.
-“¿Siempre es tan formal?”. Preguntó Sakura.
Naruto asintió. –“¿Por qué me lo preguntas?”.
-"Como habéis estado juntos durante tanto tiempo, me perece un poco extraña tanta formalidad, eso es todo. A estas alturas pensaba que erais amigos".
-"Le aclaré desde el principio que su amistad no era bienvenida".
-“¿Oh? ¿Por qué?”.
-"No he dejado que nadie se acerque a mí desde que me convertí en Vampiro", contestó quedamente. -"Nadie, excepto tu".
Levantándose de su silla, Sakura fue a sentarse en su regazo. -"Me gustaría poder lograr que olvidaras el pasado" murmuró, acariciando su mejilla. -"Deseo poder hacerte feliz”.
-"Tu me haces feliz, mi amor" contestó. -"No lo dudes ni un momento".
-“¿Cómo puedo ayudarte, cuándo siempre pareces tan triste?”.
Sonrió débilmente. –“¿Parezco triste?”.
Sakura asintió. -"Tratas de escondérmelo, pero puedo verlo en tus ojos, incluso ahora. ¿Qué es lo que tanto te preocupa mi señor marido?”.
Con un suspiro, la envolvió entre sus brazos y la acercó más a él, apoyando su cara sobre su pecho. ¿Qué era lo que más le dolía? Se preguntó. ¿El pensar que pronto tendría que liberarla de su promesa? ¿La certeza de que algún día se casaría con otro? ¿O el saber que se haría vieja y moriría mientras el permanecía igual para siempre?
-“¿Mi señor?”.
Aspiró profundamente, las ventanas de su nariz llenándose con el dulce aroma de su perfume, de su pelo, de su piel, de la sangre que era la misma esencia de su ser. El hambre y el deseo se agitaron en su interior.
-“¿Sakura? Susurró su nombre suavemente, como un suspiro.
Ella depositó un beso para la parte superior de su cabeza. –“¿Sí, mi señor?”.
La soltó de entre sus brazos mientras maldecía la oscuridad de su interior, el hambre que le hacía ser débil. Se preguntaba como podía amarle, cuando pedía tanto de ella y a cambio, le devolvía tan poco.
Sakura se apartó un poco para poder ver su rostro. –“¿Naruto?”.
-"Te necesito”.
Sonriendo, inclinó su cabeza hacia un lado, luego apartó su pelo sobre su hombro, dejando al descubierto su garganta. -"Toma lo que necesites, mi señor”.
Él se levantó de la silla en un ágil movimiento, llevándola en sus brazos como si ella no pesara nada.
-"Necesito más que eso, mi dulce Sakura" contestó con voz ronca de emoción.
Posó sus labios sobre los de ella, luego la llevó velozmente arriba por la oscura escalera de caracol, su capa ondulando tras él como si fuera el mismo diablo.
Pronto fue obvio que Jiraiya estaba enamorado de la madre de Sakura. Su paso era más ligero, y sonreía frecuentemente sin ninguna razón aparente. Y cada viernes por la tarde le preguntaba a Naruto si podía prestarle el carruaje el sábado por la noche.
-"Quizás pronto tendremos otra boda" Naruto filosofó mientras permanecían en la mesa después de cenar.
-"Tal vez" contestó Sakura. Jiraiya había estado viendo a su madre todas las semanas desde hacía tres meses.
-“¿No piensas lo mismo?”.
Sakura hizo un gesto vago con su mano. -"Yo creo... Es decir, parece como si..." Negó con la cabeza, no sabiendo cómo explicar exactamente lo que pensaba.
-“Sigue”.
-"Creo que ella lo está usando”.
Naruto frunció el ceño. –“¿Usando a Jiraiya? ¿Para qué fin?”.
-"No me hagas caso".
-"Dímelo, Sakura".
No había forma de ignorar ese tono de voz, o la mirada en sus ojos.
-"Pues bien, ambos sabemos que nunca le has gustado. Ni confía en ti. Ha oído todas las habladurías. Creo que ve a Jiraiya porque espera que le cuente..." Miro hacia la delicada copa delicada de cristal en la mano de Naruto. -"Tu sabes".
-"Ya veo" comentó Naruto y se preguntó por qué esa posibilidad no se le había ocurrido antes.
Dejó la copa sobre la mesa, se echó hacia atrás, sus codos apoyados en los brazos de la silla, su barbilla descansando sobre sus manos dobladas. Él escruto a Sakura pensativamente durante un largo momento. –“¿Qué crees que debería hacer al respecto?”.
-"No sé. Quizá deberíamos irnos de aquí".
-“¿Quieres marcharte?”.
Sakura negó con la cabeza. -"No".
Su familia estaba aquí, la única familia que tenía. La única familia que tendría en toda su vida, ¿debería Naruto permitir que se quedara cuando el año finalizara?
-“¿Y si Jiraiya traiciona mi confianza, piensas que tu madre le creería?”.
Una leve sonrisa jugueteó sobre los labios de Sakura. -"Creo que mi madre creería que eres el mismo demonio, mi señor marido".
-“¿Y tú qué piensas, mi dulce?”.
La sonrisa se desvaneció de los labios de Sakura. –“¿Acerca de qué?”.
Él se odió a sí mismo por preguntar, odió las continuas dudas que lo asaltaban. -"Has vivido conmigo aquí durante seis meses. He tomado tu inocencia, el mismo ser de tu vida. ¿Si te permitiera marcharte, te irías?”.
Lentamente, negó con la cabeza. -¿Todavía dudas de mí, mi señor? ¿Por qué no puedes creer en mi amor y en mí?”.
Una fugaz imagen de Sakura y Sasuke bailando juntos apareció en la mente de Naruto, dos jóvenes mortales, vibrantes de vida, salud y fuerza.
Él bajó sus brazos, sus manos cerradas fuertemente en su regazo mientras imaginaba a su esposa y al Uchiha juntos, aborreciendo la idea del mismo modo que admitía que le parecía que estaban hechos el uno para el otro. Sasuke amaba a Sakura. Podría darle todo lo quisiera y necesitara, todo lo que merecía. Una casa, una familia, y un título todo envuelto en un manto de riqueza y respetabilidad.
Sakura miró como las emociones hacían mella en el rostro normalmente impasible de Naruto. Vio las dudas que continuamente le asaltaban. Le había amado sin reservas, se le había ofrecido con toda su alma, incluso la misma sangre que corría por sus venas y eso no era suficiente. ¿Cómo podían pasar toda la vida juntos si se negaba a aceptaba el amor que le ofrecía?
Levantándose, dejó su servilleta sobre la mesa y abandonó el cuarto y salió del castillo.
Fuera, se quedó un instante mirando la oscuridad, luego echo a correr por el camino del jardín que conducía al laberinto.
Nunca creería que ella le amaba, nunca se creería digno de su afecto. Cuando llegara el momento, la echaría. Había esperado conseguir que la amara tan profundamente que le permitiera quedarse toda la vida. Apenas ahora se daba cuenta de lo tonta que era esa esperanza. ¿Por qué querría él ver como envejecía? Su piel se arrugaría, su pelo se pondría gris, pero él permanecería para siempre tal como era ahora, joven y viril, con los deseos de un joven.
Estaba jadeando cuando llegó al corazón del laberinto, sintiendo un fuerte pinchazo en su costado al respirar. Sin aliento se sentó en el banco de piedra y enterró la cara entre sus manos.
-"Sakura".
Alzó súbitamente su rostro, sobresaltada al encontrarlo de pie ante ella, una silueta alta vestida de negro en la oscuridad de la noche. "Cómo... Cómo lo has hecho... Venir así... tan rápido?”.
Alzó una rubia ceja con gesto divertido. ”¿De verdad quieres saberlo?”.
Por supuesto, pensó. Era un Vampiro. Una criatura de la noche. Capaz de trasladarse a velocidad sobrenatural.
Se arrodilló ante ella, su capa ondulando a su alrededor. -"Te amo, Sakura," dijo, cogiendo sus manos. -"Con cada fibra de mi ser, con cada aliento de mi cuerpo, te amo”.
-"Pero sin embargo no crees que yo también te amo".
-"No merezco tu amor".
-"Pero lo tienes de todos modos".
-"Lo sé". Sonrió amargamente. -"Y es una pesada carga que soportar".
-“¿Una carga?”. El dolor que se reflejaba en sus ojos, destrozaba su corazón.
Asintió. -"Nunca debí traerte aquí, nunca debería haberte tocado”. Acarició su mejilla, dejó que las yemas de sus dedos se deslizaran por la graciosa curva de su garganta. -"Me atormenta el amarte tanto, el saber que pronto tendré que dejarte marchar". Aspiró profundamente. –“El saber que algún día te casarás con un hombre que sea digno de tu amor y darás a luz a sus hijos".
Sakura negó con la cabeza. -"No tiene porque ser así”.
-"Ah, pero lo es, mi dulce. Tu proximidad me tienta enormemente. Está mal que te mantenga aquí, haciendo que vivas en las sombras. Necesitas vivir tal como debe ser y yo…". Miró el pulso que latía en el hueco de su garganta. -"Me he negado durante demasiado tiempo a ver lo que en realidad soy”.
-"Naruto, nos hagas esto". Acerco sus manos a su pecho, asustada por la desesperación que veía en sus ojos, por la resignación en su voz.
Ella es una mortal. Tómala. toma lo que quieres. Lo que necesitas.
Se apartó, oponiéndose al hambre que aumentaba en su interior, oponiéndose al anhelo de beber y beber y beber, hasta emborracharse con su sabor, admitiendo, por primera vez, que había estado jugando a un juego peligroso. Se había engañado a sí mismo pensando que había vencido el hambre.
Había bebido la sangre de las ovejas y se había dicho a sí mismo que todo estaba bien.
Había comprado mujeres jóvenes y las había conservado en el castillo, bebiendo de ellas mientras dormían, enviándolas de regreso cuando ya había tomado todo cuanto podían darle.
Había tomado frugales sorbos de la sangre de Sakura y se había felicitado a sí mismo por su autocontrol.
Y durante todo el tiempo se había estado engañando, diciéndose a sí mismo que ya no era un monstruo porque ya no mataba para sobrevivir.
Miró a Sakura, con ojos ardiendo a fuego lento en la oscuridad de su mente. La necesidad y el hambre rugiendo en su interior, caliente y veloz como lava ardiente. Trató de luchar contra eso, y supo que, esta vez, no sería lo suficientemente fuerte. Supo que si la tomaba ahora, la destruiría y al hacerlo, se destruiría a sí mismo también.
-“¿Mi señor? ¿Naruto? ¿Estás bien?”.
-"Necesito a Jiraiya".
-“¿Estas enfermo, mi señor?”. Miró su rostro, alarmada por el brillo febril en sus ojos, su dificultosa respiración, la línea tensa de su mandíbula.
-"Jiraiya". Contrayendo el rostro con un gesto de dolor, se meció hacia atrás en sobre sus talones, sus manos cerradas en puños con fuerza. –“¡Jiraiya!”.
Sakura clavó los ojos en él, su corazón latiendo aceleradamente con temor. Su capa se enrollaba fuertemente a su alrededor, como un capullo de terciopelo negro grueso. A la pálida luz de la luna, podía ver que el tejido ondeaba suavemente sobre su espalda y sus hombros, como si intentara confortarle.
Asustada por lo que veía, se levantó. Se giró rápidamente al oír pasos que se acercaban, dio un suspiro de alivio cuando vio a Jiraiya corriendo hacia ellos.
-“¿Qué ha ocurrido?”. Le preguntó.
Sakura negó con la cabeza. -"No lo sé".
Jiraiya miro a Naruto, luego se arrodilló a su lado.-“Vuelva a la casa, señora" dijo mientras se arremangaba la manga de su camisa. “Váyase. Ahora".
-"No". Negó con la cabeza. -"Quiero ayudarle".
Jiraiya alzó la mirada hacia ella y vio su mirada preocupada. -"Es lo que él quiere" dijo Jiraiya quedamente.
Quiso replicarle, rogarle a Naruto que recurriera a ella para ayudarle. Si necesitaba nutrición, entonces ella quería ser quien se la proveyera. Quiso gritar ante lo injusto que era todo, ante lo que él era.
-"Sa... kura. Vete". Su voz era áspera, debido al dolor que le atravesaba como finos puñales. -"Por favor vete".
-"Sí, mi señor". Se dio media vuelta y se marchó, su vista nublada por las lágrimas que ni siquiera se había dado cuenta que derramaba.
Jiraiya esperó hasta que Sakura estuvo fuera de su vista, luego acercó su antebrazo a Naruto, hizo una mueca cuando sintió el afilado mordisco de los colmillos del vampiro que perforaron su muñeca. Apretó con fuerza su puño, preguntándose, como siempre lo hacía cuando la locura invadía a su señor, si Naruto podría dejar de alimentarse antes de que fuera muy tarde.
Vislumbrado la lujuria de la sangre que ardía como un fuego infernal en los ojos del vampiro, Jiraiya se marchó dando media vuelta, sabiendo que a su señor no le gustaba que lo observara, no le gustaba que nadie le viera cuándo el hambre le vencía, cuando el barniz de humanidad se diluía bajo la poderosa necesidad, el anhelo por sobrevivir.
Era una visión que Jiraiya ya había visto con anterioridad, cuándo estuvo a punto de morir en un callejón oscuro cincuenta años atrás.
Una visión, imposible de olvidar.

Capitulo 23

Sakura se arrebujo bajo las cubiertas, escuchando el reloj dar la hora. Eran las cuatro y cuarto de la mañana, y Naruto todavía no había venido a la cama.

A medianoche, había bajado, esperando encontrarle en el estudio, pero el cuarto estaba oscuro y vacío.

Había encontrado a Jiraiya en la cocina. Sentado en la mesa, con una manta sobre sus hombros y un gran vaso de brandy en sus temblorosas manos. Sintiendo su mirada, había alzado la cabeza y luego apartado la mirada. Pero su expresión había silenciado las preguntas que pugnaban en sus labios. Era la expresión de un hombre que había vislumbrado las insondables profundidades del infierno, se había acercado lo suficiente como para sentir el calor de las llamas.

Se giró y se dirigió corriendo hacia la torre. Eso había sucedido hacía cuatro horas.

¿Dónde estaba Naruto?

Pronto amanecería.

¿Por qué no venía a la cama?

Levantándose, se envolvió una colcha alrededor de los hombros y abandonó la torre. El piso estaba frío bajo sus pies desnudos mientras bajaba por la escalera de caracol hasta el primer piso.

No había ninguna luz encendida.

Asiendo fuertemente la manta alrededor de sus hombros, fue lentamente hacia el estudio.

Supo que él estaba dentro tan pronto como puso su mano sobre el picaporte.

-“¿Mi señor?”. Abrió la puerta y miró atentamente hacia la oscuridad. –“¿Naruto?” Entró en el cuarto y cerró la puerta tras de sí. -"Sé que estas aquí adentro".

-“Regresa a la cama, Sakura".

-"Estoy sola sin ti".

-"No puedo estar contigo esta noche".

-“¿Estás enfermo?”.

Él se rió suavemente, cruelmente. -"Nunca estoy enfermo, mi dulce. Sólo estoy enfermo de mente y espíritu".

Ella dic otro paso hacia él. -"Déjame ayudarte”.

-"No hay nada que puedas hacer, Sakura".

-"Pero... "

-"Si de veras te importo tanto como dices, regresara a la cama". Aspiró bruscamente y luego soltó el aire poco a poco. -"Vete ahora, que estoy dispuesto, y soy capaz de dejarte ir".

-"Naruto, por favor... "

-"Déjame”.

Él habló con los dientes apretados fuertemente, su voz rasposa por el esfuerzo en mantener el control en su interior.

Con un grito estrangulado, se dio la vuelta y huyó del cuarto.
A la mañana siguiente su lado de la cama estaba vacío. Alarmada, se puso la bata y bajó corriendo.-“¡Jiraiya! ¡Jiraiya!”.

-“¿Sí, señora?” Salió de la cocina, visiblemente mejorado con respecto a la noche anterior.

-“¿Dónde está? No vino a la cama. El sol..." Negó con la cabeza, sus ojos agrandados ante el miedo a algo que no se atrevía ni a mencionar.

-"Está bien, señora".

-“¿Dónde está? Él no ha..." Aspiró profundamente. -¿No ha abandonado el castillo, verdad?”. No me ha abandonado. Las palabras, tácitas, parecían estar en el aire entre ellos.

-"No, señora".

Frunció el ceño.-“¿Pero si no está aquí, entonces dónde está?”.

Jiraiya vaciló un minuto, como si se preguntara si debía o no decírselo.

-"Dígamelo”.

-"Está en el sótano".

-“¡En el sótano!”.

La mirada de Jiraiya se apartó de la suya. -"A veces descansa allí".

-“¿En el sótano? ¿Pero por qué?”.

-"Me temo que eso sólo su señoría puede explicárselo".

Se dirigió hacia la puerta, pero entonces sintió la mano de Jiraiya sujetándola. -"A él no le gustará que vaya hasta allí”.

-"Soy su esposa y la señora del castillo" dijo Sakura, sorprendida por el tono imperioso de su voz. -"No permitiré malentendidos entre Naruto y yo".

Jiraiya apartó la mano de su brazo y se inclinó respetuosamente. -"Como usted guste, señora Sakura".

Le miró arrepentida, con una disculpa a punto de salir de su boca. Nunca había tratado a Jiraiya como un criado y se avergonzaba de haberlo hecho ahora.

Jiraiya negó con la cabeza. -"No necesita disculparse, mi señora". Sacó una gran vela de un cajón y la encendió para ella. -"Necesitará esto". Metió la mano en su bolsillo y sacó una gran llave de latón. -"Y esto otro".

Tomando la vela y llave, Sakura se marchó, su corazón latiendo acelerado en su pecho mientras bajaba el estrecho tramo de escaleras que conducía hasta el sótano.

Una oleada de aire frío la invadió cuando abrió la puerta. Durante un instante se paró en seco, mirando la oscuridad reinante. ¿Por qué prefería descansar allí abajo? ¿Qué es lo que encontraría allí?
Reuniendo coraje y recordándose que él era su marido, descendió los últimos escalones. Sujetando la vela en lo alto, vio varios botelleros bien surtidos, docenas de barriles y cajas, y una enorme caja cubierta de polvo.

Levantando la punta de su camisón con una mano, entro en el sótano. El aire estaba viciado, húmedo y mohoso. Las polvorientas telarañas colgaban de las paredes. El suelo era de dura tierra apisonada, y estaba frío bajo sus pies. Imágenes de peludas arañas y ratas surgieron en su mente.

Cuando llegó al extremo más alejado del cuarto, se detuvo. Y luego vio eso, una estrecha puerta de hierro a su izquierda.
Él estaba allí.

Con una temblorosa mano deslizó la llave en el cerrojo. Guardándola luego en el bolsillo de su bata, aspiró profundamente y abrió la puerta.
Reuniendo coraje, atravesó el umbral.

El cuarto estaba vacío excepto por el ataúd contra la pared al fondo. Un ataúd negro, con la tapa cerrada. Esculpido en la parte superior de la tapa había la imagen de un cuervo volando.

La bilis subió por su garganta cuando clavó los ojos en el ataúd.
¿No se supone que los vampiros deben pasar las noches dentro de un ataúd? Había preguntado ella una vez.

Y él había contestado que los encontraba estrechos y limitantes.
El terror se enroscó en su estómago como un trozo de hielo en invierno. Esto es lo que él era. Se lo había dicho de forma suficientemente explicita. Le había dejado ver su rostro desprovisto de toda humanidad. Y aun así no lo había entendido completamente, ni se lo había podido creer hasta ahora.

Con una determinación que nunca hubiese creído poseer, se forzó a sí misma a cruzar el cuarto y levantar la pesada tapa para poder ver dentro.
Estaba acostado sobre un lecho de blanco terciopelo. Su capa envuelta a su alrededor, el negro de su capa y de su pelo formaban un vívido contraste con el forro del ataúd.

Su marido. Un vampiro.

Él se movió, como si fuera consciente de su presencia, y su capa se enrosco más firmemente a su alrededor, como para protegerle.
Un gesto de dolor cruzó su cara, y luego una sola palabra murmurada salió de sus labios.

-"Sakura".

Las lágrimas afluyeron a sus ojos y bajaron por sus mejillas. Provocadas por un desgarrado sentimiento de pesar y piedad, lágrimas de compasión por la profunda angustia de su alma. Las lágrimas fluyeron abundantemente, mojando su bata, goteando encima de la capa de Naruto. Las lágrimas rehusaban detenerse. Un río de lágrimas silenciosas que temió les ahogara a ambos.

Tenía la sensación de que él sabía que estaba allí. Podía sentir sus esfuerzos en la oscuridad, peleando por salir del sueño cadavérico que le atrapaba y ella supo que ahora no podría enfrentarle.
Al momento Jiraiya estaba allí a su lado, ofreciéndole su brazo, llevándola lejos de allí.

Él se despertó cuando el sol se ocultó, las ventanas de su nariz se llenaron de su perfume. Salió del ataúd, sus manos cerradas en puños con enojo. Ella había estado aquí. No había soñado su presencia mientras yacía indefenso a oscuras, el nunca soñaba. Ella había estado allí.

¡Jiraiya! ¡Ven aquí! ¡Ahora!

Se paseaba ansiosamente por el cuarto mientras esperaba a su criado, con la certeza de lo que debía hacer, atormentándolo en su interior como si de un afilado cuchillo se tratara. Cruzó rápidamente la puerta abierta del sótano.

Jiraiya le miró con aprensión. –“¿Su Señoría?”.

-"Me voy de aquí. Esta noche".

-"Empacaré sus cosas".

-"No. No me llevo nada". Miró atentamente a Jiraiya. -"Nada".

-“Muy bien. Enseguida estaré listo".

Naruto negó con la cabeza. -"No. Quiero que te quedes aquí, con... Con ella". No podía decir su nombre en voz alta, no ahora.

-"No entiendo".

-"No soy como los demás hombres, y ya no puedo engañarme a mí mismo durante más tiempo".

-"Su Señoría, quizá si no se mantuviera tan apartado. Quizá si fuera al pueblo alguna tarde y pasara más tiempo junto a la demás gente, si les dejara tratarle. Quizá si supieran que usted es el que financia el refugio, ayudaría a ahuyentar los rumores”.

-"No. Será mejor para Sakura y para todos nosotros, si me voy". Naruto se marchó dando media vuelta, con los brazos cruzados sobre su pecho. -"Quiero que te quedes con ella mientras te necesite. Cuando ella..." Suspiró profundamente. -"Cuándo haya encontrado a otro, te reunirás conmigo".

Algún otro, pensó cruelmente. Alguien como Uchiha.

-"Sí, Su Señoría". Jiraiya se aclaró la voz. –“¿Le explicará todo esto usted mismo?”.

-"No". Naruto negó con la cabeza, despreciándose a sí mismo por su cobardía. -"Necesitaré lápiz y papel".

-"Sí, Su Señoría".

Sakura alzo la vista del libro que estaba leyendo, sonriendo impacientemente, pero no era Naruto el que había en el portal. Era Jiraiya.

-“¿Qué ocurre?”- Preguntó alarmada por la sombría expresión en el rostro de Jiraiya. –“¿Ha ocurrido algo malo?”.

Jiraiya le tendió una hoja de papel. -"Esto es para usted, señora".

-“¿Una carta?”. Se levantó mientras caía el olvidado libro de su regazo,
Cogió rápidamente la misiva de la mano de Jiraiya. Recibir una carta por la noche sólo podía indicar malas noticias.

Clavó los ojos en el papel como si nunca antes hubiera visto una carta, luego lentamente la abrió, su corazón cayó en picado cuando vio el sello de Naruto.

Con una reverencia, Jiraiya salió del cuarto.

Cruzando el cuarto, Sakura se sentó en el borde de la cama, la cama que había compartido con Naruto, y permaneció mirando en el blanco sobre, con la cabeza de un cuervo impresa con lacre rojo como la sangre.
Finalmente, con manos temblorosas rompió el sello.

Sakura

No puedo fingir más. Estos pasados seis meses contigo han sido los más felices de mi existencia. Nunca sabrás la alegría que has traído a mi existencia, pero no puedo quedarme más tiempo contigo. Tu proximidad apacigua mi alma del mismo modo que enardece la demoníaca hambre dentro de mí, un hambre que temo ya no puedo controlar.

El castillo es tuyo. Haz con él lo que quieras. Jiraiya se quedará contigo mientras le necesites. Es mi deseo que me olvides y encuentres a otro hombre. Uchiha sería un buen marido, un hombre que puede darte la clase de vida que mereces.

Perdóname por decirle esto en una carta, pero soy tan cobarde, que no puedo decírtelo personalmente por temor a que me convenzas de quedarme. Hacer eso podría poner tu vida y tu alma, en peligro, y esto es algo que nunca haría.
Sé que te recordaré siempre y te amaré hasta mi último aliento.
Siempre tuyo, Naruto

Ella clavó los ojos en las palabras, borrosas por las lágrimas, incapaz de creer que la había abandonado, que nunca le volvería a ver.

No supo cuánto tiempo estuvo sentada allí, mientras silenciosas lágrimas corrían por sus mejillas, manchando el escrito que tenía en sus manos. Se había marchado.

-“¿Señora?”.

Le costó gran esfuerzo levantar la cabeza. Jiraiya estaba esperando en el vano de la puerta, su expresión sombría, sus ojos llenos de comprensión.
-"El barón Uchiha está abajo, señora".

-"Ahora no puedo verle".

-"Me temo que él insiste".

-“Échalo”.

-"Él no se irá". Jiraiya aspiró profundamente. -"Dice que Naruto le pidió que viniera".

¡Naruto! Quizá Uchiha sabría a dónde había ido. -"Esta bien".

Se levantó, una mano sujetando fuertemente la carta. Siguió a Jiraiya por las escaleras, sin importarle que sus ojos estuvieran rojos e hinchados por las lágrimas. Estaba más allá de la vergüenza, de que le importara lo que cualquiera pudiera pensar.

Uchiha estaba en el saloncito delantero, de espaldas a la chimenea. Juró por lo bajo cuando Sakura entró, luego velozmente cruzó el cuarto y la sostuvo entre sus brazos.

Ella no se resistió, simplemente se quedó allí, desesperada como una niña perdida.

-"Sakura". Tomándola de la mano, la condujo hasta una silla cerca de la chimenea. Aun sabiendo que iba contra las normas del decoro se sentó y la depositó en su regazo, acunándola como si fuera un bebé que necesitara consuelo.

Ella se acurrucó contra de él, su cara sepultada en el hueco de su hombro.
Los amortiguados sollozos sacudieron sus delgados hombros; Sus lágrimas mojaron su abrigo. Murmurando suaves palabras de consuelo, acariciaba su espalda, maldiciendo interiormente a Naruto por su cruel abandono.

Había encontrado a Naruto en Ichiraku la noche anterior.

-"Abandono Konoha" le había dicho sin ningún preámbulo. -"Quiero que usted cuide de Sakura".

Le había costado un instante encontrar la voz para preguntarle. –“¿A dónde vais?”.

-"Eso no importa".

-“¿Cuándo volveréis?”.

-"No lo sé. Quizá nunca".

-"No lo entiendo".

Un brillo de sardónica diversión había cruzó por los ojos de Naruto. -"No se lo puedo explicar, Uchiha, pero quiero que me de su palabra de que cuidará de ella".

Sasuke se había quedado mirando los ojos de Naruto, esos azules ojos que le habían inquietado tanto durante años. No había ningún indicio de peligro acechando ahora, ninguna arrogancia, sólo un profundo dolor que no podía ocultar. -"Usted sabe que lo haré".

Naruto había inclinado la cabeza. -"Sea bueno con ella" le había dicho, y luego, con su capa ondulando a su alrededor había abandonado el cuarto.
Sasuke asombrado se había preguntado si todo eso era real.

-"Me ha abandonado”.

La voz de Sakura trajo de vuelta a Uchiha al presente. -"Lo sé".

-“¿Por qué?”. Le miró, el dolor de sus ojos le recordaba la angustia que había visto reflejada en los de Naruto.

-"No lo sé" Uchiha contestó suavemente. Sacando un pañuelo de lino de su bolsillo del abrigo, secó las lágrimas de sus mejillas.

-"Creí que me amaba”. Miró la carta todavía fuertemente apretada en su puño. -"Me dijo que me amaba”.

-"Él lo hace" dijo Uchiha. -"Estoy seguro de ello".

Le miró como si le viera por primera vez. –“¿Por qué estas aquí?”.

-"Naruto me pidió que viniera. No quería que estuvieras sola".

-“¿El te envió? ¿Tu le viste?”. La esperanza brilló en sus ojos. –“¿Cuándo? ¿Dónde? ¿Dónde está ahora?”.

-"Se ha ido, Sakura. No me dijo a donde o por qué, sólo que se iba".
Sufrió al observar como la esperanza moría en sus ojos, y la desesperación la inundaba de nuevo. Sufrió por saber que amaba otro.

-“¿Sakura, qué puedo hacer?”.

-“¿Hacer?”. Clavó sus ojos en él inexpresivamente.

Se estremeció en sus brazos cuando una nueva oleada de lágrimas inundó sus ojos. La observo llorar con impotencia, vio como las silenciosas lágrimas inundaban de nuevo sus ojos y caían por sus mejillas.
Al cabo de un rato, se desmayó contra él, y él la sostuvo, sus manos acariciando su pelo, su espalda, preguntándose si en toda su vida volviera alguna vez a sonreír de nuevo.

Escudriñando las sombras que se alzaban en el exterior, Naruto miró por la ventana, vigilando. Un dolor le atravesaba el corazón como si le hubieran clavado una estaca mientras escuchaba sus lágrimas y sabía que él era la causa.

-"Te amo, mi dulce Sakura" gimió.

Y había sido el amor lo que le había hecho marchar, escapar a través de la noche lejos de la única mujer que había amado en toda su vida.
Los días pasaron, pero Sakura apenas se daba cuenta de ello. Los pasaba caminando por el jardín, recordando las noches que había paseado a la luz de la luna con Naruto. Comió ante la insistencia de Jiraiya, aunque no tenía apetito. Tomaba largas siestas y se acostaba temprano porque solo era allí y en sueños cuando su marido venía a ella.

Uchiha iba a visitarla cada día, evidentemente preocupado ante el aspecto de sus ojos, su voz, el toque distante de su mano. No se entrometía en su pena, no le decía que no llorara ni se acongojara. Aceptaba sus deseos cuándo quería estar sola, la abrazaba cuando le pedía consuelo, enjugaba sus lágrimas cuando lloraba. Y durante todo el tiempo, esperaba a que aceptara su amor, solo rogaba que llegara un día en que le amara tan profundamente como había amado al oscuro señor del castillo.

Y algunas veces cuando lloraba, cuando el dolor en sus ojos hacía que su corazón se contrajera de angustia, sabía que con gusto aceptaría verla reunida de nuevo con Naruto si eso la hacía sonreír de nuevo.

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Deeper Than The Dark (+16) (20/07/14) (Cap 24 y 25

Mensaje por Dyna el Lun Jul 21, 2014 1:50 am

Capitulo 24

Cazaba entre las sombras de la noche, desahogando su furia y su pena en el derramamiento sin control de sangre inocente. Acechaba su presa implacablemente, alimentándose de su miedo, dejando que su presa viera lo que era, dejándole ver el deseo de matar en sus ojos, sonriendo mientras dejaba al descubierto sus colmillos. Sufría, como nunca lo había hecho durante los cuatro siglos de su existencia, y quería lanzar un golpe tras otro, esperando que al infligir dolor en los otros, poder aliviar él suyo propio.

Cazó presas como no lo había hecho desde que fue hecho Vampiro, cazó hasta que el aroma a sangre y miedo se pegó a su piel, a su ropa, se infiltró en cada uno de sus poros.

Había olvidado cuan embriagador era, beber y beber y beber, hasta que se saciaba de la sangre, de la vida, hasta que su corazón latía al mismo ritmo que la desafortunada alma en su abrazo, hasta que su cuerpo se alzaba pletórico por la fuerza vital del otro. Ah, el beber hasta no poder más, beber la vida de alguien, sus esperanzas y sus sueños y sus memorias, su mismo ser.

Se negaba a considerar los principios morales de ello. ¿Qué necesidad tenía él de tener principios morales? No era humano, era un Vampiro, una raza aparte. Las leyes de los hombres no significaron nada para él. Los hombres apresaban y mataban animales indefensos para alimentarse. Los vampiros hacían de los hombres sus victimas. Nadie hacía presa del Vampiro.

Durante demasiado tiempo había intentado negar lo que era, negar la necesidad que ardía en su interior, negar el exquisito placer que sólo podía obtener al beber la sangre de los mortales. Cuan cercano se sentía a todos aquellos que cazaba cuando los acunaba en su abrazo oscuro. Qué agradecido se sentía por la fuerte oleada de energía que fluía por sus venas, llenándolo de vitalidad, haciéndolo sentir de nuevo como un vampiro joven, recién hecho.

Y a pesar de que bebía hasta saciarse, nunca agotaba a sus víctimas hasta el extremo de la muerte. Aunque era fuerte su sed, no podía hacerlo. Sakura tenía la culpa. Ella podría entender su necesidad de sangre; pero nunca aprobaría el que tomara una vida. Y aunque nunca la volviera a ver, no podía ser peor de lo que ella creía que era.

Se deleitaba en la oscuridad que lo inundaba, todos sus sentidos alertas, sonidos de la noche que los mortales nunca oían, la suave salpicadura de una gota de lluvia cayendo sobre la hierba húmeda por el rocío, el sonido de un ratón andando sigilosamente entre las sombras. Veía la belleza escondida en la oscuridad de la noche, las sombras y formas cambiantes de un mundo dormido.

Durante semanas, vagó por las sombras de la noche, una figura obsesiva silenciosa haciendo presa de cualquiera lo suficientemente incauto como para cruzarse su camino.

Ahora estaba cazando. Nubes oscuras cubrían la luna y las estrellas, prometiendo lluvia antes del amanecer. Había poca gente en las calles, una pareja de ancianos dirigiéndose a su casa, un padre y un hijo parados en un portal, una joven pareja caminando de la mano, mirándose fijamente a los ojos ignorantes de la tormenta que se avecina.
Y entonces vio una joven que bajaba corriendo por una oscura calle, su pelo ondeando al viento, los tacones de sus zapatos golpeando los guijarros.

Voló con las alas de la noche, silencioso como un búho acechando su presa, hasta que estuvo a su lado su mano tapando el grito que se escapaba de su boca.

El aroma de su miedo se entremezclaba con el de su esencia misma. Podía oír los frenéticos latidos de su corazón, oír como la sangre fluya a través de sus venas.

Se dobló sobre ella, su capa envolviéndolos, como las alas de un gran pájaro negro. Y entonces vio sus ojos. Ojos verdes llenos de un indecible terror. Verdes como los de Sakura...

Con un juramento, se apartó, sacudido en lo más profundo de su ser. Se vio tal como Sakura le vería, no mejor que un monstruo enmascarado en forma humana, una bestia salvaje incapaz de controlar el anhelo horrible de su interior.

Lleno de vergüenza y odiándose a sí mismo, borró su memoria de la mente de la joven, luego desapareció de su vista como si fuera un borrón de terciopelo negro.

Después de esa noche ya no cazó a ningún humano más. Se refugió en una cripta llena de un pestilente olor a carne putrefacta y flores secas. Acurrucado en un rincón, con la capa envolviéndolo permaneció mirando fijamente la oscuridad.

Era un Vampiro. Un no muerto. Estaba en donde pertenecía.

Los días pasaron en un sueño sin discernimiento, las noches parecían más largas de lo que recordaba. Las noches cuando el hambre ardía en sus venas, cuando desgarraba sus órganos vitales, cuando, buscando alivio, cortaba profundamente su carne buscando nutrición.

En el mundo exterior, el tiempo seguía su curso. Las estaciones pasaban una tras otra. Los mortales nacían y morían. Pero él siempre permanecía igual.

El dolor se convirtió en su constante compañero, dañándolo en su interior, urgiéndolo a salir a cazar. Los fantasmas surgían a su lado en la tumba con agudos gritos de dolor que desgarraban su alma, sus rostros distorsionadlas por el miedo cuando miraban sus ojos y solo veían la muerte en ellos. Muchos fantasmas vinieron a atormentarle, con sus ojos vacíos llenos de acusación. ¿Realmente había matado a tantos en tiempos pasados?

Sus rostros hacía mucho tiempo que habían sido olvidados, todos menos el del primer mortal que había matado. Entonces era un vampiro joven dominado por el hambre aguda que le urgía ser saciada, ignorante del modo de existir de los de su clase. Había encontrado a la mujer caminando apresuradamente por una calle oscura. Ella había notado su presencia mucho antes de que su mano se cerrada alrededor de su brazo. Nunca olvidaría el horror que vio en sus ojos, o el sonido de su voz, desesperada por el miedo cuando le rogaba por su vida. Él no había querido lastimarla, no había querido matarla, pero el hambre le había dominado, produciéndole un dolor insoportable. Torpe en su prisa, sus colmillos se habían clavado en la carne blanda de su garganta. Su sangre había fluido a chorros hacia su boca, caliente con vida. Y junto con la sangre, había saboreado una de sus lágrimas. Horrorizado y avergonzado, había depositado su cuerpo en el suelo. La expresión de sus ojos le había atormentado durante más de un siglo.

Se envolvió mas fuertemente entre los pliegues de su capa, buscando escapar, buscando paz. Maldijo el hambre que carcomía sus órganos como si estuvieran ardiendo bajo las llamas del mismo infierno, se maldijo por lo que él era, maldijo a Sakura por hechizarle, para darle a saborear lo que nunca podría tener. Y, por encima de todo, maldijo a la vampiresa que lo había convertido... Kotoko

¡Kotoko!

Durante todos estos años, ella se había mantenido apartada, pero siempre próxima. A menudo había notado su presencia pero como todos los vampiros, ella era desconfiada con otros de su clase. Nunca le había buscado, ni él tampoco había ido a buscarla, pero en los primeros días después de que él había sido hecho, a menudo había pensado en encontrarla, en destruirla por lo que le había hecho. Kotoko le había transformado en lo que era; Si había alguna cura, entonces ella la conocería. En caso de que no la hubiera, buscaría su destrucción en manos de la que le había transformado.

Mascullando un juramento, cerró sus ojos y envió sus pensamientos a la noche.

-"Naruto". Kotoko sonrió precavidamente, gratamente sorprendida al encontrarlo esperándola en su saloncito después de levantarse. –“¿Qué es lo que te trae por aquí?”.

Sintió una ondulación en el aire mientras ella reunía todo su poder. -"No quiero hacerte daño".

Cruzando el cuarto, cogió sus manos. Ella era el vampiro más viejo que conocía, pero se veía exactamente igual que la última vez que la había visto, su lustroso pelo negro recogido en gruesos mechones rizados sobre su cabeza, su mirada oscura como negras piscinas de ébano bajo gruesas pestañas, su piel pálida como el alabastro, con una resplandeciente translucidez.

-"Siempre tan bella" murmuró.

-"Como tu" ella contestó. Alzó una pálida mano hasta su pelo, alisándolo por encima de su frente. -¿Pero por otro lado, nosotros nunca cambiamos, verdad?”.

-"No" dijo él secamente. -"Nunca".

-" Pero sin embargo... estas muy delgado, mon petit. ¿Qué te ha ocurrido?”.

-"Nada". Soltó sus manos rápidamente, y metió las suyas en los bolsillos de sus pantalones. -"Quiero saber si hay una cura para lo que somos".

-“¿Una cura?”. Alzó una delicada ceja en signo interrogante. -"Haces que esto parezca una atroz enfermedad".

-"Es una maldición y quiero liberarme de ella".

Kotoko frunció el ceño. –“¿Para qué? Te ves suficientemente próspero, si exceptuamos esa pequeña cuestión de tu alimentación". Sus ojos se estrecharon. –“¿No te has alimentado recientemente?”.

-"Ese no es un asunto de tu incumbencia" dijo agudamente. Aspiró profundamente. -"Dime" dijo. –“¿Hay alguna forma de acabar con esto?”.

“¿Quizás un paseo a la luz del sol?”. Ella sugirió, con el asomo de una sonrisa bordeando sus labios.

-"No juegues conmigo, Kotoko. Quiero una respuesta".

-"No sé de ninguna cura".

Sus manos se cerraron en apretados puños mientras ella hablaba. -"Entonces quiero que me destruyas”.

Ella pasó un dedo sobre su mejilla. –“¿Realmente ha llegado a ser tan desagradable la vida?”

-"Ya no puedo soportar lo que soy. Me ha costado demasiado".

Ella le estudió con una directa mirada y luego sonrió. -"Te has enamorado de una mortal".

No era una pregunta, sino una afirmación sin ninguna aprobación ni condena.

Él no se molestó en negarlo. -"Sí".

-"No hay necesidad de acabar con tu existencia, Naruto. Simplemente transfórmala".

-"No".

-“¿Abandonarías la inmortalidad por esa mujer?”.

-"No te burles de mí, Kotoko. ¿Tu nunca has estado enamorada?”.

-"Me dejas asombrada, Naruto. No creía que nuestra especie fuese capaz de sentir nada semejante a una emoción humana".

-"Ojala fuera eso cierto”. Pasó una mano por su pelo. -"Ya no puedo soportarlo más. Quiero que acabes conmigo. Ahora".

-“¿En vez de eso, por que no te quedas aquí conmigo?”. Le sugirió. -"Podríamos cazar juntos". Puso las manos sobre su pecho y le contempló con ojos ardientes y oscuros. Sus manos se deslizaron tentadoramente hasta su cintura. -"Y juguetear juntos".

El apartó lenta y deliberadamente sus manos de su cuerpo. -"No vine aquí a buscar un compañero de caza ni de cama, sólo una forma de acabar con lo que soy".

Clavó los ojos en ella, observando la diversidad de emociones que cruzaron por su rostro, la decepción porque él no cazaría por la noche con ella, enojo porque había despreciado su afecto y una pizca de confusión porque no podía entender su deseo por acabar con su existencia.

Y también la lujuria por la sangre aumentando en sus ojos, superando todas las otras emociones. Sus labios se retrajeron con una fiera sonrisa, exponiendo sus colmillos.

Pensó en un repentino instante de temor y arrepentimiento, que nunca volvería a ver a Sakura, y luego mostró su garganta, preguntándose como sería sentir los dientes de Kotoko rasgando su carne de nuevo después de tantos años.

-“¡No!” Sakura se despertó gritando. –“¡Naruto, no lo hagas!”.

Un instante después Jiraiya irrumpió en el cuarto con una vela enfocando el rostro de Sakura. En estas últimas semanas, desde que Naruto la había abandonado había perdido mucho peso. Tenía sombras oscuras bajo los ojos, ojos llenos de tristeza. Jiraiya temía por su salud, pero nada de lo que él ni Uchiha hicieran o dijeran, había podido apaciguar su pena.

-“¿Qué ocurre?”. Le preguntó, escudriñando las sombras del cuarto, buscando la causa de sus gritos.

-“Naruto..." Le miró con grandes ojos aterrorizados. -"Él está en peligro”.

Jiraiya depositó el candelabro sobre la mesa al lado de la cama. –“Ha sido solo una pesadilla, señora".

-"No". Negó con la cabeza. -"No, era real”.

-"No es nada. Estoy seguro de que él está bien".

-"No". Negó con la cabeza otra vez. –“¿No puedes sentirlo?”

-“¿Sentir el qué?”.

-"Él quiere morir". Gritó el nombre de Naruto en voz alta. -"No viviré sin él". Se quedo mirando la noche con ojos vacíos, sus puños cerrados fuertemente. –“¡Me has oído Naruto, no viviré sin ti!”.

Sollozó su nombre una vez más y luego se desmayó sobre la cama.

-"Señora". Jiraiya se acercó asustado por la falta repentina de color en su cara, la palidez de su piel. La sacudió ligeramente, la sacudió de nuevo al no obtener respuesta. –“¡Sakura!”.

Tembló cuando una fría brisa barrió el cuarto y supo en su corazón, que ella tenía razón. Naruto trataba de acabar con su existencia.
Y Sakura iba a encontrarse con él.

-"Aquí no" dijo Kotoko. Pasó sus largas uñas a lo largo de su cuello. -"Ven".

Él siguió a Kotoko hasta su guarida, se tendió en el sofá de terciopelo rojo que era el único adorno del cuarto exceptuando el ataúd de caoba pulida.

Kotoko se sentó a su lado, sus colmillos al descubierto, respirando con dificultad y anticipación. Bebería su sangre, reduciéndola drásticamente hasta el extremo de su muerte, y al hacerlo obtendría la fuerza que él había acumulado durante los últimos cuatro siglos. Y cuando estuviera demasiado débil para poder resistírsele le llevaría afuera y lo dejaría allí. El sol haría el resto, consumiendo con llamas cualquier prueba de que él hubiera existido jamás.

Él se quedó mirando fijamente a Kotoko. Sus ojos negros ardían con hambre. Su capa se ciño más cuando sintió la mano de Kotoko sobre su pelo, acariciándolo ligeramente e imaginó que era otra mano, la mano de Sakura.

Sakura... Sakura...

Notó el suave aleteo del aliento de Kotoko contra su mejilla, sintió sus labios, fríos como un viento de invierno, cuando lo besaron. Fríos pensó, cuando los de Sakura siempre habían sido tan cálidos.
Se sobresaltó cuando las manos de Kotoko se cerraron sobre sus hombros, inmovilizándolo. Se había olvidado de lo fuerte que era ella.

Sakura... Sakura...

-"Hazlo" dijo cerrado sus ojos.

Aguantó el temor que se alzó en su interior cuando sintió el pinchazo de los colmillos de Kotoko en su garganta. Hubo un dolor punzante, la sensación de la sangre siendo extraída de su cuerpo. Se forzó a relajarse. Esto era lo que quería, un fin para su miserable existencia, el dulce olvido de la eternidad.

Sintió como se hundía en un remolino de niebla roja, como se iba debilitando más y más. La oscuridad le iba envolviendo placenteramente y agradeció el que ella hubiera decidido ser amable y no cruel.
Era justo, que él encontrara el olvido en los brazos de quien le había hecho lo que era.

Pequeños temblores atravesaron su cuerpo. El frío le devoró. Sakura... Sakura... Nunca la vería de nuevo, nunca volvería a sentir su calor, ni a verla sonreír. Empezó a luchar contra del instinto de conservación que quería asumir el control de su cuerpo. Sintió que las manos de Kotoko se cerraban fuertemente sobre sus hombros cuando trató de escapar de su agarre, sintió su capa envolviéndose más a su alrededor, acunándolo y supo que el fin estaba cercano.

¡Naruto! ¡Naruto! No viviré sin ti. Su voz, se abrió paso en su mente, gritando. Naruto, regresa a mí.

Trató de abrir sus ojos, trató de abrirse paso a la fuerza a través de las capas de sofocante oscuridad que le arrastraban hacia la eternidad, pero carecía de la fuerza suficiente. Sus latidos eran lentos y pesados en su pecho. Desde lejos, oyó voz de Kotoko.

-"Espero que al otro lado encuentres la paz que buscas".

Quiso hablar con ella, decirle que había cambiado de opinión, que Sakura le necesitaba, pero estaba exánime, indefenso. Tuvo la sensación de estar en movimiento y supo que Kotoko le llevaba afuera. Le llevó sin esfuerzo alguno, trasladándose a velocidad sobrenatural a través de las oscuras calles.

Sintió el viento frió en su rostro como la misma muerte, mientras ella le llevaba lejos de su casa, fuera de la ciudad, a un cementerio abandonado hacía mucho tiempo. El sol le encontraría allí, le encontraría y le destruiría, no dejando ninguna huella.

Se dio cuenta de que Kotoko se agachaba sobre el, sintió el roce de sus labios por última vez. Pudo oír el sonido de sus pasos cuando se giró y se alejó dejándolo solo en la quietud de la noche, para encontrar el amanecer en soledad.

Sakura...

Flotaba ingrávido, indefenso, en un mar de oscuridad que no tenía ni principio ni fin. El perfume de la tierra húmeda invadía las ventanas de su nariz, recordándole la esencia de la vida, todo aquello que ahora estaba perdido para siempre.

¡Naruto! Vuelve a mí… No viviré sin ti...

La voz de Sakura hizo eco en su mente, repetidas veces, llenando su alma de un profundo arrepentimiento al comprender que al tratar de acabar con su vida, le había fallado.

Las horas pasaron. Empezó a temblar incontrolablemente. Se enrosco sobre sí mismo, envolviéndose más apretadamente en su capa. La voz de Sakura martillada en su cabeza, rogándole que no la abandonara.

Naruto, no me dejes... Por favor... Vuelve a mí…

Los latidos de su corazón retumbaban en su mente, haciéndose cada vez más débiles, hasta que latieron a su mismo ritmo y supo que cuando la muerte le llegara, también le llegaría a ella.

Sakura... Sakura... -"Perdóname... "


Capitulo 25

Durante un tiempo, pareció como si ella fuera a recobrarse. Su apetito había aumentado. Se levantaba de la cama durante periodos de tiempo cada vez más largos; Le pidió a Uchiha que la acompañara hasta el laberinto donde pasaba horas contemplando los rosales, y las estatuas del cuervo y el lobo.

Allí parecía que se sentía en paz y durante un tiempo, Uchiha creyó que ella había aceptado el hecho de que Naruto se había ido. Ahora, pensaba, ahora vendrá a mí y podemos empezar nuestra vida juntos.

Pero no fue así.

Sin razón aparente, y repentinamente empezó a debilitarse cada vez más. A medida que pasaban los días cada vez estaba más débil. Su madre y sus hermanas vinieron a verla, le traían dulces que tentaran su apetito, haciéndole te caliente, sonriendo sin ganas mientras le contaban noticias sobre el embarazo de Tenten, esperando que el pensar en una nueva vida la sacaría de las profundidades de su desesperación.

Pero todo fue en vano. Ella los miraba con ojos sin vida al mismo tiempo que les aseguraba que pronto estaría mejor.

Uchiha llamó a su médico, pero el hombre sólo negó con la cabeza, afirmando que su mal no era físico.

Tsunade llamó al sacerdote, quien primero puso una mano sobre la cabeza de Sakura, y luego se apartó prometiendo que encendería una vela y rogaría por el bienestar de su alma.

-"Ella desea morir". Tsunade se levantó del lado de la cama de su hija, mirando fijamente su pálido rostro.

Uchiha asintió. -"Me temo que tiene usted razón, señora". Maldijo suavemente, preguntándose si cuando Naruto la abandonó había previsto que esto ocurriría.

-"Todo es por culpa de ese monstruo," dijo Tsunade cruelmente. -"Le ha echado una maldición.

Uchiha iba a empezar a objetar algo. No creía en la magia fuera blanca o negra. Pero pensó en todos los rumores que había oído acerca de Naruto, las habladurías, las especulaciones. Alguna vez, se había reído de todo eso no haciéndoles caso. No había seres monstruosos acechando en la noche, bebiendo la sangre de otros. Pero entonces miró el pálido rostro de Sakura en el oscuro cuarto, con sombras bajo sus ojos, sus mejillas hundidas y se preguntó si después de todo no podrían ser ciertos todos esos rumores.

Se sentó sobre su cama, sujetando su mano, mientras Tsunade Senju urgía a su hija para que tomara un poco de té, sintió como su odio aumentaba hasta convertirse en algo con vida propia cuando vio el vació en la una vez brillante mirada de Sakura. La oyó susurrar el nombre de Naruto, con voz apenas audible, antes de que cayera desplomada sobre las almohadas.

Reprimiendo un sollozo, Tsunade se volvió de espaldas a la cama. Jiraiya se materializó entre las sombras. Durante un momento, la observó llorar y luego, necesitando consolarla, se adelanto para abrazarla. Por un instante se quedo rígida entre sus brazos, pero luego se hundió en ellos desconsolada. Sintiéndose un poco avergonzado, le acarició el pelo y limpio las lagrimas de su rostro.

Uchiha sintió un nudo en su garganta cuando escuchó a Tsunade Senju llorando por su hija.

Se llevó la mano de Sakura a los labios y le besó palma, temiendo en lo más profundo en su corazón, que ella nunca se recuperara.

-"Maldito seas Naruto" masculló. -"Espero que tu alma arda en el mismísimo infierno”.

Él se despertó cuando el sol se ocultó. Quedándose mirando la oscuridad de la cripta, recordó cómo había salido a buscar su muerte y cuando casi ya lo había conseguido, había descubierto que quería vivir.

Había estado gravitando al borde de la muerte su piel empezando a ponerse rígida. Próximo a la eternidad, había sentido el nuevo amanecer, había oído la voz de Sakura, cada vez más débil, haciendo eco en su mente, rogándole que no la abandonara y había sabido que, si moría, ella también lo haría. Y era una carga demasiado pesada para soportar. Había estado preparado para acabar con su vida, pero no podía acabar con la de ella, no cuando ella apenas había empezado a vivir.

Con una fuerza de voluntad que creía no poseer, se había arrastrado hasta la cripta en la cual ahora yacía. La puerta estaba parcialmente abierta y había pasado con dificultad a través de la estrecha rendija. Los goznes oxidados habían rechinado ruidosamente, gritando como un alma atormentada, mientras arrastraba la puerta para cerrarla por dentro y luego al respirar las ventanas de nariz se llenaron de un mohoso olor a muerte, había gateado hasta una esquina y había caído en un sueño profundo.

¿Cuántas veces habría salido el sol desde que se había refugiado aquí?, Se preguntó. ¿Diez? ¿Veinte? Había perdido la cuenta.

Su estómago rugió hambriento cuando vio los pequeños cuerpos peludos de ratas y ratones que yacían esparcidos en el suelo de la tumba. Su sangre, con lo repulsiva que pudiera ser, le había mantenido vivo, eso y su necesidad en continuo aumento por ver a Sakura de nuevo.

Ella se estaba muriendo. Podía sentirlo, su vitalidad perdiéndose junto con su voluntad por vivir, y supo que él era el culpable. Estaban vinculados por la sangre que compartían. Pero, a diferencia de él, ella estaba sometida a la debilidad de la carne.

Sarutobi, ayúdame...

Cerró sus ojos, y vio la imagen del Vampiro en su mente. Sarutobi. Delgado, con pelo café, sus ojos color café oscuro llenos de la sabiduría que da la edad.

Naruto sonrió débilmente. Sarutobi no se parecía en absoluto a lo que uno se espera debe ser un Vampiro. Un hombre tranquilo, con una fina barba y rasgos distinguidos. Un hombre que sabía lo que era y lo aceptaba.

Ser Vampiro no es para los débiles, le había dicho Sarutobi una vez. La eternidad puede ser muy aburrida si uno no conserva su buen humor. Debes mantenerte al mismo paso que el mundo, o te querrás anclado en el pasado. Puedes ser un monstruo, beberte toda la sangre y quitar la vida de otros, o no. La elección depende de ti... .

Con un esfuerzo, se levantó, pasó una mano por su pelo, sujetó su capa alrededor de sus hombros.

Esta noche, por primera vez desde que había buscado la muerte, cazaría por las calles de la ciudad. Y luego volvería a ella y le rogaría su perdón.
Si no llegaba demasiado tarde.

CAPÍTULO 26


Las torres del Castillo se alzaban amenazadoras ante él, cubiertas como siempre con una espesa capa de niebla gris. Oscuras nubes se deslizaban en el cielo, prometiendo tormenta antes de que la noche llegara a su fin.

Durante un momento, descansó entre las grises sombras. Antes había cazado por las calles del pueblo, pero había sido en vano. Por primera vez en cuatrocientos años, sus poderes le habían fallado. Desesperado por conseguir alimento, se había nutrido de una cabra flaca y huesuda que había encontrado atada detrás de una de las casas de campo.

Demasiado débil para usar sus poderes sobrenaturales, había ido andando a paso lento por la carretera sinuosa hasta la cima de la montaña Hokage, cuando llegó a la cima apenas le quedaba nada de la poca fuerza obtenido al beber de la cabra.

Cerrando sus ojos, apoyó la cabeza contra la húmeda pared de piedra del castillo. Por un momento, pensó en salir de nuevo al campo y matar algunas ovejas, pero el deseo de ver a Sakura, cerciorarse de que todavía vivía, era mayor que su hambre.

Apartándose de la pared, subió las escaleras hasta la puerta del castillo. La puerta se abrió al golpearla.

Entró en el oscuro vestíbulo, sus sentidos buscando en los cuartos. Jiraiya estaba en la cocina. Sakura estaba arriba. Aspiró un profundo aliento y su perfume lo envolvió con una sensación confortable y familiar, al igual que hacían los pliegues de su capa.

Y luego oyó las voces. De Uchiha. De Tsunade. La voz de un hombre que no reconoció.

Caminando silenciosamente, subió las escaleras pasando por el corredor tenuemente iluminado hasta la habitación que Sakura había usado antes de mudarse a su cuarto de la torre.

Se paró ante la puerta. Se sintió decepcionado, al ver que ella ya no dormía en su cama en el cuarto de la torre, y al mismo tiempo agradecido de que no hubiera revelado su lugar de descanso a los demás.

-"No va a mejorar". Era la voz de Uchiha, llena de una fría desesperación.

-"Quizá deberíamos llevarla al hospital de Tokio". La voz de Tsunade estaba enronquecida por las lágrimas.

-"No pueden hacer más por ella allí, de lo que nosotros estamos haciendo aquí" dijo el desconocido. -"Podría ser peligroso moverla, especialmente con la tormenta al caer. Si no está mejor por la mañana, la sangraré de nuevo".

¡Desangrarla! Mascullando un juramento, Naruto puso su mano en el pomo y abrió la puerta.

Las conversaciones terminaron abruptamente al entrar en la cámara. De un simple vistazo se hizo cargo de la situación: Tsunade Senju de pie a un lado de la cama, pasaba el rosario con gesto preocupado; Uchiha y otro hombre que Naruto asumió debía ser el médico estaban a los pies de la cama.

Naruto cruzó la habitación, su atención enfocada en Sakura. El hedor a ajo, con el que se creía ahuyentaba a los malos espíritus, inundó las ventanas de su nariz mientras se acercaba a la cama. Se creía que también ahuyentaba a los vampiros, pero pensó que nada podría alejarle de su lado.

Ella yacía como si ya estuviera muerta, su rostro tan pálido como la almohada en la que reposaba. Su pelo esparcido sobre la almohada. Había sombras púrpuras bajo sus ojos; Sus mejillas estaban hundidas. Un fuerte olor a sangre se desprendía de un tazón que había sobre la mesa al lado de la cama. La sangre de Sakura, todavía caliente. Su estómago rugió dolorosamente cuando el hambre aumento en su interior.

-“¡Es él!”. Tsunade exclamó, con voz llenó de repulsa. -"Es el quien le ha hecho esto".

El médico colocó su mano sobre el hombro de Tsunade. -"Señora Senju... "

-“¡Brujo!”. Apartó la mano del doctor de su hombro e hizo el signo de la cruz para prevenir el mal. –“¡Hijo del demonio! ¡Sal fuera de aquí!”.

Demasiado tarde, Naruto se dio cuenta de que Uchiha se había colocado detrás de él. Al intentar girarse, sintió un fuerte golpe sobre su cabeza cuando Sasuke le golpeó con el atizador de la chimenea. Gruñó mientras caía de rodillas.

Uchiha lo golpeó de nuevo con el atizador, tirándolo al suelo y forcejeando logró inmovilizarlo con la ayuda del doctor.

Sabiendo que era inútil, Naruto luchó contra el Uchiha que lo sujetaba. Con una fiera mueca en sus labios, maldijo salvajemente cuando su vista comenzó a empañarse, hasta que no hubo más que oscuridad, una oscuridad interminable que le llevaba a la inconsciencia.

Despertó en una profunda oscuridad como una tumba. Durante un momento, no supo dónde estaba y luego se dio cuenta de que era su ataúd. El sentimiento de alivio fue rápidamente seguido por un profundo miedo cuando trató de levantar la tapa y no pudo. Empujó la tapa de nuevo, con el pánico dándole más fuerza, pero la tapa permaneció fuertemente cerrada. Arrugó su nariz ante el fuerte olor a ajo.

¡Jiraiya! ¡Ven a mí!

Cuanto lo siento, Su Señoría, pero no puedo.

Explícate.

Saben lo que es usted. Durante su enfermedad, Lady Sakura sufrió una fiebre muy alta. Mientras estuvo inconsciente, habló de usted, de lo que usted es. Traté de decirles que eso era absurdo, delirios de una mente febril, pero la señora Senju la creyó. Quiere destruirlo cuando llegue la mañana.

¿Y Uchiha?

Naruto maldijo interiormente, recordando cómo Sasuke le había golpeado con el atizador de la chimenea.

No parece que este demasiado convencido de ello.

¿Sakura? Háblame de Sakura.

No le han dicho nada de su regreso, Su Señoría.

¿Está Uchiha, contigo?

Sí, Su Señoría.

Debes convencerle para que me suelte. Dile que Sakura morirá sin mi ayuda.

Lo intentaré, Su Señoría. ¿Está usted bien?

Naruto gruñó suavemente. Necesito alimentarme un poco, contestó, pensando que ese era seguramente el eufemismo más grande de todos los tiempos.

Cortó la aligación entre ellos, después cerró los ojos. Suspiró profundamente varias veces, tratando de reprimir el pánico que aumentaba en su interior. Nunca le habían gustado los lugares oscuros y pequeños; Era una de las razones por las que nunca descansaba en su ataúd. El pensar que podría estar atrapado para siempre dentro de él, le llenaba de terror, pero después sonrió con arrepentimiento, si Tsunade Senju se salía con la suya, entonces lo de para siempre acabaría con la llegada de amanecer por la mañana.

Sus ojos se abrieron de golpe cuando oyó el sonido de pasos que se acercaban mientras bajaban por las escaleras del sótano. ¡Uchiha! Hubo una pausa ante la puerta, y el crujir de la madera contra la piedra cuando puerta se corrió quedando abierta.

-“¿Naruto, me puedes oír?

-"Te oigo”.

-“¿Entonces es verdad?”.

-“¿Tu que crees?”.

-"Creo que esto explicaría muchas cosas" dijo Sasuke concisamente.

-"Debes dejarme salir”.

-"Creo que no”.

-"Vamos, Sasuke, en verdad no puedes creer que sea un vampiro".

Naruto apretó sus puños en un esfuerzo al intentar que su voz sonara tranquila. -"Seguramente, si fuera el monstruo que crees, entonces nada que lo que tu pudieras hacer me detendría”.

-"Nunca te he visto comer" dijo Uchiha. -"Nunca te he visto a la luz del día".

-"Lo puedo explicar fácilmente".

-"¿Y esto...?" Uchiha se estremeció mientras clavó sus ojos en la negra y brillante superficie del ataúd, con el cuervo a tamaño natural esculpido en la madera. ¿Era su imaginación, o eran los ojos del pájaro que le seguían? –“¿Me puede también explicar fácilmente lo de este ataúd?”.

-"Debes liberarme, Uchiha. Sakura me necesita".

-"El doctor dice que se está muriendo.” La voz de Sasuke vaciló en la última palabra. -"Que ha perdido las ganas de vivir".

-"Yo la puedo ayudar" dijo Naruto con voz llena de desesperación. -"Pero debes dejarme salir de aquí. Ahora".

-“¿Cómo?” Sasuke preguntó. –“¿Cómo la puedes ayudar cuando el médico dice que está desahuciada?”.

Naruto maldijo la debilidad que le quitaba sus poderes. Si estuviese lo suficientemente fuerte, fácilmente podría haber dominado la voluntad de Uchiha a la suya. Pero en primer lugar si él hubiera estado lo suficientemente fuerte, el hombre no le habría derrotado en la lucha anterior.

-"Sasuke, debes soltarme antes de que sea demasiado tarde. Antes de que el sol se alce en el horizonte. Antes de que Tsunade Senju venga a por mi cabeza. –“Escúchame," dijo, conservando la calma. -"Hace años que me conoces. Has hablado con Sakura muchas veces. ¿Se ha quejado alguna vez de mí? ¿Me ha acusado de maltratarla? ¿He dicho o hecho en toda mi vida cualquier cosa para hacerte pensar que la dañaría a ella o a cualquier otra persona?”.

-"No" Sasuke contestó lentamente. -"Ella siempre te ha alabado”.

-"Ella me necesita" dijo Naruto incapaz ya de ocultar más la urgencia en su voz. -"Necesita saber que estoy aquí".

Se tensó cuando oyó a Uchiha cruzar la habitación, vacilando con cada paso que daba.

-"Nadie más puede ayudarla" dijo Naruto. -"Por favor, te lo ruego. Debes dejarme salir de aquí antes de que sea muy tarde".

Contuvo el aliento cuando sintió la mano de Uchiha sobre la tapa de su ataúd. Sí, pensó. ¡Hazlo, maldita sea!

Sasuke se quedó mirando fijamente el ataúd. Era un hombre instruido. No había lugar en sus pensamientos para nada que no pudiera ser explicado por los hechos o por la lógica. Nunca había creído en las habladurías que corrían por el pueblo sobre vampiros, nunca había creído ni en fantasmas ni en duendes. En algunas ocasiones, había sentido escalofríos al mirar directamente los ojos de Naruto, una sensación de poder controlado, de peligro esperando ser desatado. Pero eso no tenía nada que ver con que Naruto fuera un monstruo y todo con el hecho de que el señor del castillo fuera un hombre rico, poderoso, confiado y arrogante.

Sasuke tomó un aliento profundo, deseoso de arriesgar su seguridad, si con ello había alguna oportunidad de salvar la vida de Sakura.

-"Quiero tu palabra, Naruto, júrame que no le harás daño”.

-"La tienes”.

-"O cualquier otra cosa”.

Naruto vaciló sólo un momento. –“Te doy mi palabra”. Esperó, abriendo y cerrando las manos nerviosamente mientras Uchiha tomaba una decisión.
Después de unos minutos que parecieron horas, oyó el ruido inconfundible de pesadas cadenas arrastrándose y el crujido de los clavos al arrancarlos de la madera.

Habían sellado bien su lugar de descanso, Naruto filosofó. Habían enrollado el ataúd con pesadas cadenas, luego habían clavado la tapa sellándola con clavos de plata, sin duda. Él sonrió torcidamente.

¿También lo habían rociado con agua sagrada?

Naruto entrecerró los ojos ante el brillante resplandor de una vela al levantar Uchiha la tapa.

Sasuke juró suavemente, cruzándose frente a Naruto cuando este se levantó.

Sintiéndose como si hubiera sido rescatado del mismo infierno, Naruto salió del ataúd.

Gruñó suavemente cuando el olor a ajo llenó sus ventanas de nariz. Mirando hacia abajo, vio el suelo lleno de ellos.

Sasuke Uchiha se apartó, sintiendo cómo el color abandonaba su rostro cuando los profundos ojos azules de Naruto encontraron su mirada.

-"Es verdad" exclamó Uchiha, su mano cerrándose alrededor del martillo.-“Todo es verdad".

-"Ciertamente" convino Naruto. Miró la gruesa cruz de oro colgando alrededor del cuello de Uchiha. -"Eso no te protegerá”.

-"Me diste tu palabra”.

-"Así lo hice". Naruto pasó su capa alrededor de sus hombros, luego se acercó amenazante a Uchiha. Podía oír la sangre fluyendo en las venas del hombre, oír los rápidos latidos de su corazón.

Aspiró profundamente, oliendo el aroma de la sangre, despertándose su hambre.

Uchiha se apartó hacia atrás hasta que rozó la pared. -"Me diste tu palabra" repitió, con su pulso latiendo salvajemente mientras escrutaba los ojos de Naruto. Ojos enrojecidos como carbón ardiendo con fuegos infernales, ardiendo en su mente, consumiendo en llamas sus esfuerzos por resistirse. Trató de apartar la mirada, trató de alzar su brazo para golpearlo con el martillo. Pero no podía apartar su mirada ni reunir la fuerza necesaria para levantar su brazo.

-"Perdóname" gimió Naruto y sujetando el brazo izquierdo de Uchiha, hundió sus colmillos en la blanda carne de la muñeca de Sasuke.

Uchiha indefenso, cerró los ojos, sorprendido de apenas sentir dolor. El martillo se deslizó inadvertidamente de su mano.

El hambre bramó en el interior de Naruto, pero reunió la suficiente fuerza de voluntad para dominarla. Tres largos tragos, una cantidad suficiente para apaciguar el hambre antes de ir hasta Sakura.

Aspiró profundamente, tranquilizado al disminuir su hambre. Después de lamer la herida en la muñeca de Sasuke, y unas pocas gotas de sangre caídas, soltó el brazo de Uchiha y se marchó.

Subiendo las escaleras del sótano de dos en dos, se apresuró hasta la cámara de Sakura.

Jiraiya estaba allí, atado de brazos y manos a una robusta silla de madera. Recibió con una sonrisa a Naruto cuando entró en el cuarto. -"Me alegro de verle, Su Señoría".

-"Y yo también a ti" contestó Naruto de manera concisa. Con un movimiento de muñeca, puso en libertad a Jiraiya. -“Deshazte de Uchiha y luego tráeme un vaso de vino".

-"Sí, Su Señoría".

Alzando a Sakura en sus brazos Naruto abandonó el cuarto, subiendo velozmente por la escalera que daba a la torre del este. Había adelgazado mucho, pensó. Sus latido eran lentos, su pulso disparejo.
Entró en el cuarto cerrando la puerta tras de sí, luego depositó cuidadosamente a Sakura en su cama. La cubrió con las sábanas, su corazón desgarrado por el dolor mental y físico que le había causado.

-“¿Sakura? ¡Sakura!”.

Ella gimió suavemente, luego sus párpados se levantaron. –“¿Naruto?”.
-"Estoy aquí, mi amor".

Ella trató de sonreír, pero el esfuerzo fue demasiado grande. -"Quédate... Por favor... "

-"Nunca te abandonaré de nuevo. Te lo juro". Sentado sobre el borde de la cama, acercó su muñeca a su boca y abrió su vena con los dientes. -"Toma debes beber esto".

Ella clavó los ojos en él, sin comprender.

Mascullando un juramento, presionó la muñeca sangrante sobre su boca. -"Bebe, Sakura".

Sus ojos se agrandaron cuando se dio cuenta de lo que él quería, y luego negó con la cabeza.

-"Bebe, Sakura. Es la única manera".

Su voz la envolvió, suave como algodón, exigiendo su conformidad. Ella no quería obedecerle, pero estaba indefensa contra el oscuro poder de sus ojos. Cuando acercó su muñeca a sus labios de nuevo, trago varias veces.

Lo suficiente para restaurar su salud, sin embargo él ansiaba darle más, para pasarla por el camino de la mortalidad a la inmortalidad, para conservarla a su lado para siempre. Pero en el mismo momento en que cruzó el pensamiento por su mente, supo que ella le odiaría por ello. Y a pesar de ello... Cerró sus ojos, al sentir el calor de su boca en su carne, la sensación de su sangre fluyendo a través de ella. Qué éxtasis sería beber de ella hasta llevarla al extremo de la muerte y hacerle luego beber la suya a cambio, para así ser suya para siempre. Con un gemido, apartó su muñeca y pasó su lengua sobre la herida para cerrarla. -"Ahora duerme".

-"No".

-"Estaré aquí cuando despiertes".

-"Tu... ¿Me lo prometes?”.

-"Te lo prometo".

-"Abrázame”.

Con un gemido estrangulado, la rodeó con sus brazos y la sostuvo hasta que se durmió. -"Perdóname" susurró. Una sola lágrima ensangrentada cayó sobre su mejilla, y se la enjugó, despreciando todo lo que él era, el dolor que le había causado. -"Por favor, mi amor, perdóname”.

Cuando estuvo dormida, la recostó de nuevo sobre la cama y la tapó con su capa.

Un momento más tarde, Jiraiya entró en el cuarto llevando una jarra y una copa. Sin palabras, llenó el vaso y se lo dio a su señor.

-“¿Dónde está Uchiha?”. Preguntó Naruto.

-"Le envié a su casa. Pero no quiso irse".

-“¿Está bien?”.

-"Parecía un poco aturdido".

Naruto asintió. -"Hablaré con él más tarde. ¿Dónde está Tsunade?”.

-"Se fue a su casa temprano esta tarde. Dijo que volvería mañana para, ah... ". Jiraiya pasó un dedo por su garganta. -"He cerrado las puertas del castillo, Su Señoría. Nadie le molestará”.

-"Bien hecho”. Naruto bebió un sorbo de la copa, miró fijamente el vaso, y luego tomó otro trago. –“¿Qué es?” preguntó.

Jiraiya aclaró su garganta, preguntándose si había cometido un grave error. -"Un poco de vino, Su Señoría". Vaciló, mientras un escalofrió lo recorría cuando le devolvió la mirada a su señor. –“Mezclado con una gran cantidad de sangre".

-“¿De quién?”

-"De la señora Sakura. El doctor me pidió que me deshiciera de ella".
Naruto se quedó mirando fijamente la copa durante un largo momento y luego, lentamente, casi respetuosamente, bebió el líquido rojo y caliente. Él sintió como su fuerza y sus poderes regresaban, mientras su sangre se dispersaba en su interior, llenándole de un familiar calor. Pero eso no era suficiente para reemplazar las semanas de pasadas sin alimentarse.

Su mirada se concentró en Jiraiya, Naruto depositó la copa sobre la bandeja.

-“¿Su Señoría?”.

-"Lo siento”.

Con aprobación, Jiraiya se arremangó su manga de la camisa y tendió su brazo.

Estaba soñando, soñando con Naruto. Soñando que él estaba allí a su lado, sosteniéndola cerca. Podía sentir su aliento sobre su mejilla, oír su voz murmurando que la amaba, mendigando su perdón.

Con un suspiro, se acurrucó bajo las cubiertas, esperando que el sueño nunca acabara.

-“¿Sakura?”.

Sonrió mientras el sonido de su voz la acariciaba. Había soñado con él todas las noches desde que la había abandonado, pero nunca como ahora. Parecía tan real.

Pasó la manta sobre su cabeza para bloquear la luz, frunció el ceño cuando sus dedos tocaron terciopelo y seda.

Se quedó sin aliento mientras sus ojos se abrieron repentinamente y se quedó mirando fijamente su rostro. –“¡Naruto!”.

Él le sonrió, sus bellos ojos oscuros llenos de amor.

-“¿Estas aquí? ¿Estas realmente aquí?” Tentativamente, pasó la mano por su mejilla. Su piel era fresca y suave bajo las yemas de sus dedos. -"Dime que no estoy soñando.

-"No estas soñando, mi dulce". Cogió su mano y la llevó a sus a sus labios.

-"Estabas en peligro”. Atrapó su mano entre las suyas y la presionó sobre su corazón. -"Lo podía sentir, aquí dentro. Querías morir. Te estabas muriendo".

-"Y tu decidiste morir conmigo".

Sakura asintió. -"No quiero vivir sin ti, mi amor".

El cerró sus ojos como si estuviera sufriendo profundamente.

-“¿Naruto? ¿Qué pasa? ¿Qué es lo que ocurre?”.

-"Nada, mi dulce. Tengo la intención de asegurarme de que hagas todo lo que desees, todo lo que mereces”.

-“¿Mi señor?” Ella le contempló, preguntándose por qué sus palabras de seguridad la habían dejado repentinamente inquieta.

-“Duérmete, Sakura".

-“¿Me abrazarás?”.

Ocultó el dolor que lo embargaba mientras la atrajo entre sus brazos y la sujetó hasta que se durmió, con la certeza de que en breve debería dejarla marchar.

En la última hora antes del amanecer, Naruto logró llegar por medio de voluntad hasta la hacienda de Uchiha.

Un trueno retumbó en el cielo; la lluvia empezó a caer con intensidad. Se apretó más su capa a su alrededor, deseando estar de regreso a su cuarto, sosteniendo a Sakura entre sus brazos. Pero ya tendría tiempo suficiente, cuando hubiera terminado con el asunto que le traía hasta allí.

La casa de Uchiha estaba oscura, todas las puertas ventanas cerradas.
-"No me dejaras entrar fácilmente" Naruto masculló. Sonriendo abiertamente, fue a la parte de atrás de la casa dónde, con un movimiento de su mano, hizo saltar el cierre de la puerta trasera.

Andando silenciosamente, subió por las escaleras hasta la habitación donde dormía Uchiha y entró.

Durante un momento, contempló a Uchiha y luego, usando su poder, habló en la mente de Sasuke, ordenándole que olvidara todo lo que había ocurrido con Sakura, que olvidara que Naruto había tomado su sangre, y que alguna vez en la vida hubiera creído que Naruto era un vampiro.

Recuerda sólo que somos amigos, y que amo a Sakura, ordenó Naruto. Si alguien te pregunta, me has visto cenar en tu mesa, me has invitado a tu casa, y nos hemos encontrado en el club, y nunca me has visto hacer nada diferente a los demás hombres.

Se sintió momentáneamente arrepentido al asegurarse de borrar todo lo necesario en la mente del Uchiha, pero no había otra opción. La otra alternativa era destruir al hombre, y no podía hacer eso.

Dejó la casa de Uchiha tan silenciosamente como había llegado. Su siguiente parada fue en la casa de Tsunade Senju. No era tan fácil manipular la mente de Tsunade. Su odio y su desconfianza levantaban una barrera que fue difícil de derribar, pero, al final, Naruto lo consiguió, borrando de su memoria la enfermedad de su hija y su intención de destruirle.

Satisfecho con haber hecho lo correcto, dejo la casa y regresó al castillo.
Hizo una pausa antes de alcanzar la cima de la montaña. El castillo se levantaba como una alta mole de piedra gris oscura y madera envejecida, la niebla siempre presente gravitaba sobre él como si fuera el aliento de un hada, brillando la luz de luna sobre las torres de color plata.

Cerró la puerta de la habitación, se desvistió, y se deslizó en cama al lado de Sakura. La atrajo hasta sus brazos, su corazón rebosando de emoción cuando ella murmuró algo ininteligible y luego se acurrucó confiadamente junto a él, el calor de su cuerpo calentando su cuerpo, alejando el frío de la noche.

Ah, Sakura, pensó mientras acariciaba suavemente su pelo. ¿Sabes cuánto te amo? ¿Cuánto te necesito?

Gimió suavemente mientras ella se acercaba más a él. Su cercanía excitó su deseo, enardeció su hambre, el hambre maldita, que cada vez surgía con más fuerza desde que había regresado a su lado. ¿Estaba perdiendo el control porque le había dado su sangre, o era que el monstruo ya controlaba su alma?

Depositó un beso en su mejilla y sintió como sus colmillos se alargaban. Sería tan fácil tomarla mientras dormía y beber y beber, para transformarla en lo que él era. Entonces sería realmente su compañera por siempre, para siempre.

¡No! Gritó la palabra en su mente. No podía, no la condenaría a una vida de oscuridad.

Con gran esfuerzo, aquietó el hambre, preguntándose, como lo había conseguido y por cuánto tiempo más podría mantenerla bajo control.
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Re: Deeper Than The Dark (+16) (20/07/14) Terminado

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