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Pushing the Limits - terminado (+16)

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Pushing the Limits - terminado (+16)

Mensaje por mariland el Sáb Mar 02, 2013 8:59 am

Esta historia es de un libro llamado Pushing the Limits de Katie McGarry, solo con la diferencia que nuestra pareja favorita es la protagonista, a mi personalmente me fascino espero que igual les guste
con amor y cariño

Spoiler:
Sinopsis

Nadie sabe lo que ocurrió la noche en que Sakura Haruno dejó de ser la chica más popular con un novio atleta y se convirtió en una paria social y en el centro de los rumores que hablaban de las "extrañas" cicatrices que ahora tiene en los brazos. Ni siquiera Sakura puede recordar todo lo que pasó esa horrible noche. Lo único que sabe es que quiere que todo regrese a la normalidad. Pero cuando Naruto Uzumaki, el sexy casanova y solitario chico en chaqueta de cuero negro entra en su vida con su actitud ruda y su gran entendimiento, el mundo de Sakura cambia en formas que ella jamás había imaginado. Ellos no deberían tener nada en común. Y con los secretos que ambos ocultan, estar juntos debería ser imposible. Sin embargo, la loca atracción que hay entre ellos se rehúsa a desaparecer. Y Sakura deberá preguntarse qué tanto pueden presionar los límites y lo que está dispuesta a arriesgar por el único chico que le puede enseñar a amar de nuevo.


Última edición por mariland el Miér Jul 24, 2013 7:30 am, editado 52 veces
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Re: Pushing the Limits - terminado (+16)

Mensaje por belivexangel1 el Sáb Mar 02, 2013 9:19 am

Me Gusta El Prologo Espero Conti:33
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Re: Pushing the Limits - terminado (+16)

Mensaje por harunoakatsuki el Sáb Mar 02, 2013 9:27 am

tambien me gusto el prologo
asi que espero el primer capitulo
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Re: Pushing the Limits - terminado (+16)

Mensaje por Yukio834 el Sáb Mar 02, 2013 9:31 am

Interesante, ha llamado mi atención... Espero el primer capitulo
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Sakura (Capitulo 1, parte 1)

Mensaje por mariland el Sáb Mar 02, 2013 10:02 am

Spoiler:
Mi padre es un loco del control, odio a mi madrastra, mi hermano está muerto y mi madre tiene… bueno… asuntos. ¿Cómo crees que lo estoy haciendo?

Que es cómo habría amado responderle a la pregunta de la Sra. Tsunade, pero mi padre ponía demasiada importancia en apariencia para que pudiera contestar honestamente. En su lugar, parpadeé tres veces y dije—: Bien.

La Sra. Tsunade del nuevo instituto clínico de trabajadores sociales Eastwick actuó como si no hubiera hablado. Empujó un montón de expedientes al lado de su ya desordenada mesa y hojeó varios papeles. Mi nueva terapeuta tarareó cuando encontró mi expediente grueso tres pulgadas y se recompensó con un sorbo de café, dejando un vivo labial rojo en la curva de la taza. El hedor del café barato y punta de lápices recién hechas colgó en el aire.

Mi padre verificó su reloj desde la silla a mi derecha y, en mi izquierda, la Bruja Malvada del Oeste se movió impacientemente. Yo estaba perdiendo el primer período de cálculo, mi padre estaba perdiéndose alguna reunión muy importante, y, ¿mi madrastra de Oz? Estoy segura de que estaba perdiendo su cerebro.

— ¿No te encanta enero? —La Sra. Tsunade preguntó y abrió mi archivo—. Nuevo año, nuevo mes, nueva pizarra para comenzar sobre ella. —Ni siquiera esperando por una respuesta, continuó—: ¿Te gustan las cortinas? Las hice yo misma.
En un sincronizado movimiento, mi padre, mi madrastra y yo volvimos nuestra atención a las cortinas rosas con lunares, colgando en las ventanas, pasando por alto el lote de aparcamiento estudiantil. Las cortinas eran demasiado Pequeña Casa en la Pradera con el color combinando de una mala y delirante manera para mi gusto. Ninguno de nosotros contestó, y nuestro silencio creó una incomodidad pesada. El BlackBerry de mi padre vibró. Con exagerado esfuerzo, lo tiró fuera de su bolsillo y desplazó hacia abajo la pantalla. Shizune tamborileó los dedos sobre su vientre hinchado y yo leí diversas placas pintadas a mano, colgadas en la pared, para que pudiera concentrarme en cualquier cosa que no fuera ella. El fracaso es tu único enemigo. La única manera de llegar arriba es no mirar abajo. Tenemos éxito porque creemos. ¿Cuánta madera podría tirar una marmota, si una marmota puede tirar madera? Bueno, así que el último no hizo el muro de refranes, pero me pareció divertido.

La Sra. Tsunade me recordaba a un perro labrador cubierto con su cabello rubio y actitud demasiado amistosa.

—Sakura está en ACT y las calificaciones de SAT son fabulosas. (ACT & SAT: son unos exámenes estandarizados para acceder a la escuela secundaria.)Puede estar muy orgulloso de su hija. —Me dio una sincera sonrisa, exponiendo todos sus dientes.

Comenzó el temporizador. Mi sesión de terapia estaba oficialmente iniciada. Cerca de hace dos años, después del incidente, Servicios de Protección Infantil habían “recomendado encarecidamente” terapia y papá rápidamente aprendió que era mejor decir que sí a cualquier cosa “altamente recomendable”. Solía ir a terapia como la gente normal, en una oficina separada de la escuela. Gracias a una influencia en la financiación del estado de Kentucky y una sobre-entusiasta trabajadora social, me había convertido en parte de este programa piloto. El único trabajo de la Sra. Tsunade era tratar con algunos chicos de mi escuela. Suerte la mía.

Mi padre se sentó más erguido en su lugar. —Sus notas en matemáticas eran bajas. Quiero que vuelva a tomar las pruebas. — ¿Hay un baño cerca? —Interrumpió Shizune—. El bebé ama sentarse en mi vejiga. Más cómo que Shizune amaba ser al centro de la atención. La Sra. Tsunade le dio una sonrisa forzada y señaló la puerta. —Salga por el pasillo principal y tome a la derecha.

La forma en que salió de su silla, Shizune actuaba como si llevara una pelota de miles de libras de plomo, en lugar de un bebé. Sacudí la cabeza en disgusto, que sólo sacó de mi padre una Mirada helada.

—Sr. Haruno —continuó la Sra. Tsunade una vez que Shizune dejó el cuarto—, las calificaciones de Sakura son buenas sobre la media nacional y, según su expediente, ya aplicó para las universidades de su elección.
—Hay algunas escuelas de comercio con plazos más largos que me gustaría que ella aplicara. Además, esta familia no acepta “por encima del promedio”. Mi hija será sobresaliente. —Mi padre habló con el aire de una deidad. Bien podría haber añadido la frase que así se escriba, que así se cumpla. Apoyé mi codo en el reposabrazos y escondí mi cara entre mis manos.
—Puedo ver que esto en serio le molesta, Sr. Haruno —dijo la Sra. Tsunade, en un, incluso, irritante tono—. Pero las calificaciones de Sakura en inglés están cerca de ser perfectas…
Y esto era donde me desconectaba. Mi padre y mi anterior consejero habían tenido esta pelea en mi segundo año, cuando tomé la PSAT. Luego, otra vez, cuando el año pasado tomé la SAT y ACT por primera vez. Eventualmente, el consejero aprendió que mi padre siempre ganaba y comenzó a darle por su lado. Mis resultados de las pruebas fueron la menor de mis preocupaciones. Encontrar el dinero para arreglar el auto de Sasori fue la preocupación que afectó mi cerebro. Desde la muerte de Sasori, mi padre había quedado obstinado sobre el tema, insistiendo en que deberíamos venderlo.

—Sakura, ¿eres feliz con tus calificaciones? —preguntó la Sra. Tsunade. Me asomé a ella, a través del rosado, liso cabello colgando sobre mi rostro. El último terapista comprendió la jerarquía de nuestra familia y habló a mi padre, no a mí. — ¿Disculpe?
— ¿Eres feliz con tus calificaciones de ACT y SAT? ¿Quieres dar de nuevo las pruebas? —Dobló sus manos y las situó encima de mi archivo—. ¿Quieres aplicar para más escuelas?

Encontré los agotados ojos grises de mi padre. Vamos a ver. Retomar las pruebas significaría que mi padre me acosaría a cada segundo para estudiar, que a su vez significaría que me levantaría temprano en sábado, pasando la entera mañana friendo mi cerebro y luego preocupándome por semanas acerca de los resultados. ¿En cuánto a la aplicación de otras escuelas? Preferiría hacer de nuevo las pruebas.

—En realidad, no. —Las arrugas de preocupación grabadas para siempre alrededor de sus ojos y su boca se profundizaron con desaprobación. Cambié mi tono—. Mi papá tiene razón. Podría volver a hacer las pruebas.

La Sra. Tsunade marcó en mi archivo con un bolígrafo. Mi último terapeuta había sido muy consciente de mis problemas de autoridad. No era necesario volver a escribir lo que ya estaba allí. Shizune volvió contoneándose dentro de la habitación y se dejó caer en el asiento junto a mí.

— ¿Qué me perdí? —Honestamente, había olvidado que ella existía. Oh, sí sólo papá pudiera, también.
—Nada —contestó mi padre.
La Sra. Tsunade levantó la pluma de la página. —Pregunta al Sr. Iruka por las próximas fechas para las pruebas antes de ir a clases. Y mientras estoy jugando el papel de consejera, me gustaría hablar de tu calendario para el trimestre de invierno. Has llenado tus períodos libres con múltiples clases de comercio. Me estaba preguntando, ¿por qué?
La verdadera respuesta, porque mi padre me dijo que, probablemente irritaría a múltiples personas en el cuarto, así que improvisé—: Van a ayudar a prepararme para la universidad. —Guau. Lo había dicho con todo el entusiasmo de una niña de seis años esperando por una vacuna contra la gripe. Mala elección de mi parte. Mi padre se movió de nuevo en su asiento y suspiró. Consideré dar una respuesta diferente, pero pensé que esa contestación también saldría plana.

La Sra. Tsunade leyó atentamente mi expediente.
—Has mostrado un increíble talento en la artes, especialmente en la pintura. No estoy sugiriendo que renuncies a todos tus cursos de comercio, pero podrías renunciar a uno y tomar una clase de arte en su lugar.
—No —ladró mi padre. Se inclinó hacia adelante en su asiento, entrelazando sus dedos—.Sakura no tomará ninguna clase de arte, ¿está claro? —Mi padre era una extraña combinación de instructor de entrenamientos y el conejo blanco de Alicia; siempre tenía algo importante que hacer y disfrutaba dando órdenes a todos a su alrededor.
Tuve que darle crédito a la Sra. Tsunade; no se estremeció ni una vez antes de ceder. —Como el cristal.
—Bueno, ahora que hemos establecido eso… —Shizune y su panza de embarazada, se sentaron al borde de la silla, preparándose para levantarse—. Accidentalmente tengo un exceso de reservas hoy, y una cita con el obstetra. Podremos conocer el género del bebé.
—Sra. Haruno, los cursos de Sakura no son la razón para este encuentro, pero entiendo si necesita irse. —Retiró una carta oficial de su primer cajón, mientras una Shizune con cara roja se recostaba en su asiento.

Había visto el papel con membrete, varias veces, en los últimos dos años.
Servicios de Protección Infantil habían disfrutado matando selvas.
La Sra. Tsunade leyó la carta mientras secretamente yo deseaba poderme combustir espontáneamente. Tanto mi padre como yo nos acomodamos en nuestros asientos. Oh, el extraño gozo del grupo de terapia.

Mientras esperaba que terminara de leer, me fijé en un peluche verde rana por su computadora, una foto de ella y algún chico, posiblemente su esposo, y luego, en la esquina de su mesa, una gran cinta azul. Las personas sofisticadas las recibían cuando ganaban una competencia. Algo extraño se agitó dentro de mí. Huh, raro. La Sra. Tsunade agujereó la carta y luego la puso en mí, ya, abrumado archivo. —Ahí. Soy oficialmente tu terapeuta.

Cuando no dijo nada más, saqué mi mirada de la cinta a ella.
Estaba mirándome. —Es una linda cinta, ¿no es así, Sakura?


Última edición por mariland el Sáb Mar 02, 2013 10:32 am, editado 1 vez
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Sakura (Capitulo 1, parte 2)

Mensaje por mariland el Sáb Mar 02, 2013 10:04 am

Spoiler:
Mi padre aclaró su garganta y envió a la Sra. Tsunade un resplandor mortal. Está bien que era una rara reacción, pero de nuevo, estaba irritado sólo por estar allí. Mis ojos se movieron a la cinta de nuevo. ¿Por qué sentía esto familiar?
—Supongo.
Sus ojos se dirigieron ausentemente a las placas militares digitadas alrededor de mi cuello. —Lamento mucho la pérdida de tu familia. ¿Qué rama de las fuerzas armadas?
Genial. Mi padre estaba teniendo una apestosa coronaria. Había dejado claro setenta y cinco veces que las placas de Sasori iban a permanecer en la caja de debajo de mi cama, pero las necesitaba hoy — nueva terapeuta, el segundo aniversario de la muerte de Sasori aun estaba, y el primer día de mi último semestre en la preparatoria. Náuseas saltaron y jugaron en mis intestinos. Evitando el ceño decepcionado de mi padre, hice un gran esfuerzo para buscar las puntas abiertas de mi cabello.
—Tsunade—contestó mi padre secamente—. Mire, tenía que encontrarme esta mañana con unos prospectos a clientes, prometí a Shizune ir con ella a su cita con el médico y Sakura está perdiendo clases. ¿Cuándo vamos a terminar con esto?
—Cuando yo lo diga. Si va a hacer estas sesiones difíciles, sr. Haruno, estaré más que feliz de llamar al trabajador social de Sakura.
Luché contra la sonrisa tirando de mis labios. La Sra. Tsunade jugó una mano bien coreografiada. Mi padre se echó atrás, pero mi madrastra, por otro lado…
—No lo entiendo. Sakura cumplirá dieciocho pronto. ¿Por qué el Estado sigue teniendo autoridad sobre ella?
—Porque es lo que el Estado, su trabajadora social y, yo, pensamos en su mejor interés. —La Sra. Tsunade cerró mi archivo—.Sakura continuará la terapia conmigo hasta el final de esta primavera. En ese momento, el estado de Kentucky la liberará a ella y a usted. —Esperó hasta que Shizune asintió, aceptando su silencio de la situación antes de continuar—. ¿Cómo te va, Sakura?
Espléndido. Fantástico. Nunca peor. —Bien.
— ¿En serio? —Golpeó su dedo contra su barbilla—. Porque hubiera pensado que el aniversario de la muerte de tu hermano podría desencadenar emociones dolorosas.
La Sra. Tsunade me miró, la miré fijamente de vuelta. Mi padre y Shizune observaron incómodamente el enfrentamiento. La culpa me fastidiaba. Técnicamente no me hizo una pregunta, así que en teoría, no le debía una respuesta, pero la necesidad de complacer barrió sobre mí como un maremoto. ¿Pero porqué? Era otro terapeuta en la puerta giratoria. Todos hicieron las mismas preguntas y prometieron ayudar, pero cada uno de ellos me dejó en la misma condición en que me encontró: rota.
—Ella llora. —La aguda voz de Shizune atravesó el silencio, como si estuviera repartiendo jugosos chismes en el club de campo—. Todo el tiempo, en serio extraña a Sasori.
Mi padre y yo giramos nuestras cabezas para observar a la castaña tonta. He querido que continuara mientras mi padre, estoy segura, quería que se callara. Dios me escuchó por primera vez. Shizune continuó—: Todos lo extrañamos. Es muy triste que el bebé nunca lo conozca. Y una vez más, bienvenido al espectáculo de Shizune, patrocinado por Shizune y el dinero de mi padre. La Sra. Tsunade escribió enérgicamente, seguramente grabando las palabras no vigiladas de Shizune en mi archivo, mientras mi padre gemía.
—Sakura, ¿te gustaría hablar sobre Sasori durante la sesión de hoy? — preguntó la Sra. Tsunade.
—No. —Que era, posiblemente, la respuesta más honesta que había dado en toda la mañana.
—Eso es bueno —dijo—. Lo vamos a guardar para una cita más tarde. ¿Qué hay sobre tu madre? ¿Tienes algún contacto con ella?
Shizune y mi padre contestaron simultáneamente—: No —Mientras yo espeté—: Más o menos.
Me sentí en medio de un emparedado de jamón por la forma en que los dos se inclinaron sobre mí. No estaba segura de lo que me impulsó a decir la verdad.
—Traté de hablar con ella durante las vacaciones. —Cuando no contestó, me senté al lado del teléfono por días, esperando y rezando que a mi madre le importara que hace dos años, mi hermano, su hijo, había muerto. Mi padre corrió su mano sobre su rostro.
—Sabes que no estás autorizada para tener contacto con tu madre. —La rabia en su voz dio a entender que no podía creer que hubiera dicho a la terapeuta esta golosina tentadora. Imaginé visiones de trabajadores sociales bailando en su cabeza—. Hay una orden de restricción. Dime, Sakura, ¿teléfono fijo o celular?
—Fijo —me atraganté fuera—. Pero nunca hablamos. Lo juro. Birló su BlackBerry y el número de su abogado apareció en la pantalla. Me aferré a las placas militares, el nombre de Aires y el número serial incrustándose en mi palma.
—Por favor, papá, no —susurré.
Vaciló y mi corazón se presionó contra mi caja torácica. Luego, gracia a Dios, dejó caer el teléfono en su regazo.
—Vamos a tener que cambiar el número ahora.
Asentí. Apestaba que mamá nunca sería capaz de llamar a mi casa, pero tomé el golpe… por ella. De todas las cosas que mi madre necesitaba, la prisión no era una de ellas.
— ¿Has tenido contacto con tu madre desde entonces? —La Sra. Tsunade perdió su simpatía.
—No. —Cerré mis ojos y tome una respiración profunda. Todo dentro de mí dolía. No podría mantener la fachada de “estoy bien” por mucho más. Esta línea de interrogatorio arrancaba las costras de las recientes heridas de mi alma.
—Para confirmar que estamos en la misma página, entiendes que el contacto entre tú y tu madre mientras hay una orden de restricción, incluso si lo iniciaste, está prohibido.
—Sí. —Tome otro trago de aire. El bulto en mi garganta negó la entrada del precioso oxígeno. Extrañaba a Sasori y, Dios, mi mamá, y Shizune estaba teniendo un bebé, y papá estaba en mí todo el tiempo, y… Necesitaba algo, cualquier cosa.
En contra de mi mejor juicio, permití a las palabras caer de mi boca.
—Quiero arreglar el auto de Sasori. —Tal vez, sólo tal vez, restaurando algo de él, podría hacer al dolor alejarse.
—Oh, no esto de nuevo —murmuró mi padre.
—Espere. ¿No qué de nuevo? Sakura, ¿de qué estás hablando? — preguntó la Sra. Collins.
Me quedé mirando los guantes en mis manos. —Sasori encontró un Corvette 1965 en un depósito de chatarra. Pasó todo su tiempo libre arreglándolo y estaba casi terminándolo antes de ir a Afganistán. Quiero restaurarlo. Para Sasori. —Para mí. No dejó nada atrás cuando se fue, excepto su auto.
—Eso suena como una forma saludable de duelo. ¿Qué piensa de esto, Sr. Haruno? —La Sra. Tsunade puso unos grandes ojos de cachorro, un rasgo que yo aún tenía que dominar.
Mi padre desplazó una vez más a través de su BlackBerry, su cuerpo presente pero su mente ya en el trabajo.
—Cuesta dinero, y no veo el punto de arreglar un auto averiado, cuando tiene uno que funciona.
—Entonces déjame conseguir un trabajo —repliqué—. Y podemos vender mi auto una vez que haya hecho funcionar el de Sasori. Todos los ojos estaban en él y ahora los suyos estaban puestos en mí. Sin querer, lo había acorralado en una esquina. Él quería decir no, pero provocaría un descenso de ira del nuevo terapeuta. Después de todo, teníamos que ser perfectos en la terapia. Dios nos libre de tomar ventaja de ello y discutir a fondo algunos temas.
—Bien, pero ella tiene que pagar por el coche, y Sakura conoce mis normas en materia de empleo. Tiene que encontrar un trabajo flexible, que no interfiera con sus labores escolares, los clubs que hemos acordado sobre sus calificaciones. Ahora, ¿nos vamos de aquí?

La Sra. Tsunade miró de reojo el reloj. —No aún. Sakura, tu trabajador social extendió tus terapias hasta la graduación por las evaluaciones de tus maestros. Desde el comienzo de tu tercer año de secundaria, cada uno de tus profesores ha observado un decaimiento distinto de tu participación en clase y en tus interacciones sociales con tus compañeros. —Sus ojos, amables, se clavaron en los míos—. Todos queremos que seas feliz, Sakura, y me gustaría que me dieras la oportunidad de ayudarte.
Arqueé una ceja. Como si hubiera tenido la oportunidad de elegir la terapia, y en cuanto a mi felicidad —buena jodida suerte. —Seguro.
La alegre voz de Shizune me sobresaltó. —Tiene una cita para el baile de San Valentín.
Ahora mi padre y yo tomamos nuestro turno para hablar simultáneamente. — ¿La tengo? — ¿La tiene?
Los ojos de Shizune corrieron entre mí y mi padre. —Sí, ¿recuerdas, Sakura? Anoche hablamos del chico nuevo que entró y te dije que no puedes dejar a tus amigos en la escuela mientras te obsesionabas con algún chico.
Deliberé sobre qué parte me molestó más; el novio imaginario o que había afirmado que habíamos tenido una conversación real. Mientras estaba decidiendo, mi padre se levantó y se puso el abrigo.
—Mire, Sra. Tsunade, Sakura está bien. Sólo descubriendo un poco el amor. Por mucho que disfrute estas sesiones, Shizune tiene una cita en veinte minutos y no quiero que Sakura pierda alguna clase más.
—Sakura, ¿estás en serio interesada en hacer dinero para componer el auto de tu hermano? —preguntó la Sra. Tsunade, cuando se puso de pie para acompañar a mi padre y mi madrastra afuera.
Tiré de los guantes que usaba para cubrir mi piel. —Más de lo que pueda posiblemente imaginar.
Me sonrió antes de caminar hacia la puerta. —Entonces tengo un trabajo para ti. Espera aquí y discutiremos los detalles.

Los tres se pegaron en el lado lejano de la oficina principal, susurrando entre ellos. Mi padre envolvió su brazo en la cintura de Shizune y ella se inclinó hacia él, mientras asentía a las palabras susurradas por la Sra. Tsunade. La punzada familiar de los celos y la ira comieron en el revestimiento de mi intestino. ¿Cómo podía amarla cuando había destruido tanto?
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Naruto (capitulo 2)

Mensaje por mariland el Sáb Mar 02, 2013 2:55 pm


Spoiler:
La pintura fresca y el olor a polvo de yeso me hicieron pensar en mi padre, no la escuela. Sin embargo, ese olor me dio una bofetada en la cara cuando entré en la oficina recién remodelada. Con libros en mano, me paseé hasta el mostrador. —Sip, Sr. Kurenai.
—Naruto, ¿por qué llegas tarde otra vez, muchacho? —dijo mientras ponía los papeles juntos.
El reloj en la pared marcaba las nueve de la mañana. —Demonios, esto es temprano.
La Sra. Kurenai rodeó su nueva mesa de cerezo a mi encuentro en el mostrador. Me da una mierda cuando llego tarde, pero todavía me gustaba. Con su largo cabello negro, me recordaba a una versión hispana de mi madre.
—Perdiste tu cita con la Sra. Tsunade esta mañana. No es una buena manera de empezar el segundo término —susurró mientras escribía mi nota de tardanza. Inclinó la cabeza hacia los tres adultos que se agrupaban en la esquina de la habitación. Supuse que la mujer rubia de mediana edad susurrando a la pareja de ricos era la nueva consejera de orientación. Me encogí de hombros y dejé que el lado derecho de mi boca temblara. —Ups.
La Sra. Kurenai deslizó la nota de tardanza hasta mí y me dio su mirada severa patentada. Era la única persona en esta escuela que no creía que yo y mi futuro valíamos una completa mierda.
La rubia de mediana edad gritó—: Sr. Uzumaki, estoy muy contenta de que recordara nuestra cita, incluso si está retrasado. Estoy segura de que no le importará tomar asiento mientras termino un par de cosas. —Me sonrió como si fuéramos viejos amigos y habló tan dulcemente, que por un momento, casi le devolví la sonrisa. En cambio, asentí con la cabeza y me senté en una de las sillas recostadas contra la pared de la oficina. La Sra. Kurenai se echó a reír.
— ¿Qué?
—No va a aguantar tu actitud. Tal vez pueda convencerte de tomar la escuela en serio.

Apoyé la cabeza contra la pared de pintados bloques de cemento y cerré los ojos, necesitando dormir unas horas más. Ya que faltaba una persona para el cierre, el restaurante no me había dejado ir hasta después de la medianoche, y luego Matsuri y Gaara me mantuvieron despiertos toda la noche.
— ¿Sra. Kurenai? —preguntó una voz angelical—. ¿Puede por favor decirme las próximas fechas para el ACT y el SAT?
El teléfono timbró.
—Espere un segundo—dijo la Sra. Kurenai. Entonces el timbre cesó.
Una silla más allá de mí se movió y mi boca se llenó del aroma a flores de cerezo. Di un vistazo y percibí el color rosado, cabellos sedoso y liso. La conocía. Sakura Haruno.
Ninguna flor de cerezo a la vista, pero maldita sea si no huele como tal.

Teníamos varias de nuestras clases juntos y el último semestre uno de nuestros periodos libres. No sabía mucho de ella más de lo que mantenía para sí misma, que era inteligente, peli rosa y tenía mediana tetas. Llevaba grandes camisas de mangas largas que colgaban de sus hombros y debajo camisetas sin mangas que revelaban justo lo suficiente para que las fantasías fluyeran.
Como siempre, miraba fijamente hacia delante como si yo no existiera. Diablos, probablemente no existía en su mente. Las personas como Sakura Haruno me irritaban como la mierda.
—Tienes un nombre jodido —murmuré. No sé por qué quería confundirla, simplemente lo hice.
— ¿No deberías estar drogándote en el baño?
Así que me conocía. —Instalaron cámaras de seguridad. Lo hacemos en el estacionamiento ahora.
—Oh, lo siento mucho. —Su pie se sacudió frenéticamente adelante y atrás. Bueno, había logrado deslizarme bajo su fachada perfecta.
—Sakura… Sakura…Sakura…
Su pie dejó de moverse y sus lisos rosas rebotaron con furia mientras se volvía para mirarme a la cara.
—Qué original. Nunca he oído eso antes. —Levantó su mochila y salió de la oficina. Su apretado culo se balaceaba de lado a lado mientras marchaba por el pasillo. No fue tan divertido como pensé que sería. De hecho, como que me sentía como un idiota.
— ¿Naruto? —La Sra. Tsunade me llamó a su oficina.
El último consejero tuvo grandes problemas de obsesión compulsiva.
Todo en la oficina estaba perfectamente ubicado. Solía mover sus placas sólo para meterme con él. No habría entretenimiento con Sra. Tsunade. Su escritorio era un desastre. Podría enterrar un cuerpo aquí y nadie lo encontraría.
Tomando asiento frente a ella, esperé a que mi culo fuera mascado.
— ¿Cómo fueron tus vacaciones de Navidad? —Tenía esa mirada otra vez, como un cachorrito.
—Bien. —Eso sí consideras que tus padres adoptivos empezaron una pelea a gritos y lanzaron los regalos de navidad a la chimenea una buena navidad. Siempre había soñado con pasar mi Navidad en un infierno de sótano y ver a mis dos mejores amigos emborracharse.
—Maravilloso. Así que las cosas funcionan en tu familia adoptiva. — Lo dijo como una declaración, pero quería decirlo como una pregunta.
—Si. —En comparación con las últimas tres familias que había tenido, eran la tribu de los Brady de mierda. Esta vez, el sistema me había puesto con otro chico. No debió haber suficientes personas para hogares de acogida o finamente creyeron que no era la amenaza que habían pensado que era. A las personas con mis etiquetas no se les permitía vivir con otros menores—. Mira, ya tengo una trabajadora social y es suficiente dolor de culo. Diles a tus jefes que no es necesario perder tiempo conmigo.
—No soy una trabajadora social —dijo—. Soy una trabajadora social clínica.
—La misma cosa.
—En realidad, no lo es. Fui a la escuela por mucho más tiempo.
—Bien por ti.
—Y eso significa que puedo proporcionar un nivel diferente de ayuda para ti.
— ¿El estado te paga? —pregunté.
—Sí.
—Entonces, no quiero tu ayuda.
Sus labios se estremecieron en una sonrisa que casi me hizo tener un poco de respeto por ella.
— ¿Qué tal si somos directos? —dijo—. De acuerdo con el archivo tienes una historia de violencia.
La miré fijamente. Me miró fijamente. Ese archivo estaba lleno de porquería, pero había aprendido años atrás, la palabra de un adolescente no significa nada contra la palabra de un adulto.
—Este archivo, Naruto. —Golpeó tres veces con su dedo—. No creo en todo lo que dice. He hablado con tus profesores en la Secundaria Highland. El cuadro que pintaron no representa al joven que veo delante de mí.
Aferré el metal espiral de mi cuaderno de cálculo hasta que apuñaló la palma de mi mano. ¿Quién diablos se cree esta señora escavando en mi pasado?
Siguió ojeando el archivo. —Has rebotado alrededor de varios hogares adoptivos, en los últimos dos años y medio. Esta es tu cuarto colegio desde la muerte de tus padres. Lo que me parece interesante es que hasta un año y medio atrás, estabas en el cuadro de honor y competías en deportes. Esas son cualidades que no suelen marcar un caso disciplinario.
—Tal vez necesitas cavar más. —Quería a esta mujer fuera de mi vida y la mejor manera de hacerlo era asustándola—. Si lo haces, descubrirás que le di una paliza a mi primer padre adoptivo. —En realidad, le había golpeado la cara cuando lo sorprendí golpeando a su hijo biológico. Es curioso como nadie en la familia se puso de mi lado cuando llegó la policía. Ni siquiera el niño al que defendí.
La Sra. Tsunade hizo una pausa como esperando mi versión de los hechos, pero se equivocaba. Desde la muerte de mis padres, entendí que nadie en el sistema daría una mierda por mí. Una vez que entrabas, estabas condenado.
—Tu anterior consejero en Highland habló muy bien de ti. Entraste al equipo de baloncesto en tu primer año, al cuadro de honor, participaste en variadas actividades estudiantiles, muy popular entre tus compañeros.
—Me examinó—. Creo que me hubiera gustado ese chico.
A mi también —pero la vida apesta.
—Un poco tarde para unirme al equipo de baloncesto, a mitad de la temporada y eso. ¿Piensa que el entrenador estará bien con mis tatuajes?
—No tengo ningún interés en que re-crees tu antigua vida, pero juntos creo que podemos construir algo nuevo. Un futuro mejor que el que tendrás si continuas por tu camino actual. —Sonaba tan condenadamente sincera. Quería creer, pero había aprendido de la manera difícil a nunca confiar en nadie. Manteniendo la cara sin emoción, dejé que el silencio se construyera.
Rompió primero el contacto visual y sacudió la cabeza. —Te ha tocado una mano dura, pero estás lleno de posibilidades. Tus puntuaciones en las pruebas de aptitud son fenomenales y tus maestros ven tu potencial. Tu promedio de calificaciones necesita un impulso, al igual que tu asistencia. Creo que están relacionados. Ahora, tengo un plan. Verme una vez por semana, asistirás a sesiones de tutoría hasta que tu promedio de calificaciones corresponda a los resultados de las pruebas.
Me puse de pie. Ya había perdido mi primer periodo. Esta pequeña divertida reunión me quitaba del segundo. Pero desde que actualmente había sacado mi culo de la cama, tenía la intención de ir a clases en algún momento de hoy.
—No tengo tiempo para esto.
Una ligero filo se deslizó en su tono, tan sutil que casi no la sentí. — ¿Es necesario ponerme en contacto con tu trabajadora social?
Me dirigí a la puerta. —Adelante. ¿Qué va a hacer? ¿Dividir a mi familia? ¿Ponerme en el sistema de cuidado de crianza? Continúa cavando y verás que es demasiado tarde.
— ¿Cuándo fue la última vez que viste a tus hermanos, Naruto?
Mi mano se congeló en el pomo de la puerta.
— ¿Y si pudiera ofrecerte un incremento en las visitas supervisadas? Solté el pomo de la puerta y volví a sentarme.

Gracias por tomarse el tiempo de leerlo, espero que lo sigan disfrutando Laughing
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Re: Pushing the Limits - terminado (+16)

Mensaje por belivexangel1 el Sáb Mar 02, 2013 4:17 pm

Me Esta Gustando:33 Olle Una Preguntita Estoy Un Poco Confundida Sakura Tiene El Pelo Largo O Corto?
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Re: Pushing the Limits - terminado (+16)

Mensaje por mariland el Dom Mar 03, 2013 5:06 am

Hola me encanta que preguntes y te interese la historia

-Sakura tiene el pelo largo
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Re: Pushing the Limits - terminado (+16)

Mensaje por Obito_Madara el Dom Mar 03, 2013 7:41 am

Muy buen fic, la verdad que esta,historia me ah atrapado completamente, ademas de lo bien que la estas llevando, y tambien me gusta como escribes, sinceramente espero que lo sigas pronto porque,esta muy bien lo que estas haciendo!!!

Espero conti con ansias!!!

Saludos!!
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Sakura (capitulo3)

Mensaje por mariland el Lun Mar 04, 2013 2:59 pm

Spoiler:
Si tan solo pudiera usar guantes cada momento del día, me sentiría más segura, pero el estúpido código de vestimenta no me lo permitiría. Debido a eso, mi vestuario consistía en cualquier cosa con mangas largas, mientras más largas mejor.

Agarré los extremos de mis mangas y los puse sobre mis dedos, haciendo que mi camisa azul de algodón colgara de mi hombro derecho. En mi primer año, me habría asustado si la gente se quedaba mirando mi piel blanca y las ocasionales pecas anaranjadas. Ahora, prefería que la gente mire mi hombro desnudo en lugar de tratar de echar un vistazo a las cicatrices en mis brazos.

— ¿Dijo quién era? Apuesto a que es Kiba inuzuka. He oído que está fallando en matemáticas y si no consigue levantar sus calificaciones va a perder su beca para la universidad. Dios, espero que si. Es tan ardiente. —Mi mejor amiga, Ino Yamanaka, tomó aire por primera vez desde que le había dado el resumen de mi sesión de orientación y el trabajo de tutoría que la Sra. Tsunade espontáneamente creó. Con boca imparable y su ropa ajustada, Ino era la propia versión de Glinda la Bruja Buena (personaje del Mago de Oz) de la secundaria Eastwick. Flotaba en su propia burbuja hermosa, propagando felicidad y alegría.

A medida que Ino movía su bandeja hacia la fila del almuerzo, el olor a pizza y papas fritas me hizo agua la boca, pero las náuseas enturbiando mi estómago me impidieron comprar comida. Mi corazón retumbó y abracé mi cuaderno de dibujo más cerca de mi pecho. No podía creer que estaba realmente en el comedor. Ino y yo habíamos sido las mejores amigas desde preescolar y la única cosa que me había pedido para Navidad era que me olvidara de la biblioteca y reclamara mi antiguo lugar en la mesa del almuerzo.

Podía sonar como una petición fácil, pero no lo era. La última vez que había almorzado en la cafetería había sido a principios de mayo, durante mi segundo año: el día antes de que todo mi mundo se viniera abajo. En aquel entonces, nadie me miraba o susurraba.
— ¿Quién es ardiente? —Karin cortó la fila deslizando la bandeja entre Ino y yo. Un grupo de chicos detrás de nosotras gruñeron ante su audacia. Como de costumbre, no les hizo caso. Karin era una de las dos personas que se negaron a tratarme como un paria social a causa de los rumores volando sobre mí en la escuela.
Ino recogió su pelo lacio y dorado en una coleta antes de pagarle al cajero. —Kiba inuzuka. Sakura va a ser tutora de algún chico afortunado y supongo que podría ser él. ¿A quién te gustaría añadir a nuestra lista de chicos calientes pero estúpidos?
Las seguí a la mesa del almuerzo mientras los ojos de Karin vagaban por la cafetería, buscando la combinación correcta.
— Suigetsu Hozuki. Es el más tonto sobre la tierra, pero podría comerlo de postre. Si vas a darle clases particulares, Sakura, ¿crees que podrías presentármelo?
— ¿Presentar quién a quién? —preguntó Hinata, Karin y Ino tomaron sus asientos y vacilé.
La sonrisa de Hinata cayó cuando me vio. Ella era la razón principal por la que no quería volver a la cafetería. Éramos totales mejores amigas antes del incidente y, supongo, incluso después. Me visitaba todos los días en el hospital y en casa durante el verano, pero cuando nuestro tercer año comenzó y mi posición social cayó en picada, también lo hizo nuestra amistad... públicamente es así. En privado, afirmaba amarme como a una hermana. Todos los demás en la escuela me trataban como si no existiera.
—Karin a Suigetsu Hozuki. —Ino palmeó el asiento entre ella y Karin. Intentando esconderme, me dejé caer en la silla, encorvada, apoyando mi cuaderno de dibujo contra el borde de la mesa. Las otras chicas cuchicheaban entre sí, mientras me echaban un vistazo. Una soltó una risita. Desde el momento en que había regresado a la escuela, nunca tuve una oportunidad social. Los rumores acerca de por qué estuve ausente el último mes de mi segundo año oscilaban entre un embarazo y rehabilitación, a un intento de suicidio. Mis guantes se convirtieron en la leña y mi pérdida de memoria, en el partido. Cuando regresé ese otoño, los rumores estallaron como una tormenta de fuego.
Ino continuó con su explicación. —Sakura va a darle clases particulares a algún chico tonto y ardiente. Estamos tratando de adivinar quién será.
—Bueno, no nos lo ocultes a nosotras, Ino. ¿A quién le va a dar clases Sakura? —Los ojos de Hinata parpadearon de Ino a las chicas de su equipo, sentadas en la mesa. Cuando habíamos regresado de primer año, Hinata se había enterado de que tenía una oportunidad para ser la capitana de las animadoras, una hazaña difícil, ya que siempre se había cernido en la periferia popular de esa multitud. Yo había asumido que las cosas entre nosotras volverían a la normalidad una vez que fuera elegida. Me había equivocado.
—Pregúntale a Sakura. —Los dientes de Ino crujieron en la manzana, su mirada endurecida estaba fija en Hinata. Nuestra mesa se volvió misteriosamente silenciosa mientras la chica más hermosa de la escuela desafiaba abiertamente a la más popular. Una pausa cayó sobre la cafetería mientras el cuerpo estudiantil se preparaba para ver el enfrentamiento en curso. Habría jurado que una planta rodadora voló más allá de la mesa y esa extraña canción silbada del Oeste se reproducía por el altavoz.
Le di a Ino un golpe en su pie, suplicándole en mi mente que responda por mí, en vez de obligar a Hinata a reconocerme en frente de otras personas. Pasaron unos segundos, en los que ninguna encogió la mirada.
No podía soportarlo.
—No lo sé. Me encuentro con él esta tarde. —La Sra. Tsunade no había querido decirme a quién debía darle clases. Había murmurado algo acerca de limar algunos detalles con él antes de conocernos.

El movimiento y la charla se reanudó en la cafetería. Los músculos de la cara de Hinata se relajaron y dio un suspiro de alivio antes de hacer un balance de la reacción de sus amigos públicos.
—Voy a jugar a adivinar el galán estúpido. —Me dio un guiño privado. Por billonésima vez, deseaba que mi vida pudiera volver a la normalidad.
Cuando Hinata arrojó un nombre el resto del grupo también decidió jugar. Hice un esbozo de Hinata mientras hablaban. Su nuevo corte de pelo, largo y azulejo, enmarcaba su cara perfectamente. Escuché la lluvia de nombres y los nuevos chismes que acompañaban sus conjeturas.
—Tal vez Sakura le va a dar clases a Sasuke Uchiha —dijo Ino con un empujón, no muy amable, en mi brazo—. Encaja en lo de galán y en lo de menos que brillante.
Rodé los ojos e hice mi mejor esfuerzo para corregir la línea oscura que su codazo había creado en mi dibujo. Ino se aferró a la falsa esperanza de que Sasuke, el novio de mi vida anterior, todavía albergara sentimientos hacia mí. Fundamentaba su reclamo con historias inventadas de cómo me miraba cuando no estaba prestando atención.
—Sasuke y Temari rompieron durante las vacaciones de invierno — dijo Hinata—. Temari dice que ella rompió con él. Sasuke dice que él rompió con ella. ¿Quién sabe si alguna vez sabremos la verdad?
— ¿Quién crees tú, Sakura? —preguntó Karin. Tengo que darle crédito. Quería que participara en la conversación, sin importar si quería ser incluida.
Me concentré en difuminar la sombra del cabello de Hinata creada contra su oído. Después de conocer a Sasuke en inglés, en primer año, había salido con él durante un año y medio. Esto me hacía la experta en Sasuke de la mesa. Desde nuestra separación, cada mesa con una chica contenía a una experta en Sasuke.
—Es difícil de decir. Rompí con Sasuke y él no afirmó nada diferente, pero ha cambiado mucho desde entonces.
—Naruto Uzumaki —dijo Karin.
Dejé de dibujar, confundida acerca de lo que Naruto tenía que ver con Sasuke. — ¿Qué?
—Adivina el galán, ¿recuerdas? Naruto Uzumaki es definitivamente caliente. Me gustaría darle clases. —Ino miró hacia la mesa de los drogadictos, prácticamente babeando. ¿Cómo podía desmayarse sobre el tipo que se había burlado de mí?
La boca de Hinata cayó abierta. — ¿Y llevarte el éxito social? De ninguna manera.
—Dije que iba a ser su tutora, no que lo llevaría al baile. Además, por lo que he oído, bastantes chicas han tomado ese tren y han amado cada segundo de ello.
Hinata miró a Naruto, sus ojos vagando hacia arriba, y luego hacia abajo. —Tienes razón. Es caliente, y corre el rumor de que únicamente le interesan las relaciones de una noche. Aunque Shion trató de forzar una relación. Lo seguía a todas partes como un cachorrito patético. No quería tener nada que ver con ella si no tenía que ver con asiento trasero de su coche.
Ino amaba los trapos sucios. —Perdió a su novio, su virginidad, su reputación y su autoestima en menos de un mes. Por eso se transfirió a otra escuela.
Tipos como Naruto Uzumaki me molestaban. Usaba a las chicas, consumía drogas y me había hecho sentir como basura esa mañana. No es que debería sorprenderme. Había tenido un par de clases con él, el semestre pasado. Entraba en el salón a grandes zancadas como si fuera el dueño de la tierra, y sonreía cuando las chicas se arrojaban sobre él y su presencia. — ¡Qué imbécil!

Como si me hubiese escuchado, desde el otro lado de la habitación, sus ojos azules se encontraron con los míos. Su cabello rubio y abundante caía sobre ellos, pero me di cuenta de que me estaba mirando. La barba en su rostro se movía mientras sonreía. Naruto tenía músculos, miradas y problemas acechándolo. De alguna manera, hacía que unos pantalones vaqueros y una camiseta lucieran peligrosos. No es que fuera una chica interesada en drogadictos. Sin embargo, eché otro vistazo hacia él mientras bebía mi soda.

—Duras palabras, Sakura. No estamos hablando de mí, ¿verdad? —Una silla raspó el suelo. Sasuke la volteó para poder ponerse a horcajadas entre Karin y Hinata. ¡Vamos! Sasuke y yo apenas nos habíamos dirigido una palabra el uno al otro desde que rompimos en segundo año. ¿Por qué todo el mundo me empujaba al modo social, hoy?
—No —dijo Ino—. Hablamos sobre ti antes. Sakura estaba llamando a Naruto Uzumaki un idiota. —La pateé debajo de la mesa. Me dio una mirada a cambio.
— ¿Uzumaki? —Sasuke Uchiha: metro ochenta de estructura, se veía como un tren de carga, con cabello negro y ojos negros. Era capitán del equipo de baloncesto, ardiente y engreído. Para mi horror, era del tamaño de Naruto—. ¿Qué ha hecho el chico drogadicto para merecer tu ira?
—Nada. —Regresé a mi cuaderno de dibujo. Mis mejillas ardieron cuando uno de los amigos públicos de Hinata murmuró algo acerca de mi rareza. ¿Por qué no podían Ino, Karin y Sasuke dejarme en paz? El chisme sólo empeoró cuando me deslicé fuera de mi caparazón.
Lamentablemente, Ino decidió ignorar mis mejillas rojas y mi patada de advertencia. —Se burló de Sakura esta mañana, pero no te preocupes, ella lo puso en su lugar.
El lápiz en la mano, se inclinaba de mi apretado agarre mientras luchaba contra el impulso de arrancar el pelo magnífico de Ino de su cabeza. Mis maestros y la Sra. Tsunade estaban tan equivocados. Interactuar con mis compañeros apestaba.
Los ojos de Sasuke se estrecharon. — ¿Qué te dijo?
Pisoteé los dedos de Ino y me la quedé mirando fijamente.
—Nada.
—Le dijo que tenía un nombre horrible y luego hizo esa cosa estúpida del eco que la gente hacía en la escuela primaria —dijo Ino. Oh, Dios, quería matar a mi mejor amiga.
— ¿Quieres que hable con él? —Sasuke me miró con una pizca familiar de posesividad. Ambas, Hinata y Karin sonrieron como gatos de Cheshire. Me negué a mirar a Ino, que rebotaba en el asiento. Ahora nunca oiría el final de sus fantasías acerca de Sasuke y yo volviendo a estar juntos.
—No. Es un chico estúpido que dijo una cosa estúpida. Es probable que ni siquiera recuerde haberlo dicho.
Sasuke se echó a reír. —Es verdad. Toda esa mesa está jodida. ¿Sabías que Uzumaki es un chico adoptivo?
Las chicas de mi mesa jadearon ante el chisme nuevo. Comprobé a Naruto de nuevo. Parecía enfrascado en una conversación con una chica de pelo largo y negro.
—Sip —continuó Sasuke—. Escuché a la Sra. Anko y el Sr. Iruka discutiéndolo en el pasillo. —La campana sonó, terminando el centro de atención en Sasuke sobre la información prohibida de Naruto Uzumaki.

Mientras tiraba los restos de mi almuerzo, Hinata se acercó furtivamente a mi lado y me susurró—: Esto fue enorme, Sakura. Si Sasuke está tras de ti otra vez, la vida cambiará. La opinión de todos sobre las chicas con las que habla, o con quienes sale, siempre cambia. Tal vez las cosas finalmente volverán a la normalidad.
Uno de los amigos públicos de Hinata la llamó y se apartó de mi lado sin una segunda mirada. Suspiré mientras tiraba de las mangas sobre mis dedos. Qué no daría por ser
normal.
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continuacion por favor siiiiiiiii

Mensaje por la diva el Lun Mar 04, 2013 4:49 pm



Wow affraid quede impactada. es de lujo tu fic; me gusta. Pero pobre Sakura Crying or Very sad los amigos que tiene ciertamente son una mi**da. Si fura yo ya los hubiera insultado Evil or Very Mad a todos y los hubiera mandado a que se jodieran toditos. Es que yo no aguanto a la gente hipócrita Mad que habla a espaldas de uno y luego se ase que es tu amigo.

Ahora; escribes súper bien Surprised tienes una narración fluida y concreta te felicito tu fic esta buenísimo sigue así que aquí ya tienes a una amiga súper pendiente de la conti .

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Naruto (capitulo 4)

Mensaje por mariland el Mar Mar 05, 2013 6:23 am

Spoiler:
Le había dicho a la Sra. Tsunade la verdad. No tenía tiempo para recibir tutoría o consejería. En junio, cumpliría dieciocho años y me graduaría de la casa de acogida. Eso significaba que iba a necesitar un lugar propio, y la renta significaba conseguir un trabajo. Pero la Sra. Tsunade me había tomado por un estafador callejero. Una visita ocasional supervisada a mis hermanos no era suficiente. Los colgaba delante de mí como una maldita aguja a un heroinómano. Mi turno en el Malt & Burger empezaba a las cinco. Eché un vistazo al reloj colgando sobre el escritorio del bibliotecario de referencia. ¿Qué parte de "conocer al tipo al que le darás clases, directamente después de la escuela, en la biblioteca pública" no entendió mi sabelotodo? La Sra. Tsunade podría haber mencionado quién me daría clases particulares, pero dejé de escuchar a los pocos minutos. La mujer hablaba demasiado. Me concentré en las puertas dobles. Cinco minutos más y felizmente podría llamar a esta sesión un fracaso, un hecho que estaría encantado de echarle en cara a la Sra. Tsunade.

Una puerta se abrió y el aire frío barrió dentro, causando que escalofríos subieran por mis brazos. Ah, demonios. Me recosté en mi silla y crucé los brazos sobre mi pecho. Sakura Haruno se deslizó dentro de la biblioteca.
Sus ojos recorrieron la habitación mientras sus manos enguantadas frotaban sus brazos. Como si el frío pudiera penetrar esa elegante capa de cuero marrón. Una ligera y brillante sonrisa descansaba sobre su rostro. Al parecer, la Sra. Tsunade nos había mantenido a ambos en la oscuridad. En el momento en que me vio, su sonrisa se desvaneció y sus ojos verdes entraron en erupción, con nubes de tormenta.
Únete al maldito club. -Por debajo de la mesa, pateé la silla frente a mí. —Llegas tarde.

Dejó la mochila sobre la mesa y deslizó la silla mientras se sentaba.
—Tuve que ir a la oficina y averiguar las fechas de las pruebas.
Podría haber obtenido la información esta mañana, pero algún idiota se puso en mi camino.
Sakura tenía la ventaja, pero sonrío como si tuviera las de ganar.
—Te podrías haber quedado. Nunca pedí que te fueras.
— ¿Y dejarte acosarme un poco más? No, gracias. —Se encogió de hombros quitando su chaqueta, pero mantuvo sus guantes de punto. Olía como a frío y cuero. Su camisa de algodón azul caía por debajo de su camiseta de color beige, dejando al descubierto la parte superior de su escote. Las chicas como ella disfrutaban de probar a los chicos. Por lo poco que sabía de ella, no me importó mirar.
Al atraparme mirando, reajustó su camisa y su escote desapareció de la vista. Bueno, eso fue divertido. Me miró, posiblemente esperando una disculpa. Iba a tener que esperar mucho tiempo.
— ¿En qué materia estás fallando? ¿Todas ellas? —Esos ojos verdes bailaban. Al parecer, Sakura también disfrutaba repartiendo mierda. Muy bien, lo arruiné con ella esta mañana sin ninguna razón.
Se merecía obtener un par de golpes en respuesta. —Ninguna. La Sra. Tsunade tiene la culpa en esto.
Sakura abrió su mochila y sacó un cuaderno. Una sombra cruzó su rostro cuando se bajó los guantes y de inmediato sacó las mangas largas por encima de sus manos.
— ¿Con qué materia quieres empezar? Tenemos cálculo y física juntos, así que podríamos empezar por ahí. Tienes que ser un completo idiota si necesitas ayuda con tecnología comercial. —Hizo una pausa—. Y ¿no estabas en mi clase de español el último trimestre?
Bajé la cabeza para que mi pelo cayera sobre mis ojos. Para una chica que no sabía que existía, seguro que sabía mucho de mí.
—Sí. —Y este trimestre, también. Apenas le ganaba a la campana entrando a clase y tomaba el primer asiento disponible sin dar a nadie una segunda mirada.
— ¿Qué tan bien hablas español?9—preguntó.
¿Qué tan bien podía hablar español? Malditamente decente. Me aparté de la mesa. —Me tengo que ir.
— ¿Qué? —Su frente se arrugó con incredulidad.
—A diferencia de ti, no tengo padres que paguen por todo. Tengo un trabajo, princesa, y si no me voy ahora, voy a llegar tarde. Nos vemos.
Agarrando mis libros y chaqueta, dejé la mesa, y de inmediato salí de la biblioteca. El aire frío de enero me golpeó en la cara. El hielo cubría varios puntos sobre el pavimento.
— ¡Oye!
Miré por encima de mi hombro. Sakura estaba muy cerca, detrás de mí, con la chaqueta de cuero sobre un brazo y su bolsa colgada sobre su espalda.
—Ponte tu maldita chaqueta. Hace frío afuera. —No me detuve por ella, pero desaceleré el paso, curioso de saber por qué me seguía.
Me alcanzó rápidamente y mantuvo el paso a mi lado. — ¿Dónde crees que vas?
—Te lo dije, a trabajar. Pensé que eras inteligente. —Nunca había conocido a nadie tan divertido con quien meterse.
—Está bien. Entonces, ¿cuándo vamos a tener esta sesión de estudio?
Tiré mis libros sobre el pedazo de mierda que llamaba automóvil, causando que el óxido se dispersara en la tierra.
—No lo hacemos. Haré un trato. Le dices a La Sra. Tsunade que estamos cumpliendo con tantos días como quieras después de la escuela, recolecta todas las horas que necesitas de voluntariado para cualquier pequeño club al que pertenezcas, y te respaldaré. No voy a tener que verte y tú no tendrás que mirarme. Puedo continuar con mi jodida vida, y tú puedes ir a casa y jugar a disfrazarte con tus amigas. ¿Trato?
Sakura se estremeció y retrocedió como si la hubiera abofeteado.
Perdió el equilibrio cuando golpeó un trozo de hielo. Mi mano derecha se estiró y agarró su muñeca antes de que su cuerpo pudiera golpear el suelo.
Me quedé sosteniéndola mientras se estabilizaba, usando el maletero de mi coche. Vergüenza o frío ruborizó sus mejillas blancas. De cualquier manera, me pareció gracioso. Pero antes de que tuviera la oportunidad de burlarme de ella, sus ojos se abrieron y se quedó mirando la muñeca que sostenía.
Su manga larga azul se elevó más allá de su codo, y seguí su mirada a la piel expuesta. Trató de tirar de su mano, pero apreté mi agarre y tragué mi disgusto. En todas las casas de espectáculos de horror en las que había vivido, nunca vi ni una vez una mutilación así. Elevadas cicatrices blancas y rojo pálido, zigzagueaban por su brazo.
— ¿Qué demonios es eso? Aparté mis ojos de las cicatrices y miré su rostro en busca de respuestas. Tomó varias bocanadas profundas, antes de tirar una segunda vez y exitosamente sacudirse fuera de mi alcance.
—Nada.
—Eso no es nada. —Y ese algo tuvo que doler como el infierno cuando sucedió.
Sakura estiró la manga por delante de su muñeca hasta los dedos. Parecía un cadáver. La sangre salió corriendo de sus mejillas, y su cuerpo se estremeció con temblores silenciosos. —Déjame en paz.
Se dio la vuelta y se tambaleó de regreso hacia la biblioteca.
[b]
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Re: Pushing the Limits - terminado (+16)

Mensaje por mariland el Mar Mar 05, 2013 7:25 am

Me gustaría llevarme el crédito pero solo reescribí una novela que me encanto y la adecue para nuestra pareja favorita, pero gracias por seguir el fic
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sakura (capitulo 5)

Mensaje por mariland el Miér Mar 06, 2013 10:26 am

Spoiler:
Nada —dijo Ino—. Ni una sola palabra, ni un pío, ni un ruido. Karin, Hinata y yo hasta pusimos algunas antenas en los más jóvenes, pero no hay absolutamente ningún chisme dando vueltas sobre ti. Bueno, al menos nada que involucre a Naruto Uzumaki.
Ino se sentó en el asiento del acompañante y yo me senté en el lado del conductor del Corvette 1965 que le había pertenecido a Sasori. Ella había venido a mi casa para actuar como barrera de mis viernes familiares o, como me gustaba llamarlos, La Cena de los Condenados.
En el garaje, la radio se escuchaba desde mi Dodge Neon de 1998 color verde bosque. El Corvette de Sasori todavía tenía su radio original. Traducción: un pedazo de mierda, pero el resto del coche era totalmente una bestia. De un vistoso rojo sangre con diseños color negro corriendo en sentido horizontal —Sasori normalmente me habría perdido a este punto, pero aún así seguiría hablando a pesar de que mis ojos se nublaran—, tres funciones, frente vertical, rejillas inclinadas en los lados de los guardabarros delanteros, molduras oscuras, barras horizontales de rejilla y diferentes paneles.
No tenía idea de lo que eso significaba, pero Sasori lo había dicho tanto que había memorizado la descripción. El coche parecía increíble, pero no funcionaba. Gracias a Naruto Uzumaki, mis posibilidades de que alguna vez corriera disminuían cada día. Apreté mis manos en el volante y recordé la promesa de Sasori. Días antes de su partida, había rondado sobre el capó abierto mientras me encontraba sentada en la mesa de trabajo.
—Todo va a estar bien —Los ojos de Sasori se concentraron en la forma en que movía mis pies—. Es sólo un alistamiento de seis meses.
—Estoy bien —dije mientras parpadeaba tres veces. No quería que se fuera. Sasori era la única persona en el mundo que entendía la locura de nuestra familia, además de que era el único capaz de mantener la paz entre Shizune, nuestro padre y yo. No era el mayor fan de Shizune, pero a pesar de sus sentimientos, siempre me animó a darle un descanso.
Se rió entre dientes. —La próxima vez por lo menos trata de detener tu signo revelador de una mentira. Uno de estos días, papá se dará cuenta de ello.
— ¿Escribirás? —le pregunté, cambiando de tema. Había hablado mucho acerca de nuestro padre antes de irse.
—Y enviaré correos electrónicos y hablaremos por Skype. —Limpió sus manos en un trapo grasiento y se enderezó—. Te diré qué. Cuando regrese a casa y termine el coche, puedes ser la primera en conducirlo. Después de mí, por supuesto.
Mi pie se detuvo y me dejé llenar con el primer sentimiento real de esperanza desde que Sasori me había hablado de su alistamiento. Sasori volvería a casa, siempre y cuando su automóvil lo esperara. Me había dado un sueño y me aferré a eso después de su partida. Mis sueños se murieron con él en una carretera desolada en Afganistán.

—¿Qué estás pensando? —preguntó Ino ahora.
—Naruto Uzumaki —mentí—. Ha tenido toda la semana para decirle a la escuela entera de mis cicatrices. ¿Qué piensas que está esperando?
—Tal vez Naruto no tiene a nadie a quien contarle. Es un drogadicto chico de acogida que necesita clases particulares.
—Sí, tal vez —contesté. O tal vez esperaba el momento perfecto para hacer mi vida un infierno.
Ino jugaba con sus anillos en los dedos, una señal de que estaba nerviosa. — ¿Qué? —pregunté.
Tuve que esforzarme para escuchar su respuesta entre dientes.
—Le dijimos a Sasuke.
Apreté cada músculo de mi cuello y solté mis manos en el volante, aterrada de rasgar el plástico en fragmentos. — ¿Qué hicieron qué?
Ino se volvió en su asiento, retorciéndose las manos en el regazo. —Está en nuestra clase de inglés. En lugar de corregir los documentos de los demás, Karin, Hinata y yo discutíamos la situación de Naruto y tus cicatrices y... Sasuke escuchó un par de cosas.
El corazón me latía con fuerza en mis oídos. Durante casi dos años, había mantenido este secreto horrible y en una semana dos personas habían forzado la puerta de mi pesadilla personal.

Cuando no dije nada, continuó—: Las cicatrices no son tu culpa. No tienes absolutamente nada de qué avergonzarte. Tu madre definitivamente sí, y posiblemente tu padre, pero ¿tú? Nada. Sasuke ya sabía que tu madre era una completa loca y nunca le dijo a nadie. Es un idiota, pero incluso él puede imaginarse que tu mamá te hizo daño.
¿Debía estar enojada? ¿Aliviada? Me conformé con entumecida.
—No es una psicótica —murmuré, sabiendo que todo de lo que decía con respecto a mi madre caía en oídos sordos—. Tiene problemas.
En un movimiento lento y deliberado, Ino puso su mano sobre la mía, dándole a mis dedos un apretón tranquilizador. Un recordatorio de que me amaba a pesar de todo. —Creemos que deberías decirle a la gente. Ya sabes, tomar la ofensiva en lugar de la defensiva. De esta forma si Naruto le dice a todo el mundo, ellos ya sabrán la historia real y pensarán que él es un idiota por burlarse de ti.
Me quedé mirando la mesa de trabajo de Sasori. Mi padre nunca usaba las herramientas. Si algo se rompía, llamaba a alguien para arreglarlo. A Sasori le encantaba juguetear. Se pasaba cada momento aquí, en este garaje. Dios, lo necesitaba. Lo necesitaba para que me dijera qué hacer.

—Por favor, di algo, Sakura. —La angustia en la voz de Ino rompió la mía.
— ¿De quién fue la idea? —le pregunté, aunque sabía la respuesta—.
¿Hinata? —Ella quería que le dijera a toda la escuela lo que pasó de inmediato.
—Eso no es justo —exhaló Ino—. No es que Hinata no haya sido justa contigo tampoco. Juró que toda esta cosa de público contra privado terminaría después de la votación para la jefa de las animadoras, pero es así, Sakura. Quiere lo que todos queremos, que todo vuelva a la normalidad. Mientras el mundo piense que te cortas o has intentado suicidarte, siempre vas a estar al margen. Tal vez todo este asunto de Naruto es una bendición disfrazada.

Miré a Ino por primera vez desde que me había dado la noticia.
—Mi mamá está fuera de límites.
—Te apoyaremos. —Ino dejó escapar las palabras—. Sasuke dijo que hablaría con sus amigos acerca de los episodios de locura de tu madre de los que fue testigo cuando eran novios. Ya sabes, para darle legitimidad a la historia. Y cuando Hinata escuchó eso, accedió a contarles a todos lo que ella, Karin y yo vimos en el hospital. Hemos visto a la policía. Hemos oído a tu padre gritarle a tu madre. Hinata quiere esto con muchas ganas, todos lo hacemos.
—Porque tener una madre loca y no recordar nada de la noche en que trató matarme es mucho mejor que el hecho de que la gente adivine que me corto o intenté suicidarme.
Ino habló en voz baja. —La gente se sentirá mal por ti. Ser la víctima... hace las cosas diferentes. Eso es lo que Hinta ha estado tratando de decirte todo el tiempo.
La ira rompió mi frágil paciencia. —No quiero su simpatía y no quiero que la peor noche de mi vida esté en discusión en toda la escuela. Si alguna vez soy capaz de contárselo a alguien quiero ser capaz de decir la verdad, no que soy un idiota patética que no recuerda nada. —Me golpeé la parte trasera de mi cabeza contra el asiento y miré al techo del coche. Respira profundo, Sakura. Respira profundo.

No recordaba absolutamente nada de esa noche. Mi padre, Shizune y mi mamá sabían la verdad. Pero estaba prohibido hablar con mi mamá, y papá y Shizune creían en lo que los terapeutas dijeron. Que cuando mi mente pudiera manejar la verdad, recordaría.
Lo que sea. No eran los que yacían en la cama durante la noche, tratando de averiguar lo que pasó. No eran quienes se despertaban gritando. No se preguntaban si se estaban volviendo locos. No se sentían sin esperanza.
—Sakura... —Ino vaciló, respiró hondo y miró por el parabrisas. Aquello tenía que ser malo. Siempre podía hacer contacto visual—. ¿Alguna vez has pensado que quizás tú tienes algo que ver con esto?
Me estremecí y luché para controlar la ira moviéndose en mis entrañas. — ¿Cómo dices?
—Sé que fue difícil volver después lo que pasó entre tú y tu mamá, pero ¿alguna vez te preguntaste si quizás si hubieras vuelto en septiembre y continuado con tu vida normalmente, la gente tarde o temprano habría seguido adelante? Quiero decir, te has convertido en una especie de reclusa.
La ira dio paso a un dolor que empujó mi corazón hasta la garganta. ¿Era así como mi mejor amiga me veía? ¿Cómo una cobarde? ¿Un fracaso?
—Sí, yo había pensado en eso. —Esperé antes de hablar otra vez para evitar que mi voz se quebrara—. Pero cuanto más salía, la gente más hablaba. ¿Recuerdas las pruebas de aptitud del año pasado para el equipo de baile? La gente tiende a chismear sobre lo que ven.
Su cabeza estaba gacha. —Lo recuerdo.
— ¿Por qué? —le pregunté—. ¿Por qué traer a colación todo esto ahora?
—Porque lo estás intentando, Sakura. En realidad viniste a comer. Estás hablando con la gente. Es la primera vez desde nuestro segundo año que te he visto intentar y me aterra que vuelvas a entrar en tu concha. —Se volvió hacia mí con un resorte extraño en sus movimientos—. No dejes que lo que Naruto vio te asuste. Ven a la fiesta de Michael Blair conmigo, mañana por la noche.
¿Había perdido la razón? —De ninguna manera.
—Vamos —suplicó—. Es tu cumpleaños mañana. Tenemos que salir.
—No. —Quería olvidar que ese día existía. Mamá y Sasori solían hacer una fiesta para mi cumpleaños. Sin ellos....
Juntó las manos y las colocó debajo de la barbilla.
— ¿Por favor? ¿Por favor, por favor? ¿Por favor, por favor con chocolate caliente? Pruébalo a mi manera y si no funciona te juro que nunca lo traeré de nuevo. ¿Y mencioné que oí a Shizune decirle a tu papá que quería llevarte a cenar? En un restaurante. Uno costoso. De cinco estrellas. Dime un pequeño sí y puedo sacarte de eso.
La Cena de los Condenados de los viernes ya era lo suficientemente malo. Una Cena de los Condenados en público, sería inhumano. Volví a respirar hondo. Ino se había quedado conmigo a través de todo: la locura de mi madre, el divorcio de mis padres, la muerte de Sasori, y ahora esto. Era posible que no lo supiera todavía, pero Ino se encontraba a punto de recibir su regalo de cumpleaños.
—Bien.
Gritó y aplaudió con sus manos. En una frase larga y continua, describió sus planes para la noche siguiente. Tal vez Ino y Hinta tenían razón. Tal vez la vida podría volver a la normalidad. Podía ocultar mis cicatrices e ir a fiestas y tan sólo pasar desapercibida. Naruto no le había contado a nadie y tal vez no lo haría.
Además, faltaban sólo cuatro meses más hasta la graduación, y luego podría usar guantes todos los días por el resto de mi vida.
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Re: Pushing the Limits - terminado (+16)

Mensaje por sukiyaki el Miér Mar 06, 2013 10:28 am

conti!!!! esta interesante Smile
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continuacion por favor siiiiiiiii

Mensaje por la diva el Miér Mar 06, 2013 2:15 pm



Hay me gustaron estos cap. Pobre Sakura lo que ha pasado no a sido nada fácil, y con los amigos que se gasta.

Seguiré súper pendiente de la conti.

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Naruto "capitulo 6"

Mensaje por mariland el Jue Mar 07, 2013 5:54 am

Spoiler:
Veintiocho días de angustia habían pasado desde que había visitado esa sala decorada con tristeza en el edificio de servicios sociales. Los payasos y los elefantes pintados en la pared estaban destinados a invitar a la felicidad, pero cuanto más miraba, más siniestra se convertía. Nervioso como el infierno y sosteniendo dos regalos envueltos, me senté en una fría silla plegable. No necesitaba ese recordatorio de que tan jodida se había convertido mi familia. Mis hermanos pequeños solían seguirme a cada paso que daba, adoraban el suelo que pisaba. Ahora, no estaba seguro si Konohamaru recordaba nuestro apellido.
Esperé como un enjaulado gato-en-la-caja listo para la primavera.
La trabajadora social necesitaba traer a mis hermanos antes de que mis nervios explotaran. Por alguna razón, Echo y su balanceo de pie vino a mi cabeza. Debió de ser herida el doble de veces que yo.
La voz de mi madre sonó en mi cabeza. Siempre hay que estar presentable. Es importante poner tu mejor pie adelante.
Me había afeitado, algo que normalmente no me molestaba a hacer todos los días. Mamá y papá habían odiado mi peinado y cualquier signo de rastrojo en mi cara. Con mi madre en mente, no dejaba que mi cabello creciera más allá de mis oídos, pero, por instinto de conservación, lo dejé un poquito largo, negando a las personas acceso a mis ojos.
La puerta se abrió y automáticamente me puse de pie con los regalos aún en mis manos. Minato voló a través de la puerta y estrelló su cuerpo contra el mío. Su cabeza llegaba a mi estómago ahora. Arrojé los regalos a la mesa, me agaché al nivel de Minato y envolví mis brazos a su alrededor. Mi corazón cayó. Hombre, había crecido.
Mi trabajadora social, una señora negra corpulenta de unos cincuenta años, se detuvo en el marco de la puerta.
—Recuerda, nada de preguntas personales acerca de sus padres adoptivos. Estaré al otro lado del espejo.
Fulminé con la mirada a Koharu. Ella miró hacia mí antes de irse. Al menos, el odio era mutuo. Después de que golpeé a mi primer padre adoptivo, el sistema me había marcado como emocionalmente inestable y había perdido el derecho de ver a mis hermanos. Como no había tenido arrebatos con ninguna de mis otras familias de acogida, se mostró la “mejora”, la que recientemente me había hecho merecedor que recuperar la visita supervisada una vez al mes.

Minato murmuró en mi hombro. —Te he extrañado, Naruto.
Me aparté y miré a mi hermano de ocho años. Tenía el cabello rubio de papá, sus ojos azules y su nariz. —Yo también te extrañé. ¿Dónde está Konohamaru?
Minato desvió su mirada al suelo. —Ya viene. Mamá…quiero decir…
—balbuceó—. Konan está hablando con él en el pasillo. Está un poco nervioso. —Sus ojos se encontraron con los míos una vez más, lleno de preocupación.
Fingí una sonrisa y desordené su pelo. —No te preocupes, hermano. Vendrá cuando esté listo. ¿Quieres abrir tu regalo?
Esbozó una sonrisa que me recordó a mamá y asintió con la cabeza. Le entregué el regalo y lo vi abrir la caja que contenía veinte paquetes nuevos de cartas Pokemón. Se sentó en el suelo y perdió interés en mí mientras rasgaba cada paquete, de vez en cuando me decía de lo que hacía una tarjeta en particular que le gustaba.
Miré al reloj y luego a la puerta. Sólo tenía un tiempo específico con mis hermanos y alguna puta tenía a Konohamaru. A pesar que había dicho a Minato que estaba bien, no era así. Konohamaru solo tenía dos años cuando nuestros padres murieron. Necesitaba cada minuto que pudiera tener para ayudarle a recordarlos. Infiernos, ¿a quién trataba de engañar?
Necesitaba cada minuto para ayudarle a recordarme.

— ¿Cómo van las cosas con Konan y Nagato? —Traté de sonar indiferente, pero esta pregunta me puso nervioso. Tenía experiencia directa con padres adoptivos de mierda y me encantaría matar a cualquiera que tratara a mis hermanos como me habían tratado a mí.
Minato organizó las tarjetas en diferentes categorías. —Bien. En Navidad nos dijeron que podíamos empezar a llamarlos mamá y papá si queríamos.
Hijos de puta. Cerré mi puño y mordí el interior de mi labio, extrayendo sangre.
Minato apartó la mirada de sus cartas por primera vez. — ¿A dónde vas, Naruto?
—A ver a Konohamaru. —Sólo me quedaban cuarenta y cinco minutos. Si querían jugar sucio, yo también podía.
En el momento en que entré en el vestíbulo, Koharu salió de la sala de observación conectada a la mía, cerrando la puerta detrás de ella.
—Vuelve allí y visita a tu hermano. Ya te quejas de no verlos lo suficiente.
La señalé con el dedo. —He ganado al menos dos horas al mes con mis hermanos. Mínimo, sin limitación. Si no traen a Konohamaru a esa habitación en treinta segundos, llamaré a un abogado y le diré que a propósito están apartándome de mis hermanos.
Koharu me miró por un segundo y luego se echó a reír. —Eres un chico inteligente, Naruto. Aprendiendo el sistema y usándolo a tu ventaja.
Regresa allí. Konohamaru está en camino —Me volví, pero Koharu gritó—: Y Naruto, si me vuelves a señalar con el dedo, lo desprenderé de tu mano y te lo daré.
Minato me dio la sonrisa de mamá otra vez cuando regresé. Me concentré en sacar la ira de mi sistema. Minato era fácil. Minato recordaba. Konohamaru, Konohamaru era enteramente distinto.
Konan, la adulta perfecta con cabello morado perfecto, entró en la habitación con Konohamaru envuelto como un mono bebé en su madre. Tendí las manos. —Dámelo.
Me erguí sobre ella. Fácil de hacer, ya que sólo me llegaba al hombro. En lugar de entregármelo, deslizó el otro brazo alrededor de él.
—Está asustado.
Corrección. Ella estaba asustada. —Soy su hermano y usted no tiene relación con él. Va a estar bien.
Cuando no hizo nada para liberarlo, continué—: Tengo derecho a esta visita.
Se lamió los labios. —Konohamaru, bebé, es hora de ver a Naruto y jugar con Minato. Parece que Naruto te ha traído un regalo.
Al oír esas palabras, Konohamaru levantó la cabeza y me miró. La cara de mi hermano menor casi me hizo caer de rodillas. No fue por su parecido conmigo o con mamá, sino por lo magullado que estaba el lado derecho de su rostro. Mi corazón latió más rápido cuando vi el parche marrón y el pelo rapado con al menos cinco grapas en su cráneo. Mi cabeza se agitó al espejo trasparente, una clara indicación de que si Koharu no traía su culo de trabajadora social aquí, mataría a esta mujer.

Tomé una respiración relajante. Konohamaru tenía solo cuatro años y mi ira lo asustaría. Extendí mi mano y tomé la de Konohamaru de ella. Abrió los brazos como si hubiera robado su cachorrito.
—Fue un accidente —susurró.
—Oye, hermanito. ¿Quieres abrir tu regalo? —pregunté a Konohamaru.
Asintió con la cabeza. Lo puse junto a Minato y le entregué su regalo.
Koharu entró mientras Konan se escabullía. Koharu levantó las manos. —
Fue un accidente. Debería habértelo dicho antes de que Konohamaru entrara, pero lo olvidé.
Mis ojos se estrecharon, mientras la miraba fijamente. —Lo hablaremos después.
Regresé a mis hermanos y oré para que Konohamaru por lo menos me hablara una palabra antes de que terminara la sesión.
* * *
Una vez más, me senté en la silla plegable, pero no estaba nervioso en esta ocasión. Estaba jodidamente molesto.
Koharu se centró frente a mí. —Konan y Nagato dieron a Konohamaru una bicicleta para navidad y lo dejaron montar un par de días sin el casco.
Cuando se cayó, lo llevaron de inmediato al hospital y me fue notificado.
Se sienten terribles.
—Deberían —ladré—. ¿Cómo puedes saber que no lo golpearon?
Koharu recogió la cinta azul del paquete de Tyler. —Son buenas personas. No creo que dañen intencionalmente a tus hermanos.
Sí. Auténticos santos. —Si ellos son tan buenos, deberían de dejarse de tantas evasivas y dejarme ver a mis hermanos.
—Se llevaron a los chicos después del incidente con su primera familia de acogida, Naruto. Oyeron que eras emocionalmente inestable. Eso solo demuestra lo mucho que cuidan a los niños. Konan y Nagato no quieren verlos lastimados.
Con mi puño cerrado, me mantuve con mi mano debajo de la mesa para evitar golpear la pared, como yo quería. Koharu amaría tener más para demostrar mi inestabilidad. —Nunca les haría daño.
—Sé eso —dijo Koharu con una pizca de derrota—. ¿Por qué crees que sugerí a la Sra. Tsunade para que te adoptara?
Debería haberlo sabido. —Así que es tu culpa.

Se inclinó hacia delante, colocando sus brazos sobre la mesa. —Eres un gran chico, Naruto. Tienes un gran potencial frente tuyo, si solo pierdes tu actitud.
Negué con la cabeza. —Pensé que lo había demostrado ya. Cristo, me has puesto en un hogar con otro adolescente.
—Te lo dije. Esto puede ser un proceso lento. Solo ven a las visitas, compórtate y trabaja con la Sra. Tsunade. En el momento en que te gradúes, estoy segura de que pasarás a las visitas sin supervisión.
¿Visitas sin supervisión? Un músculo saltaba en mi mandíbula.
Gilipolleces. —Tendré dieciocho años en el momento en que me gradúe.
Tendré la custodia en ese momento.
La cara de Koharu se contrajo con diversión, pero luego cambió a solemne.
— ¿Crees que podrías mantener a tus hermanos mientras trabajas en un local de comida rápida? ¿Crees que un juez te escogerá sobre Konan y Nagato?

¿Elegirme sobre Konan y Nagato? La comprensión de que el juez podría tomar esa decisión me hizo sentir nauseas en el estómago. Minato había dicho que ellos querían que los llamen mamá y papá.

—Konan y Nagato se están presentando para adoptarlos, ¿no?
En el momento en que miró a otro lado supe la respuesta. No había manera en el infierno de que alguien además de mí mantendría a mis hermanos.
—Tienes razón, Koharu. He aprendido mucho en los últimos dos años y medio. He aprendido que este estado toma en consideración sangre y que la excusa de mí siendo emocionalmente inestable no se contagia si he sido colocado en un hogar con otro niño adoptivo. Puede que no sea capaz de cuidar a mis hermanos ahora, pero en cuatro meses lo seré.

Listo para irme, me aparté de la mesa y me levanté. Los ojos de Koharu crujían de ira. —No arruines la vida de esos chicos por accidente.
Me di la vuelta y levanté mi manga, señalando la redonda cicatriz en mis bíceps. —Danzo lo llamó un accidente. La mejor manera para describir a Don es un accidente. ¿Qué tipo de accidente se llama Orochimaru y Kabuto Yakushi? Tengo palabras para ellos, pero me prohibiste ese tipo de lenguaje. Mis hermanos nunca serán los accidentes en este sistema.
Con eso, salí, cerrando la puerta detrás de mí
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Re: Pushing the Limits - terminado (+16)

Mensaje por la diva el Jue Mar 07, 2013 5:32 pm



Sin palabras pobres niños de pana que gente más mala hay en esta vida.

Me sigue encantando esta historia es demasiado real te deja un mensaje único

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Re: Pushing the Limits - terminado (+16)

Mensaje por Obito_Madara el Vie Mar 08, 2013 4:48 am

Muy buenos capis, lo siento por no comentar antes jejejeje, en fin siguelo que vas genial!!

Espero conti con ansias!!

Saludos!!
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Sakura (capitulo 7)

Mensaje por mariland el Vie Mar 08, 2013 9:30 am

Spoiler:
Normalmente, ver cómo juegan Beer Pong (juego de beber) me aburre, pero no cuando Ino continúa pateando el trasero de todo el mundo. La chica está que arde. Además, cada vez que el equipo contrario encesta su vaso, le pide a cualquier chico de por ahí que lo beba. Los chicos siempre hacen fila para complacerla.
— ¿Vas a jugar? —preguntó Sasuke.
Atrapada en mis propios pensamientos, no había notado cuando se acercó. —Nop. Esto es sólo de Ino. —Además, no hacía nada que atrajera atención hacia mí.
—Esta noche debería ser todo sobre ti. Es tu cumpleaños, después de todo. —Hizo una pausa—. Feliz cumpleaños, Sakura.
—Gracias.
— ¿Así que vas a quedarte aquí toda la noche viéndola jugar? — Sasuke hizo señas hacia el juego con sus pulgares enganchados a sus bolsillos. Si no lo conociera tan bien, diría que tramaba algo.
—Sistema de apoyo. Cuido de Ino y ella cuida de mí. Karin y Hinata están por aquí, en algún lugar. —Visualicé la cocina, esperando por un segundo que aparecieran espontáneamente.
—Inteligentes, pero al mismo tiempo molestas. —Sasuke descansó su palma en la pared al lado de mi cabeza, pero mantuvo su cuerpo a una distancia prudente de mí. Cuando solía hacer eso, me atrapaba con su cuerpo, haciendo que mariposas revolotearan en mi estómago. Luego se inclinaría más y me besaría. Esos días ya eran parte del pasado —la atrapada, las mariposas, el revoloteo y los besos, especialmente los besos.
—Iba a pedirte que bailaras conmigo.
Hice como si examinaba alrededor. — ¿A quién le quieres dar celos, Sasuke?
Retiró su mano y se rió, fuertemente. No esa risa falsa que utilizaba en la cafetería con su chica de la semana. —Encuéntrame cuando Ino termine de jugar.
Ino lanzó sus brazos al aire y gritó al demoler otro equipo, otra más. A este punto, estaba segura que solamente la dejaban ganar para que continuara jugando. Sasuke desapareció.
Ella tomó uno de los vasos de cerveza que aún se encontraban en la mesa y se apartó, para la desdicha de los chicos que colgaban de ella a cada momento. Tomó medio vaso y me tendió el resto.
—Toma. Karin todavía es la Conductora Designada, ¿no?
—Sip. —Tomé el vaso de sus manos y lo terminé. Particularmente, no me importaba mucho el sabor, pero sólo cuando se trataba de cerveza en barril…

Disfruté la cálida sensación que la cerveza me provocó al rato. Las orillas difíciles de mi vida no parecían tan malas para ese entonces. La semana número dos del segundo semestre había traído consigo mi primera sesión individual con la Srta. Tsunade, ningún trabajo, y el miedo de que Naruto Uzumaki cambiara de opinión y le contara a todo el mundo sobre mis cicatrices. Los dos habíamos vuelto a ignorarnos mutuamente. —Esta semana, la Srta. Tsuande me preguntó si bebía. Ya estoy muy cansada de mentirle.
Rock lee, el anfitrión de la fiesta, pasó a nuestro lado con una bandeja llena de cerveza para otra ronda de Beer Pong. Ino se robó dos y me pasó una a mí. —Los adultos quieren que les mintamos. Quieren vivir en sus perfectos munditos y pretender que no hacemos nada más que comer masa para galletas y ver reality shows en la tv.
Tomé un sorbo de la cerveza. —Pero en verdad sí comemos masa para galletas y vemos reality shows en la tv.
Ino tropezó antes de entrecerrar sus ojos en mi dirección.
—Exactamente. Lo hacemos para atraparlos con la guardia baja. Esa sensación cálida y confusa que me ayudaba a olvidar las orillas también atrasaba el proceso de pensamiento. Tuve que analizar lo que dijo dos veces. —Eso no tiene ningún sentido.
Ondeó su mano alrededor como si fuera a explicarme. Su mano continuó moviéndose, pero su boca se mantuvo cerrada. Finalmente, bajó la mano y tomó otro sorbo. —No tengo ni idea. Bailemos, cumpleañera.
Lanzamos nuestros vasos vacíos a la basura y nos movimos entre la gente hacia el origen de la música. Música… bailar… Sasuke había dicho que tenía que encontrarme con él. Abrí mi boca para decirle a Ino cuando se detuvo de repente. —Quiero hacer pis. —Dobló a la izquierda y cerró la puerta del baño a su espalda. Incliné mi hombro derecho contra la puerta e intenté escuchar arcadas. Nop, definitivamente estaba haciendo pis.

El dolor se acumuló en mi brazo izquierdo cuando alguien chocó contra mí y siguió caminando. Miré por encima de mi hombro. — ¡Fíjate!
Una chica con largo cabello castaña, vestida de negro de pie a cabeza y un arete en su nariz, caminó hacia mí. Se detuvo tan cerca que podía contar sus pestañas por encima de sus ojos inyectados en sangre.
—Quítate de mi camino y no habrá ningún problema.
De acuerdo. Era una completa gallina. Nunca en mi vida me he metido en una pelea. Hacía lo que fuera para que evitar que las personas me gritaran, y en las noches me acostaba preocupada de haber ofendido alguien. Así que cuando esta chica con estilo de motociclista se quedó allí de pie con los brazos estirados a los lados, esperando por mi ingeniosa respuesta o que lanzara el primer golpe, consideré vomitar.
—Apártate, Matsuri. —dijo una profunda y ronca vos detrás de mí. Mierda. Conocía esa voz.
La mirada de Matsuri la Motociclista se detuvo justo por encima de mi hombro.
—Me gritó.
—Tú chocaste con ella primero. —Naruto Uzumaki se encontraba a mi lado. Sus bíceps tocaban mi hombro.
Las esquinas de la boca de Matsuri se estiraron. —No me habías dicho que te tirabas a Sakura Haruno.
—Oh, Dios —gemí. Me conocía, y creía que lo “hacía” con él. La habitación se inclinó y la cálida y confusa sanación que tanto amaba se desvaneció. Feliz Cumpleaños a mí.
—Es mi tutora.
Me incliné contra la pared y deseé que todo dejara de moverse.
—Como sea. Te veo afuera cuando termines de estudiar. — Matsuri la chica Motociclista arqueó sus cejas y se alejó.

Fantástico. Otro rumor por el cual preocuparme. Necesitaba apartarme de él. Naruto Uzumaki no significaba más que malas noticias.
Primero se burló de mí. Después vio mis cicatrices. Además destruyó todas mis esperanzas para reparar el auto de Sasori. Y luego hizo que las personas crean que lo estamos “haciendo”.
Intenté girar la perilla del baño, esperando poder acompañar a Ino ahí dentro, pero no se abrió. Puertas con seguros eran una violación directa al sistema de apoyo. Que se jodan. Me separé de la pared y tropecé hasta la puerta trasera. Aire. Necesitaba muchísimo aire.
Inhalé profundamente en el momento en que salí al patio. El aire frío quemó mis pulmones e inmediatamente heló la piel expuesta en mi cuello y rostro. Escuché risas y voces en la oscuridad más allá del límite del patio.
Probablemente eran los drogadictos fumando su mierda.
— ¿Acaso tienes algún tipo de problema con las chaquetas?
Joder. ¿Por qué no podía deshacerme de él? Me giré y casi choqué contra Naruto. La profunda percepción y la cerveza obviamente no estaban relacionadas.
— ¿Estás empeñado en arruinar mi vida? —Cállate, Sakura—. Es decir, ¿no tienes nada más por hacer que destruirme? —Suficiente. Puedes parar en cualquier momento—. ¿Viniste a esta fiesta a contarles a todos de mis cicatrices? —Y oficialmente me convertí en el claro ejemplo de por qué los adolescentes no deben beber.
Lo miré fijamente a los ojos y esperé por su respuesta. No nos movimos. Santo Dios, Ino y Karin tenían razón. Él era ardiente. ¿Cómo pude dejar pasar un cuerpo tan marcado como éste? Su chaqueta con la cremallera abierta exponía su camisa, tan apretada que podía ver la curva de sus músculos. Y esos ojos azul oscuro…
Naruto enderezó su cabeza y respondió calmadamente. —No.
Una brisa helada barrió por el patio, causándome escalofríos. Naruto se sacudió su chaqueta de cuero negra y la colocó sobre mis hombros.
— ¿Cómo vas a darme clases si te da una jodida neumonía?
Alcé una ceja. Qué extraña combinación entre gesto romántico y palabras tan horriblemente crudas. Apreté su chaqueta, resistiéndome a las ganas de cerrar mis ojos cuando una dulce y húmeda esencia me rodeó. Mi mente lenta se aceleró. —Esa es la segunda vez que menciones las tutorías.
Introdujo sus manos en los bolsillos. Y su cabello cayó sobre sus ojos, bloqueando mi nueva vista favorita. —Es bueno saber que tu mente aún funcione incluso cuando estás jodida.
—Utilizas mucho es palabra. —Me tambaleé. Tal vez no necesitaba espacio. Lo que necesitaba era una pared. Me tropecé e incliné mi espalda contra el frío ladrillo. Una pequeña parte de mi cerebro cantaba “sistema de apoyo” una y otra vez. Sí, iré por ello —en un rato.
Naruto me siguió y se detuvo a solo unos centímetros frente a mí. Tan cerca que el calor de su cuerpo envolvía cada parte del mío.
— ¿Qué palabra?
—Esa que comienza en j. —Guau. Se encontraba mucho más cerca de mí de lo que Sasuke había estado más temprano. Tan cerca que, si quería, podría besarme.
Sus ojos buscaron los míos y luego bajaron a inspeccionar el resto de mi cuerpo. Debí decirle que se detuviera o hacer algún comentario sarcástico, o al menos sentirme degradada, pero nada de eso ocurrió. No hasta que sus labios se levantaron.
— ¿Tengo tu aprobación? —pregunté sarcásticamente.
Se rió. —Sí. —Me gustaba su risa profunda. Le hacía cosquillas a mi interior.
—Estás drogado. —Porque nadie en su sano juicio me encontraría atractiva. Especialmente cuando esa persona había visto las abominables cicatrices.
—Aún no, pero planeo estarlo. ¿Quieres venir?
No necesitaba utilizar todo mi cerebro para esa respuesta. —No. Me gustan las células de mi cerebro. Las encuentro muy útiles cuando tengo que… oh, no lo sé… pensar.
Su sonrisa maliciosa me hizo sonreír. No la falsa, mi verdadera sonrisa.
—Gracioso. —En un movimiento tan rápido como la luz, colocó ambas manos en la pared de ladrillos, atrapándome con su cuerpo. Se inclinó sobre mí y mi corazón latió a una velocidad que ni siquiera sabía que existía. Su cálido aliento acarició mi cuello, derritiéndose en mi piel helada. Ladeé la cabeza, esperando por el sólido calor de su cuerpo contra el mío. De nuevo pude ver sus ojos, y esos orbes azules gritaban hambre—. Escuché un rumor.
— ¿Qué escuchaste? —luché para decir.
—Es tu cumpleaños.
Hablar así de aterrorizada rompería el hechizo, así que lamí mis labios secos y asentí.
—Feliz cumpleaños. —Naruto llevó sus labios más cerca de los míos; ese aroma dulce y húmedo me abrumaba los sentidos. Casi podía saborear sus labios cuando, inesperadamente, se apartó, inhalando profundo. El aire frío me trajo de vuelta a la tierra de la sobriedad.
Llevó una mano por mi rostro antes de dirigirse al límite de los árboles.
—Te veo pronto, Sakura Haruno.
—Espera. —Comencé a quitarme su chaqueta—. Olvidaste esto.
—Quédatela —dijo sin mirar atrás—. Iré a buscarla el lunes. Cuando discutamos las tutorías.
Y Naruto Uzumaki, chico drogadicto que utiliza chicas y actúa como salvador al prestar su chaqueta, se desvaneció en las sombras.

me encanta que les guste y gracias por animarme a continuar Embarassed Laughing


Última edición por mariland el Vie Mar 22, 2013 11:16 am, editado 1 vez
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Mensaje por la diva el Sáb Mar 09, 2013 7:24 am



Hayyyyyyy que buen cap. Súper interesante Naruto es todo guay, me encanto y tranqui que aquí siempre te vamos a apoyar. pregunta

¿Cuántos años cumple Sakura?

“Y esos ojos castaño oscuro” ¿Y como que ojos castaños Naruto los tiene azules o no?

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naruto (capitulo 8)

Mensaje por mariland el Sáb Mar 09, 2013 11:26 am

claro que los tiene azul fue un error fue un grave error mil disculpas
Spoiler:
Lo que no entiendo es por qué le diste tu chaqueta. —La cabeza y cabello de Matsuri colgaban sobre el colchón. Fumó un poco del porro y se lo tiró a Gaara.
—Porque tenía frío. —Me recosté muy atrás en el sofá a tal punto que si me relajaba más el sofá podría abrirse y consumirme. Me reí entre dientes. Esa era una mierda buena.
Después de mi encuentro con Sakura, compré algo de marihuana, Matsuri y Gaara se reunieron en el bosque detrás de la casa de Rock lee y los obligué a volver con Karura y Yashamaru. No podía depender de ellos para permanecer lo suficientemente sobrio para que me llevasen a casa, y tenía la intención de tener sexo más allá de lo creíble.
De acuerdo con el expediente de mi trabajador social, Gaara, otro chico adoptivo, él y yo dormimos en las habitaciones de arriba. En realidad, este infierno congelado, más bloques de cemento que sótano, era el lugar donde tres de nosotros vivíamos. Tomábamos turnos para dormir en el viejo colchón grande y un sofá que encontramos en el Fondo de Comercio. Dejamos que Matsuri tuviera la cama de arriba, pero cuando su tía Karura y su tío Yashamaru peleaban, que era la mayor parte del tiempo, compartía el colchón con Gaara mientras yo dormía en el sofá.
Además de mis hermanos, Gaara y Matsuri eran las únicas personas que consideraba mi familia. Los conocí cuando Koharu me puso con Karura y Yashamaru el día después de que mi primer año terminó. El Servicio de Protección Infantil había puesto a Yashamaru aquí cuando era estudiante de primer año. Era más como una casa de huéspedes que un hogar.

Karura y Yashamaru se convirtieron en padres adoptivos por el dinero. Nos ignoraban. Nosotros los ignorábamos. La tía y tío de Temari son buena gente, aunque tenían problemas de ira. Por lo menos guardaban su ira entre ellos. La madre de Matsuri y su novio de la semana, por el contrario, usaba su ira en Matsuri, así que se quedaba aquí. Koharu, quién sabía eso, estaba de acuerdo.

Matsuri se volcó, así podía verme directamente. —En serio, ¿lo estás haciendo con ella?
—No. —Pero después de estar tan malditamente cerca suyo, no podía dejar de pensar en la posibilidad de su cuerpo caliente bajo el mío.
Desearía poder tirar mi culpa en la marihuana, pero no podía. Había estado tan sobrio como el día de la prueba de drogas ordenada por la corte, de pie junto a ella en ese patio. Su pelo rosa sedoso brillaba bajo la luz de la luna, esos ojos verdes me miraban como si fuera algún tipo de respuesta, y, demonios, olía como cerezo. Me froté la cabeza y suspiré. ¿Qué estaba mal conmigo?
Desde ese día en la biblioteca, no podía tener a Sakura Haruno fuera de mí cabeza. Incluso cuando visité a mis hermanos, pensaba en ella y mis pies temblaban.
Se pegó a mí por ciertas razones. Primero, por mucho que odie admitirlo, necesitaba la tutoría. Si tenía la intención de tener a mis hermanos de vuelta, necesitaba graduarme de la secundaria, a tiempo, con un trabajo un infierno mucho mejor que cocinar hamburguesas. Había perdido suficientes clases como para retrasarme y alguien que había asistido a las clases diariamente me podría ayudar a ponerme al día.
—Aquí. No es mucho, pero dale una oportunidad. —Gaara se sentó en el suelo entre la cama y el sofá. Me pasó el porro.
Tomé la última bocanada y dejé el humo hasta que mis fosas nasales y mis pulmones se quemaron. Y luego había razones que me confundían.
—Cuéntame sobre ella.
— ¿Quién? — Matsuri se quedó mirando el suelo.
—Sakura. — ¿Qué adicto al crack nombra a su hija Sakura? La conocía, pero aún no la conocía. Sólo perseguía chicas que mostraban un fácil interés en mí.
Gaara cerró sus ojos y apoyó su cabeza en el sofá. Tenía su cabello cerca de su cuero cabelludo. Sus orejas tenían múltiples piercings y los tatuajes corrían a lo largo de sus brazos. —Está fuera de tú liga.
Matsuri rió. —Eso es porque te rechazó en primer año. Gaara pensó que podía tener citas y preguntarle en el segundo año. Poco sabía que la Señorita Perfecta que había estado saliendo con el rey Sasuke durante un año.
Los labios de Gaara se contrajeron. —Me parece recordar que Sasuke cambió los compañeros de laboratorio a tus espaldas para poder sentarse a su lado.
Los ojos de se estrecharon. —Maldito.
—Fíjense en mí, no en sus patéticas vidas. ¿Sakura? —Cómo una vieja pareja de casados, ambos disfrutaban de las disputas. Gaara y Matsuri están un año debajo de mí, pero la diferencia de edad nunca nos molestó.
Temari se sentó en el colchón. —Entonces Sakura está en segundo año, es la estrella de la escuela, ¿cierto? Está en el equipo de baile, clases avanzadas, lista de honor, arte gurú, Señorita Popularidad, y tiene a Sasuke Uchiha saltando sobre ella entre clases. Un mes antes de acabar la escuela desapareció. —Los ojos de Matsuri se ampliaron y extendió sus dedos como un mago haciendo un truco.
Por ahí no era donde pensaba que la historia iba. Gaara miró mi reacción y asintió con la cabeza. —Poof.
—Ida —añadió Matsuri.
—Desaparecida —dijo Gaara.
—Perdida.
—Evaporada.
—Ida —repitió Matsuri. Sus ojos estaban vidriosos y miró los dedos de sus pies.
—Matsuri. —La pinché.
Ella pestañeó — ¿Qué?
—La historia. —Ese era el problema de salir con drogadictos—. Echo.
Continúa.
—Oh si, entonces desapareció —dijo Matsuri.
—Poof —añadió Gaara.
No de nuevo. —Lo tengo, ¿Qué más?
—Volvió a primer año y se convirtió en una persona completamente diferente. Sigue siendo Sakura, ¿cierto? Tiene el pelo rosa liso y un balanceado cuerpo.
Gaara se rió —Acabas de llamar su cuerpo balanceado.
Matsuri le lanzó una almohada a Gaara antes de continuar.
—Pero ya no es más la Señorita Popularidad. Sasuke y ella son historia. Él se movió hacia otra chica. Aunque el rumor es que ella rompió con él antes de desaparecer. Abandonó el equipo de baile, dejó de participar en concursos de arte y rara vez habla con alguien. No es tampoco que yo haya hablado con alguien, pero los rumores vuelan a su alrededor.
—El chisme era brutal, hombre —dijo Gaara. Matsuri, Gaara y yo entendíamos el chisme. Los niños adoptados y los de malas viviendas tenían un perfil bajo por esa razón.
— ¿Qué dijeron? —Tuve una sensación de hacia dónde se dirigía esta conversación y no me gustaba.
Matsuri rodeó sus brazos alrededor de sus rodillas. —En el primer día de nuestro primer año llegó usando una camiseta de manga larga y la misma cosa el día siguiente y el siguiente y así sucesivamente. Había 32 grados en las tres primeras semanas de clases. ¿Qué piensas que la gente iba a decir?
Gaara hizo un movimiento circular con sus dedos. —Sus pequeños amigos la mantuvieron fuera de su vista.
—Y comenzó a reunirse con el consejero de la escuela. — Matsuri se detuvo—. Estás obligado a sentirte mal por ella.
Mis ojos se iban cerrando lentamente, pero la aclaración de Matsuri me hizo abrirlos de golpe.
— ¿Qué? — Matsuri carecía del gen de la simpatía.
Se recostó en la cama, sus ojos revoloteaban. —Obviamente, algo jodido tiene que haberle pasado. Además, su hermano murió un par de meses antes de su desaparición. Eran súper cercanos. Era sólo tres años mayor que ella y la llevaba a fiestas y esas cosas cuando estaba en la ciudad. Solía odiarla por tener un hermano mayor que la cuidaba. —Ahora los ojos de Matsuri se cerraron por completo.
Gaara se puso de pie. —Date vuelta.
Matsuri se dio vuelta contra la pared. Gaara tomó una manta del suelo y la colocó sobre ella. Nuestra narradora se desmayó.
Gaara se unió a mí en el sofá. —La mayoría de la gente llama a Sakura una cortadora. Otros dicen que trató de suicidarse —Negó con la cabeza—. Todo está equivocado, hombre.
Estuve tentado de decir que estaba de acuerdo y contarle lo que ocurrió en la librería, pero no lo hice. — ¿Qué le pasó a su hermano?
— ¿Sasori? Era un buen tipo. Genial con todos. Entró en los Marines luego de salir de la escuela secundaria y se ofreció al infierno de Afganistán.
Sasori y Sakura Haruno. Su madre debe haberlos odiado para ponerles nombres así. Ahora tengo que encontrar la manera de ser agradable con esa chica. Era mi ticket para tener a mis hermanos de vuelta
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continuacion por favor siiiiiiiii

Mensaje por la diva el Sáb Mar 09, 2013 1:15 pm



Valla así que Naru vive con Gaara y Matsuri, si que la están pasando feo.

No te preocupes todos tenemos errores; sigue adelante que tu fic esta buenísimo.

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Sakura (capitulo 9)

Mensaje por mariland el Dom Mar 10, 2013 7:47 am

Spoiler:
Sostuve la chaqueta de cuero negro de Naruto en el brazo y me dirigí a mi casillero. La tentación de usarla me abrumaba. Me encantaba la forma en que olía, lo caliente que me hizo sentir y la forma en que me recordó a nuestro momento fuera de la casa de Rock lee.
Contrólate, Sakura. No eres una idiota. Había escuchado el chisme referente a Naruto. Sólo asistía a las fiestas para drogarse y navegar por la multitud ebrio en busca de una aventura de una noche. Si me hubiera drogado con él, habría sido una. Ni estaba interesada en una aventura de una noche, pero era agradable tenerlo en cuenta. Después de todo, desde mi segundo año, ni un tipo en la escuela había mostrado una pizca de interés por mí.
— ¿Cuál es tu problema? Te ves como una niña de cuatro años quién ha perdido su balón. —Ino me acompañaba mientras caminábamos por el pasillo.
—Estoy destinada a morir virgen. —Mi propia confesión me sorprendió. ¿Esas palabras salieron de mi boca? Froté el suave material de la chaqueta de Naruto. Tal vez debería haber ido con él. No para drogarme, pero para… Bueno… No morir virgen.
Ino se rió tan fuerte que varias personas nos miraron boquiabiertas mientras pasábamos. Bajé la cabeza, dejando que mis rizos ocultaran mi rostro y deseando que todos miraran a otro lado. Llegamos a nuestros casilleros y abrí el mío con la esperanza de buscar dentro y esconderme de la vista de los demás.
—Apenas probable. Pero pensé que ya habías llegado lejos. —Ino buscó en su propio casillero, justo al lado del mío.
—No lo hice. No llegué demasiado lejos con Sasuke porque pensé que no estaba lista. Nunca imaginé que llegaría en día en que nadie me querría.
Miré mis manos enguantadas, causando un mareo que me golpeó en tierra firme. Cuando sonara la campana, me los tendría que quitar. No era sobre el sexo. —Ningún hombre va a acercarse lo suficiente para quererme.
Ino cerró su casillero y se mordió el labio. —Tu mamá es una mierda.
Aspiré profundamente para evitar caerme en pedazos. —Sí. Lo sé.
Sus ojos se estrecharon en la chaqueta que aún sujetaba.
— ¿Qué es eso?
—La chaqueta de Naruto Uzumaki —dijo Karin, apareciendo de la nada y arrancándola de mi mano. Su cabello rojo pasaba de lado a lado—. ¡Sígueme! ¡Ahora!
Los ojos de Ino se abrieron como sorprendidos al tamaño de melones mientras éramos arrastradas al baño por Karin. — ¿Por qué tienes la chaqueta de Naruto Uzumaki?
Abrí la boca para responder, pero Hinata cerró de golpe la puerta del baño. —No tenemos tiempo para una pequeña charla. Él está viniendo.
Karin utilizó un dedo para empujar cada puerta de cada cubículo y abrirla para confirmar que estábamos solas. El lugar olía a desinfectante y un fregadero goteaba cada dos segundos.
—Détente —dijo Hinata—. Lo he comprobado.
Ino tomó la mano de Hinata. —Guau. Necesito respuestas. ¿Quién está viniendo? ¿Por qué Sakura tiene la chaqueta de Naruto y de donde sacaste ese suéter?
—Sasuke. Por Sakura. Estabas tan borracha en la fiesta que te hiciste un lio con el sistema de compañeros y ahora Sakura tiene la chaqueta de Naruto. No puede ser vista con eso. —Hinata tiró la mano de Karin—.
Estamos devolviéndole su vida de regreso a Sakura.
Arranqué la chaqueta de los dedos de Hinata. Mis amigas habían oficialmente perdido sus mentes. —Es una chaqueta, no crack. Está en mi clase del primer periodo. Se la devolveré entonces. ¿Y a quién le importa que Sasuke esté buscándome?
Hinata me apuntó con una roja uña. —Te resististe. Sasuke te invitó a bailar en la fiesta y en vez de bailar con él tuvimos que llevar a Ino a casa.
Ahora está buscándote para averiguar por qué lo dejaste plantado. Esta es la respuesta a todas nuestras oraciones.
Sostuve la chaqueta más cerca. — ¿Qué? Quiero decir, ¿y? Sasuke y yo sólo somos amigos —supuse. Me deseó un feliz cumpleaños. Los amigos lo hacen.
Ino empezó con su baile molesto. — ¿Y? Bailar contigo en una fiesta va más allá de la amistad. Significa que está tras de ti otra vez.
—Exactamente —dijo Hinata—. Si Sasuke está tras de ti entonces todos los demás también lo harán.
Ino agitó las manos en el aire. —Aún más importante, no morirás virgen. —Tomó en aliento dramáticamente—. Sasuke no puede verte con la chaqueta de otro chico. Hinata, pon la chaqueta en tu casillero y más tarde se nos ocurrirá un plan.
Hinata levantó una ceja. —De ninguna manera. Estoy segura de que esa cosa apesta a drogas. ¿Y si traen perros detectores de drogas a la escuela?
—Oh Dios mío, eres inservible —dijo Ino.
Lanzando algunos de mis lisos sobre mis hombros, Hinata enderezó mi camisa. —Vamos, sal antes de que él te extrañe y se dirija a clases.
Ino y Karin me sacaron por la puerta y mantuve la chaqueta de Naruto cerca de mí. —Chicas, están sobre analizando esto —dije mientras que Ino marcaba la combinación de mi casillero.
—Ya viene —cantó Karin.
Ino arrancó la chaqueta de mis manos, la arrojó al casillero, me empujó fuera del camino y cerró de un portazo. Ella y Karin se apoyaron en mi casillero, añadiendo una segunda capa de seguridad.
—Oye, Sakura.
Me volví y encaré a Sasuke. —Oye. —Habían pasado tantas cosas en los últimos tres minutos, que mi cabeza se había convertido en un remolino.
Los ojos de Sasuke parpadearon sobre Karin e Ino. Sus cejas se acercaron un poco más. Me acordé de esa mirada: tenía algo que quería decir, sin una audiencia. Pero si Sasuke no recordaba nada más acerca de mí, sí había recordado que yo era un paquete.
—Esperé por ti —dijo él.
—Es mi culpa —exclamó Ino—. No tuvo tiempo de bailar contigo porque yo quería ir a casa. Bebí demasiado.
Tanto Sasuke como yo la miramos y luego el uno al otro. Un Mississippi de incómodo silencio. Dos Mississippi de incómodo silencio. Tres Mississippi de incómodo silencio.
— ¿Puedo ir contigo a clase, Sakura? —preguntó finalmente.
—Seguro. —Miré a Ino y Karin por encima de mi hombro mientras Sasuke me acompañaba por el pasillo. Levantaron sus dedos pulgares. Tomé una profunda respiración y sonreí cuando vi a Sasuke sonriéndome. Guau — normal. Quizá era realmente posible.
Es decir, si normal significaba ocultar la chaqueta de Naruto Uzumaki en mi casillero… y fingir que no estaba pensando en lo cerca que había estado de besarme.


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